22 días para mi cumpleaños (aunque ya fue)
Día 13: HannibalLock
No podía respirar. Era definitivo, sentía una falta de oxígeno y sus neuronas debían estar muriendo, era la única explicación. Elevada concentración de CO2 en la sangre, seguro un envenenamiento, podría tal vez rastrear la fuente. Alguna fuga, algo que pudiera ubicarse con facilidad si hacia una pequeña investigación. Curiosa coincidencia que los síntomas iniciaban cuando se paraba fuera del 221-B de la calle Baker y empeoraban cuando acercaba su mano a la manija. Pero lo peor, es que se volvían intolerables cuando subía los escalones hasta la sala y de verdad que no podía ni siquiera mantenerse coherente cuando veía a sus padres, sentados, en su silla y su sillón, como desde hace años.
-¡Hamish! –la voz de su papá lo recibía y todo parecía normal, pero su cerebro estaba bloqueado, no podía pensar, todo estaba en blanco y un terrible pánico lo dominaba porque sabía que en el segundo en que su padre volteara y lo mirara entonces todo estaría expuesto y…. ahora comprendía la necesidad de la muerte neuronal, porque no podía permitir que lo dedujera antes de hablar de verdad con ellos.
-Papá –dijo y abrazó con fuerza al hombre más pequeño que él, ahora tenía el cabello blanco y las arrugas de su rostro lo hacían ver más viejo de que de verdad era y sin embargo, cada que miraba esa sonrisa, o esas bolsas en sus párpados inferiores, veía los años de cuidado y amor que le había brindado. Demonios, de verdad odiaba deducir, pero el ligero temblor en la mano izquierda de su papá le decía que no se había tomado su medicina y las arrugas en los pantalones, junto con la pequeña quemadura en la tela, que de nuevo había querido planchar cuando no lo tenía permitido. Su papá tenía sesenta y ocho años y estaba esperando una cirugía de cataratas que se llevaría a cabo en tres meses.
-Hamish –dijo su padre levantándose del sillón, dejando el periódico de lado. El pánico regresaba a su cuerpo. Era maravilloso como su padre conservaba muchas cualidades de su juventud, tenía sesenta y seis años pero seguía siendo extraordinariamente ágil y flexible, podía correr mucho mejor que los jóvenes y a pesar de las arrugas y los mechones blancos de su cabello, era difícil verlo como alguien mayor. Para su inmensa fortuna, no tenía ninguna enfermedad y su mente era tan incisiva como siempre, nada parecía interponerse entre él y lo que quería y sabía que Hamish había intentado irlos a ver en dos ocasiones previas y no había siquiera llegado a la puerta de la calle, en otra ocasión entró y de inmediato salió corriendo, dejando a su papá con la duda de si había entrado alguien o no. Y una última vez llegó, se sentó con ellos a la mesa y luego fingió dolor de estómago y se fue.
-Padre –dijo y de inmediato bloqueó todo lo demás. Había vestido con ropa del fondo de su clóset, unos jeans que llevaba sin usar como un año y una camisa de manga corta de color azul que le quedaba un poco grande, los tenis eran nuevos, los había comprado un día antes, no se peinó después de bañarse, había usado el shampoo y el gel de baño que había usado toda la vida, la barba de dos días era algo usual en él y los lentes de montura azul habían sido un regalo de su papá. No había nada fuera de lo normal. Había tomado la precaución de dormir esa noche en su casa, en su cama, solo. Había cambiado las sábanas antes de acostarse para que no conservaran ningún olor y su almohada la guardaba cuando tenía compañía para que no se impregnara de nada que pudiera detectar.
¿Pero por qué tenía tanto cuidado?
-¿Cómo te tratan la residencia? –preguntó con una sonrisa su papá. John Hamish Watson, ex soldado, médico retirado, pasaban varias semanas al año en el departamento de la calle Baker porque él extrañaba Londres pero veía que cada vez le hacía menos bien el estar en la ciudad. Lo debía convencer que después de la cirugía se quedaran establecidos en Sussex, Rye era un pueblecillo no demasiado lejos de la costa donde podría descansar y… -Hamish, ¿cómo te tratan en la residencia?
Demonios, estaba divagando.
-Bien, todo bien –respondió algo forzado, lo cual le ganó una mirada interrogante por parte de su padre. Sherlock Holmes, detective retirado, había tomado su último caso diez años antes, cuando la visión de su papá comenzaba a ser lo suficientemente borrosa como para que no lo pudiera acompañar a ninguna escena del crimen y además, estaba el hecho del Parkinson de John, que hasta ahora estaba controlado con medicamento. Pero retirarse de los crímenes de Scotland Yard era una cosa, retirarse del hecho de exponer la vida de sus familiares y conocidos, era otra. Hamish sabía lo que estaba viendo su padre. Ojeras, la residencia le estaba causando un estrés tremendo, eso también se notaría en muchas otras cosas, como su ropa usual, plagada de arrugas, sus batas con manchas, sus libros subrayados obsesivamente; pero lo que ahora veía su padre era sus uñas. Demonios, debía dejar de morderlas.
