Resumen: Las notas de los T.I.M.O.S. La verdad de los ataques a Angelica. El rescate de Narcissa Malfoy, Draco Malfoy y Severus Snape. El interrogatorio al E.D.H. El reencuentro de la Orden del Fénix con Severus Snape. Lo que Angelica hizo aflorar en Severus Snape.
Severus Snape
El sábado en la mañana los primeros en llegar al Comedor fueron los diez chicos del E.D.H. y Gabrielle, en solidaridad con las cuatro chicas que esperaban muy nerviosas el correo, sentándose todos a comer en la mesa de los Gryffindors. Los tres niños intentaban distraerlos mientras comían, practicando Gabrielle su inglés mientras les enseñaba algunas palabras en francés.
Los únicos que estaban allí desayunando cuando llegó el correo eran los que, como ellas, esperaban los resultados de los exámenes. Los leones que no formaban parte del grupo los saludaron sonrientes, aunque interrogantes a los que no eran miembros de su casa. Los que estaban en las otras mesas miraron extrañados a los que rodeaban a Harry Potter y no eran Gryffindors, pero nadie dijo nada a excepción del "grupito" de Slytherins que habían estado molestando a Christopher.
Cuando llegaron las lechuzas los once chicos ya habían terminado de comer. Los siete que acompañaban a Ginny, Luna, Jessica y Angela vieron sus caras muy nerviosas con los sobres en las manos.
Jessica, sintiéndose incapaz de abrirlo, le pidió a Harry que lo leyese primero. A esto él accedió sonriente mientras Christine y Christopher le tomaban las manos y Angela se esforzaba por sonreírle, aunque estaba tan nerviosa como ella.
Harry abrió el sobre y procedió a leerle a Jessica:
Resultados de los Títulos Indispensables de Magia Ordinaria.
Notas para aprobar:
Sobresaliente — S
Supera las expectativas — E
Aceptable — A
Notas para reprobar:
Pobre — P
Desastroso — D
Troglodita — T
Jessica Roma Lupin ha conseguido:
Astronomía — A
Defensa Contra las Artes Oscuras — E
Encantamientos — E
Herbología — S
Historia de la Magia — A
Pociones — S
Transformaciones — E
Adivinación — D
Aritmancia — E
Cuidado de Criaturas Mágicas — E
Estudios Muggle — A
Runas Antiguas — E
Jessica batió palmas feliz al oírlo. El pelinegro le entregó el pergamino sonriente para que viese los resultados por si misma.
Neville abrió el sobre de su novia, al notar que lo miraba fijamente con los ojos más abiertos que de costumbre pero no se atrevía a abrirlo.
Luna Juliet Lovegood ha conseguido:
Astronomía — E
Defensa Contra las Artes Oscuras — E
Encantamientos — S
Herbología — E
Historia de la Magia — A
Pociones — E
Transformaciones — S
Aritmancia — E
Cuidado de Criaturas Mágicas — S
Runas Antiguas — E
Al oír sus notas la rubia tomó el pergamino feliz en sus manos, dándole un gran abrazo y un beso en la boca a su novio.
Ginny tomó una profunda inspiración y abrió el sobre con los labios apretados por los nervios, mientras Harry le pasaba un brazo sobre los hombros.
Ginevra Molly Weasley ha conseguido:
Astronomía — A
Defensa Contra las Artes Oscuras — S
Encantamientos — S
Herbología — E
Historia de la Magia — A
Pociones — S
Transformaciones — E
Aritmancia — E
Cuidado de Criaturas Mágicas — E
Estudios Muggle — A
La pelirroja saltó sobre su novio feliz, abrazándolo y besándolo, mientras Ron miraba desconcertado las notas.
La última en abrirlo fue Angela, que no pudo evitar un ligero temblor en las manos al hacerlo.
Angela Saiph White ha conseguido:
Astronomía — E
Defensa Contra las Artes Oscuras — S
Encantamientos — S
Herbología — E
Historia de la Magia — A
Pociones — E
Transformaciones — S
Adivinación — D
Aritmancia — E
Cuidado de Criaturas Mágicas — E
Estudios Muggle — A
Runas Antiguas — E
Se quedó mirando las notas paralizada, sin decir una palabra. Incapaz de leerlas en voz alta ni mucho menos asimilarlas. Al verla así todos se asustaron. Hermione con mucha delicadeza le quitó el pergamino. Al dar un vistazo rápido sonrió y se lo entregó a su novio para que lo leyese en voz alta mientras abrazaba a la chica de pelo negro. Al oír las notas todos sonrieron y la felicitaron.
En seguida escribieron al papá de Luna, La Madriguera y Grimmauld para contarles de las notas de todos. Luego se fueron muy contentos a la clase de Conocimientos Antiguos los ocho mayores, mientras los tres niños se dirigían con una sonrisa de picardía en los rostros hacia la cabaña de Hagrid. Hermione estaba preocupada por lo que podrían estar tramando, pero no podía hacer nada por el momento.
Al llegar al pasillo frente al aula lo primero que hicieron fue mostrarles sus notas a los gemelos, quienes le hicieron bromas a Ginny sobre "Seguir los pasos de Percy" viendo felices a sus novias radiantes. Unos minutos después se les acercó Viktor Krum, presentándoles a todos a su novia Alexandra Kristeva y sus amigos Elias Canetti, Julia Asen, Simeón Kaloyan y Boris Mladenov.
Después de la clase de Conocimientos Antiguos la mayoría de los miembros del E.D.H. corrieron al comedor para comer rápidamente e irse luego a la dirección para desde allí viajar a Grimmauld, pues Aragorn les había prometido una práctica de Magia Antigua contra dementores en que Harry y Angela participarían como tutores con los cuatro Dunedains. Los gemelos Weasley almorzarían con los chicos en el colegio para desde allí viajar con ellos. Iban comentando el primer partido de Quidditch de la temporada que sería a primera hora del día siguiente: Hufflepuff contra Ravenclaw.
Angela, después de despedirse de su novio, regresó al aula con el anciano pues quería hablar con él. Mientras los dos se dirigían al comedor la chica, que estaba feliz, le contó al profesor Mithrandir en voz baja que había aprobado en casi todas las materias, excepto Adivinación, y seguiría con el grupo de Harry. El anciano la felicitó mirándola con una sonrisa paternal y caminó hacia el comedor en su compañía, hablando de las distintas materias. Pero justo antes de entrar al Gran Comedor la chica se detuvo en seco, abriendo mucho los ojos.
—¿Qué ocurre, Angela? —le preguntó el anciano preocupado.
—No puede ser… —susurró la chica y salió corriendo en dirección contraria, tropezando con varios chicos en el camino, sin responderle.
—Señorita White. —la llamó Mithrandir, pero la chica no parecía escucharlo.
—¿Ocurre algo? —le preguntó Galadriel, que se acercaba con Elrond.
—Sí, pero no sé qué. —respondió el anciano muy preocupado mirando en la dirección que había desaparecido la chica.
—¿Voy por ella? —le preguntó la Dunedain al notar el semblante del anciano.
—No. Algo me dice que pronto nos dirá lo que le ocurre. —le respondió éste, girándose para entrar con ellos al comedor.
Angela corrió hasta llegar a la torre de Gryffindor, deteniéndose sólo lo suficiente para lograr recuperar el aliento. Cuando se detuvo frente a la dama gorda tenía las dos manos sobre su pecho, intentando regularizar su respiración para poder decir la contraseña. Cuando lo logró, entró velozmente hasta el cuarto que estaba vacío y corrió hasta sus cosas. Rebuscó rápidamente y sacó una libreta pequeña con el Sello Dunedain al frente y un pequeño candado.
Lo tocó con la punta de sus dedos murmurando entre dientes. Lo abrió y leyó sorprendida lo que allí decía. Frunció el ceño, cerró la libreta, la arrojó sobre la cama y empezó a dar vueltas en la habitación como un animal enjaulado. Luego de sólo cinco minutos percibió aquello de nuevo. La abrió de nuevo, suspiró y escribió una hora. La cerró, suspiró una vez más y la guardó. Estaba hecho.
—Orión —llamó a su pequeño fénix decidida. Al verlo aparecer sonrió y le acarició con cariño—. Necesito tu ayuda, amiguito. Voy a escribir una nota para que se la entregues a Harry y otra para Remus. —Había decidido enviarles notas separadas porque quería que los chicos supiesen al mismo tiempo que los de la O.D.F. que la práctica se suspendería y en su lugar tendrían una reunión urgente.
El pequeño fénix, que era sólo ligeramente más maduro que un polluelo, se posó sobre su hombro. Esperó pacientemente a que ella escribiese los dos pergaminos. Luego tomó los sobres con los nombres que ella le había dado entre sus garras y desapareció.
La chica cerró los ojos y suspiró. Aprovechando que estaba sola en el cuarto hizo un ejercicio completo de relajación y otro de enfoque de energía, para finalizar con un reforzamiento de sus barreras al don del Manejo de la Energía. Después bajó al comedor. Era mejor que comiese algo, necesitaría tener fuerzas para lo que se avecinaba.
Luego de comer fue a la oficina del profesor Mithrandir para disculparse por haberse alejado de él sin mediar palabra. Le explicó lo que ocurría y lo que había decidido hacer. Le pidió su silencio, asegurándole que le mantendría informado. El anciano aceptó con la condición de contarles todo a Galadriel y Elrond, además que les permitiese transmitirle magia y energía. La chica frunció el ceño pero aceptó. Sabía que lo necesitaría en las próximas horas. Mithrandir también la obligó a tomar la poción color grama para los pulmones.
Media hora después se reunían en Grimmauld Place los diez miembros mayores del E.D.H., con Remus, Nymph, Kingsley, los señores Weasley, Bill, Charlie y los tíos de Angela, intrigados por la petición de la chica de verlos allí. La profesora McGonagall había enviado a los chicos desde su despacho a través de la red flú.
Se reunieron todos en la mesa de la cocina ante unas tazas vacías y cuatro jarras, dos con té y dos con chocolate preparados por una muy nerviosa Angela.
—Hay algo que debo y quiero decirles —comenzó a decirles la chica de pelo negro mirando fijamente a Aragorn con expresión de disculpa. Tomó aire y removió nerviosa la cucharilla de su chocolate—. Dos días antes del ataque a Privet Drive me contactó Severus Snape creyendo que era mi mamá —No pudo evitar que se notase el desprecio en su voz al pronunciar su nombre—. Me indicó que Voldemort había averiguado dónde vivía Harry. Al contactarlo de nuevo me reveló que Draco está en peligro y le ofrecí mi ayuda para ponerlo a salvo.
—¿Qué? —preguntaron todos a la vez.
—Voldemort lo ha estado castigando con maldiciones por no haber matado al abuelo… Narcissa Malfoy y Snape han logrado mantenerlo con vida. Aún no logramos sacarlo pero… —Tomó aire y cerró los ojos, intentando serenarse y buscar las palabras adecuadas—. En el ataque al tren murió Lucius Malfoy y Voldemort ha ordenado que en el próximo ataque Narcissa y Draco vayan al frente de un grupo. Él está mal de salud al igual que ella, que ha estado cambiando de lugar con él por medio de la poción multijugos.
—Angela, ¿cómo sabes todo eso? ¿Desde cuándo estás en contacto con Snape? —le preguntó muy serio Remus—. Tú sabes que él asesinó a Albus. ¿Estás confiando en su palabra como lo hizo él?
—No, Remus, yo no soy como mamá y mi abuelo —le respondió la chica mirándolo con sus ojos azules como témpanos de hielo—. Yo en ese asesino no confío, a pesar de lo que sé sobre lo que pasó desde que mamá usó nuestro don con él. —Frunció el ceño y denegó pensativa.
Remus y Aragorn se miraron asombrados de que la chica estuviese hablando de aquello justo en ese momento, cuando acababa de recuperarse después de haber revivido lo del orfanato.
—Ella lo conoció en el colegio y nunca le agradó, pero… El 15 de Agosto de 1981 era luna llena. Esa noche tía estaba con Remus en la mansión Potter y mamá se enfrentó sola a Snape y dos mortífagos, cuando estaba cerca de llegar a la casa en que ellas vivían desde que se vinieron.
Remus abrió mucho los ojos. Recordaba que Sirius había discutido con Jennifer y él al día siguiente de aquella transformación por no saberle decir dónde estaba Angelica. Ella se había quedado con ellos inicialmente pero salió hacia la casa para buscarles una poción. Su cuñada regresó tres días después sin dar explicaciones.
Jennifer, que estaba acostumbrada a sus desapariciones para ir con Mithrandir, no la presionó al percibirla angustiada y le pidió al licántropo que la ayudase a encubrirla. Esa mentira que Remus dijo para explicar su ausencia había sido la base de la desconfianza de Sirius. Cuando lo hablaron en Grimmauld, al establecerse allí el cuartel de la O.D.F. y mudarse los dos, el animago perdonó a su amigo. Pero ninguno de los dos logró comprender porqué Jennifer le había pedido aquello a Remus.
Al oír a Mithrandir explicar lo del don en Angelica, durante el frustrado almuerzo, él se hizo a una buena idea. Con la explicación del anciano sobre aquél don en la Casa Flotante supo que Jennifer no sabía del don pero la había apoyado desde lejos, preocupada, como hasta hace unos días había hecho su hija con la chica que hablaba en ese momento.
—Los otros mortífagos eran inexpertos. Queriendo lucirse con su jefe de grupo intentaron matarla con la maldición imperdonable —continuó Angela, con sus ojos azules mirando su taza—. Pero mamá a pesar de no haber terminado el Entrenamiento Dunedain era ágil y buena en el combate. Los esquivó y… viéndose acorralada usó su don del Manejo de la Energía sobre los dos asesinos que iban con él… Terminaron matándose entre ellos —La estremeció un escalofrío que todos pudieron apreciar, preocupándolos—. Pero mamá aún no estaba a salvo.
Se detuvo y cerró los ojos. Sabía que tenía que contarles todo. El tiempo se le había acabado. Tenía que cumplir la promesa que le había hecho a su abuelo. Apretó los puños y tomó aire para calmarse y seguir como había decidido.
Aragorn abrió la boca para pedirle que no continuase, pero permaneció en silencio al apretarle levemente una mano su esposa y verla denegar cuando se giró a mirarla. Les consultó a Remus y Faramir con la mirada, suspirando al ver que asentían levemente en su dirección. De inmediato contuvo a su hermana al verla denegar con el ceño fruncido. Les preocupaba la chica, pero les inquietaba que hubiese convocado aquella reunión para hablarles de aquello y querían saber sus motivos.
—Snape era muy bueno en el combate. Sólo él quedaba en pie, pero estaba sano y fuerte. Mamá estaba lastimada —continuó Angela abriendo los ojos de nuevo. Frunciendo el ceño miró de nuevo su chocolate, suspiró y siguió—. Viéndose acorralada utilizó su don para despertar en él sus más profundos recuerdos y… sentimientos… intentando conseguir una respuesta que de no darse… —Se detuvo de nuevo. Sus ojos brillaban con una mirada azul eléctrico que parecía quemar. Su expresión era muy extraña.
Aragorn la miró preocupado. Nunca le había visto antes aquella expresión a la chica, una que sólo le había conocido a Angelica cuando hablaba de Voldemort. Remus frunció el ceño pensando lo mismo.
—Logró que aflorasen en él los buenos sentimientos que le había transmitido su madre, el miedo a su padre y… y lo que sintió por una chica en el colegio. Aquello produjo un cambio en aquél hombre. Se quedó mirando fijamente a mamá, que había compartido sus recuerdos y sentimientos… —Harry abrió los ojos desorbitadamente, recordando lo que él había visto en sus clases de Occlumancia—. Pasaron unos minutos en silencio luego él se agachó, dejó unas pociones y desapareció.
—¿Cómo sabes tú eso? —preguntó Kingsley intrigado.
—Porque como Dunedain ella recuerda todo desde el momento de su concepción —respondió Hermione con firmeza, mirando a su amiga fijamente. Recordaba claramente lo que ella le había dicho—. Y jamás ha permitido que nadie le borre sus recuerdos.
Angela asintió sin mirarla. Mantenía aquella expresión. No era odio lo que sentía, pero si una rabia y una desesperación difícilmente contenidas. Para ella era aún difícil aceptar que su mamá hubiese muerto por alguien como él. A diferencia de Angelica y Lily (a quien quería como una tía), ella había tenido que asumir al igual que su abuelo que Tom Riddle nunca sintió amor o compasión. Pero no lograba entender a Severus Snape.
Los pensamientos de Angela divagaron un momento en el ex profesor de pociones: "Lo he visto salvarle la vida a Harry en su primer año cuando el incidente de la escoba. Sé lo que lo ha motivado a actuar en la Torre de Astronomía. Pero… También lo vi querer llevar a mi papá con los dementores para que le dieran 'el beso' sin querer escucharlo. Lo recuerdo en los dos ataques a mi mamá, la percepción que ella tuvo sobre él…
»Es muy confuso para mí. No puedo verlo como alguien bueno pero tampoco como malo. Tampoco normal como somos los demás, cercanos al punto de equilibrio. Parece irse con mucha facilidad a los extremos y eso me aterra. Perdóname mamá pero no puedo evitar sentir mucho rencor hacia él. Tengo que hacer un gran esfuerzo para no llegar a odiarlo. Con nuestro don tan peligroso…". Se enfocó de nuevo en lo que tenía que decirles.
—Dos días después de aquello él contactó al abuelo… Le habló de lo ocurrido, le dijo los planes de Voldemort para los siguientes días y le contó que le había revelado —se detuvo un momento, dudosa— algo a Voldemort por lo cual el asesino decidió que iría tras dos pequeños y sus padres próximamente. Al verificarse gran parte de la información el abuelo lo aceptó como espía.
Tuvo que detenerse de nuevo. Sabía que tenía que mantenerse serena y terminar de contar aquello, pero le estaba costando toda su entereza y fuerza de voluntad hacerlo. Su organismo enfermo y desgastado no sufría demasiado gracias a la ayuda que le habían dado los señores. Sin embargo empezaba a debilitarse de nuevo.
Harry se tensó al oírla. Miró de reojo a su novia y sus dos mejores amigos. Se contuvo de decir o preguntarle nada, al igual que ellos, porque querían saber el motivo de Angela para convocar esa reunión y hablar de aquello.
—En el ataque del 24 de Octubre por el que fallecieron mi tía y mi mamá —la escucharon empezar de nuevo—, ella protegió a Snape, sin delatarlo por lo que había percibido y porque ya el abuelo le había dicho el papel que había asumido entregándole información para La Orden del Fénix. Mamá se sentía responsable de su cambio y por lo tanto del riesgo que estaba corriendo. Las dos se defendían de todos buscando una ruta de salida, pero mamá impedía que mi tía lo atacase a él. Ella no podía usar el don de Manejar la Energía de nuevo porque me pondría en peligro. En agosto no sabía que estaba embarazada pero en ese momento sí. Además habían muchos mortífagos y…
Apretó los ojos con fuerza, el recuerdo vivo en su memoria. Sintió que no tenía fuerzas para contarles cómo había sido ese ataque. Abrió los ojos y pasó una mano frente a ella. Inmediatamente todas las luces en el comedor disminuyeron mientras aparecía la imagen del ataque frente a ellos, desde el punto de vista de Angelica.
Eran muchos mortífagos, pero ninguno novato. Se habían divertido torturándolas con varias maldiciones mientras ellas, intentando huir, apenas lograban defenderse. En un momento del ataque las dos hubiesen podido salir de allí si Angelica hubiese atacado a Severus Snape. Pero no lo hizo y su hermana ya estaba muy mal para hacerlo… Cuando llegó Dumbledore con Moody y los miembros de la O.D.F. las dos estaban graves.
Snape jamás las atacó. Pero inicialmente no se puso en evidencia para ayudarlas. Se limitó a ser un estorbo en el camino de sus compañeros, desviando algunas maldiciones contra ellas pero siempre de tal manera de no descubrir su fachada. Sólo un poco antes de llegar los refuerzos su ayuda fue más evidente, aunque siempre sigilosa.
Cuando terminaron de ver aquello todos tenían un nudo en la garganta. Los cuatro Dunedains y Remus lloraban silenciosamente, al igual que Angela que se esforzaba en mantenerse serena. George la abrazaba con cariño por su cintura, mirándola preocupado con un nudo en la garganta.
Jessica lloraba inconsolable en brazos de Fred. A ella le había borrado aquellos recuerdos su tía Angelica y su prima jamás le había querido hablar de aquello. Ahora entendía porqué.
Con otro movimiento de su mano Angela encendió de nuevo las velas que se habían apagado. Secando su rostro e intentando mantenerse serena empezó de nuevo a hablar, aunque su voz era un poco quebrada.
—Yo no confío en él, Remus… pero el abuelo me pidió que lo protegiese… de mortífagos, aurores… e inclusive miembros de La Orden del Fénix.
—¿De nosotros… también? —le preguntó el hombre de los ojos dorados, que se esforzaba en recobrar el temple.
La chica miró con ojos de súplica a Harry, que asintió y sacó el pergamino de la carta que Dumbledore le había dejado a su nieta, al que le habían cortado dos pedazos: el punto seis y lo relativo a conseguir información en Hogwarts. Se lo tendió a Remus.
Arthur lo tomó y la leyó en voz alta mientras su amigo se recuperaba de la impresión de lo visto. Se detenía en cada punto mirando a Angela, al igual que todos excepto el trío de Gryffindors que la conocían. Al terminar de leerla los adultos se miraban entre ellos sorprendidos, empezando a entender algunas cosas que la chica había venido haciendo.
—¿Qué dice el resto de la carta, chicos? Lo que cortaron. —les preguntó Remus, que ya había recuperado su temple y aparente calma, preocupado.
Angela y Harry denegaron, bajando la cabeza.
—Le prometí al abuelo que cumpliría con cada uno… de los puntos y eso he estado intentando hacer desde que llegue aquí… Por eso cuando Snape me contactó le respondí... Yo no confío en él pero tengo que cumplir… con la promesa que le hice al abuelo.
—¿Por qué te decidiste a contarnos todo, Angela? —preguntó Molly.
—Percy no fue el único que me avisó del ataque al tren… Snape también lo hizo esa misma mañana… También ha avisado de otros ataques… Esa información les ha llegado a ustedes mediante… anónimos pues no quería que confiaran… ciegamente en ella… porque yo no confiaba.
—¿Entonces los anónimos han sido tuyos? —le preguntó Kingsley a la chica, mirando de reojo a Remus.
—No exactamente… La información sobre… los ataques generalmente la transmite él… a través de un sistema especial que yo diseñé… llegándoles directamente a ustedes como anónimos… Sólo algunas cosas me las transmite… directamente a través de otra vía.
—¿Qué ha pasado que te decidiste a contarnos? —insistió Arthur en la pregunta que había hecho su esposa.
—Draco hasta ahora no ha participado nunca en un ataque pero… Snape me ha informado que mañana habrá un ataque en Kent… y que Draco se ha negado a participar… Narcissa lo descubrió robando una poción… muy peligrosa a Snape… Temiendo que intente contra su vida… ha decidido sacarlo de allí esta noche… Les he dado una hora, ellos ya saben el lugar.
—¡¿Que tú hiciste qué?! —se sobresaltó Aragorn—. Podría ser una trampa.
—Es por eso que les he dicho toda la verdad… Ellos sólo se acercarán si ven a Angelica… pero no quiero ir allí sola.
—Tú no irás —dijo decidida Nymph—. Lo haré yo con la apariencia de tu mamá.
—Te lo agradezco, Nymph, pero… Snape ha sobrevivido tantos años como… espía porque no confía en nadie… Sólo mi sangre y la suya abrirán el acceso… al punto de encuentro y la puerta… del escondite que establecimos para ellos tres… cuando lograsen sacar a Draco.
—¿Hiciste un sello de sangre con ése? —preguntó Eowyn furiosa—. ¿Cuándo?
