TITULO: LENTAMENTE

Serie: Yu-Gi-Oh!

Pairings: S/J

CategorySlash/Yaoi.

Raiting: G, R.

DisclaimerYo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh!. Ellos pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.

TiempoDespués del Torneo en Ciudad Batallas.

En calidad de Universo

DON'T GO

-Por la pinta que tienes, estuviste bebiendo como de costumbre, ¿no es así?.

-Cállate, Louis.

-Yo solo digo la verdad.

El abogado siguió los movimientos del moreno que como siempre se sentó tras su escritorio, con el seño fruncido y aunque no se notara, dolor de cabeza.

Pero a Seto Kaiba no le importó que lo miraran, por lo que sin perder tiempo se dedicó a buscar sus trabajos pendientes, ignorando por completo a Louis, quien lo seguía muy de cerca.

-¿Qué ocurrió?.

Seto miró de reojo a su abogado, más no respondió. Su vida era privada o lo que podía conservar de ello.

No diría nada, al menos que fuera necesario. Así que volviendo a ignorar al abogado, tecleó rápidamente en su computador.

-Al parecer otra riña. ¿O me equivoco?.

-Si. Te equivocas. Añadió Kaiba con fastidio. Su paciencia nuevamente se estaba agotando.

Louis frunció el entrecejo nuevamente.

¿Hasta cuando se terminarían las riñas en casa del moreno?.

Aunque Seto dijera lo contrario, él por experiencia sabía que en la mansión Kaiba había todo, menos serenidad y charlas amistosas.

No dijo nada, sino que se limitó a dejar sobre el escritorio los contratos pendientes por firmar y se dispuso entonces a salir de la habitación.

En días como ese, era mejor no interponerse al moreno, de lo contrario la furia Kaiba recaería en el osado.

Cuando el abogado de Seto estuvo a punto de partir, la puerta de aquel despacho se abrió con violencia, evidenciando entonces a un hombre de gafas bastante molesto.

-Quédate. Esto te interesará. Demandó Suichi a un Louis que solo asintió y regresó sobre sus pasos.

Seto despegó sus ojos de la pantalla luminosa y los posó sobre Suichi, quien dado su carácter alegre, era difícil que se le mirara molesto, como en esos momentos.

-¿A qué debo tu alegre visita?. Indagó Kaiba, dejando que su mofa sobrepasara aun su propio ánimo.

Suichi entonces lanzó al escritorio un par de hojas, que el moreno tomó sin dejar de mirar de manera desafiante al abogado de su padrastro.

-¿Qué ocurre?. Cuestionó Louis, cuando miró los puños contraídos de Maky.

-Ocurre...ocurre que él ya terminó con mi paciencia y que es la última vez que intercedo por su causa.

Te dije que si algo le ocurría a Joey, sería el primero en interceder por él. Así que aquí estoy.

-¿Qué le ocurrió a Joey?. Quiso saber Louis. La integridad del rubio era también importante para él.

Más no tubo que esperar demasiado, porque en cuanto busco las respuestas en el castaño tras el escritorio, sus facciones le delataron que las cosas eran graves.

Seto leyó con rapidez las hojas entre sus manos y queriendo verificar que lo que ahí decía era verdad, volvió a leer, sin saber que reacción dar al finalizar su lectura.

-¿Ya estarás contento, no es así?. La pregunta mordaz de Suichi no inmutó al joven genio, que apartó las hojas como si de cosa trivial se tratara.

-Por fin hace algo servible. Al fin su única neurona respondió adecuadamente. Sonrió el moreno, con un toque de lo que a Maky le pareció alivio.

Louis hizo un gran esfuerzo por sostener a Maky, de lo contrario estaba seguro que se lanzaría contra el muchacho que solo atinó a sonreír con sorna.

-¿Qué es lo que le ocurrió a Joey, Suichi?.

