Los personajes pertenecen a S.M, la trama y algunos de los personajes, son creación mía

Capítulo 13: Rencores.

Cuando llegaron al aeropuerto, el Jet de Edward ya estaba listo para ser abordado. Annia estaba en su sillita durmiendo plácidamente, por lo que Ryans la subió al avión. Emmett llego a los minutos después de haber presentado a Bella la tripulación, su querido amigo venía acompañado de su doncella, Edward sonrió negando con la cabeza y frunció el ceño, no quería mucha gente metida en este asunto, tendría que hablar con Emmett.

—¿Ella sabe algo? —pregunto sin saludarlo.

—Hola, ¿cómo estás? yo muy bien, pues veras ella sabe a lo que vas a Italia, pero lo de la niña no —dijo a modo de broma, dándole los documentos—, Jenks te manda saludos, allí están los documentos de adopción, en cuanto el divorcio salga, la adopción será efectiva. Por ahora es solo tuya, también están los pasaportes y las visas de ambas.

—Pues gracias, por todo —sonrió tomando los documentos.

—No hay problema amigo.

—Suerte —bromeo Edward mirando a la chica rubia.

—Gracias, pero no la necesito —sonrió pasando su mano por su cabello.

—Bien es hora, nos tenemos que ir —se despidió de su amigo.

En el avión se acomodaron, además de ser un viaje de "negocios" Edward se preocuparía que Isabella lo disfrutara…

12 horas después estaban aterrizando en el aeropuerto de roma, Fiumcino . El viaje había sido relativamente normal, pero Annia despertó unas 5 veces, varias de ella Bella se hizo cargo.

Ryans bajo las maletas y las cosas de Annia, Edward tomo la sillita y bajaron, en la pista estaba Scott y Thomas esperándolos, ellos ayudaron a Ryans, mientras que Bella con Annia en sus brazos subía al coche, irían en dos coches. Ryans y ellos irían en uno mientras que Scott y Thomas irían en el otro siguiéndolos de cerca. Partieron hacia el hotel "Palazzo Manfredi". La noche estaba un poco fría.

El hotel no era uno de lujo por fuera, pero por dentro era increíble, estaba frente al coliseo y eso sabía que eso a bella le encantaría. Toda la ciudad estaba iluminada, Bella sonreía mirando hacia todos lados.

Cuando llegaron al hotel Bella se quedó mirando el coliseo sin poder creer cuan cerca se encontraba de aquel monumento.

—Esto es increíble —dijo una vez que bajaron del coche, entraron en el hotel a registrarse, dos habitaciones, una para ellos tres y otra para Ryans. Una vez instalados en la habitación, Bella miraba todo estudiándolo, Edward mandaría a comprarle una cámara con varias memorias para que sacara muchas fotos y pudiera recordar todo.

—¿Te gusta? —le preguntó mientras Isabella ponía a Annia en su cuna. Edward estaba sentado en la cama, las paredes eran de un color crema, había una pequeña chimenea. La vista era hermosa, estaba el coliseo en todo su esplendor.

—Me fascina —respondió acercándose a una de las ventanas.

—Me alegro —la abrazo por detrás reposando su mentón en el hombro de Isabella—, el jueves iremos a pasear y conocer. Mañana iremos a la casa de una amiga, allí nos quedaremos, además mañana iré a terminar el negocio —Edward sintió como su cuerpo se tensó. La giró abrazándola fuerte—, todo saldrá bien no te preocupes.

—No quiero que te pase algo —susurro en el hueco de su cuello.

—Amor, nada me pasara —susurro Edward besando su cabeza—, además iré con Ryans, aquí se quedara Thomas para lo que necesites.

—Lo sé —lo miro mordiéndose el labio—, tu… tú me dejarías… verlo —Edward negó con su cabeza al instante.

—No, definitivamente, no —ella lo miro con un puchero tratando de hacerle cambiar de opinión—. Isabella, no quiero que lo veas, por nada del mundo.

—Solo quiero hacerle unas preguntas, por favor…

—No lo sé, tendré que ver cómo están las cosas —dijo sin prometerle nada.

