"Vale, admito que no hay excusa que valga por este retraso, así que no os entretendré con ellas. Digamos simplemente que se me juntaron los exámenes con los trabajos que a su vez se intercalaron con prácticas y más exámenes y… Bueno, que un caos. Pero ya he vuelto y espero que a partir de ahora los capítulos salgan más rápidos."

"Agradezco la falta de amenazas y por supuesto toda la paciencia que habéis tenido. Y os agradezco mucho todos los comentarios y que hayáis seguido ahí a pesar de la tardanza a la hora de actualizar. De verdad muchas gracias."

"A Allen Walker le digo que puede ir cancelando la búsqueda internacional, que ya he vuelto, y que me encantan tus rimas ;). A Boadicea le digo que qué buen ojo tienes y que me alegro que hayas ido mirando el tiempo de la historia, espero que te agrade el capítulo. Y en cuanto a Patricia Mikaelson y su idea de que publique un capitulo por cada mes que me he retrasado … lo siento pero ni yo puedo con eso. A cambio he hecho un cap. Extra extra largo que espero que os guste. Al resto también gracias por leer y espero que disfrutéis leyendo."

"Y por último, se suponía que parte de este cap. Era un regalo para cierta persona, siento mucho el enooooooorme retraso. También espero que te guste".

"Harry Potter así como sus personajes pertenecen única y exclusivamente a J.K Rowling. Lo que escribo lo hago por entretenimiento y sin ánimo de lucro."

"Sonrojos y nueva manada"

Jorge Santayana dijo una vez "La vida no se ha hecho para comprenderla, sino para vivirla." Y mientras los brazos de Harry estrechaban suavemente el cálido cuerpo de Cho sin intención de soltarla, el chico decidió que no había mayor verdad que esa. No necesitaba comprender como era posible que la chica de sus sueños lo hubiera elegido después de conocer su aterrador secreto. No tenía que comprender por qué la chica había decidido olvidarse de los aspectos más aterradores de su vida a favor de verlo única y exclusivamente como Harry el chico, y no Harry la bestia. Y realmente le daba igual no entenderlo, porque estaba abrazando a Cho Chang tras haber compartido un beso que le había hecho girar el mundo, y todos los porqués podían irse al diablo. Estaba exactamente dónde y con quien quería estar, y el resto, solo eran detalles sin importancia.

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"Así que… yo también te gusto?" preguntó finalmente Cho con una amplia sonrisa aún envuelta en los fuertes brazos de Harry y sacándolo sin saberlo de su estado de relajación y felicidad profunda.

"Creía que eso se daba por sentado" contestó sorprendido Harry pero sin borrar la abobada sonrisa de su cara. "No tengo por costumbre besar chicas que no me gustan, sabes?"

"Espero que no" murmuró Cho apartando la mirada de los verdes ojos del chico que conseguía aflojarle las rodillas solo con mirarla.

"Me gustas, y mucho" confirmó el chico tomando delicadamente la barbilla de la chica consciente del aumento de su fuerza en el último mes. "Y si quisieras salir conmigo, me harías el chico más afortunado del mundo."

"Solo del mundo?" cuestionó Cho coqueta bajando la mirada un poco y mirando al chico entre sus largas pestañas haciendo que el corazón del pobre chico se disparara. Estaba tan cerca del pecho de Harry que pudo sentir como el pulso de este se aceleraba y el corazón golpeaba frenético y con fuerza. Saber que con solo una mirada era capaz de inducir semejante reacción en él, le hizo sentirse poderosa y enternecida a la vez.

"Del universo entero" se corrigió Harry con la boca mucho más seca que unos momentos atrás. Un fuerte golpe seguido de una palabrota le hizo mirar de modo inconsciente al techo.

"Que pasa?" quiso saber Cho divertida al ver que Harry imitaba sin saberlo el mismo movimiento que Hermione había hecho varias horas antes, aunque sin llegar a ladear la cabeza del todo.

"Creo que Hermione acaba de romper uno de los muebles de arriba." Contestó divertido Harry oyendo la larga ristra de palabrotas que siguieron a la primera confirmando sus sospechas. Los muebles no abundaban en la mansión que había heredado y su limitado capital indicaba que esa situación seguiría así durante bastante tiempo. A pesar de que Luna siempre alababa el control que Hermione parecía tener para con sus nuevas habilidades, aún tenía momentos en los que se apoyaba con demasiada fuerza sobre alguna parte o abría las puertas con demasiado ímpetu y los objetos simplemente se desintegraban bajo su fuerza. Al principio ninguno de ellos había comprendido como era posible que hubiera producido un agujero en la pared sin darse cuenta, pero tras esa última semana en la que su fuerza se había disparado sin previo aviso y el mobiliario de la casa había pagado el pato, habían comenzado a comprender un poco mejor a la pobre chica. El resto de los sentidos no se habían desarrollado tanto como la castaña había descrito antes de su transformación y aunque ese dato los había preocupado un poco al principio, había sido la propia Luna la que los había tranquilizado asegurando que lo raro era el caso de Hermione, ya que los sentidos tardaban incluso años en aparecerse en la forma humana. Como de costumbre, Hermione había demostrado que era capaz de superar a cualquiera incluso en lo que a asuntos sobrenaturales se trataba.

"En que piensas?" susurró Cho consciente de que Harry no tendría problemas en oírla estando tan cerca del chico. Había visto como la mirada de este se desenfocaba un poco indicando que se había sumergido en sus pensamientos, algo que personalmente consideraba lo más adorable del universo conocido, y cuando esa media sonrisa que tan loca la volvía había aparecido había tenido curiosidad por saber lo que le estaba pasando por la mente.

"En Hermione" respondió el chico sin pensar para acto seguido darse cuenta de cómo podía ser interpretado por la otra chica y temiendo lo peor tratando de arreglarlo. "Que no quiero decir que esté pensando en ella porque me guste. Que me gusta, pero no de esa manera. Quiero decir que la quiero, pero no como te quiero a ti, porque bueno eso sería raro teniendo en cuenta que es mi hermana, a la que quiero. Pero no de esa manera. Me entiendes?"

Cho simplemente arqueó una ceja, se apartó un poco y se cruzó de brazos disparando de esa manera los nervios del chico y haciendo que sus palabras salieran aún más atravesadas que antes.

"Quería decir que estaba pensando en Hermione pero porque me hace gracia que a pesar de que incluso Luna esté impresionada con su control ella sigue esforzándose para superarse lo cual es genial y me gusta mucho, pero no de esa manera porque no la veo de esa manera, que no quiero decir que sea fea, porque bueno, no lo es, siempre le tenemos que decirle que podría conseguir a quien quisiera, aunque yo no la vea así porque como ya he dicho ella es mi hermana y no la veo de esa manera." Soltó de un tirón el chico quedándose sin una gota de oxígeno en los pulmones y teniendo que tomar una enorme bocanada de aire. Apenas había conseguido tener el aire necesario continuó hablando. "Porque bueno, teniendo alguien como tu delante sería imposible ver a nadie más. Es decir, quien en su sano juicio podría apartar la mirada de esos ojazos que se iluminan cada vez que te ríes? Y tu risa? Eso es lo mejor de todo, tan fresca tan bonita y que me hace sentir tan bien cada vez que la oigo. Que no es que el resto de ti no sea genial, porque esa piel tan blanca que me da ganas de acariciar para comprobar que es tan suave como la seda y que…"Acabado de nuevo el oxigeno de sus pulmones y resoplando como si acabara de correr una maratón, el chico enmudeció ante la mano que acababa de levantar la chica en señal de stop.

"Veamos si lo he entendido" comenzó la chica haciendo un enorme esfuerzo por no echarse a reír ante la cara aterrada del chico que tenía delante y luchando contra el sonrojo que quería aparecer tras esas últimas palabras, decidió echarle un cable al pobre chico. "Realmente es adorable" "Quieres decir que quieres a Hermione porque es tu hermana y que a pesar de que es guapa, no la ves de esa manera porque solo tienes ojos para mí, no?"

"Eso es" aseguró el chico feliz de haberse explicado y asintiendo como un maniaco con la cabeza para tratar de transmitir lo acertada que estaba Cho, porque realmente solo tenía ojos para ella, solo los había tenido para la hermosa chica desde el primer día en que sus miradas se habían cruzado. Un instante después recordó exactamente toda la información que había dado sin querer a la animadora y un violento color rojo como nunca había sentido se apoderó de su rostro. Desviando la mirada al suelo, preguntó con un hilillo de voz "Hay alguna manera en la que podamos fingir que no he dicho nada acerca de tu piel y el resto?"

Ese aspecto de cachorrillo avergonzado casi resultó demasiado para la otra chica que tuvo que hacer un esfuerzo titánico por no lanzarse al cuello de este y comérselo a besos. Estaba acostumbrada a que los chicos la gritaran piropos por los pasillos, si es que lo que le gritaban podían considerarse piropos (tal vez el algún lugar de su cavernícola mente así fuera), pero nunca había tenido una declaración como esa. Y encima el pobre chico parecía avergonzado sin saber que sus palabras habían logrado que le gustará aún más si eso era posible. Finalmente se decidió por una solución mediana y simplemente se abrazó al sorprendido chico que no tardó ni un instante en completar el abrazo.

"Nop" contestó divertida escuchando el gemido rezongado del chico. "Y respecto a lo de Hermione…"

"Qué?" preguntó de nuevo asustado el chico.

"Ya lo sabía" confesó la chica apartándose de los brazos de Harry para poder ver bien la cara sorprendida del chico.

"Que lo sabías?" preguntó sin comprender el chico.

"Me lo dijo ella." Se encogió de hombros la chica.

"Por qué? Quiero decir, que como salió el tema?" preguntó el chico apoyándose contra la mesa y sin querer pensar en que se había puesto en ridículo por una situación que ni si quiera se había llegado a producir.

"Bueno, yo…" comenzó la chica siendo sus mejillas las que en esta ocasión se tiñeron de rojo. "Puede que hubiera supuesto que ella y tu estabais…"

"Estábamos?" inquirió el chico al ver que Cho no terminaba la frase.

"Estabais… saliendo?" completó la chica.

La carcajada de Harry se dejó oír por toda la cocina sin que este pudiera evitarla, ante la imagen de Hermione y el… dios, no podía ni terminar de pensarlo sin doblarse de la risa.

"Cómo pudiste pensar eso?" preguntó el chico en cuanto tuvo las carcajadas bajo control.

"Y por qué no? Estabais todo el día juntos y parecíais entenderos tan bien" se defendió la chica sabiendo perfectamente que tenía razón. Cuando había visto con sus propios ojos la comunicación silenciosa que existía entre esos dos, una parte de ella se había desmoronado. Era como ver una de esas perfectas parejas de las que tanto hablaban esas pastelosas novelas de romances que jamás había leído y cuya existencia en su cuarto negaría incluso bajo tortura. El día en la piscina en la que Hermione había reaccionado de manera tan gráfica ante la idea de que estuvieran en una relación había devuelto a la vida esa parte de sí misma que no había hecho más que crecer cada vez que estaba con el guapo chico.

Dicho chico guapo había vuelto a reír sin duda imaginando de nuevo la situación.

"Hermione y yo juntos" resopló el chico imaginándolo.

"Por qué sería tan raro? Hay muchas parejas que empiezan siendo mejores amigos" preguntó Cho revelando uno de sus más profundos temores. Era cierto que muchas parejas acababan pasando de mejores amigos a algo más tras una súbita revelación. Y si eso también pasaba con ellos?

"Claro que sería raro. No solo porque soy incapaz de pensar en ella de esa manera o porque llevo soñando con salir contigo desde hace tres años. Sino porque además me parece que me sobra cierto atributo y me faltan un par de ellos para ser del agrado de Hermione." se burló el chico acostumbrado a hacerlo siempre así con Draco.

"Que quieres decir con eso?" se sorprendió Cho, almacenando el conocimiento de que llevaba tres años gustando al chico que tenía delante, para analizarlo más tarde. No sabía si era porque el chico estaba realmente contento o por asegurarla más allá de toda duda de que entre él y Hermione no pasaría nada jamás, pero estaba convencida de que Harry estaba dejando salir más verdades de lo que el mismo quisiera.

"Eh?" se sorprendió Harry para acto seguido palidecer tanto como un fantasma y tapándose la boca con la mano. Aterrado trató de volver sobre sus pasos y desviar la conversación. "Uy, mira lo tarde que es, debería seguir tratando de acomodar el sótano. Estas cadenas no se van a colgar solas."

"Quieto ahí!" ordenó Cho poniéndose justo delante del chico y evitando así que este pasara. Harry estaba a punto de descubrir que cuando olía un posible secreto, era tan despiadada como un lobo que había olido un rastro de sangre de una presa. "Que has querido decir con eso?"

"Eh? No sé de qué me hablas" se hizo el tonto el chico volviendo a tratar de pasar para volver a encontrar la salida bloqueada por la animadora.

"Con lo de que te sobraría un atributo y necesitarías tener al menos un par más para llamar su atención" recordó con perfecta claridad la chica mientras los engranajes de su cabeza comenzaban a girar a toda velocidad. La palidez de Harry aumentó de modo exponencial al ver como una luz brillante acudía a los ojos de la chica que acto seguido pareció buscar la revelación que acababa de tener en las verdes pupilas del chico. Pareció encontrar la confirmación en ellos. "Es cierto?"

"El qué?" preguntó con un hilo de voz Harry preocupado por el brillo de las pupilas de Cho y a esas alturas estaba casi convencido de que la chica había llegado a la conclusión correcta.

"A Hermione le gustan las chicas?" confirmó los temores del chico la animadora. "Es eso, no? por eso parecía horrorizarle tanto la idea de salir contigo, no?"

Derrotado el chico asintió sintiéndose como un autentico cabrón por haberle hecho eso a Hermione. No lo había hecho a propósito, pero de todas maneras no era su secreto para contar y ahora se sentía fatal. Como era posible que hubiera traicionado la confianza de quien siempre había estado a su lado de tal manera?

"Que te pasa?" preguntó asustada Cho olvidándose de lo que acababa de averiguar al ver como una expresión de desesperación se adueñaba de las facciones del chico.

"Por favor, no se lo cuentes a nadie. No debería haber dicho nada, cuando Hermione se dé cuenta de que la he traicionado me va a odiar" suplicó el chico blanco como la cal y sintiendo que le costaba respirar al tan solo imaginar perder la amistad de Hermione. Desde ese día en el que se habían conocido en el hospital, Harry no solo había hecho su primera amiga, sino que había encontrado a quien lo apoyara sin importar nada más que su felicidad. Nunca había conocido el amor de unos padres que le abrazaran o le animaran o simplemente lo quisieran, pero estaba seguro que la sensación de familia que tenía con la chica era lo más parecido que había podido conseguir. Incluso a él le era difícil explicar con palabras lo mucho que la amistad de esa chica le había influido. Había pasado de ser ese huérfano inútil a Harry, el mejor hermano mayor del mundo y a cambio había ganado lo que nunca antes había tenido, una familia que le quisiera y apoyara de modo incondicional. Y solo con pensar que Hermione pudiera sentirse traicionada o decepcionada con el…

"Tranquilo Harry, tranquilo" se apresuró a tratar de calmarlo Cho estrechando al chico entre sus brazos alarmada por la reacción del chico. "No te preocupes, no se lo contaré a nadie, tranquilo."

"Que está pasando aquí?" preguntó una muy desconcertada Hermione al entrar en la cocina y ver a Harry pálido como un fantasma y con los latidos del corazón a mil por hora. Sus finos oídos habían comenzado a captar los sonidos más insólitos, entre ellos a ratos los latidos de los corazones, y en ese momento el de Harry parecía preparado para salirse de su pecho. Apenas un cuarto de hora antes los había dejado en la cocina disfrutando de un momento de intimidad y ahora ambos parecían desgraciados. "Estás bien Harry?"

"Lo siento, lo siento mucho" se disculpó el chico a toda prisa tragándose las lágrimas, que estaban a punto de hacer su aparición, a base de fuerza de voluntad.

"Pero qué?" la pobre chica estaba aún más sorprendida cuando el chico se le echó encima para abrazarla con todas sus fuerzas como si temiera que fuera a desaparecer. En ese momento la chica se dio cuenta de que si bien los cambios físicos que estaban experimentando no eran muy visibles en el caso de los chicos, no se podía decir lo mismo de lo que no se alcanzaba a ver a simple vista. A juzgar por la fuerza que el chico estaba consiguiendo tras ese abrazo, era fácil asegurar que los cambios habían comenzado a producirse. Realmente esperaba que Harry supiera contenerse a la hora de abrazar a la animadora porque a pesar de que para ella ese abrazo era algo constrictor, seguramente lograría partirle alguna costilla a alguien de constitución menos fuerte. "Harry tranquilo, que me vas a asfixiar. Se puede saber que ha pasado?"

"Lo siento mucho Mione, se me ha escapado te juro que ha sido sin querer" continuó el chico con voz ronca aparentemente sin escuchar nada de lo que la chica decía. "Perdóname por favor."

Viendo que no iba a recibir contestación coherente por parte del chico, las oscuras pupilas de Hermione se clavaron en la otra integrante de la cocina a la espera de una respuesta. La animadora parecía estar debatiendo algo consigo misma aunque finalmente se decidió a contestar a la castaña.

"Es posible que a Harry se le haya escapado cierta información que le hubiera gustado mantener en secreto." Mencionó finalmente Cho. No sabía muy bien cuál era el problema, tal vez Hermione prefería guardarlo en secreto o era un tema muy sensible para ella. En cualquier caso estaba claro que Harry se sentía fatal por habérsele escapado y ella no quería añadir más sal a la herida. La ceja alzada de Hermione indicó que su explicación no había servido de nada y que esperaba algo más detallado. "Sobre tus gustos… a la hora de elegir pareja."

"Qué?" preguntó Hermione siendo ella esta vez la que se ponía blanca como la cal. Acaso Harry le había contado a Cho lo mucho que le gustaba Fleur? Siendo Cho la mejor amiga de la chica francesa, el secreto no tardaría mucho en ver la luz, y en ese momento cualquier sueño que Hermione poseyera acerca de sus posibilidades con la hermosa chica (que en su mente sabía que eran cero) se rompería en mil pedazos. O tal vez Cho consiguiera mantener el secreto, pero no las dejaría a solas nunca más. O incluso aún peor, ahora Cho la miraría con lastima al saber que lo suyo no solo era imposible sino que también ridículo.

Ajena a los pensamientos cada vez más histéricos de la chica que tenía delante, pero sin apartar los ojos de los brazos del Harry que cada vez se aferraban con más fuerza al torso de Hermione, Cho se apresuró a tranquilizar a los dos.

"Que no te preocupes, que no voy a decir nada. Entiendo que haya gente a la que esto le parezca mal y que quieras mantenerlo en privado, quiero decir que tu vida es tuya, no? Pero que no te preocupes, que para mí no has cambiado nada. Que tampoco es que hubieras tenido que cambiar, porque no eres rara. Quiero decir que por supuesto que no lo eres, que lo que quiero decir es que para mi eres la misma de antes y que…" ahora estaba comenzando a comprender lo mal que Harry lo había tenido que pasar al intentar expresarse hacía un rato y eso la detuvo de golpe. Tomó una honda bocanada de aire para tranquilizarse y tras soltar el aire lentamente, ordenó sus pensamientos hasta que supo exactamente lo que quería decir. "Entiendo que esto puede ser difícil y que la elección de contarlo o no es completamente tuya. Prometo que no diré nada y que por lo que a mí respecta no ha cambiado nada de nada. Pero por favor, no te enfades con Harry, porque de verdad que se le ha escapado y lo ha hecho sin querer."

"Eh?" se le escapó a Hermione procesando la parrafada de la chica. A grandes rasgos había entendido que a Cho no le importaba el asunto y que lo que le preocupaba era que se enfadara con Harry. La pregunta era, porque iba a enfadarse con Harry? Conocía a ese chico prácticamente de toda la vida, y sabía que el chico jamás sería tan cruel como para hacerle eso. Aunque puede que ese fuera el motivo por el cual estaba haciendo una muy convincente imitación de abrazo del oso y coala amoroso todo en uno. Lo de flipar por el hecho de que aparentemente Cho estaba conforme con que le gustara Fleur podía esperar. Lo primero era calmar al chico. "Harry?"

