Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.


Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 13: Evento Familiar

—¿Estás nervioso? —preguntó Jasper riéndose.

Estaba arreglándome la corbata…, de nuevo. Estaba torcida y me irritaba. Odiaba las jodidas corbatas, pero la mirada del mal que Rosalie me lanzó cuando le dije que iba a usar una de broche me hizo cagarme del miedo. Al parecer, las corbatas de broche no eran aceptables en la renovación de votos de tus padres. ¿Quién lo diría?

—No, esto es lo que me encabrona —dije soltándola de nuevo—. ¿Crees que Rosalie se dará cuenta si me pongo una de broche?

—¿Tu hermana? Claro que sí se dará cuenta. Yo ni siquiera lo intentaría.

—Pues entonces ella tendrá que hacerle el nudo a la jodida corbata cuando lleguemos allá —dije rindiéndome.

Sí, estaba admitiendo la derrota contra una maldita corbata. Jasper se rió pasándome a Pequeña, que se negaba a que la soltaran. Estaba rezando porque dejara de actuar así pronto ya que, si interrumpía la ceremonia, yo sería hombre muerto gracias a mi hermana. Rosalie había planeado cada pequeño detalle junto con mamá, básicamente haciendo de esto su misión. Se volvió jodidamente loca cuando se casó y nunca pensé que podría empeorar, pero estaba jodidamente equivocado.

Cuando le dije que iba a llevar a alguien —jodiendo efectivamente el orden de los asientos—, creí que saltaría por el teléfono para estrangularme. Estaba encabronada, y luego me hizo enojar al sugerir que Bella era otra de mis "zorras". La mujer estaba loca de remate. Yo tenía que usar una corbata azul, y Sofía tenía que llevar un vestido azul porque, aparentemente, necesitaba ir a conjunto con mi hija. Nada de esto tenía ni un poco de jodido sentido para mí, y estaba malditamente feliz de que estuviera a punto de terminar. No me malinterpreten, estaba feliz por mis papás, pero mi hermana estaba haciendo de ésta la segunda peor ocasión de mi vida, después de su boda, claro.

—Me alegra tanto que lleves a Sofía —dijo Jasper—. Ocupará a mi madre y evitará que interrogue a Alice.

Rodé los ojos.

—No tienes permitido usar a mi hija para mantener ocupada a tu madre.

—Vamos, ella ama a los bebés. —Sonrió—. Ambos ganamos. Podrás descansar de Sofía y mi novia no romperá conmigo.

—¿Creí que tu mamá no era tan mala? —le pregunté cuando alguien tocó la puerta.

—Sí, mentí. Estoy jodidamente preocupado —se rió mientras yo abría la puerta.

Me quedé boquiabierto cuando mis ojos cayeron sobre Bella, que estaba ahí de pie con una sonrisa. Apenas me percaté de Alice parada junto a ella. Su cabello estaba suelto y rizado, y llevaba un vestido azul que… Solo diré que estaba hecho a la jodida medida. El hecho de que fuera azul me hacía querer reír. ¿Rosalie la había contactado? De verdad, se veía hermosa. Se sonrojó con mi mirada y se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.

—Te ves…, hermosa —dije sonriendo.

—Gracias, Edward —dijo—. Tú también. ¡Y Sofía se ve tan bonita! ¿Puedo cargarla?

—Sí, por favor, tómala —dije, pasándole a Pequeña—. Ha estado pegajosa hoy.

—¡Oh, Bella! —dijo Alice—. Dijiste que Sofía era bonita, pero esta cosita es preciosa.

—Se parece a su padre —dije sonriendo.

—Oh, sí, Edward, tú también eres precioso —se rió.

Mientras ellas dos se encargaban de Sofía, terminé de meter las cosas a su pañalera para poder irnos. Llevaba cosas extra de todo, solo por si acaso. Estaba preparado para cualquier cosa que Pequeña me lanzara, incluso metí una camisa para mí en caso de que las cosas se pusieran sucias. ¿Más que preparado? No existía tal cosa tratándose de la bebé.

