Hola de nuevo, mis adorados y fieles lectores de esta historia diferente, gracias por continuar leyéndola, lamento profundamente la tardanza y agradezco de corazón su paciencia.

Este capítulo era necesario para dejar en claro el punto de vista de Kikyo, y el porque de todo… espero les agrade y ya en el siguiente volveremos a la historia.

Gracias a quienes le han dado una oportunidad a este fic, lo siguen y le han puesto en favoritos.

Gracias eternas a quienes me regalan un poquito de su tiempo y me dejan algún comentario, es gracias a esos comentarios que esta historia continua.

Los personajes no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi.

Sin más por el momento disfruten la lectura por favor.

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Capítulo 13: Odio.

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Amaba sentir la calidez del viento rozando su piel y jugueteando con su largo cabello porque, aunque estuviera en pleno verano, y los días fueran cálidos e incluso sofocantes, ella no dejaba de sentir frio, uno que le calaba en el alma. Era la soledad.

Toda su vida fue educada para reprimir sus sentimientos y deseos, se le educo con el firme propósito de ser una protectora, un instrumento, una sacerdotisa, no una persona, no una mujer.

Un día a la tierna edad de 7 años le dijo a su maestra que cuando creciera tendría una enorme familia con muchos hijos y un fuerte y guapo esposo.

Su maestra fue tajante al decir que eso no era posible para una sacerdotisa y menos para una con un poder espiritual tan grande como el de ella, le dijo casi sin emoción en la voz, que su destino había sido trazado por Kami, que ella no podía jamás ser esposa ni madre le dijo que tenía prohibido casarse, que tenía prohibido... amar.

Acepto las palabras de su maestra, las acogió, a esa edad no sabía nada de la vida realmente, no sabía que el corazón no obedece a leyes trazadas por otros, obedece a su deseo, el corazón es rebelde y anhelante, simplemente el corazón quiere amar y ser amado.

Kikyo era una joven sacerdotisa, hermosa, poderosa, amable, pura y para su desgracia demasiado indomable, escuchaba lo que su maestra le decía, pero a la larga terminaba haciendo las cosas según su propio juicio. Fue entrenada para luchar contra yokais, contra malos espíritus, la instruyeron en el uso de plantas medicinales, era además de sacerdotisa una curandera y gracias a su poder a veces no era necesario el uso de plantas, solo con posar sus manos y concentrarse lograba curar a los heridos, se decía que era por la pureza de su corazón.


Crecía en poder, sabiduría y belleza. A los 16 años sus padres fallecieron, así ella y su hermana pequeña Kaede quedaron huérfanas, comenzaron a viajar por Japón, Kikyo comenzó el entrenamiento de Kaede como sacerdotisa ya que esta poseía al igual que ella cierto poder espiritual, en uno de sus viajes conocieron a una joven sacerdotisa, bastante común y con un bajo poder, les permitió vivir con ella un tiempo en el templo que cuidaba, su nombre era Tsubaki, con el tiempo esta dio a conocer su verdadera naturaleza malvada, envidiosa y rencorosa. Envidiaba enormemente el poder, la pureza y belleza de Kikyo tanto que le lanzo una maldición.

- Si algún día dejas que un hombre cautive tu corazón, tendrás una muerte trágica y triste. - Grito Tsubaki con odio mientras Kikyo y Kaede se alejaban.

La única respuesta de Kikyo fue el silencio, ella jamás se enamoraría y Tsubaki hablaba por rencor y envidia. No le tomo la importancia que debió haberle tomado.

Con el pasar del tiempo llegaron a una aldea, y se establecieron en ella, se difundió el rumor de su gran poder, se decía que era la sacerdotisa más poderosa, solo superada por la gran Midoriko de antaño, fue así que se le encomendó el deber de proteger la Shikon no Tama, desde ese momento su vida cambio, antes la alegría que la caracterizaba, su amabilidad se vio opacada por la frialdad que desde ese momento se adueñaría de su vida, no podía mostrar debilidad, no podía demostrar sus sentimientos, se volvió una mujer dura, sería. La aldea era constantemente atacada por demonios, que intentaban por todos los medios obtener la perla, ella luchaba a veces durante horas para acabar contra estos seres, veía como la vida pasaba a su alrededor, las jóvenes de su edad se arreglaban y pintaban sus labios, se enamoraban, se casaban y formaban familias, sin saberlo su corazón comenzó a desear aquello, a anhelar el amor.