—Gracias.

—Ahora a la cama, tenemos que descansar —susurro Edward besando su frente.

Se cambiaron de ropa y se metieron a la cama. Mañana iría a ver cómo están las cosas, iría a que finiquitar todo. Cerró sus ojos sintiendo la cabeza de Bella sobre su pecho. Desde el jueves su viaje sería el mejor de todos.

—Buenas noches mi pequeña —besó su cabello, dejándose entrar en el mundo de los sueños donde ella siempre estaba presente.

Pov Edward

Aunque estábamos cansados por el viaje, Annia no pareció importarle por lo que se despertó unas 4 veces, las dos primeras me levante yo, aunque Bella insistió en hacerlo, pero al final cedió, aunque en las dos últimas veces fue ella quien atendió a la niña, creo que de alguna manera esto de ser padre creo que funcionara, pero sé que eso también es porque la tengo a ella a mi lado, Isabella es una buena mujer, al principio pensé que todo este tema con la niña le fuera afectar por todo lo que le paso, pero ella me ha demostrado que es una mujer fuerte y muy madura.

También sabía que nuestras visita a Italia no era solo por placer, sabía que tenía que terminar de finiquitar ese asunto lo antes posible solo así ella podría ser libre de alguna manera. Emmett ya había recibido los documentos del divorcio firmados, eso era una pequeña pantalla, alejando que contacto al acusado en Roma y no pensaba volver a los Estados unidos, por lo que en un par de semanas se iba a declarar el divorcio.

Me levante de la cama dejando en ella a mi Bella, que aun dormía, fije mi vista en la cuna que estaba a un costado de la cama, allí estaba Annia dormida, era muy pequeñita, suspire, caminando hacia la ducha, necesitaba despertarme y relajarme y que mejor que una ducha de agua caliente. Abrí la llave del agua después de quitarme toda la ropa, no me había dado cuenta de que tenía todos los músculos de mi espalda completamente tensos. La noticia de Annia fue demasiado fuerte para mí, apenas podía hacerme cargo de mí, sino fuera por Christie estaría muerto, era ella la que me recuerda cuando tengo que comer, dormir y esas cosas, si fuera por mí solo viviría para trabajar y enterrar las imágenes que me atormentan cada vez que pienso en lo que ha sido mi vida. Cada vez en la que mi hermana me llama. Cerré los ojos dejando que el agua recorría mi cuerpo, relajando cada musculo, cada fibra, necesitaba tener la cabeza clara para lo que venía hacer. Cerré la llave del agua y envolví mi cintura con una de las toallas blancas que había en el baño.

De mi maleta saque mi ropa, me puse un jeans gris y una camiseta negra, un par de calcetas y mi bóxer, cuando termine de vestirme llame a Ryans quien debería estar despierto, le avise que en media hora nos juntábamos en el lobby y llame a Scott para que viniera por nosotros y se trajera a Thomas para que el cuidara a Isabella. Me quede viendo como Isabella, arrugaba la nariz y fruncía levemente su ceño, era jodidamente hermosa. Como Isabella aun dormía, no quise despertarla, por lo que le escribí una nota:

"Mi pequeña Bella:

No quise despertarte ya que necesitas descansar después que Annia te mantuviera despierta, iré a hacer mi visita, te quiero, en el cuarto de Ryans esta Thomas por si quieres salir a pasear con la niña mientras estoy fuera. No te preocupes todo saldrá bien.

Nos vemos pronto

E.C"

Le deje la nota en mi almohada, tome mi chaqueta y mi billetera dejando a un lado de la nota una tarjeta para que ella pudiera usarla, por supuesto que estaba a su nombre, aunque no sabía si eso le gustaría o no.

Cuando llegue al lobby Ryans estaba en su traje esperándome, me vio y asintió en forma de saludo, en la calle nos esperaba Scott, Thomas ya estaba en la habitación de Ryans, no me arriesgaría a dejar a bella sola con mi hija en una ciudad que no conocía.

Me subí en la parte trasera del coche, Ryans se sentó en el copiloto, Scott manejaba hacia el lugar donde tenía a Alec, al llegar en la puerta estaba James esperándonos.

