Holaaaaa! Am, ¿hay alguien por ahí? Terrible, lo sé. Poco más de tres meses desde que la última actualización. Y solo puedo dejar la misma excusa... el trabajo absorbe demasiado TToTT.

Pero bueno, prometí que no la abandonaría y asi será, tal vez me tarde un poquito y quieran golpearme por eso, pero les dejo la tranquilidad (?) de que NO la dejaré inconclusa...


Bueno, y pues... ¡al fin tengo compu! Hehehe... así que al menos eso ya no será excusa. Así que ayer estrenando la compu y haciendo trabajar mi cabeza y mis manos, les dejo este capitulo. Es bastaaaaante largo... y tal vez piensen que es relleno -otra vez? - pero cada cosita será importante... es un granito de arena que va inclinando la balanza en la que están metidos esos dos *o*


Los personajes de Naruto no me pertenecen... Pero Kakashi y Gaara sí. *w*

A favor de la campaña "Con voz y voto" - Porque agregar a favoritos y no dejar comentario es como manosearme la teta y salir corriendo - ¡No me manoseen, porfa! Sean lindos y dejen sus opiniones...

Puntitos verticales separan las escenas de diferentes días.

oooo y cursiva indican flashback


EL SIGUIENTE PASO

XIII

En donde hay invitaciones, cuidado de niños y un comité de observación

El sobre iba dirigido a él. Su nombre completo escrito en el reverso con tinta blanca y una perfecta caligrafía.

Con una ceja alzada, Sasuke lo abrió. Sus ojos negros leyendo rápidamente las palabras impresas sobre aquel delicado papel, para después regresar su mirada hacia las dos personas sentadas frente a él. La mujer lo miraba ansiosa, expectante y con una emoción contenida, totalmente en contraste al hombre sereno y de mirada tranquila que la acompañaba.

El Uchiha entonces regresó su mirada hacia el papel en sus manos, leyendo por segunda vez la información y deteniéndose un par de segundos en las "I&I" que adornaban la parte inferior.

Era un lindo diseño, la perfecta mezcla de negro y rojo necesaria para lograr un toque elegante y sobrio a la vez.

—Entonces…—comenzó, recargando su espalda en la silla. —¿Por qué me dan esto?

Izumi entrecerró los ojos.

—¿Qué quieres decir? —cuestionó. —Es tu tarjeta de invitación.

—Puedo ver eso.

—¿Y para qué preguntas entonces, Sasuke-chan?

El pelinegro frunció un poco el ceño ante aquella infantil y vergonzosa forma que tenía su cuñada para dirigirse a él.

—No me digas así. —gruñó, cruzándose de brazos. —Y no entiendo para qué me entregan una. ¿Es realmente necesario?

En su opinión, él no la necesitaba. Era el hermano y además padrino del novio, desde luego que sabía perfectamente la fecha, hora y dirección del lugar en donde se celebraría el matrimonio.

Entregarle una tarjeta a él era un completo desperdicio, una unidad perdida que bien podría ser aprovechada en alguien más, probablemente uno de los muchos amigos o conocidos de Izumi. De hecho, ni siquiera a Obito y Shisui deberían entregarle una. Eran familia y familia cercana. Estaba seguro que ninguno de sus primos necesitaría el recordatorio impreso de una fecha tan importante.

Tal vez su madre sería la única excepción, porque ella era mujer y a las mujeres les gustan esas cosas.

Y a juzgar por la expresión y el encogimiento de hombros de su hermano mayor, él también pensaba lo mismo. Pero ante la evidente emoción de Izumi por todo eso de las invitaciones de matrimonio, era obvio que no pensaba contrariarla.

—Todos reciben invitación, Sasuke-chan. —continuó la mujer. —Especialmente la familia directa. Es importante y además siempre es lindo tener cosas que te recuerden los eventos importantes.

Sasuke suspiró resignado.

—Como digas. —se inclinó hacia el escritorio para dejar la invitación sobre la mesa, y su mente divagó por varios segundos en lo que se avecinaba.

La fecha de la ceremonia sería en exactamente un mes más.

Matrimonio. O atadura eterna como solían bromear Obito y Shisui.

Futuro. Estabilidad.

Hijos. Más niños que le dirían tío.

¿Quién lo diría? Su hermano mayor al fin se casaría con esa alocada maestra de preescolar a la que conocieron después de encontrar a uno de sus pequeños alumnos vagando en las cercanías de una de sus obras en construcción.

Aun recordaba la cara de histeria de Izumi cuando logró dar con ellos y el pequeño que había perdido. Parecía a punto de llorar o desmayarse y hasta se veía más asustada que el mismo infante.

Una taza de café como agradecimiento para ambos y desde ese día, Izumi se volvió parte de sus vidas.

Y después de cuatro años de relación, con un año viviendo juntos, finalmente ella y su hermano darían el siguiente paso.

¿Cuándo seria su turno?

La idea llegó a su cerebro tan rápido como una bala y provocó un calor en sus orejas acompañado por un repentino ataque de tos. No precisamente por el concepto de matrimonio y atadura eterna, sino por la persona a la que imaginó a su lado en ese momento.

—¿Estás bien, Sasuke?

La voz de su hermano lo hizo reaccionar y obligarse a si mismo a calmarse. Aclarando su garganta, asintió sin decir nada y desvió su mirada hacia cualquier punto de la oficina que no fuera la cara de su hermano.

Izumi entonces soltó un chillido que hizo que los dos varones voltearan a verla.

—¡Cielos, ya es tarde! ¡Mis niños llegarán en una hora! —exclamó alarmada, levantándose de su silla y recogiendo sus cosas. —Es culpa de ustedes por entretenerme tanto tiempo aquí.

Sasuke suspiró, mientras que Itachi soltó una risita divertida y se puso de pie para ayudarla a ordenar las invitaciones restantes dentro de una linda bolsita de papel.

—Am, ¿puedo dejarlas aquí? —preguntó la castaña. —Si las llevo conmigo podrían arruinarse.

—Seguro. No hay problema.

—Cuando termine de trabajar pasaré por ti y terminaremos de repartirlas, ¿te parece?

Itachi le sonrió amigable.

—Te esperaré entonces.

Las mejillas de Izumi se sonrojaron y Sasuke nuevamente pudo notar ese brillo especial que aparecía en sus ojos, el mismo brillo de bobo enamorado que aparecía en los ojos de Obito cada vez que veía a su esposa.

Lo pensó por varios segundos. ¿En verdad todos se veían así de bobos cuando miraban a su "persona especial"? Rin también mostraba la misma reacción e incluso su hermano, aunque en su caso era más difícil de notar, al ser mucho más reservado que los otros.

Agradecía ser la excepción a esa regla, porque esa expresión idiota no pegaba con su imagen. Aunque claro, dudaba que lo hubiera logrado con Kurotsuchi o alguna de sus otras relaciones, pues jamás llegó a sentir algo tan intenso por ellas.

Kurotsuchi.

Ya habían pasado tres días desde que decidieron terminar su relación. Y nadie sabía todavía, después de todo era su asunto y nunca le había gustado contar sus cosas.

Y como si la estuvieran invocando, de pronto el nombre de su ex novia apareció en la conversación.

—Ah, Sasuke-chan, lo olvidaba. ¿Podrías llevarle tú la invitación a Kurotsuchi? Sé que ella vive del otro lado de la ciudad y francamente… ¡Ah! Pero si ella irá como tu acompañante tal vez no sea necesario que lo haga, ¿verdad? No lo sé…¿qué opinas?

El aludido no respondió y eso fue señal suficiente para que Itachi interviniera.

—Lo veremos después. Ahora date prisa o llegarás tarde.

La castaña parpadeó por unos segundos, confundida, pero decidió irse. Después de todo si se le estaba haciendo tarde.

—Bueno, nos vemos al rato. —se puso de puntitas para dar un rápido beso en los labios del mayor de los Uchiha

La escena era demasiado dulzona y personal para el gusto de Sasuke, así que giró su silla para mirar hacia la pared y así darles un poco de privacidad.

—Cuídate tú también, Sasuke-chan. —se despidió su cuñada.

Sin voltear, el aludido solo agitó una de sus manos a modo de despedida.

El sonido de la puerta cerrándose y un par de segundos después, Itachi estaba sentado en su silla, con un ligero rubor cubriendo sus mejillas.