"Lo siento Mione." Se disculpó el chico una vez más. En algún rincón de su mente sabía que esa no era una reacción muy propia de él y que a pesar de que en otras circunstancias se habría disculpado y sentido como una mierda por haber revelado un secreto de la chica, estar tan afectado por ello le parecía extraño. "Se me olvidó que no sabía que te gustaban las chicas. Ni siquiera lo he pensado antes de abrir la boca."

"No pasa nada Harry. Sé que no lo has hecho a propósito" respondió Hermione sintiendo que le quitaban un enorme peso de encima al darse cuenta de que Fleur no había sido mencionada en ningún momento. Luego se dirigió a la animadora que parecía estar tan preocupada por el asunto que si no fuera porque habría sido de mala educación, Hermione se habría echado a reír. "No te preocupes Cho, en realidad no es para tanto. Cierto que prefiero que mi vida privada se mantenga privada, pero tampoco es algo que vaya ocultando por ahí. Aunque siempre es agradable saber que hay gente a la que no solo no le molesta si no que considera que no hay nada que deba molestar. Así que gracias."

"No hay por qué darlas." Le quitó importancia Cho contenta de que todo se hubiera aclarado. Luego una idea traviesa pasó por su mente y resplandeció en sus ojos como modo de advertencia para los demás. Sus próximas palabras confirmaron que ambos hermanos habían interpretado correctamente el significado de su mirar. "Pero ahora que lo sé, espero que sepas que no te vas a librar del interrogatorio o de las sesiones de compras. Necesitaremos mejorar ese vestuario tuyo si vamos a encontrarte pareja."

Con un escalofrío que le surcaba la espalda, a Hermione no le quedó otra que asentir, en el fondo contenta de que todo ese lío se hubiera aclarado y que Harry volviera a parecer el chico más feliz del mundo. Además, algo le decía que insistir que no quería que le buscara pareja solo conseguiría obcecar más a la chica. Y ahora que lo pensaba fríamente, puede que no todo fuera malo, a fin de cuentas, ahora que Cho salía con Harry, ella también podría ejercer ciertos derechos fraternales de los que pensaba abusar todo lo que pudiera.

"Dado que hace un cuarto de hora estabas juntando labios con mi hermano, espero que tú también sepas que no te vas a librar de mi interrogatorio. Puede que Draco y yo seamos la única familia de Harry, pero eso no significa que te vayas a librar del vergonzoso discursito del cuáles son tus intenciones con nuestro Harry."

Cuando vio que ante sus palabras ambos se sonrojaban cual tomates, se sintió satisfecha hasta que finalmente una clara risa brotó de sus labios. Y cuando las risas de la pareja se unieron a la suya, claramente contagiados, Hermione pensó que definitivamente era bueno volver a tener motivos por los que reírse.

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En la otra habitación:

"Hola Luna. Que tal estás?" inquirió Gabriel en cuanto traspasó la entrada y vio a su persona favorita echada sobre la cama con aspecto de estar aburrida. El color había vuelto a sus mejillas y ese brillo febril había desaparecido de sus ojos, volviendo a ser la chica de siempre.

"Estoy mejor, pero Cho me ha prohibido levantarme" murmuró eso ultimo la chica haciendo un puchero. Se sentía tan avergonzada por cómo había tratado a la compañera de Harry que ni se había atrevido a protestar cuando le había ordenado descanso obligatorio. Aunque eso significara que ahora se estuviera aburriendo como una ostra.

"Lo imaginaba, así que te he traído unos cuentos para que te entretengas. Y un par de libros por si te gustan de aventuras." Mostró Gabrielle la bolsa donde había metido algunos de sus favoritos con la esperanza de que la chica los apreciara tanto como ella. Tras pasar tanto tiempo enferma y encerrada cuando era pequeña, los libros se habían convertido en sus mejores amigos. Cuando los leía ya no era Gabrielle la niña enferma, era Peter Pan luchando contra piratas y riendo con los niños perdidos. O Allan Quatermain descubriendo las minas del rey salomón o Robinson Crusoe sobreviviendo en una isla abandonada con un coco como mejor amigo. Gracias a los libros, las estancias en los hospitales, las mañanas solitarias y los constantes cambios de medicación habían sido soportables. Luna era la primera amiga de carne y hueso que había hecho y aunque siempre se había mostrado segura de sí misma, la idea de resultarle aburrida a la otra chica la aterraba enormemente. Nunca había tenido alguien con quien sentarse a hablar de lo que le preocupaba o de lo que opinaba del mundo. Luna la había escuchado hablar pacientemente durante horas, siempre con una sonrisa en el rostro, y aunque a veces parecía perderse en ellas siempre había hecho todo lo posible por mostrar que estaba a su lado. No había mucho que se conocían, apenas un mes, pero había sido el mejor de la vida de Gabrielle. Ahora Luna estaba en cama por protegerla y si evitar que se aburriera mucho era lo que tenía que hacer, pues se iba a asegurar de hacer un gran trabajo.

"No me gustan mucho los libros" dijo a toda prisa Luna, para acto seguido sentirse fatal al ver como la mirada de Gabrielle se apagaba y desviaba su mirada en lo que pareció ser vergüenza.

"Oh." Murmuró la chica sintiéndose tonta por haber traído tantos libros. "Claro, que tonta. Bueno, iré a ver si a Hermione se le ocurre como subir una tele hasta aquí arriba. O como hacer que se vea. Ahora vuelvo."

"No! Espera" la llamó Luna haciendo que Gabrielle se detuviera en seco. Seguía mirando hacia la puerta en vez de hacia Luna y eso hizo que la pequeña licántropo se sintiera aún peor. "Me encantan los libros."

"Luna, no hace falta que me mientas" la reprochó Gabrielle volviéndose a mirar a la enferma y acercándose a la cama con una sonrisa genuina. "Lo entiendo, no a todos les gusta leer, no es el fin del mundo. De verdad que no pasa nada. Iré a hablar con Hermione y a ver si se le ocurre algo para que puedas entretenerte, vale?"

"No" continuó Luna ofuscada y negándose a ceder. Cada vez que había tenido que ocultarle cosas a Gabrielle, un desagradable sentimiento se había adueñado de su pecho y aunque no estaba muy segura de lo que era, Luna sabía que no le gustaba nada sentirlo. Ahora el mayor de sus secretos había salido a la luz, así que tal vez era hora de contarle los otros, por muy humillantes que fueran. "No es eso, realmente me gustan los libros. Bueno al menos me gustan los que Hermione y los demás me leen por las noches."

"Uh?" dijo la francesita ladeando ligeramente la cabeza para dar a entender que no entendía de qué estaba hablando.

"O…se…eer" murmuró Luna apartando la mirada y clavándola en la manta que tenía agarrada con todas sus fuerzas.

"Qué? Luna si hablas tan bajito no te oigo. No todos tenemos oídos súper desarrollados, sabes?" bromeó la chica acercándose a la cama y tratando de quitarle la manta que se había echado por la cabeza. "Venga Luna suelta."

Un gruñido involuntario brotó de los labios de Luna al sentir que Gabrielle tiraba de la manta. Era una respuesta involuntaria y el gruñido no había sido amenazador, su alfa y ella solían hacerlo cada vez que jugaban a perseguirse. Pero dado que la otra chica no lo sabía, la pequeña licántropo no tardó en taparse la boca horrorizada de haber vuelto a asustar a su amiga. Su preocupación fue en vano, dado que Gabrielle interpretó adecuadamente el sonido y continuó tirando de la manta entre risas.

"A mí no me gruñas señorita" exclamó la muchacha exagerando el tono ofendido mientras volvía a la carga y comenzaba a atacar los costados de la otra chica tratando de encontrar el lugar donde hubiera cosquillas.

Con un aullido de lo más creíble, Luna rebeló ese lugar en cuanto los dedos de la otra chica alcanzaron las costillas y comenzó a retorcerse sin más preocupaciones tratando ella también de hallar las debilidades de su adversaria. Resultó que las rodillas eran esa debilidad y pronto ambas muchachas estuvieron rodando por el suelo hasta que cayeron agotadas en un amasijo de brazos y piernas, todos los males olvidados por el momento.

"Bueno, que me ibas a decir?" preguntó Gabrielle con las mejillas enrojecidas por el ejercicio y tratando de normalizar de nuevo su respiración. Vio que Luna volvía a desviar la mirada así que con resolución tomó las mejillas de la chica y la obligó a mirarla a los ojos. "Nada de eso Luna, venga dímelo. Sabes que puedes decirme lo que sea, no?"

"No sé leer." Admitió Luna finalmente. "Bueno, se leer un poco, pero no lo suficiente como para leer esos libros tan grandes. Por eso Hermione y los demás me leen por las noches cuando tienen tiempo libre. De verdad que me gustan los libros."

Durante un rato ninguna de las dos dijo nada, cada una sumergida en sus pensamientos y sin saber muy bien que decir. En cuanto consiguió colocar sus pensamientos en orden, fue Gabrielle la que rompió el pesado silencio.

"Tiene esto algo que ver con la otra manada con la que estabas?" si era cierto que los otros con los que Luna había estado la habían obligado a sentir odio hacia los humanos, no era de extrañar que tampoco la hubieran dejado aprender. Un asentimiento por parte de Luna lo confirmó. "Sabes escribir?"

"Un poco" asintió Luna no muy segura de a dónde iban con la conversación. Pero Gabrielle ya no parecía tan triste y eso era algo que la chiquilla valoraba mucho. "He mejorado mucho desde que me están enseñando. Tengo mucha suerte de haber encontrado un alfa como Hermione. Aunque tenga una manera rara de dirigir la manada."

"Encontrado? Hermione no es tu prima?" se sorprendió Gaby aunque no muy segura de por qué. Luna y Hermione no podían ser más diferentes físicamente hablando y ni siquiera poseían el mismo acento o solían hablar de la familia de ambas.

"No" confirmó Luna sintiendo que a cada verdad que decía esa opresión del pecho desaparecía. "Yo no tengo familia, pero Hermione fue lo suficientemente generosa como para aceptarme en su manada, y por ello le estaré en deuda eternamente. Solo espero poder devolverle algún día todo lo que me está dando."

"No creo que Hermione lo considere de esa manera" mencionó Gabrielle, pero al ver que Luna se tensaba, decidió cambiar de tema. "Entonces, vives aquí?"

"Si, junto a mi alfa" reveló Luna sin darse cuenta.

"Hermione vive aquí?" se sorprendió esta vez de verdad la pequeña. "Y su casa? Sus padres?"

"Mi alfa no tiene padres" murmuró Luna algo incómoda con la conversación. No estaba muy segura de estar revelando secretos de su alfa y a pesar de que la reacción de herir a Gaby no se estaba manifestando, sí que era cierto que no se sentía muy cómoda con ello. "Creo que emprendieron el viaje hace ya bastante tiempo."

"Y con quien vive?" insistió Gabrielle. A pesar del tiempo que hacía que conocía a Hermione, nunca habían llegado a discutir nada sobre la vida familiar de esta y a pesar de que la castaña siempre había escuchado sus historias familiares con una sonrisa, nunca había llegado a compartir una propia.

"Ahora conmigo."

"Y antes?" presionó la pequeña.

"Con un hombre." Fue la escueta respuesta de Luna mirando a todas partes tratando de encontrar una salida a esa conversación o de la habitación.

"Que hombre?"

"Mi tío" respondió Hermione desde la puerta en la que se había apoyado. Se estaba haciendo tarde y dado que Cho tenía que irse a casa, había ofrecido llevarlas a ella y a Gabrielle a casa de la pequeña en coche. Por ello la castaña había subido al cuarto de Luna a buscarla y había oído la conversación. "Vivía con mi tío."

Las dos pequeñas dieron un respingo al escuchar la voz de Hermione en la habitación y casi de inmediato bajaron la mirada avergonzadas. Una por hablar más de la cuenta y la otra por inquirir una información personal a espaldas de la chica. Durante el minuto más largo de la historia, o que al menos así se lo pareció a ambas chicas, los oscuros ojos de Hermione sobrevolaron la habitación para posarse primero en los hombros encogidos de una y después en las sonrosadas mejillas de la otra. No sabía que pasaba ese día, pero todo el mundo parecía haber decidido sonrojarse intensamente. Con un suspiro de resignación, Hermione decidió dejarlo pasar, con todo el tiempo que Gabrielle pasaba con ellos y que ahora sospechaba que aumentaría aún más, era cuestión de tiempo que lo averiguara. Además, Luna no había tenido maldad alguna y estaba convencida de que la pequeña Delacour había sido la que le había sonsacado lo poco que esta le había contado. Y pensándolo bien, regañar a Luna a esas alturas, solo serviría para que se asustara aún más y volviera a su antiguo comportamiento de servidumbre.

"Y ahora vivo con Luna y Draco cuando se pasa. Incluso hemos decidido construir una pequeña portezuela para que Harry pueda entrar. Que no se diga que no cuidamos bien de nuestras mascotas." El grito insultado de Harry confirmó que efectivamente tenía puesta la oreja en su conversación y además sirvió para hacer reír a las dos pequeñas, de modo que Hermione se dio por satisfecha. Con una risilla propia, dejó de prestar atención a lo que pasaba abajo y a las preguntas de Cho por el motivo de la risa y se dirigió a Gaby. "Cho se ha ofrecido a acercarnos a tu casa, así que recoge tus cosas, vale? Estaremos listas para salir en unos minutos."

"De verdad tengo que volver?" preguntó con un hilillo de voz la más joven de las Delacour parando en seco a la castaña. Con la mirada fija en sus zapatillas y haciendo acopio de valor continuó hablando a sabiendas que tenía toda la atención de Hermione. "No puedo quedarme aquí con vosotras?"

"Gaby…" comenzó la castaña sorprendida por el nivel de tristeza de la pequeña. Parecía que la discusión con su hermana la había afectado más de lo que había calculado. "De qué va esto exactamente? Por qué no quieres volver a casa?"

"No es que no quiera volver" murmuró la chica con la mirada en sus zapatillas y encogiéndose de hombros. "Y si hacemos una fiesta de pijamas? Eso estaría bien, no? Seguro que Luna nunca ha tenido una. Sería divertido."

Ignorando el rostro esperanzado de la propia Luna ante la posibilidad de experimentar algo de lo que solo había oído hablar en los libros que últimamente le leían, Hermione se cruzó de brazos clavando su mirada en la chica francesa.

"Mañana tienes clase" le recordó Hermione echando por tierra cualquier suplica al respecto por su parte. "Me lo cuentas?"

"Y si sigue enfadada?" preguntó finalmente Gaby con un hilillo de voz y rehusando la mirada de la castaña. "Y si ya ha decidido que definitivamente no quiere ya nada conmigo? Que ya no le interesa tener una hermana pequeña como yo?"

Con cada nueva pregunta lastimera el corazón de Hermione se encogía más y más al ver a la tristeza apoderarse de la chica. Tenía que haber alguna clase de ley que prohibiera que los ojos siempre brillantes y juguetones de Gabrielle alcanzaran ese nivel de tristeza y desolación. Hasta Luna se había quedado callada y miraba a Hermione con la misma devastación que la otra. Que podía decirse en ese caso? Y más cuando unas rebeldes lágrimas habían comenzado a deslizarse por las enrojecidas mejillas de la chiquilla. Había llegado a conocer bien a Luna y por ello sabía que no tardaría en imitar a Gabrielle y ponerse también a llorar. Esa chica que no había llorado cuando los animales con los que había vivido la habían maltratado, ni cuando la habían insultado o cuando ese vampiro casi la había matado. Esa chica que estaba ahora a un paso de abrir las compuertas y empezar a llorar como una catarata la miraba desesperada y con un único deseo reflejado en esos cristalinos orbes "Arréglalo. No me gusta verla llorar. Haz algo por favor."

Estaba claro que además del día del sonrojo, hoy tocaba el día de los sentimientos y a pesar de que Hermione no era muy ducha en el asunto, puede que vivir con un padrastro alcohólico y dos chicos de sentimientos cerrados hubiera tenido algo que ver en el asunto, trató de hacerlo lo mejor posible. Con un suspiro algo derrotado, pidió con la mano a Gabrielle que se sentara en la cama donde yacía una intranquila Luna y se arrodilló justo delante, para asegurarse de tener los ojos de la chiquilla en su campo de visión en todo momento. Apenas Gabrielle se sentó, Luna se incorporó y echando sus pequeños bracitos alrededor del cuello de esta y aprisionándola desde atrás en un cálido abrazo que sospechó le hacía falta. Gabrielle no tardó en reclinarse y pude sentir como una parte de ella se relajaba al sentirse en presencia de las dos chicas.

"No se me da muy bien las interacciones con la gente, hasta hace poco solo me relacionaba con Harry y Draco y con ello tenía más que suficiente. Admito que no me gusta mucho la gente y que la mayoría de las veces solía rehuir de su presencia, así que no se me dan muy bien las relaciones sociales. Pero hasta yo he podido ver que tu hermana te adora por encima de todo. Es cierto que puede que haya estado distraída u ocupada con otras cosas, eso nadie lo va a saber mejor que tu" le dio la razón Hermione sonriendo un poco a la chica para que dejara de tener expresión de funeral. "Pero sé que nunca pensaría en ti como una molestia y que desde luego no se ha cansado de ti."

"Pero entonces por qué…?" dejó en el aire Gabrielle dejando muy claro a lo que se refería.

"Cuando uno está enfadado, siempre hace y dice cosas sin pensar. Cosas que no siente de verdad" explicó Hermione tratando de apartar de su memoria las veces en las que Hank sí que había querido hacer lo que había hecho. "Harry, Draco y yo nos llevamos bien, verdad? Somos hermanos aunque no de sangre, no crees?"

"Si" coincidió Gabrielle un poco perdida por el cambio de dirección. "A que viene eso?"

""Mira" dijo Hermione levantándose un poco el jersey y enseñando una fina y algo larga cicatriz en su cadera. "Ves esto? Me lo hice discutiendo con Draco. Estábamos enfadados, nos pusimos a gritar yo le empujé, el me empujó y perdí el equilibrio. Caí por un terraplén y acabé tirada en medio de un zarzal. Fue una rama llena de pinchos la que atravesó mi camiseta y me desgarró la cadera. No fue para tanto, ni siquiera sangré mucho, pero ahí se quedó."

"Es horrible" se horrorizó Gabrielle incapaz de imaginar como Draco había sido capaz de aquello. Era siempre tan bueno con ella, siempre tan sobre protector de la castaña. No tenía sentido.

"Éramos pequeños, discutimos y las cosas se calentaron un poco, no fue más que un accidente. Fue un simple empujón, más suave que el que yo le di. No fue nada." Le restó importancia la chica en ese momento como lo había hecho entonces. Había sido muy mala suerte que tropezara con una botella y que hubiera trastabillado hacia atrás. "Durante casi tres meses, Draco estuvo suplicándome perdón, incapaz de mirarme a la cara y sin pegar ojo por las noches. Estaba horrorizado de lo que había hecho a pesar de que le dije que había sido un accidente. Hoy es el día que sigue sin poder sostenerme la mirada cuando ve la cicatriz. Crees de veras que lo hizo a propósito? Que quiso hacerme daño?"

"Claro que no. Fue un accidente." Negó rápidamente Gabrielle. Seguía sin entrarle en la cabeza como era posible que el chico hubiera hecho algo así deliberadamente.

"Exacto. Y se castigó a sí mismo más de lo que yo hubiera podido. Así que te pregunto, de nuevo, crees que tu hermana Fleur lo ha hecho a propósito? Que quería hacerte daño?"

"No" murmuró finalmente Gaby derrotada. "No lo creo."

"Sé que no te has ido en las mejores circunstancias de casa y que las cosas han quedado tensas con tu hermana. Pero puedo asegurarte que en este momento, está en casa agarrada al teléfono móvil esperando recibir noticias tuyas y con el corazón en un puño. Y posiblemente llorando ante la posibilidad de que su hermanita pequeña la odie para siempre."

En el fondo Gabrielle sabía que estaba exagerando, su hermana nunca había demostrado más que amor y cariño hacia ella e incluso sabía que los golpes eran parte del vínculo fraternal en casi todas las relaciones entre hermanos. Pero nunca había sido así entre ellas dos. Ella siempre había sido el pequeño ángel de Fleur y a cambio Gabrielle siempre había besado el suelo por donde su hermana caminaba, la adoraba todo lo que se puede admirar a una persona. Pero precisamente por eso, una pequeña pero insistente vocecita en un oscuro rincón de su mente susurraba extrañas ideas a su cabeza. Fleur había cambiado mucho desde que habían llegado a esta ciudad, y más aún desde que William había aparecido en el mapa. Antes de eso jamás, pero jamás, se le habría ocurrido que su hermana pudiera ponerle la mano encima. Pero tras lo ocurrido esa tarde… y si Fleur se había cansado de tener que cuidar del estorbo de su hermana pequeña? Y si ahora los golpes comenzaban a formar parte del día a día? Y si…?

