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Disclaimer: Esta historia es completamente de mi imaginación, utilizando los personajes del mangaka Masashi Kishimoto-san

Yo espero que sea de su agrado.


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CAMINO NINJA DEL SENTIMIENTO
Creer amar y aprender a amar son dos cosas distintas.

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• DÍA #125 •


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El sonido de los gruñidos de Hinata no sólo la despertó sino que provocó en Sasuke un dejo de culpa, pues haberse drogado sin notarlo la dejó aferrada a una cárcel con aroma a sake y sudor, pero aún después de ver que sus grandes ojos perla estaban abiertos de par en par y no lo enfocaron, permaneció sereno y relajado como si aún estuviera dormido. Ella se notaba inquieta, pero no por incomodidad, sino por preocupación.

¿Sasuke-kun? —murmuró tranquila levantando la cabeza lentamente.

Estaba tan cerca, ¡tan cerca!, que unos pocos centímetros distanciaba sus narices. Ella liberó un poco sus manos prisioneras entre los cuerpos y con mucho cuidado de no despertarlo llegó a su cuello para tomar su pulso; el tacto de sus dedos era tan cautivador, la temperatura de su respiración caía sobre sus labios y esa impaciencia de acercarse aumentaba con la velocidad de sus latidos al tenerla delante.

Su cuerpo estaba relajado, tranquilo, sereno, casi dormido, pero en su mente había una tormenta de vientos opuestos: uno lo empujaba cautivado por su cercanía, por su calor, y el otro lo retenía con firmeza por sus encarceladoras palabras dichas en la mansión meses atrás. No lograba comprender por qué lo atraía tanto después de unos pocos meses de convivencia, así como tampoco comprendía por qué despertó algo así de fuerte de un día a otro si ella sólo era una compañía obligatoria. No, no era amor... o eso se obligaba a pensar desde el momento que soltó su mano en la biblioteca y fue a meditar en su antiguo hogar. Sería muy estúpido de su parte sentir algo por alguien que no siente lo mismo, pero si lo analizaba con detalle, los sentimientos emergen por simple capricho y es cuestión de la persona encaminarlos por el sendero adecuado para no transformar algo puro en vano lodo.

Él era el más claro ejemplo de ello: la admiración a su hermano se transformó en rabia por su actitud injustificada —en aquel entonces— y cuando descubrió la verdad, esa rabia se convirtió en soledad y desprecio; él guió esa emoción por los peores lugares que podían existir. Así como uno le dice a las emociones caprichosas el camino a seguir, también las podemos transmitir; Naruto era su mayor expositor. Si veía todo eso desde el punto actual, osea, ese aprecio hacia la chica entre sus brazos: podía guiarlo y, tal vez, transmi... ¡No, qué estaba pensando! ¿Por qué lo haría? ¿Por qué dejaría fluir esa cálida sensación en su interior? Y lo más importante... ¿Por qué la transmitirla?

Hinata siente algo indudablemente fuerte por su estúpido amigo y... "Lo sentía... Lo sentía." Dijo su voz interna con un susurro tan pleno que por un instante temió haberlo expresado en el exterior. Movió la mano y la posó en su mejilla de forma natural y fluida, como si lo hubiera hecho muchas veces antes, pero sin dejar de lado la torpeza escondida de ser la primera vez. — ¿Sasuke-kun? — Existía una forma de saber si era o no era amor... o eso fue lo que leyó en todos esos tomos durante esas cuatro silenciosas horas en la biblioteca. Empezó a acercarse lentamente, teniendo en su mente que con un beso sabría si la amaba.

Listo.

Ningún problema.

Fácil, pero...

Pero si la besaba para saber si estaba interesado en ella de esa particular forma y no percibía el mismo sentimiento de regreso... ¿qué? Si la besaba sólo por mero capricho corporal y luego todo quedaba en la nada... ¿entonces qué?

Una parte de él no quería usarla para descubrir sus ocultos instintos carnales —que sabía, tarde o temprano saldrían—, pero tampoco quería descubrir si era amor porque... ¿Porque qué haría si era así? ¿Qué pasaría si ese aprecio se había vuelto amor por el dolor reflejado en el Distrito? ¿Él tenía permitido sentir algo así después de todo lo que había provocado? Era cierto que había ayudado a salvar al mundo shinobi, pero eso no le daba la libertad de poder olvidarlo con facilidad. Sentía que debía tenerlo presente, por ello negó el brazo... Era su castigo por su comportamiento.

Cerró los ojos, apartó la mano y se alejó de ella camino al baño sin decir una sola palabra.

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• DÍA #145 •


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Desde esa mañana, Sasuke pasaba lejos de ella la mayor cantidad de tiempo posible sin dejar de tener presente sus cuidados, por ello estaba de misión en misión hasta el presente día; a duras penas había cruzado un par de palabras rápidas una noche que regresó al departamento para darse una ducha y salir por las mismas. Kiba, Shino, Kurenai, Ino y Tamaki la visitaban a diario —turnándose, claro está— para dejarle la comida y que no se lastimara preparándola sola. Todo esto gracias a una vaga petición que llegó a Hanabi en la boca de Kunai la tarde en que Sasuke dejó el apartamento, fue ella quien le dio la información a los demás antes de partir en la misión con el Daimyo.

Kurenai y Mirai se habían ido hace poco, dejándole el desayuno, pero la puerta sonó una vez más.

— Hola... Hinata. —aún sin poder ver, reconocería esa voz.

— Sakura-san. —la dejó entrar.

Unas palabras algo secas salieron sin querer expresarlas en realidad, pues no era su culpa, pero no podía evitarlo ya que el dolor por el trato cordial que le dio Sasuke cuando salieron del portal seguía presente. Más aún si debía ir a su departamento —pensando en él— para realizar una revisión personal del proceso que llevaba su tratamiento —órdenes de Tsunade—. Cerró todas las ventanas y la puerta para que la luz del sol no fuera a lastimarla y le quitó la venda que ella misma había aprendido a apretar. Luego de chequear su avance, se dio cuenta que aún le faltaba otro mes más. Le pareció extraño en un inicio, pues Tsunade había dado el plazo específico de recuperación como con Karui —lo que ella no sabía era de sus constantes noches de tormento por lo sucedido con Naruto—, pero hasta ese punto y con la medicación, Hinata era capaz de apreciar color y siluetas si cerraba los ojos un poco, así que atribuyó la tardanza al efecto del sello en un portador del Byakugan.

— Si me acompañas al hospital, podremos hacerte un lente especial para que puedas valerte por ti misma; no más vendas.

— Claro.

Hinata se levantó algo indecisa por la actitud tosca de Sakura, pero no podía esperar menos; era ella la que se había casado con el amor de su vida. Era el mismo sentimiento que dejó salir en el Distrito aquella tarde con Sasuke para evitar desquitarse con Shion; Sakura no tenía con quien desahogarse.

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El trayecto, más que inquietante, fue silencioso entre ellas durante el camino al hospital, pero una vez allí, Hinata tuvo que tratar con otro médico y ambas ya no se encontraron hasta una hora más tarde; cuando salía de oftalmología con un nuevo par de lentes de marco lila que repelían los rayos más nocivos del sol y le permitían apreciar de nuevo la luz natural con tranquilidad.

— ¿Podemos charlar? —preguntó algo culpable por la actitud de la mañana.

— Sí, por su puesto.

Llegaron a un pequeño parque a unas cuadras del hospital. Tomaron asiento bajo un frondoso árbol que daba la sombra justa para evitar el intenso sol veraniego. Hinata escuchó un suspiro desde su izquierda y al girar vio a Sakura algo molesta, algo triste, algo culpable.

— No soy una buena amiga. —Hinata iba a responder que no la veía de esa forma, pero ella no se lo permitió y prosiguió sin sonar ruda— Siento celos de ti, Hinata.

— ¿Celos? —expresó confundida.

— Sí, celos. —reafirmó mirándola a los ojos— El tiempo que has convivido con Sasuke es mayor al que yo pude tener con él en la academia.

— Pero ustedes iban a misiones y...

