Hola! Aquí estoy otra vez con un nuevo capítulo. Como no sabía sinceramente por dónde 'cortar', pues he puesto todo del tirón, así que actualizo con un capítulo extra-largo.
Disfrutad! :D
Capítulo 13: He vuelto por ti
Estuvo recorriendo buena parte del hospital para encontrarse a sí mismo, para encontrar su propio cuerpo, y cuando lo hizo, maldijo. Estaba en una cama rodeado por un montón de máquinas que lo monitoreaban e intubado completamente. Ahora maldecía otra vez, pero a sí mismo, por lo que estaba a punto de hacer, pero ya no tenía nada por lo que luchar en Hueco Mundo. Todo había sido demasiado fácil. Aburrido.
Dejó el brazalete de plata encima de la mesilla auxiliar que allí había, y con una sensación desagradable recorriendo en todo lo largo de su columna vertebral, suspiró hondo, y se dispuso a volver a su cuerpo. En cuanto abrió los ojos se arrepintió de haberlo hecho. Todo su cuerpo le dolía como si lo hubieran forzado a mantener la misma posición sin descanso alguno. Estaba intubado, por lo que su garganta también le dolía horrores. Con un esfuerzo sobrehumano, se quitó todos los cables en su pecho que lo monitoreaban, la vía en su brazo y el entubado. Levantarse de golpe la había hecho doler la cabeza, y las máquinas chillando como locas a su alrededor no ayudaban. Pudo escuchar a la persona de guardia acercarse corriendo a su habitación compartida. Su compañero ni se inmutó. Se dispuso a esperar. Tenía todo el tiempo del mundo.
Al día siguiente, por la tarde, Tomoyo fue a comprobar el estado de Sakura. Suspiró aliviada, ella ya se encontraba entre los vivos, sana y salva. Tuvo que hacerlo a escondidas. Parecía que el padre de ella había ido todavía más lejos en sus castigos. Pudo ver a una Sakura con una voluntad quebrada. Pudo ver como la madre de ella la alimentaba, vestía y sacaba a pasear, exhibiéndola, feliz. Por fin su hija se comportaba como una niña normal de su edad debía, obedeciendo a su madre. Tomoyo pudo ver también cómo habían conseguido obligarla a llevar unas lentillas que ocultaban la anormal tonalidad de sus ojos. Decidió abandonar su puesto como observadora. No podía hacer nada más, y su situación ya no podía ir a peor.
Se dirigió al hospital, a comprobar otra cosa. Si Grimmjow no estaba rondando a Sakura, o bien estaría rondando su propio cuerpo o en Hueco mundo. Fue en taxi, no quería que ni los últimos rayos débiles de la tarde abrasaran su delicada piel. Al llegar al hospital y entrar, casi la voltea el olor a desinfectante mezclado con el olor a humanidad, acrecentado por el calor húmedo. Subió a la cuarta planta de cuidados intensivos, sin importarle que no debiera ir allí. No recordaba cuál era la habitación, pero la voz dando gritos la guió. Estaba en lo cierto, él se encontraba allí.
-¡QUE NO ME PIENSO QUEDAR TRANQUILITO EN ESTA PUTA CAMA! ¡Ya he despertado y ya estoy bien, y quiero largarme de una jodida vez de aquí!
-Tranquilícese, señor Jaegerjaquez, no podemos darle de alta al primer día, teniendo en cuenta su historial, deberíamos monitorizarlo al menos dos días. Un coma prolongado por más de una semana no es cualquier cosa. Y menos otro anterior prolongado por un año.
-¡Me importa una puta mierda! ¡Tengo mejores cosas que hacer que estar tirado en esta puta cama a la espera de que comprobéis algo que ya sé!
Tomoyo, siguiendo los alaridos, llegó a la habitación, entró como si la cosa, y se quedó plantada delante del peliazul, como pidiendo una explicación.
-¿Y tú, qué cojones haces aquí?
-¿Pueden dejarnos a solas, por favor? Si lo hacen, les doy la garantía de que él se quedará voluntariamente en el hospital a descansar.
Tras sus palabras, el personal del hospital abandonó la habitación, dejando como único testigo de la conversación que allí habría a su inconsciente compañero de habitación. Se marcharon desconfiados, y el médico que hasta hace unos momentos discutía con Grimmjow, el que más, yéndose el último y cerrando la puerta tras de sí. Un silencio absoluto reinó en la habitación, solo interrumpido por los sonidos emitidos por las máquinas de seguimiento.
-Como acabo de decir, vas a quedarte aquí, en el hospital.