—¿Qué? —preguntó, al notar que su hermano menor lo miraba con cierta burla.

—Nada.

Itachi suspiró y abrió su laptop para comenzar a trabajar. Sasuke acercó su silla un poco más e hizo lo mismo con su propio aparato. Tenían que aprovechar de revisar unas cosas antes que Naruto llegara con su parte a unir todo y presentar los avances.

De vez en cuando Itachi levantaba la vista para observar a su hermano menor quien estaba completamente concentrado en su trabajo. Algo había pasado, no sabía con exactitud qué, pero estaba seguro que algo relacionado con Kurotsuchi. Aunque no parecía estar sufriendo ni nada de eso.

—¿Qué?

—Ah, nada.

—Mmm… —Sasuke entrecerró los ojos y regresó su atención a los documentos frente a él.

—Por cierto, iré a Kyoto este fin de semana. —comentó Itachi, a la vez que tecleaba algunas cosas en su laptop.

—¿Ah, sí? ¿A qué? —preguntó sin levantar la vista.

—A entregarle la invitación a mamá. No me parece hacerlo por correo.

—Ya veo. —ingresando algunos dígitos en la pantalla, varios gráficos aparecieron en su pantalla.

—¿Quieres ir?

—¿Uh?

—Izumi no podrá acompañarme. Tiene un curso de psicología infantil que debe hacer.

—Mmm…

—¿Quieres ir? —preguntó otra vez, levantando la vista hacia él. —Hace mucho que no vemos a mamá. Le alegrará que vayamos a visitarla.

Sasuke lo pensó por unos instantes mientras continuaba leyendo la información en su laptop. Era cierto, había pasado bastante tiempo en que no visitaba a su madre y realmente quería verla, pero no recordaba si tenía o no algún compromiso para ese fin de semana.

—Mmm…

Unos instantes de silencio.

Itachi aprovechó para abrir su bandeja de e-mail y redactar un correo, entonces una idea cruzó su mente.

—¿Sabes? Podríamos decirle a Sakura que nos acompañe también. —soltó el mayor como si nada.

La mención del nombre de su amiga hizo que Sasuke diera un respingo y mirara a su hermano con los ojos ligeramente entrecerrados.

—¿Por qué? ¿Para qué? —contraatacó en tono defensivo, mirando a su hermano con cierta desconfianza. ¿Se estaba burlando de él o solo buscaba probarlo?

—Eres gracioso, hermanito. —le sonrió Itachi, golpeando su frente con dos dedos. El menor frunció el ceño en una mueca que lo hizo sonreír aun más, enternecido al ver esa expresión infantil en el rostro de su hermano. —No sé, lo digo porque la madre de Sakura también vive en Kyoto, ¿recuerdas? Y apuesto que lleva aun más tiempo que nosotros de no verla. Sería lindo, ¿no crees?

Lo pensó por unos segundos. Eso también era cierto, el horario de trabajo de Sakura lo hacía imposible.

—¿Entonces… qué dices?

—Se lo diré. —aceptó el menor, regresando a leer los datos que mostraba su pantalla.

—Genial. Será divertido. —Itachi se recargó en su silla para releer el correo que había redactado. —Y por cierto, estaré en medio de ustedes todo el tiempo, la casa de mamá no es buena idea para recordar viejos tiempos. —murmuró esto último en tono divertido.

—¿Ah?

Itachi soltó una carcajada y miró a su hermano como si fuera un mocoso de diez años.

—Realmente eres gracioso, hermanito.

.

.

.

Mientras esperaba que la luz del semáforo cambiara del rojo a verde, Sasuke miró a través del espejo retrovisor y dejó escapar un pequeño suspiro.

Obito tenía una extraña manera de convencer a la gente, una que no tenía nada de parecido al carisma o las habilidades diplomáticas de su hermano o de Shisui, sino más bien al talento innato de Naruto. Los dos llegaban a hostigar y acosar a la gente de tal forma, que todos terminaban aceptando sus ideas para que simplemente se detuvieran.

Tal como fue su caso esta vez.

ooooooooooooooo

No.

¡Ni siquiera lo has pensado! —chilló Obito. —Por favor, Sasuke. No te lo pediría si no fueras mi última opción.

En una situación normal eso lo haría sentirse ofendido, pero en esta ocasión, cuidar a un niño… No.

Tengo que trabajar. ¿Por qué no se lo pides a alguien más?

No hay nadie más.

El menor de los Uchiha lo miró con incredulidad. Eso era poco probable, Obito tenía muchos conocidos y amigos, después de todo era el más sociable en su familia.

Nadie más en quien confíe tanto, al menos. —agregó el mayor al notar la expresión de su primo. —¡Es la verdad! Shisui no está disponible, mi pobre hermanito está enfermo y apenas puede moverse. —continuó en tono teatral y desesperado. —Si no tuviera este compromiso, créeme que me quedaría a cuidarlo y darle sopita de pollo.

Sasuke rodó los ojos. Por suerte Itachi no era tan empalagoso con él… ¿O sí?

Y antes que se te ocurra darme alguna brillante sugerencia, te repito que nadie más puede. —se adelantó. —Izumi tiene un paseo con sus alumnos hoy y sabes que Itachi está saturado de trabajo y reuniones con los ancianos que vienen a ver los avances.

Ceño fruncido por parte de Sasuke. Eso era cierto.

¿Qué hay de Kakashi? Es tu mejor amigo, ¿no? ¿Por qué no le pides ayuda? O los otros dos miembros de tu rara pandilla de amigos.

Kakashi está en Osaka desde ayer. Lo sabes. —replicó Obito con fastidio. —Y Yamato y Azuma tampoco están disponibles. Ya te dije.

Sasuke gruñó ante la extraña habilidad que tenía Kakashi para adelantarse y escaparse de situaciones problemáticas. Aunque… pensándolo bien, tal vez su antiguo profesor no era una buena opción para cuidar de Kaoru. Quien sabe si no le da por usar sus libros pervertidos como material de lectura para hacerlo dormir.

Pensó por otra opción durante algunos segundos.

¿Y Naruto? A ese tonto le encantan los mocosos.

Quiero a mi hijo en una pieza, gracias.

Y con eso no pudo más que asentir. Ofrecer a su rubio amigo como niñero era un riesgo potencial, pues básicamente sería un niño cuidando de otro niño. Tal vez Kaoru sería el maduro del dúo.

"Diablos" Ya se había quedado sin opciones.

Por favor, Sasuke. Rin ya está muy angustiada. Sabes que no podemos llevarlo, los congresos médicos no son lugares para niños.

Frunció el ceño otra vez. Toda la culpa la tenía la niñera de confianza de Rin, a quien se le ocurría fracturarse el tobillo en el peor momento.

Tsk. ¿Y por qué no te quedas tú aquí?

Obito frunció un poco el ceño.

Porque es algo importante y Rin me necesita. Sabes lo nerviosa que se pone con esas cosas. Llámalo apoyo emocional, si quieres. —se encogió ligeramente de hombros. —Además es un congreso de pediatría. ¿Sabes lo que eso significa? Un nido de sujetos pervertidos con aires de grandeza. Las recepciones y la cena al final de esas charlas siempre son para presumir lujos y conseguir chicas. ¿Sabías que un 70% de ellos escoge esa especialidad con la sola finalidad de conseguir citas con las madres de sus pacientes?

Sasuke rodó los ojos.

Acabas de inventar eso.

Tal vez, pero tiene sentido. Si Rin va sola, sería como un conejo rodeado por una jauría de lobos. ¡No puedo hacer eso!

El menor de los Uchiha negó con la cabeza ante el teatro de su primo. Le encontraba más sentido a la parte del apoyo emocional que al de Rin como una doncella en apuros que necesitara de su protección. Él sabía lo demandante y estresante que eran esos congresos médicos, y que Rin, a pesar de todos sus conocimientos y años de experiencia, aun tenía cierto pánico a las presentaciones frente a tantas personas. Era lógico que necesitara la compañía y apoyo de su esposo.

Solo serán dos días o tres a lo mucho. —continuó Obito, juntando sus manos de manera suplicante. —Yo hablaré con Itachi para explicarle que cuidarás al enano y te ausentarás durante las tardes.

Eso no…

Además, Kaoru estará más feliz con su tío Sasuke. Le agrada su tío Sasuke. ¡Todos quieren al tío Sasuke! ¡Debería haber más tíos Sasuke en el mundo!

