¡Hola! Gracias por continuar leyendo esta locura. Perdón por la tardanza, problemas de conectividad :(

Muchas gracias a todos los que leen esta historia, a los que dejan y no dejan review, se los agradezco mucho.

Violeta: Qué bueno que te gustó el cap. Debo admitir que con el cap 10 batallé mucho y no quedé muy a gusto con el resultado final, conforme sí, pero no a gusto jeje. Que bueno que te gustó el 11 y espero que este te guste también; No te preocupes, ya le tocará su merecido a Belle. Gracias por tus comentarios, me sirven muchísimo, lo sabes :D

Iurakey: Gracias por lo que dices! XDD Me hiciste reír mucho :D Y sí, sólo quedan esos pocos así que el final se acerca XDD Bueno, todo eso viene de la familia de Saki y ya sabes como se las gastan así que no es de extrañar. Gracias a ti por leer y sí, es a ti a la que le escribo, sólo que cuando pongo tu nick el corrector me pone la "i" como "I" o sea, en mayúsculas. Nos estamos leyendo ;)

I Love Kittens too: Gracias por tu review, ¿me creerás que casi lloré cuando lo escribí? Gracias por leer :D

Fortuneladystar: XDDD Sí imaginé que Belle terminaría siendo muy odiada... sorry! Pero la necesitaba para esto, gomen. XDDD Que bueno que te gustó el cap; la verdad lo del maestro al principio ni lo había pensado, salió solito, jeje. Gracias por lo que me dices, yo creo que tu idea debe ser muy buena también. Sobre el facebook, claro! Me encuentras como Stella Jackson, o con el correo wentzandteppei , de perfil tengo una foto mía vestida de bruja cargando un gato negro, ya sé que no me conoces físicamente, pero quizá sea la única loca que ande vestida así en su perfil jeje. avísame con un mensaje cuando me agregues que eres tú, por fa :D

Invasor'sQueen: *Escondida detrás de un sillón* Eh... ya, tranqui, linda, tranqui... ya pasó... no me vayas a pegar! Gracias por lo que dices del cap y... ¿Qué quien reprueba geometría? Eh... pues... yo ;_; soy una papa en esas materias y no sabes cómo padecí con geometría y mate, creo que hasta eso, esto salió autobiográfico XDDD En cuanto al acuerdo, bueno, ya si lo pones así (que no había pensado en lo que Rafa podría hacernos ¡gulp!) ya me parece mejor, ok, acepto XDDD Gracias por todo linda, y espero que te guste este cap ;)

Denisse: Muchas gracias, me alegra que te haya gustado el cap y espero que este también te agrade, ya casi llegamos al final! :D

Dragonazabache: Gracias por tu coment! Sabía que odiarían más a Belle, pero sorry, para eso la necesitaba y ya está por terminar de cumplir su función jejeje soné muy cruel. En cuanto a si soy pariente de Haoyoh, sí, somos hermanas así que si quieres que la amarre, la amarro, no problem, hasta con grillete en el pie y todo y tobillera detectora por si se escapa XDDDD

SSMinos: Qué envidia que andes de descanso! XDD Sorry, esta vez no hubo destape jeje, XDDD Sí recuerdo a venus, de hecho mi sister tiene un vhs con el capítulo donde aparece (lo compramos de remate en un video club, puedes creerlo?) En cuanto a lo de Leo y no querer quitar una vida, bueno, no he tenido el privilegio de leerme los comicsw ;_; y me basó en las series de tv, por lo que ahí bueno, pues leo no es de los que matan (ninguno en realidad, aunque creo a Rafa más capaz de algo así sin remordimientos, no lo sé jeje), XDD gracias por lo de Casey y Rafa; Usa y Leo como Peeta y Katniss... habría sido genial! no se me ocurrió jejeje, lástima ;_; Sorry por lo del conejo, pero Belle lo va a pagar, ya verás :D Gracias y besos :D

Megumi-Elric-x: Gracias! Vieras que no había pensado en la pareja de Usagi y Tyrene XDDD pero bueno, ya están juntos en el más allá, a ver si se les hace jeje. XDDDD ¿tu hermana no lee fics? Es curioso ¿O lee de otro tipo? Gracias por tus comentarios, me animan mucho, espero que este cap te guste :D Besos ;)

Disclaimer: Los juegos del hambre, Teenage Mutant Ninja Turtles, situaciones, personajes y todo lo relacionado con ellos no me pertenece a mí, sino a sus respectivos autores: Suzanne Collins, Peter Laird y Kevin Eastman.

Gracias a mi beta Haoyoh Asakura, sin ella este fic no podría seguir.

Capítulo XII

Leonardo abrió los ojos. Sentía que la cabeza aún le daba vueltas, tenía la garganta irritada de tanto gritar y el cuerpo agarrotado. Un horrible aroma impregnaba el aire; era como si siguiera sumido en aquella espantosa pesadilla que había tenido recientemente.