— Sí, por supuesto. —interrumpió— Pero Naruto siempre estaba allí, —dijo irritada pensando en el pasado— molestando por una cita o retando a Sasuke a una pelea y nuestros momentos a solas no llegaron ni a la mitad del tiempo que llevas con él.

— P-pero, Sakura-san yo no...

— No te excuses, Hinata, no te estoy culpando ni nada parecido; sólo siento la necesidad de aclarar mi comportamiento. No prometo que con esto volveré a tratarte con una sonrisa, porque sé que no podré. —apartó la mirada y acarició sus manos por un momento; el ruido de unos niños jugando a lo lejos las distrajo un instante— Estos día he estado pensando cómo debes sentirte con respecto a Shion —Hinata abrió los párpados levemente— y estoy segura que debes sentirte igual que yo, pero aún sabiendo que pasamos por lo mismo, no puedo dejar de tratarte con distancia. Discúlpame.

Hinata, a punto de negar sus palabras, fue detenida por la penetrante mirada de amistad y tristeza que le regaló Sakura y lo único que pudo hacer fue bajar la cabeza.

— Bueno, bueno. Mejor regresa a casa, no debes tomar tanto sol; aún estás en recuperación. —expresó con ese don de mando que la declaraba como una Tokubetsu ninja médico.

Si... —se levantaron de la banca al mismo tiempo— Gracias. —dijo con tanta sinceridad y solidaridad que Sakura volteó y ambas se regalaron una sonrisa de forma natural, como lo hacían en un comienzo antes de la decisión del Consejo sobre el matrimonio; se brindaron esa amistad por un leve segundo antes de volver a salir de la burbuja y recaer en la cruda realidad.

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Llegó al departamento pasada las dos de la tarde, pues se tomó la molestia de visitar a cada uno de sus amigos para avisarles de su progreso y que ya no era necesario el llevarle la comida; Kiba discutió un poco, pero terminó dándole su autonomía. Además de las visitas, pasó al mercado a comprar ingredientes para un pastel, ya que la fecha de cumpleaños de su querido primo estaba a la vuelta de la esquina y estaba agradecida de tener casi el 50% de su visión recobrada para elaborar la torta, pues ella creía que era más personal y apreciado un trabajo realizado a mano.

Terminó de guardar los ingredientes en el refrigerador y la puerta sonó por tercera vez ese día. Un abrazo la golpeó en la cintura.

— ¡Qué gusto, nee-chan!

— Hanabi-chan, Neji-niisan. —una sutil sonrisa que sólo sabía regalar a Hinata se plasmó en la cara de su primo, quien le llevaba un pequeño envoltorio con las plantas que le solicitó antes de su partida— Pasen, prepararé un poco de té.

— Me da gusto por usted, Hinata-sama, que ya no necesite de las vendas.

— Sí, gracias, nii-san. —sonrió— Aunque no debo permanecer mucho al sol si es muy potente, y debo continuar con la medicación. Posiblemente en un mes más me recupere completamente y entonces iniciaré la terapia para utilizar el byakugan.

— Eres muy fuerte, nee-chan, te recuperarás más pronto de lo que dicen. —acotó Hanabi y Hinata sonrió una vez más.

— ¿Dónde está Sasuke? —el tono tierno de Neji cambió por uno seco y distante.

— En una misión... creo. —bajó la mirada por un instante— Se fue hace varios días. —Neji observó el departamento con rapidez y sólo encontró la presencia de la gata a sus pies, moviendo la cola con coquetería. "Ella tiene razón, primo. Uchiha está actuando distante, pero como estaba vendada no lo sabe."

— ¿Sa-saldrás pronto, nii-san? —agregó algo nerviosa después de unos minutos en quietud, esperando que fuera un "no" y poder llevarle el pastel mañana por la tarde; Neji negó con la cabeza, cerró los ojos por un momento y sacó de su bolso ninja un pergamino.

— ¿Y eso? —preguntó Hanabi intrigada. Se lo pasó a Hinata y lo tomó con curiosidad.

— Kinkaichi-sama* me lo extendió minutos antes de dejar la seguridad del palacio de Daimiyo-sama. —Hinata lo examinó con cuidado, estaba sellado y con un lazo muy hermoso; desprendía aroma a rosas— Por un momento creí que tendría que leerlo por usted, pero ahora no hay ningún inconveniente. —Hanabi se acercó a su hermana para echar un vistazo al extravagante pergamino aromático.

— ¿De qué es? ¿Sabes lo que dice, nii-san? —Neji volvió a negar.

— Kinkaichi-sama se enteró de su condición el primer día de nuestra visita y parece se preocupó por su bienestar. Se veía deprimido por no verla en la reunión pasada.

Oh...

— Me comunicó que es enteramente personal, así que guste de leerlo una vez nos hayamos marchado.

— Sí, bueno, no tengo que leerlo para saber lo que dice. —expresó Hanabi algo burlona y sarcástica— "Querida Hinata-dono, su ausencia en la reunión fue una estaca en mi corazón, un sufrimiento comparable a una cortada en mi estómago... bla, bla, bla..." —realizó un ademán mientras terminaba el té— Kinkaichi-dono empezó a actuar así desde la última visita que hicimos, ¿no, nee-san? —Hinata asintió confundida.

— Será mejor regresar, Hanabi-sama. —dijo una vez terminado el té— Hiashi-sama autorizó una visita corta. —con algo de desgano aceptó el comentario y después de otro alegre abrazo a su hermana, los tres caminaron a la puerta.

— ¡Te enviaré un mensaje, nee-san, para contarte lo que me pasó en la reunión! —comentó mientras bajaba las escaleras con una sonrisa traviesa. Hinata se despidió con esa cálida sonrisa de siempre y cuando los perdió de vista entre las casas y edificios regresó al interior del apartamento.

— ¿Miaaau~? "¿Luego lo lees en voz alta, ama?"

— ¿Quieres un pedacito de carne, Kunai? —agregó mientras cortaba el filete para preparar un almuerzo rápido y saludable, la gata agachó los párpados por un momento.

— Miaaaauuu~. "No es lo que dije, pero sí, sí quiero."

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Antes de poder abrir el pergamino, fue atraída por la incomodidad de un hogar polvoso; se notaba que Sasuke no había estado allí en mucho tiempo, pues a él le gustaba la limpieza y el orden. Sabiendo todo lo que le causó a Sasuke con respecto a su falta de visión y pérdida de autonomía, volvió a dejar el pergamino sellado sobre la mesa y se dedicó a limpiar cada rincón para que a su arribo no sintiera la necesidad de hacer la limpieza ni bien llegado de la misión. Él nunca le comunicaba cuando regresaría de una, los contratiempos siempre podían alargarla, y aunque ella le indicaba una fecha promedio, él simplemente se iba sin decir nada.

Terminó de limpiar ya para el anochecer y aunque la gata intentó por todos los medios que leyera la "carta" escrita por ese tal Kinkaichi, Hinata la tomó entre sus brazos y dejaron el hogar para pasear por la plaza; pues llevaba mucho tiempo encerrada y sentía la necesidad de querer estar afuera por un rato. Mientras saludaba a los conocidos y a los no tan conocidos, disfrutaba uno de sus rollos de canela favoritos de la tienda del señor Kimura; quien estaba agradecido de verla sana y salva después de tanto. « ¡Oh! » Se ocultó tras un poste al ver a lo lejos a Ino y Sai caminando por el parque tomados de la mano mientras ella realizaba ademanes en dirección al cielo. Una cálida sensación de alegría por su amiga la invadió desde el centro y recorrió su cuerpo con nostalgia... hasta que recordó las palabras de Naruto en el distrito.

— ¿Hinata? —una ráfaga de hielo la hizo voltear con rigidez y sabiendo quien era, no pudo evitar mirarlo una vez más.

Naruto... kun. —la felina a sus pies siseó de mala gana.

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Se encontraban en la cima de la Montaña Hokage. Ninguno sabía exactamente cómo habían dejado que el otro lo siguiera, pero terminaron observando la aldea desde la cima. La vista, a pesar de ser espectacular, no podía ser apreciada con esa belleza particular. Naruto no sabía cómo empezar, no sabía qué decir exactamente, pero cuando rascó su nuca mirando hacia el lado opuesto a donde se encontraba ella, lo interrumpió.

