Las calles solitarias de Silent Hill. Con la niebla hasta por encima de los pocos edificios altos. El clima frío, y la terrible soledad pura tragando cada centímetro del pavimento de sus calles.
Todo en ese lugar representaba los sentimientos de soledad, de vació y desesperanza. No existía nada que no fuera un constante recordatorio sobre lo que era la vida de aquellas almas ahogadas en pecados, en errores, en culpas.
Un recordatorio de que estarían solos por el resto de sus vidas. Condenados a vagar por el limbo, esperando un castigo o la absolución.
Caminaban como siempre por las calles de Silent Hill. Intercambiando miradas entre ellos, gestos y sonrisas para hacer de su entorno algo más amigable. Aunque, tal y como en un principio, dudaban enormemente que alguna vez la palabra "amigable", tuviera su lugar en ese lugar.
Izuku no podía dejar de pensar en lo que había pasado en esos días. Que más que días, han parecido meses, incluso años si quería exagerarlo. En ese tiempo conoció a quien ahora podría decir sin miedos que amaba. Conoció a su perfecto soulmate, que le acompañaba en ese infierno al que habían llegado. Y no podía sentirse más agradecido por eso.
Incluso en medio de aquel lugar, algo bueno había salido. Por fin algo bueno sucedía en su vida. Sentía que, por primera vez, podría aferrarse a la esperanza sin salir herido. Una esperanza llamada Katsuki.
Su corazón latía a un ritmo tan agradable, y dejaba sentir ese cálido sentimiento a todo su cuerpo. Dándole la vida que tanto había deseado. Pero los sentimientos amargos siempre saldrían a recordarle que su vida no podía ser buena por mucho tiempo.
Ya que, mientras estuvieran atrapados en Silent Hill, todo lo bueno que juntaron o sintieron, se evaporaría.
Una vez que abandonaron el apartamento que fue testigo de su amor, de su íntima conexión y que escucho sus pecados, tomaron de vuelta el camino a su siguiente destino. Pero aquel camino los llevo a pasar por la Biblioteca.
Midoriya observo la fachada del edificio y lo difícil que fue salir de ahí. Recordó su linterna incluso.
Bakugō por otro lado, no pudo evitar gruñir al momento en que vio aquel edificio. Maldito sea, pensó para sí antes de jalar a Midoriya para que siguiera avanzando. Nada bueno venía de recordar el pasado.
Sus pasos continuaron por varias calles. Por varios minutos. Pero lo más extraño de todo, era que no habían aparecido monstruos en todo el camino. Nada de enfermeros o seres de manos. Nada de sombras extrañas asomándose por los rincones oscuros de las calles, ni masas negras que quisieran retenerlos, ni más locos.
No había nada.
Solo ellos dos caminando.
Bakugō prestaba atención constantemente a su entorno. Alerta en todo momento por si algo llegaba a suceder de nuevo. Sin embargo, Midoriya era quien venía más metido dentro de su mente. Después de todo, el siguiente lugar al que irían, podría ser el último lugar al que llegarían.
La última batalla contra Silent Hill
Y no estaba seguro de lo que sucedería. ¿De verdad saldrían vivos? ¿O morirían en el intento?
Por primera vez en toda su vida, quería vivir. Quería salir de ese lugar, tener una vida a lado de Katsuki, y disfrutar de lo que les quedaba juntos. Quería despertar todas las mañanas con él. Bañarse juntos, dormir juntos, jugar juntos. Quería hacer muchas cosas junto con él.
Quería vivir, como nunca antes lo deseo.
Pero incluso él estaba consciente de que había un porcentaje muy alto de que no lograran salir. Porque sabía que, aunque contara su historia y se sincerara con Bakugō, no significaba que aceptaba su pasado ni lo que había hecho. No significaba que él se perdonara por sus errores. Contarlo y ser aceptado por quien amaba, eran pasos diferentes al perdón y redención que su alma buscaba.
Alguno de los dos podría morir o ambos podrían morir. Nada sería tan fácil, e incluso tenía una especie de sexto sentido que no dejaba de gritarle sobre el peligro inminente.
Un peligro que incluso lo sintió tan palpable cuando miraron el último lugar al que entrarían.
—Jefatura de Policía de Silent Hill. —
Se leía en las letras de fuera, junto con un escudo que hacía honor a su nombre. Un edificio de dos pisos, con un tono gris y marcos de ventanas blancos. Algunas ventanas tenían vidrios y otros no. Había vallas de concreto rodeando todo el lugar que le correspondía con alambres de púas.
Ambos se quedaron mirando el lugar desde fuera. Tal y como las dos veces pasadas que habían presenciado un lugar.
Pero, a diferencia de las dos veces pasadas, ahora existía una pequeña chispa de valentía. Una esperanza tan pequeña a la cual aferrarse.
Observo a Katsuki, quien miraba el lugar con calma. Parecía reflexionar algo. Y él entendía casi perfectamente porque lo veía así.
—¿Estaremos bien? —Habla Izuku, queriendo sonar valiente ante lo que se venía. Queriendo callar aquel sexto sentido que no dejaba de gritar que no debían entrar.
—Lo estaremos, Deku. —Responde Katsuki. Incluso sino lo mostraba con tanta facilidad, él estaba igual de preocupado por lo que se venía encima. Él también tenía aquel sexto sentido que no dejaba de gritarle que no debían entrar a ese lugar. Pero era la única manera de conjurar al otro mundo, para colapsarlo y por fin huir de ese espantoso sitio.
Sus manos se unieron, entrelazando sus dedos. Dándose fuerza, aliento, esperanza y valentía para moverse y avanzar dentro del lugar.
La puerta fue abierta de par en par. Escuchando el chillido de las bisagras quejándose por su uso. Tal y como el resto de los lugares de Silent Hill, este se encontraba abandonado. Había alguna que otra luz que permanecía encendida, pero aquello solamente daba un ambiente mucho más lúgubre. Sin embargo, apenas ellos entraron y las puertas a sus espaldas se cerraron, las luces se apagaron completamente, sumiendo el sitio en oscuridad.
Midoriya sentía el mal augurio dentro de aquellas paredes.
Paredes despintadas, manchadas con sangre o con pequeños huecos y manchas que indicaban la fuerza armada de las que fueron testigos. Papeles tirados por varias partes, sangre y basura por los pasillos y los pisos.
Midoriya observa el mapa que hay antes de finalizar el pasillo, alumbrando con la linterna robada de las cosas de Shindō. Memorizaba tan rápido como podía, marcando las zonas donde suponía podría surgir la activación al otro mundo.
Tenía una teoría un tanto extraña, pero que después de la segunda vez cobro bastante sentido. El otro mundo de Silent Hill no aparecía solo por qué sí. Ni tampoco aparecía cada tantas horas. Ese otro mundo, aparecía cuando alguno de ellos tocaba las fibras sensibles de sí mismos.
Como Bakugō en la Biblioteca y su intento de suicidio con el cuchillo. O él mismo cuando asesino al Doctor Chisaki y uso el talismán. Justo en ese momento, cuando escarbaban en sus pasados, cuando algo salía a flote dentro de sus mentes, algo tan fuerte, era que el otro mundo aparecía.
Siendo que ambos se sinceraron el uno con el otro, Midoriya planeo el último lugar al que irían y que, con suerte, lograrían cumplir con sus objetivos. Quizá tuvo dudas con haber elegido la Jefatura, pero ahora que estaban dentro, no quedaba ninguna.
Bakugō se paseó un poco por los pasillos y recepción. Alumbrando con la otra linterna robada.
El sitio era horrible. No solamente por el aspecto abandonado y escalofriante que sus paredes transpiraban, sino por el hecho de estar ambos ahí. Esa clase de lugares son de los que personas como ellos llegan y se van con una condena perpetua sin libertad condicional o algo mucho peor. Al menos para él quien sabía exactamente cuantos años le darían por sus víctimas.
