¡Hello Klainers! Hoy les traigo capítulo doble ;)


CAPÍTULO 13:

"Caos"


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- ¿Blaine? – el chico estaba en otro mundo en ese momento – ¿Blaine? – lo movió del brazo – ¿Sentiste eso? – lo remeció más fuerte hasta que sus ojos se enfocaron en él con sorpresa.

¿Lograste sentirlo?

El ex artista quiso hablar, pero las palabras no salieron aunque abrió la boca. El nudo que tenía en su garganta se lo impidió, en su lugar asintió con la cabeza.

- ¡Esto es genial! – empezó a anotar rápidamente varias cosas – Ahora sé que éste es el punto desde el que tengo que partir y lo que debo hacer – sonrió – ¿Puedo probar otras técnicas?

Blaine estaba demasiado abrumado como para prestar atención a lo que el médico le decía. No había tenido ninguna sensación en sus piernas después del accidente y ya se había hecho a la idea de nunca pasaría.

Cuando Kurt logró hacerlo reaccionar por completo, se encontró con una persona diferente, alguien que cooperó al cien por ciento durante el resto de las pruebas ya sea con movimientos de la cabeza o con pequeñas palabras.

Anderson no habló ni se expresó plenamente, pero con la interacción que tuvieron se conformó. Era más de lo que había esperado desde el comienzo, y pudo confirmar su teoría acerca de que el chico ocultaba su dolor y angustia detrás de su comportamiento hostil, incluso lo vio en un par de ocasiones limpiar disimuladamente unas cuantas lágrimas que escaparon clandestinas.

Esa noche Blaine durmió tranquilo y con una sonrisa en su rostro. Una nueva esperanza se forjaba frente a él, y aunque tenía miedo de aferrarse a ella, sabía que ahora había una posibilidad.

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En el transcurso de los siguientes días el ojimiel estuvo más tranquilo, aunque no bajó la guardia, fue más fácil de tratar, sin embargo había cierto personal al que definitivamente no toleraba, ni ellos a él, así que su calma no fue muy duradera.

Nancy escuchaba como se referían a él sus compañeros, y aunque era una chica tranquila a la que no le gustaba meterse en problemas con nadie, se sintió tan indignada que se puso de pie dispuesta a defenderlo.

En el momento que les iba a decir lo que pensaba de ellos escuchó una voz femenina proveniente del otro lado del área común, y volteó a ver de quien se trataba.

- ¿Qué les pasa a todos ustedes? ¡Son una vergüenza para esta profesión! ¿Cómo se atreven a expresarse de esa forma no sólo de un paciente sino de un ser humano?

- ¡No molestes Berry! – exclamó una enfermera rubia – ¡Anderson es una pesadilla!

- Hemos tenido pacientes molestos, – mencionó un chico poniéndose de pie – incluso algunos bastante difíciles y complicados, pero él es totalmente insoportable. ¡Nadie en sus cinco sentidos puede lidiarlo! ¡No hay paciencia que lo aguante!

- Cree que por tener dinero puede tratarnos como se le ocurre, pero está equivocado. Yo no estoy dispuesto a permitir que me siga humillando – protestó otro de los enfermeros. Hace poco le pagué con la misma moneda para que sepa lo que se siente.

- ¿Dónde está tu ética profesional? ¿Dónde dejaste el juramento que hiciste de velar por la salud y bienestar de quienes lo necesiten? – reclamó Nancy indignada.

- ¿Tú también? – inquirió la rubia - ¡Vaya! ¡Parece que el odioso Anderson se ha conseguido dos ciegas!

- Lo que pasa es que seguramente les gusta que las maltraten – se burló uno de los chicos.

- Pueden pensar lo que quieran, no me importa. Pero como que mi nombre es Rachel Berry me voy a encargar de que las cosas no sigan así. Personas como ustedes deshonran la profesión, y definitivamente no merecen trabajar en un lugar tan maravilloso como este.

Sólo están aquí porque la paga es buena o por la increíble referencia que representaría en un futuro, pero no se interesan por las personas que se encuentran en este centro.

- A mí sí me importan, – reclamó un enfermero – pero ese sujeto es nefasto.

- Ese sujeto, es un ser humano que sufre mucho – dijo Nancy de forma tímida, con miedo de estar exponiendo ese lado que Blaine escondía.

- No voy a perder mi tiempo con ustedes – proclamó la enfermera y salió, seguida de inmediato por los dos chicos. Los tres hablando entre dientes hasta el último momento.

