REDENCION

CAPITULO 13

Justamente esa mañana completaba la semana que Riza llevaba viviendo por azares del destino en casa de Roy Mustang. Si bien el motivo había sido un tanto bochornoso al principio, ahora que la mayoría de sus males había desaparecido y desde hace dos días volvía a estar de pie. El asunto de vivir bajo el mismo techo del alquimista comenzaba a agradarle.

En esos pocos días, redescubrió al hombre que creía había olvidado por completo, pensaba que el asunto"Roy Mustang" había quedado superado hace tiempo, aunque desde luego gran parte de ella sabía que aferrarse a esa idea era completamente absurdo. Si no, de que otra forma podía explicar todo lo que había hecho por él. No había sido por cuestión de saldar una deuda, eso ella bien lo sabía. El problema era que aun se negaba a aceptar el verdadero motivo.

Había despertado cuando aun continuaba la noche, tan solo había transcurrido algunas horas desde que se despidiera de Roy y él se marchara a la que se había vuelto su habitación. Y todas esas horas invertidas en un vano sueño, donde se debatía mas a menudo en un desagradable debate entre su conciencia y sus temores, que en un reposo, la había hecho despertar con la misma abrumadora cuestión.

Apoyo el dorso de su brazo sobre su frente, mirando al techo tratando de aclarar sus ideas, y tomar valor para hablar cuanto antes con él. Era absurdo que ella le temiera a una simple plática, cuando había pasada tanto tiempo, en especial esos días, charlando con él sin ningún contratiempo y al contrario siempre quedaba satisfecha cuando estaba con él. ¿Entonces porque ahora le temía a una serie de preguntas y confesiones?; por mas que quisiera obligarse a no pensar en eso, era algo inevitable, y si mente lo dejaba por un tiempo, su cuerpo se lo recordaba.

El ruido proveniente de la habitación contigua la saco de ese problema, giro la vista hacía la puerta y sonrió al saber que Roy comenzaba con su jornada. Escucho un tiempo mas los ruidos que hacía, antes de que sus ruidos internos la envolvieran de nuevo.

Nunca había sospechado que el alquimista, tuviera la costumbre de levantarse antes del alba. Aunque claro. Nunca supo que esa costumbre la había adoptado desde que ella estaba ahí.

Hundió el rostro un poco mas en la almohada, dejando que como todas las mañanas esa fragancia masculina inundara sus pulmones. El aroma había comenzado a desaparecer y ahora también reconocía su propio perfume; pero aun esa minúscula partícula de su esencia le bastaba para embriagarla, y recordarle cruelmente que alguna vez esa, misma fragancia se había quedado impregnada en su propia cama. Ese frío recuerdo atravesó su corazón intempestivamente.

En algún momento de entre el instante en que despertara por primera vez y escuchara a Roy, se había vuelto a quedar dormida y ni siquiera escucho cuando el militar entraba a su cuarto como los otros días.

Abrió los ojos solo para descubrir que sus lagrimas habían traspasado su sueño. Tal vez fuese una actitud infantil, y no existieran motivos para tal cosa; pero también sabía que no se podía mentir. En esta ocasión se estaba jugando el todo por el todo y no habría enfermedad que la retuviera de nuevo al lado de Roy.

Recordó la última plática que había sostenido con Marin y su hija Cosett, aquella historia aun continuaba haciendo eco en su mente. Le había sorprendido descubrir que la persona que mantenía la casa del militar en buen estado, era una mujer que había llegado a su vida por azares del destino. Al principio le costo trabajo entender el comportamiento de Roy, pero recordó lo cruel que había sido para ambos estar al frente de guerras innecesarias, y basto para aumentar el afecto que le profesaba.

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-"Marin, puedo preguntar como es que conoció a Roy"- La mujer hablaba con tanta familiaridad con respeto de Roy, que Riza fue incapaz de reprimir la cuestión.

