Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.
El Legado
Capítulo XII
Adolescencia
Cuatro años después…
El viento soplaba con fuerza y la velocidad de la moto aumentaba la intensidad del viento que jugaba con el cabello de la joven. Yamcha sentado detrás de ella, con los brazos al rededor de su cintura debía moverse a ratos para que el pelo de Bulma no se fuera a su cara. Llevaban todo el día viajando por los refugios para llevar ayuda a las personas, ahora que la gran mayoría de los saiyajin habían abandonado la Tierra se podía viajar sin tanto miedo, además contaban con un aparato para bloquear sus energías de las maquinas y radares.
Si bien los guerreros más poderosos y temidos ya no abundaban en el planeta, aún quedaban carroñeros, escorias de otras estrellas que se habían apoderado de la Tierra para exprimir en su totalidad los múltiples recursos que quedaban.
Bulma de trece años y Yamcha de catorce, llevaban poco más de un año en esta situación. Junto con su padre, Morgan y otros humanos ayudaban a quienes no tenían nada. Pocos se atrevían a salir al exterior para dar una mano, ya que la gran mayoría aún estaban esclavizados o totalmente destruidos por dentro y aterrados de correr el mismo destino de sus seres queridos y cercanos.
Morgan y sus conocidos no habían logrado comunicarse con su planeta natal para pedir ser rescatados, había algo que bloqueaba la comunicación espacial y ya mucho hacían al salir casi a diario, exponiendo sus vidas para intentar algo más arriesgado para establecer enlace. Estaban seguros que su planeta y gente también se encontraba en problemas, porque de lo contrario, hubiesen ido por ellos al enterarse de la ida masiva de los saiyajin.
Los jóvenes siempre viajaban juntos en la moto que construyeron con partes de distintas naves y material encontrado en los escombros. Morgan se había encargado de entrenar a Yamcha a diario para poder pelear y defenderse en caso de meterse en problemas, y salvo un par de ocasiones que se encontraron con extraterrestres agresivos, pero no muy poderosos, no había tenido que poner en práctica su habilidades. Bulma no sabía pelear, no era hábil en esa área, pero era muy inteligente y hasta ahora hacían un muy buen trabajo en equipo.
La chica disminuyó un poco la velocidad. Se supone que debían regresar a casa, ya que evitaban rondar las tierras de noche, porque lamentablemente no solo debían cuidarse de los forasteros, también había humanos coludidos, que en lugar de cooperar para recuperarse y levantarse contra los intrusos, se juntaban para robar lo poco que tenían sus hermanos para vivir.
—¡Voy a detenerme! —gritó la chica para ser escuchada. Yamcha hizo lo mismo.
—¡Ya es muy tarde y aún nos queda el camino a casa!
—Quiero revisar en los escombros de ese edificio si hay algo útil. —No escuchó las razones de Yamcha y detuvo la moto junto al edificio que quería inspeccionar—. Solo serán unos minutos y nos iremos a casa, te lo prometo.
—Sí, claro —respondió resignado. Se apresuró en encapsular la moto y siguió al interior de las ruinas del edificio que al parecer usaban para almacenar naves y repararlas; por eso el interés de la chica en buscar algo que pudiese servir.
—Tu papá se preocupa mucho cuando llegamos pasada la hora. Le prometí que seríamos puntuales.
—Lo sé, y recuerda que yo manejo. Llegaremos a la hora acordada. —Caminaba con cuidado para no tropezarse y caer, había demasiadas piezas de metal oxidadas y un corte sería peligroso. La linterna los ayudaba a guiarse en medio de la noche que cada vez se aproximaba más.
¿Crees que acá encontraremos las piezas que faltan para tu nave?
—Desgraciadamente no las puedo construir, las necesito y estoy segura que tendré suerte. Los sacaré a todos de aquí y volveremos con ayuda para evacuar a todo el mundo.
—Tú no crees que la Tierra pueda ser como era antes. —La tomó de la mano para ayudarla a pasar por unos escombros.
