Calma antes de una tormenta. Una frase tonta, pero demasiado real. Cuando creí que mi vida mejor no podía ir, cuando comencé a sentirme completamente feliz, quizás más de lo que me merecía. Llego mi tormenta.

El martes por la mañana mi progenitor me dejo en el instituto como hacia todos los martes. Habló menos que siempre y eso se sentía extraño. Lo miré pero solo parecía estar sumamente pensativo. Detuvo el auto frente la escuela y me deseó un buen día como hacia siempre, pero esta vez lo hizo con un dejo de tristeza en la voz. Camine hacia el edificio huyendo de la llovizna.

El día fue monótono, no vi a Sophia aunque me pase por su casillero cada que vez que una clase terminaba. No llegó a literatura. Guarde la esperanza de verla durante el almuerzo pero ella no llego ¿estaría enferma?

–¿Por qué no viniste ayer? –me preguntó Sig. Iba a contestar con la verdad pero intuí que no a muchos adolescentes sus padres los dejaban faltar a clases solo para enseñarles a conducir.

–Estaba enfermo –contesté clavando la mirada en mi almuerzo

–¿de qué? –me preguntó mientras sacaba el jitomate de su sándwich. Supuse que no me creerían si decía que gripe, porque no tenía ninguna señal de haber estado enfermo

–el estomago

–oh es horrible ¿no? –preguntó estremeciéndose, Gen rodó los ojos

–Si lo es –concordé con Sig

–¿ella…? –Negué con la cabeza y me aclaré –¿Sophia tampoco vino ayer?

–¿ah? –me preguntó Sig levantando la vista. Gen frunció el entrecejo y desvió brevemente la mirada hacia la mesa donde Sophia solía sentarse antes, ladeó la cabeza extrañado

–Si vino –dijo posando su penetrante mirada en mi –ayer y hoy –añadió. Me gire para ver si estaba sentada con sus amigos, pero ella no estaba en la mesa.

–¿seguro que vino hoy? –pregunté incrédulo.

–La vi en economía –contestó encogiéndose de hombros. Ella iba a deberme muchos besos por perderse.

–Debe estar en la biblioteca –comenté pensando que era el único lugar donde parecía extraviarse. Aguante lo que quedaba del receso y mis siguientes dos clases esperando gimnasia. Si no aparecía iba a comenzar a preocuparme, pensé que quizás iba a ser yo el que llamara al FBI.

Salí de los vestidores casi al último y camine hacia el gimnasio, todos estaban haciendo ejercicios de calentamiento, comencé a buscarla con la mirada. Respire aliviado. Estaba al otro extremo de la cancha, pero allí estaba ella, con su cabello rubio atado en una desordenada coleta alta.

Sus ojos azules se posaron en mí y sentí como mi rostro se ponía rojo. Sonreí pero ella no correspondió mi sonrisa. Suspiró y comenzó a acercarse a mí con paso decidido. Comencé a mentalizarme y prepararme, para que cuando ella estuviera cerca, yo fuera capaz besarla sin problemas.

–Tenemos que hablar –me dijo cuándo paso a mi lado sin detenerse, por un momento me descoloque incapaz de comprender nada, la miré y vi cómo se encaminó fuera del gimnasio. Eché un vistazo al entrenador McCombs estaba entretenido en su tabla y haciendo sonar el silbato.

La seguí fuera y la encontré parada al final del pasillo al lado de las puertas, que daban al estacionamiento. Viendo como caían los primeros copos de nieve de la temporada. Sonreí.

–¿qué pasa?

–Pasa que… –dijo para luego volverse a mí –Tengo muchas cosas de las que debo estar pendiente. Y esto no puede seguir.

–¿el que no puede seguir? –pregunté sin entender

–Tú y yo. Se acabó –dijo tajante

–¿Qué? –proteste incrédulo. Suspiró cansada

–No busques que te explique, no quiero tener que hacerlo. Simplemente el mundo en el que creía que vivía ha desaparecido. Sé que no es tu culpa, pero las especies existen por algo. Son el balance eterno de la vida. Los fuertes se alimentan de los débiles, esa es la única ley que creo que existe en la naturaleza. Al menos en lo que puedo creer ahora. Has como si esto nunca paso, porque yo ya he empezado a hacerlo. –dijo pronunciado cada palabra concienzudamente provocando que la angustia se hiciera un hueco en mi pecho.

–espera no entiendo. Si hice algo mal… lo arreglare, lo prometo. –dije tomando su mano entrelace nuestros dedos, pero ella mantuvo los suyos rígidos.

–Tú lo dijiste un día. Yo soy diferente a ti, los chicos como tú no se hacen novios de chicas como yo y ya me he dado cuenta de porqué. Solo déjalo estar.

–¡No! Es… ¿cómo voy a dejarlo pasar? –dije alterado, luego la mire a los ojos y dije con un hilo de voz –Yo te amo.

–¿por qué no lo entiendes? –dijo frustrada mirando nuestras manos –lo siento, pero esto no funciono.

Me quedé estupefacto ¡que no había funcionado! hace apenas tres días, las cosas no podían haber estado mejores, al menos para mí –¿no me quieres? escucha no pido que me ames, pero… –dije atropelladamente.

–tú ya no puedes estar en mi vida –dijo clara y fríamente. Enmudecí incapaz de seguir diciendo algo. Tragué saliva y mi respiración comenzó a descompasarse. Pero aun no me había contestado mi pregunta.

–¿nada? –pregunté con la voz apenas saliendo de mi boca, Sophia se dio media vuelta tirando de su mano, pero afiance el agarre no iba a dejar que se fuera solo así. Tardó unos segundos en contestarme.

–No –dijo sin verme. Tiró nuevamente su mano, pero esta vez yo la solté. Sophia dio un par de pasos alejándose de mí, abrió la puerta desgastada, el aire frio se coló y se estampó contra todo mi cuerpo. La vi alejarse volviéndose una figura apenas visible entre los copos de nieve que caían afuera. No se giró ni una vez. Me caí al suelo sobre mi trasero, con todo dándome vueltas, mi respiración estaba totalmente descompuesta y sin darme cuenta mis estúpidos ojos comenzaron a soltar lágrimas que resbalaron por mis mejillas.

Sentado en el suelo, en shock como estaba con todo dándome vueltas, me rodearon unos brazos firmes y seguros –está bien solo… sácalo –dijo la voz de Gen, mientras que yo me rompía. No sé cuánto tiempo paso, hasta que escuché pasos acercarse.

–¿Qué ocurre? –preguntó la voz de Sig haciendo que luchara con controlarme. Pasaron unos segundos hasta que de pronto apenas podía respirar, por la presión que ejercía Sig en mi caja torácica.

–Si nos ve alguien dirá que esto es muy gay –dijo Sig

–Bastante gay –apoyó Gen, escuché sus risas. Pero yo no estaba de humor para acompañarlos. El agua seguía saliendo de mis ojos, aunque deseaba parar no podía incluso sollozaba. ¿Todo se había acabado? Mi Sophia… ya no sería más mi Sophia.

–Freud llévalo al auto. Yo voy a decirle al entrenador que se enfermó… –dudó un segundo debatiéndose lo que inventaría –del estómago. Le diré que lo llevaremos con su papá –dijo Gen dándole las llaves a Sig. No tuve ánimos para decirle a Gen que no dijera que Carlisle era mi papá o que no me llevara con él. Así que me levante y Sig me guio por el estacionamiento hasta su auto. Me dio la sensación que estaba cuidando que no resbalara con la nieve y que no me cayera. Mi amigo un humano, tenía que protegerme. ¿Más vergonzoso podía ser? Después de todo era cierto. Ella era mucho para alguien patoso como yo.

–Estará bien –aseguró la voz de Edward lejos a algunos metros, no le preste atención y me tire en el asiento trasero del auto. Esperando a Gen llegara y me llevara con mi progenitor.

–¿qué te dijo la boba Jenkins? –se animó a preguntar Sig durante la espera. Suspire. Sus palabras estaban tan gravadas en mi mente, mi tonta mente que nunca se quedaba con nada.

–Que somos diferentes. Que ya no quiere estar conmigo y… que no me quiere. –musite mientras recordaba. Escuche el sonido de la puerta del conductor al abrirse, incluso el sonido del viento. El frio se coló dentro del auto haciéndome salir por un segundo del estupor en el me encontraba.