Cuando cumplió 18 años su vida dio otro giro radical, un día después de luchar todo el día en el bosque contra quizá 100 o más yokais, sitio la presencia de un ser diferente, ni humano ni demonio, probablemente un Hanyo, no lo vio, solo le dirigió palabras de advertencia, le dijo que si valoraba en algo su vida no se acercara, para su desgracia la debilidad por luchar por tantas horas la hizo desvanecerse, antes de perder la conciencia en su totalidad, vio ante ella unos ojos que la veían con curiosidad, los ojos más hermosos que jamás vio, dorados pero poco a poco se volvieron de un profundo azul, los ojos de un joven.

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El tiempo paso, y en ella un sentimiento desconocido comenzó a abrirse paso en su corazón. El dueño de esos ojos le seguía constantemente, por alguna extraña razón no podía matarlo, ella sabia que él deseaba la perla como todos, pero no podía evitar que sus manos fallaran cada vez que apuntaba con sus flechas, con solo ver aquellos dorados ojos, sus manos temblaban y erraban el blanco.

Inuyasha, ese era su nombre y poco a poco, se fue fraguando una amistad entre ellos, le dijo cosas que jamás le había dicho a nadie, pudo mostrarle su verdadera personalidad, la jovial, la alegre aquella que ocultaba desde que se hizo guardiana de la perla. El amor empezó a nacer de esa amistad, Inuyasha demostró ser más de lo que parecía, era valiente, protector, la hacía reír y porque no decirlo, era muy atractivo, se convirtió en poco tiempo en el dueño de sus pensamientos e inevitablemente de su corazón, ese corazón anhelante.


Al mismo tiempo que su relación con Inuyasha florecía, su desconfianza hacía otros se vio mellada, su coraza de frialdad se vio de algún modo debilitada por el amor, tanto así que un día conoció a un joven yokai, Kokuen dijo llamarse y por increíble que pareciera, él la ayudo, salvo su vida.

Kikyo se dirigía a ayudar a unos heridos en una aldea vecina, había estado lloviendo, por lo tanto, la tierra estaba lodosa y resbaladiza, para llegar a la aldea debía subir una cuesta bastante empinada y llena de rocas, Inuyasha quién solía acompañarla esta vez no lo había podido hacer, le había dicho que tenía que viajar al que antes fue su hogar, donde su madre murió.

Caminaba, o escalaba mejor dicho hasta la aldea y resbalo, toda su vida paso ante sus ojos, y cuando esperaba el golpe fatal que terminaría con su vida al caer desde esa altura unas fuertes manos la alzaron, el dueño de aquellas manos era un apuesto joven de cabellos negros, piel blanca sin imperfección alguna y hermosos ojos carmesí, no trasmitía maldad, o eso es lo que Kikyo creyó, aquel ser ocultaba a la perfección su aura y si la sacerdotisa no hubiera tenido abajo sus coraza se habría dado cuenta de aquello, sin embargo la conmovió la amabilidad de aquel joven y su nulo deseo de obtener la perla, cruzo algunas palabras de agradecimiento, se despidió de Kokuen y siguió su camino, la aldea había sido consumida, los aldeanos estaban muertos, secos, como drenados, no hubo nada que pudiera hacer, se marcho de aquel lugar con un profundo dolor e su corazón. ¿Quién podría haber hecho algo tan horrible?

Lo que ella no supo es que aquel ser, la vigilaba desde hacía algún tiempo, pero jamás se había acercado a ella pues ella nunca estaba sola, el hanyo siempre la acompañaba, la busco por primera vez cuando supo que ella era la guardiana de la perla, luego porque simplemente había quedado prendado de su belleza, la vio un día bañándose en el río y decidió que ella sería de él. Ella y la perla.

Trabo amistad con la joven sacerdotisa, una joven seria, pero para su desgracia confiada, ni siquiera supo que era él quién mandaba multitud de demonios a atacar la aldea.