Justo en el medio estaba una recepción con su amplio escritorio de madera y la insignia de la Policía de Silent Hill en el centro. Detrás no había nada más que una silla y varios papeles más.
Había dos pasillos, derecha e izquierda, completamente oscuros pero en las mismas condiciones que lo demás en cuanto a suciedad y basura. Con algunas puertas al fondo que apenas podían verse gracias a la luz. No tenían nombres o alguna señal que indicase lo que había dentro de ellas.
—¿Estas completamente seguro de este asqueroso lugar? —Dice Katsuki, girando para llegar hasta donde esta Izuku. Le observa mover los labios y usar su mano libre de la linterna para tironear de su labio inferior mientras sigue murmurando.
Se queda mirándolo por al menos cinco minutos más.
—Creo… creo que podemos ir primero a investigar la oficina de administración. —Habla Izuku, señalando con la luz de la linterna los lugares e ignorando la pregunta pasada. Sinceramente no quería responder y por alguna razón Bakugō estaba de acuerdo en no escuchar su respuesta. —De ahí podemos obtener información y podríamos ver donde guardaban sus armas. Nos serían útiles.
—Mi hacha es suficiente. —Responde Katsuki levantándola con orgullo.
—Yo sé que lo es. Pero necesitamos algo más con que defendernos. —La respuesta de Izuku va acompañada con una sonrisa. Misma que hace a Bakugō bufar.
—Movámonos entonces.
Toman el camino a la derecha y después giran por la única vía que hay que es a la izquierda al final del pasillo. Internándose más en la oscuridad de aquel edificio.
Al momento de llegar a la puerta de Administración, esta se encontraba convenientemente cerrada. Pero no había nada que un hacha y varias patadas no rompieran la seguridad de la manija y les diera el acceso.
Una vez entraron, Izuku comenzó a revisar los papeles, como un ratón de biblioteca hambriento de conocimiento. Sostenía la linterna colocándola entre su hombro y cuello para usar ambas manos.
Katsuki de su parte se paseó mirando los cuadros que había ahí. Alguno de los dos debía estar atento a su entorno y a lo que pasara. Confiaba en Izuku y en que sacaría o encontraría la información necesaria para seguir avanzando.
De igual modo que Izuku confiaba en Bakugō para cuidarlo mientras él se sumía en las hojas.
La Administración tenía varios escritorios, con y sin sillas en sus lugares. Con basura, sangre y pintura adornando cada parte de dicho lugar. Había estanterías con libros, libretas y carpetas con más información. Incluso había cajas con más papeles encima.
Pero lo que llamo la atención de Katsuki, fueron algunos cuadros colgados. Uno de ellos tenía a quien suponía era el Capitán de la fuerza Policial de Silent Hill, pero su rostro estaba tachado con tinta negra, dejando ver solamente desde el cuello para abajo.
Otro cuadro era del famoso Lago Toluca, una de las atracciones del pueblo. El cuadro se veía muy gris, pero suponía que debía ser por el paso del tiempo. Otros más tenían a otros oficiales que al parecer eran reconocidos.
Al pasearse a verlos, Bakugō reconoció a uno de ellos en particular. Uno de los cuadros, estaba nada más ni nada menos que Todoroki. Lo veía en aquella fotografía con su traje de gala de la policía. Aquel rostro serio que siempre había mostrado, le hacía pensar en sí en algún momento, Shōto le ayudo.
Sabía que Todoroki llegó a trabajar en algunos de los casos que lo involucraban a él. Se sintió mal por algunos segundos, cuando pensó en la posibilidad de su ayuda y en la encrucijada moral a la que debió someterlo.
—Tal vez no eras tan mala persona…—Medita para sí en voz baja. Lo había ayudado antes, cuando entro en la Jefatura. ¿Por qué no haberlo ayudado después?
No era tiempo de ponerse sentimental ni de reflexionar más. Después se encargaría de agradecerle adecuadamente sí es que le había ayudado o se encargaría de resolver las cosas. Así que decidió alejarse del cuadro y seguir mirando. No obstante, hubo que casi dejaba la sangre de Katsuki helada. Era el cuadro del Detective que estuvo a cargo de su caso. Un hombre de mediana edad con el cabello canoso y gordo. Una maldición surgió de sus labios al recordar el mediocre trabajo que había hecho.
Ese hombre no había hecho bien su trabajo y por su culpa fue más fácil que sus captores salieran libres. Cómo lo odiaba.
Sin embargo, disfruto mucho cuando lo asesino. Era cierto, no fue del todo sincero con Izuku. No le conto que había matado a ese hombre, no le dijo que fue su primera víctima. De hecho, pensándolo mejor, él sabía que le había hecho un favor al mundo al matar a un hombre mediocre que llego a donde estaba pisoteando gente, porque estaba casi un 90% seguro de que no había más explicación para que fuera un Detective.
Ese bastardo incluso se atrevió a coquetear con su Madre y peor aún, la hizo narrarle todas las atrocidades muchas veces. Su sangre hirvió ante los recuerdos.
Se quedo mirándolo unos minutos más, esperando la ebullición de su rabia. Y después, levanto el hacha para destrozar el cuadro y el retrato de aquel bastardo. Esperaba que ardiera en el peor de los infiernos posibles.
Su escandalo no pudo ser pasado por alto por Izuku, quien simplemente se dedicó a mirar desde lejos como es que había hecho pedazos un cuadro gris.
—E-Encontré algo, Katsuki. —Llama su atención. Bakugō observa los destrozos que hizo, y sencillamente se aleja de ahí.
—¿Qué encontraste nerd? —Habla una vez que está cerca del otro.
—Las armas están al lado contrario a donde estamos, pero más al fondo. Sí tenemos suerte no tendrán candado, en cuyo caso de que si lo tenga usaremos-
—Mi hacha.
—Sí.
—¿Qué más encontraste? —Katsuki observa las hojas que Izuku le va pasando, para que de igual forma las lea. Entre las hojas que le pasa, hay una fotografía de un edificio. Dicho edificio con tres pisos de alto. De color cobre y un paisaje detrás en la característica niebla de Silent Hill.
—Existe o existió, la verdad no estoy tan seguro, una prisión en Silent Hill. Pero no hay mucha información sobre ella. No aparecía en los mapas turísticos ni en ninguna otra parte que he revisado. Aquí la mencionan como una prisión que se usó para encerrar a los prisioneros de la Guerra Civil. Anteriormente era conocida como un campo de prisioneros, pero en 1866 se convirtió en una prisión tal cual. Pero no hay más datos al respecto. — Una vez que Izuku termino de contar sobre la Prisión, Bakugō observo las hojas donde venía la misma información. Sin embargo, el lugar donde debería estar marcada su ubicación estaba tachada de nuevo con tinta.
Durante algunos segundos su mente se perdió en lo irónico que estaba siendo la situación donde estaban.
—¿Piensas que la Prisión tiene algo que ver con nosotros? —Ante la pregunta, Izuku tuerce un poco los labios. No es que piense que hay algo, sino que hay muchas cosas que tienen que ver con ellos y una prisión.
Abrió sus labios dispuesto a responder la pregunta de Katsuki, pero apenas hacerlo, varios ruidos se escucharon de fuera. Justo por el pasillo por donde ellos habían llegado.
Bakugō sujeto el hacha con ambas manos, listo para pelear. Midoriya de su lado, saco la navaja de su bolsillo, siendo su única arma de defensa. Tras el incidente con Shindō y los otros dos, habían perdido la escopeta y las armas de fuego.
Katsuki avanzo primero, abrió la puerta, pero lo único que le recibió fuera de esta era la oscuridad del lugar. Uso la linterna para apuntar, mirando el techo y el piso, a los lados y al fondo, hasta donde la luz podía llegar.
