DISCLAIMER: Nada es mío. Si lo fuera no estaría aquí, jeje.

YULLEN STARTS!

CAPÍTULO REEDITADO! Lean de nuevo, porque la historia ha cambiado bastante. (Odio cómo me quedó este capítulo cuando lo publiqué xD)


Allen tiró de su brazo, intentando librarse del agarre de Kanda, pero fue imposible, era como si el otro tuviera una mano hecha de hierro. Ahora Kanda lo sabía todo. Sabía lo inútil, llorón y patético que era, sabía lo de Tyki y lo idiota que había sido permitiendo que abusara de él, e incluso sabía que se cortaba. Eso no ayudaba mucho a su salud mental en aquel momento. Y la mirada entre decepcionada y furiosa que le dirigían aquellos ojos azules, tampoco.

Deseó que le tragara la tierra, tan hondo que Kanda no pudiera mirarle más; no quería ver aquel deje de asco que cruzaba su mirada.

—Ka-Kanda...—Dijo, con voz temblorosa. Intentó permanecer sereno, pero... ¿Quién lo estaría en su lugar? No pudo evitar encogerse.—No-no me mires...

—¿Por qué?—La voz del japonés estaba tan carente de emoción, que Allen pensó que lo mataría.

—Soy horrible...—Apretó los dientes con fuerza y agachó la cabeza, sin saber muy bien qué hacer.—¿No me ves? Soy idiota, y patético, y estúpido, ¡y un maldito emo de mierda! No quiero que mires...

Kanda movió una mano rápidamente hacia él e instintivamente agachó la cabeza. Estaba tan acostumbrado a los castigos que se esperaba uno, pero sin embargo se quedó sorprendido cuando aquella mano tocó la piel alrededor de los cortes, de una forma muy suave. Alzó la cabeza, encontrando un Kanda pensativo, que examinaba las heridas.

—Dios, Allen. Siéntate en la cama, ahora vuelvo. Joder...—El japonés entró al baño deprisa y corriendo y Allen hizo lo que le ordenó, extrañado. El otro volvió al cabo de unos instantes, apretando el paso. Volvía con un botiquín abierto lleno de cosas, y lo dejó sobre la cama, para después sentarse al lado de Allen. —Dame tu brazo. Como esta mierda no se cure pronto te vas a desangrar.

Allen le dio el brazo, pero éste temblaba tanto que Kanda lo tuvo que agarrar con fuerza. El chico se dejó hacer, mientras el otro le limpiaba y le cosía las heridas con un perfeccionismo impropio de él. Después de aplicar desinfectante y una venda, la tarea terminó; y Allen era consciente de que Kanda exigiría respuestas. O concretar las que ya tenía. Apartó la mirada y la desvió hacia el suelo, mientras movía las manos, inquietas, en su regazo. Había conseguido tranquilizarse, al menos un poco.

—Moyashi, ¿desde cuándo llevas haciendo esto?

El chico titubeó, mirando directamente a su regazo. —¿El qué?

—Ya sabes. Cortarte.—Allen le dirigió una mirada asustada a Kanda, pero éste no iba a consolarlo así como así. Hasta que no obtuviera respuestas, se mantendría firme. Y había tanto de qué hablar... El otro, sentado a su lado, parecía un cachorrito asustado, pero asustado de verdad. Una voz en su interior le repetía mil y una veces que se mantuviera en calma, sin esa luz de tranquilidad posiblemente ya hubiera salido en busca de Tyki con Mugen en mano.

—¿Tengo que decirlo?

—¿Tú que crees?—Kanda alzó una ceja. Allen tragó saliva.

—Desde que me di cuenta de que necesitaba desahogarme de algún modo.

—¿Por qué necesitarías desahogarte de ese modo teniendo a gente que te escucharía? No lo entiendo, Moyashi.

—Quizá no quiera llamar la atención con mis problemas y prefiera calmarlos por mi cuenta, ¿no crees?

—O quizá sea eso lo que pretendes, llamar la atención. ¿No sabes comunicarte o qué?

—Quizá, Kanda, quizá. Pero bueno... ¿A quién demonios le importa? Sólo soy un monstruo que no merece...

—¿Es eso lo que dice Tyki?—Kanda estaba a punto de explotar. Allen lo notaba por cómo apretaba los puños y la forma en la que se le tensaban los músculos del cuello.

—¿Por qué hablas de Tyki ahora?—Dijo, intentando sonar indiferente. No quería hablar de ello; no quería hablar de nada. No ahora.

—No te hagas el idiota, Moyashi. He leído las mierdas que te escribía ese tío. Y supongo que esos moratones en tu cara tienen algo que ver, ¿no?

