+XIII+
Lo que empieza y lo que acaba
IV
—¿Por qué se llama el País de la Cascada si sólo hay una?, ¿es muy grande? —preguntó el perro mientras veía a Itachi prepararse para la larga misión que ambos tenían por delante.
La espontánea sonrisa de Itachi hizo sentir más culpable a Dragón, que aparecía en la cocina donde estaban los otros dos. No era la primera vez que salía en una misión con el animal, sabía lo mucho que ayudaba al ánimo del muchacho el hacerlo, por eso sintió más remordimiento, pero él tenía un trabajo y ambos eran ninja de Konoha, no había espacio para sentimentalismos. Aun así decidió hacerlo lo más rápido posible.
—Itachi —comenzó el Comandante—, ha habido un cambio en el esquema de misiones.
El ver la leve sonrisa desaparecer del Uchiha le hizo entender que Itachi ya sabía hacia dónde se dirigía todo. Convivir con él había sido diferente de lo que imaginó, pues era más como vivir con alguien de su misma edad que con un adolescente, aun así con el tiempo había visto cómo la personalidad del chico se iba relajando, sin embargo en momentos así, era cuando todo volvía a ser como el primer día.
—¿No vamos a Takigakure? —el perro verbalizó la pregunta que Itachi no se animó a hacer.
—No, hay una orden especial de Danzo-sama, saldrás hoy por la tarde, dirigirás un equipo de ocho —dijo tan aprisa como pudo, evitando ver la cara del muchacho—, pero estarán de regreso para mañana por la tarde —agregó tratando de animar un poco la situación.
—Bien —Itachi asintió y salió.
Dragón tomó asiento y miró el desayuno que le había sido preparado, luego al perro que lo veía también, ambos voltearon al que el Uchiha dejó sin siquiera haber tocado.
...
Al ver que Sasuke no fue a la Academia ese día, Sakura se sintió abatida. Apenas la noche del día anterior se convenció de que lo invitaría a comer a su casa esa tarde, con la esperanza de animarlo, sabía lo mucho que le afectó la muerte de Miu.
Ino le dio una palmadita en la espalda y le ofreció una sonrisa confortante.
—No te preocupes frentesota, se ha ahorrado un tremendo dolor de estomago. Ya vendrá mañana, y yo le daré algo de verdad delicioso.
—Oh no, no lo harás, Ino-cerda —rió Sakura.
Las dos comenzaron a intercambiar insultos que ya resultaban inocuos para ambas, y rieron casi a carcajadas.
Hinata vio esto de lejos, sintió la habitual leve ola celos por la relación que tenían las dos niñas, desde que regresó a casa ya no pasaba tanto tiempo con Sakura. Volteó al sitio donde Sasuke debía estar y se mordió un labio. Presentía que algo había pasado, Neji le había comentado algo parecido el día anterior, y aunque ella se había negado a prestarle mucha atención, no podía negar la incomodidad en su pecho.
Naruto estaba hundido en su asiento, con una mueca molesta y el ceño fruncido, ni siquiera reía de las tonterías que Kiba decía, y eso que era particularmente cómico el día de hoy. No entendía qué le molestaba más, que el Uchiha no había ido o que estuviera de mal humor porque Sasuke no estaba ahí.
Estaban en espera de Haruji-sensei, que siempre llegaba tarde. El rubio se puso de pie de momento y salió del salón sin hacer caso a los llamados de Kiba y Sakura, ninguno fue tras él y aprovechó esto para escurrirse hasta la puerta principal y brincar la cerca.
Se alejó mientras se ocultaba entre callejuelas y árboles, procurando que nadie lo notara y lo devolviera a la Academia. Cuando consideró que la distancia entre él y la escuela era suficiente, sonrió con suficiencia y salió de su escondite. No había dado ni diez pasos cuando una voz le dio tal susto, que casi suelta un grito.
—Ven conmigo —dijo Itachi detrás de él.
Naruto se puso de inmediato en una posición defensiva.
—¡Ni creas que voy a regresar a la Academia!
—No iremos allá, ven.
El Uchiha comenzó a caminar sin esperar por él ni mirarlo siquiera. El rubio entrecerró los ojos con sospecha pero terminó siendo consumido por su curiosidad, y aunque con bastante desconfianza, siguió al mayor. Caminaron por mucho tiempo en silencio, Naruto no se atrevió a hablar porque se percató de que Itachi no estaba en el mejor de los humores. Llegaron a la base de la colina donde se levantaba el monumento de los Hokage, ahí tomó asiento y le extendió una manzana, que Naruto tomó con una mueca, quería algo más suculento.
—Sé que mañana es tu cumpleaños y que deben estarte planeando algo...
—¡Sí! El idiota de tu hermano y Sakura-chan y Hinata y... —exclamó Naruto.
—Me iré en poco tiempo en una misión, pero deseo darte algo —continuó Itachi sin molestarse por haber sido interrumpido.
Uzumaki agrandó los ojos y abrió la boca sin saber qué decir. No era la primera vez que recibiría un regalo, pero sí la primera que fuera de alguien más que no fuera Iruka. Tendió la mano cuando Itachi le extendió algo que sujetaba.
Parpadeó confundido cuando vio que era un simple sobre, se preguntó si sería un cupón de Ichiraku, un tanto desilusionado se apresuró a abrirlo.
—Promete que no dirás nada a nadie.
Naruto arqueó una ceja, irritado por tanto misterio, asintió indiferente.
—Sí, sí, lo que digas.
Abrió y cerró los ojos de nuevo al ver que no era un cupón, era una fotografía. Procurando que no se notara tanto su decepción, la miró desinteresadamente. Era una pareja, ambos con chalecos chunin y bandas de Konoha. Ella tenía el cabello largo y rojo, el de él era corto y rubio, ambos sonreían, aunque ella lo hacía profundamente casi parecía soltar una carcajada, la de él era más sutil, pero era claro que estaba tan feliz como ella. El hombre abrazaba a la chica, ella era muy linda, él no estaba mal.
Lo miró con atención, claro, ya había visto ese rostro en otro lado. El Cuarto Hokage.
—Son Minato Namikaze —comenzó Itachi— y Kushina Uzumaki.
Naruto estaba por preguntar qué tenía que ver él con eso y, de paso, quejarse del insípido regalo cuando escuchó la última parte. ¿Uzumaki? Abrió bastante los ojos, era la primera vez que oía de alguien más teniendo su apellido. Miró al Uchiha sin saber qué decir, las preguntas se acumulaban en su cabeza.
—El Cuarto Hokage y su esposa, tus padres Naruto.
El rubio había buscado saber de su pasado en todos los lugares en que se le había ocurrido, y la única persona que parecía ser capaz de darle respuestas era el Hokage, pero de él sólo recibía réplicas vagas y negativas. Si tenía preguntas hasta hace unos segundos, ahora eran un torbellino de dudas.
—Sabes lo que yace dentro de ti, ¿no? —preguntó el Uchiha.
El rubio se llevó una mano al vientre y asintió lentamente, no había sido un descubrimiento grato y no lo entendía aún del todo, pero Mikoto e Iruka le habían ayudado a comprender un poco. Levantó la mirada lentamente y la fijó en los ojos negros del otro.
—¿Esto tiene algo que ver?
—Todo, eso tiene todo que ver.