El aludido le tendió los papeles al abogado de Seto y este leyó con rapidez lo que momentos antes el mismo Kaiba había repasado.

Al finalizar los ojos de Louis buscaron una respuesta en los azules de Seto, quien con ahora sonrisa alegre, despejó las dudas de ambos hombres.

-El idiota de Wheeler al fin decidió irse de mi casa y realizar un tratado en el que te deja a ti, Maky, como albacea de su firma para las cosas legales.

Evidentemente no quiere verme y yo le agradezco que me ahorre seguir viendo su cara de estúpido.

Irse de Mi casa, es sin duda la mejor decisión que ha tomado en años.

Lo Felicito. Añadió el muchacho con burla.

-¿Qué le hiciste Seto?.

El de ojos azules miró con altivez a su abogado, mientras se reclinaba con pereza sobre su silla giratoria.

-A ese perro no le he hecho absolutamente nada.

-Pero Joey no pudo tomar la decisión de irse de tú lado y dejar a Suichi como albacea así como así. Debió de suceder algo que lo orillara a tomar esta decisión. Dijo Louis, indicándole a Maky que se sentara y no perdiera el control.

-Lo que fuera que sucediera, me alegra. Así, para esta noche, ya no tendré a ese inútil dentro de mi casa y si todo continua así, tal vez encuentre algún modo de deshacerme de él por completo.

Ya era hora de que saliera de mi casa cuando evidentemente nada lo ataba a ella.

El abogado del muchacho se mordió el labio.

Aun después de tantos años al servicio del genio, no lograba comprender el porqué su actitud retadora y burlona sobre el nombre de su esposo.

Sin duda era la única persona que jamás había visto la verdad en los ojos tristes del rubio.

-Eres un maldito ciego. Solo espero que cuando te des cuenta de la verdad, el resto de tú vida te sirva para arrepentirte de tus actos.

Nos veremos en el despacho de abogados para tomar posesión de mis derechos como albacea de Joey.

Hasta entonces....ojalá que la venda en tus ojos se caiga.

Maky se soltó con violencia del agarre de su colega, para después caminar con enfado hacia la salida.

Seto sonreía. El día anterior no se había tomado la molestia de investigar en dónde se encontraba el rubio y al no mirarlo esa mañana, supuso que se había ido a la Universidad.

Más la noticia de que Joey había decidido irse de su casa y aparatarse de su vida era lo mejor que le habían confirmado en años.

No podía evitar el sentirse extrañamente libre y desprovisto de ese peso imaginario que había llevado consigo durante cuatro años.

Al fin...el estorbo en su vida se iba y si era posible creerlo, para siempre.

-Nunca pensé que lograría decir esto pero...definitivamente no tienes corazón. Lo que le hiciste a Joey fue lo último para él.

Me sorprende que no se haya suicidado.

-Entonces me habría quitado doble peso de encima. ¿Cómo no he considerado asesinarlo yo mismo?. Ah, si. Por lo legal y los chismes.

-Cínico. Gruñó Louis, dando media vuelta para salir del privado.

-Una cosa más Louis. Necesito que despejes todos los asuntos legales para aquí a un mes.

El abogado solo asintió, sin argumentar nada. Pese a todo, era su deber como abogado realizar lo que le pedían.

-Por si tu curiosidad es mucha. Déjame decirte que viajaré un poco para celebrar Mi Libertad.

Louis no dijo nada, solo salió de la habitación y deseó, que algo, lo que fuera, por fin le enseñara la realidad al ojiazul.

Seto Kaiba se levantó, se estiró con fuerza y suspiró hondamente, antes de que una sonrisa despectiva cubriera su boca.

Si, estaba encantado con la nueva noticia que acababan de darle y sin duda viajar en total calma y tranquilidad al lado de su hermano, era lo que necesitaba para olvidarse de toda aquella pesadilla en la que había estado viviendo durante cuatro años.