A ese punto Sasuke ya tenía un tic en la ceja izquierda y la cabeza comenzaba a palpitarle.

¡Por favor! Te traeré algo lindo desde Yokohama. —le sonrió. —O cuando tengas tus propios hijos seré tu niñero designado. ¡Lo juro! O te compraré un montón de tomates. O… o…

A medida que Obito comenzaba a parlotear, los nervios de Sasuke se crispaban más y más, hasta que finalmente, sintiendo los músculos del cuello y los hombros tan tensos como la cuerda de un arco, cerró los ojos y dejó escapar un suspiro de resignación.

Tsk.

Al reconocer ese sonido extraño que hacía su primo e interpretándolo como un "lo haré", los ojos de Obito se abrieron maravillados.

¡Gracias, Sasuke! —y si no se lanzó a abrazarlo fue porque lo conocía bien y no quería dejar viuda a su linda esposa tan pronto.

ooooooooooooooo

Y por eso ahora iba de regreso a su casa, con las tardes libres para trabajar de niñero y con Kaoru sentado tranquilamente en su sillita de auto, jugando con dos muñecos de acción.

¿Qué debía hacer ahora? Rin le había dado varias instrucciones que él orgullosamente se negó a escribir. Después de todo, ¿qué tan difícil sería cuidar a un niño?

—Hey, ¿tienes hambre?

El pequeño alzó la cabeza, sus ojos negros en contacto con los del adulto a través del espejo.

—Sí.

—¿Qué quieres comer?

—Arroz.

Bien, algo fácil de preparar. O de ordenar. No recordaba si su despensa estaba abastecida.

—¿Arroz con qué?

El pequeño lo pensó por varios segundos.

—Mmm… onigiris. —y entonces regresó su atención a sus juguetes.

Sasuke suspiró. Genial, un almuerzo basado solo en arroz.

Mientras conducía y después de algunos minutos, pudo ver a través del retrovisor como Kaoru frotaba uno de sus ojos y bostezaba, señal evidente de cansancio y sueño. ¿Qué hacer? ¿Alimentarlo ahora o después? Aun faltaba para llegar a su departamento. ¿Qué pasaría si se duerme con el estómago vacío? ¿Afectaría en algo a su crecimiento? ¿Y si se dormía inmediatamente después de comer? ¿Le causaría algún malestar estomacal?

"Ridículo" se dijo a si mismo y casi suelta una carcajada. Estaba sobre analizando demasiado las cosas.

En ese momento su celular vibró anunciando un mensaje y aprovechó la luz roja de un semáforo para revisarlo.

"En el fondo son como perritos. Solo mantenlo alimentado y limpio, sácalo a jugar un momento y después vigila que no se trague cosas o que pase la lengua por alguna toma de corriente. ¡Buena suerte! "

Fueron las sabias palabras de Kakashi. Ni idea de cómo supo tan rápido que había aceptado ser niñero de Kaoru.

- o -

El enano le agradaba y bastante. Kaoru era un niño bien portado, gracioso, inteligente y ocurrente. Y muy tranquilo para ser hijo de Obito, definitivamente sacó el carácter de su madre.

Pero a pesar de todo eso Sasuke se sentía nervioso.

Su departamento no tenía nada remotamente hecho para entretener a un niño. Ya habían terminado de almorzar y el pequeño ahora veía la televisión. Pero Sasuke sabía que pronto se aburriría y un niño aburrido era algo peligroso.

Y resultó más temprano que tarde. Kaoru se levantó del sillón, acercándose a la mesa del comedor, en donde se encontraba trabajando, pues muy a su pesar había decidido llevar sus pendientes hasta su casa. Debía avanzar lo más que pudiera si es que quería tener el fin de semana libre para viajar a Kyoto.

El pequeño se sentó en la silla frente a él, mirándolo trazar líneas y dibujos y hacer cálculos que a su mente de niño resultaban fantásticos. Claro que su admiración duró un par de segundos y luego regresó al living, estirándose para alcanzar un libro que llamó su atención, todo esto bajo la vista de águila de Sasuke que no perdía ninguno de sus movimientos.

El libro no logró mantenerlo entretenido durante mucho tiempo y entonces comenzó a recorrer cada rincón de la sala. Un pequeño remolino pelinegro que levantaba cada cosa, lo observaba y luego lo regresaba a su lugar.

—¿Qué haces?

El niño no respondió, se había sentado en el suelo y miraba sus muñecos de acción con aburrimiento.

Sasuke dejó escapar un pequeño suspiro.

—¿Estás aburrido?

Kaoru levantó la vista, no quería decir que sí, eso no era educado y tampoco quería armar berrinche, pero estaba aburrido.

El mayor de los Uchiha levantó la vista al techo.

"Demonios"

Bien, él no tenía nada con que entretener a Kaoru y tampoco quería tenerlo mirando televisión. Los programas actuales eran los causantes de la estupidez adulta e incluso algunos infantiles rayaban en la idiotez.

Decidiendo que no podía hacer nada mas ahí en su casa, se levantó y caminó hacia la puerta, tomando del perchero su abrigo, la mochila del niño y sus llaves.

—Ven, salgamos un rato.

Los ojos negros del pequeño brillaron y corrió para alcanzar y tomar la mano de su tío.


Decir que fue un mal turno para Sakura, sería quedarse corto.

Desde el momento que abrió los ojos y se encontró a si misma en su habitación, despeinada, agitada y … frustrada, todo fue un desastre.

No sabía si era ella la que atraía energías negativas o si realmente todo el mundo estaba en su contra ese día. Comenzando por la protesta a las afueras del hospital en donde uno de los guardias le gruñó mientras le abría el paso de la barricada y no dejó de tratarla como si ella fuese la responsable de todas las injusticias del sistema; hasta la rabiosa señora de la limpieza que le escupió un sermón furioso por tirar accidentalmente su letrerito de "piso mojado"

El tener que hacer turno en urgencias con Kabuto, el nuevo médico recién llegado de Osaka, tampoco ayudó a mejorar su humor. El tipo era un raro y presumido de lo peor y la extraña relación y cercanía que tenía con el —relativamente nuevo— jefe del departamento de investigación, el tal Orochimaru, la perturbaba.

Una bebida derramada sobre ella en la cafetería, la pérdida de su localizador en algún lugar del hospital, un paciente ebrio con el mayor arsenal de groserías en su contra que hubiese escuchado; otro borracho con manos traviesas que intentó pasarse de list y una niña endemoniada que le dio varios tirones de cabello con unos padres que no hacían nada para contener a su "princesa" fueron los eventos que terminaron de rematar un fantástico turno de 50 horas.

Solo le faltó que un pájaro decidiera dejar caer popó sobre su cabeza.

- o -

Las 14:20 de la tarde, oficialmente su turno había terminado hace veinte minutos, pero Sakura seguía en el hospital, específicamente en la sala de neonatología.

Sus ojos fijos en el pequeño cuerpo de Akito, ahora con 35 semanas.

Según le había informado Rin el día anterior, cuando fue a despedirse de ella a su consulta en el ala de pediatría y a desearle suerte en el congreso, la evolución del pequeño Akito era bastante buena. Incluso ya había aumentado varios gramos de peso, lo que a sus ojos eran muy buenas noticias.

Y ahora, mientras veía al bebé respirar acompasadamente, con sus signos vitales en un rango normal y sabiendo que con cada día que pasaba se volvía más fuerte, Sakura sentía que todo lo malo de los últimos dos días resbalaba por sus hombros.

El tema de lo que ocurriría con él después seguía provocándole un malestar en el estómago. De verdad no quería que el caso terminara en uno de esos hogares de niños.

"Tal vez aparezca algún pariente antes que el caso pase al sistema de menores. Mientras tanto lo único que podemos hacer es asegurarnos que salga de aquí en las mejores condiciones"

Las palabras de Sasori regresaron a su mente y la hicieron reaccionar. Su amigo tenía razón, aun faltaba para eso.

Lo importante ahora era lograr su completa estabilidad para luego darlo de alta. Y aunque ella seguía sintiéndose frustrada por no poder hacer algo activamente para ayudar a lograr esa meta, sabía que solo debía resignarse. No era su área de especialidad después de todo, así que solo le quedaba confiar. Confiar en Rin y sus amplios conocimientos, y en el resto del equipo médico.

Y confiar en las fuerzas del pequeño Akito.


