Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es original mía

Chicas!, perdónenme por la tardanza, de veras. He aquí por fin, la primera parte de lo que me habían pedido. Nos leemos abajo ;)

Capítulo XIII

(Edward POV parte I)

"Los caprichos no se meten en la mente"

Edward POV

Jodido pueblo de mierda, ¿acaso no podía dejar de llover un maldito segundo? Odiaba la naturaleza de este lugar, y el agua, me sentía como un jodido pez aquí. Y para empeorarlo, hoy comenzaban las clases del único instituto que tenía este pequeño e insignificante poblado.

Me despedí de mis padres y luego emprendí la marcha por la carretera principal, por lo menos la ropa de cuero era impermeable y así no terminaba todo mojado por la asquerosa lluvia.

En el trayecto solo lograba pensar en que realmente, ya ni me importaba en que estúpido lugar estuviera, siempre sería igual. Todo desde que ellos me cambiaron la vida.

Cambié la marcha de mi bebé y desterré esos pensamientos al adquirir más velocidad. Lo que si lamentaba de veras, era dejar a las mujeres de California. Poco pudorosas y de cuerpos deseables que no había que rogarles demasiado. Podrían llamarme vividor y promiscuo que yo me declaraba culpable, esperaba que aquí en este pueblo las chicas fueran contraste al ambiente, es decir, calientes. De ese modo no echaría tanto de menos, al fin y al cabo tenía todo lo que necesitaba entre los pantalones y en mi motocicleta.

El resto del trayecto lo pasé sin pensamientos dignos de mención, no estaba nervioso. Esas emociones hacía bastante tiempo que se borraron de la memoria de mi cuerpo, la verdad, me importaba una reverenda mierda cualquier cosa que me dijeran en este lugar. Solo cumplía con esto para no darle más disgustos a mi madre.

Aceleré para evitar la fila de coches que intentaban ingresar al instituto que más bien parecía muchas casas juntas y algún cálculo tuvo que fallarme puesto que terminé de frente a un viejo chevy de color desteñido, que frenó provocando un gran chirrido.

No pude evitar el reír al notar la cara de molestia de la conductora, ya que era mujer.

Ella no me observó como las chicas suelen verme cuando estoy vestido así y montado en mi Harley, no, ella me dijo imbécil ¡me dijo imbécil! ¡Qué ocurrencia! Mi buen estado de ánimo incrementó frente a esto, se creía una gran chica en esa horrenda camioneta, podría jurar que en este momento debía estar echándome un montón de groserías. Fui incapaz de salirme de su camino por puro gusto de verla enfadada por lo que ella se alejó antes.

Aún divertido con su reacción busqué un lugar donde aparcar para ir por los papeles que tenían que entregarme. Digamos que poseía cierta experiencia en estos asuntos, no era la primera vez que me echaban y tuviera que buscar a mitad de año otro colegio. Yo era un caso perdido.

Al aparcar y quitarme el casco, llegaron las miradas que esperaba, las chicas se me quedaron viendo y no pude evitar la sonrisa petulante de mis labios, guiñándoles el ojo de vez en cuando, tomando nota de cual tenía mejores senos o trasero. Debía reconocer que no estaban nada mal, no tan hermosas como las de California pero por lo menos había de donde escoger.

La misma escena se repitió cuando entré al establecimiento, murmuraban cosas y adrede jugué con mi rebelde cabello, provocando uno que otro suspiro. Si, soy un cabrón con suerte.

Abrí la sala que rezaba en la puerta "dirección" y me acerqué al desorganizado escritorio rebosante de papeles sin orden ni concierto.

-hola- saludé en voz baja. La mujer regordeta se apresuró en voltear y al hacerlo se me quedó viendo. Sonreí porque incluso entre las mujeres mayores mi atractivo no pasaba desapercibido y a mí me convenía entablar relaciones amables con ella, ya que podría obtener disculpas y pases con mayor facilidad.

-oh… hola, ujum… ¿en qué te puedo ayudar?- preguntó tratando de mantener la compostura y me incliné en el escritorio, procurando que mi voz saliera suave

-bueno… soy el chico nuevo, Edward Cullen y creo que usted tiene algo para mí- respondí sonriendo. Se quedó pegada un tiempo antes de carraspear y fruncir el ceño

-oh, si ¡Si! Claro, aguarda- rápidamente me dio la espalda y dejé que mi falsa sonrisa se deshiciera.

Esto era un fastidio, si no fuera porque me gusta el sexo no me esforzaría en caer bien. No es que estuviera pensando en tenerlo con esta mujer, obviamente no, a mí me gustaban las jóvenes, con grandes pechos y pequeña cintura. Para que me las llevara a la cama tenían que ser despampanantes y gracias a mis rasgos bien parecidos podía darme el lujo de ser selectivo.

-aquí tienes el mapa del colegio, y he marcado los mejores caminos para que llegues sin demora a tus clases. Aquí está el horario y debes traerme esto al terminar las clases con las firmas de todos los profesores, ¿entendido?- redibujé mi sonrisa y asentí

-muchas gracias…- la miré esperando su nombre

-Shelly Cooper, digo… señora Cooper- exclamó atropelladamente, y luego se corrigió. Me tragué la mueca que quería hacer

-muchas gracias, Shelly- flirteé un poco y después de dejarla medio hiperventilando me fui rápidamente de ese lugar. Antes de cerrar la puerta escuché algo parecido a es demasiado joven, rodé los ojos con fastidio.