Los pensamientos cada vez más negativos comenzaron a agolparse en su mente a una frenética velocidad, siendo reflejados sutilmente en su mirada. Cualquier otra persona lo habría pasado por alto y simplemente habrían imaginado que la chiquilla estaba inmersa en sus pensamientos. Pero Hermione había visto mucho esa mirada en los ojos de Harry cada vez que el timbre del colegio marcaba la hora de llegar a casa, o cada vez que Draco esperaba los resultados de algún campeonato en el que su padre había decidido inscribirle para mostrar la superioridad del clan de los Malfoy. Era la mirada que había estado observando en su propio rostro el primer año después de que Linda dejara a su tío Hank y comenzaran las palizas. Cuando la mente comenzaba a imaginar las peores situaciones posibles y hacía que uno se sumergiera aún más en el sentido de la desolación y el miedo más aterrador. Por desgracia en el caso de Hermione esas predicciones sí que solían hacerse realidad y en las de ambos muchachos tampoco solían errar mucho el tiro. No obstante en esta situación, Hermione estaba convencida de que cualquier cosa que Gabrielle pudiera estar imaginando en ese momento sería sin duda desproporcionado y completamente equivocado. Pero para que Gabrielle lo comprendiera, debía enfrentarse a aquello que tanto miedo la estaba dando.

"Vamos a hacer un trato tú y yo" propuso en voz alta Hermione sobresaltando a la otra chica y haciendo que perdiera el hilo de lo que estaba pensando. "Recoges tus cosas y te acompaño a casa. Pero una vez que hayas entrado, prometo quedarme en los alrededores de acuerdo? Si algo va mal, o si consideras que no quieres estar ahí, estoy a un silbido de distancia, te parece?"

"Estarás cerca?" quiso asegurarse la chica calmándose un poco al saber que Hermione no se iría.

"No me moveré de la puerta. Bueno puede que de la puerta sí porque sería raro si alguien llegara y me vieran ahí, pero no estaré lejos." Prometió la castaña.

"Y no te alejarás? Y aparecerás si algo va mal?" quiso confirmar la chiquilla.

"Palabra. Estaré cerca en todo momento, dentro de mi radio de escucha. Si la cosa se pone fea, prometo entrar y sacarte de ahí, vale?" la tranquilizó Hermione con una sonrisa. "Qué me dices? Nos vamos?"

No viendo más salida y ya más tranquila con las condiciones de la castaña, la chica asintió y tomando la mochila, la siguió escaleras abajo, no sin antes señalando a Luna el montón de libros que había dejado en la mesa.

"Creo que te gustarán, así que te los voy a dejar. Cuando vuelva mañana, yo misma te los leeré."

Sin esperar respuesta de la agradecida chica, se dio media vuelta y salió corriendo en pos de Hermione. Ya era hora de que volviera a casa y hablara con su hermana de una vez.


En la mansión Delacour:

Cuando Gabrielle finalmente halló el valor suficiente como para entrar, encontró la mansión prácticamente desierta y a oscuras. Desconcertada ante esto y reconfortada por la invisible presencia de Hermione a pocos metros, registró las habitaciones una por una, hasta finalmente hallar a su hermana tumbada encima de su cama abrazada a Balto y con las mejillas enrojecidas y llenas de rastros de las lágrimas derramadas. Eso le encogió el corazón, y supo que había sido una idiota por pensar que Fleur no la quería. Por qué si no iba a estar tumbada en su diminuta cama abrazada a su peluche y mirando una foto de las dos, en vez de tumbada en su propia cama durmiendo? Odiaba la idea de que estuvieran peleadas.

"Hola" el hilillo de voz de Gabrielle rompió el silencio reinante de la casa y logró sobresaltar a Fleur a pesar de la poca potencia del mismo. "Donde están Charlotte?"

"Le he dado el resto de la semana libre" murmuró Fleur incorporándose de la cama y sin saber muy bien qué hacer. Normalmente la habría abrazado y se habrían tumbado juntas en la cama mientras Gabrielle le contaba sus problemas. Solo quería poder estrecharla entre sus brazos y pedir perdón hasta quedarse sin voz, pero no estaba segura de que su hermana fuera a ver eso con buenos ojos en su situación actual. Lo mejor sería empezar poco a poco. "Siento mucho lo de antes, no sé que me ha pasado."

"Yo también siento haberme comportado como una niña malcriada" admitió la chiquilla fijando una vez más su mirada en el suelo. A pesar de ello, no hubiera sabido decir de qué color eran las zapatillas que llevaba.

"Non. La culpa es mía, jamás debería haberte puesto la mano encima, no eres tú la que debe disculparse" negó rápidamente Fleur acercándose a su hermana con la intención de abrazarla. En el último momento se lo pensó mejor y se detuvo a poco de completar el abrazo.

"Ya no me quieres?" la voz devastada de su hermanita se la clavó como una daga envenenada en el pecho a la mayor y sintió que sus ojos volvían a llenarse de lágrimas. "Y por eso no me abrazas?"

Sin dudarlo un instante más, Fleur rodeó a su hermana con los brazos apretujando todo lo que podía y más.

"Nunca digas eso, me oyes? Nunca." La regañó Fleur manteniendo su abrazo lo más firme posible sin fracturar costillas. "De dónde has sacado una idea tan ridícula?"

"Ya no pasas tiempo conmigo, siempre estás muy ocupada. Cada vez que quiero hablar contigo estás muy ocupada. Y William dijo que…" súbitamente se tapó la boca con las manos tratando en vano de retener las palabras que ya habían fluido de sus labios.

"William?" gruñó de mala manera Fleur apartando a Gaby para poder mirarla a los ojos. "Que te dijo?"

"Nada" negó inmediatamente la chiquilla pero ya era tarde. Su hermana ya no pararía hasta oírlo y ambas lo sabían. Con un suspiro derrotado, Gabrielle contó lo que ni siquiera había contado a Hermione y que había jurado que no dejaría que la afectase. Pero allí estaba, llorando y sintiéndose fatal y dejando que aquel comentario del chico la doliera. "Solo dijo que ya eras mayor para tener que estar teniendo que cuidar de mi todo el rato y que te dejara respirar. Que eras demasiado buena como para decirme que estorbaba y que tenía que dejarte vivir la vida. Que por mi culpa no podías divertirte."

"Fils de Pute!" gritó Fleur sin molestarse en bajar la voz y sobresaltando a su hermana con la potencia de ese taco. "Será gilipollas. Eso es mentira Gaby, yo nunca me he sentido así. Siempre me he sentido orgullosa de ti, y me encanta poder pasar tiempo contigo."

"Pero entonces, por qué no lo haces? Porque ya no me haces caso? Que he hecho mal?"

"Oh no, no no no no, Gaby. Lo has entendido todo mal cielo. No has hecho nada malo" se apresuró a asegurar la mayor contemplando impotente las lágrimas de su hermanita. "Merde, sabía que no tenía que haberle hecho caso a esa entrometida."

"Huh?"

"Tsk. Recuerdas cuando comenzaste el instituto por primera vez? Que el colegio insistió hasta que Maman y Papa aceptaron hacerte ir a ver la orientadora del instituto?"

"Oui. No me gustó nada." Recordó Gabrielle. Había sido el peor mes de su vida y eso que algunos se los había pasado conectada a maquinas cuyos nombre ya ni recordaba.

"Pues insistió en hablar conmigo. Dijo que nuestra relación te convertía en co-dependiente de mi y que por culpa de eso que no ibas a hacer amigas. Que solo ibas a querer estar conmigo y que no ibas a aprender a socializar con los de tu edad. Que ibas a ser una marginada incapaz de contacto humano, y que si me preocupaba al menos un poco por ti, que me iba a tener que apartar y dejarte abrir las alas, o algo así." Revelo Fleur, recordando la angustia que le había entrado al oír no solo que ya no podría pasar tanto tiempo con su hermanita sino que además podía llegar a no integrarse por su culpa. No había pegado ojo durante los primeros meses y el resto del tiempo tampoco había llegado a dormir a gusto. "Por eso me apunté a animadoras y entré en el consejo estudiantil e hice todo lo que se me ocurrió para no estar en casa. Sabía que si no, no iba a poder decirte que no, y no quería que por mi culpa te convirtieras en una inadaptada. Lo siento mucho Gaby, nunca debí dejar que esa estúpida mujer me convenciera. No sabía que pensabas de esa manera, de verdad!".

"Lo dices de verdad?" preguntó Gabrielle aunque había podido leer la sinceridad en sus palabras. Ahora recordaba que esa señora también le había dicho que debía no pasar tanto tiempo con pegada a las faldas de su hermana, pero le había parecido algo tan ridículo, que no le había prestado ni un momento de consideración. Parecía que aquella horrible mujer se había asegurado de tener todas sus bases bien cubiertas.

"Oui, lo siento mucho Gaby. Pero te prometo que voy a cambiar. Voy a dejar mi puesto en el consejo estudiantil y a partir de ahora vamos a pasar más tiempo juntas. Te lo prometo."

"Y que hay de William?" preguntó temerosa Gabrielle, sin darse cuenta de cómo los ojos de su hermana mayor había centelleado de furia.

"Olvídate de William, no tendrás que verle nunca más." Juró Fleur abrazando de nuevo a su hermana. Ya iba siendo hora de que rectificara algunos errores de su vida, y en ese momento, su hermanita era su prioridad número uno. Ya llegaría el día en el que ajustaría cuentas con el resto.


Contenta de que todo hubiera salido bien con las dos hermanas y algo culpable por haber presenciado un momento tan íntimo entre ambas, Hermione abandonó la propiedad y puso rumbo al mercado portuario, convencida de ser capaz de llegar antes de que cerraran todo. Cho ya se había ido y Draco seguía liado con los encargos de su amable padre, de modo que la idea de ir en coche quedaba descartada. Tampoco le hacía mucha gracia correr desde que le había salido un superman en Halloween y había atravesado media ciudad en apenas un par de minutos. En ese momento no se había parado a pensarlo porque Luna estaba en apuros, pero puestos a pensar, era mejor no llamar tanto la atención, ya podía considerarse dichosa porque nadie hubiera visto nada esa noche. Y bueno, si alguien realmente había sido capaz de vislumbrar el borrón que debía de haber sido Hermione, habría sido descartado por la cantidad de alcohol que solía ingerirse en tan señalada fecha.

Así que eso solo le dejaba la opción de ir caminando a buen paso en dirección al puerto, metiéndose por todos los atajos a través de callejones que conociera para ganar todo el tiempo posible. Antes de que esa locura licántropa comenzara, se las había ingeniado de maravilla con aquella red de caminos interminables, de modo que estaba bastante segura de poder alcanzar su objetivo sin problemas. Y fue mientras caminaba por uno de esos no muy recomendables callejones que la habías visto crecer, repasando mentalmente la lista de la compra y los lugares en los que conseguiría los precios más baratos, que un ruido desconocido un poco más adelante la hizo detenerse. En algún momento del camino había comenzado a anochecer, y si no fuera por sus nuevas capacidades lobunas, la chica estaba segura que estaría más que sintiendo el frío invernal que había comenzado a asolar la ciudad esos últimos días. Un nuevo ruido, esta vez una palabra malsonante seguida de un golpe a lo que sonaba un cubo de basura hizo que girara la cabeza en esa dirección. Escaneando rápidamente sus alrededores, tardando un poco en ubicar el lugar en el que se hallaba, sus ojos finalmente se posaron en el origen de los ruidos y palabrotas. De espaldas a ella se hallaba una chica tratando de leer lo que hacía mucho había dejado de ser un cartel legible y maldiciendo en voz baja a una velocidad digna de elogio.

"Será divertido cielo. Imagínalo. Cuatro días para nosotras solas en la casa de mis tíos. Están en Tahití de segunda luna de miel y nos dejan la casa para nosotras. Va a ser genial." Murmuraba la chica con un tono cada vez más sarcástico y claramente tratando de mofarse de quien hubiera le dicho eso. "Esto mejora por momentos. Hace un frío de carajo, no tardará en llover, no sé donde coño estoy y no hay quien lea este maldito cartel!"

Por norma general, Hermione solía alejarse de las situaciones en las que podía haber problemas, y más si se hallaba tan cerca de los muelles, donde los problemas solían hallarte sin ninguna necesidad de búsqueda previa. Pero quien fuera que fuese esa chica, realmente parecía perdida y su nuevo y mejorado olfato no tenía problema en detectar un olor característico que estaba comenzando a brotar en la chica y que había aprendido con ayuda de Luna a identificarlo como miedo. No era que el miedo tuviera un olor característico per se, pero la sudoración aumentada a pesar del frío que hacía, el pulso cada vez más acelerado en la chica y el ligero temblor en las piernas que no parecía provenir de la temperatura eran claros síntomas de que la chica no se encontraba a gusto en esa situación. Por ese motivo, y decidiendo por primera vez confiar en la buena voluntad de la gente, la castaña se acercó para intentar echar una mano.

"Hola" a pesar de que había tratado de hacer todo el ruido posible al acercarse a la chica, no parecía haber dado buen resultado y ya fuera porque ahora era realmente sigilosa sin proponérselo o bien porque esa chica había estado inmersa en sus pensamientos, no se enteró de su presencia hasta ese momento motivo por el cual fue respondida con un grito. Con la mano agarrándose firmemente el pecho y con el pulso cada vez más disparado, la chica finalmente se giró para mirarla. Hermione no estaba segura de que o quien estaba esperando encontrar la chica a sus espaldas, pero no pasó por alto el momento en el que gran parte de la tensión se esos hombros se relajaba al posar sus ojos sobre ella. "Perdona, no quería asustarte."

"Tranquila, no pasa nada." El fuerte acento americano de la chica confirmó que no era de por ahí y el tono valiente que estaba usando indicaba que estaba tratando de quitarle hierro al asunto aunque sus pulsaciones no habían vuelto a su ritmo normal. La falta de luz cada vez más aparente, hacía difícil para Hermione ver bien a la chica, pero no quería arriesgarse en forzar la vista y acabar con los plateados ojos del licántropo y terminar de aterrar a la chica. "Creo que la falta de luz y el maratón de películas de miedo del otro día me están afectando un poco."

"No pareces de por aquí" fue lo único que se le ocurrió mencionar a Hermione en ese momento. "Americana?"

"De pura cepa" confirmó la chica sonriendo a pesar de que en esa oscuridad pasara desapercibida.

"Y que haces por aquí? No es el mejor lugar para hacer turismo" advirtió la castaña de la manera más delicada posible. Por alguna razón suponía que decirle que ese lugar era el mejor para acabar atracada o muerta no la tranquilizarían.

"Supongo que no lo es. Mi nov… mi amiga y yo hemos venido a pasar unos días, pero me temo que nos hemos perdido." ni siquiera antes de ser licántropo habría pasado por alto Hermione el desliz de la otra chica al hablar, pero decidió fingir no haberse enterado por el bien de seguir con la conversación. "Estaba tratando de leer el cartel de ahí arriba, pero no alcanzo a verlo. Crees que podrías echarme una mano?"

La desesperación en la chica era tan aparente que Hermione se vio incapaz de negarse a ayudarla.

"En ese cartel pone muelle ocho. Es donde se suelen hacer la carga y descarga para barcos con destinos internacionales. No es un buen lugar en el que rondar y menos de noche." volvió a advertir Hermione esta vez más firmemente.

"Mierda" murmuró la chica con ganas de golpear algo. "No sabrás por casualidad como llegar a Hannibal road, verdad?"

"Ahí queríais ir?" preguntó sorprendida. "Os habéis desviado mucho del camino, y llegar desde aquí en coche es una auténtica locura. Tenéis que dirigiros por la calle de la derecha hasta el muelle tres, ahí tomar el desvío hasta la carretera del norte, avanzar unos dos kilómetros y tomar la segunda salida de la rotonda. Cuando lleguéis a la avenida principal, tendréis que dirigiros hacia el sur por la comarcal y entrar de nuevo a la ciudad por ahí. En cuanto lleguéis a la plaza, veréis el cartel que indica esa calle en concreto, es el que tiene la pintada de un grafiti justo debajo."

A medida que añadía indicaciones, la cara de la desconocida chica había ido adquiriendo diferentes expresiones de confusión, hasta que finalmente la cara de bacalao fuera del agua se adueñó de su rostro. Mientras daba las indicaciones ambas se habían comenzado a acercar de modo inconsciente a la única fuente de luz que había en los alrededores y que resultó ser una farola con la mitad de las luces rotas. Desde luego ese no era precisamente el mejor ambiente para hacer amigos, pero la morena pareció relajarse un poco en cuanto tuvo algo más de luz. A la escasa luz de esa sucia bombilla la expresión de estar más perdida que un cefalópodo en una gasolinera de la otra chica había quedado a la vista de Hermione así como su aspecto. La misteriosa chica era definitivamente más alta que ella, de largas piernas y brazos bastante musculosos, tal vez una gimnasta o una atleta. Su cabello largo, rizado y oscuro bajaba como una cascada hasta un poco más abajo de sus hombros formando unos medios rizos juguetones. Labios rojos como la sangre y piel suave con aspecto de porcelana unidos a una belleza salvaje, eran lo primero en lo que sus ojos se habían fijado. Ojos muy oscuros y dientes muy blancos unidos a una piel besada por el sol completaban el conjunto mostrando en su totalidad a una chica muy guapa y atractiva. La clase de chica que al pasar por la calle no puedes evitar que tus ojos sigan con la mirada aunque sabes que como se dé la vuelta lo más probable es que acabe haciéndote llorar.

"Perdona, juro que te he oído, pero solo me he quedado con lo de que hay que ir por la derecha hacia el muelle tres. Luego ya me has perdido." admitió la chica echándose la mano a la nuca en un gesto tan típico de la propia Hermione, que esta no pudo evitar sonreír. "Creo que tengo un boli y papel en el coche, te importa acompañarme y volver a explicármelo?"

No era la mejor de las ideas dejarse convencer para acercarse a un vehículo desconocido en esa parte del puerto. Eso era algo que Hermione tenía más que claro en su mente, pero sí que era cierto que la chica parecía estar realmente perdida. Además, ahora que tenía sus poderes lobunos y con la luz de la luna cada vez más llena brillando en el cielo, la chica confiaba con poder salir airosa en caso de tratarse de una trampa. De modo que asintió mientras esperaba que la desconocida chica se pusiera en marcha, para luego acompañarla algunos pasos por detrás en busca de algo fuera de lugar. Puede que ahora gozara de ciertas ventajas añadidas, pero eso no significaba que se hubiera vuelto idiota.

La chica de delante no mostró darse cuenta del comportamiento de la castaña y realmente parecía deseosa de llegar al coche mencionado. Si todo lo que había dicho era verdad y había dejado a su compañera esperándola sola en el coche, Hermione comprendía perfectamente su preocupación y las ganas de volver cuanto antes al vehículo. Apenas tardaron cinco minutos en vislumbrar el todoterreno que era su destino y apenas habían aparecido, la chica que había permanecido en su interior hasta ese momento, se había decidido y había descendido del coche quedándose justo al lado, claramente indecisa.

"Hola" saludó la chica en cuanto llegaron a su altura, tratando de ocultar lo nerviosa que la estaba poniendo esa situación si el ritmo frenético de los latidos de su corazón se podía tener en cuenta. Un cruce de mirada con la otra chica y una sonrisa de oreja a oreja, que si bien parecía más tensa de lo debido, no reflejaba falsedad, se extendió por su cara y tendió su mano hacia Hermione. "Me llamo Torrance."

"Hermione, encantada" aceptó la castaña estrechando la mano que la tendían tomando especial cuidado en la presión que ejercía al hacerlo. Había descubierto que cuanto más se acercaba la luna llena, más difícil era juzgar la fuerza que aplicaba en las acciones más cotidianas, y tras haber deformado una de las tuberías del baño de las chicas del instituto al apoyarse en ella, su cuidado había aumentado mucho. En cuanto comprobó que el apretón de manos no había hecho crujir ningún hueso en la mano de la chica y que su rostro no mostraba dolor alguno, sintió como se relajaba. "Me ha dicho, em…"

"Ups, perdona, fallo mío" murmuró la chica volviendo a rascarse la nuca con los dos pares de ojos fijos en ella, a sabiendas que más tarde le iba a caer una bronca por la falta de modales. "Que maleducada soy, ni siquiera me he presentado. Me llamo Missy."

