Summary: Los Volturi pondrán en predicamentos a la familia Black Cullen. ¿Qué tendrá que hacer Jake para proteger lo que más ama ahora que es humano? Secuela de Contigo en el alba.
Disclaimer: La mayoría de los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, aunque Jacob es mío… en muchos sentidos.
Contigo en el alba: Recuperando la eternidad
Capítulo XIII – Desaparecida.
Nessie
No hablé mucho de mi procedencia, ni de mi familia, pero sí le revelé mi naturaleza… hibrida.
—¿Una hibrida?
—Sí, eso soy.
—Hibrida —repitió—. ¿Naciste así? ¿Cómo rayos puede ser eso posible?
—Te explico —dije sarcásticamente—. Una mujer y un hombre están juntos y él le coloca la semillita a ella en su florecita y…
—Ja-ja-ja no juegues conmigo niñita. Sé perfectamente cómo se hacen los bebes. Me refiero a cómo era posible que nacieses hibrida. No he visto jamás a un hibrido, eres la primera que conozco.
—Será porque soy especial —dije bromeado.
—Eso no lo dudaría —dijo viéndome a los ojos.
Me estremecí ante su avellanada mirada y me abracé un poco. No sabía porque sus ojos me daban tantos escalofríos, pero así era, una mirada de Olivier me hacía sentir arder y helarme al mismo tiempo. Era una sensación nueva y completamente desconcertante.
—Entonces… supongo que el fils de la nuit era tu padre, ya que ellos no cambian físicamente y para tener un bebé el cuerpo debe cambiar así que la humana debió haber sido tu madre.
—Eres listo. Al parecer no eres sólo un saco de músculos.
Olivier sonrió de una manera impresionante y se sentó cruzándose de brazos. El colchón se hundió un poco.
—Así que crees que soy musculoso. ¿Te gustan los hombres así, mon amour?
Puse los ojos en blanco y me sonrojé. No podía contestarle que me gustaban los hombres así porque era obvio que él me estaba provocando. Pero sí, era así justo como me gustaban los hombres.
Sacudí la cabeza por mi erróneo pensamiento.
No, no era así como me gustaban los hombres… era así como me gustaba mi hombre. Mi esposo. Era así como me gustaba Jacob Black.
Sonreí apesadumbradamente y suspiré hondo y profundo. No podía sacarme a Jacob Black de la cabeza. Me aferraba a su recuerdo como bebé recién nacido a su madre. Al parecer no tenía cura. Probablemente sería cosa de la imprimación.
Me sonrojé por el coraje que me causaba ser tan estúpida al seguir aferrada recordando algo que me mataba y laceraba a cada momento.
Era una idiota.
—¿Mon amour?
—¿¡Qué quieres!
Olivier frunció el ceño y chaqueó la lengua.
—Para saber que soy completamente letal y que estas bajo mi custodia, me tratas muy mal.
—Es que no te tengo miedo.
—¿Ah no? —preguntó en tono ofendido y se puso de pie. Avanzó a paso lento—. Pues deberías.
Tomó mi mano derecha, la olió y después la lamió.
Millones de escalofríos me atacaron. Sólo quería correr y huir de esa extraña cueva. ¿Cómo podía ser tan atrevido? Quité la mano con brusquedad y lo abofeteé.
—Te lo advertí. Es de mala educación oler así a la gente y peor aún, llenarla de sus fluidos corporales.
Olivier tenía la mandíbula desencajada y la cabeza volteada, pero como si no fuera nada se la acomodó con la mano. La mejilla estaba colorada y se sobó con una de sus grandes manos.
—Eres la primera que dice que no quiere estar llena de mis fluidos corporales.
—¡Eres un cerdo! Me rehúso a quedarme un segundo más aquí contigo.
Me hice a un lado y caminé con la frente en alto a la entrada.
—Anda. Lárgate hybride, ve con tu hija y ponla en peligro.
Me quedé congelada a medio camino. Volteé a verlo con los ojos entrecerrados y mi corazón se detuvo por un momento. ¿Sabía de Sarabelle?
