CAPÍTULO 11
EL LADO OSCURO DE MICKEY MOUSE
Alec llegó al centro comercial a las siete de la tarde. Había quedado con Renesmee a las siete y media, pero aun así, no quería llegar tarde. Prefería llegar pronto y así poder ver qué hacía su novia.
Le costó encontrarla, pero al fin la vio en una tienda de ropa, con Bella y Rosalie. La primera estaba a punto de entrar al probador con varios vestidos de fiesta, y la vampira rubia estaba sentada en un sillón, probándose unos zapatos. Pero ellas no le importaban. Nessie estaba revisando todas y cada una de las camisetas que había en la tienda, sonriendo cada vez que Bella hacía algún comentario. Sus rizos cobrizos se movían cada vez que ella giraba la cabeza, y Alec se detuvo a pensar en lo hermosa que era. Siempre se lo decía, pero ella seguía queriendo sonrojarse. Eso la hacía ver todavía más hermosa.
Cuando entró en la tienda, la dependienta, una joven pecosa que estaba totalmente intimidada por las chicas, lo miró de arriba abajo, pero al ver cómo el chico miraba a la pelirroja, se sonrojó y bajó la vista. Rosalie se giró al oler la sangre en las mejillas de la chica, y vio al vampiro, por lo que avisó a Renesmee con un simple movimiento de su pie. Esta levantó la vista, y cuando vio a su novio, cogió un montón de ropa casi sin mirarla y la puso sobre el mostrador. La dependienta se apresuró a su trabajo, y Renesmee se acercó a su novio, besándolo. Cuando se separaron, el vampiro sacó su tarjeta de crédito y la dejó sobre el mostrador. Cogió a Renesmee de la mano y se la llevó de la tienda, confiando en Rosalie y Bella.
La idea fue de la vampira, que se acercó a la que recientemente se había convertido en su no tan enemiga. No eran amigas, pero estaban juntas de compras. Eso era un avance. En un susurro que la dependienta no escucharía, Rosalie dijo:
- ¿Y si amablemente tomamos su tarjeta y compramos con su dinero? Siempre podemos decir que ha sido Aro.
Bella asintió con la cabeza, pensando en todo lo que se compraría para su viaje con Edward, que empezaría al día siguiente. El destino se le había ocurrido rápidamente, y estaba segura de que sorprendería al vampiro. Habían quedado en ir durante todo el fin de semana, a pesar de viajar el viernes, para poder disfrutar de más tiempo. Ya tenían los billetes de avión, pero a Bella todavía le faltaba preparar la maleta, por eso había ido de compras con Rosalie y Renesmee. Alec le ayudaría a conseguir toda la ropa que necesitaba.
Una hora después, Bella se acercaba a la cafetería en la que estaban Renesmee y Alec, hablando en una mesa sin que ninguno de los dos bebiera nada. Le dejó la tarjeta sobre la mesa, y sin decir nada, se marchó. Los enamorados estaban demasiado enamorados como para notar la malvada sonrisa de la chica, que había dejado a Rosalie esperando en el coche, en el que casi no cabían todas las bolsas.
Se sentó en el asiento del copiloto del BMW de Rosalie, y la rubia arrancó. Bella, a pesar de haberle arrancado la mano, empezaba a caerle bien.
- ¿En serio?-preguntó Edward cuando llegaron al destino que Bella había pensado-. ¿Disney World?
Bella le sonrió, y continuó caminando. Edward negó con la cabeza, y la siguió. Agarró una de las manos de la chica, y ambos se sintieron tranquilos, como simples adolescentes que habían ido de viaje para estar juntos. Nunca se habían sentido más relajados, a pesar de ser conscientes de que estaban en peligro. Siempre lo estarían.
Estuvieron todo el sábado en el parque, y ni siquiera recorrieron la mitad. Estaban disfrutando como simples humanos, y Bella incluso comía todo tipo de comida rápida que su madre nunca permitiría. Edward simplemente se sentaba frente a ella o caminaba a su lado, y la miraba fijamente, como si nunca hubiera visto a nadie comiendo.
Se alojaron en un lujoso hotel que se encontraba en el mismo parque. Edward no necesitaba dormir, pero Bella sí, por lo que habían conseguido la mejor de las suites, y Bella se durmió casi antes de llegar a la cama. Edward no sabía qué hacer, pero se entretuvo mirándola. Nunca había visto nada más hermoso que Bella durmiendo. Parecía humana, a pesar de tener aquel olor dulzón de los siervos. Dormía de lado, con una de las piernas recogidas y la otra estirada, y su mano estaba bajo su cara. Parecía tan tranquila. El vampiro nunca la había visto tan tranquila. Bella siempre parecía tensa, y preparada para luchar.
