Capitulo 12: La explicación del abuelo: el origen de la familia Houshi
En el futuro una pareja esperaba alrededor de un anciano a que este les brindara una explicación respecto al monje que había oficiado la ceremonia y su hermana, la cual por cierto le estaba dando tales coscorrones que recordaban perfectamente a Sango cuando un conocido monje colocaba sus manos en donde no debía.
-Se salva este muchacho de que ella no tenga un Hiraitkotsu, sino seguramente ya estaría este en su cabeza, tal como hace Sango con Miroku-dijo InuYasha con una sonrisa en su cara.
Mientras el abuelo miraba a la pareja de hermanos, viendo una escena que también había sido muy familiar para él desde que era niño.
-Bien busquemos un lugar mas tranquilo donde conversar y les explicare de donde conozco a esos hermanos y por supuesto a sus padres.
Sentados cómodamente en la sala de estar el abuelo empezó su historia.
-Como sabes Kagome, nuestra familia a regentado este templo desde hace muchas generaciones, antes de que la ciudad creciera tanto y se convirtiera en la capital del país nos acompañaba otra familia, en la cual su hijo mayor siempre debía ser un monje y las mujeres eran sumamente inteligentes y fuertes, pero con el tiempo a pesar de no perder la relación que les unía decidieron buscar un lugar más cómodo para vivir, yéndose cerca de las montañas.
Cuando yo era pequeño mi padre me llevó de visita a donde sus viejos amigos, era necesario que mantuviera la relación existente entre el templo y la familia Houshi, que como verán significa monje.
Esto por cuanto en la época de las guerras civiles, donde ustedes viajan constantemente, sólo los grandes señores y los samurais tenían un apellido, cosa que es común hoy día, pero para diferenciarse de los demás, por la lucha que habían tenido contra un gran enemigo, esta familia optó por tomar como apellido lo que era su primer antepasado registrado en esta zona.
Supongo que InuYasha no recuerda el apellido de la familia de su madre, pues ella al ser princesa sí debía de tener uno que la identificara como perteneciente a una importante familia, pero como ella murió cuando él era muy pequeño es posible que no lo recuerde y por eso el apellido lo darás tú, hija.
Bien, continuemos la historia de la familia Houshi, ellos llevaban una serie de registros sobre los sucesos del templo, qué había sucedido con los descendientes de la primera sacerdotisa que tuvo el templo del sol, dedicado a la Shikon no Tama, la cual despareció sin que se indicara claramente que sucedió con ella. Era una especie de complemento de todo lo que está guardado en los archivos de la bodega, esos que ustedes estuvieron revisando, encontrando la historia de sus aventuras en el Sengoku Jidai, es cierto que eran un poco complicados en sus explicaciones, pues aunque yo los había leído con anterioridad, y los revise después de la primera visita de InuYasha para llevarte de vuelta al pasado, habían cosas que no coincidían , como el hecho de que nunca nos contaste que el se volvía humano en el periodo de la luna nueva.
En ocasiones pensaba que te habías equivocado de hanyou, pues el no se veía muy decidido a elegirte a ti como su pareja, parecía que algo lo ataba a otro lado, pero no encontré nada en los pergaminos de aquí así que hace aproximadamente un año empecé a viajar a donde los Houshi, buscando información en sus registros.
-Por eso a veces no estabas cuando venía, abuelo- le dijo Kagome sonriendo-
-Sí, y le había explicado a tu madre que no te contara nada, además algunas veces me lleve a Souta para que conociera a la familia descendiente del monje y la exterminadora, que como ven heredó en su rama masculina ciertas costumbres no muy adecuadas, pues que yo recuerde el padre y el abuelo del joven monje que oficio la ceremonia tenían la mal costumbre de andar molestando a las jóvenes bellas y colocando sus manos en ciertos lugares no muy correctos, como han visto ustedes con el joven, así que normalmente sus hermanas son las responsables de evitar esos vergonzosos actos o en todo caso castigarles por semejantes tonterías.
-¿Y por qué nunca me hablaste de esa familia, eh, abuelo? –Le reclamó Kagome- Se suponía que yo era quién sería la encargada del templo.
-Hija, recuerdas que nunca tomabas en serio las historias que yo trataba de contarte sobre el pasado y el templo –dijo el anciano mirándola fijamente- Sé que mis conjuros y pergaminos no funcionan como debieran, pero de la historia del templo sí estaba bien enterado.
-O sea, que usted sabía que Kagome debía viajar a través del pozo, entonces ¿por qué trató de sellarlo cuando ella volvió la primera vez?- dijo un poco molesto InuYasha- Si los pergaminos hubieran funcionado yo no hubiera podido venir por ella y todo se habría arruinado.
