El ascensor se detuvo en seco y los dos se miraron, Rebeca respirando de forma agitada y nerviosa, Sam pensando como salir de allí, pues el ascensor se podía convertir en la cárcel perfecta para que le demonio o lo que fuera les diera caza.
"Creo que no te había dicho todavía que no soy una buena compañía. Al menos no una muy segura." Rebeca miró al cazador y sonrió débilmente, más por nerviosismo que por estar feliz ni nada parecido. "No deberías estar aquí conmigo."
"Un poco tarde para decirme eso ¿no te parece? ¿qué tal si primero salimos de aquí con vida y luego me pones al día sobre tu vida?"
Sam asintió en silencio y comprobó que seguía llevando el arma en el mismo sitio en que la había dejado al salir de la habitación de su hermano. Rebeca abrió los ojos de forma desorbitada al verla.
"¿llevas siempre un arma?" Como respuesta, el ascensor comenzó a oscilar de nuevo y a emitir terribles sonidos, como si de una bestia hambrienta se tratara. "Bueno tal vez no nos venga mal después de todo. ¿Y como piensas conseguir que salgamos de aquí sin que esa cosa, lo que quiera que sea, nos mate?"
"Ahora mismo se que no nos va a dejar salir, así que lo mejor será dejarle entrar y ocuparnos de él."
"¿Te has vuelto loco? Sea lo que sea eso nos matará en cuanto nos tenga a tiro."
Sam ya no le estaba escuchando, tenía la vista puesta en el techo del ascensor y en como hacer para coger a la criatura por sorpresa, antes de que los sorprendidos fueran ellos. podía dispararle, y así llamar su atención, pero si conseguía herirle, seguramente eso le enfadaría todavía más.
"Sam…" Sorprendidos, Sam y Rebeca escucharon la voz proveniente del techo del ascensor. Al menos ya sabían que lo que le estaba atacando era suficientemente inteligente como para comunicarse con ellos. "Se que estás ahí y se que no estás solo. ¿Quién es tu amiga? ¿Vas a intentar impresionarla matándome? Pero quien sabe, tal vez te impresione ella a ti. No todo el mundo somos lo que parecemos y si no fíjate en nosotros los demonios."
"¿De que está hablando?" Preguntó Sam a Rebeca, pero ella se mantuvo en completo silencio, apoyada contra la pared, mirando alternativamente a Sam y al techo del ascensor.
El ruido en la parte superior del ascensor era constante, pasos que iban de un lado para otro, como si de un perro tratando de atrapar a su presa se tratara. Sam sabía perfectamente que el demonio quería ponerles nerviosos y para alguien sin experiencia como Rebeca, eso sería algo fácil de conseguir.
La chica ya estaba nerviosa, no dejaba de apretar las manos y su respiración se hacía cada vez más audible. Deseaba tanto ayudarla a que se calmara, decirle que todo, estaba bien y que no se trataba más que de un juego por parte del demonio para asustarlos.
Pero no podía estar completamente seguro que lo que el demonio quisiera fuera tan solo amedrentarlos. ¿Y sus órdenes habían cambiado? ¿Y si prefería hacer sus propias leyes? Los demonios nunca eran de fiar ni para conseguir información ni para estar seguros de lo que iban a hacer.
"Rebeca, necesito que confíes en mi en esto. ¿podrás hacerlo?"
"No veo que tenga muchas opciones." Contestó ella con una sonrisa, ligeramente forzada, pues los nervios y el miedo comenzaban a hacerse visibles en su rostro. "¿Qué es lo que vas a hacer?"
"Disparar al demonio, con un poco de suerte podré herirle y se marchará."
"¿Eso no significaba que también dejarás herido al ser humano al que está dominando? ¿Podría morir?"
Sam tardó unos momentos en contestar, se acababa de dar cuenta que Rebeca parecía tener dos personalidades al mismo tiempo, una asustadiza y como cualquier persona en esa circunstancia pensando en lo que el demonio podría hacerles; pero al mismo tiempo parecía saber tanto sobre demonios. Pero no era el momento de ser suspicaz; lo importante era salir con vida de allí, ya tendría tiempo para preguntarle después.
"¿Eso nos salvará la vida?" Preguntó de nuevo ella, volviendo a su estado más inocente.
"Espero que al menos ahuyente al demonio el timepo suficiente."
"¿Qué ocurre allí abajo Sam?" La voz del demonio sonó con más fuerza todavía. "¿No te estarás escondiendo de mi? Mira que se lo digo a tu hermano, aunque ahora que lo pienso igual no le importa saber que te he matado. ¿Crees que le importará saber una noticia así?"
Sam aferró con más fuerza todavía su arma, hasta casi hacerse daño con el caño en la palma. No dijo nada, no iba a caer en la trampa de un demonio, ya tenía demasiada experiencia con esas despreciables criaturas.
"Sam no le escuches, se que tienes problemas con tu hermano, pero Dean te quiere y nada de lo que diga un demonio va a cambiar eso." Rebeca se levantó y lentamente se acercó al cazador, colocó su mano sobre el hombro tenso de Sam.
Entonces Sam sintió la corriente eléctrica recorriendo los cuerpos de los dos. Se dio la vuelta y la miró con fuerza. Desconocía lo que era esa sensación, pero no le gustaba nada no saber quien era realmente aquella chica que compartía el ascensor con él.
"Pégate a la pared todo lo que puedas." Dijo lo más tranquilo que pudo. "Si ese demonio ataca y se decide a bajar no quiero que salgas herida por un descuido mío."
"Sólo quiero ayudar."