—¿Cómo sabes? ¿Cómo es que…? ¿Qué sabes?
—Así que sí es tu hija —confirmó pasa si mismo—. Lo supuse. Sus ojos y ese raro color de cabello, son iguales a los tuyos. ¿Ella también es mitad vampira?
Cerré los puños y respiré agitadamente. No le diría nada de mi hija, nada que la pusiera más en peligro de lo que ya lo había hecho.
—Eso no te concierne.
Olivier se carcajeó y volvió a dejarse caer sobre el colchón. Estaba perfectamente consciente de que no me iría. Su actitud despreocupada me lo demostraba.
—Ya sabía yo que las mujeres más hermosas siempre tienen dueño. Una hija. Me preguntó qué clase de hombre es el que pudo conquistar a tan mística criatura.
—¿Dueño? Ni que fuera un perro.
Volvió a carcajearse y se encogió de hombros.
— Excuse-moi mon amour, supongo que estoy acostumbrado a las bromas locales. Tú sabes… hombres en cuatro patas.
—Sí, lo sé.
Y sí que lo sabía. Recordar a la manada me robó un suspiro. Los chicos eran buenos, y a pesar de los últimos problemas con lo del balance y todas esas porquerías, los quería mucho. De repente, la cueva se me figuró pequeña. Quería regresar a casa y a pesar de la soledad y el saber que Jacob no estaría ahí para mí… añoraba poder estar allí. El enorme bosque, el aire frio golpeando mi rostro, el olor a naturaleza impregnándose en mi piel. ¿Por qué había considerado buena idea huir de donde era más feliz?
—Te he dicho todo lo que podía decirte, Olivier. Creo que merezco que ahora tú me hables honestamente y me digas porqué estoy aquí y porque correría peligro si me voy.
—Fácil —dijo ahora poniéndose de pie— porque Pierre te mataría.
Era la segunda vez que escuchaba ese nombre. Apreté los puños y entrecerré los ojos en modo de confrontación.
—¿Quién es el tal Pierre?
Ahora fue él el que se removió incomodo.
—No creo que debamos hablar de él.
—¿Por qué no? Tú me hiciste contarte cosas que no quería.
—Y de todas formas no me dijiste mucho.
—Pero algo es algo. Te toca a ti.
Su semblante estaba pensativo, parecía que se estaba debatiendo internamente si contarme o no, o más bien se estaba debatiendo "que o no" contarme.
Suspiró.
—Supongo que tienes derecho a saberlo ahora que tu vida peligra.
Me removí incomoda mientras él se acercaba una silla y se sentaba con las piernas abiertas y recargándose con los brazos en el respaldo de la misma.
—Te escucho.
—Pierre es el líder Alpha.
—O sea es el Alpha de tu manada.
—Más bien, es el Alpha de todas las manadas. Díganoslo así, es el Alpha de los Alphas. Es el loup-garou más antiguo que existe actualmente, vivo claro está. Pierre Grenier, fue creado por el mismísimo Jean Grenier, el primer hombre lobo. De hecho de ahí adoptó el apellido.
Mi cabeza empezó a dar vueltas. Olivier me estaba hablando de otra raza que yo no conocía, estos no eran como mis lobos de La Push. Estos eran seres oscuros con otro pasado y otras intenciones. Me reí cuando me di cuenta de que había pensado en los metaformos de la reserva como "míos".
—Es muy confuso lo que me cuentas.
—Para tu raza supongo que lo es. Aunque los malditos Volturi conocen mucho de nosotros.
Mi corazón bombeó impaciente.
—¿Los Volturi?
—Sí. Tenemos guerra cazada con esos bastardos. Se creen los dueños del mundo.
—De eso no me cabe duda.
Recordaba muy poco de mi encuentro con esos vampiros de mirada escarlata, mas por miedo y por conveniencia de olvidar que por otra cosa. Sabía perfectamente de lo que podían ser capaces.