La morena empezó a recoger las cosas que tenía sobre la mesa antes de que la discusión se produjera. De pronto notó que alguien se había parado a su lado. Al levantar la cabeza vio a la castaña sonriéndole complacida.

- ¡Hola! Mi nombre es Rachel. – le extendió la mano – Es un gusto conocerte.

- ¿Qué tal? – correspondió el saludo – Soy Nancy, y es igual un gusto.

- Gracias por defender a Blaine. No tienes idea lo mucho me molesta que algunos cretinos se comporten tan mal con él. Reconozco que puede ser complicado de tratar, pero es una buena persona. Sólo hay que encontrar el modo de acercarse a él.

- Lo sé. – se mordió el labio dudando si debía decir más. No quería traicionar la confianza del ojimiel.

- ¿Almorzaste? Si no lo has hecho, podemos ir juntas al comedor.

- Seguro, tengo un poco de tiempo antes de mi siguiente turno.

Las dos chicas salieron juntas compartiendo una plática tranquila.

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Kurt estaba revisando sus anotaciones en la computadora cuando tocaron a la puerta.

- Está abierto.

- Dr. Hummel. – le sonrió.

- Dr. Hernández. – devolvió la sonrisa – ¿A qué debo su visita?

- Me gustaría platicar sobre algunos pacientes. ¿Interrumpo?

- No, en lo absoluto. Tome asiento por favor y dígame en qué puedo ayudarlo.

- Quiero su opinión sobre el Sr. Huff, la Sra. Stamos y Jena Swan. Tengo entendido que usted realiza varias pruebas para tener un diagnóstico personal de cada paciente.

- Así es. Me especializo en diferentes técnicas de rehabilitación que incluyen varias no tradicionales, y con el tiempo fui aprendiendo que no puedo conformarme con los juicios emitidos por otros médicos. Con mis evaluaciones he encontrado maneras diferentes de lograr mejorías, que pueden ser desde leves hasta muy grandes, dependiendo del caso.

- Justamente es por eso que necesito de sus conocimientos. He estado realizando los ejercicios y terapias correspondientes con las tres personas antes mencionadas, pero estoy seguro de que puedo hacer más debido a sus respuestas físicas, sin embargo me siento limitado.

- Comprendo. Permítame revisar los resultados de mis evaluaciones – empezó a buscar los archivos en la computadora, dándole a conocer los detalles a su colega. Estuvieron platicando sobre todo lo que podía probar con ellos, además de darle unas cuantas recomendaciones.

- Dr. Hummel, no tiene idea de cuánto le agradezco por todo esto. ¿Hay algo que pueda hacer por usted?

- No, tranquilo. No necesita hacer nada por mí, al contrario, es un placer poder ayudarlo.

- Es usted muy amable. Pero si hay algo, lo que sea que quiera o necesite, no dude en decírmelo.

El ojiazul observó la carpeta que tenía junto a su computadora portátil – Amm…

- Dígame por favor.

- ¿Lleva mucho tiempo trabajando aquí?

- ¡Oh! No era la clase de pregunta que esperaba, pero sí. ¿Por qué?

- ¿Qué puede decirme acerca de Blaine Anderson?

- Es un caso muy difícil en realidad. De hecho, lo conocí antes de que empezara a venir aquí.

- Tengo entendido que tuvo un accidente automovilístico. ¿Cómo fue?

- Está en lo cierto. Fue un lamentable accidente provocado por exceso de velocidad.

- ¿Es que las personas nunca van a comprender que se ponen en riesgo al conducir de esa manera?

- ¡Oh no! Blaine no fue el causante. Dos autos se impactaron contra el suyo.

- ¿Qué?

- Es una larga historia, muy terrible en realidad, incluso estuvo a punto de perder la vida. Todos los que iban con él murieron, y eso lo devastó por completo. Esas personas eran como su segunda familia.

- Debió sufrir mucho. De sólo pensarlo siento se me recoge el corazón.

- Imagínese lo que fue para él despertar del coma después de varios meses para descubrir aquello.

El dolor físico que le tocó padecer fue muy grande también. Tuvo que ser sometido a varias clases de cirugías. De hecho, yo lo operé cuatro veces, y ya le habían realizado otras intervenciones antes de eso.

- ¡Oh, por Dios! ¿Pero qué clase de accidente tuvo?

- No conozco los detalles completos, pero si tiene algo de tiempo le puedo contar lo que sé.

- Seguro. Lo escucho.