—¿No vas a usar corbata? —preguntó Bella cuando me puse la pañalera sobre el hombro.

Jasper se rió.

—No pudo hacerle el nudo.

Entrecerré mis ojos en su dirección al tiempo que Bella preguntaba:

—¿Quieres que la yo le haga el nudo?

—Si no es molestia —dije, alejando mi mirada de Jasper y sonriéndole.

Agarré la corbata de la pañalera y se la di a Bella, que comentó que el color combinaba con el vestido de Pequeña. Sus manos trabajaron rápidamente para hacer el nudo perfecto mientras yo miraba su cara. Se mordió el labio al concentrarse en hacerlo bien. Cuando terminó puso su mano sobre mi pecho y levantó la vista, sonriéndome. Sus ojos se veían diferentes, más brillantes creo; de verdad hermosos.

—Perfecto —dijo, dejando que sus dedos me acariciaran mientras sus manos se resbalaban. Su toque era agradable—. ¿Estás listo para irnos?

—Sí —dije, echándome la pañalera al hombro—. Solo tengo que subir las cosas de Pequeña a la cajuela del carro.


Cuando llegamos a casa de mis padres subí las escaleras dirigiéndome a la habitación de mamá con Pequeña en brazos. Estaba pegada a mí. Iba a dejarla abajo con Bella, que iba a adelantarse e ir a sentarse, pero empezó a llorar. Nunca lloraba con Bella, así que no sabía qué demonios le pasaba. ¿Quizás era toda la gente? El patio trasero ya estaba atestado, y Pequeña nunca antes había estado alrededor de tanta gente.

—Oh, qué bien, ya estás aquí —dijo Rosalie cuando nos encontramos en el pasillo—. Mamá quiere pedirte algo.

—¿Qué? —pregunté.

Sonrió y abrió la puerta, haciéndome una seña para que entrara.

—En realidad es algo muy dulce —dijo—. ¿Quieres que me lleve a Sofía?

Sacudí la cabeza.

—No quiere que la deje con nadie.

—Pues es mejor que se haga a la idea de despegarse de ti por un rato.

Nosotros entramos y Rosalie siguió por el pasillo para bajar las escaleras. Encontré a mamá de pie junto al espejo, asegurándose de que su vestido se viera bien.

—Entonces, ¿te casarás con él? —bromeé—. ¿Estás segura?

—Considerando el hecho de que he estado casada con él cuarenta años, sí, estoy segura —se rió suavemente—. ¡Aww, se ven adorables!

Besé su mejilla antes de sentarme en la cama.

—Rosalie me ayudó. Y tú te ves hermosa, mamá.

Sonrió y estiró las manos hacia Sofía.

—Gracias, cariño. ¿Y cómo está hoy mi nieta?

Le pasé a Pequeña y esperé a que el llanto empezara. Asombrosamente no lloró.

—La verdad algo renegona.

—Solo está confundida, es todo. —La besó suavemente antes de regresármela—. El moño se ve precioso.

—¿Está derecho? Me causó problemas cuando se lo estaba poniendo.

Eso era una…, subestimación. En cierto punto jalé accidentalmente su cabello, haciéndola llorar. Bueno, más bien gritar. Aunque no planeaba contarle eso a mamá.

—Está perfectamente torcido como solo un papá sabe hacerlo —se rió—. Entonces… ¿Bella está aquí?

Asentí.

—Sí. Ya está afuera con Jasper y su novia, Alice.

—Tu papá me contó todo lo que dijiste sobre ella. —Sonrió—. Preséntamela lo más pronto posible, ¿de acuerdo? Quiero conocer a la chica a la que consideras tu amiga.

—La forma en que papá y tú muestran estar orgullosos de mí me hace pensar que deberían regalarme un pastel —me reí.

—Puedes tomar un poco del mío. —Sonrió—. Incluso te dejaré llevarte un poco a casa.