— La aldea crece muy rápido.

— ¿Eh? ¡Ah, sí... sí!

El viento meció sus cabellos, pero sus rostros estaban perdidos en la vista del cráter que tan rápido se volvía ciudad.

— Hinata, yo...

— Lo lamento, Naruto-kun. —dijo tranquila— No sabía que te causaba algo tan... tan incómodo.

— ¡No! —dijo alto y claro, ella giró hacia él, pero sus mejillas no encendía como antes— ¡No digas eso! ¡Soy yo quien debe disculparse, de veras!

— Han pasado casi tres semanas desde lo que pasó en el distrito y, pues, lo pensé mucho, sabes. —Naruto permaneció callado sabiendo que interrumpirla podría causarle mucho más dolor; aunque él no pudiera comprenderlo del todo— Creo que me negaba a creer que no sentías lo mismo que yo y, pues, te causé una terrible carga por culpa de mis sentimientos. —sonrió de una manera distante que claramente ocultaba una profunda pena— De todas formas te agradezco haberme permitido sentir esto. —llevó su mano el pecho— Gracias a ese sentimiento pude crecer y madurar.

Hinata...

— Tu determinación te convirtió en un shinobi admirable, Naruto-kun, una persona increíble; sin eso yo nunca habría podido crecer también.

— No lo hice solo, tuve ayuda.

— Si, es cierto. —ella apartó la mirada y se dejó embelesar por las luces del pueblo que a sus ojos carecían de brillo— Pero me siento feliz con saber que tienes a alguien especial como Sh... Shion-san, ella es una persona muy amable.

— Me dejó. —expresó triste y melancólico, pero con la seguridad de merecerlo.

— ¿Sabes donde vive?

— Sí, creo.

— Ve por ella entonces. —Naruto abrió los ojos de par en par en su dirección— Si... Si ella es la destinada a estar a tu lado, creo que no deberías dejar que se vaya así de fácil. —bajó la mirada un momento— No cometas el mismo error que yo, Naruto-kun.

— Tú no cometiste ningún error, Hinata. —ella negó con suavidad y le regaló otra sonrisa cálida y distante al mismo tiempo; sus ojos parecían brillar por la humedad contenida en su interior.

— Siempre mirando tu espalda, Naruto-kun. Ahora lo entiendo... —ella respiró profundo para contenerse y seguir mostrando esa fuerza oculta— Si realmente quieres a alguien, debes correr y asegurarte de estar a su lado, de hacerte notar. No basta con verlo crecer y avanzar. —acomodó su cabello tras la oreja antes de continuar— Si realmente la quieres, ve por Shion-san.

— Ella no me quiere ver, me lo dijo. —Hinata emitió una risilla corta, pero infantil; completamente natural que sólo agolparon las lágrimas en sus ojos con rapidez.

— Eso significa que tienes que ir por ella. —agregó con serenidad mirando la aldea.

— Sakura-chan me dijo lo mismo... acompañado de un golpe. —respondió algo torpe, recordando el dolor— Es cómodo charlar contigo. —ella no respondió— ¡Tienes razón! ¡Tengo que decirle cómo me siento! —antes de correr hacia la escalera, se detuvo de golpe y realizó una reverencia muy marcada en dirección a Hinata. Ella abrió los ojos de par en par por la reacción intempestiva.— ¡No comprendo muy bien los sentimientos de las chicas, pero sé que esto es lo que debo hacer! ¡Siento que es lo correcto después de todo lo que te causé! ¡HINATA, PERDONA POR NO DARTE LA RESPUESTA EN EL MOMENTO, Y CAUSAR TODO ESTO!

Llevó ambas manos en dirección a su pecho y su flequillo cubrió esos ojos perla hasta que él desapareció de la cima. Kunai bajó del árbol y caminó hacia su dueña con sigilo, apretó las manos en el buzo con fuerza, su compañera posó su delicada patita sobre la pierna de su dueña como apoyo mientras el suelo de tierra era humedecido por sus lágrimas silenciosas.

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• DÍA #146 •


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Se levantó con una energía apagada, pero al recordar que era el cumpleaños de Neji, dejó todo el pesar de lado, tomó la toalla, se dio una ducha energizante, se puso los lentes y sacó del refrigerador todos los ingredientes para preparar el pastel. Sujetó su cabello y se colocó el mandil que Sasuke siempre utilizaba para cocinar. No se sentía sola, pues Kunai estaba sentada en la silla maullando con suavidad como si le conversara. "... entonces Akamaru la vio en el parque y Kiba llegó con las flores, pero pisó la cola de Miamaru* y se le agarró del pantalón, y empezó a maldecir hasta..." Empezó cerniendo la harina en un bol —atenta a la conversación de la gata aún sin ser capaz de entenderle—, batir la mantequilla hasta que se volviera cremosa y luego mezclar con el azúcar y las yemas. De allí agregó poco a poco la harina y tomó las naranjas para cortarlas y exprimirlas... La puerta se abrió y su atención fue atraída por la presencia de Sasuke: sucio, oloroso y molesto.

— ¿Sasuke-kun? —se acercó y le quitó el cuchillo de las manos en un reflejo natural.

En ese momento se dio cuenta que el brillo de su mirada había regresado, que llevaba puestos unos lentes lilas, tenía una blusa que dejaba al descubierto sus hombros y exponía no sólo la perfección de sus pechos, sino la suavidad y blancura de su piel y un capri negro que nunca antes se lo había visto.

— Me ves. —ella asintió con alegría. El olor a pescado la sacó de la felicidad y Sasuke recuperó la rabia; ella evitaba respirar. Dejó el cuchillo sobre el mesón y pasó directo al baño. "Ignoralo, ama." Maulló. "Como te decía, Tamaki se molestó por regañar a Miamaru y la cita se..." Hinata regresó a la preparación del pastel sabiendo que preguntar por su incomodidad estaba demás. Minutos más tarde uno de los vecinos del edificio llegó con unas tartas como disculpa al haber bañado a Sasuke con los desperdicios de la limpieza de su refrigerador.

Mientras el aroma dulce del pastel inundaba el departamento, Hinata preparaba el almuerzo, pero cuando el reloj marcaba las dos de la tarde y Sasuke no salía del baño, Hinata empezó a preocuparse. Tocó la puerta con cautela y con esa dulce voz preguntó: — ¿Sasuke-kun, te encuentras bien?

— Sí, déjame solo. —las palabras sonaron toscas, pero él era así, ¿cierto? De alguna forma le parecía que Sasuke actuaba tan distante como al inicio de todo el asunto del matrimonio, pero quizá solo se lo imaginaba. Con la toalla alrededor de su cintura, salió con el cabello húmedo como hace un tiempo atrás. No comprendía por qué quería salir así, pero qué importaba; era su departamento después de todo. Hinata había terminado el almuerzo y ya tenía todo en la mesa, cuando la presencia de él en el marco del pasillo la atrajo, abrió los ojos levemente.

— ¿No tienes ropa limpia?

Igual como en la biblioteca, semanas atrás, no era lo que esperaba escuchar.

— Hace calor. —ella llevó su índice a la barbilla y con una sonrisa tierna e infantil regresó a la habitación, abriéndose paso como si él fuera decoración, para regresar con el ventilador que había comprado él. No sólo lo enchufó y lo encendió, sino que su mirada decía un claro: "¿Así estás mejor?", pero él solo podía mantener la mirada sobria y apagada. Suspiró de mala gana y regresó a la alcoba para vestirse.

— ¿Un pastel? —preguntó casual mientras degustaba su cocina que hace tanto no probaba y ahora le parecía un sueño.

— Hoy es el cumpleaños de Neji-niisan. Se lo llevaré más tarde... —dudó por un momento— ¿Quieres acompañarme?

— No.

— E... Está bien. —recogió los platos y chocó con una silla por un momento. Sasuke se alarmó sin demostrarlo— jejeje... Tranquilo, es que, pues, no es nada.