Baje del coche después de que Ryans me abriera la puerta.

—Señor —saludo James.

—James —salude— ¿alguna novedad sobre nuestro querido invitado?

—No señor, ninguna —comenzamos a caminar—. Bien, es hora de saber algunas cosas —entramos en la casa que estaba a 20 minutos del hotel.

Entramos a la gran casona abandonada estilo victoriano de un color blanco aunque ahora parecía que fuera un poco gris con todo el polvo que tenía encima, aunque era de mi madre y no me sentía realmente cómodo en esta propiedad y nunca me gusto, por lo que jamás vinimos aquí, mi padre jamás me entendió por lo que siempre decidió complacerme, por lo que cada vez que veníamos nos quedábamos en algún hotel. Salimos al patio trasero y entramos a una pequeña cabaña que tenía una escalera hacia el sótano, el olor a humedad llego fuerte a mi nariz, todo estaba muy húmedo y lleno de moho, cuando llegamos abajo, Alec estaba sentado en una silla con los brazos atados a su espalda, Marco y Dimitri se pusieron de pie apenas me vieron.

—Señor —saludaron al verme.

—Marco, Demetri —salude.

—Hace tres horas que duerme —notifico Marco.

—Bien, levántelo y cuélguenlo al techo por las manos —dije sin ninguna emoción, no disfrutaba nada de esto, pero si lo llevaba a la justicia sabía que el en unos días podría salir libre y Isabella jamás será completamente libre. Aunque en el pasado había atormentado a un par de imbéciles que quería chantajearme, no era mi estilo todo esto. Di un paso atrás mientras que Ryans se sacaba la chaqueta para ayudar, pero lo detuve, el miro extrañado.

Cuando terminaron él estaba prácticamente de pie

—Busca una manguera y conéctala al agua —ordene y James corrió buscando una manguera. Me saque la chaqueta dejándola en el barandal de la escalera.

—Señor —llamo james dándome la punta de la manguera.

—Gracias —tome la manguera y apunte a Alec—, da el agua.

El agua comenzó a recorrer la manguera saliendo directo hacia el cuerpo de Alec, moje su cara por un mar de minutos antes de que despertara.

—Corta el agua —ordene, James hizo lo que dije, deje la manguera en el suelo y me acerque a Alec dándole unos golpes en su mejillas para que se terminara de despertar.

—Hola, querido amigo —salude irónicamente después de que el abriera los ojos y me mirara.

—Veo que…—balbuceo con voz ronca—, vienes a terminar con el trabajo, pensé que se los dejarías a tus hombres…

—No soy tan poco hombre como para perderme esta diversión.

—Claro —dijo mirando al techo confundido.

—Bien, empecemos con la función —dije mientras miraba a Ryans—, Necesito una correa y una bate.

Ryans fue hasta el coche donde tenía lo que le pedía.

—Supongo que tienes todo listo para la pantalla —dije mirando a Scott mientras esperábamos a Ryans.

—Si toda esta listo para cuando quiera —contesto Scott.

—Bien, me parece perfecto, sabes que todo se debe cubrir —dije mientras que Ryans bajaba las escaleras con el Bate y el cinturón grueso de cuero negro. Tome el bate.

Me acerque a Alec y con fuerza golpee sus rodillas. Un grito desgarrador salió de sus labios cerrando los ojos fuertes soportando el dolor.

—¿Te gusta el dolor? —pregunte mirándolo mientras que ponía el bate sobre uno de mis hombros—, claro que no te gusta, pero yo te hace sentir lo que sintió Isabella esos años que estuvo contigo, hare que suplique que te mate, pero sabes que no lo hare, tan malo no soy.

—Jamás…—murmuro—, jamás te suplicare…

—Eso ya lo veremos —sonreí dándole el bate a Ryans y tomando el cinturón. Le di un latigazo en la espalda, el arqueo la espalda a causa del dolor gritando.

Le di otro y otro, el gritaba y hasta lloro, ya cuando la sangre comenzaba a salir por su espalda, pecho, brazos y piernas, me detuve mirando a Demetri y a James.