Pero cuando se percató de que tenía algo en sus brazos, cuando bajó la mirada y se dio cuenta... entonces supo que no había sido una pesadilla...

... era la terrible realidad.

Aún aferraba el cuerpo sin vida de Usagi; este yacía rígido y con los ojos muy abiertos, cubierto de sangre y el pus verdoso que manaba de sus propias picaduras y las de Leonardo.

La tortuga, sollozando, le depositó suavemente sobre el césped y con el agua del lago le limpió toda aquella suciedad, dejando su pelo lo más blanco y suave posible.

Le cerró los ojos y le colocó las manos sobre el vientre, luego le dio un beso en la frente.

-Adiós amigo mío, te quiero mucho... gracias por todo...

Se separó de él, llegando al pie de un árbol cercano; el ruido del aerodeslizador ya se escuchaba, acercándose por el aún oscuro cielo.

Pronto apareció por encima de ellos, la garra metálica salió de su interior, tomó el cuerpo de Usagi y lo elevó por los aires. Leonardo beso sus dedos y los elevó hacia el cielo, hacia su amigo, con el rostro cubierto de lágrimas que no podía ni quería parar. El conejo se perdió en el interior de la nave y esta despareció en el horizonte de nuevo.

Leonardo se dejó caer al pie del árbol y,ocultando el rostro entre las rodillas, comenzó a llorar de manera desgarradora.

Rafael miraba la escena desde la plazoleta, con un nudo en la garganta que casi no le dejaba respirar; Donny, Mickey, Abril y su madre también seguían el sufrimiento de Leonardo a través de la pantalla en su hogar, incapaces de parar su propio llanto, era la única manera que tenían de acompañar al muchacho en su profundo dolor.

Effie lloriqueaba, secándose las lágrimas con un pañuelito mientras Portia se hallaba sin palabras ante el giro que había dado todo esto; jamás habría imaginado que Belle sería capaz de algo así. Cinna, en silencio, se mordía los labios y no apartaba los ojos de la pantalla, deseando poder hacer algo para que el sufrimiento de Leonardo fuera menor.

Y Haymitch simplemente no podía decir nada; había logrado que algunos patrocinadores pagaran la medicina contra rastrevíspula y apenas iba a encargarse de ello cuando la gata mató a Usagi... ahora parecía que ya estaba de más enviarla, pues Leonardo se veía menos afectado por el veneno y el conejo, que era quien más la precisaba ya no podía utilizarla.

En cuanto a Belle... al parecer su suerte estaba echada.

Leonardo, aún con lágrimas en los ojos, se acercó de nuevo al lago; se quitó las gafas, el rompevientos, el pantalón, la camisa y los lavó, pues se hallaban cubiertos de la sangre de Usagi y del pus verdoso del veneno de rastrevíspula de ambos; también se lavó a sí mismo, refrescando su rostro una y otra vez, pues aun sentía los efectos del veneno, aturdiéndolo. Esperando a que su ropa se secara, tomó las hojas que había conseguido, las masticó y las puso sobre las picaduras; de estas siguió brotando el pus, reduciendo el tamaño de las bolas que se habían formado bajo su piel.

Mientras hacía todo esto, no dejaba de pensar en lo ocurrido, en las rastrevíspulas, en Usagi... Belle...

Al pensar en ella una furia indescriptible se apoderó de él y dio un golpe sobre el césped con el puño.

Todo había sido su culpa... si no se hubiese compadecido de la gata, si no la hubiera estado protegiendo todo ese tiempo, Usagi estaría con vida; pero fue su debilidad lo que mató a su amigo, fue su debilidad y su negativa a matar lo que los había llevado a eso, ¡Ya todo habría terminado si no hubiese sido tan estúpido!

Volvió a golpear el césped con furia.

Hasta aquí había llegado todo, se había terminado el señor "Tortuga amable".

Cuando su ropa estuvo seca volvió a vestirse, se puso nuevamente las gafas, tomó su mochila, se echó el arco a la espalda y comenzó a caminar; tenía tres objetivos que cumplir... tres objetivos que eliminar, y mientras más rápido ocurriera mucho mejor.

Rafael, Donny y Mickey vieron la expresión en la mirada de su hermano antes de ponerse las gafas, y sintieron escalofríos.

El chico caminó por varias horas siguiendo la orilla del lago, pues era probable que se hallaría con alguien si se mantenía junto a él. Le pareció extraño que, con todo el tiempo que había pasado no hubiese salido aún el sol; seguro los vigilantes querían darle un final dramático a los juegos con todos los tributos peleando a oscuras y aquello sólo lo hizo enojar aún más; al pasar por un árbol cercano escuchó el sonido de la lente de una cámara ajustándose en el interior del tronco. Leo, sin detenerse, la vio fijamente, con odio y desafío en su mirada.

