Punto sin Retorno
Por: Niteryde
Traducción: Mya Fanfiction
Capítulo 13: Secuelas.
Estuvo tentado momentáneamente por como Vegeta se lo pidió, pero hizo lo contrario.
Vegeta soltó la mano de Trunks cuando las convulsiones finalmente se detuvieron. El adolescente exhaló aliviado y continuó alimentándolo directamente con su ki manteniendo la mano en su corazón. El agotado sistema del príncipe estaba absorbiendo con desespero la energía necesaria para reaprovisionar la inexistente y su hijo podía sentir cómo sudaba copiosamente mientras le daba casi toda la que tenía.
Finalmente, sintió que el latido débil y leve de su padre se fortalecía un poco. La piel de Vegeta, la cual había estado fría al tacto, se sentía más cálida en su mano.
Cuando oyó pasos retiró la mano del pecho de su padre. El adolescente, casi de inmediato, se tambaleó hacia atrás antes de caer al suelo, completamente agotado. La transferencia de ki o energía era una técnica que Gohan le había enseñado, pero era buena sólo para emergencias y precisamente para esa razón. Trunks se incorporó lentamente y levantando una mano temblorosa y se quitó el sudor de la frente. Miró a su padre preocupado. Al menos, le había dado algo más de tiempo. Mirando sobre su hombro, maldijo mientras oía pasos. El alienígena estaba regresando.
Con mucho más esfuerzo de lo que le habría tomado, se arrastró hacia adelante y tomó su espada. Se obligó a incorporarse y dar la vuelta justo cuando la puerta se abrió.
El paramédico azul entró rápido, visiblemente tembloroso. Había oído las explosiones que ocurrieron pero no tenía idea de la magnitud de la masacre que había sucedido afuera. Trabajaba para el Rey Cold en el Departamento de Ciencia y Medicina y aunque no era simpatizante de su superior, ver su cuerpo decapitado a través de uno de los portales de la nave le había causado escalofríos. Alguien había sido lo suficientemente fuerte como para diezmar al ejército más mortífero del universo y tenía el presentimiento de que ese alguien era el muchacho que entró pidiendo ayuda.
—Mmm, está bien. Creo que pue...
El alienígena se congeló frente a Trunks, se le olvidaron las palabras. La cara del adolescente estaba roja, respiraba dificultosamente. Empuñaba la espada con fuerza y sus ojos azules lo tenían en la mira. Sin saber que el muchacho estaba completamente exhausto, el paramédico asumió que tenía algo más: rabia.
—¿Qué crees? —espetó Trunks impacientemente. El alienígena vaciló y se echó un poco para atrás, sorprendido por el tono de voz. Trunks lo miró confundido. Nunca antes había visto a nadie mirarlo con semejante terror y aprehensión. Respiró profundo recordándose que ahora no era momento para asustar a nadie por lo que intentó de nuevo.
»Mira, no voy a lastimarte, Sólo necesito tu ayuda. ¿Puedes ayudar a mi padre o no?
Trunks notó con alivio que ahora la criatura pareció calmarse un poco, aunque no mucho.
—Bueno —comenzó el alienígena, enfocando su vista en Vegeta—, no tenemos tanques de recuperación que es lo que de verdad requiere, y no sobrevivirá el tiempo suficiente para que lleguemos a la estación más cercana. Hay un equipo a bordo y pensamos que la única posibilidad es que intentemos reparar el daño interno directamente. Si podemos hacer eso…
—¿Te refieres a una cirugía?
—Sí, juzgando cuánto está sangrando por la boca y los golpes, sus órganos…
Trunks levantó la mano libre para silenciarlo. Entrecerrando los ojos, miró al suelo y sus sentidos captaron algo. Alguien estaba cerca. El ki era tenue lo que significada que estaba débil o lejos.
¿Un sobreviviente? ¿Freezer?
El saiyajin maldijo por lo bajo. Todavía estaba debilitado por la transferencia de energía, no estaba en condiciones para pelear —especialmente si era Freezer quien había llegado. Uno de sus ojos comenzó a temblar y se lo frotó impacientemente.
—Aplícale entonces la anestesia y hazlo —dijo finalmente.
—¿…Anestesia?
Trunks volvió a mirar al alienígena con claro escepticismo. —¿No tienen anestesia? ¿Y medicación para el dolor?
—No, tampoco. El Rey Cold y sus hijos piensan que esas medicaciones sólo promueven la debilidad.
Era lo más loco que había oído. ¿Cirugía sin ningún tipo de medicación para el dolor? Trunks miró casi desvalidamente al paramédico antes de dar la vuelta y observar a su padre que aún estaba inconsciente. Los fuertes hematomas que cubrían su torso le causaban nauseas. Habían intentado vendar las profundas laceraciones en su piel y muñecas pero éstas comenzaban a empaparse.
—Está bien —espetó en exasperación. Vio hacia el muro donde aún podía sentir algo—. Hagan lo que puedan.
Se dio la vuelta justo cuando el alienígena le hacía un ademán a los otros para que entraran. El alienígena de cabeza azul les habló en otro idioma y Trunks percibió más de una mirada de desconfianza mientras lo observaban. Un alienígena pequeño de piel púrpura se acercó a Vegeta y lo miró con curiosidad y de inmediato se echó para atrás aterrorizado en el momento en el que reconoció al príncipe.