—En estos momentos estamos en una guerra sin precedentes.
—¿Están en guerra con los Volturi?
—Sí.
Traté de poner mi cabeza clara y despejada pero me quedaban demasiadas incógnitas en el aire y no estaba entendiendo ni una pizca de lo que decía.
—Pero ¿los Volturi no tienen ventaja sobre ustedes? Es que según yo, ustedes son hijos de la luna, se transforman cuando la luna llena toca su punto más alto en el cielo.
—Solía ser así… lo cual me recuerda. ¿Tu ponzoña es como la de un fils de la nuit regular?
—¿Qué tiene que ver mi ponzoña en esto?
—Todo. Por tu ponzoña es por lo que estuviste a punto de morir. Bueno… eso aparte de la rivalidad nata que debe de haber entre nosotros. Aunque debo confesarte que no me causas ningún tipo de repulsión, sino lo contrario.
—Me estás confundiendo.
Olivier se carcajeó otro poco y se encogió de hombros.
—Supongo que todo esto es confuso por sí solo.
Bastante confuso diría yo. ¿Qué demonios tenía que ver la ponzoña que por cierto no poseía? ¿Cómo podía peligrar mi vida por algo que ni siquiera tengo?
—Háblame de eso de la ponzoña.
—Te lo diré en dos palabras: Mercado negro.
—¿Mercado negro?
—Creo que ya he hablado demasiado —dijo poniéndose de pie.
—Pero no entiendo y no me has dicho nada en concreto.
—Estamos en las misma mon amour, tú tampoco me has dicho nada en concreto.
—Tengo que irme.
—¿Me vas a dejar aquí sola?
—¿Qué? ¿Tienes miedo y quieres que me quede a tu lado? Yo gustoso haría que olvidara tus penas.
Me sonrojé y le enseñé los dientes.
—¡Olvídalo! Además ¿qué te hace pensar que tengo penas?
Olivier alzó una ceja y me vio con cara de: "hay por favor, a quién engañas"
—Quizás el hecho de que fueras sola y de noche a la torre Eiffel cuando se supone que estaá casada. Discúlpame mon amour pero si yo hubiera sido tu esposo no te hubiera dejado ir a solas. De hecho creo que no te hubiera dejado ir a ningún lado. Te hubiera dejado encerrada en nuestra habitación de hotel y te hubiera desvestido para faire l'amour. Para hacerte mía.
Mis ojos se llenaron de lágrimas y volví a abochornarme. Si Jacob me hubiera acompañado de viaje, es exactamente lo que hubiéramos hecho. Encerrarnos para hacer el amor toda la noche.
El nudo en la garganta no me dejo contestar.
—Además —agregó—, que vi tu cara en la tarde cuando paseabas por las calles. Estabas tan… no sé ni cómo decirlo. Tu mirada estaba completamente ida y tu semblante estaba tan abatido. Es obvio que estás llena de penas y que "tu esposo" —dijo haciendo entrecomillas con los dedos— y tú, se han separado.
—No puedes analizarme —solté colérica y con lágrimas desbordándose de mis parpados.
—Sí que puedo. Una vez fui psicólogo, así que, de que puedo psicoanalizarte… puedo. De que no deba es otra cosa. ¿Él te dejó, verdad?
Le di la espalda y dejé que las lágrimas bañaran mi rostro. No quería dar a reflejar mucho de mí, pero este tipo con unas cuantas palabras ya había averiguado algunas de las cosas más importantes de mi vida.
—Hey —dijo casi en mi oído y tocó mi hombro —no te dejes caer. Si no está contigo es porque no te merece. Cualquier hombre que haga llorar a una mujer es un canalla que no merece que ésta lo ame así.
Volteé furiosa y encontré su escrutadora mirada.
—Tú no sabes. Él tenía derecho de mandarme a la… —mi mirada decayó— No puedes juzgarlo. No lo conoces. Tú no entiendes nuestra situación. Fue mi culpa, yo lo alejé de mi lado.