En la sala de los vigilantes, un enorme salón blanco donde estos, vestidos del mismo color y sentados ante una gran computadora de panel y teclado virtual, controlaban lo que ocurría en la arena; Seneca Crane miraba en la pantalla la imagen que aquella cámara en el árbol había captado; el odio, el dolor, la furia y el desafío que se revolvían en el interior de aquel chiquillo pobre del distrito doce.

Y comprendió que si ese chico seguía con vida, el presidente Saki pediría su cabeza.

Aunque no había sido culpa suya, él hasta ahora lo había intentado todo para matarlo; le había puesto trampas, le había disparado con fuego e incluso lo había guiado hasta dónde se hallaban los tributos más peligrosos para que dispusieran de él, sin embargo, aquel chico se las había ingeniado para salir bien librado de todo.

Aún así lo intentaría otra vez.

Miró el mapa virtual sobre la pantalla y detectó otra luz, esbozó una sonrisa.

-Júntenlos.

-Sí señor.

Uno de los vigilantes comenzó a pulsar algunos botones del panel.

Después de un rato y un gran tramo andado, Leonardo dio con un tronco caído que servía de puente entre una orilla y la otra; lo cruzó y llegó al otro lado del lago, continuando su travesía, internándose en el bosque, acelerando cada vez más el paso; aún sentía un ligero aturdimiento por el veneno, pero este no le impedía moverse, además, la rabia y la resolución le daban más fuerzas para caminar que cualquier otra cosa.

Llegó a un pequeño claro rodeado de algunos árboles de tronco delgado. Escuchó un estruendo y se preparó para lo que pudiese ocurrir, listo por si debía correr para escapar de alguna nueva trampa y en guardia por si debía enfrentar a alguien. Miró al lugar de dónde provenía aquel ruido y vio que de entre unos matorrales y árboles, Sasha llegaba hasta ahí, dando un salto.

Al parecer se hallaba por la zona y los vigilantes habían usado algún truco para llevarla hasta él.

La chica, que aún llevaba las gafas de visión nocturna, echó un vistazo rápido al lugar del que venía y luego a Leonardo, comprendiendo lo mismo que él. Sasha no parecía haber sido atacada por las rastrevíspulas, o por lo menos aquellas picaduras no eran tan escándalosas como las que Leo tenía, pues la joven solo mostraba unos círculos violáceos y grandes en las manos, el cuello y la cara; al parecer o un patrocinador le había enviado el antídoto o bien, en la cornucopia debía haber algún remedio para eso, si era así, eso le dejaba claro a Leonardo lo que ya sospechaba, que tanto ella como todos los profesionales habían hecho de aquel lugar su campamento desde el principio, controlando armas, medicamentos y alimentos para su propio beneficio. Sasha al ver a Leonardo, sonrió de manera maliciosa.

-Por fin, hemos estado prometiéndole esto a los espectadores desde hace tiempo, creo que ahora sí podremos darles el espectáculo que se merecen, ¿no lo crees?- Sacó la espada de su espalda e hizo girar el mango en su mano, la tomó posteriormente con firmeza y se puso en guardia.

-Y qué lo digas.- Murmuró la tortuga, llevando en la mano la cuchilla, la cual preparó para el ataque.

-No lo tomes personal... Ok, sí es personal; pero también me urge acabar contigo para luego terminar a Ace, a tu amiguita no la cuento porque es pan comido, con un golpe y hasta ahí llegó.

-Deja de hablar y ataca.-Le instó, molesto.

Sasha se lanzó contra Leonardo, con la espada en alto y en el rostro un gesto de furia mezclado con alegría; le daba gusto enfrentarse a él de nuevo y tener la oportunidad de, ahora sí, cobrarsélas todas.

Empuñó la espada y se dispuso a dar una estocada; Leo se movió, esquivándola, pero Sasha, que aprendía de sus errores, estiró su pierna hacia el lugar al que Leonardo se había movido con la intención de derribarlo.

Pero Leonardo ya lo veía venir, dio un salto y pateó a la chica en la cara, haciéndola caer de espaldas; esta, sin soltar la espada, se recuperó rápidamente y volvió a lanzarse al ataque; Leonardo la esperaba serenamente de pie, frente a ella.

-¡Me gustaría prolongar más esto! ¡Dar un buen espectáculo!-Sasha dio un mandoble y logró rozar el rompevientos del muchacho, quien le había esquivado nuevamente.-¡Pero creo que eso se dará cuando me enfrente a Ace! ¡Lo siento, doce, pero hasta aquí llegas!

La chica hizo otra maniobra y si la tortuga no se hubiera movido seguro le habría cortado el cuello. La joven volvió al ataque, girándose para quedar frente a él y corriendo directamente hacia Leonardo para por fin dar la última estocada, su objetivo, la cabeza del muchacho.

Él corrió también directamente hacia ella, agachándose en el proceso y golpeándola en el estómago.

La chica abrió los ojos y la boca desmesuradamente al sentir el golpe, sus manos soltaron la espada; Leo se irguió, dando un paso hacia atrás.