-"Fue hace mas de 10 años, yo llegue a esta ciudad procedente de una aldea sumamente pobre, en ese tiempo el conflicto con Ishbal comenzaba y mi marido fue enlistado; no paso mucho antes de enterarme que había muerto, usado como carne de cañón. Así pues teniendo como únicas vías, el quedarme y morir de hambre o emigrar, preferí lo segundo. Los primeros meses verdaderamente me fue mal, a penas tenia para mantener a Cosett, y hasta llegue a pensar que lo mismo hubiera sido que me quedará en mi pueblo.

Hasta que un buen día el General Mustang apareció como enviado de Dios, esa vez nunca la olvidare. Sin importarle mi apariencia o quien era coloco su abrigo sobre mi, me tendió su mano y me condujo a ésta casa. Me dijo que podría quedarme en ella todo el tiempo que fuese necesario, nos dio comida y ropa a Cosett y a mí. Y como yo no tenía como pagarle comencé a hacerme cargo de él y sus cosas. Pero eso a él no le pareció y dijo que todo trabajo merecía una paga, yo siempre me negué el insistió en pagarme. Gracias a él conseguí una casa cerca de aquí que pude pagar con el dinero que me daba, y como si no fuese suficiente lo que hizo por mí, destino una parte de sus ganancias a la educación de Cosett.

Como ve lo único que puedo hacer por él es esto. Incluso cuando desapareció hace mas de dos años, yo continué haciéndoseme cargo de su casa "-

Cuando termino con el relato Riza quedo en silencio, respetando los recuerdos de Marin, era una mujer menuda, su piel morena le decía que había pasado incesantes horas bajo el abrasador rayo del sol y su mirada soñadora, bastaba para explicar lo agradecida que estaba hacía con el hombre.

-"Y tu Riza, como conociste a Roy"- La voz de la adolescente impidió que Riza ahondara en lo que acababa de escuchar.

-"En la milicia. Lo conocí cuando ingrese a ella, era su Teniente"-

-"Hmm, creo que eres algo mas que su Teniente"- Comento burlona la chica, sin duda queriendo despertar la curiosidad de la rubia y comprobar lo que sospechaba. Antes de que su madre la reprendiera continuo. –"Riza sabes que aparte de mi madre o yo, eres la primera mujer que pisa esta casa. Es enserio todo mundo conoce la fama que tiene el General, y no lo culpo es demasiado guapo como para permanecer de santo en su casa. Pero la verdad es que nunca antes había entrado una mujer a su casa, ahora entiendes porque dijo que eres importante para él"-

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Por mucho que le alegraran en ese momento esas palabras, ahora eran suficientes para herirla mas, y comenzar a dudar acerca de lo que debía hacer. Tan pronto sus sentidos recobraron toda su vitalidad, pareció haber asimilado la idea de su separación. Se puso de pie, sintiendo como cada mañana el incesante y agudo dolor de su tobillo, se detuvo un momento para revisarlo.

Desde luego aquella fractura estaba tardando mas de la cuenta en sanar, si hubiera dejado que el medico la revisara, bastaría con un cabestrillo y reposo para que sanara; pero ella había acordado no mencionar nada y dejar que sola se curara, o al menos hacer mas soportable el dolor. Se encamino a la bañera, aprovechando la cuartada que Roy le daba, al estar sola en casa, así tenía tiempo de recoger las pocas cosas que estaban fuera de su maleta e idear un buen discurso, que mas que convencerlo a él, fuera ella quien se lo creyera.

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Se hubiera dicho que no habían podido encontrar mejor puesto dentro de la milicia para Roy Mustang, que el que ahora ostentaba. Su trabajo comenzaba a dar frutos. No fue necesario que remplazara a su antigua brigada, ni que admitiera a nuevos miembros a ésta. Él siempre había dicho que con sus cuatro hombres era suficiente para cubrir su trabajo.

Desde luego que eso era verdad, ahora que muchas cosas habían cambiado con el derrocamiento de Bradley, la milicia se había reestructurado de tal forma que la responsabilidad de todo no recayera solo en un hombre, razón por la cual el parlamento había sido creado, pero con todo Roy aun era la persona que tenía la última palabra. Y si se hubiera investigado mas a fondo, del porque mantenía su brigada intacta, hubieran descubierto que esos cuatro hombres eran los únicos en los que él confiaba plenamente.

