Aquí está el capítulo que creo muchas de ustedes están esperando. De verdad deseo estar a las alturas de sus expectativas, especialemente por el hecho de que la mayor parte es inventada por mí. Se los dejo antes de tiempo porque mañana no estaré en mi casa y sino, quedaba hasta para el sábado. No se pueden quejar ¿eh eh?

Un abrazo a todas y a quienes no lo han hecho, las invito a leer (y comentar!) el one shot que posteé la semana pasada para AnneLilithHealen. Se llama Cinco Cosas y lo pueden encontrar en mi perfil.

Amo a todas las personas que me leen pero las amo más (y escribo más rápido!) si se toman unos segundos para dejarme un bello review.

Un abrazo grande grande y feliz fin de semana para todas!


La idea

No creo que existan palabras lo suficientemente buenas como para describir lo que se siente volver a dormir con Katniss. En un principio pensé que se trataba de algo que le volvía a dar algo de sentido a mi vida. Al menos a los pocos días que quedan de ella.

Ahora, mientras la veo dormir con el rostro apoyado sobre mi pecho me doy cuenta de que se trata de algo más que eso. Es una cuestión tan vital como el agua, o el aire. Mi necesidad por ella es real e irrefrenable.

Estamos tumbados en su cama. Ella está a mi derecha y yo rodeo su frágil cuerpo con un brazo, intentando sentirla tan cerca como sea posible.

Al principio estaba tan nervioso y tan impactado por su arrebato de meterme en su habitación que mi corazón empezó a latir a una velocidad tan increíble que se tornó francamente embarazoso, especialmente cuando ella puso una de sus manos justo encima de mi pecho.

En medio de la oscuridad, la escuche reír quedamente.

"Vamos" me dije a mi mismo. "Cálmate, estás haciendo el ridículo".

Si a ella le pareció extraño que después de la cercanía que habíamos compartido en el pasado yo estuviera aún tan nervioso, no dijo ni una palabra. Aunque más tarde comprendí que, de alguna manera y aunque no fuera exactamente igual que me pasaba a mí, ella sentía emociones muy intensas también.

Lo supe en el momento en que la abracé y al poner mis manos planas sobre su espalda sentí el rápido martilleo de su corazón dentro de su pecho. La siento estremecerse cuando mis dedos rozan la piel desnuda de sus brazos y pienso en apartarme, pero ella frota su mejilla contra mi pecho y se acerca un centímetro.

Me paralizo. Pasa un minuto… tal vez dos, hasta que mi ritmo cardiaco se ha ralentizado lo suficiente como para que pueda hablar sin temor a que me tiemble la voz.

-¿Está bien así? - susurro en la oscuridad.

-Mejor que bien- responde ella, la voz ahogada por la tela de mi camiseta.

De alguna parte encuentro el valor suficiente para rodearla completamente con mis brazos y ella suelta un suspiro que parece introducirse en mi interior y llevar un sentimiento cálido y reconfortante a cada una de mis células. Sus dedos trazan círculos sobre la piel de mi mano.

Ambos permanecemos en silencio, simplemente sintiendo la dicha y la tranquilidad de estar en los brazos del otro, hasta que percibo como su cuerpo se relaja por completo y se sume en un sueño profundo.

Yo no me duermo hasta mucho más tarde, porque me aterra la posibilidad de hacerlo y despertar solo, en mi cama y darme cuenta de que todo esto no ha sido más que un sueño.

Así que paso dos o tres horas más recorriendo con los dedos cada parte de la anatomía de Katniss que me atrevo a tocar sin sentirme apenado. Delineo la línea de su mandíbula, sigo la curva de sus labios, poso la palma de mi mano en su esbelto cuello, me detengo antes de llegar a la curva de sus senos y ella se acurruca más contra mi cuerpo.

El aire me sale de golpe y mi corazón reinicia su marcha acelerada. Respiro profundamente y finalmente la rodeo por la cintura, manteniéndola tan cerca como sea posible. Ella se remueve en sueños y pienso que está teniendo una pesadilla, pero finalmente suelta un suspiro y vuelve a quedarse en completa calma. Su barbilla se acomoda sobre mi hombro y ella apoya la frente en mí. Sus pestañas me causan cosquillas en la mejilla por el rápido movimiento que hacen sus ojos al soñar y su respiración calmada hace que se me erice la piel cuando choca contra mi cuello.

