Todos los personajes pertenecen a Hidekaz Himaruya.


Capítulo XIII

Ya había transcurrido casi un mes desde que habían recibido la carta de Dinamarca y finalmente estaban listos. Tuvieron que utilizar todo ese tiempo para descansar bien y prepararse para el viaje que debían emprender nuevamente. El viaje iba a ser largo y además, no sabían qué podían esperar del mismo.

Finlandia continuaba preocupado por la idea que había tenido el sueco. Lo último que necesitaban era otra guerra más, otros enemigos más. Sin embargo, el más alto se mostraba seguro de lo que estaba haciendo. Le era evidente que él confiaba plenamente en su plan.

La noche anterior antes del nuevo viaje, Finlandia se quedó contemplando la ventana de la habitación que los dos habían estado ocupando hasta el momento. Le estaba dando un fuerte dolor de cabeza al pensar en que quizás Polonia no se lo tomaría a bien. ¿Qué iban a hacer en ese caso? Tal vez todavía no era muy tarde para persuadir a Suecia acerca de su idea. Quizás había alguna otra solución. Aunque a él no se le ocurría nada en realidad. Pero tal vez si sentaban a conversar, la encontrarían.

Apenas había probado bocado, aunque sabía que luego tendrían que vivir una vez más de lo que pudieran cazar. La incertidumbre de lo que pudiera llegar a pasar una vez que se encontraran con la Mancomunidad Polaco-Lituana era lo que más le ponía nervioso.

—¿Fin? —le preguntó repentinamente el sueco, al entrar al dormitorio. Éste había estado guardando las armas que necesitarían por si las cosas no resultaran del modo en que esperaba. Aunque deseaba que todo pudiera arreglarse con meras negociaciones.

—¿Sve? —le respondió el otro. Si fuera por él, se quedaría allí. Disfrutaba de la convivencia con Estonia y Letonia, lo hacían olvidar de que en realidad estaban huyendo de Dinamarca. Pero obviamente no podía abandonar a su compañero y dejar que enfrentara solo aquella situación.

—¿Estás bien? —El hombre fue acercándose al finés lentamente. En la cena había estado bastante callado y se había levantado antes de tiempo, lo que dejó con algunas dudas.

Finlandia no estaba seguro de cómo responderle. No quería que creyera que dudaba de sus habilidades para decidir lo que más les convenía a los dos. Miró hacia otro lado antes de atreverse a contestarle. Respiró profundamente, lo último que deseaba era una discusión con él.

—Bueno… —Se rascó la nuca y continuó:—¿Estás seguro de que esta es la única manera de solucionar esto? Quizás es una decisión muy apresurada, Sve. Podríamos dedicarnos a… No sé, hacer nuestra propia casa en algún lado y asentarnos antes de hacer algo tan riesgoso como… Ir junto a ellos —Tragó saliva. No había tomado suficiente alcohol para enfrentarse al otro sin sentirse atemorizado. No quería lastimarlo.

Suecia se quedó en completo silencio. Se quitó los lentes y se sentó sobre su lado de la cama. Si bien había estado sospechando acerca de las dudas del finlandés, no pensó que fueran de tal magnitud. No obstante, no estaba molesto. Es más, agradecía que finalmente le dijera lo que opinaba al respecto.

—Por supuesto que es peligroso —No esperaba un cálido recibimiento por parte del polaco y el lituano. Al contrario, seguramente ya estarían enterados de que la casa de Estonia y Letonia estaba siendo ocupada por dos extranjeros:—Pero… Necesitamos aprovechar todas las oportunidades que se nos presenta —añadió.

Finlandia le miró confundido. No estaba seguro a qué se refería exactamente.

—¿Qué quieres decir? —le preguntó. Quizás estaría más dispuesto al plan del sueco si éste le explicara mejor su punto de vista.

—No tenemos aliados, así como Dinamarca los tiene. Necesitamos reunir todas las fuerzas posibles —explicó mientras que se iba sacando las botas. Se dio cuenta por el tono de voz del finés, que este temía lo que pudiera ocurrir y sabía que tenía que hacerle entender todo para obtener su apoyo. Aunque si él no quería hacerlo…

Finlandia se quedó callado por un momento. No había pensado en que llegaría algún momento en el que tendrían que enfrentarse cara a cara contra el danés. Claramente no estaban preparado para eso. Hasta aquel instante solamente había considerado que estaban huyendo de él. Pero ¿una batalla contra él?

—¿Me entiendes ahora? —Observó a su compañero por el rabillo del ojo. Él tampoco quería irse de allí. Estonia y Letonia habían sido muy amables con ellos y le gustaba bastante esa vida tranquila que estaban llevando. Pero obviamente continuar allí era escapar de la realidad.

El silencio continuó. El sueco no quiso insistir así que continuó desvistiéndose para poder dormir. Después de todo, les esperaba un largo viaje hasta Varsovia.