–¿ya? –le preguntó Sig a Gen. Mientras Gen cerraba su puerta y encendía la calefacción.

–si vámonos –dijo Gen arrancando el auto –¿quieres irte a casa Ares? –me preguntó con una voz poco usual en él, sonaba gentil, paciente e incluso afectuoso. Pero no tenía ánimos para ponerme feliz porque Gen comenzara a quererme. Era tan consiente de todo y a la vez de nada.

–No –susurre con la voz quebrada. –Solo quiero desaparecer.

–eso es fácil en nuestra casa –propuso Sig haciendo uno de sus chistes privados que solo ellos entendían. Asentí sin saber si podían verme. No tenía ánimos para que Emmentt se riera a costa mía, ni para que mamá me viera así.

–bueno vamos. –dijo Gen acelerando. El camino fue insuficiente, para lo que yo necesitaba. Me hubiese agradado que Gen cruzara todo el país para que así me diera tiempo de asimilarlo. Para creérmelo. Para pensar en un porque o para al menos engañarme e intentar pensar que esto era un terrible sueño.

Pero el camino a lo sumo habrá durado unos 5 minutos. El aire impregnado con la fragancia de mis amigos parecía estar burlándose de mí, manteniéndome alerta y despierto. Sin permitirme poder huir ni perder la cabeza. Haciendo así que solo fuera más consciente de que la había perdido... era real.

Me talle los ojos y me senté en el asiento cuando sentí que la velocidad había disminuido considerablemente. Afuera la nieve había dejado de caer, pero había dejado cubierto todo el suelo.

El cielo gris y el blanco de la nieve se unían en un tono tan luminoso que era abrumador. Mire alrededor estábamos en el camino cubierto de nieve, esperando que un auto rojo saliera de la estrecha desviación, que llevaba a la única casa que había allí. La pequeña casa pérdida entre los altos pinos que la rodeaban y que ahora mismo estaban cubiertos de nieve.

El auto rojo se alejó por el camino y Gen se detuvo afuera de la casa. –Llegamos –me anunció Sig. Baje del auto sin ser consciente del todo de cómo mis pies se movían, era como si actuara en piloto automático. Sentía como las piernas me temblaban, inhale el aire frio. Gen abrió la puerta de la casa y Sig me jaló del brazo para que me apresurara a entrar.

La casa era grande su vista exterior resultaba un tanto engañosa. La amplia estancia estaba llena de cuadros de esa arte extraña que no llegas a comprender, pero que sabes que son artísticos por eso mismo.

–Norma exagera con la pintura –murmuró Gen algo avergonzado

–¿los hace ella? –indagué para no ser grosero, aunque lo que menos me interesaba eran pinturas de colores.

–La gran mayoría –dijo Sig encogiéndose de hombros. –¿tienes hambre? –me preguntó caminando hacia un pasillo

–No –dije sentándome en el sofá que había en la estancia. Me froté los ojos algo incómodo. Les había hecho mi drama y ni siquiera tenía ganas de ser amable con ellos.

–Escucha… sé que no entendemos porque no tenemos novias, pero sé que no puedes quedarte sin comer. –dijo Sig dándome un sándwich de nutella. –también tenemos helado –me propuso dudoso

–Freud hace frio –dijo Gen regañándolo mientras encendía la chimenea de gas.

–Sí, pero estamos deprimidos –le riñó Sig. Tomé el sándwich sin ganas.

–Gracias –musité viendo el fuego. Gen se acomodó en el sillón en una muy extraña posición las piernas reposaban en el respaldo del sillón y su cabeza estaba colgando hacia abajo donde deberían haber estado sus rodillas, si se hubiera sentado correctamente.

–ella… no lo entiendo. El viernes me beso con tantas ganas, casi pierdo el control. –murmuré. Simplemente no podía dejar de pensarlo ¿Qué hice mal?

–Demasiada información –dijo Gen extendiendo su mano para frenarme, él no sabía que yo me refería a otro tipo de control.

–No, no sigue a mi si me interesa eso –dijo Sig alentándome –entonces lo hicieron el viernes y hoy…

–¡No! –contesté ofendido cuando comprendí que la teoría de Sig era que lo habíamos hecho y no le había gustado.

–vamos… admite que muy hábil no te ves –dijo divertido

–pues… pues ¡tú tampoco! –dije indignado y mostrando mi molestia.

–no quiero ser redundante pero te advertí que está un poco chiflada. –dijo Gen con los ojos cerrados. –y si quieres mi opinión ella está más loca por ti que por otra cosa.

–¡entonces porque me dejo! –dije casi enfadado, Gen de cabeza como estaba arrugó la frente.

–ahora que lo dices es extraño. Pero creo que deberíamos hablar de otra cosa –dijo sin abrir los ojos.

–¿Qué es extraño? –insistí. Gen suspiró hastiado

–olvídalo, ya no tiene caso que te rompas la cabeza buscando una explicación. –Dijo bajándose del sillón. –Comete ese sándwich ya, que Freud lo hizo con mi nutella –me ordenó

Mordí el emparedado sin sentir la textura, ni siquiera el dulzor me provoco placer. No estaba hambriento yo sólo quería estar sólo, quizás correr a toda velocidad mientras gritaba y lloraba a todo pulmón, con suerte lograría sacarme este dolor y rabia que tenía dentro.

El teléfono sonó y Sig lo contesto como si eso nunca pasara. –¿hola? –Me miró y dijo –¿Ares? No lo sé voy a ver…

–Es tu mamá –susurró tapando el teléfono. Inhalé aire y asentí pidiéndole el teléfono

–¿mamá? –dije intentando sonar de lo más casual

–Ares, Edward dijo... –se detuvo dubitativa, rodé los ojos ¿acaso ese chismoso ya se había encargado de divulgar mi mala suerte?… –¿estás bien? –me preguntó preocupada.

–Sí, lo siento olvide avisarte… Gen me está ayudando con mi tarea de arte–dije intentando convencerla. Aunque me di cuenta de que mi voz sonaba apagada. Así que suspire sin hacer ruido e intente infundir en mi voz el tono adecuado para convencerla –ya sabes él es muy artístico –agregue haciendo que Sig se riera entre dientes y que Gen pusiera los ojos en blanco.

–estoy bien, pero estoy ocupado. Adiós –dije antes de colgar

–Eres un pésimo actor –dijo Sig sonriendo.

–Como sea –dijo Gen dándome un bote de helado –¡ten come helado! –le mire sin creerlo

–afuera nieva

–si pero me estoy quedando sin planes para animarte –dijo tendiéndolo hacia mí. Sentí un nudo en la garganta por el gesto de Gen.

–estoy bien –dije. Él me fulminó con la mirada y Sig intervino.

–yo que tú lo tomaría, es de su reserva especial –asentí y lo tomé sin ganas. Yo no lo destape, pero Sig si lo hizo y comenzó a comérselo. Estuvimos así un rato, sentados en el suelo sin hacer nada, solo viendo como Sig se comía el helado. Me enojaba hacerlo pero no podía frenar mi mente. Sin que lo evitara comencé a analizar de nuevo sus palabras.

–¿y cómo te va en matemáticas? –me preguntó Gen bruscamente evitando que pudiera concentrarme.

–Mal. El señor Saterfield está decepcionado –conteste arrugando el entrecejo aún ensimismado en las palabras de Sophia, intentando encontrar una brecha que me explicara que sucedía.

–Eso es entendible –dijo Sig jugando con la cuchara –se suponía que eras un genio. –Suspire concentrándome en el patrón extraño de la alfombra. Sig se arrastró hasta donde estaba Gen le susurro demasiado bajo, para que no escuchara lo que decía "oye… ¿y si lo emborrachamos?" "¿estás loco Freud?" "No. Pero la gente dice que eso ayuda a olvidar" levante la mirada y vi que Gen lo estaba considerando. Después de unos segundos asintió y le dijo a Sig "si esto sale mal planeo culparte a ti" Sig rodo los ojos como si fuera lo más obvio del mundo.

–Ven Ares –dijo Gen, encaminándose fuera de la estancia. Bajamos unas escaleras de mármol que llevaban al sótano. Era grande, las paredes blancas no tenían cuadros, pero estaban decoradas con patrones, flores extrañas, incluso animales todo pintado sobre ellas, decididamente la señora Millett debía de reírse cuando calificaba mis trabajos.