No puedo imaginar un mejor lugar o un mejor momento. Y pienso que si acaso pudiera tener una noche más como esta, puedo considerarme el hombre más afortunado del mundo.

Con ese pensamiento en mente, me quedo dormido.

Por primera vez en lo que parecen siglos me despierto lentamente y no de golpe como me sucede cada vez que tengo una pesadilla.

Estoy envuelto en lo que parece la manta más suave y cálida que he tenido, pero cuando me remuevo, aún con los ojos cerrados, la manta se acurruca contra mi cuerpo. Abro los ojos de golpe y encuentro a Katniss recostada sobre mi pecho. Su rostro en calma, la boca ligeramente entreabierta y su aliento saliendo con lentitud.

Es la viva imagen de la tranquilidad y la paz.

Repaso mentalmente mi noche y me doy cuenta de que no me desperté ni una sola vez a causa de mis pesadillas, ni la oí gritar a causa de las suyas.

Definitivamente lo único que necesitamos para mantener a raya a nuestros demonios es tenernos el uno al otro.

Me quedo tumbado, escuchando maravillado el ritmo lento de su respiración, aterrado por la posibilidad de que al despertar ella vuelva a apartarme, así que me esfuerzo por mantenerme quieto y prolongar el hechizo tanto como sea posible.

Al final no sirve de nada, porque ella despierta solo unos minutos más tarde. Entrecierra los ojos cuando la luz del sol, que se cuela por las ventanas, le da de lleno en el rostro, parpadea un par de veces y repara en que está acostada prácticamente encima de mí. Para mi sorpresa no se aparta, sino que frota, muy ligeramente, su frente sobre la piel de mi cuello y no dice nada.

Me aclaro la garganta y ruego porque mi voz suene firme. Lo hace:

-No has tenido pesadillas.

-No he tenido pesadillas- confirma ella con una sonrisa mientras cierra los ojos y aprieta en un puño la tela de mi camiseta azul- ¿Y tú?

-Tampoco.- digo mientras una sonrisa tonta se abre paso por toda mi cara- Se me había olvidado lo que es dormir de verdad.

Ella suspira y se amolda tímidamente a mi costado. Mi sonrisa boba se hace más amplia y me digo a mi mismo que de todas maneras estaré muerto dentro de unos días, así que lo que haga ahora no importará para nada, excepto para mí. Me permito ser egoísta y buscar mi propia felicidad en este momento, así que la rodeo con un brazo y la atraigo más cerca.

Ella vuelve a soltar un suspiro y recarga su frente en mi hombro.

Ninguno de los dos dice nada, porque no es necesario en lo absoluto. Ambos estamos dispuestos a morir por el otro en cuanto entremos en la Arena, así que básicamente estos somos nosotros, disfrutando de los pocos días que nos quedan de vida.

Nos sumergimos en un silencio que no resulta incómodo en lo absoluto. Ella traza lentos círculos en la piel de mi brazo, haciendo que el fino vello rubio que lo recubre se erice con su tacto. Yo por mi parte me dedico a enredar un mechón de su cabello en mi índice, maravillado por su tacto suave. No soy capaz de imaginar una mejor forma de despertar que esta.

Katniss deja salir un débil quejido y yo me tenso ante la posibilidad de que esté reconsiderando el nuevo giro que ha dado nuestra relación.

Me doy un segundo antes de preguntarle:

-¿Pasa algo?

La siento encogerse de hombros.

-Simplemente estaba pensando.

Mi mente empieza a ir a mil por hora ¿pensando? ¿En qué? ¿Se arrepiente? ¿Quiere que me marche?

Al final soy lo suficientemente dueño de mí mismo como para decirle:

-Hummm…

Lo sé, totalmente estúpido.

Ella se gira hasta que su vientre queda apoyado en el colchón y recarga su barbilla en mi pecho.

-Mañana en la noche será la entrevista televisada- empieza a explicar mientras yo la miro con una ceja alzada- Eso significa que falta poco para que Effie y Haymitch nos llamen para empezar a prepararnos.

-Es cierto ¿qué con ello?

Su rostro se vuelve de un color rojo profundo, pero antes de que pueda preguntarle al respecto tocan a la puerta. Katniss musita un "adelante" y entra la chica avox, que nos mira curiosa, pero simplemente sonríe a una Katniss cuyo rostro enrojece aún más.