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Kokuen era un ser rencoroso y cruel, que conseguía todo lo que se proponía a base de paciencia y planeación. Se dedico a idear su siguiente movimiento, obviamente deseaba la perla, pero la obsesión por la sacerdotisa que la protegía era aún más grande. Cada vez que ella estaba sola aparecía como el joven mas inocente y encantador, y si por alguna razón Inuyasha no podía acompañarla durante sus viajes él lo hacía, incluso matando a sus propios esbirros con tal de quedar como un aliado.

Necesitaba conocer todas las debilidades de la joven, todas sus fortalezas… todo.

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Los meses pasaban y Kikyo empezó a desconfiar de su amigo, porque le pareció percibir cierta aura conocida, un aura de maldad y muerte, la sintió un día que él la acompañaba mientras estaba en el bosque buscando plantas medicinales, ella estaba platicándole anécdotas de Inuyasha, le contaba que a veces le parecía un niño berrinchudo, pero que era tierno, incluso le había dado un regalo, una pequeña concha con labial que había sido de su madre.

No supo que al contar aquello la alegría y el amor que sentía por Inuyasha se reflejó clara y cristalinamente en sus facciones y en su voz, cosa que Kokuen no pudo evitar notar, descubrió para gran decepción que la muchacha estaba enamorada del miserable hibrido, el odio que sentía por el peli plateado broto como finas hebras a su alrededor y se incrementó hasta límites peligrosos, pero el deseo por la joven también lo hizo, al darse cuenta de su descuido recompuso su aura, pero supo que ella lo percibió, pues la espalda de la sacerdotisa se tensó al instante. Debía darse prisa con su plan.

Kikyo supo que algo pasaba, las muertes extrañas en las aldeas cercanas se incrementaban. Era cada vez más común encontrar cuerpos secos, drenados. Y sabía muy en el fondo, aunque no quisiera creerlo que su amigo tenía algo que ver en el asunto.

Un fatídico día la vio, junto al maldito Inuyasha besándose en un muelle, le consumió el odio, y fue a atacar la aldea con el firme propósito de obtener la perla, desgraciadamente ella llego antes, y lo reconoció entre el humo negro que lo rodeaba, él formo con su humo navajas que lanzo hacía los aldeanos, una le dio de lleno a Kaede causando con ello que perdiera el ojo, la ira opaco la pureza en el corazón de la joven, haciendo que su aura se volviera rojiza, gigantesca y amenazante, supo para su vergüenza que no era lo suficientemente fuerte para doblegarla y vencerla, tuvo que salir huyendo.

Kokuen, su buen amigo la había traicionado, siempre codició la perla y se aprovechó de su estúpida inocencia, se burló de ella, asesino a cientos mientras ella como una idiota le contaba su vida, sus alegrías y tristezas y como toque final, lastimo a su hermanita, sin darse cuenta el desprecio y odio que sintió hacia su examigo y hacia si misma, mancho su antes puro corazón, una mancha que crecería hasta limites insospechados sin que ella pudiera hacer nada para evitarlo.

Lo mejor sería deshacerse de la perla cuanto antes, y la idea de ser una mujer normal de nuevo junto a Inuyasha alegro su corazón, pero no quería tomar esta decisión a la ligera, tenía pensado ir con unos monjes conocidos por su sabiduría, vivían en un templo un poco alejado, pero era necesario, sentía que su amor por Inuyasha la cegaba y quizá si su deseo no era puro la perla no se purificaría, y solo traería más problemas.


- Kaede, debo marcharme unos días, iré al templo que está en Yamadera...

Su pequeña hermana la interrumpió. - Pero Onee-chan ese templo está muy alejado, y el camino es peligroso ¿ira Inuyasha contigo? - Pregunto inocentemente Kaede.

- No, no lo hará, él se quedará aquí en el bosque para ayudarte a proteger la aldea.

- ¿Y es necesario que te marches? Sabes que los ataques a la aldea se han incrementado, que hare sí...

- ¡Basta! Tengo que ir precisamente para detener estos ataques – la tomo por los hombros – esto lo hago por nosotras Kaede, por los aldeanos y por… - callo por miedo a parecer egoísta - no debes preocuparte, he dejado un campo protector alrededor de la aldea y solo debes reforzarlo al amanecer y al anochecer, justo como te he enseñado.