—Suéltenlo —pedí mientras me lavaba las manos. Sacándome la sangre que había salpicado en mis brazos.

Demetri y james lo soltaron y lo dejaron acostado en el colchón que estaba aún rincón.

—Denle agua y comida —ordene mientras tomaba mi chaqueta y salía de allí. Ryans me seguía junto a Scott. Mire el cielo y estaba oscureciendo no nos habíamos dado cuenta de que habíamos estado todo el día en el sótano.

Suspire.

—Hoy tendrán luz verde para hacer lo que quieran con él, pero no lo maten —dije caminando hacia el coche.

—Sí, señor —dijo Scott.

—Mañana volveré en la mañana, espero no encontrarme ninguna sorpresa – dije subiéndome al coche.

Ryans se subió y comenzó a manejar de vuelta al hotel, cerré mis ojos tratando de relajarme. No soy tan cruel como para matarlo, solo le daré su merecido y el destino hará el resto, pero no me arriesgare a que él se acerque a Isabella. Hare todo lo que este en mis manos para que eso jamás suceda, ahora tengo que cuidar de ella y de mi hija.

El coche se detuvo en la entrada del hotel, Ryans le dio las llaves al botones y entramos al hotel, nos subimos al ascensor en completo silencio.

—¿Qué crees que deba hacer con Alec? —pregunte mientras esperábamos a que el ascensor parara en nuestro piso.

—No sé qué planes tiene para el —respondió mientras bajábamos.

—No sé qué hacer —dije deteniéndome en el pasillo—, tengo un par de planes pero no termino de convencerme.

El solo asintió.

—Nos vemos en la mañana —me despedí mientras abría la puerta.

—Hasta mañana —se despidió.

Entre en la habitación y al final de la cama estaba Isabella sentada mirando la ventana, Annia estaba en su cuna. Sonreí ligeramente.

—Bella —llame. Ella giro su rostro y salto de la cama literalmente corriendo hasta mí arrogándose a mis brazos.

—Oh por Dios —susurro mientras me abrazaba por la cintura y yo apretaba su cuerpo—. Por fin estas aquí —murmuro contra mi pecho.

—Cariño, ¿Qué pasa? —Pregunte mientras acariciaba su espalda.

—Estaba tan preocupada por ti —sonreí antes sus palabras, aunque no sabía porque se preocupaba si sabía que estaría bien.

—Ya cariño, ya estoy aquí —me separe de ella, deslice mis dedos hasta su rostro levantando su barbilla haciendo que sus ojos se encontraran con los míos. No sabía cómo él pudo lastimarla de esa manera, tanto tiempo, como pudo hacerlo. Mi pecho dolía ante esa imagen aquel día cuando estaba en ese callejón, llena de moretones, de sangre, completamente inconsciente—. Eres hermosa —susurre acariciando su mejilla. Ella sonrió cerrando sus ojos, inclinando su cabeza sobre mi mano sonrojándose.

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En la casona todo estaba tranquilo, Alec que aún estaba sobre el colchón, todo su cuerpo dolía, los azotes que Edward le proporciono causaron varios cortes en su piel. Jamás pensó que pagaría todo lo que había hecho, siempre tuvo esa idea de que Isabella seria de él para siempre y poder hacer lo que quisiera con ella, manejarla a su antojo, porque para eso eran las mujeres, eran creadas para servir al hombre, para satisfacer sus necesidad, pero Isabella jamás quiso hacerlo por lo que pago caro cada desobediencia, pero ahora era todo completamente diferente.

Ya no podía pensar con claridad, pero si todos esos recuerdos de cuando vivía en Forks lo atormentaban ya que sabía cuál era su destino o su futuro, cualquiera de los dos ya le daba lo mismo, estaba pagando caro todas sus atrocidades. Suspiro esperando su fatal destino. Los demás hombres de Edward Cullen lo golpearon apenas este había salido. Ya no sentía sus piernas ni brazos, le costaba respirar y sentía que su corazón ya no latía con tanta fuerza como se suponía y sus oídos zumbaba, no podía escuchar con claridad lo que sucedía.