Sasuke dejó escapar una pequeña sonrisa al ver a Kaoru interactuando con todos esos niños. En verdad había heredado esa parte de Obito y era bueno tener otro Uchiha sociable para sumar a la familia. Él a su edad casi no tenía amigos y difícilmente se acercaba a otros niños desconocidos para jugar.

El parque en el que estaban no quedaba muy cerca de su casa, pero al menos había logrado encontrar un lugar con juegos infantiles y que Kaoru se divirtiera.

Eso era suficiente.

- o -

Después de lo que parecieran horas —aunque probablemente lo fueron— Sasuke decidió que ya era hora de regresar.

El pequeño Uchiha se despidió de sus nuevos amigos y corrió hacia la alta e imponente figura de su tío, tomándolo de la mano para caminar a su lado.

—Ten, abre el auto.

No sabía por qué, pero el presionar el botoncito del seguro de los autos siempre hacía sonreír a los niños. Kaoru sonrió enormemente mientras recibía con sus pequeñas manitos las llaves y presionaba el botoncito que quitó el seguro y el sonido de alarma del auto.

Eso tenían en común. A él también le encantaba cuando su padre le daba esa importante misión. Aunque en esos tiempos la alarma del viejo auto de su padre más bien sonaba como una chicharra.

—¿Qué quieres hacer ahora? —preguntó una vez dentro del auto, mientras salían del estacionamiento. —¿Tienes hambre? —no estaba seguro de que tan seguido debía alimentarlo, pero a juzgar por todo lo que corrió y jugó, las energías de Kaoru ya estaban bajas.

—Sí.

—¿Qué quieres comer?

El niño lo pensó por unos minutos, sus ojos negros brillando traviesos.

—Mmm… papas fritas. Y hamburguesas.

Otra pequeña sonrisa por parte de Sasuke. Obviamente aprovecharía de pedir comida chatarra, la que seguramente su madre no le dejaba comer tan a menudo.

—Bien, solo por hoy. Vamos al centro comercial.

—¡Yey!

Una vez llegaron al centro comercial y estacionaron, Sasuke nuevamente dio las llaves a Kaoru quien puso la alarma y observó las figuritas que adornaban el llavero antes de guardarlas en su bolsillo.


A Sakura no le gustaba ir de compras, menos cuando acababa de salir de un agotador turno en el hospital. Estaba cansada, solo quería llegar a su casa a dormir, pero a raíz de la cena que tendría en la noche, no le quedaba de otra.

Una tonta cena como bienvenida al rarito de Kabuto en el área de urgencias del hospital.

Y por eso ahora prácticamente arrastraba sus pies por el centro comercial, de tienda en tienda buscando un par de zapatos que combinaran con el vestido que acababa de comprar.

Suspiró con pesar. Si al menos fuera de la misma talla que Ino pudo haberse ahorrado las molestias, pero su amiga era mucho más… exuberante que ella.

"Demonios"

Y entonces, al doblar en el pasillo del tercer piso se encontró de frente con una conocida figura femenina.

Kurotsuchi caminaba en su dirección, vistiendo un elegante conjunto color vino y cargando varias bolsas de compra, con su corto cabello meciéndose con cada paso que daba. Todo lo contrario a ella, vestida con zapatillas, jeans y un sweater verde y el cabello recogido en un moño descuidado. Y cargando una sola compra que agitaba como si fuera una bolsa de mercado.

Sakura la vio mirar en su dirección y congelarse por unos segundos, desviando la mirada hacia ambas direcciones. No sabía por qué, pero le dio la impresión que la pelinegra trataba de esquivarla.

Y lo más extraño es que ella también quería ignorarla, por alguna razón que aun desconocía. No quería encontrarse con ella, ni tener que hablarle. Una muy rara molestia se había hecho presente en su pecho y si no se daba vuelta y cambiaba de dirección era porque simplemente sería demasiado obvio.

"¿Por qué?" se preguntó. ¿Por qué sentía molestia al verla? ¿Y por qué de pronto se comparaba con ella?

Tratando de fingir una sonrisa, Sakura se obligó a continuar en su dirección, deteniéndose apenas para saludarla cortésmente, pero Kurotsuchi se veía aun más apurada e incómoda que ella.

—Hola, Sakura. —le sonrió apenas. —Lo siento, pero tengo prisa. Adiós.

Ni un "hablamos luego" o un "que tengas buen día" o esas palabras de cortesía que generalmente había entre ellas.

Eso era extraño, pero la sensación de alivio que recorrió el pecho de Sakura fue suficiente para ella. Su cabeza simplemente no estaba para analizar nada más.

Y aun tenía que comprar los malditos zapatos.


Dos hamburguesas y un montón de papas fritas después, Sasuke y Kaoru ya estaban listos para irse.

—Bien, abre el auto ahora, enano. —ordenó el mayor una vez frente a su vehículo en el estacionamiento.

Kaoru buscó dentro de sus bolsillos y sus ojos se abrieron espantados al no encontrarlas. Robóticamente giró a mirar a su tío, quien al notar la mirada nerviosa y asustada del pequeño se dirigió a él.

—¿Qué pasó?

—N-no… no están…—balbuceó mientras seguía buscando en sus bolsillos.

Ojos entrecerrados de Sasuke hasta que al fin comprendió.

Y eso lo hizo agacharse frente a él para rebuscar completamente entre su ropa, cada bolsillo, cada dobladillo.

Nada.

Estuvo a punto de sujetar al niño de los pies y sacudirlo para dejar caer todo lo que tuviera.

Pero simplemente no estaban.

Una ola de pánico lo invadió. Era la única copia de su auto y por si fuera poco también tenía las de su casa.

"¡Maldición!" gruñó internamente.

El ceño fruncido y la expresión en su cara fueron suficiente para asustar al pequeño.

—L-lo siento... tío…

Un vistazo hacia Kaoru, quien parecía una ardilla asustada ante su presencia provocó un latigazo de culpa e indicó a Sasuke que probablemente debía tener la cara de un demonio rabioso. Obligándose a calmarse, respiró profundamente y se puso de pie.

No era culpa del enano. No debía asustarlo. Él debió guardar las malditas llaves una vez que cerraron el jodido auto.

Él era el adulto.

Así que sin saber muy bien que decir para que el niño dejara de mirarlo así, solo se limitó a despeinar su cabello en un toque amistoso.

—Vamos, salgamos de aquí. —estiró su mano y el niño se apuró en alcanzarlo, aliviado que el tío Sasuke ya no tuviera esa cara tan fea.

- o -

"¿Qué hacer ahora?" se preguntaba mientras caminaban por los pasillos del centro comercial. Preguntó en algunos locales del patio de comidas, pero nadie las había visto, en informaciones y en objetos perdidos tampoco.

"Demonios" Volvió a recordar que también tenía las de su casa.

Ni modo. Tendría que llamar a algún mecánico o cerrajero, una grúa, algún ladrón que pudiera abrir la puerta y encender el motor pelando los cables… o quien fuera que pudiera ayudarlo.

—¿Sasuke?

Claro que no esperaba encontrar a Sakura.

El pelinegro volteó, sorprendido de verla justo ahí y sin prestarle demasiada atención al latido extra que sintió en su pecho. Ni a los dos extras que aparecieron cuando ella comenzó a acercarse.

Ni tampoco al temblor de sus manos cuando lo saludó con el usual beso en la mejilla.

—¿Qué haces aquí? ¿Estás de compras? Pensé que odiabas estos lugares. —le preguntó divertida.

Y el Uchiha al fin pudo esbozar una leve sonrisa.

—Lo mismo digo.

Sakura se sonrojó levemente y al desviar la mirada sus ojos repararon en la pequeña figura aferrada a la mano de su amigo.

Una sonrisa adornó su rostro al reconocer al pequeño y Sasuke se encontró a si mismo sonriendo también.

—¡Hola, Kaoru-kun! —exclamó ella, agachándose frente a él.

—Hola, tía Sakura. —una tímida sonrisa y una inclinación de cabeza que casi la hacen chillar.

—¿Cómo estás? ¡Vaya, te ves mas alto desde la ultima vez que te vi!

—¿De verdad? —la sonrisa de Kaoru creció, iluminando su carita y sus ojos negros brillaron. —Es porque mamá me obliga a comer todas las verduras.

—¿Y ya ves? Las verduras son buenas. —la mano de Sakura peinó el alborotado pelo del pequeño, solo para que este volviera a su posición original en tan solo un segundo.