-No sé si no lo sabes todavía, pero he cerrado un trato con Sakura, y…
-Ya no puedes evitar que le pase nada, puesto que no le va a pasar nada más. Sus padres han ido más lejos aún, y han quebrado su voluntad, sus ganas de vivir. Creo que se ha dado por vencida- dijo, intentando que la tristeza no se trasluciera en sus palabras- ya no se puede empeorar más su situación de lo que está. Además, estamos en medio del verano y nadie sabe sobre vuestro trato. Y tú obviamente no sabes nada sobre la relación de Sakura con sus padres.
-¿Alguna idea, entonces?
-Lo mejor es que vuelvas de forma natural a su casa. Aunque supuestamente ya hayas cumplido los 18 la semana pasada, les pedirás a sus padres quedarte en su casa hasta al menos haber terminado el bachiller para poder seguir con tu vida de una forma normal. La señora Furinashi con lo obsesa de las apariencias que es te dejará volver, además de que esa cualidad suya te ayudará a proteger a Sakura, bastará sólo con estar pegado como una lapa a ella. Lo que ahora me gustaría saber son las condiciones del nuevo trato con Sakura. También te recuerdo que ella también tiene un trato conmigo (que asquerosa, queriendo hacerse la fría tratando la relación con su mejor amiga o.o) y me vendría muy mal que se rompiera.
-No te pienso contestar sobre MI trato con Sakura a menos que me des una razón convincente para hacerte caso y quedarme aquí.
-No tienes ninguna razón aparente para volver a su casa lo antes posible. También necesito preparar un poco el terreno. Iré feliz a su casa a dar la feliz noticia de que has despertado y que no has llamado porque necesitas descansar.-Odiaba tener que darle la razón, y es que la tenía, pero no lo haría.
-No me convences del todo, pero te lo diré. Una de las condiciones es que si me aburría o hastiaba de estar como humano simplemente me largaría de aquí cuando quiera, aunque no obtendré ninguna recompensa ya que no habría llevado el trato hasta las últimas consecuencias- ¿Qué clase de trato habían hecho?
-¿Y por qué me lo cuentas?, no me has contado ni la mitad de las condiciones- replicó Tomoyo, que ya se disponía a marcharse de allí, ya había terminado de decir lo que necesitaba.
-Porque no me apetece estar aquí- contestó, comenzando a sonreír con suficiencia- y si quieres que no rompa en trato y proteja a tu amiga, asegúrate de que no me aburra aquí.
Tomoyo dio media vuelta para marcharse de allí. Ya no tenía nada que hacer, de momento. Maldita sea. Se suponía que él era menos inteligente. Entonces, ¿Por qué se encontraba en un aprieto negociando con él al igual que con Ulquiorra? Comenzó a calcular cómo podría entretenerlo esos dos días y tendría que ir con cuidado. Al menos el primer día estaría casi cubierto, y no pasaría nada importante en lo que quedaba de tarde.
Al menos la información que le había dado Ulquiorra había comenzado a cobrar valor. Así que Sakura había ido a Hueco Mundo, había hecho un trato con Grimmjow y había vuelto esa misma noche como si la cosa. Lo que no sabía era por qué se había rendido. ¿Acaso no lo recodaba? Decidió retirarse esa tarde-noche a pensar, pero principalmente a tranquilizarse. Necesitaba algo dulce.
En la tienda Urahara habían advertido la reciente apertura de una garganta. Kisuke decidió que desde que no tenían a Aizen al mando, los arrancares no eran un peligro que demandara su atención de momento. Desechó la idea de que lo quisieran de vuelta. La mayoría no lo querría, y menos aún si sabían que habían sido engañados en su gran mayoría por los poderes de su zampakutoh, a menos que lo quisieran de vuelta sólo para matarlo con sus propias manos. Y de momento, estaba preso en el sereitei con muchos shinigamis guerreros que probablemente los matarían si intentaban entrar. Cerró su abanico y se dispuso a tomar el té que hacía bastante que lo esperaba frente suyo.
Esa misma mañana, Sakura había despertado emocionada. Grimmjow había vuelto, no recordaba con exactitud los detalles, pero recordaba haber vuelto con él. Se decepcionó enseguida, al encontrarse en esa habitación austera, sola, donde su padre la castigaba encerrándola por las noches. Podía llorar y gritar todo lo que quisiera, que nadie le haría caso, nadie podría escucharla, dependía únicamente de que su padre se acordara de sacarla de allí. Moría de ganas de ir al baño, un poco más y se lo haría encima. No había podido salir desde el día anterior a media tarde, y por la posición del sol, sabía que ya era casi mediodía. No sabía cuanto tiempo había estado allí, pero comenzaba a resignarse. Comenzó a gritar, a rogar que la sacaran de allí, que se portaría bien, pero nadie le hizo ni una pizca de caso. Se sentó en una esquina de la habitación, acunándose a si misma, cuando sus esfínteres cedieron. Se sentía tan humillada. Se movió de ese rincón y siguió llorando durante horas hasta que desfalleció. Hacía casi un día que no comía nada ni probaba gota de agua. Esta vez no era la primera vez que le hacían eso, pero nunca duró tanto tiempo.