Permanecía sentado en su reluciente silla, con una generosa cantidad de papeles frente a él, la mayoría habían sido leídos y autorizados, otro tanto rechazados, pero ahora se había demorado mas de lo normal en uno. Sus compañeros, solo veían que Roy movía el lápiz con insistencia y en líneas suaves. Seguramente se trataba de uno de los muchos informes, aburridos y sin sentidos, en los que se tenía que cambiar la mayor parte de su contenido y casi siempre terminaban en un cesto de basura o con un rotundo rechazo.

"Pobre, de nuestro Fuhrer, trabajando tanto en aquellos horribles informes" . Se lamentaban sus cuatros subordinados y para compartir parte de su sufrimiento, trabajaban con esmero y sin ningún reproche aceptaban las nuevas labores que Roy les delegaba. Todo para hacer mas llevadera la carga de trabajo de ese buen hombre, se decían mutuamente.

En mas de uno hubiera nacido el deseo de desollarlo vivo. Porque de acercarse a su escritorio hubieran visto que Roy tan solo había gastado buena parte de la mañana, haciendo diferentes tipos de dibujos, detallando finamente cada facción de cierto perro que solía rondar por los pasillos, acompañado de su rubia ama. Cuando dicha obra de arte estuvo finalizada: Hayate correteando detrás de una mariposa en el pequeño jardín del Cuartel, teniendo a espaldas los edificios y reflejando en uno la fina silueta de una persona. Era una imagen que se había quedado grabada en su mente, la veía tan a menudo que hasta ese momento callo en la cuenta de que hasta en los pequeños detalles para él, ella siempre había estado presente.

Hizo a un lado el dibujo en blanco y negro, dejo caer la cabeza hacía atrás, dándose el lujo por primera de vez, de pensar claramente en lo que significaba que Riza estuviera con él. Era cierto que el motivo de esa unión era absurdo, pero no por eso dejaba de ser agradable. En esos días le hubiera gustado poder decirle todo lo que sentía por ella, acabar de una vez por todas con esa mascara de falsedad y revelarle que ella era única para él. Que lo que sentía no era producto de esos días, ni meses, ni siquiera se formo cuando estuvo fuera de Central, ese amor que le profesaba había surgido en los primeros meses de relación como militares... ese sentimiento de compañerismo y dependencia había evolucionado hasta ser simple y verdadero amor el que le profesaba.

-"Mustang, la conferencia esta por empezar, debes de apurarte a llegar a la sala 5"-La voz de Falman lo saco de su ensimismamiento, miro su reloj. Mientras se encaminaba a la sala esperaba que durara lo menos posible, aun tenía que pasar a recoger algo y no quería llegar tarde a casa.

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Riza hizo una mueca de disgusto, justo cuando había sacado las suficientes fuerzas para hablar con Roy, y él se dignaba a llegar tarde. Hubiera permitido que su enojo aumentara, pero era algo tonto pues él ni siquiera sabía lo que iba a pasar.

No fue sino antes de la cena que Roy regreso. Se reunió con él, aspirando lentamente para infundirse confianza.

-"Riz tengo algo que decirte..."-Apenas bajo el último escalón Roy la había tomado de la cintura, alzándola levemente dando una vuelta. No termino de expresar ni la mitad de sus ideas, porque la voz cruda de Riza lo detuvo.

-"Roy necesito hablar contigo"-

El uso de ese nuevo diminutivo, acompañado del tono de felicidad que empleo Roy cuando la tomo en sus brazos, estuvo a punto de hechar por la borda el poco coraje que había reunido. Y así hubiera sido, si el dolor de su pierna cuando el la bajo no la hubiera hecho despegar sus ojos del rostro del militar.

Roy no digo nada, tan solo se limito a entrar a la cocina, destapar una botella de vino y tenderle a Riza una copa, antes de tomarse él el contenido de la suya y tomar asiente en un banco, invitándola con eso a hablar.

Riza entro dubitativa, sintiendo en ese momento que tan pronto comenzara a hablar estaría dando por finalizada su felicidad.