Bufé.

—No planeaba pedirlo. ¿Y qué era lo que me querías preguntar?

—Pues, como tú sabes, papá y yo no tuvimos una gran boda la primera vez.

Asentí—. Fue en el despacho del juez para ustedes ya que el abuelo no estaba de acuerdo.

—Solo teníamos dieciocho años, pero sí —dijo. —Ya que no tuve esa primera vez, ¿me preguntaba si mi hijo favorito querría llevarme al altar?

Sonreí.

—¿De verdad creías que me negaría?

Sacudió la cabeza.

—No, pero supuse que debería preguntar.

—Sí, mamá, te llevaré al altar.

Sonrió y se inclinó para abrazarme.

—Gracias, cariño.

—Bien, iré a intentar dejar a Sofía con Bella. Nos vemos abajo.

Bajé las escaleras con Pequeña, saliendo hacia el patio donde se llevaría a cabo la ceremonia. Encontré a Bella en la primera fila; Rosalie debió llevarla ahí.

—Hey —dije, llamando su atención.

Levantó la vista y sonrió.

—¿Ya va a empezar?

Asentí.

—Sí, y yo llevaré a mi madre al altar, así que tendré que dejar a Sofía contigo, ¿está bien?

—Sí —dijo, estirando los brazos.

Le pasé a la pequeña.

—Si comienza a irritarse, ¿podrías llevarla adentro?

Asintió.

—Por supuesto.

—Gracias, Bella. Esperemos que no suceda, pero ya la has visto hoy. Mamá piensa que está confundida.

—Estoy segura que sí —dijo besando la cabeza de Pequeña—. Es una experiencia nueva y quizás aterradora. Ella sabe que papi la protegerá.

Sonreí y pasé los dedos sobre la mejilla de Sofía.

—Claro que sí, pero Bella te mantendrá a salvo de la gente aterradora, Pequeña —me reí entre dientes—. Me sentaré luego de entregar a mamá.

Sonrió.

—Es muy dulce de tu parte el hacerlo.

Me encogí de hombros.

—Puedo ser un chico dulce.

—Y tampoco te ves muy mal en traje de vestir.

Sonreí presumidamente.

—Pues gracias, Bella. Y ya te dije que tú te ves hermosa, ¿verdad?

Sus mejillas se encendieron de nuevo para mí.

—Sí, Edward.

—Qué bien, porque es verdad.


—Él ronca —dije, poniendo el brazo de mamá sobre el mío.

—¿De verdad intentas convencerme de no casarme de nuevo con tu padre? —se rió.

—Solo bromeo.

—Bien —dijo Rosalie—. Papá ya está ahí y todo está listo. Cuando la música empiece, comiencen a caminar.

—Deberíamos pavonearnos por el pasillo, solo para ponerla nerviosa —bromeó mamá.

Rosalie rodó los ojos.

—He pasado dos meses planeado esta cosa. Pavonéate y nunca te volveré a hablar.

—Tranquila, Rosalie —dije—. No es tu boda. Ni siquiera es una boda.

—Solo…, caminen, ¿sí? Voy a sentarme.

—Gracias, corazón, por todo lo que has hecho —dijo mamá.

Ella sonrió.

—De nada. Me divertí.

Cuando la música comenzó, mamá y yo empezamos a caminar. Cuando pudimos ver a través del pasillo levanté la vista y miré a mamá sonreír con la vista pegada a papá, que también tenía sus ojos pegados en ella. Era lindo que siguieran tan felices luego de cuarenta años de matrimonio. Lo hicieron bien, y a edad temprana. Cuando llegamos con papá, besé la mejilla de mamá y la solté.

—Gracias hijo —dijo papá sonriendo.

—De nada.

Regresé a la primera fila y me senté junto a Bella, tomando a Pequeña y abrazándola en mis brazos. Sorprendentemente se veía cansada. Sus ojos se cerraron cuando se acurrucó en mi pecho.

