Capitulo 13: Islas Milo
Ya había pasado un año desde que Milo llegó al santuario y cinco meses desde que Camus se había ido a Siberia Oriental a entrenar. Durante las dos primeras semanas después de la partida de Camus, Milo estuvo muy deprimido y casi no iba a entrenar y cuando iba, entrenaba por una o dos horas y después se retiraba a su cuarto o si no se ponía a caminar por casi todo el Santuario. Con el paso del tiempo se fue acostumbrando a entrenar solo, hasta que después de un mes logró vencer por completo la depresión por la que pasaba y volvió a ir al coliseo a diario.
Cierto día del mes de Septiembre y sin que él se lo esperase, el patriarca del Santuario, Shion, se le apareció en su cuarto muy temprano.
- ¿Milo? - preguntó Shion al mismo tiempo que tocaba la puerta
- ¿Quien es? - preguntó Milo aflojerado mientras se levantaba y se dirigía a la puerta estirándose y bostezando
- Soy Shion - la flojera desapareció de Milo en cuanto escuchó el nombre y rápidamente abrió la puerta - tengo algo importante que decirte
- Pásele por favor - dijo Milo mientras abría más la puerta y cuando Shion estuvo dentro agregó - ¿de que se trata? - preguntó extrañado
- Mañana te vas del Santuario - contestó Shion muy serio y Milo abrió los ojos como platos, llenos de una expresión de asombro puro
- ¿Y...? - hizo una pausa - ¿y a donde voy a ir?
- Irás a Islas Milo. Es una pequeña isla que se encuentra en las Cícladas al sur de Grecia en el Mar Egeo - hizo una pausa - te quiero ver mañana temprano en mis aposentos - hizo otra pausa - bueno, eso era todo lo que te tenía que decir, me retiro - Shion se dirigió a la puerta y salió. Cuando estuvo fuera, Milo cerró la puerta y durante todo el día se dispuso a arreglar sus cosas. Cuando terminó se dirigió al cuarto de Aioria para decirle que se iba mañana.
Al día siguiente, Milo salió muy temprano de su cuarto y se dirigió a los aposentos del patriarca para que Shion autorizara la salida y para que algunos guardias lo encaminaran al puerto y pudiera tomar sin problemas el barco que lo llevaría al lugar en donde conseguiría la armadura dorada de Escorpión. Cuando llegó a la puerta del Santuario vio a Aioria parado frente a la puerta y se dirigió hacia él, despidiéndose de un abrazo y las lágrimas hicieron acto de presencia.
- Te voy a extrañar Milo - dijo Aioria muy triste mientras abrazaba a Milo
- Y yo a ti - ambos se soltaron y sin más preámbulos Milo le dio la espalda a Aioria y empezó el camino que lo llevaría al puerto. Aioria se quedó en el Santuario ya que ahí obtendría la armadura dorada de Leo.
Mientras Milo caminaba en dirección del puerto, recordó el día en el que había conocido a Shion y había recorrido ese mismo camino pero en la dirección contraria. Cuando llegó, los guardias señalaron el barco que abordaría, aunque en realidad se trataba de un barco pequeño en donde sólo cabían dos personas y en este caso las únicas dos personas que abordarían serían él y el que lo manejaría. El barco contaba con dos pequeños camarotes que a su vez tenían una cama y un pequeño baño completo; el barco también contaba con una pequeña cocina y un pequeño comedor, además del lugar donde se controlan los movimientos del barco. Los guardias le ayudaron a echar sus cosas y cuando Milo estuvo ya en el barco, se retiraron.
El viaje duró tres días en los cuales Milo se la pasó muy desesperado por llegar, por lo que cada vez que veía al capitán le preguntaba cuanto faltaba para llegar. Cada día que pasaba se le hacía una eternidad y se preguntaba si todos sus amigos se habían sentido así. Cuando por fin pudo divisar la isla, una inmensa alegría invadió todo su ser haciéndolo gritar de la emoción.
El barco no era lo suficientemente pequeño como para anclar en la playa, por lo que Milo y el capitán tuvieron que llegar hasta la isla en una lancha que venía incluida en el barco. Cuando llegaron a tierra firme y Milo bajó de la lancha con sus cosas, un hombre alto de cabello negro y corto y ojos chicos de color café claro se acercó a ellos.