—La Tierra está perdida. Han abusado tanto de ella que es imposible se recupere, por eso necesitamos la nave para irnos a otro planeta.
—Comenzar una nueva vida en otro planeta. Hace años sonaba imposible, pero me gusta la idea de olvidar todo lo que vivimos.
—Eso no va a pasar, Yamcha. No podemos olvidar.
—Eso es lo que quiere la mayoría de la gente y yo también.
Se detuvieron frente una nave que mantenía la mayor parte de la carrocería intacta. Yamcha tomó la linterna para alumbrar mientras Bulma la abría en busca de lo que quería. Tenía un pequeño bolso con herramientas que llevaba con ella a todos lados.
—Yo no quiero olvidar. Si olvidas te arriesgas a repetir la historia.
—Pero en otro planeta podremos vivir en paz —dijo convencido de sus palabras.
—Mientras los saiyajin sigan con vida eso será imposible. Ellos podrían atacar en cualquier momento y terminar con todo, tal como lo hicieron aquí.
—Entonces no podremos vivir jamás en paz. Ni en la Tierra ni en cualquier planeta.
—No hasta que los saiyajin mueran. —Ella también creía ciegamente en lo que decía.
Ruido de voces los hicieron poner alerta. El joven apagó la linterna y se arrodilló junto a Bulma para buscar donde se encontraban los extraterrestres. No eran saiyajin y hablaban una lengua desconocida.
—Creo que son dos hombres —susurró Bulma. Yamcha se asomó del escondite para comprobar que así era y lamentablemente estaban armados y se dirigían hacia ellos.
—Tenemos que salir de aquí. Vienen directo a nosotros.
—Si tratamos de salir nos verán.
Guardaron silencio, escuchando los pasos que cada vez se acercaban más. Segundos antes que pasaran junto a ellos y se los toparan de frente, Yamcha saltó para tomarlos por sorpresa. Golpeó al primero en la cabeza, dejándolo fuera de combate enseguida y forcejeó con el otro para arrebatarle el arma, pero era más fuerte que el joven y terminó arrojándolo al suelo por el golpe en la frente con la culata de su rifle. Inmediatamente le hizo mira para matarlo, pero el disparo de otra arma se escuchó primero en medio de la oscuridad y quietud de la noche.
—¡Bulma! —Yamcha se apresuró en gatear por el suelo para tomar la linterna e iluminar el lugar. Vio a su amiga en el suelo, con el arma del primero que atacó, y el que quiso asesinarlo estaba en el suelo con un agujero en el estomago, aún vivo y gritando de dolor. No dijo nada, se levantó, tomó a la joven de la mano y la obligó a salir corriendo del lugar en caso que hubiesen más carroñeros cerca. Una vez afuera desencapsularon la moto y huyeron a toda velocidad hasta que se encontraron lo suficientemente lejos para sentirse a salvo y eso ocurría en un solo lugar: en el refugio que ambos llamaban hogar.
—Fue muy valiente lo que hiciste, Bulma. —Estaban junto la puerta, pero aún no entraban. A ella le gustaba ver las estrellas y la luna brillar un rato.
—Tú también me salvaste.
—Es lo que tengo que hacer, nada más —respondió ruborizado, sin dejar de mirarla, mientras que ella no apartaba sus bellos ojos del cielo, ya más calmada por lo sucedido.
No era la primera vez que debía matar, no era la primera vez de ninguno, pero nunca era fácil, aunque con el paso del tiempo cada vez afectaba menos, especialmente si un ser querido corría peligro.
—Es mejor que no le digamos nada a papá ni a Morgan. No querrán que salgamos por un tiempo si se enteran.
—Está bien. Ahora entremos. No quiero preocuparlos más.
—Sí. —El joven abrió la puerta y se apartó para que ella entrara primero. Bulma le sonrió cuando pasó por su lado y besó en la mejilla por haberla salvado. Yamcha agradeció que estuviera tan oscuro y no pudiese ver sus mejillas rojas y su cara de bobo, porque cada vez era más difícil ocultar lo que sentía por ella.