También había un plasma enorme, y un sillón con forma de L. Al fondo una pequeña barra con una gaveta llena de licores distintos. –Sig tiene la teoría de que… –dijo Gen dudoso, como si de pronto la idea ya no le pareciera buena. Sabía que no solucionaría nada pero lo cierto era que yo no tenía un plan mejor para sentirme menos miserable.

–¿quieres tomar algo Ares? –me preguntó Sig colocándose detrás de la barra, me sonrió dudoso. Asentí y me senté en un banco alto. Gen me imitó, pero cuando se dio cuenta de que Sig no sabía ni como abrir la gaveta. Puso los ojos en blanco y se fue del otro lado.

–¿em… de cuál…? –dijo Gen examinando las botellas. –hay vodka, tequila, brandi…

–¡de la botella más vacía! –Sugirió Sig –si es la que mi papá más se toma, debe ser buena. –dedujo Sig animado, Gen le miro mal y solo me sirvió a mí. Tome un sorbo pequeño y sinceramente no me gusto.

–Quema –dije con la voz rasposa.

–A ver –dijo Sig probando de mi vaso. Tomó un trago e hizo una mueca –danos de otra –pidió devolviéndole el vaso, Gen le fulminó con la mirada, cogió otra botella sin apartar los ojos de Sig y sirvió en el pequeño vaso.

–¿cómo sabe? –me preguntó Sig arrebatándome el vaso sin dejar que lo probara

–¡oye! –le dijo Gen luchando por arrebatarle el vaso. Les ignore y me serví en otro vaso de la primera botella, no sabía si ayudaba realmente, pero era todo lo que tenía porque ya no la tenía a ella.

Edward

¿Sobreprotección? Quizás pero el afán de los padres siempre es proteger, incluso de lo que es tan imposible como inexcusable.

Mis padres quisieron evitar un corazón roto. El lunes por la mañana Esme apagó la alarma de Ares y no lo despertó con la intención de que se quedara dormido, lo suficiente para que no fuera a la escuela. El destino se interpuso o quizás solo fue el reloj biológico el que hizo que Ares despertara a las siete de la mañana.

Emmett estaba bastante incomodo, sentía una enorme culpa por lo que estaba pasando. Ares se dio cuenta enseguida de que estaba raro, le miró insistentemente esperando sus matutinos comentarios burlones. Incluso lo incitó arrojándole la corteza de su pan. Emmett soltó un gran suspiro y se la regreso arrojándole las migas de corteza en el cabello. Eso fue suficiente para que Ares se conformara, se giró y continuó desayunando.

Fue entonces cuando Carlisle creo un plan b, para aplazar momentáneamente el porvenir de Ares. Le enseñaría a conducir. Me parecía injusto e inútil que le estuvieran ocultando lo que ocurría, pero aunque les dijese lo que yo pensaba no creía que sus protectoras mentes aceptaran mi consejo.

En cuanto Carlisle se llevó a Ares fuera de la casa mis hermanos y yo fuimos al instituto. Alice estuvo decepcionada cuando lo intentó y pudo ver absolutamente todo lo que haría Sophia Jenkins segundos antes de que pasara "cuando estaba decidida a estar con Ares, ¡no veía nada!" pensó enojada.

Los pensamientos de Sophia iban y venían pensando en Ares. Su pánico hacia nosotros no había disminuido, decidió mantenerse lo más alejada posible, aparcó su auto en el estacionamiento para profesores y personal administrativo del instituto. Procuró estar en los pasillos llenos de gente y en los que sabía que había cámaras "si te hacen algo no podrán escapar sin dejar pruebas" pensó.

Sonreí estaba completamente neurótica ¿de verdad creía que había alguna forma de que la asesináramos sin que asesináramos en ese mismo acto a Ares? No tardó mucho en darse cuenta que Ares no había ido a clases "¿se está escondiendo de mí? Realmente no voy a poder dejarlo" pensó agobiada en el receso cuando espió a hurtadillas la cafetería.

Vagó por sus clases con la mirada gacha intentando ocultar sus ojos hinchados e intentando parecer lo más Sophia posible. Por primera vez en mucho tiempo le parecieron molestas las miradas a su alrededor, le hubiese encantado ser una estudiante de la cual el mundo no estuviera pendiente.

Fue a gimnasia perdida es sus pensamientos. Deseaba poder fingir que nada era cierto y que ella estaba un poco demente, pero los raspones en sus manos provocados por las caídas mientras huía de nosotros… le recordaban que no estaba demente "él me dijo lo que era, fue mi culpa por no creerle. ¡Es…que! ¿Cómo se suponía que iba a creerle?" Sentía un enorme dolor al pensar lo que haría, pero aun así no cambio de opinión.

Las clases terminaron con el ambiente tenso en el mismo aire. En la casa sin embargo el ambiente era casi normal. Ares estaba realmente… desilusionado de la conducción, aunque Carlisle afirmaba que lo había hecho muy bien, pero los recuerdos en su mente resultaban un tanto contradictorios.

El martes. Seguí la mente de Sophia desde que llego al instituto. Más calmada y convencida de que si quisiéramos hacerle daño lo habríamos hecho ya, estaciono su auto en el estacionamiento para estudiantes.

Entonces vio el auto de Carlisle detenerse frente del edificio principal y su confianza flaqueo, tuvo que recargarse en su auto para no caerse. "allí está" pensó dedicándose a mirar el auto con atención. Ares se bajó del auto y se encaminó hacia la puerta del instituto "demasiado hermoso, completamente inhumano" pensó al borde de las lágrimas.

Evitó conscientemente cruzarse con Ares durante todo el día, le observó de lejos pero no tuvo el valor ni la fuerza para acercarse a él. Se sentía enormemente cobarde. Pero cuando el timbre anunció la séptima hora se dio cuenta que no podía seguir evitándolo.

Lo vio entrar al gimnasio y la adrenalina se apoderó su cuerpo. Los nervios recorrieron cada célula de su pequeño cuerpo, sentía como si sus piernas fueran de gelatina, los ojos le escocían. Ares le sonrió y el corazón de Sophia dio un vuelco, suspiró intentando tranquilizarse. Fue incapaz de verlo así que caminó hacia Ares, con la vista clavada en la pared que había detrás de él.

Se detuvo a su lado dudando aún –Tenemos que hablar –musitó con la voz fallándole "Aquí no" pensó y se encaminó hacia la salida. Esperó en el vestíbulo viendo a través de los cristales de la puerta. Ares la siguió inmediatamente, logró escuchar sus pisadas torpes avanzando hacia ella. El miedo la embargo "ahora estamos solos" pensó

–¿qué pasa? –preguntó tranquilo, Sophia abrió los ojos lo más que pudo y dejó salir una bocanada de aire luchando por mantenerse tranquila, cuando lo consiguió se volvió hacia él. Lo miró un segundo y luego hizo que sus humanos ojos lo desenfocaran mientras los mantenía fijos en los trofeos detrás de Ares.

–Pasa que… –titubeó –Tengo muchas cosas de las que debo estar pendiente y esto no puede seguir.

–¿el que no puede seguir? –preguntó Ares desconcertado Sophia se tragó las ganas que tenia de rendirse, de ignorar lo que pasaba y besarlo aunque fuese un suicidio "¿Por qué me haces esto?" hizo acopio de todas su fortaleza para bloquear sus emociones.