"Gracias, pero no creo que sepas como hacerlo. No eres una cazadora como yo y por lo que recuerdo ese demonio consiguió atraparte pronto. eres una presa fácil y tal vez te metes en problemas con demasiada facilidad."
"Sam ¿Qué te ocurre conmigo?"
Sam no pudo contestar en ese momento, pues una mano atravesó el techo del ascensor. El cazador disparó hacia arriba sin pensarlo dos veces y por un momento la mano desapareció. Los dos guardaron silencio, esperando escuchar un nuevo ruido, más pasos sobre sus cabezas, incluso de nuevo, aquella horrible voz. Pero no llego nada, tal vez el demonio se había ido y los dejaba en paz.
"¿Se puede saber por qué te comportas ahora así conmigo?" Rebeca caminó de nuevo los dos pasos que le separaban de Sam. "¿Qué es lo que te he hecho?"
"Solo me fío de dos cosas a estás alturas de mi vida, mi hermano y mi instinto y ahora mismo, mi instinto me dice que no eres de fiar, me das mala espina eso es lo que me ocurre."
Rebeca abrió la boca para reprocharle que no tenía derecho a decirle algo así, cuando de pronto, no solo una mano cruzó a través del techo de la cabina del ascensor, sino medio cuerpo del demonio, que Rebeca reconoció en seguida como uno de los médicos del hospital.
"Hola Sam, Me echabas de menos." Los dos se fijaron en la mancha roja de su pecho, donde había impactado el disparo de Sam.
Si el demonio no estuviera en el interior de su cuerpo, un disparo como ese, tan certero, seguramente lo habría matado, pero ahora tan sólo lo mantenía con vida, como si de un muñeco que funcionara con electricidad se tratara, el demonio que estaba dentro de él.
Se metió en la cabina, Sam disparó pero estaba vez erró en el tiro. El demonio, mucho más fuerte que él, le dio un golpe en las costillas que le hizo quedar sin respiración durante un momento. Así, el demonio aprovechó para quitarle el arma y hacerla desaparecer por el hueco por el que había entrado él.
Empujó a Sam contra la pared y sonriendo fue hacia él.
"Pensaba que me lo ibas a poner más difícil, pero será toda una delicia poder ver la cara de tu hermano, cuando le diga que han encontrado tu cadáver, con el corazón arrancado. Tal vez entonces recuerde quien eres y posiblemente, eso acabe con él definitivamente."
"Eres un maldito bastardo."
Sam intentó dar un paso adelante, pero el demonio le golpeó con una sola mano y lo lanzó de nuevo contra la pared. Anduvo los pasos que le separaban del cazador, con la misma sonrisa triunfadora en los labios.
Sam sabía que no podía hacer nada, pues en el enfrentamiento mano a mano contra un demonio, siempre tenía todas las de perder, sobretodo cuando había donde esconderse y a donde huir. Nunca hubiera esperado que su final fuera así, en un ascensor, a manos de un demonio y teniendo que dejar solo a un Dean completamente desvalido. Tan sólo esperaba que Castiel y Bobby cuidaran de él.
De repente, sonó un disparo y el demonio cayó hacia un lado, al suelo, muerto, como si de un muñeco sin pilas se tratara. Hubo un fogonazo, el demonio había sido destruido. Aturdido y anonadado, Sam buscó una respuesta y la encontró en seguida.
Ahí estaba Rebeca, empuñando un arma todavía humeante.
- o -
Dean se despertó dando un alarido y Castiel tuvo que sujetarlo para que no se hiciera daño. abrió los ojos aturdido, sin saber donde se encontraba, pero con tantos recuerdos agolpados en su cabeza, que casi le hacía daño.
"¿Qué ha pasado?"
"Decidí tomar el camino rápido y más doloroso para devolverte tus recuerdos."
La respiración de Dean agitada y muy alterada, se fue calmando muy poco a poco. Tenía la sensación de haber estado en una montaña rusa durante horas, redescubriendo su pasado, incluso viendo recuerdos que creía olvidados hacia muchos años. En todos ellos estaba Sam, de niño, jugando con él, siguiéndolo cuando Dean tan sólo quería que le dejara solo; aprendiendo de su hermano mayor, como Bobby siempre había dicho cuando los veía juntos.
"Sammy."
También estaban entre esos recuerdos, los últimos días, con todas las cosas horribles que le había dicho a su hermano, incluso las que había dicho el demonio y no él. Se pasó la mano por el pelo, intentando serenarse, aunque con aquella revolución de recuerdos, todo lo que estaba consiguiendo era ponerse más nervioso todavía.
"Dean tienes que calmarte."
"¿Cómo pude olvidarme de mi propio hermano? ¿Cómo pude decirle todo aquello? Jamás podría ser tan desagradable con él. Seguro que ahora no quiere ni verme ¿Dónde está? Cass por favor, tienes que traer a Sam, tengo que hablar con él para que no me odie."
La mano de Castiel sobre su hombro, le hizo dejar de hablar. la mirada del ángel solía calmarle, hacerle ver que las cosas casi siempre tenían una solución. Se obligó a respirar más pausadamente y a pensar con mayor tranquilidad.
"Voy a ir a buscar a Sam, tienes razón, ahora tienes mucho de lo que hablar con él. Pero tienes que prometerme una cosa." Dean le escuchó en silencio, estaba agotado y demasiado nervioso para decir nada en contra. "Vas a dejar que te ayudemos y mañana estarás en la rehabilitación, sin protestar y dispuesto a trabajar, lo que más haría feliz a Sam sería verte caminar de nuevo."
Tras pensar un par de segundos, Dean asintió. El camino que tenía por delante no iba a ser facil, pero en su vida nada lo había sido, porque esto tenía que ser una excepción. Al menos ahora, Sam estaría a su lado.