Trunks parpadeó sorprendido cuando todos comenzaron a gritar y discutir. Podría no haber entendido las palabras pero reconoció el nombre de su padre en la conversación.
—¿Qué sucede? —interrumpió enojado.
La criatura azul suspiró y se dio la vuelta. —No quieren ayudar a salvarlo.
—¿Qué? ¿Por qué no?
—Porque si logramos salvarlo, su poder y fuerza se disparará. Y… —el alienígena aclaró su garganta y miró a Vegeta—, probablemente nos matará tan pronto como esté recuperado.
Trunks pudo sentir como subía su presión arterial mientras su rostro se enrojecía de rabia. No tenía tiempo para sandeces.
—Si lo ayudan les prometo que vivirán. No permitiré que los lastime, tienen mi palabra. Pero si se niegan morirán y no será por la mano de Vegeta. ¿Entienden? —amenazó, sus ojos se oscurecieron y el sudor bajó por su espalda desnuda. Estaba luchando por mantenerse de pie —sería complicado respaldar sus palabras.
No lo necesitó. Su mensaje fue transmitido y los alienígenas se movieron. Se mordió el labio inferior, mirándolos ansiosamente por unos segundos mientras atendían a su padre. El adolescente frunció el ceño y miró hacia un lado. Sí, definitivamente estaba percibiendo un ki.
No podía pelear así que había sólo otra única opción: Volar, después de todo, era una nave especial.
Vaciló al ver otra vez a los alienígenas. Parecían estar intentando ayudar a Vegeta legítimamente. ¿Pero y si lo mataban tan pronto como dejara la habitación?
Se volvió a frotar el ojo que le estaba temblando y se preguntó si podía reunir la suficiente fuerza para pelear si era necesario, cuando una criatura azul le habló:
—Tienes que retirarte.
Trunks entrecerró los ojos y lo observó otra vez. —¿Qué?
—Los estás poniendo nerviosos.
—Está bien —susurró Trunks—, pero necesito que uno de ustedes venga conmigo. Necesitamos sacar esta cosa del planeta tan pronto como se pueda.
—No creo que sea buena idea mientras hacemos esta...
—Algo se acerca y no sé lo que es. Quizá sea Freezer. —Ante el sonido del nombre del tirano todos dejaron de hacer lo que hacían y observaron a Trunks con ojos amplios. Éste, no obstante, observó sólo a la criatura de color azul—. Ayúdennos y les juro que los dejaré partir a algún lugar donde Freezer no pueda encontrarlos. Serán libres todos. Por favor, requiero su apoyo.
La sinceridad en la mirada del adolescente no fue omitida por el alienígena. Después de unos segundos, finalmente asintió. Les dijo unas palabras a los demás y después regresó con Trunks, le hizo un ademán para que lo siguiera y éste así lo hizo.
—¿Estás seguro de que no necesitan tu ayuda? —preguntó cautelosamente mientras caminaba al mismo paso del alienígena. Miró sobre su hombro.
—Pueden hacerlo sin mí. Tienen más experiencia con esto.
El adolescente asintió antes de mirarlo de nuevo. —Gracias por la ayuda.
—Naji.
—¿Qué?
—Mi nombre.
—Ah. Soy Trunks.
—¿No eres de aquí, verdad Trunks?
Trunks arrugó el entrecejo. —No en realidad.
—Bueno, no te pierdes de nada —dijo Naji mientras entraba a una habitación con un gran panel de control—. Estuve una vez cuando uno de los soldados del Rey estableció estas coordenadas y estoy seguro de que recuerdo cómo hacerlo. Si tiras de esa palanca. —Le apuntó a una palanca roja próxima a la puerta donde se encontraba Trunks—, la nave despegará así que nadie...
Trunks la jaló y Naji le dio un guiño antes de continuar. —Correcto. ¿Y a todas estas, sabes a dónde quieres ir?
La respuesta fue inmediata.
—Sector sur. Planeta Tierra.
—Que así sea.
Los ojos endurecidos de Freezer inspeccionaban metódicamente el daño. Su mirada se clavó unos segundos en el cuerpo decapitado de su padre y los restos de su hermano, antes de observar nuevamente el remanente de su ejército diezmado. El tirano cruzó los brazos y suspiró calladamente. Había formado a ese ejército de la nada e iba a ser increíblemente molesto reconstruirlo. Y ese ni siquiera era el asunto más urgente qué resolver.
Ese muchacho. Era tan joven y aun así… Dio un latigazo con su cola mientras evaluaba la mitad inferior de su hermano.
Hizo un gesto desdeñoso y la pateó lejos.
Había visto cada segundo de la transmisión de Los Juicios hasta la transformación de Trunks, cuando su poder interrumpió la señal permanentemente. Ahora estaba de pie en el centro de donde todo el caos había ocurrido —y aun así apenas podía creerlo.