Del estómago de Sasha manaba un borbotón de sangre que empapaba su playera y caía sobre el césped; la mano de Leo, aquella con la que la había golpeado, se hallaba llena de sangre; en esa mano traía la cuchilla.

Leonardo sacudió de golpe su brazo hacia un lado, quitando así la sangre de la cuchilla; Sasha cayó de rodillas, pálida y sudando frío, luego se derrumbó de cara contra el piso.

El cañón sonó.

Sasha había muerto.

Rafael, en la plazoleta, miraba aquella escena estático y temblando. Le impactaba el rostro de su hermano, la fría serenidad con la que veía el cádaver ante sus pies.

-Increíble...- Murmuraba Casey a su lado sin despegar los ojos de la pantalla.

La tortuga simplemente no pronunciaba palabra alguna.

Donny abrazó a Miguel Ángel, ambos miraban, pasmados, la escena en el televisor. Abril, temblando, se aferró a su madre, quien no dejaba de acariciar su cabello y su espalda.

-Tranquilos, niños... recuerden... sólo así podrá volver...- Repetía la señora una y otra vez, tratando así de calmar a los tres chiquillos, aunque ella misma se hallaba intranquila; pese a todo, los cuatro no podían evitar estremecerse ante la expresión vacía en el rostro de Leonardo.

-Oh... eso fue... tan... - Balbuceaba Effie, sentada en el sofá; sus ojos no daban crédito a lo que veían y su cerebro se negaba a darle las palabras adecuadas a su boca.

-Se ha transfigurado.- Murmuró Portia.- Se ve diferente.

-Sí...- Replicó Haymitch con amargura.- Ahora ya piensa como tributo.

Cinna volvió a apoyar su mentón entre las manos, sin apartar la mirada de la pantalla.

Leonardo tomó la espada que la chica dejó caer y la guardó en su espalda, atorándola entre el caparazón y las correas de la mochila; se alejó del cádaver de Sasha, escuchando el ruido del aerodeslizador que pasaba muy por encima de él, deteniéndose sobre la joven, lanzando la garra metálica y recuperando el cuerpo. La tortuga no se giró para verla en lo absoluto; no más despedidas, no más honores, no más nada; sólo había algo en su cabeza.

"Va uno, faltan dos".

Cuando el aerodeslizador se alejó por completo, el himno de Panem resonó en la arena; Leonardo se detuvo y miró hacia arriba; tras la acostumbrada imagen del escudo del Capitolio apareció la palabra "Los Caídos".

La imagen de Sasha apareció en el cielo y después de unos segundos, al desvanecerse, apareció la de Usagi. Leo sintió que las piernas le flaqueaban por primera vez desde que había dejado aquel fatídico lugar en el lago; su corazón se revolvía en su pecho y en la garganta volvía a formársele un nudo al tiempo que sus ojos se humedecían de nuevo; al acabar el himno, la imagen del conejo desapareció; Leonardo respiró profundamente; se sentía aún más resuelto que antes.

Siguió caminando. Su cuerpo, pese a todos los horrores vividos, no parecía estar cansado o hambriento; la idea de salir de ahí esa misma noche alimentaba su voluntad y aquello era lo que le hacía seguir. Se encaminó por los matorrales por los que había llegado Sasha; aquel lugar no parecía presentar nada anormal. Siguió por ese camino, pues seguro llevaba hacia la cornucopia y quizá Ace se encontrara por ahí.

Mientras más rápido lo matara, mejor.

La concurrencia aumentó en la pequeña plazoleta; todos los transeúntes se reunían ahí o en los cafés cercanos, pues era obvio que habiendo sólo tres tributos en la arena, era cuestión de tiempo para que se reunieran y surgiera el vencedor.

Casey miraba a la gente con una mezcla de extrañeza y asco... aún más del que le hacían sentir antes; todos estaban ahí en espera de las dos últimas muertes, vitoreando cuando Leo había acabado con Sasha, aplaudiendo y cobrando apuestas entre ellos.

Miró a Rafael de reojo, que no quitaba la mirada de la pantalla.

-¿Te... te encuentras bien?- Estaba seguro de cuál sería la respuesta, alguna bravuconada que la tortuga le soltaría en un gruñido, pero aún así no podía evitar preguntarlo, lo notaba tan ajeno a todo el escándalo a su alrededor que necesitaba saberlo.

Pero Rafa seguía en silencio, obervando a su hermano; la forma de moverse, el semblante de su rostro... hasta podía adivinar la mirada de sus ojos ocultos por las gafas...

Leonardo se veía igual que cuando cazaba a su lado en el bosque, sólo que esta vez había en él un dejo siniestro que le hacía temblar.

-Se está perdiendo, Casey...- Murmuró como respuesta tardía; el humano se giró a verlo.-mi hermano... se está perdiendo a sí mismo.

Y aquello lo dijo con un hilo de voz que, pese a ser apenas audible, sonaba triste... angustiado.

Leo corrió entre los árboles; alcanzó a ver no muy lejos la marca que había colocado sobre el refugio bajo tierra en el que durmió la primera noche.

