Disclaimer: Los personajes son de S.M, la historia es mía, y cualquier parecido con otra es mera coincidencia. Esta historia está registrada en SafeCreative, absténganse de plagios.


Summary: Bella ha vivido toda su vida rodeada de vampiros hasta que decide irse a vivir con su padre a Forks. Allí encontrará a otra familia tan extraña como la suya, y a un vampiro de pelo cobrizo con el que tendrá que lidiar. "Aquello parecía confirmar mi teoría de que leía mentes -salvo la mía. ¿No estaba acostumbrado a no saber? Esto podría ser divertido." SUMMARY CAMBIADO. AU EdxBe.


Capítulo 12.

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Música: Counting Stars by One Republic

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Abrí los ojos y, por unos segundos, todo pareció normal.

Pero entonces lo sucedido la noche anterior cayó de golpe sobre mí, y recordé. Me incorporé de golpe, buscándole, pero él ya no estaba. Recorrí la habitación con la mirada y, superada la decepción inicial, sentí una sonrisa crecer en mis labios. Hoy no era un día normal.

Había besado a Edward.

Mi corazón dio un vuelco y contuve las ganas de ponerme a chillar y a dar botes en la cama como una niña de cinco años. Toqué mis labios con la punta de los dedos, recordando la sensación de su piel dura y fría contra la mía, cómo al principio no se movió, y luego me rodeó con sus brazos y respondió suavemente a mi beso. Había sido un momento perfecto, roto por mi estúpido necesidad humana de respirar. Al parecer no era capaz de besar y coger aire por la nariz al mismo tiempo. Necesitaba practicar más.

Con un suspiro, me dejé caer encima de la almohada y miré el techo con una sonrisa tonta. Era domingo, Charlie se había ido a pescar con Billy por lo que tenía la casa para mí. No estaba segura de qué hora era -ya que, a pesar de los múltiples recordatorios de mi padre, me había vuelto a olvidar de comprar un despertador-, pero seguramente era ya mediodía. Los rayos de sol entraban por la ventana e ilumin-

¿Rayos de Sol? ¿En Forks?

Volví a incorporarme con una exclamación ahogada en los labios y salté fuera de la cama. No, no, no, era lo único que pensaba. Por supuesto, mi pie se enganchó con las sábanas y caí al suelo de bruces a estas horas de la mañana.

-¡Porras! -chillé, frotándome la nariz con una mano mientras intentaba levantarme con la otra. Logré ponerme derecha con la poca dignidad que me quedaba y corrí hacia la ventana.

Al abrirla, pude vislumbrar perfectamente el cielo azul despejado, sin una sola nube, y el sol brillando en todo su esplendor. Eso sólo significaba una cosa: Nada de Edward hoy.

-¿Por qué, Dios, por qué? -grité, alzando los puños hacia arriba con gesto amenazador-. ¡Me como todas las verduras con la comida! ¿Por qué me castigas?

Callé al ver al otro lado de la calle a mis vecinos mirándome. Ups, bien, Bella, actúa con normalidad.

-¡Buenos días! -saludé, y rápidamente la señora Sullivan agarró las manos de sus hijos pequeños y los metió dentro de casa. Huh. Que maleducada.

Cerré la ventana de golpe, toda mi alegría esfumada. Me puse la bata por encima del pijama y bajé a desayunar enfurruñada. No podía evitarlo. ¿Por qué justo hoy? ¿No podía haber hecho sol el día que caí de culo en un charco delante de todo el instituto? Nooo... justo hoy, el día después de haber besado a Edward. Dan me llamaría infantil, pero ¿quién no lo estaría? Tenía diecisiete años, las hormonas completamente revueltas, había sido mi primer beso y sobre todo había sido con un vampiro tremendamente atractivo que no había intentado morderme. Vamos, en el top ten de los mejores besos de la historia, estaba en los primeros puestos, por detrás del de Rose y Jack en el Titanic y el de Castle y Beckett en 'Always'.

Cogí los cereales y la leche y me puse a desayunar desganada. Sin centrar mi mirada en ningún punto en concreto, empecé a divagar sobre lo que podía hacer hoy. Tenía que llamar a Dan, ya que habíamos dejado una conversación pendiente ayer y tendría que dar muchas explicaciones. Y quizás también tendría que llamar a Edward. Aunque no tenía ni idea de cuál era el protocolo para seguir en estos casos.

Emmm, hola, ¿Edward? Soy yo, Bella, sí, la de ayer por la noche. Me preguntaba si ahora que nos hemos besado somos una especie de novios o si vas a huir volando hacia Alaska de nuevo como un murciélago. Llámame. Mordisquitos.