Eso la hizo soltar una risita divertida y el estómago de Sasuke se apretó en un nudo.

—¿Qué hacen ustedes dos por aquí? —les preguntó. —¿De paseo?

—Algo así. —el mayor se encogió de hombros.

—Rin-san me contó que cuidarías de Kaoru-kun por los días que estén fuera.

—Sí.

—¿Todo bien hasta ahora?

—Supongo.

—Amm…¿y… ustedes… vienen solos?

Ceja arqueada por parte del pelinegro. Claramente preguntando a qué se refería.

—Emm… acabo de ver a Kurotsuchi hace unos minutos, tal vez los esté buscando y…

—No. Solo los dos. —la interrumpió.

—¿De verdad?

Él solo asintió con la cabeza.

Sakura entonces volvió a agacharse para acariciar el pelo de Kaoru, y tal vez fue la imaginación de Sasuke, pero juraría que vio el rostro de su amiga enrojecerse un poco y luego fruncir el ceño por alguna razón, como si estuviese molesta por alguna cosa que cruzó su mente.

Kaoru entonces bostezó.

—Oh, pobrecito, estás cansado. —se puso de pie otra vez y acomodó un poco su ropa, dirigiéndose a su amigo esta vez. —¿Ya se irán a casa?

—Mmm… algo así. Hay un pequeño problema.

El niño se encogió junto a la pierna de Sakura, aferrándose a ella.

—Lo siento.

Los ojos verdes de la chica viajaron interrogantes hacia su amigo, quien en pocas palabras explicó lo sucedido.

—Vaya, eso sí es un problema. —se sujetó la barbilla. —Un amigo perdió una vez su llave de auto y la copia resultó un poco cara. Pero lo primero es conseguir una grúa que lleve tu auto hasta tu casa o un taller o a donde sea.

—¿Qué amigo?

"¿En serio eso preguntarás?" Casi quiso golpearse a si mismo. Por suerte, Sakura no lo escuchó pues ya estaba escribiendo en su celular para conseguir el contacto.

Una vez dio los datos con la ubicación y demás, solo tendrían que esperar.

Kaoru ya estaba agotado y sus bostezos cada vez se hacían más frecuentes. Sasuke lo cargó en brazos y al poco rato ya se había dormido.

Y mientras esperaban a que llegara la grúa, se dedicaron a pasear por el centro comercial, mirando las tiendas sin prestarles atención realmente, solo hablando de cualquier cosa.


De vez en cuando Sakura miraba de reojo hacia su amigo, no sabía por qué, pero de alguna forma verlo cargando a un niño dormido entre sus brazos lo hacía ver aun más atractivo.

Y aunque trataba de no pensar en eso... no podía evitarlo. No cuando los rasgos de Kaoru eran tan parecidos a los de Sasuke que fácilmente podrían pasar como padre e hijo. Y con ella caminando a su lado, acomodando la chaqueta del pequeño cada vez que se levantaba por su espalda y acoplándose de manera inconsciente a los movimientos de él, no podía evitar pensar en que daban la imagen de una linda familia de tres.

Tal como había soñado hace muchos años.

Y sentirse tan nerviosa y... emocionaba por eso, resultaba aterrador.

Sintiendo que sus orejas y rostro comenzaban a calentarse, acudió su cabeza un par de veces para alejar esas ideas de su mente.

- o -

—¿Y ahora qué? —preguntó, una vez que vieron como la grúa finalmente se llevaba el auto de Sasuke.

—Ir a la oficina, supongo. Itachi tiene una copia de las llaves de mi casa. ¿No tienes la tuya aquí, verdad?

Ella negó con la cabeza, las tenía en el hospital, pero entonces lo pensó por unos segundos. El lugar en el que estaban quedaba muy lejos de la constructora y viajar en taxi o autobús con un niño dormido no era buena idea.

Lo mejor era que fueran a su casa, quedaba muy cerca y podrían hasta ir caminando.

"¡No! ¿Para qué ofreces tu casa? Demasiado conveniente y aprovechado, Sakura. ¡No te pases!" se dijo a si misma.

"¡Espera, espera! No es nada malo. No exageres. Nada que no harías antes"

—Am…¿p-por qué no vas a mi casa?

Él volteó a verla, sus ojos negros fijos en su nerviosa cara.

—D-digo… Kaoru-kun ya está dormido y todo eso. Sabes que vivo muy cerca de aquí y… Al menos para que descanse bien. Después podemos hablarle a Itachi y… No sé, solo decía.

Y a juzgar por la expresión de Sasuke, consideraba que no era mala idea. Kaoru podría ser liviano, pero pronto comenzaría a pesarle en los brazos, además de no ser muy cómodo para el niño dormir así.

—De acuerdo.

Y así los tres dirigieron sus pasos hacia el edificio de la pelirrosa.


Una vez Kaoru estuvo acostado en la habitación de Sakura, Sasuke le habló a Itachi por el asunto de sus llaves, pero su secretaria le comentó que estaría fuera de la oficina durante el resto de la tarde.

Así que a regañadientes tendría que quedarse ahí, al menos hasta que Kaoru despertara de su siesta. La verdad él también estaba muy cansado.

Se desplomó sobre el colchón y sin darse cuenta se quedó dormido.

- o -

Al despertar encontró a Kaoru todavía dormido a su lado, aunque vestía una ropa diferente.

Revisó su celular y dio un respingo. Eran las siete y media de la tarde.

Se asomó a la sala, donde encontró a Sakura con bata de baño y el cabello húmedo, lavando algunos trastes.

—Buenas noches, dormilón.

—¿Qué pasó? Kaoru…

—Tranquilo, ya comió y le di un baño. —explicó. —Estuvo jugando con Tenten así que está agotado. Dudo que despierte hasta mañana.

—¿Por qué no me despertaste? —le gruñó.

—Porque parecías cansado. —ella volteó para encararlo. —Tranquilo, llamé a Itachi y me dijo que aun no llega a la constructora, pero apenas lo haga enviaría tus llaves por taxi. Pero creo que deberían quedarse aquí, ya es tarde y Kaoru-kun ya está dormido.

—¿Qué hay de ti? —se atrevió a preguntar.

La vio retroceder un paso, como si de pronto fuera consciente de su cercanía y de su semi estado de desnudez. ¿Por qué se alejaba de él?

—Yo… yo me quedaré en cuarto de Tenten. Ella se quedará con Neji hoy. —respondió nerviosa, volteando para concentrarse en los platos. —Además… tengo que salir ahora. Una cena de bienvenida para un colega del hospital.

—Ya veo.

El pelinegro se acomodó a su lado para ayudarla a enjuagar los platos.

—Está bien, puedo hacerlo yo.

—No seas tonta.

Estaban tan cerca que su brazo chocaba contra el suyo. Podía sentir como la respiración de Sakura se volvía más pesada. Su propia frecuencia cardíaca aumentó también y se preguntó si acaso ella podía escucharlo. ¿Era necesario estar tan cerca? No, pero quería estarlo.

—Sakura.

—¿Si? —ella alzó la cabeza, sus ojos verdes nerviosos chocando con los imperturbables de él. —¿Q-qué pasa?

Y el silencio se hizo presente. Sasuke regresó su atención a enjuagar los platos y dejarlos sobre la vajilla.

Duraron así un par de minutos hasta que él decidió hablar de nuevo.

—¿Tienes libre el fin de semana? Iremos a Kyoto a ver a mamá. Tal vez quieras ir con nosotros.

Una ceja alzada por parte de Sasuke ante la expresión en el rostro de su amiga. Esperaba un poco más de entusiasmo por su parte ante la idea.

—¿A Kyoto? ¿Quiénes?

Y ante la pregunta, no pudo evitar rodar los ojos.

—Itachi y yo. ¿Quién más?

Ella frunció el ceño.

—No sé. —y como si se tratara de un veneno que necesitaba escupir, añadió en tono mordaz. —Tal vez Kurotsuchi.

Sasuke entonces dejó el último plato y tomó la toalla que colgaba del perchero para comenzar a secarlos.

—Ya no. —declaró mientras secaba uno.

—¿Qué?

—Me oíste. —dejó el plato seco y tomó otro para continuar.

No quería voltear a verla. No quería ver esos ojos jodidamente verdes.

