Capítulo 13: capitán
«La gratitud es como aquel licor de Oriente que sólo se conserva en jarros de oro: perfuma las almas grandes y se agria en las pequeñas».
—Jules Sandeau, escritor francés.
A dos meses de graduarse y ya a punto de cumplir los 21, Harry disfrutó unos de sus pocos fines de semana libre en Hermina. Todo se había dado para que fuera de esa manera. Generalmente, los días libres los podía pasar hasta en Sina si estaban en un campo de entrenamiento cerca de la capital, pero no podían volver a casa a menos que se diera la orden por parte del comandante Shadies y hoy era su fin de semana de suerte.
—¡Nos vemos, chicos! —dijo Harry con una resplandeciente sonrisa.
—¡Hombre, no sonrías así! Me haces más miserable. Qué suertudo... —refunfuñaba Eckart.
—No seas envidioso, Eckart. La vez pasada estábamos más cerca de Calaneth y nadie te dijo nada por irte con tu familia.
—No lo tomes en cuenta, Harry. Vete, nos veremos mañana en el bar que nos dijiste. —Ferdinand trató de cortar el espectáculo que Eckart estaba haciendo y Harry solo suspiró asintiendo. Mañana los vería nuevamente de todas formas, así que no perdería el tiempo con Eckart, sino que iría a ver a los Kivi.
—Nos vemos chicos. ¡Y cuiden de Bia!
—¡Oki doki! —fue la ferviente respuesta de sus cinco compañeros.
Harry se avergonzó por un segundo. Oki doki era una de las tantas palabras que les había pegado a sus amigos (Merlín, Morgana, por Godric y ni que fuera elfo doméstico eran otras expresiones que lo avergonzaban… Hasta ahora, él no sabía cómo se había salvado de cada una de sus caídas de lengua, pero no le decían Harry el loco por nada).
Con una última caricia a su yegua, Harry se dedicó a pasear por Hermina un poco. Hace cuatro meses que no pisaba el distrito, así que había unos cuantos cambios. Hoy era viernes, así que estaría en casa con los Kivi hasta el domingo por la mañana. Pese a ser las tres de la tarde, los niños ya estaban corriendo de sus madres y preguntando por frutas y juguetes. Harry sonrió al verlos y decidió que lo mejor sería pasar directamente a la casona, se demoraría un poco más de una hora a pie, así que no había momento como el presente para una visita sorpresa. Harry no les había querido decir a Gilbert y Rita que tal vez la Tropa de Reclutas descansarían de sus funciones en Hermina por temor a quedar varados en otros lugares —ya había pasado con anterioridad y habían quedado a mitad de la nada sin posibilidad de llegar a Karanese para descansar—, así que Harry decidió que lo mejor era decir nada, esperar por un milagro y ahora disfrutar el trayecto.
Pronto, los locales comenzaron a desaparecer y grandes casonas y residencias tomaron su lugar, había terrenos que eran más de dos hectáreas, otros eran unos pocos metros cuadrados, pero cuando por fin se estuvo acercando a un largo y frondoso prado, Harry supo que había llegado a su hogar.
Casona Kivi
Eso era lo que decían las letras sobre el grande y opulento portón de hierro. Harry respiró profundo y con los ojos cerrados, sintiendo y reconociendo cada fragancia que su nariz reconocía. Tierra, abono, flores, árboles, hojas secas y la misma vida silvestre.
Era un maravilloso olor a hogar.
Caminó sin apurarse, ya eran pasada las cuatro de la tarde, pero poco le importó la hora, se fijó que Rita había cambiado nuevamente la posición de las rosas, que habían comprado un par de caballos más y que, muy para la dicha de Harry, Angus había convencido a su padre de hacer una piscina, concepto que Harry introdujo una tarde cuando se enteró que el pequeño lago que estaba detrás de la casona no se podía utilizar para nadar.
Harry recordaba las tardes de verano en Hogwarts nadando las calurosas tardes y en la casa de los Weasley cuando Bill creó esa piscina en la parte trasera de la madriguera.
—¿Harry? —y allí estaba, como todos los días, Albert abriendo la puerta y mirándolo sorprendido.
—Sorpresa.
—¡Harry! —repitió esta vez más alto Albert.
—¡Escuché que alguien dijo Harry! —gritó Rita desde la cocina.
—¡¿Harry está aquí?! —Luisa, desde las escaleras, se lo quedó mirando con un canasto en sus manos.
—¡HARRYYYYY! —y allí estaba la bola de energía que era Angus corriendo por las escaleras al escuchar su nombre.
Poco a poco su familia se acercó a recibirlo y Harry sonrió con el corazón ligero y lleno.
—Estoy en casa.
• ✧ •
—Violeta. —En la puerta de la dirección del Refugio Algiz para niños en necesidad estaba Harry, el mismo Harry de hace dos años, con el cabello un poco más largo, pero incluso más desordenado de lo que Violeta recordaba.
Le sonreía desde la puerta asomando solo su cabeza, la mujer se lo quedó viendo por unos segundos apreciando los pequeños cambios que podía ver. La sonrisa del menor era más sincera y, cuando decidió por sí mismo que tenía que entrar a su despacho, la mujer se dio cuenta de cuán tonificado ahora estaba el hombre.
Harry allí, de pie y sonriente como si nunca se hubiera ido.
—Harry —dijo reconociendo al hombre delante de sus ojos.
—¿Interrumpo algo?
—No —respondió mientras observaba cómo Harry se dejaba caer si gracia en la silla delante del escritorio—. Veo que sigues siendo igual de irreverente —se quejó por lo bajo. Era un sueño, uno que pensaba probable, el pedir que Harry adquiriera un poco más de modales y bueno… cortesía.