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Varios días habían transcurrido y Kurt no podía sacar de su cabeza lo que le había ocurrido a Blaine. ¿Cómo alguien podía haber sobrevivido a tanto dolor? No sólo era lo físico sino también lo mental, emocional y espiritual. Comprendía porque se había vuelto alguien tan amargo y enojado con la vida. No podía culparlo.

Al menos trataría de darle un motivo para estar feliz. Sabía qué técnicas usar y los ejercicios para la terapia que realizaría con él. Si las cosas salían como esperaba, el moreno dentro de un tiempo estaría sintiendo más que pequeñas corrientes, aunque eso ya era un gran logro en sí después de todo el tiempo que había pasado sin obtener resultados.

Más trabajar con el ojimiel no era nada fácil, al comienzo se mostró tranquila y cooperativo. Podía ver la emoción que sentía ante los estímulos, aunque a veces trataba de ocultarla.

Estaban también esos días en los que llegaba de un humor ligeramente aceptable y otros en los que era simplemente insoportable, sin embargo trataba de ser más tolerante dada su situación, aunque había ocasiones en que parecía estar poniendo a prueba su paciencia.

Sobre todo después de que en las últimas sesiones había dejado de mostrar resultados positivos y eso lo frustraba demasiado. Pero no era el único, Kurt también se sentía abatido al ver que el avance logrado se había desvanecido.

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La tarde se hacía presente y con ella el momento de asistir nuevamente a terapia.

Nadie en el centro entendía cómo aquellas dos enfermeras habían logrado lo que nadie más, el prepotente Blaine Anderson se portaba tranquilo y hasta amable con ellas en ciertas ocasiones. Toda clase de teorías habían surgido, pero no tenían la certeza de cuál era la verídica, o si alguna por lo menos se acercaba, y las chicas no respondían los cuestionamientos que les realizaban.

Kurt observaba con recelo a aquel hombre con el que había tenido tantos tropiezos. Sin importar las formas en las que tratase de acercarse a él y ganarse su confianza, nada daba resultado y era totalmente desesperante.

¿Cómo lo hacía la castaña? Quería saber, porque ahí estaba ella sosteniendo una plática con el de cabello rizado en lo que esperaban que fuese su turno. Cerró los ojos por unos segundos y respiró profundamente, deseando poder hacer eso también con el moreno, pero empezaba a resignarse de que sería algo imposible de lograr.

- Srta. Berry, pueden pasar.

La chica asintió y empezó a empujar la silla hasta llegar al área donde Hummel los esperaba. Una vez ubicada en el sitio que le correspondía, le sonrió a su paciente con cariño – Estamos listos – mencionó con voz cantarina y colocó una mano sobre el hombro de éste. El de ojos pardos la miró y le sonrió ligeramente, pero la expresión de su rostro se volvió totalmente fría y severa cuando giró la cabeza para ver al médico frente a él.

- ¡Hola Blaine! ¿Cómo te has sentido con los nuevos ejercicios? – Trató de sonar relajado.

- Es igual – respondió con voz seca – Nada de lo que haces funciona ya.

- Lo hará, pero tienes que cooperar conmigo. Necesito que sigas al pie de la letra las instrucciones que te doy.

El moreno movió la cabeza hacia un lado y rodó los ojos. La enfermera se agachó un poco y lo tomó de las manos – Cariño, sabes que tienes que poner de tu parte.

Cuando terminaron, Kurt estaba bañado en sudor, siempre era así de difícil trabajar con Anderson – Eso es lo que deben hacer en el transcurso de la semana, dos veces al día – le indicó a Rachel antes de anotarlo en la ficha, puesto que cada enfermera o enfermero debía estar al tanto para ayudarlo cuando fuese su turno. Una llamada rompió el silencio mientras el médico escribía.

- Lo siento, debo contestar, es de mi casa. Enseguida regreso – se excusó la chica y salió dejando a los dos hombres a solas, lo cual resultó muy incómodo.

- Tómalo con calma Blaine. A veces esto pasa, verás que todo va a ir mejorando. Sólo no decaigas ni dejes de hacer lo que te indico, es de suma importancia. Quiero ver resultados tanto o más que tú.

- ¿Cómo puedes decir eso?

- Porque yo no me doy por vencido, y no lo haré nunca. En cambio tú pareces haber perdido el interés en recuperarte.

El ojimiel le dio una de las miradas más furiosas y cargadas de rabia que había visto en su vida, y por primera vez el médico se sintió intimidado.

- Listo, problema resuelto – regresó la chica con una ligera sonrisa que se desvaneció al instante al darse cuenta de lo tenso que su paciente estaba. Era evidente que algo había ocurrido en los pocos minutos que estuvo fuera de la sala de rehabilitación.