—¿Por qué quieres saberlo, Kanda? ¿Acaso te importo?—Allen soltó una carcajada sarcástica, que sonó más bien dolida. El japonés estuvo a punto de responder, pero el otro le cortó.—¿No decías que no querías saber de mí? ¿Antes no decías que nunca te preocuparías por mí? ¡Pues ahora te pido que no lo hagas!

Fue a levantarse, quería salir de aquella habitación lo mas pronto posible, pero Kanda se abalanzó sobre él impidiéndolo. Allen se defendió, intentando apartarlo de encima suya, pero fue imposible. Acabó recostado encima de la cama, con el otro a horcajadas encima de él. Le sujetaba los brazos, uno a cada lado de su cabeza, haciendo que no pudiera forcejear. Kanda estaba tan cerca de él, de tal modo que sólo le haría falta levantar un poco la cabeza para juntas sus labios con los del japonés.

Aquellos ojos azules estaban clavados en los suyos. Allen tembló, en aquellos ojos habían demasiadas emociones, su máscara de frialdad se había resquebrajado. Y no era precisamente decepción y asco lo que veía en ellos.

—¿Pero qué te has creído? ¡Eres idiota, joder!—Gritó el japonés, con una expresión de verdadera rabia. Allen estaba paralizado, ¿cómo era posible que Kanda sonara... Dolido?—¿Crees que te curaría tus malditas heridas, te preguntaría por cómo estas y te dejaría entrar en mi casa si no me preocupara por ti? ¡Joder, que hasta has dormido en mi cama!

—Ka...

—Cállate de una vez, maldita sea. Deja de decir gilipolleces. ¡Me preocupo por ti, idiota! ¡Me importas, joder! ¿Estaría aquí pasando la vergüenza del siglo diciendo estas mariconadas si no me importaras lo más mínimo?

—Yo... Kanda...—Dijo Allen, intentando serenar a Kanda y a sí mismo. Las palabras del japonés le resonaban en la cabeza, una y otra vez. Le importaba a Kanda. Se preocupaba por él.—L-lo siento...

—Eres idiota, Moyashi. No tienes que pedir perdón... Sólo deja de ser tan estúpido. A veces creo que eres realmente un brote de habas sin cerebro. Mira las cosas que me haces decir... Joder, me estás volviendo gay.

Sin previo aviso, Kanda le soltó las muñecas, dejándolo libre. Allen pensó que seguiría con la charla, pero lo único que hizo fue agarrarle el brazo vendado y atraerlo hacia sí. Después, Kanda hizo algo que nadie nunca hubiera esperado de él. Se llevó la muñeca de Allen a sus labios y depositó un suave beso, no más que un leve toque, allá donde las heridas estaban cubiertas por las vendas. El otro enrojeció ante el contacto, sorprendido.

Sentía cómo se ruborizaba. Un calor en el corazón, unas mariposas en el estómago, sentía...

¿Amor?

¿Y Kanda no estaba enfadado? ¿El Bakanda estaba... Preocupado por él? ¿Y por qué le estaba besando la muñeca? ¿Y por qué decía que le importaba? ¿Estaba aprovechándose de él? ¿Por qué demonios lo besaba? ¿Y por qué Kanda era tan amable? ¿Y por qué todo era tan jodidamente complicado? ¿Y por qué sucedía todo justamente hoy?

Allen, ¿por qué te tienes que dar cuenta de todo justamente hoy? Pensó.

Kanda le había soltado, y ahora lo miraba con una cara de lo más extrañada. Supuso que debía estar poniendo una cara de lo más idiota, pero no podía evitarlo. Todo era tan confuso y extraño...

—Allen, ¿pero qué...?

De un momento a otro se había puesto a llorar. Muerto de vergüenza, se agarró con fuerza a Kanda y enterró la cabeza en su pecho. No quería llorar, y menos delante de Kanda, pero tenía demasiada tensión acumulada. Necesitaba ese desahogo que las lágrimas le podían proporcionar. Era algo que no podía evitar. Se sentía tan culpable e inconsciente y patético... Y lo peor era sentirse tan bien gracias a Kanda. El maravilloso Kanda. No se lo merecía, lo sabía.

El japonés lo abrazó con firmeza y se movió en la cama, arrastrándolo consigo hasta sentarlo en su regazo. Allen seguía sin parar de llorar, mientras el otro le acariciaba el pelo suavemente.

—Shh... Calma Moyashi. Pareces un crío.

—N-no...—Respondió Allen, un poco más calmado. Alzó la vista para encontrarse con los ojos de Kanda; su mirada ya no reflejaba odio sino... ¿Cariño?—No sé... Me besaste y yo... Eres tan bueno conmigo Kanda... N-no me lo... Merezco...

—Shh... Moyashi, no seas idiota...—Kanda lo sujetó mas fuerte contra sí, y le enjuagó las lágrimas de las mejillas con el pulgar. Allen cerró los ojos, disfrutando el contacto.—Sé sincero... ¿Todo esto es por Tyki?

