Tour
El sol se encontraba en lo alto, iluminando Naboo. Lydia seguía a Anakin quien se dirigía hacia una pequeña cabaña aislada que se encontraba en la isla. Al llegar la Princesa miró la hermosa estructura y no pudo reprimir la sonrisa que se asomó en sus labios.
—Naboo es verdaderamente hermoso — dijo examinando con detenimiento el lugar sin borrar la sonrisa de su rostro. — Y muy colorido — añadió.
Anakin quien se encontraba de pie a su lado se mantuvo en silencio con la mirada fija en la maravillada Princesa. —Conozco un lugar mejor y más colorido al cual me gustaría llevarte
Lydia volteó a mirar a Anakin quien se encontraba sonriendo, al verlo de aquella manera la sonrisa de la Princesa se amplió aún más si eso era posible. Sin borrar la sonrisa de sus labios el Jedi le guiñó un ojo y dio media vuelta para que la Princesa lo siguiera por un sendero que conducía a un campo lleno de flores de diferentes colores.
Lydia quien se encontraba maravillada, caminaba lentamente por el césped respirando el aroma que emanaba de las flores. —Me gusta — cerró los ojos mientras arrastraba delicadamente sus dedos a través de los suaves pétalos. —El sentimiento de ser libre
—Me gustaría sentir la libertad que se siente aquí al volver a Coruscant — confesó Anakin bajando la mirada. —No puedes hacer las cosas que te gustan, es como si los momentos como este estuvieran encerrados en mi memoria
Lydia frunció el ceño con la mirada fija en Anakin antes de hundirse en el pasto, sentándose sobre sus pies. Agarró el brazo de su acompañante haciendo que él también se hundiera en el pasto junto a ella.
La Princesa miraba al Jedi, con intensidad, de manera casi seductiva. Ambos estuvieron sosteniéndose la mirada por lo que parecieron horas, hasta que Lydia decidió romper el silencio.
—Cierra los ojos — sin dudarlo ni un segundo Anakin lo hizo, y Lydia sonrió. —Toma una respiración profunda. — hizo una pausa observando como hacía lo que le pedía —Siente el aroma del aire fresco y las flores, y cómo este se filtra a través de tus pulmones
Anakin inhaló profundamente por segunda vez disfrutando de la esencia que llevaba la suave brisa que había en aquel campo. Definitivamente no estaba acostumbrado a estar rodeado de algo floral y con tanta paz, si que lo estaba disfrutando.
—Escucha el cantar de los pájaros — dijo Lydia dejándose llevar también por aquella sensación de relajo.
El suave piar de un pequeño pajarito al pasar cerca de ellos hizo a Anakin reír débilmente.
Lydia sonrió con la mirada fija en él, admirándolo a los suaves rayos del sol, que hacían destacar aún más su belleza natural.
—¿Desearías que fuera así siempre? — preguntó la Princesa interrumpiendo nuevamente el silencio que se había hecho entre ambos.
—Me gustaría que a los Jedi se les permitiera disfrutar de ciertas cosas y situaciones de la vida — respondió aún con los ojos cerrados. —No siendo egoístas, pero deberíamos tener nuestro propio tiempo. No tener que preocuparnos de políticos, ejércitos, guerras, nada, aunque sea por un momento
Lydia frunció el ceño en el momento en que Anakin abrió los ojos encontrándose con su mirada fija en él. El Jedi hizo un ademán para hablar, pero en vez de decir algo miró directamente a los labios de su acompañante. —Y amar a quienes queramos amar — habló sin quitar su mirada de los labios de la Princesa.
En signo de nerviosismo la Princesa jugueteó con una flor entre sus dedos, y cuando juntó el valor necesario miró a Anakin. —Debe ser difícil — susurró. —Vivir de esa forma
—Algunas cosas son insoportables — Anakin suspiró. —Quizás algún día la orden caiga en manos de otra persona
Anakin miró hacia la hermosa chica que se dejó caer completamente sobre las flores que estaban al rededor de ella. —¿Qué hay de ti?
—¿Qué hay de mi? — ella preguntó.
Anakin sonrió. —¿Qué se siente ser una Princesa?
Lydia suspiró. —Es algo totalmente diferente a esto
—Estoy seguro
Lydia rodó los ojos ante el tono sarcástico que Anakin empleó. —Tienes que poner tus deberes ante todo. Tienes que estar seguro de que tu gente esté sana y a salvo, de lo contrario te reclamarán — explicó. —Y tienes que hacer que tu alianza sea profesional
—¿La mayoría de las mujeres no disfrutaría del trato que recibes? — Anakin preguntó. —La ropa, las sirvientas
—Me gusta hacer las cosas por mi misma — hizo una pausa. —Siempre odié tener sirvientes. Es flojo, y egoísta
—No podría estar más de acuerdo — habló Anakin. —Quizás es por eso que me gustas mucho — Aunque esas palabras solo se escaparon de su boca, él no se arrepentía de haberlas dicho.
Lydia sonrió tímidamente y bajó la mirada a las flores.
—Eres especial — dijo Lydia en un débil murmullo. — Quizás por eso me gustas
Anakin se echó a reír y apartó la vista, haciendo a Lydia sonreír ampliamente. Sus ojos azules se iluminaron con el sol, y Lydia se encontró admirándolos una vez más.
La Princesa se encontraba en su habitación, peinando con delicadeza su suave cabello cuando escuchó un pitido proveniente de R2D2 que se encontraba en la habitación contigua. Lydia salió de su alcoba arrastrando con elegancia su vestido de noche hecho de seda. Su cabello largo caía por su espalda naturalmente moviéndose al compás de su caminar al entrar en la habitación principal.
Cuando Anakin la vio, no pudo evitar escanear su apariencia con detenimiento. Él la miró mientras que ella dejaba su sable de luz junto con su cinturón sobre una mesa de mármol junto a la ventana. Él aclaró su garganta silenciosamente sentándose en el sofá sin despegar la mirada de la figura de la Princesa pero sin notar que esta se estaba dirigiendo a su habitación.
—Buenas noches Anakin — Lydia lo sacó de sus pensamientos y él parpadeó para notar que la Princesa se disponía a ir a dormir.
Es ahora. Él pensó, pero no hizo ni dijo nada más que un buenas noches entre susurros.