"No tiene importancia" le restó importancia la castaña sonriendo ante la cara de exasperación de la chica rubia, que parecía estar rezando a los cielos. Esa actitud le hizo sospechar que no era la primera vez que algo así sucedía. "Os habéis perdido, no?"

"Perdona sus modales de animal del bosque, creo que fue criada por los lobos" gruñó la chica sacudiendo la cabeza exasperada por la situación. "Encantada Hermione. Y si, por patético que parezca, hemos sido incapaces de seguir las direcciones. Si de verdad pudieras sacarnos de este lío, te estaría eternamente agradecida."

"En serio? Eternamente agradecida? Quien habla así hoy en día?" se burló Missy, sabiendo que esa clase de comentarios eran los que hacían saltar a Torrance. La quería con toda su alma, pero había momentos en los que su espíritu de animadora pija salía a relucir y no podía evitarlo. Cuando la había conocido durante aquellas pruebas de animadora a las que aún ese día no lograba comprender porque había ido, su primera impresión había sido esa precisamente. Que la chica rubia identificada como capitana del equipo de animadoras solo era otra cabeza hueca incapaz de hacer algo más que agitar en el aire los pompones gritando rimas ridículas. Tan solo habían hecho falta un par de semanas para considerarla su mejor amiga y apenas unos meses y el segundo lugar en el campeonato de animadoras para acabar completamente enamorada de ella.

"Es evidente que yo, o no me has oído?" respondió brillantemente la chica sin perder la sonrisa que se había vuelto completamente cierta y cálida al girarse para hablar con ella. Después de tantos años al lado de Missy, esa clase de comentarios habían dejado de afectarla lo más mínimo. "Bueno, como lo hacemos?"

"Como ya le he dicho a Missy, os habéis desviado mucho del camino, y es un poco complicado salir de los muelles en coche. Tenéis que dirigiros por esa calle de la derecha hasta el muelle tres, ahí tomar el desvío hasta la carretera del norte, avanzar unos dos kilómetros y tomar la segunda salida de la rotonda. Cuando lleguéis a la avenida principal, tendréis que dirigiros hacia el sur por la comarcal y entrar de nuevo a la ciudad por ahí. En cuanto lleguéis a la plaza, veréis el cartel que indica esa calle en concreto, es el que tiene la pintada de un grafiti justo debajo."

La cara de Torrance había adquirido el mismo gesto facial que el de Missy, y eso no daba mucha confianza.

"No te esfuerces, de las dos, yo soy la única que tiene un mínimo sentido de la orientación, Torrance se ha perdido después del os habéis desviado del camino." Adivinó acertadamente Missy pasando un brazo por los hombros de la chica rubia y sonriendo con ternura ante su cara de desconcierto. "Oye, sé que no es una buena idea montarse en el coches de unas desconocidas ni para nosotras dejar subirse a quien no conocemos, pero dado que ninguna parece tener aspecto de psicópata descuartizador y que tras llevar dando vueltas por los muelles más de una hora, estamos desesperadas, te importaría subir y decirnos por donde tenemos que ir? Por favor?"

La petición fue acompañada por dos pares de ojos llorosos y suplicantes a los que Hermione no se vio capaz de negar nada. Tal vez antes de saber que un enorme ser de más de metro noventa de alto y con grandes capacidades descuartizadoras era capaz de brotar de su interior, hubiera tenido más reservas, pero tal y como estaban las cosas en ese momento, lo único a lo que tenía que temer era a arrancar la puerta del coche sin darse cuenta. De modo que con un suspiro de derrota, asintió y permitió que la abrieran la puerta de atrás del todoterreno. Mientras las dos chicas discutían sobre quien de las dos debía colocarse detrás del volante, Hermione tuvo suficiente tiempo y luz de los focos del coche para poder examinar a Torrance y pudo comprobar que ambas chicas no podían ser más diferentes físicamente hablando. Aunque ambas tenían el aspecto de estar en forma, Torrance parecía más delgada y dulce en comparación con la presencia de chica dura que Missy proyectaba sin esfuerzos. Rubia, de ojos azules y sonrisa amable, Torrance encabezaba el estereotipo americano hasta el máximo pero su manera de moverse era lo que más le había llamado la atención a Hermione. A diferencia de Missy que se movía como un depredador en busca de caza, los movimientos de Torrance eran más fluidos, como si en parte se moviera al ritmo de una música que solo su cuerpo podía oír. Incluso en ese momento en el que Missy tenía las llaves del coche tras la espalda con Torrance tratando de recuperarlas, ambas movían sus cuerpos al unísono, en una perfecta demostración de compenetración.

Cualquier humano habría sido incapaz de ver como Torrance aprovechando que se encontraban lejos de los focos del coche, se inclinaba y besaba rápidamente a Missy en un claro intento de desconcentrarla. Los sobrenaturales ojos de Hermione les dieron intimidad fijando su mirada en algún punto del horizonte y un minuto después Torrance subió al coche sonriente mientras ajustaba el asiento del conductor a su gusto, mostrando así que al igual que siempre, su técnica había funcionado perfectamente. A su lado, Missy también subió al coche con un puchero en el rostro, que servía para ocultar lo feliz que se sentía en realidad, a fin de cuentas se había llevado un beso de su Torrance, y en su opinión, por eso valía la pena ceder el asiento del conductor.

"En marcha" gritó alegremente Torrance encendiendo el motor y acelerando lentamente el coche. "Por aquí?"

"Sí, sigue por ese camino y luego a la derecha" confirmó Hermione alargando el brazo y señalando el camino correcto. Pronto el coche se sumió en un silencio que amenazaba con hacerse pesado. "Y que hacéis por aquí?"

"Oh, hemos venido por el campeonato internacional de animadoras" respondió entusiasmada Torrance soltando el volante para poder hacer uno de sus más típicos juegos de brazos. Gracias a los reflejos de quien está acostumbrada a ver eso a menudo, Missy mantuvo la dirección del coche sin apenas problemas. "Ánimo toros!"

"Toros?" preguntó Hermione más calmada al ver que el volante volvía a pasar a manos de la conductora y deseando haber prestado más atención a los datos que Luna les había dado. Había dicho que un golpe a más de ochenta kilómetros por hora contra una pared no supondría ningún problema o que acabarían como carne picada? "Mal momento para dudar de una cosa así".

"Aja! Los toros de Rancho Carne. Fuimos campeones varias veces y subcampeones otras tantas. Claro que eso fue en el instituto. Ahora animamos en la universidad, sabes?" parloteó Torrance haciendo el giro a la izquierda un poco más brusco de lo que las demás pasajeras o los ejes del coche hubieran preferido. "Pero aunque ahora tengamos que animar a otros, los toros siguen siendo nuestra esencia, sabes? Cada vez que tengo que animar, el primer nombre que se me viene a los labios es el de los toros."

"Torrance fue la capitana del equipo" explicó Missy sonriendo ante los botes entusiastas que estaba dando la chica en el asiento. Su capitanía había llegado a ser legendaria en el instituto y eso le había valido una beca completa en algunas de las universidades más prestigiosas del país. Al principio habían estado preocupadas por no poder seguir juntas, pero los resultados de los exámenes finales lo habían dejado claro. Con una de las mejores notas del estado, Missy también podría elegir la universidad que quisiera. Y aunque siempre había jurado que dejaría las animadoras en cuanto volviera a poder ingresar en un equipo de gimnasia, habían bastado las suplicas de Torrance para hacer que se tragara sus palabras. Claro que había cosas peores que pasarse varias horas al día en presencia de su Torrance vestida de animadora y jadeante del esfuerzo.

"Y donde se celebra ese campeonato?" preguntó Hermione ignorando el escalofrío que había surcado la espalda de Missy o la pequeña sonrisa traviesa que en ese instante asomaba entre esos rojos labios. "No he oído nada."

"Es la semana que viene, el sábado a las diez de la mañana en el estadio. Pero no me preguntes la dirección que como sabes, soy un desastre." Se rió la rubia animadora volviendo a hacer un giro en el último instante y a más velocidad de lo requerido.

"Y por qué ibas a haberlo oído? Te va lo de animar?" preguntó Missy agarrando con fuerza el agarre sobre su puerta y dejando de respirar hasta que las otras dos ruedas del coche volvieron a pisar el asfalto.

"No exactamente. Un par de amigas están en el equipo de animadoras del instituto, y suponía que habrían comentado algo. De hecho me sorprende que no participen, yo creo que son bastante buenas."

"Oh, es que el campeonato tiene criba de edad me temo. Solo las universidades compiten en esta modalidad, las de instituto animan en otra categoría." Explicó la morena girándose para sonreír a la castaña. "No veas que lío me hice yo con todo eso. En el primer campeonato de la universidad, nadie había tenido la consideración de decírmelo, así que me fui yo solita hasta San Diego, donde creía que se celebraba. Resulta que ese campeonato era para institutos y que el nuestro se celebraba en Denver. No veas que bronca me echó el entrenador y Torrance casi llama a la armada porque pensaba que me habían secuestrado unos narcotraficantes."

Ambas chicas explotaron en risas mientras una muy sonrojada conductora refunfuñaba por las palabras de la otra animadora.

"No fue culpa mía, Isis me lo dijo." Gruñó la chica golpeando el brazo de Missy a la espera que esta dejara de reírse. "Y si no te hubiera equivocado de campeonato, no habría pasado las peores seis horas de mi vida."

Comprendiendo que esa vez Torrance realmente estaba a punto de llorar, Missy dejó de reír y pasó el brazo por detrás de su cuello tratando de tranquilizarla. En cuanto la luz roja de un semáforo las obligó a detenerse, se soltó el cinturón y se acercó a la temblorosa chica.

"Lo sé nena, lo siento mucho. No volverá a pasar." Primero besó sus labios suavemente y terminó con un tierno beso en la mejilla de Torrance que finalmente se calmó. Fue entonces cuando las dos tortolitas recordaron que llevaban a una tercera persona en el coche y preocupadas se giraron para evaluar la expresión de Hermione. Una sonrisa pícara y un guiño de ojos por parte de la morena fueron suficientes para devolver el ambiente festivo al coche.

"Así que dos amigas animadoras, eh? Crees que les interesará venir a vernos?" preguntó Torrance volviendo a hacer un giro brusco y aterrando sin saberlo a ambas ocupantes del coche.

"En realidad son tres, aunque no me llevo mal con el resto del equipo. Excepciones aparte claro" matizó la chica recordando a Stacy y a su grupito de harpías. Seguían insultándola a cada oportunidad que tenían y si no fuera por sus nuevos reflejos, habrían conseguido tirarla escaleras abajo en más de una ocasión. "Y supongo que sí que les gustará, es lo suyo después de todo. Hay entradas a la venta o algo así?"

"Sí, se pueden comprar en el recinto en el que se celebra" asintió Missy girándose para mirar a Hermione y tener de esa manera una escusa para dejar de mirar los coches a los que adelantaban a más velocidad de la que estaba segura indicaban las señales. "Falta mucho para llegar?"

"Un último giro" aseguró la chica viendo como el alivio que sentía se reflejaba de modo notable en las pupilas de la morena.

Ambas chicas frenaron el impulso de bajarse del coche y besar el asfalto en el mismo momento en el que el coche se detuvo por completo. Missy, a pesar de haber sido sometida al método de conducción de Torrance en más de una ocasión, se hizo el firme propósito de ser más firme la próxima vez que hubiera que coger el volante. Su lado más masoquista susurró en su oído la idea de pedir al menos cinco besos la próxima vez, a fin de cuentas, decirle que no a Torrance había mostrado ser inútil en el pasado.

"Gracias por traernos hasta aquí, espero no haberte desviado mucho de tu ruta" se preocupó repentinamente Torrance al darse cuenta del tiempo que llevaba conduciendo y deduciendo de forma acertada que se encontraban muy lejos del lugar de partida.

"No tiene importancia, no era nada demasiado importante" le quitó hierro al asunto la castaña mientras mentalmente hacía cálculos para saber si la comida que les quedaba en casa sería suficiente para pasar la noche. A medida que la luna llena se acercaba y los cambios en los chicos se acentuaban, también lo hacía su apetito y esto se había comenzado a convertir en un inesperado problema. Luna había sugerido la idea de cazar en el bosque que aseguraba estaba rebosante de jugosos animales, pero Hermione aún no se sentía segura de poder llevarlo a cabo sin que acabara en desastre.

"Que te parece si para compensarte te invitamos a cenar?" preguntó de pronto Missy. Solía tener un buen sentido a la hora de juzgar el carácter de la gente y Hermione había pasado con colores sus mediciones. "Y así nos cuentas que sitios son los mejores para ver por aquí."

"Me encantaría" dijo sinceramente Hermione. "Pero me temo que debo volver a casa, he dicho que salía un momento y si tardo mucho más se preocuparan."

"Oh" murmuró Torrance también desencantada. "Quieres que te acerque a alguna parte? No me importa."

"Eres muy amable, pero ahora que he conseguido traeros hasta aquí, odiaría que os volvierais a perder por acercarme a casa" aseguró la chica sonriente haciendo reír a las otras ocupantes del vehículo. "De todas formas no vivo muy lejos, no te preocupes."

"Tengo una idea. Por qué no te pasas el sábado por el estadio a vernos actuar con tus amigas? Tenemos invitaciones para amigos y familia, pero dado que no han podido venir, nos sobran. Así que, que nos dices? Aceptas?" quiso saber Missy añadiendo una sonrisa descarada a la oferta haciendo volver a reír a Hermione.

"Sabes qué? Que me encantaría asistir." Asintió con la cabeza. "A qué hora hay que estás por ahí?"

"Nosotras estaremos desde las ocho y media, pero vosotros pasaos cuando queráis." Ofreció Torrance encantada.

"Vale, pues pasaremos a eso de las nueve y cuarto o así." Decidió la chica abriendo con sumo cuidado la delicada puerta del vehículo. "Nos vemos el sábado".

"Hasta el sábado Hermione" se despidieron las dos chicas arrancando de nuevo el coche para meterlo al parking del restaurante.

Hermione las vio alejarse y aún sonriendo por el carácter de ambas, se dio media vuelta para correr hasta casa. No quería que Luna se preocupara inútilmente y había recordado que Cho había dicho que la carne sobrante la dejaba en la nevera del sótano así que al menos tendrían una rica cena. Solo esperaba que a Cho y a las demás la idea de ir al campeonato de animadoras les gustara.

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Domingo por la mañana:

Por primera vez en realmente mucho tiempo, Hermione se había permitido el lujo de dormir tanto como su cuerpo le pedía. Por ello no le sorprendió mucho cuando al mirar por la ventana, pudo ver el sol realmente alto en el cielo. Un rápido vistazo a su reloj indicó que pasaba ya de la una y media del medio día y que se había perdido el almuerzo con los chicos. Tras lavarse la cara y vestirse para comenzar el nuevo día, descendió a la cocina con la esperanza de que los demás se hubieran acordado de dejarle algo de comer. Su animal gruñó en su cabeza para indicar que habría mucho que pagar si no era alimentado pronto. Con la cada vez más próxima aparición de la luna llena, los sentimientos de su licántropo habían resurgido con más fuerza hasta hacerse imposibles de ignorar. Por suerte un estómago lleno solía servir para calmarlo.

"Y piensas hacer los agujeros con ese martillo?" la voz incrédula de Draco flotó hasta sus oídos identificando su posición en la casa. Parecía que el resto de su pequeña familia había decidido juntarse en el sótano de la casa.

"Por qué no?" cuestionó Harry sin entender el problema.

Poniendo un poco los ojos en blanco ante lo que parecía que iba a ser una nueva discusión por parte de los chicos sobre conocimientos de albañilería, Hermione se alegró de encontrar las sobras del asado de carne de la noche anterior. Resultó que todos los años que Harry había pasado en categoría de servicio en casa de sus tíos le habían otorgado unas impresionantes habilidades culinarias y por decisión propia había decidido encargarse de la cena la noche anterior. Pocas veces había podido Hermione disfrutar de un guiso casero que además supiese tan bien. Incluso había anotado mentalmente la idea de nombrar de modo oficial a Harry como encargado de la cocina en la mansión. A Hermione no le importaba pasarse el resto de su vida teniendo que encargarse de la limpieza de los baños si con eso se aseguraba de tener platos como ese a la hora de comer.

Con el plato de estofado caliente en su mano, se decidió a descender las escaleras y detener de una vez por todas ese debate sobre técnicas de taladro y su superioridad ante un mazo y un cincel. "Pero de donde narices salen estos temas de conversación?"

"No sabrías ver una buena idea ni aunque te fuera a morder en el trasero" gruñía en ese momento Draco encarándose a Harry con el pelo de la nuca erizado. Puede que los cambios físicos no fueran tan marcados como los que Hermione había recibido, pero en cuanto a carácter se refería, ambos chicos estabas últimamente siempre dispuestos a saltar a la mínima. Pero a pesar de ello, Hermione comprobó gratamente sorprendida que los chicos estaban cuidando su lenguaje ante Luna.

Y hablando de Luna, la pequeña estaba siguiendo con la cabeza la discusión como si estuviera presenciando la final de Wimbledon, con una tímida sonrisa en los labios. Esa clase de pacíficas discusiones nunca habían ocurrido en su antigua manada y eran un agradable cambio ante la rutina de ver zarpazos y mordiscos mutilar los rostros o cuerpos de los integrantes de la discusión. Por un momento Hermione consideró la idea de hacerse con unas palomitas y unirse a Luna en lo que parecía una entretenida discusión, pero enseguida desechó la idea. A fin de cuentas, de donde diantres iba a sacarse las palomitas?

"De verdad crees que eso servirá para clavar las cadenas a la pared y mantenerlas ahí?" preguntó Harry siendo él quien parecía incrédulo en ese momento. "Has perdido la cabeza?"

"Aguantaran si haces lo que te digo." Insistió cabezota el chico negándose a dar su brazo a torcer. "Si lo hacemos a tu manera no se quedaran en su sitio, caerán al suelo seguro."

"Para que quieren poner cadenas en la pared?" inquirió Luna en voz baja a su alfa en cuanto esta se hubo sentado a su lado. A pesar de que ya había recibido el permiso para levantarse de la cama, todos habían insistido en que se tomara el resto del día con calma y que no hiciera movimientos bruscos. Y aunque la pequeña no entendía la necesidad de tanto alboroto por una herida que ya había cicatrizado, que se preocuparan tanto por ella hacía que un sentimiento cálido la invadiera de modo que no había protestado. Además, eso era mucho mejor que seguir en la cama sin poder moverse. Los licántropos no estaban hechos para vivir encerrados entre cuatro paredes o mantenerse quietos en un sitio. Con un poco de tiempo esa misma tarde podría ir a correr un rato con su alfa. Solo con eso ya se sentía mejor y un poco de la opresión había desaparecido.

"Es para la luna llena. Esperan que encadenándose a la pared no podamos escapar y sembrar el caos en la ciudad" o algo peor. Completó en su mente la chica pensando en lo que sucedería si la bestia que llevaba dentro se acercara a una zona poblada. Puede que la última vez hubiera logrado controlarlo hasta cierto punto, pero tras oír las anécdotas que Luna conocía, cualquier seguridad que ese conocimiento pudiera haberle dado se había evaporado tan rápido como el agua hirviendo.

"Con esas cadenas? A la pared? No servirán" vaticinó Luna como si fuera algo obvio. Sin esperar a la respuesta del resto, tomó una de las cadenas que Harry había dejado cerca y sin mucho esfuerzo se decidió a tirar de ellas. En apenas unos instantes, sus ojos se volvieron amarillos, sus caninos doblaron su tamaño y su rostro comenzó a mutar en la ya conocida forma de medio licántropo. Pero lo que llamó la atención de los presentes fue la facilidad con la que los eslabones de la cadena cogida en sus manos, reventaban ante su fuerza diseminándose por el suelo del sótano con un sonido metálico que resonó en el súbito silencio. "Ni siquiera en forma humana te costaría romperlas, y ellos se transforman por primera vez. Apenas les costará esfuerzo demoler las paredes de acero reforzado del sótano. Y por lo que vi la ultima vez, a tu licántropo la idea de someterse a lo que sea no le gusta absolutamente nada."