No, por Dios, nunca podría decir aquello. Menos mal que Edward no podía leer lo que pensaba, o estaba segura de que sí saldría huyendo.

Me encontraba tan inmersa en mis pensamientos, que no capté el aroma hasta que ya era muy tarde.

-Toc, toc -escuché una voz a mi espalda.

-¡Ahhh!

Pillada por sorpresa, lancé el bol de cereales al aire e hice aspavientos con las manos mientras sentía la silla girar, y yo caía al suelo. Cerré los ojos, esperando sentir el golpe fuerte y doloroso. Sin embargo, nunca llegó.

Parpadeé varias veces tentativamente, viendo el rostro apenado de Edward, que me sujetaba con un brazo al mismo tiempo que tenía mi bol intacto en el otro.

-Oh, Bella, lo siento tanto -se disculpó, su voz sonando realmente arrepentida-. Por favor, discúlpame, tendría que haber llamado antes.

Con sumo cuidado, volvió a depositarme sobre la silla y dejó mi almuerzo delante de mí. Miré fijamente los cereales, asimilando poco a poco el ridículo que acababa de hacer.

-¿Qué estás haciendo aquí? -pregunté. Luego maldije para mis adentros, porque no era aquello lo que quería decir en un momento como este. De todas las veces en las que había imaginado cómo sería el día después de besar a un chicos, nunca habría pensado que fuese así.

-Me pediste que te ayudara con Álgebra, y yo pensé... -las palabras murieron en la boca de Edward, quién se veía confundido y dolido. Tenía que arreglar eso.

-Ven, siéntate -le pedí, agarrando su mano. El efecto fue inmediato, me sentí tranquila, feliz, me sentí en casa. Edward obedeció y acercó su silla a la mía.

-Siento haber venido sin permiso, puedo irme si quieres -ofreció con una triste sonrisa, en un intento por quitarle importancia al asunto.

-¡Oh! No, no... -negué vehemente con la cabeza-. No te vayas, por favor-. Bajé la cabeza, avergonzada por lo que iba a decir. Dan siempre repetía que lo mejor en esto casos era soltarlo de golpe, como una tirita, así que le hice caso-. Perdón por mi comportamiento, es sólo que estoy nerviosa y no sé cómo reaccionar, porque la verdad ayer fue mi primer beso y todo esto es nuevo para mí, no sé qué hacer en estas situaciones y...

-Eh, Bella, Bella -me interrumpió, atrapando mis dos manos y, con un dedo, levantando mi barbilla para que le mirase a los ojos. Vi como intentaba esconder una sonrisa. Divertido a mi costa, supongo. La verdad es que había resultado bastante patética-. No tienes nada por lo que avergonzarte, yo tampoco sé muy bien cómo actuar.

-De acuerdo -inhalé, tragando con fuerza-. Empecemos de nuevo.

Le señalé la puerta con la cabeza, y pude ver cómo volvía a sonreír antes de desaparecer en el aire. Me giré y metí una cuchara de cereales en la boca, aunque ya parecían una paparreta por estar demasiado tiempo metidos en la leche. Tragué de nuevo, y entonces escuché unos débiles golpes en la puerta.

-¿Quién será? -me pregunté en voz alta, rascándome la cabeza en señal de confusión. Los dibujos animados siempre lo hacían. Fui a abrir y allí, en el umbral, a salvo de los rayos de sol, se encontraba Edward-. ¡Oh, Cullen! -exclamé con fingida sorpresa-. No te esperaba ver hoy. Pasa, pasa.

Me hice a un lado mientras mi vampiro favorito entraba y se quedaba mirándome con una enorme sonrisa en su rostro. Parpadeé varias veces y fingí peinarme, ya que mi pelo era un caso perdido y de todas maneras ya me había visto completamente despeinada.

-Estaba desayunando, ¿quieres algo? -inquirí, pasando a su lado y entrando en la cocina.

-Isabella...

-¡Ey! Es de maleducados no preguntar.

Estalló en carcajadas, y yo no pude evitar sonreír también. Era genial ver como se reía -le hacía más humano que nunca. Cuando iba a volver a sentarme, sentí su mano en mi brazo y me giré hacia él.

-Eres una mujer increíble, Bella -musitó suavemente, mirándome fijamente a los ojos. Y, de nuevo, consiguió deslumbrarme.

-Tú también -balbuceé, consiguiendo que se riese entre dientes.

