Muchas gracias de nuevo a todos los que me apoyáis y leéis esta historia :)

CAPÍTULO 13

-Papá.- Susurró Damon con la voz ronca sin apartar la mirada de la sombra que había en la oscuridad del pasillo.

-Oh Dios… Damon.- Giuseppe se llevó la mano al pecho, imitando cogerse el corazón que amenazaba con salir de ahí.- No puedes… no puede… no, no. Dime que lo que he visto no…- Siguió diciendo sin alzar la voz, prácticamente porque no tenía de donde sacarla.

-Papá por favor… por favor, otra vez no.- Contestó Damon desesperado, notando como el dolor de angustia que había en su estómago crecía rápidamente llegando hasta su pecho. Sus músculos por fin le correspondían y dejaron que avanzara hacia su padre.- Papá dime que no te importa que esté con ella, por favor, dime que lo entiendes.- Giuseppe comenzó a caminar por el largo pasillo, metiéndose finalmente en su habitación, sin poder digerir lo que su hijo le acababa de confirmar. Damon lo siguió al fin de aclarar las cosas.

-No puedo entender esto.- Susurró finalmente más para él que para Damon. Estaba completamente perdido.- ¿Desde cuando sucede esto? ¿Habéis…?.- Damon tragó saliva sonoramente.- Dime que no habéis…- Negó con la cabeza, no quería escuchar lo que ya sabía y se sentó en la cama intentando no perder el equilibrio, cogiéndose la cabeza con las manos.

-Papá, por favor. No quiero volver a separarme de ella otra vez.

-¿Otra vez?.- Preguntó sin levantar la vista del suelo.

-Hace dos años, Miranda…- Intentó explicarle pero su padre le interrumpió.

-¿Hace dos años? ¿Esto ocurre desde hace dos años?.- Damon asintió y él comprendió la marcha de su hijo.- Por eso te fuiste…- Afirmó alzando el rostro para hacer frente al de su hijo.- ¿Miranda sabía todo esto?

-Miranda nos… descubrió y me pidió que me alejara, que no era bueno para ella. Sé que no soy lo mejor para Elena… pero la amo, la amo y sé que no podré vivir sin ella.- Intentó defender su amor. Giuseppe volvió a interrumpirle.

-No Damon, no… no puedes estar con ella. No está bien, esto no puede suceder.

-Te quiero papá y me importa tu opinión, pero no voy a dejar que vuelva a pasar lo mismo que ocurrió cuando Miranda habló conmigo. No voy a dejar a Elena.- Le dijo firmemente desafiándolo con la mirada.

-¿Por qué Miranda no me contó nada? Esto podría haberse evitado…

-¿Evitado? Sé que esto no está bien, pero lo único que nos une es que vivimos en la misma casa, pared con pared. Nuestras familias no tienen nada que ver. Elena y yo no somos nada y somos libres de hacer lo que queramos.

-Eso no es del todo cierto…- Respondió él volviendo a enterrar la cabeza. A Damon no le dio tiempo replicar, Giuseppe comenzó a hablar.- Damon…- Empezó totalmente angustiado. Tenía que revelarle a su hijo una historia que había estado ocultando desde hacía mucho tiempo, pero que ya no podía seguir callando.- Miranda y yo empezamos una relación hace muchos años…

-Eso ya lo sabía.

-No, Damon… Comenzamos hace veinte años. Tu madre y yo no estábamos muy bien y tú tenías siete años. Conocí a Miranda y me volví loco por ella.

-¿Veinte años?.- Susurró Damon. Él asintió.

-Si, Damon. Ella y yo empezamos una… relación a espaldas de todo el mundo. Fueron unos meses maravillosos...

-Por favor papá, dime que…- Damon intentó entender.