–Tú y yo. Se acabó –dijo mordazmente, apenas logró escuchar la voz de Ares pronunciando un –¿Qué? –pero percibió toda la intranquilidad que él sentía. Se dio cuenta que tendría que hacer un esfuerzo hercúleo para hacerle comprender. Suspiró y se permitió verlo a los ojos. "no me mires así… siento que me derrumbare"

–No busques que te explique, no quiero tener que hacerlo. Simplemente el mundo en el que creía que vivía ha desaparecido. Sé que no es tu culpa, pero las especies existen por algo. Son el balance eterno de la vida. Los fuertes se alimentan de los débiles, esa es la única ley que creo que existe en la naturaleza. Al menos en lo que puedo creer ahora. Has como si esto nunca paso, porque yo ya he empezado a hacerlo. –masculló

–espera no entiendo. Si hice algo mal… lo arreglare, lo prometo –dijo Ares intranquilo. "no me digas eso… no puedo yo no puedo" pensó mientras contemplaba la mano de Ares aprisionando la suya, la fría piel de Ares logró hacerla sentir que su piel ardía "no va a rendirse fácilmente" pensó

–Tú lo dijiste un día. Yo soy diferente a ti, los chicos como tú no se hacen novios de chicas como yo y ya me he dado cuenta de porqué. Solo déjalo estar. –dijo intentando convencerlo y no demostrarle lo desecha que se sentía

–¡No! –Se negó rotundamente –Es… ¿cómo voy a dejarlo pasar? ¡Yo te amo! –confesó, el corazón de Sophia se aceleró más de lo que ya estaba pero por razones totalmente diferentes.

"lo haces más difícil de lo que imagine" pensó y por un segundo lo reconsideró, la idea de quedarse al lado de Ares le atraía, pero no dio su brazo a torcer –¿por qué no lo entiendes? lo siento, pero esto no funciono. –dijo frustrada "si no me sueltas no podré irme" pensó con cierto dejo de esperanza en su fuero interno. "Oblígame a quedarme, amenázame si es necesario ¡hazlo!"

–¿no me quieres? escucha no pido que me ames, pero… –imploró Ares. A Sophia le volvieron a escocer los ojos "niño tonto, yo también te amo… pero esto es una locura" pensó alterada. Evito a toda costa que sus miradas se encontrasen y fue entonces cuando Sophia se dio cuenta que no estaban del todo solos.

Distinguió a Gregory Millett viéndolos desde la máquina expendedora "fisgón ¿nos seguiste?" Pensó erróneamente "en todo caso esto bueno, tú me odias y lo convencerás de que esto está mal ¿cierto?"

–Tú ya no puedes estar en mi vida –le dijo a Ares, negándose a darle la respuesta que él quería e intentando mantenerse lo más impasible posible.

–¿nada? –preguntó Ares incrédulo, parecía estar al borde del colapso. "Tendré que mentir. No se rendirá" pensó. Estaba bastante alterada, tanto que su subconsciente la traiciono y sus músculos se contrajeron y apretaron ligeramente la mano de Ares. Ella realmente no quería que sus manos se soltaran.

Sophia se volvió evitando verlo. "tendrás que mentirle" se recordó al tiempo que sus ojos se aguaban. –No –mintió mientras las lágrimas que había estado conteniendo resbalaban por sus mejillas. La mano de Ares resbaló liberando el agarre "¿me soltaste?" pensó incrédula, Sophia necesitó un momento para procesar eso. "Ahora está hecho"

Salió del lugar apresuradamente sin poder contener los sollozos, caminó hacia su auto dando grandes pasos. Cuando llegó intento abrir el auto, pero sus manos temblorosas carecían de coordinación y soltaron las llaves. Sophia se tiró frustrada sus rodillas reposaron en el suelo mojado, lloró y gimoteó destruida. Su mente comenzó a gritarle que volviera que no importaba, que era mejor morir a saber que él ya no era suyo. Pero una vez más su cordura la trajo de vuelta, tomó las llaves del suelo y se puso de pie logrando entrar al auto. Respiró intentando tranquilizarse sin tener éxito alguno y arrancó el vehículo.

Ares no se encontraba mucho mejor. Rosalie sugirió que fuéramos con él, pero dude que fuese a aceptar nuestra compañía de buena gana, una vez más le confié todo a Gregory Millett. Lo cual no fue una decisión sabia de mi parte.

El sonido del motor advirtió que el auto se acercaba Esme me miró suplicante, negué con la cabeza –No veo nada –dije frustrado. El auto se detuvo y escuché el sonido de la puerta abrirse.

–Ares se durmió –tarareó Sigmund… ¿ebrio? Miré las expresiones de los demás. Si estaba en lo cierto. –¿Han estado tomando? –me preguntó Esme alterada, me concentré en las dos mentes que podía leer, pero la mente de Sigmund no dejaba de pensar incoherencias, la única sana y libre de alcohol era la de Gregory. La cual se debatía en que le iba a hacer o decir. Sopesó sus posibilidades mientras veía la puerta de la casa y a Ares. Por un segundo le pareció que su opción más factible era bajar a Ares del auto y dejarlo sentado en la puerta, pero lo desecho por completo ¿y si no había nadie en casa y se moría congelado? Gregory salió del auto y luego saco a Ares tambaleándose con el peso de mi hermano. Ares le hablo mucho más borracho que Sigmund

–¡Gen! Te quiero

–Gracias Ares –le contesto irritado.

–sabes a veces me das más miedo que mi madre, pero eres bueno –dijo Ares con cariño y muy borracho.

–mmm –murmuró mientras caminaba hacia la puerta e intentaba buscar una buena excusa, incluso le paso por la mente decir que en su casa habían estado pintando y eso había dejado grogui a Ares, pero le basto un rápido vistazo para comprender que nada de lo que inventara tendría la suficiente credibilidad. Así que comenzó a rogar porque le abriera Alice, "la hermana loca de Ares" Arrastro a Ares con dificultad avanzando sobre la nieve. La puerta de copiloto se abrió y se detuvo enojado

–¿qué haces Freud? ¡Metete al coche! –le dijo enfadado

–Es que quiero vomitar… –dijo Sigmund antes de devolver el estomago

–¡carajo! ¡Mi carro! –dijo frustrado, mientras tocaba el timbre. Esme se precipitó a abrir antes de que el chico mirara de nuevo hacia la puerta. En cuanto la vio se sobresaltó.

–eh… hola buenas tardes –dijo intentando parecer educado y relajado, e intentando mantener a Ares lo más recto posible. –¿señora Cullen? –preguntó esperando no haberse equivocado de casa, ya que Ares en su estado no le había servido mucho de ayuda cuando le pidió su dirección.

–si –dijo Esme quitándole a Ares y sosteniéndolo sin problema, provocando que el chico la viera con admiración

–¡mamá! –dijo Ares abrazando a Esme

–qué significa esto ¡¿porque esta borracho?! –le recriminó Esme enfadada al chico dejándome ver brevemente sus recuerdos:

Ares borracho llorando. Sigmund llorando junto con Ares. Ares vomitando. Ares diciendo que se moriría sin Sophia. Gregory evitando que Ares le llamara a Sophia. La gota que había derramado el vaso fue cuando Ares amenazó con desnudarse y salir así a la intemperie para morirse congelado y Sigmund dijo que lo acompañaría. Gregory se había dado cuenta que no podía lidiar el solo con su hermano y Ares borrachos.

–pues vera… em… yo… no sé cómo paso, no bebió mucho…

–mamá no lo reganes él es Gen, ¡mi mejor amigo! –dijo Ares, Esme miro mal a Ares pero comprendió que regañarle en estos momentos era completamente inútil. Asintió aun enojada, pero más tranquila.

–gracias por traerlo a casa. –dijo Esme examinando a Gregory no le agradaba mucho, pero no podía permitir que se marchara bebido y se accidentara –¿Estas sobrio?

–Si –se apresuró a contestar Gregory

–Ve con cuidado, la carretera debe estar lisa –dijo enfadada, pero sus palabras provocaron una extraña opresión en el pecho del chico. Asintió antes de encaminarse hacia su auto, pensando que la mamá de Ares se preocupaba más por él, de lo que hacía su propia madre.

–Te ayudo –dijo Carlisle tomando a Ares. Lo sujetó con un brazo mientras se encaminaba al sofá.

–progenitor… –murmuró Ares enfurruñado mirando con los ojos achinados a Carlisle

–¿si?

–Necesitamos un sótano… –dijo Ares sin soltarse de Carlisle aunque ya estaban en el sofá, Carlisle le miró sin entender –Gen tiene uno genial –dijo Ares ilusionado y sonriendo, provocando que Carlisle le devolviera la sonrisa. Esme le siguió sentándose en el suelo al lado del sofá donde estaba tendido Ares.

–Veremos qué podemos hacer –prometió ayudándolo a acomodarse en el sofá. La sonrisa de Ares desapareció en cuanto su vista se enfocó en la cabellera rubia de Rosalie.

–Me ha dejado –musitó melancólico.