- Él es el chico que viene del santuario por la armadura de Escorpión - dijo el capitán dirigiéndose al hombre que acababa de llegar - entrénelo como debe ser - dicho esto echó a andar la lancha y se dirigió de nuevo al barco.
- Dime niño, ¿cual es tu nombre? - preguntó el hombre
- Milo - contestó con un poco de timidez aunque no se notó
- Bien Milo, mi nombre es Andro y seré tu maestro de ahora en adelante - dijo el hombre extraño con seriedad -. Por favor sígueme, te mostraré el lugar donde vivirás de ahora en adelante.
Andro empezó a caminar en dirección de la montaña más lata de la isla la cual se encontraba en el corazón de la misma y Milo sólo se limitaba a seguirlo. Con cada paso que daba, su corazón latía más fuerte y la intriga crecía conforme se acercaban a la montaña. De pronto Andro se detuvo.
- Esta es la montaña Profitis Ilía - dijo Andro señalándola - y aquí será donde entrenarás, comerás y dormirás
Andro comenzó a caminar y Milo no apartaba la vista de la montaña. Cuando se encontraban a veinte metros de la montaña, Milo pudo distinguir una casa bastante grande al pie de la montaña y conforme se acercaban a ella pudo distinguir la silueta de una niña que tiraba patadas al aire y que después empezó a correr hacia ellos.
- ¡Por fin llegaste!, te tardaste mucho Andro - dijo la niña muy emocionada y de lo mucho que lo estaba no sintió la presencia de Milo - pensé que ya te habías olvidado de mi
- Jamás me olvidaría de ti - dijo Andro mientras ponía una mano sobre su cabeza y le sonreía con dulzura - por cierto, te quiero presentar a alguien
- ¿A... alguien? - preguntó la niña desconcertada y cuando volteó hacia el frente vio a Milo - lo siento, no te había visto - se disculpó - Mí nombre es Nira... ¿cual es el tuyo?
- Milo
- Milo está aquí para obtener la armadura de Escorpión
- ¿Que? - preguntó asombrada - en los dos años que llevo aquí sólo ha venido uno y sólo soportó un año de entrenamiento
- Eso fue porque no tenía determinación
- Tienes razón
Nira era una niña muy bonita. Tenía el cabello largo hasta la cintura, lacio y pelirrojo; ojos grandes y negros, piel blanca, era delgada y era muy alegre aunque su mirada reflejaba otra cosa muy diferente. Milo no dejaba de observarla con cierto asombro, jamás se había imaginado que pudiera haber alguien como ella en un lugar tan desolado como ese y mucho menos imaginó que supiera pelear, se le hacía una persona muy frágil.
- Milo - lo llamó Andro - Nira te mostrará el interior de la casa y te dirá el cuarto en donde dormirás hasta que termines el entrenamiento
- Ven, sígueme - dijo Nira mientras lo tomaba de la muñeca y lo jalaba, sacándolo de sus pensamientos
La casa no era muy elegante por dentro pero si lo suficientemente grande como para sorprender a Milo. Constaba de dos pisos. En el primer piso se encontraban la cocina, el comedor, un pequeño recibidor, un baño y un cuarto pero no se sabía que había dentro ya que estaba cerrado. En la planta alta se encontraban cuatro cuartos con capacidad de dos a tres personas y dos baños completos. Nira llevó a Milo al cuarto que estaba frente a las escaleras. El cuarto tenía dos camas individuales que estaban separadas por un buró de color blanco. Junto a la ventana se encontraba un pequeño tocador también de color blanco. El cuarto era de color azul claro y tenía una bonita vista.
- Este será tu cuarto - dijo Nira - ¿que te parece?
- Muy bien - dijo Milo sin dejar de contemplar el cuarto - por cierto, ¿cuantos años tienes? - preguntó de pronto
- Siete años, ¿y tú?
- Ocho
Milo dejó sus cosas sobre la cama que se encontraba frente a la puerta y ambos salieron de la casa. Nira le mostró la mayor parte de la isla hasta que el sol comenzó a esconderse en el océano. Durante toda la tarde se la pasaron platicando y desde ese momento se llevaron muy bien. Cuando llegaron a la casa ambos estaban exhaustos por lo que nada más cenaron y se fueron a sus respectivos cuartos a dormir.
