Los días pasaron y el castillo comenzaba a llenarse de nieve. Anunciando la pronta llegada de la navidad, sin embargo los alumnos de cursos superiores estaban entusiasmados con un evento más próximo: la fiesta del profesor Slughorn. No era ningún secreto que el profesor llamaba a ciertos alumnos relacionados con parientes famosos o apellidos importantes, de vez en cuando los invitaba a reuniones donde se la pasaba interrogando a cada alumno o bien presumía sobre sus alumnos más famosos. Para sorpresa de Hermione, el profesor Slughorn la invitó a cada una de las reuniones, Harry le había platicado sobre que a el profesor le gusta coleccionar alumnos con prometedores futuros y obviamente su inteligencia, así como su verdadera habilidad en pociones le llamó la atención en ella.
Después de lo sucedido con Draco y los problemas con Ron después de ese día, decidió ir a las reuniones para distraerse, además Ginny termino convenciendola ya que ambas habían sido invitadas. Desde entonces no se ha perdido ninguna reunión, no es que fueran las cenas más divertidas a las que ha asistido pero el profesor Slughorn siempre tenía una manera de decir algo realmente interesante. Para Hermione quien no se crió en el mundo mágico, siempre tendrá la natural curiosidad de saber más y más.
–Hermione, ¿ya viste la manera con la que te mira Cormac McLaggen? –le dijo Ginny una vez durante una reunión.
La castaña dirigió su mirada hacia el susodicho, efectivamente su mirada penetrante hizo que se ruborizara y fingiera atención a su postre. Cormac es un chico de su misma casa, había competido en las pruebas para ser guardián junto con Ron y él hubiera sido seleccionado si Hermione no hubiese hecho trampa.
–Te mira como si tu fueras el postre –le dijo Ginny con picardía.
–¡Ginny! –exclamó Hermione avergonzada porque alguien pudiera escucharla.
La pelirroja se rio pero vio que su mejor amiga no estaba tan divertida. Cambió su expresión más seria y se armó de valor para decirle algo que tenía guardado desde el partido de quidditch.
–Hermione, últimamente te he visto triste o muy distraída y no necesito que me digas por qué pero si me preocupas –comenzó a decir Ginny, la castaña sintió un nudo en la garganta al recordar a Draco.– Mi hermano puede ser un idiota, ¿sabes? Estoy segura que se va a hartar de Lavender… mientras, tu podrías buscar a alguien más.
–Alguien más… –repitió Hermione ignorando la parte de Ron.
–Si, alguien que te quiera en verdad, le importes y te brinde felicidad –dijo Ginny con un dejo de melancolía en su voz.
Hermione miró a su mejor amiga con tristeza, lo dice perfectamente por su experiencia con Harry. Le agradeció el consejo pero no se siente preparada para alguien más… Desde ese día en el que Draco le enseñó su marca tenebrosa, no le ha dejado de dar vueltas al asunto. No se le podía ocurrir si él tenía otras posibilidades, o si en estos momentos él estará haciendo algo malo bajo las ordenes de Voldemort, o hasta qué punto él seria capaz de hacer algo tan horrendo como asesinar o torturar. También estaba la peor parte: si él había pensado utilizarla para llegar a Harry… Desafortunadamente no se le ocurría nada más que pensar en él, porque lo extraña todos los días y tiene más razones para estar con él que alejarse. ¿Eso la convierte en traidora?
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el profesor Slughorn anunció que haría una fiesta de navidad, podrían llevar invitados y asistirían igual amigos cercanos de él. Todo el mundo se emocionó excepto Hermione. Sin embargo, después de la cena, Ginny misteriosamente desapareció por lo que Cormac aprovechó la oportunidad para acercarse a Hermione.
Al principio la castaña lo miró con desconfianza, nunca había cruzado más palabras de las necesarias con él, pero se sorprendió al descubrir que tenían ciertas cosas en común. En varias ocasiones la hizo reír, algo que no se ha dado tanto lujo en los últimos días. Caminaron juntos hasta la torre de Gryffindor y se despidieron en las escaleras que dividen el dormitorio de chicos y chicas. Hermione se durmió ese día sin sentirse desdichada, por primera vez en días, durmió bien.