(…)
Vegetasei
Raditz se quitó la armadura antes de sentarse sobre una roca. El sol brillaba con fuerza y molestaba, pero ni siquiera se movió para amarrar su abundante cabello, simplemente cayó sentado bajo la tímida sombra de un árbol seco para tomarse el tiempo que necesitaba para respirar y pensar. Observó sus manos, sus dedos que quedaban libres por los guantes que usaba. Pese a tener catorce años su piel ya estaba dura de tantas batallas libradas y aun así se sentía impotente de no lograr las metas que se propuso antes de conseguir su primera misión fuera del planeta. Quería destacar, ser el mejor, que su nombre fuera recordado entre los guerreros, y lo llamasen para unirse a las misiones y eventualmente dirigir su propio equipo de ataque, pero lamentablemente, luego de mucho entrenar y arriesgar la vida en distintos planetas, no lograba hacer elevar su poder y destacarse de la media.
Observó a lo lejos. Podía ver el comienzo del gigantesco patio de despegue con decenas de naves que iban y llegaban. Ese lugar permanecía en constante movimiento, día y noche, a cualquier hora del día y era donde pasaba la mayor parte de su tiempo.
Desvió la atención hacia el cielo. Pudo distinguir perfectamente bien las naves esféricas con la insignia de la familia real que iban en dirección a palacio a su patio de despegue privado. Hizo una mueca de molestia antes de ponerse de pie y dirigirse hacia la carnicería de su madre. No la veía hace más de un mes y le había prometido que pasaría a saludarla cuando volviese al planeta.
Las mismas naves que observó el muchacho, aterrizaron donde él había pensado. Una comitiva de soldados esperaba al escuadrón luego de regresar de una misión exitosa de conquista contra uno de los planetas más deseados por el rey Vegeta. Y no era cualquier soldado quien iba a cargo de la misión, se trataba del heredero de la corona quien en menor tiempo esperado había sido capaz de tomar uno de los planetas más difíciles y que más problemas le había causado a la corona.
Vegeta descendió de la nave y como era su costumbre ignoró los gritos de felicitaciones y las celebraciones que seguían luego de tan compleja conquista. Su padre había adoptado la costumbre de celebrar con excesos las victorias, era una forma de premiar a sus hombres con comida, alcohol y mujeres, pero nada de eso atraía al joven príncipe. En su cabeza tenía sus objetivos claros y el resto solo se trataba de distracciones.
Como siempre, los soldados eufóricos no detuvieron los gritos, pero se abrieron paso para dejarlo pasar. Nadie se atrevía a tocarlo y menos hablarle para felicitarlo, ya que el último que intentó eso terminó muerto en el mismo patio de despegues. Vegeta de quince años se dirigió hacia palacio para dar la noticia a su padre, quien era la única figura que a sus ojos merecía respeto y buscaba inconscientemente su constante aprobación.
—Hasta que finalmente lo lograste, hijo.
Vegeta detuvo su paso al ver a su madre.
—Conquistaste uno de los planetas en discordia.
— No fue la gran cosa. — Se cruzó de brazos, esperando a que ella hablara. Aunque no lo admitiera, estaba de buen humor y tenía deseos de alardear un rato.
—Yo creo que sí, de lo contrario no estarías esforzándote por no cojear. No es necesario que hagas eso. Eres un buen guerrero y mereces ir al tanque de recuperación luego de una misión exitosa. No cualquiera hace lo que tú lograste y a tu edad. Ese planeta era muy complejo de dominar.
—Estoy muy bien, Koora, no te preocupes —respondió cínico y continuó caminando, con su madre siguiéndolo. No sabía porque aún le hablaba si ella siempre trataba de hacerlo sentir inferior. Detestaba que su padre aún le diera poder sobre él, pero después de esta gran conquista debería oírlo y ya tratarlo como el futuro rey de Vegetasei, se había esforzado mucho para eso.
—Parte de ser buen guerrero también es admitir que necesitas curarte. Si sigues así ni siquiera llegaras a adulto ni gobernarás este planeta porque estarás acabado.
—Gracias por tu consejo, lo tomaré en cuenta.