La mandíbula de mi padre se tensó –Lo sé. Lo siento –dijo Carlisle mirando con tristeza a Ares, habían intentado evitarle ese momento

–No… después de todo es cierto ¡Me dejo! ¡Me dejo! –se dijo a si mismo sentándose en el sofá subió sus pies abrazándolos y colocó su cabeza sobre las rodillas

–Ven –dijo Carlisle obligándolo a deshacer el ovillo que había creado, lo recargó en su pecho, y le observo unos segundos. Comenzó a mecerlo como si de un bebé se tratase. Ares no se quejó, no parecía ser del todo consiente de que Carlisle era quien lo abrazaba, tenía la vista perdida en la pared. –todo va a estar bien. –le susurró Carlisle besando la sien de Ares. –estarás bien

–No me quiere –musitó ido y acurrucándose en Carlisle –y yo la amo.

Ares se sumergió en una depresión aplastante, comenzó a vivir por mera obligación. Apenas comía, no dormía lo suficiente, no peleaba con Emmett. Los primeros días Esme lo dejo pasar, incluso le permitió faltar a clases una semana. Pero cuando era imposible que se ausentara más sin que se viera afectado le obligo a ir al instituto.

Ares

Escuché la voz de mamá llamarme en apenas un murmullo, quizás era ella hablando bajo o quizás era yo intentando no escucharla. No me moví un centímetro quería que fuera al instituto.

–no puedes seguir faltando cariño. Si rebasas el límite de faltas perderás el semestre –dijo preocupada. Apreté los ojos.

Mi mamá suspiró frustrada –¡Ares! –dijo con un tono de reprimenda. Entonces se quebró un tanto enojada y frustrada, pero sobre todo triste –levántate, por favor cariño. Ya no quiero verte así. –musitó acariciando mi cabello. La culpa me abrumó había estado tumbado por una semana, lloriqueando e ignorando el mundo que me rodeaba. No tenía ánimos pero no podía seguir así, abrí los ojos, sus ojos dorados me miraron tristes aunque sus labios se curvaron con ternura. Suspiré no tenía nada de ganas de salir de la cama, mucho menos de ir al instituto, pero me senté al borde de la cama.

Asentí sin ganas y me puse de pie –bien –dije mientras caminaba hacia el baño. Me duché con agua fría intentando despertarme y parecer lo menos ido posible, no tuve que hacer ningún esfuerzo para escuchar como mi mamá les decía a todos que hoy si iría al instituto. Alice enloqueció y vino corriendo a destruir el poco orden que conservaba en mi armario. Fue lo suficientemente rápida para salir antes de que yo terminara de ducharme, dejó la ropa que me escogió sobre mi cómoda, rodé los ojos pero no tenía ánimos para discutir con ella sobre mi vestimenta.

Me vestí y me senté en mi cama desecha… hoy iba a verla, apreté los ojos y me obligué a concentrarme en cada cosa que haría para evitar pensar en ella. Bajé las escaleras y comencé a buscar mi mochila.

–Tú no tienes remedio –murmuró Alice observando mi calzado. La miré enojado me había puesto la estúpida ropa que eligió y ella me molestaba. Se encogió de hombros sonriendo resignada ¿Qué nunca se enojaba?

–Ten –dijo mi mamá materializándose frente a mí y tendiéndome la mochila. Asentí sin ganas y caminé al garaje.

Entré al auto de Carlisle. El garaje estaba vacío, suspiré ¿era muy temprano aun? No tenía opción esperaría que mi progenitor se dignara a aparecer –¿él troglodita no desayunara? –preguntó Emmett, sonreí con amargura, ¿comer? si me dolía incluso respirar sin ella.

Recargué mi cabeza en el asiento acolchonado detrás de mí. ¿Cómo iba a hacerlo? ¿Iba a tener la fuerza para verla y hacer como si nada? ¿Para no correr tras ella y mendigar su amor? Amor que no existía, al menos no de su parte.

El dolor que había estado intentando ignorar con el sueño apareció abofeteándome la cara. Comencé a sentir intranquilidad y miedo. Entonces me di cuenta que mi pecho subía y bajaba estrepitosamente por mi respiración inquieta. "¡contrólate!" me grité en mi fuero interno. Intenté dejar de pensar, al no tener nada que hacer me concentré en las pequeñas y casi imperceptibles arrugas que tenía el revestimiento de cuero de los asientos.

La puerta del conductor se abrió evitando que me perdiera en el estupor por completo. Escuche muchos pasos acercándose mientras mi progenitor entraba y sin siquiera rosarme me ponía el cinturón de seguridad, quizás en otro estado le hubiera saltado encima enojado porque invadiera mi espacio personal, pero no tenía ganas ni humor para hacerlo.

Salimos hacia el instituto casi al mismo tiempo que mis "hermanos". La nieve había aumentado desde la última vez que salí… o que mi mamá me obligo a salir para ir a cazar. La carretera era lo único que se observaba medianamente despejado. Mi vista se enfocó en el espejo que había a mi lado. Habíamos formado una caravana… la caravana Cullen. Los dos autos donde viajaban mis hermanos postizos nos seguían de cerca.

–pensé que estarías más preocupado por estarte saltando tus clases de conducción. –comentó mi progenitor intentando iniciar una conversación.

Lo mire crispado ¿tan necesario era molestarme? Su rostro estaba serio como si no me conociera y realmente estuviese decepcionado de mi falta de empeño con sus clases, rechiné los dientes. –¡oh si claro! Mi principal preocupación es la conducción ¡ah y mi futuro tanque! No sabes el dilema que tenía por retrasar su adquisición –dije enojado y quejándome, a Carlisle y a los demás les pareció que el que me quejara era algo bueno. Escuché varias risas y Emmett sugirió que por mi seguridad un triciclo estaría bien.

Miré enojado hacia atrás el auto que conducía Barbie-Rosalie –Ya entendí –dijo mi progenitor sonriendo –sin coche tanque… y sin triciclos. –estableció

Me volví a ver la carretera mojada. Una vez más incluso en algo tan estúpido como conducir estaba Sophia. Se suponía que aprendería a conducir para poder verla más –en realidad ya no necesito aprender a conducir. –Murmuré sintiendo como el dolor me abrumaba de nuevo. Mi progenitor asintió tenso y se olvidó de entablar una conversación conmigo. El camino al instituto se tornó silencioso. Carlisle aparcó lo más cerca que pudo de la entrada, me dio la impresión de que si hubiese podido meter el coche al edificio para dejarme dentro lo habría hecho.

–Ten un buen día –dijo mientras yo azotaba su puerta.

–Si –bufé como respuesta. No importaba la fuerza que usara contra su auto nunca me regañaba, estaba comenzando a creer que de alguna manera loca e imposible Alice le había heredado su capacidad anti-enojos a Carlisle.

Crucé la puerta y respiré. La escuela seguía igual que siempre, con su ajetreo matutino de chicos yendo y viniendo por los pasillos, con estudiantes apresurados copiando tareas que habían olvidado hacer y con los distintos grupos de gente hablando animadamente en los pasillos, parecía que nada había cambiado pero no era así. Una sensación de pánico me invadió, pero a la vez sentí necesidad de verla. "Eres un estúpido" pensé antes de sentir un repentino alivio. Jasper me cogió del suéter e hizo que me tambaleara hacia él –¡ay! –Me quejé, Jasper se aclaró la garganta un poco avergonzado y aflojó su agarre –tenemos algebra –me recordó

–Ya lo sé –dije jalando inútilmente mi brazo intentando hacer que me soltara.