Y no había nada.
El sonido se repitió de nuevo. Un sonido de algo siendo arrastrado por los demás pasillos.
—¿Deberíamos…? —Pregunta Izuku, mirando por encima del hombro de Katsuki.
—Claro, suena bien seguir ruidos extraños en un puto pueblo maldito. —Le gruñe Bakugō con sarcasmo.
—A-Aunque no queramos, debemos ir a su dirección. Es allá donde está la armería. —Vuelve a hablar Izuku, encogiéndose de hombros. Pese a saber que no es buena idea seguir ruidos extraños en Silent Hill, debía recordar que era justo para ese rumbo a donde deberían ir.
A él tampoco le gustaba la idea de seguir algo o alguien que hiciera esos ruidos extraños. Pero no les quedaba más opción.
Bakugō suspira de forma pesada, dejando notar su frustración. Aun así, decide avanzar primero. Izuku le sigue de cerca, ambos con sus linternas y sus armas listas en todo momento, preparados para cualquier cosa que decidiera atacarlos.
Los ruidos se van haciendo más y más fuertes a medida que avanzan por el pasillo hacia el lado contrario a donde estaban. Justo al momento de doblar por la esquina hacia la derecha, es donde los sonidos provienen.
—Voy a guardar la linterna y tú serás quien me dé luz, ¿entendido Deku? —Susurra Katsuki, a lo que Izuku afirma con el movimiento de su cabeza.
El hombre de ojos rubís cuenta hasta llegar a tres, y una vez en el número se mueve con hacha en manos listo para atacar a lo que sea que estaba haciendo ese ruido. El otro le sigue apuntando con la linterna y con su navaja lista.
Pero no hay nada de nuevo. El pasillo está completamente solo y oscuro como el resto del edificio.
Ambos se intercambian miradas, confundidos. Estaban completamente seguros que los sonidos estaban siendo generados en ese lugar. Sin embargo, sus ojos no mentían. El pasillo estaba completamente solo y a oscuras.
Bakugō gira un poco para ver a Izuku, quien le regresa la mirada mientras mueve sus hombros, expresando sin palabras un: "Ni idea."
Midoriya sigue enfocando la luz de la linterna mientras Katsuki avanza por el pasillo con suma desconfianza. Mirando atentamente las paredes y las puertas en su camino por sí algo llegaba a suceder.
—No importa cuánto pase, no puedo acostumbrarme a estas mierdas. —Dijo Katsuki.
—Lo sé. —Apoyo Izuku, sin dejar de ser la luz que guiaba por ese pasillo.
Unos pocos pasos después, una de las puertas que recién acababan de pasar, comenzó a agitarse. Como sí alguien quisiera salir. Midoriya apunto la linterna y Bakugō de inmediato se colocó delante de él, ambos listos para atacar.
La puerta siguió estremeciéndose con fuerza. De igual modo, la perilla se sacudía bruscamente, queriendo abrir la puerta.
A esa puerta se le unió otra que se sacudía igual, y después siguió otra y otra hasta que todas las puertas estaban en las mismas condiciones. Siendo violentamente movidas por algo que buscaba salir o entrar. Los dos hombres se pegaron, espalda con espalda, listos para enfrentar lo que saliera de aquellas puertas, esperando únicamente lo peor.
Podrían salir monstruos en manadas listos para destrozarles hasta la última parte de sus extremidades. Podría salir cualquier cosa.
Izuku apuntaba la luz de la linterna en diferentes direcciones, esperando y rezando porque su reacción fuera lo suficientemente rápida sí es que alguna de las puertas se abría, lograra enfocarlo para que fuera más fácil atacarlo.
Repentinamente las puertas dejaron de moverse. Pero no se detuvieron lentamente como se podría esperar, las puertas simplemente dejaron de moverse de golpe.
Y ellos se quedaron mirando. A la espera de que algo saliera. De que algo les atacara ahora. Pero la espera duro minutos, y nada ocurrió. Dejaron escapar el aire que retuvieron durante esos segundos en forma de suspiros de alivio. La paz regreso y ambos pudieron respirar con libertad.
Lo único que Izuku noto, fue que de la primera puerta que se movió, comenzaba a salir sangre. Se escucho un golpe del que no supieron exactamente de donde vino o qué fue, y después, solo hubo silencio.
Incomodo y tenso silencio. Un silencio que parecía prometer algo malo a su final.
Midoriya ni siquiera quería respirar por la terrible sensación que le estaba trepando por las piernas, aprisionando y presionando su estómago y garganta, para finalmente dejarlo completamente clavado a su lugar. Bakugō por otra parte, tenía todos los músculos tensos por la presión y la adrenalina no liberada por una pelea que jamás llego.
Se quedaron quietos, esperando lo peor una vez más. Pero nada paso.
Las cosas continuaron teñidas por la incertidumbre de que algo sucediera. Y sin embargo, por más que estaban alerta a que algo sucedería, nada había pasado. No había más monstruos ni ruidos extraños. No había más guiños o torturas por parte de su pasado.
No había nada más que ellos en aquel lugar, buscando cosas con las cuales defenderse.
Tras abrir la puerta que los llevaría a la armería, se encontraron con una habitación completamente diferente a lo que estaban esperando. No era la continuación ni otra parte de la Jefatura de Policía.
La habitación era una especie de rectángulo, con pintura que se descarapelaba. El piso de concreto desapareció y un piso de madera estaba ocupando su lugar. Con luces de techo amarillentas que parpadeaban, amenazando con fallar en cualquier momento y sumir aquel lugar en oscuridad.
Sin embargo, justamente en la pared de enfrente, justo en el centro, estaba una abertura en la pared. Una abertura destrozada y hecha como sí alguien entrara a la fuerza o como si algo hubiera estallado solo en esa parte. Midoriya sentía que podía inclinarse por la segunda opción.
Algo parecido a estallar ahí y dejar una marca que se veía demasiado macabra. Añadiendo todavía más unas escaleras que guiaban e invitaban a pasar a la más profunda de las oscuridades posibles.
—¿Qué carajo es este lugar? —Pregunto Bakugō, mirando las desnudas paredes con desconfianza.
—No lo sé. —Responde Izuku, caminando directamente hasta donde estaba aquella abertura en la pared. Una de sus manos recorre la madera que fue quemada, y no evita sentir escalofríos terribles por la columna. La sensación se intensifico todavía más cuando vio aquel vacío de su interior.
Bakugō regreso a la puerta por donde habían entrado, y al ver que estaba cerrada, comenzó a talar la madera de la que estaba hecha. Pero lo único que consiguió, fue golpear concreto una vez que logro partir la puerta.
—Debe ser una puta broma. —Bramo. —¡Deku, no se puede salir de este puto lugar!
Midoriya se acerca hasta su compañero, observando lo que había detrás de la única puerta del lugar. De inmediato saca conclusiones.
—No va a dejarnos ir. Debemos ir por esa parte entonces. —Señala Izuku.
—Tiene que haber otra manera de salir.
—No. Debemos seguir a donde nos está llevando.
—Oh claro, siempre es una grandiosa idea seguir las pistas de este puto lugar. ¿Quieres que te recuerde lo que ha pasado las ultimas veces que lo seguimos?— Katsuki podría nombrarle más de tres ejemplos en los que estaba comprobado que seguir lo que Silent Hill les decía siempre acaba con alguno de los dos cerca de la muerte o a punto de matarse entre ellos.
—No hay otra opción, Katsuki. —Midoriya coloca una mano sobre el hombro contrario, y trata de sonreír pese a que él tampoco esta seguro de querer avanzar. Y menos por esa abertura que lo único que promete es terror.