Kaede asintió un poco recelosa, pero sabía que su hermana no haría nada solo porque si, si tenía que viajar a ese templo es porque era necesario.

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- Pues no me parece bien que viajes tu sola hasta ese templo. – Inuyasha la observaba con el ceño fruncido y las manos cruzadas fuertemente sobre su pecho dentro de las mangas de su haori.

- Pero debo hacerlo, es por… - su semblante cambio, discutiendo no llegaría a buen puerto con Inuyasha lo sabía de sobra - ¿alguna vez has pensado que todo sería más fácil si yo no estuviera encargada de la perla y tu no fueses…? – se detuvo, ¿cómo decirlo sin herir a su adorado hanyo?

- Sí, lo he hecho. – Contesto serio, sabia a lo que Kikyo se refería, si él no fuera un hanyo y ella una sacerdotisa, su relación no se vería juzgada y mal vista, podrían formar una familia, podrían estar juntos hasta el fin de sus días. – Si pudiera ser un humano completo para ti… lo sería Kikyo.

- ¿Acaso ya no deseas ser un yokai completo? – Pregunto sorprendida, nunca habían hablado del tema y sin embargo parecía que ambos pensaban lo mismo.

- Feh… - Se giro para verla de frente sacando sus manos de las mangas y tomándola de los brazos, mientras fijaba su vista en ella, en sus enormes ojos chocolate. – Lo único que me importa es estar a tu lado, pero dime ¿cómo podríamos estar juntos si yo fuera un demonio? Ya de por si es bastante difícil hacerlo siendo lo que soy… -dijo con un dejo de desprecio - de todos modos no importa, porque sabes que jamás te robaría la perla.

- Inuyasha nunca pensé que tú… que pensaras que… te amo. – Y lo beso, un beso profundo, lleno de amor y anhelo.

Se besaban como nunca lo habían hecho, con pasión, con deseo, Inuyasha la pegaba a su cuerpo como si quisiera que se fundieran en uno mismo sintiendo los suaves senos de la joven aplastándose en su fuerte pecho, ella lo sujetaba fuerte de la nuca impidiendo que se alejara un solo centímetro de ella, la beso como nunca lo había hecho, dejo sus labios y comenzó un camino de besos recorriendo sus quijadas y su cuello, mordiéndolo con delicadeza y avidez, pronto se abrió camino entre sus ropas bajando el cuello de su camisa, beso sus hombros y sin ningún tapujo el comienzo de sus senos, sin darse cuenta ya estaban sobre la yerba. Inuyasha se movía sobre ella, entre sus piernas, arremetiendo con desenfreno deseando con todas sus fuerzas que las ropas de ambos no le impidiera avanzar más.

Ante todo, Kikyo siempre había tratado de mantener cierta distancia con Inuyasha, tenía miedo de lo que pasaría si se acercaban demasiado… justo lo que pasaba en esos instantes.

La razón se abrió espacio en la mente de la sacerdotisa cuando sintió las desesperadas manos de Inuyasha desasiendo el nudo de su hakama y forcejeando con su haori para desnudarla.

- Inuyasha espera… Inuyasha.

El hanyo alzo su rostro ante la mirada aterrada de Kikyo por lo que estaban a punto de hacer.

Siempre que la pasión poseía su cuerpo, su yôki se adueñaba en cierta parte de él, haciendo que marcas purpuras se bordaran en sus mejillas, y que tanto sus colmillos como sus garras aumentaran su tamaño, sus ojos dorados se veían rodeados por un halo rojo, haciendo que se viera salvaje y temible.

Esto incremento el miedo en el rostro de Kikyo ya que ella nunca lo había visto así y él lo asocio solo al hecho de que él era un hanyo. Soltó un ligero suspiro de decepción mientras se levantaba y ayudaba a la muchacha a levantarse también.

- Perdón. No lo volveré a hacer… te lo juro. – Alzo su rostro entristecido, sabiendo que como hanyo jamás seria lo suficientemente bueno para ella, necesitaba ser humano y por ella… lo sería.