¿Un Super Saiyajin? Había oído las leyendas y a Vegeta, Nappa y Raditz mencionarlo algunas veces cuando los husmeaba a través de sus scouters. Pero ni una vez pensó que las ridículas historias tuvieran sentido alguno. Freezer sacudió la cabeza con escepticismo, recordando el primer encuentro con el adolescente y la breve lectura de poder que tuvo de él.
Entrecerró los ojos. El muchacho era fuerte pero él era mucho más. De eso estaba seguro. E iba a probarlo exhibiendo su cabeza para cualquiera que se atreviera a retarlo en el futuro…
—Hemos revisado el planeta, Gran Freezer. No hay nadie con vida.
—Ya veo —murmuró Freezer antes de enfrentar a Cui—. ¿Y qué hay de la nave insignia?
—¿Señor? —preguntó Cui cautelosamente, fuera de guardia.
—La nave de mi padre —respondió Freezer con un tono de voz al borde de la impaciencia que le produjo escalofríos a Cui. El tirano lo pasó por alto y continuó—, estaba situada aquí, a tu lado, durante Los Juicios y ahora no está.
—Ah —dijo Cui, parpadeando sorprendido—. Ni siquie...
—Ni siquiera sabías que estaba ahí. Sí, ya veo. Bueno Cui, hubo al menos un sobreviviente en este baño de sangre y la nave de mi padre está ahora perdida. Dime. ¿Qué crees que eso signifique? —preguntó Freezer, su mirada tenebrosa e irritada fue a dar a Cui quien dio un paso atrás asustado.
—Mmm… ¿Que tomó la nave de su padre y abandonó el planeta? —chilló Cui.
—Sí, precisamente eso —dijo Freezer con falsa cortesía mientras comenzaba a dar latigazos con su cola—. Ahora Zaabon está muerto y por consiguiente es inútil para mí, tú tomarás su lugar desde este momento. Averigua dónde está y a dónde va la nave de mi padre. Te sugiero que sea rápido, a menos que quieras morir y volverte inútil también. ¿Quedó claro?
—Sí, Gran Freezer —respondió Cui, sorprendido por el silencioso ascenso de rango. La mirada del tirano se tornó mortal como recordatorio de que la misión carecía de opciones e inmediatamente añadió—: me encargo ahora mismo, señor.
—Bien. Nos vamos ahora para poder destruir este planeta.
—Sí, Gran Freezer.
—… ¿Qué estás esperando? —dijo Freezer inexpresivo.
Cui no necesitó que se lo pidieran dos veces y se escabulló hasta la nave insignia. El soldado de bajo rango miró sobre su hombro al tirano, temeroso de ser golpeado si no lo hacía. Por hacerlo, tropezó con un cadáver y casi cayó de bruces. Freezer lo vio y apartó la mirada.
Inspeccionó a los hombres muertos con indiferencia y luego se dio la vuelta para regresar a la nave.
Después de todo, tenían trabajo que hacer.
Trunks estaba sentado en el suelo con la espalda pegada a la pared, a pocos metros de su padre y sosteniendo la espada con la mano derecha. Habían realizado la cirugía más arcaica que el adolescente había visto en su vida, pero fue lo mejor que pudieron hacer. Naji le dijo que la mayoría de las veces los soldados con heridas como las de Vegeta eran abandonados para que murieran cuando no había tanques cerca. En muy raras ocasiones tenían que salvar a alguien como lo hicieron con él y se notaba.
Pero lo hicieron y se suponía que era todo lo que importaba. Trunks examinó donde Vegeta descansaba y suspiró. No tenía un sentido concreto del tiempo, pero sabía que seguramente habían pasado muchos días equivalentes a la Tierra. Durante todo ese tiempo, su padre no había despertado y él no había dormido.
Siendo sincero, todo esto estaba comenzando a pasarle factura. El estrés bajo el cual había estado recién lo había desgastado, física y emocionalmente. Le había tomado horas a los paramédicos ayudar a Vegeta y durante ese tiempo, el adolescente había vomitado dos veces. Estaba hambriento, falto de sueño y todavía tambaleándose por la experiencia con los tsufuru. Y para colmo, había dado una gran cantidad de su sangre para que pudieran dársela a Vegeta.
El adolescente cerró los ojos, había silencio y podía sentir que los paramédicos estaban al otro lado de la nave. Aun cuando Naji aparecía cada poco tiempo para revisar a Vegeta, era obvio que los demás estaban asustados. No obstante, a Trunks no le importaba. Le gustaba la calma.
Estaba a punto de quedarse dormido cuando percibió movimiento. Abriendo los ojos a la fuerza, inspeccionó a su padre.
Vegeta intentó abrir los ojos pero no lo logró. Intentó moverse y tampoco pudo. Todo le dolía. Mucho. Pudo recordar sólo dos o tres instancias de su vida donde sintió tanto dolor. Para eso eran los malditos tanques. ¿Por qué no estaba en uno? ¿Dónde demonios se encontraba? Frustrado y desorientado se obligó a moverse. Rápidamente, la fatiga le enrojeció la cara, apenas logró levantar el hombro para darse la vuelta cuando fue detenido.
—Hey, cálmate —dijo una voz familiar. Una mano fuerte se posó sobre su hombro y lo bajó con facilidad, acostándolo nuevamente—. No estás listo para esto todavía.
