El juego de Eva (Fifty shades of Ezeva)
Disclaimer: Total Drama Island y sus personajes son propiedad de sus creadores. Yo escribo por diversión y sin animo de lucro.
Resumen: Eva tuvo una conversación que hizo que se plantease cosas. Ahora está dispuesta a vencer su miedo al sexo con la ayuda de sus amigos y a vivir sus primeras experiencias.
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#10 No tengas miedo
Eva jamás leyó este consejo porque se lo saltó accidentalmente. Si lo hubiese leído no hubiese tenido tantos problemas.
"Querida Eva tengo que ser franco contigo. A veces sentirás miedo y puede que hasta vergüenza, tal vez hasta creas que has cometido un error. No es así, es tu miedo intentando dominarte y tú no debes dejar que lo haga. -N"
Lo que ocurrió fue que cuando la lengua de su novio hizo que tocase el cielo a causa del placer la chica entró en pánico y se apartó de su compañero para buscar su ropa, la cual se puso rápidamente.
—¿Qué te pasa Eva, eh? —preguntó al verla recogiendo sus cosas como si tuviese mucha prisa.
—No es nada —mintió ella—. Es que se me ha hecho tarde, estoy castigada y si tardo mucho mi madre me mata...
—Vale, es que me habías asustado, eh —dijo él con una tímida sonrisa mientras terminaba de vestirse.
La acompañó a la puerta de la casa y la abrazó.
—Te quiero Eva, eh.
—Yo... yo también te quiero —contestó ella con un toque de inseguridad en su voz. Ezekiel lo notó y se sintió muy mal.
—Mañana nos vemos, eh.
—Sí, adiós —y salió.
—Les diré a mis padres lo que han dicho los tuyos, eh.
—Ah, vale.
Y se fue. No hubo beso de despedida. Cuando Ezekiel cerró la puerta rompió a llorar. ¿Qué había hecho mal?
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Mientras y no muy lejos de allí Tyler se encontraba entre los brazos de Alejandro bajo un árbol en una zona casi secreta del parque.
—Esto está mal, Alejandro —dijo el deportista fracasado con las mejillas sonrosadas. Estaba muy excitado.
—No pienses en eso ahora mi príncipe —contestó el apuesto chico español.
—Será mejor que lo dejemos —dijo el castaño separándose del otro. Alejandro le sonrió y se acercó a él de forma seductora.
—¿Por qué con tu boca dices 'no' pero con tu mirada dices 'ven'?
—Alejandro, no te acerques —le advirtió el otro no queriendo caer de nuevo. El español hizo caso omiso.
—Veo la pasión en tu mirada, Tyler mío. Puedo sentir tu cuerpo suplicando que lo toque —Tyler estaba tan hipnotizado por las palabras y por los hermosos ojos del otro que no había advertido que el hermoso chico que intentaba seducirle -otra vez- ya estaba lo suficientemente cerca como para rodear su cintura, cosa que notó cuando volvió a verse entre sus brazos—. Siento como el deseo crece en ti...
—Pe-pero Lindsay...
—Con esa mujer tú no te retuerces de placer, no suplicas por más Tyler y yo sé que no puedes escapar de mi amor. Me llamas, me pones en celo y sé que tú sientes lo mismo. Así que olvida a esa rubia y deja que te la meta hasta el fondo. Dilo Tyler.
—¿Qu-qué tengo que decir?
—Dí esto: Alejandro, follame.
—¡No voy a decir eso!
—¿Quieres que te folle, Ty? —el otro asintió—. Entonces dímelo.
—Alejandro... follame.
—¿Qué más?
—Alejandro follame por favor —Tyler ya no podía aguantar más, aún así Alejandro no se compadeció de él tan fácilmente.
—Muy mal, mi príncipe.
—Alejandro te suplico que me folles. Me pondré de rodillas si tú quieres —suplicó con los ojos llorosos por la desesperación. El español sonrió con malicia.
—Eso lo podrás hacer en mi casa, Tyler.
El camino a casa del español se les hizo corto. El sexo que fue desenfrenado y apasionado. Antes de dormirse en los brazos de su amante Tyler pensó en Lindsay y se sintió muy mal por haberle sido infiel.
