Capítulo treceavo: En el que Inglaterra y Suiza consiguen ropa y Austria y Francia siguen mareando a Prusia.
A unos miles de kilómetros de allí, entretanto Inglaterra entra al vestuario primero y aprieta los ojos al ver el espejo a lo lejos. Suiza entra tras él aliviado al pensar que podrán ponerse algo de ropa, con las dos manos en el pecho, sin notar aún el espejo.
—Voy a... reventar algunas taquillas a ver si consigo algo —comenta el inglés.
—¿No habrá algo... Sin necesidad de eso?
—Where?
—Pues no lo sé —carraspea —, no acostumbro reventar taquillas. Claro que tampoco traigo cartera, ni dinero. Ni mi pistola.
—Ni un bloody reloj —le da una patada a la puerta de una taquilla y se abre porque esto es Canadá y ni siquiera creo que tengan candado las taquillas, dentro hay unos patines, dos pucks y unos shorts de hockey usados y apestosos
Inglaterra toma los shorts y se los pone automáticamente, apretando los ojos y le tiende los patines a Suiza porque va descalzo. Él vacila, toma los patines y les saca los botines de tela que van adentro. Se los pone en los pies, no son de su número, pero al menos le van grandes en vez de pequeños.
—Quizás haya algo pa... —se queda MUDO en cuanto levanta la cara y se mira al espejo.
—Miro en otra taquilla —asegura Inglaterra sin enterarse, pero no hay NADA en ninguna otra. Suiza sigue mirándose al espejo en completo shock
—Me-Mein gott... In... —susurra acercándose con los ojos desorbitados, tocándose las puntas rojas.
—Eh? —Inglaterra saca la cabeza—. Ah... yes, ya lo había visto, es... ejem... estoy seguro que podrás cortarlo o oxigenarlo para volverlo rubio de nuevo.
—¿Cortarlo? Pero... ¡Es mi cabello! ¡Y es rojo! ¿Qué va a decir la gente? ¿Qué va a decir Liechtenstein? ¿Qué va a decir Öst...? —se detiene al mirarse el tatuaje y aprieta los ojos dándole la espalda al espejo y sentándose en el suelo—. Esto es una pesadilla.
—Well —se pasa una mano por el suyo y se le acerca—. Volverá a crecer... siempre puedes pasar una temporada con el cabello como un soldado raso, ¿sabes? —le pone una mano en el hombro, más tranquilo ahora que lleva unos shorts, poniéndose en cuclillas frente a él.
—Eso me preocupa pero no tanto... Tengo un tatuaje, no tengo mis documentos ni se dónde estamos ni la hora y sepa dios que tanto más habremos hecho. Yo debería estar trabajando —se lamenta—. Im sorry.
—¿Un... tatuaje?
Suiza se sonroja sorprendido de que aún no se dé cuenta
—¡Ah! ¡Las letras escritas en tu pecho! —cae en la cuenta. El helvético aprieta los ojos y se sonroja más.
—No dicen nada.
—No he podido leerlas de hecho —asegura sinceramente, aunque piensa que debe poner algo vergonzoso por cómo se cubre—. Son demasiado garigoliadas.
—Ni me lo digas. ¡Nunca debí salir de casa, nunca!
—Well... entonces vamos a intentar volver. Si estamos en United States puedo hablar con America y nos ayudará.
—Bien, bien. Perdona, sólo me he agobiado de repente. Es infantil e impropio de mi parte —se levanta. Inglaterra le sonríe nerviosamente porque por in momento iba a abrazarle pero ha sido un poco incómodo y vuelve a pensar en los condones, el sexo que recuerda y la incomodidad en el culo. Carraspea.
—Ehm... come on.
—Yo no acostumbro hacer esto, England... Puedo decirte que no me ha pasado nunca antes. Jamás —indica cubriéndole el pecho con las manos
—Yo... tampoco —miente sin mirarle.
—Y lo que habremos hecho —se talla los ojos —. ¿Vamos afuera a ver dónde estamos y dependiendo de eso cual es el plan? ¿Tu embajada?
—Ehm... Y-yes, well, en realidad preferiría no ir... así, ¿sabes? Es un poco...