Edward no podía esperar a que todo terminara, y a poder liberarla de Apolo. Sería entonces cuando ambos podrían ser realmente felices juntos…
Cuando Bella despertó, Edward no se encontraba en la habitación, pero a cambio, se encontró con una bandeja con un gran desayuno, una rosa y una nota en la que el vampiro le decía que había salido a cazar. La chica decidió dejarse mimar, por lo que, sin salir de la cama, se tomó todo el desayuno. No necesitaba comida, pero siempre le sentaba bien tomarla. Había empezado a notar su sabor, aunque sólo tomaba cosas que le habían gustado cuando estaba viva, sobre todo el chocolate.
Después de desayunar, se metió a la ducha, y estuvo más de media hora bajo el agua. Antes de morir había estado muy concienciada con la ecología, pero Hera le había dicho que si los dioses no querían, el mundo nunca se quedaría sin recursos. Bella le había creído, y seguía haciéndolo. Era de esperar. Los dioses eran creadores, y a pesar de que los humanos destrozaron el planeta, los dioses conseguirían sacar adelante al mundo. Aun así, eso sólo duraría mientras que los dioses tuvieran interés en el planeta y en la supervivencia del ser humano.
Edward volvió a la habitación mientras que ella se calzaba. Le sonrió, pero no le dijo nada. Su mirada le decía todo lo necesario. Cuando estuvo calzada, se levantó de la cama, y le dijo a Edward que tenían sólo un día más para disfrutar de su infancia. El chico la miró de manera nostálgica, pero no dijo nada. Bella decidió respetar su silencio, y se dirigió a la salida de la habitación.
El vampiro cerró los ojos un momento, pensando en su infancia. Él no había vivido con Mickey Mouse, o cualquiera de los otros personajes Disney. Él vivió con una hermana psicópata, en época de guerra. Pero nunca le diría eso a Bella. No importaba.
Eran casi las cinco de las tarde cuando se sentaron por primera vez, en el único banco vacío que habían encontrado. Ninguno de los dos se sentía cansado, pero sentaba bien sentarse de vez en cuando, y observar todo lo que ocurría alrededor. Miraban a todos lados, cuando Bella vio a alguien conocido. Se disculpó ante Edward, y se marchó tras él.
Se metió en la parte trasera de una atracción, que estaba lleno de cables y objetos que Bella nunca había visto. Los ignoró, y siguió caminando, hasta llegar al lugar en el que esperaba encontrarlo. No lo vio, pero vio una figura sospechosa. Era Mickey Mouse. Alguien disfrazado de él, para ser más exactos. La chica se dirigió hacia él, y sin que él lo notara, le quitó parte del disfraz, dejando su cara al descubierto.
- ¿Qué demonios haces aquí?-preguntó, mirando fijamente al alto hombre que estaba frente a ella.
- Disfruto de los recuerdos de mi infancia. Como tú, ¿no?-dijo él como respuesta, mirándola con una sonrisa.
- Me alegro de verte, Aidan.
Aidan, un alto hombre pelirrojo con un marcado acento irlandés, era un esclavo de Zeus, que había dejado de serlo hacía más de cincuenta años. Bella lo conoció después de que él se marchara del Olimpo, en una de sus misiones. Él también formaba parte de ella, pero de manera independiente.
- ¿Qué haces aquí, Aidan? En serio.
- Tú sabes qué hago aquí. Yo soy como tú ahora, querida. Hera aprendió aquel truco de su marido, cuyo primer sujeto de pruebas fui yo.
- ¿Matas a Peter Pan?-preguntó Bella con una sonrisa, apoyándose contra una pared y cruzando los brazos-. Eres terrible.
- No mato, Isabella. Tú sabes que yo no soy partidario de matar. Le quita diversión a las cosas. Pero esto tiene una gran ventaja, hermosa. Hay mucho donde elegir: madres, trabajadores, niños,…
- ¿Bebes de niños?
- No te escandalices. Tú lo harías si hubieras probado su sabor. Además, ellos vienen a Mickey Mouse como un drogadicto a la cocaína. Y luego no recuerdan nada. Son todo ventajas.
- Son niños-dijo Bella, aunque no estaba muy preocupada. No le importaba lo que Aidan hiciera, mientras que no se metiera con ella.
- Ven conmigo un día. Prueba un poco, y ya verás como querrás más, Minnie.
- Me voy mañana, Aidan. Y no estoy sola.
- Lo sé. He visto a aquel vampiro contigo antes. Ven ahora. Puedo atraer a un niño en menos de cinco minutos-le propuso. Bella dudó. No quería abandonar a Edward, pero Aidan era muy convincente cuando quería, y la chica sabía que no se detendría hasta no conseguir que ella lo siguiera.
- De acuerdo.
El niño se acercó a Mickey Mouse sin que sus padres se dieran cuenta. Había una chica al lado del ratón, y aunque se sintió intimidado por ella, siguió avanzando. Sólo quería conocer a su personaje favorito. Cuando se acercó lo suficiente, ambos se giraron hacia él, y la chica sonrió. Mickey le tendió una mano al niño, y él la tomo. Después del apretón de manos que consiguió que el niño se sintiera mayor, el ratón preguntó:
- ¿Cómo te llamas, chico?-Bella casi suelta una carcajada al oír la imitación casi perfecta que Aidan hacía.