–pareces incomodo –dijo frunciendo el entrecejo, pero sin soltarme. Puse los ojos en blanco y seguí tirando de mi suéter. Me detuve agitado por mi inservible esfuerzo, quizás había sudado un poco y él solo seguía observando como si no comprendiera que deseaba que me soltara. –Se hace tarde –argumentó

–No me digas –dije sarcásticamente –caminaría si mi abrigo no estuviera sujeto a ti

–¡no le arruines la ropa Jas! –le dijo Alice logrando que me soltara sin hacer el más mínimo esfuerzo. Bufé indignado y comencé a caminar al salón del señor Saterfield. Jasper me siguió e incluso se sentó a mi lado. ¿Qué estaban pensando?… ¿qué me iba a escapar? O quizás…

–¡Señor Cullen! –Exclamó con entusiasmo la grave voz del señor Saterfield –¿Ya está mejor? –me preguntó. Perdí el aliento… ¡él chismoso de Edward había sido tan ruin como para divulgar que Sophia me dejo y estaba deprimido! Miré a Jasper atónito, él me devolvió la mirada con el ceño fruncido sin comprender el porqué de mi miedo repentino. El señor Saterfield soltó una carcajada –le hablo a usted Ares

–ah… –balbuceé –si… ya estoy mejor

El señor Saterfield asintió conforme y se dedicó a su clase. Miré alrededor los demás no parecían estarse burlando ni siquiera me miraban, respiré y decidí darles un voto de confianza a mis hermanos postizos –¿qué dijeron? –pregunté en un susurro

–Que tenías hepatitis A –me contestó Jasper encogiéndose de hombros –estuviste tendido en la cama viendo televisión y comiendo chocolate. Por eso tu aspecto demacrado. –me explicó

Fruncí el ceño –parece que estuve muy grave –musité intentando concentrarme en lo que decía el señor Saterfield. La clase fue increíblemente larga, no hacía más que recordar cómo me había dejado, sin más explicaciones… solo ya no me quería.

Suspiré nervioso cuando la clase termino. Cada vez más cerca la tercera hora… Esperé combatiendo mi dilema interno… quería verla pero a la vez no quería hacerlo. Era ilógico y estúpido, pero no podía evitarlo, la extrañaba de una manera casi descomunal. Me sentía como si de pronto me hubieran quitado todo mi mundo, me sentía vacío.

El timbre sonó anunciándome que había llegado la hora de volver a verla, caminé nervioso hasta el aula del señor Mower y me senté en mi pupitre. Me volví y eché un vistazo pero ella no estaba allí.

La campana sonó de nuevo anunciando el comienzo de la clase, pensé que no iría y entonces Sophia entró al salón apresuradamente, llevaba su abrigo y tres gruesos libros en sus brazos, se frenó y me miró por un segundo, yo me debatí mentalmente en si debía sonreírle, volverme o intentar hablarle. Sophia siguió su camino hacia el fondo del aula, como si yo no estuviera allí, respiré dolido. "¿Qué esperabas? No le interesas" pensé en mi fuero interno.

Permanecí la clase entera con la vista clavada en la pizarra y en las letras que garabateaba el señor Mower. Me sentía como un ser inanimado, muerto quizás era más adecuado. Me dolió verla, tan perfecta, tan entera y tan ella. No quería verla sufrir pero el darme cuenta que no le había dolido ni un poco la ruptura, me desahucio. Estúpidamente aun albergaba la esperanza de que me hubiera extrañado al menos la décima parte de lo que yo a ella, de que hubiera cambiado de opinión.

El receso no fue mejor. Entré a la estancia abarrotada de gente, mis ojos se fijaron en la última mesa solo estaban mis dos amigos allí, negué con la cabeza era ilógico que Sophia siguiera comiendo en mi mesa, desvié la mirada a una de las mesas centrales, pero Sophia no estaba allí.

Suspiré y me encaminé a hacer fila. No tenía hambre pero supuse que mis "queridísimos hermanos" le informarían a mi mamá si no comía nada. Me paré junto a la mesa y sonreí incómodo, ya me habían visto lloriquear y no se habían muerto de la risa, pero pensar en eso resultaba vergonzoso.

–¡volviste! –dijo Sig contento

–¡si! –dije fingiendo entusiasmo pesimamente.

–¿estas mejor? –me preguntó dudoso mientras me recorría con la mirada. Asentí incómodo y me senté en la mesa –¡eso es bueno! –murmuró asintiendo repetidas veces.

Mordí un trozo de pizza sin ganas mientras me volvía y miraba a la mesa de Sophia, al parecer no había llegado a comer. Me giré para encontrarme con los ojos aburridos de Gen observándome.

–No está aquí… –murmuró –ella ya no viene a comer a la cafetería.

–¿Dónde es…? –comencé

–en la oficina principal. –contestó antes de que terminara de preguntar.

–Oh –musité contrariado

–Olvídate de ella –me dijo Sig ¡como si fuera posible olvidar a alguien cuando la piensas todos los días, cada hora y cada segundo! –deberías venir con nosotros, por la tarde ¡vamos a limpiar las calles de Aberdeen! –dijo entusiasmado, lo miré sin comprender

–es cosa del maldito eco club. –me aclaró Gen en un bufido

–oh…no… yo… –comencé mientras intentaba pensar en una excusa para zafarme de pasear por las calles… ¿recogiendo basura? ¡Pero si en el pueblo no había! era un pueblo rascuache, pero sin basura. Además, si es que la había probablemente estaba bajo la nieve…

–Iremos después de clases –determinó Sig antes de que pudiera negarme

–¡qué bien! –dije con falso entusiasmo. Sig sonrió triunfante y se levantó de la mesa para ir a la máquina expendedora de la cafetería.

Gen me miró meditabundo –síguele la corriente. Con este clima quizás estés en tu casa a las cuatro y media –dijo. Él probablemente ya se había dado cuenta lo descabellado que sonaba que el eco club recogiera basura en pleno invierno. –Muy cierto –comentó la voz de Edward con un tono divertido.

El viento sopló trayendo una muy tenue llovizna de aguanieve –¡esto es estúpido! –gruñó Gen con los dientes castañeándole.

–Dijiste que sería rápido –le recordé ganándome una mirada mordaz, hubiese resultado más atemorizante si su nariz no hubiese estado roja y si su cuerpo no temblara.

–Pensé que tendrían más sentido común –aceptó mirando hacia donde estaban los demás… envueltos en una pelea de bolas de nieve.

Cuando las clases terminaron, nos habíamos montado en la minivan de Russel, de alguna manera conseguimos meternos dentro 15 adolescentes y viajar al pequeño parque que tenía Aberdeen en el centro del pueblo. Tuve suerte y me senté junto a una de las ventanillas que abrimos para que los cristales del auto no se empañaran.

Fue el viaje más incómodo que recuerdo haber hecho, pero no voy a negarlo creo que hicimos una hazaña casi épica. Pensé que la repetiríamos rápidamente y volveríamos, dado que no había ningún resquicio de basura solo nieve, mucha nieve y más nieve. Entonces alguien sugirió "¡y si hacemos un muñeco de nieve!"

Gen se estremeció a mi lado –¿es que no tienes frio? –me preguntó casi enojado. Lo sopesé un momento, tenía, pero aun no llegaba al extremo de ponerme a tiritar de frio.

–pues… no mucho –admití y el rodó los ojos.

Duramos un pequeño momento en silencio donde solo oíamos los gritos de los demás y los veíamos lanzarse bolas de nieve. Nunca me había puesto a pensar que el invierno era feo, hacia frio, caía nieve y… –¿de que estabas enfermo? –me preguntó Gen de pronto

Pensé en darle la versión que Jasper me había sugerido en la mañana pero no me sentía cómodo mintiéndole, además no era necesario al menos no con Gen. –solo me morí –contesté en un murmullo. Gen lo sopesó un momento y asintió.

Me tomó del antebrazo y me halo, tarde un momento en darme cuenta de lo que hacía. –¡No, no, no! –Me resistí –¡Gen ten sentido común! –dije asustado mientras tiraba con todo mi peso para que Gen no me arrastrara hacia la batalla. Me resistí muy bien hasta que Sig llegó en su ayuda y me empujaron juntos.

Edward

Ares comenzó a comer y a fingir frente a Esme un mejor estado de ánimo, aunque Jasper no sentía que realmente su ánimo hubiera cambiado mucho desde que Sophia le dejo.

Esa tarde volvió a casa, mojado y con nieve en el cabello. Esme le miró preocupada y Ares le sonrió aunque no era una sonrisa sincera del todo. –una pelea de bolas de nieve –le dijo sin borrar su sonrisa –fue divertido –añadió cuando vio que eso no tranquilizaba a mi madre.

–¡ese Gregorio! –se quejó Esme

–em… en realidad se llama Gregory –replicó mientras Esme se dirigía al baño y volvía con un par de toallas antes de que él siquiera terminara de hablar.