- Yo… iré a ver a los mojes, y cuando vuelva pediremos el deseo Inuyasha y podremos estar juntos.

- Ve, yo cuidare a la mocosa y a la aldea. – Dijo ya dándole la espalda, las lagrimas de ira por ser un hibrido amenazaban con brotar de sus ojos y no podía permitir que ella le viera y menos tan vulnerable.

A Kikyo se le estrujo el corazón, no quería rechazarlo en verdad, pero tuvo miedo por muchas razones y verlo casi como un demonio completo la aterro, para que negarlo, pero se juro así misma y a Inuyasha en silencio que cuando volviera le demostraría cuanto lo amaba, fuera humano o no.

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Ese mismo día después de dejar a Inuyasha molesto en el bosque se marcho directo a Yamadera desde ahí serían al menos 10 días de viaje, preparo lo que se llevaría y comenzó el viaje. No sabía que Kokuen la seguía a la distancia.

Pasaron los días y Kikyo caminaba casi sin descansar se había propuesto llegar lo antes posible al templo, le inquietaba dejar a su hermana sola, aunque Inuyasha estuviera con ella, sabía que no era tan fuerte como para vencer a un demonio completo como Kokuen, y también el como habían quedado las cosas con el hanyo la tenían en un estado de desesperación, no supo porque el miedo la domino, había lastimado a Inuyasha y no podía perdonárselo, imaginaba que hubiera pasado si no se hubieran detenido si el miedo no la hubiera invadido.

Tres días antes de llegar a Yamadera, solo se había detenido en ciertas ocasiones a ayudar a personas enfermas y necesitadas, pero lo raro era que no se había topado con ningún peligro realmente.

La noche llego como un manto estrellado, la alcanzo en el camino, y por obvias razones no tuvo tiempo de llegar a ninguna aldea a pedir asilo, encendió una fogata y se sentó debajo de un frondoso árbol que le recordó el árbol sagrado donde había conocido a Inuyasha, una suave sonrisa curveo sus labios al recordar a ese joven que se había metido en su corazón. Sin darse cuenta mientras el sueño la vencía entro en un mundo de utopía, era tal su deseo de volver a ver a Inuyasha que cuando lo vio parado frente a ella no pudo evitar levantarse de un salto y arrojarse a sus brazos.

- ¿Pero que haces aquí? ¡Inuyasha se suponía que debías quedarte para cuidar la aldea y a Kaede!

Sin embargo, el no respondió, al menos no con palabras, solo la abrazo y la beso igual que aquella vez antes de que ella se marchara, lo sintió, sintió su cuerpo responder a sus besos y caricias, lo sintió clavándose con fuerza en su abdomen, su vientre ardía en llamas por el deseo y decidido que no le importaba nada más, ella lo amaba y él a ella ¿Qué impedía entonces que se demostraran su amor? Nada. Se volvió como la seda en sus manos, besándolo con todo su amor, no se hizo más preguntas, que más daba porque estaba él allí, siempre hacia lo que le venia en gana, en muchas otras ocasiones él había hecho lo mismo, la alcanzaba después de varios días en sus viajes.

Mientras él la recostaba en su haori que se había quitado previamente ella observo todo a su alrededor, se veía más oscuro, neblinoso pero no le importo, Inuyasha la desnudo por completo y luego lo hizo él, la recostó y se arrodillo frente a ella mientras descendía su rostro entre sus piernas, un escalofrió de placer la recorrió de pies a cabeza cuando sintió la húmeda lengua del chico, él se dedico a darle placer mientras ella se retorcía debajo de él sin tapujos, sosteniendo su cabeza mientras él, lamia, besaba y mordisqueaba deliciosamente su centro, espasmos de placer la hicieron arquear su espalda y alzar sus caderas, ansiosa por más mientras llegaba al clímax en los labios del joven que no dejaba de lamer sin saciarse.

Mientras ella se recuperaba del intenso placer el se tendió sobre ella, listo para entrar en ella, rozando su miembro en la húmeda y palpitante entrada de la chica, mientras decía.

- Siempre supe que eras dulce Kikyo, - dijo relamiéndose - me alegra saber que aun eres virgen y que el maldito hanyo no te ha marcado, ahora serás mía, dulce… dulce sacerdotisa.