Por primera vez en mucho tiempo Naruto escuchó con absoluta atención y sin interrumpir. Cada palabra que Itachi le decía arrojaba luz a la oscuridad de su pasado, y aunque no era una historia feliz, él sentía que pronto empezaría a llorar de alegría. Cuando el otro calló, Naruto miró hacia el piso pero su atención quedó fija en la fotografía.
—Soy hijo del Cuarto Hokage —musitó—, soy hijo del Cuarto Hokage —repitió—, ¡soy hijo del Cuarto Hokage! —terminó en un grito— ¡Espera a que lo sepan todos! Ese idiota y su tonto lugar de heredero son nada cuando...
—Prometiste que no dirías nada —murmuró el mayor.
—Sí pero... —preguntó con descrédito— ¿me dices todo lo genial que fueron mis papás y no puedo decírselo a nadie?, ¿por qué?
—Por que fue el deseo de Minato-san.
Naruto, que ya le había dado la espalda, se giró de inmediato con los ojos bastante abiertos.
—¿Por qué?
—No lo sé —replicó Itachi—, fue una de sus últimas voluntades, si Hokage-sama ordenó que no se te dijera, fue por eso.
—Pero tú me lo acabas de decir.
Itachi sonrió de lado.
—Sí, lo he hecho, pero también he aprendido que no todas las órdenes son para ser obedecidas sin preguntarte sobre ellas.
—Pero aún así no puedo contárselo a nadie.
—Te pediría que no.
—No puedes vigilarme todo el tiempo y asegurarte que no lo haga —exclamó el rubio con una gran sonrisa, aunque por dentro guardaba ciertas dudas.
—Aún pudiera no lo haría.
—¿Entonces por qué...
—Porque confío en ti.
Naruto se quedó con la palabra en la boca, miró a un lado y otro sin saber qué decir. Itachi había sido la primera persona que le había expresado algún grado de confianza al encargarle al perro, ahora lo hacía de nuevo y con algo tan grande como lo que le acababa de decir, sin ninguna clase de certeza que la propia palabra del rubio.
—No es justo —balbuceó.
—Si alguien que quiere ser Hokage no es capaz de cumplir una promesa, ¿cómo espera ganarse la confianza de la gente?, ¿qué clase de kage será aquél en quien su gente no cree? Para que una aldea ninja sea mejor, debe ser una misma persona, debe tener una base firme que le permite mantenerse en pie ante cualquier problema, puños fuertes para defender lo importante, un corazón benévolo que siempre sepa qué vale la pena proteger, y sobre todo esto, una cabeza que nunca pierda el rumbo, que no sólo sepa lo que el corazón desea proteger, el poder que los puños poseen para pelear, y que no olvide a aquéllos que lo sostienen, también debe tener certeza y claridad de cómo hacer que todos vean a esa aldea como el sitio donde quieren vivir, como el mejor lugar para ellos y los suyos.
Naruto no estaba seguro de si ésa era la primera vez que lo había escuchado hablar tanto, prestó atención a lo que decía pero entendió poco, lo único que le quedó claro era que se refería a él como esa cabeza.
—¿Y qué tiene que ver todo eso con que me hayas dicho esto?
—Para saber a dónde vas, hay que saber de dónde vienes —murmuró el mayor y se puso de pie—. Debo irme, no te preocupes ya por el perro, aún así seguirá visitándote —se giró un momento y lo miró directo a los ojos—. Sé que harás lo correcto sin importar lo que ocurra, además de asegurarte que eso —dijo refiriéndose al zorro— no te defina ni que sea más que tú mismo —le ofreció una leve sonrisa y desapareció.
Naruto no trató de buscarlo, se quedó con la fotografía en las manos, la contempló de nuevo con una enorme sonrisa.
...
Sakura regresó a casa completamente abatida. La ausencia de Sasuke había significado mucho para ella y no sabía del todo por qué, más de una vez se dijo que debió haber escapado con Naruto, sólo para no soportar más ese incómodo sentimiento. Nadie más parecía sentirse así, sólo Hinata, y eso había hecho que ella se quedara casi todo el día con la niña Hyūga, negando la invitación de Ino a jugar en el receso o a regresar juntas. Hinata tampoco fue muy comunicativa, pero ambas niñas parecían entender el estado de la otra: una incertidumbre que no sabían explicar.
A la hora de salida, Hinata se despidió tímidamente y se fue con Neji. Por lo que la otra tuvo que regresar sola, no le importó mucho, le sirvió para tratar de entender qué era esa sensación, aunque no consiguió gran cosa.
No fue directo a casa, hizo una parada en el campo de entrenamiento donde solían practicar después de regresar de las salidas con Itachi. Soltó un suspiro, aún no sabía qué iba a hacer con sus entrenamientos, no tenía muchas opciones para mejorar, y no podría compararse con lo que Hinata, Shikamaru o cualquier otro de ellos pudiera hacer. Quizá era el momento de rendirse... su papá no había podido ser ninja, y parecía feliz.
Miró de nuevo alrededor y notó que no estaba sola, en una banca no muy lejos había alguien, se quiso dar un golpe en la cabeza por no haberse percatado antes, ¡vaya talentos ninja! Decidió que era momento de regresar a casa, pero se dio cuenta que conocía a quien estaba en la banca y no se sorprendió de no haberle visto antes, seguramente no estaba ahí.
—Itachi-san —saludó al acercarse.
—Sakura-san —respondió él, siempre le había gustado que fuera tan propio con ella.
—¿Qué haces aquí?
—Esperaba por ti.
La niña se sonrojó de inmediato y miró a otro lado, avergonzada. Dirigió una mirada tímida al Uchiha.
—¿Qué... qué pasa? —supuso que así se sentía Hinata con Naruto.
—Lamento que no pueda seguir entrenándote, pero ésa no es excusa para conformarte con lo que recibes en la Academia.
Sakura no preguntó cómo sabía eso.
—¿Y qué puedo hacer? —preguntó ella—, ni papá ni mamá pueden hacerlo, nadie cerca de mi quiere ser ninja, sólo soy una niña que no pertenece a ningún clan.
—Eso no es pretexto —reprochó Itachi—, el Cuarto tampoco era parte de ningún clan, y eso no lo detuvo.
Sakura no sabía eso.
—Sé que les hablé mucho de los clanes, me faltó decirles de los civiles que forjaron la aldea, mas sé que sabrás encontrar esa información, y muchas cosas más. Como Naruto piensa, ser parte de un clan no es sinónimo de grandes ninja, ahí tienes a los Handa, sin embargo una voluntad determinada con una meta clara puede hacer un gran shinobi... o kunoichi. No importa que seas mujer, ni lo que digan, ninja son ninja, y si su deseo es servir a una aldea, no hay ninguna clase de diferencia.
—Aún así a nosotras nos enseñan a recoger flores y hacer tontos arreglos —musitó con una mueca.
—Es cierto que hay caminos predeterminados para los shinobi y las kunoichi, pero nada está decidido, ¿por qué no ser parte de los dirigentes de Konoha? Ahí tienes a Koharu-dono. Eres una chica y de una familia civil, puede que todo sea doblemente difícil para ti, pero eso debe darte el doble de convicción.
Sakura sonrió repentinamente, sin saber que Itachi le había leído el pensamiento mucho tiempo atrás. Ella quería demostrar que podía ser una gran ninja a pesar de no ser parte de un clan, y que podía hacer cosas que parecía que no estaban hechas para las mujeres.