-Ya dije que mis pergaminos casi nunca funcionan, gracias a Kami cuando la máscara come carne sí lo hicieron- dijo dando un suspiro.- Y gracias al gran Kami-sama que no funcionaron cuando tú viniste.
Kagome e InuYasha se miraron sonriéndose en complicidad. El abuelo se las habría visto bien mal si esos dichosos pergaminos hubiesen funcionado ya que de seguro todos hubieran desaparecido sin dejar rastro.
-Bien, continuó- dijo después de un nuevo suspiro, al ver la cara de ambos muchachos. –Gracias a esos otros documentos pude comprender más claramente la historia, pero a pesar de que estaba más seguro de que tú eras el hanyou correcto, y del hecho que no dejabas a mi nieta estar más de dos días en este tiempo pues volvías pronto a buscarla, aún cuando ya únicamente tenían un fragmento de la perla. Hablando de la perla, antes de que tuvieran ese último fragmento que mantuvieron en su poder hasta derrotar a Naraku y recuperar el resto de la joya, ya esta no era necesaria para que Kagome pudiera pasar por el pozo, pues si bien he comprendido lo que lograba eso era el vínculo que existía entre ustedes dos, aún y cuando ninguno de los dos se atrevía a definirlo como lo que era realmente: AMOR.
En esos documentos sí hablaban de la otra sacerdotisa…la que te sello cincuenta años antes de que ella te despertará, y luego quiso llevarte al infierno, pero… -y se quedó pensativo.
-¿Qué sucede con Kikyou, abuelo?- preguntó Kagome nerviosamente.
-No puedo decirte realmente lo que sucedió o sucederá con ella, puesto que no les puedo dar muchos detalles de lo que será su futuro, pues de hacerlo corremos el peligro de que por evitar algún acontecimiento, cambien algo en la historia.- les explicó- Sólo les prevengo de que tengan cuidado con ella.
-¿Acaso…va a lograr llevarme… con ella…al infierno? –le preguntó InuYasha con cierto miedo.
-No…no, muchacho no te preocupes por eso- le dijo tranquilizándolo- eso nunca va a pasar.
-Feh, me asusté por un momento –dijo el hanyou.-Creí que lograría alejarme de ti- continúo mientras miraba a Kagome con una sonrisa.
-Oye, abuelo- dijo Kagome, mientras miraba amorosamente al hanyou que la tomaba de la mano, ante aquella expresión suya- nos presentaras al monje y su hermana, ¿Cierto?
Nos gustaría verificar que tanto se parecen a nuestros amigos del pasado, aunque ya sabemos que el tiene la tendencia de Miroku, pero sería agradable conocer a unos descendieres suyos.
-Claro, hija- dijo el anciano levantándose y dirigiéndose a la puerta- esperen e iré a buscarlos.
Aproximadamente diez minutos después regresó seguido de aquellos dos jóvenes que habían llamado tanto la atención de Kagome e InuYasha.
-Aquí estamos -dijo dirigiéndose a la pareja que al verlos llegar se había puesto de pie.
Les presento a Sounma y Sorata Houshi, los encargados de llevar los registros históricos del Templo del Sol.- Ambas parejas realizaron una solemne reverencia.- Ellos son mi nieta Kagome y su esposo InuYasha.
Este último casi no responde el saludo ya todavía no estaba consiente del parentesco que lo relacionaba con Kagome, pero a un pequeño tirón de la muchacha contestó muy cortésmente.
El joven monje Sorata se acercó amablemente a Kagome y tomándole las manos se dirigió a ella tal y como lo hiciera el Miroku cuando lo conocieron.
-Es una lástima que haya conocido a tan bella joven el día de su matrimonio, el estimado señor Higurashi ha sido un ingrato al no habérnosla presentado algunos años antes.-dijo con una voz sumamente dulce.
Kagome no supo que responder, ya que lo que había hecho era volver a mirar la reacción que iba a tener InuYasha ante semejante halago del monje, pero no fue necesario que este hiciera nada ya que la hermana del mismo entró rápidamente en acción para tranquilizarlo.
-Por Kami, hermano. Acabas de realizar la boda de los jóvenes y te atreves a decir semejante cosa ante el esposo de la señora Kagome. ¡No te de vergüenza!- dijo Sounma halándole una oreja a su hermano.- Discúlpenlo por favor, es que no sabe controlar esos impulsos. Los hombres de mi familia siempre nos han hecho pasar vergüenzas por su pervertido comportamiento.
Ciertamente no sólo en eso se parecía este joven a su antepasado, ya que tenía igualmente los cabellos y ojos igual al monje, así como su hermana poseía los hermosos ojos castaños de Sango, sólo que su cabello era un poco más claro que el de la exterminadora.