Otra vez.
Hacía mucho que se había enamorado de Alejandro, pero dejar a Lindsay, la idea de dejar a Lindsay, le destrozaba. La rubia era buena y cariñosa, había sido su primera vez y en cierto modo aún la quería pero... pero no tanto como a Alejandro. Con Lindsay había vivido un amor dulce y tierno, de descubrimiento emocional y sexual, pero con el otro vivía un amor plagado de romanticismo, fuerte, erótico, irresistible, imbatible. Eso no era fácil de ignorar.
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Sadie y Katie lloraban en silencio en la cama de la segunda. A la hora del patio Katie le había confesado a Sadie que creía que estaba embarazada, así que la gordita le echó valor al asunto y acompañó a su amiga al médico para asegurarse. Había tomado su mano en lugar de Noah, el cual no había querido acompañarlas. Sadie tuvo que consolar a su amiga al entrar ya que la pobre y asustada chica se había sentido abandonada por su novio y además podía estar encinta, y al salir también. Katie estaba embarazada, ella y Noah iban a tener un bebé.
—¿Tú crees que Noah va a dejarme? —preguntó la chica delgada.
—Es-espero que no.
—Eso es un sí —dijo la otra decepcionada.
—No, no es eso es que... —se limpió las lágrimas—, es que me ha dado mal rollo que no haya querido venir.
—Ya... igual es que ya no me quiere —dijo Katie muy triste.
—No quiero sonar dura pero que Noah te quiera o no no es lo más importante ahora mismo —contestó Sadie con una seriedad impropia de ella.
—¿Cómo que no? Él es el padre.
—Pero si no se va a comportar como un hombre entonces será mejor que no cuentes con él.
Katie quería replicar, sin embargo no pudo.
—Tie-tienes razón...
Sadie tomó la mano de su amiga y la miró a los ojos.
—¿Quieres tenerlo, Katie?
La chica miró a su amiga con sorpresa por tan repentina pregunta.
—Yo no puedo abortar, Sadie —le aclaró.
—No me refiero a eso, me refiero a si quieres tener al bebé y criarlo tú.
Katie lo meditó unos instantes. Tener un bebé y criarlo tan joven iba a ser muy difícil, pero no podía olvidar lo especial que había sido escuchar los latidos de su bebé. Su bebé. En ese momento fue consciente de que en su interior una nueva vida estaba empezando. No pudo evitar fantasear con la idea de una niñita parecida a ella correteando y llamándola mamá, eso la hizo sonreír.
—¿Katie?
—¿Sabes Sadie?
—Dime.
—Es mi bebé, no podría renunciar a él tan fácilmente porque me rompería el corazón. ¿Te imaginas que es una niña? —dijo con una sonrisa. La amiga sonrió también.
—¡Sería preciosa!
—Y le podríamos poner vestiditos —continuó Katie.
—¡Y hacerle trencitas!
—¡Y pintar su habitación de rosa!
—Pero una cosa... ¿qué les vas a decir a tus padres?
—Pues la verdad es que no sé cómo les voy a contar que estoy embarazada sin que me maten —admitió Katie—. De todos modos me gustaría ver por dónde sale Noah.
—¿Por?
—Pues porque no es lo mismo ser una madre joven que cuenta con el apoyo de su novio que una madre joven a la cual su novio ha abandonado...
—¿Y le vas a decir a Noah que estás embarazada?
—Bueno —el ceño de Katie se frunció—, el caso es que él es el que no ha querido venir. Debería llamarme él y preguntarme si es que le interesa o le importa —Sadie le devolvió una mirada de sorpresa—. ¿Qué?
—Pues que igual si no se lo cuentas estás poniendo en riesgo tú misma la relación.
—Sadie... ya viste cómo me habló en la piscina y además, ¿por qué no está aquí?
—Tú crees que no te quiere.
—Yo creo que sigue enamorado de Cody —confesó Katie.
—¡¿Qué?!
—Creo que yo sólo soy la sustituta de Cody, Sadie. Creo que Noah sólo está conmigo porque yo le iba detrás descaradamente.