Al despertar más dolorida que antes, a media tarde, su voluntad se había quebrado. Ya no odiaba a nadie, era su culpa, y seguro que estaba pagando por ello. Deseaba que la perdonaran por lo que sea que hubiera hecho. Deseaba que su padre abriera la puerta, la perdonara y la recibiera con los brazos abiertos. Seguramente en todo ese tiempo en el que se había estado portando tan mal había estado equivocada. No estaba bien que se enfureciera con sus padres, que saliera de casa por las noches, y por encima de todo, no debería haberse metido en esos extraños asuntos de espíritus al igual que su abuelo. Eso sí que le estaba totalmente prohibido, y había desobedecido, hiriendo a sus padres con sus acciones.
Maldito Grimmjow, todo era su culpa. Dejó de pensar, la creciente inanición no la dejaba.
_o_o_
El señor Furinashi se dirigió a la habitación/trastero/cárcel, donde tenía encerrada a su hija. Después de retirar la traba de la puerta, abrió una rendija, para ver cómo había evolucionado. Aparentemente ya lo había conseguido. Seguramente había perdido por completo su voluntad, y su trabajo estaría terminado. Solamente tenía que dejárselo a su esposa para que la moldeara como debía ser. Agradeció internamente a ese problemático chico de pelo azul, al final había acelerado el proceso. Apuró el paso para llamar a su mujer. Se pondría feliz de saberlo. Sonrió con una normalidad pasmosa mientras se alejaba.
Al día siguiente, Ulquiorra se despertó en su cama, a las 8:30, como todos los días. Maldijo por un momento. Además de que lo habían confundido con su hijo una pareja de sobreprotectores padres, no habían querido quitar los adornos infantiles que decoraban su habitación. Suspiró y procuró ignorarlos, esquivando el avión de madera que colgaba del techo mientras atravesaba el espacio de la cama a la puerta. Le dolía todo, dormía acurrucado en una cama que era demasiado corta para su tamaño, y no tendría que esquivar los adornos si tuviera la altura de un niño de como mucho, diez años. Dios, no podía ni descansar la vista ni un momento, para donde mirara había cosas con motivos de ositos o de aviones, por no contar con el maltratado osito de peluche que su 'madre' insistía en poner encima de su cama. Extrañamente, esa pareja, tenía el mismo apellido que él, Cifer, pero eso no los convertía en sus padres. Ignoró su cama desarmada, por más que él acomodara las sábanas a su manera, la mujer insistía en armar ella cama, y la desarmaba completamente para armarla otra vez. Y pensar que le pareció rara esa humana cuando la secuestraron en las noches. A su lado, Orihime parecía completamente normal y despreocupada.
Continuó tranquilamente hasta el baño. Era realmente molesto tener que mantener ese cuerpo pero al menos era algo que lo mantenía ocupado. No tenía nada mejor que hacer, ni tampoco deseaba nada, así que lo dejó estar. Volvió del baño después de asearse debidamente, y se encontró ya con la cama hecha y con un montoncito de ropa al lado del osito de peluche para que se pusiera. Lo obvió, y pasó de largo para ir a buscar otra ropa. Podía dejar que le ordenaran su ya perfecto orden, pero no dejaría que le eligieran qué vestir, qué comer, etc. Se puso Unos pantalones lisos oscuros y una camisa blanca de cuello mao. Se los puso, y abrochó cuidadosamente y maniáticamente todos los botones de la camisa. Mientras bajaba por la escalera a desayunar, se desabrochó inconscientemente los dos primeros botones, dejando al descubierto su clavícula. Le resultó extraño no encontrarse allí con su hueco. Automáticamente comprobó que su mascara tampoco estaba. No conseguía acostumbrarse.