—Merde —susurró— odio que las mujeres se culpen de todo.
Dicho eso tomó mi brazo y me recargó a su pecho desnudo. Iba a retirarme pero las piernas no me respondieron. Sus brazos me apretaron con fuerza mientras sus dedos se enredaban en mi cabello.
—Llora lo que tengas que llorar, Ren. Lo mereces. Estás en una situación muy difícil.
No me lo tuvo que repetir. Me solté llorando inconsolablemente, como si lo que acababa de decir hubiera sido un detonador. Era la primera vez que lloraba en brazos de un hombre que no fuera mi padre o Jacob, pensar en ello me hizo sentir peor pero a la vez lo sentí como un bálsamo.
Hombres lobo, París, Volturis, Pierre, la ponzoña... Olivier.
No entendía en realidad la magnitud del problema en el que me había metido sólo por curiosear. Pero me sentía culpablemente mejor llorando en su pecho. Como si alguien imparcial me estuviese escuchando y no fuese a decirme: asesina o a culparme. No es que alguien me lo hubiese dicho, pero todas las demás personas eran seres queridos y era lógico que no me dirían algo que pudiera hacerme sentir mal. Olivier no tenía nada que ver con Jacob o conmigo. Él era punto aparte.
Olivier me separó de su pecho y me guió al colchón. No me opuse, no tenía nada de ganas. Me dejé caer y cerré los ojos.
No me di cuenta en qué momento me quedé inconsciente.
Jacob
—¿Cómo que Nessie está desaparecida?
No quise sonar muy bruco, pero no pude evitarlo. Las palabras salieron como acido de mi boca y mi mirada estaba completamente fuera de foco.
—Sí —afirmó Tay—eso fue lo que me dijo Tía Huilen. Dice que tiene dos noches que no ha regresado al cuarto de hotel.
¿Qué diablos tenía que ver Huilen aquí? El aire salió de mis pulmones y me sentí morir. Eso era mi culpa, Nessie se había largado a esa maldita ciudad huyendo de mí.
Empecé a caminar en círculos con la mandíbula tiesa y las manos metidas dentro del pantalón. Tenía que ser una broma, no podía ser cierto.
—¿Papá? Hazme caso
Regresé la atención a Taylor que se miraba igual de abatido que yo. Parecía que me había estado diciendo algo y no le estaba escuchando.
—Lo siento. No estoy en mis cinco sentidos todavía.
—No eres el único.
—Dime, ¿qué más te dijo Huilen? ¿Y Sarabelle?
—Sarabelle está bien, aunque preocupada por mamá. Y no es para menos—agregó ansioso—, me dijo tantas cosas que de verdad no entendí. Dijo que cuando llegaras la llamaras para ponerte al tanto.
Golpeé con el puño cerrado la mesa que estaba delante de mí y maldije en silencio.
—Pásame el teléfono. Necesito saber que sucede.
—Seguro.
Taylor corrió por el aparato, tecleó algunos números y después me lo pasó.
Lo tomé con las manos sudorosas y traté de respirar. El aire se rehusaba a volver por completo a mis pulmones.
Timbró unas seis veces antes de que me contestaran.
—¿Jacob? —preguntaron inmediatamente del otro lado de la línea. Era Huilen.
—Sí. Dime qué demonios pasa. ¿Dónde está Nessie?
—Sí lo supiera créeme que serías la última persona con la que estaría hablando.
—No estoy para bromitas —dije entre dientes—¿Qué demonios pasó?
—Nessie se sentía muy mal. Quiso estar sola y me pidió que me quedara un momento con Sarabelle.
—A ver, primero respóndeme. ¿Qué demonios haces ahí?
—Estoy buscando a Joham, el papá de Nahuel. Estoy aquí como un favor a él, y se dio la casualidad de que me encontré con Ren y Sarabelle. No te voy a echar mentiras Jacob. Las cosas en París y en varios países de Europa están muy mal para nosotros, vampiros y lobos.