Pero entonces, Edward se puso serio y, lentamente, inclinó la cabeza hasta que posó sus labios sobre los míos. Suspiré sonoramente ante el contacto, que terminó tan rápidamente cómo empezó.

-Bella, yo... No quiero que tu reputación se vea afectada por estar conmigo -confesó de golpe, frunciendo el ceño ante la idea. Yo me encogí de hombros, porque realmente aquello no me importaba, y me acerqué a él hasta abrazarle.

-Edward, siento decirte que mi reputación ya se vio severamente afectada mucho antes de empezar a vernos -repliqué.

-¿Estás segura...? -no continuó, pero supe a qué se refería. ¿Estás segura de que quieres seguir con esto?

-Al cien por cien.

-No quiero hacerte daño.

-No me harás daño, Edward -afirmé, poniéndome de puntillas y dándole un beso rápido-. Confío en ti, sin ninguna duda -confesé en un susurro.

Nos quedamos en silencio, él, considerando lo que yo había dicho, y yo simplemente observaba cada detalle de su rostro e intentaba que el mío se mostrase tan seguro como me sentía. Edward pareció ver algo en mis ojos, porque dejó caer los hombros y apoyó su frente contra la mía.

-¿Qué me estás haciendo, Isabella Swan? -murmuró.

-Ahora mismo, esto se llama abrazar -susurré de vuelta, haciendo que su cuerpo vibrase por causa de la risa.

-¿Te gustaría ser mi novia? -preguntó entonces, y, casi por auto reflejo, contesté: -Sí.

Edward sonrió, volviendo a besarme. Sentía mi cabeza dar vueltas, el corazón me iba a mil por hora, y no podía ser más feliz. Definitivamente, esta era una de las mejores mañanas de domingo de mi vida.

-Bueno, creo recordar que me pediste ayuda con un problema de Álgebra -dijo cuando nos separamos, todavía sonriendo.

-Cierto -asentí-. Pero antes de nada, debería terminar de desayunar y ponerme algo decente encima. Ahora que somos novios ya no tienes permitido verme con el pijama puesto. Reglas de Charlie.

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Después de terminar mis cereales y de cambiar mi ropa rápidamente por unos pantalones de chándal y una camiseta vieja de Charlie, bajé las escaleras para encontrarme con Edward en el salón. Sabía que no estaba vestida para impresionar pero, sinceramente, no tenía ganas de arreglarme un domingo, ni aunque viniese la mismísima reina de Inglaterra a mi casa.

-Ya estoy -canturreé, sintiendo como mi coleta se movía y rozaba mi nuca. Le sonreí a mi novio vampírico -nop, no sonaba nada bien-, que estaba sentado en el sofá y me miraba con sus ojos dorados chispeantes.

-Ven, pequeña Madonna, vamos a estudiar Álgebra -bromeó él, abriendo el libro y dejándolo encima de la mesa.

-¡Conoces a Madonna! -exclamé riéndome. Me dejé caer a su lado en el sofá, ignorando la mirada avergonzada de su rostro-. No pasa nada, me gustan los hombres con cultura musical.

Comencé entusiasmada la clase de Álgebra. ¿Quién no, teniendo a un sexy profesor a tu lado? Pero aún con Edward explicándome las cosas, enseguida perdí el interés, la concentración y el hilo del problema.

-¿Lo entiendes? -preguntó, dejando el lápiz encima del folio, el cual estaba lleno de números y letras -¿letras, en serio?- y un montón de flechas.

-Ummm... -dudé, intentando averiguar cual sería la mejor forma de pasar del tema sin sonar maleducada-. Más o menos.

-¿Dónde te perdiste? ¿Qué es lo que no entiendes?

-Umm... -fruncí los labios, mirando fijamente el papel-. Aquí -señalé el primer problema de todos con cara culpable-. Lo siento, las Matemáticas no son lo mío.

-No hay problema -respondió Edward, suspirando-. Puedo volver a explicártelo, intentaré hacerlo mejor.

Pero volví a distraerme. No entendía ni una palabra de lo que decía, sólo veía mover su boca una y otra vez, una y otra vez. ¿Cómo podría hacerlo callar?

En realidad no pensaba con claridad en aquel momento. Ésa era mi excusa para mi comportamiento. Me incliné hacia Edward y puse mi boca sobre la suya. Vi como abría los ojos, sorprendido, y se tensaba como el arco de un violín. Me separé de él, sonriendo tímidamente.