—No sé de qué hablas. ¿Y cómo anda todo por acá? Gilbert me dijo ayer que el refugio está andando bien y que llegó un patrocinador en los meses que no estuve presente.
Violeta podía tener miedo de muchas cosas. Titanes era lo primer que se le venía a la mente, luego era perder a su querida Darla y le seguía de cerca Harry, quien parecía estar relajado y tranquilo con su situación, tranquilo de que en pocos meses más se graduaría y comenzaría su vida como soldado.
Harry era un demente y eso la inquietaba. ¿Cómo un hombre con tantos recursos podía arriesgarse de tal manera? Sin embargo, Violeta vio lo que supuso veía la «familia» de Harry. El brillo en esas esmeraldas, lo saludable de su tez y lo relajado que parecía tras meses y meses de levantarse a horas inhumanas, correr hasta que sus piernas no pudieran más y saltar entre las copas de los árboles.
Harry era libre y eso era algo que nadie podía entender, pero sí podían respetar frunciendo el ceño y apretando los dientes.
—Así es —dijo parcamente—. Los Dumont se acercaron hace unos meses. Más dinero, eso ayudará con los trabajos de reparación del ala norte. Sufrió un desperfecto hace tiempo y no teníamos dinero para solucionarlo hasta ahora.
Harry asintió escuchándola atentamente, pero no dijo nada más. Violeta estaba demasiado ocupada recabando cada detalle de Harry; y Harry estaba demasiado ocupado mirando el montón de papeles en la mesa de la mujer.
—¿Algo que deba saber? —preguntó Harry mientras intentaba ocupar sus manos con la tela de su pantalón.
—Ahora que lo pienso, sí. —Violeta se levantó de su escritorio y se dirigió a la biblioteca donde Harry sabía tenía los papeles relacionados con las clases y actividades escolares del refugio.
—¿Y eso sería…? —indagó curioso el hombre.
—¿Qué te parece dar una charla sobre tu tiempo en la milicia? Desde que te fuiste, parte de los chicos presentes en tu discurso han demostrado ganas de iniciarse en el mismo campo, pero no queremos que estén desinformados de la decisión y sé que los soldados comunes y corrientes solo embellecerán su discurso.
» ¿Has sabido algo de Judith? —preguntó ella de la nada tras el corto discurso sobre la futura participación de Harry en una charla informativa.
Harry se le quedó mirando un rato, primero pestañeando ante lo que había dicho y luego esquivando su mirada tras su última pregunta. Incluso así, Violeta sabía que Harry contestaría porque él era el tipo de personas que siempre miraba por el bienestar de otros, sobre todo porque, de una manera u otra, Harry se sentía responsable por la decisión de la primera generación que partió con él al ejército.
Judith Strauss.
Eloisa Fave.
Mark Ezkiaga.
Foi Fiquet.
Cuatro jóvenes, dos hombres y dos mujeres todos alrededor de la misma edad. Violeta supuso que la responsabilidad que sentía Harry era enorme, sobre todo considerando que el mayor se había separado de su ciclo y los había dejado atrás. Violeta aún recordaba cuando Harry se emborrachó en una de sus tantas visitas a Hermina cuando se enteró que Foi casi pierde el brazo producto de una maniobra mal hecha.
No era la culpa de nadie, pero eso no quería decir que el idiota de Harry no pensara o se echara la culpa por ello.
—Bien... O tan bien como pueden estar. Eloisa está entre los diez mejores del ciclo y Foi sigue siendo un poco despreocupado. ¿Han venido en los recesos?
—Sí, vienen los cuatro juntos y juegan con los niños. Eren los incomoda con las mil y un preguntas… Es por eso que quiero que des esa charla. Jaeger, Ackerman y Arlett están empecinados a entrar este año. Me preocupa Jaeger, él ha demostrado tener pequeños problemas de ira, ya sabes...
Ella movió la mano al recordar las mil y una disputas que había tenido que romper entre el menor y niños más grandes o entre Eren y los propios soldados. Era horrible.
—Mhm... No creo poder hacer mucho —dijo Harry en un suspiro—. Eren siempre ha sido así, ya sabes lo que le pasó. Por lo menos trataré de informarle todo lo que necesite para sobrevivir, pero a la larga, Violeta, es su decisión y prometí no entrometerme en sus decisiones.
—Son niños, Harry —replicó ella enojada—. ¡El no sabe lo que quiere!
—Él dejó de ser niño el día que su madre murió, Violeta —espetó el hombre enojado. La temperatura de la habitación parecía haber descendido unos grados y Violeta miró sorprendida a Harry por sus ácidas palabras—… Lo siento... Lo que quiero decir es que él, que vio a su madre morir ante sus ojos, ya no es un niño. Solo nos queda apoyarlo, nada más. Además, puede que siquiera esté un mes en el ejército.
No sabía por qué, pero Violeta sabía que eso era imposible. Algunas noches, algunos profesores pillarían a Eren despierto por las pesadillas, mordiéndose los labios y con odio fulgurante en sus ojos.
No era que le molestara que fuera soldado, sino que lo que le molestaba a Violeta eran esos ojos, llenos de furia, sin raciocinio y consumidos por el odio.
—Ahh. —Suspiró ella y solo asintió ante el argumento hecho por Harry.
—Bien. ¿Cuándo quieres que dé la charla?
—Ahora es mejor. Mañana regresarás al campamento, ¿cierto?
—Ajá.
—Bien, no tenemos tiempo que perder. Partiremos con los últimos cursos.
Ambos caminaron tranquilamente por el refugio, intercambiando opiniones, anécdotas, cosas por hacer, nuevas ideas y el sistema de seguridad. En el tercer piso del edificio escolar, Violeta pudo escuchar el murmullo de la clase de Roy. Ella tocó la puerta con decisión y se hizo paso a la clase atrayendo la atención no solo de Roy, el profesor, sino de los alumnos presentes.
