N/A: Este capítulo, no lo sé, siempre pensé que el tío Rick debería haber escrito algo así - ¿cuál es su obsesión con dejar momentos cruciales sin escribir? Como sea, es un pre-slash, más o menos triste, más o menos feliz. Yep.

Disclaimer: Rick Riordan, dueño de todo lo relacionado con Percy Jackson.


Capítulo trece


Las palabras son poderosas.

Las palabras son inocentes, neutrales, precisas, la representación de una situación, una forma concreta de saber el significado de algo; una demostración de lo que vemos, oímos, sentimos; el retrato de lo que somos.

Eso era lo que más asustaba a Nico.

Solo eran dos palabras, una de ellas eran tan solo un verbo y la otra...un sustantivo. De todas formas, estaba aterrado.

Era simple pensarlo en su cabeza, acostumbrarse, aceptar la idea de que encontraba a los chicos atractivos en vez de a las chicas. Estaba bien, Will le había dicho, normal, la atracción física y el amor no son blanco y negro, y mucho menos para un semidiós. El rubio le había asegurado que era más que probable que el dios del Inframundo haya tenido conquistas tanto masculinas como femeninas, al igual que el resto de los dioses; excepto, Hestia, obviamente, y tal vez Afrodita.

El hijo de Hades no podía ni siquiera pensar en tocar el tema con su padre. Demonios, no quería ni pensar en la opinión de su padre; el italiano sabía que el dios de la muerte esperaba mucho de él.

Decirlo era totalmente diferente.

El sudor se acumulaba en las palmas de sus manos. Dedos rozando una y otra vez contra la tela de su pantalón, tanto así, que estaba seguro que la quemazón podría llegarle a borrar las huellas dactilares. Respira. Y él realmente trata, dioses, sí que lo hace, pero el constante golpeteo de los latidos del corazón contra su pecho es sofocante; y para su mala suerte, es todo lo que sus oídos parecen captar. Pum, pum,pum, pum…

Su garganta se siente seca, al igual que sus labios, y abre la boca una y otra vez como un pez fuera del agua, pero esas dos palabras no salen; su lengua se niega a moverse – maldita traidora.

"No estás listo para decirlo todavía, ¿no?"

La voz de Will es sorprendente mente suave, casi como un susurro. Una pequeña sonrisa adorna la comisura de sus labios, como un pequeño rayo de sol entrando por la ventana, tranquilizador y cálido, llenando el pecho del italiano con un calor que no sabía que le faltaba, pero que fue bien recibido de todas formas. Pero sus ojos, eso era lo mejor. No era solo el color, un azul claro y brillante como el cielo, sino más bien las emociones que transmitían.

Toda su vida, Nico ha estado rodeado de miradas. La sorpresa en los ojos de Percy al descubrir que era un hijo de los Tres Grandes; la última mirada de Bianca cuando lo contactó, sus ojos café igual de cálidos y comprensivos que al estar viva; las miradas de los campistas perforando su espalda, mientras susurran acerca del chico de ropa negra y actitud solitaria que habita en la cabaña número trece.

Will era diferente, en todo sentido. Porque cuando miraba directo a los ojos del rubio, no había sorpresa, indiferencia, o lástima – detestaba totalmente la última. En cambio, gritaban bienvenida, algo que no había sido ofrecido al hijo de Hades en tanto tiempo. Una genuina bienvenida.

"Está bien, Chico Muerte, algún día lo harás..confía en mí"

Bien.

Algún día.

Confiar

Nico asintió sin decir palabra.


El hijo de Hades ha estado evitando esa plática por tanto tiempo, que dejó esa sensación en el olvido. Pero cuando ve a Annabeth Chase caminando hacia él con un libro entre los brazos, el viento revoloteando entre sus rizos dorados, siente la necesidad de viajar entre las sombras y encerrarse en su cabaña – un paso en retroceso en su intento de ser sociable.

No lo hace. Porque de alguna forma, entre ambos hay una confrontación pendiente. "Eres lindo...pero no eres tipo" el italiano dejó caer la bomba enfrente de Percy y Annabeth sin siquiera esperar un comentario, y los ojos de la rubia brillaron con algo que Nico no pudo identificar, y giró sobre sus talones de todas formas, alejándose, ignorando la sensación de ser seguido por un par de ojos que estaba seguro que no eran verde mar.