—¿Vas donde tu padre?
—Sí.
—Está ocupado, no creo que pueda recibirte.
—Lo hará. Él me confió esta misión y debe oír de mi boca el éxito que fue.
—¿Se rindieron o lucharon hasta el final? —Su madre iba caminando a su lado, observándolo, pero el joven no quitaba la vista de al frente, haciendo todo lo posible por no cojear, pero la verdad es que la herida en la pierna era de cuidado.
—Hubo un sector que luchó por un tiempo, pero lo pude manejar bien.
—¿Tomaste rehenes?
—No necesito rehenes. Todos están muertos.
—Te dije que eran necesario los rehenes para poder conseguir los otros planetas de manera más fácil. El enemigo es más suave si tomas de rehén a mujeres y niños.
—Esa es tu manera de trabajar, no la mía. Pienso que matando a todos los habitantes es un mensaje más directo hacia esa mujer. Si es tan blanda como dicen, no tardará en ceder los planetas que siguen en su poder.
—Eso solo conseguirá que reúna más soldados en contra nuestra.
—Pues que lo haga. Si hay gente que insiste en no observarnos con miedo y someterse, deben aprender de la forma más dura quienes somos nosotros.
Finalmente llegaron a la puerta del cuarto de su padre. Vegeta observó a Koora antes de golpear, a la espera que ésta se marchara. La mujer entendió bien el mensaje y se retiró.
El rey ordenó que entraran en cuanto escuchó ruido fuera de su habitación. Los soldados que resguardaban el área no dejaban pasar a nadie sin antes preguntar, a no ser que se tratara de la reina o el príncipe.
—Vegeta, lo que tengas que decir dilo rápido, estoy muy ocupado. —Ni siquiera se molestó en mirarlo. Tenía muchas cosas que hacer.
—Acabo de llegar de la misión que me confiaste. Vengo a informarte de la situación.
—Ya estoy al tanto de todo, no te preocupes. —respondió volviendo a sus planos en 3D.
—Pero yo era el encargado de misión, yo debo hacer eso contigo.
—Le di la orden a mis hombres de confianza para que me mantuvieran informado por si cometías algún error y hubiera que intervenir, pero me alegra saber que lo hiciste bien. —En ningún momento levantó la vista para mirarlo.
—¿Si cometía un error? —repitió en voz baja. ¡Qué clase de ofensa era esta! En verdad no podía creerlo.
—Eres fuerte, Vegeta, de eso no hay duda, pero aún te falta mucho y no puedo confiarte todo por completo.
—Ese planeta se conquistó gracias a mis habilidades de combate y capacidad dirigiendo a mis hombres.
—Vegeta, ese planeta estaba prácticamente listo, lo único que tenías que hacer era dar el último golpe. Y lo hiciste bien. ¿Qué más quieres? Hiciste tu trabajo, ahora vete a entrenar y no me molestes, estoy ocupado. No estoy dispuesto a que pasen cuatro años más para conquistar la otra mitad de los planetas de esa mujer insoportable, necesito concentrarme.
—¿Solo eso me vas a decir? —preguntó levantando un poco la voz y mirándolo desafiante. Su padre lo notó y lo miró directo a los ojos, pero antes que pudiese responder algo, Koora entró al cuarto, interrumpiendo lo que sucedería ahí dentro.
—No tengo tiempo para ninguno de los dos. Pueden retirarse enseguida.
—No he terminado de hablar —reclamó el ofendido hijo.
—Lo mio no tomará tiempo. Seré breve, lo prometo.
El rey se cruzó de brazos y miró a su mujer para escucharla.
—¡Esto es increíble! ¡No puedo creer que ahora tengo que ir a misión contigo y Tarble! — reclamó el príncipe sin importarle que se encontrase su hermano a su lado. El niño de ocho años había crecido, pero no demasiado para su edad y tampoco había desarrollado demasiada musculatura considerando que entrenaba casi a diario para lograr ser más fuerte.