La avox le da a Katniss un sobre color lavanda con un fuerte aroma floral y se despide de nosotros con una inclinación de cabeza y una sonrisa. Yo me quedo mirando la puerta mientras escucho como Katniss rasga el sello y desdobla el papel.

La escucho contener un jadeo y la miro alarmado, pero la sonrisa que se extiende por su cara me tranquiliza de inmediato.

-¿Son buenas noticias? - le pregunto mientras me estiro como un gato y le quito despreocupadamente el papel.

-Anda, sírvete- me dice burlona. La miro antes de prestarle atención al papel.- Nos han dado el día libre. -termina diciéndome con una sonrisa.

-¿De verdad? - le pregunto mientras mis ojos recorren ávidos el rectángulo de cartón en la que Effie ha escrito una nota breve pero con letras pomposas y cargadas de florituras:

"Tomando en cuenta el hecho de que tuvieron la oportunidad de desenvolverse y probarse durante su Gira de la Victoria, Haymitch y yo consideramos que no serán necesarias las sesiones de preparación para la entrevista. No se metan en problemas y prepárense para un día muy, muy importante.

Effie"

-¿Sabes lo que significa? - le pregunto con la misma sonrisa boba que parece haberse instalado permanentemente en mi rostro- Tenemos todo el día para nosotros.

De repente el día parece sumamente prometedor.

Katniss mira por la ventana con tristeza y mi corazón se encoge dentro de mi pecho. ¿Querrá que me vaya? ¿Desea estar sola?

-Qué pena que no podamos ir a ninguna parte- comenta melancólica y es su uso del plural lo que hace que pueda respirar tranquilo de nuevo.

No tardo nada en trazar un plan en mi cabeza y mi sonrisa contrasta curiosamente con su expresión perpleja cuando me levanto y busco el intercomunicador que hay en la habitación de Katniss para contactar a las cocinas.

-¿Quién dice que no?- le pregunto mientras aprieto el botón y escucho el montón de estática que se produce cuando atienden al llamado desde el otro lado.

Su sonrisa se convierte en una copia exacta de la mía cuando lo comprende. Ella también se levanta y rebusca en el armario mientras yo me encargo de ordenar mucha más comida de la que posiblemente podamos comer entre los dos. Al final, le pido a la chica del Capitolio que está tomando mi pedido que me envíen también una cesta.

La sonrisa de Katniss se vuelve tan amplia que me siento momentáneamente deslumbrado.

-Parece que estábamos pensando lo mismo- me confía mientras me muestra las mantas que ha encontrado en el armario. Son de cuadros azules y grises.

Cuando llega la comida, toda pulcramente acomodada en la cesta, ella se permite incluso sonreírle al ayudante del Capitolio, que la mira bizqueando por un segundo y luego se retira haciendo lo que me ha parecido alguna clase de ridícula reverencia.

Me río un poco y ella me mira con el ceño fruncido:

-¿Qué?

-Nada.

-Vamos, dime.

-No voy a darte motivos para iniciar una pelea, Katniss.

-¡Oh, vamos!- se queja ella.

Yo niego con la cabeza.

-¿Por favor…? - prueba mientras hace un puchero.

Algo se activa en mi interior y estoy dispuesto a darlo todo por complacerla.

-Es solo que…- ella espera, paciente, a que termine la oración.- Es solo que a veces me pregunto si realmente no te das cuenta.

-¿De qué? - pregunta mientras sus cejas se enarcan delicadamente.

-Del efecto que tienes sobre los demás.

-Ya…- dice mientras se sienta tranquilamente en una de las esquinas de la cama, sin mirarme.

Tengo ganas de darme de golpes al pensar que posiblemente acabo de arruinar todo el maravilloso día que teníamos por delante.

-¿Katniss? - pregunto débilmente.

Ella reacciona dando un respingo y sus ojos grises se encuentran con los míos. Su mirada se suaviza.

-¿Sí?
-¿Estas… molesta?

Me mira sorprendida.

-No, no lo estoy. ¿Por qué piensas que estoy molesta?

Me encojo de hombros.

-¡Vaya! ¿Tan mala soy?

Agito mi cabeza de un lado a otro, en una vehemente negación.

-No, no eres mala. Es solo que a veces no me veo venir tus reacciones.

Ella ríe suavemente.