Vegeta gruñó y trato de hablar pero su quijada estaba cerrada con sutura. Entreabrió los ojos hacia Trunks con esfuerzo antes de volverlos a cerrar.
¿Por qué demonios hay tanta luz aquí? Apágalas. Trunks oyó la voz molesta de su padre en su mente. El adolescente parpadeó y miró alrededor. La habitación estaba débilmente iluminada para que él pudiera descansar.
—¿Cómo te sientes? —preguntó preocupado, frunciendo el ceño. El rostro de Vegeta estaba rojo y sus ojos muy cerrados por el dolor. Comenzó a sudar de nuevo.
Te dije lo que tenías que hacer muchacho. No lo hiciste.
Trunks suspiró. Debió haberlo sabido. El cansancio lo envolvió repentinamente.
—No pude. Eres mi padre. Lo sabes.
Así que puedes matar a todos los demás excepto a mí, sólo porque tenemos la maldita misma sangre, gruñó Vegeta en aversión.
—Es una locura y nunca lo haré. Demonios, salvé tu vida.
¡No te pedí que me salvaras! La voz de Vegeta se oyó bruscamente en la mente de Trunks, tanto que el adolescente retrocedió.
—Está bien, solo cálmate...
Una cosa, sólo una. La única que te he pedido y no pudiste hacerlo. Pensaba que eras fuerte, pero sigues siendo el mismo idiota compasivo que encontramos.
Trunks apretó los dientes y miró al suelo con el rostro enrojecido de frustración. Se mantuvo en silencio por un momento antes de mirar de nuevo a su padre. ¿Nada de lo que hacía era bueno para ese hombre?
—Mira —comenzó a hablar Trunks finalmente, entrecerrando los ojos—. Si te quisiera muerto, sencillamente hubiese dejado que Freezer lo hiciera. O a Zaabon. Regresé para salvarte y fue lo que hice. Si eso me hace blando, o lo que sea, bien. Que así sea. Pero no entiendo por qué querías morir. Vas a mejorar. ¿Por qué no lo entiendes?
Vegeta no proyectó nada mentalmente y guardó un amargo silencio. ¿Qué podía entender el muchacho de todos modos? Era solo eso: un muchacho que no estaba acostumbrado a la verdadera opresión. ¿Cómo podía explicarle a su hijo lo desmoralizante que fue ser abatido así por Freezer? El tirano lo había destruido física y después mentalmente. Había rogado por su maldita cola —y la había perdido de todas maneras. Lo único que lo hacía un saiyajin no estaba, se lo había quitado como un condenado juguete. Fue humillante.
Demonios, el muchacho prácticamente era más saiyajin que él. Había alcanzado el nivel legendario. ¿Qué diablos había conseguido él? Una vida de causar estragos en nombre de Freezer.
Vegeta, alimentado por el poco orgullo que le quedaba, logró rodarse de costado con mucho esfuerzo para darle la espalda a Trunks. Era algo bueno dado que su rostro estaba roja remolacha. Estaba apretando los puños con tanta fuerza que la sangre se le filtraba por los dedos mientras se los encajaba en las palmas de las manos.
Sal de aquí, gruñó. Si el muchacho no iba a sacarlo de su miseria, lo menos que podía hacer era dejarlo en paz para sufrir solo mientras recuperaba sus fuerzas, físicas y mentales.
Lo que no sabía Vegeta era que aún no estaba en total control de su telepatía. Meditando lo que le había hecho Freezer, ignorantemente le proyectó a Trunks las imágenes de lo que había ocurrido con el tirano. El adolescente vio con los ojos muy abiertos el pequeño muñón de piel en la parte baja de la espalda de su padre, éste estaba rojo e hinchado en el extremo donde el resto de la cola había sido cortado. Con todo ese caos no había notado que la había perdido.
Trunks abrió la boca para decirle a su padre que sentía lo de su cola, pero sabiamente lo meditó mejor. No serían bien recibidas la pena y la compasión, no ahora y posiblemente nunca. Cambió su peso de una pierna a la otra con incomodidad. Quería ofrecer algo de consuelo pero no sabía cómo hacerlo.
Finalmente, se dio cuenta con tristeza de que el único consuelo que podía ofrecer era dejarlo solo.
El príncipe estaba enfocado solamente en respirar mientras su hijo comenzaba a marcharse. Estaba aliviado, por fin se relajaría tanto como podía bajo las circunstancias en las que se encontraba. Estaba casi dormido cuando sintió que Trunks puso algo en su mano ensangrentada.
—Regresé por ti a la base. No había nadie pero conseguí esto. Pensé que lo querrías.
Vegeta frunció el ceño. No necesitaba abrir los ojos para saber que lo que estaba sosteniendo era el fragmento de armadura con el símbolo de la Familia Real gravado.
Quédatelo tú. Es una porquería.
— Quédatelo tú. Es tu porquería —dijo Trunks, sonriendo un poco—. Si no te gusta, entonces deshazte de él. Aunque parece que nunca has tenido prisa en hacerlo.
Cuidado con lo que dices, muchacho, advirtió Vegeta. Su aviso perdió algo de efecto cuando su voz salió débilmente.