—La noche después de haber estado… en el "Cuarto de los Espejos"… Me dijo que no había podido evitar… el tener que asesinar… a "mi padre" porque hizo un pacto… inquebrantable con Narcissa Malfoy… según el cual él debía cumplir con la tarea… que le encargasen a Draco si él no lo hacía… Pero al darse cuenta que el objetivo era… el abuelo, le dijo lo que ocurría y… —Tomó aire, empezaba a sentirse bastante mal— Albus Dumbledore le ordenó a Severus Snape… cumplir con aquél pacto si era inevitable… para que Draco Malfoy no muriese… Discutieron por ello.
—¿Tú le has creído eso? —le preguntó Arwen también molesta.
—No tía, no le he creído… Estoy segura de ello, porque… Orión presenció la discusión y me lo contó todo… Yo le había pedido que siguiese al abuelo y lo ayudase si era necesario… Además use mis dones sobre… Severus Snape esa noche que hicimos… el sello de sangre y lo confirmé… Eso no me hace confiar en él pero… Cumpliré la promesa que le hice al abuelo.
Harry, Hermione y Ron se miraron. Aquello encajaba con todo lo que ellos sabían. También con las reacciones de Angela cada vez que nombraban al antiguo profesor de Pociones. El joven líder les preguntó a sus compañeros con la mirada en silencio. Todos asintieron.
—El E.D.H. irá contigo —le dijo muy serio Harry—. Pero tienes que decirnos dónde y cuándo será para que hagamos un plan de acción.
—¡Alto ahí! Ustedes no irán a ninguna parte —le contradijo Remus muy firme—. Ninguno de ustedes irá. Angela, contacta de nuevo a Snape y dile que se reunirá con nosotros en otro punto que yo te indicaré, donde no sea necesaria tu presencia. No permitiremos que corras peligro.
—Lo siento Remus, pero no puedo… Es él quien abre la comunicación… Estando tan cerca de Voldemort… no podía hacerse de otra manera… Hoy al mediodía lo hizo en dos oportunidades… la primera para preguntarme… la segunda para recibir mi respuesta… con sólo veinte minutos de diferencia… No lo hará de nuevo.
—¡Rayos! —exclamó exasperado el líder de la O.D.F. sin poder contenerse, golpeando la mesa con sus manos. Tomó aire profundamente esforzándose en controlarse—. ¿Cuándo y dónde Angela?
—En el punto del primer ataque a mamá… para ir desde allí a la casa en que vivieron… mamá y mi tía en Maidstone… Esta noche a las once.
—Muéstranos el lugar del encuentro, Angela. —le ordenó Faramir con el ceño fruncido.
La chica pasó de nuevo una mano frente a ella, formándose la imagen del lugar.
—Como lo pensé —comentó el Dunedain molesto—, ideal para una emboscada.
Aragorn se puso en pie y salió de la cocina hacia la sala. Arwen se levantó para ir tras él, pero Angela la retuvo por el brazo denegando suavemente. La chica de pelo negro fue después hacia la puerta. George intentó retenerla pero ella le pidió con la mirada que la dejase ir sola con su tío.
El Dunedain estaba de pie mirando por la ventana, con los ojos azules centelleando la tormenta que ardía en su interior, apretando los puños y la mandíbula. "Papá Albus, has dejado en manos de Angela y Harry varias cosas muy peligrosas. A pesar del respeto y cariño que siempre te he profesado, primero como padre adoptivo al morir el mío y luego como profesor en el colegio, en este preciso momento estoy muy molesto contigo. Y preocupado, muy preocupado. De no estar muerto te estuviese buscando para preguntarte el porqué de esto y de qué se trata lo que los chicos se empeñan en ocultar".
El haber oído contar a su sobrina el primer ataque, viendo el lugar en el que había ocurrido… después de ver el ataque que había conducido a la muerte a sus dos hermanas menores… había sobrepasado su autocontrol. "Si no las hubiese dejado aquí sin mi protección para regresar a terminar con el entrenamiento…" Estaba pensando esto cuando sintió como su sobrina rebelde se abrazaba a él por su cintura, apoyando su cabeza en su pecho.
—Perdóname tío… Yo sé que es tan duro… para ustedes como… lo es para mí… —No pudo retener un par de lágrimas—. Pero el abuelo se… sentía enfermo y débil… Tú oíste la carta… Se despedía de nosotras… Por eso le prometí aquello… Quería que estuviese tranquilo… Después que hablaste… conmigo aquí… he estado buscando… la manera de decírtelo… pero… Por eso me reuní con ellos… y puse las protecciones necesarias… Lo siento, yo… —No pudo seguir. Empezó a llorar.
—Shhh pequeña, tranquila, lo sé —La abrazó y la besó en la cabeza—. Te vi en varias oportunidades intentar acercarte a mí a hablarlo. Vi la tormenta en tu mirada. Ahora que lo he visto entiendo que no tuvieses fuerzas para contármelo. Pero me preocupa mucho que seas tan impulsiva. Que te hayas reunido con ese asesino a solas a pesar de desconfiar de él, sólo por la promesa que le hiciste a papá Albus —La separó un poco de su cuerpo y le tomó la cara por la quijada—. Me da miedo pensar lo que eres capaz de hacer con lo que aún nos ocultas. Por favor Angela, esta angustia nos está matando a todos. ¿Qué más ocultas?
—Sólo lo que aprendí… por mi cuenta… de Magia Antigua… que te lo contaré… en cuanto regrese… de cumplir la… promesa al abuelo… y dos secretos… de mamá… Pero no es algo… que yo deba hacer… Son cosas que… ella hizo y… aún no entiendo… Yo no tengo... más secretos… míos tío… —le contestó con la voz entrecortada por el llanto y su ritmo respiratorio un poco irregular—. Y no puedo… revelar los… de Harry… o los del… E.D.H.… No puedo tío… Perdóname.
Sus ojos verdes le suplicaban que no la presionase más. El verla así lo desarmó. Sabía que era sincera, siempre lo había sido con él. Aún cuando no le contaba su pasado tampoco le había mentido. Cada vez que le había preguntado le decía que no podía contarle o le contaba sólo parte de la verdad, como los castigos en el orfanato, pero no una mentira. La abrazó y acarició su cabeza y su espalda con ternura, intentando tranquilizarla un poco.
Arwen y George, que los habían estado observando desde la puerta, se acercaron a ellos en silencio. El pelirrojo le entregó la poción para los pulmones a su novia mientras Arwen les transmitía calma a los dos. Luego los cuatro regresaron en silencio a la cocina. Mientras caminaban ella se tomó la poción, más tranquila.
Allí ardía una batalla dialéctica. Los chicos no querían dejar de ir pues uno de los miembros de su grupo tendría que ir obligatoriamente allí.
—Ya te dije que no irán, Harry. Ninguno de ustedes nos va a acompañar.
—Lo siento tío pero ésa no es tu decisión.
—Yo soy el líder de La Orden del Fénix y seremos nosotros quienes vayamos.
—Y yo el del E.D.H. y te digo que también iremos.
—Puedo entender que quisieran defender a sus compañeros del colegio, pero no que quieran ir a buscar a tres mortífagos.
—Si piensas que vamos por ese asesino estás loco, papá —estalló Jessica que no había intervenido hasta ese momento—. Vamos a ir porque Angela irá. Es más que mi prima, mi hermana, además de un miembro de nuestro grupo y vamos con ella.
—No me vuelvas a alzar jamás la voz —le contestó Remus en voz controlada, con rabia contenida, mirándola de tal manera que sus ojos destilaban una firmeza paternal indiscutible—. He dicho que no va a ir ninguno de ustedes. Angela va porque ha cometido la locura de ponerse en una situación ineludible. Pero no permitiremos que ninguno de ustedes esté en peligro. Bastante tenemos con mantenerla a ella a salvo e ir allí para buscar a esos tres.
—Lo siento papá pero yo voy a…
—Por favor —los interrumpió Angela con sus ojos verdes—. No sigan discutiendo… Este tipo de divisiones sólo… favorece a Voldemort… a nadie más.
—Angela… —comenzó Remus que apenas lograba contenerse.
—Yo los convoqué aquí y les conté todo… —sus ojos grises los miraban de uno en uno— porque el abuelo siempre dijo… que debíamos permanecer unidos… que las divisiones sólo lo favorecen a él… —No lograba regularizar totalmente su respiración pero sus pausas en esta ocasión eran más distanciadas y cortas. En cuanto dejase de hablar lo lograría, pero tenía que detener aquello—. No quise contárselo sólo a mis compañeros del E.D.H… porque entiendo su posición como padres y tutores nuestros… Pero nosotros somos un grupo unido… por eso también los convoqué a ellos.
—Ellos no deben ir, Angela —le replicó Remus—. Es muy peligroso y…
—Eso lo sabemos todos, tío, pero aún así iremos porque… —lo interrumpió Harry con tono decidido.
—Lo de esta noche es complejo… —interrumpió de nuevo Angela, empezando a exasperarse y agitarse—. Pero si van a seguir así… me voy sola y… créanme que ninguno podrá… entrar ahí sin mí.
—¿ESTÁS LOCA? —le gritaron simultáneamente Jessica, Remus y Harry.
—Lo que han oído… O nos ponemos… todos de acuerdo… o me voy sola… y es mi última palabra.
Intentó girarse para regresar a la sala pero su novio la retuvo abrazándola, mientras su tío se interponía en su camino.
Aragorn conocía muy bien a su sobrina. Había visto que sus ojos jamás habían mutado a azul. Sabía que sólo quería detener la discusión, pero también que jamás dejaba de cumplir una amenaza.
—Vamos a calmarnos todos, por favor. Así no resolvemos nada y la alteramos a ella. Ya todos sabemos que eso le hace daño. —Tenía que conseguir tiempo, calmarla. Luego convencería a todos los del E.D.H. de no ir con ayuda de los otros, sin presionarla a ella.
Todos la vieron como se agitaba en brazos de George e hicieron esfuerzos por tranquilizarse, sentándose de nuevo a la mesa.
—Angela, por favor muéstranos con más detalle el lugar y el trayecto hasta la casa que establecieron como refugio —le pidió Aragorn con voz suave, acariciándole suavemente la cabeza—. También tus comunicaciones con ellos. Tal vez podamos sacar algo más en claro.
La chica asintió. Sonriéndole a su novio y a su tío hizo un esfuerzo por tranquilizarse mientras el gemelo pelirrojo la llevaba hasta su puesto en la mesa. Calentó con un toque de su varita su chocolate, pasó la mano frente a ella y les mostró lo que él quería ver del lugar. Luego le extendió la libreta del candado abierta.
Ron observaba todo el lugar con detenimiento, al igual que Harry. Ginny y Hermione sacaron pergaminos que tenían en sus mochilas, los unieron y plasmaron un dibujo esquemático del lugar. Luna transformó mientras tanto con ayuda de Angela los platos y cubiertos que les proporcionaban Neville y Fred. Jessica y George leían una copia de la libreta que la primera había hecho rápidamente con su varita. Todos trabajaban en silencio, sincronizadamente.
Remus y Kingsley analizaban el lugar mientras Arthur y Bill examinaban la libreta. Eowyn y Faramir hacían una maqueta con su varita de la situación, ayudados por Molly, Arwen y Nymph. Charlie y Aragorn habían generado un plano del lugar y la casa, revisándolo exhaustivamente. Trabajaban en silencio, mirando eventualmente a los chicos, admirándose de la forma en la que se organizaban, analizaban y planeaban. Sólo Molly Weasley estaba enojada por ello. Cada grupo estaba reunido a un extremo de la mesa, con la imagen del lugar y la casa flotando al centro.
Todos notaron cuando Jessica, George, Arthur y Bill tomaron una bocanada de aire y la retuvieron, rompiendo el silencio del lugar.
—¿Qué? —preguntó Angela mirando los dos grupos alternativamente.
—Tú le dijiste…
—Aquí dice…
Pero al haber hablado al mismo tiempo George y Bill nadie les entendió nada. Angela enarcó las cejas. Los dos hermanos se miraron, luego George abrazó a Jessica que estaba pálida leyendo aquello.
—Aquí dice que Jennifer también está viva. Que ella se reuniría con Narcissa de ser necesario —dijo por fin Arthur—. ¿Por qué le respondiste eso cuando te preguntó por una reunión con ella?
Angela comprendió y miró a su prima rápidamente.
—Perdóname Jessica, pero no podía darle a entender a ese asesino que sólo mamá había sobrevivido o sospecharía de mí. Al estar en el ataque él sabía en que condiciones habían quedado las dos. Además mamá nunca soportó a Narcissa Black mientras que mi tía la toleraba —agregó mirando ahora a Remus—. Decía que sólo era una mujer de carácter débil. Así sería más creíble mi encuentro con ella.
—¿Te reuniste con Narcissa Malfoy? —preguntó Aragorn con sus ojos verdes claros dejando traslucir preocupación.
—Sí. La noche siguiente a poner el sello de sangre, dos antes de la sanación de Bill. Sólo me he reunido en esa oportunidad con ella.
—¿Y con Snape? —le preguntó Faramir.
—Sólo la noche que hicimos el sello.
Aragorn cerró los ojos. Recordó que le había dicho un poco antes "me reuní con ellos" y denegó. No había entendido lo que significaba ese plural.
Ron y Harry empezaron a hablar con el resto de su equipo en susurros, haciendo indicaciones con las varitas, colocando las piezas que habían creado Luna y Angela, moviéndolas, de vez en cuando denegaban y las regresaban a sus posiciones anteriores.
Molly empezó a exasperarse al notar lo que hacían. Quince minutos pasaron y ya no pudo contenerse.
—¿Se puede saber qué están haciendo? —preguntó con sus brazos en jarras y una mirada peligrosa.
Todos se detuvieron en lo que estaban haciendo, mirándola.
—Un análisis del lugar y las posibles situaciones para luego hablarlo con ustedes. —le respondió Harry lo más sereno que lograba mantenerse.
—No hay nada que hablar —le replicó Molly en un tono de voz autoritario—. Ustedes no irán, ni tienen que estar planificando nada. Deberían estar en el colegio reposando de la semana de exámenes y ustedes —señaló a los gemelos— atendiendo su negocio. Y eso es precisamente lo que van a hacer. Y tú, jovencita —se dirigió a Angela, mirando preocupada a su hijo George que estaba al lado de la chica—, vas a aprender a no ser tan impulsiva y consultar a tus mayores antes de hacer nada. Sobre todo algo como esto que pone en peligro a tantas personas. Irás sólo con nosotros y acatarás nuestras órdenes esta noche.
Angela la observaba muy pálida y con el ceño fruncido. Se había dado cuenta que la señora Weasley a pesar de hablar con ella no había despegado la vista de George, su novio, su razón para existir. Entendió lo que había tras sus palabras. Observó a los dos grupos trabajando por separado y tomó una decisión.
—Hay sólo una cosa… en lo que tiene razón… señora Weasley… —le respondió con una voz profunda y serena que tensó a los tres Gryffindors que habían sido entrenados por ella, a su prima Jessica y a sus cuatro tíos. Sus ojos grises brillaban con una decisión acerada con destellos azules—. Yo no tengo ningún… derecho a poner en… peligro a nadie por… mis "decisiones impulsivas"… y mis promesas. —Se giró, le dio un beso a George en la boca y desapareció.
—¡¡ANGELA, NO!! —gritó con desesperación su novio, que la había tenido abrazada.
—Señor Aragorn, ¿puede ub…? —Harry no pudo terminar su pregunta, el Dunedain había desaparecido.
George, para sorpresa de todos, también desapareció. Los chicos se miraron y al ver asentir a Jessica y a Fred los demás desaparecieron también.
—Jessica, ¿a dónde han ido todos? —preguntó Remus asustado.
—A buscarla y a averiguar si ha hecho algo para evitar que lleguemos ahí —le respondió muy tensa, señalando el mapa que su equipo había hecho pues la imagen en el centro de la mesa había desaparecido—. Nosotros nos hemos quedado sólo para esperar noticias de tío Aragorn.
—Hija —Se acercó rápidamente a ella, preocupado por el timbre de su voz y la frialdad en su mirada—, nosotros sólo queríamos…
—Que nosotros estuviésemos a salvo y lo han logrado —lo interrumpió con una mirada fiera que hizo estremecer a los tres Dunedains que se habían quedado. Sólo una vez la habían visto así y sólo Angela había logrado calmarla después—. Porque conociéndola como la conozco ninguno de nosotros podrá ir ahí esta noche.
—Ella no puede seguir actuando así —intervino Molly—, no después de ese Pacto que hizo con George. Ella…
—¿Ustedes querían saber de qué es capaz? —la interrumpió Jessica, levantándose bruscamente—. Pues la señora Molly Weasley ha sabido golpearla en lo que más le duele y obligarla a decidir, porque por George y por Harry ella hará lo que sea.
Fred intentó abrazarla, pero la chica se liberó con violencia mal contenida y se dirigió a la sala, empujando en su camino a Eowyn que intentó tomarla del brazo. Remus la siguió y se quedó petrificado al verla convertirse en una joven lobezna, aullar y subir con esa forma por las escaleras. Un minuto después logró reaccionar y subió corriendo buscándola, con Nymph, Eowyn y Faramir, pero no la consiguieron.
—¡JESSICA! —gritó desesperado Remus.
Cuando bajó las escaleras vio a Fred con el ceño fruncido enviar una nota por medio de Moony, mientras le decía a Hera:
—Avísales a los otros que no vayan con Jessica. Luego ve con Moony.
—Fred, ¿tú sabes dónde está? —le preguntó muy preocupado mientras los dos fénix desaparecían.
—Sí. En La Casa Flotante. Me lo ha comunicado antes de desaparecer de Grimmauld.
—Llévame con ella. —le pidió desesperado por el estado en que estaría su hija.
—Lo siento profesor Lupin, pero no lo haré. En cuanto cumpla con mi misión aquí para el E.D.H. me voy a atender mis asuntos. —les indicó con una mirada fiera dirigida a su mamá, que lo veía con lágrimas en los ojos.
—Hijo, por favor, tú tienes que entender… —intentó explicarle Molly, pero se detuvo al notar como los ojos azules de su hijo brillaban con mucha rabia.
Fred se giró y les dio la espalda a todos, mirando por la ventana hacia afuera.
—Por favor —le tomó por un brazo Remus—. Llévame con ella. Está mal. No es bueno que esté sola.
—Lo sé —le respondió Fred en voz baja, con un nudo en la garganta—. Pero si me aparezco allá con usted sin noticias sobre Angela… será peor.
Remus cerró los ojos con fuerza asintiendo, sabía que el pelirrojo tenía razón. Soltó a su yerno y se quedó de pie cerca de él, atento a todos, luego de pedirle a Arthur con la mirada que ayudase a tranquilizarse a Molly un poco.
Cinco minutos después llegó Galileo, se acercó a Fred que le tendió un brazo para que se posase en él, lo miró directo a los ojos y desapareció. El pelirrojo cerró los ojos, denegó y volvió a su posición de mirar por la ventana.
—¿Fred? —preguntó intrigada Arwen.
—Hermione y Ron han descartado un lugar. —le respondió con voz ronca.
Pasados cinco minutos más apareció Febo, le transmitió de la misma manera otro mensaje y desapareció.
—¿Fred? —inquirió Eowyn.
—Luna y Neville han descartado otro lugar.
Transcurrieron diez largos y angustiosos minutos. En el mismo momento en que aparecía Aragorn, cabizbajo, lo hacía el fénix de Ginny. Al recibir el mensaje, Fred miró a los adultos y luego al fénix.
—Ares, por favor avísales que el señor Aragorn tampoco la ha conseguido e insiste en que no vayan a La Casa Flotante, que yo iré allí solo. Diles que nos reuniremos en el punto nuevo más tarde. —Una vez dicho esto el mensajero desapareció.
—¿Fred? —preguntó Remus intranquilo.
—Jessica tenía razón. Ha puesto un bloqueo a toda la zona. Nadie podrá acercarse allí a menos que ella lo permita. Debo irme.
—Espera Fred —lo tomó Nymph por el brazo—. ¿Qué es esa forma de comunicarse? ¿Por qué no deben ir los demás a la casa de las gemelas? ¿A qué punto nuevo te referías? ¿Qué está pasando?
—Esa forma de comunicarse con los fénix del E.D.H. sólo concierne a sus miembros. El porqué nadie debe acercarse a Jessica en el estado en que está te lo pueden responder sus tíos y su papá. El punto nuevo es un sitio alterno a la Casa Flotante para situaciones de emergencia y lo que está pasando es lo que mamá ha provocado. Ahora si me disculpas tengo que ir a… Tengo que ir. —finalizó soltándose.
—Espera Fred —lo retuvo Faramir por el otro brazo—. No debes ir allí solo, podría lastimarte. Deja que al menos uno de nosotros cuatro vaya contigo.
—La presencia de cualquiera de ustedes sólo la alterará más. Me comunicaré con ustedes en cuanto pueda. —denegó el gemelo pelirrojo soltándose.
—Fred, llévame contigo —le insistió Remus—. Yo puedo ayudarte a calmarla.
—Tal vez en otras circunstancias eso sea cierto. Pero con lo que ha pasado y sin noticias de Angela no. —dicho lo cual Fred se desapareció.
—¿Qué pasa con Jessica? —preguntó Aragorn sin entender, mirándolos interrogante.
—Faramir, ¿por qué dijiste que podía lastimarlo? —preguntó asustado Charlie.
—Porque en la única oportunidad en que la vimos así nos lastimó a los cuatro y a los dos señores. Sólo Angela y el señor Mithrandir pudieron tranquilizarla.
—¿Qué? —preguntó con un hilo de voz Arthur.
—Fue antes que Arwen enseñase a Angela como borrarle los recuerdos. Ese día los señores Galadriel y Elrond estaban entrenando con ella mientras nosotros lo hacíamos con Jessica —le respondió con voz lejana Faramir—. Ninguno de nosotros seis sabía aún que ella era una licántropa… Nos había pedido que terminásemos temprano pero se nos hizo más tarde de lo planeado. Esa noche había luna llena y ella estaba... bastante alterada por el entrenamiento… Cuando escuchó a su prima gritar salió corriendo hacia donde ella estaba seguida de nosotros. Pero al verla herida intentando incorporarse se transformó ante nosotros en licántropa y… No hubo hechizo que la detuviera. Su sangre Dunedain mezclada con su licantropía la ayudaba a mantenerse tranquila cuando dominaba su forma humana, aún sin la poción matalobos, pero cuando la domina el lobo la vuelve aún más peligrosa.
—Pero ella está curada de la licantropía… con la poción que hicieron. —comentó muy asustado Bill, deseando estar en lo correcto pero sospechando que no era así.
—Estamos curados de la maldición de la luna llena —le respondió abatido Remus—. Pero en nuestro interior sigue viviendo el lobo.
—No entiendo. —insistió Bill.
—La razón por la cual Angela jamás absorbió la licantropía de Jessica para sanarla es porque no podía hacerlo —le respondió el hombre de ojos miel—. Ella pudo hacerlo contigo porque tu transformación era parcial, pero en un caso como el mío o el de ella no funcionaría.
Tomó aire profundamente para calmarse y poder continuar. Era muy duro recordar aquella conversación con las dos chicas en la enfermería de Hogwarts, antes de su primera luna llena como humanos. La que pasaron su hija y él acompañados de Nymph allí en Grimmauld.
—Con la poción ocurre algo similar. Nunca más nos forzará la luna llena a transformarnos en lobos, tampoco nuestros hijos heredarán la licantropía, pero… Seguimos teniendo los sentidos agudizados y la fuerza del lobo, especialmente los días cercanos a la luna llena. Cuando intentemos transformarnos voluntariamente nuestra forma animaga será siempre un lobo y… En momentos de mucha tensión que nos hagan enfurecer, si no nos controlamos, el lobo puede dominarnos y surgir, siendo de día o una noche que no sea de luna llena, porque el lazo con el calendario lunar ha disminuido hasta casi anularse.
—Entonces Fred… —Bill no pudo terminar.
—¿Dónde están los otros chicos? —preguntó Aragorn.
—Desaparecieron después que tú —le respondió Arwen mientras todos veían a Remus dar vueltas nervioso y pensativo—. Por lo que nos dijo Fred estaban buscando a Angela y averiguando si había bloqueado el acceso al lugar.
Molly lloraba inconsolable en brazos de Arthur sintiéndose culpable.