Tal vez lo que había tratado de hacer con Joey hacía dos noches, había tenido que ver con su repentina decisión de irse, eso le hizo pensar al chico que de haber realizado eso mismo hacía años, quizás en ese momento y debido a cualquier cosa que el rubio hubiera descubierto, se encontraría disfrutando de su vida.

-Al menos me he deshecho de tu odiosa presencia Wheeler. Ya encontraré un modo de deshacer este matrimonio.

Se dijo, sintiendo que toda una vida nueva se encontraba a su alcance.

Joey miró la habitación y se sintió tremendamente solo.

Duke le había hecho el favor de prestarle una de sus habitaciones desocupadas, pero el rubio jamás imagino lo grande y solitaria que podía llegar a ser.

No estaba acostumbrado a tanto espacio, pero quizá lo que le hacía falta eran sus pertenencias. Aquellas que con su trabajo había conseguido comprar sin tocar ni un solo centavo de la herencia Kaiba.

Suspiró hondo y se dejó caer sobre uno de los sofás.

El día anterior había pasado la noche en casa de sus "gemelos" amigos.

Ambos habían insistido en que por lo menos esa noche se quedara con ellos.

Por eso y después de hablar con Mokuba, había visitado a Deblin, quien le aseguró que podía quedarse con él el tiempo que quisiera.

Joey supo que a su alrededor aun quedaban buenas personas que lo comprendían, incluyendo al abogado Maky, que tantos momentos agradables y consejos le había dado.

-"¿Qué es lo que te hizo?".

Fue la pregunta del abogado, cuando esa mañana Joey lo visitó en sus oficinas.

-"Nada. Pero digamos que ya me canse".

Había sido la respuesta del rubio, ocultando perfectamente la escena que su cerebro trataba de olvidar inútilmente.

La razón de ello era simple: El beso.

Un beso cálido en un principio, que le había hecho estremecer cada palmo de cuerpo y corazón.

Una caricia y un recital de posesión que imaginó como verdadero y único.

Pero aquello se volvió violencia y él, al no soportarlo tuvo que regresar a la realidad.

-Seto. Suspiró Joey, esperando que las lágrimas no fluyeran por sus ojos nuevamente.

Si había tomado la decisión de marcharse de la vida de Seto Kaiba, debía también hacerlo con la imagen y el recuerdo.

No podía continuar su vida memorando a un ser frío y sin sentimientos.

-¿Por qué la vida es así?. Se dijo, mirando por la pequeña ventana que dejaba entrar bastante luz.

-¿Puedo entrar?.

Deblin apareció en la habitación, llevando consigo un par de tazas de humeante café, que Joey agradeció en el alma.

-Gracias. Esta mañana salí tan deprisa de la casa de Yugi, que olvidé desayunar.

-Me lo imaginé. Por eso te traje esto. Guiñó Duke, sentándose al lado del rubio, que tras dar el primer sorbo de café, sintió que las energías regresaban a su cuerpo.

-Se que no estás acostumbrado a tanto espacio, pero no podía permitir que te quedaras en la pequeña habitación cerca de la cocina. Ese es para el servicio.

-Pero es que yo no necesito tanto. Solo...un techo dónde resguardarme mientras encuentro departamento. Confesó el rubio, mirando los ojos verdes que con cariño le devolvían la mirada.

-No seas tonto Joey. ¿Cómo voy a permitir que vivas solo en estos momentos?.

Tendrás dinero en el banco, pero al menos permítete salir de todo esto en compañía amiga.

No quiero que la soledad te vuelva a ser presa.

Joey asintió y en un repentino brote, abrazó con afecto al de apariencia estrambótica.

Sin duda Duke era un gran amigo que su alma apreciaba con sinceridad.

-Gracias Duke. No se como voy a pagarte todo esto. Musitó Joey, pensando en la carga que seguramente era para Deblin.