No había forma de evadir una plática con la arquitecta oficial del Olimpo. Los hijos de Atenea eran calculadores y listos, con una simple mirada de esos ojos grises pueden resolver a su enemigo; ver sus puntos débiles y sus puntos fuertes, crear una estrategia para vencerlos en batalla en cuestión de segundos.

Pero esto no era una guerra.

Nico Di Angelo había superado a Percy Jackson.

Annabeth Chase llevaba saliendo con el hijo de Poseidón por mucho tiempo.

"Hey, eh, Nico, ¿puedo sentarme?"

"Sí, lo que sea" El italiano murmuró en respuesta.

Annabeth se acomodó a su gusto, y posó el libro sobre sus piernas. La mirada del rey de los fantasmas estaba enfocada hacia el frente, pero por mera curiosidad miró por el rabillo del ojo hacia el libro – era pequeño, de pasta verde, con letras manuscritas escritas en dorado que brillaban, haciendo que la dislexia de Nico le impida leerlo.

"Entonces….¿cómo estás?"

Nico arrugó el entrecejo. "Estoy bien,...gracias por preguntar"

Annabeth pareció entender su sorpresa, sus ojos grises tornándose levemente nublosos. Mordió su labio, y luego sonrió levemente. "Te ves..mejor. Will está haciendo un excelente trabajo, ya sabes, cuidando de ti"

Nico sentía emociones contradictorias acerca de ese comentario. Levemente feliz, porque sabía que al rubio le encantaba oír sobre el gran trabajo que había hecho durante los tres días que obligo al italiano a quedarse en la enfermería. Levemente irritado, porque implicaba que él no se había cuidado correctamente en el pasado, como si fuera un-

"No soy un bebé"

La rubia no saltó ante la frialdad de su tono. "Lo sé," dijo con voz suave. "pero de vez en cuando necesitamos ayuda. Está bien aceptar ayuda de otros" Bien, Nico ha escuchado tanto esa palabra últimamente.

La hija de Atenea se quedó en silencio por unos segundos, y posó una mano sobre el hombro del italiano.

El castaño se sentía incómodo. No le gustaba ser tocado, sobre todo por la frialdad de su piel, pero más que nada, no estaba acostumbrado a ninguno gesto amistoso y...reconfortarte por parte de Annabeth Chase.

Como siempre, la rubia entendió el mensaje; alejó su mano.

"Quería decirte que todos estamos aquí para ti. Will, Piper, Jason, Hazel-" El italiano sintió culpabilidad al escuchar el nombre de su hermana. No sabía nada de ella desde hace semanas, y ni siquiera se había tomado la molestia de contactarla por un mensaje Iris. Qué bien llevaba a cabo su papel de hermano. "Frank, Percy y yo, si incluso eso llegara a sorprenderte"

"Lo sé" Nico respondió mecánicamente.

Annabeth asintió, arrugando los labios en una línea delgada; no era la respuesta que ella esperaba. Sus ojos grises se enfocaron hacia el horizonte naranja, hasta que después de unos segundos rompió de nuevo el silencio. "...Sabes, aceptarte a ti mismo es un buen comienzo"

Era una simple frase, pero el rey de los fantasmas sabía a dónde se estaba dirigiendo la conversación.

"No quiero hablar de ello"

"Nico-"

"No, ¿está bien?" El hijo de Hades soltó un gruñido bastante alto, y la rubia se tensó como un cable por unos segundos. "Tú simplemente no lo entiendes" Era una forma cordial de decir la verdad - ¿qué sabía ella? Ni siquiera debería tratar de hablar de ello. Para los ojos de los demás, Annabeth Chase era perfecta en todo sentido. Y él.. el enojo era real y palpable en su cuerpo.

Algo cercano al dolor brilló en los ojos de la rubia, pero el italiano decidió ignorarlo.

"Lo sé" Annabeth susurró, juntando sus manos sobre su regazo, mientras fruncía el ceño. Estaba claramente frustrada; tal vez, porque era la primera vez que no entendía algo y lo manifestaba en voz alta. O tal vez, porque simplemente no entendía al hijo del dios del Inframundo. "Nunca lo haré" Ella continúo, alzando su voz conforme hablaba, y giró su mirada hacia el castaño; sus ojos grises lucían tan decididos. "Y no estoy tratando de hacerlo, pero quiero ayudarte, para que entiendas que no hay nada de malo en ello, que no hay nada de malo en ti"