—Sólo decía. Te quitó la cola, pero hay algunas cosas que no puede, así que no lo dejes.
Piérdete, mestizo. Has agotado tu bienvenida.
—Haz lo que quieras. —Trunks suspiró. Vegeta oyó pasos y después la puerta abrirse y cerrarse. Luego hubo silencio.
El príncipe respiró profundamente por la nariz. No era la primera vez que apretaba el fragmento de armadura para destrozarlo. ¿Igual para qué demonios lo necesitaba? Lo conocía de corazón y había memorizado cada línea. Era una porquería inútil como le había dicho a Trunks. Innecesario.
Tampoco era la primera vez que aflojaba su agarre justo cuando estaba a punto de romperlo. Tan pronto como lo hizo suspiró y se quedó nuevamente dormido, un sueño sanador y profundo.
Apenas lo hizo Trunks volvió a entrar. El adolescente revisó a su padre momentáneamente, asegurándose de que estaba tan cómodo como podía. Luego se acercó a la pared otra vez y se deslizó hasta caer sentado. Dejó cerca su espada. Aun cuando los alienígenas estaban aterrados hasta la muerte de él, no confiaba en ellos del todo.
Finalmente, después de unos segundos, no pudo pelear más contra la fatiga y se quedó dormido.
—No estoy seguro de su nombre. Es un muchacho de cabello lavanda y ojos azules. Tiene una espada y sabe usarla. Tampoco sé si Vegeta sobrevivió pero al parecer son aliados. El muchacho es poderoso, pese a su edad, pero estoy seguro de que pueden traerlo, usen a Vegeta como señuelo si es necesario… si logró sobrevivir.
—Sí, Gran Freezer.
—Cui los llevará pronto a su localización.
—Muy bien, Gran Freezer.
—Buena suerte, Ginyu —dijo Freezer antes de presionar un botón y finalizar la transmisión.
Sus ojos continuaron fijos en la gran pantalla frente a él, rotaba su copa de vino con una mano mientras miraba con intensidad la transformación a super saiyajin de Trunks reproduciéndose una y otra vez en un bucle infinito. Habían pasado unos días desde el fiasco en Los Juicios y mientras trabajaban en encontrar la nave de su padre, él se entretenía asimilando las fuerzas militares de éste y su hermano.
Y, por supuesto, viendo el bucle de la transformación de Trunks cuando tenía tiempo.
Freezer levantó su copa para beber y maldijo internamente que el vídeo se cortara justo momentos después de la transformación del muchacho. Hubiera sido útil verlo en batalla.
—Gran Freezer —dijo uno de los técnicos, entrando directo en la oficina del tirano—. Hemos…
Hasta allí llegó antes de que el tirano le lanzara un rayo directo al corazón sin mover los ojos de la pantalla. El técnico murió antes de caer al suelo.
Sinceramente, ¿cuántas veces tenía que decirles que no irrumpieran así? Nunca aprenderían.
Freezer suspiró. Quizá iba a extrañar a Zaabon.
—¿Puedo entrar señor? —se oyó una voz aterrada desde la puerta.
—Por supuesto, Lino —dijo el tirano cortésmente—. ¿Qué valor arrojó la lectura?
—Mmm. Bueno, la máquina explotó cuando aún estaba aumentan…
—¿De cuánto fue la lectura?
—La última lectura grabada estaba por encima de cinco millones, señor.
Eso hizo voltear a Freezer. —¿Qué? —preguntó incrédulo—. ¿Dijiste cinco millones?
—Sí, Gran Freezer. Y todas las señales indican que no había alcanzado el máximo cuando la máquina finalmente explotó.
Un escalofrío lo recorrió desde la espalda hasta llegar a su cola. Su atención regresó a la pantalla.
—Eso es todo, Lino. —El tirano despidió al soldado casi distraído. Mientras el técnico huía por su vida, Freezer levantaba la copa para beber otra vez, considerando la nueva información.
¡Cinco millones! Qué ridículo. ¿Cómo era posible? Habría encontrado hacía mucho al muchacho aun estando en el planeta más lejano del universo. Ese poder estaba incluso por encima de su máximo poder.
No, no habría perdido a un muchacho de ese nivel. Además era imposible que fuera tan joven y escandalosamente poderoso. Sea o no un Super Saiyajin. No, evidentemente la lectura del poder de pelea estaba errada, tenía que ser eso. No había otra explicación.
Freezer puso mala cara cuando oyó pisadas en la puerta otra vez antes de quedarse ahí.
—Dije que era todo, Lino —dijo el tirano, oyéndose aburrido mientras comenzaba a rotar la copa de vino—. El nivel de pelea está errado. No tengo dudas al respecto. Probaré que el mono mestizo no es tan poderoso y lo mataré personalmente. Eso es todo.
—Si peleas contra ese muchacho, morirás, Freezer.
Los ojos de Freezer se entrecerraron y su mano se detuvo. Lentamente, giró su asiento para mirar hacia la puerta. Observó a su nuevo invitado por un rato antes de comenzar a rotar su copa perezosamente.
Fingió una sonrisa aun cuando sus ojos eran asesinos. —Vaya que eres perseverante.
—Más de lo que crees.
—Me gustan tus nuevas piernas metálicas. Qué modernas.