-No tienes por que agradecer. Sabes que desde hace mucho insistía en que dejaras a ese cretino. ¿Cómo no ayudarte cuando has hecho lo mejor en la vida?.

Lo importante es tú integridad y si no me has permitido demandar a ese estúpido, es porque aun queda un poco de bobo en ti.

El rubio rió. Duke jamás cambiaría su actitud bromista.

-En verdad me alegra tenerte aquí, Joey.

El rubio sintió el cómo Deblin le acariciaba la espalda con amor y no evitó suspirar una vez más por los recuerdos.

¿Cuánto habría dado él porque Seto lo abrazara de aquella manera?.

Tal vez se había ido de la vida del genio, pero una cosa si era segura: jamás podría olvidar al hombre más importante de su vida, porque sencillamente era el amor de su marginada existencia.

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Mokuba permanecía sentado sobre la cama del rubio, aquella que en unos momentos más se llevarían, junto con el resto de las pertenencias de su amigo.

Estaba disfrutando un poco más del calor que Joey siempre le brindaba. Lo iba a echar mucho de menos, pero mientras el rubio estuviera lejos de los maltratos de su hermano, él estaría feliz por ello.

Mokuba pensaba en lo mucho que las cosas habían cambiado tras el arribo de Joey a esa casa.

Su hermano se había convertido en un ser mucho más indiferente y frío, que había dado un giro completo a su vida, incluyéndole a él.

Ya no había más afecto oculto para él, ni más "te quieros" por parte de su hermano.

Todo lo que quedaban eran ausencias largas y viajes sin sentido, donde su hermano buscaba amantes para apagar la aberración que la presencia de Joey le hacía sentir.

El adolescente no entendía el cómo Seto despreciaba tanto al rubio, si este era todo un encanto de persona, sobre todo con él, que había sido su apoyo durante esos años de indiferencia por parte de su hermano.

A su parecer, Joey era el ser más entregado sobre la faz de la tierra y no cabía duda en ello. Solo Seto no podía mirar lo que la mitad de las personas que conocían al rubio sabían.

-Está ciego. Dijo Mokuba al aire.

Después de asistir a clases, de manera involuntaria, había pasado el día vagando por la mansión, recogiendo y guardando cosas que el rubio podría olvidar.

Una excusa perfecta para visitarle en casa de Duke, donde su amigo viviría por un tiempo.

Aun no asimilaba que no habría más Joey en su casa y que el sol, que hasta la servidumbre había amado, se iba, como el que poco a poco se ocultaba en el horizonte.

-Pero es lo mejor Mokuba. Él estará bien y si tenemos suerte de que recupere su jovialidad...volverá a ser el mismo Joey que una vez conociste. Se dio ánimos el muchacho, mirando que un portarretratos mostraba al rubio y a él en un parque de diversiones, antes de que la tristeza cubriera el rostro de su amigo.

Escuchó entonces que la puerta principal se abría y sospechó de quién se trataba, por lo que procurando ocultar la fotografía, decidió bajar al encuentro de las "visitas". Ya después le daría a Joey aquella foto, junto con el resto de las pertenencias "olvidadas".

Bajó despacio y miró que en el recibidor una figura de cabellera oscura, daba órdenes estrictas y concisas a varios hombres de uniforme gris.

Mokuba no tuvo que cuestionar para saber que se trataba de la mudanza.

-Buenas tardes. Saludó el adolescente, cuando la mirada verde de Deblin se enfocó en él.

-Hola, Mokuba. Un gusto verte. Sonrió el de porte estrambótico, pidiéndole con total confianza al mayordomo, que guiara a los de la mudanza hasta la habitación de Joey.

-¿En dónde esta?. Indagó Mokuba al no ver a su amigo rubio.

-Fue a despedirse de todos, o al menos eso es lo que entendí. Confesó Duke, mirando que los ojos del muchacho temblaban con tristeza.- ¿Vas a extrañarle, verdad?.

Mokuba asintió. ¿Cómo no extrañar a Joey?.