Bakugō le observa, bufa con molestia. Pero incluso él sabe que deben seguir por esa parte.
La mano de Izuku baja del hombro hasta tomar la mano contraria. Katsuki presiona en el agarre que tienen entre sus manos, como un signo de fuerza mutua. Una ultima mirada es lo que se dan antes de avanzar cuesta abajo por las escaleras que los llevarían a quien sabe dónde.
Han pasado varios minutos según piensa Katsuki, en los que continúan bajando. El pasillo era estrecho, pero suficiente para que ambos pudieran bajar lado a lado. La madera con la que estaban hechas las escaleras comienza a cambiar, poco a poco, como si el concreto al que se fueron encontrando, devorara la madera tal cual lo haría una enfermedad.
La pintura y las paredes de madera también fueron desapareciendo, dando paso a más concreto. Su única fuente de luz eran sus linternas, y estas apenas lograban iluminar algo del camino.
—Esto es demasiado inquietante. —Habla Izuku. —Esta oscuridad no se siente como las demás.
—Se siente más densa. —Añade Katsuki. —De no ser por las linternas, no veríamos nada.
Izuku afirmo sin palabras. Bien podría comparar aquel momento como querer bajar las escaleras con los ojos cerrados, pero con el factor miedo de saber, que tus ojos no estaban cerrados y que aquella oscuridad estaba envolviendo todo a tu alrededor, esperando hacer algo en tu contra.
Minutos más de bajada, por fin llegaron a una sencilla puerta de metal, en la cual, encima estaba una lampara de luz blanca que alejaba a todo el mal que parecía estar rodeando el sitio.
Ambos se intercambian una mirada, y tras una breve afirmación, Katsuki se acerca y abre la puerta con cuidado.
Tras abrirla, se encuentra un muy pequeño pasillo, donde al final, estaba nuevamente aquel símbolo que vieron en la iglesia. El símbolo de la religión de Silent Hill, estaba pintado en rojo en la pared. Brillando sobre la pared de aparente metal.
No fue lo único que había al final, también se encontraba una especie de circulo en el piso. Mismo que conducía a una caída libre a la nada misma. Este circulo estaba rodeado con otros diseños en rojo, los mismos que poseía el símbolo de la religión.
Aquello era el final de su camino, sin vuelta atrás.
—¿Qué? ¿Debemos saltar ahora? —Dice Bakugō.
—E-Eso creo.
—¡Ni en un puto millón de años! ¡Esto es una maldita locura! —Se suelta del agarre con Izuku, y da algunos puñetazos a la pared. No podía estarle pasando algo como eso. Querer saltara la nada por ser parte del siguiente punto a seguir.
—Katsuki, tenemos que seguir. ¡Y- ¡Yo tampoco quiero bajar, pero es lo que debemos hacer!
—¡¿Hah?! ¡¿Qué tal si se trata de una maldita trampa?! ¡¿Y sí ahí abajo hay picos o una muerte segura?!
—Silent Hill no nos mataría de una forma tan burda como esa…
—¡¿Y por qué estás tan seguro, Deku?!
—Ya nos habría matado entonces. —Midoriya se acerca de nuevo hasta Bakugō, le abraza con fuerza, hundiendo su cabeza en el pecho del otro. —Tampoco quiero bajar. No quiero seguir más con esto, pero es la única manera de poder activar el otro mundo y salir de este lugar de una vez por todas.
Bakugō le rodea con ambos brazos, comprendiendo más que a perfección lo que Midoriya sentía. Él también quería salir de ese lugar. Huir lejos y olvidar que alguna vez estuvo en Silent Hill. Observa de nuevo el circulo del suelo, y la desconfianza, así como el miedo, buscan quebrarlo y someterlo bajo su total control.
Y él no permitiría que eso le derrumbara de nuevo. Ya habían avanzado mucho, llegado tan lejos, que sería imperdonable rendirse ahí.
Ambos sabían que huir de aquel lugar no sería tan fácil. Pero, así como no sería tan fácil huir, tampoco se dejarían vencer tan fácil.
—No vayas a separarte de mí o te mataré. —Sentencia Bakugō, quien busca usar aquellos pocos segundos de valor que junto para poder saltar.
Izuku obedece, y le mira sonriendo, para seguido decir:
—Tú tampoco te apartes de mí. —
Katsuki se inclina, y ambos se besan. Se besan una y otra vez. Puede que ambos mostraran una decisión clara de saltar, pero no estaban completamente seguros de lo que vendría después. Y ese miedo a la incertidumbre, les provoca besarse como si fuera la última vez que lo harían.
Al apartarse un poco, pegan sus frentes, cerrando los ojos unos segundos y después abriéndolos para verse directamente.
—Te amo. —Suspiro Midoriya, con sentimiento.
—Lo sé. — Responde Bakugō, sonriendo sin dejar de ver los ojos de Izuku. —No te pongas sentimental, maldito nerd. No vamos a morir. —
Probablemente para cualquiera sonaría muy cursi, o muy pronto debido al tiempo que tenían conviviendo juntos. Sin embargo, ambos habían sido expuestos, sus almas mostradas con total desnudes al otro. Y pese a todos los errores, los conflictos internos, los miedos, las inseguridades y defectos, se habían aceptado. Encajado tan bien como las notas de una melodía, como piezas que formaban algo. No existía una mejor muestra de amor que eso.
—Quería que lo supieras. —Izuku muerde sus labios un poco, como un gesto de nervios.
—Sé que me amas. Tus ojos me lo gritan cada que los veo. —Responde Katsuki antes de apartase un poco más. Quería responder al sentimiento con un "Te amo" igual, pero simplemente no quería. Ya que decírselo, significaría que ese era el fin y no en el sentido de un final a esa pesadilla para salir, sino un final triste que culminaría con muerte. —Escucharás esa frase de mi cuando salgamos de aquí.
Izuku no evita sonreír amplia y casi tontamente ante las palabras de Katsuki. Conociéndolo como lo ha hecho, sabe que no dirá tan fácil algo así. Y le alegra que no lo haga. Porque eso le daba esperanza a que ambos lograrían salir. A que no dejarían que el pueblo les venciera tan fácil.
Ambos terminan por separase y caminar juntos hasta las orillas de aquel pozo de vacío.
Katsuki volvió a tomarse de las manos con Izuku, quien esta vez apretó con fuerza su agarre. Ninguno quería saltar a lo que parecía ser una muerte segura. Pero no había otro camino que seguir.
Se intercambian miradas antes, y tras darse afirmaciones con el movimiento de cabeza, dándose un último ánimo de fuerza, observan de nuevo el circulo que estaba delante de ellos.
Miran aquella oscuridad deseosa de tragarlos. Y sin más pensamiento, saltan.
Perdiéndose en la oscuridad de nuevo.
Izuku despertó. Mirando el techo de donde estaba en color blanco. Una luz que se cuela por la ventana rectangular y el olor a desinfectante y medicamentos llenando todo el aire.
Comienza a ver todo borroso por unos segundos, normales cuando recién se despierta. Lleva su zurda hacia su frente para restregarse contra la palma de su mano, tratando de espabilarse.
Escucha muchos sonidos fuera de donde esta. Sonidos lejanos, pero terriblemente conocidos para él.
Es ahí cuando se levanta de golpe de la cama, importándole poco si se mareaba. Una vez sentado sobre la cama, con los pies colgando por el costado, sabe dónde está.
Esta en su habitación del Psiquiátrico de nuevo.
Se pone de pie, tambaleándose un poco. Esa sensación, de mareos y que su equilibrio se pierde con cada respirar o parpadear, era justamente después de que le daban drogas fuertes. Nota que su vestimenta es otra, llevando un pantalón de tela azul cielo, suelto que le llega hasta los tobillos. En el pecho llevaba su camisa de fuerza blanca, misma que evidentemente no estaba atada.