—Yo...—Las lágrimas habían desaparecido, pero en su lugar había aparecido un extraño vacío en el corazón del albino al acordarse de Tyki. Enterró la cara en el pecho de Kanda otra vez.—Soy idiota. Soy patético. No me merezco esto...

—¿Entonces es por Tyki?

—Sí, es por Tyki. Tyki... Tyki me...—Allen ahogó un grito de disgusto, y armó todo su valor para continuar hablando.—Ya sabes. Si no hacía lo que él quería me pegaba un puñetazo. O me mordía o me daba una paliza... Cosas varias.—Pudo notar cómo la mano que Kanda tenía apoyada en su cabeza se crispaba.—Al principio se contenía bastante y tan sólo me insultaba o me dejaba sin comer... Luego añadió los golpes.

—¿Y tú no hacías nada?

—Bueno... Tan sólo agradecía que no me obligara a tener... ¿Sexo? Entonces sí que era horrible.

—Espera... ¿Lo hizo?—Allen asintió en silencio.—¿Y no le dijiste nada? ¿Absolutamente nada?

—¿Por qué te crees que estoy así? Creía que iba a cambiar y le hacía caso y confiaba en él y... Hoy me di cuenta. Soy patético, Kanda. Tan sólo me quedaba llorando y creyendo sus palabras... Y luego me volvía a pegar. Dios, soy estúpido...

—Pero, joder, Allen. ¡Esto no es tu culpa! Tú no eras responsable de sus acciones, joder. No te pongas así.—Kanda aferró con más fuerza a Allen, como temiendo que si lo soltaba éste se hundiría.

—Pero he sido un idiota todo este tiempo...

—Todos somos idiotas cuando nos enamoramos, Moyashi. Lo importante es que te diste cuenta. Espero que no quieras volver con el. Te juro que como se te vuelva a acercar lo parto en dos con Mugen.

—No, no quiero. Nunca más. Pero aun así...

—Ni peros ni nada, Moyashi.—Kanda agarró con fuerza los hombros del Moyashi y le obligó a mirarlo cara a cara.—Has cometido errores. No debiste haber creído en él. Pero hacerte eso...—Desvió la mirada hacia el brazo vendado de Allen.—Como si fueras tú el que debería estar así por todo esto... ¡El sería el que tendría que estar pasándolo mal! Debería suicidarse Tú deberías estar montando una fiesta ahora. ¡Alegra esa cara, demonios! ¡Felicidades, ya era hora!

—Kanda...—Allen desvió la mirada de los ojos del japonés y sonrió con tristeza.—Eres muy bueno conmigo... Siento que no me lo merezco.

—¿Por qué?

—No sé... Después de tanto tiempo siendo un monstruo al que nadie quiere...

—Pero el tío que decía esas gilipolleces está ya muy lejos. Y si no lo está, te juro que me lo cargo si se te acerca. Y tú no eres un monstruo. Eres...—Kanda depositó un suave beso en la frente de Allen, ruborizándolo.—Eres mi Moyashi. Y no permitiré que... Ay Dios. Las cosas que me haces decir. No permitiré que nadie te haga sufrir... Sólo yo.

—¡Eso último sobraba, Bakanda!

—Baka Moyashi, después de mi ataque de cursilería tengo que decir algo para contrarrestar. No tomes a Kanda muy en serio cuando está siendo amable.

—Ni que te costara ser amable... Oh, espera, que olvido que hablo con el mismísimo Bakanda Yu.

—Ni más ni menos. No te esperes más amabilidad en cinco años.

—¡Eso es muy rácano!

La discusión siguió por un tiempo, en el que Allen empujó a Kanda y los dos acabaron enredados el uno con el otro, tumbados sobre la cama. El japonés se posicionó encima del albino, y puso las manos a ambos lados de su cabeza. Su expresión era tan seria que a Allen le dieron escalofríos.

—Prométeme que no lo volverás a hacer.—Dijo, señalando con la mirada el brazo del chico. Éste se quedó pensativo. ¿Cómo iba a prometer eso así como así?

—Lo prometo.—Dijo, dubitativo, y sonrió forzadamente, intentando calmar la situación. A Kanda no le gustó aquel deje de duda, así que le agarró de la camisa, y lo miró a los ojos.

—Dije que me lo prometieras.

—No puedo, Kanda. Prometo intentar no hacerlo pero...—Allen apartó la mirada de aquellos ojos azules que lo miraban como si estuvieran escrutando cada parte de su ser.—Necesito tanto dejar de sufrir...

—Entonces bésame.

—¿Qué?—Preguntó Allen, perplejo. Notaba cómo se sonrojaba.

—Bésame, estúpido idiota. Te hará olvidar.

—Esto... ¿De dónde has sacado eso?