-No pude evitarlo, realmente es culpa tu-

Sin dejar que acabase la frase, Edward me agarró por la nuca y aplastó sus labios contra los míos. Solté un pequeño chillido por la velocidad de su movimiento, pero respondí a su beso inmediatamente. Sonreí contra sus labios y enredé mis dedos en su cabello color bronce, mientras nos besábamos en el sofá de la casa de Charlie, sin toque de queda ni arena en los pies.

Perdí la noción del tiempo, pero poco me importó.

Edward había pasado un brazo sobre mis hombros y me apretaba contra su cuerpo. Yo tenía las piernas subidas en su regazo y le agarraba por la camiseta para que no se escapase. Como si aquello fuese a ser efectivo. En determinados momentos, él separaba su rostro del mío y veía como respiraba por la boca lentamente con los ojos cerrados, controlando su sed. Debería haberme asustado, pero simplemente apoyaba la cabeza en su brazo y esperaba a que me besase de nuevo.

Por primera vez desde que conocí a Edward, ninguno dijo nada durante bastante tiempo.

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-Entonces, ¿vengo a recogerte mañana? -volvió a preguntar por quinta vez con una tímida sonrisa.

-Claro -respondí, riéndome-. ¿Por qué necesitas asegurarte tanto?

-Nunca sé qué esperar de ti -dijo con sinceridad-. Puedes querer verme y al minuto siguiente no saber nada de mí.

Sacudí la cabeza, intentando esconder la sonrisa divertida que pugnaba por aparecer en mi rostro.

-Te aseguro, Edward, que siempre voy a querer verte -dije suavemente, antes de alzarme de puntillas y depositar un beso en sus labios.

Él respondió al contacto inmediatamente. Pasó un brazo por mi cintura, atrayéndome hacia su cuerpo, mientras con la otra mano agarraba mi nuca y me besaba más profundamente. Lancé una exclamación ahogada por la sorpresa inicial, pero sin pensarlo enredé mis dedos en su cabello respondiéndole con el mismo entusiasmo. Al parecer, cada vez le era más fácil controlar su sed.

Nos separamos cuando necesité respirar, Edward todavía abrazándome, y juntamos nuestras frentes.

-No creo que pueda aguantar toda la noche sin estar contigo -confesó en un susurro.

Yo no pude hacer nada más que sonreír como tonta, conteniéndome de hacer un pequeño baile de la victoria bastante patético. En vez de eso, bromeé:

-Será mejor que pases tiempo con tu familia, o pensarán que te he secuestrado y querrán mi sangre.

Pero a Edward no le hizo mucha gracia.

-No voy a dejar que nadie te haga daño -gruñó, apretándome un poco más fuerte contra su pecho, como si quisiese protegerme del mundo-. Te lo prometo.

Jadeé, mirando sus ojos dorados llenos de determinación. Ya no estábamos tonteando, Edward lo decía totalmente en serio.

Y entonces comprendí. Mientras asentía lentamente, supe, por primera vez en mi vida, que estaba irremediablemente y sin ninguna duda enamorada de aquel vampiro de pelo cobrizo, y que daría mi vida por él.

Carraspeé, repentinamente consciente de mi epifanía y de lo que ello acarreaba.

-Anda, vete -musité, sonriéndole al separarme de él-. O realmente acabaré secuestrándote.

Edward me devolvió la sonrisa y me dio un beso en la frente antes de desaparecer en el aire. Con un suspiro, subí las escaleras y me dirigí a mi habitación. Sabia lo que tenía que hacer ahora.

Cuando cogí el móvil tenía sesenta y siete llamadas perdidas de Dan. Gemí internamente, pero le devolví la llamada. Que no conteste, pensé, cerrando los ojos con fuerza, que no conteste, que no conteste.

Me sorprendí a mi misma, pues era la primera vez que no quería hablar con mi querido hermano. Pero realmente no podía mentirle a Dan, y no quería que me llevasen lejos de Forks por convivir con vampiros sin habérselo dicho.

-Isabella.

Oh, miércoles.

-¡Dan! -exclamé, poniendo mi mejor voz despreocupada e inocente-. ¿Cómo te va? ¿Huh? ¿Alguna noticia nueva en el asunto Bello?

-Corta el rollo, Pikachu -me interrumpió él-. ¿Qué es lo que escondes?

-¿En serio, corta el rollo? -me burlé, en un intento no muy sutil de cambiar de tema-. Tienes que dejar de ver la tele.

-¡Isabella!

Oh, oh. Se estaba enfadando y eso no era bueno. Un Dan enfadado se convertía en un ser diabólico.