No entendía que pasaba.
¿Todo había sido un sueño?
Ante el pensamiento, recordó aquella vez en la Biblioteca y el vivido recuerdo que tuvo. Con ello en mente, camino hasta donde estaba la luz que se colaba por su ventana. Extendió la mano y noto calor.
No era una luz del sol fría como la vez pasada o como muchas otras veces. No. Esta se sentía cálida a su tacto. Tal y como si sintiera un rayo del sol suave en la palma. Y eso lo desconcertó demasiado. Nunca había experimentado en sus alucinaciones un calor así, un realismo como ese.
¿Ya no estaba en Silent Hill?
—Fue… fue… fue un… —Murmuro con la voz ronca. —¿O acaso fue un sueño premonitorio?
La cabeza comenzaba a darle vueltas y vueltas. Confundido y atontado. Tuvo que regresar a la cama incluso a sentarse. Tratando de entender que fue lo que había pasado. Se mordisqueo los labios, jugaba con las mangas largas de la camisa de fuerza y movía sus pies.
Maquino cada cosa en su cabeza, cada detalle y recuerdo que pudiera. Todo con el afán de encontrar o descubrir si lo que estaba ocurriendo fue realmente un sueño premonitorio o un efecto de las muchas drogas que le daban.
Se negaba en creer que todo lo que vivió fue un sueño. Simplemente no podía serlo. No podía haber soñado con años en pocas horas, no pudo soñar todas las sensaciones o dolores que sufrió.
Llevo sus manos a su cuerpo, en busca de sus heridas. Palpo su pecho y movió tanto como pudo la camisa de fuerza, pero no logro ver ni sentir nada. Tanteo su pierna, y el resultado fue el mismo. No había nada de heridas ahí. No había cortadas, ni disparos. No había vendas.
Su cuerpo estaba tan intacto como se podía estar. Salvo por los piquetes que sentía en el cuello. Los reconocía a perfección por ser ese lugar donde más veces lo inyectaban con los sueros extraños o las medicinas en fase de prueba.
¿Qué estaba pasando entonces?
Mientras él estaba comiéndose el cerebro en busca de alguna respuesta o explicación lógica, alguien llamo a la puerta de su habitación.
—Deku, voy a pasar. —Escucho tan fuerte y claro, la voz de Kirishima al otro lado de la puerta. Así como también le escucho saludar a otro enfermero que iba pasando. Escucho la voz de la enfermera por los altos parlantes dando instrucciones y anuncios de ese día.
—Te traje tus medicamentos favoritos y algo de comida. El Sir dijo que dormirías toda la tarde y noche, así que no te traje de cenar. Pero hoy te traigo algo muy rico. —Decía Kirishima mientras se escuchaba el tintineo de las llaves y como las introducía en la cerradura.
Midoriya solo permaneció en silencio, mirando a la nada. Escuchando los sonidos de fuera y la voz de quien alguna vez fue su mejor amigo.
Su mente no podía creer lo que estaba sucediendo, pero las pruebas estaban ahí en su entorno. Todas estaban ahí, golpeando su cara y gritando que era la realidad donde estaba. Gritando de igual modo que jamás estuvo en Silent Hill.
Levanto la mirada cuando escucho como el cerrojo se abría. La puerta fue empujada por el carrito de enfermeros que usaban ahí. Mismo que contenía las medicinas y llevaba las bandejas de comida, pero que también tenía sus compartimientos para otros instrumentos en caso de que se necesitaran. Un sonriente Kirishima entraba, con su pulcro y siempre perfecto uniforme blanco. Incluido su gafete y tarjeta de seguridad, al igual que un brillante y nuevo estetoscopio negro.
—Buenos días bello durmiente. —Saludo una vez que estuvo cerca. —¿Cómo te sientes?
Midoriya estaba en completo silencio mirándole. Analizando. Queriendo deducir sí lo que estaba viendo era real. Acaba de despertar del sueño más extraño de toda su vida. En un momento estaba en Silent Hill, saltando con Bakugō hacia la oscuridad…
—Katsuki…—Susurra. Y la sola mención de su nombre le estremece. Recuerda a Bakugō a la perfección. Recuerda la forma de su rostro, sus ojos rojos, sus labios y nariz. Recuerda las cicatrices que tiene en cada parte del cuerpo. Esos recuerdos son tan vividos que no tienen la niebla del sueño que distorsiona y altera los detalles. Izuku los tenía tan presentes, tanto como se esperaba de alguien que los ha vivido y no de alguien que simplemente los soñó.
Observa a Eijirō, quien le ve todavía más extrañado por su raro comportamiento.
—¿Katsuki? ¿Quién es Katsuki?—Pregunta, arqueando una ceja. Se reacomoda su estetoscopio antes de inclinarse un poco, colocando el dorso sobre la frente de Izuku. —¿Estas delirando de nuevo? ¿Es la fiebre otra vez? El Doctor Chisaki dijo que quizá habría uno o dos efectos secundarios al nuevo medicamento…
Las palabras de Kirishima buscan confundirlo más. Y él sabe que lo que ha pasado no pudo ser un sueño.
—No tienes fiebre… —Dijo Kirishima, moviendo su estetoscopio para usarlo, sin embargo, Izuku se levanta y aparta a Eijirō de él. —Oh, tranquilo, Deku. ¿Qué te ocurre?
—¡No me toques! —Le grito. —¡¿Dónde está?!
—¿Dónde está quién?
—¡¿Dónde está Katsuki?! ¡¿Dónde está Kacchan?!—Volvió a gritar, sin ser consciente de la manera en la que había dicho la segunda vez el nombre de Bakugō.
—Deku no sé de qué estás hablando. —Eijirō se movió hacia donde estaba Izuku. Usando aquellos gestos alegres y tranquilos para transmitir ese mismo sentimiento a su paciente. Ya que el comportamiento de Midoriya le estaba preocupando y era mejor calmarlo. —No sé quién es "Katsuki" o "Kacchan". Así que trata de calmarte, Deku-
—¡No me digas Deku, maldito! —Grito de nuevo, ya harto de lo que estaba pasando, y añadió mucho más enfadado que antes: —¡No soy más que un estúpido juguete para ti y el resto de ustedes, bastardos malditos! ¡Los odio!
Kirishima siempre fue caracterizado por tener una paciencia de oro y pese a que no era la primera vez que Deku le hablaba así, él no dejaba de sonreír. Muy en el fondo sabía que Deku lo amaba y que aquellas explosiones de rabia no eran más que un sinónimo de lo mucho que lo quería, pero de igual modo de lo mucho que le dolía que no estuvieran juntos.
—Calma mi amor, sabes que nunca te haría daño. —Dijo Eijirō, sonriendo y queriendo calmar al otro. —Yo te amo, y jamás te haría daño. Así que, por favor, ven aquí para que pueda examinarte bien.
Midoriya sintió los escalofríos que le subieron por la columna. Las palabras de Kirishima siempre le habían estado espantando. ¿Qué clase de definición de amor era la que poseía el pelirrojo? No lo sabía, pero sin duda, estaba seguro de que no era la correcta.
Fue apartándose y negando con la cabeza lentamente sin dejar de ver a Kirishima con sumo terror. Eijirō busco usar la fuerza para hacerle reaccionar, y trato de jalarlo para acercarlo a él, pero Midoriya le dio un manotazo apenas trato de tocarlo.
—Estás enfermo. —Dijo Izuku. —¡Eres un enfermo! ¡Maldito enfermo!
—Cariño…—Insistió de nuevo Kirishima, acercándose.
—¡Qué no me toques, maldito! —Esta vez no fue un manotazo como antes, sino que fue un golpe contra la mano contraria a puño cerrado.
Eso sin duda fue la ultima advertencia.