La noticia de la fiesta de navidad se dispersó como pólvora al día siguiente, todos querían que alguno de los miembros los invitase por lo que se volvió rápidamente el evento más importante después del baile de navidad del torneo de los tres magos. Sin embargo, no fue hasta cinco días después que sorpresivamente Hermione recibió la invitación de Cormac, aunque se lo dijo muy indirectamente ella captó a la perfección pero no dijo nada. No va a negar que últimamente le gusta platicar con él pero nada más.
Esa tarde Harry la acompaño a la biblioteca. Se sentía culpable de estar en medio de sus dos mejores amigos, ya que él seguía creyendo que Hermione estaba celosa. Mientras se encontraban sentados en la mesa favorita de la castaña, salió el tema de los filtros amorosos de los sortilegios Weasley.
–Qué bueno que dijiste eso, tienes que tener cuidado –dijo Hermione de repente.– Escuché a unas chicas que planean darte a beber el filtro para ver si invitabas a una de ellas a la fiesta de navidad de Slughorn.
Hermione al principio no tenía pensado ir, pero Ginny le comenzaba a insistirle que fuera, al menos si van ella y Harry lo pensaría mejor.
–¿Y por qué no les quitaste los filtros? –preguntó Harry entre sorprendido y halagado.
–Porque no lo tenían allí en ese momento, sólo hablaban de ellos en el baño –respondió Hermione.
–¿Cómo pueden meter filtros amorosos en el castillo? ¿No revisan lo que recibimos? –preguntó Harry de pronto demasiado pensativo para un tema tan irrelevante.
–Vamos Harry, Filch no encontraría la diferencia entre una poción y un perfume.
Los ojos de Harry se agrandaron de sorpresa.
–¡Ahí está la respuesta! –exclamó Harry y antes de continuar se calló dandose cuenta que está en la biblioteca.– Si un filtro amoroso pudo engañar a Filch, tal vez Malfoy también lo hizo y así pudo meter el collar al colegio para luego darselo a Katie en Hogsmeade.
Hermione palideció ligeramente, en ningún momento había analizado el ataque de Katie Bell, había evitado pensar en ello y ahora Harry lo saca nuevamente a relucir.
–Digo, si esas chicas introducen cosas en el colegio haciendolas pasar por lo que no son, ¿por qué no habrá podido hacer lo mismo Malfoy?
Hermione se sentía mareada, recuerda el día del ataque a Katie, Draco la había citado y lucía tan asustado… No había duda que él fue el culpable de ello pero ¿por qué lo hizo? ¿con qué fin? Harry no imaginaba lo acertado que está sobre Malfoy y ella simplemente nunca le creyó.
–¿Hermione, estás bien? –preguntó Harry confundido.
–Si, lo siento pero estaba recordando lo que pasó ese día –contestó Hermione tratando de recuperarse.– Por favor no empieces otra con eso…
–Contestame, ¿por qué? –repuso Harry molesto.
–Mira, los sensores de ocultamente detectan embrujos, maldiciones y encantamientos de camuflaje. Se utilizan especialmente para encontrar magia oscura y objetos tenebrosos –comenzó a explicar a su mejor amigo.– Así una poderosa maldición como la de ese collar la habrían descubierto en segundos, sin embargo, no registran una cosa que alguien haya metido en otra botella. Además, los filtros amorosos no son tenebrosos ni peligrosos de…
Hermione no pudo terminar la frase porque se escuchó claramente que algo paso por las estanterías cerca de ellos, como si alguien hubiera estando escuchando. Harry también lo escuchó y se puso alerta, desde que habían llegado tenía la impresión de que alguien los observaba pero no le prestó atención. Últimamente lo observaban mucho o hablaban a sus espaldas. Esperaron unos segundos, después el rostro de la señora Pince apareció por una esquina.
–Ya es hora de cerrar –anunció y sin esperar respuesta se fue.