"Y eso se te ocurre mencionarlo ahora?" preguntó Harry aterrado ante la posibilidad de escapar la noche de la luna llena y lo que ello podía acarrear. La idea de poder despertarse al día siguiente y encontrase desnudo y cubierto de sangre rodeado de cadáveres que el mismo había mutilado era una de sus pesadillas más recurrentes desde que se había enterado de que él también se transformaría.

"No sabía para que queríais las cadenas" murmuró Luna algo avergonzada. La única vez que su amo Greyback, había necesitado unas cadenas… bueno, no era una noche que le gustara poder recordar. Los gritos de ese acontecimiento seguían resonando en sus oídos por las noches y aunque no creía a Harry capaz de hacer aquello, tampoco se había atrevido a preguntar al respecto.

"Y entonces qué hacemos? Prepararnos para comernos a alguien?" preguntó Draco desde las escaleras en las que se había sentado. A pesar de su tono tranquilo, él también estaba al menos tan preocupado como Harry con la situación.

"Si lo que queréis es evitar eso, por qué no iros al bosque?" preguntó curiosa Luna. Por qué tanto alboroto con cadenas y cerraduras cuando tenían un enorme bosque situado en una aún más enorme montaña justo al lado de casa?

"Al bosque? No será peligroso?" preguntó sorprendido Draco. "Y si nos da por volver a la ciudad?"

"Al contrario de lo que parecéis pensar acerca de los licántropos, no buscan exclusivamente humanos. Para ellos no hay mucha diferencia entre los animales y los humanos, así que cazan lo que sea que esté más próximo. Y los ruidos muy fuertes suelen molestarnos, es por ello que no nos gustan las grandes ciudades, los humanos son realmente escandalosos." Musitó Luna asintiendo con la cabeza queriendo reafirmar sus palabras. Por qué los humanos tenían que hacer tanto ruido en todo lo que hacían? Incluso a la hora de cazar habían logrado fabricar algo que era obscenamente escandaloso. Por qué habían decidido cambiar las silenciosas flechas y lanzas a favor de las ruidosas escopetas era algo que no le cabía en la cabeza.

"Bueno, tal y como están las cosas, creo que tampoco tenemos mucha alternativa" reconoció Hermione desviando la mirada a los restos de la cadena que seguían diseminados por el suelo del sótano. "Así que este martes tendremos que pensar como, pero habrá que ir lo más próximo posible a las montañas. Donde no se oiga el bullicio de la ciudad y no estemos tentados de acercarnos."

Era sin duda una muy mala suerte que la primera luna llena de los chicos hubiera de resultar en mitad de la semana. Hermione y hasta cierto punto Harry, no deberían tener problemas si llegaba el caso en el que tuvieran que saltarse las clases (Hermione recordaba haberse sentido fatal al día siguiente de la transformación), pero con Draco era harina de otro costal. Sus padres jamás permitirían al chico saltarse las clases, y aunque su madre muy a regañadientes le hubiera concedido el permiso para dormir fuera ese martes, no significaba que fuera a ver con buenos ojos que llamaran del instituto para denunciar su falta de asistencia. Algo tenía que ocurrírseles, porque si los ciclos lunares iban a formar parte de su vida , no podían esperar que siempre iban a suceder en fin de semana. Esa luna llena era precisamente una buena demostración del problema. En fin, se enfrentarían a ello cuando llegara el momento.


Lunes por la mañana:

El lunes, tan temido y odiado por trabajadores y estudiantes por igual por fin había llegado y mientras el resto de los mortales trataban de sacudirse las legañas de los ojos y volver a contar cuantos días quedaban para el fin de semana, no todos estaban de igual humor. El día prometía realmente hermoso para cierta castaña. Los pájaros cantaban, el sol brillaba, había una posibilidad de ir con Fleur y las demás a ver una competición de animadoras, no tendría que pasarse el martes completo encadenada a una pared… Simplemente perfecto.

"Hermione!"

Un grito que sesgó la apacible calma mañanera hizo que la alegre chica se detuviera en seco, usando de modo inconsciente sus sentidos lobunos para analizar la situación. Un coche que se detenía con un escalofriante chirrido y una puerta que se abría antes incluso de que el vehículo estuviera del todo quieto. Una respiración acelerada marcada por el sonoro ruido de los zapatos al golpear el asfalto con mucha velocidad al acercarse a ella. Y si no fuera por el rápido procesamiento de la información del cerebro de la chica y sus rápidos reflejos, Gabrielle habría logrado derribarla tras ese abrazo a velocidad match siete que acababa de marcarse. Por suerte los fuertes brazos de la castaña fueron suficientes para contener el rubio torbellino que se le había echado encima.

"Gracias por lo del otro día" fue susurrado en su oído rápidamente continuado por un ligeramente húmedo beso en su mejilla.

Contenta con el tono rojizo del normalmente pálido rostro de la seria muchacha, Gabrielle dio por satisfecha su misión y bajándose rápidamente de esos fuertes brazos sin esfuerzo aparente, echó a correr hacia la dirección de su primera clase sonriente por saber que acababa de dejar prácticamente petrificada a la muchacha.

"Hermione!"

Un segundo grito emocionado, seguido de unos pasos acelerados, una sensación de deja vu y un nuevo meso húmedo en su mejilla. La reacción de la chica en este caso, ligeramente distinta.

"CHOOO!" un rugido capaz de levantar a los muertos seguidos de una risotada incontrolada por parte de la asiática mientras se coge con fuerza el estómago tal vez por miedo a perderlo. "Pero se puede saber que haces?"

"Qué? Gabrielle también lo ha hecho. Creía que hoy era el día oficial de besar a Hermione" responde la chica con aspecto inocente, para inmediatamente después perder el halo y las alas y adquirir un aura tenebrosa. "Eh Padma, Hannah, chicas ! Sabíais que hoy es el día de besar a Hermione?"

Las miradas de las animadoras al cruzarse con sonrisas siniestras al ver el gesto asustado en el rostro de la castaña hablan por sí solas. Como una manada de hienas que ha olido presa fresca, no tardan en abalanzarse sobre la indefensa castaña, que le falta tiempo para echar a correr y huir de ahí cuanto antes.

"Que está pasando?" Fleur recién llegada al lugar, no entendía a que venían todas esas risas de los presentes ni por qué la mitad del equipo de animadoras había echado a correr al unísono tras la figura de quien juraría que era Hermione. Tras la casi suicida salida de su hermana de su coche, había tenido que avanzar hasta encontrar un aparcamiento y solo ahora había regresado. "Por qué persiguen a Hermione?"

"Porque hoy es el día oficial de besarla" respondió Cho como si fuera la cosa más normal del mundo. Puede que la chica hubiera llegado al instituto caminando entre nubes y sin enterarse de nada, pero a Cho no se le había pasado por alto todas las miradas cargadas que le habían enviado desde que había atravesado la puerta.

La transformación de la castaña unida al repentino aumento del sex appeal de la chica había hecho meya en la población del instituto y a pesar de que no solo las chicas habían sido afectadas, la animadora había decidido centrarse en ellas al conocer la preferencia de la castaña. El súbito beso de Gabrielle y su consiguiente sonrojo habían sido lo que la había llevado a besarle ella también la mejilla a la castaña. No había sido hasta ver más de una mirada envidiosa y celosa dirigida hacia ella que se le había ocurrido la idea de convertir a Hermione en blanco de las chicas más populares y deseadas del instituto. Puede que tan solo un par de ellas estuvieran realmente interesadas, pero sabía que ninguna podría resistirse a hacer sonrojar a Hermione Granger.

Desde aquel día en la feria y tras ayudar a la mitad de ellas en la elección del disfraz, un par de semanas atrás, la castaña había entrado oficialmente en el radar de las animadoras. Y a pesar de que chicas como Stacy y hasta cierto punto Lavender habían encontrado la idea horrorizante y algo insultante, el resto de las animadoras no habían tardado en comenzar a saludar a Hermione por los pasillos. Cho no era del todo ignorante acerca de cómo se había tratado a la castaña en el instituto a lo largo de los años, Harry había dejado escapar los datos suficientes para que hilara ciertas cosas, y estaba dispuesta a corregirlo. Y si en el camino ayudaba a Hermione a echarse novia o incluso aún mejor, a avergonzarla por completo, pues mucho mejor.

Tan alegre estaba con tales pensamientos que se le pasó por alto como los ojos de Fleur se entrecerraban hasta que solo una pequeña fracción del azul fue visible. Alguien estaba muy pero que muy molesta.

"Venga, vamos a clase."

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Haber tenido que esquivar a prácticamente toda la población del instituto durante todo el día no era precisamente que se hubiera imaginado haciendo la pobre Hermione. Por algún motivo, la absurda idea de Cho había corrido como la pólvora por todo el instituto y todas habían decidido subirse al tren de la locura. Había tenido que esquivar durante todo el día besos furtivos y no tan furtivos e incluso uno que había estado muy cerca de acabar sobre sus labios, aunque no estaba segura de si había sido intencionado o no. Gracias a sus recién adquiridos reflejos y velocidad, había evitado que la totalidad de su cara fuera cubierta por las distintas marcas de pintalabios que portaban las distintas chicas, pero aún así había alguna que había llegado muy cerca y por ello líneas de diferentes colores marcaban su rostro.

Parecía que todas se habían vuelto locas y la castaña no comprendía por qué chicas que no había visto en su vida se habían abalanzado sobre ellas poniendo morritos. Por su cerebro pasó un recuerdo en el que Luna le explicaba que a medida que la luna llena se acercara su capacidad para atraer a las hembras aumentaría, aunque en ningún momento había dicho nada de una locura femenina descontrolada. Su mente lógica había razonado que la mayoría simplemente se habían unido al disparate por seguir a las animadoras, aunque lo que aún no podía imaginar era por qué estas se habían unido en primer lugar. No era tan vanidosa como para pensar que su nueva atracción animal tuviera que ver en el asunto. Y tampoco pensaba ahondar mucho en ese pequeño pero irritante pensamiento del fondo de su mente que se lamentaba por no haberse cruzado en todo el día con Fleur. Seguramente la hermosa animadora tendría más clase que todo eso, y no se le ocurriría tomar parte en algo tan ridículo y juvenil. "Por mucho que me gustaría que pasara lo contrario" admitió para sí misma a regañadientes la chica.

Y hablando del rey de roma que por la puerta asoma, su deseo no tardó en realizarse. Solo que tal vez no exactamente de la misma manera que se había imaginado. Un simple doble de esquina y en lo que parecía todo un déjà vu, Hermione se encontró volviendo a mirar de cerca el rostro enrojecido de William Wesley mientras charlaba (gritaba) a una no muy calmada Fleur Delacour en medio del pasillo vacío. Al igual que la última vez que lo había visto, William tenía a Fleur agarrada por un brazo y esta daba muestras de no estar contenta con la situación y posición en la que se hallaba. El hondo gruñido que brotó de la garganta de la castaña indicó que ella tampoco lo estaba. Para nada.

"Vamos Fleur, no puedes ignorarme" gritaba en ese momento William aplicando aún más presión en el brazo de Fleur con su mano izquierda mientras tiraba de ella hacia él. "Lo que viste en el baño no es lo que parecía."

"William, me haces daño" se volvió a quejar Fleur tratando de liberar su brazo y maldiciendo en su cabeza por estar a solas con el chico en un pasillo deshabitado en pleno horario de clases. Con el gran trabajo que había hecho durante toda la mañana para no tener que encontrárselo. "Suéltame!"

"No! No hasta que me escuches!" rugió el chico aumentando la fuerza de su agarre, haciendo gimotear a la chica y logrando que el cabello de la nuca de Hermione se erizara por completo.

"William para!" volvió a gritar la chica golpeando la mano que la tenía sujeta sin conseguir un distinto resultado.

"Vamos nena, ambos sabemos que me quieres" comenzó más suavemente el chico y tratando de usar un tono que consideraba seductor. "Lo que viste en el baño no fue nada importante, Stacy me atacó, eso es todo."

"Que eso es todo? Acaso no eras tú el que estaba con los pantalones bajados?"Gritó Fleur furiosa al ver que el chico solo la abrazaba con más fuerza y acercaba su boca a la suya.

"Pero yo te quiero a ti nena. Stacy solo fue un error. Estaba tan triste porque no me hacías caso que Stacy quiso animarme y las cosas se descontrolaron un poco, eso es todo." Continuó el chico tratando de besar a Fleur mientras esta apartaba la cara una y otra vez. "Compréndelo, yo soy un hombre, y tengo mis necesidades. Tal vez si tú fueras un poco más… cariñosa conmigo, no habría pasado esto."

"Estás diciendo que es culpa mía que estuvieras en el baño con Stacy y sin pantalones?" preguntó incrédula Fleur sin poder creerse lo que el chico estaba diciendo.

"No busquemos culpables Fleur, simplemente digamos que a partir de ahora serás más accesible" propuso el chico en un tono condescendiente completamente orgulloso de sí mismo. "Y ahora deja de comportarte como una niña pequeña y hagamos las paces. Qué te parece si nos saltamos la última clase y vamos a mi todo terreno? Tiene un asiento trasero de los cómodo, no sé si me entiendes."

El tono sugerente del chico unido al ligero movimiento de pelvis del chico dejaban más que claras sus intenciones y Fleur sintió que le hervía la sangre. Como osaba ese, ese imbecile a sugerir que la culpa era suya por no ser una facilona? Y por si fuera poco quería que se saltara las clases para ir con él al asiento trasero de su coche? A su mente solo acudió una respuesta posible.

PLAFF

El bofetón retumbó por todo el desértico pasillo y dejó una marca más que visible en la mejilla del ahora colérico chico. Tal vez no había sido la respuesta más elocuente posible, pero a pesar del dolor que estaba experimentando en la mano, Fleur estaba bastante convencida de que su respuesta había sido más que clara. Lo que no esperaba era que el chico fuera a querer responder a su ataque con uno propio. Y cuando vio el rostro furioso de su ex novio y comprobó que este estaba echando hacia atrás el brazo para descargar sobre ella toda esa rabia, solo tuvo tiempo para cerrar los ojos y encogerse en un vano intento de suavizar el golpe que sabía que venía y su último pensamiento fue el de que esperaba que no se notara mucho el moratón. Tras un ruido amortiguado y la ausencia del dolor esperado, Fleur finalmente se atrevió a abrir lentamente los ojos, primero el derecho y luego el izquierdo. La escena que le mostraron ambos ojos no era precisamente la que se había imaginado.

Un furioso William con la cara aún más roja y congestionada que unos instantes atrás parecía congelado en el tiempo con el brazo aún echado hacia atrás. Siguiendo el brazo con la mirada, la chica observó como otra mano estaba sujetando el brazo del furioso chico. Fleur alcanzó un nuevo nivel de sorpresa al ver con sus propios ojos como el brazo del quarterback del equipo de futbol del instituto estaba siendo retenido por la mano izquierda de Hermione Granger. Pero donde el rostro de William se observaba furioso, el de Hermione estaba simplemente lívido. Con la mandíbula firmemente cerrada y los dientes apretados, la castaña estaba temblando en el sitio por la rabia que parecía estar recorriéndola.

"Suéltame!" exigió William al comprobar con rabia que efectivamente no podía deshacerse del férreo agarre de la chica. "Suéltame maldita sea!"

"No" respondió Hermione a través de los dientes apretados y aumentando la fuerza de su agarre en el brazo del chico, contenta al sentir como uno de los huesos del mismo parecía estar a punto de crujir.

"Me estás haciendo daño!" gritó el chico sacando de forma brusca a Fleur de su ensimismamiento.

"Hermione, suéltalo" pidió la chica suavemente colocando su mano sobre la de la otra chica tratando de calmarla. "Vamos, le estás haciendo daño."

"Iba a golpearte" respondió Hermione atónita al oír a Fleur defenderlo. Por qué seguía defendiendo a semejante mastuerzo? Después de cómo la había tratado?

"No me habría golpeado" aseguró Fleur aunque en su interior dudaba seriamente del hecho, solo quería que la otra chica se tranquilizara y soltara el brazo del chico.

"Claro que te habría golpeado" la contradijo Hermione sin poder creerse lo que estaba escuchando. Como era posible que estuviera defendiendo al animal que no solo la había engañado sino que encima había tratado de golpearla?

Aprovechando que la chica que lo estaba agarrando estaba distraída, William balanceó el brazo que no estaba cautivo en ese momento y con toda la intención de tumbarla, descargó un fuerte puñetazo sobre el rostro de Hermione. Para su enorme satisfacción, el golpe dio de lleno en el rostro de la chica logrando que esta volteara la cabeza y soltara el brazo que tanto había comenzado a dolerle. El enorme dolor que había explotado en su mano al golpearla le pareció un precio más que justo por la satisfacción de ver salir la sangre de la ceja de esa empollona.

Lo que su primitivo cerebro no fue capaz de procesar hasta ser demasiado tarde, fue el directo de derecha que lanzó Hermione en represaría por el golpe sufrido. Durante años había soportado sus insultos constantes, había presenciado como trataba a Fleur como un objeto y se había tenido que morder la lengua cada vez que había sido ridiculizada por ese cavernícola de grandes músculos. Pero eso se acababa en ese momento y en ese lugar, e iba a disfrutar de ello todo lo posible. Agradeciendo por primera vez la agresividad y el instinto animal que provenían del licántropo interior, se dejó llevar por un instante, dando rienda suelta al animal con el que estaba en constante lucha desde que se había levantado en el almacén aquella mañana que ahora parecía tan lejana. Y durante ese simple instante, se sintió libre, se sintió poderosa y saboreó todos y cada uno de los microsegundos en los que su puño derecho estuvo en contacto directo con el mentón de William Wesley. Cuando los huesos de la mandíbula cedieron ante la fuerza del impacto y pudo sentir como los dientes de la boca se movían peligrosamente, una mueca salvaje y extasiada brotó de su rostro dejando entrever el animal que en realidad llevaba dentro.

Por fortuna, Fleur estaba justo a su lado de modo que no alcanzó a ver su rostro cuando ese pequeño gesto escapó del normalmente sereno rostro de la chica, y William… bueno, William tenía asuntos más urgentes a los que atender en ese momento que en fijarse en el rostro de su atacante. Porque William no llegó a ver el golpe, no llegó a comprender que estaba siendo golpeado y desde luego que no llegó a comprender por qué de pronto su rostro estaba ardiendo y el suelo había dejado de sujetarle. Lo único que su cerebro llegó a procesar era que un instante había golpeado el rostro de la empollona, y al siguiente estaba volando contra las taquillas con un horrendo dolor de boca. Había soportado brutales entradas por parte de los defensas de los equipos rivales y como buen jugador de futbol americano, había sufrido más de una conmoción cerebral por los bloqueos sufridos. Pero nunca había llegado a sentir semejante cantidad de dolor en un tiempo tan limitado y no fue hasta que su cuerpo estuvo en el suelo, y que su boca comenzó a chorrear sangre y escupir un diente, que comenzó a hacerse una ligera idea de lo que estaba sucediendo.

"Que está pasando aquí?" inquirió en voz helada el mismísimo Severus Snape apareciendo en el lugar aparentemente de la misma nada. Su afilada mirada paseó por el pasillo tratando de encajar la imagen que sus ojos le mostraban en algo que pudiera tener sentido. Una animadora con aspecto sorprendido y tapándose la boca con la mano mientras permanecía inmóvil y con los ojos abiertos, podía tener sentido, Severus jamás había considerado a las animadoras muy brillantes. La chica sabelotodo sangrando de lo que parecía una ceja rota también podía comprenderlo, en su época estudiantil había recibido más de ese tipo de heridas de lo que jamás admitiría. Lo que su mente no parecía capaz de procesar era la imagen del brazo extendido de la empollona que aún seguía quieto en el aire, y al quarterback del equipo de futbol tirado en el suelo sangrando de lo que parecía ser una mandíbula deshecha y con las taquillas a su espalda completamente abolladas. Ante un cuadro como ese, su boca se curvó en una mueca desagradable e indiferente ocultando así su sorpresa, y dijo lo único que podía decirse en un momento como ese. "Al despacho del director, los tres, ahora!"

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En la antesala de dirección:

Tanto William como Hermione habían sido llevados al interior de la oficina, mientras que a Fleur se le había ordenado mantenerse a la espera en la sala. A los pocos minutos había visto entrar presurosa a la enfermera del colegio y volver a salir de allí murmurando por lo bajo una media hora después.