Nico tomó aire, tratando de calmarse, pero sus manos empezaron a sudar. Era una señal, una señal de debilidad - estaba bastante seguro que sus barreras caerían en cualquier momento, con facilidad. Sucedió. "Lo sé, Annabeth, ¿está bien? Lo sé. Realmente trato, pero, pero..." Y para su sorpresa, dejó que la última pared cayera, sacando a la luz su mayor preocupación. Aun así, no pudo mirarla a los ojos cuando lo hizo, la sensación de estar completamente expuesto era aterrador. "En la época que yo solía vivir no era...normal. Mi madre-"

"Eso es el pasado" La rubia lo cortó. "Estás aquí ahora, y...eres.. estoy segura de que eres todo lo que ella quiso que seas" La suavidad en su voz era perceptible. Pasó una de sus manos por su caballo y la dejó en el aire unos segundos, como si quisiera posarla en el hombro del italiano de nuevo, pero se abstuvo. "Mira, no te estoy diciendo que todo es perfecto en la actualidad, siempre hay gente que te juzgará, pero la sociedad está...cambiando, para bien" Una pequeña sonrisa se formó en sus labios. "¿Y qué es normal de todas formas? Es solo otra estúpida palabra. El amor es todo menos normal"

Solo otra...estúpida palabra. Una hija de Atenea acababa de decir eso.

Los dedos de la rubia se envolvieron en el libro y se lo ofreció al italiano. "Toma. Es un regalo de parte mía y de Percy" Nico la miró por unos segundos anonadado, hasta que sus manos se envolvieron en el presente. "Él quería regalarte una camiseta de Led Zeppelin, pero pensé que algo no predecible sería apropiado" agregó.

El italiano asintió levemente – no era exactamente el tipo lector. De hecho, no recordaba haber leído un libro o enciclopedia en su vida. Pero existía la posibilidad de que lo hubiera hecho antes de la estadía en el Lotus Hotel Casino, pero decidió dejarlo en ninguno, no le gustaba pensar en lo que pasó antes del Lotus, porque le frustraba no recordar absolutamente nada.

Annabeth abrió la tapa del libro por él. "Hay una inscripción en la segunda página...espero que te guste"

Trabajas tan duro para arreglarte, pero quizás lo que necesitas no es otra táctica, otro libro, otro experto, otro plan de cinco pasos. Tal vez, no necesitas ser arreglado.Tal vez, lo que realmente te está reteniendo es la idea de que necesitas hacerlo. Tal vez solo tengas que darte cuenta de lo maravilloso que eres, y compartirlo con el mundo

El castaño abrió su boca una y otra vez, su lengua decidiendo si moverse o no.

No esta vez.

"Annabeth-"

La rubia ya estaba de pie, alejándose de él cuando la llamó. Paró de caminar y volvió a encararlo. Ladeó su cabeza preguntando en silencio, sus ojos grises brillando con ese algo no reconocible que notó cuando sucedió la confesión ante Percy y ella – el gris no lucía calculador, con cierto brillo determinado. O aterrador, la intensidad del color más prominente. Más bien, era...suave, acogedor. Una bienvenida.

Las palabras de la hija de Atenea eran más que reales. Will no era el único dispuesto a recibirlo con los brazos abiertos.

"¿Sí?"

"Gracias" No era un susurro, Nico se aseguró de decirlo en voz alta.

Los ojos de Annabeth se iluminaron en alegría.


Hay un espejo en la cabaña de Hades, incluso si el único ocupante no lo usa muy a menudo.

A veces, cuando se da cuenta de que se ha quedado dormido y va a llegar tarde al desayuno, o a su chequeo en la enfermería, mira su reflejo rápidamente. Ve lo mismo todos los días - el mismo cabello rizado y castaño, ojos oscuros, camisetas de bandas y pantalones negros; la única cosa que ha cambiado ligeramente es su piel, la palidez del oliva estaba desapareciendo.

Esta mañana en particular se tomó el tiempo de escudriñarse con la mirada.

Todavía no cambiaba su atuendo, por lo que sus pijamas arrugadas y su cabello desordenado le daban un aspecto somnoliento, pero estaba más despierto que nunca. Probablemente eran tan solo las ocho de la mañana, pero la costumbre de pájaro madrugador de Will se le había pegado. Mejor dicho, se la habían pegado. El rubio insistía en trotar junto con él por las mañanas. Deportes, Nico no era ni relativamente bueno, y Will siempre reía, por lo que al italiano no le importaba.

Para el espejo, él siempre era la misma persona.