Ahora Vegeta, Tarble y Koora se encontraban en un salón de entrenamiento, donde el heredero de la corona expresaba su frustración ante el trato indigno hacia alguien en su posición.
—Según tú, el rey es el mejor y más inteligente de todos, así que no te queda otra que obedecerme y acompañarnos. Tu hermano necesita volver a salir después de tanto tiempo enfermo y sin entrenar y nosotros somos los mejores para acompañarlo.
—Te aprovechas porque el rey hace lo que le dices. —Se puso frete a ella, desafiándola. Ya estaban casi a la misma altura así que fue fácil mirarla a los ojos—. No sé qué hiciste para que cambiara tanto en este tiempo.
—Para tu mala suerte así es. Así que preparate porque pronto saldremos los tres y nuestros hombres. —Koora le habló con tono de mando, pero jamás molesta. Estaba acostumbrada a lidiar con los arranques de ira de su hijo mayor, especialmente cuando se frustraba porque el rey no lo tomaba en cuenta como lo que realmente era. Fue por eso que decidió no marcharse cuando entró a su cuarto, sabía que podía terminar mal y pese a todo, Vegeta era su hijo y lo cuidaba.
—Esto es una perdida de tiempo. Ya no eres útil para mí, deberías preocuparte de Tarble y quedar preñada para darle más hijos al rey, pero no eres buena para ninguna de las…
Antes de poder terminar de insultarla, Koora lo golpeó en el rostro tan fuerte que lo arrojó al otro extremo de la sala. Vegeta se estrelló contra la pared reforzada y terminó en el suelo, herido en la cabeza, rostro y orgullo.
—¿En qué fue que falló Vegeta, Tarble? Además de comportarse como un imbécil, claro.
—No estaba atento a tus movimientos.
—Exacto.
—¡No pensaba que me ibas a atacar! —exclamó poniéndose de pie, un tanto mareado por el certero golpe. Ni siquiera recordó controlar su pierna para no cojear.
—¿Desde cuando el enemigo avisa cuando va a atacar? —Caminó hacia él, calmada y obligandolo a ponerse en guardia—. Es efectivo que eres más fuerte que los soldados de aquí, pero si eres capaz de derrotarme, te aseguro que te dejaré en paz y podrás hacer lo que quieras.
El joven apretó los dientes y se preparó al ataque de su madre. Estaba exhausto luego de un mes de misión y el dolor de su pierna era insoportable, pero daría todo de sí para cerrarle la boca a la reina.
—¡Cuidado con la pierna, Vegeta! —gritó Tarble adivinando el primer ataque de Koora.
Gracias a ese aviso, el príncipe pudo esquivar el puntapié directo a su pierna herida, pero Koora, mucho más rápida que él, repitió la acción y acertó su bota en la rodilla de su hijo.
En menos de cinco minutos Vegeta terminó acostado en el suelo sin moverse para intentar respirar luego de la paliza que su madre le dio. Koora tenía unos golpes en el rostro y se había despeinado, pero nada grave.
—Partiremos en los próximos días, necesito que estén listos para cuando les informe. Tarble, ¿tomaste tu medicina?
—No.
—No olvides hacerlo.
—Sí, mamá.
—Necesito que estés en optimas condiciones, Tarble. Sé que puedes combatir y defenderte bien porque tienes cerebro y te aviso que iremos a un planeta de guerreros fuertes. Tendrás que pelear como te he enseñado.
—Lo sé, mamá —respondió mirando el suelo. No le agradaba la idea de ir de misión, había pasado tanto tiempo enfermo que se había acostumbrado a la vida fuera de las peleas y viajes, pero ya estaba mucho mejor y debía continuar con su vida.
Koora lo miró sin hablar. Necesitaba desesperadamente volver más fuerte a su hijo y si necesitaba llevarlo a los limites, lo haría. El rey ya no quería saber ni hablar de él luego de la extraña enfermedad que lo tuvo postrado en cama y al borde de la muerte, algo muy raro entre los guerreros destacados, pero bastante común en los más débiles. Amaba demasiado a su hijo para permitir que le pasara algo malo, por eso hizo lo imposible por salvarlo y continuaría ayudándolo aunque eso significaba ir contra sus principios, porque sabía que no estaría para siempre con él y quería estar tranquila sabiendo dejaría un hombre inteligente y capaz de valerse por sí mismo.