—El Hokage, hombre o mujer, es la cabeza de la aldea, decide y ordena, pero siempre debe hacerlo teniendo en cuenta a todos, para eso necesita una voluntad firme al igual que un corazón amable, que siempre tenga claro qué es lo importante, y claro que necesitará de puños fuertes para defender todo eso que importa, pero esa cabeza, ese corazón y esos puños son nada si no tienen fundamentos firmes, si no hay nada que lo sostenga, ¿qué caso tiene todo lo demás? ése fundamento son los que pueblan la aldea, los ninja quizá sean los que defienden, ¿pero qué hace habitable un lugar donde todos pelean? el pueblo, los civiles y los que no lo son. Una aldea es fuerte por la fortaleza de sus ninja, pero también por la del resto de su población.
Sakura no quería parecer tonta delante de Itachi y asintió, fingiendo que había entendido todo. Le dio una gran sonrisa, pues a pesar de que definitivamente comprendía poco, las palabras le habían renovado el ánimo y los deseos de buscar otros caminos.
—Gracias, Itachi-san.
—Debo irme, no olvides lo que deseas conseguir, sin importar lo que pase, no pierdas de vista tu camino.
El Uchiha comenzó a alejarse y la sonrisa de Sakura fue disminuyendo, recordó cómo se había sentido con la ausencia de Sasuke y soltó un suspiro. ¿Por qué tenía la sensación de que eso había sido una despedida?
...
El miércoles terminó sin aparente novedad. Salvo que Naruto ya sabía quiénes eran sus padres, que Sakura había encontrado un camino y que Sasuke comprendió que mañana por la tarde, ya no estaría en Konoha.
...
Al día siguiente Naruto brincó de la cama como si tuviera exceso de chakra en los pies, no fue difícil, no había podido dormir mucho de cualquier modo. Se cambió aprisa y arregló el departamento en espera de Iruka, quien llamó a la puerta media hora después, el sensei arribó con un pastel y un regalo, cosas que Naruto recibió con la más grande de sus sonrisas. Devoraron el postre y se sentaron un momento a reposar lo consumido, no podía ser mucho pues había que ir a la Academia.
Mientras se preparaban para irse un llamado atrajo su atención a la puerta, el chico corrió sin preguntarse quién podía ser, emocionado con la idea de tener dos visitas tan temprano. Su sorpresa no cesó cuando vio a Mikoto del otro lado de la puerta, sobre todo porque llegó con un regalo en la mano. El chico se hizo a un lado para dejarla pasar, ella pudo notar su nerviosismo. Una vez dentro, saludó a Iruka con una inclinación de cabeza, el profesor respondió con una reverencia un tanto exagerada por lo inusual de verla ahí.
—No dispongo de mucho tiempo, pero quería darte esto —dijo extendiéndole un envoltorio—, no sé si podré dártelo más tarde. Felicidades, Naruto.
Mikoto sonrió con ternura cuando vio el gesto sorprendido de Uzumaki, por el modo en que sus manos temblorosas desenvolvían el regalo y una enorme sonrisa se colgaba de sus labios, sus ojos se humedecieron, los de ella también. Los de él por la consternación de un acto en esencia tan simple como recibir un regalo, los de ella por esto y por lo mucho que eso le recordó a su amiga, y por el pensamiento de que no estaría para ver cómo Naruto crecía para parecerse a su madre.
—¡Mira Iruka-sensei! —exclamó Naruto al mostrarle uno de los cuatro kunai que había recibido, todos ellos de una peculiar forma.
—Mikoto-sama —musitó Iruka sorprendido al reconocer las armas, los kunai característicos del Cuarto Hokage.
—Sé que aprenderás a manejarlos como un experto, que Iruka-san te enseñará a darles el mejor uso, y que los atesorarás por mucho tiempo —la mujer dijo y se inclinó delante de él, hubiera querido darle un abrazo y decirle todo lo que no podía decirle, pero se contuvo, le dio un beso en la frente y le murmuró al oído—. Házme sentir orgullosa.
Naruto se estremeció al sentir el contacto de los labios susurrándole aquellas palabras, miró confundido a la mujer que sonreía aunque él juraría que ella no estaba precisamente contenta. Sólo asintió.
Y tal como llegó, ella se fue con un paso veloz pero seguro después de despedirse. Iruka no dijo nada, Naruto tampoco, el mayor por no saber cómo reaccionar ante el regalo de la mujer, el niño porque tuvo un extraño presentimiento, uno que no quiso escuchar porque si lo hacía, habría salido corriendo tras la lideresa Uchiha.
En la Academia nada parecía ser diferente, las mismas niñas molestas, los chicos de actitud altanera e irritante, las clases donde sabía mucho de lo que le enseñaban, el tedio diario... Sasuke se sorprendió dándose cuenta que echaría todo eso de menos. Aún no sabía con exactitud a dónde llegarían pero su madre le aseguró que sería un sitio mucho más seguro que Konoha, y que nada cambiaría, se volvería un gran ninja y la sucedería en el mando del clan.
Naruto llegó más temprano que de costumbre, sólo porque Iruka había ido por él, eso y su sonrisa le hizo concluir que el profesor ya le había festejado. Sintió un poco de celos de la existencia sencilla de Uzumaki, sin ninguna clase de presión ni amenaza mas que aquélla que sus tonterías le causaban, él no tenía realmente ninguna gran preocupación, podía hacer y deshacer, aunque lo odiara la mitad de Konoha no había realmente ningún grave peligro sobre su rubia cabeza.
—¿Qué pasa idiota?, ¿por qué me ves así? —gruñó Naruto al percatarse que Sasuke lo veía.
—Nada lastre, sólo me preguntaba de dónde sacas el valor para seguir apareciendo aquí, sobre todo después de tu patética demostración de la semana pasada.
Naruto hizo una mueca y un gesto obsceno, pero no se sintió ni un poco ofendido, en otra ocasión lo hubiera hecho pero no ese día, no cuando sabía qué le esperaba por la tarde.
Sasuke por su parte sintió más fuerte la envidia por el rubio, que de verdad parecía no afectarle para nada sus problemas. Miró un poco más allá, hacia Sakura e Ino, Shikamaru, Kiba y los otros, comprendió que sí, a pesar de lo molestos que eran, de lo necios o irritantes, los iba a echar de menos... ¿quería irse de Konoha? sabía que todos lo detestarían cuando lo supieran, sobre todo porque él no se los diría de frente, lo sabrían simplemente cuando él ya no estuviera. Su madre insistía que era una cuestión de seguridad más que dignidad, ¿pero qué decía eso del orgullo Uchiha?
—¿Estás bien, Sasuke-kun? —murmuró Hinata detrás suyo.
Él se giró lentamente hasta quedar de frente con los blancos ojos de la niña. Hinata trataba de sonreírle pero fallaba terriblemente, él asintió con lentitud pero no fue capaz de decir algo más. La Hyūga era quizá la única persona que sabía más o menos cómo se sentía, porque a diferencia, por ejemplo de Ino, ella ya sabía qué implicaba ser un heredero, aunque ella ya no lo fuera.
La niña no estaba del todo segura qué era lo que estaba pensando el Uchiha, pero si algo tenía claro era que algo le ocurría, algo que no era habitual, quizá se acordaba de la pequeña Miu. Trató de decirle algo para animarlo pero no supo qué ni cómo. Sonrió lentamente y asintió.