-Él también a ti, pero seguro te ha dicho que puedes visitarlo cuando quieras, ¿no es así?.

-Si. Incluso cuando Seto se vaya de viaje. Suspiró el chico, guardando uno de tantos sollozos que no quería dejar libre.

Duke entonces se acercó al cada vez más alto Mokuba Kaiba y le acarició los cabellos, tal y como Joey lo hacía.

-Eres muy diferente a tú hermano. No comprendo el como son hermanos.

-Ni yo. Medio sonrió el adolescente, esperando que sus ojos no derramaran demasiadas lágrimas.

Duke continuó con su caricia, pensando en lo mucho que había ayudado aquel casi adulto a su amigo rubio.

Ciertamente sin el menor de los Kaiba, Joey se habría ido de ese mundo hacía bastante tiempo.

-¿Vivirá contigo?.

Duke asintió. Mokuba era muy perceptivo.

-¿Entonces es verdad?.

Deblin enarcó una ceja sin entender.

-¿Es verdad que te gusta Joey?.

El de porte estrambótico sintió entonces que el aire le faltaba y tosió al sentirse demasiado rojo.

Mokuba solo rió por lo bajo, dejando que Duke se apartara de él.

-¿Pero quien te dijo eso?. Indagó Deblin tras recuperar el aire.

-Yo solo cuestiono lo que miro.

Si, definitivamente el muchacho era muy perceptivo.

-Joey es un buen amigo y le estoy tendiendo la mano como cualquier otro de sus amigos lo haría.

Soy el único con un departamento de soltero, por lo que tenía que ser yo quien lo ayudara, ¿no?.

Mokuba rió entonces con estruendo. ¿Por qué los adultos eran tan malos en mentir?.

Duke solo atinó a sonrojarse más y a pensar que definitivamente la mansión Kaiba era muy calurosa.

-Quisiera escuchar el chiste yo también.

Joey arribó justo cuando varios de los trabajadores ya bajaban su cama, librero y computador.

-No es nada. Mokuba solo me estaba contando sobre...sobre...nada en particular.

Pero el aludido solo rió más ante la dificultad de Deblin por explicarse. Aquel si era un digno espectáculo.

Joey solo sonrió a medias. Sin duda Mokuba y Duke se llevaban muy bien.

-Por cierto, Marian dijo que cada semana te enviaría un pastel. Dijo que no quería que la olvidaras. Comunicó Mokuba, apagando su risa.

-Si, lo mismo me ha dicho hace rato. No podía irme sin despedirme de todos. Sonrió Joey, esperando que los de la mudanza no hubieran quebrado ninguna de sus cosas.

-¿Les parece si mientras terminan de empacar, tomamos té?.

El ofrecimiento de Mokuba fue aceptado. No tenía caso esperar en aquel lugar sin hacer nada.

Joey estaba seguro de tener todas sus cosas en su habitación. Tenía que mirar bien aquel lugar, porque dentro de poco, ya jamás regresaría a él.

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Seto ladeó su cabeza de lado a lado, escuchando que su cuello agradecía la acción.

Había pasado el día entero trabajando, como en antaño y en verdad fue algo que le gustó.

Por fin sus viejas costumbres regresaban y sin duda aquel cambio de jornada se debía a la excelente noticia que esa mañana había recibido.

Aun se le hacía difícil creer que el rubio sopenco que vivía con él se iba definitivamente de su vida.

No tendría que verlo más, y no tendría que gritarle más por cosas molestas para él.

No tendría que verlo tampoco para firmar documentos que correspondían a su parte de la herencia Kaiba y tampoco tendría que llevarlo a fiestas donde el aparentar se había convertido en monotonía y acto necesario.

Era libre, por fin lo era y el aire que respiraba le olía precisamente a eso.

Decidió entonces terminar su trabajo en ese momento y llevando consigo lo indispensable, salió hacia su casa.