—Hora de la siesta —le susurré a Bella.

Ella me miró y sonrió.

—Eso es bueno.

Mecí a Sofía mientras mamá y papá decían sus votos, volviendo a contar sobre su amor y felicidad. Noté que Bella tenía una sonrisa constante en el rostro mientras escuchaba. Incluso se rió con todos sobre algunas de las cosas ridículas que mis padres se decían. Se veía realmente hermosa cuando se reía así; cuando sonreía así.

Cuando la ceremonia se terminó y todos empezaron a dirigirse hacia la recepción, llevé a mi hija durmiente adentro y la acosté en una de las habitaciones extras donde había instalado su cuna portable. Puse el monitor junto a ella y cargué el otro en mi bolsillo, para poder escucharla cuando se despertara. Probablemente tendría hambre o necesitaría un cambio de pañal en una hora, así que sabía que no tenía mucho tiempo.

—Luego vuelvo, Pequeña —dije, inclinándome para besar su frente—. Te amo.


—La cena estuvo deliciosa —dijo Bella. Estábamos de pie a un lado de la pista viendo a mamá y papá en su primer baile.

—Sí —dije sonriendo—. Es una pena que tengamos que esperar por el pastel.

Se rió suavemente y sacudió la cabeza.

—¿Sofía se terminó su biberón?

—Síp, y ahora la señora Whitlock está divirtiéndose con ella.

Miramos hacia una de las mesas donde actualmente se encontraba la mamá de Jasper besando la mejilla de Pequeña. Se había despertado llorando justo cuando yo terminaba de cenar, así que tuve que bajarla conmigo. Afortunadamente la señora Whitlock estaba encantada con ella, y se ofreció a cuidarla por mí. Jasper solo juntó las manos y pretendió hacerme una reverencia, básicamente me agradecía por mantenerla ocupada. Hasta ahora ella parecía adorar a Alice, pero él no quería tentar a la suerte dejando que toda la atención de la señora Whitlock estuviera en ella. Bueno, ahora la mujer estaba completamente distraída con Sofía, así que él estaba a salvo por un rato.

—No puedes dejar que las mujeres sigan cargando a tu hija, sino se enamorarán de ella y te quedarás sin niña —dijo Bella—. Es bastante imposible no quererla, especialmente luego de besar esas mejillas regordetas.

Me reí entre dientes.

—Esa mujer sí es capaz robarme de verdad a mi hija, así que hay que mantener un ojo en ella.

—Mis ojos están pegados —dijo—. Bueno, a medias. Justo ahora estoy viendo a tus padres. Están muy enamorados, ¿verdad?

—Sí, siempre se han visto así.

—Cuarenta años es un tiempo muy largo. Es,… conmovedor verlo. —Sonrió—. Te hace creer en almas gemelas.

Alcé la ceja con una sonrisita.

—Dime, Bella Swan, eres una romántica empedernida, ¿verdad?

Se encogió de hombros.

—En realidad no.

—Supongo que debí saberlo con tu selección de libros.

—Quizás solo tengo un gusto por los clásicos.

—No vi a ningún Homero en tu repisa. —Sonreí.

Rodó los ojos.

—Quizás no buscaste bien. No es como si te hubiera dejado entrar a mi habitación, después de todo.

—Encontraría Romeo y Julieta ahí, ¿cierto? —bromeé. Una vez más sus mejillas se pintaron de rojo—. Lo sabía. Eres una romántica empedernida de cabo a rabo, ¿huh? No te juzgo.

—Bien —suspiró— Soy una romántica empedernida…, a veces.

—¿Es por eso que estás soltera? ¿No puedes encontrar a tu Romeo?

Levantó la vista y alzó una ceja.

—¿Qué? Quizás no…, lo estoy buscando.

Sonreí.

—Todas las mujeres buscan eso. Yo solía ser el hombre que las mantenía ocupadas mientras esperaban.

