Ya había pasado más de un mes de que Arthur, luego de tener ese "pequeño" accidente había entrado en coma, y Alfred desde ese día no había abandonado en casi ningún momento la habitación, solo cuando lo obligaban a ir a casa. Su rutina se había vuelto en dormir en una banca, que amablemente les pidió a las enfermeras sí podía descansar cuando lo necesitara, al lado de la cama de Arthur, pero solo dormía nada más qu horas cada día. Comía cuando Antonio lo obligaba y cuando volvía a su casa lo vomitaba. Su peso estaba bajando drásticamente cada día, pero esto no se debía que se sentía mal consigo mismo, sino que no sentía la necesidad de comer; y tampoco dormir.
Si no fuera por Antonio, Lovino y Feliciano, que este último había viajado inmediatamente desde Italia al enterarse lo de Arthur, Alfred habría estado todos los días acostado en la banca sin moverse y hubiera sido posible que se desmayara por la falta de alimentos y bebida en su organismo.
Los días que pasaban se hacían cada vez más largos para Alfred, pero eso no lo hacía perder las esperanzas de que Arthur en cualquier momento podría despertar. Agradecía a las bajas temperaturas del invierno, ya que tenía escusa de poder quedarse en el hospital cada vez que había fuertes nevadas, pero por las noches sufría por la poca calefacción que tenía la habitación. Algunos días debía estar sentado al lado de la ventana para que los rayos del sol le dieran algo de calor, y los días en que llovía o nevaba permanecía todo el día acostado en su banca.
Gracias a todo esto había dejado la manía de fumar todos los días, nada más lo hacía cada vez que salía del hospital; que eso era una o dos veces por semana; lo cual lo ponía bastante feliz y su ansiedad había bajado muchísimo en menos de un mes.
Un día, Alfred y Antonio estaban en la habitación. El ojiazul miraba a Arthur sin quitar sus ojos de encima ni un segundo, mientras que Antonio leía el periódico. Era el medio día y Alfred no había comido nada desde que había despertado, su estómago comenzó a sonar delatándolo.
- Tienes hambre... - dijo Antonio mirándolo serio mientras se paraba de su lugar.
- Solo estoy haciendo la digestión - contestó Alfred mirándolo de reojo.
Antonio le levantó una ceja mirándolo atónito - ¿Digestión de qué? Si no has comido nada en todo el día.
- Estoy bien, tu tranquilo.
- No, iré a comprarte algo.
- No hace fal... - no puedo terminar la frase porque Antonio ya había salido - ...ta.
Pasaron unos minutos y el español ya había vuelto. Le había comprado un sándwich y una botella de agua mineral, algo bastante liviano, ya que si comía algo pesado su cuerpo lo devolvería de cualquier manera. Se los entregó a Alfred y este frunció el ceño - ¿Qué es esto?
- Un sándwich.
- Te dije que no era necesario, no tengo hambre.
- El rugido que sonaba de tu estómago no decía lo mismo - Antonio tomo su bolso y abrigo - Lo siento debo volver al trabajo.
- ¿Por qué te disculpas? - pregunto extrañado mientras le daba un sorbo al agua.
- Me hace sentir mal dejarte solo ¿Estarás bien?
- Paso la mayor parte del día solo, creo que por un día que no estés no me va a hacer daño.
- Igual, intentaré volver cuando salga - se colocó su abrigo y puso su bolso en su hombro - Trata de sobrevivir sin mí.
Ambos rieron - Sólo serán por unas horas, no pienses que me voy a morir.
- Espero que no, y si necesitas algo no dudes en llamarme.
- Sólo ve, no te preocupes por mí, preocúpate porque Arthur despierte.
- Me preocupo por ambos, ¿Sí? - Alfred rodó las pupilas - No me ruedes los ojos. Ah, y cuando vuelva quiero que esto - dijo señalándole al alimento - Esté en tu estómago. Y espero no ver nada en la basura.
- Está bien "mamá" - hizo énfasis con los dedos.
- Nos vemos.
Espero que Antonio saliera, sacó la cobija que tenía para cubrir sus piernas y se levantó - No dijo nada del desagüe, ¿No? - odiaba tener que hacer esto, pero también odiaba que lo obligarán a comer cuando no lo necesitaba, o eso creía.
Al entrar al baño se dirigió a uno de los cubículos. Su estómago volvió a sonar - No lo hagas - se repetía en su cabeza, vaciló por unos segundos, pero no se resistió y le dio un par de mordidas, eran pequeñas pero demasiadas para él. Al darse cuenta de esto tiro en alimento en el retrete y llevó uno de sus dedos hasta el fondo de su boca.
Al salir del cubículo fue al lavabo para limpiar su boca y cepillar sus dientes, y también limpio su cara, se miró al espejo impresionado por la poca masa muscular que se le notaba en la cara, hace meses que no pisaba una balanza así que no tenía ni idea de su peso actual.
Al llegar a la habitación se encontró con el doctor que estaba tratando a Arthur.
- Alfred, necesito hablar contigo - fueron hasta su oficina, y Alfred se sentó en uno de los dos asientos que había delante del escritorio.
- ¿Qué sucede?
- Tengo una noticia buena y una mala - dijo tomando unos papeles - ¿Cuál quieres escuchar primero?
Alfred vaciló - La buena por favor...
- La buena es... - se detuvo mientras le dedicaba una cálida sonrisa - Que es posible que Arthur despierte pronto.
- ¿De enserio? - a Alfred le brillaron los ojos al escuchar eso.
- Si, no puedo decir una fecha exacta, pero será pronto te lo puedo asegurar.
- Eso me deja más tranquilo - suspiro - ¿Y cuál es la mala?
- Y la mala es que Arthur necesita una transfusión de sangre inmediatamente.
- ¿Que tiene eso de malo? yo puedo ser el donante.
El doctor arreglo los lentes que traía puesto - Sabía que dirías eso, pero hay un problema, no son compatibles sus tipos de sangre, tu eres A+ y el B-.
Alfred lo miró desconcertado - ¿B-? ¿Eso existe?
- Si, es uno de los tipos más raro solo el 1.39% de la población de todo el mundo la tiene.
- Mierda -pensó Alfred - ¿Qué tan rápido la necesita?
- Lo más pronto posible, Arthur ha vuelto a estar en un estado criticó de la anemia.
El ojiazul suspiro nuevamente mientras su sonrisa desaparecía - ¿De nuevo...?
El doctor asintió - Mira, intentaremos comunicarnos pacientes que ya han donado, pero no te aseguró por encontrar uno rápido, así que si tienes que algún familiar o conocido que tenga ese tipo de sangre no dudes en avisarme, ¿Sí?
Alfred asintió y salió de la oficina. Volvió a la habitación y se sentó en su "cama", vaciló por unos segundos, sabía que conocía a alguien con un tipo de sangre rara pero no se acordaba bien quien era. Pensó hasta que, una luz en su memoria se encendió, tomó su teléfono y marcó un número, sonó unos segundos hasta que atendieron.
- Hola... - pauso - ¿Mamá?
- Alfie...hace cuanto no llamas... ¿Cómo has estado? - le dijo cálidamente detrás de la línea.
- Bien, o eso creo - lanzó una risa algo nerviosa.
- ¿Sucedió algo?
- Si...necesito hablar contigo - trago fuerte - Pero tiene que ser persona.