Cuando Izuku se ponía agresivo, era mejor frenarlo antes de que se hiciera daño a sí mismo. Por dicha razón, Kirishima retrocede entonces sin dejar de verlo. Mantenía su sonrisa mientras se continuaba alejando hasta llegar al carrito donde comienza a buscar al tanteo algo.
En pocos segundos, encontró la jeringa que buscaba. Una jeringa con un líquido transparente. Observo al chico de verdoso cabello, listo para saltarle encima y tranquilizarlo. Sin embargo, Midoriya conocía bien lo que planeaba, no por nada había pasado años viendo y aprendiendo.
Espero el momento justo cuando Eijirō se lanzó hacía él. Lo esquivo y corrió hasta el carrito para tomar la bandeja de metal. Tiro la comida en el acto, generando más escándalo del necesario, y golpeo con ella a Kirishima en la cara.
Sabía que no le noquearía por mucho tiempo, por lo tanto de nuevo miro en el carrito algo que pudiera sacar y usar como arma para defenderse al salir.
Si de verdad no estaba en Silent Hill, iba a salir de ese asqueroso sitio a como diera lugar o buscar la manera de revertir el lugar donde estaba, realmente no importaba en ese momento, ya llegaría a alguna respuesta cuando estuviera "a salvo", lo único que tenía en mente era encontrar a Katsuki. Si bien su mente quiso bloquearse con la idea de pensar en Bakugō y pensar sí estaba bien, se obligó a seguir con su tarea. Sabía que Katsuki era lo suficientemente fuerte para arreglárselas solo por un rato. Incluso con el miedo en su pecho por no saber nada de él, también debía enfocarse en su propias peleas.
Logro encontrar un bisturí después de mucho mover y sacar los cajones del carrito, pero si quiera antes de moverse, sintió dos brazos tomándolo por el cuello para someterlo.
Uso el bisturí sin pensarlo mucho para enterrarlo en la pierna, logrando así escuchar la queja de Kaminari ante el punzante dolor.
Quedo libre, pero su mano estaba llena de sangre al igual que parte de la camisa de fuerza. La sangre del rubio le quemaba de cierta manera al sentir ese líquido vital caliente en su mano. ¿De verdad estaba dañando personas? ¿De verdad estaba listo para cargar con la muerte de una persona otra vez? Se quedo mirando a los dos enfermeros que había atacado. Estaba aterrado.
Él no era un asesino. No tenía la sangre fría para matar sin sentir el peso en su conciencia, torturándolo por el resto de sus noches. La mano que sostenía el bisturí titubeaba. Mordisqueo su labio inferior, con miedo y arrepentimiento. Porque pese a lo mal que lo han tratado, el odio no era un sentimiento que tuviera mucha cavidad dentro de él. Y sí lo era, el sentimiento no duraba demasiado.
—¡Oh, Dios santo! —Grito Ochaco al ver la escena. Siendo ella y otras enfermeras testigos de lo que Izuku estaba haciendo. — ¡Llamen a seguridad!—Volvió a gritar a otra enfermera que de inmediato se movió para cumplir su orden.
Midoriya en ese momento vio a la joven mujer de castaño cabello, viéndole aterrada y como si presenciara a una bestia. Miedo y asco, era lo que expresaban aquellos ojos color café.
—¡Midoriya, corre! —Apareció Momo, gritando y empujando al resto de sus compañeras, quienes, desprevenidas del ataque de la mujer de negruzco cabello, terminaron en el piso. —¡CORRE! —
Fue así que, con bisturí en mano y la bandeja de comida en la otra, salió corriendo de la habitación. Yaoyorozu le siguió de igual modo por los pasillos, recordándole a donde debía moverse para salir del cuarto piso.
—¡Debemos ir al segundo piso! ¡Dabi nos ayudara! —Dijo Yaoyorozu en medio de la huida que estaban ejecutando.
Izuku afirmo, tanto como le fue posible hacerlo sin despegar la vista del frente. Dos enfermeros aparecieron bloqueando su camino.
Momo se lanzo contra uno de ellos cuando le arrebato a Izuku la bandeja de comida que usaría para defenderse. Mientras que Midoriya se iba contra el otro atacando con rabia incluida en sus movimientos.
Recordó en ese momento a Katsuki, y la forma en la que atacaba con el hacha. Él solamente tenía un bisturí que era muy diferente, pero, no se enfocaba en el calibre del arma, sino en la agilidad con la que era capaz de moverla.
Logro enterrar el bisturí en la pierna, torciendo el arma para que la herida no cerrara. Una vez inmovilizado, Momo termino por noquear al otro con la bandeja.
Con respiraciones aceleradas, ambos se observan y se sonríen. Como si fuesen una pareja de criminales. Sin embargo, la realidad les golpeo de nuevo para que volvieran a moverse, cuando escucharon las radios de los guardias y alerta que sonaba en el altoparlante.
Ambos regresaron a correr por los pasillos hasta que llegaron a las escaleras, ya que el ascensor no era completamente seguro.
Sin embargo, apenas cruzar la puerta a las escaleras, Uraraka apareció sujetando a Momo por el cuello y forcejeando con ella.
—¡Sabía que eras una traidora! ¡Lo sabía! ¡El Doctor Chisaki tenía razón! —Dijo Ochaco.
Izuku observo la pelea, tratando de salvar a quien sí era su amiga. Pero la manera en la que se movían no le dejaba el punto correcto para atacar. Sí fallaba por un milímetro le haría daño a Momo.
Yaoyorozu entonces mordió con fuerza el brazo de la mujer de castaño cabello, quien ante el ataque la soltó. Midoriya aprovecho entonces para acercarse y clavar el bisturí en el hueco del hombro y el cuello.
—Uraraka… —Jadeo Izuku, mirando como la sangre de Uraraka salía y como la mujer se llevaba una mano a su herida para contener su sangre. —No tienes cara para reprocharle a Momo que fue una traidora… ¡Cuando tu nos traicionaste primero, violadora maldita!
No conforme con atacarla con el bisturí, le golpeo en la mejilla tumbando a la mujer.
Las lagrimas pronto se asomaron por sus ojos. Él no era un monstruo, no lo era. Pero lo habían obligado a serlo para sobrevivir en aquel espantoso lugar. Y justamente lo estaba siendo ahora para poder salir.
—Vamos, Izuku. —Dijo Yaoyorozu, tirando de su brazo. —Debemos irnos.
—Lo siento. —Susurro. Viendo los ojos cafés de Ochaco que le miraban con furia.
Pero no importaba con cuanta rabia o rencor le mirara, Izuku no iba a renunciar. Huiría de ese lugar, encontraría a Bakugō y sería feliz. Porque ya era su maldito turno de ser feliz.
Saldría de ese lugar, encontraría a Bakugō o moriría en el intento.
—¡Recluso, despierta! —Grito un guardia, golpeando los barrotes de metal. —¡Ya es hora de levantarse!
Siguió golpeando las rejas con fuerza. No se detuvo de sus golpes hasta que Bakugō se levantó de la pequeña cama.
Katsuki termino por sentarse sobre la cama, aturdido y mareado. Llevo la diestra a su cabeza, tratando en vano de masajear la zona que le dolía. Era sentir al cerebro estallando en un terrible dolor. Sumando los golpes que estaba dando el guardia, su humor comenzaba a irse a la mismísima mierda.
Se puso de pie, de golpe y se acercó hasta la reja estirando el brazo para golpear al guardia, quien se apartó y se burló de él por aquel intento.
—¡¿Tratando de agredir a un guardia?! ¡¿Quieres volver a confinamiento solitario?!—Le grito el hombre, quien usando la cachiporra le golpeo el brazo y seguido en el estómago. —¡Puedo enviarte a confinamiento solitario todo el puto mes, Bakugō! ¡Compórtate antes de que me arrepienta! —Sentencio, antes de moverse para seguir despertando al resto de reclusos.