—¿Entonces estás diciendo que no eres el Romeo de nadie?

Me reí.

—No creo poder encajar en esa categoría.

Sonrió.

—Dos meses atrás hubiera estado de acuerdo contigo.

—¿Y ahora? —pregunté, fue entonces cuando me dio un codazo en el costado—. Ow.

—Tus padres vienen para acá.

Mi mamá se acercó con una sonrisa jalando a mi padre tras de ella. Al instante abrió los brazos y abrazó a Bella, que abrió los ojos como platos por la sorpresa.

—Gracias por venir —dijo mamá soltándola—. Es un placer conocerte, Bella.

—Es un placer conocerla a usted, señora Cullen —dijo Bella—. Gracias por recibirme. Fue una ceremonia hermosa.

—Tendrás que asegurarte de decirle eso a Rosalie —se rió—. Y dime Esme, por favor.

—Gracias por venir, Bella —dijo papá, ofreciéndole su mano—. Y antes de que lo intentes, me llamo Carlisle.

—Claro —asintió.

—Felicidades —dije—. Estuvo lindo.

—Gracias hijo —dijo papá—. ¿Dónde está Sofía?

Señalé a la señora Whitlock.

—Si quieres cargar a Sofía, tendrás que arrancarla de los brazos de la señora Whitlock —me reí.

Mamá sonrió.

—Puedo con ella.

—Tranquila, tigresa —papá rió—. ¿Se están divirtiendo ustedes dos?

—Sí, la cena estuvo genial —dije—. Bella estaba a punto de llorar al verlos bailar.

Bella se sonrojó de nuevo mientras evitaba la mirada de mi padre.

—No, no es cierto. Solo decía que ustedes se veían muy enamorados.

Papá sonrió y acercó a mamá.

—Es porque lo estamos.

—Pues yo iré a intentar recuperar a mi nieta —dijo mamá—. Ustedes vayan a bailar.

—¿Te opones a bailar conmigo, Bella? —pregunté.

Sacudió la cabeza.

—No, pero no me hago responsable si te piso.

—Estoy seguro de que estaré bien. —Le guiñé un ojo y tomé su mano para llevarla a la pista de baile.

Deposité mi mano izquierda en su espalda baja, manteniéndola en un lugar respetable, aunque parte que mí quería bajar un poquito más. Su mano se apretó en mi mano derecha cuando empecé a mecernos al ritmo de la música. ¿Ya mencioné lo jodidamente hermosa que se veía esta noche? Era difícil evitar que mi mente divagara. Comenzaba imaginando lo que estaría usando debajo del vestido, ya que..., ya sabes, soy un hombre. Quería apostar que, a pesar de que se ve como una chica buena, tenía una traviesa en ella. Quizás estaba usando tanga…, o nada en absoluto. De repente mi polla comenzó a regresar a la vida, y tuve que detener mis pensamientos.

—Así que, ¿ya se terminó el año escolar? —pregunté, intentando pensar en algo que sacara a mi mente fuera de ese puto canal.

Asintió recargando la cabeza en mi pecho.

—Síp. Sobreviví a mi primer año como maestra.

—¿Qué te parece? Técnicamente también sobreviví a mi primer año como cirujano adjunto —me reí—. Deberíamos celebrar.

—Estaba planeando en celebrar con helado de galleta y un maratón de películas. Al menos hasta que me invitaste aquí.

—Hmm, quedarte en casa sola con un bote de helado o bailar conmigo… Estoy feliz de que me hayas elegido.

—Yo también estoy bastante feliz de haberte elegido.

Sonreí para mí cuando la música cambió por algo más, aunque seguía siendo lento, así que seguí moviéndome al mismo ritmo. En realidad estaba jodidamente agradecido de que mi hermana haya elegido la música. A ella le gustaba este tipo de mierdas. Esta lenta…, mierda romántica.

—Eres un buen bailarín —dijo Bella, levantando la vista al mismo tiempo que yo la veía.

Sonreí.