Draco Malfoy tenía una mezcla de emociones. Había ido a la biblioteca con la esperanza de verla aunque sea unos momentos pero en cuanto la vio con Potter sentada, tuvo el impulso de escucharlos. Por ello camino sigilosamente por las estanterías cerca de ellos. Cuando escuchó las sospechas de Potter hacia él, creyó palidecer totalmente y por un momento pensó que Hermione le había contado, sin embargo conforme la conversación avanzaba se dio cuenta que no fue así. Potter sólo tenía la sospecha pero nada más y la castaña se encargaba de desmentirlas, ¿por qué? Tuvo un ligero sentimiento de esperanza, al menos está seguro de que su secreto está a salvo con ella pero eso no le asegura nada de que lo perdonará.
Se prometió a si mismo darle su espacio, ya habían pasado algunas semanas y ella no daba indicios de nada. Cada vez se sentía más perdido y frustrado sin Hermione, durante todo este tiempo pudo confirmar sus sentimientos sobre ella pero se sentía mortalmente miserable. Pero esa mañana, mientras caminaba hacia su primera clase, se cruzó con unas niñas de cuarto de Gryffindor platicando sobre la perfecta Hermione Granger siendo vista muy junto a McLaggen. Después de eso tuvo la urgencia de verla y comprobar si aquello era cierto.
El reloj marcaba las 12 de la noche cuando Draco Malfoy llegó a su recamara en las mazmorras de Slytherin. Se dejó caer a la cama totalmente cansado. Hasta ahora descubrió dos cosas de la conversación de Hermione y Potter: Cormac no figura en el mapa y ya tiene una próxima idea para su misión. La castaña misma le dio la idea mientras trataba de desmentirle a Harry el hecho de que él no pudo haber sido el causante del ataque a Katie Bell. Mañana se pondría directamente a trabajar en eso.
Draco se sumergió en un profundo sueño sin saber lo equivocado que estaba respecto a McLaggen y Hermione.
Un día antes de la fiesta, Cormac McLaggen acorraló a Hermione afuera del aula de Transformaciones. En los últimos tres días Cormac había dejado de ser el lindo chico que Hermione vio alguna vez, en realidad se volvió muy molesto, se la pasaba buscando cualquier pretexto para acompañarla a donde sea y ahora con los adornos de navidad por todo el castillo, parecía que sabía exactamente donde se encontraba cada muérdago porque casualmente siempre terminaban pasando por uno aunque Hermione había encontrado la forma de huir de ello.
–Hola, Hermione –saludó Cormac con una sonrisa de lado tratando de sonar seductor.
–Hola –saludó la castaña totalmente incomoda, la tenía acorralada contra la pared.
–Escucha, sé que nos empezamos a llevar desde hace poco pero he notado que de verdad eres muy bonita –comenzó a decir invadiendo el espacio personal de Hermione.– Así que, la fiesta de Slughorn es mañana y me preguntaba si te gustaría ir conmigo.
La castaña sinceramente había pensado ir con él, pero dado su comportamiento pensaba que no sería la mejor idea. Preferiría ir sola o en último momento quedarse a leer un buen libro en la sala común de Gryffindor.
–Tengo clase ahorita, luego nos vemos –contestó Hermione nerviosa y se escabulló debajo del brazo de Cormac para huir rápidamente.
–Luego te busco nena –exclamó Cormac atrás de ella antes de que doblara la esquina.
"Ese hombre no se da por vencido" pensó Hermione aún nerviosa. Además, ¿desde cuándo podía decirle nena? Definitivamente no iría con él, hablaría con Harry esperando que él aún no tenga con quien ir. Durante el día, evito a toda costa encontrarse con McLaggen, mañana le diría que no y así dejaría de molestarla. Se enfocó en sus clases siendo la alumna de siempre en cada una de ellas, y trataba de ser mejor en las que compartía con los slytherin para evitar voltear hacia Draco aunque bueno… él muchas veces no apartaba la vista de ella.
Ya en la cena, Hermione y Ginny llegaron juntas al gran comedor, minutos después Harry y Ron se sentaron con ellas. Pero no tuvieron ni cinco minutos de tranquilidad cuando una voz interrumpió su cena:
–¡Ro-Ro! –Lavender Brown exclamó al tiempo que corría hacia Ron, empujó a Harry quien estaba al lado de su mejor amigo y se sentó con ellos. Pero claro, enseguida se dedicó a besarlo como si no hubiera mañana.