Uno de los hombres lo estaba vigilando los demás tendrían que estar afuera tomando aire o recuperando fuerzas para seguir con lo planeado.

—Tomate un descanso —dijo una voz que poco conocía, o la conocía ya no sabía estaba perdido.

—Sí, señor —podría ser Edward quien este allí para terminar con su agonía, pero como le había dicho jamás le rogaría.

Habrán pasado minutos o quizás horas no lo sabía pues esos hombres lo golpearon tanto que ya no sabía nada. Alec no tenía fuerzas para moverse ni mucho menos para abrir los ojos y ver de quien se trataba, sintió como era levantado del sucio colchón donde se encontraba. Ya no sentía el olor a humedad y el frio que sentía estado en ese sótano.

En un coche negro y con las ventanillas completamente tintadas, lo subieron al asiento trasero, amarrando sus manos y sus pies, pusieron en marcha el coche y él cerro los ojos descubriendo que pronto ya dejaría de pagar sus condenas en este mundo para pasar por el más doloroso de los castigo, que se encontraba en el infierno, siempre había oído sobre el cielo y el infierno, pero él jamás las tomo en cuenta ya que todo eran una fantasía creadas por débiles que necesitaban a quien culpar y esas boberías.

El coche estuvo en movimiento por un par de horas, sintió los rayos del sol sobre su rostro pero no podía hablar. Aun sentía el coche moviéndose, escucho el sonido de un teléfono a lo lejos pero nadie contesto. De un momento a otro el coche se detuvo en la reserva natural de los acantilados duino y el chofer se bajó del coche. Para después bajarlo a él.

—Esto es entre tú y yo —dijo una voz ronca cerca de su oído. Sintió el suelo en su espalda.

—¿Quién… —hizo una pausa tratando de aclarar su garganta ya que llevaba muchas horas sin beber nada— ¿Quién eres? —pregunto por más que quería abrir los ojos no podía, una por el sol y otro por la hinchazón que tenía a causas de la golpiza. El sonido de un celular volvía a sonar, pero nadie lo atendió.

—Siempre quisiste ser más —hizo una pausa—, siempre quisiste darte las ínfulas de Dios, para hacer y deshacer sobre las vidas de los demás, ese fue el peor error de tu padre, creer que era inmortal…

—Tu no sa… sabes nada de mi padre —dijo Alec con voz aún más ronca, la rabia lo consumía, ya que esa persona no tenía idea de lo que le paso a su padre.

—Se mucho más de lo que te imaginas —soltó una risa irónica—, tu padre murió por creer que era un Dios, por eso murió decapitado por uno de sus socios de negocios, por supuesto que eso tú lo sabes —dijo soltando las manos de Alec.

Alec no sabía que responder, el solo sabía que había muerto en un accidente, eso le fue lo que dicho uno de los socios de su padre, sintió sus manos libre pero no tenía fuerzas para luchar.

—Caius Ajmátov —dijo el hombre soltando también sus pies—, él fue el causante su muerte, él es un gran mafioso Ruso y tu padre le debía una gran suma de dinero, pero el necio de tu padre no le quiso saldar esa deuda por lo que Caius lo mato.

Literalmente Alec quedo sin aliento por todo lo que el hombre le estaba diciendo, él sabía que su padre tenía negocios fraudulentos con mafiosos, pero jamás pensó que todo acabaría así.

El hombre sabía mucha información, ya que necesitaba terminar con su pequeña venganza, él no era malo, pero el dolor lo cegaba, ya que sufrió demasiado por culpa de su propia familia. Ryans jamás pensó en lo que haría, pero era esto a que su jefe pasaría días con uno problema y no poder disfrutar de su hija y de su mujer.

El dolor de perder a Christie era profundo, pero tenía que acabar con el odio y el rencor que lo carcomía cada día. Puso a Alec de pie y lo acerco hacia el acantilado en donde se encontraba. Lo puso de espalda hacia el mar, tomándolo por la camisa dejándolo levemente inclinado.