—Roy, lamento interrumpir, pero Harry está aquí.
—¿Harry?
Y casi como invocado, Harry apareció de la nada a su lado, sonriente y extendiendo su mano a Roy.
—¡Tanto tiempo sin verte, Roy!
—¡Harry!
Los niños se emocionaron, las visitas de Harry eran pocas, pero siempre traía noticias o cosas para compartir.
—Harry viene a dar una charla sobre su elección de carrera. Ya sabes, por las distintas charlas que hemos estado haciendo sobre las profesiones.
Ella le mandó una mirada al profesor quien frunció un poco el ceño y luego asintió al comprender a lo que ella se refería, el brillo en sus ojos lo delataba, al igual que la sonrisa estreñida en sus labios.
—Solo trata de controlarte esta vez, ¿sí? —Harry rio y asintió.
—Haré lo mejor posible —susurró a los dos adultos—. ¡Bien, chicos! Día de la profesión. Como saben, soy dos cosas: microempresario y soldado. Pregunten sobre cualquiera de ambas.
• ✧ •
—Así que pasaste toda la tarde de ayer con tu familia y te fuiste hoy en la mañana a tu orfanato. —resumió Eckart frunciendo el ceño—. Eso parece aburrido.
—¡Eckart!
—¡¿Qué?! —espetó enojado el niño.
—De partida —dijo Harry con el ceño fruncido—, es un refugio, Eckart, no es lo mismo que un orfanato, aunque cumple su función. Y lo otro es que yo no lo encuentro aburrido. A mí me causa repelús que seas como una vaca todo el día, pero yo no te digo nada —se defendió el mayor frunciendo el ceño.
—¡Ey! ¿Qué demonios significa eso?
—¡Oi! Paren ya ustedes dos. A todo esto, Harry, ¿adónde vamos? —preguntó Ferdinand mirando atentamente la calle. Ninguno de sus acompañantes era de Hermina, así que Harry podía entender las miradas confusas ante las calles o los escaparates.
—¿A dónde crees que vamos, Fer? ¡Por supuesto que a comprar su jodido té! Adicto. —La risa de Gerda hizo que el resto del escuadrón de Harry se riera de él.
—Me siento tan amado —su voz sonó plana y sarcástica, pero lo único que logró fue hacerlos reír aún más.
—Anda, nadie quiere que hagas un berrinche, sobre todo porque nadie quiere que andes golpeando a otros cadentes por allí. —Ferdinand se tapó la boca con su mano y procedió a reírse lo más tranquilo posible mientras caminaba. Pese a ello, Flora y Gerda lanzaron una carcajada fuerte, casi como un aullido mientras se cubrían el rostro con sus manos tratando de secar las lágrimas que comenzaban a salir de sus ojos.
Eckart negó con la cabeza, serio, claramente el soldado recordaba como si fuera ayer el impase que llevó a Harry a vivir por una semana de invierno en el bosque porque se había agarrado a combos con un idiota de la barraca 5, todo por sus paquetes de atención y las bolsas de té que solo compartía con sus amigos. Era su té, sus galletas y sus dulces, ¿por qué demonios el idiota de la barraca 5 creía que las podía tomar sin permiso? Lo cierto era que si el imbécil se las hubiese pedido, Harry se las hubiera dado sin problemas, pero el solo hecho de habérselas robado y luego increparlo porque «ni tan buenos son tus regalitos, Potter»… Oh, Harry había visto rojo.
—¿Hasta cuándo van a recordar eso?
—Hasta el final de los tiempos.
—Todavía recuerdo lo asustado que Eckart estuvo por esos tiempos, siquiera podía estar en el mismo cuarto que tú sin sudar frío.
—¡Dejó a John morado y negro, Fer! Lo tuvieron que dar de baja porque le rompió el brazo en tres partes distintas —chistó enardecido y avergonzado el aludido.
—Bueno, en algo tiene razón Eckart —cortó Gerda quien aún se limpiaba las lágrimas de sus ojos—: ese día, Harry invocó al dios de la lucha porque por Godric que lo vi dar una patada voladora.
Más risas histéricas, fuertes, escandalosas e irritantes. Harry los miró sin gracia en sus ojos, pero para sus adentros estaba feliz, era uno de esos días donde nada podía salir mal, sus amigos de escuadrón estaban de un humor excelente y Harry invitó a todos a una cena familiar en la casona de los Kivi.
Harry quería ir a comprar el nuevo té que Anthony le había mandado hace unos meses a su teteria, era una combinación de roibos earl grey con chesnut y assam. Por algún extraño motivo, a Harry le encantaba y estaba dispuesto a gastar sus münzens en un exquisito té.
—¡Llegamos! —exclamó Harry con una sonrisa al ver la Tetería Nox como la recordaba. En el escaparate había una serie de recipientes, cada uno con distintos tipos de hojas para atraer la vista. Una vez adentro, Harry inhaló la distintiva fragancia de té negro, verde, blanco, vainilla y todo combinado en uno.
—Oh, Rosalie, veo que sigue aquí.
—¡Harry! ¡Hace tanto que no te veo, muchacho! ¡Pero mira cómo estas! Tan atractivo y musculoso. —A sus espaldas, Harry escuchó las risas suaves de sus amigos, pero Harry no les prestó tanta atención, la mujer delante de él estaba brillando de felicidad por su visita. Rosalie era generosa y humilde, algo que le gustaba a Harry.
Estuvieron conversando por unos minutos, no había nadie en la tienda, por lo cual Harry le pidió una bolsa de roibos y su siempre y fiel keemun.
—Oi, ¿hasta cuándo estarán las mierdas riéndose y haciéndome perder el tiempo?