- Dylan.
- Bien, Dylan. Yo soy Mickey Mouse, y esta es mi amiga Bella. Asusta un poco, pero es buena chica.
Dylan, con enormes hoyuelos, sonrió a Bella, y esta le despeinó el pelo con ternura. Aidan se movió un poco de su sitio, y haciendo un gesto para que ambos le siguieran, se dirigió a la parte trasera de una atracción, que hacía tiempo que nadie visitaba. No era necesario. Bella se aseguró de quedarse tras el niño, para que no tuviera tiempo de escapar, y cuando Aidan se giró y se quitó la enorme parte superior del disfraz, sonrió.
- No grites, Dylan. Si lo haces, me enfadaré de verdad, y probablemente no saldrás de aquí. ¿Me has entendido?-preguntó el irlandés, compeliendo al niño. Él asintió con la cabeza, y entonces, Aidan sacó un cuchillo.
Hizo que el niño girara el cuello, y entonces, cortó su piel de manera superficial, consiguiendo que el niño sangrara sin ningún peligro. Se agachó hasta quedar a su altura, y empezó a beber.
Bella estaba impaciente por dos motivos. Para empezar, quería volver junto a Edward cuanto antes. Y además, la sangre del niño era muy llamativa, y Aidan parecía burlarse de ella, pues bebía lentamente. Cuando le tendió el cuchillo, Bella lo tomó rápidamente. Cortó en el otro lado del cuello, y también comenzó a beber.
Era mejor de lo que pensaba. Llevaba sin beber sangre fresca desde que Cole la había encerrado, y la sangre da aquel niño era extremadamente dulce. Repentinamente, se sintió extraña, como si la estuvieran observando. Se apartó de Dylan, y se giró. Edward estaba frente a ella, con los brazos cruzados. No respiraba. Y su mirada era de horror, enfado y decepción. Bella volvió a mirar atrás, y lo que vio le pareció grotesco. Aidan ya se había apartado del niño, pero este tenía dos horribles manchas rojas a ambos lados del cuello, y también en su camisa.
Se dejó caer al suelo, y se tapó la cara con las manos. Las sintió húmedas, y cuando las apartó de su cara, vio que estaban manchadas de sangre mezclada con lágrimas. Volvió a mirar hacia Edward, pero este había desaparecido. Aidan la miraba mientras que curaba al niño, aunque su mirada no le decía nada. Y Bella se odiaba a sí misma. Era un monstruo.
Cuando Aidan dejó al niño sentado en una enorme caja, Bella se acercó a él y le partió el cuello al pelirrojo. Después, volvió a derrumbarse.
Diez minutos después, una mano en su hombro y una voz aniñada la hizo despertar de su ensoñación. Era Dylan, que no recordaba lo que había ocurrido. Bella le sonrió, y le dijo que no le pasaba nada, que volviera con su familia. También le dio cien dólares, para que el niño se comprara otra camisa.
Se levantó, y volvió al hotel, esperando encontrar la habitación vacía. No lo estaba, pero eso no fue bueno. En cuanto vio la mirada de Edward, supo que habría preferido mil veces su rechazo. Pero no aquello. Aquello era demasiado.
Edward la odiaba.
¿Qué tal? Las cosas se ponen difíciles para Edward y Bella. ¿Qué pensáis que ocurrirá en el capítulo siguiente?
Siento haber publicado un poco tarde, pero con las vacaciones, ni siquiera sé en qué día vivo, y estoy algo estresada por el viaje todavía. Además, dentro de dos días vuelvo a irme, aunque podré seguir escribiendo y publicando, ya que tendré conexión a internet.
Hace unos días terminé de escribir Atrapada, lo que significa que esta historia ha llegado a su fin. A pesar de eso, ya tengo una idea para una nueva historia, y he pensado en enseñaros la sinopsis, para que podáis decirme qué os parece:
"Isabella Swan muere en un accidente cuando un enorme árbol cae sobre su coche, pero su cuerpo desaparece misteriosamente. Días después, otro cuerpo desaparece de un hospital en Chicago, dónde un hombre llamado Edward Cullen está dispuesto a todo para recuperar el cuerpo de su esposa y poder enterrarlo".
La historia aun no tiene título, y no se me ocurre ninguno que pueda funcionar, pero espero que se me ocurra algo rápidamente, para poder publicarla antes.
Quiero agradecer a todo el que dedica un trocito de su tiempo para escribir reviews o para añadir esta historia a sus favoritos y alerts. Quiero que sepáis que de verdad lo agradezco, y que me hace muy feliz leer los e-mails que me llegan.
Espero que os haya gustado este capítulo. El siguiente se llamará: "Baile de Máscaras".
Nos vemos =)