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Allí estaban, en la entrada del Distrito Hyuga. Había pasado mucho tiempo desde que no lo veía a pesar que había estado en la mansión hace casi un mes después de perder la visión; Sasuke la siguió en silencio mientras ella cargaba el pastel. No se detuvieron en la Mansión. Avanzaron varias cuadras hacia el fondo del distrito hasta llegar a una casa promedio con una reja simple y sin mucha atención. Entraron y se podía escuchar una voz familiar y enérgica. Hinata tocó la puerta.

— ¡Hinata-san! —exclamó Lee con una sonrisa, vestía unos pantalones de mezclilla y una camiseta verde; sin duda el estilo de civil era más raro de ver cuando uno se acostumbra a su leotardo verde. Dentro, Tenten regañaba a Neji por su actitud indiferente. — ¡Oh, pero si Sasuke-san también vino! —ese nombre sacó a Neji de su remanso de paz.

— Hinata-sama.

— ¡Hola, Hinata! —Tenten la ayudó con el pastel.

— ¡Feliz cumpleaños, Nii-san! —expresó sonriente mientras le extendía los brazos como señal de un abrazo. Por un segundo observó con incomodidad a todos los presentes, pero terminó aceptando el gesto de su prima con algo de rigidez; ese abrazo causó en Sasuke una acidez estomacal que ocultó fabulosamente.

— ¿Así que ahora usas lentes, eh? —agregó la castaña con esa personalidad tan libre— No te ves nada mal. —ella sonrojó por el cumplido.

— ¿Qué te trae aquí, Sasuke-san? ¡No me digas que tienes la fuerza de la juventud a mil y deseas bailar un poco! —expresó emocionado levantándose de un salto hacia el reproductor de música.

— Nadie bailará, Lee.

— Qué aburrido eres, Neji. —contestó aburrida, pero sabiendo que lo diría— ¡El pastel está delicioso, Hinata! Lee y yo le compramos una muda de ropa, pero creo que se quedará en el fondo del cajón. —Tenten se levantó con esa misma alegría de siempre y del mesón trajo una bolsa de regalo que Neji le quitó de las manos con rapidez, que Tenten recuperó de un segundo a otro. — ¡Mira, Hinata!

— Sigo pensando que le quedaba mucho mejor un leotardo como el mío y el de Gai-sensei. —Tenten adquirió un tic por unos segundos al imaginarlo.

— Ahora que lo pienso... —Hinata meditó un poco al ver las prendas dentro de la bolsa— Nunca he visto a nii-san vestir otra ropa que no sea la de nuestro clan.

— ¡Ves! —señaló Tenten en dirección a Neji— ¡Si no vistes mejor, no encontrarás a la indicada! —la castaña tomó asiento junto a Hinata y susurró con una pícara sonrisa— La hija del señor Kimura me dijo que le gustaba. —Hinata sorprendió y sonrojó levemente, Tenten sonrió con malicia al hacer de casamentera. Sasuke permanecía de pie, cerca de la puerta. Lee encendió el reproductor y empezó a realizar movimientos raros y gusanoides que crearon en Sasuke y Neji nauseas, pero las chicas lo pasaban bien. La puerta volvió a sonar y apareció Hanabi con un vestido corto y leggins, así como un chaleco de manga larga, todo en tonos arena, amarillo y marrón.

— ¡Sensei, sí vino! —gritó alegre ayudándolo a subir la silla de ruedas.

Empezaron a bailar ambos enérgicos con las manos en el suelo, mientras Neji se controlaba no sólo por la vergüenza de tener un compañero así, sino de que su maestro lo secundara en la ridiculez. Tenten intentó sacar a bailar a Neji, pero este le dio una mirada vacía y decidió desistir y acompañar a Hinata y Hanabi en una ronda de alegría.

Desde la oscura esquina, contemplaba su alegría, sus movimientos, su sonrisa... Su todo.

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Desde que había creado distancia con ella, sentía la necesidad de estar a su lado con más intensidad. Soñaba con ella frecuentemente y sentía que el dormir solo era desolador. Cuando la vio en la cocina, con ese brillo en la mirada sintió esa calidez que ella desprendía cuando la tenía cerca, pero no comprendía cómo era posible si no la abrazaba. De alguna forma el sentimiento que ella había despertado en él le causaba tensión, pero cuando la veía feliz, de una extraña forma él se sentía relajado y tranquilo.

Cuando regresaron al departamento después de varias horas de controlada diversión sana y caras largas del festejado, apareció una nueva sensación de rigidez en él que no había pasado antes. Tomar lugar a su lado de nuevo lo hacía sentir bien, su aroma floral era lo mejor para dormir, pero pasaban las horas y no podía cerrar los ojos pues el saber que la tenía a su lado le causaba un nudo en el estómago. ¿Casi tres semanas lejos le había provocado un aumento de nostalgia?

Aclaré... Aclaré las cosas con Naruto-kun. —dijo de un momento a otro sin mirarlo, pero con un tono bajo— Y creo que... con Sakura-san también.

Él seguía dándole la espalda, fingiendo dormir.

Descansa, Sasuke-kun.

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• DÍA #147 •


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Estaba adormilado por la lucha nocturna mental de evitar voltear hacia ella o terminaría abrazándola. ¡Por qué mierda sentía eso! ¿Acaso Ino tenía que ver en algo? Por un segundo creyó que algún menjurje de bruja había terminado en su interior, pues pensar en Hinata todo el tiempo empezaba no solo a ser estúpido, sino algo aterrador; casi como acoso. Se levantó temprano, aún ni salía el sol.

Llegó a la cocina por un vaso de agua fresca y vio sobre el mueble un pergamino colorido y aromatizado; estaba sellado. Sin duda le pertenecía al Daimyo, o algún familiar del mismo por el sello; también resaltaba que el contenido era importante y sobre todo personal, pero lo que le causaba indignación y una oculta rabia hacia el escritor —pues estaba claro que era de un hombre— era saber que estaba dirigido para Hinata.

— ¿Quién te lo dio?

— Oh... —mientras desayunaban Sasuke señaló el pergamino con la mirada— Es de Kinkaichi-dono. Se enteró de mi decadencia en salud y me envió un saludo.

— ¿Por qué no lo has abierto? —ella ladeó la cabeza y una vez terminado de desayunar, sus dedos rompieron el sello para leer el contenido. Disimuladamente intentó echarle una ojeada, pero no lo consiguió y la curiosidad lo estaba atormentado de una forma racionalmente inexistente.

"Querida Hinata-dono,

Mis más sinceros saludos y deseos de que vuestro
bienestar regrese a ti lo más pronto posible. Extiendo
esta invitación a mi hogar exclusivamente hacia vuestra
persona como
una señal de mi más profundos pensamientos,
y lamento desde el alma no poder ir en tu visita para atender
tus dolencias. Vuestra ausencia en la pasada reunión fue una
estaca, especialmente cuando el rumor de vuestro matrimonio
fue reafirmado por Hiashi-dono sobre un matrimonio decidido
sin consentimiento.

Si las noticias de esto hubieran llegado a mí antes de vuestro
apresurado compromiso, no hubiera dudado un solo instante
en hacer lo posible para ayudarte tomando cualquier medida
que asegurase vuestra eterna felicidad.

Mis más profundos deseos de volver a vernos,

KINKAICHI"

— ¿Qué dice? —Hinata no le dio importancia a su tono molesto, apartó el pergamino y sonrió con pesar.

— Creo que Kinkaichi-dono está inquieto por mi salud. —bajó el pergamino con inquietud— Sasuke-kun. —levantó la mirada en su dirección— ¿Me permites ir al palacio del Daimyo del país del fuego? Quisiera dale mis saludos y agradecimientos a Kinkaichi-dono, esperando que mi visita elimine su ansi...

— No. —si bien no pudo negarlo antes fue porque evitaba atragantarse con la tortilla de huevo que había preparado.

— Sasuke-kun, por favor. —expresó intranquila— Mi licencia por enfermedad terminará en un mes y preferiría dedicarme a las misiones para reponer el tiempo perdido. Sólo queda este mes para visitarlo y Kinkaichi-dono ha sido muy amable con nosotros.

— Yo no lo conozco. —dijo tosco.

— Yo... Yo me refería al Clan Hyuga.

— Demasiado interés en el hijo del Daimyo. —de alguna forma, su expresión sonó claramente ofensiva y eso sí lo notó.