¡¿QUÉ!? Pensó, pues estas palabras la aterraron al reconocer la voz de quien se las dijo, abrió los ojos de golpe y sobre ella estaba Kokuen, con sus carmesís ojos oscurecidos por el deseo, sonriendo, mostrando sus colmillos ante la confundida y aterrada Kikyo.

Rápidamente y de un solo empujón entro en ella, desgarrando su pureza, lo hizo sin consideración alguna arremetiendo una y otra vez, haciéndola sangrar, mientras gruñía de placer por la estrechez de la chica. Se preparaba para marcarla, mordiendo en su cuello cuando una fuerza invisible lo arrojo varios metros de ella, haciendo que chocara con el tronco de un árbol que se partió al contacto, lanzando astillas por todas partes.

Se pudo de pie en un instante sin preocuparse de su denudes, el aura de ira, odio y dolor creció enormemente, roja y flameante haciendo su largo cabello danzar al ritmo de su aura, en sus manos desnudas se formo un arco de energía, tenso una flecha de fuego que formo entre sus manos, llena de odio y venganza y la apunto, pero Kokuen fue rápido y se convirtió en humo que se esfumo en un segundo, dejando a Kikyo, llorando amargamente, encogida y cubierta a duras penas con su chihaya, mientras las flamas de la fogata danzaban frente a ella, imágenes de lo vivido se repetían en su cabeza una y otra vez, ese maldito la había engañado y la había violado.

Lloro y grito con todas sus fuerzas hasta que su garganta no pudo más, el día llego con un hermoso amanecer, pero ante Kikyo ya no había más belleza, se maldijo mil veces por ser tan estúpida, maldijo a Kokuen y juro vengarse de él, decidió callarse y no decirle a nadie pues se culpaba por haber sido débil.

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Llego a Yamadera y conoció a un joven monje al que le dejo saber sus dudas, cuando se sintió satisfecha se marchó, pero el monje Hayashi Fudo se llamaba insistió en acompañarla, alegando que había muchos peligros, sonrió amargamente que cosa podían hacerle que fuera peor.

Llegaron a la aldea donde se separarían, pero el lugar estaba en ruinas, había sido atacado, un pobre niño dijo que un demonio les había atacado y devorado sus almas. Kikyo supo al instante de quién se trataba el deseo de venganza flameo en su interior y camino tensando el arco, adentrándose en el lugar entre, escombros y cuerpo secos.

Kokuen apareció frente a ellos, materializándose entre el humo negro. Kikyo disparo, pero el muy maldito se movió solo un poco y la flecha le dio en el hombro.

- Querida mía, pero que haces ¿acaso quieres lastimarme? ¿A mí? Tu amante… - sonrió con las facciones deformadas por el odio, al ver la acara de asco de Kikyo.

- ¿Quién es este? ¿Otro amante tuyo? – Kikyo no reflejaba emoción alguna en su rostro. – O bueno de todos modos este insignificante muchachito no entiende ni jota de lo que digo, sabes querida mía, nuestra… incompleta unión te ha legado algunas, como lo diré… habilidades, solo tú puedes entenderme ya que en estos momentos estoy hablando mi lengua, la de los demonios... ¿¡Qué no vas a agradecerme!? Debo decir dulce sacerdotisa que aun tengo tu sabor, y me muero por que seas mía por completo, anda deja al hanyo y únete a mí, se que lo disfrutaste tanto como yo. – Hizo un a mueca de ira y finalizo diciendo:

- Te demostrare que ese insignificante hibrido no te merece. – Escupió sangre negra y desapareció, frente a la implacable mirada de Kikyo y la aterrada del joven monje.

Se marcho de nuevo al templo, esas pobres personas necesitarían funerales apropiados, y ella, ella necesitaba hacer algo importante, cuando era más joven escucho de la desfragmentación del alma, le pareció algo descabellado e innecesario ¿para que alguien haría algo así? Ahora lo comprendía. Ella no descansaría hasta que Kokuen pagara por todo el daño que había hecho, y si moría en el intento entonces su reencarnación lo haría, pero tenía que dejarle el conocimiento, el odio, la ira, el deseo de acabar con ese maldito si es que en esta vida no lo conseguía.