Finalmente, Vegeta pudo recuperar la movilidad y respirar con normalidad. Se sentó en el mismo lugar donde se encontraba y miró a su madre, molesto y adolorido, especialmente de su pierna, blanco constante de los ataques de Koora. Definitivamente debería ir al tanque de recuperación para estar en optimas condiciones y destacar en el planeta donde los llevaría. Estaba enojado consigo, no era posible que su padre insistiera en minimizarlo pese a sus constantes avances. Él sería el rey de Vegetasei y todo lo que conseguía de su padre era desprecio. Sabía que era por culpa de Tarble, ya que desde que cayó enfermo, la relación con el rey se volvió más distante, porque al ser hermanos, podría presentar las mismas fallas y errores que el menor y por eso estaba más empecinado en engendrar nuevos herederos en caso de fallar los que ya tenía. Pero no ocurría eso con él; sería el mejor y algún día su padre lo valoraría por lo que realmente es.
(…)
Luego de visitar a su madre en la carnicería y encontrar a su hermano trabajando con ella, Raditz decidió pasar la noche en su casa. Le vendría bien un poco de descanso y comer de las delicias que cocina su madre antes de volver a embarcarse en una misión. Ahora descansaba en su cama y su hermano le hablaba sin parar, acostado en el cama de arriba, a veces asomaba la cabeza para mirarlo y comprobar que continuase despierto porque tardaba demasiado en responder.
El joven estaba cansado, pero tenía demasiadas cosas en la cabeza, como aquella vez que le dijeron que toda su debilidad se originaba porque había creado lazos con su familia y lo mejor que podía hacer era alejarse de ellos para volverse más fuerte. Raditz estaba seguro que esa era una de las razones de porque no lograba sus objetivos, pero por otro lado su padre era poderoso pese a tener una relación afectuosa con su madre. No sabía quién tenía razón y quién se equivocaba, pero su padre desde que abandonó las misiones para trabajar en palacio había cambiado mucho y no le gustaba. Si él regresaba a casa era más que nada para ver a Gine y Kakarotto, lamentablemente, con el paso de los años la relación con Bardock se fue congelando y se le hacía imposible volver a pedirle ayuda para continuar entrenando como antes; tampoco se imaginaba completamente alejado de su madre y hermano de nueve años, así que todo estaba en su contra.
—¿A que hora te vas mañana, Raditz? —El niño volvió a asomarse cabeza abajo para mirar a su hermano.
—No lo sé.
—Pero habías dicho que tenías una misión.
—Mentí para que no siguieran preguntando. —¿Qué más daba? Siempre hablaba todo con su hermano, no le vendría mal continuar haciéndolo.
El niño bajó de su cama para poder mirar mejor a su hermano.
—¿Y por qué hiciste eso?
—Porque me avergüenzo de mi. A mi edad, papá ya trabaja en un escuadrón fijo y yo no puedo conseguir nada bueno.
—No digas eso, ¡tú eres muy fuerte! —dijo sin un atisbo de mentira en sus ojos.
—Gracias, pero necesito serlo más.
—Podemos entrenar juntos.
—Esa es una buena idea, tú has dejado de lado los entrenamientos y eso no es bueno.
—Me gusta entrenar contigo, y como no estás me aburro y mi mamá me obliga a estar con ella en la carnicería para no meterme en problemas.
—Entonces el tiempo que este en casa podemos entrenar, ¿te parece?
—¡Claro que sí!
Raditz se sentó en la cama con los pies en el suelo para poder mirar a su hermano. Se veía grande, mucho más grande que la última vez que estuvo en casa. Tal vez le vendría bien pelear con él y hacerlo sacar ese poder oculto que ni siquiera él sabe posee, pero no tenía tiempo, y debía tomar decisiones rápidas para resultados efectivos y ya que alejarse de Kakarotto y su madre no lo encontraba posible, debía hacer algo más drástico para triunfar, de lo contrario se encontraría atascado para siempre en el mismo circulo de fracaso.