-Yo quería a tu madre. La quería muchísimo, pero estar con Miranda era como un soplo de aire fresco, me olvidaba de todos los problemas cuando estaba con ella y era feliz. Había vuelto a ser feliz. Tu madre apenas me hablaba… en casa siempre evitábamos encontrarnos, no dormíamos juntos. Lo único que nos unías eras tú. Y ninguno era feliz.- Damon comenzó a tartamudear, le sudaban las manos y le sentía arder su corazón. No quería entender lo que su padre le estaba contando.- Y Miranda estaba saliendo con John, La verdad es que no sé por qué se fijó en mi…- Tomó aire durante unos segundos y continuó.- Ella era más joven, más feliz y tenía una vida estable.

-Papá.- Susurró con voz estrangulada.- Por favor.- Y las lágrimas llegaron a sus ojos, peleando por salir.

-Miranda se quedó embarazada...- Continuó.- Embarazada de Elena y decidimos dejarlo. Yo te tenía a ti y a tu madre y ella estaba enamorada de John...- Respiró profundamente antes de seguir hablando.- Me aseguró que Elena era hija de él.- Damon soltó todo el aire que había estado conteniendo y se relajó al oír eso.-Me dijo que no quería complicarlo más, que lo nuestro no iba a ningún lado, que yo tenía que cuidar de mi familia y ella de la suya. Y la dejé marchar.

-Pero entonces…- Giuseppe siguió hablando.

-Decidió casarse y seguir con su vida, criar a Elena con John… y yo seguí con la mía. Me prometí que haría a tu madre sonreír cada día y eso hice. La hice feliz hasta el fin de sus días.

¿Qué tiene de malo que Elena y yo…?

-Cuando John murió en aquel accidente yo vi a Miranda una vez más y me confesó su secreto.- Damon tragó saliva intentando sacar un nudo que se le acababa de formar en la garganta. Y fue consciente de que el dolor que anteriormente surcaba su pecho volvía a resurgir.

-¿Qué secreto?.- Se atrevió a preguntar. Su voz apenas un inaudible susurro.

-¿Sabes? Fue la primera vez que viste a Elena… ella era tan pequeña… ¿Te acuerdas de ese día?.- A su mente llegaban recuerdos vagos de aquella tarde, era cierto, nunca se había dado cuenta, pero había conocido a Elena mucho antes de que todo pasara, antes de que su madre muriera, antes de que sus padres volvieran a estar juntos.

-Papá, ¿De qué secreto estás hablando?.- Logró preguntar. Su garganta ardía y le comenzaban a escocer los ojos.

-Miranda me confesó que no sabía quien era el padre de Elena.- Dijo revelando lo que realmente sucedía. Las lágrimas comenzaban por fin a derramarse por las mejillas de Damon, sintiendo un miedo y una angustia horrible que lo consumía.- No quería saberlo y me hizo prometer que yo tampoco intentaría averiguarlo.- Continuó su padre hablando. Él no dijo nada, se limitó a oír sin realmente escuchar, porque aunque no quería entenderlo, sabía lo que su padre le estaba queriendo decir. Lo que había estado temiendo desde que la conversación se había iniciado y se maldijo interiormente por querer que su padre entendiera el amor que sentía por Elena. Se tenía que haber encerrado en su habitación y haber hecho caso omiso al descubrimiento de su padre.- Y acepté. Años después volvimos a coincidir y… ya sabes el resto de la historia, Damon. Quiero a Elena como si fuera mi hija… Y por desgracia no se trata de ti, no se trata de vosotros… Damon.- Tomó una gran bocanada de aire antes de decir: Elena y tú podríais ser… hermanos.- Y Damon sintió como el aire dejaba sus pulmones, como las piernas le fallaban y como su corazón dejaba de latir.


Elena cantaba la canción que en ese momento sonaba en su reproductor, una acorde a su fantástico estado de ánimo. Sentía que no podía ser más feliz y mientras metía cosas en la maleta bailaba de un lado al otro de la habitación, dejando más ropa esparcida por la cama, más zapatos amontonados en el suelo y más accesorios tirados por todos los rincones. Pero le daba igual, estaba radiante, se iba a ir de vacaciones con Damon y con todos sus amigos y sabía que iba a ser un viaje inolvidable.