Por eso hablo con el monje superior, por eso hizo el maldito ritual, que termino de destrozarla, pero gracias a eso, una parte del odio y la ira se quedaron en esa fracción de su alma, la que dejo encargada a los monjes. Regreso a la aldea, herida y triste pero decidida a luchar hasta el final, no podía decirle a Inuyasha que el deseo de hacerlo humano no se llevaría a cabo, al menos no por un tiempo, la venganza era primero, acabar con Kokuen era primero.


Antes de entrar a la aldea, puso su mascara aquella mascara de indiferencia que no usaba desde que conoció a Inuyasha, sonrió falsamente para él cuando la recibió en el bosque, recibió su abrazo sin evitar estremecerse al recordar lo que le hizo Kokuen disfrazado como él.

No lo vio por algunos días, no podía mirarlo a los ojos sin recordar la humillación, y el dolor. Pero un día cuando vio la tristeza reflejada en sus dorados ojos no pudo evitar abrazarlo y besarlo, la noche llego, noche de luna nueva, Inuyasha se volvió humano ante sus ojos y dejando atrás todo el dolor se entrego a él en un acto de puro amor, descubrió que él era delicado y apasionado, que no la lastimo más que lo estrictamente necesario, que aquella mordida en su cuello la hizo ser feliz de nuevo en varios días, al diablo la venganza, al día siguiente le daría la perla a Inuyasha, al día siguiente desaparecerían llevándose a Kaede, a un sitio donde Kokuen jamás los encontrara, formarían una familia, estarían juntos amándose para toda la eternidad. Durmió tranquila por primera vez en días, acunada en los fuertes brazos de Inuyasha, sintiéndose protegida y amada, al alba se levanto no quiso despertarlo se marcho directa al río, se ducharía y luego iría por la perla, su nueva vida empezaba ese día.

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Cuando se adentro al bosque con la perla lo vio al sitio donde había dejado a Inuyasha, lo vio… con otra, una hermosa muchacha de la aldea, de largos cabellos purpuras, estaban entre los árboles, haciendo el amor como salvajes, Inuyasha no paraba de decirle que ella si era una verdadera mujer no como la frígida de Kikyo, la chica gemía mientras Inuyasha arremetía detrás de ella, esto se alargó por minutos que para Kikyo fueron eternos, Inuyasha arrodillado gruñia mientras se derramaba dentro de su amante, se separaron y escucho como le dijo:

- Te amo, volveré en cuanto la idiota me de la perla y escaparemos juntos.

La chica se vistió y se marchó, Kikyo se escondió entre los árboles llorando en silencio, Inuyasha se convirtió entonces en Kokuen, que se esfumo, Kikyo no vio nada de esto por supuesto corrió por el bosque con el dolor de la traición, la ira se adueñó de ella y se paro en seco esto no se quedaría así, todos los hombres eran unos malditos, la habían usado y se habían aprovechado de su deseo de amar, se dio la vuelta y ante ella estaba Inuyasha, mirándola con ira, molesto hasta las entrañas se lanzo hacia ella con una velocidad que ella jamás había visto y la hirió con sus garras, dejando profundas heridas sangrantes, le arrebato la perla y corrió carcajeándose a lo lejos.

Kikyo tomo fuerzas del odio y marchó a la aldea donde Inuyasha había sido acorralado por los aldeanos sin pensárselo más tomo una flecha y tenso el arco, vio a Inuyasha frente a ella viéndola con ¿dolor? ¿Como era posible? ¡Era él quién la había traicionado! soltó la flecha y lo vio nuevamente a los ojos, los dorados ojos de su Inuyasha… el real, y lo supo, supo que había caído de nuevo en la trampa de Kokuen, por fortuna la flecha dio no era mortal, su inconsciente la había traicionado y solo sello a Inuyasha.

Si algún día dejas que un hombre cautive tu corazón, tendrás una muerte trágica y triste.

Sonrió con tristeza al recordar la maldición de Tsubaki, se había cumplido. Las fuerzas le fallaban y sentía como la vida se le escurría entre los dedos como agua. Pidió ser quemada junto con la perla.


Horas antes.