Porque más que el hecho mismo de confesar un nuevo fracaso emocional, debía reconocer que era la expectación y la incertidumbre ante su reacción lo que no lo dejaba tranquilo, lo que lo acobardaba.

Porque si ella se mostraba decaída o entristecida no sería problema. Sakura era sensible y fácilmente se entristecía por las cosas que pensaba que a él le afectaban, como ya había ocurrido en ocasiones anteriores. Todo seguiría normal y el mundo recuperaría su velocidad normal. Sin embargo, si fuese lo contrario… si su rostro mostrara algún mínimo dejo de emoción o…felicidad por su repentino estado de soltería…

Se estremeció ligeramente. La piel de gallina ante el solo pensamiento.

"Deja de pensar idioteces" gruñía internamente.

Le molestaba. Le molestaba sentirse tan ansioso por eso, por ver cómo reaccionaría ante la noticia. Por anhelar vislumbrar una emoción contenida en esos ojos verdes o por la vista de su labio inferior tembloroso como cada vez que estaba nerviosa.

Por eso quería evitarlo a toda costa, pero ahí estaba ahora, tan cerca de ella que hasta podía sentir el calor de su cuerpo.

Porque toda su estúpida teoría del sentido de protección se balanceaba como un bloque de naipes, con cada nueva realización.

Su corazón aumentó su frecuencia de un momento a otro.

Realmente era un idiota. Y estaba perdido, lo sabía. Cada teoría rebuscada que creaba para justificar sus problemas actuales, era rápidamente destruida por su mente y por su cuerpo.

Y así iba, de negación a aceptación, para después negar otra vez.

"Demonios"

Varios segundos pasaron, sumergido en sus pensamientos y en su misión de secar la vajilla hasta que no aguantó más y tratando de aparentar una tranquilidad que no poseía, volteó despreocupadamente, encontrándose con esos ojos verdes que lo volvían loco.

—¿Qué?

Y como era costumbre, los ojos de Sakura revelaban demasiado; sorpresa, emoción… ¿miedo, confusión y… felicidad…?

Demasiado para él y su sanidad mental.

Regresó a su tarea, tomando ahora un vaso y secándolo con brusquedad.

—Sasuke.

No quiso voltear, pero al sentir una pequeña mano posarse en su antebrazo, el choque eléctrico lo hizo regresar su mirada hacia su amiga.

No supo en que momento ella se había acercado tanto. ¿O tal vez él lo hizo? ¿Y por que su ropa se sentía más pesada y estorbosa? El cosquilleo en las manos ya recorría su abdomen y su respiración nuevamente se volvía pesada.

El mundo a su alrededor comenzaba a borrarse otra vez. ¿Qué tal si…?

—¡Sakura, lamento llegar tarde! —fue el grito que irrumpió en la casa y que hizo que los dos se separaran de golpe, dejando un vaso estrellado en el suelo como resultado.

Ino apareció en la cocina y sus ojos celestes recorrieron la escena, analizando todo como un agente forense en una escena del crimen.

—Ino, me asustaste. —reclamó la pelirrosa, con una mano en el pecho.

—Oh, lo siento. —se disculpó con una sonrisa divertida. —Hola, Sasuke-kun. No sabía que estarías aquí.

El aludido solo hizo un movimiento de cabeza, usando el pretexto de buscar una pala y escoba para escapar de la atención de la rubia.

—Hola feita. Sasuke. —escuchó una voz masculina detrás de Ino.

Sai los miraba con su sonrisa de siempre. Sasuke solo cerró los ojos y se dedicó a recoger el desastre.

—¡Bien, Sakura, date prisa o se nos hará tarde! —exclamó, tomándola de la mano de para sentarla en una silla del comedor.

—Si, feita. Ino tiene mucho trabajo que hacer contigo. Quien sabe cuanto tardará.

—Oh, cállate. —le gruñó la pelirrosa. —Y tú no te emociones tanto, Ino. No seré tu muñeca de juegos, solo hazme algo sencillo.

—Sí, sí.


Media hora después, Sasuke y Sai veían las noticias en el televisor cuando el timbre sonó.

Ino y su potente voz ordenaron abrir la puerta, como si no fuera suficiente con el ruido del dispositivo.

Sai abrió la puerta y se hizo a un lado para dejar pasar al invitado.

—¡Fea, ya vinieron por ti!

Tanto Sasuke como el recién llegado miraron a Sai como si fuera un loco, el primero preguntándose cómo es que Sakura no lo golpeaba todavía.

—¡Dile que ya va! —gritó Ino otra vez.

—Ino dice que ya viene. Espérala un momento, por favor. —lo guió hacia uno de los sillones y le ofreció asiento. —Y bien, ¿tú eres…?

Sasori arqueó una ceja, eso debió preguntarlo antes de hacerlo pasar a la sala. ¿Qué tal si fuera un asesino o psicópata?

—Am, Sasori Akasuna, compañero de trabajo de Sakura en el hospital. —se presentó. —Tú debes ser Sai. —el aludido asintió. —¿Y tú eres Sasuke, verdad? No nos habíamos presentado formalmente.

La mirada de Sasuke se volvió un poco más afilada.

—Sí.

—Un gusto conocerte al fin. Sakura me ha hablado mucho de ti.

—Lo mismo digo.

Sai se sujetó la barbilla. Esperaba que al estar en medio de ambos sintiera rayitos o esas vibras asesinas que tanto mencionan los libros cuando hay dos pretendientes de la protagonista uno frente al otro. Pero francamente ahora no sentía nada de eso. Sasori se mostraba serio, tranquilo y despreocupado y las vibras que sentía provenían solo de Sasuke, pero eran mas bien unas de desconfianza, alarma y recelo hacia el pelirrojo.

—Extraño.

—¿Qué cosa? —preguntaron ambos al profesor.

—Ustedes.

—¿Eh?

—Sai deja de decir tonterías. —gruñó Ino apareciendo en la sala.

Y tras ella venía Sakura.

Y Sasuke de pronto sintió la boca seca y las manos le cosquillearon aun más.

El vestido negro era ajustado y llegaba a una palma sobre las rodillas, sin tirantes, con un pequeño escote en forma de corazó zapatos eran rojos, de tacón medio y como adorno solo llevaba unos pendientes pequeños. El cabello recogido en un moño trenzado —que se veía bastante complicado en su opinión —con unos mechones sueltos que enmarcaban su rostro.

Poco maquillaje, labios de un suave color rosa.

—No la pierdas. —escuchó advertir a Ino mientras le entregaba un bolso de mano color rojo.

Sasuke la observó sin decir nada. ¿Habían subido el termostato? Porque definitivamente sentía más calor.

Y cuando los ojos de Sakura llegaron a él, sintió que debía decir algo, un cumplido, una observación, algo. Había muchas cosas para decirle, pero nada podía salir de su boca.

—Cuídate, Sakura. —dijo al fin, aunque más bien parecía una advertencia y sus ojos viajaron al pelirrojo que lo observó sin perturbarse.

Sakura sonrió aliviada. Si él hubiera dicho algo raro, no hubiese podido respirar.

—Lo haré. No llegaré muy tarde. Cuida de Kaoru-kun y si necesitas algo, Ino estará aquí.

—Sí, estaré aquí.

—Yo también. —se unió el profesor.

Y Sasuke suspiró. ¿Por qué los amigos de Sakura tenían que ser tan raros?

—¿Lista? —preguntó Sasori.

—Lista.

Una vez los dos médicos se perdieron tras la puerta, Sasuke regresó su atención al televisor, tratando de prestar atención a las noticias y no a los dos personajes que lo miraban con intenciones de perforar su cabeza.

Pero obviamente no pudo resistir mucho.

—¿Qué pasa? —gruñó. Nunca le había gustado que lo miraran tanto, a muy pocas personas apenas y se lo aguantaba y esos dos no estaban en la lista.

—Nada. —sonrisa enorme por parte de la rubia.

—Yo menos. —y una escalofriante por parte del pelinegro.

.

.

.

Los viernes eran día de relajo, día de celebración por el fin de semana que al fin llegaba y por lo tanto "día de pandilla" a opinión de Naruto.

Y un relajo para él, después de tres días de cuidar a un pequeño Uchiha de cinco años y mantenerlo en una pieza.

El lugar escogido fue el mismo club al que fueron hace un par de meses, cuando Sakura acababa de quitarse el yeso y se encontraron con Mizuki después.