—¿A dónde vas? —preguntó el niño al verlo ponerse de pie y tomar su armadura.
—Necesito salir. Te prohíbo que me sigas.
—¿Por qué? Dime dónde vas, Raditz.
—Necesito arreglar un asunto. Mañana entrenaremos juntos, así que duérmete que nos levantaremos temprano. —Salió por la puerta directo al primer piso. Él ya no tenía restricciones para abandonar la casa, podía hacerlo por la puerta a la hora que quisiera y sin dar explicaciones, aunque aún se sentía raro cuando lo hacía e inconscientemente miraba a todos lados antes de salir de su hogar; era algo que lo molestaba y lo hacía sentir torpe.
Kakarotto se asomó a la ventana para ver a su hermano caminar en dirección contraria del área de embarques. Solo había un lugar al que pudiera dirigirse y no entendía por qué no lo invitó y además prohibió. Esperó un poco antes de saltar por la ventana para poder seguirlo a una distancia prudente.
Raditz voló hacia la zona donde vivían los saiyajin desterrados, aquellos sin rabo que habían faltado gravemente al reino y merecían vivir aislados y con vergüenza. Un lugar que representaba lo más bajo de la raza y sin embargo, muchos lo rondaban con tal de conseguir cosas que no podían encontrar en otro lado. Pese a tratarse de un lugar alejado y que todos pretendían no existía, todo lo que sucedía ahí, se sabía en el resto del planeta, y viceversa, por eso cuando un saiyajin con rabo sobresalía en el circulo de fuego, las ofertas de misiones no tardaban en aparecer, ya que un guerrero capaz de ganarle a los de su raza, merecían respeto.
El joven saiyajin ya lo tenía todo planeado. Esta vez lo lograría y estaría mañana temprano, a primera hora entrenando con su hermano para hacerlo más fuerte y algún día trabajar juntos en misiones. Pero por ahora el circulo de fuego lo esperaba ¿Y si fallaba? Eso era lo de menos, ya que si no podía convertirse en el guerrero que esperaba, no valía la pena vivir.
Continuará…
Hola, tanto tiempo. No sé exactamente cuando tardé en actualizar esta vez, pero estoy segura que fue menos de un mes. Aún lo estoy haciendo en poco tiempo y eso me gusta, de esa forma no se pierden con la historia.
Creo que este capitulo es un poco lento, pero prometo que el siguiente no lo será. Necesitaba escribir esto antes de lo que viene y si lo hacía todo junto quedaría un capitulo demasiado kilométrico y ya no quiero volver a hacer eso porque me tardaba demasiado en actualizar.
Y bien, ya pasaron cuatro años y el capítulo estuvo centrado en Bulma, Yamcha, Vegeta y Raditz y quedó claro que su vida como adolescentes no igual a la de nosotros a esa edad XD Tienen otras cosas en mente. No pasará mucho hasta que haya otro salto de tiempo y todos sean adultos, pero lo que sigue es necesario para la historia.
Muchas gracias por leer y a las pocas chicas que se dieron el tiempo de pasar a firmar: a mi querida Tour, Ledisdbz, Jenny, Johaaceve, Prl16 y Sarapaolaturcios99.
Me apena un poco la poca recepción que ha tenido esta historia que me encanta y creo que es de lo mejor que he hecho. He recibido algunos comentarios que dicen que la leerán cuando se conozcan Bulma y Vegeta y eso es algo ofensivo, como si la historia solo valiera por esa pareja y no fuera interesante el resto del contenido, siendo que me he esforzado por hacer una trama donde todos los personajes tengan algo importante (incluso en mis fics y one shots exclusivos de Vegeta y Bulma me esfuerzo en hacer algo bueno, no algo solo pare tener rws), pero no importa, continuaré escribiéndola por quienes la siguen y principalmente porque me encanta.
Cariños,
Dev.
04/02/2016.