—Tuviste una gran mujer y le hiciste daño, le quitaste el placer de tener un niño, le hiciste daño, le mentiste y sufrió a causa de tus golpes. Tú y tu padre le hicieron daño a mi familia, tu padre mato a mi padre, y por eso mi madre también murió de pena y hoy tú lo harás —susurro soltándolo y viendo como el cuerpo de Alec caía hacia el vacío golpeándose contra las rocas y finalmente cayendo al mar, hundiéndose.

El odio y el rencor lo llevaron a cometer aquel acto, pensando de que con eso acabaría con el dolor y todos aquellos sentimientos, pero no fue así, se sintió peor, se sintió igual que su tío, se sintió miserable por lo que acababa de hacer, sintió que perdió el rumbo de su vida y que perdía el amor de su vida.

Fue hasta su coche y tomo el teléfono marcando el número de teléfono que se sabía de memoria. Escucho el tono un par de veces antes de que ella contestara.

—Gabriel —escucho la voz de Christie llena de amor y de emoción. Al instante cerro los ojos con fuerza a causa del dolor.

—Perdón —dijo con un hilo de voz.

—¿Qué pasa? ¿Qué sucede? —pregunto Christie desesperada, su sexto sentido le decía que algo andaba mal.

—Sabes que te quiero y que siempre estaré allí para ti, pero prométeme que pase lo que pase serás feliz —las palabras que salían de su boca se notaban la desesperación que sentía por perder a su amor de toda la vida.

—Te lo prometo, pero dime que está pasando, Edward ha llamado muchas veces por si tú has llamado, estoy preocupada, por favor dime donde estas —suspiro sonoramente, lo menos que él quería es que ella se preocupara y mucho menos hacerle daño, pero sabía que era inevitable.

Dejo el teléfono en el suelo aun escuchando la voz de Christie que lo llamaba histéricamente, no podía más por lo que comenzó a caminar, sin pensar en nada, solo caminar hasta encontrar su destino…

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Pov Bella.

Había estado preocupada todo el día. No tuve las fuerzas para salir, por lo que opte por quedarme en la habitación con Annia, hace un par de minutos que Thomas uno de los guarda espaldas de Edward vino a presentarse y ponerse bajo mis órdenes, le dije que podía descansar ya que no pensaba salir. Cuando desperté encontré la nota de Edward y una tarjeta de crédito. Cada vez que pensaba en esa nota sonreía como una adolecente, el me hacía sentir amada, valorada y plena.

Con Annia habíamos pasado la mañana viendo algo en la televisión, habíamos tomado el desayuno, jugado y dormido la siesta. Me encantaba estar con mi pequeña, era mía y nadie nunca me la quitara.

Las horas avanzaban y Edward no llegaba, tampoco llamaba y eso me preocupaba aún más. Annia ya estaba profundamente dormida. Y yo no dejaba de mirar por la ventana, sentada en la cama, pensado en situaciones que eran completamente absurdas, negué con la cabeza, allí tenia a Ryans, a Scott y los demás que lo protegerían ante cualquier situación.

––Bella ––Escuche su voz llamándome, no pude evitar las ganas de saltar, me avente a sus brazos.

––Oh por Dios ––susurre mientras lo abrazaba por la cintura enterrando mi rostro en su pecho, él envolvió mi cuerpo con sus brazos apegándome a su cuerpo ––Por fin estas aquí ––murmure contra su pecho.

––Cariño, ¿Qué pasa? ––Pregunto mientras sentía su mano acariciar mi espalda, haciendo que me relajara a un extremo total.

—Estaba tan preocupada por ti dije avergonzada por los pensamientos fatalistas de hace unos segundos atrás.

––Ya cariño, ya estoy aquí –– puso sus manos en mis hombros separándome unos centímetros de él, levante mi mirada perdiéndome en sus ojos, y en ese mar verde que me ahogaba. En sus ojos vi tantos sentimientos que no pude describir que me hicieron temblar ligeramente—. Eres hermosa ––susurro haciendo que me sonrojara y mi cuerpo sintiera el calor de su mirada, su mano acariciaba mi mejilla de una manera tierna que hacía que mi corazón se derritiera.