Damon estaba tras ella, la observó unos segundos, sintiendo como se moría lentamente por lo que iba a hacer. Ella estaba maravillosa, correteando sin parar, con una sonrisa enorme en los labios, sus mejillas estaban teñidas de un leve rubor, sus ojos brillaban con más fuerza y estaba más hermosa que nunca. Tragó saliva y respiró profundamente cerrando los ojos con fuerza. Iba a doler, lo sabía. Más que ninguna otra vez. Se dio el lujo de contemplarla unos segundos más, a recordarla de esta manera, a recordarla desnuda entre sus sábanas, en la bañera, en el sofá, a recordarla bajo y sobre él. A recordar su piel caliente sobre la suya, su sonrisa, su mirada, sus palabras llenas de amor hacia él. Y sintió como le hormigueaba la mano, deseando tocarle la piel una vez más. Dio un pequeño paso. Ya estaba dentro de la habitación y ya no había vuelta atrás.

Elena se giró y le miró sonriendo, tenía el vestido de su cumpleaños en sus manos, colocándoselo por encima se lo mostró a Damon.

-¿Quieres que me lo lleve? Ésta vez podrías quitármelo tú…-Le dijo sensualmente mordiéndose el labio. Damon se sintió una mierda, quería atraparla entre sus brazos y besarla hasta perder la conciencia, por nada del mundo quería volver a separarse de Elena, por nada del mundo quería perder la sensación que lo envolvía cuando estaba con ella. Iba a doler, oh si, sabía que dolería. Carraspeó.

-Elena…- Dijo intentando que la voz no le temblase. Ella se lo tomó como si estuviese intimidado.

-Podría llevarme esto también para ponérmelo debajo.- Le enseñó un conjunto blanco de encaje, con un par de lacitos rosas que solo se había puesto con ese vestido.- Pero tienes que hacerte el sorprendido, ¿eh?.- Él no se movió y Elena se estremeció. Sabía que algo no iba bien. Hizo caso omiso, evadiendo el presentimiento que la acababa de cruzar y metió el vestido en la maleta.- He comprado algo más hoy…- Inició una conversación, para que Damon no le dijese lo que fuera que le iba a decir. Su mirada fría le helaba la sangre.- No quería enseñártelo hasta que estuviéramos allí, pero si lo ves seguro que luego tienes más ganas de que llegue el momento de quitármelo.- Siguió intentando parecer feliz y sensual. Le mostró su conjunto nuevo, era negro, de encaje, casi todo transparente. Era muy erótico. Damon contuvo la respiración y de nuevo tragó saliva.- ¿Te gusta?.- Preguntó en un susurro y apartó la mirada de la de él. No había podido engañar a Damon.

-Elena…- Pronunció su nombre y el mundo se le vino encima. No era su Damon el que estaba frente a ella. No el Damon con el que había compartido casi el último mes.

-¿Qué ocurre?.- Se rindió. Él la miró, sabía que lo había pillado. Avanzó hasta Elena, hasta quedarse a su altura. La miró y sus ojos se reflejaron en los de ella. Era una perfecta imagen para recordar y la grabó en su memoria.

-Voy a volver a Nueva York.- Informó y Elena sonrió y respiró tranquila.

-Eso sería genial, Damon.- Cogió ambas manos envolviéndolas con las suyas y siguió hablando emocionada.- El otro día me llegó una carta de su universidad y me han aceptado. Podríamos mudarnos allí los dos solos… juntos.- Su voz se quebró en la última palabra. Sabía que no la había invitado a irse con él pero ella quería pensar que sí, quería creer que así era.

-No, Elena…- Respiró profundamente antes de seguir hablando.- Me voy yo solo. Cuando volvamos del viaje me marcharé.