Fue como un balde de agua fría para su equipo. Harry frunció el ceño ante cuán tensa parecía Rosalie y se giró para ver a la persona que había interrumpido su agradable conversación.
Eckart, Ferdinand, Flora, Gerda y Edith guardaron silencio como nunca, mas Harry todo lo que pudo apreciar entre la multitud que hacían sus amigos era la tensión, nada más.
Ahora, Harry no era el hombre más alto del mundo, pero la persona debería haber sido bastante más pequeña y algo delgada para pasar desapercibida de esa manera.
—¿Eh?
—Tú. —Y luego lo vio, con el ceño fruncido, el rostro con algo parecido a desdén y un corte de cabello que hacía a Harry recordar una tarde hace años.
—¡Oh! Tú.
—Sí, yo. Ahora muévete si no vas a comprar algo.
—Alguien definitivamente necesita un revolcón. —Espetó molesto Harry. El chillido de horror del escuadrón y Rosie ya no se le antojaba tan chistoso como antes. ¿Qué tenía el otro que lo hacía tan terrible de ver? La respuesta había salido de manera automática. Si había algo que le molestaba a Harry era gente que lo molestara sin razón. ¿Qué tenía de malo hablar un poco con Rosalie? Harry hubiera estado más que feliz de hacerse a un lado si se lo hubiera pedido con amabilidad, pero no, el tipo tenía que ser irritante y maleducado.
—Tch. ¿Quién te crees que eres?
—¿Quién te crees que eres tú?
—Mocoso.
—¿No tenemos la misma edad?
—¿Andas buscando pelea, pendejo?
—¿Pendejo? ¿Y quién te crees que eres?
—Tch, comparado con un señorito como tú, por lo menos sé limpiarme el culo.
—Ahh, claro, el viejo y confiable insulto por apariencias. No sabía que era tan prejuicioso, capitán. Para su información, este señorito es un próximo a ser soldado. Espero que nunca uno como usted.
—No sabía que estuviéramos tan necesitados de personal...
—Ahora, eso es buscar pelea.
—¿Quieres pel...?
—¡Harry! —interrumpió Gerda con una sonrisa estreñida, jalando a Harry para separarlo del otro hombre. No se había dado cuenta, pero poco a poco se habían ido acercando, claramente estaban a punto de agarrarse a golpes de no ser por la intervención de la mujer.
Harry trató de agarrar un poco de oxígeno para sus pulmones, mas sus ojos nunca dejaron de mirar con el ceño fruncido al otro hombre.
—Señora, ¿por qué no nos cobra las bolsas? —el tono de voz de Flora era algo nervioso, pero eso pareció romper un poco la tensión que Harry sentía en el ambiente, incluso pese a que él seguía viendo al hombre más pequeño con el ceño fruncido.
—¿Harry? —llamaba Eckart incómodo.
—¿Cuánto es, Rosie? —incluso ahora, Harry no le quitaba la vista al hombre más pequeño.
—Erg... 7 münzens con 5 karats.
—Si te me vas a quedar mirando como idiota, por lo menos has algo productivo mientras lo haces. ¿Hasta qué puta hora te tengo que esperar?
Harry lo sabía, era imposible dejar pasar por alto a un idiota incompetente.
—La primera te la perdoné porque pensé que estabas apurado, pero ahora parece ser que no entiendes lo que significa ser cortés. ¿Es que acaso nadie te lo enseñó?
—Tch, ¿y quién lo va a hacer? ¿Mi madre muerta?
—Pues yo lo aprendí de la vida, no de mi madre —replicó sin parpadear.
—¡Ja! Así que sí tienes bolas.
—Por lo menos más que tú.
—¡Harry!
—Bien, ya que estás tan parlanchín, ¿por qué no mejor tú y yo vamos a arreglar esto de una vez por...
—¡Perdónelo, Capitán Levi! —fue Ferdinand quien interrumpió su discusión con el otro idiota. ¿Capitán? Ahora que lo recordaba, la vez pasada Rosalie había dicho algo similar, pero Harry no le prestó mucha atención porque estaba más entretenido mirando al hombre.
¿No que solo habían dos capitanes oficiales en la Legión de Reconocimiento? Harry no podía recordar muy bien quién, solo sabía que el comandante era Erwin Smith, un rubio de ojos intensamente azules y carácter decidido.
Ahora que lo pensaba un poco más... ¿No que había un capitán en la legión que era conocido como el soldado más fuerte de la humanidad? ¿Era él?
—¿Qué? ¿Por qué te me quedas viendo como un estúpido?
—Nada, es solo que me sorprende que el soldado más fuerte sea un imbécil maleducado.
—¡Harry!
—Ya está. ¿Dónde y cuándo quieres tu paliza?
De forma automática, Harry pagó sus bolsas de té ante una sorprendida y temerosa Rosalie quien entregó el pedido temblorosa. Harry, por otra parte, no pudo evitar aplaudirse mentalmente ante su propia idiotez. ¿Cómo carajo planeaba ganarle al soldado más fuerte de la humanidad? El hombre había estado asesinando titanes por más años de los que Harry había estado en este mundo y pese a que tenía confianza en sus reflejos, él sabía que no era el mejor soldado en el combate cuerpo a cuerpo.
Él tenía agilidad a su favor, pero en tierra no era mejor que el sonso Eldritch.
En tierra...
—¿Y cómo planeas hacer esto? ¿A golpes? Todos sabemos aquí que eres más habilidoso de lo que aparenta, capitán Levi —lo último lo dijo con un insulto. Para Harry, un capitán era alguien de quien podías depender, que te protegía y dirigía. Harry no podía ver muy bien esas habilidades en el maleducado y prepotente capitán.