-¿Cómo está Nadia? –preguntó su papá. Como estaba volteado concentrado en la tetera no notó la mirada de terror que tuvo que ocultar en menos de tres segundos. Nadia, no podía creer que olvidara decirles a sus padres que rompió con ella seis meses atrás. Seis meses. A penas había comenzado la residencia y ella estaba ahora trabajando en una clínica de medicina familiar, casi no se veían y él pensó que sería lo mejor. Ella comenzaba a decir cosas raras, como que irse a vivir juntos podría ser buena idea o que una familia antes de los treinta era lo de hoy. ¿Hijos? Ay no, no quería ni imaginarlo, otro niño con los genes Holmes, seguramente le auguraba mucha felicidad decodificando el mundo y a los demás y siendo incapaz de pasar por alto hasta las cosas más inservibles. El problema de Hamish había sido que si bien su padre podía borrar lo insignificante, él le daba una carga emocional a todos los datos recolectados, su mente se llenaba de ruido y había tenido crisis de migraña desde los cinco años.
-John, nuestro hijo no ve a Nadia desde hace seis meses, ¿por qué le preguntas por ella? –dijo su padre. Siempre tan listo, era obvio que nunca le gustó Nadia, cuando se la presentó le dedicó cuatro palabras "ahí está la salida". Se hizo un drama monumental pero Hamish entendía, sabía que Nadia lo quería para casarse bien. Cada que él decía su apellido Watson-Holmes, todo mundo lo relacionaba inmediatamente con el detective y su blogger, le preguntaban toda clase de información que él nunca gustaba de compartir. Así que a ella le llamó la atención la fama, era obvio, y creía que podía amarrarlo lo más pronto posible. Aunque pasaron dos años y ella se desesperaba cada vez más y él quería huir. Así que su padre tenía razón, no valía la pena.
-¿De verdad? Es una chica maravillosa Hamish –dijo su papá casi en un susurro mientras su padre negaba con la cabeza en un gesto cómplice con su hijo.- ¿Ves a alguien más?
La pregunta temida.
Las veces que había salido corriendo para evitar ver a sus padres había sido por eso. Porque de hecho si veía a alguien más, era una relación de… seis meses, fue la primera persona que conoció al entrar a la residencia. Estaba en el Bethlem, una institución de la psiquiatría y había entrado porque era muy bueno, no porque fuera William Hamish Watson-Holmes y tuviera entre sus cartas de referencia al gobierno británico, su tío Mycroft (quien por cierto debería jubilarse un día de estos). Al pisar el hospital, le dio un ataque de pánico. Veía todo de todos, era horrible, su padre había tratado de enseñarle a bloquear el flujo de información pero a veces le era imposible, sobre todo cuando llegaba a un lugar nuevo. Por eso corrió al baño y se quedó viendo su reflejo en el espejo durante unos buenos diez minutos, por fortuna había llegado temprano por lo que no tuvo problema. Abrió la puerta y como llevaba la mirada baja, chocó de frente con una persona, lo único que pudo ver fue que llevaba bata blanca igual que él.
-Hamish –dijo su papá. Sabía que la mente de su hijo divagaba, por eso había considerado extraño la elección de su residencia, psiquiatría, pero siempre lo apoyaría, hiciera lo que hiciera.
-Ah sí… -dudó un poco en como continuar. Tenía que decirles, aunque se le hacía todo muy surreal a él. Se suponía que le gustaban las mujeres, había tenido más novias de las que podía recordar y su relación más larga había sido Nadia. Algunas no estaba seguro de que hubieran sido novias formales o amigas muy cariñosas, de verdad los genes de su padre le habían ganado multitud de admiradoras y su aire de nerd perdido en sus pensamientos hacían que lo consideraran tierno y adorable. Pero fue cosa de levantar la mirada y encontrarse con qué no podía dejar de ver el rostro del hombre frente a él. Alguna vez le preguntó a su papá cómo fue esa primera vez cuando conoció a su padre y lo que le explicó, de una conexión instantánea, de sentir que confiaba en él por el mero hecho de hacerlo y que lo seguiría hasta el fin de la tierra si se lo pidiera, sólo lo había sentido en ese momento, con ese médico con el que había chocado afuera del baño.