—Todo mejorará —musitó y regresó a su lugar cuando vio que el profesor entraba al aula.
Esa frase Hinata se la había dicho así misma una y otra vez desde siempre, y sí, había comprobado que todo mejoraba, no que su situación cambiara como ella deseaba sino que ella había aprendido a adaptarse a las circunstancias y entonces sí, veía cómo progresaba todo, pero no porque sus problemas desaparecieran sino porque ella había aprendido a adecuarse.
La clase acabó en un un instante para Sasuke, que por primera vez deseó durara por siempre y siempre. Conforme veía las manecillas del reloj correr, un nerviosismo insistente crecía en su interior. Su madre le comunicó que él se marcharía con el último grupo, desde la mañana habían comenzado a evacuar la aldea de un modo sutil, para no levantar alarmas. Ella le dijo que estaba bien si iba un rato a la fiesta de Naruto, pero para antes del anochecer debía estar en casa, para irse con ella, para siempre.
Los alumnos comenzaron a moverse para disfrutar del descanso, él no se movió de su lugar, vio a Naruto y los otros salir, le hicieron señas pero él no se levantó, permaneció ahí hasta que el salón se vació, entonces aspiró profundamente y suspiró.
Se estremeció cuando comprendió que no estaba solo, Hinata se había quedado también y lo veía con un gesto preocupado, aunque no hizo nada por ir con él, y él lo agradeció. Se quedaron cada uno en su lugar por unos minutos, eventualmente Hinata se puso de pie y se retiró haciendo una reverencia para despedirse, él respondió con una inclinación de cabeza.
—Todo mejorará —murmuró mientras veía a Hinata desaparecer por la puerta—, todo mejorará —, se repitió con certeza.
Se incorporó y salió del salón para unirse a los otros, completamente consciente que, aunque no le gustaba del todo, sabría sacar lo mejor de la situación... todo tenía que mejorar.
...
La vida en Konoha aquel diez de octubre transcurrió como lo había hecho los últimos nueve años y algunos meses más. Nadie conmemoraba el ataque del Kyubi pero muchos lo recordaban, encendían varas de incienso o hacían visitas al cementerio. Algunos otros recorrían las calles rememorando la tragedia. Los viejos evocaban ese pasado, los adultos repasaban las cicatrices del suceso, los jóvenes se preguntaban cuánto de lo que recordaban había pasado realmente,y los niños sólo escuchaban a los mayores hablar de algo que quizá vivieron, pero eran demasiado pequeños como para tenerlo en sus memorias. Como fuera, era un día gris para la Aldea Oculta entre las Hojas.
Pero como para que pueda existir el gris, también debe haber negro y blanco, dos situaciones opuestas tenían lugar en el mismo espacio geográfico, y en medio de esto, otras vidas que sin estar plenamente conscientes, habían quedado atadas entre sí.
Una funesta noticia estaba a punto de ser dada ante el concilio de Konoha, mientras un chico celebraba su cumpleaños por primera vez en compañía de gente que lo apreciaba, y con él, estaban otros tres que habían visto sus caminos enlazarse gradualmente, un quinto era parte del conjunto, pero él se encontraba muy lejos, en una situación muy distinta.
Pero como es todo en esta vida, lo que afectaba a unos, afectaría a otros, sobre todo cuando esos destinos iban de la mano.
...
A pesar de ser la mañana, la insistente lluvia complicaba la visión. Aun así distinguió a los objetivos a la distancia. Levantó una mano e hizo una señal, supo que la líder del equipo de Raíz hizo algo similar porque los miembros se dispersaron preparándose para el ataque. Miró de reojo a la mujer, su nombre clave era Chiai y le inspiraba tanta confianza como una serpiente, pero la orden era trabajar en conjunto y no se opuso a ello, no si con eso retrasaba su regreso a Konoha.
Trabajar codo a codo con subordinados de Danzo era desagradable, pero no podía darse el lujo de decidir. La mujer, su gente y algunos ANBU interceptaron a Itachi y su equipo en su camino de regreso a Konoha, él recibió nuevas órdenes: dirigir el equipo ANBU de novatos recién llegado y apoyar a Raíz en la eliminación de una banda de ninja fugitivos que traspasaron la frontera. Itachi envió adelante a los agentes con los que había cumplido la misión anterior y encabezó el nuevo grupo. Dragón le dijo que los ancianos habían aceptado nuevos reclutas, pero él no había tenido tiempo de conocerles, ahora era el momento. Aunque se preguntaba por qué hacerlo en una misión con gente de Raíz, no era nuevo que el Hokage y Danzo trabajaran en conjunto, así que no cuestionó ni una palabra de la orden.
—Los reportes dicen que son entre treinta y cuarenta —musitó Chiai—, los míos ya mataron a sus centinelas, ¿haces los honores?
El combate no tardó en comenzar. Los objetivos iban cubiertos con mantos que no dejaban ver su identidad, Itachi notó que no todos eran consumados ninja, pues había jóvenes que viajaban con ellos, pero no era momento de consideraciones. Los de Raíz atacaron por la retaguardia, los ANBU por la parte frontal, en poco tiempo los tenían rodeados.
Itachi no entró en combate, se limitó a analizar los movimientos de los nuevos reclutas, consideraba que era la mejor forma de conocer a alguien. Cuando una enorme bola de fuego fue escupida por uno de los fugitivos, él arqueó una ceja, se le hizo terriblemente familiar. Hizo a un lado la idea y continuó concentrado en los nuevos agentes. De pronto dos nuevos ataques de fuego eliminaron un ANBU, un estremecimiento le recorrió la columna. Concentró su atención en ese par, comprobó que esos oponentes eran fuertes, habían matado ya a varios de los agentes de ambos grupos, pero la incómoda sensación se incrementó no por eso, sino porque sabía que conocía ese ataque de fuego.
Decidió entrar en acción para aclarar ese inquietante pensamiento.
Con la katana en mano se lanzó contra uno de los enemigos, no con intención asesina sino para saber de quién se trataba. Se quedó helado cuando vio un sharingan devolviéndole la mirada. Por unos segundos no supo qué hacer, apenas consiguió esquivar un ataque lateral.
—¿Taiga? —musitó con descrédito.
El aludido lanzó un golpe y un grito de furia.
—¡¿Y se preguntan por qué dejamos Konoha?!
Itachi retrocedió, miró alrededor y adivinó que a ese paso, los de Raíz y los nuevos ANBU acabarían con los Uchiha. Buscó con desesperación por alguna señal de Sasuke o su madre.
—¿Dónde está mi hermano? —gritó a Taiga mientras le protegía de un ataque venido de uno de Raíz.
—Está en Konoha... con tu madre —respondió sorprendido el otro, evidentemente no esperaba esa acción de Itachi.
—¿No salieron juntos?
Taiga se quedó a su lado, Itachi supo que tenía un debate interno tan intenso como el suyo. Mientras Taiga se preguntaba por qué no lo atacaba, Itachi se cuestionaba si debía atacar a los Uchiha o a los de Raíz y ANBU.
—Mikoto-sama contempló todas las posibilidades —explicó Taiga después de unos segundos—, decidió que saldríamos por grupos, los primeros dos llegaron a salvo, hasta donde sabemos emboscaron al tercero, nosotros somos el cuarto... ella saldrá con los últimos.
Entonces Itachi comprendió todo, la incertidumbre mutó en furia y, apretando los dientes, tomó la espada con ambas manos.