Se hallaba a unos kilometros de la cornucopia.

Siguió corriendo, pero de pronto presintió algo y dio un salto, cayendo sobre sus pies unos pasos atrás, lo cual hizo justo a tiempo, pues Ace, pretendiendo derribarlo, se había dejado caer desde lo alto de un árbol.

-Mira nada más... por fin nos vemos otra vez.-Dijo el león con sorna; no parecía afectado por la muerte de Sasha, pero sí se veía demasiado maltrecho; la melena sucia y alborotada, las manos y piernas raspadas, la ropa rasgada en distintos lados; Leo pensó que quizá había tenido que verselas también con algunas trampas de los vigilantes; no usaba gafas de visión nocturna, al parecer no las necesitaba, sus ojos parecían adaptarse a la oscuridad con facilidad.

Sacó las dos espadas de su espalda y se puso en guardia; Leonardo sacó la que tomó de Sasha y se puso en defensa, sin decir nada, sin expresar nada; una máscara fría y silente que sólo esperaba reaccionar ante el ataque.

El león se lanzó contra él, con una espada al frente y la otra arriba, pretendiendo que, cuando Leo detuviera con la suya el ataque de la primera espada, poder asestarle el golpe con la segunda directo en la cabeza.

Leonardo detuvo el golpe de la primera cómo Ace esperaba, pero flexionó las rodillas dejando gran distancia entre su cabeza y la segunda espada; bajó de esta forma hasta el piso y se giró, barriéndole las piernas al otro con una patada y haciéndolo caer hacia su izquierda, lo cual aprovechó para mover rápidamente la espada hacia el león, haciéndole un largo corte en el abdomen.

Ace cayó de rodillas al césped y se llevó la mano a la herida; no era profunda, pero sangraba mucho; miró a Leonardo, este yacía de pie, mirándolo a través de las gafas y con la espada en defensa.

Molesto, el león se paró de un salto, con ambas espadas en las manos y mirando a la tortuga con rabia; sin embargo no se lanzó contra él en ese momento, pues debía aceptar, aunque le doliera, que el chico tenía una excelente instrucción para manejar aquella arma, y atacarlo sin un plan podría significar su final.

Comenzó a caminar lentamente, rodeándolo, buscando la forma de llegar hasta él de modo que pudiera asestar el golpe certero que le diera el triunfo.

Saltó, aprovecharía su agilidad, velocidad y reflejos naturales para llegar por arriba de la tortuga; iba a comenzar el descenso sobre su cabeza, empezaba a preparar las espadas para atravesarlo; pero Leonardo dio un salto, colocándose a su nivel y lo pateó primero con una pierna y luego con la otra, haciéndole mucho daño en la cara primero y luego rompiéndole algunas costillas; el león cayó al piso, sus espadas volaron lejos de sus manos.

Ace se incorporó lo más rápido posible. Sabía que el chico estaba instruído, que era ágil y hábil ya que le había hecho daño en la cornucopia... ¡Pero jamás imaginó que tenía la fuerza y habilidad suficiente como para dar un salto tan alto como el suyo! Es verdad que lo había visto moverse entre los árboles y eso le indicaba que era ágil, pero... ¡¿Cómo aquella tortuga pudo percibir su movimiento, captando que se hallaba sobre él?! ¡¿Cómo pudo reponerse tan rápido y saltar de modo que llegó en un instante ante él, antes de que pudiera siquiera pensar en asestarle el golpe final?!

No lo admitía, pero se estaba asustando... quizá este chico pudiera matarlo... ¡No! No podía dejarse llevar por eso, él era un león, venía del distrito uno, era un profesional, uno de los favoritos, ¡Él iba a vencerlo!

Leo se dirigía hacia él; Ace alcanzó a tomar una de las espadas y se lanzó en su contra; las dos hojas chocaron, soltando chispas en la oscuridad, sólo para apartarse de nuevo y volver a chocar con aún más furia y encarnizamiento. Ace sudaba frío a cada movimiento que ejecutaba y que veía con desolación que no lograba su objetivo; Leonardo atacaba y se hallaba próximo a acabarlo, le había rozado un par de veces en los costados y en una pierna; no habían sido golpes contundentes gracias a la agilidad del león, que en cuanto sentía el acero retrocedía de inmediato.

Ace, se lanzó de vuelta, empuñando su arma; Leonardo, hábilmente, metió la punta de la suya entre las manos del león e hizo volar la espada de sus manos, la cual cayó lejos de los dos; por el impulso, Ace cayó de rodillas frente a Leo, este iba a golpearlo con la espada, pero el otro se rodó, alejándose a tiempo.

La tortuga giró el rostro hacia dónde se hallaba y comenzó a avanzar hacia él; para Ace, en ese momento, Leonardo se le presentaba cómo un enorme y terrible monstruo sediento de sangre. No era ya aquel chiquillo extremadamente noble y tonto que iba por ahí salvando a sus enemigos de las trampas mortales de la arena, por el contrario...