Mientras los demás avanzaban entre todo el público para llegar al tercer piso, Sasuke solo pedía no encontrarse con ese idiota otra vez. Ya lo había visto demasiado y desde la última vez que se encontraron, en el jardín de niños al que iba Kaoru, el hecho de saber que seguía en Tokio no dejaba de atormentarlo.

—¡Wow! Es primera vez que vengo a un lugar de estos. —comentó Lee mirando a su alrededor.

—¿Lo ves? Tienes que salir más a menudo, cejotas. —Naruto le dio una fuerte palmada en la espalda, apurándolo a caminar.

La mesa estaba reservada para ellos, así que al menos no tendrían que esperar a que se desocupara algún lugar.

Al llegar, y como siempre lo hacía, Sasuke corrió una silla para que Sakura se sentara. Ella se ruborizó ligeramente y se acomodó mientras su amigo escogía el asiento frente a ella y los demás se acomodaban a su alrededor.

—Muero de hambre.

—También yo.

La muchacha del servicio se acercó a la mesa para entregar las cartas.

—¡Pidamos pizzas!

—¡Sushi!

—Qué asco.

—Pizza con piña.

—¡Argh! Eso es aun peor.

—Decídanse de una vez. —gruñó Neji.

Una mirada al grupo y Sasuke se preguntó, no por primera vez, por qué los amigos de Sakura eran tan raros y escandalosos y cómo fue que él terminó relacionándose con ellos y considerándolos amigos también.

Y pensaba que si sus otros amigos—Suigetsu y Juugo, sus únicos amigos desde sus años universitarios —se unieran al grupo, la cosa sí que se saldría de control. Por suerte para él y su paz mental, el primero trabajaba de manera independiente en Hokkaido y el segundo en una constructora en Fukuoka.

Finalmente llegó la comida y todos se abalanzaron sobre ella, hablando muy a gusto y poniéndose al día de sus vidas.

Los tragos aumentaron su cantidad y el alcohol ya comenzaba a hacerse presente en algunos de ellos.

—Por eso no me gusta mucho la cerveza. —comentó Sakura, regresando la botella de Sasuke a la mesa. —Demasiado amarga.

Él sonrió levemente al ver su cara arrugada.

—¿Y a qué hora se van, Sasuke? —preguntó entonces Naruto, con la boca llena.

—Mañana en el tren de las 5 AM

—¿Vacaciones? ¿A dónde? —quiso saber Neji.

—A Kyoto, pero solo por el fin de semana.

—¡Que bien! Me gustaría poder escaparme aunque sea un fin de semana. —suspiró Tenten.

—¿Tú también vas, Sakura-san? —Lee nuevamente se acercó demasiado a ella.

—Ehh… sí.

—¡Oye, no te acerques tanto a mi Sakura-chan!

—Naruto, no seas tan escandaloso.

La música entonces se escuchó más fuerte, dando paso a varias parejas que salieron a la pista. Ino se levantó y arrastró a Sai con ella, lo mismo que Tenten y Neji.

Naruto seguía comiendo y Lee le hablaba sobre el significado de la vida.

Sakura entonces se acercó un poco a Sasuke para hablarle.

—¿Tu madre sabe que irán a verla?

El negó con la cabeza.

—Itachi dijo que mejor sería que fuera sorpresa.

Una risita por parte de ella.

—Tiene razón. ¿Cuánto hace que no la ven?

—Ocho meses.

—Yo más. Casi un año. —sus ojos mostraron un brillo de tristeza. Y en un acto inmediato de Sasuke, tomó sus manos para estrecharlas.

No dijo nada más, solo sostuvo sus manos así, dándole un consuelo y apoyo silencioso, como solo él sabía hacerlo. Las palabras no eran su fuerte, él lo sabía y Sakura también, por eso sonrió enternecida ante la acción de su amigo y entrelazó sus dedos con los suyos.

Una descarga de electricidad recorrió los brazos de Sasuke hasta su cuello y nuevamente fue demasiado consciente de la escasa distancia que los separaba. Sería tan fácil acortarla. ¿Cuál era el impedimento? Estaba un 80% seguro que ella lo aceptaría si decidiera hacerlo. ¿A qué le temía? En caso que el 20% fuera el correcto y ella se alejara, todo quedaría ahí, ¿verdad? Ella solo reiría y le diría directamente que no volviera a hacerlo.

Nadie se alejaría, ninguno se sentiría incómodo o avergonzado y evitaría el contacto por varios días. Eran adultos ahora, ¿verdad?

¿Verdad?

Pero Sasuke no se atrevió. No cuando aun no estaba seguro de si todo seguiría igual.

No supo cuanto tiempo pasó, pero cuando Ino y los demás regresaron a la mesa, el hechizo se rompió. Sakura suavemente desenlazó sus dedos y se disculpó para ir al baño. Sasuke asintió y al poco rato también se levantó para ir a pedir algo directamente a la barra.

- o -

—¿Y bien? ¿Qué piensan de ellos? —preguntó Ino, cruzando sus manos por encima de la mesa y sus ojos celestes brillando con la seriedad que requería el tema.

—¿De quién? —preguntó Lee, ladeando la cabeza.

—Del coronel Mustang y su teniente. —Ino rodó los ojos y al ver que Lee iba a replicar, lo interrumpió. —¿Con quien más crees, tonto? ¡Sasuke y Sakura!

Los dos que aun no regresaban.

—Ah.

—Mmm…¿qué hay con ellos?

—¡Ay, Neji, eres tan dulce! Te lo diré cuando crezcas. —se burló Tenten, sujetándose de su brazo. Sus mejillas se veían sospechosamente rosas.

—¿Han notado que Sasuke no ha mencionado a Kurotsuchi en toda la noche? —las cejas de Ino, quien también se veía demasiado alegre, se movieron de arriba abajo.

—Pero siendo francos, ¿cuándo la ha mencionado? —Sai arqueó una ceja.

—Buen punto. —la rubia bebió otro trago de su bebida.

—Creo que ya no están juntos. —comentó Naruto, sujetando su barbilla.

—¿Cómo lo sabes?

—Instinto de mejor amigo.

—¿Qué eres, un personaje de shoujo? Eso no existe.

—¡Claro que sí! —se defendió el rubio, bebiendo de golpe el resto de su cerveza y mirando desafiante al ofensor.

—¿Y bueno, que hay con eso? —preguntó Neji quien aun no entendía de qué iba todo aquello. Tal vez de verdad le faltaba crecer.

—Que tal vez podamos hacer que decidan comenzar de nuevo. Se ve que ganas no les faltan.

—Ah, eso.

—¿De nuevo? Quieres decir que… ¿ellos estuvieron juntos alguna vez?

—Si no te diste cuenta hasta ahora, entonces eres un idiota, Lee.

—No seas tan cruel, Tenten.

La castaña se encogió de hombros. El alcohol la volvía despiadada.

—¿Y qué les hace pensar que podrían volver a estar juntos?

Cuatro pares de ojos se enfocaron en el Hyuga mirándolo como si hubiese dicho una barbaridad.

—Vamos, Neji, ¿acaso estas ciego? Bueno, tus ojos dan la impresión de serlo, pero…

—¡Sai!

—No, pero en serio. —continuó el profesor de arte. —¿De verdad no lo ves?

—¿Qué cosa? —preguntó Lee, con el corazón acongojado.

—¡Por favor! Solo observen como se miran… Es tan… —Ino se abrazó a si misma, buscando una palabra que pudiera describirlo. —Tan… intenso.

—Sexualoso, más bien. —agregó Naruto.

—Esa palabra no existe.

—Como sea.

—Coquetean todo el tiempo, solo hay que verlos.

—De hecho se pasan de descarados.

—No creo que coqueteen. —rebatió Neji, escéptico a todo lo que ese grupo de soñadores decía. —Solo los veo como amigos. Amigos que se conocen demasiado. Solo están viendo lo que ustedes quieren ver.

—Bueno, tú no llevas mucho en el grupo así que tu opinión no será tomada en cuenta. —zanjó Naruto en pose de dictador.

Sai y Tenten rieron divertidos enseñándole un pulgar al rubio. Neji en cambio lo miró ofendido y dedicó a su novia una mirada de reproche por no defenderlo.

—Están locos.

—Solo abran sus ojos. Son las pequeñas cosas, atenciones que Sasuke solo tiene con Sakura.

—¿Por ejemplo?

Ino llevó su mano a la barbilla, pensativa.