-Damon…- Su voz era una súplica.

-Y ésta vez no voy a volver.- Sentenció. Ella se apartó de él como si le quemasen sus palabras y se llevó las manos a la cara intentando limpiarse sin éxito las lágrimas que caían por su rostro.- No tiene nada que ver contigo…

-¿No?.- Preguntó furiosa sin dejarle acabar.- ¿Entonces por qué te vas ésta vez? ¿Por qué huyes como un maldito cobarde? Porque soy pequeña, estás cansado de hacer de canguro, de aguantarme, nunca me has querido, esto solo ha sido un juego…- Enumeró dolida.- ¿Qué coño es ésta vez, Damon? Porque no lo entiendo. No entiendo nada.- Dijo sintiendo como las lágrimas caían por sus mejillas una tras otra, recorriendo su rostro y mostrando su debilidad y dolor.

-No es nada de eso…- Susurró él.

-¿Es por lo que dirá la gente? ¿Por tu padre?.- Gritó.- ¿Por qué te importa tanto lo que digan?

-No es nada de eso...- Repitió.

-¿Entonces por qué?.- Su voz se había convertido en un bajo susurro estrangulado.

-Porque me he dado cuenta de que te quiero… pero como se quiere a una… hermana.- Finalizó aguantando su compostura.

-¿Sabes qué? Que no te creo…- Damon carraspeó.

-Elena…

-No miras, no me tocas, no me besas y no me haces el amor como si fuera tu hermana pequeña.

-Tenemos que dejar esto aquí, Elena.- Intentó no parecer desesperado con sus palabras.- En cuanto volvamos del viaje me iré de Mistic Falls.

-¿Por qué no dejas de decir eso? Que te irás, que no volverás… cuando ambos sabemos que no quieres ni cruzar el umbral de esa puerta.- Señaló la salida de si habitación y se limpió los ojos llorosos.- No eres mi hermano, Damon.- Dijo totalmente convencida, él dejó de mirarla.- ¿Por qué no lo entiendes? La última vez te fuiste por eso…- Y su voz volvió a ser inaudible.- ¿Por qué no entiendes que lo único que nos une es un estúpido papel que ni si quiera nosotros firmamos?.

A esas alturas las lágrimas de Elena le impedían la visión, dejándosela totalmente borrosa. Damon sabía que lo de ellos no podía ser, que tenía que hacer que Elena se creyese que no la quería, debía hacerlo pero no podía, no podía tratarla mal para hacérselo creer, no podía simplemente destrozarle el corazón como la última vez que se fue y después olvidar. Quería dejarla sin ninguna mierda de por medio, así Elena no sufriría tanto y él no se sentiría una mierda constantemente.

-Dijiste que me amabas.-Susurró con sus últimas fuerzas, deseando que él retirara lo dicho y que volviera a ella.- Dijiste que nunca me dejarías…

-La gente cambia, Elena.- Y finalmente Damon se marchó de la habitación, conteniéndose con todas sus fuerzas para no echarse sobre ella y pedirla perdón por todas las gilipolleces que habían salido de su boca y poder decirla que sí, que la quería más que a nada y que soñaba por pasar el resto de su puta vida con ella.


En cuanto Ric abrió la puerta de su casa supo que algo no iba bien. Damon tenía los ojos rojos y temblaba incontrolablemente. No dijo nada, se hizo a un lado dejando que su amigo entrase y le contase lo que había ocurrido para que estuviese así. Lo que más temía era que se tratase de Elena. Damon había acudido a él, como la primera vez, porque sabía que aunque no tuviera nada que decir le apoyaría.

-¿Qué ha pasado?.- Preguntó sentándose junto a Damon. Él había perdido el rostro entre sus manos.

-Todo se ha ido a la mierda.- Contestó sin levantar la cabeza. Ric se dio cuenta de que hablaba de Elena.