—¿Ah? ¿Y cómo planeas que solucionemos esto, pendejo? ¿Asesinando titanes? —puede que su rostro y tono de voz no haya variado tanto, pero Harry podía reconocer un poco el sarcasmo del hombre. Por lejos, a Harry le costaba un montón tratar de comprender al hombre.
—Por supuesto que no. Harry no está insinuando eso, a que no, ¿Harry? —Gerda lo miró con ojos tensos y grandes, incitándolo a darle la razón mientras que sus amigos formaban una especie de semicírculo a sus espaldas, como apoyándolo, pero no intercediendo mucho. Supuso que si él terminaba medio muerto por culpa de su boca sin filtro, no tenía por qué incluir a sus amigos en la paliza del año.
—Claro que no, ni que nos dieran permiso —negó Harry—, pero eso no quiere decir que no podamos hacer algo. Somos soldados, después de todo, así que tenemos muchas habilidades que nos son útiles. Yo digo hacer una prueba completa.
—Prueba completa —susurró Edith a sus espaldas.
—¿Qué demonios significa eso?
—¿Eh?... ¡Oh! ¡Sí! Digo, claro. Buena idea, Harry.
—¿Qué es lo que no me estás diciendo, mocoso?
—Nada, solo trato de ser justo y magnánimo —agregó Harry molesto—. No soy tan idiota como crees que lo soy y sé cuando alguien es más fuerte que yo, por lo menos, físicamente... Pero con una prueba completa, nosotros demostraremos todas nuestras habilidades.
—¿Y qué? ¿Acaso sabes cocinar o algo? —Harry bufó dejando escapar una pequeña risa. Por otra parte, sus amigos solo se lo quedaron mirando como si estuviera loco. No podía explicarlo, pero Harry sabía que, pese a que las palabras fueron dichas con el rostro serio y tono plano, Levi le había tirado algo parecido a una broma.
—Sí, pero eso no viene al caso. A lo que me refiero es que para ser soldado tienes que tener buenas habilidades de combate, trabajo en equipo, habilidades de maniobra y capacidad para asesinar titanes... Obviamente no quiero molestar a mis amigos y no podemos ocupar material para algo personal, pero creo que sí podemos agarrarnos a golpes y ver quién llega más rápido de un punto al otro en una pista de obstáculos. ¿Te parece?
—Tch. Lo que sea.
—¡Bien! Nos vemos mañana en el campamento siete, tiene que ser temprano porque después tengo que ir al campo de entrenamiento. ¿A las nueve?
—Que sea a las ocho, tengo cosas más importantes que hacer que patearte el trasero.
—Como digas, nos vemos mañana.
El otro no respondió y Harry solo atinó a dirigir un gesto a Rosalie y salió de la tienda con sus amigos en sus talones.
—¡¿Pero en qué demonios estabas pensando?! —y luego comenzaron los gritos, las acusaciones, los «aún le puedes pedir disculpas, aunque todos sabemos que tenías razón» y los «siempre podemos buscar al comandante Smith para que controle a capitán Levi».
Ellos no sabían que Harry nunca se había echado para atrás en un duelo, no importando cuán estúpido este fuera, era cosa de honor. Era ser un Gryffindor.
Mañana estaría a las 07:45 en el maldito campo y, pese a que sabía que quedaría de colores, ni jodiendo Harry dejaría que el capitán Levi le ganara volando. El aire era su dominio y él sabía que nadie más podía surcar los cielos como él. Ni siquiera el soldado más fuerte de la humanidad.
• ✧ •
Levi caminó por los pasillos del edificio de la Legión de Reconocimiento. Cada rama militar tenía un edificio para ellos. La legión tenía siempre los edificios más pequeños o los más antiguos, pero no por eso dejaban de ser imponentes con los estandartes de las alas de la libertad en la entrada o con la calidad de los soldados que salían o entraban del edificio.
La legión podía ser mucho menor en números, pero un solo soldado de ellos por lo menos valía por cinco soldados comunes.
Esos eran números para estar orgullosos.
Los números que no causaban orgullo eran las altas tasas de muerte en misiones, eso era algo que siempre trataban de evitar, pero en la lucha contra los titanes nada podía ser predecible, sobre todo cuando las bestias medían más de tres metros —y esos eran los más pequeños—. De todas formas, Levi no estaba caminando por los pasillos del edificio de la legión porque estuviera pensando en titanes, por supuesto que no. Él estaba ya de pie a esa hora para tomar su bien merecida taza de té antes de ir a patear el trasero de cierto idiota que gustaba de incomodarlo en la tetería y llevarse sus bolsas de té.
El muy pendejo.
Levi lo había conocido hace tiempo en un día cualquiera y lo seguiría reconociendo por esos desordenados cabellos azabache. Era impresionante cómo el niño no supiera lo que significara un peine.
Aquello no era lo importante, no. Lo importante era que el muy pendejo creía que era capaz de derrotarlo, lo había visto en la mirada decidida y dispuesta del otro hombre, cómo sus ojos tomaron un fulgor de decisión y también cómo, pese a estar en desventaja, no se había echado para atrás.
Levi podía apreciar a alguien que tenía los pantalones bien puestos, pero eso no significaba que le daría la vía libre para insultarlo así como así o hacerle ver como un idiota.
—¿Levi? —y allí estaba, la persona que menos quería ver en estos momentos porque sabía que no lo dejaría tranquilo. Erwin tenía ese mal hábito de no dejar las cosas ir.
—Erwin. —Y lo pasó de largo. Levi no tenía tiempo para andar hablando sinsentidos a esta hora, sobre todo porque en la cocina había dejado su bolsa de assam y quería tomarse su taza de té antes de marcharse.
—¿Qué haces afuera a esta hora? Pensé que habías pedido la mañana libre —preguntó Erwin con su siempre pulcro y peinado cabello rubio y esa mirada seria. Era molesto ver su rostro a estas horas de la mañana, sobre todo porque trataba de sonsacarle información.