-¿En serio? A veces me parece que me conoces demasiado bien. Pareces anticiparte a todo. Es solo que…

- ¿Qué?- la apremio.

-Es solo que me parece una tontería. Ya antes se lo habías dicho a Haymitch y yo simplemente no lo entiendo y no… no lo veo. ¿Comprendes? Y luego va todo esa gente que parece estar dispuesta a morir simplemente porque fui lo suficientemente estúpida como para sacar esas bayas y…

-Para- le digo mientras me siento a su lado en la cama y pongo mis manos en sus mejillas. Su piel se siente cálida contra la mía.- No vuelvas a llamarte a ti misma estúpida frente a mí. Nunca. No lo eres.- le digo con vehemencia mientras sus ojos se encuentran con los míos y su boca se abre muy ligeramente. Sus pupilas se han dilatado hasta que solo queda un fino anillo de plata a su alrededor. Siento su respiración en la piel de mi rostro y me pregunto en que momento me he acercado tanto… casi puedo contar sus pestañas- Eres la persona más brillante y asombrosa que he conocido- continúo diciendo y soy plenamente consciente de que solo tengo que moverme un centímetro para besarla- y…

Pero en ese momento tocan a la puerta. Ambos damos un respingo, mi corazón late rápidamente dentro de mi pecho y el aire sale en rápidas bocanadas de su boca.

¡Wow! ¿Qué rayos acaba de pasar?

Ella retira mis manos con suavidad, se aparta un poco y musita un "pase" con voz temblorosa. La puerta se abre dando paso al mismo ayudante del Capitolio que estuvo aquí hace unos minutos.

-Perdón- dice mientras sus orejas se tornan de un brillante color carmesí al vernos a ambos sentados en la cama- No quería interrumpir. Olvidaron empacar esto para ustedes- se excusa mientras le entrega a Katniss un atadillo de lo que resultan ser manzanas verdes.

-Gracias.- susurra Katniss con la respiración aún agitada.

Las mejillas de él se colorean y se retira con torpeza.

Ella permanece de espaldas a mí por otros cinco segundos. Cuando se voltea sus pupilas vuelven a tener un tamaño normal y su respiración se ha ralentizado.

-¿Vamos? - dice mientras señala hacia arriba con el pulgar.

-Vamos- acepto mientras tomo la cesta con la mano izquierda y abro la puerta con la derecha. Algo vacilante le ofrezco la mano que tengo libre.

Ella la toma sin vacilar y nos dirige hacia la azotea.

-Espera un momento- le digo mientras suelto su mano por un segundo y me escabullo hacia mi habitación.

Vuelvo antes de que ella haya tenido tiempo para replicar.

-¿Listo? - pregunta mientras me mira curiosa.

-Listo- le digo mientras vuelvo a tomar su mano y a dirigirnos hacia la azotea.

La escalera que lleva al tejado es empinada y está hecha completamente de metal, incluyendo la barandilla que Katniss y yo ignoramos por ir tomados de la mano. Ambos sabemos que no dejaremos al otro caer.

La puerta está pintada de negro y tiene el sello del Capitolio. Estamos en una salita con techo abovedado y Katniss se encarga de abrir la puerta porque es la única que tiene una mano libre.

A pesar de que apenas pasan de las ocho de la mañana el viento ruge en nuestros oídos. Estamos a bastante altura.

Para mí es la segunda vez que subo siendo de día, pero la expresión sorprendida de Katniss me dice que nunca había visto las maravillas que se esconden aquí a la luz del sol.

El espectáculo es hermoso, con el jardín lleno de flores y macetas con árboles de cuyas ramas cuelgan carillones que producen un sonido dulce y relajante al ser mecidos por el viento.

-¡Vaya! - gime ella- No recordaba que fuera tan bonito.

-Una de las cosas más bonitas que he visto- admito yo- Aunque en este lugar tiene una competencia bastante dura- le digo mientras la miro.

Ella se sonroja y rehúye mi mirada.

-Esto… ¿nos instalamos? - pregunta finalmente.

-Claro.

-¿En dónde?

-Elige tú.