Él mismo era una trampa mortal.

Aterrado, retrocedió un poco, sentado en el césped; luego sus ojos se abrieron como si algo le hubiera iluminado el cerebro. Hizo un ligero y rápido gesto de desagrado, pero igual palpó el bolsillo de su rompevientos y sacó una pildora.

-Y... ahí está, damas y caballeros... aquel regalo que puede dar un gran giro a la situación.- Decía Caesar, apareciendo en un pequeño recuadro en la esquina izquierda de la transmisión de la pelea.- Para los que no lo recuerden, les pondré al tanto; Durante la guerra, se crearon algunas pildoras potencializadoras para el uso de los mutos; estás pildoras incrementaban la fuerza y la fiereza de aquellos mutos que las ingirieran; por lo regular los mutos de grandes felinos solían usarlas y con ello lograban ganar ellos solos con ejércitos completos.

-Recuerden.- Intervinó ahora Claudius.- que dentro de la arena no hay reglas y que el uso de potencializadores está permitido si un patrocinador te lo facilita; es cómo si te enviarán un arma, lo cual también está permitido.

-Inicialmente, Ace parecía renuente a usar ese potencializador, pero por lo visto ahora sí lo está considerando.

-Bueno, yo también lo consideraría en esa situación, créeme.- Rió Claudius. El recuadro desapareció y la transmisión siguió su curso.

Ace se echó la pildora a la boca lo más rápido que pudo, quitándose del camino de un salto, pues Leonardo ya se acercaba a él.

De repente, el león comenzó a gritar mientras se encogía en su sitio, llevándose las manos a la cabeza; los músculos de sus brazos y piernas parecían expanderse y sus garras crecían aún más afiladas; los colmillos se destacaban al emitir este un rugido estremecedor que le hacía abrir sus fauces al máximo, y sus ojos parecían inyectados en sangre.

Con la mirada de un demonio, el león se giró para ver a Leonardo y luego se lanzó contra él; Leo dio un salto para quitarse de su camino, dando un giro en el aire y cayendo lejos de Ace; este lanzó otro rugido, le miró con orgullo y esbozó una sonrisa malvada.

-Ahora sí... ¿quién es la presa?- Murmuró con la voz más ronca de lo usual.

-Tú.- Replicó Leonardo sin perder la calma en lo absoluto.

El león se volvió a lanzar contra él, dando fuertes zarpazos, tratando de alcanzarlo, pero la tortuga esquivaba con gracia y agilidad cada intento de Ace, los cuales solo terminaban por destrozar los troncos de los árboles cercanos. Encolerizado, el león volvía a arremeter contra leonardo...

... este, con una sonrisa de lado, hizo un movimiento con la espada, cortando la garra de Ace de un tajo.

El león lanzó un terrible alarido al tiempo que se sujetaba el muñón sangrante con la mano que le quedaba; miró a Leonardo, aún más encolerizado, con los ojos desorbitados por la rabia y el dolor físico mezclados y la respiracion agitada por el esfuerzo y el efecto del potencializador. Corrió hacia la tortuga, dispuesto a destrozarlo entre sus fauces.

Pero Leo dio un salto a la vez que blandía la espada, cortando el pecho del león en diágonal al tiempo que caía al piso. Ace se quedó ahí, de pie, con los ojos muy abiertos; de su pecho había brotado una gran cantidad de sangre que incluso salpicó a la tortuga. El león cayó de espaldas, aquel tajo le había rebanado el corazón y se desangraba de manera profusa e incontrolable.

El cañón sonó, Ace estaba muerto.

Todos en la plazoleta estaban impactados; ahora nadie decía una sola palabra; ni vitores, ni cobro de apuestas, aquella acción de parte de la tortuga había sido tan impresionante que todos se hallaban demasiado pasmados como para hablar.

Leo se puso de pie; sacudió la espada y la guardó en su espalda. Ahora sólo faltaba una.

Le dio la espalda al cuerpo de Ace y comenzó a avanzar, preguntándose cómo haría para encontrar a Belle, ya que seguramente la muy cobarde estaría oculta en algún sitio lejano; tendría que darle cacería.

Seneca Crane miraba la acción de la arena en la pantalla, sin poder creer que aquel león no hubiera podido con aquella insignificante tortuga.

Ahora, si no habían logrado matarlo, y si Belle no lograba hacerlo (lo cual era más que obvio), sólo había una cosa por hacer.

Hacerlo uno de los suyos, que la tortuga fuera totalmente del Capitolio.

El aerodeslizador cruzó el cielo nocturno y llegó sobre Ace, levantando su cuerpo y alejándose en cuanto lo tuvo en su interior.

De pronto, el piso comenzó a temblar; Leonardo, alarmado empezó a correr y más cuando vio que del suelo emergían grandes columnas de roca afilada, como agujas enormes que aparecían en cada lugar que él pisaba.