Suiza vacila cayendo en la cuenta de que él tampoco va a ir así a su propia embajada. Aprieta los ojos.
—Vamos a ver dónde estamos entonces y... De ahí decidimos.
—Bien —asiente y nota una toalla al otro lado, yendo a por ella. Se la tiende para que se la eche por encima de los hombros.
—Ah! Danke —se cubre el pecho con ella.
—Ehm... Let's go —vuelve a carraspear deteniéndose de darle una palmadita amistosa en la espalda y tocarle en general, nervioso.
xoOXOox
Austria baja las escaleras silbando una tonadita tremendamente francesa y revolucionaria, detrás de Francia precisamente que hace los ojos en blanco odiando no poder reconocer que notas exactamente están ligeramente imperfectas.
Austria por su parte frunce el ceño al notar claramente que el silbido ha salido imperfecto. Vuelve a empezar y cuando llegan abajo, Prusia está ya con los cuadros de la luz y España sigue contándole cualquier cosa aleatoria a Alemania.
—Spanien —indica con cara de asco el austriaco entrando a la sala, él se vuelve a Austria dejando de marear a Alemania, aun con la copa en la mano—. Frankreich y yo estábamos llegando a acuerdos muy amigables —sonríe y levanta las cejas al ver a Prusia—. Preussen!
—Me encanta que os llevéis bien —suelta España levantando la copa en un brindis, Francia pone los ojos en blanco hasta que oye que llama al albino, ambos se tensan.
—Oh! Fantastique —sonríe olvidando que hay que hablar en alemán. Se acerca a Prusia—. Conseguiste los fusibles.
—Ja —Prusia le mira a él y a los fusibles alternadamente, nerviosito.
—Danke —el moreno hace un gesto con la cabeza y se le acerca más hasta pararse frente a él. Se cruza de brazos. Francia carraspea y se les acerca. Austria le mira de reojo y sonríe.
—No sabía de tu interés en las cosas que pasan en mi casa Autriche, es muy educado por tu parte, te importa ir con Espagne? Te servirá una copa —hace un gesto para que se aparte y se vuelve al albino—. Prusse, puedes explicarme como se cambian, por si me sucediese de nuevo.
Prusia mira a Francia nervioso, en parte agradecido, porque parece haber ido a salvarle y en el fondo no tan feliz con eso, aun sin saberlo. Austria levanta la mano y se la pone a Prusia en el hombro.
—Estoy más interesado en Preussen el día de hoy, quizás Deutschland pueda explicarte lo de los fusibles.
—Estoy seguro de que Prusse puede responder por sí mismo —responde Francia en tensión, sosteniéndole la mirada al austriaco, mientras Prusia mira al uno y otro. Austria le hace un cariño a Prusia en el hombro, mirando a Francia con una leve sonrisa.
—Supongo que Preussen puede.
—Bien, Prusse, vas a enseñarle a tu amigo o vas a complacer al señorito —pregunta Francia mirando al albino.
—Me parece que si hablas de complacer... Esta vez tiene más ganas de complacerme a mí —sonríe Austria divertido.
—Nein! —salta Prusia sonrojándose. Austria se ríe mirando a Francia y él aprieta los ojos incómodo, mirando a Prusia de reojo.
Austria sonríe más y se agacha sobre Prusia aún con la mano en su hombro, el alemán entra en pánico dando un paso atrás y Francia se pone en medio con el ceño fruncido, frente a él.
—Ja? —mira Austria al francés, sonriendo de lado por el pánico.
—Eso pregunto yo —responde susurrando, acercándosele porque al fin y al cabo es su cuerpo.
—¿Algo te pone nervioso?
El rubio se pone más nervioso y se humedece los labios, porque tampoco es tan fácil aceptarlo.
—Non, ¿por? ¿Estás nervioso tú?
—En lo absoluto —sonríe dando un pasito hacia el francés —. Puedes pedir que pare si me das motivos.
—¿Qué te hace pensar que quiero que pares? —pregunta mientras Prusia sale corriendo de ahí.
—Que estas entré mí y Preussen —sonríe de lado y se separa mirando a España y cerrándole un ojo. Prusia está como escondido tras el español.