—Pase lo que pase a mi siempre me tendrás —dijo su amiga.
—Gracias.
Se fundieron en un abrazo que ambas necesitaban.
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Ezekiel se extrañó cuando alguien llamó a la puerta. Sus padres no podían ser porque, además de tener llaves, acababa de hablar con ellos por teléfono y aún estaban muy lejos de allí. La otra posibilidad era Eva, pero después de la forma tan extraña y apresurada en la que se había marchado dudaba que hubiese vuelto. Sus dudas se resolvieron cuando abrió la puerta y se encontró con alguien a quién no esperaba ni por casualidad ver allí: Gwen.
—Hola Zeke —le saludó ella con una ligera sonrisa.
—Hola Gwen, eh.
—¿Puedo entrar? —preguntó educadamente.
—Sí claro, eh —respondió haciéndose a un lado. La chica entró—. ¿Habíamos quedado o algo?
—No, no he venido por eso.
—¿Entonces? —preguntó el chico extrañado.
—Bueno... —la gótica pensó rápido ya que necesitaba una escusa creíble. Al final se le ocurrió algo y fue lo que le dijo a Ezekiel—. Es que he pensado que hace mucho que nos conocemos y que deberíamos ser amigos. Eres un tío guay, Zeke —dijo dándole un golpe amistoso en el brazo.
—¿Lo soy, eh?
—¡Pues claro! ¿Qué dices? ¿Somos amigos? —preguntó la gótica.
Al atolondrado Ezekiel no se le pasó por la cabeza que Gwen pudiese tener otras intenciones más allá de crear una amistad entre ambos. En lugar de eso sonrió y asintió.
—¡Claro, eh!
—¡Pues vamos al parque! —exclamó la gótica visiblemente feliz.
—¿Para que, eh?
—Yo qué sé, pues para hacer algo divertido —dijo la otra.
—Pues esperame aquí que me ponga ropa para salir.
Ezekiel pensó que salir a dar una vuelta con su amiga le ayudaría a superar el mal trago que había pasado con Eva. Mientras, Gwen pensaba en lo mono, inocente y fácil de convencer que era el chico.
Era perfecto para ella. Por fin iba a ser feliz con alguien.
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Cuando Eva salió de casa de Ezekiel no volvió a su casa como le había dicho al chico que haría sino que deambuló sin rumbo por la zona de los conservatorios de música y danza. Sentía vergüenza y hasta deseo de no volver a ver a su chico nunca más, cosa que no entendía. Al final se hizo un ovillo en un rincón esperando que sus problemas se esfumasen, pero no ocurrió. Cuando se levantó dispuesta a irse una voz la llamó.
—¡Eva! —cuando se giró vio a Heather corriendo hasta ella.
—Hola Heather.
—¿Qué haces por aquí? —su pelo recogido, su bolsa de deporte y las zapatillas de ballet que sobresalían de la misma le indicaron a Eva que la otra acababa de salir del conservatorio de danza.
—Sólo estaba dando un paseo.
—Y has llorado por lo que veo —observó la asiática.
—¿Y a ti qué te importa?
—¿Qué te ha pasado, Eva? Si puedo ayudarte lo haré.
—Como si tú fueses a ayudarme desinteresadamente —contestó frunciendo el ceño. La bailarina sonrió.
—Qué bien me conoces. No, yo no hago nada sin recibir algo a cambio. ¿Qué te parece si yo te ayudo con tu problema y tú me ayudas con un asuntillo que tengo entre manos?
—¿A quién tengo que partirle la cara? —preguntó de forma ruda. La otra sonrió maliciosamente.
—A nadie de momento. A ver, ¿Qué te pasa?
—Es algo demasiado personal como para comentarlo en la calle.
—¿Vamos a mi casa? No está muy lejos —sugirió la asiática.
Eva lo meditó unos instantes y finalmente aceptó la propuesta de la otra.
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No sabía muy bien por qué lo había hecho pero después de negarse a acompañar a Katie había ido corriendo a buscar a Cody, su ex. Ahora estaba sentado en la cama del geek mirándole.
—Tranquilo, Sierra no vendrá. Le he dicho que mi madre iba a hacerme limpiar el sótano —aseguró el de ojos azules.