—Pero cuando me fui Jessica estaba aún en su forma humana aquí y no estaba tan alterada. —insistió Aragorn preocupado, intentando comprender lo ocurrido.
—Molly le dijo a Jessica que Angela no podía seguir actuando así después del Pacto de Amor que había hecho con George —le contó Arwen—. Ella le respondió que ahora íbamos a saber hasta dónde era capaz de llegar Angela por George y por Harry. Vino hacia acá sin que nadie pudiera detenerla, se transformó en lobezna y subió las escaleras. Luego Fred que iba tras ella se frenó en seco, se fue hacia la ventana y llamó a Moony. Cuando después de buscarla arriba y no encontrarla Remus le preguntó si él sabía dónde estaba le dijo que sí, que le había transmitido que había ido a la Casa Flotante.
—Pero si se comunicó con él mentalmente y se desapareció debe estar en su forma humana. —presionó Aragorn deseando desesperadamente estar en lo correcto.
—Eso no lo sabemos, Fred no logró comunicarse con ella por medio de su fénix o el de ella después. —le aclaró su esposa.
Remus buscó pluma y pergamino, escribió algo rápidamente y decidido lo llamó, recordando algo que le había dicho Angela cuando habían ido a sacar a Jessica. La chica de pelo negro se lo había ratificado luego, cuando él se lo había preguntado preocupado por ella y aquellos odiosos entrenamientos de los que llegaba mal.
—Orión —El pequeño fénix apareció de inmediato—. Por favor llévale esto a Angela. Es urgente.
El fénix asintió y desapareció.
—¿Estás seguro que permitirá que su fénix la encuentre? —le preguntó Aragorn con una mezcla de duda y esperanza.
—Sí. Ella me dijo que en cualquier situación siempre me podría comunicar con ella por medio de él, cuando fuimos a buscar a mi hija y romper el sello.
—¿Qué? —preguntó asombrada Eowyn.
—Nymph y yo estábamos muy preocupados porque la habíamos visto llegar aquí lastimada. Nos dijo por primera vez que tenía que ir a entrenar de madrugada con los señores. Cuando le pregunté si había alguna manera de comunicarme con ella me dijo que siempre podría hacerlo por medio de Orión.
Pasaron veinte largos y angustiosos minutos sin noticias. Hasta que apareció a quien menos esperaban.
—¡George! —exclamaron todos a coro al verlo.
—Jessica está tranquila y los demás están bien, sin un solo rasguño —se apresuró a aclararles para tranquilizarlos un poco—. Angela ha estado conmigo desde poco después que salió de aquí, pero no había logrado convencerla de que vayamos con ella ni tampoco de comunicarse con los otros. Cuando nos llegó el mensaje con Orión fuimos a La Casa Flotante, donde estaban ya todos. —les contó al ver que se tranquilizaban un poco pero seguían tensos y preocupados.
—¿Ustedes la acompañarán? —le preguntó Aragorn intranquilo.
—No permitirá que nadie vaya con ella esta noche. Pero después que deje a esos tres en el refugio se reunirá con nosotros en el punto alterno y luego con ustedes aquí. Ella está tranquila y sus pulmones le están respondiendo bastante bien. —le respondió con sinceridad, basándose en la información que su novia les había dado y como la había visto.
—George, por favor llévame con ella. No debe ir sola. —le pidió angustiado.
—Lo sé, señor Aragorn, pero desde que dejó La Casa Flotante yo tampoco puedo ir donde ella está. Se ha despedido de todos nosotros y me pidió que viniese a hablar con ustedes antes de desaparecer.
—Pero ella no quería ir sola —insistió Eowyn—. Por eso se atrevió a contarnos los ataques a Angelica.
—Lo sé —le confirmó George. Se quedó mirando a su mamá pero en sus ojos no había rabia, sólo tristeza—. En realidad aún no quiere hacerlo. Pero no nos pusimos todos de acuerdo y mamá le insinuó que me había puesto en peligro. Ella nos ha hecho ver en La Casa Flotante que lo que la impulsó fue su amor de madre, el mismo que hizo que Lily diese la vida por Harry.
—George, dile a Harry que venga con todos. Yo intentaré de nuevo comunicarme con Angela —le pidió decidido Remus—. Iremos los dos grupos con ella. No podemos dejarla ir sola allí.
—Espero que puedan convencerla, porque yo no lo logré. —comentó el pelirrojo preocupado antes de desaparecer.
Remus escribió rápidamente en un pergamino y lo llamó de nuevo.
—Orión. —Al verlo aparecer le entregó la nota.
El fénix cantó triste, movió la cabeza denegando y desapareció. Al ver lo que había hecho el ave y oír su canto se les encogió el corazón por lo que podía significar. Unos minutos después aparecieron allí los nueve chicos del E.D.H. demasiado serios y con el ceño fruncido, todos a excepción de George que lucía abatido.
—Por favor, chicos, no queremos estar enemistados con ustedes. —Se les acercó Remus conciliador, mirando a su hija con ojos de súplica, mientras Molly se quedaba paralizada mirándolos con lágrimas en los ojos.
—Hemos venido como lo pidió, profesor Lupin. —le respondió con voz seca y muy serio el líder del E.D.H.
—Harry, por favor. Tenemos que unirnos, no dividirnos. Por favor.
—Eso lo sabemos perfectamente, profesor Lupin, y hemos hecho todo lo posible por poner de nuestra parte. Por eso en nuestros planes estaban incluidos ustedes. Pero nunca fue recíproco y ahora uno de nuestro grupo corre grave peligro.
—Empecemos de nuevo, Harry. Coordinemos nuestros esfuerzos.
—Ya es tarde para eso. Ella irá sola.
—Tal vez no. Si sabe que nos unimos ella accederá. —intervino Aragorn.
—¿Y cómo se supone que se lo haremos saber? —preguntó Harry con cinismo.
—De la misma manera en que me comuniqué con ella para que fuese a La Casa Flotante. Por medio de Orión. —le respondió Remus mirándolo preocupado por el tono que había usado.
—¿Crees que no lo hemos intentado, papá? —le preguntó Jessica con el dolor reflejándose en cada una de sus palabras—. Pero desde que desapareció de allá no ha querido respondernos, a ninguno de nosotros.
En ese momento apareció Orión, le entregó una nota a Remus y voló a posarse en el hombro de George. El hombre de ojos dorados al leerla sonrió levemente y la leyó en voz alta.
No sabes como me gustaría creerte, Remus. Yo no quiero ir sola allí.
Pero la señora Weasley tiene razón, no puedo poner en peligro a quienes quiero y del E.D.H. sólo Jessica, Harry, Hermione y Ron tienen suficiente manejo defensivo para acompañarme si aparece allí Voldemort con sus mortífagos. No podemos ir solos nosotros hacia una probable emboscada y tampoco puedo apartarlos e ir sólo con ustedes. Nos seguirían y estarían en mayor peligro. Prefiero ir sola.
Espero que mamá y el abuelo tengan razón, que Snape sea de fiar. Me comunicaré contigo tan pronto pueda.
Angela
Todos los chicos se miraron inquietos, excepto Harry que miraba el pergamino. Al notarlo Remus se lo tendió. Cuando el pelinegro lo tomó todos los chicos se volcaron sobre él para leerlo de nuevo.
—Yo le escribí que iríamos los dos grupos con ella. —les aclaró Remus al notar sus miradas interrogantes mientras George sonreía.
—¿Es sólo estrategia para que ella aparezca? —le preguntó Harry mirándolo fijamente, con sus ojos esmeraldas interrogando a los dorados que tenía al frente.
—No, Harry, es la verdad. Iremos los dos grupos.
El pelinegro miró los ojos dorados de su tío y vio sinceridad en ellos. Luego miró de nuevo el pergamino que aún tenía en sus manos y se decidió. Lo volteó, dirigiéndose rápidamente al lugar donde su tío había dejado la pluma y escribió unas líneas.
—Completa tú la respuesta, tío, sólo así nos creerá.
Remus, que había ido tras él, leyó lo escrito por su sobrino y sonriente tomó la pluma y completó la nota.
—Orión, llévale esto amiguito. Por favor, intenta convencerla. —le pidió Harry acariciándole el plumaje con cariño.
—Vamos a la cocina y revisemos los planos y las estrategias —les indicó Remus sonriente apenas desaparecer el fénix—. Debemos generar un plan y el tiempo se nos acaba.
Los del E.D.H. se quedaron mirando a Harry. Sólo al verlo asentir siguieron a los demás.
Una hora después apareció Angela por la puerta de la cocina, caminando casi de puntillas en absoluto silencio, mirándolos trabajar a todos como un solo equipo. Se veía pálida y nerviosa.
—¡Angela! —la llamó Aragorn preocupado. Sólo él la había sentido llegar.
—Yo… Sólo quería ver que estaban bien antes de… —No pudo continuar. Los miraba a todos muy nerviosa, aunque contenta de verlos trabajando en equipo.
—De ir con todos nosotros allá —completó Remus sonriéndole, intentando transmitirle confianza en su voz y mirada—. Acércate para que hablemos de la estrategia que hemos estado diseñando.
La chica miró a Molly, luego a George y denegó suavemente. Después miró a Ginny, Luna, Neville y Fred y denegó de nuevo, dando un paso atrás.
—Espera Angela, por favor —le pidió Aragorn rápidamente, comprendiendo lo que pasaba por la cabeza de su sobrina—. Si vamos todos unidos ellos estarán bien. Todos estaremos bien.
La chica lo miró muy asustada. Empezando a agitarse denegó de nuevo.
—Espera Angela. ¡Te lo suplico! —intervino George con la voz quebrada—. Yo no iré si eso es lo que te preocupa, ellos tampoco —señaló con su mano a su gemelo, su hermana menor, la rubia y el joven castaño de cara redonda—. Sólo irán quienes tú digas. Pero no vayas sola, por favor.
La chica de pelo negro lo miró con sus ojos brillando con lágrimas retenidas, quieta, indecisa. Estaba asustada, no quería ir sola. Cuando se había reunido con Snape había sentido miedo al percibir con sus dones tantas emociones mezcladas en aquél hombre, que ocultaba sus pensamientos y sentimientos con una Occlumancia cerrada mirándola con una expresión impenetrable al verla con la apariencia de Angelica. La había contactado al saber que ella estaba allí por medio de las noticias que obtenía Voldemort sobre los cercanos a Harry. Su encuentro había estado lleno de silencios y desconfianza mutua.
Con Narcissa tampoco se sintió a gusto. Sólo vio a una madre preocupada, dispuesta a todo por su hijo. Del único que no temía una emboscada era de Draco, visto lo ocurrido en la Torre de Astronomía.
Aragorn vio el debate en su mirada y se acercó a ella lentamente, indicándoles a los otros mentalmente que no se moviesen. No quería asustarla. No sabía cómo pero su sobrina había logrado desaparecer antes sin dejar un rastro que él pudiese seguir. Si lo hacía de nuevo sabía que no lograría detenerla.
Angela lo sintió cuando ya estaba cerca de ella y se sobresaltó.
—Por favor mi niña, vamos a hablarlo —le pidió con voz suave su tío, mirándola con sus ojos verdes brillantes de amor y preocupación—. Tú no quieres ir sola y nosotros no queremos que lo hagas. Recuerda lo que nos prometiste. Déjanos ayudarte.
Angela se quedó mirándolo con sus ojos verdes de felino apaleado, no logrando ya contener las lágrimas que había retenido, perdiéndose en aquella mirada de su tío. Temblaba como una hoja en otoño a punto de caer.
Tenía muy presente lo ocurrido con su mamá en aquél lugar al que iba. Se había mantenido firme y serena con George y sus amigos del E.D.H. para transmitirles una seguridad que realmente no sentía, pero la proximidad del encuentro con los tres mortífagos y el haberlos encontrado allí reunidos, dispuestos a superarlo todo para ayudarla, habían fragmentado la coraza que se había impuesto.
Aragorn al verla así sintió que se quebraba. Se acercó lentamente y la abrazó con suavidad inicialmente. Pero al notar que no intentaría huir estrechó sus brazos alrededor de ella. Besando con ternura su cabeza.
Todos los miraban asustados, temiendo la reacción de la chica. No querían que huyese de nuevo. Al ver como Aragorn levantaba la cabeza y sonreía denegando todos soltaron el aire retenido.
Arwen, Ginny, Hermione y Harry empezaron a dejarse fluir para tranquilizar a todos, al igual que Nymph, para sorpresa de los cuatro primeros. Arwen los miró denegando sutilmente para que los otros no se diesen cuenta, pero cinco minutos después los cinco se detuvieron estando todos más tranquilos.
—Tío… yo… —la escucharon hablar con la voz quebrada por el llanto.
—Shhh, debes tranquilizarte pequeña. El ponerte así te hace daño. Todo va a estar bien, nadie saldrá lastimado. Sólo cálmate y veremos quiénes van y con qué estrategia.
—Gracias tío.
Rápidamente George se acercó a ella con la poción para los pulmones, de la cual siempre llevaba en su capa varias dosis.
Al verlo junto a ella, con aquella poción en sus manos, Angela sintió que se le desgarraba el corazón.
—Perdóname… George… Yo…
—Shhh. Tómate esto y tranquilízate Angelita. Anda ven conmigo.
El pelirrojo la tomó por los hombros al soltarla Aragorn, la llevó a una silla junto a la mesa y le ayudó a beber la poción, al notar el pulso tembloroso de ella.
—Perdóname niña —se atrevió a decirle Molly con la voz quebrada—. No debí…
—No se preocupe… señora Weasley… La entiendo. —la interrumpió con la voz suave, todavía quebrada.
Remus le acarició con suavidad la cabeza y empezó a contarle la estrategia que habían planteado hasta ahora, mostrándole el dibujo esquemático hecho por los chicos y la maqueta de los adultos. Habían pensado que Angela se presentase con la apariencia de su mamá, un primer grupo la rodease en un perímetro cercano y otro formase otro perímetro más alejado, para tener la posibilidad tanto de defenderla a ella como de rodear a posibles enemigos.
Angela escuchaba todo en silencio, mirando las indicaciones en el plano y la maqueta, poniendo toda su fuerza de voluntad en tranquilizarse mientras George la acariciaba con suavidad en los brazos teniéndola recostada contra él.
—¿Qué piensas? —le preguntó Harry cuando su tío terminó.
Remus no quiso dar nombres para no presionarla, pero ella los conocía lo suficiente para sospechar quiénes estarían en cada posición. Habían contado con que todos irían. Tragó saliva. Al igual que con la estrategia al ataque al tren se decidió a ser sólo un peón más.
—Se hará como ustedes… ya habían decidido… con quienes ustedes… hayan establecido que vayan... Yo confío plenamente… en ti, Remus y… en ti, Harry.
Todos la miraron sonrientes. Terminaron entre todos de discutir abiertamente el plan, mientras ella se quedaba muy quieta en brazos de su novio.
Cinco minutos antes de la hora fijada apareció en el punto de encuentro una totalmente restablecida Angela con la apariencia de Angelica. Se acercó al sello y haciéndose un corte con una navaja que llevaba con ella ofreció el voto de sangre, dando acceso a que todo el grupo que la acompañaba pudiese acceder allí de acuerdo a lo decidido por Remus y Harry, entrando luego a la zona del bosque cercano a la casa que habían encerrado con un escudo.
A la hora convenida aparecieron Severus, Narcissa y Draco. Los tres con las varitas fuera y luciendo asustados. La mujer rubia tenía pasado sobre sus hombros un brazo de su hijo, mientras el ex profesor de Pociones se movía nervioso, ligeramente tambaleante. Él rápidamente ofreció su sangre y les indicó a sus acompañantes que entrasen a la zona protegida. Pero antes de hacerlo se escucharon varios pequeños estallidos de apariciones y empezaron a verse atacados los tres por mortífagos.
Angela se apresuró a ayudar a Snape a proteger a los otros dos, mientras Narcissa llevaba a Draco dentro del escudo. Los que iban con la chica se paralizaron unos segundos por la sorpresa de ver a los tres mortífagos atacados por sus iguales, pero reaccionaron rápidamente y se movieron para ayudarlos.
—Me traicionaste Angelica. —rugió Snape al verlos salir de sus escondites.
—Por si no lo has notado nos están ayudando —le replicó ella mientras seguía peleando—. Entra ahí y huyamos.
—Ellos nos quieren muertos también.
—Te dije que le prometí a Albus Dumbledore que ni mortífagos, ni aurores, ni los de La Orden del Fénix los matarán a ti o a Draco. Deberías recordar que yo siempre cumplo mis promesas.
—¿Y tú? ¿Me matarás tú?
—¡Maldita sea! ¡Entra ahí de una buena vez! —le riñó casi a gritos mientras caía sobre él, empujándolo fuera de la trayectoria de una maldición asesina.
Snape no pudo evitar quejarse al caer. La miró con el ceño fruncido. No confiaba en ella pero él estaba malherido. Bellatrix lo había alcanzado cuando huían del refugio del que todos creían su amo.
—Los tres traidores deben morir. —oyeron rugir a Bellatrix.
Angela había visto la herida de Snape, al examinarlo rápidamente con la vista después de oírlo gemir. Con un rápido movimiento de su varita y un hechizo no verbal le hizo un rápido vendaje, pero seguía sangrando levemente. Gruñó por lo bajo. La herida era seria, el hombre no podría seguir solo.
—Entremos rápido. En cuanto estemos en la casa se podrá ver esa herida con mayor detenimiento.
—¿Jennifer está allí? Era ella la medimaga. —soltó Severus con ironía en la voz.
—No hay tiempo para charlas, Snape. Entremos ahí ahora mismo.
Lo ayudó a incorporarse, mientras lo protegía con hechizos defensivos con su varita y lo ayudaba a entrar en el escudo.
Al verla entrar con él así la siguieron rápidamente sus acompañantes del círculo más interno, mientras los del externo desaparecían de sus peleas ante la señal emitida por Remus y reaparecían junto a ellos. Entraron también al escudo, que no permitió la entrada de ningún mortífago. Llegaron corriendo al frente de la casa, rodeando a Snape, Draco y Narcissa que los miraban con desconfianza, apuntándoles con sus varitas.
—¿Me trajiste para que me matasen ellos, madre? —preguntó el rubio en voz baja, arrastrando las palabras.
—Severus, ¿qué significa esto? Confié en ti.
—Ahora no es momento de discusiones —les cortó Angela—. Al ver sus antiguos camaradas que no logran penetrar el escudo llamarán a su amo. Entren a la casa mientras se establece una barrera adecuada para Voldemort.
—Nada podrá detenerlo a él para matarnos. No deja vivos a los traidores. —rugió Narcissa
—En eso se equivoca —le respondió Angela con una voz que cortaba como el hielo, haciéndoles erizar la piel al trío Gryffindors, su prima y sus cuatro tíos—. Yo siempre cumplo mis promesas. Ni siquiera Voldemort tendrá acceso a matar a su hijo y a este asesino. Ahora entran en la casa y se dejan de tonterías o me encargo personalmente de matarlos yo —Se giró a mirar a Snape con sus ojos azules destilando veneno—. Yo jamás le prometí a Albus Dumbledore que yo no lo haría, sólo que no permitiría que otros lo hiciesen.
Los que les acompañaban la miraron con los ojos desorbitados y muy asustados al oír lo que había dicho, en aquél tono de voz y con esa mirada. Snape no pudo contener un ligero estremecimiento. Jamás había visto a Angelica así.
Angela se movió hacia la casa arrastrando a Snape con ella, con una fuerza inusitada debida a la rabia que sentía y la adrenalina de saber que aún no estaban a salvo, abriendo entre los dos con su sangre el siguiente sello.
Narcissa miró a su hijo indecisa, pero al sentir la marca tenebrosa arder en su brazo lo impulsó para que entrase a la casa con ella. El rubio, que también había sentido aquello, se dejó llevar. Con Voldemort estaban condenados a muerte, con ellos al menos existía la duda.
Entraron todos a la casa. La chica de pelo negro recostó a Severus en un mueble de la sala. Con un rápido movimiento de varita desarmó a los tres mortífagos, entregándole las varitas a Remus mientras recuperaba su verdadera apariencia. Narcissa, Draco y Severus se asustaron al perder las varitas, para luego mirarla con los ojos desorbitados al verla cambiar de apariencia.
—Ustedes tres no pueden salir de aquí desde ahora y obviamente no pueden conservar sus varitas. Narcissa Malfoy, Draco Malfoy y Severus Snape están a partir de ahora bajo mi protección, nadie les lanzará hechizos, dará pociones o pondrá en forma alguna su vida en peligro, por lo que recibirán la atención en medimagia que necesiten. Tampoco permitiré que le hagan daño a nadie. Si hacen cualquier intento para escaparse o lastimar a quienes han venido a ayudarme ustedes sabrán porqué no me incluí en la promesa a Albus Dumbledore. Tíos, por favor, hay que reforzar la seguridad rápido. Voldemort no tardará en llegar, puedo sentirlo.
Los cuatro Dunedains salieron a una señal de asentimiento de Aragorn para establecer rápidamente el escudo y el pupilo, en el que los ayudaría Angela desde adentro, ubicados lo suficientemente lejos de la casa para que Voldemort no ubicase el punto exacto del escondite de los huidos.
—¿Quién eres tú? —le preguntó sin poder creérselo Severus—. ¿Cómo pudiste engañarme? La sangre era la de Angelica.
—Eso es porque yo soy su hija. Mi nombre es Angela White. Mamá murió poco después de yo nacer, a raíz del ataque del 24 de octubre de 1981 en el cual ya estaba embarazada.
—¿Angelica muerta? —preguntó el ex profesor de pociones con miedo y culpa en la voz, sus ojos con un brillo extraño—. Pero… Esa fecha… —Sus ojos se oscurecieron de nuevo—. ¿Eres hija de Black? — pronunció el apellido con desprecio.
Los vidrios de los muebles que los rodeaban estallaron.
—Sirius Black era mi padre —le respondió Angela con una voz baja y helada que hizo estremecer por segunda vez en ese día a varios de los presentes—. Si quiere seguir con vida no vuelva a usar ese tono para referirse a él.
Respiró profundamente para controlarse. Con un movimiento de varita recompuso las vidrieras, dándoles la espalda a los que había llevado allí para salvarles la vida. Si seguía viendo aquél rostro no sabía hasta dónde llegaría la marea de sentimientos que la estaban arrollando en ese momento. Apenas si lograba dominarse para no reflejar su estado en su respiración, aunque no lograba del todo regularizarla. Los del tercer lazo percibían aquello y se preocuparon mucho.
—¿Aragorn? —le preguntaron mentalmente a coro Arwen, Eowyn y Faramir al percibirlo.
—George, Harry y Remus están con Angela. Pongamos el escudo con los pupilos y volvemos de inmediato a la casa. —les respondió de la misma manera, preocupado pero decidido.
—Jessica, por favor... atiende las heridas de estos —logró decir Angela con una voz más calmada y la respiración medianamente controlada—. Yo tengo que ayudar… con la protección. —dicho lo cual salió de la sala para subir al segundo piso.
Su novio se fue tras ella para acompañarla y ayudarla en lo que pudiese.
Severus la había estado observando detenidamente, intentando asimilar aquello, notando además el problema respiratorio de la chica. Al ver a otra joven acercarse, una muy parecida a Remus Lupin, se giró a mirar a su ex compañero en el colegio tanto de estudios como de trabajo y se atrevió a preguntarle.
—¿Jennifer?
—Mamá está muerta. Quédese quieto y callado. —le respondió Jessica con profundo resentimiento.
Recordaba perfectamente el ataque por el que había muerto su mamá, el cual les había mostrado su prima horas antes. Quitó con su varita el vendaje, revisó la herida, le aplicó dos hechizos para heridas internas, buscó entre su capa y sacó un ungüento.
Ginny se lo aplicó a su ex profesor al notar como las manos de la chica temblaban. Después le dieron unas pociones.
—Tómese eso. —le ordenó la chica de ojos miel.
Ginny y ella se acercaron a Draco y a Narcissa, que las miraban desconfiados.
—Angela dijo que estaban lastimados. ¿Nos indican dónde o los inmovilizamos y los curamos igual? —les preguntó Jessica con voz helada.