–¡es lo mismo! –dijo Esme intentando secar a Ares antes de que fuera demasiado tarde y se resfriara.

–mamá… –dijo Ares quejándose con la voz apagada. Me pareció que lo hacía más por obligación que porque realmente se sintiera molesto o avergonzado porque Esme quisiera secarlo.

"¿Por qué se esfuerza tanto?" pensó Jasper extrañado porque los sentimientos de Ares no concordaban en absoluto con sus acciones. Sentí pena por él, lo que Sophia Jenkins pensaba era cierto, Ares era noble.

Escuché el rugido del motor del auto de Alice a medio kilómetro, estaba apresurándose a volver a casa, acababa de irse de compras hacía apenas diez minutos. Tenía la intención de ir a Pocatello, la ciudad más cercana ubicada a 44 kilómetros al sur.

Mientras se acercaba escuché en su mente el por qué había desistido de sus planes. Una visión nueva. Esta vez era distinta había visto a Vladimir venir hacia nosotros y estaba preocupada. "Estará aquí en una hora" me informó "¿Qué haremos con Ares?" miré como Esme mandaba a Ares a ducharse y le amenazaba con bañarlo ella misma, si no se daba prisa. Ares huyó a su habitación con las mejillas rojas. Tropezó un par de veces en su trayecto, comencé a angustiarme iba a ser muy difícil hacerlo pasar por uno de los nuestros.

–¿Alice ya volvió? –dijo mi madre sorprendida mirando por la ventana como Alice aparcaba su auto. "¿qué ocurre?" me preguntó

–Tenemos que esconderlo –siseé mirando hacia las escaleras, Esme comprendió a quien me refería pero eso no la tranquilizo "¿de…?" indagó preocupada. Alice cruzó la puerta antes de que pudiera darle una respuesta a Esme

–¿Dónde está Ares? –me preguntó antes de que los pensamientos de toda mi familia comenzaran a bombardearme con preguntas "¿qué ocurre?" "Edward…" "¿qué hizo ahora?" "Edward ¿qué hay que esconder?" "ay no Rose se enojara de nuevo"

Extendí mis manos pidiéndoles un segundo –¿qué es lo que quiere? –le pregunté a Alice, ella arrugó los ojos frustrada "no pude verlo" me contestó. Asentí meditando la situación ¿Dónde está Ares? –me preguntó Alice nuevamente

–arriba. Se dará una ducha y después Emmett lo llevara a cazar –dije asiduamente. Noté el inmediato desconcierto en la mente de Emmett "¿por qué?"

–¡NO! –gruñó Ares asomándose por las escaleras, ya no llevaba su abrigo, pero seguía con la misma ropa empapada

–Es necesario –le dije, frunció el entrecejo y me di cuenta que no cedería fácilmente. Me volví hacia Esme –Alice vio a Vladimir venir, él no puede verlo.

Esme lo meditó una mili-fracción de segundo, asintió preocupada –sécate y cámbiate –le ordenó a Ares –¡rápido! –instó con firmeza la suficiente para que Ares se diera la vuelta y entrara a su habitación.

–No creo que ellos estén interesados en hablar con los Volturi respecto a la existencia de Ares –analizó Bella –los detestan

–no nos arriesgaremos la visión de Alice era borrosa no sabemos qué es lo que quiere –dije cogiendo el teléfono y marcando el número de Carlisle

–¿viene solo? –preguntó Rosalie.

–Fue al único que vi –le contestó Alice meditabunda. Rosalie asintió.

–¿si? –me dijo Carlisle cuando atendió el teléfono.

–tienes que volver. Alice tuvo una visión. –le dije concisamente. No podía leer su mente pero escuche la preocupación en su voz

–estaré allí en 15 minutos. –Esperamos a que Ares bajara, pero parecía que de pronto tenia humor para ponerse a exasperarnos, porque se tardó más de la cuenta. Cuando por fin bajo Emmett se apresuró, se encaminó hacia la puerta y salió. Pero Ares se detuvo y le preguntó a Esme

–¿Quién es Aladin?

–¡si no te hubieras dormido cuando Carlisle te hablo de ello lo entenderías! –Lo regañó Esme con impaciencia, miró hacia la puerta –Ve con Emmett, más tarde te lo explicare –le prometió

–Sabes… que no tendré tiempo para los deberes… –le dijo con un poco malicia

–Se acabó el tiempo –dijo Emmett antes de cargar a Ares en su espalda. –Tenemos una cacería pendiente –se marchó dando un grito de victoria acompañado de un par de rezongos de Ares.

En cuanto mi padre llego, nos dedicamos a esperar la llegada de Vladimir en la sala de estar. –Llegará pronto –nos anunció Alice. En cuanto se plantó frente a la puerta de cristal su fría vista nos enfocó y en su rostro apareció una sonrisa ladina.

–no esperaba tan amable comité de bienvenida –dijo con burla.

Carlisle se puso de pie y le abrió la puerta –Vladimir –le saludó serio –pasa –le invitó mi padre, Vladimir puso los ojos en blanco y dejo salir una risa sarcástica.

–esta no es una visita de cortesía Carlisle. ¿Tu vidente no te lo ha dicho? –preguntó viendo a Alice. Carlisle le condujo hasta la estancia con tranquilidad y le preguntó –¿qué tendría que decirme?

–¡deja eso Carlisle! Estoy seguro que debió haberlos visto venir –dijo mirando a Alice. Pude ver fragmentos de recuerdos del mismo clan de las visiones de Alice. Carlisle se tensó –escuchamos algo al respecto –aseguró sin inmutarse.

Vladimir se puso de pie y su mirada se enfocó en las toallas que Esme había utilizado para intentar secar a Ares, sus labios se curvaron y su vista se giró en dirección de la cocina… "comida humana" determinó divertido "así que es cierto"

–¿no vas a presentarme a tu ultima travesura Carlisle? –la cara de mi padre mostro un atisbo de preocupación cuando se dio cuenta que estaba al tanto de Ares, pero recompuso la expresión inmediatamente. Vladimir dejo salir una estruendosa carcajada "al menos no he venido sin razón" pensó

–se lo que están ocultando –dijo juguetonamente –pero ahora mismo soy su menor problema. –Observó a mi familia un segundo y lo decidió "les daré la ventaja que yo no tuve" –considere que debía advertirles. Están buscando al chico.

–es cierto, podemos confiar en el –dije intentando disuadir la renuencia que tenía mi familia –él ya sabe de Ares –les informé. Vladimir se encogió de hombros con desdén, aunque su mente era incapaz de engañarme, había venido a ayudar.

–mencionaron que nos cazarían a nosotros. No veo que tiene que ver Ares ¿acaso los Volturi…? –dijo Alice pensativa. Vladimir se crispó al escucharla hablar de esa "la basura italiana" como él les llamaba. Suspiró con aburrimiento. "Supongo que tendré que hablar más"

–Hace una semana nos visitó un pequeño clan, los Tarruella unos individuos que nos propusieron unirnos a ellos. –explicó –Tienen la ambición de derrocar a los Volturi, quieren hacerse del poder, según ellos nos liberaran y "gobernaran" dejando de restringir la caza –sonrió con sorna y continuo –Una ambición colosal para el número limitado de integrantes de su clan, como sea, les escuchamos pero en cuanto mencionaron que el plan involucraba robar a su… retoñito comencé a dudarlo, no por ser considerado con ustedes, ya que realmente me importan poco.

–si es así ¿qué haces aquí? –preguntó Rosalie a la defensiva

–Rose déjalo hablar, lo que dice es verdad –dije. Vladimir agitó una mano restándole importancia y continuó.

–el chico fue engendrado en la noche purpura… ¿o me equivoco? –Dijo viendo a Esme al ver que no contestaba lo dio por hecho y prosiguió –es muy poco común que ocurra, el don que posee su hijo es inusual para nosotros, pero común en los chicos como él.

–¡él ni siquiera tiene un don! ¡No puede ayudarles en nada! –dijo Esme perdiendo el control, Carlisle le abrazó intentando tranquilizarla.