— Kinkaichi-dono es una muy buena persona. —defendió serena, pues ella sabía que Sasuke no era muy bueno para congeniar con extraño; ella lo había experimentado en carne propia.

— Eso dices de todo el mundo. —expresó tragando lentamente su desayuno. No lograba comprender por qué la actitud amistosa de ella hacia con ese tipo le molestaba aún más que el pensar en el idiota de Naruto y lo sucedido en el Distrito. No lo conocía, y si no se conociera bien, diría que lo odiaba profundamente. Bebió un poco de café antes de seguir, algo no estaba bien en su interior realmente— Debo cuidar de ti como si fuera niñero y pides visitar a ese sucesor a Daimyo.

Bueno... —bajó la mirada sabiendo que tenía razón, él la cuidó durante tanto y ahora le pedía permiso para asistir a un lugar al que no había sido invitado en lugar de quedarse a ayudarle en lo que necesitase— ¿Por qué no vamos los dos? —agregó tranquila, mirándolo a los ojos. Sasuke dejó de arrugar la mente, ya que su indiferencia en el rostro era tan natural como siempre— Kinkaichi-dono parece tener desconocimiento de nuestro matrimonio y sería una buena idea presentarse con el Hijo del Daimyo del País del Fuego. —Sasuke la miró con fijación esperando que dijera algo que lo tranquilizara, pues cada vez que ella mencionaba el nombre de ese desconocido con un dejo de alegría le causaba un retorcijón en el retorcijón de estómago— Podría indicarle que ya no debe preocuparse porque ahora que estamos casados tengo a alguien que cuida de mí. Te presento como mi esposo y así fortaleceremos las relaciones del Clan Hyuga y del nuestro.

Abrió los ojos de par en par.

— ¿Qué dijiste?

¿Eh?

— Nuestro qué.

Oh... —apartó la mirada con timidez y vergüenza— Yo... Yo hablaba del tuyo, del Clan Uchiha y... —agregó como si se disculpara por haber dicho algo terrible.

— Dijiste nuestro. —sus mejillas sonrojaron un poco.

— Pues, sí... ¡Si te molesta ya...! Ya no lo diré de ese modo. Es sólo que, bueno... Es cierto, ¿no? —él se levantó de la mesa con los platos para lavarlos— Lo que quería decir era que, pues, ya que él y yo somos amigos, pienso que sería bueno aclarar que ya no pertenezco a la casa Principal, pero sigo siendo parte de un Clan muy respetable...

Sus palabras... Sus palabras, aunque torpes, siempre lo dejaban en el limbo del pensamiento.

— Partimos en un par de días. —interrumpió y ella no supo si estar alegre o confundida por su decisión; por ello decidió demostrar ambas, seguida de un "gracias" por poder haberlo hecho cambiar de parecer.

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• DÍA #149 •


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No lo comprendía del todo, pero Sasuke actuaba extraño desde hace unos días... o al menos desde que podía notarlo, pues él actuaba extraño desde la biblioteca. Ahora que podía ver, y cada día mejoraba más, empezó a notar unas ocultas miradas mientras preparaba el almuerzo, o rezaba al altar, o lavaba los platos o, incluso, cuando miraba las nubes por la ventana de manera serena: Sasuke parecía espiarla de forma inconsciente, y aunque no le era algo inquietante, sí le daba curiosidad saber por qué la miraba de reojo sin preguntarle directamente lo que necesitaba.

Un días antes de partir, ya con el permiso del Hokage, el aviso a la casa Principal y el equipaje básico para una semana, Hinata salió por la tarde, ya cuando el sol no lastimaba la piel sino que la acariciaba con delicadeza para comprar un regalo de presentación para Kinkaichi. Los rumores sobre el enamorado que fue en busca de su sacerdotisa no tardó en hacer presencia, pero se había prometido no llorar a partir de esa noche en donde dejó claro que liberaba a Naruto de sus sentimientos y se enfocaría en tener una relación amistosa con Sasuke por lo que restaba de su vida que, si lo pensaba con cuidado, no iba a ser tan mala; ya que Sasuke parecía interesado en fortalecer la amistad también.

Mientras iba de tienda en tienda acompañada de Ino, se encontraron en la plaza, conversaban de lo mucho que había avanzado en la relación con Sai y que, a pesar de ser algo ingenuo en ciertos aspectos, lo compensaba de maravilla con sus comentarios directos que rayaban en lo filudo. Sonrió coqueta, pero Hinata no comprendió en realidad que lo que le estuvo diciendo fue que ellos ya no sólo se tomaban de la mano, o se besaban en la mejilla, sino que faltaba poco para llegar a tener se...

— ¡Shikamaru! —interrumpió al verlo llegar en la puerta principal.

— Buenas noches, Shikamaru-san.

— Ino, Hinata. —bostezó.

— Esta ha sido la misión más larga, por lo que veo. —expresó mostrándole lo decaído y agotado que se veía.

— Estoy de paso, pasado mañana salgo a primera hora.

— ¿Encontraron algo, Shikamaru-san? —negó con fastidio.

— Hasta ahora el perímetro recorrido no demuestra más sellos de ese tipo; tengo el presentimiento que era el único, pero luego del descanso que tomó el grupo se retomará el escaneo. Realmente no espero encontrar nada.

— Temari-san estuvo hace unas semanas acá. —agregó coqueta, pero él la ignoró, lo que la enfadó— ¡Oye, deberías ser más atento! Temari es un buen parti...

¡GUAF! —un ladrido suave y un tirón de la ropa de Hinata la sacó de la pelea infantil entre los miembros del equipo InoShikaCho; tiró de ella hasta llevarla a un parque casi al otro lado del distrito comercial; en unas escaleras se hallaba Kiba como un saco de papas regado en las gradas.

— ¡Kiba-kun! —se acercó con prisa, sin darle mucha importancia a las esferas de cristal que había adquirido para llevar como presente al Hijo del Daimyo— Kiab-kun, ¿te encuentras bien?

— Hinata~ —agregó perdido en la desolación, tanto que por un momento creyó que era Shino— Tamaki... ¡Tamaki!

— ¿Le sucedió algo? —él negó aferrado a su falda como si fuera su hermana (una hermana cariñosa, no como la que le había tocado: tosca y malévola).

— Se enfadó conmigo y no quiere ir a mi fiesta de cumpleaños. —Hinata empezó a acariciar su cabello con ternura de madre.

— ¿Por qué no quiere ir? —unos gruñidos y suaves ladridos le decían que Akamaru le contaba la historia que ya había sido narrada por Kunai, pero no era capaz de comprender; negando el hecho de que ya lo sabía.

— ¡Cállate, Akamaru! ¡No fue así cómo pasó! —empujó al perro y este le gruñó, pero volvió a tomar asiento junto a Kiba porque por ello eran amigos. Después de varios sollozos patéticos fue capaz de decir la verdad— Patee a un gato. —dijo lamentándose, culpable.

— Oh... —Kiba se apartó de ella limpiando su nariz con la manga de su chaqueta— Pero si te disculpaste no veo pro... —un gemido de Akamaru le dejaba claro que no había pasado de esa manera. — Kiba-kun... —expresó su nombre de la misma forma en que Kunai solía hacerlo cuando estaban en el equipo 8.

— Es que... Es que... ¡Ella se puso arisca! ¡No me dejó explicarle que fue sin culpa porque llegué corriendo y estaba la cola de ese estúpido gato entre los arbustos y, bueno, eso!

— ¿Sigue trabajando en la clínica? —Kiba asintió con esmero— Bien. Ve con ella y discúlpate. —Kiba arrugó la frente, pero ella agregó— No me estoy poniendo de su lado, Kiba-kun, pero debes comprender que así como Akamaru es muy importante para ti, para Tamaki-san son igual de importantes todos los gatos. Ella también es una entrenadora.

Él, sentado unas gradas debajo de ella, se quedó meditativo hacia la puesta de sol. Se puso de pie con un aire de madurez que demostraba muy pocas veces, y extendió su mano hacia Hinata con una sonrisa, ella la tomó para ponerse de pie.