Narcissa miró interrogante a Severus, que asintió. La chica era muy buena para la medimagia, como lo había sido la madre. La pálida mujer les indicó dónde estaban sus propias heridas y las de su hijo.
Mientras los atendían escucharon estallar el escudo con el sello de sangre. Los tres mortífagos retuvieron el aliento y sus acompañantes se tensaron, sosteniendo sus varitas en posición de batalla y empezando a desplazarse hacia la puerta. Un minuto después todos vieron brillar la casa con un resplandor dorado que hizo tranquilizar a los que habían ido a proteger a los huidos. Cinco minutos después entraban los cuatro Dunedains agotados pero bien, sin heridas de consideración recientes.
—¿Dónde está Angela? —preguntó Aragorn preocupado al no verla.
—Arriba con George. —le respondió Remus.
—Vamos a otro lugar para curarte ese brazo, tío —le pidió Jessica con la voz un poco menos fría—. Aquí el aire está viciado. —agregó y salió de la sala donde estaban hacia la cocina, seguida rápidamente de Fred y Remus.
Aragorn miró interrogante a Nymph.
—Para ninguna de las dos es fácil después de lo que vimos hoy. Vamos.
La metamórfaga los acompañó a los cuatro.
—Harry, por favor ve a ver dónde está Angela. Hay que subirlos a ellos a descansar pero no es buena idea que ella los vea en este momento. —le pidió la menuda pelirroja.
El pelinegro asintió y salió de allí rápidamente. Sentía el estómago revuelto desde que había visto a su ex profesor de Pociones, ya que sólo sentía rencor y desprecio al verlo. Pero si su amiga, que había visto morir a su mamá y su abuelo por él, lograba contenerse y ayudarlos él también lo haría. Aunque le estaba costando toda su concentración y fuerza de voluntad.
Kingsley, Bill, Charlie, Arthur, Molly, Ron, Neville, Luna, Hermione y Ginny los observaban a los tres con desprecio evidente. Diez minutos después aparecía de nuevo Harry.
—George y yo la hemos llevado a la cocina. Subamos a estos.
Iban a acercarse a ellos cuando vieron que los tres se tomaban el brazo donde tenían la cicatriz, con evidentes señales de dolor en el rostro.
—Angela espera. —llamaba George en ese momento a su novia. Entrando tras ella a la sala con expresión preocupada.
La chica miró a los tres mortífagos con el ceño fruncido. Su respiración era irregular. Luego miró a Harry, que tenía su Occlumancia levantada pero su cicatriz empezaba a sangrar levemente. Estaba muy pálido y desencajado, haciendo un esfuerzo evidente por mantener a su némesis fuera de él. Ginny, Hermione y Ron se abalanzaron a sentarlo y ayudarlo por el segundo lazo, como Mithrandir ya les había explicado. Esta vez el intento de poseerlo era débil, pues aún Voldemort no había recuperado el control sobre la piedra.
Angela se contuvo de intervenir porque se sentía débil. Al ver que Harry estaba fuera de peligro sonrió. Luego miró a los tres que había llevado allí sujetándose aún el brazo. Aquello también la agotaría, pero ese esfuerzo sí podría soportarlo. Se acercó primero a Draco.
—¿Quieres seguir llevando… su marca? —le preguntó muy seria, aunque su voz ya no tenía aquél tono frío.
—No hay manera de quitarla. —le respondió el rubio adolorido y débil. Tenía mucha fiebre.
—No fue eso lo… que pregunté.
—Claro que no la quiero, pero…
—Entonces ya no… la llevarás… —lo interrumpió la chica.
Se arrodilló frente a él y le retiró la otra mano con suavidad. Miró la marca analíticamente. Hizo un movimiento con la varita sobre ella y luego se la dio a George, que estaba de pie junto a ella mirándola interrogante. Sostuvo con su mano izquierda aquél brazo pálido, quemado horriblemente tanto por la marca como por otras heridas que le habían intentado curar minutos antes, y colocó su mano derecha sobre la marca de Voldemort sin tocarla, a unos centímetros, concentrándose. Apareció una luz brillante, de color violeta, envolviendo el miembro con la marca tenebrosa de un color rojo oscuro renegrido.
Draco retuvo el aire, imposibilitado por ella para mover el brazo.
Al cesar la luz todos vieron con asombro que la marca ya no estaba allí.
—¿Y usted… señora… Malfoy? —le preguntó Angela mirándola a los ojos.
—Yo tampoco la quiero, pero… Mi hijo no ha cometido crímenes, yo sí.
—Veo que… comprende… En usted no… desaparecerá… totalmente… pero dejará… de ser un… lazo con… ese asesino… ¿Qué decide?
—¿Por qué me ayudará? Está usted más pálida que hace unos minutos y respira peor, es evidente que le afecta.
—Porque… el profesor… Dumbledore… habría querido… que lo hiciera.
—Angela, por favor, déjalo para otro momento. —le pidió preocupado Bill, que se había acercado allí.
George la ayudó a levantarse para acercarse a Narcissa, mientras le susurraba al oído que lo dejase para después. Angela denegó con suavidad al planteamiento de los dos pelirrojos. Le preocupaba que Voldemort pudiese usar aquél lazo para dañarlos. No estaba segura si podía o no hacerlo.
Su novio suspiró y la ayudó a arrodillarse frente a la mujer rubia. Sabía que era muy necia y no lograría convencerla de desistir.
La chica se acercó a Narcissa y repitió el procedimiento. En este caso quedó allí una mancha, parecida a un tatuaje mal hecho, pero ya no era una quemadura ni un lazo mágico.
George ayudó a Angela a incorporarse, intentando llevarla hacia la cocina. Pero ella se movió hasta el frente de Snape, que la miraba asombrado. Permanecieron varios minutos mirándose en silencio.
—Yo tampoco la quiero. Pero Narcissa tiene razón, le hace daño. Prefiero que lo haga después o conservarla si no me quiere volver a ver. —se atrevió al fin a decirle con la voz seria y sus ojos negros mirándola, dejando traslucir un leve destello de preocupación por ella.
La chica al notarlo terminó por decidirse. Se había acercado a él pero no había logrado preguntarle, mirándolo con la batalla entre lo que debía y lo que quería hacer en su mente. Tomó una inspiración levemente profunda. Apretó los brazos de George para que la ayudase a ponerse a su altura.
—ANGELA NO. —gritó Harry que comenzaba a recuperarse.
Al oírlo todos los que estaban aún en la cocina se abalanzaron hacia la sala. La chica colocó de inmediato alrededor de ella, su novio y aquél hombre un escudo para que no la detuviesen.
—No Angela, por favor. —le suplicó su novio, pero al notar como intentaba soltarse de su abrazo bajó la cabeza y la ayudó.
Severus la miró y denegando intentó alejarse, pero Angela lo inmovilizó rápidamente. Le sujetó el brazo y repitió el procedimiento.
Al dejar de brillar la luz había quedado también una mancha en aquél brazo. George se apresuró a sujetar a su novia y alzarla en brazos. Estaba casi sin sentido, respirando terriblemente mal. El hacer el escudo mientras rompía el lazo mágico de la marca la había debilitado más de lo que ella había previsto que resistiría. El escudo desapareció y el hombre recuperó la movilidad.
Severus estaba muy pálido, mirando como la sacaba de la sala el pelirrojo hacia la cocina, rápidamente.
Al llegar allí Jessica, Fred, Neville, Aragorn, Arwen, Eowyn, Faramir y Remus se le unieron a George para transmitirle magia y energía. Cuando terminaron de hacerlo la vieron abrir los ojos y sonreír levemente, respirando mejor. Luego cerró los ojos y recostada en el pecho de su novio se adormeció levemente.
Fred y Neville, que habían actuado por impulso, se miraban aún asombrados. Al igual que los que les rodeaban. Fred notó que Jessica estaba muy pálida y la sentó en una silla, abrazándola contra su pecho. Los tíos de las chicas las miraban preocupados.
Arthur los miraba a todos asomado a la puerta de la cocina. Al ver que Remus asentía en su dirección soltó el aire retenido y volvió a la sala para decirles:
—Está mejor.
Los que se habían quedado allí soltaron la tensión. Una vez pasado todo se quedaron mirándose, los huidos y quienes habían ido a rescatarlos.
—Hay que subirlos a descansar, como ya se había dicho. —se atrevió a recordarles Ginny.
—Tienes razón —tomó el mando de la situación Kingsley—. Charlie, lleva al joven Malfoy. Arthur, tú a la señora Malfoy. Bill y yo llevaremos a Snape. Al menor movimiento sospechoso los desmayan de inmediato. Molly, síguenos.
Todos asintieron. Aparecieron unas camillas y ubicaron allí a los huidos, que no hicieron ningún movimiento brusco para no despertar suspicacias. Sabían que llevaban las de perder. Al estar acostados se tomaron la poción para dormir sin soñar que les dieron sin protestar. En realidad los tres necesitaban descansar.
Cuando bajaron quienes habían vigilado a los tres huidos hasta que se quedaron dormidos, se reunieron en la sala con los que habían curado en la cocina.
—Angela, ¿por qué estabas segura que no los mataríamos en un descuido tuyo? —le preguntó Remus. Aquello lo estaba preocupando desde temprano.
—Porque ninguno… de ustedes es… un asesino a… sangre fría… Además nadie que… quiera hacerlo puede… entrar a la casa. —le respondió en voz baja y soñolienta.
—¿Es verdad lo que le dijiste a Snape? ¿Lo matarías? —le preguntó Arthur mirándola nervioso.
—Es cierto que… yo no me incluí… en la promesa… No sé si lo mataría… No lo sé… señor Weasley. —su voz era apenas más alta que un susurro.
—¿Por qué les quitaste la marca? —preguntó Molly.
—… abuelo…
Eso fue lo único que lograron entender de lo que balbuceaba antes que cayese dormida, agotada y débil como estaba, en brazos de su novio que la acariciaba preocupado. Todos se quedaron mirándolos en silencio por varios minutos.
—Ahora… ¿Qué hacemos? —preguntó Charlie, atreviéndose a exteriorizar la pregunta que rondaba las cabezas de todos.
—Aparentemente es cierto lo que le habían dicho a Angela. —dijo Ron.
—Sí. Pero las apariencias a veces engañan. —le replicó la castaña.
—Si ha puesto un bloqueo a la casa para que nadie que quiera matarlos pueda entrar, tampoco ellos podrán salir. Estoy seguro de eso. —afirmó Aragorn mirando a sus sobrinas preocupado. Las dos dormían en brazos de sus novios.
—¿Hay alguna manera de evitar que entren en contacto con alguien de afuera usando elfos? —preguntó Ron—. Tal vez con alguno como Kreacher.
—Estoy casi segura que Angela pensó en eso. —le contestó Ginny mirándola.
—Lo verificaremos —replicó Harry decidido—. Kreacher —Nada ocurrió—. Kreacher —Nada—. Dobby, Dotty, Wykers. —Nada.
—Definitivamente con elfos no. Pero ¿Qué hay de otros medios? —preguntó Neville.
—Intentaré enviarte una lechuza desde fuera. —le indicó Kingsley a Remus antes de desaparecer.
Reapareció diez minutos más tarde.
—No hay manera de escribir la dirección de este lugar desde fuera y las lechuzas regresan perdidas si se usa el nombre de cualquiera de los que está aquí.
—Lo intentaré yo con Hedwig. Ella jamás ha dejado de entregar un mensaje —comentó Harry antes de desaparecer. Quince minutos después apareció mirando a Angela con expresión de asombro—. No sólo no pudo entregar el mensaje. No pude aparecerme con ella aquí. Quería probar usarla para enviar un mensaje desde esta casa.
Todos miraban a los cuatro Dunedains interrogantes. Tres de ellos se encogieron de hombros desconcertados. Aragorn miraba a Angela más preocupado que antes.
—¿Aragorn? —le preguntó Remus al notarlo.
—Ha puesto un sello muy especial a la casa. Sólo seres humanos y los fénix podrán atravesarlo, pero no creo que les permita salir a ellos tres. Es Magia Antigua demasiado avanzada. Seguramente lo hizo después de reunirse con esos y cuando subió a ayudarnos con el escudo lo completó. Por eso estaba agotada. Porque ella en el escudo sólo participó como centro y no nos ayudó con el pupilo.
—Por eso la habitación en la que estábamos adquirió un brillo azul oscuro antes de poner su varita en vertical para ayudarles con el escudo a ustedes —les contó George comprendiendo—. Tuve que ayudarla a mantenerse en pie para el escudo. Estaba muy pálida y empezó a respirar mal de nuevo.
Todos miraban de nuevo a la chica, asombrados y preocupados.
—¿Y ahora qué? —preguntó Fred, que miraba preocupado a su novia en sus brazos. Se veía tan pálida.
—Vayan ustedes a descansar. Bill y yo podemos quedarnos de guardia, aunque con la poción no deberían despertar —les planteó Kingsley—. Llévate sus varitas, Remus. Tal vez mañana que estén ustedes descansados y recuperados podamos decidir algo.
—Pero ¿Y si es cierto lo del ataque en Kent? —preguntó Hermione.
Todos se quedaron mirándola fijamente. Nadie más recordaba aquello.
—En ese caso el resto de La Orden del Fénix y los que nos hayamos recuperado iremos a ayudar —decidió unos minutos después Remus—. Aunque esta noche logramos herir a varios de ellos. Además se imaginarán que estamos al tanto. No creo que lo hagan pero aún así estaremos alertas.
Al llegar a Grimmauld acostaron a todos los chicos a dormir lo que quedaba de esa noche con poción para dormir sin soñar y un hechizo de Nymph con Angela, para que durmiese profundamente sin agitarse.
Remus le escribió a Minerva para darle un breve resumen de lo ocurrido, informándole que llevarían a los chicos de regreso al colegio en la mañana mientras que ellos iban a la casa para interrogar a los tres ex mortífagos.
—¿Estás seguro que podrás hacerlo sin tener problemas?
—Claro que si hermanita no te preocupes.
—Con los de mi casa no habgá pgoblema, con el pagtido de mañana están muy pgeocupados y con mucho… ¿Cómo se dice?
—"Estrés", Gabrielle. Es definitivo, tienes que seguir practicando tu inglés.
—¡Chris! No le prestes atención a mi hermana. Está así porque su casa cree que va a perder. Ya has aprendido bien varias palabras, pronto lo lograrás. —la consoló rápidamente el niño al ver a la francesa ponerse triste.
—Lo siento Gabrielle, no quise molestarte. Es que estoy preocupada.
—Pego si la idea fue tuya. —le replicó intrigada la rubia.
—Sí, pero… No quiero que Hagrid se vea en problemas por esto.
—Tranquila hermanita, eso también lo tengo cubierto. Todas las pistas conducirán ineludiblemente a mis muy simpáticos compañeros de casa, al "grupito". Esta noche habrá mucha diversión en la mesa de Slytherin en el comedor.
A la hora de la cena no bajaron al Gran Comedor la mayoría de los alumnos de Hufflepuff ni de Ravenclaw, pues se estaban preparando para el partido del día siguiente. Los de Gryffindor sí estaban en su gran mayoría y la mesa de Slytherin estaba completa. Estaban terminando de comer cuando observaron como una nube azul zafiro muy brillante salía de un gran paquete entregado vía lechuza a un grupo con escudos verdes y plateados en sus pechos que reían fuertemente, sobrevolando a todos los estudiantes de esa casa que estaban terminando de cenar.
La profesora Sinistra observaba aquello extrañada al igual que los otros profesores que estaban cenando. No era la hora normal del correo y aquello era muy extraño. Unos minutos después casi todos los alumnos de su casa flotaban. Algunos presentaban signos de mareos.
Hagrid observaba aquello con el ceño fruncido. Al notar que la jefe de la casa Slytherin se levantaba con su varita para ir hacia allí reaccionó.
—Profesora Sinistra, espere. Estoy casi seguro que son Billywigs. Debemos sacar a todos los alumnos que no han sido picados aún pero sin dejar salir los insectos del Gran Comedor.
—¿Estás seguro, Hagrid? Esos insectos son australianos. ¿Cómo se supone que llegaron aquí?
—Eso no lo sé, pero debemos actuar rápido.
Les tomó media hora a los profesores sacar a los alumnos que no querían alejarse. Algunos por curiosidad, otros porque al igual que Hagrid habían descubierto qué eran y querían disfrutar sus efectos. Una hora después habían logrado encerrar a todos los Billywigs en una gran urna de cristal, con una malla mágica que les permitía seguir vivos pero sin posibilidad de escaparse.
Casi todos los alumnos de la casa de Slytherin tuvieron que ir a la enfermería mientras se les pasaban los efectos y Madam Pomfrey verificaba que ninguno fuese alérgico. Entre ellos estaba Christopher, para no despertar sospechas, sin embargo sólo fue picado dos veces y fue uno de los primeros en ir a su sala a dormir.
Los chicos del "grupito" de Slytherin, liderados por Malcolm Baddock, tuvieron que pasar la noche en la enfermería. Fueron puestos al día siguiente en castigo disciplinario durante una semana por su jefe de casa. La profesora Sinistra había verificado que los insectos habían sido enviados por un amigo australiano de Graham Pritchard, con el agravante de conseguir que el paquete en el que habían llegado a la mesa de Slytherin estaba rociado con un aromatizador hecho con plantas del país de origen de los insectos evidentemente para atraerlos.
Los Slytherins habían estudiado el lunes de esa semana, teóricamente, los Billywigs. Pero el profesor Hagrid no tenía insectos en sus clases, por parecerle poco interesantes, aunque se los había explicado muy bien como parte del programa de la materia.
El haberles oído varios alumnos de Gryffindor, que compartían horas de clase con ellos, comentar que sería divertido haber tenido especímenes vivos fue un punto en contra de ellos a la hora de decidir su culpabilidad. Los principales testigos en su contra habían sido Natalie McDonald y Dennis Creevey, que eran de su curso, además del profesor Hagrid.
Christopher le contó a su hermana lo que les había oído comentar en la Sala Común sobre la clase de principios de semana, decidiendo junto a Gabrielle que aquello les sería de utilidad para su broma. Habían decidido postergar la que habían preparado con los gemelos Weasley para desviar la atención sobre lo ocurrido durante el almuerzo en Grimmauld, el cual le habían contado a Gabrielle los gemelitos Brown.
Ese sábado en la mañana habían ido a visitar al guardabosque para hablar con él, pues le tenían mucho cariño, verificando que no hubiese llevado nunca de aquellos insectos al colegio para que no se viese en problemas.
La pequeña francesa tenía mucha facilidad para que las lechuzas de otros alumnos accediesen a sus pedidos para enviar correo con ellas, mientras Christopher imitaba a la perfección la letra de otros. Christine había estado vigilando al "grupito" el martes, mientras sus compañeros le tendían la trampa al Slytherin al usar su letra y lechuza para hacer el pedido.
Los del "grupito" habían sido los primeros en abrir el paquete, entendiendo de la carta del australiano que les enviaba algo que cubriría sus expectativas de "diversión". Aquello les generó además del castigo el estar flotando cuatro días, por haber recibido varias picaduras, sin sospechar de una trampa por provenir de alguien amigo.
Jessica y Harry lucían totalmente recuperados al bajar de las habitaciones con sus parejas y amigos para el desayuno. Angela todavía estaba un poco pálida, pero se mantenía concentrada en lo que la rodeaba.
Todos se reían en las escaleras de las expresiones de las chicas la mañana anterior, al recibir las notas. Ginny, en revancha, les contaba las caras que habían puesto Hermione, Ron y Harry al recibir las suyas el año anterior, así como la reacción de su mamá cuando llegaron las de los gemelos. Neville les contaba como su abuela se había enojado con él por su nota en Transformaciones.
Los adultos los esperaban en el comedor muy serios, preocupados. Se asombraron al verlos entrar allí en un barullo de comentarios y risas, que se cortaron al sentir el ambiente de tensión que allí reinaba.
—Buenos días jóvenes. Veo que se han levantado de muy buen ánimo —los saludó Remus serio—. Después del desayuno y antes de llevarlos a Hogwarts queremos tener una conversación con ustedes.
Los chicos se miraron preocupados.
—Tío, ¿pasa algo? —le preguntó Harry sin comprender.
—Lo hablaremos después de comer. Algo más, no quiero bromas en la comida.
Los diez chicos asintieron, intrigados e intranquilos. Angela se sentó con su barrera mental sobre ella y sus compañeros, con la Occlumancia arriba al igual que todos los chicos que la habían estado practicando por su cuenta. Cada uno estaba con su pareja al lado.
No habían querido faltar al compromiso de no ir a La Casa Flotante. Pero habían decidido en una reunión nocturna en Sortilegios Weasley que debían dominarla rápidamente, después de enterarse del don de Angela y la visita de los adultos a "su refugio", pues suponían que aquello les traería problemas en algún momento. Por lo tanto empezaron a reunirse en el apartamento de los gemelos a las diez de la noche todos los días durante dos horas para practicarla. Así se lo comunicaron a Harry la noche del viernes de la semana anterior, apenas lo vieron llegar a la Sala Común cuando Mithrandir lo "dio de alta".
Hermione y Ron ya se habían reunido con ellos para practicar en tres ocasiones durante la semana de los T.I.M.O.S., por ser los que ya la manejaban tan bien como Angela y Harry, siendo también los primeros en haber salido de su reposo. La siguiente semana practicaron con todo el trío. Los Gryffindors se habían ido desde sus habitaciones por medio de las puertas de los fénix, pues sospechaban de la presencia de Sir Cadogan en la Sala Común.
Incluso los pequeños Brown habían aprendido que no debían mirar directo a los ojos a la otra persona y a relajarse.
Para evitar que los adultos notasen la Occlumancia, la cual sólo era perfecta en el trío, Ginny y Jessica, además de Angela, los diez chicos evitaron el mirarlos. Siguieron hablando en voz baja sobre las notas y las clases de los sábados, así como aquellas clases a las que los gemelos estaban asistiendo los martes y los jueves.
Aragorn se dio cuenta de la barrera de su sobrina, informándoselo de inmediato a Remus mentalmente. Hicieron varios intentos porque los mirasen pidiéndoles que les pasasen algunas fuentes de comida y notaron como lo hacían sin mirarlos, preocupándose más.
—Jessica, Angela, hay algo que debo decirles sobre Christopher. —empezó Remus cuando estaban terminando de comer.
Como había pensado las dos chicas se giraron rápidamente para mirarlo, olvidándose de sus conversaciones y precauciones. Pudo notar la Occlumancia en las dos chicas pues él estaba empezando a aprenderla en aquellas "clases especiales" con los Dunedains, al igual que Nymph.
—Anoche ha habido un incidente en el Gran Comedor en la mesa de Slytherin —Al verlas levantarse como si las sillas tuviesen resortes decidió tranquilizarlas. Ya había logrado su objetivo y no quería que se alterasen—. No se preocupen, él está bien. A algunos alumnos de su casa les enviaron Billywigs, pero Chris fue uno de los menos afectados. Él durmió anoche en su sala.
—Esos… ¡Te dije que no era buena idea que estuviese solo en esa casa! —explotó Harry levantándose y mirando de frente a Angela, que con el ceño fruncido había apretado los puños.
—Hay que ponerle algún remedio a esa situación. —señaló muy segura Luna incorporándose también.
—¡Oh, pero claro que se lo pondremos! —la apoyó muy firme Neville, que también se había incorporado—. Es tiempo que ésos se enteren que no pueden seguirse metiendo con él.
—Estoy de acuerdo. —aprobó muy seria Hermione, para sorpresa de todos.
Los adultos los miraban asombrados. Se esperaban la reacción de Harry, pero no las de Luna, Neville y Hermione.
—Tranquilos chicos. Christopher fue sólo una víctima más de una broma pesada, no fue el blanco directo. Todos los de Slytherin que estaban en el comedor en ese momento resultaron afectados. —les contó Remus rápidamente, intentando tranquilizarlos.
Jessica y Angela no habían dicho nada. Les habían preguntado en silencio a sus novios, pero ellos denegaron rojos de la rabia y con los puños apretados. Ellos no sabían del cambio de planes de los niños y pensaban, al igual que los demás, que Chris si era el blanco. Todos los chicos estaban seguros menos la chica de pelo negro, que aún estaba insegura por lo que se giró hacia Remus y le preguntó:
—¿Quién o quiénes son los más afectados?