-No estoy escondiendo nada -mentí. Me mordí el labio con fuerza y me dejé caer en la cama. Mirando fijamente el techo, añadí-. No hay nada por lo que te tengas que preocupar. Forks es muy aburrido, nunca pasa nada nuevo. Tengo una vida completamente normal. Bueno, salvo por el hecho de que Lauren Mallory quiere matarme. Esa chica me pasó el balón dos veces el otro día en gimnasia. Claramente está atentando contra mi vida.

Escuché a Dan bufar y reír al mismo tiempo desde el otro lado de la línea. Por un segundo pensé que le había engañado. Por un segundo. Pero no podía mentirle a Dan... él me conocía demasiado bien, sabía cuándo mentía. Al fin y al cabo, prácticamente me había criado.

-Buen intento, Bells -se rió-. Ahora, si no me dices lo que está pasando, llamaré a Renée e iremos todos hasta Forks y me encargaré personalmente de meterte en un avión de vuelta a casa.

-Ug, éso es brutalidad a un menor.

-No te preocupes, Pikachu, nadie se enterará -dijo, como si aquello fuera a tranquilizarme de alguna forma.

Suspiré, allí, tirada en la cama mirando el techo agrietado de mi habitación, no parecía que mi pequeña mentira fuese taaaan importante, ni tampoco las amenazas de Dan. No es para tanto, intenté convencerme, se lo tomará de buen humor, incluso puede que se eche a reír. Duh, no, eso no iba a pasar.

-Bien -dije-. Pero no puedes enfadarte conmigo.

-Oh, dios, Bella -exclamó él con voz preocupada, aunque no supe decir si estaba bromeando o iba en serio-. ¿Qué has hecho? ¿Has matado a alguien? No te preocupes, sé cómo esconder un cadáver.

-¡Dan! -le interrumpí-. No he matado a nadie, esto es serio. Céntrate.

-Vale, sí, centrarme. Buf, esto va a ser peor de lo que pensaba.

-Deja de dramatizar -le regañé, resoplando. Dudé un segundo antes de preguntar en un susurro-. ¿Estás solo?

-Sí, me fui al bosque para hablar contigo -respondió.

-Vale, bien -musité, cerrando los ojos con fuerza. Como una tirita, vamos, Bells, tú puedes, me animé a mí misma-. Hay vampiros en Forks.

Por supuesto, me esperaba una gran reacción por parte de mi hermano, con gritos, maldiciones, y un discurso sobre mi seguridad el cual había escuchado unas mil veces, pero no sucedió nada al otro lado de la línea. Y eso fue mil veces peor.

-Son vampiros vegetarianos -aclaré rápidamente-. Se apellidan Cullen, la familia de la que Phil tanto habla, la del doctor Carlisle Cullen, ¿te acuerdas? -Claro que se acuerda, tonta, es un vampiro-. Sus cinco hijos van a mi instituto, incluso uno de ellos es mi compañero de mesa en Biología -esperé, pero todavía no escuchaba nada, así que seguí hablando-. Estoy completamente bien, no me han hecho daño ni han intentado atacarme. Es más, han sido tan amables conmigo que nos hemos hecho amigos.

Me mordí el labio, aguardando, esperando a la explosión que sabía que iba a salir de Dan. Sin embargo, no pasó nada. Por un segundo le imaginé completamente petrificado en medio del Amazonas con el móvil en la mano. Entonces supe qué tenía que decir para sacarle del shock.

-Ah, y estoy saliendo con uno de ellos -comenté como si no fuese gran cosa-. Estoy saliendo con Edward Cullen.

-¿QUÉ?

Y entonces la conexión se cortó.

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Hooola, aquí vuelvo con un nuevo cap, espero que les guste. Sé que hace mucho tiempo que no actualizo, disculpen la tardanza pero la Universidad ya está empezando a agobiarme.

Por supuesto, mil gracias a todas por sus reviews, alertas y favs que me alegran cada día :) Quería agradecerles a todas ustedes por seguir por aquí y seguir leyendo mis historias.

Respondo algunos reviews:

Leila Cullen Masen: Dentro de dos caps o así Bella ya visitará a los Cullen y les contará sobre su familia.

TW: Aquí tienes nuevo cap!

Siento no poder responder a todos sus lindos y hermosos reviews como debería, pero de verdad tengo mucha prisa, sólo quería actualizar ahora porque ya tengo el cap listo desde anoche y, como siempre digo, en cuanto lo tengo listo lo subo sin demora :)

Sin más, me despido hasta la próxima,

Besos,

JC.