—Mamá me hizo tomar clases para baile de salón cuando era niño —dije—. ¿Quieres que te incline hacia atrás?

Se rió suavemente.

—Creo que así estoy bien. Entonces, ¿clases de baile? La verdad no pensé que fueras de ese tipo.

—Tengo algunas sorpresas ocultas. Sorpréndeme con algo sobre ti.

—Me gusta pescar.

Alcé la ceja.

—¿Pescar?

Asintió.

—Era algo que mi papá y yo hacíamos juntos. En realidad todavía lo hacemos. Somos…, personas calladas. Es agradable sentarte a pensar en un bote. Pocas veces atrapo algo, pero cuando lo hago, mi papá demuestra estar tan orgulloso. Honestamente solo me gusta atrapar algo para ver esa mirada.

—Pues definitivamente me sorprendiste. —Sonreí—. Entonces, a Bella Swan le gusta pescar, novelas románticas, cocinar, los niños y dar clases a dichos niños. ¿Qué más?

—No, ahora es tu turno. Dime algo más que me sorprenda.

—Tocaba el piano cuando era joven.

—¿Eras bueno?

—Mi mamá piensa que sí —me reí—. Cree que debería seguir tocando.

—¿Cuánto tiempo duraste tocándolo?

—Comencé a tomar lecciones a los seis años. En realidad era un niño muy bien portado, no puedes culpar a mis padres por cómo terminé siendo.

Se rió.

—No planeaba hacerlo. Pero de verdad, no eres tan malo. Si lo fueras, ni siquiera un bebé me haría disfrutar de tu compañía.

—Es bueno saber que te gusto por más que solo mi bebé —me reí entre dientes—. Es tu turno de nuevo.

—Tengo un cactus, para recordar a mi madre.

—¿La recuerdas?

Recargó la cabeza en mi pecho.

—En realidad no, pero mantengo el cactus porque nos llevó a Arizona luego de dejar Forks. Mi papá dice que le gustaba el sol y el calor. Siempre hablaba de cómo un día dejaría Forks e iría a un lugar así, por eso él no se sorprendió cuando lo hizo.

—¿Estaban…, juntos?

—Sí, eran enamorados de preparatoria.

—¿Y ella lo dejó sin más? —pregunté—. Lo siento, sé que es un tema sensible.

Sacudió la cabeza.

—Está bien. Te lo diré cuando ya no quiera hablar más de esto. Y sí, solo se fue. Tenía un espíritu libre y quería irse de Forks. Él sabía que no estaba bien detenerla, así que no lo hizo.

—¿Y ella nunca le contó sobre ti? Quiero decir, en lo personal, desearía que Kate me hubiera dicho que estaba embarazada. Quizás así no habría estado tan cegado. Joder, en realidad no tengo ni idea de qué hubiera hecho.

—No sé por qué mi mamá no le dijo nada a mi padre, pero él deseaba que se lo hubiera dicho. Él dijo que hubiera dejado Forks por ella…, por nosotros.

La música había cambiado de nuevo, pero Bella y yo seguimos bailando del mismo modo. Ella estaba hablando conmigo, dejándome conocerla, así que no iba a cambiar nada. Eventualmente ella regresó la conversación a mí, preguntándome cuándo había sido la última vez que había tocado el piano. Joder, ni siquiera podría recordar.

—¿Hay un piano aquí? —preguntó.

—Sí, ¿por qué?

Se alejó, manteniendo mi mano en la suya.

—Quiero escucharte.

Me reí.

—¿En serio?

Sonrió asintiendo.

—Sí. Tócame una canción, chico del piano.

Miré a papá bailando con Sofía y a mamá mirándolos con una sonrisa. Supuse que tendríamos un rato libre, así que la llevé por la casa hacia el viejo piano.

Saqué la banca para ella y dije:

—Siéntate, aunque no puedo prometer que esto sonara bien.

Caminó alrededor y se sentó en una orilla. Yo me senté en medio.