-"Roy, en verdad aprecio lo que hiciste por mí. Pero quiero regresar a mi casa cuanto antes"-

-"Tan mal anfitrión resulte ser?"- Respondió secamente. Ni siquiera la fría confesión de Riza, lo hizo realizar el menor gesto de dolor, de algún modo cuando estuvo frente a él y no reacciono como acostumbraba le basto para saber que ella no pensaba igual que él.

-"No es eso, es simplemente que no puedo seguir en éste lugar. Nada de lo que hay aquí me pertenece, tan solo quisiera retornar a mí vida"-

-"Piensas dejar Central"-

-"Si, cuanto antes mejor, aun debo instalarme y conseguir un nuevo trabajo"- Todo aquello sonaba tan irreal, como si fuese otra persona que la hablara y no Riza. Podía percibir en su voz un dejo de inseguridad y miedo. Antes de que aquella muestra de esperanza se desvaneciera, hizo un último intento por que ella se quedara.

-"Riza verdaderamente lamento no haber cumplido tus expectativas, y mas aun no estar incluido en tus planes. Y si tu decisión ya esta tomada la respeto, pero al menos quédate esta noche, o ya tienes el boleto preparado?"-

Habría jurado que en cualquier momento se quebraría, y las infinitas de ganas de echarse a llorar en su pecho, terminarían por dominarla. Pero la indiferencia de Roy no solo la lastimaba, sino también la tranquilizaba; al menos tendría la certeza que no la echaría de menos una vez fuera de su vida.

–"No, aun debo ver eso. Hasta mañana"-. Lanzó un fuerte suspiro antes ponerse en pie.

Roy la imito caminando detrás de ella, sin perder detalle alguno. Espero a que llegara al pie de las escaleras para cargarla. La reacción inmediata de Riza fue rechazarlo poniendo sus manos sobre su pecho, pero prefirió guardar silencio cuando escucho su voz pausada.

-"Hasta cuando piensas contarme lo de tu tobillo, o es que no pensabas hacerlo"-Ante el silencio que dejo pasar la rubia, agrego –"Te lo hizo ese desgraciado de Nedved. cierto"-

Al menos en eso pensaba ser sincera con él. Sintiéndose atraída por su amplio pecho, recostó su cabeza, y murmuro por debajo –"Lo hizo, el día que le presente mi renuncia, ardió en llamas. Discutimos algún tiempo, aunque no entendí bien el porque de su enojo, cuando pretendía marcharme se interpuso y me arrogo, fue cuando mi pie quedo trenzado entre los estantes.

-"Ese bastardo, debí haberle partido la cara cuando aun estaba a tiempo"-

-" Pero... ¿como lo supiste?"-

Bajo su vista para verla a la cara. Con una sonrisa en los labios –"Lo supe por el ojo morado que seguía teniendo la última vez que lo vi. Antes de mandarlo lejos de Central"-

Ella le devolvió la sonrisa sin apartar aun su rostro del pecho de él.

-"Hablare con el medico, para que venga a revisarte"- Pronuncio una vez la dejo en la cama y dirigió a la salida.

-"Roy... Que era lo que querías decirme cuando llegaste"-

"Ya no importa" Pensó cabizbajo, antes de agregar –"Solo que en la junta de hoy alabaron mi desempeño"- De cualquier forma ya no tenía muchos ánimos de contarle la verdad, así que le respondió lo primero que cruzo por su mente, mientras giraba entre sus dedos la sortija dentro de su pantalón.

Ambos sintieron una oleada de gratitud, cuando horas mas tarde el medico le dijo a Riza que necesitaría permanecer en reposo, al menos tres días mas. Negándole con esto viajes largos como le manifestó el próximo en tren.

Ninguno de los dos menciono algo al respecto, cuando quedaron solos, basto con una mirada de resignación para comprender que nada de lo planeado podría ser.

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A Roy no solo le alegro saber que la fractura de la mujer, había sanado antes de lo previsto, mayor sorpresa y alivió sintió cuando ella no volvió a mencionarle la idea de irse.