—Entonces confío en lo que estás haciendo —dijo repentinamente Finlandia. Sí, estaba asustado por el futuro pero si el otro consideraba que esa era su mejor opción, entonces iba a depositar su confianza en él. Lentamente se acercó al escandinavo y le abrazó, a modo de demostrarle su afecto.

Eso sí que no se lo vio venir. Agarró las manos del finlandés y disfrutó de ese instante de intimidad. Tal vez para el otro no era nada, pero para él lo significaba todo. Suspiró, no quería que se alejara de él para nada. Sabía que en ocasiones quería apartarse de él, o al menos esa era la impresión que Finlandia le daba, así que esto le hacía sentir verdaderamente querido por él. Aunque solamente fuera como amigo.

Tras unos pocos minutos, el muchacho se apartó de él y apartó las sábanas. Ahora que había podido conversar a gusto con el sueco, podía descansar tranquilamente.

—Nos iremos bien temprano —Le recordó Suecia. Éste no quería desperdiciar un solo segundo a partir del día siguiente. El tiempo no estaba a favor de ellos. Cuanto más tardaran, peor preparados estarían para el día en que se encontrarían con Dinamarca y Noruega, cara a cara.

Casi no durmió en la noche, pensando en todo lo que les esperaba. Ahora que contaba con el apoyo de Finlandia con más seguridad, tenía más dudas. ¿Qué haría si estuviera tomando la peor decisión de todas? ¿Si en lugar de conseguir aliados, los estaba llevando a una trampa mortal? Suecia contempló a su compañero, quien estaba durmiendo plácidamente a su lado.

No quería decepcionarlo. Eso era lo único que no iba a poder tolerar, el entristecer a Finlandia y colocarlo en una situación insostenible. Por ello, se dijo que iba a dar su mejor esfuerzo para que ambos pudieran lograr su objetivo.

Alrededor de las cinco de la mañana del día siguiente, Finlandia fue despertado por alguien que había comenzado a sacudirlo. Quería continuar durmiendo, la cama estaba muy cómoda y sabía que pasaría un buen tiempo hasta que finalmente pudiera volver a hacerlo. No obstante, con mucha pereza, se levantó.

Después del desayuno, salió afuera. El sueco ya había alistado los caballos con las provisiones que había conseguido durante el mes. Éste llevaba en su cinturón una larga espada y le entregó una parecida al finlandés. Luego de acomodarla, miró hacia atrás, donde estaban Estonia y Letonia contemplándolos.

—No te metas en muchos líos, Fin —le suplicó el estonio. Todavía no podía entender por qué el sueco estaba arrastrándolo hacia un obvio enfrentamiento con el polaco.

—No te preocupes, nos volveremos a ver muy pronto —le prometió y luego le dio un suave codazo al sueco:—¿Cierto, Sve? —le preguntó con una alegre sonrisa. Él realmente creía en ello. Era una simple cuestión de tiempo.

El más alto se limitó a asentir y pronto ayudó al otro a subir a su caballo. Suecia hizo lo propio. Contempló el paisaje que les aguardaba. Sabía que atravesar esos árboles sería difícil y que llegar hasta Varsovia les llevaría bastante tiempo, teniendo en cuenta de que planeaba evadir todos los poblados posibles.

—Volveremos —Fueron las únicas palabras de despedida que le dio a los dos países bálticos junto a:—Gracias.

Le hizo una señal al finlandés y comenzaron a andar hacia la capital polaca. Finlandia solamente podía pensar en que esa noche volverían a dormir bajo el viento frío de aquellas tierras, que tendrían que buscar fuentes de agua para calmar su sed y que una vez que se les acabara el alimento, tendrían que cazar. Ello le deprimía un poco. Se había acostumbrado a las comodidades que Estonia le había ofrecido durante los meses que se habían quedado allí.

Durante la travesía, se detuvieron varias veces cerca de afluentes de agua. Por suerte para él, Suecia tenía un excelente sentido de orientación, fruto probablemente de los viajes que realizaba cuando aún era un vikingo. No habían visto una sola persona desde que habían salido de la casa de los bálticos, aunque esa era precisamente la idea del más alto.

Sin embargo, en la medida que iban a acercándose a su objetivo, el finlandés se dio cuenta de que el otro estaba cada vez más cansado, pese a que no se atrevía a decírselo. Realmente quería saber qué era lo que pasaba por su cabeza, eran en estas ocasiones en las cuales se sentía un poco dolido por el hecho de que no fuera capaz de compartir con él sus pensamientos.

Cierta noche en la que no podía conciliar el sueño, se levantó de su bolsa de dormir. Se percató de inmediato que Suecia no se hallaba a su lado, cosa que obviamente le alarmó. ¿A dónde había ido a esa hora de la noche? No le creía capaz de abandonarle a su suerte, pero de todas maneras le hubiera gustado que le dijera que iba a salir. Se puso su abrigo y fue al exterior de la carpa.