—El asunto de la silla. —se adelantó Sai.

—¡Sí, sí, eso! ¡Por eso te amo, Sai!

—¿Qué asunto de la silla?

—Eso de correrla para darle asiento. Es lindo. ¿Acaso lo ha hecho contigo?

—Yo soy hombre, Ino.

—Da igual. Con nosotras jamás lo ha hecho. ¿O si, Tenten?

—No jamás. —y entonces entrecerró los ojos. —Aunque Neji tampoco lo hace.

El Hyuga tosió ahogado.

—Am… no hablamos de mí.

—Con las chicas de la oficina tampoco lo hace. —agregó el rubio.

—Eso será porque no las conoce o no son sus amigas, ¿verdad?

—¡Por eso mismo! Solo lo hace con Sakura. Eso es lindo, es algo cariñoso.

—O tal vez solo es su educación.

—¡Aish! Neji estás a punto de volar por el balcón.

—Pero… tiene razón, eso podría significar nada. —comentó Lee tímidamente.

—Como sea, solo digo que se nota a leguas. Siempre buscan estar juntos. ¿Recuerdas alguna ocasión donde se hayan sentado separados?

—Mmm….

—No, ¿verdad?

—No hay. —secundó Naruto con una brillante sonrisa.

—No existe. —agregó Tenten.

—El tema de las bolitas de dulce. —continuó Sai. —La feita sabe que a él no le gustan, por eso se las quita y las come ella.

—¡Y eso reafirma lo que digo! Que son solo amigos que conocen demasiado.

—¡Ja! Ninguno de mis amigos me quitaría algo de mi plato. —defendió Naruto. —Eso es algo muy personal, tiene connotaciones ocultas, deseosas y pervertidas.

—Nadie te quitaría algo del plato porque difícilmente dejas algo.

—¡Hey! ¿De qué lado estás, Sai?

El profesor solo rio divertido.

—Y los tragos.

—¿Tragos?

—¿Acaso no vieron que Sakura-chan probó de la cerveza del teme? Eso no es algo que haces con cualquiera. Es importante, es un beso indirecto.

—Amm… yo pruebo del vaso de cualquiera. —soltó Tenten, rascándose una mejilla.

Todos voltearon a verla.

—¿Lo haces? —Neji entrecerró los ojos otra vez.

—¡No sabía que era un beso indirecto!

—¿Qué otra cosa podría ser? Es un intercambio de saliva de cualquier forma.

—Sai, no te entrometas. —advirtió Ino, viendo a su novio de lo más sonriente.

—Bueno, nosotros vimos como a Sasuke casi se le cae la baba cuando vio a la feita arreglada el otro día, ¿verdad?

—¡Oh, eso no lo sabía! —chilló Naruto, reprochándose el no haber estado ahí presente.

—Y esa forma en la que siempre pone su mano en su espalda cada vez que caminan. —Tenten suspiró soñadora.

—El teme y sus manitas locas deben estar que arden. —sonrió el Namikaze. —¡Ja! Eso suena gracioso por varios motivos.

Los demás rieron también, compitiendo en quien armaba más escándalo etílico.

—Pienso que no deberían entrometerse. —bufó Neji.

—Y ya establecimos que tus opiniones no serían tomadas en cuenta.

El castaño masculló algo entre dientes, probablemente insultos hacia el rubio dictador.

—Los conocemos. Sabemos que serían felices juntos si solo se dieran la oportunidad. —Ino estiró la mano y el rubio la tomó, estrechándola.

—La verdad es que los dos son tan diferentes, pero eso es lo que resulta entre ellos. Opuestos, ¿verdad? —Tenten guiño un ojo a Neji, quien se sonrojó levemente y volteó en otra dirección para hacerse el desentendido.

—También creo que es obvio, pese a no conocer la historia completa de ellos dos. —apoyó Sai. —Y aunque Sasuke no muestra las características del personaje celoso con todo ente masculino que se acerque a la feita, como hablan en los libros, de que hay algo hay algo. No sé si sea amor o algo por el estilo, pero que hay tensión emocional y sexual entre ellos, la hay.

Lee se sonrojó violentamente y dio un trago a su bebida. Ino sonrió orgullosa y ligeramente perturbada por la siempre filosa honestidad de su novio.

—Declaro la misión rango A del Comando pro SS, "meter al puerco en el cochinero" iniciada. —dijo Naruto golpeando la mesa con un puño. —Ustedes atacarán desde el flanco de Sakura-chan. Yo lo haré con el teme. Y ustedes dos… reforzarán la retaguardia.

—¿Qué diablos significa eso?

—No lo sé, pero suena genial.

—Ya estás ebrio, Naruto. Siéntate.

El rubio soltó varias carcajadas.

—¿Quién me tapará esta noche si hace frío? ¿Quién me va a curar el corazón partio? —Lee entonces comenzó a cantar.

—No puede ser. ¡Naruto, cuánto le diste de tomar! —chilló Tenten, horrorizada.

—¡Nada! Aun tiene la mitad de su vaso.

—¡Demonios! —Tenten tomó del cuello de la ropa a su colega para obligarlo a reaccionar. Esa era la primera fase de su borrachera, la segunda era ponerse violento y destruir todo a su paso.

Mientras la castaña trataba de hacer entrar a razón al pelinegro, Ino divisó la figura de Sasuke que ya había recibido su pedido en la barra.

—¡Shtt! Silencio todos, les voy a demostrar lo que decíamos. —apuntó con un dedo a Neji y al ebrio Lee.

Con una velocidad digna de un ninja, Ino se mezcló con la multitud y llegó muy cerca de la barra, casi a un lado de Sasuke a quien saludó como si acabara de verlo ahí.

Los demás en la mesa la miraban expectantes. Incluso Lee dejó su actuación.

Cuando los dos llegaron de regreso a la mesa, Sasuke dio un vistazo a la rubia junto a él y luego al resto de la mesa, que los miraban como si fueran alguna especie de fenómeno de circo. Suspiró y sin mayor ceremonia se sentó en su silla, dejando a la rubia de pie.

—¡Ja! —chilló Ino, triunfante apuntando a los dos incrédulos. —¡Se los dije, idiotas! ¡Me deben una ronda de tragos!

Sasuke la miró como si estuviera preguntándose quien la habría dejado salir esa noche del hospital psiquiático.

Lee reanudó su canción de desamor.

Y entonces Sakura regresó con el grupo.

—Am, ¿todo bien?

El Uchiha solo se encogió de hombros y los demás le sonrieron con una inocencia que no tenían.

Cuando la música se animó otra vez, Naruto se puso de pie y extendió la mano hacia Sakura. Ella sonrió y con un ligero sonrojo, cogió la mano de su amigo y los dos fueron a la pista de baile.

—¿Por qué esos dos siempre bailan juntos? —inquirió Sai mirándolos en la pista.

—Supongo que porque Sasuke-kun no baila. Y a Sakura le gusta hacerlo.

—¿Es cierto eso, Sasuke? —fue el turno de Tenten.

Pero Sasuke no escuchaba, solo estaba pendiente de los movimientos divertidos, desenfadados y despreocupados de Sakura; cómo daba vueltas entre los brazos de Naruto y se mecía de un lado a otro; cómo su cabello danzaba con cada movimiento y sus ojos parecían brillar con las luces de la pista; o cómo esa sonrisa no parecía desvanecerse y la manera en que él sonreía también al verla.

La hora avanzaba y con eso, el viaje a Kyoto. A la ciudad donde ambos crecieron y forjaron sus mayores recuerdos.

Y Sasuke ahora pensaba que tal vez no sería tan buena idea.

Al menos Itachi estaría ahí. Eso sería algo bueno.

Ignoraba que Itachi también era miembro activo no inscrito del Comando Pro SS.


am... chan chan! Ojalá les haya gustado este testamento. Creo que este capítulo es diferente... no sé, sin tanto drama y esa tensión que hay entre los dos... sino mas bien cosas cotidianas.

Adoro imaginar al hijito de Rin y Obito, y Sasuke de niñero me derrite.

Y el grupo de amigos ligeramente ebrios que buscan emparejar a sus amigos ocurre en ¡todo el mundo! Jajaja.

El próximo capitulo se viene el viaje Kyoto, más TSNR y muchos recuerditos.

Matta ne ;)

Denme energías para actualizar mis otros fics "Luces y sombras" y "De futbol y otras pasiones"