Inexpresivo, tomó el desayuno ignorando el parloteo incesante de la mujer, que tenía como objetivo animarlo. ¿Animarlo? ¿A él? Pero si no se sentía triste, eso no tenía sentido. Pronto tendría paz y tranquilidad por unos momentos mientras ella se fuera a trabajar dentro de media hora, hasta dentro de dos horas, que vendría la señora Nakamura, madre de Tomoyo y vecina suya, para 'cuidarlo'. Esto era ridículo. No se iba a morir por estar unas cuantas horas solo. Pero se suponía que debía estar en constante compañía para poder superar de una forma relativamente normal su trauma. No comprendía el significado de esa palabra. Aunque lo conocía, no lo comprendía. No comprendía como el estado mental y emocional pudiera verse afectado por los hecho ajenos que le rodean y le pasan. Esperó pacientemente a que se fuera, luego de levantarse educadamente de la mesa. Quería recuperar su máscara y su zampakutoh. Afortunadamente, había pillado el correo antes que sus padres, y se había enterado que en la comisaría conservaban todavía las cosas con las que le encontraron, y que podía acercarse a retirarlas él o sus padres cuando quisiese. Se reservó la carta para él, no quería a esos humanos acercándose a SUS cosas. Le sorprendió y molestó que hubieran tardado tanto después de su solicitud. ¿Tan difícil era contestar a algo tan corto? Maldita burocracia.
Se levantó del sofá donde se había tirado inmediatamente después de desayunar, ordenó todo, y saludó a la mujer que se marchaba a trabajar. Se planteó saludarla con una sonrisa, para disimular y que no se preocupara, pero ni sabía cómo hacerlo, ni lo había hecho hasta ahora, así que sería demasiado sospechoso. Ahora le quedaban dos horas hasta que llegara la señora Nakamura. Dos horas de reloj y se le terminaría el tiempo. Si se encontraba la casa vacía cuando ella llegara, añadiría más horas de vigilancia constante, pensamiento que no le agradaba en lo absoluto. Se calzó, cogió un juego de llaves que tuvo la suerte de conseguir copiar a escondidas, y salió de allí. Al menos no brillaba todavía el sol en exceso. Mientras caminaba hacia su destino, vio a una niña de cabello verde claro cortado en tazón, que le gritaba como una endemoniada a una pareja que identificó como sus posibles padres. Lo ignoró, la niña le sonaba, pero la situación en sí carecía de importancia. Pero no le fue posible hacer eso y continuar su camino.
-¡Ulquiorra! ¡Espera!- dijo la niña medio llorando de la rabieta que hace unos momento había cogido.- ¡Ulquiorraaaaa!
Suspiró apesadumbrado. Se sabía su nombre, el cual no era precisamente el más común, por lo que seguramente le conocía. Tendría que gastar su valioso tiempo en hacerle caso. Se giró odiosamente despacio, y se quedó de pie donde estaba, esperando a que ella se acercara.
-Tú eres Ulquiorra, ¿Verdad?- preguntó con un atisbo de esperanza en su voz- ¿Sabes dónde está Starrk? Lo estoy buscando desde hace mucho tiempo, y no sé donde está.
-El único espada del que tengo conocimiento de su ubicación, es Grimmjow, quien seguro no sabrá nada, así que no te interesa. Ahora vete de aquí, no tengo nada más que decirte y ya no contestaré a más preguntas.
Dio la media vuelta, y siguió con su camino tranquilamente. Tenía poco tiempo, y no quería correr, así que no podía desperdiciarlo con basura. La oyó quedarse donde estaba, sollozando. No le importó.
-Starrk… ¿Dónde estás?
Más tarde, Ulquiorra ya volvía con su máscara y su zampakutoh. Le habían ofrecido quedarse con las ropas destrozadas con las que le encontraron, pero prefirió desecharlas. No le servían de nada. Mientras caminaba, simplemente no se dio cuenta de que le miraban como un loco por ir por ahí armado con una katana. En la comisaría, habían dudado de dárselas. "¿Tengo pinta acaso de que vaya a matar a alguien con ella?" Llegó a tiempo a la casa, le dio para esconderlas en un sitio seguro, bajar y hacer como que veía la TV cinco minutos antes de que llegara la señora Nakamura. Ahora volvería a su rutina. No tenía nada importante que hacer. De todas formas le daba igual.
Ese mismo día, Tomoyo se encontraba de camino a la casa de Sakura. Ya por la tarde se ocuparía de entretener a Grimmjow, ahora mismo era más importante encargarse de la familia de Sakura. No sabía por donde empezaría, ya que no sabía ni el estado de humor de sus padres ni su reacción por su presencia allí con seguridad. Tenía planeadas varias posibilidades, y las contestaciones y bifurcaciones en la cantidad de contestaciones posibles. Y si se salí de sus probabilidades planeadas, cosa que dudaba, confiaba plenamente en su capacidad para poder manipular la situación a su antojo. También tenía que hablar con Sakura, tenía que prepararla para la llegada de Grimmjow sin que ella lo sepa. Si lo sabía y ella no estaba allí luego para manejar sus pensamientos hasta que lo viera, no podría predecir cómo reaccionaría luego, y no podía dejar cabos sueltos en una situación tan delicada. Tampoco se lo podía llevar de vuelta así como así. Un shock tan grande para alguien que ha sido maltratado psicológicamente durante tanto tiempo no era cualquier cosa.