-Vamos Damon, no será para tanto.- Le consoló. Y aunque no lo habría creído posible, cuando le contó lo ocurrido no supo como poder ayudarle.

-Y ahora simplemente no puedo… desaparecer.

-Damon…

-No sé que voy a hacer si ella no está. No puedo sacarla de mi vida. Ya no, Ric.

-Pues no lo hagas.- Dijo Ric poniéndose de cuclillas frente a él, mostrándole una sonrisa de apoyo.- No tienes que hacerlo.

-¿Has escuchado todo lo que te he dicho?.- Preguntó furioso. No estaba para bromas.

-Si Damon. Has dicho que podríais ser hermanos. No que lo seáis. Comprueba que no lo sois y después toma una decisión.- Le dijo animándolo.

-No puedo.- Susurró al fin.

-¿Por qué?

-Porque mi padre le prometió a Miranda que no averiguaría quién era el padre de Elena.

-Damon, tu padre se lo prometió a ella, tú no lo hiciste.- Le recordó.- Es tu vida Damon, la de Elena, pero no la de ellos.

-Lo sé Ric…- Respondió dolido.- Pero yo se lo he prometido a él.- Se quedaron unos minutos callados sin saber qué más decir.- Ric, prométeme que no le dirás nada a nadie.

-¿Otra vez? ¿Crees que voy a dejar que vuelvas a joderte la vida como la última vez? La otra vez no dejaste que te ayudara pero…

-Prométemelo, Ric.- Y él asintió sabiendo que no tenía nada que hacer.


Llevaba semanas esperando este día, pero ahora no podía estar más triste. Estaba triste porque Damon no compartiría este viaje con ella, porque a pesar de todos los planes que habían acordado que harían no lo podrían hacer juntos. No compartirían la habitación en esa maravillosa casa y no se bañarían de noche en la playa solo con solo la luz de la luna iluminándolo todo. No harían el amor en el mar y no se pasarían las interminables horas de vuelo besándose.

Y ahí estaba ella, en medio del avión, con sus inseparables amigas pegadas al culo, intentando por todos los medios posibles animarla. No lloraba, ya no tenía más lágrimas que derramar, había pasado los tres días previos al viaje metida en la cama dejándose morir. Pero Caroline y Jenna habían estado allí para ayudarla, alimentarla y animarla, siempre con una sonrisa en los labios. Y no podía evitar sentir envidia por ellas. Porque aunque habían estado cuidándola, iban de la mano de sus novios y podrían compartir ese viaje con ellos.

-¿Te ayudo?.

Damon estaba frente a ella, intentando coger su maleta de mano para ponerla sobre su asiento. Elena no escuchó lo que dijo, ahora sus inseparables cascos la acompañaban para no escuchar lo que sucedía a su alrededor, para evadirse del mundo e intentar no formar parte de él. Cogió su propia maleta y la dejó en su lugar. Después, sin mirarle se sentó junto a la ventana y cerró los ojos. Cerró los ojos con fuerza para evitar que sus lágrimas no volvieran a sus ojos.

-¿Puedo?.- Y aunque no pudo oírle sabía que Kol le estaba pidiendo permiso para sentarse a su lado. Ella asintió y volvió a girar su cara hacia el cristal.


Después de hacer el amor, Se miraron intensamente a los ojos, sabiendo que no podían ser más felices.

-Nunca me dejes, Damon.- Le pidió ella yaciendo a su lado y enlazando las manos con las suyas.

-No lo haré, Elena.- Respondió él firmemente, besando sus nudillos.- Nunca más voy a separarme de ti, por nada.

No quería volver a la realidad pero alguien la arrancó de su ensoñación. Abrió los ojos lentamente y miró a Ric, que con una sonrisa en los labios movía la boca. Acordándose que tenía los cascos puestos se los quitó escuchando a su amigo.

