La ambición jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la grandeza.

Napoleón Bonaparte.


—¡Líder! —Uno de los sujetos que vigilaba por la ventana se acercó a Pain— Es el grupo de Karin Uzumaki, nos encontró, están aquí.

El ruido y estruendo de una explosión cerca de los corredores del tercer piso los tomó por sorpresa a todos. Las paredes del interior vibraron, el cemento se desmoronaba del techo.

—Rápido, aseguren la entrada —Pain señaló la puerta, después se posicionó en cuclillas frente a Naruto, presionó la punta de una daga en su mejilla cuando lo miró a los ojos—. ¿Dime un motivo por el cuál no te mate ahora?

Naruto, completamente agotado, abrió un solo ojo, ya que el otro estaba totalmente destrozado. Le regresó la mirada, pero esta fue diferente, trató de reír pero el dolor ocasionado por las heridas no se lo permitían tan fácil. Todo lo que miraba era la figura borrosa de Pain, lo demás, lo de alrededor, era sólo sombras que no alcanzaba a distinguir.

—Estás... acabado. ¿Crees que...? —Tosió, salpicó el brazo de Pain con gotas de sangre— ¿Crees que caí en tu trampa... sin un plan, de respaldo?

Otra explosión hizo retumbar el suelo y las paredes, en seguida la puerta del cuarto voló en pedazos.

Los hombres de Pain estaban listos para recibir con balas a los intrusos.

El polvo que dejó la explosión comenzaba a disiparse rápidamente, el silencio comenzaba a hormiguear los oídos.

—¡No disparen por favor!

Los tres hombres en la entrada apuntaron con sus armas a la mujer que iba entrando lentamente, con los brazos elevados al cielo apretando los puños.

La reconocieron de inmediato, era la mujer del séptimo. Para Pain, fue la oportunidad perfecta de terminar las cosas bien. La persona que requería cayó en su trampa por sus propios méritos, sin la necesidad de buscarla.

—¡No te muevas! ¡No des un paso más! —gritó el hombre de cabello rojo, aquel que Hinata recordó cuando asaltaron la carroza—. ¡Abre las manos! ¡Suelta lo que tengas!

Hinata llevó su mirada a Naruto, quien el sujeto con perforaciones lo cubría con su cuerpo. Sintió doblegarse al verlo tan mal, mas siguió firme.

—¡Ahora!

Dejó de verlo, entonces su atención se fue al pelirrojo que le apuntaba a la cabeza con el cañón. Asintió despacio, mordiéndose el labio inferior. Sus dedos se movieron hasta separarse de sus palmas. De su mano derecha una pequeña esfera cayó, revotó y rodó por el suelo unos metros hacia ellos. Los hombres rápidamente le apuntaron al extraño objeto que no hizo gran cosas los primeros segundos, luego, una gran cantidad de humo se liberó de él.

—¡Es una trampa! —alertó Sasori, al mismo tiempo más esferas del mismo estilo entraron por las ventanas y una más por la entrada principal. Hinata bajó hasta el suelo rápidamente cubriendo su cabeza con las manos exactamente como le dijo Sasuke unos minutos antes.

La habitación se volvió densa, la visión era casi nula debido a la gran cantidad de humareda producida por las bombas de humo. Los disparos no se hicieron esperar.

Sasuke, Temari y Shikamaru se adentraron a la habitación. A diferencia de los Akatsuki, ellos llevaban armas de filo en lugar de armas de fuego, porque según sus puntos de vista eran mucho más efectivas en combates tan cercanos.

—Levántate —Temari tomó del brazo a Hinata, ella se puso de pie, aun sin recuperar la visión de la cámara por completo—. ¡Sal de aquí, rápido!

Hinata iba a hacerlo cuando el hombre pelirrojo apareció de la nada, con grito fuerte, y golpeó la nuca de Temari desde atrás con la empuñadura de marfil de la pistola, haciendo que esta perdiera el conocimiento y cayera al piso.

Hinata dio un paso atrás, tropezando su espalda con pared, sin poder retroceder del hombre que de cerca podía ver la furia en su expresión facial.

Sasori le apuntó directamente a la cabeza con esa sonrisa mórbida en la cara.

Disparó.

Hinata cubrió sus odios y se encogió en el mismo sitio. Cuando los abrió Shikamaru estaba frente a ella, luchando contra el hombre pelirrojo. Luego se dio cuenta de que la pistola apuntaba hacia el techo donde un agujero estaba hecho, había fallado el tiro.

Hay dos desventajas con las armas que ellos usan. Las pistolas de chispas cuando se usan en combate, sólo se pueden usar una vez, porque necesitan tiempo para ser recargadas.

—Protegiendo a la mujer del enemigo, ¿eh, Nara? —le dijo, jadeando aire como una bestia, empujando con su brazo izquierdo la mano de Shikamaru que sujetaba la espada puesta en su cuello, mientras la mano que sostenía el arma estaba inmovilizada.

