Capítulo 13

Las gotas de lluvía corrían por los cristales, como si de una carrera se tratase. Kate Beckett estaba apoyada de lado contra el gran ventanal de su apartamento, observando la ciudad, borrosa por aquella tormenta de invierno que daba más dramatismo a la ciudad de Nueva York.

Hacía dos semanas que había vuelto de Los Ángeles y no sabía nada de Rodgers. Muchas habían sido las veces que había cogido el teléfono con la intención de llamarle y hablar, pero no sabía qué decirle. Ni siquiera había ido a trabajar. Como tantas veces le había dicho su madre, Beckett por fin había accedido a coger unas vacaciones. Josh y ella se habían escapado a la casa de las montañas de sus padres. Todavía no había tenido el valor de decirle lo que había pasado entre ella y Rodgers en Los Ángeles.

Las maletas aún estaban sin deshacer, ocupando espacio en el gran salón. Josh se paró a su lado y sacó el tema que ella había estado atrasando hasta ese momento.

- ¿Cuándo vas a hablar conmigo?

- ¿Tan evidente ha sido?

- No has sido tú desde que volviste de Los Ángeles.

¿Y quién era? Se preguntó a sí misma Beckett. Había engañado a su novio de cuatro años por alguien que había puesto patas arriba su mundo.

- Kate…

Cerró los ojos. Así era como Rodgers se dirigía a ella siempre que comenzaba a perder la paciencia. Lo vio en sus pensamientos: sus ojos azules, esa pícara sonrisa… Rodgers siempre había sido bueno con ella, y ella lo único que había hecho era mantenerlo a distancia. Su mente había sabido desde el primer momento que aquel hombre era una trampa para su corazón.

- Vamos a sentarnos.

Y un último suspiro puso comienzo a las palabras que pondrían fin a la relación con Josh. Le contó todo. Cuando llegó al punto que se había acostado con Rodgers, Josh se levantó del sofá y comenzó a andar por toda la habitación, con la cabeza baja.

- ¿Entiendes que quiera acabar con esto, verdad?

- Lo siento…

Kate intentaba mirarle a los ojos, avergonzada. No sabía qué decirle.

- ¿Sientes algo por él?

- No lo sé.

- ¿Quieres que me quede o mejor recojo mis cosas?

Aquellas últimas palabras fueron pronunciadas con dureza. Se notaba el enfado en la voz de Josh. También había odio, decepción…

- Creo que tu silencio lo dice todo…

Veinte minutos más tarde Josh daba un portazo a la puerta principal, saliendo de la casa. "Recogeré mis cosas mañana, ahora necesito irme de aquí" habían sido sus últimas palabras. Beckett enterró su cara en sus manos. No había hecho nada para impedir que se fuera, nada. Se sintió muy mal por él. Se dio cuenta que a pesar de haber pasado unos buenos años a su lado, no habían significado lo suficiente.

***

- Ya era hora.

Jim Beckett, de pie frente a la puerta de su despacho, saludaba a su hija al verla entrar en el bufete. Kate se acercó a él y le dio un beso en la mejilla. Su madre no tardó en salir del despacho.

- Kate, ¿es cierto? –Beckett enarcó una ceja, no muy segura de aquí se refería su madre.

Deslizó la vista hacia el otro lado de la habitación y se encontró con la mirada de Lanie. Las piezas encajaron: le había contado a su madre la ruptura con Josh.

- Luego hablamos, mamá.

- Eso espero.

Parecía que todos la interrogaban, clavando su vista en ella mientras andaba hacia su despacho.

- Lo siento… -Lanie la había seguido.

- No te preocupes –Kate dejó su bolso encima de su escritorio.

- ¿Estás bien? Porque no lo parece.

Lanie tenía razón. Apenas había dormido la noche anterior. Hacía dos días que había terminado su relación con Josh, pero ese no era el motivo de su insomnio. Sabía que tenía que llamar a Rodgers y no veía la forma de hacerlo.

- ¿Es por Rodgers?

Aquello le chocó. Lanie notó el cambio de su expresión.

- ¿Por qué dices eso?

- Vamos Kate, sé que no has hablado con él desde que volviste. Y entonces lo dejas con Josh…

- Pasó algo Lanie… -titubeó al decirlo. Se mordió el labio. Entonces decidió que necesitaba contárselo a alguien y cerró la puerta.- Nos acostamos.

- ¡¿Qué?! –sus ojos parecían salirse de sus órbitas.

- Baja la voz, ¿quieres?

- Lo siento, pero… ¿qué? ¿cómo?

- Estábamos borrachos, no sé cómo se nos fue de las manos…

- Y pasó a la boca.

- ¡Lanie!

- Solo intento asimilarlo.

Hubo un breve silencio. Kate se sentó sobre su escritorio y se mordió la uña del pulgar, nerviosa.

- A ver… Os acostasteis, vale… ¿Pero lo solucionaríais, no?

- No, ni siquiera lo hemos hablado.

- Chica, no te entiendo.

- Fingí que no me acordaba de nada, ¡y me acuerdo de todo!

Lanie abrió la boca sin saber qué decir.

- ¿Por qué?

- No lo sé. Tenía miedo Lanie. Todo estaba bien, parecía que compenetrábamos como compañeros… Y entonces ocurre esto, y yo estaba con Josh. Temí perderlo todo –las últimas palabras resultaron una revelación para ella misma.

Lanie suspiró.

- Kate, ya has perdido a Josh, y como sigas así perderás a Rodgers.

- ¿Qué insinúas?

- Vamos nena, he visto como ese hombre te mira, ¡está loquito por ti! Y creo que tú también. Nunca te habías comportado así con nadie.

- ¿Qué?

- No me mires con esa cara. Sabes que tengo razón.

Beckett parecía que iba a negarlo, pero cambió de idea en el último momento.

- ¿Tanto se nota?

- Sí.

Una jarra de agua fría sintió que inundaba el interior de Beckett. Ahí estaba, en menos de cinco minutos, Lanie había conseguido que todo su quebradero de cabeza se resumiera en que sentía algo por Rodgers y había actuado como una cobarde.

- Es un gigoló, un casanova…

- Desde que te conoció no he visto que ninguna rubia cuelgue de su brazo. ¿Y sabes por qué? Porque te está esperando.

- Pero es demasiado pronto…

- Tú misma. Podéis estar así, dando vueltas, perdiendo gasolina, ¿cuánto? ¿cuatro años? No lo sé, pero nunca es demasiado pronto pasa ser feliz Kate. Asi que mueve tu culo de una vez, deja los miedos de lado…

- No sé si estoy preparada.

- A lo mejor cuando lo estés es demasiado tarde.

Puede que Lanie tuviera razón, pensó Beckett. Necesitaba hablar con él. Unos golpes en la puerta interrumpieron su conversación.

- ¿Interrumpo algo? –Esposito asomaba la cabeza.

- No, ¿qué ocurre? –Beckett se bajó del escritorio.

- Rodgers me ha dejado esto para ti –abrió la puerta por completo y le mostró unos informes.

- ¿Rodgers?

- Sí, ha estado aquí hace un momento, pero de repente ha dicho que tenía prisa y se ha ido…

Solo una cosa pasaba por la mente de Beckett: ¿habría escuchado Rodgers su conversación con Lanie? En aquel momento, no vio mejor forma de ir a hablar con él después de dos semanas.