—Hice lo que tenía que hacer. El muchacho me mutiló, pero no me aniquiló. Mis hombres trabajaron muy duro para mejorarme.
—Ya veo —respondió el menor despectivo, recostándose nuevamente en su asiento mientras Cooler se acercaba—. Desafortunadamente, lo que ese mono te hizo a ti y a nuestro padre es completamente atroz.
—¿Lo buscaste?
—Sí, busqué en el planeta. No lo encontré, ni a ti, en ese orden.
Porque yo te hubiera acabado permanentemente, meditó silenciosamente.
—Llamé a mis hombres para que vinieran a rescatarme. Al parecer, el muchacho ya se había llevado la nave de nuestro padre.
—Efectivamente. Destruí el planeta después de la búsqueda y ahora tengo a todos mis hombres rastreando la nave de nuestro padre. Lo encontraremos pronto.
—¿Y después qué, lo destruirás? —dijo Cooler burlón.
—Ese es el plan, sí —se burló también.
Cooler gruñó molesto, ondeando su nueva cola metálica.
—Te ciega la arrogancia, hermano. Ese muchacho es más fuerte que tú. Te destruirá fácilmente si te precipitas en esta batalla.
—Bueno, alguien tiene que matarlo. Y ciertamente no serás tú, puesto que eres demasiado débil. Y tampoco será nuestro padre porque está muerto.
—Sí, fue asesinado por ese muchacho y es por eso precisamente que debe morir. Ese mono hizo de nuestra familia una burla, no lo toleraré.
Freezer serpenteó su cola discretamente. En realidad, le importaba un carajo la muerte de su padre y menos la de su hermano. Quería ver muerto al saiyajin porque odiaba la idea de que un mono mestizo fuera más fuerte que él. Eso era todo. Cooler tenía el orgullo familiar y sus motivaciones eran distintas. Quería venganza. El icejin menor resopló disgustado. La venganza era emocional y las emociones eran una debilidad en el campo de batalla.
Suspiró. Si solamente su hermano hubiera permanecido muerto.
¿Qué sugieres entonces? —preguntó sin curiosidad, mirando nuevamente a su hermano mayor mientras le daba un sorbo a su copa de vino.
—Una alianza.
—… ¿Repite?
—Ya oíste. Soy más fuerte con las reparaciones hechas por mis hombres. Separadamente, ninguno de los dos es un igual para él, pero juntos, podemos compartir energía.
—Ha pasado mucho tiempo desde que pusimos a prueba esa técnica anticuada.
—Y la última vez, duplicamos nuestra fuerza.
—Mmm, qué poético. Dos hermanos trabajando juntos para vengar a su padre.
—Esto es serio —gruñó Cooler ahora ondeando su cola metálica—. El muchacho es un Super Saiyajin. Apenas podía creerlo cuando lo vi. La única manera de poder destruirlo es trabajando juntos y duplicando nuestra fuerza a través de la antigua técnica de compartir energía.
Freezer terminó su copa de vino y después la rompió en pedazos en su mano. Giró nuevamente su asiento hasta quedar frente a la pantalla. Vio otra vez la transformación de Trunks y pudo prácticamente sentir el poder que el adolescente estaba liberando solamente por ver el dispositivo. Y era sin sonido. No podía imaginar verlo en persona.
—Es la única manera —dijo Cooler, ahora parado con los brazos cruzados mientras veía también la pantalla. Sus ojos estaban oscurecidos por odio y el deseo de venganza. Freezer lo observó por el rabillo del ojo antes de ver otra vez el vídeo.
—Así parece —dijo finalmente—. Aceptaré la alianza con una sola condición.
—¿Cuál es?
—Yo daré el golpe mortal.
—Trato hecho.
Trunks se despertó horas más tarde; no obstante, sintió como si hubieran pasado sólo unos minutos cuando sintió que alguien tocaba su hombro. El adolescente arrugó el entrecejo y miró con ojos borrosos a Naji de pie frente a él.
—A los Saiyajin les gusta comer, ¿no es verdad? Te traje esto —dijo el alienígena azul extendiéndole algo. El adolescente bostezó y lo tomó, mirándolo de cerca, parecía una rebanada de pan. La apretó. Al menos no estaba dura como una roca.
Vio hacia arriba y le dio una sonrisa agradecida a Naji. —Gracias.
—No hay de qué muchacho. Es lo menos que puedo hacer con lo que nos prometiste.
Trunks asintió y desprendió un trozo de pan para llevárselo a la boca antes de mirar a su padre que estaba profundamente dormido de lado. Frunció el ceño, quería guardarle algo de pan pero no estaba seguro de cómo se movería su mandíbula.
—La mandíbula está sanando rápido. Fue una fractura limpia. Las otras heridas son las que se tomarán su tiempo.
—Oh. Eso es bueno entonces, supongo. Lo de la mandíbula.
—Sí —asintió Naji, observando a Vegeta con un poco de aprehensión—. Bueno, si necesitas algo sólo dímelo, muchacho.