—Es bueno saber que tu novia loca no va a venir —contestó el chico sarcástico. Cody bufó molesto.
—Seguro que no has venido a hablar de Sierra, ¿Me equivoco?
—No, no venía a hablar de tu ex-acosadora, gracias —dijo con algo de rabia en su voz.
—Mira... no es que esté orgulloso de la forma en que todo ocurrió y si pudiese volver atrás- —y ahí cortó lo que iba a decir porque sabía que si decía esas palabras iba a tener problemas. Noah sin embargo no se quiso conformar sólo con la mitad de la frase.
—¿Si pudieses volver atrás qué? —insistió.
—Si pudiese volver atrás nada.
—¡Dímelo Cody! ¿Si pudieses volver atrás qué?
—No te lo diré —dijo negando con la cabeza. Noah fue hacia él y le zarandeó.
—¡Dímelo!
—¡Me haces daño!
—¡Entonces dímelo! —Exigió Noah sin soltarle. Cody le dio un empujón y lo apartó de sí.
—¡¿Por qué ibas a querer saberlo?! —dijo el de ojos azules enfadado—. Tú estás con Katie.
—¡Y tú con Sierra! —replicó el otro.
—¡Eso es muy diferente!
—¡¿Por qué es diferente?!
—Porque... —con sus ojos azules y algo temeroso miró los oscuros y profundos ojos de Noah para confesar la verdad. Su verdad. Una verdad que había guardado en su corazón y que ya no podía callar por más tiempo—. Porque yo sigo enamorado de ti, Noah...
—Cody...
—Me cansé de Sierra a los dos días y quería volver contigo pero-pero no tuve valor. Tú después te pusiste a salir con Katie y yo... y yo me moría de celos y sólo salgo con Sierra porque no te tengo a ti y-y tú ahora seguro que me odias —se tapó la cara con las manos y lloró. Pronto sintió unos brazos abrazándole y miró al otro a los ojos.
—Yo también sigo enamorado de ti.
Y se besaron. Cody tomó el control y empujó a Noah hasta la cama, el chico sarcástico cayó con el otro encima pero eso no les hizo interrumpir su beso. El sarcástico recibió al otro entre sus piernas mientras se quitaban la ropa y se cubrían el cuerpo de besos.
—¡Cody! —gimió Noah cuando el otro empezó a mordisquear sus pezones.
—No sabes cuánto he deseado esto Noah —contestó el geek acariciando el cuerpo de su compañero—. Eres muy sexy.
—Y tú también —sus labios volvieron a unirse en un beso obsceno y lujurioso. Cuando se separaron un hilo de saliva unía sus bocas.
—Quiero hacerlo contigo —pidió Cody con los ojos brillándole de la emoción.
—Yo también quiero —admitió el otro chico.
Cody rebuscó en el cajón de su mesilla y sacó un par de condones y un lubricante con base de agua (n/a: los de base de aceite deterioran el látex).
—¿Quieres estar arriba? A mi me da igual —dijo el de ojos azules.
—Vale —dijo Noah—. ¿Podemos hacerlo de lado, no? Así te dolerá menos.
—Como tú quieras, pero antes... —le señaló el bote de lubricante.
—Sí tranquilo.
Por si Noah no estaba ya lo suficientemente excitado la visión de Cody a cuatro patas ofreciéndole el trasero para que se lo lubricase ya le puso a mil. La excitación de ambos creció cuando Noah introdujo lentamente sus dedos en el ano del otro chico y masajeó la zona. Al sarcástico le maravilló lo estrecho que era el otro.
—Pareces virgen —comentó.
—¡Noah!
Cuando pudo hacer entrar y salir tres dedos del ano de su compañero sin problema se puso un preservativo y colocó a Cody sobre el colchón de lado. El de ojos azules no tardó en sentir al otro abrazándolo y penetrándolo desde atrás.
—¡Oh sí, oh sí, oh sí!
—¡Ah! Eres tan estrecho.