—No es de tu incumbencia.
—Lo es si lo que escuché ayer por la noche es verdad —contestó con su tono de voz pausado y plano. Levi sencillamente lo miró, sus ojos desmotivados, su expresión no varió, pero era claro lo que quería decir ante el silencio: no te metas en mis asuntos.
—Levi.
—¿Y qué si es verdad?
—No puedes ir por la vida golpeando a los reclutas, Levi. ¿Qué clase de imagen crees que darás?
—La misma jodida imagen que he dado todo el maldito tiempo: no me jodas. Ahora o te quedas callado y me dejas tomar el té o te vas a hacer esa mierda aburrida que haces en tu oficina.
El suspiro de Erwin dejó bien en claro a Levi que el rubio comandante de la legión no planeaba irse de su lado ni dejar ir el tema. Esta situación lo llevó a estar sentado con Erwin por los próximos 30 minutos que pasó haciéndose su té y buscando algo para desayunar.
Pese a las palabras cortantes que Levi le dijo, Erwin no abandonó su charla pacifista, por lo cual no se sorprendió al encontrarse caminando con el rubio por las calles a esa hora de la mañana, sino lo que le sorprendió un poco fue ver a Eld ya de pie en la puerta del campo de entrenamiento mientras bostezaba un poco.
—Comandante, capitán —fue su corto saludo. Levi no dijo ni reconoció su voz, sencillamente siguió caminando mientras ordenaba su pañoleta que se había desordenado por culpa del viento matutino.
—¿Ya llegó? —fue lo que preguntó al rubio sin voltearse ni mirarlo.
—Sí, hace unos minutos. Vino con cinco personas más, tres mujeres, dos hombres. Supongo que son sus amigos.
—Hn.
—¿Algo más que debamos saber, Eld? —fue la pregunta que realizó Erwin al ver que Levi no iba a decir nada más.
—Mhm... Por lo que pude escuchar, él se adelantó un año en el entrenamiento de cadetes, un poco peleonero con sus compañeros, pero los rumores dicen que es algo así como un genio.
—Genio —fue lo que dijo Levi sin pensarlo. Su tenor no cambió, pero el término le causaba gracia.
—Gracias, Eld. ¿Te vas a quedar a ver?
—Claro. Siempre es bueno ver cómo capitán Levi barre el piso con un novato.
No tuvieron que caminar por mucho tiempo para llegar al lugar pactado, el cielo hace horas estaba comenzando a teñirse de celeste en vez de azul marino; y allí, en el vasto campo de entrenamiento, estaba el mocoso con el cual se había agarrado la noche anterior.
Si Levi era honesto, podría decir que en un comienzo él pensó que el idiota era un comerciante más con su ropa de calidad, manerismo y despreocupación, pero ayer lo había visto de lo más cómodo con cadetes quienes andaban sin sus EDM3D. Fue un pensamiento errante el de que tal vez era un cadete más, pero resultó ser acertado.
El pendejo estaba de pie con el uniforme que todos tenían, solo que sus insignias eran los del equipo de cadete en vez de las alas de libertad. Los cabellos del otro seguían estando igual de desordenados y sus ojos igual de fulgurantes. Esa mirada tan decida que prometía pelea era algo que Levi no sabía cómo tomar.
—Ya estoy aquí, dime cómo te tengo que romper los huesos para poder irme a hacer cosas más importantes.
—Buenos días. —El sarcasmo goteo de cada letra en esa pequeña frase—. Veo que también viniste con compañía.
—Comandante Erwin Smith y él es el segundo a cargo del escuadrón de Levi, Eld Jinn —dijo Erwin estirando su mano con para saludarlo.
—Harry Potter. —Fue lo que respondió el pendejo que siquiera tuvo el descaro de presentar a sus amigos, sino que estrechó la mano de Erwin como si no fuera mucho y dirigió sus ojos verdes a él.
Levi le devolvió la mirada sin temor.
—¿Y? —preguntó hastiado.
—Mis amigos pusieron algunos obstáculos en el circuito para volar de aquí al otro extremo. Calcularon que nos tendríamos que demorar como quince minutos. Quien llega antes y no posee heridas gana.
—Uhn... ¿Y qué? ¿Qué se supone que hará eso?
—B-bueno… —quien interrumpió no era el mocoso, sino una chica pubescente (por lo menos para él lo era), cabellos largos atados en una coleta alta, de tez trigueño y ojos cafés.
—¿Bueno qué? —Levi habló tan parco como siempre.
—Lo que creo que la señorita quiere decir, Levi, es que eso medirá las habilidades aéreas de ambos. ¿Estoy en lo correcto, señorita?
—Uhm... Sí. Luego se medirán las habilidades de combate cuerpo a cuerpo.
—Ok, hagamos esto, no quiero perder más el tiempo. ¿Dónde tenemos que dirigirnos?
—¡A-ah! Por aquí —esta vez fue otra mujer quien tomó la palabra. Cabello corto, castaño oscuro y en sus manos apretaba una hoja... Un mapa, ahora que podía verlo mejor—. Tendrán que partir donde estamos ahora y pasar por esta zona, cruzarán un claro y llegarán a...
La niña habló por unos minutos más, pero Levi solo se quedó mirando el mapa por unos segundos. Tenía que darle a los niñatos un punto a su favor, la zona que habían escogido era buena para calificar la maniobra y tiempo de respuesta cuando entrenaban. Si el soldado no era bueno pensando rápidamente o esquivando, podía terminar golpeándose con los troncos y enganchado entre las ramas.
—... Está bien, yo daré el inicio. ¿Quieren revisar sus equipos de maniobra? —preguntó Erwin tratando de ser la voz diplomática de todo el asunto, no que a él le importara.