—No preguntes y hazlo. Sólo te haré olvidar todo lo que te hace sufrir, ¿quieres?

Allen fue a responder, pero fue detenido por los ásperos labios de Kanda, que se posaban en los suyos con una ligera presión suficiente para hacerle perder el sentido. No fue capaz de apartar a Kanda, ni detener el beso, pues su corazón estaba volviendo a palpitar con fuerza. Y se sentía demasiado bien, tanto que era capaz de olvidarse de todo. Kanda tenía razón.

Se abrazó con fuerza al cuello de Kanda, y éste le tocó los labios con la punta de la lengua, pidiéndole entrar. Allen se sonrojó profundamente, pero poco a poco entreabrió la boca y su lengua se encontró con la del japonés. Sus lenguas se acariciaban suavemente, y pudo saborear la boca de Kanda. Sabía a tortitas.

Kanda se apretaba más contra él, como si quisiera fundirse con él, y con las manos le acariciaba el pelo con delicadeza. Allen no pudo evitar soltar un gemido.

Cuando el beso terminó, Allen miró al japonés a los ojos. Seguía tan serio como siempre, pero en sus ojos veía que Kanda lo había disfrutado.

—Esto... Kanda...

—Llámame Yu, ¿quieres?

—Hmm... Yu...

—¿Sí?

—¿Te has dado cuenta de que has dejado de llamarme Moyashi?

—No, ¿cuándo, Moyashi?

Allen resopló.—Olvídalo... Gracias, K-Yu.

—De nada, ¿por?

—Por estar ahí cuando lo necesité. Me ayudaste a olvidar por un momento toda esta mierda y ver más allá. Me curaste las heridas y no te enfadaste conmigo por hacerlo... E incluso me hiciste sentir un poco menos monstruo y mejor conmigo mismo... Gracias de verdad, Kanda. Me haces... Sentir bien.

—No me las des, Mo-ya-shi. Sólo llamame Yu si quieres agradecérmelo.

—Ah, sí... Yu. Esto...

—¿Sí?

—¿Qué se supone que somos? Es decir... Esto de besarnos y eso...

—Ah.—Kanda se agachó y volvió a besar los labios de Allen.—¿No te gusta?

—No, no es eso...—Cada vez se estaba sonrojando más. Kanda alzó una ceja, divertido.

—Pues ya está. Necesitas un poco de amor, Moyashi. Y yo te lo daré si te olvidas de Tyki.

—Pero...¿Por qué?

—Porque somos amigos, Baka Moyashi.—Dijo, Kanda, frunciendo el ceño.—¿Qué va a ser si no?

—Bueno...—Quizá fuera porque se esperaba un motivo más especial, el caso fue que Allen sintió como si su corazón se resintiera. Quizá sólo esperaba oír de los labios de Kanda que éste le amaba.—¿Amigos pues?

—Así pues.

Kanda volvió a inclinarse sobre Allen y a besarlo, esta vez por el cuello, dejando un rastro de círculos rojos a su paso. Éste gimió ante el contacto, mientras le arañaba con suavidad la espalda al japonés.

Ajenos a todo, no se percataron de aquel chico que los observaba refugiándose tras la puerta entornada.

Y ese chico estaba muy celoso y enfadado.


¡Hola hola! Siento la tardanza. Lo siento muchísimo. He suspendido matemáticas (con un 1'5 para ser exactos) y me tienen sin PC desde hace un mes. He estado escribiendo en los ratitos en los que tengo excusa para ponerme, y hoy aprovechando que tengo que hacer un trabajo... Et voilá. Estoy sufriendo mucho sin Internet TT-TT. No sé cuándo recuperaré esto, pero tengan por seguro que en cuanto lo recupere esto volverá a su ritmo normal. Esta historia y la otra mía. Pero hasta que no me devuelvan lo mío no sé cuándo podré publicar un nuevo cap. ¡Esto es horrible! TT-TT

Y eso.. Que el Yullen empezó. Por favor, díganme qué tal quedó, qué se puede mejorar de este capítulo tan tardío, qué Ooc se puede mejorar, qué escena quedaría mejor de x forma o si me he equivocado en la ortografía... Por favor, sean libres de criticar. Me merezco toda clase de malas palabras que quieran proferir, todo por no publicar a tiempo TT-TT.

No podré responder reviews en un tiempo, pero no se preocupen que yo devuelvo lo que me dan xD. Así que no me vean una huraña, simplemente no puedo aún u.u

Recuerden criticar! Critiquen mucho! Esta autora se ayuda mucho con las críticas!

Les pido que tengan paciencia en cuanto a los nuevos caps a partir de ahora u.u

Y eso, me voy a dormir ya que más allá de mi ventana el mundo es oscuro y alberga horrores (es de noche).

Con todo su amor,

Dolly.