Shikamaru lo empujó lejos de él. Aventó la espada hacia un lado y apartó la capa de sus hombros tirándola al suelo.

—Una pelea limpia, ¿qué dices, Sasori? Hasta que uno muera.

Sasori manifestó una risa vacilante. Dejó la pistola en el suelo y extendió ambas manos, abriendo y cerrando los dedos sucesivamente, incitando a Shikamaru a acercarse.

Por otro lado Hinata gateó hasta llegar a Temari. La tomó de la cabeza, palmeando ligeramente la mejilla de la rubia para que recobrara el conocimiento.

El humo se había desvanecido en su mayoría. A lo lejos estaba Sasuke combatiendo con dos hombres más, únicamente con espadas. También pudo ver a Shikamaru sobre el pelirrojo en el suelo golpeando su rostro ensangrentado con el puño, lo que vio después fue por mucho una señal de que todo iba de mal a peor. Sasori estiró la mano sin que Shikamaru se percatara, alcanzó una daga y se la clavó en el cuello desgarrando hasta la nuca.

Hinata se quedó sin aliento.

La sangre del cuello de Shikamaru brotaba en enormes cantidades mientras Sasori apartaba su cuerpo inerte.

—¡Maldito! —Hinata se apartó cuando, sin darse cuenta, Temari por fin se había puesto en pie, se arrojó contra el pelirrojo en un abrir y cerrar de ojos, atravesando su abdomen con una espada—. ¡Muérete! ¡Muérete! ¡Muérete!

Entonces, en medio del caos, Hinata giró su cabeza hacia el otro lado, donde el cuerpo de Naruto atado a la silla, extremadamente maltratado y herido, yacía con la cabeza inclinada hacia abajo mirándola a ella, con esa mirada por poco sin vida.

Se sintió inútil, como nunca en su vida, culpándose por todo lo que estaba sucediendo.

—Resiste —susurró. Con los ojos llorosos, extendió su mano hacia él. Luego, recibió una patada en el rostro, haciendo que cayera hacia un lado.

La mujer que le dio el golpe la levantó bruscamente del suelo, acorralándola contra la pared, presionando el filo de un puñal en su cuello.

—Ko... ¿Konan? —pronunció débilmente cuando puedo ver la cara de la mujer.

No respondió, en su lugar presionó aún más el arma blanca en su garganta haciendo que Hinata callara.

—¡La tengo! —gritó, mirándola a los ojos.

En seguida, la voz de Pain resonó fuerte.

—Un movimiento más y lo mato.

Hinata podía ver sobre el hombro de Konan.

Pain estaba detrás de Naruto, presionando la pistola contra su cabeza.

Sasuke se detuvo en seco, lanzó la espada lejos, y uno de los dos hombres que no mató hizo que se arrodillara por la fuerza.

Temari permaneció hincada, soltando la mano de Shikamaru después de comprobar que no tenía pulso.

—Se acabó —murmuró Konan a Hinata, ella sin resistirse.

—Al fin mi venganza va a ser concretada. Luego de treinta largos años, por fin me vengaré.

—Ríndete, Nagato. ¿Crees que vas a poder salir de aquí vivo? Aun si nos matas, afuera te espera gente nuestra, lista para poner fin a tu plan de treinta años. —El hombre que sostenía a Sasuke boca abajo lo hizo callar estrellando su rostro contra el suelo.

Pain permanecía firme, apuntando a Naruto con el arma cargada.

—Eso no me importa. Porque voy a cumplir mi venganza antes de mi muerte, mataré al dictador, pero antes, lo haré sufrir viendo la muerte de su esposa y sus amigos. Haré que sienta lo mismo que yo sentí cuando asesinaron a mi familia frente a mis ojos.

—Treinta años, dos dictadores asesinados junto a sus seres amados, ¿para esto? —Temari negó con la cabeza—. Algún día las personas que nos importan van a morir, por enfermedades, por vejez, por asesinatos —miró por unos segundos el cuerpo de Shikamaru—. ¿Y qué? Tenemos que continuar y aferrarnos a algo, de otro modo terminaremos como tú. Lo que quiero decir es que, desde mi punto de vista, tu sed de venganza es algo estúpida, amigo.

—¡Silencio! —Pain tomó el cuello de Naruto, arrastrándolo junto con la silla unos pasos atrás, todavía presionando el arma—. Le pondré fin a la dictadura de su linaje. La gente me lo agradecerá, cuando se enteren de quién fue el que los liberó.

—Te equivocas —Konan presionó el puñal un poco más cuando Hinata habló, pero eso no le impidió continuar—. La gente está agradecida con el séptimo. Para ellos, tú sólo serás el villano del cuento.