Bostezó con fuerzas antes de continuar buscándolo. No tuvo que esperar mucho tiempo. Apenas unos cuantos metros de allí, se hallaba Suecia, entrenando con su espada. Finlandia se escondió detrás de un árbol, para que el otro no pudiera saber de su presencia. Aunque de todas maneras, con tanta oscuridad, estaba seguro. La única razón por la cual sabía que era él, era por la espada que brillaba mientras que el otro la asía, de un lado a otro, como si estuviera luchando con un enemigo invisible.

Así que era eso… Tomó una larga bocanada de aire antes de intervenir. Quizás deberían tomar un par de días libres para ello en lugar de sacrificar horas vitales de sueño. La espada resplandecía a la luz de la luna. No solamente había estado entrenando, sino también afilando su arma. No quería dejarle todo el trabajo al sueco, si es que tuvieran que llegar a esas instancias.

—¿Sve? —le llamó, esperando no asustarle.

Éste miró por todas partes, hasta que se percató de la figura del finlandés que iba acercándose hacia él. Estaba sorprendido. ¿Acaso había hecho tanto ruido que lo despertó? Su plan de entrenar en secreto, por si las cosas no ocurrieran de forma pacífica, se fue al tacho.

—No deberías estar levantado —Se acomodó los lentes y guardó la espada en su vaina. Estaba sudando un poco, pese al frío, debido al ejercicio físico e inclusive jadeaba.

—No te encontré en la carpa así que… —Rió nerviosamente:—Me preocupé y vine a buscarte —admitió. Tanteando en la oscuridad, llegó hasta donde estaba él y con cuidado, le secó el sudor de la frente, estirándose un poco debido a la diferencia de altura entre los dos.

Estaba a punto de reprocharle cuando escuchó toda la explicación del otro. ¿Cómo iba a enojarse con él? Le agarró de la mano y lo llevó de vuelta a la carpa. Recién en ese momento, se dio cuenta de lo agotado que estaba. Con dificultad llegó a la carpa y dejó de lado su arma.

—¿Por qué no me dijiste que estabas preparándote para una posible batalla? —le cuestionó Finlandia, más curioso y sentido que molesto:—Yo también quiero participar si llega a suceder algo así —añadió.

—Es que… —El sueco no había previsto mantener esa conversación el muchacho, por lo que no tenía una respuesta lista para aquella interrogante. Es más, sabía que estaba quedando bastante mal frente a él. ¿Qué se suponía que debía decirle? Tras un largo rato de silencio, contestó:—Quiero protegerte —lo dijo en voz baja, avergonzado.

Desde el día que habían salido de la casa de Dinamarca, en todo lo que había podido pensar era en que debía cuidarlo de todos los peligros a los que iba a exponerle. Se había prometido a sí mismo que prefería ser lastimado en gravedad antes que Finlandia recibiera un rasguño. Al fin y al cabo, la idea de escapar de allí había sido suya.

—¿No te has puesto a pensar que yo también quiero protegerte? —Si hubiera luz, el sueco se hubiera dado cuenta del sonrojo en el rostro del finlandés:—Siempre quieres hacer las cosas tú solo y nunca me cuentas nada de nada y… —No obstante, no pudo continuar con su berrinche. Quería reprocharle tantas cosas pero Suecia no se lo permitió.

En ese momento, no supo qué fuerzas le movieron, pero el sueco buscó la boca del finés y le dio un suave beso. Le había conmovido el hecho de que se preocupara de la misma forma que él lo hacía.

Finlandia abrió los ojos de par en par al sentir los labios de su compañero encima de los de él. Su corazón comenzó a latir con fuerza antes de corresponderle. Fue apenas un beso dulce que duró pocos segundos, pero que sin duda lo había marcado. Una vez que se separaron, no estuvo seguro de qué decir al respecto. Es más, no sabía cómo continuar con la reprimenda.

—Es hora de descansar —Suecia estaba igualmente avergonzado. Dejó el resto de su ropa a un lado y se recostó. Le dio la espalda al finés, no porque estuviera decepcionado del beso, sino porque temía que el otro se enojara con él. En su interior, ya se estaba reprochando a sí mismo por haber hecho tal cosa.

A partir de esa noche, las cosas habían comenzado a cambiar entre ellos.

Mientras tanto, en otra parte de Europa, cierto polaco estaba molesto.

—¡¿Tipo cómo se atreve a tomar lo que es mío?! —exclamó. Le había llegado la noticia de que alguien había exigido Estonia y Letonia para sí.

—Sólo cálmate, tal vez... —Lituania intentó calmar al rubio, a pesar de que sabía que era muy improbable de que lo consiguiera.

—¡Cómo que les voy a demostrar quién soy yo! —Sus ojos verdes brillaron de furia.

Una nueva guerra había dado inicio…


No sé si alguien se acuerde de esta historia, ha pasado tanto tiempo desde que lo actualicé x'D

Como siempre, muchas gracias por leer y especialmente quiero agradecer a los que siempre me dejan un comentario 3