Ella mira hacia todas partes y finalmente extiende una de las mantas bajo uno de los árboles. Su sombra permite que nos recostemos sobre frazada sin que el sol, que brilla intensamente en el cielo, nos deslumbre. Yo me acuesto primero y cierro los ojos, disfrutando del calor del sol sobre mi piel. La siento dudar, solo por unos segundos, hasta que se acuesta muy cerca de mí. Mis dedos se encuentran con los suyos a mitad de camino y mi se me escapa un jadeo al darme cuenta de que ella también quería sostener mi mano.

-¿Pasa algo? - pregunta ella con suavidad y puedo oír la risa en su voz.

Giro el cuello, abro los ojos y la veo en la misma posición que yo. Acostada boca arriba, con los ojos cerrados, disfrutando la sensación de calidez que nos rodea.

No puedo evitar reír.

-Muchas cosas- susurro en respuesta y sus dedos presionan gentilmente los míos.

Nos quedamos un rato así, envueltos por la música de los carillones, bañados por la luz del sol, tomándonos de la mano, hasta que un sonido nos sobresalta.

-Lo siento- se disculpa Katniss mientras se lleva la mano libre a su estómago, el cual acaba de rugir pidiendo comida. Su rostro se vuelve de un rosa que a mí me parece encantador.

-No tienes por qué disculparte- le digo mientras me apresuro a empezar a sacar parte de la comida que nos han metido en la canasta.- Yo también me muero de hambre. Simplemente pensé que se estaba demasiado bien así como para… en fin- empiezo a colocar la comida sobre la manta.

Ella selecciona un panecillo cubierto de semillas de sésamo y se lo lleva al rostro, donde hace crujir la corteza justo frente a su nariz. Aspira profundamente y me sorprende encontrar ese gesto profundamente sensual. Inhalo para controlarme y sacudo la cabeza.

-El día en que el nombre de Prim salió en la Cosecha- empieza a decir ella- tu padre le cambió a Gale una hogaza de pan muy parecida a esta por una ardilla. Gale pensó que simplemente se sentía algo melancólico pero…

-Fue por ti- le garantizo.- Dios sabe que nunca fui precisamente discreto sobre lo que sentía por ti. Supongo que nunca fue precisamente difícil para todo el mundo el ver lo que llevaba pintado en la cara.

-Excepto para mí- señala ella mientras se recuesta sobre las mantas apoyada en su vientre. Se endereza utilizando los codos, pero su mirada pasa por encima de mi cabeza y se clava en los carillones que se agitan alegremente en el árbol.

-Excepto para ti- admito yo.- Aunque sinceramente, Katniss, no puedo creer que nunca se te pasara por la cabeza.

-Bueno, ¡nunca dijiste nada!- dice mientras se sonroja.

-¡Me pasaba la vida viéndote! - le devuelvo yo.

-A veces lo notaba ¿sabes?

-¿En serio? - le digo rodando los ojos- Pensé que me había vuelto excelente en eso de acosarte y luego hacer como que nada había pasado.

¿De dónde sale esto?, me pregunto vagamente. ¿En qué momento nuestra relación tomó este giro tan inesperado? ¿Cuándo empezamos a bromear tranquilamente sobre mis sentimientos sobre ella?

-En serio- termina diciendo ella.

Nos dedicamos a comer, tumbados perezosamente sobre las mantas.

Ella corta las vides que cuelgan sobre nuestras cabezas y se dedica a practicar sus recién adquiridas habilidades en hacer nudos y tejer redes. Sus dedos se mueven rápidos y metódicos mientras me enseña los que ha perfeccionado y sus cejas se juntan graciosamente cuando debe concentrarse para hacer los que aún no domina.

Mientras ella está distraída en ello, saco de la canasta las cosas que he recogido de mi habitación antes de subir: un cuaderno de dibujo y una caja de carboncillos.

Son algunos de los objetos que el Capitolio dejó especialmente para mí entre las cosas que adornaban mi habitación. También tengo una caja de pintura al óleo, un montón de lienzos, un caballete y decenas de pinceles de todos los tamaños.

Empiezo a dibujar a Katniss. Ya tengo casi terminado el primer borrador, sin grandes detalles, cuando ella levanta la mirada y me ve con el cuaderno en la mano.

-¿Qué estás haciendo? - se queja mientras se estira tratando de quitarme el cuaderno.

-¿Sabes, Preciosa? - me burlo mientras la esquivo- estás matando mi inspiración. Ahora has el favor de volver a la posición en la que estabas y quedarte quieta.

-¡¿Me estás dibujando?!- chilla.