Seguiría siendo la misma persona incluso si alguna vez decidiera cambiar su peinado.

Seguiría siendo la misma persona incluso si alguna vez decidiera usar un nuevo estilo de ropa

Seguiría siendo la misma persona incluso si alguna vez decidiera decir esas dos palabras en voz alta.

.

.

Sus ojos oscuros se encontraron con su reflejo. "...Soy...gay"

.

.

Seguía siendo el Nico Di Angelo de siempre.


Ya estaba vestido apropiadamente cuando el hijo de Apolo llegó a tocar su puerta. El mismo color de siempre, negro, excepto que en su camiseta de The Ramones se apreciaba un poco de rojo y azul en las letras; sus pantalones usuales y su chaqueta de aviador completamente su atuendo. Era una mañana soleada en el Campamento Mestizo, los rayos del sol entrando por la pequeña ventana de la cabaña; tal vez, cargar un poco de color no haría daño alguno.

La sonrisa de Will lo recibió apenas abrió la puerta. "¿Despierto, Chico Muerte, a qué se debe este milagro?"

Normalmente, Nico hubiera soltado un resoplido, murmurando sobre cómo alguien podría despertarse a esa hora, son las ocho de la mañana, por Hades, pero solo sonrió en respuesta. El rubio alzó una ceja. "Estás...feliz"

La sorpresa en la voz del oji-azul hizo que soltara algo entre un resoplido y una risa – no se sentía molesto en absoluto, él sabía que no era precisamente la persona más amigable. El hijo de Hades ladeó la cabeza. "Lo dije"

Las pestañeas doradas del chico parpadearon levemente, hasta que por fin entendió. Era un simple frase, pero cargaba mucho significado. Tantas emociones se reflejaban en el hijo de Apolo; alegría en su boca, orgullo en sus ojos. Y de todas formas, no estaba seguro de qué acción tomar para expresarlas. Decidió hacer lo simple. Posó ambas manos sobre los hombros del chico y miró directamente hacia sus ojos - eran tan oscuros, tan difíciles de descifrar, y de todas formas Will se dio la tarea de comprender el misterio que era el italiano.

"Estoy orgulloso de ti, Nico"

Esta vez, el castaño soltó un resoplido. "Solace, estás orgulloso incluso cuando aparezco a desayunar"

El capitán de la cabaña siete soltó una risa. El rey de los fantasmas raramente bromeaba; esta vez, tal vez lo estaba haciendo para desviar su atención de las lágrimas acumuladas en las esquinas de sus ojos; raramente lloraba. De hecho, el rubio nunca lo había visto llorar, pero aquí, cuando parecía estar apunto de hacerlo, no dolía en absoluto, en vez de eso, era aliviador - todas esas emociones aglomeradas en el interior del chico no eran nada buenas para él.

"Will," El rubio notó que ni siquiera miró ligeramente hacia alrededor, suspicaz, chequeando que ninguno de los campistas estuviera escuchando su conversación. Pero si abrió la boca una y otra vez, hasta que por fin lo dijo, sin ningún signo de miedo o duda en su voz. "soy gay"

El rubio apretó ligeramente los hombros del castaño. "¿Y?"

"Y no hay nada de malo en ello. Nada en absoluto"

El hijo de Apolo soltó un sonido de alegría, el azul cielo de sus ojos brillando intensamente, y se lanzó hacia él, envolviéndolo entre sus brazos. Nico se permitió ser abrazado – una sensación extraña, sentir el calor del rubio irradiar contra su cuerpo, pero al mismo tiempo agradable.


Will Solace era tan solo una de las tantas personas de su mundo, pero por ahora, era un bueno comienzo.


N/A: Estaba tan indecisa con este capítulo, sobre todo porque yo no entiendo como es pasar por esa situación - tener que admitir ante tu familia y la sociedad que tu sexualidad no es la "normal" que todos esperaban. No lo entiendo, y nunca lo haré, pero espero haber escrito algo relativamente aceptable. Si en algún momento insulté o escribí algo que sonó mal para alguno de los lectores, me disculpo desde lo más profundo de mi corazón.

La plática con Annabeth. Yo esperaba por un momento así en los libros. Es raro, lo sé, pero los puedo imaginar como amigos...tal vez no cercanos, pero si conviviendo sanamente, y como toda amistad normal, discutiendo a cada rato.

Saludos desde una ciudad fría y lluviosa (…el clima está como loco)