En cuanto estuvo enfrente de la casa, tomó aire y se dispuso a entrar. Le habían dicho hace mucho tiempo cuando se presentó como la amiga de Sakura que era siempre bienvenida, y que ni se le ocurriera llamar. Pero la puerta estaba cerrada. Eso podía significar dos cosas: o no estaban en casa, o por alguna razón en particular no querían visitas. Desechó la primera posibilidad. A lo lejos, vio entrar a Sakura y a su madre en la casa, y ahora veía figuras a través de unas de las ventanas que daban a ese lado de la casa. Esto confirmó su mal presentimiento sobre lo que había sucedido, estaba pasando y que pasaría. Pero no podía hacer nada directamente. Tenía que anudar los hilos en sus dedos otra vez. Pulsó el botón del timbre, esperando fuera de la reja que rodeaba la casa. Ojalá supiera controlar mejor sus reacciones fisiológicas. La rubia se secó las perlas de sudor que comenzaban a acumularse en su frente con el reverso de su mano. Repasó mentalmente qué es lo que debía hacer, qué es lo que quería conseguir con ello y por qué. Quería tener controlada la situación enteramente otra vez, para poder ayudar a su amiga, y tal vez, a Grimmjow por el camino. Lo hacía por que era su mejor y única amiga de verdad. Tocó el timbre otra vez, ya más segura. Esta vez salió la señora Furinashi a recibirla y a abrirle la puerta, con una sonrisa de cera pegoteada de forma escalofriante en su cara.ç
-¡Hola, Tomoyo, querida! Disculpa que he tardado, estaba ayudando a Sakura. ¿Me he dejado la puerta cerrada? O Dios mío, qué cabeza la mía, por favor. ¿Qué te trae por aquí?
-¡Traía buenas noticias!- Dijo lo más contenta que pudo. Esto no le estaba gustando. Se había olvidado en el último año de cómo hacer estas cosas. No había necesitado hacerlo, porque no había ocurrido ningún incidente que necesitara su atención. En cuanto llegara a su casa, necesitaría algo dulce. Preferentemente helado de nata con frutas.
-Ah, pues espera que la llamo a Sakura para que baje y…
-¡No, no hace falta por favor! Quiero que para ella sea una sorpresa, estoy segura de que se alegrará, así que shhh…
-Bien entonces, querida. Cuéntame, ¿qué ha pasado?- Dios, Tomoyo creía que iba a romper récords en lo que a falsedad se refiere.
-¡Grimmjow ha despertado!- contestó en un susurro fingiendo falsa emoción y dando saltitos- Además de que él estaba feliz y estoy segura de que estará agradecido si lo dejaran venir otra vez aquí. Mañana le dan el alta en el hospital, y quería darle un regalo y festejar su cumpleaños, que cumplió los 18 el 31 de julio, la semana pasada, mientras dormía. :D
-¿Qué Grimmjow que? ¡Pues qué bien, ¿no? ¿Y qué tenías planeado hacer, Tomoyo? Estoy segura de que estará muy bien, siempre tienes muy buenas ideas para estas cosas.
-Yo ya le he comprado un montón de regalos, y él estaba pesado con ver a Sakura (dice que es su mejor amiga y quien más le ayudó desde que despertó aquella vez) y bueno, yo lo iría a recoger al hospital a la mañana/mediodía (ya he mandado a que trajeran los regalos aquí mañana por la mañana) y quería que la sacara a pasear a Sakura para encontrarnos por el camino, seguramente se emocionarán de verse inesperadamente ^.^
-Muy bien Tomoyo, querida. Ahora ve a visitar un poco a Sakura, ¿no? Ya me dirás más tarde cómo seguir.
-Entonces con su permiso iré arriba, a su habitación. Estará allí como siempre supongo.