Debemos irnos. Lisa está esperando su turno – pronunció con voz suave y empezó a empujar la silla de ruedas.

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Al final de la semana, Rachel se encontraba colocando en el carrito metálico las charolas que contenían los desayunos para los internos, escuchó con desdén como la persona que debía ir donde Blaine se negaba rotundamente. Sabía que no era la primera vez que algo así ocurría, por lo que acomodó la bandeja del artista con cuidado entre las otras. Al pasar junto al frutero sonrió al ver las naranjas y tomó dos de ahí.

Nancy le había contado que al pelinegro le encantaban, así que le llevaría algo que lo pusiera contento. Eso sumado a la sonrisa que ya sabía que vería al abrirle la ventana. Ella concordaba con su nueva amiga en lo absurda que era la prohibición, y si se tenía que saltar una regla tonta con tal de darle un poco de alegría, lo haría siempre.

No había nada que ella no estuviera dispuesta a hacer por Blaine.

La noche llegó velozmente y las horas del día parecían no ser suficientes, Kurt seguía trabajando aun cuando su horario laboral había concluido. Estaba revisando con dedicación las evaluaciones de sus pacientes y los resultados obtenidos, preparando las máquinas para las nuevas terapias y practicando técnicas que quería implementar.

Sólo cuando se sintió extremadamente cansado decidió que era momento de hacer una pausa. Tampoco podía permitirse agotarse y mucho menos enfermarse por no dormir lo suficiente y el cansancio acumulado.

Era tarde y el sueño empezaba a apoderarse de él mientras caminaba lentamente, por lo que no sería nada prudente conducir en esas condiciones hasta su hogar, así que decidió quedarse a dormir allí.

El centro de rehabilitación contaba con personal médico que laboraba por turnos, así como él, y también con los que permanecían como internos, razón por la cual existía un pabellón con las respectivas habitaciones, y afortunadamente para el castaño, no todas estaban siendo utilizadas. Aunque con el cansancio que sentía podía dormirse parado o sentado en un rincón.

Atravesaba el corredor externo, sintiendo la brisa acariciar su rostro cuando algo llamó su atención obligándolo a girar la cabeza hacia un costado. El ala donde se encontraban las habitaciones de los pacientes residentes estaban a oscuras, era lógico debido a que todos debían estar durmiendo por lo tarde que era, pero una de ellas tenía la luz encendida, y eso lo hizo pensar que probablemente algo no andaba bien ahí.

La idea de que tal vez la persona de aquel cuarto pudo ir al baño y en lugar de encender las lámparas laterales lo hizo con la principal, cruzó por su cabeza. Era una posibilidad, así que no la iba a descartar, por lo que esperó varios minutos, pero la luz no se apagaba.

Ante la incertidumbre, observó con atención que el piso al que debía dirigirse era el segundo y la habitación estaba casi en el centro. Apresuró el paso haciendo caso omiso a sus cansados músculos y el rastro de sueño que amenazaba con abrazarlo.

Comenzó a caminar a lo largo del pasillo observando por debajo de cada puerta hasta llegar a donde la luz se reflejaba. Levantó la mirada y se dio cuenta que era la pieza de Blaine. Soltó un suspiro fatigado y rodó los ojos porque con él nunca se sabía. Tal vez se había preocupado por nada, pero como dicen más vale prevenir que lamentar.

Tocó varias veces con golpes lo suficientemente fuertes para ser escuchados por el moreno pero no tanto como para perturbar a los demás. Un minuto transcurrió y no obtuvo respuesta, volvió a llamar y esperó un poco, todavía sin resultados. Respiró profundamente y abrió la puerta.

- Blaine, ¿está todo bien? Soy Kurt. – ingresó y miró en ambas direcciones, el ojimiel estaba en la cama acostado. Decidió avanzar para observarlo bien y al irse acercando notó la respiración forzada y como su pecho subía y bajaba irregularmente.

Al estar a su lado y teniendo una completa visión, se asustó al verlo pálido, con los ojos abiertos pero la mirada perdida y totalmente bañado en sudor.

- Blaine, ¿qué tienes? Blaine – el calor que emanaba envolvió la mano del médico antes de que pudiese ponerla sobre la frente del chico – ¡Oh Dios! ¡Estás hirviendo! Blaine, ¿me escuchas? Tranquilo, estoy aquí y te voy a ayudar a sentirte mejor.

Corrió al baño y mojó la toalla más pequeña que encontró con agua fría, luego buscó el termómetro en el botiquín de emergencias antes de salir a toda prisa. Le colocó el paño en la frente y con cuidado le abrió la boca ligeramente para tomarle la temperatura.