—Reúne a todos y huyan, los cubriré
Por su gesto, fue claro que Taiga no le creyó ni una palabra. Dos agentes de Raíz parecieron comprender el cambio de la situación y le atacaron, no fue sino hasta que la cabeza de uno de ellos cayó al piso que Taiga le creyó, lanzó un llamado y los Uchiha se reagruparon y poco a poco se abrieron paso entre sus enemigos. Itachi agradeció que quedaran vivos más agentes de Raíz que ANBU novatos, así no se sentiría tan mal cuando matara a todos... si lo conseguía, confiaba en su poder pero quedaban demasiados.
—Danzo-sama dejó claro que matarte fuera la última opción, y que si llegaba el caso... yo le llevaré tus ojos.
Chiai sonrió y con una señal, los siete de Raíz que aun permanecían con vida mataron a los cuatro de ANBU que quedaban. Itachi ni se inmutó, era de esperarse, seguramente los veían como un estorbo. Comprendió que su única oportunidad era un ataque certero y veloz, a ese paso no podría sostener una batalla larga.
Miró de reojo cómo los Uchiha se alejaban, Taiga le daba una última mirada pero no regresó a apoyarlo. Pasó saliva y trató de convencerse que no era una estupidez, que no acababa de meterse en un atolladero todavía mayor del que ya estaba hundido.
La lluvia arreció, aspiró profundamente y se preparó para atacar.
La coordinación de los agentes de Raíz le dejó claro que Danzo los había preparado para confrontarlo, fue más difícil de lo que pensó al principio. Apenas había matado a dos y ya estaba cansado. Comenzó a tener dudas de su victoria, para cuando el tercer cuerpo cayó, él tenía que retroceder a todos los ataques, estaba exhausto.
—Podemos negociar, Gato —dijo Chiai desdeñosamente—, Danzo-sama nunca ha dudado de tus talentos, si consideras unirte a Raíz como debió haber sido desde el principio, te perdonará la vida.
Itachi hubiera reído si hubiera podido, echó a un lado la katana que ya era inútil. Tomó un kunai y aspiró profudamente. Quizá no iba a salir vivo pero no lo matarían sin antes dar una buena pelea.
Dos se lanzaron en un ataque conjunto, tomándolo por sorpresa. Apenas consiguió bloquear el ataque armado de uno, el segundo sí lo hirió de seriedad en una pierna, por puro instinto atrajo su Mangekyo y atacó con Tsukuyumi a su agresor. El infeliz cayó de inmediato en un estado catatónico. Quedaban sólo tres, pero sentía cómo sus niveles de chakra caían peligrosamente.
Chiai y el cuarto agente se colocaron a ambos lados, él no podía perder de vista a ninguno si no quería terminar muerto en un instante. Antes de que pudiera reaccionar el tercero entró en su campo de visión con un kunai explosivo, sabía que no tenía tiempo de retroceder o esquivarlo. Su visión se oscureció cuando algo le impactó de lleno lanzándolo lejos, sintió un dolor punzante en un costado al chocar contra el suelo pero se sorprendió al ser capaz de abrir los ojos y ponerse dificultosamente de pie. Su costado y pierna sangraban, pero no tan profusamente como imaginó. Repasó con la mirada la situación y no supo qué pensar.
A sus pies estaba muerto el tercer agente de Raíz, Chiai y el otro permanecían juntos en el otro extremo del improvisado campo de pelea, en medio había un desconocido que no lo era tanto, obviamente había matado al ninja de Danzo, pero Itachi dudó que fuera un aliado o que si lo era, que le agradara la idea.
—El Líder dijo que podías necesitar ayuda —dijo el hombre con una gran sonrisa, como si no estuvieran en medio de una batalla complicada.
La capa le dijo de inmediato de dónde provenía el sujeto, la nube roja rodeada de blanco contrastaba perfectamente con el negro de fondo. Era más alto que Kakuzu y portaba una gran espada. Sabía de quién se trataba porque había memorizado el libro bingo desde hacía años. Kisame Hoshigaki se interponía entre él y los dos miembros de Raíz.
No hubo tiempo de intercambiar ninguna palabra, los dos de Raíz fueron al ataque de inmediato pero evitando a Hoshigaki. Itachi no sabia cuáles eran las intenciones del ninja de Kiri, no parecía agresivo por ahora pero no pensaba confiarse de que volviera a ayudarle, se colocó en posición defensiva para contrarrestar lo que pudiera de la embestida de los agentes, estaba consciente que no estaba ya en condiciones de dar pelea. Para su sorpresa, antes de que Chiai pudiera acercársele siquiera, la extraña espada del llamado Monstruo de la Niebla le desgarró la espalda y para cuando ella trató de alejarse, él la tomó por el brazo y con una fuerza sobrehumana, estampó su cuerpo contra las rocas. Evidentemente no hizo falta nada más.
Un clon de Kisame estaba listo para confrontar al segundo agente de Raíz, pero cuando su encuentro comenzaba un tercero de Raíz que nadie había visto atacó por la espalda a Itachi. El único ataque del que fue capaz dadas las condiciones fueron las llamas de Amaterasu, bastaron para eliminar al atacante, aunque él quedó en el piso totalmente agotado.
—Creo que son todos —murmuró el ninja de Kiri.
Itachi consiguió sentarse, sabía que era inútil tratar de incorporarse, miró con desconfianza al más alto, que sonreía alegremente.
—Tres grupos de Uchiha pasaron antes por aquí —dijo un personaje que apareció a su lado.
Tan repentinamente que Itachi brincó lejos al ser tomado por sorpresa.
—Como dijo esa mujer, dos grupos llegaron a su destino, pero el tercero fue completamente eliminado no muy lejos de aquí, los que sobreviven de este cuarto tienen el camino libre. Vimos otros hombres enmascarados esperando a las afueras de Konoha.
Apenas el personaje terminó de hablar desapareció, Kisame sonrió al ver el rostro confundido de Itachi.
—Ése es Zetsu, también me perturba pero es útil —se echó la espada a la espalda—. Supongo que nos veremos después.
El Uchiha vio a Hoshigaki levantar la mano despidiéndose y se perdió entre los árboles. Itachi no trató de decir nada, tenía la cabeza ocupada en otras cosas, pues las múltiples líneas de pensamiento a las que estaba acostumbrado se simplificaron: tenía que regresar a la aldea lo más pronto posible, pero estaba a casi medio día de distancia, exhausto y no sabía en qué momento su madre y hermano saldrían de Konoha... no tenía tiempo que perder. Tomó una píldora del soldado y aceleró el paso, la lluvia continuaba pero calculó que era cerca del medio día.
Al cabo de seis horas sintió los primeros efectos secundarios de la píldora, su cuerpo nunca había lidiado bien con ella, quizá porque estaban diseñadas para cuerpos maduros y desarrollados, y él había hecho uso de ellas desde que tenía nueve años. Como fuera, se detuvo sólo dos veces para revisar sus heridas y beber un poco de agua. El tiempo apremiaba.
Cuando comprendió que no podría seguir a ese paso, envió por delante los cuervos, sin saber si tenía suficiente chakra como para hacerlos llegar hasta la aldea. Ya pensaría en algo, ahora no podía detenerse más.
...