Bakugō ni siquiera había reaccionado a su entorno hasta que escucho los altos parlantes de prisión y el sonido de su celda abriéndose. Fue ahí que cayó en cuenta de lo que pasaba.
Analizo su entorno, viendo la pequeña habitación que tenía. Misma en la cual no había demasiado. Solo una mesita de madera enfrente de la cama, con una silla y algunos libros esparcidos sobre ella. También noto la fotografía de su Familia pegada a la pared. Había un baño al fondo, cubierto por una media pared para darle algo de privacidad.
Su corazón latió lentamente mientras miraba su entorno y observaba al resto de los reclusos salir de sus celdas, hablando entre ellos y lanzándole miradas cada que pasaban cerca. Su cabeza quería estallar en ese momento.
Incapaz de creer lo que estaba pasando.
Busco una respuesta a lo que ocurría. Acaso, ¿todo fue un sueño?
No, no era posible. No podía estar soñando porque a él jamás le atraparon. Siempre hábil, cauteloso y sumamente cuidadoso cuando cumplía su venganza.
Jamás dejaba rastro, y sus coartadas eran perfectas y sin fallos. Entonces, ¿cómo lo atraparon sin que él se diera cuenta? Aquello no tenía sentido.
Sabía que Silent Hill hacía cosas extrañas. Pero su poder solamente se limitaba al pasado y a como atormentarlo con ello, no con un futuro incierto. Además de que todas aquellas personas que vio fuera de su celda y a quien trato de atacar, en su vida los había visto.
Salió de la celda cuando no quedaban más reclusos. Observo la prisión o el piso de la prisión donde estaba. Había otro piso de celdas arriba y abajo. Con tonos gris y concreto. Con ventanas hasta la cima, mismas que tenían rejas para evitar cualquier tentación al escape.
Todo era tan jodidamente real. Incapaz de ser un sueño.
Incapaz de… ¿Dónde estaba Deku?
—Izuku…—Murmuro, buscando de inmediato con la mirada a aquel pecoso. —Deku… Te dije que no te apartaras de mí, maldito nerd. —Gruño, golpeando las barandillas de metal. No pudo ser un sueño, estaba seguro de que no lo era.
Debían seguir en Silent Hill, ¿no era cierto? Ya que nadie podía huir tan fácil y él jamás había tenido sueños tan lucidos. Además de que no recordaba haber tenido un juicio. No recordaba como es que llego a esa prisión, ni la vida que llevaba en ese momento.
No, nada de eso tenía sentido.
—Debo encontrar a Izuku… —Volvió a decirse. Al menos ese era su plan hasta cierta interrupción.
—¡Muévete recluso, a menos que quieras trabajo forzado extra! —Le grito un guardia. Y Bakugō observo al hombre, buscando reconocerlo. Buscando algún indicio que le dijera que era lo que estaba pasando exactamente.
Pero no había nada. El rostro de una persona cualquiera. Como el de un desconocido con quien cruzas una mirada.
El guardia le empujo y después le sujeto por el brazo para sacarlo de la zona de las celdas. Donde una vez fuera, comenzó a seguir al resto de reclusos. Hubo algunos reclusos que se fueron a las duchas, otros más que seguían recto hasta el comedor y otros más que simplemente salían al patio.
Todo estaba sintiéndose tan putamente irreal. Cómo sí pasara de un sueño a otro. Sin poder distinguir cuando estaba despierto. Era confuso y frustrante.
Y lo fue más cuando uno de los reclusos se acercó a él.
—Parece que no te fue muy bien en la zona de aislamiento, eh, Bakugō. —Dijo con su voz rasposa Shigaraki. Quien junto a su pequeña pandilla de maleantes, se iban juntando.
Katsuki lo observo, por más segundos de los que pareció.
—¿Qué tanto me miras? —Regaño el hombre.
—Nada. —Su respuesta, aunque fue sencilla, acallaba todas las demás dudas que guardaba y quería gritar. Incluso si estaba en la supuesta realidad, no quería parecer un loco. Aprovecho el momento para ver al resto de personas que conocía de la pandilla de Tomura.
Twice iba hablando de algo con Kurogiri. Giran venía más atrás con Spinner y Magne, al igual que con .
Todos estaban en prisión, al menos todos los que él mayormente conocía.
La caminata por los pasillos de prisión hasta la cafetería fue silenciosa de parte de Katsuki hacía el resto de la pandilla. Hasta el momento donde la mirada rojiza de Bakugō capto algo que le helo la sangre una vez que entraron a la Cafetería.
En la fila, alegre y sonriente, estaba Shindō. Junto al grandulón de Inasa, con quien parecía hablar alegremente. Sin embargo, Inasa tenía un parche en la mejilla y había unas vendas que sobre salían del cuello de su uniforme. Shindō, por otra parte, tenía vendas por el cuello y un parche sobre la nariz.
—Sí que les dejaste mal…—Codeo Giran a Katsuki. —Espero que valiera la pena las dos semanas y media que te metieron en aislamiento por las golpizas a esos dos tipos.
Con los ojos tan abiertos del horror, Bakugō observo a Giran, y después regreso la mirada al frente para ver a esos dos que se seguían moviendo junto a la fila. Sintió un imaginario golpe, justo a la boca del estómago que lo sofoco.
—¡¿Entonces todo fue un puto sueño?! —Se grito internamente, buscando el aire que no podía entrar. El pecho comenzó a dolerle, teniendo tanta presión. Tal cual y como si dos prensas hidráulicas le aplastaran el tórax.
No podía respirar y el mundo entero le dio vueltas. El control de sus extremidades se fue perdiendo y sus piernas pronto golpearon el piso. Respiro por la boca como un animal, sin poder entender que estaba pasando realmente.
—¡Qué se nos muere la bomba!—Llamo Twice, inclinándose hasta la altura de Katsuki, a quien trato de echarle aire con las manos. Kurogiri le siguió.
—Creo que está teniendo un ataque. —Dijo Kurogiri.
—¡Guardias! —Grito Magne a los dos uniformados que estaban fuera de la Cafetería.
Ambos hombres entraron y apartaron a los dos reclusos cerca de Bakugō.
Katsuki no respiraba bien y pronto, la oscuridad lo envolvió en su manto. Quedando inconsciente.
Despertó en la enfermería. La cabeza le seguía doliendo en punzadas que iban y venían. Se sentía mareado y terriblemente desorientado. Como sino fuera él realmente. Comenzó a levantarse, viendo todo borroso por el momento.
—No te levantes tan pronto. —Detuvo un enfermero. —Los medicamentos podrían causarte más nauseas, así que ve despacio.
Katsuki vio al enfermero por unos segundos, antes de sentir las arcadas y el vómito que le subía por la garganta. El enfermero entonces le acerco un recipiente para que vomitara y lo hizo.
Dejo escapar la nada de su estómago. Pero más que la nada del estómago, también había sangre en el vómito.
—Esto es malo. —Dijo el joven, al ver los labios rojos de Katsuki y como las gotas de sangre, mezcladas con saliva le colgaban hasta la barbilla.
Katsuki volvió a vomitar, esta vez siendo más sangre que otra cosa.
—Quédate aquí, ¿está bien? — Ordeno con voz nerviosa el joven. Y abandono la habitación antes de que Bakugō pudiera responderle algo por su estúpido comentario. ¿A dónde más iría sí estaba vomitando puta sangre?
Siguió vomitando un poco más hasta que sintió el estómago ligero y las arcadas se detuvieron. Dejo el recipiente sobre la mesita de noche cercana a su cama.
Su mirada entonces divago por la habitación, no viendo nada raro. Una habitación de enfermería de prisión común y corriente. La veía y la sentía tan real, que ahora comenzaba a creer que realmente todo lo que paso en Silent Hill fue un sueño bien hecho de su cabeza.