Para esa hora Joey ya tendría que estar lejos de su vida para siempre.

Si, aquel era sin duda un día bonito.

-A casa. Ordenó a su chofer, saboreando la palabra que sus labios dejaron escapar. Pues antes, la sola mención de su hogar le sabía agridulce y el recuerdo de enfrentar al rubio, terminaban por molestarle.

Las cosas serían muy distintas a partir de ese momento y su próximo viaje en compañía de su hermano, le traía memorias pasadas que jamás debió dejar de lado.

-¿Señor?. Cuestionó el chofer a través del intercomunicador.

-¿Si?.

-Le he dejado los diarios del día sobre la mesa del mini bar.

-Los leeré después. Inusual calma en el moreno.

-¿Señor?. Volvió a indagar el chofer.

-¿Si?.

-¿Es verdad lo que se dice en la mansión?.

Seto enarcó una ceja. ¿Qué era lo que ahora su servidumbre cuchicheaba?.

-¿Qué?.

-¿Qué el amo Wheeler se irá para siempre?.

Kaiba frunció el entrecejo. Era inevitable que su casa entera se enterara de aquella decisión, pero sin duda él había sido el último en enterarse de ello.

-Si y en realidad el apelativo "amo", ya no es indispensable que lo utilices con él.

El chofer asintió, no era muy bueno reñir con el patrón, mucho menos si al parecer estaba de buen humor.

Así que cortó la comunicación, esperando llegar a tiempo a la mansión para despedir a su "amo Wheeler".

Seto gruñó y revisó los diarios que su chofer le había mencionado.

Por costumbre tenía leer por las noches, camino a su casa.

Le gustaba contemplar las noticias en su totalidad y no por partes, como las personas "normales" sueles hacer.

Las finanzas, la política e incluso la vida criminal le interesaba, dejando de lado la sociedad y los chismes, que eran quienes más denigraban su existencia.

Más ese día decidió leer un poco de la prensa amarillista, que seguramente aun hablaba de la fiesta del sábado, aquella que según él había resultado un fracaso completo por culpa de Joey.

Pero gran sorpresa se llevó, al mirar que la prensa de los cinco diarios que leía, catalogaba de magnífica la fiesta anual de caridad, pero sobre todo el evento principal de subasta, donde cinco millones de dólares habían sido otorgados por su esposo.

Seto no pudo evitar recordar tal momento, cuyas sensaciones percibidas rayaban en lo loco e inverosímil.

"Joey Wheeler la sensación de la noche. ¿Será a caso que en verdad ama tanto al genio Kaiba, que es capas de sonreír incluso tras las infidelidades de su marido?"

Era el encabezado que había llamado su atención.

¿Amar?. El perro no lo amaba, solo era parte de una farsa que se había terminado ya.

"El magnate Seto Kaiba debe tener cuidado con su preciada "joya", de lo contrario Andy Ludow y Duke Deblin, terminaran por arrebatarle de las manos al hombre más cotizado del Japón, cuando Deblin ya ha apostado por él cinco millones de dólares".

Eso si lo hizo abrir los ojos gravemente y mirar las fotografías que mostraban a Joey con Ludow y Deblin, sonriendo con carisma a este último.

Entonces los recuerdos de la noche del Sábado regresaron.

Si, había sido a causa de haber visto a Joey con Deblin, que había acorralado a Joey para besarle y...

-Maldita sea. Dijo, tirando los diarios por la ventana.

No quería recordar nada más que su empresa y hermano. Como en antaño.

Recordar a Joey le hacía mal, porque su interior se exaltaba y un calor extraño le recorría el cuerpo cada vez que memoraba el beso robado y las noches de interminables sueños húmedos que tenían por protagonista al rubio Wheeler.

Seto quería olvidar que alguna vez Joey se había cruzado en su camino y que había sido el único ser humano capas de hacerle sentir cosas extrañas, entre ellas, celos.