-Es en serio –dijo al ver que los jóvenes que tenía al frente no acertaban a contestar nada ante su disculpa- Es un problema de familia, al parecer el ancestro que dio origen a nuestra familia era un monje, muy sabio, con un gran poder espiritual pero con el defecto de andar pidiéndole a las jovencitas que tuvieran un hijo con él, y poniendo sus manos en lugares poco convenientes, lo que provocaba que su esposa le golpeara por sus descarados y pervertidos actos.
InuYasha y Kagome no pudieron evitar soltar a reír al escuchar aquella clara descripción de sus amigos del pasado, definitivamente eran hechos imposibles de negar, y que al parecer Miroku, aún después de casado no dejó sus malas costumbres.
-¿Sucede algo malo con mi historia? –preguntó Sounma al verlos reir.
-No discúlpanos, es que haz hecho la descripción exacta de unos amigos nuestros-dijo Kagome, pero no continúo pues tanto ella como la joven con la que conversaba se percataron de que el Monje Sorata miraba fijamente el collar que colgaba del cuello de InuYasha, murmurando frases sueltas con voz baja.
-Ese collar… El cabello blanco plata… ¡Será posible que no fuera una simple historia!- decía mirando fijamente a InuYasha.
El hanyou lo miraba con cara de asustado, se había percatado de que el monje se había quedado mirándolo fijamente hablando consigo mismo mientras analizaba su collar y su cabellera, volviendo de un momento a otro a mirar a Kagome.
-Cabellera negra ondulada, ojos color chocolate…sonrisa bondadosa que alegra su cara…sacerdotisa.- se quedó pensativo unos momentos mientras InuYasha y Kagome se tomaban nerviosamente de la mano.
-¿Qué sucede, Sorata? –Preguntó su hermana al verlo así -¿Por qué te fijas tan atentamente en ellos?
-Vaya, parece que ya lo descubrió- dijo tranquilamente el abuelo- Sorata siempre ha sido muy observador y conoce muy bien los pergaminos históricos, pero no pensé que los relacionara tan rápidamente.
Todos volvieron a mirar al monje con curiosidad, dos de ellos pensando sí en verdad aquel descendiente de Miroku y Sango había descubierto quiénes eran ellos realmente; un medio demonio del pasado y la sacerdotisa que lo despertó y lucho a su lado.
-Son ellos, hermana, son ellos-decía mientras miraba a su hermana, la cual lo miraba con la sorpresa pintada en su cara, señalando hacia Kagome e InuYasha. -¡Ellos son los que cruzaban el pozo! ¡Los compañeros de nuestros padres!
-¡Tú estas loco! –Le dijo la muchacha- Nuestra madre, Arashi, y nuestro padre Onamu, se encuentran en casa y en ella no hay ningún pozo… ¡Pozo!- repitió mirando a Kagome e InuYasha que miraban al abuelo buscando una salida a esa extraña y difícil situación.
El abuelo Higurashi estaba tranquilo, como si hubiera esperado esa reacción del monje y su hermana.
-Cuando llegue a solicitarles a los Houshi que me permitieran revisar los documentos que ellos guardaban, los que se referían a las historias del Sengoku y posteriores a este, se extrañaron. ¿Para qué iba a querer leer historias que se referían al folklore y la mitología japonesa? Nada de esas cosas podían ser ciertas o haber pasado o simplemente eran una exageración de sus antepasados. –Explico sonriendo- Eso sí cumplían al pie el ordenamiento que tenían de estudiarlos y aprendérselos como parte de la historia de su familia. En ese momento no me preocupé por explicarles que todo era cierto, simplemente les dije que quería que Souta aprendiera la historia que rodeaba el templo completa, no solamente lo que se encontraba en nuestros archivos.
-Entonces, ¿por qué los trajiste aquí, sí conocían la historia y al parecer podían identificarnos? –le preguntó Kagome.
- Eso no parece muy lógico, no le parece señor Higurashi- le dijo InuYasha mientras notaba como lo observaba Sounma, dirigiendo su mirada una vez a él y otra a Kagome.
-Entonces, todo eso era cierto- dijo la joven murmurando, mientras se dejaba caer en un sillón mirándolos con cara de incrédula.
Su hermano había permanecido callado, mirando a la molesta, incómoda y azorada pareja, que no entendía como el abuelo había realizado ese plan para que la otra familia creyera la historia de su pasado y de paso casarlos a ellos.
-Es mejor que todos tomemos asiento – les dijo el abuelo- Así cada quién realizara las preguntas que quieran y prometo contestarlas.- sonriendo volvió a ver a su nieta y a InuYasha.-Bueno, algunas las contestaran ellos.
-¿Por qué trajiste a este monje y a su hermana a celebrar la boda?- le dijo entre dientes Kagome- Acaso sólo para que creyeran todas las historias.