Le dedico una mirada fingidamente reprobatoria y continúo con mi labor. La verdad es que conozco tan bien su rostro que no necesito que pose, pero de todas maneras la miro muy serio, como si estuviera aprendiendo sus rasgos de memoria.

Ella me mira con el ceño fruncido por un minuto completo antes de que su gesto se dulcifique y se eche a reír.

-Vamos, ven aquí- dice mientras palmotea un lugar sobre la manta justo a su lado.

La miro con recelo y ella se ríe.

-Prometo no espiar.- me dice con solemnidad, pero puedo ver el brillo travieso en sus ojos.

-¿Por qué será que no te creo? - le pregunto con fingida indignación.

-No tengo ni idea- dice mientras una ancha sonrisa se instala en su rostro.

-Prefiero terminar aquí- respondo mientras me apoyo en uno de los maceteros y continúo deslizando el carboncillo sobre el papel.

-¿Me dejarás verlo cuando acabes?

La miro alzando las cejas, sorprendido.

-¿Quieres verlo?

Ella se encoje de hombros.

-Siempre es bonito ver las cosas que tú haces. Tienes mucho talento.- murmura mientras se recuesta sobre las mantas, apoya un tobillo sobre su rodilla flexionada y cierra los ojos.

La veo incrédulo por un momento antes de sacudir la cabeza y volver a mi trabajo. ¡Vaya! Katniss Everdeen acaba de hacerme un cumplido. ¿Quién diría?

Diez minutos más tarde el dibujo está listo

Soplo sobre la hoja para retirar el exceso de carbón y garabateo una firma en una esquina.

-¿Has terminado? - pregunta Katniss sin abrir los ojos mientras me arrodillo a su lado.

-Pues sí. ¿Aún quieres verlo?

Ella abre los ojos de inmediato, se endereza hasta quedar sentada y se estira hasta quitarme el cuaderno de las manos.

La observo a ella y no al dibujo, tratando de medir sus reacciones. Sus delicadas cejas se juntan sorprendidas y su boca se abre ligeramente mientras sus ojos recorren el dibujo de un lado al otro.

-¡Vaya!- masculla.

-¿Te gusta? - le pregunto sintiéndome ligeramente avergonzado.

-Claro que me gusta. Es precioso. Aunque me parece que te tomas muchas licencias artísticas.

-¿Ah sí?

-Es eso o tienes problemas en los ojos.

-¿Por qué lo dices?

-No me malentiendas, es un dibujo muy bonito. Es solo que…

-¿Si?

-Nada.

-Sabes que puedes decirme lo que sea.

Ella agita la cabeza, haciendo que su cabello se balancee sobre su espalda.

-No me parece muy cercano a la realidad. Es todo.

Trato de ver el dibujo con objetividad, evitando recordar que fui yo quien lo hizo. En él se ve a Katniss sentada, con las piernas cruzadas sobre el suelo. Su rostro es el vivo retrato de la concentración: se muerde el labio inferior y tiene una pequeña uve entre las cejas mientras retuerce una vid entre sus dedos, tratando de conseguir hacer el nudo que se ha propuesto.

Para mí, es un dibujo bastante realista y así se lo digo a ella. Para mi sorpresa ella se encoje de hombros y me devuelve cuidadosamente el cuaderno, ya cerrado.

-Supongo que es parte del problema, tú tampoco me ves con claridad. No puede decirse que seas imparcial.- dice mientras se aparta un mechón de cabello de encima de los ojos. Sus dedos manchados de carboncillo dejan una marca oscura a la altura de su sien izquierda.

Decido que no vale la pena discutir por cuál de los dos no sabe ver la realidad, así que me acerco a ella con los dedos estirados para quitar la mancha en su rostro.

Sus pupilas se dilatan casi imperceptiblemente, pero a pesar de que desconoce cuál es mi objetivo, no se aparta.

-Quédate quieta- le susurro cuando me inclino hacia adelante y recorro con el pulgar la línea grisácea que tiene sobre la piel. La siento estremecerse contra mis dedos y ella cierra los ojos por unos segundos mientras limpio los restos de carboncillo de su rostro.

Cuando he acabado acuno su mejilla con la palma de mi mano por un segundo y luego me separo.

Ella permanece con los ojos cerrados y la respiración agitada por unos segundos. Cuando me ve de nuevo, sus pupilas están dilatadas y parece confundida.