-Es ilógico. Él es una basura inservible. Un perro, un idiota un...

No quiso admitir que ser humano atractivo también.

Así que cerró los ojos, masajeó sus sienes y decidió calmarse enteramente.

De nada le servía exaltarse cuando Joey ya salía de su vida.

Cinco minutos después arribaba a su mansión, donde al igual que siempre su mayordomo le aguardaba en la puerta.

-Buenas noches, señor Kaiba.

-¿Ya se fue?. Fue su primera interrogante.

-Se está despidiendo del amo Mokuba. La mudanza se fue hace diez minutos.

Seto asintió, cediéndole su chaqueta al hombre que cerró la puerta tras de si.

Entonces caminó lentamente hasta la sala, donde las voces de Mokuba y Joey se escuchaban.

Fue entonces que notó un tono dulce en la voz del rubio, un tono que jamás había notado en esos cuatro años.

Se acercó y miró que efectivamente Joey se despedía de su hermano, el cual evitaba a toda costa llorar.

El rubio lo abrazaba, prometiéndole que podría visitarlo cuando quisiera.

Seto miró entonces algo extraño. La misma energía de belleza que la noche del Sábado cubría a Joey, lo hacía en ese momento, dejándole ver a la criatura más hermosa y maravillosa del mundo entero.

Sonreía, pero sus ojos castaños llevaban algo extraño consigo: Tristeza. Una tristeza que si bien recordaba, Joey jamás había tenido.

Tragó con fuerza. Miraba al rubio de manera distinta y su extrema delgadez contrastaba con su palidez y si, belleza. Porque a pesar de eso Joey era bello por fuera y por dentro.

Kaiba se apartó de la puerta.

-¿Qué me está sucediendo?.

Se dijo sin creer que hubiera siquiera considerado bello a su dolor más grande de cabeza.

-Entonces nos vamos. Mañana este bobo cabeza hueca tiene que ir a la Universidad y necesita descansar.

Aquella voz hizo que los puños de Seto se contrajeran al instante.

Duke Deblin estaba en su casa y si no erraba, con su esposo.

La respiración del castaño se aceleró y no pudo evitar el pensar en entrar en la sala, tomar a Deblin por la camisa y golpearlo hasta el cansancio, solo porque se encontraba en su casa y al lado de su marido.

Pero no tubo tiempo para realizar sus homicidas pensamientos, porque en ese momento las tres personas que charlaban salían de la sala, encontrándolo a él en medio del corredor.

-Seto. Pronunció Joey con temblor. Su cuerpo entonces se deshizo ante la recia presencia del moreno.

El aludido escuchó su nombre y al instante miró los ojos castaños que le observaban con algo más que simple miedo.

Era un sentimiento que jamás había visto en ellos y que lo invitaban a fundirse con el portador de tan encantadores ojos.

Por un momento las cosas se detuvieron, como aquella vez en la fiesta.

Solo Seto y Joey existían y el mundo entero quedaba de lado.

El sonrojo cubrió las pálidas mejillas de Joey, mientras que las duras facciones de Kaiba se suavizaron, dejando a la vista el brillo especial y único que sus ojos azules lanzaban hacia Joey.

Fue un momento mágico en que ambos quisieron acercarse y realizar aquello que su mente les gritaba con ahínco.

-Joey. Llamó Deblin tras un segundo de incertidumbre, rompiendo la unión de los chicos.

El rubio parpadeó y buscó a Duke, quien le indicó que debían irse en ese momento o jamás saldrían.

Joey asintió, deseando que el tiempo volviera a detenerse para mirar los ojos azules de su amor una sola vez más.

Sin duda iba a ser muy difícil olvidarse del moreno.

Seto por otro lado gruñó. ¿Por qué Deblin le arrebataba la atención del rubio?.

-Yo...me voy. Exclamó bajito Joey, cuando comenzaba a caminar al lado del de apariencia estrambótica.