—No te juzgaré —dijo.

Me troné los dedos y presioné unas teclas, empezando con lo fácil, en realidad haciéndola reír.

—Incluso yo puedo tocar Mary tenía un corderito —dijo—. Impresióname.

Sonreí.

—De acuerdo. Creo recordar una canción que escribí para mi mamá. Intentaremos con esa.

—¿Le escribiste una canción a tu mamá? —Sonrió—. Qué dulce.

Me encogí de hombros.

—Me han acusado de ser un niño de mami —me reí.

Comencé a tocar, jodiéndola en gran medida. Me salté algunas teclas, olvidé algunas otras, pero seguí tocando. Para cuando terminé no estaba ni cerca de ser perfecto, pero miré a Bella sonriendo con la vista en mis manos. Comencé de nuevo, haciéndolo un poco mejor. Ella quería verme tocar, así que supuse que debería seguir tocando unos minutos más. Seguí mirándola, equivocándome en la canción, pero valía la pena por verla.

—Entonces…, como puedes ver, ha pasado el tiempo —dije.

—Estuvo bien —dijo encontrando mi mirada—. Me gustó.

Sonreí.

—Me alegra.

Bajó la vista de nuevo a mis manos sobre las teclas, mordiéndose el labio, esa jodida mordidita que yo estaba comenzando a amar. Su mano se posó sobre la mía, presionando una tecla. Se acercó, poniendo su otra mano entre las mías y presionó unas teclas más. Aunque mantuve mis ojos en ella, sin importarme ni una mierda lo que estaba haciendo.

Sin pensarlo ni un segundo más, bajé la cabeza, presionando sus labios con los míos. Sentí que se tensaba por un momento, pero pronto sus labios comenzaron a moverse con los míos. Joder, no me alejó ni me golpeó, lo cual pudo haber sido el resultado de esto. En lugar de eso levantó la mano y la puso en un costado de mi cabeza, volteando un poco su cuerpo. Eventualmente ella rompió el beso. La miré y noté que tenía los ojos cerrados y que jadeaba suavemente. Su mano seguía en mi cara, y yo moví la mía hacia su rostro, alejando un mechón de cabello de sus ojos.

—Yo…, um —susurró—. Eso fue…

Presioné mis labios de nuevo contra los suyos, deteniéndola de decir algo. Nuestras lenguas se encontraron en esta ocasión. Ella estaba…, poniéndose agresiva. Movió la mano a mi cuello y me acercó más. Escuché un silencioso gemido de su parte cuando acaricié detrás de su oreja con el pulgar. Nos separamos de nuevo y su mirada encontró la mía. Tenía la boca abierta, pero no salió sonido alguno.

—No me voy a disculpar —susurré.

Sus labios se curvaron en una sonrisa.

—No iba a pedirte que lo hicieras. De hecho, iba a decir que…, fue lindo.

—¿Edward? —me llamó mamá—. ¿Estás aquí? Sofía necesita... —Se congeló cuando vio la posición en que estábamos—. ¡Oh! Lo siento mucho. Yo…, me iré.

Sonrió antes de darse la vuelta, saliendo de la habitación tan rápido como había entrado.

—Yo…, uh, creo que Sofía necesita un cambió de pañal —dijo Bella.

—Eso creo yo también. ¿Necesitamos…, hablar de esto?

—Más tarde.

Asentí.

—Bien, más tarde entonces. Nos vemos afuera, ¿sí?

—Sí, por supuesto.

Sonreí.

—Gracias por no abofetearme.

Se rió suavemente.

—De nada.


Dios, creo que Esme no llegó en buen momento…

Por las que tienen duda: no me manejo con días de actualización, subo capítulo cuando lo tengo, y este fic tiene 37 capítulos así que todavía nos faltan 24.

También me preguntan que en inglés cómo le dice Edward a Sofía, la traducción de "Pequeña" sería "Little One"

¡Gracias a todas por comentar! :D

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