-Hamish –ahora fue turno de su padre. Bueno eso era cosa de toda la vida, siempre habían tenido que regresarlo a la realidad porque el mundo en su mente le proveía de imágenes, recuerdos, sonidos y podía desconectarse por días. De pequeño, un día su papá tuvo que ir a cuidar a su tía Harry después de una cirugía y los dejó solos por tres días. Su padre experimentó con el tiempo que podía dejarlo desconectado sin que necesitara otra cosa, tenía cuatro años y sólo tuvo que moverlo para orinar y proveerlo de agua para que no se deshidratara. Cuando su papá llegó montó en cólera y casi fue una causal de divorcio.
-Bueno, pues, justamente es el motivo de mi visita, quería invitarlos a cenar para que conocieran a la persona con la que he estado saliendo –dijo aunque le costó mucho trabajo. Cuando terminó de hablar tenía los ojos azules y llenos de felicidad de su papá encima y los ojos azul-gris-verde-dorado de su padre interrogándolo. Y sabía lo que pasaba por la mente de ambos. John Watson, a pesar de su obvia realidad, esperaba una mujer, una linda enfermera (tan clásico en él) que en un futuro le proporcionara un adorable nietecito para que pudiera llevarlo a pasear entre las colmenas de la casa de Sussex. Aunque claro eso era culpa de Hamish que había salido con mujeres toda la vida porque pensaba que era lo que debía hacer hasta ese día afuera del baño. Por el otro lado, su padre, Sherlock Holmes estaba empezando a comprender que tanta dificultad para anunciar algo tan "normal" tenía un trasfondo más complejo. En el pasado, había llegado con una novia por semana. "Hola papás, ella es… Carla, Sharon, Mikaela, Adrianne, Lisa, Sheila, Gwen, Rose", y el más largo etcétera que alguien podría imaginar para un hombre de 25 años que tuvo su primera "novia" a los 5 años en el kínder.
-Es algo formal ¿verdad? ¿Va en serio con ella? –preguntó su papá mientras tomaba asiento en la silla al lado de su padre, con gran cariño tomó la mano de él y entrelazó sus dedos.
-¿Ella John? ¿Por qué crees que es una ella? –dijo su padre dando en el clavo. Ambos lo miraron esperando una respuesta y pues tenía que darles una respuesta.
-Padre tiene razón, de hecho es psiquiatra en el Behtlem conmigo, es mi médico adscrito, de hecho es jefe de servicio y… -había dicho todo lo anterior en su típica verborrea, cuando algo lo estresaba demasiado hablaba casi escupiendo las palabras. Su papá se levantó para tranquilizarlo, era verdad que su hijo tenía muchas manías raras, pero era incapaz de considerarlo raro por ellas, era simplemente muy Holmes en ciertas ocasiones.
-Calma Hamish, está bien, sólo pensé que era una mujer porque siempre has tenido novias –dijo mientras abrazaba a su hijo que de inmediato sintió la tranquilidad de su papá, había sido así toda la vida, se acumulaba el estrés, explotaba y su papá le devolvía la paz.
-Mañana, tu turno termina a las 5, coincide con el de tu médico adscrito, curiosamente. Nos veremos fuera del Bethlem para ir a cenar a un lugar de mi elección. –dijo su padre muy serio.
-Sí, eso está bien –consiguió articular Hamish antes de levantarse, quiso considerar eso como un triunfo y salir corriendo del lugar. Le dio un beso en la frente a su papá y uno en la mejilla a su padre pero antes de lograr cruzar la puerta se detuvo.- Una cosa más, no es por nada en especial pero en hospital siempre me han conocido como Will, ¿podrían evitar decirme Hamish?
-¡Claro! –dijo su papá quién según sabía se había negado a ponerle su segundo nombre a su hijo pero su padre se había aferrado a esa decisión. Una elevación de ceja fue lo único que obtuvo de su padre.
-¿Y cuál es el nombre de tu novio? –preguntó como si no fuera nada especial su padre y a Hamish se le atoraron un poquito las palabras.
-Hannibal.
Gracias por seguir leyendo.
Bueno pues ya fue mi cumple pero eso no importa, quedan 9 historias para desarrollar y les quiero comunicar que gracias a comentarios, aquí y en los grupos de Facebook, hay dos historias que se van a un fanfic largo: WereLock y AustenLock.
Pero eso no significa que no haría las otras, como el VampireLock por ejemplo jejeje. Así que díganme porqué les gusta una historia y podrían convencerme en escribirla completa jejeje.
Ahora, confieso que en mi vida he visto Hannibal, esto lo hice porque hay unas imágenes de la evolución de Hamish onde alguien lo confunde con Will Graham de Hannibal y fue cómo me inspiré jejejeje. Espero que no haya quedado mal.
Bueno, comentarios bienvenidos, se los agradezco con el corazón.
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