-Si querida, y recuerda que esta es tu casa, no es necesario que siempre estés pidiendo permiso para todo
-Ya, es la costumbre ^^
Tomoyo subió por ese camino que ya se conocía de memoria, y abrió la puerta de la habitación de su amiga. Lo primero que advirtió es que todo estaba demasiado normal, más ordenado de lo habitual, no, sólo con un orden diferente, como si la habitación la llevara ahora otra persona. Pero cuando terminó de abrir la puerta y de recorrer la habitación con la mirada, la posó en Sakura. Se encontraba sentada en uno de los bordes de su cama, peinando su pelo con la mirada ausente. No advirtió en lo absoluto que su amiga había entrado allí cerrando la puerta tras de sí, o al menos, no lo aparentaba.
-Hey, Sakura, que estoy aquí, cuéntame qué es lo que te ha pasado-Le dijo mientras se sentaba a su lado suavemente. Sakura la miró sin inmutarse en lo más mínimo, y luego dirigió su mirada otra vez al vacío.- ¿Qué te han hecho, Sakura?- Preguntó esta vez en un susurro, con toda la delicadeza posible. La ojivioleta dejó de peinarse el pelo, y aún mirando al vacío, una lágrima comenzó a deslizarse por su satinada mejilla derecha. Tomoyo la abrazó en silencio y fue paciente.
Con la cabeza escondida todavía en el abrazo, comenzó a hablar entrecortadamente y en un tono algo más agudo del que hubiera querido- H-ha sido p-peor es-esta vez… -Sollozó- He estado encerrada más tiempo que nunca, les importaba una mierda que me pudriera allí, no importaba cuanto llorara y rogara. Y no fue sólo una vez la que me encerraron. Todos los días, todas las noches. –Dejó de llorar y toda emoción abandonó su voz, dejándola seca e irreconocible- Pero está bien. Me lo merecía. No debería haber estado haciendo todo lo que hice. Una chica normal no debería. Confío en que ahora madre me ayudará.
Tomoyo la siguió abrazando, pasmada. No tenía ni idea de que el estado de su amiga hubiera llegado hasta ese punto. Era una posibilidad tan remota y tan horrible que en cuanto la consideró la desechó. Y ahora, estaba abrazando a su mejor amiga, intentando luchar contra las lágrimas que pedían a gritos salir de sus ojos, intentando recomponer sus pensamientos. Ahora Sakura comenzó a llorar otra vez, pero de rabia.
-¡Todo es por su jodida culpa!- La rubia seguía callada, sin poder creer del todo lo que escuchaba.
-¿La culpa de quién?- Preguntó lo más amable que pudo.
-¿No es obvio? ¡Toda la culpa es de Grimmjow! ¡Si él no hubiera estado aquí nada de todo esto hubiera pasado! ¡Lo odio!- La siguió abrazando durante un momento, a modo de consuelo, antes de contestar.
-No hace falta odiar. Tú lo has hecho porque querías. Nadie puede obligarte a hacer algo que no quieras, te conozco Sakura, y sé que nadie, absolutamente nadie, podría. Pero ahora dejemos ese tema. Mañana será un día diferente, ¿no crees?
Al día siguiente, con todo ya preparado por la mañana, Tomoyo se encontraba esperando fuera de la habitación asignada a Grimmjow, en el hospital. Sonreía casi zorrunamente, en el pasillo. Estaba consiguiendo manipular absolutamente todo de la mejor forma posible. Esperaba que para Grimmjow eso no fuera tan obvio, sino le podría acarrear problemas.
Pronto tocarían las once de la mañana, y el sol calentaba ya. Calculando el tiempo, se podrían encontrar perfectamente con Sakura en el paseo que le haría dar su madre. Que se encontraran en el exterior y con más gente, daría tiempo a Sakura para que se tranquilizara y acostumbrara a la presencia de Grimmjow antes de que estuvieran a solas. Si se encontraban a solas en un primer momento, lo más seguro era que le partiera la cara o algo, y eso no sería un muy buen comienzo para lo que necesitaba conseguir. Once horas, quince minutos. Llegó a buscarlo exactamente a las diez horas, cuarenta y cinco minutos. Había estipulado que tardaría veinte minutos en ser revisado por última vez y en vestirse para salir. Ya estaba tardando. Él salió de la habitación a las once horas, seis minutos. Habría sido un minuto antes como debería, si no fuera por la torpeza de una de las enfermeras. Por el amor de Dios, ¿Nunca había visto a un tío sin camiseta o qué? Tendría que empezar a considerar más seriamente las posibilidades de que fallaran terceros y las consecuencias estipulables dentro de su cálculo. En cuanto tuvo contacto visual con el arrancar, comenzó a caminar fuera del edificio, con él a su lado.
-Deberías saber que Sakura te echa la culpa de todo lo que ha pasado. Han conseguido hacerle creer si tú nunca hubieras aparecido en su vida todo sería feliz, arcoíris y margaritas.