Harry y Ginny rápidamente buscaron distraer a Hermione pero ella actuó con indiferencia. Quería cenar lo más rápido posible antes de que llegará Cormac e intentará invitarla otra vez.
–Harry, escuché gritar a Peeves que vas a ir con Lunatica a la fiesta de Slughorn –comentó Lavender con burla enfocandose en su cena en lugar de comerse al pelirrojo.
–No le digas así –respondió Harry enojado por la manera en que Lavender llamó a Luna, pero enseguida lanzó una mirada a Ginny.– Bueno al parecer ya no se puede mantener un secreto aquí.
–¿Entonces, irás con Luna? preguntó Ginny interesada.– Me alegra, ha de estar emocionada.
Sin embargo Hermione notó algo raro en las palabras de la pelirroja, quizás fue en la manera tan repentina de Harry de defender a Luna o porque ella más que nadie quisiera ir con Harry. De todas maneras, después de eso, la pelirroja se levantó en busca de Dean. La castaña le lanzo una mirada rápida a su mejor amigo… ambos son tan obvios.
–Y tú, Hermione, ¿vas a ir o te quedarás encerrada a leer otra vez? –preguntó Lavender con intención, al parecer le encantaba recordarle a Hermione lo sola que está.
Ron se puso colorado y quiso decirle a Lavender que no le hablará así a su mejor amigo pero la castaña habló primero.
–Iré con Cormac McLaggen –respondió al tiempo que enterraba con fuerza su tenedor en el bistec.
Harry y Ron estaban sorprendidos, al igual que Lavender lucía más sorprendida aún como si no pudiera creer que Hermione pudiera tener una cita.
–¿Con McLaggen? –preguntó atónito Harry.
–El mismo, me lo pidió hace días –contestó Hermione con una sonrisa falsa.
De pronto, alzó su vista como de costumbre hacia la mesa de slytherin. Draco parecía demasiado abstraído pero Pansy Parkinson prácticamente está encima de él, tratando de llamar su atención. Hermione aún no tiene muy claro qué sentir o pensar respecto a Draco pero eso le provocó un vacio en el pecho al mismo tiempo que coraje.
–De hecho, debo verlo ahora mismo –dijo Hermione al tiempo que se levantaba ofendida y se iba del gran comedor.
Apenas salió del lugar cuando justamente, la persona que quería buscar nuevamente la acorralo, estaban casi en el umbral del comedor. Cormac lucía realmente guapo y la forma en que sonrió a la castaña podría derretir a cualquiera, lamentablemente Hermione sólo tenía un pensamiento en la cabeza: Draco.
–Mañana es la fiesta, así que es la última vez que te pregunto, ¿quieres ir conmigo? –preguntó Cormac entre nervioso y ansioso.
–Esta bien, iré contigo –contestó Hermione con una sonrisa.
Cormac esbozó una gran sonrisa, desde las primeras reuniones de Slughorn deseaba pasar verdadero tiempo con Hermione y sabiendo que Weasley tiene novia, nada podría impedirle estar con ella.
–No te arrepentirás –contestó él con una sonrisa realmente seductora.– Nos vemos mañana a las 8.
Hermione creía que eso sería todo, por eso no pudo reaccionar cuando Cormac se inclinó hacia ella y le dio un rápido beso en los labios. Cuando pudo reaccionar, el gryffindor ya había entrado al gran comedor y volteó inconscientemente a la mesa de slytherin. Draco Malfoy la miraba atónito, no había duda que lo vio todo.
El rostro de Draco pasó de sorpresa a enojo para luego odio, esa mirada era peor que cuando la llamó alguna vez sangre sucia. Hermione vio como él volteaba hacia Pansy y le pasaba el brazo sobre los hombros, acercandola hacia él y susurrarle algo al oído.
Hermione se fue rápidamente de ahí, lejos de Draco y de todos los demás. Caminaba lo más rápido que sus piernas podían, tratando de contener el llanto que amenazaba con salir…
Hola :)
La situación entre Draco y Hermione no es muy buena, menos ahora con la intromisión de Cormac. El próximo capitulo será sobre la fiesta de Slughorn.
Espero les haya gustado el capitulo.
Haganme feliz enviandome un review.
Besos!