Inuyasha despertó sintiendo en vacio que Kikyo dejo en sus brazos, pero sonrio al recordar lo que habían hecho, olfateo reonociendo el dulce aroma de Kikyo en el aire y en su ropa, se fue al río y tomo una ducha, sin poder dejar de sonreir. A la distancia un demonio le observaba, maldiciendolo en silencio, el maldito había marcado a la hembra, ya no podría hacerlo él, no le quedaba más opción que vengarce de los dos, de esa zorra en primer lugar.

Inuyasha camino hasta un claro donde había quedado de verse con Kikyo para pedir juntos el deseo a al Shikon no Tama, ella se acerco seria ante él, sin sonreír, sin decirle nada. Le dio mala espina.

- Oe Kikyo ¿Qué te pasa? ¿Acaso estas molesta por algo? – No pudo evitar que se le contrajera el corazón, ¿y si ella se arrepentía? ¿y si…?

No pudo seguir con aquellos pensamientos porque la cruel risa de Kikyo corto el aire.

- Ja, ja, ja. Molesta… ¿Que si estoy molesta? ¡Claro que estoy molesta! No se que es lo que me paso por la cabeza al entregarme a un ser impuro y asqueroso como tú… No quiero echar a perder mi vida con un ser inferior como tú. Me das asco, me doy asco por permitirme algo contigo, soy una idiota. – Tenso su arco. – No te amo Inuyasha, nunca lo hice, solo quería divertirme u rato, y ese rato ya paso, no te daré la perla, maldito hibrido. – Lanzo la flecha que corto la mejilla del peli plateado.

La vena orgullosa de Inuyasha tomo el control, le dolía, le dolía como el infierno que ella lo estuviera traicionando así.

- Feh, miserable sacerdotisa, lo mismo digo. Nunca te ame.

Y se dio la vuelta, corrió mientras lagrimas de dolor y coraje se resbalaban por su rostro, llego a la aldea y busco la perla que estaba en el santuario donde Kikyo solía dejarla.

Kokuen sonrió satisfecho mientras su cuerpo dejaba de imitar el de Kikyo.

No llego muy lejos pues los aldeanos, le cerraron el paso, a pesar de todo no quería herirlos, y entonces ella aprecio frente a él, herida, ¿cuándo se hirió así? No podía dejar de preocuparse por ella, maldita sea y ella lo veía con profundo rencor, la vio preparar una flecha, que así sea, pensó moriré en tus manos, al fin ya no tengo vida después de perderte. Y todo se oscureció.

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Deseo volver a verte Inuyasha. Fue el último pensamiento de la joven sacerdotisa antes de morir.

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Continuara…


Pues hasta aquí lo dejo por hoy, espero les haya gustado. Sentí necesario este capítulo para que se entienda lo que pasara en los siguientes capítulos. No se ustedes pero a mí me da harta tristeza lo que vivió la pobre Kikyo, solo por enamorarse de Inu.

Ya en el próximo capitulo retomare la historia donde la deje en el capítulo anterior.

Gracias por su reviews a:

Nancyricoleon: Hola, gracias por siempre dejarme tus comentarios y dudas, y si cada vez se complica más la cosa. Espero tu confusión no perdure por mucho, prometo actualizar pronto. Saludos.

Dennis97: Perdón por tardar tanto, es que estaba en blanco, pero ya he retomado la historia, y lamento que tú también estés confusa, ya se aclarara todo en los siguientes capítulos, gracias por tu comentario. Saludos.

Akanita87: Hola que gusto leerte por aquí, que alegría que te guste la historia, y si todas me piden que vuelva Akane, pero no desesperen pronto entenderán el porque de toda la confusión. Y pues solo diré que tus sospechas son ciertas, por eso Akane no se puede resistir ante tremendo pedazo de hombre, espero no decepcionarte mucho con los siguientes capítulos. Saludos.

Iselaglezcam: Querida Isela, ya volví, aquí esta la actualización que me pedias, espero no te hayas aburrido mucho con este capítulo, y prometo que pronto subiré el próximo capítulo, ya esta en el horno. Gracias por tui apoyo y tus comentarios. Saludos y abrazos.

Sin más por el momento nos leemos a la próxima.

Edisa Inu.