Aclaración: Los personajes y lugares reconocibles son propiedad de Stephenie Meyer. El argumento y demás ingredientes de esta obra, son de la autora.
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Chop and Change
Capítulo trece
La evidencia de nuestro encuentro en el coche estaba colgando sobre mis hombros. Mi sostén estaba completamente expuesto en el frente, y traté de cubrir la tela de encaje azul cruzándome de brazos sobre mi pecho. Tenía una mirada culpable y de "perfectamente recién follada" escrito en mi rostro. Sabía que, mientras subíamos las escaleras hacia el departamento, Emmett tendrá un gran día con esto.
Ya van dos veces en el día en que a Edward y a mí nos encuentran con los pantalones abajo… bueno, por así decirlo. Tiene que ser un récord o algo.
Por suerte, no había nadie cuando llegamos a casa, y me apuré hacia la habitación para cambiarme la camiseta. Estaba arruinada. La delgada y casi transparente tela era delicada, no tomaba mucho romperla. Tenía la sensación que Alice estaría un poco molesta conmigo. Además de mis converse rojas, la camiseta era lo único que ella me había regalado.
Acostada boca abajo en la cama, vi como Edward instalaba la traba para la puerta. Estaba usando mi destornillador. La única arma que había traído conmigo, no solo para defenderme, sino para robar coches. Por extraño que parezca, era la única herramienta que tenían en todo el departamento.
—Así que, si no fuera por mi y mi fiel destornillador, ¿ni siquiera tendrías una herramienta para instalar ese traba, eh? —pregunté, haciendo girar la cinta en mi dedo.
Edward me miró y sonrió.
—Si no fuera por ti, no me importaría una mierda sobre instalar esa traba en primer lugar.
Me senté, sorprendida.
—¿En serio?
—En serio —dijo, quitándose el sudor de su frente.
No estaba acostumbrado a los trabajos manuales.
—Bueno, ¿y qué tal… antes de mí… con otras chicas? —pregunté, mi voz quebrándose un poco al final.
Él se encogió de hombros.
—No me importaba.
—¿No te importaba si alguien entraba aquí mientras estabas teniendo sexo con una chica? —pregunté, echando mis piernas a un lado de la cama—. ¿No querías privacidad?
Toda la conversación era inquietante, y pensar en él con otras chicas era doloroso. Literalmente me causaba dolor en el corazón, pero tenía curiosidad por saber más sobre él: lo que piensa, lo que lo motiva, y eventualmente, con suerte, llegaré a saber sobre su familia.
Pero por ahora, tenía que caminar por las aguas turbulentas de las relaciones pasadas.
—No me importaba —respondió, soltando el destornillador y chequeando la puerta—. Pensé que si eran lo suficientemente estúpidos para entrar mientras follaba a una chica, entonces, esa es su maldita culpa.
Él estaba siendo honesto y directo conmigo. No había pretextos de mierda, y me decía exactamente como era. Eso era por qué él no se dio cuenta que su fría descripción de sus encuentros sexuales previos me había dolido demasiado. Estoy segura que si lo hubiera sabido, él hubiera sido más discreto y no tan directo con sus palabras.
Pero el daño ya estaba hecho, y para contrarrestar el dolor y los celos que me albergaban, tomé represalias. Lo que por dentro no era la respuesta más madura, pero todavía era nueva en esto.
—Si, puedo ver eso —le dije, tirando la cinta al aire y tratando de sonar indiferente—. No me importó cuando mi madre entró mientras yo y mi novio follábamos.
Eso era una mentira. Nunca pasó. Bueno, si, pero Mike nunca lo terminó. Él estaba sobre mí, dando vueltas a la envoltura del condón cuando Renée entró. La puerta tenía cerradura, pero no la usé ese día. Quería que me descubrieran. Quería que me viera en una situación comprometida. Ella ya pensaba que era una zorra, yo solo estaba reforzando ese pensamiento.
Pero Edward no sabía eso, y levantó su cabeza de golpe, mirándome con ojos entrecerrados.
Oh, si, ¿no se siente bien, no?
Me recosté en la cama, apoyándome sobre mis codos y crucé mis piernas.
—También fue una lastima que me hayan atrapado. Estaba tan cerca.
Apretó sus dientes y se levantó. Cada músculo en sus brazos estaban tensos, y sus manos estaban cerradas en puños. Lo vi mientras, lenta y calmadamente, cerraba la puerta. Le puso traba, y sonó un débil y bendito clic. Giró el pomo y jaló la puerta hacia él. Estaba cerrada y nadie nunca iba a interrumpirnos otra vez.
Se volvió hacia mí, y pude ver la lujuria y celos que irradiaban en él.
Me gustaba. Me excitaba. Así que, lo incité un poco más.
—Dios —suspiré, tirándome en la cama—, él fue el único tipo que podía tocarme de esa manera, ¿sabes?
Hubo silencio, y Edward no se había movido ni un centímetro. Tal vez necesitaba un poco más de persuasión.