—Será que Prusse me da envidia —suelta Francia.
—Ah, ¿lo hace? —levanta las cejas el austriaco y le mira a los ojos. Francia le sostiene la mirada y Prusia frunce el ceño con esa respuesta, como si no hubiera ya bastante con Alemania.
—¿Y por qué lo hace? Prusse es especial, lo que pasa es que no se atreve a algunas cosas —sigue Austria ahora en francés. Alemania carraspea por cierto.
—No es Prusse quien me interesa, hablo de ti —responde Francia.
Austria parpadea y mira a Francia tratando de entender lo que hace. Prusia bufa un poco por la nariz, no de tan buen humor, porque una cosa es competir con Alemania y otra con Francia.
—Vaya, ¿de verdad? Me halagas Frankreich... Es una pena que estés perdidamente enamorado de England como me dijiste arriba, si no, estaría muy interesado en ti y tu infinita belleza
—Como he dicho muchas veces, Angleterre es un buen hombre, pero personalmente creo en el amor libre. Espero no tener que repetírselo a demasiada gente, eh, Allemagne? —sonríe dirigiéndose hacia él, ignorando a Austria. Alemania carraspea otra vez.
—Oh, vaya. Al parecer es un pensamiento que he empezado a compartir contigo
—Bueno, ya me han comentado que al parecer hoy no te encuentras demasiado bien —replica el francés mientras España intenta no descojonarse de la conversación de ambos.
—Me encuentro perfectamente bien y saludable, verdad, Preussen? —pregunta mirando al albino y cerrándole un ojo a España.
—Eh... —vuelve a vacilar Prusia.
—Me parece que tú estabas encargándote de la electricidad, ¿no es así? —pregunta el francés severamente fulminando a Prusia, con lo que este frunce el ceño por esa forma de hablarle.
—Eh, Frankreich. No le hables así a Preussen.
Francia se lleva las manos buscándose las gafas y como no las encuentra se pellizca el puente de la nariz y bufa. Austria hace un esfuerzo por no reír.
—Allemagne, necesitamos ir a Londres. Acabo de recordar que tengo las copias en mi portátil y Angleterre se lo quedó para comprobar que no tengo ninguna foto pornográfica de ninguno de vosotros, es bastante desconfiado, pero no me importa porque las guardo todas en un disco extraíble.
España está con el puño en la boca, literalmente Des. Co. Jo. Na. Do.
—Dieu —Austria se ríe un poco —, igual que yo que tengo fotos de todos desnudos. Las saca mi ex mujer como todos saben y tiene especial interés en tener fotos nuevas con Preussen.
Francia le mira y sonríe de lado.
—Las mejores son las que Hongrie me pasa de Veneciano —asiente el francés
—Vale, vale, ¡vale! ¡Pausa! ¡Pausa! —pide España muerto de risa—. Austria, ven conmigo a la cocina un segundo, por favor...
—Oh... ¿Eh? ¿Y por qué yo? —protesta Austria sonriendo hacia España, él le guiña un ojo—. Es un aguafiestas —protesta de nuevo mirando a Francia, sonriéndole sinceramente y cerrándole un ojo, yendo atrás del español.
España entra a la cocina y cuando Austria lo hace también, Francia vuelve a respirar.
—Mon Dieu con este hombre! —protesta Austria riendo un poco
—Ha sido buenísimo, no sé si te dejará acercarte de nuevo...
—Tengo que besar a Prusse. Venga, ¡tienes que ayudarme!
—Es complicado, quizás sería más sencillo si me lo llevo a él y llegamos cuando estéis en materia. No esperaba que hiciera eso.
—¿Has visto como se puso? —se ríe —. En medio de nosotros completamente.
—Por eso lo digo, está realmente nervioso o si no, no intervendría, ya lo sabes... me da un poco de... no sé —España el blando
—¿Un poco de qué? —levanta las cejas y se le acerca
—Bueno, es que parece como asustadito, ¿sabes?
—¿Estás sintiéndote mal por él? ¿Tú has visto lo que hace él?
—Solo está asustado y se está defendiendo... —le mira a los ojos sonriendo.