—Está bien —dijo Trunks. Miró hacia el suelo y siguió comiendo mientras Naji dejaba la habitación. Estaba haciéndolo lentamente aun cuando se estaba muriendo de hambre. No sabía cuánta comida tenían y por lo que Vegeta le había dicho a Nappa y Raditz, la Tierra estaba lejos de donde estaban.
Trunks levantó la cabeza bruscamente. ¡Joder! ¡Se había olvidado de Nappa!
Está muerto. No malgastes tu poder mental en ese idiota.
Sobresaltado, Trunks miró a su padre boquiabierto. Vegeta estaba despierto y mirándolo con los ojos entrecerrados.
—¿Me oíste? —preguntó Trunks. Vegeta gruñó desde lo más profundo de su pecho en incomodidad. El adolescente sonrió—. Sí, es una pregunta tonta, ¿no? No sabía que podía hablarte usando mi mente.
Claro que puedes. Sólo tienes que aprender a hacerlo.
—¿Me enseñarás cómo?
¿Qué demonios parezco, tu madre? Aprende tú solo, muchacho.
Trunks asintió antes de que su sonrisa desapareciera y recordara qué lo había llevado a esa conversación. —Espera. ¿Nappa está muerto?
Vegeta suspiró y cerró los ojos otra vez.
Sí.
—¿Fue Freezer?
No exactamente.
Trunks esperó pero nada más fue dicho. Abrió la boca para presionar un poco pero Vegeta interrumpió.
¿A dónde vamos?
—Establecí las coordenadas para ir al Planeta Tierra.
¿A la Tierra? preguntó Vegeta algo confundido.
—Síp.
A la Tierra… Raditz…
—Correcto, allí lo enviaste.
¿Vamos a purgarlo?
—No, vamos a buscar a Go...eh, a Kakarotto —dijo Trunks, mirando a su padre algo preocupado—. ¿Estás seguro de que estás bien?
Estoy bien, respondió Vegeta con voz débil, más dormido que despierto.
—Puedo irme para que puedas descansar un poco si quie…
No necesito descansar, y no necesito que me cuides, muchacho, dijo con voz brusca y repentinamente alerta mientras entreabría los ojos para ver a su hijo. El adolescente le sonrió cálidamente en respuesta.
—Lo que digas.
Hn. Cabrón arrogante.
—Bueno, soy tu hijo.
Vegeta resopló y sonrió ligeramente mientras cerraba los ojos.
Razonable, muchacho.
—¿Puedo preguntarte algo?
No.
—Igual voy a preguntar.
¿Nunca te callas?
—Depende para quién. Igual ahora no puedes hacer nada para detenerme, a menos que quieras que me vayas para que puedas descan...
¡Está bien! ¡Joder! Por eso nunca quise hijos. Bueno, una pregunta. Date prisa, muchacho.
—¿Sólo tengo una pregunta?
Esa cuenta como pregunta. Terminamos.
—¿Qué? ¡Esa no cuenta! —gritó Trunks, Vegeta hizo una mueca de dolor y su hijo añadió en voz baja—, esa no cuenta. Sabes muy bien que no.
Sabes muy bien que tienes suerte de que no pueda moverme o ya te habría roto la cara, refunfuñó Vegeta.
—Sí, bueno, debo tomar ventaja mientras pueda.
Hn. Vegeta respiró profundo y tragó con dificultad. Le dolía furiosamente la cabeza pero era nada en comparación al dolor insoportable que atormentaba al resto de su cuerpo. Hablar con el muchacho le estaba ayudando a alejar su mente de eso y lo hacía al menos un poco más soportable.
Está bien. Una pregunta, dijo Vegeta otra vez con voz cansada. Podría complacer al muchacho. No tenía nada más para distraerse del dolor.
—¿Cómo eran tus padres?
Reconsiderándolo, el dolor no era TAN malo.
Oh, vete al demonio. Lárgate para poder dormir un poco.
—Hey, vamos, dijiste que contestarías —dijo Trunks. Padre e hijo pusieron mala cara a la vez—. No es justo.
La vida no es justa, respondió Vegeta despectivo. Aprende a vivir con eso.
—Sé que la vida no es jus...
¿Oh? ¿Y contra qué has luchado en tu vida? preguntó Vegeta sarcásticamente.
—Bien, ¿quieres saber? Entonces te lo diré. Cuando era un bebé, esos androides fueron liberados en mi planeta. Mataron a todos. Tuve que crecer con eso. Mataron a todos los que me importaban, a los que quería. Tuve que aprender a proteger a mi madre y a los que quedaron. Tuve que aprender a sobrevivir, incluso ahora no estoy allá con ella y no sé si la encontraron y mataron. Si lo hicieron, tengo que vivir con eso. No me marché para venir a arruinar tu vida, estaba buscando a alguien que pudiera ayudarme a salvar mi mundo y fallé. Está bien, no la he pasado tan mal como tú. Ahora lo entiendo, pero no la he tenido del todo fácil. ¿Conforme?
El rostro de Trunks estaba rojo y caliente. No se dio cuenta hasta que terminó su sermón que se le habían aguado los ojos mientras hablaba de su madre. Apartó la mirada, respiró profundo y se quitó las lágrimas. Se estaba estresando de nuevo.