Seto no dijo nada, solo se limitó a pasar de largo a las personas y mirar de manera fulminante a un Duke que no se inmutó.

Las cosas volvieron a pasar en cámara lenta.

Mientras Seto caminaba hacia su privado, su mente gritaba: "No te vayas".

Joey bajó el rostro y siendo guiado por Duke y Mokuba hasta la salida, escuchó que su mente gritaba: "No te vayas".

Pero el rubio debía hacerlo. Ya no podía soportar más humillaciones. Su corazón sangraba y la indiferencia del moreno le dolía inmensamente.

"Debo irme".

"No te vayas".

Continuaba Seto pensando y su corazón tomó un ritmo acelerado, reconociendo un vacío en su vida que se hacía más agudo conforme el rubio se acercaba a la puerta.

Joey besó la frente de Mokuba y antes de salir, miró hacia atrás, ahí en donde Seto había detenido su camino y le daba la espalda.

-"Adiós, amor mío". Fue la despedida silenciosa que Joey le lanzó para después caminar deprisa hasta el auto de Duke y desaparecer para siempre de la vida de un Seto Kaiba que escuchó al rubio partir y cuya mente continuaba gritando con mayor intensidad: "No te vayas, Joey".

Pero era tarde para detenerle, porque el rubio se había marchado ya, dejando a su alrededor la sensación de frialdad más grande de su vida.

-Ya debes de estar contento, hermano. Por fin conseguiste lo que buscabas. Buenas noches.

La indiferencia de Mokuba fue un clavo más en su corazón. Por que eso era lo que sentía, un clavo enorme cruzando su corazón.

Por eso en cuanto se sintió solo, retomó su caminar hacia su estudio, donde se sumió como siempre en el alcohol.

Debía olvidarlo todo, desde sensaciones hasta pensamientos.

Debía enfocarse en su nueva vida y felicitarse por al fin haberse quitado de encima la presencia de Joey Wheeler.

Pero pese a lo que deseaba, los recuerdos aumentaban, mostrándole facetas del rubio que había pasado desapercibidas, pero que su mente en ese momento le recordaba.

Tal vez la Libertad no era tan buena como lo había imaginado.

Joey se mantuvo callado durante todo el trayecto hasta casa de Duke y este respetó el silencio de su amigo, pues debía ser difícil para él aquella transición.

El corazón del rubio lloraba lo que sus ojos no podían y ciertamente habría querido regresar y lanzarse a los brazos del ojiazul aunque este lo golpeara en el trayecto.

Su alma no concebía aun la idea de estar lejos de su amor y mucho menos para comenzar una nueva vida.

Pero debía darse ánimos para continuar adelante, por su bien y el de su corazón.

Desde ese momento comenzaba su nueva vida.

-Se que esto es difícil Joey, pero yo te ayudaré a pasar este tramo.

Duke lo detuvo antes de entrar a la que sería su nueva habitación por el momento.

El rubio le miró y trató de sonreír, consiguiendo solamente un asentimiento con la cabeza.

-Buenas noches, Duke.

Deblin miró desaparecer a Joey tras la puerta y solo suspiró.

Mokuba tenía razón, a él le gustaban ciertas cosas de Joey pero definitivamente jamás podría ganar su corazón, no al menos que tuviera ojos azules y cabello castaño.

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CONTINUARÁ...

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Ahora si, lo último este año.

Dejo mucho suspenso y si, espero que las cosas mejoren para el año que viene.

Una feliz navidad a cada uno de ustedes y espero que el próximo año sea benéfico también.

Leo, absolutamente todo lo que me mandan y solo quiero reiterarlo, porque aunque no responda sus comentarios como se debe por falta de tiempo, créanme que leo todo.

Cuídense mucho y bueno...ya saben un poco más de lo que tengo planeado pronto.

Shalom, su amiga:

KATRINNA LE FAY