—Los que recibieron el paquete, por supuesto. —dijo con tono de que era obvio.
—¿Sabes sus nombres o apellidos? —insistió Angela. Los demás la miraban intrigados.
—Pritchard y… Baddock y… no recuerdo los otros —le respondió Remus, mirándola interrogante al verla entrecerrar los ojos—. ¿Por qué?
Angela se giró de nuevo hacia los otros, interrogándolos con la mirada.
—Oh, ¡vamos Angela!, es obvio que esos del "grupito" querían hacerle la broma a él y les salió mal. No pensarás que Chris… —pero Neville no terminó su defensa al verla denegar.
—No, sólo estaba verificando que fuesen ésos. Ahora mismo van a saber que con Christopher Brown no se meterán nunca más, no mientras aún tenga algo de vida en mí. —le respondió temblando de la rabia que sentía, moviéndose para salir de allí.
—O en mí. Permiso. —completó una furiosa Jessica arrojando la servilleta sobre la mesa.
Las dos salieron como un vendaval hacia la sala.
Inicialmente Angela había dudado que fuese su pequeño protegido el blanco, pero al escuchar los apellidos sintió que le hervía la sangre. Eran los que le habían estado haciendo la vida imposible. Si había interrogado silenciosamente a los otros era para asegurarse de no estar equivocada en los apellidos, pues casi no había estado en el colegio, pero la respuesta de su amigo se lo confirmó.
—Angela, Jessica, esperen. —intentaron detenerlas Remus y Aragorn a coro.
Cuando llegaron a la sala vieron a la primera hablando con Orión.
—… Asegúrate que no te vean, pero necesitamos que lo lleves a la Casa Flotante. Queremos hablar con él a solas y…
—Nada de eso, Angela —la interrumpió muy serio Aragorn, preocupado por las miradas de ambas—. Se van a calmar y lo hablarán con Remus y conmigo antes de hacer nada. Ahora no están de su cuenta. Remus es el padre de Jessica y yo el tío de las dos, además de sus tutores, están en el colegio y cumplirán con sus reglas y las nuestras —les recordó—. La profesora McGonagall nos ha dicho que ya la profesora Sinistra les ha puesto el castigo correspondiente a los causantes. Chris está bien y ustedes no van a hacer nada.
Angela miró a su tío con sus ojos azules centelleando fuego, mientras a su lado los ojos miel de su prima brillaban de rabia contenida. El pequeño fénix sobrevoló a las chicas cantando unas dulces notas, transmitiéndoles calma.
—Hija, por favor cálmate. No puedes ponerte así por una broma del colegio. Deberías saber que si hubiese ocurrido algo serio Aragorn y yo estaríamos allá resolviéndolo. Cálmate tú también, Angela, no debes agitarte.
Las dos se miraron, se tomaron de las manos y cerraron los ojos, un minuto después estaban envueltas en una burbuja similar a agua con el fénix.
—¿Qué están haciendo? —preguntó Remus asustado.
—Angela está calmando a Jessica... —le respondió Fred.
—… y Jessica a Angela. —completó George.
Los cuatro Dunedains las miraban sonrientes, al igual que los del E.D.H. Ya antes las habían visto hacerlo. Los demás compartían el asombro del líder de La Orden del Fénix. Cuando desapareció la burbuja las vieron sonreír y abrazarse. Al separarse se giraron hacia ellos con miradas tranquilas y expresiones de disculpa.
—Perdona tío, perdón papá. Son muchos años siendo sus "guardianas". Para nosotras siempre han sido nuestros pequeños y… Lo siento pero aún nos es difícil el que adultos… Estamos acostumbradas a tomar decisiones y actuar rápidamente para protegerlos. Lo sentimos.
—Esa es una de las cosas que queremos hablar con ustedes —respondió Remus señalando a todos los chicos—. Desde que empezaron las vacaciones y conformaron el E.D.H. nunca nos han consultado nada antes de hacerlo, poniendo muchas veces en peligro su salud y hasta sus vidas.
—Hemos hecho lo posible por ganarnos su confianza y respeto —siguió Aragorn muy serio mientras todos los chicos rodeaban a las primas—. Los hemos apoyado en muchas cosas con las que no estábamos de acuerdo como los testamentos —dijo mirando fijamente a su sobrina rebelde y el joven líder—, o que se siguiesen entrenando en la Casa Flotante cumpliendo la promesa que te hice, Angela. Pero ya el profesor Mithrandir nos ha dicho que él no estaba al tanto que comenzarías a entrenarlos antes de entrar a Hogwarts, ni de tus métodos, ni del tiempo prolongado.
—Nos alegra que hayan conformado un grupo tan unido, también que estudien y practiquen —siguió Remus—. Sabemos que estando en tiempos de guerra es mejor estar bien preparados y no en la ignorancia, como pretendía Umbridge. Pero ustedes nos han estado ocultando muchas cosas y no podemos consentir que esta situación siga así. Necesitamos que respondan nuestras preguntas con sinceridad, que nos dejen a nosotros las decisiones como sus padres, tutores y las personas que más los queremos y nos preocupamos por ustedes. —esto lo dijo mirando fijamente a su sobrino por afecto.
—No habíamos tenido antes esta conversación con ustedes porque queríamos esperar a que se recuperasen —siguió Aragorn—. Pero a lo que ya nos habíamos enterado antes del ataque al tren se ha sumado lo que hemos visto en la Casa Flotante, lo que nos hemos enterado que Angela sabe hacer sin que se lo haya enseñado el profesor Mithrandir o los señores y lo del hombre de Azkaban.
Cinco chicos se tensaron con el último comentario, mientras sus compañeros les miraban rápida y disimuladamente de reojo.
—Vamos a sentarnos. Esto tardará algún tiempo —les ordenó Remus indicándoles las sillas, a lo cual todos obedecieron al ver asentir a Harry—. Lo primero que queremos saber es: ¿Qué han estado haciendo realmente en La Casa Flotante?
Los chicos se miraron un poco nerviosos. Sabían que esa situación se presentaría, también tenían preparada una estrategia, pero no contaban con que ocurriría tan pronto.
—Ya te dije tío que hemos estado estudiando para los exámenes, practicando las transformaciones que venían en el libro que la profesora McGonagall me dio por mi cumpleaños, además de los hechizos de defensa y ataque de la colección que Nymph y tú me regalaron.
—Minerva me ha dicho que en ese libro también hay un capítulo sobre animagia. ¿La han estado practicando?
—Sólo hemos reforzado la teoría que ya habíamos visto en clase, para prepararnos mejor para los exámenes —le respondió muy serena y firme Hermione—. El transformarse en animago sin la guía adecuada es peligroso.
—Angela, el hecho de que tú sepas hacerlo no significa que les puedas enseñar —le recordó Remus mirándola fijamente con severidad—. Si algo les sale mal podrían salir seriamente lastimados.
—Ella no lo ha intentado —continuó la castaña—. Tendríamos que pedirle permiso al Ministerio para convertirnos en animagos, de otra manera sería ilegal.
—Dime Hermione, ¿el practicar por fuera del colegio lo que ustedes han estado haciendo se podría considerar legal? —le preguntó Nymph.
—Al igual que cuando practicábamos con el E.D., nosotros no hemos salido de Hogwarts porque La Casa Flotante está dentro de los terrenos del colegio —le respondió después de unos minutos de vacilar levemente—. Estamos completando nuestra educación para los exámenes y defendernos ante lo que nos espera al graduarnos, al igual que en esa ocasión.
—Harry, en la nota que te entregamos con tu regalo Nymph y yo te decíamos que contabas con nosotros. Tú asentiste en nuestra dirección cuando terminaste de leerla. Creíamos que lo de esos libros lo hablarías y practicarías con nosotros.
—Y lo empezamos a hacer la semana pasada, tío —Levantó una mano pidiéndole que lo dejase terminar—. Desde nuestra primera reunión después del cumpleaños habíamos decidido hablarlo y practicarlo con ustedes después de iniciar en el colegio, cuando se suponía que Angela comenzaría con nosotros los entrenamientos. Pero las cosas no han salido como las habíamos planificado originalmente. Hemos tenido que adaptarnos gradualmente a todo lo que ha venido ocurriendo.
—Eso nos lleva al segundo punto —siguió Remus mirando fijamente a la que consideraba su sobrina, al igual que a Harry—. ¿Por qué empezaste a entrenarlos en Magia Antigua antes de que entrasen al colegio?
—Tú sabes muy bien que necesitas el permiso de Mithrandir para entrenar a cualquier persona —completó muy serio Aragorn mirando a su sobrina—. Sabes las consecuencias de no hacerlo.
—El señor Mithrandir, siendo aún jefe del Consejo Dunedain, me autorizó a transmitirles los conocimientos, habilidades y experiencias necesarias a Harry y aquellos que posiblemente lo acompañasen cuando llegase el momento de enfrentar a Voldemort —le respondió Angela muy seria, mirándolo fijamente—. Así como también que yo les protegiese y ayudase con todas mis habilidades mientras ellos aprendían. En ningún momento me señaló fecha de inicio o finalización del entrenamiento, hasta que nivel debía llevarlos, así como tampoco que métodos utilizaría.
—Eso fue porque la reunión fue de emergencia —le reprochó Aragorn mirándola duramente—. El señor Mithrandir no tenía tiempo cuando se dio esa reunión debido a la muerte de papá Albus, justo antes de venirnos. Además que tú conoces muy bien la razón por la que él te autorizó a actuar —Charlie y los señores Weasley que estaban presentes no sabían aquella parte del don de la chica y no iba a delatarla, no la presionaría con eso—. Pero tenías que haberle informado lo que pensabas hacer.
—Eso no estaba dentro de lo pactado. Sin embargo le he mantenido al tanto de lo que he venido pensando y haciendo, siempre y cuando no estuviese dentro de los secretos del E.D.H. —le respondió la chica lo más serena posible—. Por eso es que ustedes están al tanto ahora de… muchas decisiones e indecisiones que he tenido durante este tiempo desde que empecé a entrenarlos, con todo lo que ha venido ocurriendo. —esto lo dijo con un evidente tono de molestia y dolor. Acababa de percibir en Nymph que tanto les había dicho Mithrandir de aquello que la atormentaba.
Todos los que estaban al tanto de la parte especial del don de Angela se tensaron y la miraron preocupados. Estaba claro para ellos a qué se había referido la chica.
—Angela, entiende pequeña —dulcificó la expresión y la voz Aragorn. La chica estaba pálida y tensa. Había levantado todas sus barreras. Tenía que tranquilizarla y desviar la conversación—. Estamos muy preocupados por todos ustedes. Comprendemos que querías enseñar a los chicos y ayudarlos, pero nos preocupa mucho la manera en que todos han estado actuando, poniéndose en situaciones de peligro. Tú ayer estabas indecisa porque no querías que ellos saliesen lastimados. Lo mismo nos pasa a nosotros con todos ustedes, incluida tú.
—Sabemos que estás muy entrenada como Dunedain, pero sigues teniendo sólo quince años, Angela —lo apoyó Remus con voz dulce, mirándola muy preocupado. Había dejado de percibirla por los lazos y eso sólo podía significar que había puesto sus barreras. Eso y lo que había dicho la chica lo alarmó—. Para mí eres tan sobrina mía como lo es Harry. Desde el primer día que compartimos Nymph y yo nos hemos preocupado por ti, lo sabes. Nos gustaría a los dos que nos llamases tíos, que nos considerases como tales y permitieses que te ayudásemos y guiásemos pequeña.
La chica los miró y asintió. Soltó un poco la tensión pero no bajó las barreras.
—Angela, se ha hecho evidente en este tiempo que tienes conocimientos que los señores y nosotros no te habíamos enseñado —siguió Aragorn. Le preocupaba que la chica no bajase sus barreras y le informó rápidamente a todos los presentes, mentalmente, que se mantuviesen lo más tranquilos posibles informándoles que la chica había levantado la barrera emotiva—. Las protecciones que pusiste en la casa a la que fuimos anoche lo demuestran. Eso nos hace sentir orgullosos pero aún más preocupados por ti, mi niña. Por favor dime, ¿qué tantos conocimientos de Magia Antigua avanzada tienes sin que nosotros estemos al tanto?
—Como ya lo saben, Jessica y yo sabemos comunicarnos mentalmente. —le respondió con voz áspera mirando a Nymph.
Todos comprendieron cómo se estaba enterando y la metamórfaga desvió rápidamente la mirada. Aún no dominaba su Occlumancia.
Pero Angela estaba usando el don de percibir pensamientos también. Nunca había usado sus dones sobre sus mayores por respeto, a excepción de Petunia Dursley. Se limitaba a ponerles barreras a sus tíos. Pero cuando Aragorn había insinuado que ella podría haber quebrantado la ley Dunedain se molestó. Y luego al oír a su tío mencionar aquello de su don indirectamente, relacionándolo con el porqué el anciano le había permitido entrenarlos… El percibir la angustia de George y el desasosiego en Harry cuando rozaron el tema de su don… Eso la preocupó.
Ella hasta ese momento sólo estaba segura que él les había hablado de aquello, pero no sobre las oportunidades en que había estado tentada de hacerlo. Al percibir por medio de Nymph todo lo ocurrido durante su inconsciencia, cuando Mithrandir les había contado de su don… y sus indecisiones sobre aquella característica en particular… Eso le dolió profundamente.
—También saben que sé hacer viajes incorpóreos y poner barreras a las criaturas —siguió con el mismo tono de voz, decidida a ponerlos al tanto de su verdad. Estaba bastante molesta con el anciano—. Te seré franca, tío. Aunque no tengo el entrenamiento en ataque y defensa con los elementos, en conocimientos sobre prácticas antiguas avanzadas estoy ya a tu nivel.
—¡¿Qué?! —se le escapó a Aragorn, poniéndose de pie bruscamente, asustado.
Esto los impactó a todos que nunca lo habían visto así.
Arwen rápidamente tomó por un brazo a su esposo y le transmitió calma, al igual que Angela que se dejó fluir para tranquilizarlos a todos. La tía de la chica la miró aún más preocupada, transmitiéndole a su mente rápidamente:
—No debes dejarte fluir para tranquilizarnos estando con tu barrera emotiva arriba, Angela, lo sabes. Te hace muchísimo daño. Por favor baja la barrera y deja que sea yo quien los ayude. Sabes bien que esta conversación aún no ha terminado. No te lastimes de esa manera, por favor.
La chica la miró. Dudó unos momentos, sonrió levemente y bajó sus barreras, dejando de transmitirles calma también. Sólo les había dejado aquella vía mental para comunicarse con ella y su tía la había usado rápidamente. También se había empezado a debilitar. Las dos cosas unidas y simultáneas le hicieron recordar las palabras de Hermione en la Casa Flotante y lo ocurrido en la cueva después de los funerales de los Granger. Decidió obedecer a su tía en eso.
Todos los que podían percibirla por los lazos se destensaron un poco. Arwen logró sentar de nuevo a Aragorn.
—Hace un momento dijiste que les transmitirías a ellos todos tus conocimientos, habilidades y experiencias. Eso nos preocupa también, Angela —siguió Remus. Tenían que hablarlo con ella, pero intentaba tener mucho tacto para que la chica no se alterase—. ¿Has empezado a transmitirles algo de esto?
Angela miró a Harry preguntándole en silencio qué hacer o decir. Sabían a qué se refería Remus por la percepción de los pensamientos de él sobre Mundungus durante el juego, explicándoles ella que no siguieron percibiendo debido a una barrera incipiente que el líder de La Orden del Fénix había puesto.
—Sólo algunas cosas porque no hemos tenido mucho tiempo y obviamente no a todos. Depende de nuestras facilidades lo que nos ha empezado a enseñar a cada uno. —se decidió a responder Harry en su lugar. Sería él quien manejase esa situación. No quería que siguiesen presionando a la chica.
—¿Qué y a quiénes? —preguntó Remus preocupado por aquello.
—Lo siento tío, pero eso no te lo responderá ninguno de nosotros.
—Harry, ¿por qué le borraron los recuerdos a Mundungus sobre ese medallón? ¿Quiénes y cómo fueron a Azkaban?
Cinco chicos miraron de reojo a sus cuatro compañeros, que miraban al frente con sus rostros tan rígidos como si fuesen máscaras de piedra. Ginny que sabía de que hablaban mantuvo la mirada al frente, apretando suavemente la mano de su novio entre las suyas para transmitirle su apoyo. Angela los estaba protegiendo a los diez con la barrera mental, además de la Occlumancia de cada uno, desde que habían entrado a desayunar. Ni siquiera con su molestia por lo de Chris la había bajado.
—Fuimos Hermione, Ron y yo con ayuda de Angela, en un viaje incorpóreo —respondió Harry—. Desde que nos enteramos de su arresto estábamos preocupados por lo que podría revelar de La Orden del Fénix. Por eso, cuando ella nos explicó sobre esa forma de viajar, se nos ocurrió ir con él para borrarle todo lo que supiese de ustedes y lo que había sacado de aquí. El problema es que Hermione hasta ahora está aprendiendo a borrar recuerdos y sólo le borró algunos. Pensábamos ir luego de nuevo a borrarle los otros pero… No hemos intentado hacerlo por todo lo que ha pasado.
—Angela, el trasladar varias personas es peligroso y agota mucho —la regañó Aragorn, mientras Remus aún intentaba asimilar lo que había oído sobre la castaña—. ¿Por qué los llevaste a los tres?
—Porque forman un buen equipo —le respondió con sinceridad la chica, encogiéndose de hombros—. Conocían al hombre y le sería más fácil hacerlo a Hermione si ellos la acompañaban y la ayudaban a ella a hacerle las preguntas adecuadas, para saber qué debían hacerle olvidar. —Esto no era totalmente cierto, pero no quería dejar cabos sueltos para que siguiesen preguntando.
—¿No pensaron que ha pasado mucho tiempo desde que lo arrestaron y por lo tanto los aurores ya lo habrían interrogado? —les preguntó Remus, retomando el control—. Han despertado las dudas en el Ministerio sobre quién y por qué le borraron esos recuerdos en particular a Mundungus. Especialmente después de la visita de Voldemort a Azkaban en que liberó a tantos mortífagos. ¿No pensaron que si hay algún espía de él en el Ministerio se habrá enterado de ese detalle igual que nosotros?
Los cuatro chicos se miraron de reojo, ellos no habían pensado en los aurores, se les estaba complicando un poco la situación.
Hermione le había borrado aquellos recuerdos a Mundungus pensando en Voldemort y sus mortífagos. Era obvio para ella que no lo habían matado durante el asalto a Azkaban por falta de tiempo, porque la rápida respuesta de los aurores del Ministerio le había generado problemas a Voldemort. Por eso cuando el viejo ladrón les había dicho que lo perseguían por el medallón sintió compasión por él, pero también preocupación porque la información que tenía no cayese en poder del enemigo.
Ron fue rápido al responder con una verdad parcial.
—Fuimos poco antes de saber del ataque al tren, se suponía que volveríamos para sembrarle memorias falsas que concordasen con lo averiguado para no despertar sospechas, pero no pudimos por todo lo que ha ocurrido.
—¿Por qué empezaste con el medallón, Hermione? —le preguntó de nuevo Remus. No iba a dejar que lo mareasen con aquellas explicaciones.
—Por nada en particular —contestó la castaña encogiéndose de hombros. Aquella respuesta si la tenían planificada los cuatro—. Simplemente me pareció un objeto que no podía haber robado Mundungus de muchos lugares. Luego iba a hacerlo con las copas que tienen el sello de los Black. Nuestra intención era alejarlos de aquí.
Los adultos se miraron inquietos. No sabían si creerles o no. Todos excepto Remus que había estudiado con James y Sirius, viéndolos decir mentiras de tal manera que hacían dudar aún a Dumbledore. Estaba ante los hijos de ellos viéndolos hacer exactamente lo mismo, con la complicidad de la muy lista castaña y el estratega pelirrojo.
—Se les olvida que yo soy un Merodeador. Vi demasiadas veces a James y a Sirius salir airosos con tácticas muy parecidas a las que ustedes están empleando —los regañó muy serio—. No les creo ni una palabra de sus excusas para haberle borrado exclusivamente los recuerdos sobre ese medallón. Quiero que me digan ahora mismo si tiene algo que ver con la misión que Albus le dejó a Harry y si lograron averiguar en dónde está.
Los cuatro chicos tragaron saliva, no se habían esperado eso. Angela y Harry además se habían conmovido por la comparación con sus padres. Pero aquello era muy delicado, no podían ceder en ese punto. No podían desmentir lo ya dicho pero también entendieron que no habían engañado a Remus. Bajaron los cuatro la cabeza optando por mantenerse en silencio.
—Quiero que me respondan eso ahora mismo. —se mantuvo firme Remus, que se conmovió al ver brillar los ojos de Harry y Angela cuando los había comparado con sus padres.
Harry apretó los ojos y denegó.
—Chicos, no pretenderán que les creamos que hicieron algo tan peligroso como penetrar en Azkaban y borrarle los recuerdos a ese hombre sólo por lo que nos han dicho —insistió Aragorn, que al ver el gesto de los jóvenes comprendió al igual que los demás que Remus tenía razón—. Es evidente que es por la misión que Albus le dejó a Harry y que es peligroso. Necesitamos que hablen con nosotros. Por favor, por lo menos dígannos cómo podemos ayudarlos en lo referente a ese medallón.
Fue entonces Ginny quien decidió ayudarlos.
—Lo siento señores, pero ya Harry les había dicho en el despacho de la dirección que no le diría nada de eso a nadie, a menos que ellos se viesen imposibilitados de llevarlo a cabo. Sólo si peligrase la misión se la comunicarían a otros. Ni siquiera lo han hablado con George o conmigo —mintió la menuda pelirroja. Ella sí estaba al tanto de aquello pero sabía que su hermano no—. Nosotros hemos tenido que respetar eso.
Harry se había girado hacia ella al oírla empezar a hablar. En ese momento le sonreía abiertamente. Angela miraba a su novio con una disculpa en su rostro a lo que él sonrió y le acarició la mejilla, haciéndole entender que él había aceptado su silencio.
—¿Dónde está y por qué lo quieren? —insistió Remus.
—…
—¿Qué harán para obtenerlo?
—…
—¿Ya lo tienen con ustedes?
—…
Justo en ese momento apareció una pluma de Fawkes frente al líder de la O.D.F., que veía exasperado y angustiado a los chicos guardar silencio ante sus preguntas.
—Molly y Charlie, lleven a los chicos al despacho de Minerva. Luego vayan al refugio y apoyen a Bill y a Kingsley mientras vamos para allá. Los demás vamos al cuartel. Ha comenzado el ataque a Kent aunque parece ser pequeño y sólo con dementores. Fred y George, vayan a Sortilegios Weasley y esperen allí las noticias.
Todos se pusieron rápidamente de pie, incluyendo a los chicos que no pensaban desobedecer. No en ese momento. Pero todos notaron algo de lo que tendrían que hablar pronto.
Una hora después se reunía la O.D.F. con los tres ex mortífagos, quienes habían tenido que esperar a la llegada de Molly para poder comer algo cocido después de muchas horas de no probar alimento. Su huida había comenzado desde que se habían contactado con Angela. Los de la O.D.F. no lo sabían pero lo sospechaban.
Narcissa Malfoy estaba bastante recuperada, mirándolos a todos con desconfianza. Notó el parecido de la joven mujer de pelo rosado con su hermana Andrómeda.
Draco Malfoy aún tenía fiebre. Se sentía incómodo pues notaba que de los tres era al que mejor trataban.
Snape se había comenzado a recuperar de la maldición con que Bellatrix lo había alcanzado, pero aún estaba mal. Había tenido que hacer un gran esfuerzo para ponerse en pie. El mayor de los Weasley lo ayudó pero con gestos evidentes de desprecio.
Los habían llevado a los tres a la cocina, dándoles de comer algo de fruta y jugo de calabaza mientras llegaban los demás, hablándoles estrictamente lo necesario.