El equipo de maniobra que Levi tenía siempre estaba limpio, reluciente y cuidado. Levi siempre se aseguraba que estuviera en óptimas condiciones. Iba directamente al departamento de soporte para que le cambiaran las guías después de cada salida a la muralla, revisaba que cada instrumento de su EDM3D estuviera en óptimas condiciones porque de eso dependía su vida y, por sobre todo, Levi cuidaba que nadie tocara sus cosas.
Más por hacer algo que por quedarse de pie sin moverse, Levi revisó superficialmente por última vez su equipo. Los tanques de gas estaban llenos, sus cuchillas afiladas y listas y sus pistolas de direccionamiento estaban engrasadas y suaves al tacto, tal y como le gustaba.
De reojo, Levi miró al pendejo que lo había incordiado el día anterior. Henry también estaba revisando su equipo y Levi, con una mirada superficial, pudo ver cuán limpio y correcto se veía todo. Por lo menos el niñato sabía limpiar sus cosas.
—¿Están listos?
—Sí.
—Terminemos con esto ya, Erwin.
—A la cuenta de tres. Uno, dos... tres.
Levi no perdió tiempo en apuntar sus pistones y lanzar las guías al árbol más cercano, mas el otro niño corrió al bosque con una amplia sonrisa en su rostro.
¿Qué demonios?
—¿Qué está haciendo?
—¡Vamos, Harry!
Levi no escuchó más, sobre todo porque ya estaba más adelantado de lo que creía posible. El viento en su rostro lo relajó por unos segundos, la suave fragancia de las primeras horas del día siempre lo hacían calmarse, al igual que los nacientes destellos del sol y el trinar de las aves.
Sus primeros minutos de vuelo fueron sin problemas, demasiado suaves, esquivó un par de ramas caídas, algunos troncos de la zona de entrenamiento que forzaban la maniobra de los soldados, era casi demasiado sencillo, hasta que escuchó el suave silbido por sobre las copas de los árboles y luego, una risa, una libre y salvaje a la vez. Sus ojos inquietos se dirigieron al cielo y allí lo vio, Henry, casi volando por sí mismo entre las copas, moviendo su cuerpo como si no temiera estar sin guías mientras hacía sus maniobras, alzando y cayendo entre los árboles hasta llegar a su lado como si no fuera problema en lo absoluto.
—¿No creías que te la iba a dejar tan fácil, cierto? —y le sonrió, el muy hijo de puta le sonrió cabronamente, como si fuera él, Levi, quien fuera un niño maleducado y sin límites.
—Tú, pequeño...
—¡Nos vemos en la meta!
Levi lo observó, como en un parpadeo, Henry se fue entre las ramas carcajeándose de él, sin siquiera temer lo que podía suceder con su temeraria manera de volar, pero no, Levi no dejaría que un pendejo le ganara así como así. ¡Por supuesto que no!
—Maldito niñato.
No malgastó aliento en más insultos, Levi tenía alguien a quien poner en su lugar.
• ✧ •
Erwin se dirigió caminando al punto de encuentro donde se suponía que Levi llegaría con su competidor. Pese a estar despierto a estas horas de la mañana, él aún no podía comprender cómo era que Levi se rebajaba a estos pequeños altercados, aunque no era la primera vez que terminaba peleándose con otros soldados.
Levi tenía algo así como una reputación, una salvaje y terrible reputación y si bien el capitán del escuadrón era generalmente distante con otros soldados, tampoco estaba ajeno a una pelea en un bar o una compra en una tienda que escalaba demasiado rápido para su propio bien, era algo inherente en la personalidad de Levi que creció en la ciudad subterránea y que había aprendido a sobrevivir mediante puños y temor.
Además, su personalidad y humor negro no ayudaban lo suficiente. Todavía no podía creer que Levi tuviera un tipo de humor, aunque este no era apto para todas las personas. Eso, y que Levi apestaba en demostrar empatía o emociones, no que Erwin encontraba que era algo malo, pero supuso que por lo menos podría fingir que sentía pena o algo para así evitar más problemas.
Sin embargo, ¿a quién quería mentirle? Levi era directo, honesto al punto del llanto y demasiado vulgar para el gusto del 99 % de la población. El 1 % era gente que Levi ya conocía y lo toleraba como tal (Hange era un claro ejemplo de eso).
No tuvieron que caminar mucho, solo unos pocos minutos ya que, en realidad, Levi y Harry tenían que dar una vuelta en «u» para llegar al campo de combate. Erwin diría que, en total, solo pasaron siete minutos. Entre cuatro y cinco caminando de un lado al otro y otros tres o cuatro de espera, no era mucho y fue por eso que le sorprendió el sonido de hojas y luego, entre ellas, salió Harry como si fuera lo más normal de mundo saltar de un árbol de casi treinta metros sin guía y solo estabilizándose por medio de pequeñas liberaciones de gas separadas y cortas las unas de las otras.
Y luego camino, como del aire al suelo, como si fuera normal y hasta corriente, como si no estuviera haciendo nada fuera de lo común, como si no lo hubieran visto volar casi sin ayuda.
¿Quién demonios era Harry Potter?
A su lado, Erwin pudo ver la quijada ligeramente abierta de Eld y sí, él lo pudo comprender.
—¿Cuánto tiempo hice?
—8 minutos con 36 segundos. No es tu mejor récord, Harry.
—Ahh... Sí, bueno. Deja sacarme esto, no quiero que el capitán me rompa el equipo.