Siguió corriendo, saltando cuando era necesario, esquivando aquellas agujas que deformaban el piso y parecían guiarlo hacia un lugar en específico.

Atravesando unos árboles, Leo se encontró con un enorme claro.

Y ahí, en medio de la oscuridad, la enorme cornucopia tejida en oro se erguía magnífica e imponente ante sus ojos. Aún había algunas mochilas en su interior y unas cuantas fuera de ella, eran los restos del campamento montado por los profesionales.

Leonardo escuchó otro ruido, sacó su arco, le montó una flecha y apuntó hacia la dirección de donde este provenía; no estaba seguro de si habría alguna trampa o aparecería alguna criatura, por lo que era preferible usar esa arma para un posible ataque a larga distancia.

FIrme, pero agitado, algo tenso, no dejaba de apuntar hacia esa dirección, en espera de lo que pudiera suceder.

El ruido continuó hasta que cesó de repente, de entre los arbustos apareció Belle, desaliñada, con las enormes protuberancias en distintas partes del cuerpo por los piquetes de rastrevíspula; corriendo, agitada y temblorosa; cayó a un metro frente a Leonardo, como si algo la hubiera lanzado ahí de repente.

Los ojos de la tortuga se abrieron desmesuradamente... ¡Ahí estaba!... ¡la maldita, la desgraciada asesina! ¡La culpable de la muerte de Usagi! Dio un paso y estiró bien la cuerda del arco.

Al escuchar el movimiento, Belle levantó la mirada y se encontró a Leonardo; la visión de la tortuga, con los ojos cubiertos por las gafas negras, bañado en sangre y apuntándole con el arco, la hicieron lanzar un lastimero gemido.

-Yo... yo no... yo sólo... yo...-

La chica balbuceaba, lloraba, se hallaba de rodillas ante Leonardo y le miraba con los ojos anegados en lágrimas y las manos temblando sin control alguno; parecía que su corazón se hallaba al límite y que su cuerpo no podría contener por mucho tiempo aquella agitación.

-Yo no quería esto... yo no quería venir... nadie quería venir y ahora están muertos... todos muertos, sí, todos... mueren, muertos, bien muertos...-

Leo bajó levemente el arco al escucharla, pero de inmediato lo volvió a apuntar hacia ella; la gata al ver el movimiento, gritó.

-¡No quiero morir! ¡Yo no quiero morir! ¡sólo déjenme... déjenme... no quiero...yo, no quería...!-

Leonardo abrió los ojos como si algo le hubiera golpeado en la cabeza; Belle seguía sollozando, llorando de manera convulsa.

-¡... hacer lo que hay qué hacer...! ¡Yo no quiero hacer lo que hay que hacer, ya no, ya no más, no quiero morir!-

Y entonces lo comprendió, Leonardo lo vio claramente en los ojos dementes de aquella pobre chica; la vio tal como era, tal como eran todos los tributos que habían estado en la arena.

Belle sólo era una niña, una niña llevada ahí en contra de su voluntad para hacer algo que no quería ni podía hacer, una niña que había vivido miles de horrores, que había sido orillada a la locura y que en su afán de supervivencia había hecho algo que no había sido su intención hacer.

Igual que los otros; Tyrene lo había dicho, la gente esperaba de ella que ganara a como diera lugar y por eso mataba; LIberia, Dominus, Ace, Sasha, Danae... todos habian sido criados para matar y salir vencedores y por eso lo hacían.

E incluso él, había tenido su momento de locura y había hecho algo que nunca había pretendido hacer.

Todos ellos eran niños orillados a la matanza, a la locura, a la muerte.

En todo Panem, la gente se hallaba en silencio, estática, pasmada ante los televisores; algunos lloraban sin poder contenerse; la pobre gata vuelta loca, la pobre tortuga orillada a realizar una crueldad.

-No va a matarla, ¿verdad?- Preguntaba un niño a su madre en la plazoleta dónde Rafael y Casey miraban todo sin perder detalle; la madre, incapaz de responderle a su hijo, sólo estrechó su mano entre las suyas.

Rafa, Donny y Mickey también se preguntaban lo mismo, sin saber si en realidad querían conocer aquella respuesta.

La gata aún balbuceaba y lloraba incoherencias; Leonardo bajó el arco.

-Esto está mal...- Murmuró con voz ahogada.

Rafael sonrió abiertamente. Ese ya sonaba como el Leonardo que conocía, el que era incapaz de hacerle daño a alguien desvalido, sin importar lo que aquello pudiera significar.

Donny, Mickey y las O'neil, también se sentían más aliviados, pues por un momento pensaron que Leonardo se había perdido a sí mismo para siempre.

Seneca Crane estaba furioso; no era aquello precisamente lo que buscaba y las cosas no podían quedarse así.

Bien, si el chico no ganaba bajo sus términos, entonces era preferible que ese año no hubiese vencedor.

Hizo una señal a otro de los vigilantes, este pulsó un botón.