-¡Ey, dormilona! Siento despertarte pero, ¿Me dejarías sentarme aquí un rato? Tengo que hablar con Kol.- Ella asintió todavía adormilada, se levantó del asiento dejando que ocupara su lugar y ya en el pasillo buscó a Jenna con la mirada. Se quedó quieta en medio del pasillo sin saber qué lugar ocupar. Su amiga dormía plácidamente junto a Caroline y Klaus y no encontraba su asiento.

-Perdona señorita, pero tiene que sentarse.- Una mujer que parecía una muñeca con su uniforme azul, sus perfectas curvas, el pelo recogido y los labios pintados de un rojo chillón le habló. Era una azafata.

Elena asintió aturdida y sus ojos se encontraron con los de Damon, a su lado había un asiento vacío. Sintió que las piernas le temblaban y un calor que surcaba su estómago, como pudo llegó hasta él. Pasó delante de Damon para poder llegar hasta su sitio y cuando sus piernas se rozaron una corriente eléctrica les recorrió desde la cabeza hasta la punta de los dedos de los pies. Había sido demasiado tiempo sin tocarse. Elena se dejó caer en el asiento y se colocó los cascos, poniendo la música lo más alto que podía, haciéndose daño en los oídos para intentar evitar el pensamiento de que Damon estaba solo a unos centímetros de ella, que respiraba cerca de su piel y que sus labios no habían estado tan cerca desde hacía días. Se estremeció ante el recuerdo de su piel contra la suya y el bello de su cuerpo se erizó por completo. Damon se dio cuenta de eso. Elena recostó la cabeza contra el asiento y suspiró.

-¿Tienes frío?.- Damon le había quitado uno de sus cascos y le tendía una manta con una sonrisa dulce en los labios. Reprimió de nuevo el impulso de llorar y la cogió echándosela por encima.- ¿Sabes? Me encanta esa canción.- Le dijo. Se podía escuchar claramente lo que sonaba por los altavoces de los cascos de lo alto que lo tenía. Se acordaba, claro que le gustaba, ella se la dedicó la mañana que se levantó a su lado la primera vez que hicieron el amor. "Far away - Nikelback".

Dolía. Era un dolor profundo y punzante que ahora reinaba el corazón de ambos y que con estos pequeños detalles hacía que se hiciese de notar con más fuerza. Y no pudiéndolo soportar más tiempo Elena se deshizo en sus brazos, Damon la abrazó contra él intentando ser fuerte por los dos y sintiendo que se rompía en mil pedazos al escuchar como Elena sollozaba y se aferraba a su pecho con fuerza. Enredó los dedos en su pelo, sabiendo que sería una de las últimas veces que lo haría, apoyó la barbilla sobre su cabeza y cerró los ojos.

-Elena cariño, estamos a punto de aterrizar.- Caroline estaba de cuclillas frente a ella y le acariciaba el rostro. Elena asintió y quiso desperezarse pero no fue consciente hasta ese momento que los brazos de Damon seguían rodeándola. No sabía cuanto tiempo había estado dormida, lo que sí sabía era que hacía días que no dormía así.- ¿A qué esperas para soltarla?.- Le regañó a Damon.

Una vez más Caroline se mostró resentida con él como llevaba haciendo los últimos días, no le hablaba y cada vez que podía se metía con él. Damon no decía nada, sabía que se lo merecía. Elena se irguió en su asiento y se colocó el cinturón de seguridad.

-Tengo que volver.- Le dijo.- ¿Estarás bien?.- Preguntó con dulzura a la vez que señalaba con la cabeza a Damon. Elena le miró y sus ojos se encontraron unos segundos, ambos se separaron a los pocos segundos ya que esa mirada les quemaba. Elena asintió a su amiga y de nuevo se colocó los cascos perdiéndose en su música.


Después de tener en su poder las maletas, los siete amigos cogieron dos taxis que los llevarían a la casa. Un rato más tarde estaban frente a la casa más guay que habían visto nunca. Era jodidamente enorme y bonita y era todo para ellos.