-¿Y a mí qué? Tengo un trato irrompible con ella, que se termina o bien cuando ella muera o cuando a mí se me dé la gana y quiera largarme de aquí.
-Ya, pero ella cree que el trato era un sueño y que todas las cosas sucedidas alrededor de espíritus o han sido imaginaciones suyas o simplemente nunca han pasado. En cuanto a ti, sólo sabe lo obvio que sabe todo el mundo: despiertas sin un pasado ni memoria después de un coma y ahora vives con sus padres.
Grimmjow frunció el ceño mientras jugueteaba con el brazalete de plata en su bolsillo. ¿Qué se suponía que debía hacer ahora? Percibía dentro de sí arder un sentimiento. No sabía por qué, pero se sentía impaciente por verla. Verla bailar jugueteando entre las cenizas de miles de cadáveres, ver sus ojos violetas encendidos de la emoción, ver sus labios curvados en una dulce sonrisa que ocultaba sus deseos más sádicos, quería volver a escucharla desafiarle. Moría por volver a verla aunque su orgullo lo negara.
-Despierta de lo que sea que estés imaginando y escucha: Nos encontraremos con Sakura y su madre dentro de diez minutos o así. Se supone que la has extrañado y que ella te ha ayudado mucho, por lo que "la consideras tu mejor amiga" y estarás emocionado de verla.
-Se supone que la tengo que proteger del daño que le pudieran hacer y antes me has dicho que que le han hecho de todo mientras me decías que me mantuviera tranquilito en el hospital. Quiero una explicación.
-Esa no es una afirmación del todo cierta. Gran parte del daño que le hicieron fue antes de que cerraras ningún tipo de trato con ella. No quedándote en el hospital habrías empeorado más todo.
Siguieron caminando en silencio, hasta que pasaron cerca del parque, y a unos 200 metros más adelante, se acercaban en la dirección contraria las dos mujeres: Sakura y su madre. Ella caminaba despacio, con la mirada vacía y con una tristeza melancólica casi bella. Llevaba un vestido blanco de volados corte dama de honor. Iba colgada del brazo de su feliz y orgullosa madre, quien guiaba su paso.
-Mira, Grimmjow, ya nos las hemos encontrado (^.^)
-No, esa no puede ser Sakura, ella… esos no son sus ojos.
Fue corriendo hasta ella ignorando a su madre. La cogió por los hombros y la examinó. ¿Qué le habían hecho a su Sakura? Sintió las lágrimas brotar de sus ojos y la abrazó. Mientras, ella, casi con la mente en blanco se daba cuenta de que todo el odio que se suponía que sentía hacia la persona que la abrazaba, simplemente desaparecía. Se dejó abrazar, rogó por que él no se marchara nunca más de su lado. De repente sintió que la dejaba de abrazar y la tomaban otra vez por los hombros. Se quejó internamente por ello.
-¡Sorpresa! ¡Estoy de vuelta!- dijo el arrancar con una sonrisa triste y restos de lágrimas en sus ojos- ¿Volvemos a casa? -No sabía si por su reciente trato o por sus recién descubiertos sentimientos hacia ella, pero no dejaría que nada le pasase ni que nadie tocara ni hiciera daño a su Sakura. Notó por fin qué era lo extraño en sus ojos. Además de estar faltos por completo de brillo, no eran violetas. La rodeó con uno de sus brazos. –Cuando lleguemos quiero que te quites eso que llevas en los ojos. Es horrible- le susurró al oído.
Sakura estuvo a punto de replicar "pero madre dice…" pero era precisamente su madre esa persona que controlaba su vida. Aunque se había vuelto a encontrar con él, deseaba fervientemente que él fuera un arrancar, y hubiera vuelto por ella, que no fuera todo mentira. Nada allí parecía indicar lo contrario.
Su madre hablaba emocionada, y él le respondía vagamente, a veces. Vio cómo su mejor amiga caminaba tranquilamente a un par de pasos por detrás, con una sonrisa satisfecha en su rostro. ¿Qué habría conseguido esta vez? Se deshizo del brazo de Grimmjow, y continuó caminando, sola. No podía asimilar la avalancha de sucesos y emociones de los últimos días. Ya ni siquiera estaba segura de saber la verdad, dudaba de todo. Afortunadamente faltaba poco ya para llegar a casa. ¿Cómo era que los demás podían permanecer tan tranquilos ante una situación así? Caminaban como si nada fuera de lo normal hubiera pasado.