Mi cerebro quiso desconectarse de las demás partes de mi cuerpo, pero tuve que controlarme. Necesitaba entender la situación para poder actuar.
—¿Por qué?
—Hay una especie de guerra entre los lobos y los vampiros. Una bastante fuerte que está arrastrando a todo cuanto se cruce en su camino. La torre Eiffel es un nido de lobos y le prohibí a Ren ir a ese sitio. De hecho le dije que tenía que regresarse lo más pronto posible a América. Ella me había dicho que sí, pero esa noche estaba demasiado triste… tú sabes por qué.
—Sí —dije gruñendo. Lo sabía perfecto. No necesitaba que me lo recordara.
—Y pues quiso estar sola. Pensé que sólo caminaría por los alrededores. Pero no regresó.
—¿Por qué no llamaste esa misma noche?
—Porque Ren no es una niña y pensé que quizás aún necesitaba estar a solas. Pero ya que volvió a oscurecer y que no apareció fue cuando me preocupé. No es normal en ella hacer eso sin avisar. Tuve que dejar a momentos a sola a Sarabelle para ir a rastrear a Ren.
—¿Cómo se te ocurre dejar sola a Sarabelle? ¡Es sólo una niña!
—Tranquilo. No le pasó nada. Está perfectamente bien. Mejor preocúpate por lo que descubrí.
—¿Qué descubriste? —pregunté rápidamente.
—Su olor llegó a la torre Eiffel y se perdió de la nada. No quiero ser fatalista, pero creo que podría estar muerta.
De repente dejé de escucharla. Imaginé una escena aterradora con Nessie y un puñado de lobos rodeándola, mordiéndola, destazándola…
Solté un grito y Huilen exclamó sorpresa desde la otra línea. Guardó silencio por un momento.
—Eso es en lo peor de los casos. Averigüé más cosas. Los Volturis andan por los alrededores, puede que ellos la hubiesen encontrado y se la hubiesen llevado a Volterra. Yo… no sé qué pensar. Sólo sé que su rastro se esfumó y alguien con poder para hacer algo así son ellos.
Volví a maldecir y pateé la silla más cercana que había por mi camino.
—Gracias por la información. Sea lo que sea lo averiguaremos. Iremos París.
—De acuerdo, aquí estaré. Espera un momento —dijo. Se escuchó claramente que se alejó el auricular y hablaba con alguien en voz baja— Jacob, tu hija se despertó. Quiere hablar contigo.
—Pásamela —dije con voz ronca.
—¿Papito?
—Princesa. ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes?
—Te extraño y también a mamá. Ella me dijo que cuando se volviera a ir me iba a llevar con ella. Me echó mentiras papito. Estoy aquí solita.
Mi corazón se contrajo. Levanté la vista nublada y vi a Tay parado delante de mí. Mi hijo estaba llorando y temblando. Estaba controlándose todo lo que podía. Tapé el auricular.
—Salte Tay. Te hace falta, ya que te controles regresas a hablar conmigo.
Asintió a prisa y salió corriendo por la puerta de la sala.
—Sarybelly —dije regresando a la llamada—. No estarás más tiempo sola. Déjame arreglo unas cosas aquí y muy pronto me veras allá. Hazle caso a Huilen en todo lo que te diga y no te metas en problemas. ¿De acuerdo?
—De acuerdo —dijo en un puchero.
Le lancé un beso y le colgué. En cuanto supe que nadie más me escuchaba volví a gritar y a maldecir. Las cosas no hacían más que ir de mal en peor. Necesitaba hablar con Bella y contarle lo sucedido y buscar ayuda a todos los conocidos. Era probable que yo sólo estorbara, pero era mí familia la que estaba en juego y me correspondía a mí ir a salvarla.
Y claro que lo haría.
Hola *0* Las cosas se están poniendo color de hormiga. Son tantas cosas las que están pasando que espero no agobiarlas con mucha información. Pero tengan por seguro que se los iré explicando. Sólo les diré algo… nos estamos acercando al prefacio XD Millones de besos mordelones.
Kokoro