Mikoto levantó la mirada a la gruesa nata de nubes que vaticinaba una lluvia torrencial, después contempló el reloj del estudio, volteó a Subaru, Tetsu, Toshio, Yumi y Miwa, asintió lentamente y salieron de la casa. Ninguno volteó hacia atrás, si lo hacían tal vez reconsiderarían su decisión, ya no había tiempo para eso. Los tres hombres y las tres mujeres hicieron uso de la ruta ninja cuando pusieron un pie fuera del ahora viejo distrito Uchiha. Se dirigieron a la Torre del Hokage.
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En Ichiraku había música y risas, al menos veinte personas se habían dado cita para festejar a cierto niño que no había dejado de sonreír en todo el día.
Naruto había tenido algunos días memorables, pero éste definitivamente se posicionaba ya como el mejor. ¿Cómo no podía serlo? Ese día le habían dado más regalos de los que había recibido en toda su vida, el menú sólo consistía en ramen, y lo mejor de todo, cada una de las personas ahí presente lo aceptaban, por quien era, por lo que podía hacer y no hacer... por ser sólo Naruto, y no había mejor obsequio.
Sakura reconoció estar sorprendida por sentirse feliz por Naruto. Aunque el rubio le insistía cada que podía que él se conformaría con un beso de regalo, ella —que no estaba dispuesta a dárselo— notó que la enorme sonrisa con la que él se paseaba por el local de Teuchi bastaba para que ella sonriera también.
Toda la tarde había sido una tortura para Hinata, una tortura demasiado agradable... porque la habitual revolución que ocurría en su interior cada que Naruto sonreía, se había incrementado a un nivel que resultaría insoportable sino fuera porque era tan grato. Llegó a la conclusión que haberle dicho a Naruto lo que le tenían planeado fue la mejor decisión. El rubio continuamente le lanzaba sonrisas y miradas cómplices, todo gracias a ese gran secreto que había entre ambos.
Sasuke, por otro lado, se estaba divirtiendo bastante, disfrutaba de la comida y, por extraño que pareciera, de la compañía, lo había hecho desde esa mañana que pareció haber decidido que sus compañeros no eran tan irritantes, ¡qué lástima que fuera la última vez que conviviera con ellos! Miró el reloj y luego buscó a sus tíos entre los asistentes, Teyaki y Uruchi lo miraron con atención y asintieron. Sasuke pasó saliva, pronto sería hora de irse.
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—Hokage-sama, Koharu-dono, Danzo-dono, Homura-dono —saludó Mikoto con una rígida reverencia.
Los ancianos respondieron con un leve asentimiento de cabeza, Koharu y Homura no pudieron evitar dar una mirada desconfiada a los otros cinco Uchiha ubicados en una esquina del salón de reuniones.
—He reunido a todos tal y como lo dijiste Mikoto, ¿qué ocurre?
La lideresa aspiró y volteó de reojo a sus cosanguíneos.
—He venido a informarles que los Uchiha abandonamos Konoha.
La abrupta respuesta dejó a los ancianos sin palabras, incluso Homura se puso de pie y volteó sorprendido hacia Hiruzen, el cual, aunque sorprendido no lo parecía tanto.
—¿Por qué? —se limitó a preguntar el Hokage, y la sencillez de la misma pregunta hizo que la sensación de culpa de Mikoto se incrementara.
—Porque no puedo asegurar su supervivencia aquí, porque no podemos olvidar cuáles eran sus planes para nosotros, porque a este paso se cumplirá su deseo de vernos a todos muertos... porque no tenemos nada en contra de Konoha, pero tampoco le debemos nada. Nos vamos en paz.
—¿Paz? —bufó Danzo—, hicieron un juramento, ¿es que acaso su palabra no vale?
—Vale tanto como la de ustedes y el Hokage, que como líderes de la aldea, deben ver por los intereses de todos... de todos, y no lo han hecho por nosotros.
Koharu y Shimura se unieron a Homura, los tres no podían creer tal irreverencia. Hiruzen soltó un suspiro y miró a la mujer, recordó a cada uno de los muchos Uchiha que se habían inclinado delante suyo, a la admiración que siempre tuvo por Madara, a la amistad que lo unió a Kagami, al alivio que siempre significó para él tener el sharingan de su lado... al terrible pesar de haber estado de acuerdo con la masacre, al remordimiento de no haber hecho nada antes, a la eterna culpa de saber que no podía decirles no. Él tenía el poder y potestad de ordenar a los ninja de Konoha, pero por años los Uchiha habían sido tratados como si no pertenecieran ahí, ¿cómo culparlos ahora?
—¿A dónde irán? —musitó el Hokage abatido.
—No puedo decírselo, Hokage-sama, lo siento.
—¿Cómo te atreves...?
—¡Danzo! —reprochó el Hokage—, ¿no puedo hacer nada para detenerlos?
—Puede, sé que podría Hokage-sama —replicó Mikoto con tristeza—, pero le pediría que no lo hiciera. De cualquier modo, no hay mucho que pueda hacer ya, casi todos los Uchiha han dejado Konoha.
La guardia ANBU del salón de reuniones apareció cuando los Uchiha presentes se acercaron a Mikoto. Ninguno atacó pero era claro que lo harían a la primera orden de cualquiera de los dirigentes de Konoha, la desconfianza era palpable. Mas ni Subaru o cualquiera de ellos respondió a la agresiva actitud, se limitaron a permanecer al lado de la lideresa, quien miró a los ojos al Hokage y comprendió que si era necesario, él daría la orden.
—Le agradezco todo Hokage-sama, pero no podemos seguir aquí, no si queremos tener un futuro.
Hiruzen vio claramente cómo el sharingan aparecía en los ojos de la mujer, y cómo en instantes éste se transformaba, apenas fue un vistazo porque con la misma velocidad con que se dio el cambio, todos desaparecieron, dejando estupefactos a los presentes.
—¡¿No te lo dije?! –gruñó Danzo que ya se dirigía a la puerta—, ¿de verdad pensabas que mentía?
—Sí —reconoció el Hokage, quien no halló ni siquiera las fuerzas para ponerse de pie.
—De haberme hecho caso antes, ¡ninguno hubiera puesto un sólo pie fuera de Konoha! —reprochó el líder de Raíz— ¡y mira ahora lo que ha pasado!
Koharu y Homura se miraron entre sí, luego a Shimura y finalmente a Hiruzen. Todos se preguntaron si ése era el fondo que Konoha debía tocar para iniciar un cambio.
—Detengan a todos los Uchiha que encuentren. No los ataquen, a menos que ellos ataquen primero —finalizó el Tercero y sintió como si no sólo estuviera traicionando a los Uchiha, sino a él mismo también.
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Mikoto y los demás llegaron a la parte posterior de Ichiraku, se dirigió a la entrada pero para su sorpresa, el perro de Itachi se intepuso en su camino. Ella volteó alrededor buscando a su hijo.
—No está en Konoha —dijo el animal—, pero ha enviado un mensaje para ti: Agentes de Raíz emboscaron a los últimos dos grupos que salieron, los del tercero fueron eliminados por completo, pero consiguió que varios del cuarto siguieran adelante. Hay más de Raíz en las afueras de Konoha, no sabe dónde pero deben estar esperando por ti. Él está en camino pero no sabe si llegará a tiempo.
Mikoto se inclinó delante del perro, sin mirar a los demás, las familias de dos de ellos iban en el tercer grupo, la de otro en el cuarto. Se llevó una mano a la boca para contener la expresión de horror.