De eso hacía ya más de veinte minutos y Fleur había pasado ya por todos los estados emocionales que se le habían ocurrido. Había decidido volver a sentarse en las incómodas sillas a seguir esperando cuando sorprendentemente una animadora irrumpió en la antesala jadeando como si hubiera estado corriendo bajo el sol durante largo rato.

"Cho? Que haces aquí?" se sorprendió Fleur al ver a su amiga entrando de modo precipitado a la antesala del despacho de dirección. Si sus cálculos no fallaban, la chica debería hallarse en el gimnasio en el entrenamiento de animadoras. Que estuviera allí solo podía significar que la chica se lo había saltado y con el genio que gastaba su capitana no era hazaña pequeña.

"Me acabo de enterar de que había habido un incidente con Hermione y he venido en cuanto he podido. Tú qué haces aquí? Que ha pasado?" preguntó la animadora inquieta. Cuando había oído mencionar que Hermione se había metido en un lío y que había sido llevada a dirección, su mente enseguida había conjurado unas imágenes terribles y había abandonado el entrenamiento sin pensárselo dos veces. Confiaba en la castaña todo lo que se podía confiar, pero Harry ya había dicho que los instintos lobunos se disparaban antes de la luna llena, y faltando menos de veinticuatro horas para dicho fenómeno, la chica no había podido evitar preocuparse. Si ella que era completamente humana ya tenía problemas para contener su genio en presencia de algunos de los idiotas de ese instituto, solo podía imaginar la paciencia y el autocontrol que serían necesarios para alguien que guardaba un animal violento y propenso a la dominación en la cabeza.

"Hermione ha golpeado a William" aun habiendo presenciado el acontecimiento con sus propios ojos, a la chica le costaba creerlo. Aún podía ver como el puño de William había impactado contra la cara de la chica aprovechando que estaba distraída. "Distraída por mi culpa. Qué clase de cobarde golpea a una chica? Y qué clase de despreciable cobarde espera a que la chica esté distraída para golpearla?"

"Por qué?" fue lo único que quiso saber Cho sin sorprenderse por el hecho de que alguien de la estatura de Hermione se hubiera atrevido a golpear al quarterback del equipo. "Y menos sabiendo lo que le pasó a la pared la última vez".

"William me estaba agarrando del brazo, con mucha fuerza" admitió Fleur tras mirar en todas las direcciones y ver que no había nadie más aparte de ellas dos. "Hermione me estaba defendiendo."

"Que está pasando exactamente entre William y tú?" quiso saber Cho archivando la información para un futuro uso y queriendo tener todos los datos antes de ser ella misma la que le arrancara la cabeza al neandertal. "Hablaste con él el viernes?"

"Algo así" murmuró Fleur bajando la cabeza.

"Fleur, que pasó? Sabes que puedes contármelo. Por favor." Murmuró Cho arrodillándose ante Fleur y tomando su mano entre las suyas.

"Fui a buscarlo el viernes durante el baile" comenzó a contar la chica sin querer recordar aquello pero sabiendo que se sentiría mejor después de hablarlo con su mejor amiga. "No conseguí encontrarlo y encima uno de los del club de audiovisuales me echó encima del vestido ponche. Me fui al baño a intentar quitarme la mancha cuanto antes y fue cuando encontré a William."

Temiendo por donde iba esta historia, Cho apretó la mano de Fleur tratando de transmitirle apoyo y animándola a continuar con la historia.

"Estaba en uno de los cubículos del baño, con los pantalones por los tobillos y metiéndole mano a una chica." La animadora cerró los ojos con fuerza tratando de borrar aquella imagen, aquellos sonidos de su cabeza con poco resultado.

"Quien?" quiso saber Cho apretando la mandíbula y tragando saliva para no comenzar a gritar obscenidades.

"Stacy" admitió con tenue voz Fleur aún con los ojos cerrados. Cuando se atrevió a abrirlos temiendo encontrar una mirada de lastima en su amiga, vio con sorpresa como Cho comenzaba a temblar y soltaba su mano para poder apretar sus puños con fuerza. Nunca había visto a la normalmente tranquila asiática alcanzar semejante nivel de furia.

"Stacy?" rugió la chica para luego obligarse a bajar la voz no queriendo que la secretaria de dirección decidiera asomarse al oírla gritar. Volviendo a apretar la mandíbula, se obligó a continuar más tranquila. "Que pasó después?"

"Salí de allí corriendo, vi que la tercera guerra mundial se había desatado en el baile y os encontré" dijo como si nada la chica. Recordaba lo mucho que había necesitado un abrazo y lo bien que le había sentado cuando Hermione le había proporcionado uno. "Luego me preocupé porque no aparecía Gabrielle y me pasé el resto de la noche llorando y comiendo helado."

"Y por qué no me llamaste?" quiso saber Cho un poco dolida. Fleur era su mejor amiga no solo para cotillear sobre los rumores del instituto e ir de compras. Quería haber estado para ella y le dolía pensar que la otra no había querido contar con ella.

"No lo sé. Era muy tarde y no quería molestar. Luego el domingo me llamaron a una reunión al instituto por lo de la pelea del baile. Intenté llamarte entonces, pero tenías el móvil apagado." Murmuró la chica desviando la mirada. No quería decirle a Cho que durante la noche más larga de su vida había llegado a considerar la idea de que la otra chica ya había estado al tanto de las andanzas de William y que por lastima no le había querido decir nada. Ahora viendo la indignación y los esfuerzos por mantener la voz baja que hacia la chica, supo que había sido una idiota. Y una muy grande.

"Y que ha pasado en el pasillo?" continuó con la historia la chica sintiéndose de pronto muy mal. Porque si Fleur hubiera llamado tras el baile no la habría podido atender porque en ese momento había estado intentando extraer un fragmento de plata del cuerpo inerte de la pequeña Luna. No podía ni quería imaginarse como se habría sentido Fleur si la misma noche en la que había descubierto a su novio con otra, su mejor amiga hubiera pasado de ella por hacer algo que encima no le habría podido contar.

"Quería evitarle" admitió Fleur resignada y suspirando hondamente. "Pero con la suerte que tengo, me lo he encontrado de frente en uno de los pasillos desiertos del segundo piso."

"Que tenía que decirte ese imbécil?" preguntó la asiática volviendo a enfadarse. "Quería arrastrarse y suplicar tu perdón?"

"Ni de lejos" gruñó esta vez la chica sintiendo como esta vez era ella la que se enfadaba con la situación. "Básicamente lo que me ha dicho es que la culpa de lo que pasó el viernes la tengo yo, por no haberme abierto de piernas."

"Que ha dicho QUE?" gritó esta vez Cho sin molestarse en bajar la voz esta vez. Acaso se podía ser más gilipollas? "Y que le has respondido?"

"No demasiado. Le he abofeteado" sonrió la chica al ver como su amiga también sonreía al oírlo. Durante ese instante en el que la palma de su mano había hecho contacto con el rostro del chico que ya ni era capaz de reconocer como su novio, se había sentido pletórica.

"Bien hecho." La felicitó la animadora orgullosa de su amiga. "Apuesto a que esa no la ha visto venir."

"No y no le he hecho mucha gracia" admitió la chica. Ante la mirada inquisitoria de su amiga, acabó admitiendo la parte vergonzosa de su historia. "Ha intentado devolvérmela."

Cho no podía ni hablar. La furia que sentía en ese momento era tal que ni ella misma podía creérselo. Como había podido alguien hacer algo como eso? Como se había atrevido esa basura a pensar si quiera en ponerle la mano encima a su amiga?

"Ha sido entonces cuando a aparecido Hermione " continuó Fleur ante el silencio de su amiga. "Le ha detenido antes de que me golpeara y ha sido entonces cuando ha empezado la pelea entre ellos. Te puedes creer que ese cobarde ha esperado a que Hermione estuviera distraída para golpearla? Qué clase de persona hace eso?"

"La misma clase de persona que engaña y luego intenta pegar a su ex novia" murmuró Cho contenta al saber que Hermione había estado allí para pararle los pies a William. Esperaba que su condición de licántropo también incluyera grandes capacidades para encajar los golpes. "Hermione está bien?"

"Creo que sí. Deberías haberlo visto, ni se ha inmutado cuando la ha golpeado. Y el golpe que le ha devuelto… ha sido increíble" se permitió maravillarse Fleur recordando una vez más la escena. Aun no sabía como una chica como Hermione había podido derribar a un jugador de rugby de un solo golpe, pero mentiría si dijera que no le había gustado verlo. "Creo que le ha saltado un diente."

"Buena chica. Espero que la hallas colmado a abrazos y agradecimientos" dijo Cho cada vez más encantada con la situación. Ella también tenía que darle algo como agradecimiento. "Me pregunto que le gustará más? Un libro o una cesta de fruta? Espera, a los licántropos les gusta la fruta? Y si mejor le regalo una cesta de carne? Luna dijo que el ciervo era especialmente sabroso en esta época. Y si le mando un solomillo de carne de ciervo? O preferirá la pierna? Eso tiene hueso, a lo mejor ahora le gusta roer los huesos. Espera, eso se puede considerar racista? Pensar que ahora se va a comportar como un perro? Y se considera racismo si hablamos de otra especie? Como se diría entonces?"

Mientras la mente de Cho divagaba por el mundo de la semántica, Fleur volvió a agachar la cabeza avergonzada recordando cómo había reaccionado. Eso no se le pasó desapercibido a la otra chica a pesar de la enorme madeja mental que estaba tejiendo en su cabeza en ese momento.

"Que pasa?"

"Que me he comportado como una idiota" gimoteó Fleur enterrando la cara en sus manos y negándose a despegarla de ahí. "No solo no le he dado las gracias, si no que le he dicho que no iba a pegarme y por culpa de eso la ha golpeado. Y luego me he quedado parada como una idiota mientras Snape nos mandaba aquí."

"Por qué has hecho eso?" preguntó Cho sin sonar para nada acusadora. Solo quería saber por qué Fleur se había comportado así.

"Me daba vergüenza. Ya fue malo que nos viera cuando William estando borracho insistió en entrar a casa y me negué. Siempre parece estar ahí cuando algo así pasa y no quería…" murmuró Fleur aun con la cabeza entre las manos.

"No querías…?" la animó Cho a seguir. Cuando había intentado William imponerse a Fleur? Y por qué nunca se había dado cuenta? Eso estaba empezando a pintar muy mal y no podía sino agradecer a dios por la aparición de Hermione en sus vidas.

"No quería que pensara que era débil. O no sé. Me da vergüenza haber dejado que William me tratara así y no quería que además Hermione pensara que me pegaba. No lo sé" respondió la chica confusa y preocupada. La opinión que Hermione tuviera de ella le importaba más de lo que en ese momento estuviera dispuesta a admitir.

"Todos cometemos errores" murmuró Cho abrazando a su amiga con fuerza y dejando que la cabeza de esta se apoyara en su cuello. "Es lo que hacemos los humanos, nadie es perfecto. Pero piensa que esto es algo que puedes solucionar en cuanto salga de ese despacho. Discúlpate, dale las gracias y listo. Tan amigas como siempre."

"No es tan fácil" gimoteó la chica con la voz ahogada en el uniforme de Cho.

"Por qué no? Conozco a Hermione, estoy segura de que no te guardará rencor. " La animó Cho mientras le acariciaba la espalda en un intento de calmarla.

"Pero por mi culpa la han pegado. Y si encima la expulsan de la escuela? Yo no me lo perdonaría nunca." Volvió a desesperarse Fleur agarrando a Cho con tanta fuerza que a esta última empezó a faltarle el aliento.

"Por qué iban a expulsarla?" Se asombró Cho apartando un poco los brazos de la chica disimulando su necesidad cada vez más apremiante de oxigeno. Esa chica tenía una fuerza verdaderamente impresionante en los brazos. "Cielo, créeme cuando te digo que es imposible que piensen que Hermione fue la que empezó. Y de verdad crees que William va a querer airear este asunto? Que una chica lo ha tumbado de un golpe?"

"Supongo que tienes razón." Admitió la chica al pensar en ello. Cualquier cosa que pudieran decir fue interrumpida al abrirse la puerta del despacho y aparecer Fudge invitando a pasar a Fleur al despacho.

"Buena suerte." La animó Cho separándose finalmente de ella. "Te esperaré aquí."


Una hora y media. Eso era lo que habían pasado en el despacho del director mientras el hombre trataba de aclarar los acontecimientos del pasillo. El profesor Snape prácticamente los había llevado de las orejas al despacho donde una vez allí habían tenido que esperar a la presencia de la enfermera del instituto. William no había dejado de sangrar ni de quejarse en todo el tiempo que habían pasado esperando y cada uno de sus gestos de dolor provocaban ganas de ponerse a bailar a la castaña. Una parte de su interior, aún no estaba muy segura de cual, lamentaba no haber golpeado más fuerte o no haber apuntado a la entrepierna del chico, ya que con la fuerza que sabía poseía, habría dejado al chico estéril para el resto de su vida. Y la idea de que semejante escoria no pudiera reproducirse, le parecía cada vez más y más dulce.

Había sido difícil aguantarse cuando había visto la fuerza con la que estaba sujetando a la animadora, y casi había arrancado las taquillas cuando había oído como Fleur había descubierto las infidelidades del chico. Ahora entendía por qué Bill solía oler a colonia dulce tantas veces, era precisamente el aroma a caramelo y miel que a Stacy tanto le gustaba llevar. La bofetada que el chico había recibido habían calmado un poco sus ansias asesinas, pero en cuanto había visto descender ese brazo con toda la intención de golpear a Fleur… bueno, digamos que le sorprendía que el chico aún llevara la cabeza sobre los hombros.

"Entonces, a ver si me aclaro. Señor Wesley estaba usted en el pasillo caminando y hablando tranquilamente con la señorita Delacour, cuando la señorita Granger ha abierto de la nada la puerta del baño de chicas y le ha golpeado con dicha puerta? Es así como te has hecho esa avería?" preguntó incrédulo el director por quincuagésima vez sin terminar de entender cómo era posible que abriendo la puerta el quarterback de su equipo de rugby hubiera perdido dos dientes. Tantos años como director le hacían saber que había pasado algo más, pero si ambas personas mantenían esa versión, poco más había que pudiera hacer. Además, la alternativa era demasiado inverosímil como para siquiera tenerla en cuenta.

"Puefe que pfuefa fofienfo" trató de decir William con el pañuelo que la enfermera le había entregado tapándole la boca en un intento de contener la hemorragia. Estaban esperando a que llegara la ambulancia que le llevaría al hospital, así que tampoco había mucho más que se pudiera hacer hasta que eso ocurriera.

"Como dice?" preguntó el director no habiendo entendido nada de lo que el chico había dicho. Había encargado al bedel que recogiera los dientes del muchacho y que limpiara cuanto antes el estropicio de la sangre. A medida que el tiempo pasaba, la capacidad de hablar con claridad del muchacho estaba despareciendo.

"Pfe pfuede fe pfuefa pfofiendo" trató de volver a decir el chico, ardiendo de ira por dentro. Sería un suicidio social admitir que una empollona le había saltado dos dientes de un solo golpe, y aunque su mente empezaba a convencerle de que en realidad debía de haberse resbalado con algún producto de limpieza del suelo, no las tenía todas consigo. Además, el entrenador le había advertido que una sola pelea más y tendría que ver los próximos partidos desde el banquillo. Conociendo al entrenador Karkarov, no se trataba de un farol. Así que ahora le tocaba comerse todo lo que quería decir y hacerlo pasar por un simple accidente. Solo esperaba que la idiota de Fleur se ciñera a esa versión.

"Creo señor director, que el señor Wesley está admitiendo haber estado corriendo en los pasillos del instituto." Aportó Snape con su sonrisa más pronunciada que de costumbre. Cuantas veces iba a poder disfrutar de la visión de un idiota del equipo de rugby con la boca deshecha gracias a un miembro de los listos del instituto. A pesar de que Snape jamás lo admitiría, estaba a un paso de darle un abrazo de agradecimiento a Granger.

"Si bueno, ejem, creo que el chico ya ha tenido bastante castigo por eso" le quitó hierro al asunto el director. A pesar de ello, todos en esa habitación sabían que si los papeles hubieran estado invertidos, Hermione no solo no habría tenido derecho a una ambulancia, sino que seguramente hubiera tenido que cumplir castigo por haber corrido por los pasillos. Nadie había dicho que ese instituto fuera justo para con todos. "Bien, creo que si llamamos a la señorita Delacour y lo confirma, no tendremos por qué seguir más tiempo con este infortunado incidente."

Fleur no tardó en aparecer y a pesar de que trató de hacer contacto con Hermione, esta le rehuyó la mirada. Eso terminó de hundir a la animadora.

"Veamos señorita Delacour, William y Granger dicen que ha sido todo un lamentable accidente y que al abrir la señorita Granger la puerta del baño de chicas, esta ha impactado contra el rostro de este. Es eso cierto?"

Fleur al escuchar eso se indignó de sobremanera. El único culpable en esta situación había sido William y el que merecía un ejemplar castigo. Y estaba dispuesta a decirlo y asegurarse de ello, por lo que abrió la boca para contradecir al director. No obstante, justo antes de hacerlo, los oscuros ojos de Hermione se posaron en los suyos y con un ligero movimiento de negación, indicó a Fleur que no dijera nada. La chica mantuvo la mirada de la castaña para asegurarse de que esta realmente no quería que dijera la verdad, y a pesar de que no intercambiaron palabra, a Fleur le quedó claro que debía asentir.

"Excelente" aplaudió el director en cuanto tuvo la confirmación. "Señor Weasley, me indican que la ambulancia ya ha llegado, vaya a que le arreglen esa boca. Y en cuanto a su castigo señorita Granger, creo que con dos semanas será suficiente."

"Dos semanas?" rugió Fleur antes de que nadie más pudiera reaccionar. Acercándose a la mesa y golpeando fuertemente la madera, se encaró al sorprendido director. "Y puede saberse por qué piensa castigarla?"

"Mire la boca del señor Weasley, está destrozada." Se indignó el hombre aún con el corazón disparado del susto. La mirada de ira que la jovencita le estaba dirigiendo en ese momento no ayudaba a calmarlo. "Alguien ha de pagar por ello."

"Pues le sugiero que sea el instituto" gruñó Fleur inclinándose aún más sobre el escritorio. "Usted mismo ha admitido que ha sido un accidente, no?"

"Yo bueno…" comenzó a sudar el hombre, no estando acostumbrado a que se defendiera a los alumnos becados.

"Creo que la señorita Delacour está en lo cierto señor director" intervino Snape con su voz carente de emoción. En el fondo estaba aún más divertido por ver como esa chica le estaba haciendo sudar al incompetente con el título de director. Era patético, y estaba disfrutando a más no poder con la situación. "No queremos que por algo como esto haya que involucrar a los padres de los alumnos, no?"

"Em, si claro" asintió enseguida Fudge pasándose el pañuelo por su más que incipiente calva. La cortinilla con la que se peinaba no es que ayudara mucho a disimularla. La idea de que la familia Delacour apareciera pidiendo explicaciones no era algo que le apeteciera precisamente. "Bien, en ese caso creo que ya hemos terminado. Pueden irse."

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Apenas salieron del despacho del director Fleur trató de retener a Hermione para poder hablar con ella y aclarar lo que había sucedido, pero no lograba atraer su atención. Iba a recurrir a tomarla del brazo cuando una voz inesperada sorprendió a ambas.

"Hermione! He venido en cuanto me he enterado de que estabas en el despacho del director. Que ha pasado?" la preocupada voz de Padma Patil retumbó en las orejas de Fleur obligándola a apretar la mandíbula de rabia ante esa ruda interrupción. Acaso la gente ya no sabía lo que eran los modales? Como se atrevía a interrumpirlas?

"No ha sido nada Padma, solo un pequeño accidente." La voz amable de Hermione para con Padma solo sirvió para enervar aún más a la ignorada animadora que se encendía más a cada momento que pasaba. Acaso Padma no podía ver que Hermione y ella tenían cosas importantes de las que hablar sin tener que sufrir su horrible parloteo? Por qué no se iba de una vez y las dejaba a solas?

Ajena a los pensamientos cada vez más violentos de su compañera de equipo, Padma siguió sin moverse de su posición, empeñada por lo visto en una muerte dolorosa y prematura.

"Estás segura no? Porque si hay algo que pueda hacer, sabes que solo tienes que pedirlo, no? podría hablar con el director si quieres, desde que nuestro padre donó una buena suma para la reparación de la biblioteca se ha empeñado en besar el suelo de nuestros pies.