–Sí que lo tiene, su hijo es un depresor… –dijo Vladimir, pero al ver las caras de desconcierto intentó explicarlo –no es un escudo normal es más bien un inhibidor, su esencia afecta a aquellos con poderes o dones, en su presencia ven disminuidos sus dones o son incapaces de usarlos. Es como una defensa. Eso lo ha mantenido vivo tantos años, su don permite que sea casi imposible rastrearlo, sin embargo este clan ya lo encontró, su plan es robarlo y conservarlo con vida hasta que haya llegado el momento de utilizarlo.

La incertidumbre y el pánico se apoderaron por completo de Esme –¿utilizarlo… para qué? –demandó saber.

–Necesitan su sangre. –dijo encogiéndose de hombros, se sintió exasperado cuando notó que mi familia no le comprendía y explicó una vez más –No es por el sabor, es por… los beneficios que ofrece. Si alguien bebe la sangre de estos chicos, sería capaz de obtener un poder inimaginable. Es por eso que cada milenio los pocos que existen son siempre aniquilados.

–planean usarlo para aumentar su poder y… poder enfrentar a los Volturi –dijo Esme aterrada. Vladimir asintió y dijo:

–Cierta persona me dijo un día que concebirlos era un error. No pueden defenderse. No pueden alimentarse por sí solos. Dependen de los padres para seguir existiendo. Si me lo preguntan a mi les diré que son un eterno castigo, estamos acostumbrados a ser el depredador, sin embargo no contamos con que nuestros hijos puedan ser la presa.

–¿nuestros? –le preguntó Bella perspicazmente. Vladimir sonrió y se reprendió por no cuidar sus palabras. "bueno después de todo no tiene sentido intentar ocultar algo contigo aquí" pensó viéndome con sorna.

–hace un par de milenios que supe que concebir no era imposible. –sus labios se curvaron con una sonrisa falsa, que poco a poco se deformó en una mueca de dolor. –Tuve una hija, como su chico. Murió a manos de personas que buscaban poder y no tiene caso hablar de ello. –dijo tajando el tema –Bien, supongo que eso es todo. –dijo Vladimir encaminándose a la salida. Carlisle le siguió

–Gracias por advertimos Vladimir –agradeció.

–no lo mal entiendas Carlisle. Solo les estoy dando el beneficio de ser conocedores de la situación –le espetó con desinterés

–de todas maneras te lo agradecemos –respondió Carlisle. Vladimir asintió con desdén.

–deben saber que… Stephan está decidido a apoyar a los Taruella –dijo como última advertencia antes de irse.

La sala de estar permaneció en silencio por un par de minutos, hasta que mi madre dejo salir todas las emociones que la estaban abrumando y comenzó a sollozar ahogadamente, sin ser capaz de derramar ninguna lagrima. Carlisle la rodeó con sus brazos. –estará bien. Lo cuidaremos –le prometió a Esme

–Quizás deberíamos irnos de Aberdeen –murmuró Jasper, Rosalie le dio la razón de inmediato. Alice se sintió decepcionada de que la familia no se opusiera a irse, pero se resignó rápidamente.

–¿Inglaterra? –sugirió con un poco de entusiasmo

–Me parece que Canadá sería más viable –dijo Bella renuente a separarse tanto de Renesmee

–Irnos podría ayudar, pero no creo que se den por vencidos –señalé. Mi familia lo meditó un poco

–Tendremos que pelear –determinó Jasper

–Es probable –murmuró Rosalie inquieta.

–¿Tienes idea de cuando vendrán a Aberdeen? –le preguntó Carlisle a Alice. Ella negó con la cabeza.

–Con Stephan son cinco…. –negué con la cabeza –pero si reclutan a más gente.

Rosalie se puso de pie entornando los ojos, estaba furiosa –Entonces ¿qué es lo que podemos hacer? –preguntó exasperada

–esperar, Rosalie lo que podemos hacer es esperar. –le contestó Carlisle calmado, pero con un dejo de frustración.

Ares

Cazar… las últimas semanas habíamos ido de cacería con regularidad, en esos días mi cuerpo y mente estaban sumidos en una profunda monotonía; No sentía interés por nada así que realmente no le preste atención a la caza. No hasta ese día.

Creo que normalmente me gusta ir de cacería, pero no me gusta ir en la espalda de Emmett, a toda velocidad, haciendo un esfuerzo como decirlo ¿sobre… vampírico? Bueno un esfuerzo sobre-yo, luchando por mantenerme bien agarrado y no sufrir una caída que probablemente habría sido muy poco grata. Tampoco me agrado ir dando violentos saltos… creo que milagrosamente no me quede colgado en una rama de un árbol.

Bueno como sea, cuando comencé a dejar de sentir las piernas por la fuerza que hacia sujetándome a Emmett como si yo fuera un mono, pensé que me moriría estrellado en el suelo, incluso pude imaginarme la nota en el periódico escolar "Estudiante muere estrellado durante una cacería" unos segundos después Emmett se detuvo, me tire en el suelo atontado y con las piernas temblándome.

Emmett soltó una carcajada al verme. Lo mire enojado pero realmente no pareció importarle. Bufe y me puse de pie –¿y quién es ese tal Baldomero? –pregunte, de pronto verme recargado en un árbol luchando por recuperarme del viaje ya lo le resulto divertido –¿Por qué vino? –insistí

–Pues… –dijo dudoso –en realidad no tenemos idea. Pero no es adecuado que te vea.

–¿porque? –le pregunte, Emmett ladeó la cabeza negándose a hablar más de ello. Deje escapar una risa sarcástica y le pregunte – ¿qué va a hacerme mal de ojo? O quizás ¿brujería? –dije con humor

–No lo sabemos, pero el que seas diferente crea la posibilidad, de que… ya sabes no le agrades –me contesto demasiado serio para ser Emmett –ah… –murmure como respuesta, si algo no podía discutirle a Emmett era mi falta de carisma.

–Pero eso no importa –dijo cambiando de tema –creo que si vamos más al norte podremos encontrar una buena caza –en mi fuero interno solo se repetían las palabras "vamos" y "más al norte"

–Entiendo… –susurre, después me di media vuelta y me sujete al tronco del árbol abrazándolo, estaba reusándome a volver a subirme en la montaña rusa de Emmett. Pero él tardo mucho en notarlo –¿Qué estas…? –comenzó antes de soltar una risotada.

–¡yo aquí me quedo! –le espete lo más enojado que pude

–¡Ares! –Se quejó disgustado –aquí no hallaremos ninguna presa digna

–Si tiene sangre será digna –lo reñí sin soltarme. Emmett contuvo la risa

–No para mí –murmuró antes de arrancar el árbol conmigo sujeto a él, me gustaría decir que gruñí o brame bélicamente y que después, salte y rodé por el suelo varonilmente; pero en realidad di un grito bastante… ejem vergonzoso y me caí sobre mi trasero.

–¡tú no tienes remedio! –dijo burlándose –Eres un lerdo

Me cruce de brazos indignado –¡te odio! –refunfuñé

–si, si eso ya lo sé –dijo restándole importancia a mi enojo y cargándome como costal de papas. El viaje no fue mejor. De hecho Emmett se encargó de que fuera lo más molesto posible. No sé cuánto duramos dando vueltas hasta que él se rindió y se detuvo.

–Supongo que solo hay alces… –dijo disgustado, iba a burlarme de su cacería fallida hasta que me señalo un par de ciervos –¿quieres ir primero? –me preguntó y me petrifiqué.

Quizás debí haber pensado en esto primero, ahora solo me imaginaba diciéndole "oh, sabes Emmett yo no cazo porque para hacerlo necesitaría armas como cuchillos o arcos y mi madre ni siquiera quiere darme un auto." Y eso era demasiado ridículo.

–No yo no tengo sed –mentí, Emmett se encogió de hombros y luego se trasformó en una mancha borrosa mientras se abalanzaba sobre los ciervos. Nunca había visto semejante desastre durante una cacería, quizás podía comparar a Emmett con un tornado.

Quisiera poder decir que el regreso a casa fue mejor, pero no fue así, tenía a un Emmett demasiado energético llevándome en su espalda y bueno yo me moría de sed. Cuando llegamos pasaban de las tres de la madrugada y mi mamá estaba bastante enojada con Emmett por tardar tanto. Después se fijó en mí y de alguna manera desconocida, como lo hacen las madres supo, que yo no había bebido nada de sangre, y se enojó más. Considere inoportuno ponerme a interrogarla así que hui a mi cuarto antes de que me regañara a mí también.