Era evidente que al que más desprecio y desconfianza tenían era a Snape. Después de haberlo considerado un miembro de su equipo lo tenían por traidor y asesino de su anterior líder, Albus Dumbledore.
Desde que Snape despertó en aquella cama extraña para él, después de entender dónde estaba y recordar cómo había llegado allí, había estado recapitulando en todo lo ocurrido desde que había contactado a… la chica. "La hija de ella con ése. No entiendo cómo puede estar al tanto de algunas cosas que sólo Angelica podía saber. ¿Cómo si la gemela murió aproximadamente un año después de aquél ataque?". Eso era lo que él deducía de lo que le había oído decir a la joven.
"Aquél ataque… Si Albus no me hubiese dado esas órdenes… Y ahora una vez más le he obedecido en contra de lo que quería hacer… por última vez. ¿Para qué?
En aquella oportunidad no logré averiguar quién era el traidor ni detener el ataque a las gemelas, como tampoco el de Voldemort a los Potter. Al igual que todos creí en la culpabilidad de Black después de lo ocurrido con ellos. Lo habría seguido creyendo de no resultarme inadmisible que Albus hubiese perdonado a quien había provocado la muerte de sus propias hijas. Sí. Angelica y Jennifer eran hijas de Albus.
Yo lo averigüé dos años después de haberme graduado. Sólo cuando ya trabajaba en el colegio y para él como espía me lo confirmó. Me explicó que les había cambiado el apellido para evitar que tuviesen problemas. Pero jamás me hablaste sobre la mamá de ellas, Albus, o a dónde iban durante las vacaciones de verano."
Jamás le preguntó nada sobre aquello al director. Se limitaba a escucharle y obedecerle, a pesar de lo ocurrido en aquél ataque por cumplir sus órdenes. "Claro que inicialmente la culpa de ese ataque fue mía. Si no le hubiese dicho al que entonces era mi amo sobre aquella maldita profecía ellas no hubiesen estado en peligro."
El Señor Oscuro había intentado unir a su grupo de seguidores a los magos más poderosos, lo cual incluía a los Potter y los Longbottom. Remus Lupin estaba descartado por ser un licántropo que no se comportaba como tal. Sirius Black había renegado de los principios que le habían inculcado en su familia. Esto hacía sospechar entre los mortífagos que uno de los dos era el espía en el grupo de Dumbledore y descartaba la unión del otro a su grupo. También de las gemelas White, ya que una seguiría a su pareja fiel a Dumbledore y la otra a su hermana.
Lord Voldemort había dicho a su círculo interno que los de ese grupo morirían, sobreviviendo sólo los que ya estaban unidos o se unirían pronto a él. Aunque la prioridad era eliminar a los "pequeños estorbos". "Estoy seguro que intentó atraer a su grupo a los otros, aún en el momento en que fue por los niños. Pero seguramente al ver que los Potter no se le unirían los mató sin dudar. Sólo que lo ocurrido con el pequeño Potter le impidió ir tras los Longbottom.
Era obvio para los del círculo interno de mortífagos que Voldemort iría tras Angelica y Jennifer para sacar de en medio a Black o a Lupin, al que no fuese el traidor. De esa forma separaría el grupo tan unido que formaban al alimentar la desconfianza, que ya había sembrado por medio de su vasallo, con el dolor por las muertes de ellas. Luego iría por ellos. Y el Señor Oscuro lo logró… al menos en parte. Porque a pesar de su propio dolor Black se sobrepuso e intentó averiguar el paradero de Pettigrew.
No se lo reconoceré a nadie jamás, pero Sirius Black a pesar de ser tan impulsivo era mentalmente ágil. Voldemort había logrado que desconfiasen Lupin y Black mutuamente, a raíz del ataque en que habían "muerto" sus… parejas. ¡Como me cuesta admitirlo todavía! Pero Black aún así fue en busca de la rata la noche del ataque a los Potter. Pero llegó tarde, muy tarde.
Lord Voldemort fue muy hábil. Inclusive entre los mortífagos se pensaba que el traidor a La Orden del Fénix era o Lupin o Black. Nadie pensó en el insignificante Pettigrew, porque nadie sabía que era esa sabandija quien se reunía a solas con el Señor Oscuro. Todos pensábamos que uno de los dos más cercanos a Dumbledore, los Longbottom y los Potter era el traidor. Una excelente arma del amo de la oscuridad… Pero la jugada fue maestra. Había usado al que todos creíamos más indefenso, al que todos esos idiotas Gryffindors protegían cuando los estaba apuñalando por la espalda: Peter Pettigrew.
Si yo no hubiese obedecido ciegamente a Albus… En esta ocasión he mantenido con vida a Draco Malfoy, un joven que evidentemente jamás llegaría a mortífago pero… ¿Llegará a algo alguna vez en su vida? Es bueno en muchas áreas, especialmente en Pociones, pero no tiene claras sus convicciones. ¿Estará en lo cierto Albus? ¿El chico tomará el camino correcto si se le da la oportunidad? Es cierto que actuó presionado porque el Señor Oscuro lo tenía amenazado con matar a sus padres, también que no había matado a Albus, pero… ¿Qué hará el chico ahora? Ante todo es un Slytherin, se mueve sólo por su propia conveniencia.
Narcissa ha hecho todo por protegerlo. Casi nunca ha participado en los ataques pero se comporta como una verdadera Black, no como Sirius Black. Ella se ha dejado llevar por la oscuridad. Nunca le ha infundido a su hijo buenos sentimientos.
Lucius sólo le enseñó a su hijo a odiar y despreciar, como él mismo lo hacía. Si Voldemort lo sacó de Azkaban antes que reforzasen la seguridad fue porque Draco hasta cierto punto cumplió, permitiendo un ataque exitoso al colegio aunque luego no matase al director. Además el Señor Oscuro disfrutaba ver a Narcissa sufrir mientras su esposo torturaba a su propio hijo. A Lucius para mantenerse vivo y recuperar la confianza de su amo no le importó mucho cumplir con esas órdenes.
Por eso lo dejó participar como mano derecha de Rodolphus en el ataque al tren, uno de los peores fracasos del Señor Oscuro. Lucius murió, al igual que Alecto y muchos otros mortífagos. Rodolphus está en el área para locos de Azkaban. Es el único prisionero vivo, posiblemente debido a su estado de locura. Los demás fallecieron, desgarrados por las bestias del bosque en que se produjo aquél ataque. De no ser porque Voldemort me había dejado al cuidado de la vida de Draco junto a Narcissa, para seguir disfrutando de sus castigos al volver de aquél ataque, yo también estaría muerto.
Los gigantes ahora no apoyan al Señor Oscuro. Tampoco la mayoría de los licántropos. Pero ha contactado muchas otras criaturas. Está también esa piedra y el pergamino. De sólo recordar lo que nos ha dicho de su uso cuando la logre dominar se me eriza la piel.
Lord Voldemort es un mago extraordinario, inteligente, sagaz y determinado. Ha sacado de su camino a Albus Dumbledore. ¿Podrá ser detenido? ¿Podrá alguien evitar que llegue a cumplir sus más oscuros deseos? Estoy casi seguro que la confianza de Albus en ese arrogante Harry Potter nos llevará a todos a la destrucción. ¿Qué puede hacer ese incompetente jovenzuelo contra el Señor Oscuro? Nada.
Pero volviendo a mi problema actual… Recuerdo lo dicho por Tonks: 'Para ninguna de las dos es fácil después de lo que vimos hoy'. ¿A qué se refería la metamórfaga? Las dos… Aquella otra chica tiene que ser necesariamente hija de Jennifer con Lupin. Y por lo que me ha dicho su mamá ha muerto también.
¿Quiénes son esos magos que tanto intrigan y preocupan a Lord Voldemort? ¿Por qué la hija de Lupin llamó a uno de ellos tío? Se parecen mucho a… Pero no puede ser… Aquellos que vi en esa oportunidad con Angelica y Jennifer tendrían que ser mayores que yo, aproximadamente de la edad de Minerva McGonagall. Los que estaban aquí anoche se veían jóvenes. ¿Hermanos de ellos? Pero… ¿Exactamente iguales? Algo se me escapa pero… ¿Qué?
Por último está esa chica. No sólo me ha logrado engañar, sino que me ha dicho claramente que no permitirá que otros me maten. También que ella lo hará si quiere. Si no hubiese visto su expresión de rabia y desprecio rozando peligrosamente el odio, cuando aún estaba con el aspecto de Angelica, no la habría creído capaz.
Está además el que nos haya borrado la marca tenebrosa. Jamás hubiese creído que aquello era posible. ¿Cómo lo ha hecho? Es evidente que la chica estaba mal de sus pulmones y que aquello la agravó. ¿Por qué lo ha hecho? La escuché decir que Albus lo habría querido, pero también la vi dudar frente a mí. Es evidente que sabe o sospecha de mi participación en el ataque a su mamá. Pero entonces… ¿Por qué?"
Tras su máscara de impasibilidad aquél hombre estaba confundido y atormentado. Sabía que en cuanto llegasen los otros empezarían a interrogarlos. "¿Qué decirles? ¿La verdad? ¿Me creerán?"
Narcissa era un mar de sentimientos mezclados. "Mi propia hermana ha intentado matarnos a mi hijo y a mí bajo las órdenes del Señor Oscuro, sin importarle mis súplicas para que nos perdonase la vida y nos permitiese poner a salvo a Draco. Después Severus me ha traído con mi hijo aquí, prometiéndome protección al igual que… ¿Jennifer? No, ella está muerta, es evidente que con quien hablé tiene que ser aquella extraña chica.
Me había prometido que nadie nos matará cuando nos reunimos para coordinar el rescate de mi hijo. Me lo dijo una vez más al llegar a esta casa, reafirmándolo cuando nos quitó las varitas pero haciendo la aclaratoria que ella si lo haría si llegaba a decidirlo. Y después de lo que la he visto hacer sé que podría hacerlo, pero… Ella no está ahora aquí. ¿Lo harán los otros? ¿He escapado realmente con mi hijo de la muerte?
Aquella mujer joven que he visto, tan parecida a mi otra hermana… Tiene que ser mi sobrina, la joven que se ha hecho auror. Me ha mirado de una forma extraña cuando llegamos aquí. Seguro sabe del parentesco… ¿Qué pasará con mi hijo y conmigo ahora? ¿Nos ayudará? No lo creo, no después que he despreciado a mi hermana Andrómeda por haberse casado con ese muggle. Es increíble que siendo una sangre sucia tenga esa fuerza mágica que refleja".
Los pensamientos de Draco se acercaban bastante a los de las dos personas que lo habían mantenido con vida hasta ahora: Su madre y… ¿Su protector? Aún le costaba aceptar que Severus Snape había hecho un pacto inquebrantable con su mamá, a pesar de ser ella quien se lo contase. Aquél hombre había llegado a extremos para salvarle la vida, mientras su propio padre se había dedicado a torturarle desde que lo liberó el Señor Oscuro de Azkaban.
Tampoco había podido sacar de su mente la forma en que lo había mirado Harry apenas se vieron. Era evidente que eso tenía que estar relacionado con que los demás lo tratasen diferente. "¿Por qué? ¿Saben acaso lo ocurrido en la Torre de Astronomía? ¿Cómo? Allí estuve solo con el profesor Dumbledore hasta que llegaron los mortífagos a quienes les di entrada al colegio. Pero… ¿Potter habrá estado allí? Recuerdo que nos empezó a perseguir apenas bajar de la Torre. ¿De dónde salió?
Las miradas que Potter nos dirigió al profesor Snape y a mí desde que nos vimos en las puertas de esta casa… ¿Qué sabe ése?... Por otra parte, con el profesor Dumbledore muerto y yo huyendo luego con los mortífagos ¿Quién me creería que yo no lo maté? Por el trato que me han estado dando desde la noche anterior parece que este grupo de "sangre sucias" y "traidores a la sangre" me llegarían a creer. ¿Eso me servirá de algo? ¿Por qué nos han salvado? La chica habló de una promesa al director, pero eso no explica el trato distinto que me dan. Tampoco la forma en que me miraron el "cara rajada", la "sangre sucia" y los "comadrejas". ¿Qué saben ellos? Peor aún, ¿qué futuro me espera ahora?"
El estar tan tenso, muy débil y aún con fiebre, le estaba generando adicionalmente un terrible dolor de cabeza. El color terroso que tenía en su rostro había sustituido desde semanas atrás el pálido bien cuidado que había ostentado en el colegio. A esto se sumaban las profundas y moradas ojeras, dándole un aspecto de muerto viviente.
Eowyn los examinó después que comieron bajo la atenta vigilancia de los demás miembros de la O.D.F., cambiando los vendajes y aplicándoles los hechizos y pociones adecuados a sus heridas. Mientras le hacía una revisión profunda a Narcissa Malfoy la acompañaron Arwen, Nymph y Molly. Con los otros estuvieron presentes Faramir, Aragorn, Remus, Arthur y Kingsley. Luego les entregó las pociones que debían tomar.
Debido al mal estado del más joven lo llevaron de nuevo a la habitación para que descansase. Ante la negativa del chico a tomar la poción para dormir y permanecer alejado de su mamá, preocupado como estaba por ella, Faramir lo durmió con un hechizo por petición de su esposa mientras ella lo retenía en cama con sus manos sobre su pecho. Si el rubio seguía sin descansar y tenso no se recuperaría. Era mejor esperar a que estuviese restablecido para interrogarlo.
Llevaron a Narcissa y a Severus a habitaciones separadas para interrogarlos. Del interrogatorio a Narcissa Malfoy se encargarían Nymph, Eowyn, Charlie y Faramir. En el de Severus estarían presentes Minerva (que viajó allí después de enviar a los chicos a sus Salas Comunes dejando a cargo del colegio al subdirector Flitwick), Arwen, Remus, Arthur y Aragorn. Molly se llevó a Bill y a Kingsley a descansar en La Madriguera, a pesar de sus protestas. Los dos querían estar presentes en los interrogatorios.
En la primera habitación se respiraba un evidente ambiente de hostilidad. Las preguntas fueron llevadas por Nymph, siendo apoyada eventualmente por los otros tres. La metamórfaga era buena para los interrogatorios debido a su entrenamiento como auror.
Narcissa nunca había formado parte del círculo más interno de Voldemort. Había sido sólo "la esposa" de uno de sus más crueles mortífagos. Ella había terminado odiando a Lucius por haber atacado tan brutalmente a su propio hijo durante los castigos, por miedo al Señor Oscuro.
Aunque ella también le temía por su único hijo, Draco, se había decidido a pedirle ayuda a Severus obligándolo con aquél pacto a protegerlo. Y ahora se había atrevido a huir. Sabía que el Señor Oscuro no perdonaba la traición, que los buscaría hasta asesinarlos. Pero el que no hubiese podido entrar a matarles la noche anterior le hacía sentir un mínimo margen de seguridad en ese aspecto.
Por un momento, al iniciar el interrogatorio, dudó sobre hablar o callar. Pero al ver aquella mancha en su brazo, donde había estado hasta hace poco la marca tenebrosa, recordó lo ocurrido la noche anterior. El comportamiento de los que les habían rescatado… A pesar de desconfiar de ellos, de despreciarlos por asesinos, los habían protegido y curado. Además aquella chica… A pesar de ser evidente que ella sabía las consecuencias antes de hacerlo había arriesgado su salud por quitarles aquella marca.
Tomó aire y empezó a responder a todas las preguntas que le hicieron, con la mayor sinceridad posible en tanto ella supiese las respuestas, diciéndoles cuando no las conocía. Les explicó con lujo de detalles todo lo ocurrido el día que hizo con Severus Snape el Pacto Inquebrantable, con todo lo que le había hecho prometer, siendo la testigo que había sellado aquél pacto su hermana Bellatrix. Eowyn verificaba sus respuestas con su don para Percibir e Influir en los Pensamientos parada tras ella para que no lo notase, sin decir nada, haciendo leves gestos a Nymph, Charlie y Faramir.
Narcissa se sentía especialmente incómoda con… su sobrina. Aún le costaba aceptar que lo era. La tenía muy impresionada la joven aunque intentaba que no se le notase. Sin embargo, el que fuese ella quien dirigía el interrogatorio influía en la sinceridad con la que estaba respondiendo, aunque no quisiese aceptarlo. La sangre la llamaba a acercarse a aquella joven aunque le costase admitirlo.
Severus Snape se encontraba ahora sentado frente a Remus, que tenía a sus lados a Minerva y a Arthur. Con su tez cetrina y sus ojos negros mirándolos fijamente. De pie tras los que habían sido sus compañeros en La Orden del Fénix estaba aquél mago, mientras tras él estaba seguro que estaría la bruja. La mirada de desconfianza con que siempre le habían mirado Minerva, Arthur y Remus había sido sustituida por una de rabia y desprecio, lo cual era lógico después que él hubiese asesinado al director del colegio y líder de la O.D.F.
—¿Por qué mataste a Albus? —comenzó Remus con voz áspera, cargada de rencor y desprecio por aquél ser que indirectamente le arrebató la vida de Jennifer, la primera mujer que amó y le correspondió; a sus amigos, que le quisieron y apoyaron con sinceridad; y directamente a la única persona que confió en él sabiendo que era licántropo y le dio la oportunidad de ser un hombre de bien.
—Porque él me pidió que lo hiciese.
Había decidido responderles a todo con la verdad, aunque no le creyesen. Ya no tenía nada que perder. Estaba débil por la herida, enfermo y cansado de la situación que había sostenido por años en las dos guerras.
—¿Por qué no buscaste otra salida a la situación? —preguntó Arthur.
—Porque no la había. Albus me había exigido que… en un caso extremo, si él me lo pedía, yo debería matarlo.
—¿Es cierto que hiciste un Pacto Inquebrantable con Narcissa Malfoy?
Severus abrió desmesuradamente sus ojos mirando a quienes tenía frente a él. No se esperaba que supiesen eso. En seguida frunció el ceño y cerró los ojos. "La chica… Se lo dije creyendo que era Angelica". Abrió de nuevo sus negros ojos dispuesto a enfrentar aquella situación.
—Sí, lo es.
—Entonces lo mataste por cumplir con tu voto. Porque en caso contrario morirías tú. —aseveró Minerva furiosa.
—Hubiese preferido morir que hacerlo. Pero Albus me había ordenado que hiciese lo necesario para que Draco saliese con vida de esa situación en que lo puso Voldemort, al amenazarlo con matar a sus padres.
—¿En qué consistía el pacto, Snape? —preguntó Arthur.
—Según el pacto yo debía vigilar al joven Malfoy mientras realizaba la tarea que le hubiesen encomendado, protegerlo del dolor con mi mejor destreza y, si Draco fallase, realizar su tarea.
—¿Por qué hiciste ese pacto? —preguntó Minerva.
—Acepté hacer el pacto inquebrantable porque me lo pidió una madre desesperada por salvar a su único hijo. Albus siempre me insistió en que era importante ayudar a quien pidiese algo a favor de otro. Además que tenía que seguir jugando mi papel de espía y Bellatrix Lestrange estaba presente. Ella jamás ha confiado en mí desde que salió de Azkaban. Si no hacía lo que me pedía Narcissa me delataba automáticamente.
—¿Sabías cuando lo hiciste cuál era la tarea de Draco Malfoy? —preguntó Remus.
—No.
Pasaron varios minutos en silencio. Arwen había ratificado mediante gestos sus palabras. Snape se esforzaba por mantenerse sereno, al igual que todos los que estaban allí en ese momento.
—¿Por qué no ayudaste a las gemelas durante el ataque en que las hirieron de gravedad? Se suponía que en ese momento ya trabajabas para Albus.
Severus por segunda vez durante el interrogatorio miró a Remus totalmente asombrado y desconcertado.
—¿Cómo saben ustedes de eso? —se atrevió a preguntar. Estaba seguro que Albus no había hablado jamás de aquello con nadie.
—No eres tú quien hace las preguntas. Limítate a responder.
—Porque no pude hacer nada para ayudarlas.
—Eso es mentira. —le gritó furioso Remus poniéndose en pie, con sus ojos dorados brillando con fiereza.
Arwen inmediatamente se dejo fluir para calmarlo, mientras Aragorn le transmitía energía con sus manos apoyadas en sus hombros sentándolo de nuevo con suavidad. El Dunedain, conteniendo su propia rabia contra aquél hombre al que interrogaban, decidió continuar él con las preguntas mientras el líder de la O.D.F. recuperaba su autocontrol, el que él lograba mantener sólo por su entrenamiento.
—Nosotros vimos ayer lo ocurrido en ese ataque de un recuerdo que Angelica White dejó en un pensadero —No metería a su sobrina en aquello. Tampoco revelaría su condición de Dunedain. Sabía que aquél hombre no estaba al tanto de aquello—. No puede engañarnos sobre lo ocurrido. Responda lo que se le preguntó.
Snape palideció al escuchar aquello, mirándolos con los ojos desorbitados. Cerró sus ojos e intentó regularizar su pulso que se había alterado. El día antes había recibido tres cruciatus de Bellatrix durante la huida, después de haber sido herido por ella protegiendo a Draco de su tía. Aquello le había generado una severa enfermedad en su corazón debido a su mala condición por la maldición con la que lo había alcanzado la mortífaga, que lo hubiese matado lenta e inevitablemente de no ser por la correcta atención con medimagia de la hija de Lupin.
Recordó las palabras de la metamórfaga una vez más: "Para ninguna de las dos es fácil después de lo que vimos hoy". Sintió un nudo en su garganta. Él recordaba perfectamente lo ocurrido aquél maldito día. Lo había revivido en su mente mil veces en sus pesadillas, ahogándose de dolor y rabia.
Después de tantos años de saberlas muertas le extrañaron las noticias sobre la aparición de Angelica cerca de Harry Potter. Albus le había dicho que estaban muertas.
Por su comportamiento durante aquél ataque dedujo que Angelica había estado al tanto de su papel en la primera guerra. Por eso se atrevió a contactarla. Sabía que le interesaría la información sobre el acercamiento de Voldemort al escondite de verano de Potter pues era su madrina. Suponía que por eso estaba al lado del chico, protegiéndolo después de muerto su padre. Aunque le intrigaba que no apareciese antes.
En sus comunicaciones ella le ofreció ayuda para sacar a Draco de las garras de Voldemort, después que él le respondiese a sus preguntas sobre el estado del joven Malfoy. Después de las torturas, a pesar que Narcissa lo había sustituido en algunas, era casi imposible mantenerlo con vida a pesar de sus cuidados. No cuando el chico se negaba a obedecer al Señor Oscuro.
Ella le había respondido. No confiaba en él, lo sabía el asesino de… su abuelo… pero lo ayudaría por una promesa que le había hecho antes que el anciano muriese. Él empezó a pasarle información a La Orden del Fénix, mientras buscaban una forma segura de sacar al joven Malfoy, a través de ella. Cumplió con su papel de espía una vez más, sólo que en esta ocasión nadie confiaba en él y no podía reprochárselos.
"Pero… La mirada de… esa chica cuando nos encontramos… Creyendo que era Angelica comprendí sus miradas y gestos pero… ¿Cómo? ¿Qué sabe esa chica? ¿Desde cuándo?". No pudo evitar que las imágenes de aquél ataque lo asaltasen y tuvo que llevarse la mano al corazón, que le dolía tanto físicamente como…
—Tómese esto.
Abrió los ojos para ver extrañado como la bruja que antes estaba tras él estaba ahora a su lado, dándole una poción. Al ver de qué poción se trataba la miró interrogante. "¿Cómo lo sabe?"
—¡Tómesela! Ha puesto usted ya toda su fuerza de voluntad para dominar su situación y no lo ha conseguido. Como le dijo ayer Angela, ninguno de nosotros lo matará ni con hechizos ni negándole lo que necesita por su salud.
Severus intentó tomar el vaso pero su pulso era bastante irregular. Arwen al notarlo se mordió los labios. Decidida se acercó a él y se la dio a tomar. Luego se alejó de él con el vaso vacío en sus manos. Todos esperaron en silencio, observándolo detenidamente hasta que le vieron perder la apariencia cadavérica que había tenido minutos antes.