—Menma Namikaze, Naruto Uzumaki, este hombre miente sin pudor, hace daño a inocentes, ¿y aun así lo defiendes? Deberías odiarlo, gozar su sufrimiento y celebrar su muerte. La gente no lo necesita.

—Sí, mintió, pero ¿Quién no lo hace? Es parte de la naturaleza del ser humano, además yo creo en sus buenas intenciones sin la necesidad de saber la historia completa. Desconozco si lo necesitan o no, pero yo a él sí, y mientras yo siga siendo su esposa estaré a su lado, porque lo amo.

Naruto, que todo el tiempo la miró, cerró el ojo, suavizó sus puños y dejó caer la cabeza hacia el frente.

—Niña tonta. ¡No sabes nada! ¡El amor no existe! ¡No puedes confiar ciegamente en alguien sólo por un afecto idealizado en la mentira!

Hinata sintió que Konan dejó de presionar para girar su cabeza y mirarlo, al parecer de ella, un poco sorprendida por las duras palabras de su líder.

—¡El odio es el único sentimiento real y lo suficientemente fuerte para mantener vivo a un ser humano! Te lo voy a demostrar, porque después de esto vas a sentir más odio por mí que amor por el dictador.

La segunda desventaja es: esas armas jamás superarán al arco y flecha, mucho menos la endemoniada puntería de Karin.

Hinata apretó los ojos cuando escuchó el disparo, después de que una flecha entrara por la ventana y se incrustara en el cráneo de Pain, y por consecuente activara el arma, pero el balín pasó rosando la oreja de Naruto sin causarle daño.

Desde la ventana del edificio continuo, Karin Uzumaki bajaba el arco después de disparar la tan acertada flecha. Su gente disparó arpones para trasladarse deprisa al edificio.

Sasuke con un movimiento de su pierna hizo que el tipo cayera para poder someterlo, tomó el arma que estaba cerca y le disparó en la cabeza.

Hinata aprovechó el aturdimiento y consternación de Konan para darle un cabezazo cuando se giró nuevamente hacia ella.

Konan cayó y enseguida, Hinata se tambaleó por el dolor en su frente mas no le dio tiempo a la mujer de levantarse, con rapidez se subió sobre ella y le enterró el puñal en el pecho un y otra y otra vez, conteniendo el grito de frustración y coraje que desgarraba por salir al igual que el llanto y las lágrimas fluyendo y deslizándose por sus mejillas.

Soltó el puñal ensangrentado y levantó la mirada. Vio a Temari y Sasuke llegar hasta Naruto, ella se quitó de encima del cuerpo de la mujer en la que tanto confiaba y caminó rápido para con ellos.

—Hinata, ven acá. Sostén su cabeza hacia arriba, trata de que vuelva en sí —Sasuke dio la orden mientras desataba sus pies y manos.

Temari sacó el cuchillo clavado en el brazo y lo vendó con una tela que trozó de su propia ropa, lo mismo hizo con el resto de heridas.

Con el temor de lastimarlo, Hinata lo sostenía, acariciando delicadamente su rostro.

—No te vayas, por favor. Quédate, quédate conmigo —le decía al oído mientras trataba de que el llanto no interfiriera con esas palabras.

No había respuesta por parte de Naruto, su pulso era complicado de distar, por suerte, lento y con dificultad, continuaba respirando.

—La zona está asegurada. ¿Qué pasó? —Karin llegó al lugar junto a los refuerzos—. ¡¿Está muerto?!

—No, pero no le falta mucho —Sasuke arrebató el botiquín que uno de los subordinados de Karin llevaba con él, el botiquín médico que le entregó antes de separarse en grupos. Sacó una manguera de punta delgada en ambos extremos, de aproximadamente un metro de largo y cuatro milímetros de grosor.

—Se ve muy mal, su color de piel no es normal. ¿Seguro que no está muerto?

Hinata comprimió el rostro, deseaba cerrar sus ojos y tapar sus oídos pues las palabras de Karin le hacían querer vomitar. Respiró profundo, después continuó sacudiendo la cabeza de Naruto anhelando que hubiese alguna reacción aunque fuera mínima.

—Le drenaron casi toda la sangre —Sasuke estiró la manguera y tomó el brazo de Karin.

—¡Oye! ¡¿Qué haces?!

—Salvándole la vida —dijo y le enterró la punta en una de las venas periféricas del pliegue del codo. Karin se quejó cuando atravesó su piel—. Tú y él son familia, comparten la misma sangre. Eso te convierte en el donante perfecto —Tomó el otro extremo de la manguera que se llenaba del líquido rojo e hizo lo mismo a Naruto.

Lo mantuvieron con vida hasta regresar al palacio para que los médicos intervinieran. Lo único que pudieron hacer fue esperar.

Luego de tres días, la noticia de la muerte del séptimo dictador y su esposa estaba en primera plana.

Al cuarto día, el pueblo homenajeaba la memoria del que fue un gran líder.