De pronto un olor desagradable llegó a su nariz y abrió los ojos en sorpresa.

Presionó el botón para llamar a la enfermera de turno y en lo que llegaba registró los estantes en busca de otras toallas y ropa limpia.

- Dr. Hummel, ¿qué sucede?

- Blaine tiene mucha fiebre y debemos cambiarlo de ropa, al igual que la sábana y cobertor porque todo está mojado. Una vez que le retire el termómetro lo voy a levantar para que usted le quite la ropa. Además, va a necesitar un baño.

- Entiendo – respondió poco gustosa.

Al observar el pequeño instrumento de vidrio exclamó preocupado – ¡Casi cuarenta grados centígrados! ¡Esto no es nada bueno! Voy a sentarlo – lo tomó por la cintura con una mano y colocó el brazo detrás de la espalda – Ayúdeme con la camiseta.

- Claro – tomó el costado de la tela con tres dedos mientras hacía varias muecas.

- ¿Qué le ocurre? Dese prisa.

- Lo siento, es que detesto el sudor, y esto está tan mojado.

- ¿Es una broma acaso? ¿Qué clase de enfermera es usted?

- No estoy aquí para tratar con ropa sudada. Ugg, y además está sucio – expresó con asco.

- Es mejor que vaya pensando en cambiar de profesión, porque si no está dispuesta a hacer una tarea sencilla como esta, le aseguro que ha errado por completo.

Kurt se desesperó al ver lo poco útil que era la presencia de la chica, así que la mandó a llamar a las enfermeras o enfermeros que estuviesen ahí para que ayudasen, no sin antes fijarse en el apellido que estaba grabado en la placa que portaba en el uniforme.

Él siguió retirando las prendas con dificultad. Cuando dos personas ingresaron el moreno se encontraba sólo en un boxer azul.

- ¿Qué tiene Blaine? – la castaña corrió a ayudar.

- Rachel – susurró con alivio. Sabía que ella era alguien con quien podía contar.

- ¿Qué necesita que haga Dr. Hummel? – preguntó un joven parado a un costado.

- Rachel, necesito la silla para acomodar a Blaine, pero pon algo encima para que no vaya a ensuciarse – miró al chico por unos segundos.

- Paul – mencionó como respondiendo aquella pregunta silenciosa.

- Ok Paul, quita todo de la cama y comprueba si el colchón está mojado o sucio. De ser así no podemos volver a acostarlo ahí.

Mientras el enfermero hacía lo asignado, los ex amigos acomodaban al ojimiel en la silla.

- ¿Qué le pasó?

- No tengo idea, pero necesito que le digas a O'Hara que consiga un suero hidratante y agua con hielo, también que prepare el baño. No sé por qué no regresó con ustedes.

- Yo puedo traer…

- Te necesito aquí. Sé que te preocupas por Blaine y…

- Entiendo. Voy a avisarle y regreso enseguida.

Luego de una discusión con Paul, solucionar lo de la cama y bañarlo apropiadamente, acomodaron al moreno, le pusieron las compresas heladas en las extremidades superiores e inferiores, los costados del cuerpo y en la frente.

Rachel le colocó una sábana fina de forma transversal cubriendo de la mitad del estómago hasta unos centímetros después del inicio de los muslos para que no estuviera tan expuesto, ya que el resto de su cuerpo permanecía desnudo.

Kurt revisó la ficha con las anotaciones del día y frunció el ceño. Pensó encontrar información valiosa, pero antes de que pudiese decir algo sus ojos se dispararon con angustia hacia Blaine, quien empezó a quejarse agudamente y dirigió con esfuerzo una mano temblorosa hacia su parte abdominal.

- En la mañana se quejó de dolor y no quiso comer nada – manifestó Berry con evidente preocupación – Vomitó varias veces. Pensé que tal vez le había caído pesado algo de lo que ingirió en la noche. Y antes de que me pregunte, no, no tenía fiebre en ese momento.

Le di un té de manzanilla y me quedé a su lado todo el tiempo que fue posible. Pareció calmarle un poco porque empezó a quedarse dormido. Anoté todo en la ficha y le notifiqué a uno de los médicos que estaban de turno.

- Al parecer no hicieron nada al respecto. – gruñó.

- Paul necesito los implementos para hacerle algunos exámenes – le dio la lista de lo que iba a requerir y en pocos minutos le realizaron los análisis y cultivos, los cuales arrojaron una salmonelosis como resultado.