El silencio se hizo pesado entre ellos. Trunks miró disimuladamente a su padre pero éste tenía los ojos cerrados y el ceño fruncido. El adolescente suspiró y miró al suelo admirando sus botas.
No conocí muy bien a mi padre. Lo veía sólo algunos días. Era pequeño cuando me entregó a Freezer, poco después éste lo mató. Nada más que decir al respecto.
La voz de Vegeta se oía cansada otra vez. Silenciosamente, Trunks se dio un masaje en la rodilla lesionada, manteniendo sus ojos en el suelo como si tuviera miedo de arruinar el extraño momento mirándolo o diciéndole algo.
Mi madre era una buena reina. Pasé algo más de tiempo con ella hasta que la mataron por órdenes de Freezer, por quién sabe qué razón. Pasó frente a mí y tampoco tengo más que decir al respecto.
—¿Alguna vez los extrañaste?
Dije solo una pregunta, refunfuñó Vegeta.
Hubo silencio por un minuto y luego:
Pero para responder a tu pregunta. No, no los extraño.
—¿De verdad? ¿Por qué no?
¿Cuál es el punto? Están muertos.
—Supongo.
Es mi turno. ¿Quién demonios es tu madre?
—Oh bueno, probablemente no la recuerdas —dijo Trunks tímidamente.
Ponme a prueba. Yo recuerdo mis buenos revolcones.
El rostro del adolescente se ruborizó. —Bueno… tú sabes, era solo una jovencita con la que…
¿Cómo era?
Trunks se encogió de hombros dando lo mejor de sí para parecer desinteresado mientras apartaba la mirada. —Ay tú sabes. Ojos azules, como los míos.
Vegeta arrugó el entrecejo. Nunca estuve con una mujer con tus tonalidades.
—Estás cansado. Hablaremos de esto cuando estés más lúcido —propuso, mirando a su padre con nerviosismo. No había pensado muy bien cuánto decirle sobre su madre. Quizá ya no importaba mucho, puesto que ya sabía que tenía un hijo, pero decirle la verdad absoluta significaría contarle sobre el viaje en el tiempo. Vegeta se daría cuenta rápidamente de que jamás había conocido a la mujer que Trunks estaba describiendo.
¿Cuál era su nombre? insistió Vegeta.
—¿Quieres decirme que de verdad tomaste nota de sus nombres? —preguntó Trunks con una sonrisa.
Vegeta resopló antes de que el adolescente lo escuchara mascullar en su mente: piensa que es tan listo… el príncipe se levantó e intentó acostarse boca arriba de nuevo, pero su rostro reveló rápidamente la agonía. Trunks se puso de pie tan pronto como pudo.
—Ven, déjame ayudarte.
Se acercó a Vegeta y éste le dio un manotazo.
No necesito tu maldita ayuda, muchacho, gruñó Vegeta. Trunks suspiró y se mantuvo firme, listo para ayudarlo si era necesario. Hizo una mueca cuando vio la piel herida del cuerpo de su padre tanto por la «sesión» y paliza de Freezer como por la cirugía torpe que requirió practicarse por esa causa.
Vegeta gimió y se quedó sin aliento tan pronto como quedó boca arriba. Ah, cuánto daría por un tanque de recuperación. Le echó un vistazo a Trunks, listo para bramarle que se fuera ya. Se detuvo cuando vio al adolescente observándolo de una manera que no había visto muy seguido en su vida:
Con legítima preocupación.
No supo qué decir ante esa mirada. Frunció el ceño y echó la cabeza atrás, observando a su hijo. Suspiró. Quizá Freezer lo golpeó demasiadas veces en la cara…
Toma muchacho. Trunks se acercó y parpadeó sorprendido cuando Vegeta le ofreció el fragmento roto de armadura.
¿Qué? Es tuya...
Tómala o la destruiré. Además, ya no tienes tu cadena. Necesitas un reemplazo, aún si es esta porquería.
Trunks tomó el fragmento roto de armadura y sonrió ligeramente. —Gracias.
Como sea. Ahora piérdete, muchacho. Estoy cansado de verte la cara.
—Está bien, me iré para que puedas dormir.
Mmm. Tienes tanta suerte de que no pueda moverme, murmuró Vegeta mientras Trunks se acercaba a la puerta. Se quedó profundamente dormido antes de que la puerta se cerrara.
El adolescente se regresó de inmediato, volvió a su lugar habitual y tomó asiento. Examinó el fragmento de armadura y volvió a sonreír mientras le daba vueltas en su mano. Estaba comenzando a conocer a su padre de a poco y no podía estar más complacido. Lo metió en el bolsillo interno de su chaqueta y después tomó nuevamente su espada. Su sonrisa se disipó y cambió su expresión a una preocupada.
Estaba aliviado de finalmente regresar a casa. Podía reunir las Esferas del Dragón y desear regresar a su tiempo. Entonces su madre (la de su periodo de tiempo) podía arreglar la máquina y él regresaría para arreglarlo todo. Quizá usar de nuevo las esferas del dragón y pedir que la memoria suya y la de su padre fueran borradas. Sí, todo iba a volver a su lugar.
¿Entonces por qué sentía que estaba cometiendo un terrible error yendo a la Tierra?
Publicado el 10/11/12
Editado el 29/01/2014