— Tienes razón. Me enfadaría tanto como ella si alguien lastimara a un perro; sea o no Akamaru. —el can también se puso de pie y movió la cola con energía, ladrando en la misma medida. — ¡Eres fabulosa, Hinata! —la abrazó de la misma forma que Hanabi lo hacía, solo que sin sumergir el rostro en sus pechos— Las fiesta será en mi nuevo departamento, mañana a las...

— Lo... Lo lamento, Kiba-kun, pero no puedo.

— ¡QUÉ! —ella bajó la mirada apenada, sonriendo incómoda.

— Saldré mañana por la mañana hacia la Mansión del Daimyo del País del Fuego. —ambos empezaron a caminar rumbo al distrito comercial con la luz de los postes encendiéndose poco a poco— Kinkaichi-dono está preocupado por mi salud y le haré una visita antes de terminar mi licencia.

— ¿No piensas ir sola, verdad? —indicó como un hermano mayor— Ahora que me doy cuenta, llevas lentes... Te ves bien.

Gracias... —murmuró— Iré con Sasuke-kun, él no me permitió ir sola.

— Bueno, al menos no es un patán inconsciente. —dijo metiendo las manos en los bolsillos de la chaqueta.

— Neji-niisan cree lo mismo, pero él no es como piensan. —agregó defendiendolo por simple reflejo de amistad.

— Por si no te has dado cuenta, Hinata, no es muy sociable que digamos. De hecho es tan odioso que me cuesta creer que lo soportes.

— Pues... Él no es odioso ni nada parecido conmi...—bufó mientras ella seguía hablando—... me mira seguido.

— Repite eso. —dijo tomando en cuenta sus palabras.

— ¿Eh? ¿Qué?

— Repite la última frase.

— Eh... Que Sasuke-kun parece inquieto con algo, pero no me lo dice y sólo me mira seguido...? —Kiba se detuvo de golpe, la tomó por los hombros y la miró directamente a los ojos.

— ¡Hinata! —ella abrió los párpados en la misma medida— Esas miradas... Te mira así como yo hago ahora, te mira de espaldas, por sobre el hombro, te espía, cómo... ¡Dime cómo!

— Eh, ah... B-bueno... —bajó los ojos por un momento— De... de reojo? —Kiba se apartó, curvó las cejas y llevó la mano a su barbilla. Una vaga idea apareció en su cabeza, pero no tenía sentido, aunque su parte infantil quería saber si realmente existía la posibilidad de que ese sujeto empezase a... ¿cambiar? Su amiga era muy inocente como para darse cuenta, era una bendición y maldición a la vez esa parte de su personalidad que veía lo bueno incluso en una roca, pero quizá él podría enterarse por ella. La acompañó hasta su apartamento conversando de banalidades y sobre los regalos para el Hijo del Daimyo.

Cuando llegaron a la esquina de la cuadra, Kiba olió a Sasuke en el balcón y cuando la dejó en la entrada se despidió con una abrazo casual, sin dejar de espiar los movimientos del Uchiha, pero este no hizo reacción más que para mirar desde el balcón con una serena tranquilidad que en su interior era una tormenta. — ¿Por qué tardaste tanto? —agregó algo rudo mientras ella terminaba de subir los últimos escalones del edificio. Un: ¿Y por qué dejaste que te abrazara de ese modo? se quedó en su cabeza.

¿Por qué le molestó ese gesto que tantas veces lo había hecho ella en el pasado?

— Lo lamento. Me encontré con Ino-san y después con Kiba-kun y... —sin darle más importancia a sus palabras entró para meditar de la extraña actitud que Kiba tuvo con ella, pues que él recordase Kiba jamás la abrazaba cuando salían o regresaban de misiones.

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Llegó la noche, como tantas veces... pero no era como esas otras tanta veces. Le costó cerrar los ojos pensando en lo que le estaba sucediendo con respecto a Hinata y esa tan despreocupada forma de observarla durante el día. Estaba seguro que ella lo había notado, pero no sentía presión en ello, sino todo lo contrario: alivio. Era como si esas estúpidas miradas ocultas que actuaban de forma inconsciente, realmente buscaban ser tomadas en cuenta.

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• DÍA #150 •


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Recostado boca arriba sobre la cama, notó a Hinata despertando a su lado. — ¿Sasuke-kun? —preguntó restregando sus ojos con una ternura que lo alertó físicamente y de manera inconsciente— ¿Dormiste bien? ¿Tienes insomnio? —desde abajo ella se veía más radiante, más seductora y aunque siempre utilizaba el cabello suelto y esas pijamas anchas, no impedía contemplar esas curvas de las que nadie se había percatado hasta ahora... Ni siquiera él. Ella bajó las piernas, tomó los lentes y antes de poder separar su cuerpo del colchón, un tirón la llevó de regreso a la cama como una ráfaga.

— Abrázame. —expresó con un tono de mando, pero también de ternura oculta y necesidad que la dejó confundida. Volteó, pero no parecía ser Sasuke quien estaba a su lado, o más bien no el Sasuke de todo ese tiempo, sino uno similar al dormilón del otro día. No comprendía el cambio tan drástico, pero no le desagradó; podría decir, incluso, que era hasta tierno. Estuvo a punto de preguntar si se encontraba bien, si esa reacción era a causa de una pesadilla, pero haberlo dicho sólo lo hubiera molestado.

Lo miró a los ojos y percibió la misma calidez de aquella vez en la casa de Tamaki, cuando él le cayó encima.

Harto de esperar volvió a tirar de su brazo y se encargó de hacerlo por su cuenta. Ella a duras penas notó que estaba aferrada a su cuerpo pues todo pasó en un pestañeo. Tal como el día anterior —cuando olía a sake— él la tenía agarrada con firmeza y sin ganas de soltarla, por ello ese día se quedó sin comer; no le dio importancia, pues en el estado que se hallaba Sasuke le dio un dejo de inquietud y decidió no molestarlo hasta que despertase por su cuenta.

Él era cálido, él podía ser tierno e infantil, el podía ser atento y grosero, él podía ser orgulloso y generar respeto...

El tiempo desde aquellas terribles peleas que tuvieron hasta acostumbrarse el uno al otro parecían lejanas y de alguna manera estaba feliz de que él se hubiera sincerado y abierto a esa amistad que nadie sabía comprender. En el pueblo ya no se escuchaban rumores de ellos como al inicio y todo a su lado tendía a cambiar con una fuerza brusca que dejaba marca, pero que ayudaba a fortalecer no sólo el cuerpo, sino también el espíritu. Allí, a su lado, se daba cuenta que él había visto y escuchado su parte más depresiva que cualquiera en toda su vida, pero él apenas cruzaba palabras básicas. A él no le molestaba, pues se limitaba a escuchar con atención.

Nunca lo había notado, pero además de ese calor desprendía un aroma sutil a almendras, pues estaba segura que no había tomado su ducha ya que utilizaba jabón sin aroma y un champú corriente que no dejaba un rastro de olor perfumado.

De una extraña y cálida forma, estar así con él le causaba sosiego. Quizá por tantas veces de haber llorado a su lado, su cuerpo se había acostumbrado a calmarse si él la abrazaba. Era...

... agradable. —murmuró sin darse cuenta.

Él la apartó, ella lo miró, sonrojó por el inesperado comentario, cubrió sus ojos y se desprendió del abrazo rumbo al baño por la situación.

No es que no haya sonrojado antes frente a él, pero en ese momento no fue incómodo, sino vergonzoso. Ella siempre lo defendía con los demás por su error de visión a su personalidad oculta, pero en ese momento el haber expresado que era agradable le causó un extraño revoloteo en el estómago, pues las palabras no eran a un compañero, amigo o conocido; sino para el mismo Sasuke. ¿Por qué? ¿Qué fue esa reacción?

Mientras ella se agolpaba e inundaba con preguntas, Sasuke disfrutaba de un hermoso recuerdo y una explosión cálida de agradecimiento en su pecho por haber dicho algo así... en un momento así... y sobre todo, a él.