—¿Puedes llamar a Sasuke por favor?
El animal y la mujer nunca habían tenido una buena relación, pero en ese momento no importó. El can asintió y entró al restaurante. Mikoto volteó a los demás y les dijo qué era lo que iban a hacer.
Sasuke salió discretamente del restaurante, seguido de Teyaki y Uruchi.
—¿Qué pasa? —murmuró el niño cuando vio el gesto abatido de su madre, algo se sacudió en su interior.
—Quiero que te quedes en Konoha.
Sasuke no reaccionó de inmediato a las palabras.
—¿Por qué? dijiste que... —musitó comenzando a entrar en pánico. Tomó la mano de la mujer.
—Sé lo que dije, por eso te lo estoy pidiendo como tu madre, por favor, quédate. No me perdonaría si algo te pasara.
Dentro de Sasuke se desató un torbellino de emociones al escuchar esto. Cuando superó la prueba y ocupó su lugar como heredero, ella le dijo que a partir de ese día no le daría ya ninguna orden. Ella mantuvo su promesa, ésa no era una orden, era un pedido.
—¿Y si decido irme?
Mikoto negó con la cabeza.
—No podría prohibírtelo, pero estaría mucho más tranquila si te quedaras, no sé qué nos espera afuera, pero sea lo que sea es algo de lo que aún no puedes defenderte; contigo, Uruchi y Teyaki, no sé si pueda cuidar de todos. Si se quedan aquí, si viven juntos, sabré que estarás bien.
—¿Y cómo sabes que nosotros vamos a estar bien?
—Lo estarán, Itachi se asegurará de eso —sonrió forzadamente Mikoto—, él mismo opinó que podías vivir con Naruto, él podría vivir con ustedes, ¿por qué no?
Sasuke vio a Teyaki y Uruchi asentir con una sonrisa, comprendió que era lo que tenía que ser.
—¿Cuándo iré contigo? —preguntó con más control en su voz.
—Una vez que me haya asegurado que todo está bien, será cuando tú quieras.
Sasuke sintió que podría soltarse en llanto en ese momento, pero contuvo las lágrimas y los deseos desesperados de ir tras su madre. Mikoto lo comprendió, se inclinó delante de él y lo abrazó, ella sabía que él había entendido y decidido.
—No importa lo que digan, eres un Uchiha, el futuro líder. Hazme sentir orgullosa —le murmuro al oído y le dio un beso en la frente, tal y como había hecho con Naruto.
Dentro del local, Naruto, Sakura y Hinata vieron esta escena desde distintos puntos. Vieron a la mujer darle ese beso a Sasuke y alejarse, el Uchiha entró poco tiempo después acompañado de Teyaki y Uruchi. Ninguno hizo nada por acercársele, ya lo conocían lo suficiente como para saber que no quería a nadie cerca en ese momento.
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Mikoto y los demás se trasladaron hasta una sección del bosque fuera de Konoha, Mikoto agradeció mentalmente a Fugaku por la habilidad que había recibido con su muerte. En dos años había mejorado los poderes de su Mangekyo, la posibilidad de manipular a alguien por corto tiempo era útil, pero el poder trasladar a varios de un punto a otro sin necesidad de sellos era sin duda la más útil. Sólo gracias a esto había podido evacuar la totalidad de los Uchiha.
Llegaron a un paraje en donde ella solía pasar tiempo con Fugaku muchos años atrás, como imaginó nadie los esperaba ahí, pero no tenía la certeza de que fuera así durante toda su travesía. Faltaba poco para que oscureciera y no podían arriesgarse a perder tiempo. Dio una señal y los otros Uchiha hicieron una formación, comenzaron a moverse, aun tenían mucho camino por delante.
Ya no hizo uso de la teletransportación por consejo de Subaru, ella accedió porque estaba consciente que hacerlo la dejaría en una situación muy vulnerable y podía ser la que pusiera en riesgo a los demás.
En un punto del trayecto hallaron dos cuerpos de agentes de Raíz, Mikoto distinguió un cuervo entre la oscuridad y sonrió, mas no se detuvo, avanzaron lo más rápido que pudieron.
Como era de esperarse, los de Raíz los encontraron en algún punto de la jornada. Eran seis y la batalla no tardó en comenzar, conforme ésta avanzó nuevos ninja de Danzo y también varios ANBU llegaron, Itachi también, los Uchiha eventualmente fueron superándolos hasta que acabaron con todos.
Mikoto miró con desprecio el campo de batalla, Yumi y Toshio yacían entre los cadáveres, Subaru tenía una profunda herida en un brazo que se ganó al tratar de salvar a Yumi, la misma Mikoto tenía un corte levemente profundo en una pierna, Itachi mantenía su máscara pero ello lo conocía bien y sabía que también estaba malherido.
—¿Sasuke? —preguntó el menor.
—Permanecerá en Konoha hasta que la situación mejore. Confío que te asegurarás que esté bien —murmuró la lideresa—. Al final se hizo como tú deseabas, puedes estar con éll —no había ninguna clase de reclamo en su voz, aunque la frase así lo indicaba.
—No —respondió Itachi—, no era lo que deseaba y sí, me aseguraré todo esté bien para él, pero no sé si estaré ahí.
—¿Itachi? —Mikoto preguntó con incredulidad, el tono de Itachi no era el habitual, podía percibir un enojo mal disimulado y cierta tensión. Su hijo estaba planeando algo.
—Sé que Danzo envió a Raíz, ¿crees que Hokage-sama envió a los ANBU?
Mikoto agrandó los ojos, sólo para después fruncir el ceño. Fue hasta ese momento que pensó en esa posibilidad, y entonces entendió un poco de la situación en que se encontraba Itachi. Ella dejó de confiar ciegamente en Konoha dos años atrás, Itachi no. Él, aunque conocía bien sus oscuros métodos, todavía tenía fe en la figura del kage. No supo qué decir.
—¿Qué es lo que vas a hacer? —preguntó con lentitud, mientras un incómodo pensamiento crecía dentro de ella.
Itachi levantó la mirada al cielo, hacia rato que dejó de llover, entonces vio a su madre y sin ninguna palabra ni gesto, desapareció entre cuervos.
—Vamos —musitó la lideresa, obligándose a no pensar en nada más que no fuera llegar a su destino. Aunque muy dentro de ella, una insoportable incertidumbre seguía creciendo, ¿qué clase de madre era ésa que dejaba atrás a sus dos hijos?
...
En Ichiraku la fiesta terminó temprano, había misiones, clases y trabajos para el día siguiente, la gente fue dispersándose, despidiéndose de Naruto y los que aun permanecían.
De ellos Sakura fue la primera en despedirse, después de que su madre la obligó a recordarle a Naruto que lo esperaban a comer al día siguiente.
Hinata, Neji y Hanabi se fueron poco después, después de que Hinata inclinó la cabeza para despedirse de Uzumaki, él le dio de nuevo la sonrisa cómplice y musitó un 'gracias'. Hinata enrojeció y el calor en su pecho se elevó, mientras caminaban de regreso al barrio Hyuuga, ella se sentía flotar.