-Esto… ¿jugamos un rato?

-¿Jugar? - le pregunto curioso mientras entrelazo los dedos, tratando de controlar el temblor de mi mano.

-Se me ha ocurrido mientras estaba tumbada- dice mientras rebusca en la canasta y saca una reluciente manzana verde- yo la lanzo y tú la atrapas. ¿De acuerdo?

Su brazo se echa hacia atrás y luego flexiona el codo y deja ir la manzana con todas sus fuerzas por encima del muro bajo rodea la azotea. La fruta desaparece por unos segundos y luego regresa a nosotros describiendo un arco en el aire, debido al campo de fuerza que rodea el edificio. La atrapo con facilidad y la arrojo de nuevo. Pasan unos segundos y Katniss la recupera en el aire con una expresión de triunfo que hace que se me retuerza el estómago.

Jugamos hasta cansarnos y, sorprendentemente, nadie nos molesta. Cuando nos cansamos, yo me siento apoyando mi espalda en uno de los maseteros. Katniss se me une un segundo después y duda por un instante antes de pedirme permiso para acostarse en mi regazo.

Estoy a punto de arruinarlo, porque su solicitud me ha tomado por sorpresa, así que he tardado un minuto entero en contestarle.

-No pasa nada- dice ella cuando mi mutismo se prolonga hasta el infinito- siempre puedo sentarme aquí dice mientras flexiona las rodillas para sentarse.

-¡No!- prácticamente le grito, haciendo que de un respingo- yo solo… no me molesta para nada- sí, ¡brillante!- me gustaría, me gustaría mucho- admito finalmente.

Ella se muerde el labio, pero no dice ni una palabra y se tumba boca arriba con la cabeza sobre mis piernas extendidas.

Después de unos minutos ella se endereza y yo me convenzo de que he hecho todo mal, pero ella se vuelve a acostar un momento más tarde con los brazos llenos de flores y tallos.

Empieza a entretejer una corona de flores mientras yo, finalmente más confiado, empiezo a juguetear con su cabello y me doy cuenta de que a pesar, de todos los besos y caricias que hemos compartido frente a las cámaras o frente a los otros Vencedores, nunca habíamos tenido un momento tan real como este. Un momento que desearía se pudiese repetir cada día y cada noche por el resto de mi vida.

Mis dedos se quedan quietos.

-¿Qué?- pregunta ella casi al instante.

- Ojalá pudiera congelar este momento, ahora mismo, aquí mismo, y vivir en él para siempre.

Estoy preparado para que me aparte, o para que se ría de mí, pero en su lugar sus dedos atrapan los míos y colocan mis yemas gentilmente sobre su frente, como invitándome a volver a jugar con los mechones que se escapan de su trenza.

-Vale- es todo lo que dice mientras se gira sutilmente y frota su mejilla contra la tela de mis pantalones.

La sonrisa que aparece en mi rostro amenaza con partirme la cara por la mitad.

-Entonces, ¿lo permites?- la risa sonando en mi voz.

-Lo permito- acepta ella.

Han pasado solo unos minutos desde que ella dio su declaración y de que yo volviera a juguetear con su cabello cuando se queda profundamente dormida.

Pasa una hora, tal vez dos, pero cuando la puesta de sol empieza a teñir el cielo de naranja, la despierto sacudiendo gentilmente su hombro.

Mi nombre se escapa en un suspiro de sus labios cuando se despierta y yo creo morir de felicidad ahí mismo.

Ella parpadea rápidamente mientras sus ojos se acostumbran a la luz y se sienta con cuidado mientras su rostro se tiñe de naranja por el reflejo del sol sobre los edificios de cristal y metal del Capitolio.

-Me pareció que no querrías perdértela.

Sus ojos se humedecen ligeramente mientras ella contempla absorta el disco naranja que se desvanece poco a poco tras los altos edificios.

-Gracias- responde emocionada.

Decidimos no bajar a cenar. Nadie viene a pedírnoslo de todas formas. Tal vez porque todos están hartos de nosotros. Tal vez porque quieren dejarnos disfrutar a solas el poco tiempo que nos queda de vida, juntos.