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Con el pergamino del permiso listo —ella fue por él ya que Sasuke, por alguna razón, no quería encontrarse con Kakashi y escuchar su posible sermón—, el equipaje, la vestimenta y el presente. Hinata y Sasuke dejaron juntos la aldea por segunda ocasión, una enfadada y deplorable mirada jade los contempló desde la base de la escalera hasta desaparecer en su totalidad tras las grandes puertas rojas de Konoha.

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• DÍA #154 •


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El viaje fue apacible tal y como los días en que pasaban en el departamento. Como siempre él no decía más allá de unas cuantas palabras al día, pero ahora ya no fingía escuchar como en el pasado, sino que le prestaba atención a cada detalle de su rostro, el movimiento de su pupilas, sus labios, sus mejillas, las manos, el tono de voz... Para ella todo seguía siendo normal. En el último día recorriendo a pie, a Sasuke le entró una horrible acidez que no sólo permanecía en su estómago, también recorría por su venas al estar más y más cerca de ese tal futuro Daimyo.

— Estoy segura que le agradarás a Kinkaichi-dono. —expresó casual, él le dio una de esas miradas de "¿En serio?", y eso la hizo sonreír con vergüenza.

Después de pasar el último tramo de camino boscoso en la ciudad, notaron la gran edificación señorial donde, sin duda, vivía la realeza del País del Fuego y aunque ella la había visto muchas veces antes en sus visitas diplomáticas jamás dejaba de impresionarle el detalle y tamaño; para él era sólo una casa más de alguien con un gran complejo... si saben a lo que me refiero. En la entrada principal ella presentó el pergamino de visita, pero no fue de mucha ayuda, pues su característica genética la declaraba como una portadora del Byakugan y ese estatus le abría las puertas casi de inmediato, pero el inconveniente fue la negación al desertor Uchiha.

— No, no. —expresó gentil, mientras le hablaba a los guardias, señalando el pergamino— Él también está de visita, es mi esposo. —aclaró serena, como si dijera "Es mi hermano" y aunque eso le permitió ingresar bajo miradas de asombro —ya que el matrimonio de Hinata, la heredera del Clan Hyuga, era un mero rumor en las afueras de Konoha todavía—, no dejó de lado una horrible mezcla de molestia y decepción. Para cuando alcanzaron las escaleras, esa suave tristeza por el tono de Hinata se convirtió en rabia; aguda y ponzoñosa.

En la cima, con una sonrisa de catálogo y los brazos extendidos bajo un Kimono ceremonial de un llamativo verde oscuro, se encontraba un sujeto de cabellera rubia larga recogida en una coleta que dejaba libre unos mechones que llegaban casi hasta sus rodillas. Su piel era casi tan blanca como la de ella y esa maldita aura de galán impedía que lo viera de otra forma que no fuera amenaza.

— ¡Hinata-dono! —se acercó a ella con una agilidad impresionante, ignorando el hecho de que venía acompañada. Él quería abrazarla, pero ella lo rechazó de una forma tan inconsciente que casi y se le ríe en la cara.

— Kinkaichi-dono, un gusto verlo.

— Me alegra mucho que hayas podido asistir a mi llamado, pero en sus condiciones ¿está bien que haya recorrido una distancia tan agotadora? —ella sonrió, el imbécil sonrió y tomó su mano con la pura intención de saludarla con un beso. Sasuke colocó su mano sobre la de ella y la apartó tan rápido que Kinkaichi terminó besándose su propia mano. Abrió los ojos y los posó en el desconocido junto a Hinata.

— Kinkaichi-dono —inició tranquila, levemente desubicada por la acción de Sasuke— he venido no solo para demostrarle que sus preocupaciones deben disiparse, sino también para presentarle a la persona con la compartiré el resto de mi vida... —ambos se pusieron delante del otro con la misma aura de odio mutuo, de mirada afilada y apretaron las manos casi en una determinada forma de competencia insana.

— Sasuke Uchiha. —dijo Kinkaichi con una sonrisa ladina, Sasuke no respondió y soltaron las manos— Es imposible no reconocer a uno de los héroes del mundo. —la manera en expresar "héroe" le causó una espina de disgusto que no demostró en el rostro, pero entre hombres se reconocería hasta en el hoyo más oscuro— Lamentable que sus actos hayan encadenado a alguien inocente a una vida de simplicidad emotiva. —apartó la mirada desafiante de Sasuke para volver a esa amigable y dulce que le regalaba a Hinata— Espero que no tenga inconvenientes, Hinata-dono, con su actual pareja. ¿La que supongo es...?

— Con todo respeto, Kinkaichi-dono, ese tema es extrictamente a tratar con mi esposo. —expresó tan casual como el abrazo rechazado y mientras ella realizaba una reverencia para ingresar a la mansión, Sasuke le sonreía con malicia caminando detrás de ella, lo que arrugó la frente del sucesor a Daimyo pensando la mejor forma de escuchar las palabras sinceras de su querida amiga... ¿O quizá sólo buscaba hacer quedar mal al arrogante del Uchiha por ganarle un derecho que veía desde hace algunos años?

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Kinkaichi, el primogénito del Feudal, o también conocido como Daimyo, del País del Fuego era un joven un año mayor que la Heredera Hyuga. Como todo sucesor al poder, fue educado con estricta mano y mimado con gustos superfluos y lujosos. El tiempo fue forjando su carácter a un hombre de buena vida y centrado en conseguir aquello que más atrajera su atención por breves lapsos de tiempo. Durante su adolescencia pensaba en las mujeres como un adorno para el trono y mientras Hinata era educada bajo la protección de Kurenai para formar parte del mejor equipo rastreador, él simplemente ignoraba el hecho de que existía la un vasto mundo que endurecía el carácter. Cuando Hinata fue re-aceptada en el seno familiar y comenzó a tratar los temas políticos después de la Cuarta Guerra, la primera visita que se realizó fue al Daimyo del Fuego, quien recibía al Clan Hyuga como una vieja amistad. Fue en ese momento que, mientras ella caminaba por el jardín, se encontró con Kinkaichi; este se hallaba meditabundo por no poder conseguir el autógrafo del Héroe del mundo: Naruto Uzumaki; quien en ese entonces era la noticia más llamativa para todas las regiones.

— Está en rehabilitación, pero... Quizá yo pueda. —expresó ella tranquila y serena mientras observaba a su lado el nadar de los patos en el estanque.

— Quiero que él venga y me lo entregue personalmente. —Hinata levantó la mirada al cielo.

— Se lo haré saber. —expresó sonrojando suavemente— P-pero sería mejor si usted le envía una invitación personal, Kinkaichi-dono.

— Lo hice, pero respondió que no es necesario. ¡Eso fue grosero!

— Creo que, más bien, debería tomarlo como un halago.

— ¿Tú crees?

— Sí. Para usted, Kinkaichi-dono, Naruto Uzumaki-kun es tan importante como para él lo es usted. —el sucesor a Daimyo sonrió halagado.

— No lo había visto de ese modo. —ella sonrió amigable— ¿Lo conoces bien? ¿Es alto, hábil como cuentan las historias? —Hinata volvió a mirar el cielo despejado con una sonrisa suave y cariñosa.

— No somos tan cercanos, pero es tan alto como usted y sí, muy hábil.

— ¿Lo viste pelear en la Cuarta Guerra? —ella asintió algo orgullosa y emocionada, Kinkaichi permaneció en silencio unos segundos— ¿Fue necesario?

— No comprendo.

— ¿Fue necesario que usted asistiera a esa lucha sangrienta? Un heredero al trono no debería arriesgarse de ese modo. —ella lo miró con un lejano calor oculto y compasivo. Su voz dulce se tornó levemente oprimente, como el de una madre dando consejos.

— Como futuros líderes, Kinkaichi-dono, es nuestro deber mostrarle a la nueva generación, y a la actual, que podemos ser la guía que necesitan en un mundo que creen, podría terminar; la unidad crea una fuerza indestructible.

Desde entonces, por la madurez que ella demostró en esas palabras, él empezó a buscar sus enseñanzas de un mundo que no tenía permitido visitar con la libertad con la que Hinata lo podía ver. Muy pocas eran las visitas, pero él las aprovechaba con esmero y cada vez que podía ver o aprender de Hinata, su cariño empezaba a crecer por aquella mujer que no sólo florecía con un aroma atrayente, sino también por esas cualidades de líder que había adquirido y él necesitaba aprender.