—¿Qué ocurrió ayer durante la huida que lo tiene en esa situación? —le preguntó Arwen. Ella lo sabía por sus dones pero quería que él lo dijese.
"También he creído percibir… ¿Será eso cierto? ¿Por eso Angela se comporta con él así? ¿Lo habrá percibido ella con sus dones? ¿Ha sido eso lo que Angelica hizo que surgiese de las profundidades de este hombre con su don? Si eso es así entonces Angela lo ha sabido siempre. Eso explicaría la tormenta de sentimientos en mi sobrina cada vez que el nombre o la presencia de este hombre se ha cruzado ante ella. Jessica me contó hace tres años que el resentimiento de Angela con el profesor de Pociones superaba incluso el de Harry".
—Bellatrix me alcanzó con tres Maldiciones Cruciatus después de alcanzarme con la maldición Focus Progresis (NdA: Quemaduras Progresivas). —le respondió Snape con la mayor serenidad posible, habiéndose restablecido un poco con aquella poción.
—Es evidente que no está en condiciones de continuar. —indicó Arwen mirando a los otros.
Sabía que ninguno de ellos se detendría por la salud de aquél hombre, lo detestaban. Pero también había visto a su sobrina ayudarlo el día anterior al borrarle la marca tenebrosa, aún a costa de su salud. Si aquello que ella había empezado a sospechar era cierto… Si Angela a pesar de saber aquello lo ayudó, ella también lo haría.
—No se preocupe, con la poción que me ha dado lograré resistir un tiempo más esto.
—Eso no es cierto, no en la situación de tensión de un interrogatorio. Vamos a continuar después, Remus. Por favor, por Angela.
—¿Por qué no ayudó a las gemelas durante el ataque en que las hirieron de gravedad? —preguntó ahora Aragorn sin hacer caso de las negativas de su esposa a que continuasen.
—Porque Albus me había ordenado que en ningún caso debía yo permitir que se descubriese mi traición al Señor Oscuro. No hasta que descubriese quién era el espía o a quién creía Voldemort que se refería la profecía. Debía avisarle si se trataba de los Potter o los Longbottom. Pero mis compañeros durante el ataque a las gemelas le contaron de mi "ineficacia". Fui severamente castigado por ello. Por eso no pude avisarle a Albus que iría primero por el niño de los Potter y luego por el de los Longbottom, sin dejar margen a que ninguno de los dos sobreviviese al existir la duda sobre cuál de los dos era de quien hablaba la profecía.
—Pero eran las hijas de Albus las que estaban masacrando con maldiciones. —le espetó Minerva con rabia mal contenida.
—Ni siquiera por ellas debía delatarme. Esas fueron las órdenes de Albus cuando le dije que ellas serían seguramente uno de los blancos. Ya había participado en un ataque a Angelica en el cual… Antes de empezar a jugar mi papel de espía para Albus.
—¿Por qué Albus te daría esa orden? —siguió Remus, haciendo caso omiso de las negativas de Arwen al igual que antes había hecho Aragorn.
—Porque yo le había dicho a Albus lo que le había contado a Voldemort de la profecía que le dijo Trelawney en el Cabeza de Puerco. Por eso él me dio esas órdenes. Quería averiguar lo necesario para salvar la vida de los niños.
—Pero Angelica y Jennifer estaban embarazadas. Eso ponía en riesgo a otras dos criaturas que ni siquiera habían nacido.
—Ni él ni yo sabíamos que sus hijas estaban embarazadas —respondió con un nudo en la garganta, empezando a resentirse de nuevo su corazón por una arritmia cardíaca. Apenas lograba mantener su apariencia serena—. Los dos creíamos que se sabrían defender en el caso de una batalla. Del ataque a ellas le avisé yo a Albus apenas me enteré, justo antes de salir hacia aquél lugar donde les había tendido la trampa el espía.
—No fuiste muy efectivo en tu misión entonces. A menos que en realidad no quisieses serlo y simplemente… —Remus se detuvo al ver al hombre frente a él llevarse de nuevo la mano al corazón y el brillo azul oscuro que por segunda vez llenó la habitación.
Severus no lo había visto la oportunidad anterior por tener los ojos cerrados, pero en esta ocasión si lo vio y se extrañó. Si no se sintiese tan mal del corazón en ese momento hubiese sacado fuerzas para preguntarles, pero no fue necesario.
Ante todos apareció Angela mirándolos muy seria. Al detener su mirada en Snape habló:
—No pueden seguir, deben detenerse. La promesa que hice se cumplirá. Ninguno de ustedes matará a Draco Malfoy o a Severus Snape ni con hechizos, ni con pociones, ni negándoles lo que su salud requiere. Quien lo intenté saldrá de esta casa y no podrá volver a ella, así como ellos tres no podrán atacar a nadie o salir de aquí. Ahora Narcissa Malfoy, Draco Malfoy y Severus Snape están bajo mi protección. Si alguno de ellos tres intenta agredirles yo me enteraré y actuaré en consecuencia. Pero no puedo permitir que ustedes les hagan daño a ellos.
—Angela. —murmuró Aragorn preocupado, mirándola muy serio. Ahora comprendía lo que significaba el brillo azul que habían visto antes.
Severus estaba muy impresionado y asustado. "¿De qué es capaz esta chica?"
—¿Qué haces aquí? Deberías estar en el colegio. —la reprendió Remus.
—He venido para evitar que le ocasionen un daño irreparable a su salud. Ya les he dicho que cumpliré mi promesa. Para todos es evidente que él no está en condiciones en este momento de responder a sus preguntas.
—Angela, nosotros nos ocuparemos de Snape. Sal ahora mismo de esta habitación y espéranos en la sala. Tenemos que hablar. —le ordenó muy serio Aragorn.
La chica no le respondió. Se acercó a Severus, se sentó en una silla cerca de él mirándolo directamente a los ojos, frunció el ceño y desvió la mirada. Luego hizo aparecer con su varita un vaso de la poción que su tía le había dado ya a aquél hombre y otro vaso.
Severus al mirarse en sus ojos no había podido evitar el pensar y sentir preocupación por la pálida chica que tenía frente a él.
"¿Habrá heredado de Angelica aquella extraña capacidad para hacer aflorar lo más profundo de mis pensamientos y sentimientos? Lo que vi en los ojos de Angelica cuando la tenía acorralada en el primer ataque me hizo comprender que ella generó aquello, que surgiese lo que había logrado enterrar tan dentro de mí que ni siquiera los dos más consumados Legilimens, Albus Dumbledore y Lord Voldemort, lograron averiguar. También que sabía de alguna manera lo que con tanto esfuerzo había ocultado. Justo ahora acaba de ocurrir algo similar".
—Tómese eso despacio. Después de una primera toma no se debe abusar y usted lo ha hecho. Tome también esta agua fría con un poco de poción tranquilizante, lo ayudará.
—Angela. —insistió Aragorn con molestia en la voz.
—Perdóname tío, pero él está bastante mal y no puedo permitir que lo lleven a un paro cardíaco.
—Jovencita, está usted incumpliendo con las normas del colegio al venir aquí por lo cual esté usted segura que será castigada —intervino Minerva—. Ahora obedezca a su tío y espérenos abajo.
Pasaron unos minutos en silencio, sin moverse. Angela vio que Severus intentaba tomar el vaso pero no lo lograba al ser su pulso de nuevo muy irregular. Al igual que su tía antes procedió a darle de beber la poción con sus propias manos, sólo que controló que la tomase despacio, alternándola en dos ocasiones con el agua con tranquilizante.
El hombre inicialmente se tensó e intentó impedirlo. No quería meterla en más problemas. Pero la persistencia de la chica con sus gestos y su propio malestar le hizo ceder. Al terminar de tomar las pociones se sintió un poco mejor.
—Ya lo has atendido y está mejor. Ahora obedécenos y espéranos abajo. —le ordenó muy firme Aragorn.
Angela miró de nuevo a Severus, concentrada, evaluándolo. No, aún no estaba bien. No soportaría que continuasen el interrogatorio y los que estaban allí no pensaban detenerlo. Sólo su tía parecía comprender su situación y… Sí, ahora ella también había percibido aquello, sólo que no estaba segura de su percepción al estar aquello tan oculto en él. Miró a Arwen, le transmitió mentalmente lo que ella sabía confirmándole sus sospechas y regresó su mirada sobre aquél hombre con el ceño fruncido.
—No me iré hasta tanto ustedes comprendan que él no puede seguir bajo interrogatorio o él se reponga lo suficiente para soportarlo.
—Angela, ¡ya basta! —le respondió Aragorn con sus ojos centelleando fuego azul—. Te he dicho que salgas y nos esperes abajo.
La chica se giró, lo miró con sus ojos grises brillando y denegó.
—Por lo que veo es usted tan dada a incumplir las normas e irrespetar a sus mayores como lo era Black. —intervino Severus, pronunciando el apellido con el habitual desprecio para hacer molestar a la chica con él y que obedeciese a los otros.
Angela al oír aquello se giró con brusquedad a mirarlo. Formó rápidamente un escudo alrededor de los dos y empuñó su varita, furiosa.
—¡Angela, no! —la increpó Arwen—. Por favor mi niña, no lo hagas.
—Angela, cálmate —le pidió muy asustado Arthur—. Piensa en George. No hagas algo de lo que te arrepentirás. Quita el escudo y deja que nosotros nos ocupemos de él.
La chica ya no los escuchó más. Se quedó mirando fijamente al hombre que la miraba pálido y tenso, con su Occlumancia arriba e intentando mantenerse sereno. Entrecerró los ojos, lo miró fijamente y a su propia tormenta de emociones se sumó la de aquél hombre.
Estaba notoriamente agitada. Recordó entonces lo ocurrido en la Torre de Astronomía. La expresión de su abuelo, sus palabras. A eso le siguió el rostro de su mamá hablándole dulcemente cuando ella sólo era una bebe. Recordó su carta y se esforzó en controlarse.
Al lograrlo evaluó de nuevo a Snape. Percibió la raíz de su comentario, soltó la tensión y sonriendo quitó el escudo. Todos se asombraron excepto Arwen, que había percibido también la preocupación en el hombre por la chica y la tormenta interior en cada uno de ellos. La que no se había calmado en ninguno de los dos.
—Es usted un excelente actor, Snape, no sólo muy buen Occlumens. También sabe manejar muy bien sus palabras y expresiones —lo felicitó Angela—. Sólo que, al igual que a mamá, a mí tampoco me puede engañar con facilidad.
El ex profesor de Pociones palideció aún más mirando a la chica, sin poder ocultar la sorpresa que sus palabras le habían producido.
—Además tiene razón en algo, soy tan rebelde como lo eran Angelica White y Sirius Black, especialmente cuando he decidido cumplir una promesa. Mmm, ya casi es la hora del almuerzo. ¿Le gustaría probar un guisado de carne blanca y papas? Estoy segura que eso le sentará bien para ayudarlo a reponerse.
Casi todos los presentes se quedaron mirándola atónitos. No podían entender aquél cambio en la chica.
Arwen se le acercó sonriente, le acarició con suavidad la cabeza y se decidió a apoyarla en su enfrentamiento con los otros.
—Creo que podremos completarlo con un poco de mi pastel de espinacas.
—Pero sólo para él, tía. —le pidió la chica con tono mimoso.
—No. Tú también comerás. Les hará bien a los dos. —le respondió ella con una suave sonrisa maternal.
—Que remedio —le respondió como una niña pequeña resignada a comer lo que menos le gusta—. Vamos, lo ayudo a ponerse de pie.
—No es necesario, Angela. Yo lo haré.
—Entonces será entre las dos, tía. —dijo la chica encogiéndose de hombros. A lo cual la mujer sonrió y asintió.
—¿Te has vuelto loca, Arwen? —le preguntó Remus sin poder contenerse.
—Yo sé lo que hago. Vamos.
Cuando salieron de la habitación estaba saliendo de la que estaba al lado el otro grupo. Éstos vieron extrañados como Severus salía apoyado entre Angela y Arwen, seguidos de los demás que las miraban con evidentes muestras de enfado.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó Eowyn molesta al ver aquello.
—Vamos a la cocina a preparar el almuerzo. —le respondió su cuñada con tono tranquilo.
—¿Qué? ¿Por qué estás aquí, Angela? ¿Por qué están ayudando a ése?
—Si no te importa, tía, lo hablamos mientras cocinamos o tal vez más tarde. Vamos tía Arwen, éste no es ninguna pluma.
—Yo puedo ir solo, joven. —protestó con molestia Severus intentando zafarse de sus manos una vez más.
—Hay que ver que es necio. Muy bien, será de la otra manera entonces. Lo petrifico y lo llevo flotando.
—No, Angela. Si lo petrificas le puede hacer daño. ¿No es eso lo que quieres evitar?
—Sí, pero es él quien no colabora.
Severus miró con el ceño fruncido a la chica y la mujer, denegó y se dejó llevar.
Faramir, comprendiendo que nada haría cambiar de parecer a Arwen y a Angela, viendo además el esfuerzo que estaban haciendo y la furia en los ojos de Aragorn, se decidió a ayudarlas rápidamente.
—Yo lo llevo.
Angela le cedió su puesto y luego Arwen lo soltó, llevándolo Faramir hasta la cocina con Angela delante de ellos y Arwen detrás seguidos por los demás.
Narcissa había visto todo aquello intrigada, sin entender nada. Pero permaneció en absoluto silencio, moviéndose lentamente hacia donde le indicasen, cuidando de no hacer movimientos bruscos. Para ella era evidente la fuerte molestia de los otros por aquello que estaba ocurriendo y no quiso darles pie a desquitarse con ella o, peor aún, con su hijo.
Al llegar a la cocina Faramir sentó a Severus en una silla y se interpuso rápidamente entre su esposa y su sobrina, para evitar que Eowyn sujetase a Angela por un brazo. Arwen sacó del brazo a su esposo y al líder de la O.D.F. hacia la sala, haciéndole señas a Faramir que la siguiese con Eowyn.
La chica empezó a moverse con agilidad por la cocina, encendiendo la estufa con su varita, sacando de la nevera y los gabinetes allí lo que ella y su tía necesitaban, tarareando una melodía. Los que se habían quedado en la cocina con ellos la miraban en silencio, con el ceño fruncido, sin comprender.
La Dunedain hizo un hechizo para sellar la sala e insonorizarla.
—Arwen, ¿me puedes explicar qué estás haciendo? —le preguntó molesto y preocupado Remus. Percibía muy extraña a la chica.
—Por favor, tienen que tranquilizarse. Esa calma que ven ahora en Angela es sólo aparente. Ahora no quiero dejarla sola, no con la batalla de emociones que está ardiendo en su interior.
—¿De qué hablas, Arwen? —le preguntó Aragorn con el ceño fruncido. Era la primera vez en muchos años que no comprendía lo que su esposa pensaba.
—Se los explicaré después con más calma. Sólo les diré por ahora que si ustedes odian a Snape sus razones para hacerlo son mayores. Él mató a su abuelo y estaba entre los mortífagos en el ataque por el que murió su mamá, ella recuerda claramente las dos situaciones.
—Eso lo sabemos, por eso no entendemos lo que está ocurriendo. —le replicó aún molesta Eowyn. No podía olvidar lo que había visto el día anterior, el ataque a sus dos hermanas menores.
—Pero Angela además ha cargado durante toda su vida con una percepción de Angelica sobre él. Lo que hizo surgir con su don en el primer ataque.
—¿De qué se trata, Arwen? —preguntó Aragorn preocupado por la expresión en el rostro de su esposa, con rabia, dolor y confusión mezclados.
—Por favor, ella está mal sin embargo se está controlando. Por favor, por Angela, manténganse serenos mientras podemos hablar con ella.
Los cuatro la miraron extrañados y asintieron. Al regresar a la cocina se consiguieron a todos los de la O.D.F. de pie, mirando a la chica con el ceño fruncido y los brazos cruzados, mientras ella se movía incesantemente tarareando la melodía que le habían oído en Grimmauld.
—Tía Arwen, ¿puedes vigilar esto un momento? Tengo que buscar algunas cosas en la despensa que nos harán falta.
—Claro, pero… Eowyn podría cuidar esto y yo ayudarte. —le respondió la Dunedain al percibir como el debate en su sobrina estaba a punto de ganarle.
—No hace falta, tía. Son sólo pocas cosas. —le agradeció la chica con una sonrisa y se dirigió a la despensa rápidamente.
Al entrar allí selló la puerta y empezó a temblar mientras se esforzaba en lograr controlarse nuevamente. Cerró los ojos intentando contener inútilmente las lágrimas que ya bajaban por sus mejillas. Sintió de nuevo el calor de la esclava en su brazo, inspiró profundamente, se secó con sus manos el rostro y se concentró en la nueva barrera, la que ni siquiera Mithrandir conocía, aquella similar a la emotiva que había descubierto en sus recuerdos unos momentos antes.
Angelica le había transmitido cómo hacerla siendo ella todavía bebé. Ahora su don para manejar la energía estaba libre y la ayudaba a diferencia de lo ocurrido con los otros Dunedains que lo habían tenido y su mamá, según lo que le había explicado Mithrandir.
Una vez que la consiguió hizo aparecer su esclava por su deseo y sonrió al leer el mensaje. Le respondió a la menuda pelirroja. Unos segundos después denegó sonriente por la insistencia de su amiga y siguió respondiendo cada una de sus preguntas hasta que cesaron los mensajes.
Con suavidad acarició el camafeo de su mamá, agradeciéndole el haberle enseñado como bloquear los lazos sin necesidad de la barrera emotiva. Desapareció de nuevo la esclava, encendió las velas del lugar y puso en una cesta que estaba allí lo que había ido a buscar mientras recuperaba su autocontrol.
Quitó el sello a la puerta y al intentar salir, con la velocidad que llevaba para evitar sospechas por su demora, tropezó con Aragorn que obviamente había estado intentando abrir la puerta, preocupado.
—¡Ay!, ¡tío! —se le escapó de los labios al caer.
—Perdona Angela. Estaba preocupado por tu demora e iba a buscarte. —le respondió con voz suave mientras la ayudaba a incorporarse.
—Lo siento, no estaba segura de las indicaciones de tía Arwen el otro día sobre las espinacas. Además no puedo evitar el que no me gusten. —respondió con un mohín de disgusto mientras las levantaba del piso, con ayuda de su tío.
—Pues aún así comerás el pastel que voy a preparar. —le dijo la aludida con voz firme pero sonriendo.
—Sí. Ya lo sé —le respondió con resignación la chica, sonriéndole agradecida—. Toma, aquí está esto. Yo voy a continuar con mi guisado.
Todos notaron los ojos ligeramente enrojecidos de la chica. Remus había llevado hacia la sala a Nymph, Minerva y Charlie para transmitirles las palabras de Arwen mientras ella estaba en la despensa. Al volver a la cocina todos la miraban intrigados pero depusieron su actitud de molestia, ayudando a las dos que cocinaban a servir la mesa.
Mientras tanto la metamórfaga salió de nuevo con Eowyn y Faramir para ir a examinar al joven Malfoy a la habitación donde lo habían dejado descansando. Al despertarlo la Dunedain lo obligó a punta de varita a tomar unas pociones antes de dejarlo bajar de la cama.
Snape, que había estado atento a todo, entendió que el cambio en todos era debido a algo que les había dicho la bruja. "¿Arwen?… Ese nombre… y el del mago… Pero no, no puede ser… Cuando la chica se encerró conmigo en el escudo estuve seguro, al igual que mis interrogadores, que tenía intenciones de matarme. Pero se contuvo y luego… aquél cambio brusco… tan parecido a uno que vi en una ocasión en Angelica".
Pasaron casi veinte minutos en silencio, observando a la chica cocinar mientras tarareaba de nuevo aquella melodía. Era evidente para los que se le acercaban que estaba abstraída, casi ausente, cantando como un recurso para aislarse.
Aragorn la miraba preocupado, pensativo. Ahora que él estaba sereno analizaba las reacciones que había tenido su sobrina frente a Snape, sintiéndose desconcertado y angustiado. "¿Qué descubrió Angelica en ese hombre? ¿Qué más lleva sobre sus hombros mi sobrina? ¿Por qué Arwen se ve tan preocupada?"
Remus recordaba muy bien las palabras de Lily: "Cuando Angelica se ponga a cantar canciones alegres con una expresión triste, molesta o abstraída, o le dicen puras cosas bonitas y dulces o mejor no se le acerquen a menos que quieran enfrentarse a algo peor que El Sauce Boxeador". Ahora estaba viendo a la hija exactamente como había visto dos veces a la madre y decidió seguir el consejo de su fallecida amiga.
—Jessica tiene razón, ese guiso tiene buen aspecto. —le dijo sonriente, parado tras ella fingiendo evaluar y aprobar lo que cocinaba.
—Sí, pero también tiene razón en que es una de las pocas cosas que me salen bien en la cocina. Ella es mejor en esto. —le respondió Angela sonriente, agradeciéndole su cambio de actitud. Para ella era obvio que Arwen se los había llevado a la sala para hablar con ellos.
—Eso es cierto. —comentó Arwen mirando fijamente la cara pálida de la chica. Ella pudo percibir la extraña barrera en la chica y se preocupó. Sólo había percibido algo similar una vez en su vida… en Angelica.
Al llegar Draco a la cocina se acercó rápidamente a su mamá, preocupado, sin importarle quienes estaban alrededor.
—Mamá, ¿estás bien?, ¿te han hecho algo?
—Yo estoy bien, Draco. Por mí no te preocupes —le respondió nerviosa, tocándole con suavidad la frente, cerca de la herida que su hijo tenía allí—. Tú aún tienes fiebre. No deberías estar aquí. —Un segundo después de decirlo se arrepintió, pues casi todos los miraban con molestia menos la chica de pelo negro que no los miraba.
—Quisimos que se quedara en el cuarto y subirle la comida pero él no aceptó. —le respondió Eowyn con voz áspera.
—No te dejaré sola.
—Draco, debes obedecerles. No…
—Ya sé que somos prisioneros, pero prefiero que me maten a tu lado y no que me hagan a un lado para matarte. —protestó el rubio mirando desafiante a quienes los rodeaban.
—Como eso no va a ocurrir será mejor que te sientes y te calmes —le indicó con tono indiferente Angela mientras movía con su varita el guisado hacia la mesa—. Tu mamá tiene razón en que no deberías estar de pie aún, pero ya que estás aquí supongo que comerás con nosotros.
El rubio se quedó mirándola extrañado. Al sentirse mareado perdió el equilibrio, siendo sujetado rápidamente por Faramir que lo ayudó a sentarse.
—Vamos a comer todos y luego ustedes tres subirán a descansar —ordenó con voz firme Remus—. Continuaremos hablando luego.
Narcissa lo miró extrañada. Luego se giró a mirar a Snape. "Se ve peor que ayer y no quita su vista de la chica extraña. ¿Qué ha pasado?"
Todos comieron en silencio. Pensativos.
Angela empezó a sentir que el dolor en sus pulmones empezaba a molestarle seriamente y decidió escaparse para tomarse la poción sin que la viesen. La dosis que tenía con ella era pequeña pero la ayudaría mientras regresaba al colegio. No quería preocuparlos más de lo que ya sabía estaban.
—Si me disculpan tengo que retirarme un momento.
—Voy contigo.
—No es necesario, tía Arwen. Sólo voy a echarme un poco de agua fría en la cara. Vuelvo en seguida.
Pero a pesar de lo dicho por su sobrina Arwen la siguió y selló e insonorizó la puerta, para que Eowyn y Nymph que las habían seguido no pudiesen entrar ni oírlas.
—¿Tía?
Sin decirle nada Arwen sacó de su capa un frasco de la desagradable poción color grama con la dosis completa y se lo puso entre sus manos, acariciándole luego el rostro con suavidad.
—Gracias tía —le susurró Angela conmovida. Se abrazó a ella y sollozó suavemente, soltando un poco de su dolor—. No lo… entiendo… tía… Nunca… lo he… entendido… Estoy muy… confundida.
—Shhh, no pienses en eso ahora linda. Tómate tu poción y tranquilízate. Si sigues alterada recaerás. Ahora debes calmarte. Déjame ayudarte con mi don.