Teuchi y Ayame limpiaban el local, Naruto se había quedado en un rincón, decidió que también debía irse, sería desconsiderado seguir ahí cuando los dueños aún tenían que hacer el aseo. Ayudó un poco y después se despidió efusivamente de la chica y su padre. Tuvo que detenerse varias veces para acomodar sus regalos, eran tantos que apenas podía con ellos. En una de esas paradas, se atrevió a sacar la fotografía que Itachi le dio y la repasó por milésima vez, una ola de tristeza lo embargó al pensar cómo se sentiría festejar con ellos, pero toda la cascada de recuerdos que esa tarde le generó, bastó para apaciguar su melancolía. La guardó y continuó su camino, en ningún momento dejó de sonreír.
Ya era noche, aunque no muy tarde, y él caminaba por las calles levemente transitadas. Cuando faltaba poco para llegar, un par de agentes de ANBU lo interceptaron y le preguntaron por Sasuke, el rubio respondió que no lo había visto. En parte era verdad pero su instinto le dijo no decir nada más. Los hombres asintieron y se esfumaron. Curioso y preocupado, decidió ir a casa y luego buscar al Uchiha para saber qué estaba pasando.
Vaya sorpresa que se llevó al llegar a su departamento. Porque, después de mucho batallar por abrir la puerta al tener las manos ocupadas con sus obsequios, cuando finalmente entró a su departamento, se topó con Sasuke en su minúscula cocina, y no estaba solo, la vieja Uruchi y su esposo lo acompañaban.
Estaba a punto de hacer un escándalo pero al ver el rostro de los tres se abstuvo.
—¿Sasuke? —preguntó incrédulo—, ¿qué pasa?
Los tres Uchiha intercambiaron una mirada pero ninguno habló inmediatamente, Uruchi soltó un suspiro.
—Naruto ...
Y le contó todo lo que había pasado, lo que el clan había planeado y hecho, de por qué ellos no habían podido irse y la situación en la que se encontraban.
El rubio asintió lentamente y tomó asiento delante de los Uchiha. Sasuke lo miró un momento y frunció el ceño pero se relajó en un instante.
—¿Podemos quedarnos aquí esta noche?
Naruto inclinó la cabeza lentamente, nadie volvió a decir nada pero estaban agradecidos por ello.
...
La noticia de la fuga del clan Uchiha se comunicó la mañana del día siguiente en una reunión de emergencia con los líderes de clan. Como era de esperarse todos estaban estupefactos, no faltó quiénes condenaron la acción como traición, varios no pudieron decir eso, de hecho, gente como Shikaku e Inoichi, declararon que no podían culparlos, su situación era demasiado complicada.
El Hokage reconoció que no sabía dónde estaban, y que había que hacer todo lo posible porque no se supiera en otras aldeas. Si otros se enteraban, creerían que Konoha no tenía control sobre sus ninja, y no faltaría quien tratara de ganar el sharingan para sí. La reunión fue breve y se ordenó ser sutiles con la información, pero comunicar cualquier pista. Se indicó a los líderes Inuzuka, Yamanaka, Nara, Aburame y Hyūga que seleccionaran un miembro de su absoluta confianza, para formar un equipo de búsqueda y aclarar la situación. Fue todo lo que el líder dijo, después quedó a solas con los tres ancianos.
—¿Qué hay de Itachi? —preguntó Koharu
—No ha regresado —respondió Dragón, quien se hallaba oculto entre las sombras donde usualmente se ubicaba la guardia ANBU.
El Hokage y Danzo intercambiaron una mirada, una que no pasó por alto para el Comandante.
—Será todo por ahora, Issei, envía a la guardia, y si sabes cualquier cosa, infórmanos.
El Hokage era el único que aún le hablaba por su nombre, normalmente eso provocaba una leve sonrisa en Dragón, esta vez no fue así. La mirada intercambiada entre Sarutobi y Homura le preocupó, no era nuevo o extraño que el Hokage hiciera uso de los agentes sin que se le informara en qué consistiría la misión, y nunca le había molestado, hasta ahora.
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La mañana siguió junto con los rumores recorriendo la aldea, para el medio día muchos curiosos se acercaron al barrio Uchiha para saber qué pasaba, al encontrarlo resguardado por ANBU, las dudas crecieron. Conforme la tarde avanzó, la noticia cobró más fuerza aunque ni el Hokage o alguno de los ancianos hizo alguna declaración, todos se preguntaban si los Uchiha simplemente se habían ido, o finalmente los mataron a todos.
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Sakura tomaba la mano de Hinata, ambas caminaban aprisa detrás de Neji, que se abría paso hábilmente entre las calles atestadas de gente. Gracias a esto los tres llegaron en poco tiempo al departamento de Naruto, Sakura llamó a la puerta.
—¿Sakura-chan? —fue lo primero que Naruto dijo al verlos.
Antes de que tuvieran tiempo de explicar a qué habían ido, estaban dentro del departamento, incapaces de hablar al ver a las tres personas que estaban ahí.
—¿Sasuke-kun —Sakura musitó incrédula.
Naruto había ido a la Academia ese día, pero se esfumó apenas terminaron las clases. Sakura no tuvo oportunidad de preguntarle si sabía algo de Sasuke que no había ido a clase. Conforme se fue enterando de lo que ocurría en el barrio Uchiha, ella temió lo peor y acudió a Hinata para pedirle que la acompañara, y como era tarde y las calles no parecían del todo seguras en ese momento, Neji acompañó a su prima.
—¿Uruchi-san, Teyaki-san? —Hinata preguntó con el mismo tono de sorpresa.
Delante de ellos, como si nada estuviera pasando, Sasuke y los otros dos Uchiha estaban sentados a la mesa, el lugar que sin duda era de Naruto, indicaba que todos comían sin que ninguno de ellos estuviera particularmente preocupado por lo que ocurría afuera.
—Pensé que... —balbuceó Sakura— oímos que...
—¿Qué los Uchiha se fueron de Konoha? —preguntó Sasuke.
Hinata y Sakura asintieron.
—Es verdad, pero mamá decidió que nos quedáramos aquí —dijo al mirarlos, no era momento de dar más explicaciones.
—Los están buscando por todos lados, nadie sabe nada —musitó Sakura.
—Entonces dejemos que sigan así —sonrió Uruchi—, ¿por qué no se sientan a comer?
En las calles de Konoha se respiraba un ambiente de incertidumbre, sus habitantes se hacían preguntas pero nadie daba respuestas, las familias shinobi volvían a sentirse como lo hicieron dos años atrás, después de que se supo lo que Itachi hizo. No habían encontrado ningún cadáver pero el kage tampoco había explicado nada.
Pero en el departamento de Naruto, ese pequeño y destartalado espacio en que Uzumaki vivía en soledad hasta no hace mucho, todo era distinto.
Siete personas estaban a la mesa... o cuatro de ellos, dos habían tenido que quedarse en el sillón y uno más en la cama a falta de espacio en la mesa.
Y mientras que más allá de la puerta había caos y confusión, adentro había una cena, y aunque cada uno tenía sus propios problemas y preocupaciones, por ahora su prioridad era acabar el tazón de sopa que tenían enfrente.
Capítulo sin revisión de mi beta, quien por cuestiones de trabajo ha tenido que posponer pero ya no quería esperar, porque nos tomamos más tiempo. En cuanto reciba su documento se corrige, pero espero mientras no haya muchos errores.
Mil gracias por los comentarios, favs/follows. Lamento la tardanza, ya se va retomando camino. Un capítulo más para acabar esta primera parte.
Prometo que volverán a ser capítulos un 'poquito' más cortos, pero había que cerrar esto.
:)