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Para el almuerzo ambos hombres permanecían sentados a una distancia prudente dentro del enorme comedor importado de Kumogakure.

— Dígame, Hinata-dono, ¿Hasta cuándo llevará esos lentes? —antes de que ella pudiera responder, agregó rápidamente— Te ves muy bien con ellos, diría que te dan un aire más culto y atractivo.

— Gracias. —expresó serena y feliz, aunque levemente avergonzada, pues el tener lente no indicaba que podía leer ya que su visión no debía forzarse tanto— El médico me indicó que a finales de mes o inicio de agosto recuperaré la visión en su totalidad.

— Que gusto saberlo. —expresó reconfortado y con una mirada cariñosa hacia ella— Tengo entendido que Hanabi-dono se está encargando por el momento de sus asuntos como heredera.

— En realidad... —bajó la mirada por un momento— En realidad es posible que yo deje de ser la Heredera del Clan Hyuga, Kinkaichi-dono.

— ¡Cómo es eso! —él no ocultó su asombro, cuyo gesto fue una distracción para sujetar su mano— ¿Tiene algún inconveniente? ¡Yo puedo ayudarte si gustas! —Sasuke ocultaba su rabia con un hermoso disimulo mientras comía mirando al falso sujeto con un aire de amenaza que era ignorado en su totalidad.

— Pues... Es un tema que no está del todo resuelto y apreciaría que no lo divulgase hasta que la noticia se vuelva pública. —expresó tranquila sin malinterpretar la caricia de su amigo.

— Tiene mi total confianza. —expresó con una sonrisa más para Sasuke que para ella que dejó al Uchiha con un amargo sabor en la boca.

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Con permiso del Kinkaichi, Hinata llevó a Sasuke a conocer el palacio —o al menos las alas que ella recordaba haber visitado en todos ese tiempo— Kinkaichi quiso acompañarlos, pero fue interrumpido por un papeleo pendiente que dedó su padre; de viaje por las tierras de Amegakure. Mientras ella le señalaba antigüedades, jarrones y pinturas, el jardín, flores e historia del lugar, Sasuke se centraba en pensar en cómo era de extraño la interpretación de las emociones. Si bien ella demostraba su amor por Naruto, este la ignoraba... Ahora este niño mimado parecía expresar una emoción similar, pero ella lo ignoraba.

¿Por qué?

Él sabía de las emociones de Sakura, pero fue capaz de agradecer y rechazar, pero ella...

— Sabes que él está interesado en ti, verdad.

— ¿Eh? —expresó perdida por la pregunta fuera de contexto al hablarle de las generaciones que han habitado esa casa.

— Responde.

Kinkaichi-dono... —expresó algo incómoda— Sí, lo sé. —levantó la mirada con firmeza indicando la respuesta en un suspiro— Me expresó sus sentimientos en la última reunión a la que asistí antes de nuestra boda.

— Lo que hayas respondido no sirvió. —indicó algo molesto.

— Él es así: insistente, pero yo dejé en claro que solo podemos ser amigos —apartó la mirada con tristeza y dolor— porque a mí me interesa... ba alguien más. —dejó las cavilaciones melancólicas, ocultó el dolor tras una sonrisa y continuó con la clase.

— Debes ser más clara. —interrumpió.

— ¿Más clara? —preguntó como par sí misma— ¿Cómo?

— Dime lo que le respondiste, exactamente como se lo dijiste a él.

— Bueno... —levantó la mirada para recordar— "Discúlpeme, Kinkaicho-dono, pero temo que no puedo aceptarlo. Mis sentimientos están dirigidos a alguien más."

— Si eres así de blanda, él creerá que aún tiene oportunidad.

— Mmmm... —meditó algo avergonzada— E-esque, pues, no quería lastimarlo.

— Si no eres completamente sincera, lo lastimas igual. —en ese momento recordó las palabras de Naruto en la cima y respiró profundo.

— Tienes razón, Sasuke-kun. —expresó con una dulce seguridad— Si me permites, iré a buscarlo para hablar con él ahora, no quiero tardar en dar mi respuesta. —y con una suave reverencia desapareció por el pasillo en busca de su amigo. Ella tenía ese mismo aire de madurez que demostró un par de veces antes. Era claro que ella no quería hacer lo mismo que había vivido por parte de Naruto, pero a Sasuke le importaba un comino si se comparaba con Naruto. Sasuke simplemente estaba malévolamente dichoso por saber que el imbécil de la sonrisa perfecta terminaría con la cara en el pavimento.

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Kinkaichi: Hijo del Daimyo del País del Fuego; tomado prestado/y medio creado por mí. Su aspecto lo tomé del anime "Soredemo sekai wa utsukushi", se llama Bard y es el tío del protagonista; si lo han visto lo ubicaran de golpe. Su personalidad... no tengo idea. Según yo la creé, pero estoy segura que la he visto antes. Si ustedes se acuerdan de donde me lo escriben en un comentario (personaje y anime/manga, please). ;)
Miamaru: Uno de los amigos felinos de Kunai.


¡Holis! Pues bien... No sé cómo decirlo de forma suave, así que lo diré como si me tuvieran frente a ustedes: — La serie no va más. Mil disculpas, pero mi salud está decayendo y aunque adoro escribir todos mis fic yo... yo ya... ¿Se la creyeron? *inserte su piedra para aventarsela a Da-chan aquí* Lo siento, lo siento, pero en realidad no todo lo dicho antes es broma. No me enorgullece decirlo, pero parece que soy una maldita floja desde mis entrañas. ¿Por qué? Pues, bueno, parece que tengo una úlcera :/ por los corajes reprimidos de mi trabajo —y eso que llevo un put* mes... ¿En serio? ¡Un-puto-mes!— Este fin de semana iré al médico 'pa ver si sigo viva otros diez años de infelicidad. Me siento decepcionada de mi misma por no saber cómo lidiar con el estrés (lo digo porque ya me ha pasado) y, bueno... Si alguien me puede dar algún consejillo para esto, se los agradeceré —el tema aún no es público en casa y prefiero no darle más cosas en que pensar a mis viejos—.

¡Dejémonos de llorar y a gritar de felicidad!

Pensaba darles avances... y les daré avances, pero no tantos como antes porque no llevo casi nada escrito, sorry~, pero las puedo dejar con la intriga a flor de huesos porque el siguiente capítulo de CAMINO NINJA DEL SENTIMIENTO, se titula:

"Nuestro primer beso"

Sí, sí, sí... ¡ya era no! xD Desde este punto en adelante el medidómetro de Rikolinidad-dulzura-amor se activa e irá subiendo hasta reventarnos la imaginación. ;)

Alguien me preguntó por allí: "¿De qué trata tu libro?" y pues, no me molesta decir que: ¡No te lo diré, jejejeje! Neah~ Sonará cliché, pero es sobre el espacio de tipo aventura, también tiene un poco de thiller y romance... El final aún no está 100% definido, pero ten por seguro que no es al estilo Disney con fiestas y sonrisas, porque —aunque las veo, las pelis de Disney, claro— no me gusta que todo sea rosa —dicho de paso que detesto ese color— y prefiero centrarme en la realidad del entorno ya que no siempre todo irá bien. *comoyonotengosuertenomegustaquemispersonajeslatengancof* :v Acoto también que estuve decidida en un inicio a escribir mi libro en wattpad —o wordspace... o algo así—, pero me gustaría ganar dinerillo de una historia original-original —hago referencias a ciertos libros y series pero, en sí, el contenido es 100% mi imaginación (personajes, ambiente, historia)— y preferiría que fuese un libro de papel y pasta, no pixeles en una pantalla —quizá y por eso seguirá en el flash hasta el fin de los tiempos—. (¬_¬)/'''

Pregunten lo que gusten de mí, no me molesta responder... ¡Ah! Pero no les prometo que responderé a todo... me llevo bien con alguien llamado "privacidad". :'v


Besos y abrazos en papel... :3
Si les gustó, deben dejarme un review! Onegai~

PD: El siguiente cap saldrá para navidad... sorry~