Me puse creativa, deslizando mis manos por mi cuerpo y por sobre mis pechos y cabellos. No era la misma sensación ni tenía el mismo efecto que cuando Edward me tocaba, pero actué como si fuera la mejor cosa del mundo.
Yendo más lejos todavía, empecé a hacer gemidos suaves y eróticos.
—Mmm, tan bueno.
Tal vez fuera virgen y sin experiencia en algunas cosas, pero sabia lo que excitaba a los hombres.
Se escuchó un fuerte gruñido desde la puerta, algunos movimientos de pies, y entonces en un flash, Edward estaba sobre mí. Tomó de mis tobillos y tiró de mi cuerpo hacia él. Estuve completamente sobre la cama en un solo movimiento, y mi culo embistió contra sus muslos. Agarró mis caderas, poniendo todo su peso y presión sobre mí. Era fuerte y doloroso, probablemente luego me quedé un moretón.
Levanté mi vista hacia él con una sonrisa socarrona, pero se desvaneció rápidamente en un grito ahogado cuando vi que se había quitado su camiseta.
¡Por Dios! No juega limpio en absoluto.
Solo un par de veces pude ver a Edward sin camiseta, y cada experiencia dejaba a mis pulmones suplicando por aire. Los tatuajes estaban por dondequiera que miraba, y sus pezones tenían piercings, y deseaba demasiado deslizar mis dedos sobre ellos. Me era difícil poder pensar con claridad, mucho menos seguir con mi plan para darle celos. Mis ojos estaban muy consumidos por su cuerpo delgado y musculoso, con un estómago duro, y una estrecha V que caía por debajo de sus jeans—los cuales estaban ubicados por debajo de sus caderas. Un buen tirón y se deslizarían hacia abajo fácilmente.
—¿Quién es este jodido tipo que te hace gemir así? —preguntó, en voz baja y ronca.
—¿Por qué? ¿Estás celoso?
—No —dijo, apretando mis caderas—, solo te sigo la corriente.
—No estoy mintiendo —dije, haciendo una mueca de dolor mientras sus dedos penetraban en mi piel.
Aflojó su agarre y se inclinó hacia mí.
—Bella, sé que nunca antes has sido propiamente follada.
Mis ojos se cerraron mientras trataba de mantener la compostura. Su pecho estaba enrojecido contra mis pechos, y mi camiseta mata pasiones era la barrera entre tener contacto piel a piel con él.
—¿Crees que no sé la diferencia? —Sus labios rosaron mi cuello y hacia arriba hasta mi cuello y susurró—. Lo supe en el momento que te toqué esta mañana.
Me removí e incliné mi cuerpo hacia Edward, esperando silenciosamente que me lo recuerde. Él respondió del mismo modo, pareciendo leer mi mente mientras deslizaba las palmas de sus manos por mi cuerpo, y tomando fuertemente mis pechos.
Me fue difícil mantener constante mi respiración. Cada roce de él, no importara cuan mínimo, hacia que mi cuerpo reaccionara. Era obvio que le estaba mintiendo.
Movió su boca desde mi oído hacia mi pecho. Sus manos se movieron hacia el borde superior de mi camiseta y, de un tirón, la tiró hacia abajo junto con mi sujetador, exponiendo mis pechos al aire. Mis pezones, los cuales estaban duros por mi excitación, se endurecieron aún más.
Dio vueltas sobre ellos con su pulga y solté un gruñido.
—Mierda. Esta mierda necesita irse.
Soltó mi camiseta y sujetador, y ambos volvieron a su lugar. Se sentó derecho y me llevó con él. Mis manos se aferraron a su cintura para mantener el equilibrio, y mis dedos me picaron ante el calor de su piel.
Edward se inclinó hacia abajo y sacó mi camiseta por mi cabeza. Luego desabrochó mi sostén, lanzando el último pedazo de tela a un lado. Me recostó de nuevo sobre la cama, cerniéndose sobre mí. Sus brazos y codos estaban bloqueados mientras bajaba su cabeza y dejaba besos sobre la piel, empezando por mi vientre. Cuando volvió hacia mis pechos, desnudos y disponibles, arqueé mi espalda y me aferré de las sábanas.
Tomó mis pechos en sus manos, empujándolos juntos y creando algo de necesitado escote. Movió su lengua, lamiendo un pezón a la vez, y alternando entre ellos.
Mordí mis labios, conteniendo los gemidos entrecortados que querían salir. Cerradura en la puerta o no, no quería que el mundo supiera lo que estaba ocurriendo.
Besó y lamió mis pechos y yo quería más y más. Me estaba calmando, al ser todo tierno y nada rudo con sus atenciones. Era verdad. Nunca antes había sido propiamente follada y el pensar en tener sexo por primera vez con él me ponía nerviosa, pero no podía negar cómo me hacia sentir.
Lo deseaba demasiado, y mi cuerpo dolía y rogaba por él, pero estaba yendo despacio conmigo. Probablemente sabia cuan inexperta yo era, a pesar de mis gemidos de ramera.