-Tú misma lo haz dicho, hijita- contestó el abuelo. –No se me ocurrió mejor forma de hacerlo. Pero de todas formas la ceremonia quedó muy hermosa y ustedes ya están casados pudiendo nosotros, que no podemos viajar al Sengoku, verlo.
En ese momento el monje y su hermana parecieron salir del estado de estupefacción en la que se encontraban, y mirando sus caras se notaba que tenían miles de preguntas en su cerebro que dirigirles a esas dos personas que ellos creían invención de las historias de sus antepasados.
El monje saliendo de sus pensamientos acertó a realizar una pregunta, aquella que más le llamaba la atención.
-¿Pueden entonces decirnos si todo, absolutamente todo, lo que contaban las historias que nos hacían leer nuestros padres y abuelos, era cierto?
-Exactamente ¿a qué todo se refiere?, Monje Sorata- le preguntó Kagome.
-Pues a la kazaana que tenía nuestro antepasado el monje Miroku, quién se llegó a casar con él era una exterminadora, que tenía un mononoke de nombre Kirara, que viajaban con un kitsune, a veces con un demonio pulga, la historia de la Shikon no Tama, sus viajes a través del tiempo, del demonio Naraku, y que su esposo es un medio demonio, descendiente de un Inuyoukai y que… -iba diciendo pero algo lo frenó a continuar con sus interrogantes.
InuYasha lentamente se había ido quitando el pañuelo que cubría sus orejas, dejando así a Sorata y Sounma sin posibilidad de continuar con sus dudas, pues aquella era la más clara explicación de que todo aquello que ellos creían una simple historia era real.
-Como ven soy un hanyou, o sea descendiente de un youkai y una humana, y sí todo lo que haz dicho es cierto, incluso el que Miroku es un pervertido, que en estos momentos espera junto con Sango, para celebrar su boda en el Sengoku Jidai.
-De acuerdo, yo al menos les creo todo- dijo Sounma, mirando a su hermano, se sonrió antes de continuar- podrían decirle a nuestro antepasado que cambie un poco después de casado, ya que es un martirio andar vigilando a los hombres de su descendencia por sus costumbres poco ortodoxas, que respete más a su esposa.
-Bueno sí Sango se entera de que esas costumbres las heredaran sus hijos posiblemente mate a Miroku con un par de golpes de su Hiraitkotsu, que es el arma que ella utiliza – le dijo Kagome.
-Tienes razón, además Sango cuando se enoja da verdadero miedo, y eso lo digo por experiencia propia –continuo InuYasha- Parece que expide fuego y su mirada lanza rayos de la furia que maneja, así que a Miroku nunca le va muy bien. Últimamente ha estado muy bien portado.
-Creo que es mejor que te vuelvas a poner el pañuelo en tu cabeza, si aparece el chico al que le inventé que no te lo podías quitar hasta cumplir 25 años se armará un buen problema, porque me parece que él estaba muy interesado en saber que había debajo de él, y si descubre tus orejas no creo que se trague que son un simple adorno- dijo Sorata sonriendo, mientras miraba hacia la puerta.
InuYasha levantó una mano y se la pasó por sus orejas (Tenerlas tantas horas bajo este pañuelo hace que me duelan un poco…Bien después le diré a Kagome que me haga un masaje en ellas para que se desentuman.)
-Feh… Sí, creo tienes razón- dijo mientras volvía a colocarse el pañuelo- Aunque es muy cansado tener las orejas debajo de este pañuelo o de las gorras que Kagome me hace usar cuando salgo con ella a la calle.
Terminando InuYasha de colocarse el pañuelo en su cabeza, se escucharon las risas de las amigas del colegio de Kagome, las cuales la andaban buscando, así que empujando la puerta ingresaron a la sala.
-¡Oh Kagome!- dijeron a coro- te tenemos un obsequio muy especial, pero vamos a tu habitación para dártelo.
Kagome volvió a mirar a InuYasha, sonriéndole se levantó para salir con sus amigas en dirección de su habitación.
-Espérame, aquí con Sorata y Sounma, voy a ver que es lo que traman este trío.
Se escucho como las cuatro muchachas subían a la segunda planta y entraban a la habitación de su amiga.
Después de un rato de silencio se escuchó un grito
-¿QUÉ?... ¿QUÉ QUIEREN QUE USE ESTO?... ¿PARA QUÉ?
Un susurro que sólo las orejas de cierto hanyou pudieron percibir
-Pero esto es…casi transparente…
Capítulo 13: La curiosidad mató al gato… ¿o al Perro?
InuYasha escucha los Consejos de Miroku para averiguar que es el regalo de las amigas de Kagome….pero…