Erwin solo lo miró, calculando y analizando cada movimiento que el otro hacía. Harry era solo un poco más alto que Levi, se arriesgaría diciendo que solo era de cuatro a seis centímetros más alto que él, pero era más esbelto. Sus músculos eran ágiles y sus piernas un poco más tonificadas que las de Levi, sin duda podía comprender por qué su cuerpo era más propenso a volar mejor. Levi podía ser esbelto, pero era puro músculo debajo de ese uniforme, era firme como una roca y pesado, haciendo valer cada kilo y fuerza que podía producir el diminuto cuerpo del capitán.
—¿Lo viste mientras volabas? —preguntó uno de los compañeros de Potter.
—Ajá, creo que casi le causé un ataque al corazón. Nunca lo había visto tan enojado.
—No es para reírse, Harry. Ahora te pateará el trasero.
—Sí, pero yo le pateé el trasero en el cielo. ¿No que eso es un empate?
—No creo que funcione así, Harry. ¿Por qué haces este tipo de cosas? Sabes que apestas en el combate mano a mano.
—¡Ey! No soy tan malo... Solo que no soy tan coordinado.
—Pues no te voy a curar tus heridas, pendejo. A ver si así aprendes a no meterte en problemas.
—Pues no lo hagas, sé cuidarme solo.
Los seis reclutas bromearon un poco. Erwin vio cómo Potter le pasó su equipo de maniobra a otro chico que estaba a su lado y luego, el rubio comandante vio a Levi aparecer entre los árboles quien rápidamente caminó en dirección a Harry y fue sacándose su equipo de maniobras con movimientos determinados y justos, ninguna maniobra desperdiciada de su parte.
Cuando pasó por el lado de Eld, Levi tiró el pobre equipo en su dirección, el subcapitán lo captó con sus manos con dificultad, pero Levi ya iba en dirección a Harry quien se puso tenso y esperó el primer golpe.
Erwin debía decir que Potter tenía razón, no es que era malo en el combate, sino que no era tan grácil en la tierra como en el aire. Era rápido de pies y tenía un excelente tiempo de respuesta y pensamiento rápido, pero eso no era lo que necesitaba para ganar a Levi.
Levi era talento puro, como un torbellino que destruía todo a su paso. No paró de lanzar patada tras golpe, movimiento tras movimiento, era reflejo para el hombre más pequeño.
Estuvieron así por minutos, muchos minutos más de lo que se demoraron en volar y Erwin estaba impresionado porque Harry estaba poniendo pelea, aunque solo estuviera tratando de no salir tan malherido.
El final fue tal y como todos lo esperaban, Harry en el suelo con una mejilla comenzando a hincharse, sangre en sus puños y Erwin no daba por descartado una costilla rota o resentida.
—Tú —habló Levi igual de parco y distante como siempre, sus facciones no daban ni una pequeña pista de lo que quería decir, pero el hombre más pequeño seguía mirando a su contrincante desde la altura, casi con desdén, si Erwin pudiera articular su opinión—. Próximo mes, mismo lugar, hora y día. Más te vale que estés aquí, idiota.
Y sin decir nada más, Levi se marchó a la puerta principal, Erwin parpadeó intrigado y agradeció la paciencia de los presentes y los invitó a visitar al equipo médico del campamento para evitar las molestias. Solo estaba siendo cordial porque ahora estaba más curioso sobre por qué Levi había hecho lo que había hecho.
—¿Comandante?
—Lleva a Potter al equipo médico y luego dirígete al cuartel. Yo me llevaré el equipo de Levi.
—Entendido.
Erwin tenía mucho que pensar.
Notas: ¿Ooops? Chicos, no es que se me halla olvidado subir el capítulo, sino que no tuve tiempo para hacerlo (*/ω\*). So sorry, guys! Como regalo, se habrán dado cuenta que este capítulo es un poco más largo que la norma.
También, trataré que no pase lo mismo la próxima vez. A veces, eso sí, la vida actúa como este jueves :P.
¿Yyyyyyyy? Levi is here y le pateó el trasero a Harry. ¡Cómo disfruté este capítulo! Harry, idiota Harry, no sabe cuándo dar un paso al costado, es una de sus características, pero tampoco es taaan idiota como para dejarse pegar por eso, no, él buscó una solución para molestar a Levi aún más. Me gusta este tipo de relación: Levi y Harry no se conocen, pero ahora uno puede ver nacer el respecto mutuo.
¡Gracias por sus comentarios! Amo leerlos y responderlos y agradezco sus favoritos, seguidas, alertas y opiniones.
Les quería comentar que tengo un problema es sí a la hora de escribir este fanfic. Mi hermano rompió mi anterior teclado (él dice que yo lo rompí porque escribo mucho, pero ¿quién le cree? Yo no, él juega todas las noches esos juegos gamer, así que *creo* estamos a la par), bueno, el punto es que el teclado de repuesto que tenemos es increíblemente duro. No duro, sino increíblemente duro. Le tengo que pegar tecla por tecla para poder escribir y más de una vez me he quedado pegándole —de verdad, no les miento— a la tecla de borrar o dar enter. Tengo un notebook, pero no me gusta escribir en él (por temas de posturas), así que... Puede que en un futuro mis actualizaciones no sean tan regulares. Por ahora, tengo capítulos avanzados, así que no se preocupen, pero si no me compro un teclado pronto, digamos que sí comenzará a sufrir por mi tardanza.
Eso y que me quedé pegada en un capítulo donde Levi le saca la ()/(&%$$ a Harry.
Por ahora nada cambiará, ni siquiera por lo que resta el mes o el próximo porque tengo todo planeado, pero espero poder comprarme un teclado que me permita escribir sin tener que odiar cada minuto del proceso, sin que mis dedos me duelan y sin tener que borrar cada tres palabras porque una letra no se marcó D:
¡Gracias por su comprensión! Espero que hayan disfrutado de este capítulo.
Psss... ¿se dieron cuenta? Levi tiene citas mensuales con Harry ahora 」( ̄▽ ̄」).