Volvió sus labios a mi boca y mordió mi labio inferior, tironeándolo. Mis manos volaron hacia su cabello y tiré su cabeza hacia mí, besándolo. Lo que quería de él era la rudeza, y la pasión que anhelaba.
Retiró su boca de la mía y suspiró.
—Oh, nena, si fuera un hombre menos moralista, te follaría ahora mismo.
—Hazlo —jadeé—. Quiero que lo hagas.
—Lo sé. —Se rio entre dientes, besándome por el largo de mi mandíbula—. ¿Por qué otra razón tratarías de ponerme celoso, y luego gemir y tocarte a ti misma? Mierda, mujer, tu argumento fue muy persuasivo, pero yo sé mejor.
—Eres un jodido tomador de pelo —dije, moviéndome y rodando lejos de él. Estaba caliente como la mierda, y él se estaba deteniendo. No me hacia nada feliz—. Me calentaste para nada.
—¿Quién dijo que era para nada…? ¿Acaso dije que habíamos terminado?
Me tomó de los tobillos y me arrastró de nuevo hacia él. Había una nueva determinación detrás de esos ojos verdes. Desabotonó mis jeans, y levanté mis caderas. Ayudándolo a bajarlos por mi culo, y pronto estuvieron fuera, tirados y olvidados en algún lugar del suelo.
Estaba tumbada en la cama en solo mi ropa interior y Edward siseó, sacudiendo su cabeza.
—Jodidamente perfecta.
A continuación, separó mis piernas y se ubicó entre ellas. Su boca fue otra vez hacia mis pechos, pero esta vez, no fue gentil. Estaba siendo más contundente y necesitado, tomando mi pezón en su boca y succionándolo. Podía sentir su lengua rodando en las puntas, y solté un gemido entrecortado.
Ya no me importaba si estaba siendo ruidosa.
Edward embistió su dureza contra mí, y ya quería que él quitara el último obstáculo entre nosotros. Envolví mis piernas alrededor de su culo y lo jalé hacia mí. En respuesta, él mordió mi pezón y yo maldije fuertemente.
Levantó su rostro hacia mí y cubrió mi boca con su mano.
—Tienes que estarte quieta, nena —dijo y yo asentí—. Así es una chica buena.
Volvió a mis pechos, lamiendo, succionando y mordiéndolos. Estaba siendo demasiado, y podía sentir las ansias de gritar. Edward se levantó y se puso a un lado mío.
Tomó de mi barbilla y volvió mi cabeza hacia él, besándome, moviendo vigorosamente su lengua contra la mía. Se incorporó sobre su codo mientras que su otra mano se deslizaba por mi cuerpo, apretando mi pecho y pellizcando mi pezón. Continuó besándome, lentamente bajando su mano por mi vientre y finalmente yendo bajo mis bragas. Mi mano apretó su bícep, necesitando algún tipo de soporte mientras él se acercaba más y más.
Hizo una pausa, apenas sumergiendo sus dedos, posándolos por encima de mi clítoris y gemí.
—Por favor.
Él gimió, atacando mi boca mientras hundía sus dedos en mí. La restricción que antes tenía era cosa del pasado, y embestí mis caderas contra las suyas mientras él bombeaba dos dedos dentro de mí.
Clavé mis uñas en su piel y succioné su labio inferior en mi boca, poniendo su piercing entre mis dientes y tironeando de él. Él siseó y aumentó su ritmo, teniendo solo sus dedos para frotar mi raja. Con cada movimiento, provocaba que soltara un grito cada vez más fuerte que el anterior.
—Nena —me advirtió.
Cerré mis ojos con fuerza y traté de mantenerme quieta. Él insertó sus dedos en mí otra vez, yendo más rápido dentro y afuera, hasta que estaba al borde de la explosión. Su boca estaba sobre mi cuello, succionando y mordiendo la piel de allí, pero no era lo suficiente para marcarme. Su palma se presionó contra mi clítoris, y su pulgar masajeó la parte exterior de mis labios. Todo eso combinado con sus dedos acariciando y arqueándose muy dentro de mí, fue todo lo que se necesitaba.
Todo mi cuerpo se tensó cuando mi orgasmo se apoderó de mí. Duró muy poco para mi gusto, pero las secuelas de ello corrían por dentro de mí, haciendo temblar cada uno de mis músculos.
Edward se detuvo, esperando que mi respiración vuelva a normalizarse antes de sacar sus dedos de mi interior. Estaba sensible ante el tacto, e incluso con el más mínimo roce de su mano sobre mi clítoris me causaba un hormigueo.
Envolvió sus brazos a mi alrededor y besó mi nariz. Yo todavía seguía calmándome y tenía los ojos bien cerrados.
Después de un momento, cuando mi corazón se calmó, abrí mis ojos y lo observé. Me estaba sonriendo… no era solo una sonrisa, sino una sonrisa arrogante. Sus ojos verdes estaban brillando con suficiencia y extrema satisfacción.
—¿Ves la diferencia? —preguntó, pasando la yema de su pulgar por mis labios—. Y ni siquiera te he follado todavía.