Sus labios acariciaron los míos llenos de cariño y de pasión, mi manos como si estuvieran activadas de alguna manera recorrieron su cuerpo hasta llegar a su cuello, enredando mis dedos con su cabello, sus brazos abrazaron mi cintura pegándome aún más a su cuerpo como si eso fuera posible. Me incline poniéndome en puntillas sobre mis pies tratando de alguna manera estar a su altura, lo sentí sonreír sobre mis labios y el calor viajo por todo mi cuerpo hasta llegar a mi centro, tensando mi estómago.

Y como leyera mi mente sus manos viajaron por mi trasero hasta llegar a mis muslos, me alzo haciendo que mis piernas envolvieran su cintura y nuestros sexos hicieran una fricción que nos hicieron gemir. Sin romper nuestro beso, él camino hasta chocar con la cama, me puso sobre ella con cuidado, nuestras leguas bailaban, podía sentir su sabor en mi boca. Él introdujo sus manos por el interior de mi camiseta y poco a poco fue subiéndola acariciando cada parte por donde pasaban.

Cada vez sentía como la temperatura de la habitación subía más y más, mi mente ya no pensaba solo me concentraba en sus manos y sus labios. Ya no aguantaba y yo misma acabe sacándome mi camiseta y lanzándola lejos. Él sonrió por mi deje de desesperación. Dejé que mis labios bajaran a su cuello a la vez que de vez en cuando jugaban con el lóbulo de su oreja mientras que poco a poco iba desabrochando los botones de su camisa para terminar de sacarla y lanzarla lejos. Sus labios lamian y chupaban mi cuello haciéndome gemir como una adolecente.

Mi piel parecía quemar bajo sus manos y mis labios pedían más de los suyos así que con mis dedos le di un tirón a su cabello haciendo que levantara su rostro, sin más dilación el me devoró la boca como si no hubiera un mañana, era un beso lleno de pasión, desesperación y sobre todo amor que jamás había sentido en mi vida.

Sus manos comenzaron a pasear por mi cuerpo recorriendo en todo su extensión, acariciando con adoración mis pechos con el sujetador aun puesto, siguió su camino por mi plano vientre, siguió más abajo hasta llegar a mi entrepierna aún con el pantalón puesto. Un gemido ahogado escapó sin aviso salió de mi garganta y eso pareció excitarlo incluso más, ya que rápidamente desabrochó el botón de mi pantalón y comenzó a bajarlo lentamente a la vez que dejaba un recorrido de besos por mis piernas hasta tirarlos sin ningún destino, subió haciendo el mismo recorrido por mis piernas, mi cuerpo ya no respondía a mi cerebro, mi espalda se arqueo sintiendo sus labios contra mi piel.

Subió dejando beso húmedos por todo mi cuerpo llegando hasta mis pechos y sin decir nada comenzó a acariciar mis pechos, bajo mi sujetador haciendo que mis pecho subiera, tomo entre sus dedos uno de mis pezones y tirándolo haciendo que se pusiera cada vez más duro, quito la prenda tirándola al suelo para luego introducir uno de mis senos en su boca, era el paraíso sentir su lengua alrededor de mi pezón era lo más excitante del mundo. Sus caricias y sus besos tenían un poder sanador, ya que cada vez que me tocaba mi corazón y mi alma dejaban de sufrir y de sangrar por el dolor que ese hombre causo.

Una de mis manos se dirigió de manera involuntaria a él botón de su pantalón desabrochándolo torpemente para introducir así mi mano dentro de su bóxer. Al Notar la erección que allí dentro había escondida hizo que me encendiera aún más, él al sentir mi tacto un sonido gutural salió de su pecho eso me incentivo a acaricie su miembro con fuerza, hacia arriba y hacia abajo, mientras que el gemía y chupaba, lamia y besaba mis pechos.

Se separó de mí y poniéndose en pie se quitó sus pantalones, volvió a colocarse sobre mí pero me sorprendió cuando dirigió su boca hacía mis bragas, lo único que pude hacer fue tomar con una mano la sabana y con la otra agarrar con fuerza su cabello.