"Gracias Padma, te lo agradezco. Pero de verdad que no ha sido nada. Un simple malentendido." La tranquilizó Hermione sonriendo de modo sincero a la chica que tan bien se estaba portando con ella. Incluso el licántropo que llevaba tratando de escapar de su control desde hacía más de una hora se calmaba ligeramente en su presencia.

"Bien, en ese caso me voy ya, Parvati me está esperando en la entrada y conociéndola seguro que ya tiene el motor en marcha." Comunicó la chica bromeando solo a medias y completamente convencida de las capacidades de su hermana gemela. Por desgracia para Padma, había conocido el significado del término conductor agresivo en el mismo momento en el que su hermana se había sentado tras el volante. Lo que había costado convencerla de que las rotondas no debían tomarse a dos ruedas o que los límites de velocidad no eran simples sugerencias.

"Nos vemos mañana" se despidió Hermione con la mano a una Padma ya prácticamente de espaldas.

"Ah sí, se me olvidaba" dijo de pronto Padma dándose la vuelta rápidamente y sorprendiendo a Hermione con el brusco movimiento. Pero esa sorpresa no fue absolutamente nada, comparada con la de sentir unos cálidos labios en la comisura de los suyos, envueltos en un aroma a madera y eucalipto mezclados con esencia de té de azahar. "Feliz día oficial del beso a Hermione."

Dejando a la castaña en un estado de shock catatónico y a una animadora al borde del asesinato con premeditación y alevosía, Padma finalmente se retiró de la escena con unos pasos cada vez más ligeros y alegres. Hermione tardó varios minutos más en reaccionar ante lo que había pasado, a esas alturas y gracias a las tendencias violentas de la otra gemela Patil estarían ya a medio camino de su casa.

Sin percatarse de que Fleur también parecía haberse quedado clavada al suelo, inició su camino una vez más, haciendo despertar de sus sanguinolentas fantasías a la animadora. La cual no tardó en procesar que Hermione se iba y a la que por suerte alcanzó en el aparcamiento gracias a la largura de sus piernas.

"Espera Hermione por favor" suplicó Fleur al ver que la castaña la ignoraba y continuaba su camino sin una sola mirada. Por alguna razón eso le dolió incluso más que las marcas de los dedos de William que sabía no tardarían en aparecer en sus brazos. " Je suis désolé."

"Que quieres Fleur?" preguntó la chica finalmente deteniéndose y haciendo esfuerzos titánicos por enmascarar su exasperación. El licántropo de su interior se había despertado en pie de guerra tras cederle momentáneamente el control para golpear al chico y le estaba costando mucho volver a encerrarlo. La presencia de Fleur no estaba ayudando precisamente.

"Hablar contigo un momento" respondió Fleur con el corazón encogido al notar el tono de la otra chica. "Sobre lo que ha pasado en el pasillo."

"Tengo recados que hacer Fleur, tengo prisa" prácticamente gruñó Hermione sintiendo hervir la sangre al recordarlo. Debería haberse dejado llevar por su instinto animal y haberle arrancado la garganta de un zarpazo.

"Yo te llevó" gritó a la desesperada la chica viendo que Hermione ya se había dado la vuelta para marcharse. No sabía muy bien por qué, pero no quería dejar las cosas tensas entre ellas y por ello no podía dejar que la chica se marchara sin oírla."Tengo el coche aquí al lado, y es lo menos que puedo hacer. Por favor."

La castaña no supo si fue el brillo de desesperación de los ojos azules de la otra chica o la súplica en sus palabras lo que la hicieron ceder a su petición. Era verdad que tenía que pasar por una tienda de la otra punta de la ciudad para encargar la pintura que necesitarían para la biblioteca y supuso que mientras llevara las ventanillas abiertas, podría controlar al animal que aullaba en su mente. Por suerte parecía centrado en acabar con la existencia del jugador que había osado desafiarlo y no en lo que hacía el resto de la gente, Fleur incluida.

El paseo hasta el coche, así como los siguientes diez minutos de trayecto en el vehículo se llevaron a cabo en un incómodo y pesado silencio que ni las más modernas canciones provenientes de la radio podían romper. No fue hasta que Fleur aparcó el coche donde la chica le había indicado que finalmente se volvió hacia Hermione.

"Merci. Por lo de antes. Gracias por salvarme." Sus ojos se clavaron en los oscuros de la castaña y se negó a dejarlos ir. Al menos hasta que se posaron sobre la ceja hinchada que había comenzado a oscurecerse de modo cada vez más aparente. Emitiendo un sonido lastimero su mano derecha no tardó en posarse con suavidad sobre la zona herida asegurándose de no ejercer presión alguna sobre ella. "Esto ha sido por mi culpa. Lo siento tanto Hermione."

Ignorando a duras penas el escalofrío que le había surcado al oír su nombre de sus labios y la flojera de piernas que le había entrado al sentir la palma de su mano sobre su cara, Hermione carraspeó para ordenar sus súbitamente desordenados pensamientos.

"Eso no tiene importancia. Pero que ha pasado? Te habría golpeado de verdad. Fleur. Eso es muy serio y preocupante." Intentó razonar Hermione siendo ella esta vez la que fijó su mirada sobre los ojos azules. "Necesito que me cuentes la verdad, alguna vez te ha pegado?"

"Claro que no" respondió Fleur rápidamente. Demasiado rápidamente lo que hizo que Hermione entrecerrara los ojos. El licántropo estaba deseoso de salir y la ira que la propia Hermione estaba sintiendo solo parecía estar alimentándola aún más. Oleadas de calor comenzaron a surcar su cuerpo y apretó aún más la boca al sentir como los dientes de alargaban en el interior de la misma. Fleur debió de notar algo que traicionaba el semblante impasible de la chica por que volvió a insistir en ello. "William nunca me ha pegado. De veras. Es solo que últimamente está muy raro. Bebe mucho, y siempre parece cambiar de emociones tan rápido… Tarde o temprano estalla por la menos tontería y suele desahogarse con el resto. Hasta hoy siempre había sido verbal o algún que otro agarrón demasiado fuerte. Lo de hoy ha sido una sorpresa también para mí."

Ver a la chica temblar tratando de conseguir retener las lágrimas fue lo único que mantuvo a Hermione dentro del coche y evitó que cometiera un asesinato cruel, sanguinario y en plenas facultades mentales. Sabía que confesar eso había tenido que ser difícil, ella también había tratado de justificar el comportamiento abusivo de su tío en demasiadas ocasiones antes de darse cuenta de que ni era una fase ni que iba a parar. La simple idea de que Fleur hubiera tenido que pasar por algo parecido a eso por culpa de William provocó en Hermione más de un sentimiento desagradable.

"Seguro que piensas que soy una tonta." Murmuró de modo auto despreciativo la chica ante el silencio de la castaña. "No es un buen chico, al menos ya no lo es. Qué clase de idiota seguiría saliendo con alguien así?"

"Para nada" negó categóricamente la chica furiosa al pensar que Fleur pensara así de ella misma. "Creo que eres una chica muy lista, que tal vez ha cometido algunos errores al confiar en alguien como él. Pero eso es todo. Tu mayor error ha sido confiar en quien ha abusado de tu confianza y lealtad. Es él, el que debería sentirse como la mierda que es, y no tu."

"De verdad lo crees así?" preguntó tímidamente Fleur. Ante el seguro asentimiento de la castaña se sintió mucho mejor. Lo cual hizo que se sintiera mucho peor por cómo había reaccionado en el pasillo. "Siento lo del pasillo."

"No te preocupes por ello, no ha pasado nada." Volvió a restarle importancia la castaña, ahora más tranquila al ver la sonrisa de Fleur.

"Pero te ha golpeado por mi culpa!"

"De eso nada. Me ha golpeado porque él así lo ha querido. No es culpa tuya." Volvió a negar Hermione demostrando su cabezonería.

"Puedo al menos invitarte a algo como compensación? O agradecimiento? Por favor" pidió la chica poniendo esos ojitos de cordero degollado que tan bien habían funcionado siempre en su padre. Hermione ni siquiera tuvo una oportunidad, fue verlos y sentirse conquistada.

"Me gusta el helado" murmuró por fin la castaña, olvidándose de cualquier idea de derrota en el mismo instante en el que Fleur aplaudió emocionada y le dirigió una súper sonrisa solo para ella que realmente iluminaba todo su rostro.

Finalmente, habían entrado en la tienda de pinturas donde Fleur había acabado mostrando tener buen ojo para la decoración y el diseño (vaya sorpresa) y enseguida había cambiado el verde lima que Hermione tenía pensado adquirir por un bonito granate rojizo, que había asegurado daría un toque de distinción a cualquier biblioteca. El resto de la tarde la habían pasado paseando y charlando acerca de todo y de nada mientras disfrutaban de dos sendos helados cortesía de la chica francesa que no había parado hasta conseguir los helados más grandes de toda la heladería. No le había costado mucho pedir su especial, coco y chocolate con fragmentos de avellana, mientras que Hermione se había decantado por el clásico chocolate y nata. Habría sido demasiado complicado explicarle por qué no conocía el resto de los sabores o por qué solamente los había probado antes de cumplir los siete y nunca más después. Bueno, al menos durante los cumpleaños de Draco, este solía llevarles de contrabando todo el helado que solía sobrar de las aburridas fiestas que su padre le organizaba y durante todo ese día, solían atracarse. El sabor siempre era el de chocolate nata y vainilla, aunque la castaña podía admitir que ese último no era santo de su devoción.

Cuando finalmente llegaron a casa de Fleur, ambas chicas estaban riendo y bromeando sin las preocupaciones con las que habían partido y sintiéndose mucho mejor con el mundo. Como la caballera que se consideraba, Hermione la acompañó a la puerta para asegurarse de que esta llegara sana y salva al interior.

"Me lo he pasado muy bien" dijo Fleur en cuanto estuvieron delante de las grandes puertas de madera de su casa. Desde hacía mucho tiempo había podido disfrutar de una tarde agradable en muy buena compañía y sin tener que preocuparse sobre los cambios de humor de su pareja. Realmente no le apetecía terminar la tarde.

"Yo también. Gracias por el helado." Agradeció la castaña sonriendo una vez más. Había sonreído más veces solo en esa tarde que en los últimos tres años juntos. Había sido prácticamente un sueño hecho realidad. Pero como todos los sueños este también debía tocar a su fin. "Buenas noches Fleur, que descanses."

"Hasta mañana Hermione." Se despidió la chica y antes de que la otra chica pudiera marcharse, tiró suavemente de su brazo derecho atrayéndola hacia sí y besando larga y dulcemente la comisura de sus labios. "Feliz día del beso a Hermione."

Los latidos del corazón de Hermione se dispararon, su tensión arterial se disparó sin remedio y sus piernas se volvieron de gelatina al notar esa suave caricia de los labios de Fleur prácticamente sobre los suyos. Entro en prácticamente estado catatónico y por ello su usualmente hiperactivo cerebro no captó diversos factores de ese momento, como la sonrisa satisfecha de Fleur al ver el rostro sonrojado de la castaña, la entrada de esta a su casa o tal vez siendo la más curiosa, el hecho de que sus labios se habían posado exactamente en el mismo lugar en los que los de cierta animadora india se habían posado por menos tiempo y de esa manera borrando cualquier rastro que pudiera haber quedado por minúsculo que fuera. Y no se enteró porque sencillamente estaba viviendo el mejor instante de su vida en una espiral de repetición que la mantuvieron anclada a ese sitio durante al menos varios minutos más. De haberse dado cuenta, la sonrisa satisfecha de Fleur habría aumentado su tamaño sin duda alguna.


Dentro de la mansión Delacour:

Apenas había entrado por la puerta cuando las voces de sus padres la atrajeron hacia el salón impidiendo que Fleur pudiera pensar en sus últimas acciones. No obstante, últimamente la presencia de sus progenitores había sido escasa en la casa, por lo que accedió a demorar sus pensamientos durante un par de horas a favor de la planificación del cumpleaños de su hermana. Contenta con volver a tenerlos en casa, puso rumbo al salón para acercarse a saludarlos.

"Oh Fleur querida, estás en casa" se alegró Apolline al ver a su hija mayor entrando a la habitación con la misma gracia de siempre. Les había preocupado un poco marcharse con ella aún convaleciente de esa horrible gripe, pero ante la insistencia de la propia Fleur, habían partido a Praga para asistir a una importante reunión con los accionistas mayoritarios. Por suerte ahora gozarían de un buen periodo de tranquilidad sin la necesidad de viajar al extranjero. "Me alegro de verte mejor, tienes buen aspecto cariño."

"Merci maman" dijo la chica posando un cariñoso beso en la mejilla de su madre y abrazando después a su padre. "Habéis tenido un buen viaje?"

"Sí cariño, por suerte la tormenta se desvió hacia el sur en el último momento." La tranquilizó su madre acariciando suavemente su mejilla. "Que tal todo por aquí?"

"Todo bien maman" contestó esta vez Gabrielle desde su posición colgante del cuello de su padre.

"Eso está bien" el pobre Armand seguía intentando respirar a pesar del peso cada vez mayor en sus vías respiratorias. "Te has hecho muy mayor mon ange"

"No estarás diciendo que he ganado peso?" preguntó indignada la jovencita liberando de inmediato el cuello de su padre para cruzarse de brazos delante de él con gesto adusto en el rostro.

"Por supuesto que no cariño" se apresuró a negar el buen hombre. Tras tanto tiempo conviviendo con tanta mujer había aprendido algunas cosas y la de nunca comentar el aspecto físico, a no ser que fuera con la intención de halagar, había sido de las primeras. Aún portaba la cicatriz, oculta por su mata de pelo, lograda a consecuencia de una lámpara que había impactado contra su cabeza. Nunca había vuelto a comentar a Apolline a lo largo de ese embarazo ni el siguiente lo hermosa, que se estaba poniendo. Una vez y no más, eso seguro. "Solo me refería a que has crecido mucho, pronto serás más alta que yo."

La mirada de la chiquilla solo pareció afilarse con ello, así que sabiamente el buen hombre decidió cambiar el tema de conversación hacia algo menos peligroso. A fin de cuentas en ese salón había mucho mobiliario móvil y no quería tentar a la suerte.

"Bueno, entonces este año lo celebraremos también en Cygne l'Écarlate?" quiso Armand aprovechando que estaba toda la familia presente y volviendo al tema que estaban tratando antes de la aparición de su hija mayor. Desde siempre habían salido fuera a cenar a algún restaurante del agrado de Gabrielle para celebrar su cumpleaños, y desde que habían llegado a esa ciudad, ese pequeño pero elegante restaurante francés había sido el preferido de toda la familia. Hacían una comida realmente exquisita a la que no le costaba esfuerzo hacerles recordar su madre patria. "Lo reservo entonces para el día siete? Por suerte este año cae en viernes. Qué me dices cariño? Lo podremos celebrar el mismo día de tu cumple. No te hace ilusión?"

"Si claro. Pero respecto a eso… había pensado…"comenzó Gabrielle poniéndose nerviosa al ver las miradas de sus padres clavadas en ellas. Dándose ánimos, la chica continuó expresando lo que tanta ilusión le hacía. "Voy a cumplir quince años y por eso había pensado… pensado que este año podía… no sé, salir con mis amigos a celebrarlo por ahí."

"Salir por ahí?" preguntó sorprendido su padre arqueando una ceja. "Como que salir por ahí? Por qué ibas a querer salir por ahí?"

"Oh Armand, no seas tonto, Gabrielle ya está en edad de celebrar su cumpleaños con sus amigos." lo interrumpió Apolline extasiada de que su pequeña quisiera invitar a alguien a la celebración de su cumpleaños. "En quien habías pensado querida?"

A la misma rapidez con la que apareció, desapareció la imagen de unos hermosos ojos azules y una sonrisa pícara y divertida haciendo que Gabrielle sacudiera la cabeza en un intento de borrar la imagen que su traicionera mente había conjurado.

"Había pensado en salir con Hermione y los demás" murmuró la chica carraspeando al notar la sequedad de su garganta. "Invitarlos a cenar y luego dar una vuelta por ahí."

"Una vuelta por ahí?" volvió a repetir su padre haciendo una más que buena imitación de un papagayo. Parecía que había algo en la frase por ahí que por algún motivo no conseguía asimilar "Como que una vuelta por ahí? Por ahí por donde? Y quien es esa Hermione? Y esos demás?"

"Armand, cálmate y deja que Gabrielle responda a tus preguntas de una en una. Querido a ese ritmo te vas a quedar sin oxigeno." Aconsejó Apolline sin perder la sonrisa en ningún momento. "Y ya conoces a Hermione, recuerdas? Es la chica que contratamos para que la ayudara con el inglés."

"Eh?" ahora que su esposa lo mencionaba, sí que conocía a la chica. De aspecto responsable y muy buenos modales, algo callada pero muy trabajadora. Desde que Gabrielle había comenzado a dar clases con ellas, sus notas había mejorado enormemente y eso a sus ojos era algo digno de mención. Dentro de las posibilidades, suponía que esa chica no era la peor de las posibilidades ante la elección de amigos por parte de su pequeña, pero aún quedaba el tema de los demás. "Y quiénes son los demás? Quiero nombres. Y apellidos. Y edades. Y direcciones."

"Papa!" se quejó Gabrielle sintiéndose ya mortificada. Adoraba a su padre pero cuando este se ponía en modo papa oso, no había quien le soportara. Una vez durante una de las escalas que habían hecho en el aeropuerto de Fuimicino en Roma, un chico no mucho mayor que ella se le había acercado para preguntarla en un tosco italiano, si sabía dónde podía comprar postales porque su hermano pequeño las coleccionaba. Y lo siguiente que había pasado era que su padre había aparecido de la nada y había interrogado de tal manera al pobre niño, que esta había acabado echándose a llorar en medio del aeropuerto. Gabrielle había estado segura de que de haber seguido, incluso se habría mojado los pantalones. Y lo peor de todo había sido que lejos de parecer culpable por lo que había hecho, durante todo el viaje de vuelta su padre había lucido una sonrisa más que satisfecha tras lo que él había considerado espantar a aquel moscón inglés.

"Nada de papá jovencita." Se negó en redondo el hombre irguiéndose cuan largo era para demostrar lo serio que hablaba. Ningún moscón inglés iba a rondar a su pequeña si él podía evitarlo. Ya era malo que su Fleur hubiera acabado saliendo con ese memo de William Wesley, y no estaba dispuesto a que su pequeño ángel pasara por eso. "Así que venga, adelante."

Frunciendo el ceño, Gabrielle dirigió su mirada más triste y suplicante a su madre en un vano intento de que esta interviniera, pero apenas vio brillar el humor en los ojos azules de la matriarca, supo que esa ayuda no iba a llegar. Resignada a su suerte, volvió a mirar a su padre que yacía cruzado de brazos a la espera.

"Hermione Granger 16 años, Luna Granger 13 años" comenzó Gabrielle para luego titubear con lo siguiente. Sabía cómo se ponía su padre con estas cosas, pero tampoco es que tuviera muchas opciones. "Harry Potter 16 años y Draco…Malfoy, 17 años."

"Chicos mayores?" se indignó Armand con la negativa ya en la punta de la lengua. "Nada de eso. Y encima un Malfoy, de eso nada jovencita."

"Pero papá" se quejó inmediatamente Gabrielle ante la postura de su padre. "Son buenos chicos, y son amigos de Hermione."

"Me da igual, no pienso dejarte salir por ahí con dos chicos mayores que tu y a los que no conozco." Se negó en redondo el hombre queriendo dar por finalizada la conversación.

"Esa es una gran idea Armand" aplaudió Apolline ocultando su pícara sonrisa ante el rostro confundido de su marido. Adoraba a su esposo, pero había momentos en los que había que dirigir un poco su manera de ver las cosas, y ella estaba más que equipada para realizar eso y más.

"Lo es?" preguntó receloso el hombre. Ya eran muchos los años que llevaba casado con esa mujer a la que quería al menos tanto como al principio y a pesar de que era capaz de ver venir algunas de sus ideas, aún había muchas como esa, que le pillaban por sorpresa.

"Claro que sí. Invitar a sus amigos a cenar para conocerles es un plan maravilloso. Así podremos decidir si son o no de confianza." Casi aplaudió Apolline disfrutando quizás más de lo debido de la cara de besugo que se le había quedado a su amado esposo.

"Invitarlos a cenar?" repitió el pobre hombre, volviendo a adquirir el comportamiento de una cacatúa. "Aquí?"