Aprovecho su racha de buena suerte, dejando por la mañana sobre la mesa un pequeño recado. Riza lo leyó no muy segura de querer insistir en lo mismo.

Riza querrás ir a cenar esta noche conmigo, paso por ti a las 9:00 pm. No hace falta que discutamos mas acerca de lo inevitable, tan solo paseémosla bien. R.M.

En todo el día Riza no logro apartar esas escuetas palabras de su mente, incluso mientras elegía un vestido azul turquesa en satén. Amarro su cabello en una fresca cola a la altura de su nuca anudándola con su propio cabello, dejando al descubierto su terso cuello, se detuvo un momento frente al espejo, la tela caía con gracia, resaltando sutilmente su silueta. La noche era cálida y el vestido le parecía adecuado: sus hombros quedaban desnudos, el discreto escote tan solo revelaba el nacimiento de sus senos, adornado con un pequeño pendiente en su cadera, para caer libremente y mostrar una abertura en un costado, revelando las piernas de la rubia, y unas sencillas zapatillas sin mucho tacón.

Roy la recibió con una amplia sonrisa, agradeciéndole no solo el haber aceptado la invitación, sino también la imagen que le regalaba. El por su parte llevaba un traje gris, con una camisa negra, dejando su cabello recorrer libremente las facciones de su rostro.

-"Creí que tenías prohibida la entrada a este lugar, después de lo que hiciste la última vez que estuvimos"- Tal y como le había dicho Roy, esa noche la estaba disfrutando, sin pensar en nada mas. Ni siquiera el recordar que en su última visita a ese restauran ella prácticamente había salido corriendo. Y solo se entero del arranque de Roy, por boca de él.

-"El dueño es un viejo amigo mío, y me perdono lo ocurrido aunque antes me hizo prometer un par de cosas"-

Antes de que Riza pudiera preguntar que cosas había prometido. El hombre que al parecer era el dueño, se acerco con uno de sus mejores vinos, provenía de esas extrañas cavas que no es frecuente que se abran. –"Ese día, estuve a punto de echar a Roy a patadas, pero veo que empieza a cumplir su palabra. Espero no lo estropee esta vez, si no tenga por seguro que yo mismo lo arrogo. ¡Ah! Por cierto el vino es cortesía"- Le dedico una amable sonrisa a Riza, que lo escuchaba alegre, y una mas de advertencia dirigida para Roy, antes de alejarse y dar instrucciones a sus meseros.

-"Veo que te tiene estima. Y me pregunto que le prometiste para que nos obsequiara uno de sus mas caros vinos"-

Roy tan solo curvo los labios, deseando que todo aquello al final de la noche rindiera frutos. La velada transcurrido tal y como habían previsto ambos, en medio de una fuente de mariscos, y algún platillo exótico, finalizando con un suflé de maracuya.

Por momentos el alquimista se vio tentado a pedirle a Riza, que no lo dejara, a desplegar sus argumentos para convencerla, pero se lo había prometido y no pensaba forzarla a nada.

Cuando ambos se alejaron del lugar, el dueño sonrió gratamente, mientras confirmaba que Roy había logrado su propósito.

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-"Roy, no quiero irme de tu casa. No quiero alejarme otra vez de ti"-

Le confeso con voz baja, había pronunciado esas palabras con total sinceridad, pero se negaba a alzar la mirada. El militar solo la observo por el espejo retrovisor, antes de conmoverse por su confesión.

-"Yo tampoco quiero que lo hagas, pero no podía obligarte a quedarte al lado de un hombre que solo ha traído problemas a tu vida. Se que la última vez que estuvimos juntos yo lo eche a perder; pero te juro que no fue mi intención abandonarte como lo hice. Lo lamento tanto Riza"-

-"Se que ambos actuamos mal y ninguno de los dos había sido muy sincero. Pero Roy, me gustaría que las cosas fueran como antes"-

Alcanzo a ver de perfil como el hombre asentía. Antes de que bajaran del carro, Riza alcanzo a susurrarle. –"Roy te amo"- Si estas palabras no fueron suficientes para sorprenderlo, las que le siguieron bastaron. –"No quiero pasar estar noche sola, quiero compartir mi cama contigo"-

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Riza asintió con la cabeza una vez mas ante la pregunta de Roy, de si estar segura; antes de fundirse en un beso que ambos habían anhelado por tanto tiempo que sintieron el hiel fundirse en sus cuerpos.