Con sus dedos las quitó con lentamente, mi cuerpo ardía y ya no aguantaba más lo necesitaba, cuando al fin las saco puso su cabeza en ellas. Eso era la gloria. Su lengua lamiendo mi clítoris producía espasmos en todo mi cuerpo, succionaba y tiraba mi clítoris con sus labios, me estaba volviendo completamente loca de placer si eso era posible. Sin mi autorización introdujo uno de sus dedos dentro de mí, haciéndome gemir aún más.

––Amor, sé que no quieres despertar a la niña y me encanta escucharte, pero por favor, silencio –– sonrió mirándome desde allí abajo y eso hizo que mi centro se humedeciera mucho más de lo que ya estaba.

––Por favor Edward, te necesito, prometo quedarme callada, pero por favor–– rogué, él sonrió aún más ampliamente volviendo a su trabajo. Y juro que era bueno con su lengua.

Introdujo otros dedos y comenzó a bombear rápidamente, mientras que su lengua jugaba con mi clítoris, mi estómago se tensó deliciosamente, sabía que no aguantaría mucho por lo que me deje a su merced, él podía hacer lo que quiera con mi cuerpo. Cada vez más contracciones comenzaban a inundar mi estómago y mi centro, mis paredes apretaron alrededor de sus dedos mientras que sentía un gran orgasmo aproximándose, que no tarde en confirmar poco después con un gran gemido de placer.

Tome su rostro mis manos y lo atraje hasta chocar nuestros labios, dándonos un beso que nos dejó sin aliento, mordí su labio mientras mis manos trataban de quitarle su bóxer, rápidamente el me ayudo, quedando completamente desnudo y Dios que era hermoso. La punta de su miembro acaricio mi entrada haciendo automáticamente que mi espalda se arqueara. Sus ojos jamás dejaron los míos y con un movimiento lento y certero entro en mi jadee a falta de aire, se quedó allí mirándome y esperando a que mi cuerpo se ajustara a su delicioso intruso. Alce mis caderas dándole a entender que se moviera, por Dios me estaba quemando de placer.

Comenzó a moverse rápidamente con un ritmo continúo en el que sus caderas chocaban con las mías y el sonido llenaba nuestra habitación, su respiración era cada vez más rápida, bese sus labios con furia, nuestros cuerpos ligeramente sudados, nuestros aromas se mezclaban así como lo hacía nuestros cuerpos, era una conexión extrasensorial, me hacía sentir tantas cosas que no podía explicar con palabras.

Mis uñas se arrastraban con fuerza por su espalda, cuando sentí que mi orgasmo llegaba, como si fuera posible su miembro se endureció aún más y supe que él también estaba cerca. Sus embestidas eran más profundas y aún más rápidas haciendo que mi estómago se tensara y mis paredes se estrecharan con fuerzas alrededor de su miembro estrujándolo con fuerza. El embistió una vez más llegando a su propia liberación, sentí su caliente liquido llenarme, llevo sus labios hasta los míos, dándome un beso lento y lleno de todo su amor.

Mi respiración aun no era normal pero la de él tampoco, se salió de mi acostándose a mi lado, para luego acomodarnos bien en la cama, nos cubrió con la sabana y de un rápido movimiento me atrajo a su pecho, besando mi cabeza, mientras que su mano acariciaba mi espalda.

––Te quiero mi pequeña ––susurro, sonreí cerrando mis ojos.

––Te quiero Edward ––respondí besando su pecho.

Su teléfono comenzó a sonar, el de un movimiento se levantó buscando su chaqueta, dejándome ver su cuerpo, mierda que era hermoso y tan perfecto, cuando la encontró yo me levante y me puse mi pijama, se sentó en la cama mientras contestaba su teléfono. Me acerque a él y lo abrace por la espalda dejando mi rostro en su espalda.

—¿Qué fue lo que dijiste? –pregunto completamente tenso.

Lo solté mirándolo, luego de maldecir y decir un par de palabras, se comenzó a vestir, sin decir nada y completamente vestido salió de la habitación dejándome sola y preocupada, solo pude rogar al cielo que nada malo sucediera.