—¡Me cortó el cabello! No puedo creer que ahora estés de su lado —se cruza de brazos "indignado".
—No digo que esté de su parte, solo... bueno.
—Bien apuntó él, curioso el caso de Spanien, siempre teniendo que elegir entre nosotros... Ahora veo con claridad. ¿Me das permiso de besar a Preussen? —indica en alemán entrecerrando los ojos.
—Oh, tío, ¡no seas así! Venga, solo es un comentario, a mí me parece que los sueños de Prusia merecen un beso bueno, pero... no sé, venga —le da un golpecito con el puño en el brazo.
—¿Has dicho pobrecito Francia en algún momento? —frunce el ceño y le sonríe un poco, poniéndole las manos en la cintura—. Estuve a punto de apostar que me elegirías a mí, veo que habría perdido.
—Diré pobrecito Francia cuando Francia me parezca pobrecito —se le acerca.
—¡Me corto el cabello! Yo no le he hecho nada así —se le acerca más, abrazándole y mirándole a los ojos. España le abraza de vuelta—. Además, puedo apostar a que en cuanto me descuide va a ser el quien me ataque —sonríe más —. Se ha puesto sumamente incómodo arriba, creo que peleo con Suisse y no sabe dónde está.
—Me ha contado antes que no está en Berna y que Liechtenstein sonaba asustada, pero no que fue una pelea por nada tan serio.
—Liechtenstein le ha hablado como veinte veces —recarga la barbilla en su hombro y le besa el cuello—. Realmente eres un calzonazos, cher.
—¿Por?
—¡Te sientes mal por él y no por mí! —protesta.
—Tú pareces bastante relajado y controlando la situación —le aprieta contra sí.
—Él va a apuñalarme por la espalda en cuanto pueda y sabes de sobra que yo no le haré ningún daño.
—Solo es que me gustaría que os llevarais bien...
—Es humanamente imposible.
—Entonces simplemente me sentaré a ver como os descuartizáis mutuamente. Es bastante entretenido las chispas que saltan... no dejes que te prendan —le da un lametazo en el cuello metiéndose un poco con él.
—Es tu culpa que no nos llevemos bien —sonríe y le muerde un poco el cuello—, yo sólo lo pongo en su lugar como lo merece y disfruto la tensión sexual que odia tener conmigo... Pero tiene.
—Todos la disfrutamos soberanamente —se ríe.
—O la disfrutas o dices poooooobre Austriaaaaa, mi vida, mi amor, no vayas a cansarte de discutiiiiir, Francia ten piedaaaad del poooobre enclenque —le imita en español, él se ríe más—. ¡Además se ríe!
—¡Pues me echaré a llorar si te parece! —se ríe más—. Insisto en que pilles a Prusia por banda cuando no mire... ¿quizás con Suiza?
—¡¿Con Suisse?! —levanta u a ceja.
—Bueno, apuesto que entonces no va a estar protegiendo tanto a Prusia... —se encoge de hombros sonriendo de lado
—Y va a matarme, a mí y a Prusse… Y Autriche va a tener a Angleterre a la mano.
—No he dicho que Suiza lo vea, he dicho cuando esté ahí. Será fácil distraerle cuando esté.
—Ah... oui. Especialmente porque creo que Autriche va a estar especialmente interesado en que no me acerque a él —sonríe y carraspea —. Este cuerpo no hace las erres como a mí me gustan.
España se ríe de nuevo, que original.
—Pero tiene mejor oído —canturrea algo indefinido—. Y trae de cabeza a nuestros amigos alemanes.
—Tiene un oído extraordinario... Manda señales confusas a mi cerebro, especialmente cuando noto que fallaste tristemente una nota... —canturrea él, con bastante mejor voz y tono. Sonríe —. Spanien, pórtate bien.
—No falle nada, cariño, esta canción es así y ahora tú podrías empezar a cantar bien para variar —se ríe.
Austria le da un golpe en el pecho y él se ríe más.
—Anda, vamos fuera a ver si podemos mover a toda esta gente a Londres.
—Non, rien de rien, non, je ne regrette rien... —canturrea abrazando a España con bastante menos capacidad de arrastrar las erres, pero con mucha mejor voz.
Tea party!