"Claro que sí, los podemos a una cena familiar" asintió la mujer ya haciendo los planes pertinentes para organizarlo así. "También podemos invitar a Cho, Hermione y a la pequeña Luna, así Gabrielle tendrá dos celebraciones de cumpleaños, no te parece que se lo merece? Después de todo ha mejorado mucho sus notas."

"A mí me parece bien" coincidió Fleur aprovechando para meterse en la conversación y echarle un cable a su hermanita. Por lo que había podido ver de los chicos, estos eran buenos y dulces con su hermana y si encima Hermione confiaba en ellos, eso era razón suficiente para que Fleur también lo hiciera.

"Bueno, supongo que eso es aceptable" asintió Armand sabiéndose derrotado por las mujeres de la casa. Y al fin y al cabo, tendría carta blanca para interrogarlos como considerara. Solo de pensarlo, un agradable cosquilleo nació en la base de su nuca, mientras planeaba él también la cena y sus temas de conversación.

"Y por qué no invitar a los padres de Hermione?" tuvo de pronto la idea Apolline sin fijarse en el rostro pálido de su hija pequeña. "Así podríamos conocerlos de una vez por todas. Tengo ganas de conocer a los que han criado de manera tan esplendida a una jovencita tan encantadora."

Fleur también asintió encantada ante la idea de conocer a los padres de Hermione. Ante esa posibilidad, sintió como los nervios se adueñaban de su estómago sin poder evitarlo. Les caería bien? Se llevaría bien con ellos?

"No creo que sea una buena idea" murmuró la pequeña de la familia interrumpiendo bruscamente los pensamientos de su hermana mayor. Dos pares de ojos sorprendidos y unos indignados se posaron sobre la pequeña de la casa.

"Por qué no?" preguntó Apolline verdaderamente sorprendida. A ella le parecía una idea estupenda y realmente tenía ganas de conocer a los padres de la chica a la que tanto apreciaba. No se le pasaba por alto que la chica venía de una familia menos acomodada que la suya, pero esperaba que esa no fuera razón para la reticencia de su hija pequeña, no era así como había criado a sus pequeñas.

"Porque, bueno…" titubeó Gabrielle mirando a todas partes menos a los ojos de su madre.

"Creía que Hermione y tú os llevabais bien?" cuestionó la mujer presionando por la respuesta de su pequeña. Tampoco se le había pasado por alto que su pequeña estaba casi tan maravillada con la castaña como con su propia hermana. Hermione la había sacado de casa y la había introducido a un grupo de amigos que aunque al principio la había preocupado un poco al saber que eran mayores, no podía ignorar que su hija cada día parecía más feliz. Y desde la aparición de la pequeña Luna, la sonrisa nunca abandonaba el travieso rostro de su hija menor. "Os habéis peleado?"

"No! Nada de eso maman" negó la chica presurosa.

"Entonces por qué no quieres que invite a sus padres?" cuestionó la mujer con una Fleur asintiendo para reforzar la pregunta de su madre. Por qué quería Gabrielle negarla la posibilidad de conocer a los padres de la castaña?

"Hermione… no tiene padres" murmuró Gabrielle levantando la mirada para clavarla en los abiertos ojos de su madre. "Vive con su tío."

"Oh dios mío! Pobre muchacha" se compadeció de inmediato la mujer llevándose la mano al pecho apenada. No vio como su hija mayor copiaba su movimiento inconscientemente con la mirada nublada por el desconcierto.

Gabrielle se encogió de hombros sin saber que más decir mientras dejaba que la noticia fuera asimilada por su familia. Ella tampoco se percató del semblante cada vez más angustiado de su hermana.

"Pero, pero, Hermione nunca ha mencionado nada al respecto. Ni cuando estuve enferma ni esta tarde al pasear. Ella siempre está dispuesta a escuchar, cada vez que me quejo de todo o de lo pesada que es a veces mi familia lo hace con una sonrisa en el rostro. Como puede ser que ella no, no, no tenga familia?" los pensamientos cada vez más caóticos de Fleur de amontonaban en su mente. Al principio de conocerla había tenido algunos problemas para conseguir atravesar los muros que la castaña parecía erigir a su alrededor, pero tras su temporada enferma en la que habían comenzado a charlar, Fleur había estado segura de que lo había conseguido. Solían hablar entre las clases y a veces incluso durante las mismas, a pesar de que la castaña no parecía de las que les gusta perderse las palabras del profesor. Incluso esa misma tarde en la que habían comido helado y paseado hasta que los pies le habían dolido, no habían parado de hablar. "O tal vez solo he hablado yo?" pensó de pronto angustiada la chica. Hermione siempre se esforzaba por escuchar todo lo que ella tenía que decir, pero acaso Fleur hacía lo mismo? Y si todo ese tiempo había estado siendo una egoísta? Dispuesta a hablar de todas sus preocupaciones, pero sin preocuparse de las otras?

Con tantos pensamientos agolpándose en su mente casi perdió el hilo de la conversación que había continuado sin ella.

"Y su tío? Qué tal si invitamos a su tío?" preguntó con menos entusiasmo la matriarca de la familia para volver a recibir una negativa de su hija pequeña.

"Creo que no se llevan muy bien" murmuró la chiquilla en lo que debía de ser el eufemismo del año. No vio como los ojos de su madre se entrecerraban ante esa nueva información, mientras las sospechas que había comenzado a dejar olvidadas en algún rincón de su mente volvían a renacer con fuerza.

Cuando Hermione había dado ese estirón y había dejado de parecer una niña menor que su Gabrielle, la mayoría de las sospechas que había acumulado a raíz de los bruscos movimientos asustadizos que había hecho al principio la castaña así como su más que evidente malnutrición habían sido relegados a un segundo plano en la mente de Apolline. Al principio había tratado de usar todos los pretextos que se le habían ocurrido para poder levantarle las mangas del jersey a la pequeña e incluso la camisa en busca de moratones. La maestría de la niña para evitar que lo lograra habían preocupado más que aliviado a la señora y lo que estaba oyendo en ese momento no le estaba gustando ni un pelo. Había querido pensar que tal vez los padres de la castaña simplemente tenían problemas para llegar a fin de mes y que por ello su hija había sufrido las consecuencias de una mala alimentación o una vestimenta inadecuada para el frío invierno que ya había comenzado. Pero con las nuevas noticias, a la buena señora le horrorizaba la idea de estar contemplando una realidad mucho más aterradora para la educada jovencita a la que tanto apreciaba.

Ajena a los oscuros pensamientos de su madre, Fleur daba cada vez más vueltas a su cabeza respecto a su tratamiento para con la otra chica. "Tampoco sabía que viviera con su tío o que se llevaran mal" continuó musitando Fleur cada vez más deprimida ante la idea realmente no haber prestado atención a la otra chica. Sí que se había dado cuenta de que Hermione se negaba a revelar donde vivía o que la vez que la había acercado en coche, esta había insistido en apearse delante de una parada de autobús lejos de cualquier posible vivienda. No le había dado más vueltas al asunto hasta ese momento y eso reafirmaba su teoría de que no había sido una buena amiga.

"En ese caso, solo a los jóvenes" redirigió de nuevo Armand la conversación. No estaba intentando ser grosero o insensible, pero había algo en los cada vez más oscuros y atormentados ojos de su esposa que le indicaron que un pequeño cambio en la conversación era necesario. "Que sabes de esos chicos Fleur? Imagino que los conoces?"

"No mucho" admitió la chica regresando a la tierra. Dándose cuenta de lo que acababa de decir y de cómo lo interpretaría su padre, se apresuró a corregirse. "Bueno, no los conozco mucho en persona, pero solo he oído hablar maravillas de ellos. Hermione confía plenamente en ellos, y por lo que he visto, ambos tratan muy bien a Gabrielle. Tan bien como a su prima pequeña a quien parecen adorar."

Y era cierto. A pesar de que personalmente no los conocía mucho, sentía que ya los conocía por como la castaña hablaba siempre de ellos. Eso le hizo reflexionar y algo del peso de sus hombros fue levantado al darse cuenta de que sí que escuchaba a la castaña cada vez que esta hablaba. Puede que no le resultara hablar de sus padres fallecidos o de la mala relación con su tío, eso era algo comprensible. Pero Fleur estaba dispuesta a ser paciente para que llegado el día, la castaña pudiera confiar en ella tanto o más de lo que ya parecía confiar en su hermana pequeña. Y de ahí nació la firme resolución de intentar demostrar a Hermione que podía contar con ella, para lo que fuera.

"Hmm" meditó el hombre cruzándose de brazos. Por el trato que había tenido hasta el momento con esa muchachita, la consideraba responsable y juiciosa y eso le tranquilizaba un poco más. A fin de cuentas, por mucho que fuera a interrogar a ambos chicos durante la cena, ese no era tiempo suficiente para conocer a una persona a fondo, y el pobre hombre no quería confiar la seguridad de su pequeña a dos malandrines inglesitos que pudieran hacerla daño.

"Y Harry es además el novio de Cho. Seguro que no lo sería si ella no lo considerara bueno" añadió Gabrielle tratando de ayudar a convencer a su padre. Aunque cuando había dicho eso, no había tenido en cuenta la reacción de su propia hermana.

"Qu'est-ce?" gritó sorprendida Fleur casi logrando hacer vibrar las ventanas. "Cuando diantres a pasado eso?"


Martes al atardecer:

Con los últimos rayos del sol alumbrando escasamente el camino a seguir, el grupo cada vez más intranquilo se internaba más y más en el frondoso bosque. Todos habían estado de acuerdo en dejar aparcado el coche de Draco en la mansión y andar hasta el lugar que consideraran más alejado en el bosque. Habiendo nacido en la ciudad y criándose oyendo su historia, todos sabían que ese bosque era uno de los pocos verdaderamente salvajes que quedaban en el país. Conectaba con una larga cordillera de montañas que siempre habían estado alzándose imponentes en el horizonte. Racionalmente, los tres adolescentes sabían que no podrían llegar a las lejanas montañas en una noche, y menos si al día siguiente querían estar de vuelta. Pero a juzgar por el paso que llevaban y lo lejos que estaban llegando, nadie lo podría asegurar.

Luna iba en último lugar, maravillada por la cantidad de nuevos olfatos que su nariz estaba captando y deseosa de que la primera transformación de la mitad de su manada concluyera. Tenía ganas de que los chicos se relajaran y que la espalda de Hermione dejara de tensarse a cada ruido que oía para poder compartir con los suyos los placeres del don de la licantropía. Estaba deseosa de tener compañeros de carreras y en el fondo de su corazón una desagradable angustia hacia su propia transformación que según apareció hizo desaparecer al más recóndito rincón de su mente. Ese era un día importante para Harry y Draco y en cierto modo también para Hermione. Esa noche se convertiría de verdad en el alfa de una autentica manada de licántropos, y a pesar de que siempre existía la posibilidad de que alguno de los animales interiores de los muchachos tratara de hacerse con el liderazgo, Luna sabía que estaba destinado a fracasar. Ni siquiera el gran Greyback había sido capaz de dominar al animal de la castaña y aunque en cierto modo pudiera resultar preocupante, Luna confiaba en la sabiduría de los narglers que auguraban una perfecta noche de armonía lobuna.

"Creéis que así de lejos funcionará?" preguntó intranquilo Draco tras llegar a lo que parecía un enorme desfiladero. Era como si alguien hubiera tomado un gigantesco y descomunal cuchillo y hubiera decidido cortar la tierra en ese punto, haciendo imposible continuar. Calculando a ojo, debía haber más de doscientos metros de caída libre hasta el fondo del barranco. "Luna?"

"Un licántropo es capaz de moverse a gran velocidad y recorrer largas distancias en una sola noche" informó Luna asomándose al barranco. Era un profundo agujero sin duda, donde el suelo era difícil de ver con la escasa luz del sol, pero a Luna no le cupo duda de que incluso su forma lobuna sería capaz de descenderlo sin apenas apuro. "Pero si a lo que te refieres es si bastará para no llegar a la ciudad, supongo que sí. El instinto de un licántropo en su primer despertar, suele ser llevado por su instinto. Primero hacerse a su forma completa, luego cazar y por último marcar su territorio. En este caso la mansión es nuestro territorio así que no necesitareis marcarla, por lo que seguramente pasareis toda la noche familiarizándoos con el bosque y cazando en el. Al contrario de lo que parecéis pensar, los licántropos no se sienten atraídos por las luces y el bullicio de la ciudad. Es más, con un terreno de caza tan inmenso como este, dudo mucho de que quieran conocer de donde provienen los ruidos de los humanos. Al menos no sin ingerir carne o sangre humana tras el cambio."

"Y para eso hemos traído la sangre de vaca y cerdo de los termos" recordó Hermione depositando su mochila en el suelo. No había recordado que los chicos necesitarían sangre para la transformación hasta que Luna se lo había recordado y habían tenido que acceder a una cercana carnicería en busca de sangre de animales. Si el carnicero había encontrado algo raro en su pedido, no lo había dejado aparecer en su rostro. Por el momento prefirió ocultarles el hecho de que la sangre aún estaba caliente para evitar la coagulación de la misma. Por lo que Luna le había contado, era bastante desagradable encontrarse los grumos de la hemoglobina al beber y una vez oído eso había preferido no continuar con la conversación. "Así que tranquilos."

"Vale, y ahora qué hacemos?" preguntó Harry abanicándose con las manos en un intento de atraer una brisa aún más fresca a su rostro sudoroso. Al igual que le había sucedido a Hermione un mes atrás, ambos chicos habían comenzado a sentirse fatal apenas el sol había empezado a ocultarse y en ese momento ambos estaban cubiertos de sudor y temblando sin motivo. El helado aire de la montaña apenas parecía dejarse notar en los cuerpos encendidos de los futuros licántropos.

Para sorpresa de Hermione, su cuerpo también había reaccionado de igual manera y no había sido hasta que Luna le había asegurado que eso le seguiría pasando durante muchas lunas llenas más, que se había calmado. O bueno, todo lo que pudiera una calmarse en esa clase de situación.

"Yo me ocuparé de daros la sangre ya que seré la única que mantendrá la cabeza fría cuando la luna llena asome" explicó Luna mirando instintivamente al cielo cada vez más oscuro. La noche estaba tejiendo su eterno manto mucho más rápido en la montaña que en la ciudad. No tardarían mucho en comenzar. "Os aconsejo que os libréis de la máxima cantidad de ropa posible ya que acabará hecha trizas en cuanto os transforméis. No estoy segura del tamaño que tendréis, pero seguro que vuestra ropa no os valdrá. Además, por lo que tengo entendido es bastante incómodo correr con ella."

Sin mucho más que añadir, los tres comenzaron lentamente a desnudarse, agradecidos en el fondo por no sentir el gélido viento invernal que les rodeaba. Debido a los golpes, moratones, caídas y palizas que habían recibido a lo largo de sus vidas, el cuerpo de los otros no era precisamente desconocido para ellos, pero aún así agradecieron la oscuridad reinante y tan solo se deshicieron de todo menos de los calzoncillos. En el caso de Hermione, también hizo falta librarse de una de las prendas íntimas que no tardaría en oprimirle el pecho en cuanto este se volviera ancho y musculoso, pero se aseguró de dejarse puesta la larga camiseta que llevaba en un intento de compensar la situación. Ninguno quiso comentar acerca de la situación en la que se hallaban.

"Y ahora? Esperamos?" quiso saber Harry, comenzando a sentir un dolor molesto en todo el cuerpo, como si alguien se hubiera decidido a tensar todos los músculos de su cuerpo al mismo tiempo.

"Sí. El cambio ya ha empezado, pero os sugiero asomaros a la luz de la luna. Eso siempre acelera mucho el cambio" aconsejó la pequeña recogiendo la ropa que se habían quitado y guardándola con cuidado en la mochila. Siendo la única que no cambiaría del todo y que no perdería la razón, habían decidido encomendarle la tarea de llevar la mochila con sus vestimentas. A ninguno le había gracia la idea de tener que volver al día siguiente a casa en paños menores. O sin paños.

Arrastrados por una fuerza invisible tan antigua como los mismos árboles que los rodeaban, Harry y Draco dieron el primer paso al unísono adentrándose de lleno en la luz de luna llena que acababa de inundar parte del camino por el que habían venido. Hermione un poco más consciente de lo que la llamada implicada, pudo detenerse a tiempo, deseosa de observar el proceso por si este saliera mal. Tal y como Luna había explicado, la transformación de ambos chicos al tocar los rayos lunares, prácticamente salió de la nada. Con dos chasquidos simultáneos que resonaron aún más altos en los oídos aún no transformados de la castaña, ambos muchachos cayeron al suelo con idénticos gritos de dolor. Una vez en el suelo, ambos comenzaron a convulsionarse y pronto comenzaron a manifestarse los primeros cambios físicos, comenzando por la columna. Con más chasquidos escalofriantes, la espalda de los chicos se arqueó duramente sin el consentimiento de ninguno de los dos, y no tardó en ser fácilmente visible a través de la piel. La falta de ropa que llevaban evitaba tener que rasgar las ropas y que el cambio fuera más fácil de apreciar pero no por ello más fácil de sufrir.

Una vez arqueadas las espaldas, se enderezaron casi acto seguido tirando de las cabezas de los chicos hacia atrás. El pelo extra ya había comenzado a crecer y los temblores comenzaron a sucederse mucho más rápidos. Las uñas se extendieron, las piernas se alargaron y el resto del cuerpo ganó tanto músculos como peso extra. Las nuevas filas de costillas no tardaron en inflar los tórax de ambos muchachos obligándolos a jadear por el esfuerzo que ahora suponía respirar. Draco fue el primero en perder el control de su estómago y vació el contenido del mismo unos cinco segundos antes que Harry. Eso solo dificultó aún más su capacidad de respirar bocanadas de aire fresco a sus ardientes pulmones. Esa pareció ser la señal que luna esperaba, porque la pequeña rauda como el viento y con dos termos destapados se acercó a los dos muchachos ofreciendo el contenido de los mismos. Como marionetas manejadas, ambas cabezas se giraron al unísono y no tardaron en hacerse con los termos de tan buen olor. A pesar de la falta de oxigeno y de las cada vez más preocupantes convulsiones, ambos fueron capaces de beberse el rojo líquido. Sus efectos fueron tan rápidos como el efecto de los rayos lunares.

Como si nunca hubieran tenido problemas para respirar, ambos tomaron una enorme bocanada de aire frío que sirvió para enfriar sus interiores y darles un poco de paz haciendo desvanecerse parte de su dolor. Pronto sus gargantas dejaron de ser capaces de pronunciar sonidos humanos y los gruñidos invadieron el bosque. Las orejas se alargaron y cambiaros su localización en el cráneo, para acabar de punta a ambos lados de la cabeza. Los sentidos aumentados no tardaron en enviar al cerebro más información de la que este podía procesar, consiguiendo de esa manera desorientarlos y confundirlos. Como gran acto final, la columna se alargó para formar la cola y el pelo finalmente terminó de cubrir todo el cuerpo con gran espesor. Apenas un instante después y con los hocicos lobunos recién formados, ambos se irguieron sobre las patas traseras y echaron la cabeza hacia atrás para comenzar a aullar a la luna.

Con una satisfacción y orgullo que Hermione sabía que no provenía de sus propios sentimientos, sus piernas comenzaron a avanzar hacia el rayo de luz lunar que tanto parecían ansiar y no tardó en empezar a sentir los primeros temblores. El coro de aullidos de su manada hizo brotar una sonrisa fascinada en su rostro y según comenzaban sus propios cambios, oyó a su lobo aullar de puro gozo en el interior de su cabeza. Por fin, su manada había despertado y después de tanto tiempo había dejado de estar solo.

"Y hasta aquí por hoy. En el próximo capítulo tendremos el cumpleaños de Gaby, el torneo de animadoras así como más interacción entre las chicas. Por supuesto que Padma también asistirá al evento y… bueno eso ya habrá que leerlo a la próxima."

"Y si alguien ha pillado el Crossover/Cameo de un par de personajes... os habreis ganado cookies virtuales ;)"

"Muchas gracias por haberlo leído y como siempre todos los comentarios/desvaríos serán bien recibidos ya sean buenos o malos (las amenazas y las sugerencias/demandas de suicidio hacia mi persona serán recibidas solo que no tan bien como el resto). Ya no digo cuando trataré de subir el próximo capítulo por que es cuando parece que más tardo en ello. Así que simplemente diré que lo subiré lo antes que pueda. Gracias por leer el capítulo y hasta la próxima. Paz y amor"