-Me alegro- le digo a Katniss cuando me lo señala- estoy cansado de hacer que todos se sientan mal. Todos llorando o Haymitch…- aprieto los puños y pienso en Haymitch furioso, en Haymitch decepcionado. No sé cuál de los dos es peor. Ella me frena poniendo una mano sobre mi brazo y yo me tranquilizo de inmediato.

Nos quedamos en el tejado hasta que la temperatura desciende y ha llegado la hora de dormir. Ponemos todo dentro de la canasta, mantas incluidas y Katniss me ofrece su mano.

Bajamos por la escalera y caminamos en silencio hasta la habitación de Katniss.

Me pregunto si querrá que me quede esta noche también. Deseo hacerlo, realmente sí y creo que ella se siente igual, pero me asusta que mi presunción la moleste o la aparte de mí.

Ella contesta mi pregunta no formulada tirando de mi mano y metiéndome en la habitación. Sobre la cama está uno de mis pijamas cuidadosamente doblado. Ambos nos congelamos por un segundo.

Dios, esto es incómodo.

Ella me tiende el pijama sin mirarme, pero veo de refilón que sus orejas se han puesto completamente rojas.

-¿Estás… segura de que quieres que me quede?

-¡Claro! - responde sorprendida- ¿Tú no…?- se aclara la garganta- ¿no quieres?

La miro como si se hubiera vuelto loca y ella me dedica una sonrisa azorada.

-Sólo vamos a dormir… ¿verdad? - pregunta luciendo insegura por un instante.

La atraigo hacia mí y la siento temblar ligeramente. Deposito un beso sobre su coronilla y la suelto, pero ella no se aparta. Recarga la cabeza en mi hombro y suspira.

-Gracias.

Acomodo un mechón de cabello tras su oreja y acaricio la línea de su mandíbula con el pulgar.

-No hay de qué.- le susurro.- Vuelvo en un segundo. Iré a cambiarme.

Ella asiente y yo me dirijo rápidamente hacia su baño, una copia del mío. Lleno el lavabo de agua fría. Me quito la camisa y sumerjo el rostro en el agua. Lo levanto salpicando todo de agua y dejando que las gotitas corran por mi cuello y mi espalda. Veo mi reflejo en el espejo. Los ojos brillantes, las mejillas sonrosadas y una sonrisa imposiblemente amplia en medio de todo.

Seco mi cuerpo y mi rostro con la camisa que acabo de quitarme y me pongo rápidamente el pijama: una camiseta a rayas grises y blancas y un pantalón de chándal gris.

Cuando salgo, Katniss está sentada bajo las sábanas, abrazando sus rodillas.

Me siento al otro lado de la cama y me resbalo hasta quedar acostado. Ella me mira con una emoción en sus ojos grises que no soy capaz de descifrar, pero se acerca a mí en cuanto abro los brazos.

-Buenas noches- susurra pegada a mi pecho.

-Descansa- le respondo en el mismo tono mientras la rodeo con mis brazos.

Ella se duerme en tiempo record. Yo trato de disfrutar el momento tanto como sea posible. Ya solo nos queda una noche más de esta manera. Después de mañana estaremos en la Arena, luchando por sobrevivir.

La idea se me viene a la cabeza un instante antes de dormir, mientras veo la figura apacible de Katniss.

Una de sus manos está sobre la piel de mi cuello, pero la otra se encuentra abierta y relajada sobre su vientre plano.

La impresión me marea por un segundo cuando lo pienso. ¿Qué sucedería si hubiese un vigésimo quinto Tributo en la Arena? Una criatura que aún no ha visto la luz del sol, pero que ya tiene vida y un corazón que late.

¿La enviarían de todas formas?¿Serían capaces?

Me permito fantasear por un segundo con ello. Me imagino su vientre plano redondeándose poco a poco, mis manos recorriendo con cuidado su barriga crecida y una criatura dando botes y patadas al reconocer el sonido de mi voz.

Mis ojos se llenan de lágrimas cuando lo pienso, porque nunca se me ocurrió que podía querer a alguien tanto como a Katniss. Y aquí estoy, sufriendo por un niño o niña a la que no conozco y que posiblemente nunca llegue a existir, pero al que ya amo.

Mi decisión se afianza y a pesar de que sé que no me escucha, se lo digo:

-Katniss- ella pega la nariz contra mi brazo y recorre mi cuello con los dedos, dejando la mano plana sobre su estómago, profundamente dormida- Katniss, estamos esperando un bebé.