—No tía… Yo… yo puedo lograrlo… Yo…
—Por favor mi niña, deja que te dé mi ayuda y mi cariño. Lo necesitas, lo sabes.
—Gracias tía.
Al estar un poco más serena con la ayuda de Arwen se tomó la poción y se lavó la cara. Arwen la ayudó a arreglarse un poco para que se le notase menos su estado real.
—Angela, mi niña, yo tampoco lo entiendo. Pero tienes que afrontar el que aquello que descubrió Angelica es muy probable que aparezca en los interrogatorios a ese hombre. ¿Podrás resistirlo estando aquí?
—No lo sé tía.
—Entonces, por favor, no vengas más hasta que yo vaya a hablar contigo.
—Pero yo no vine por gusto, tía. No habría querido volver a estar cerca de él. Pero no puedo permitir que lo dejen morir. No puedo.
—No te preocupes. Yo no permitiré que le pase nada grave a ninguno de los tres, te lo prometo. Aunque tenga que enfrentarme a Aragorn lo impediré. Pero prométeme tú que no vendrás más hasta que yo hable contigo.
—Te prometo que no vendré a menos que peligre la vida de uno de ellos, tía.
Al salir se encontraron con Nymph y Eowyn mirándolas interrogantes. Pasaron en silencio entre ellas y regresaron a la mesa a terminar de comer. Todos las miraban tensos e inquietos. Cuando estaban terminando de comer Arwen miró de reojo a Angela y se decidió.
—Nymph, ¿podrías llevar a Angela al colegio? —le pidió mirándola a los ojos. Se calmó al ver que su amiga asentía de inmediato con expresión de comprender.
—¿De qué hablas, Arwen? —le preguntó su esposo inquieto.
—Lo hablamos cuando ellas se hayan ido, Aragorn. —le respondió girándose a mirarlo con expresión firme.
—Eso no era lo que me habías planteado. —replicó él frunciendo el ceño, sin entender.
—Lo sé, pero ahora la tengo que sacar de aquí. Allá le pondrán luego el castigo correspondiente por haberse escapado. —le aclaró lo mejor que podía estando frente a los tres mortífagos rescatados.
—Arwen, yo debo hablar con Angela. —insistió Aragorn mirándola fijamente y con tono de voz firme. Le extrañaba que su esposa le contradijese cuando ella debía sospechar lo que quería hablar con su sobrina.
—Por favor, tío. Si quieres reñirme Nymph puede llevarme a otro lugar y yo esperarles allí, pero necesito salir de aquí. —le suplicó Angela en voz baja.
Al llegar allí había sentido con mucha intensidad la tormenta de dudas y emociones de aquél hombre de nuevo, pues no apartaba su mirada y su atención de ella. Ya no soportaba estar en el mismo espacio que él. Su autocontrol se estaba desmoronando.
Arwen, que lo había sospechado, decidió sacarla de esa situación de inmediato.
—Está bien, Angela —accedió Aragorn que no quería presionarla anímicamente pero sí hablar con ella lo antes posible—. Nymph, por favor ve con ella a la casa y me esperan allá.
—Aragorn… —intentó oponerse Arwen, que comprendía la urgencia de su esposo por hablar con la chica pero también que él no podía comprender el estado anímico de la joven.
—Está bien, tía, pero sácame de aquí. —susurró Angela a su lado, interrumpiéndola.
—De acuerdo, ve con Nymph. Yo iré allá en poco tiempo. —aceptó con tono suave y mirándola con cariño, haciéndole entender con lo último que no estaría sola con Aragorn.
—Gracias tía. —le sonrió Angela agradecida. Se puso de pie y salió rápidamente de la cocina hacia la salita.
Allí Nymph la tomó del brazo y se apareció con ella en Grimmauld. La metamórfaga, al girarse a ver a la chica, vio como unas tímidas lágrimas se asomaban a sus ojos. No pudo contenerse y la abrazó, sintiendo como la chica permanecía muy tensa un par de segundos y luego se soltaba en un llanto fluido.
Nymph la llevó con suavidad hasta el sillón grande de la sala y la sentó a su lado, recostada contra su pecho, acariciándole con suavidad la cabeza y la espalda. Sin decirle una palabra la ayudó a tomarse la dosis de poción que Angela traía entre la túnica y la siguió consolando en silencio, notando como poco a poco bajaba la intensidad del llanto en la chica que lentamente se adormiló.
Cuando llegaron los Dunedains con Remus vieron como la metamórfaga aún acariciaba con suavidad a la chica que dormía en su regazo muy intranquila, después que ella la acomodase con su varita para que descansase un poco mejor. Tenía rastros evidentes en su rostro de haber estado llorando.
Arwen se les acercó rápidamente y tomando con suavidad una de las manos de la chica le habló suavemente, en un leve susurro.
—Angela.
—Mmm.
—Mi niña, shhh. Tranquila, no despiertes aún, shhh. Necesito que me permitas usar mi don contigo una vez más. —le dijo en voz tenue, arrullándola con sus palabras y sus suaves caricias.
—¿Tía? —preguntó adormilada, sin lograr abrir sus ojos aún.
—Sí mi niña, shhh. Soy tu tía Arwen, shhh. Tranquila, shhh. Por favor déjame usar mi don contigo de nuevo. —siguió con el mismo tono.
Los otros miraban interrogantes a Arwen.
—¿Te hará daño? —preguntó Angela en su estado de letargo.
—No mi niña, claro que no. Shhh, tranquila, shhh. Yo estaré bien al igual que tú. Shhh, no despiertes totalmente aún, shhh. Permíteme primero que te transmita un poco de tranquilidad con mi don, shhh. Así, tranquila, shhh.
Angela no logró despertarse. La tierna voz de su tía la arrulló manteniéndola adormilada. La chica recibió la transmisión de paz y tranquilidad proveniente de su tía en ese estado, logrando serenar la profunda batalla de sentimientos que había permanecido en ella hasta ese momento.
Al terminar de hacerlo Arwen la miró con una sonrisa triste. Estaba profundamente serena. Había logrado aprovechar el estado en el que la había encontrado para ayudarla con la tormenta que había en su interior. Le acarició con suavidad la mejilla y empezó a llamarla suavemente para que despertase. Sabía que no podía ni debía evitar ya la conversación que estaba por darse, pero al haber logrado ayudarla de aquella manera le preocupaba menos.
—Angela, mi niña, despierta, Angela.
—¿Tía? —le preguntó entreabriendo los párpados levemente.
—Sí mi niña. Vamos, despierta pequeña.
La chica se removió un poco. Frotó sus ojos con los puños de sus manos como una niña pequeña y los abrió mirando a su alrededor, intentando ubicarse. Se incorporó con la misma expresión interrogante en su rostro, detallando el lugar en el que estaba y las personas que la rodeaban. Vio a Nymph mirándola con su expresión maternal, luego a Arwen, abrió mucho los ojos y luego les sonrió dulcemente.
—Gracias tía, eres maravillosamente tramposa.
—Fue un momento único. Tenía que aprovecharlo.
—Te quiero mucho —le confesó con cariño la chica y la abrazó—. Gracias a ti también, tía Nymph. Eres un Sol. —afirmó abrazando ahora a una metamórfaga sonriente.
Los demás las miraban interrogantes.
Al soltar a la metamórfaga, Angela miró a los otros y los saludó.
—Hola. ¿Dormí mucho? Perdonen si los hice esperar.
—No te preocupes, Angela. Sólo tenemos aquí unos minutos. —le respondió Remus sonriendo con ternura ante la escena que acababa de presenciar.
Todos se sentaron alrededor de la chica.
Aragorn estaba preocupado por la razón que podía haber llevado a su esposa a hacer lo que había visto. Por lo que le escuchó decir ya la había ayudado con su don mezclado antes, seguramente cuando se habían levantado de la mesa. Sabía que debía hablar con la chica, pero…
—Tío, lo que ocurrió hoy fue por el sello que le puse a la casa. —comenzó Angela al verlo dudar. Ella se imaginaba que era eso lo que quería hablar con ella.
—Angela, dime exactamente ¿qué tipo de sello le pusiste? —le preguntó inquieto.
—Un sello triple de aguas congelantes. —le respondió la chica con sinceridad.
—¿Qué? —preguntó asustado Aragorn.
Arwen cerró los ojos y bajó la cabeza. Eso no se lo esperaba ella. Eowyn y Faramir los miraban tan intrigados como Nymph y Remus.
—¿La estrella de tu mamá sigue en la Casa Flotante? —preguntó Aragorn intranquilo.
—Sí. —asintió la chica.
—¿Estás usando en esa casa la de Jennifer? —preguntó esperando que fuese así.
—No, tío, la de mi tía es de Jessica. —denegó Angela con firmeza.
—¡¿Me estás diciendo que estás usando tu propia energía para mantener ese hechizo sobre esa casa?! —le preguntó alarmado.
—Sí, tío. Era la única manera —le respondió con sinceridad—. Pero sólo ha estado activo desde ayer en la noche cuando los llevamos allí, después que lo completé. —agregó rápidamente al verlo palidecer.
—Pero eso es un desgaste de energía para ti. —logró decirle Arwen alterada.
—Sólo es serio si lo activa algún intento de quebrantarlo. —intentó tranquilizarlos la chica.
—¿Cuáles son los límites, Angela? ¿Cómo actúa? —preguntó Remus al notar como Aragorn miraba a la chica con una mezcla de angustia y enojo, esforzándose en calmarse.
—Ninguna criatura que no sea un humano o un fénix puede entrar o salir de ella, pues el agua que hay en la atmósfera de la casa y sus alrededores lo impide. Si lo intentan se producirán… mmm… algo así como pequeñas ondulaciones en mi energía. Lo percibiré. Además la criatura se verá severamente confundida. Anoche deben haberlo intentado porque pude sentir algo aún dormida.
Todos se miraron sorprendidos por lo que la chica había hecho. Aragorn iba a preguntarle algo pero la chica levantó su mano.
—Por favor, tío Aragorn, permíteme terminar de responderle a tío Remus. Por otro lado si alguno de ustedes, después de haber podido entrar allí al no tener intenciones de matar a ninguno de ellos, cambiase de opinión por… su simpática personalidad, se verían trasladados inmediatamente al cuartel por… una pequeña ducha de agua fría —Al ver que la miraban con los ojos desorbitados se ruborizó—. Lo siento, pero tenía que hacerlo por medio del agua. El tercer límite del sello es que ellos no pueden agredir a nadie. En el caso de intentarlo se verán envueltos en una burbuja de hielo que sólo les permitirá respirar hasta que yo llegue allí.
—Pero eso no explica lo que ocurrió hoy. —insistió Remus.
Arwen y Aragorn fruncieron el ceño, conteniéndose él de decir nada porque su esposa colocó rápidamente una mano sobre la suya indicándole que se contuviese y la dejase explicar.
—En realidad sí, tío Remus. Ese hombre está bastante mal de salud. Me imagino que durante su huida no le arrojaron precisamente flores porque tiene el corazón muy debilitado. Ayer debe haber sufrido un daño en su corazón antes de llegar al sitio de encuentro. Ustedes durante el interrogatorio lo presionaron mucho en dos oportunidades, poniendo en peligro en la primera ocasión su salud y en la segunda su vida. Deben haber visto algo así como un destello azulado en la casa avisándoles.
—¿Cómo sabes tú lo ocurrido? —preguntó Arwen asustada.
—Porque estoy manteniendo el sello con mi energía. Estoy conectada a lo que sienten quienes estén en esa casa y todo lo que ocurre en ella.
—Pero no nos dijiste nada. Te estábamos lastimando sin saberlo. —la regañó Aragorn con la angustia claramente reflejada en su voz.
—En cierta forma lo hice cuando les dije a ellos, al llegar y quitarles las varitas, cuáles serían las condiciones de su estadía allí. Después que todo terminó me quedé dormida en brazos de George mientras respondía sus preguntas. Por eso no se los expliqué como pretendía hacerlo cuando terminé de poner ese sello.
—¿Por qué no lo hablaste con nosotros esta mañana? —le preguntó Remus también angustiado.
—Porque la conversación que tuvimos fue un poco tensa para mí. Yo no sabía que el profesor Mithrandir les había contado de mis dudas sobre… la particularidad de mi don complejo. Al percibir las reacciones de George y Harry, cuando lo mencionó el tío Aragorn superficialmente, me preocupé. Perdóname tía Nymph, pero use mis dones contigo para saber qué les había contado —se disculpó con la metamórfaga, sonriendo agradecida al verla asentir con expresión de comprenderla—. El saberlo me dolió mucho, por eso levanté mis barreras. Luego se desvió la conversación y… Lo siento, estaba escribiéndoles esta carta explicándoles todo cuando percibí por primera vez que había problemas —le entregó el sobre que llevaba en su capa a Remus—. Iba a llamar a Orión para que se las llevase cuando me llegó la sensación más fuerte que la vida de alguien en esa casa peligraba, por eso me aparecí allí de inmediato.
—Anoche me di cuenta que habías puesto una protección por medio de magia muy avanzada, pero jamás imagine que el sello era de ese tipo —comentó Aragorn cabizbajo, denegando—. Angela, quiero que lo quites. No puedes mantenerlo a expensas de tu energía.
—Perdóname tío pero no lo haré. Ustedes le tienen mucha rabia y no se detendrán en sus interrogatorios, aunque eso signifique para él la muerte, y no puedo permitirlo.
—¿Acaso tú no lo odias después de lo que hizo? —le soltó Eowyn molesta—. Eso no fue lo que me pareció ver cuando le apuntaste con tu varita al llegar con él allí anoche. ¿O es que consideras que sólo tú tienes derecho a querer matarlo?
—Tía Eowyn, yo no me considero con derecho a matar a nadie —denegó Angela de inmediato—. Ni siquiera a Voldemort. A nadie. —terminó en un susurro.
Se levantó y se fue hacia la ventana. La abrió y cerró los ojos para sentir la fría brisa de finales de octubre entrar a sus pulmones. El tiempo era ya muy frío. Todos la miraban en silencio, intrigados.
—Hace frío. —comentó la chica con tono y expresión ausente.
Esto alarmó a todos, incluyendo a Arwen.
—¿Angela? —preguntó Remus, dejando traslucir su preocupación.
—Tampoco sé si lo odio, tía Eowyn —Pasó un par de minutos en silencio—. El amor es un sentimiento hermoso que una vez que brota del alma nos llena de una calidez inmensa, aún en el día más helado del invierno… Existen muchas maneras de expresarlo. Algunas muy claras como el de Ginny por Harry, de una manera abierta e incondicional. Otras veces… En lo que yo siento por George han influido demasiado mis miedos y… Pero él es tan especial y siente tanto amor por mí que ha sabido acercarse y cuidar de nuestro amor por los dos.
Seguía con los ojos cerrados, respirando el frío aire de la calle. Un par de lágrimas se escaparon por sus mejillas. Abrió los ojos y miró hacia el cielo, donde las nubes oscuras empezaban a desgajarse en una lluvia tenue y helada que empezó a mojarle el rostro, confundiéndose las gotas de lluvia con sus lágrimas.
Sus seis acompañantes la escuchaban y observaban atentamente, preocupados.
—El amor se expresa de muchas maneras porque existe de muchas maneras —empezó Angela de nuevo—. Está el que se siente por aquellos que como ustedes dan tanto pidiendo tan poco, el que se siente por los hermanos, por los amigos, por el niño que te cruzas en la calle y te regala una flor… En tantas maneras y de formas tan diferentes… La naturaleza también nos lo prodiga día a día, con el sol, con la luna, con las estrellas, con la luz, con las flores… —Se detuvo un par de minutos—. Pero aún allí hay espinas que generan dolor… La lluvia es a veces muy cálida y otras veces tan helada.
—Angela, ven acá. Si sigues allí te enfermarás. —le dijo Nymph y se levantó hacia ella, deteniéndose al verla denegar y oírla reírse con tristeza.
A todos se les crisparon los nervios, poniéndose de pie bruscamente los que estaban sentados.
—Dicen que no existe mayor amor que el de una madre, pero eso no es cierto —continuó la chica, mirando de nuevo hacia las nubes, dejando que la lluvia suave y helada que la brisa llevaba hacia ella la mojase—. Todos los amores son inmensos si son puros, diáfanos y limpios, sin límites, sin reservas, sin preguntas, sin dudas, sin cuestionamientos, sin miedo a perder porque al sólo sentirlo ya se ha ganado. Es sólo que el de la mayoría de las madres es así. El amor de madre es una de las pocas variantes en que se dan todas las condiciones… Por eso es el factor primordial para dar la vida.
La chica extendió las manos abiertas con las palmas boca arriba fuera de la ventana y se quedó mirando las gotas heladas golpear contra sus manos, abstraída.
Los que la escuchaban se quedaron petrificados, mientras la miraban asustados, porque no podían percibir por los lazos las emociones que veían en ella. Tenía levantada aún la barrera de Angelica.
—Dar la vida… Nadie puede hacerlo por voluntad propia, nadie. Nadie puede devolverle la vida a quien la ha perdido, aunque lo ame mucho… nadie —insistió con una profunda tristeza—. El amor puede evitar que se vaya alguien a quien no le ha llegado aún su hora, pero si ya ha muerto… Una vez que llegamos aquí debemos recorrer el camino que el destino nos ha trazado en parte, aprendiendo y cambiando lo que nos está permitido para que llegado el momento emprendamos el camino de nuevo e ir más allá de las estrellas… Ni siquiera una madre puede dar la vida si la vida no llega a ella. —afirmó y empezó a jugar con sus manos, como si quisiese atrapar las gotas de lluvia.
Arwen se le acercó lentamente con su rostro bañado en lágrimas. Entendía hacia donde iban sus palabras y le dolía en el alma que su cuñada le hubiese preguntado aquello a la chica. De no ser por su ayuda cuando habían llegado estaba segura que Angela no soportaría aquello que se debatía en el interior de la chica. Iba a tocarla pero se detuvo al oírla empezar de nuevo.
—El don de la vida es un misterio que siempre se escurre entre nuestros dedos… El Amor… El miedo en cambio, si no lo combates, te lleva al dolor de la soledad y en casos extremos a la oscuridad del odio… Cuando lo que se siente no es rabia, sino odio… Cuando… —Suspiró—. La ceguera del hombre que odia es tan grande que llega a quitar lo que no puede dar… la vida… Pero no sólo el odio nos lleva a quitar la vida. Cuando nos dejamos arrastrar por la rabia podemos llegar a hacer mucho daño, incluso a matar. Ya sea porque actuemos o… porque no nos detengamos a tiempo… pero podemos llegar a quitar una vida sin odiar… Igual hacemos daño, pero odiar… Sólo quien odia es capaz de destrozar la vida de otro con frialdad, aunque su víctima no pueda defenderse, sin sentir compasión.
La chica puso de nuevo las palmas de sus manos hacia arriba mirando las gotas de lluvia golpearlas con el ceño fruncido, pensativa, con las lágrimas brotando de sus ojos y confundiéndose con la lluvia que empezaba a arreciar y mojaba su rostro.
La mano de Arwen que tenía cerca del hombro de la chica empezó a temblar perceptiblemente y la retiró, poniéndola sobre su pecho. Tenía que tranquilizarse. Su sobrina la necesitaba, pero…
Los otros se acercaban lentamente a la chica y a Arwen, angustiados.
—Llevo toda mi vida sintiendo muchas cosas diferentes por ese hombre, tía, demasiadas. Es el único además de Pettigrew y Voldemort que ha logrado que a mi alma la roce el odio a pesar de las palabras de despedida de mamá —Todos se detuvieron en seco sintiendo como si hubiesen recibido una descarga eléctrica—. No sé si lo odio, tía Eowyn, como tampoco sé si llegaría a matarlo. Pero lucho a cada segundo por no hacer ninguna de las dos cosas… He visto demasiadas muertes.
Arwen tomó aire e hizo un esfuerzo para tranquilizarse. Se le acercó por detrás y lentamente, con suavidad, bajó las manos de la chica. La giró y tomándola por los hombros la alejó de la ventana, llevándola hacia la silla más cercana a la chimenea y sentándola. Los otros se hicieron a un lado para dejarlas pasar. Arwen con su varita le secó las ropas y el pelo, luego con un pañuelo le secó el rostro con suavidad.
Eowyn lloraba mirándola con el corazón en un puño, arrepentida de cada una de sus palabras, temblando de dolor por lo que había oído, asustada por las expresiones de su sobrina y su cuñada.
Nymph cerró la ventana. Con un nudo en la garganta acarició el cristal mientras las gotas de lluvia se deslizaban por él.
Angela al verlos a todos sentados alrededor de ella y sus semblantes miró los zafiros de su tía Eowyn, luego las esmeraldas de su tía Arwen. Cerró los ojos y un par de lágrimas surcaron de nuevo su rostro mientras empezaba de nuevo a hablar.
—En el ataque del 15 de agosto de 1981 Angelica White usó por primera y única vez su don en el mundo de los magos sobre Severus Snape y los mortífagos novatos que lo acompañaban… Ella nunca había sentido aprecio por él, pero tampoco le molestaba demasiado. Simplemente quería creer que le era indiferente. Cuando Los Merodeadores le hacían las bromas sus amigas se molestaban e intentaban defenderlo, pero mamá se mantenía al margen y procuraba que las otras se mantuviesen apartadas de esa situación. Siempre la había incomodado la forma en que él las miraba a tía y a ella… En su séptimo año aceptó ser novia de papá y…
Abrió los ojos, mirando las llamas bailando en la chimenea. Tenía que lograr mantener su autocontrol. De no ser por la ayuda tan especial de su tía mientras estaba adormilada no hubiese resistido aquello.
Arwen le acarició la espalda con cariño, transmitiéndole con ese gesto su apoyo.
—Tres años después, cuando se consiguió a Snape como mortífago, usó su don para defenderse sin saber quien era él por la máscara que llevaba. Lo hizo como último recurso de defensa sin producir un daño grave, pero al hacerlo… La mamá de Severus Snape estaba embarazada cuando él entró con once años a Hogwarts, a pesar de haberlo evitado durante años por los maltratos que recibía del que era su esposo. Cuando él llegó en las vacaciones de navidad acompañó a su mamá al hospital mientras su padre dormía una borrachera. Allí ella perdió las gemelas que estaba esperando debido a la paliza que había recibido.
Todos la miraban con los ojos desorbitados reteniendo el aliento, aún Arwen que no sabía aquello. La Dunedain empezó a comprender y acarició una vez más la espalda de su sobrina mientras la chica hablaba.
—Al volver al colegio empezó a fijarse en las gemelas White con sentimientos encontrados. También empezaron a incrementarse las bromas de Los Merodeadores y sus enfrentamientos con ellos. Fueron siete largos años de humillaciones, dolor, rabia y… Sólo del abuelo recibió palabras de reconocimiento y aliento mientras estudió en el colegio, porque a su jefe de casa le parecía "insignificante" y nunca intentó acercarse a él.
»Nunca tuvo amigos realmente… Lucius Malfoy lo aceptó en su grupo, ese único año en que coincidieron en el colegio, por su habilidad para Pociones y su capacidad para mantenerse inconmovible en cualquier situación… la que había adquirido después de lo vivido en su casa como mecanismo para sobrevivir.
»Por eso estudió y aprendió tan bien la Occlumancia. No quería que nadie jamás supiese lo que habitaba en su interior. Por eso se unió a Voldemort, encontrando tanta oscuridad en él como la que empezaba a cegar casi totalmente su corazón.
Cerró los ojos y empezó a juguetear con el camafeo de su mamá entre sus manos, se pidió a si misma tener fuerzas para terminar con aquello, prometiéndose que se iría a su refugio por un rato después de terminar de contarles. Tomó aire y siguió.
—Al unirse mis padres llegó a sentir una mezcla muy explosiva. Los dos sentimientos más fuertes enfocados en una sola persona… Durante siete años crecieron en paralelo los dos, luchando en su interior, debatiéndose. Pero aquella unión de mis padres los desencadenó con toda su fuerza, siendo contenido y ocultado en lo más profundo de su ser uno de ellos mientras el otro se expresaba con toda su fuerza. Angelica White ese día hizo aflorar en Severus Snape dos sentimientos encontrados que desde el colegio había sentido por ella… odio y amor.