En cuanto llegaron, ya no podía evitar que las lágrimas de frustración y mil cosas más brotaran de sus ojos, y subió corriendo a su habitación. Detestaría que la vieran derrumbarse. No quería sentirse humillada otra vez. Al ver a la chica subir de esa forma a su habitación, Grimmjow se disculpó de las personas con las que estaba, y la siguió. Se encontró con una puerta cerrada por dentro, que no podía abrir.
-¿Se puede saber de qué cojones te estás escondiendo? Abre la puerta ya o la tiraré abajo- Dijo mientras la aporreaba. Conteniendo su rabia a duras penas, consiguió no ponerse a darle gritos.
Dentro, la chica no lo podía creer. ¿No se suponía que era malo? ¿Por qué se estaba preocupando por ella? ¿O tal vez sólo quería pasar para hacerle daño? SE enjugó las lágrimas malamente con el reverso de su mano, y abrió una rendija de la puerta, sólo para evitar que se enfureciera más.
Al ver su mirada vacía al abrir la puerta, se enfureció. ¿Por qué esa humana dejaba que le afectaran las cosas de esa manera? Abrió del todo la puerta de un golpe, entró, la cerró tras de sí, y acorraló a Sakura contra la pared.
-¿Por qué?- Le preguntó en un susurro- ¿Qué te ha pasado mientras yo no estaba?
-Tú- contestó rehuyéndole la mirada- tú eres lo que me ha pasado. Si nunca te hubiera conocido…
-Si nunca me hubieras conocido, jamás habría vuelto expresamente por ti.- La tomó delicadamente del mentón, para forzarla a mirarlo- mírame, joder- Lágrimas comenzaban a correr por el rostro de ella.- La última vez que te vi bailabas junto a mí en Las Noches. Aprovechabas cada oportunidad que tenías para burlarte de mí, cuestionabas cada cosa que yo decía.
-No sé si te lo habrá contado Tomoyo, pero todo eso fue un sueño. Déjame en paz.
-Y una mierda. Así como he vuelto por mi propia voluntad, no me quiero ir ni dejar te en paz porque no me da la real gana. He hecho un trato contigo, y todavía no estoy interesado en romperlo. Ahora ve y quítate esas lentillas que llevas puestas, me pones enfermo.
-No.
-¿Por qué madre dice? No me jodas. Ve y haz lo que te digo.
Sakura frunció el ceño. ¿Por qué si se estaba negando a hacer lo que él le ordenaba, sonreía como si ya hubiera obtenido lo que quería?
-No ha sido un sueño, métetelo en esa cabezota tuya. Ahora voy a bajar. Puedes hacer lo que quieras.
Ella se quedó sentada en contra de la pared, ya no tenía el sostén de su sujeción que la mantuviera en pie. Después de llorar tanto, esas lentillas en sus ojos le molestaban. Se las quitó y las pisó. Se desarmó el complicado peinado que su madre le había hecho en el pelo y se quitó el vestido, el cual comenzó a romper descargando la rabia de su impotencia. Ella no era ninguna jodida muñeca. Se puso unos pantalones cortos vaqueros, y una camiseta larga con cuello bote a rayas blancas y negras. Se sentó otra vez en el suelo, no pensaba bajar hasta que no se le notara que había estado llorando. Su orgullo, por encima de todo. En cuanto al peliazul que acababa de abandonar la habitación, no sabía si fiarse de lo que acababa de decir. No iba a calzarse, no le apetecía. Hacía mucho que o le dejaban sentir el suelo bajo sus pies.
Salió de su habitación después de un buen rato. Parecía haber mucho alboroto allí abajo. La señora Furinashi no paraba de intentar atender a todo el mundo, su esposo miraba los deportes en la televisión y Grimmjow comía feliz algo que había identificado como un trozo de una tarta de cumpleaños mientras que Tomoyo intentaba fallidamente colocarle un sombrero en forma de cono. Bajó corriendo, y le robó el trozo de pastel. Si él tenía ganas de quedarse allí una temporada, no se lo iba a poner fácil.
Bueno, aquí está el capítulo 13 (espero que no me traiga mala suerte (?)) extralargo con el regreso de Grimmjow, traumas everywhere...
Gracias por los rewiews, favorite story y esas cosas, que hacen mucha ilu ^.^ Comenzaré a meter fanservice más seguido, ya que el manuscrito que tenía casi se acaba aquí, así que puedo hacer más modificaciones. Recuerdo otra vez que el fanservice se paga con rewiews (?). Lo que sí, al habérseme acabado el manuscrito comenzaré a tardar algo más en actualizar, pero lo intentaré hacer lo más seguido posible.
Gracias por leer todos los problemas mentales de la autora y hasta otro capítulo! :D