Los movimientos fueron lentos al principio. Esa postura les permitía besarse con un poco de dificultad pero les dejaba y les permitía tocarse. Cody se sentía cómodo porque el dolor era casi inexistente. Más tarde el ritmo incrementó y ambos gritaron, gimieron y gozaron como locos.
Era lo que Noah necesitaba, disfrutar y olvidar.
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—Bueno Eva, tú dirás.
Ambas jóvenes estaban en la habitación de Heather sentadas en un diván que había por allí.
—Es-estoy saliendo con Ezekiel —dijo Eva.
—Felicidades, ya lo sabía —contestó la asiática aburrida mientras se limaba las uñas.
—¿Cómo te has enterado? —quiso saber la deportista.
—Las buenas noticias vuelan supongo. Vé al grano.
—Bueno... es que no puedo hacerlo con él —admitió la deportista.
—Te comprendo, yo no le tocaría ni con un palo —dijo con una sonrisa cruel.
—Qué idiota. Me refiero a que me muero de vergüenza y me siento culpable cuando lo intento.
—Vale, eso ya es distinto —respondió una pensativa Heather—. ¿Tú tienes claro que quieres hacerlo?
—Sí es sólo que... ¿A ti nunca te ha dado miedo que después ya no te quieran? —preguntó la chica mirando a la otra a los ojos con una expresión de preocupación. Heather, sin embargo, no estaba dispuesta ni a discutir dilemas emocionales ni a irse por las ramas.
—Mira Eva es que tienes que pensar en ti. Follatelo y si después él pasa de ti que te quiten lo bailao.
—Es más serio que eso, Heather —replicó Eva.
—Vale —contestó la asiática—. Para empezar si él quiere contigo es que tu cuerpo le gusta. Yo no sé si te quiere o no así que no te lo puedo decir, lo que sí te puedo asegurar es que no se intentaría acostar contigo si tu cuerpo no le gustase. Tienes miedo y eso te paraliza, nada más. Haz algo con esa autoestima tan baja o te va a ir muy mal en la vida. Fíjate en Beth, es fea como un culo de cabra y se folla a Justin, ¿Por qué? Porque tiene mucha autoestima y mucha mucha suerte, para qué nos vamos a engañar.
—Me has contestado muy rápido pero creo que tienes razón. Gracias supongo —contestó la deportista pensando aún en la respuesta que le habían dado (e ignorando el comentario referente a Beth). Ahí estaba la clave, tenía que trabajar en su autoestima para que en la intimidad las cosas fuesen bien.
—Diría que no se merecen pero mentiría como una bellaca —dijo la asiática jugando con su hermoso pelo negro—. Recuerda que esto no es un favor, esto son negocios y quiero algo a cambio.
—¿De qué se trata?
Heather se levantó y se dirigió a la ventana. Una vez allí se apoyó en el marco y miró por la misma.
—El lunes de la semana que viene y no antes le dirás a Harold que tengo un problema en biología y que necesito su ayuda. Le dirás que me da vergüenza pedírselo yo misma.
—¿Cómo pretendes que se trague que a ti te da vergüenza hacer algo, lista? —contestó la deportista frunciendo el ceño.
—Pues porque él -al igual que todos- sabe que soy fabulosa y que no aceptaría tener ningún fallo, y mucho menos admitirlo —explicó Heather.
—Sí eso tiene sentido. Otras dos dudas: ¿qué vas a hacer cuando descubra que no tienes problemas en biología y qué quieres de Harold?
Heather se giró mosqueada.
—¿Te he preguntado yo en qué postura piensas follarte a Ezekiel acaso?
—No, no lo has hecho.
—Vale, entonces lo que yo quiera de Harold a ti no te incumbe.
—Cierto. ¿No irás a matar al nerd, verdad?
—No, matarle no entra dentro de mis planes.
—Entonces trato hecho.
Heather sonrió con una mezcla entre maldad y felicidad.
—Es un placer hacer negocios contigo, Eva.
Continuará...
XOXO
He actualizado rápido chavales XDDD ale, a responder reviews:
Devin: Me alegro de que te guste :)
kena86: No temas por Eva ;) gracias por tu review!
KovatePrivalski97: Noah no está muy IC ahora mismo no? XDDD gracias por tu review :D
OFIXD