Belle aún temblaba, llorando de manera desconsolada, con la cabeza hacia abajo y aferrada al césped bajo sus manos.

De pronto, la tierra comenzó a temblar. La gata levantó su desquiciada mirada hacia Leonardo, este buscaba la nueva trampa, para saber como actuar.

Bajo sus pies, el piso se abrió haciéndolos caer.

La tierra en el interior iba apartándose, creando un gran pozo oscuro y profundo que a Leo le recordó las minas y estuvo a punto de sumirlo en el terror.

Sin embargo trató de controlarse; se aferró a la pared de tierra, apoyándose en algunas salientes y buscó a la gata con la mirada; esta había caído en una pequeña formación de roca, aún más abajo que él, luchando por aferrarse a las piedras.

Leo pasó su brazo en el arco para colocarlo en su hombro, puso la flecha entre sus dientes y se quitó la mochila, sacando el rollo de cable-cuerda con desesperación; los torpes movimientos provocados por el miedo le hicieron perder la espada y la mochila con todo el resto de su contenido, el cual cayó al fondo del pozo.

Con una sola mano hizo en la flecha con el extremo de la cuerda, aquel fuerte nudo que aprendiera en el entrenamiento y con el que había atado las manos de Cinna; miró a la gata, que luchaba por escalar las paredes con desesperación, se quitó la flecha de la boca.

-¡Belle, sujeta la cuerda!- Le gritó, lanzándole la bobina de la misma, esperando que la sujetara; en cuanto la tuviera saldrían de ahí.

La gata seguía desesperada aferrándose a las rocas, Leo no sabía si había entendido lo que le había dicho y ni tuvo tiempo de averiguarlo.

Pues el fondo del pozo volvió a unirse con un terrible estruendo.

-¡Belle, toma la cuerda!-

Pero debido al ensordecedor estruendo, al violento movimiento de la tierra al volver a unirse de abajo hacia arriba, la gata resbaló, soltó las rocas y cayó al fondo.

-¡Belle!-

Y la tierra se unió aplastando y sepultando su cuerpo en sus entrañas. El cañón sonó.

Leo estaba azorado, pero tenía que reaccionar. Dio un tirón al cable y recuperó la bobina rápidamente.

La tierra seguía uniéndose, pronto lo haría en el área dónde él se hallaba. La tortuga dio un salto hacia la pared contraria y luego de vuelta a la de enfrente, de salto en salto salvaba algo de distancia.

Alcanzó a ver la cornucopia.

Tomó el arco, montó la flecha rápidamente y apuntó a uno de los huecos del fingido tejido de oro. Disparó.

La flecha voló, saliendo de la tierra, llegando a la cornucopia y, aunque parecía un tiro imposible, atravesó aquel agujero, llegó hasta la otra pared de la cornucopia, pero no pudo clavarse en ella, por lo que el impulso recibido al chocar la hizo volver y cómo Leo tenía tomada la cuerda-cable, el peso del chico la empezaba a jalar por el mismo camino que había recorrido.

Sin embargo, al llegar al agujero se atoró de manera horizontal.

Leo dio otro salto a la pared, impulsándose con todas sus fuerzas, tomado de la cuerda.

Y emergió de aquel pozo de golpe al tiempo que este se cerraba, sellándose la tierra por completo.

La gente de la plazoleta se hallaba muda por aquella impresionante demostración de fuerza, habilidad, puntería y sobre todo, de supervivencia.

Rafael tenía el corazón en la garganta, no podía decir nada, simplemente el ver a su hermano a salvo le parecía irreal y a la vez maravilloso. Casey, al ver al chico "volar" de aquella manera, saliendo del agujero, extendiendo su cuerpo de manera grácil y cayendo al piso de pie, sólo pudo murmurar una cosa.

-Un... sinsajo...-

Rafael, extrañado, se giró para verlo.

Leonardo se quitó las gafas y miró hacia el cielo, a dónde sabía que podía haber una cámara. Sus ojos reflejaban odio y desafío entre mezclados.

-¡Damas y caballeros! ¡El vencedor de los septuagésimo cuartos juegos del hambre! ¡Leonardo Hamato!- Exclamaba Claudius Templesmith, su voz resonaba en los altavoces de toda la arena.

De los mismos emergió un rugido ensordecedor; era la gente del Capitolio que vitoreaba a su nuevo campeón. El sol apareció en el cielo, la luz del día se hizo en la arena otra vez.

Leonardo, agitado, destrozado por dentro, temblando levemente, aún miraba hacia arriba, incapaz de hacer algo más.

Pronto un aerodeslizador llegó sobre él, una escalera metálica salió de la nave y llegó hasta el muchacho. Leo tardó un poco en reaccionar, pero al fin se acercó a ella y colocó una de sus manos y uno de sus pies en los escalones; una corriente eléctrica pasó por su cuerpo para evitar que cayera y la escalera volvió a subir a la nave.

El aerodeslizador se alejó de la arena a toda velocidad.