Quizá, sí lo atraparon. Quizá no fue tan hábil como pensaba. O probablemente lo atraparon por cosas diferentes, teniendo en cuenta que toda la Pandilla de Tomura estaba dentro, tal vez le atraparon por estar con ellos haciendo algún atraco o algo por ese estilo.
Pensando así, se sentía aliviado de no estar en Silent Hill. La prisión era mucho mejor que ese puto lugar del diablo. Pero, su mente de inmediato pensó en Izuku de nuevo.
El solo pensamiento de aquel hombre de verdoso cabello y pecas, le estremeció. ¿Dónde estaría Izuku en ese momento? Seguramente sufriendo solo en el psiquiátrico o viviendo con el vago que menciono.
Su corazón se oprimió. No quería ni imaginar que Midoriya estaba sufriendo en algún lugar y él no estaba ahí para salvarlo. Que no estaba a su lado, cuidándolo y protegiéndolo como dijo que lo haría. Maldijo con la voz rasposa por tanto vomitar, y no pudo evitar sentirse tan miserable.
¿Por qué las cosas debían complicarse tanto? Por una sola vez en su vida quería que algo fuera sencillo o que fuera tan fácil. Pero no. La vida estaba jodiendo de nuevo. Recordándole que jamás tendría paz, que jamás tendría aquello llamado final feliz.
Observo sin querer hacerlo de verdad, el recipiente con toda la sangre. Lo primero que pensó era en lo oscura que se veía y lo segundo fue: ¿estaré enfermo?
Pensó en que quizá sería cáncer. Y no evito soltar un suspiro. Lo único que le faltaba en esa vida tan asquerosa que estaba teniendo era que le diera algún tipo de cáncer o alguna enfermedad terminal. Pero al menos así moriría más pronto y por fin su martirio terminaría.
No creía justo pagar la deuda de una vida pasada, ya que aquel mal karma que se había aferrado a su persona no era normal, por lo tanto, pensar que quizá se trataba de pagar los errores de una vida pasada parecían lógicos, o algo así. Realmente a esas alturas ya no estaba pensando con mucha claridad ni con lógica aparente. Nada estaba teniendo realmente sentido a esas alturas.
Había estado en un pueblo maldito, reviviendo su pasado, y enamorándose de alguien a quien ya no sabía si vería de nuevo o no. Estaba casi seguro que lo que paso no fue solamente un sueño, porque todos los sentimientos que tiene por Izuku son reales. Todos y cada uno de los deseos, de los pensamientos que tienen el nombre de Midoriya, son reales. O al menos él los siente como reales. Maldijo una y otra vez, frustrado por no encontrar una respuesta a lo que estaba pasando.
Quería encontrar a Midoriya y asegurarse de que al menos uno de los dos no estaba sufriendo en caso de que todo hubiera sido un sueño. Pero… con todo lo que estaba pasando, con todo lo que le estaba rodeando. Sí realmente fue un sueño, ¿qué le aseguraba que Midoriya lo conocía? Y los pensamientos de nuevo se volvían un caos del que por primera vez en su vida no sabía como controlar o como darse respuestas satisfactorias.
Mientras maldecía a toda entidad, a toda vida pasada y futura, vio algo en el recipiente de sangre. Algo que estaba flotando.
Sintió asco primeramente, pero después de afilar la mirada en él, noto algo más. Algo redondo que estaba saliendo a flote.
Pero la sangre pareció coagularse de alguna manera encima y evitaba que viera qué era exactamente lo que estaba flotando. La curiosidad le estaba ganando, pero el asco también estaba siendo otro factor para no tocar eso.
—Es mi puta sangre. —Se dijo, queriendo darse valor para tocarlo. Pero ni con esa frase lograba hacer que su mano se moviera hacía el recipiente.
Cerro los ojos, y se obligó a acercar la mano. La sensación fue extraña cuando la metió para tomar el objeto redondo. Fue sentir muy pegajoso y viscoso. Pero de igual manera había cierta dureza por la cubierta coagulada. Una vez que saco el objeto, lo fue acercando hasta él. El exceso de sangre le recorrió el brazo hasta el codo, creando líneas rojas y gotas que comenzaban a caer manchando todo.
Debía abrir los ojos pese al asco. Así que una vez que lo tuvo cerca, vio el objeto. Y los sentimientos fueron tan contradictorios que no supo ni siquiera por donde comenzar.
El talismán de metatron estaba en su mano, manchado de sangre.
El asco desapareció y llevo su otra mano para tomarlo con ambas. Una vez lo sostuvo, uso los pulgares para limpiar un poco del exceso de sangre, comprobando que sí se trataba del talismán. Sin embargo, al darle la vuelta para analizarlo completamente, noto que solo se trataba de la mitad. El talismán tenía detrás una especie de mecanismo que hacía que se ensamblara con la otra mitad. Y fue justo ahí, que la revelación le golpeo.
Jamás abandonaron Silent Hill.
Notas (un poquito largas para explicar una situación de hace días):
Antes que nada, quiero disculparme mucho con todos. Lamento de verdad haber demorado en actualizar. De verdad lo siento muchísimo. ;;
Puede que muchos no lo supieran o puede que otros sí, pero hace tiempo el fic fue plagiado. No se preocupen, ya todo esta "resuelto", ya que la persona que lo plagio dio de baja su cuenta y elimino el fic (Todo esto sucedió en la cuenta de Wattpad). Pero, de igual modo quedo la promesa de una venganza por parte de esta persona a mi.
No fue una situación agradable y la verdad no le deseo a nadie que la viva. (Mucho menos sí la persona del plagio les tiene coraje, los mensajes se vuelven horribles ;; )
Agradezco de toda alma y corazón a todas las personas que vinieron a ayudar, que denunciaron y que se tomaron un momento de sus días para dejarme un mensaje de apoyo. De verdad que se los agradezco muchísimo y que a día de hoy no tengo ni idea de como pagar todo lo que hicieron.
De verdad, muchísimas gracias por todo. ;/; 💚💚💚
Por ahora, lo único que puedo hacer ahora es seguir adelante. Seguir escribiendo de la OTP que me gusta, y luchar con más fuerza. Porque dejar de escribir es justamente lo que esta persona quiere. Y no le daré ese gusto.
El fic esta protegido, (al menos eso creo), ya que hasta donde pude investigar no se puede proteger realmente un fic bajo alguna ley o acuerdo. Ya que, bueno, es un fic con personajes que no son míos bajo un contexto que tampoco es mío. Pero de igual manera investigué sobre que mientras conserve las fechas de publicación, eso debería bastar para demostrar que es mío. (Espero funcione) Pero de igual manera, todo el fic esta a salvo y respaldado.
En fin, estas notas ya fueron muy largas y lamento hacerles leer más con mis cosas que muy seguramente no les importa ;;
El final de este fic ya ha iniciado, y es hora de que nuestros nenes se enfrenten por ultima vez al pueblo maldito de Silent Hill.
Muchísimas gracias por su apoyo, y muchas gracias también por sus comentarios a Ekhate, a Bloy Shney, a Emerl G, y a Sasura, y al Guest (anonimo (?)), por sus reviews, lamento no poder contestarles personalmente, pero que sepan que los leía y me alegraban el día ;v; Son muy apreciados. 💚
¡Nos leemos!
Att:
D'Sae 💚
PD: Les recomiendo que escuchen una canción que fue una gran inspiración. Es uno de los temas de Silent Hill 2, pero versión Mariachi. UFFFFFF Rikisima canción 👀👌 💚
Pueden buscarla en YouTube como: Broken Notes Extremitas ~ Theme of Laura (Feat. The Heaven's Night Mariachi)