Cuando Elena, Caroline, Klaus y Kol se bajaron los demás ya los estaban esperando dentro de la casa. Tocaron al timbre y esperaron a que les abrieran la puerta. Jenna, con cara de pesar les abrió y dejó que entraran. No había comprendido el por qué de la cara de su amiga hasta que no escucharon as voces que provenían del salón.

-Joder, sólo el recibidor es el salón de mi casa.- Dijo Caroline entrando por a puerta. Era enorme y unas escaleras de mármol lo presenciaban. Todo estaba muy iluminado, aireado y tanto por dentro como por fuera era precioso.

Klaus dejó las maletas junto a la puerta y fue a ver qué pasaba. Las voces cada vez eran más y más altas. Los demás lo siguieron. Damon discutía frente a un señor.

-Usted me aseguró que habría más habitaciones.

-Si chico, lo siento pero la otra casa que tenía se la ha quedado otro grupo de jóvenes que llegó antes que ustedes.

-Me dio su palabra que no habría problemas de espacio, que todo estaba en orden y que había quedado como acordamos.

-Si, pero me avisó tres días antes de que necesitaría una casa con más habitaciones y no pude hacer nada.- Elena notó un pinchazo en su corazón.

-Pues nos vamos a un hotel.- Sentenció Damon.

-Damon, no podemos ir a ningún lado, es temporada alta y no habrá habitaciones.

-¿Esto es por las habitaciones?.- Kol se hizo de notar.- Qué tontería.- Bufó.- Esto es enorme ¿Cuántas hay?.

-Cuatro.- Respondió el casero. Y Elena comprendió que no había sitio para ella.

-Bueno ¿Y qué? ¿Qué más da? Yo dormiré en el sofá.- Dijo Elena.

-Ya te vale, Damon. Podrías haber avisado antes.- Dijo Kol.- Menos mal que tú te ocupabas de todo…- Damon hizo amago de lanzarse contra él y meterle un puñetazo, pero contó hasta diez para relajarse.- Bueno que los hermanitos duerman juntos.

-Y una mierda.- Dijo Damon. Elena aguantó las ganas de llorar sintiendo como se desmoronaba por dentro. Caroline le apretó fuerte del brazo.

-¿Y entonces como lo hacemos?.- Preguntó Kol.- Porque si yo me quiero traer a alguna chica…

-¿Y si me la quiero traer yo?.- Dijo Damon, pero en realidad lo único que quería era estar solo, porque sabía que si dormía con Elena no podría resistirse. A Elena le comenzaron a pitar los oídos.

-Bueno pues os jodéis y os vais a la casa de quien sea a la que os tiréis.- Caroline se hizo de escuchar.

-¿Queréis dejad de pelearos? Que Caroline y Elena duerman en la misma habitación y yo dormiré en el sofá.- Fue Klaus el que habló cuando vio como su novia casi suelta espuma por la boca de la rabia.

-Eso no lo voy a permitir.- Dijo Elena.- No vais a joder este viaje tan bonito por mi culpa. De verdad que no me importa dormir en el sofá.

-Mejor no, que Damon duerma solo. No me importaría dormir contigo.- Y sabiendo que a Damon le jodería que durmiese con Kol, Elena aceptó encantada, con una sonrisa en los labios. Él no pudo reprimir la angustia que le recorrió por dentro, e intentó evitar el pensamiento de que Kol dormiría con Elena, que la tendría pegada a su cuerpo, rozándolo, respirando cerca de él…

-¿Qué bien, no Damon? Podrás traer a todas las guarras que quieras y follártelas al lado de mi habitación. Como hacías antes.- Le susurró Elena con rencor, empujándolo cuando pasó por su lado.

Y dolía. Dolía terriblemente. Más que nunca.


Espero que os haya gustado y no me odiéis :(