Roy comprobó que nada en ella había cambiado, su cuerpo continuaba siendo tan delicado como lo recordaba, y su piel era tan tersa como el satén de su vestido que se deslizaba lentamente por su cuerpo.

Despertó con las memorias de la noche anterior. La sensación de éxtasis que seguía experimentando se disolvió tan pronto descubrió su cama vacía. Él la había abandonado de nuevo. Todos sus esfuerzos por reprimir las lágrimas fueron inútiles. ¿Acaso cada vez que el durmiera con ella, terminaría dejándola sola?. Frente a ese raciocinio, el vació en su estomago se ensancho.

Se coloco su bata y dirigió al baño. Trato en vano de alejar sus lágrimas con el agua. Acordó que saldría cuanto antes de esa casa, así evitaría al menos la humillación, de nuevo en la cama se tiro a llorar, ahogando entre la almohada un gemido de dolor, sintiéndose frustrada y traicionada.

-"Riza estas llorando"- Escucho la preocupada voz del hombre, y aun con el rostro entre las almohadas lo negó. Eso le basto a Roy para darse cuenta de la situación, y se maldijo por haber cometido el mismo error de mas de dos años. –"Riza no quería que creyeras que yo... lo había vuelto hacer"- Dijo al tiempo que se sentaba a la cama y la estrechaba contra él.

-"Paso una vez, así que yo creí que te había perdido de nuevo"-

-"Nunca me perdiste. Riza debes creerme, siempre te he amado, no había día que no pensara en ti, incluso en ese frío constante tu me mantenías con vida"- Cuando Riza logro serenarse, Roy la separo con ternura, y sin dejar que apartara su mirada de él, hablo. –"Riza te amo y espero que tu sientas lo mismo" –Ante el tímido asentir de la mujer, agrego. –"Entonces aceptarías ser mi esposa"-

Cerro los ojos, convencida de que su cruzada había llegado a su fin. Cuando había deseado el amor de Roy, no esperaba tal gesto de su parte, no pensaba que él quisiera lo mismo de ella. Y la exquisita joya le decía que era cierto, cuando volvió a abrirlos, se encontró con el rostro del alquimista anhelante y ansioso por una respuesta. Eso basto para convencerla que todo era verdad.

Se lanzo de nuevo a sus brazos, dejaron que sus acciones respondieran esa sencilla pregunta. Lo que comenzó como un tierno beso de asentimiento evoluciono a uno de pasión, indicando algo mas que ese contacto de labios.

-"Entonces serás mía para siempre"- Murmuro mientras deslizaba sus labios por los hombros de la rubia.

-"Siempre y cuando tú seas mío para siempre"- Repuso por lo bajo, mientras comenzaba a perderse en las embriagadoras caricias del alquimista.

-"Trato hecho"-

La sonrisa seductora y burlona de Roy, le indico a Riza que había alcanzado su objeto y a ella solo le quedo morderse el labio inferior, antes de emitir un pequeño suspiro.

-FIN-


Antes que nada gracias a ustedes que son las que leen y dejan sus opiniones, es que yo puedo continuar escribiendo. Espero que aun no estén hartas de mis historias y que éste final haya sido de su agrado, no lo pensé tanto como algunas partes de la trama, de hecho éste junto con algunas escenas son las que me llevaron a hacer esta historia. Así que en verdad deseo que hallan quedado satisfechas.

Y si ustedes se tomaron la molestia de dejarme un review, solo me resta agradecerles por todo su apoyo a lo largo de la historia: Queka-chan, espiaplan, NARUMI, Unubium, Xris, Ferpechi-14,motoko asakura, VALE BLACK, BlackIceAlchemist.56, Hanae-kotara, Lady-Scorpio, Taiji-ya RiNNa. Y todas las que en su momento dejaron su review.

-Sherrice Adjani-