Al salir de esa cálida sala tuve que contener el escalofrío ante el helado viento, una de las desventajas del cuero es esta, no abriga mucho que digamos.

-hola- oí la voz sensual de una mujer y acto reflejo mi cabeza se giró en su dirección, sonriendo lentamente mientras mis ojos hacían la inspección

-hey-saludé de vuelta encontrándome con sus corrientes ojos cafés, pero eso era lo de menos, lo que me interesaba eran sus labios y estaban pasables.

-¿quieres que te ayude a encontrar tu salón? Soy Emily por cierto- extendió su mano en mi dirección pero yo sabía que solo era cortesía, ella no quería precisamente un apretón de manos.

-Edward. Y si, te agradecería mucho, nena- se mordió el labio y jugó con su cabello. Emily era de aquellas chicas que solo querían un revolcón y eso era perfecto para mí. Por lo que terminamos bien lejos del salón de clases haciendo cosas que de decorosas no tienen nada.

Salimos de la vieja casucha del conserje arreglándonos la ropa, y sin decirle ni una sola palabra me encaminé a donde debí llegar al iniciar este día.

Por lo menos, mis necesidades estuvieron excelentemente cubiertas, lo único que podría decir es que fue demasiado ruidosa, pero en fin.

Cuando entré en el salón de español, que por suerte era de una profesora, utilicé un poco mis encantos alegando que me había perdido y me creyó dejándome entrar sin ningún problema.

Sin embargo no tuve tanta suerte con el resto de mis clases, que eran con hombres, por lo que terminé siendo expulsado de todas ellas. Pero no podía importarme menos, esta jornada ya no podía ofrecerme nada más así es que aguantándome las ganas de irme a casa, llegué hasta el almuerzo.

Ocupé una mesa vacía y la cual no se llenó de gente. Los hombres de este colegio me odiaban, sin más, y era porque las chicas solo me tomaban en cuenta a mí. No podría decir un número exacto de con cuantas había flirteado en mis clases ni tampoco sus nombres, y aún así, a ellas que adoraban mis atenciones y a la gente en general mi forma de ser les producía cierto temor, que para mí estaba excelente, porque me ahorraba palabras y cosas innecesarias.

Al echar una ojeada aburrida a la reducida cafetería vi a la chica que me llamó imbécil y no pude evitar el centrar un poco más mi mirada en ella. Desde mi posición no la veía muy bien, solo distinguía que era castaña, pff, no es mi tipo. Lástima, si hubiese sido rubio o de cualquier otro color su cabello, podría haber entrado en mi posible lista.

Solo me había divertido su reacción, bien podría hacerla enfadar por el puro gusto de verla enojarse. Si, ella sería una especie de mascotita para entretenerme con sus reacciones.

-o-

Caminé sin demora a mi última clase, por lo menos debía recibir dos firmas de asistencia, el resto podría negociarlo con la señora de Dirección.

Revisé mi horario y ver el nombre de biología me fastidió sobremanera, pero me resigné caminando entre los estudiantes que me observaban. Procuré portarme bien con las chicas mientras que a los otros no les di bola.

Al entrar en el aula con mesas de cubierta blanca y diferentes implementos como los de laboratorio, le entregué el papel de firmas al profesor y casi sin mirarme lo firmó, sin embargo antes de devolvérmelo leyó nuevamente el nombre y me observó aturdido

-¿Edward Cullen?- preguntó incrédulo y maldije por lo bajo

-si.- respondí escuetamente

-me llegaron increíbles referencias de usted en esta asignatura- rodé los ojos

-lo sé. Con permiso- le arranqué el papel de las manos y con molestia miré el salón, ignorando las miradas de las féminas, porque estaba molesto e irritado por el comentario. Jodidos colegios de mierda poco confiables.

Él único asiento disponible en esta estúpida sala era junto a una chica que mantenía los pies sobre la silla y los ojos cerrados. Lo que me faltaba, una mujer que me jodiera con indirectas y miradas toda la hora.

Sin embargo mi sorpresa fue tal al advertir que la chica era la que me llamó imbécil, y ahora sería mi compañera de banco. Eso aligeró solo un poco mi ánimo y ya esperando molestarla me paré frente a ella.

No podría decir que esperaba ver en su cara, pero definitivamente no tan lindas facciones. Era más blanca que la leche misma, poseía una pequeña y respingona nariz cubierta de finas pecas y sin embargo lo que eclipsó todo lo demás fueron sus regordetes y rojos labios que provocaban ser mordidos y besados hasta el cansancio. Dios sabe cuánto lo anhelé, como nunca, deseé un beso, ¡qué va!, no solo uno. ¡Miles! Hasta que estuviera saciado de ellos.

Sus ojos estaban cerrados y tardé medio segundo en darle una rápida mirada a su cuerpo. No era voluptuosa, para nada, de hecho, sus senos con suerte podrían ser del porte de la palma de mi mano… uhm, serían perfectos para ser apretados por ellas. La simple idea me hizo tragar saliva, sus piernas eran largas y más bien flacuchas pero firmes, ideales para que se ciñeran con fuerza en mis caderas mientras…

Mis pensamientos se vieron truncados cuando abrió sus ojos, elevando sus largas pestañas, dejándome observar una pupila amplia y un iris de un profundo color café semejante al chocolate que simplemente no me dejó pensar en nada.

Me privó de su mirada intensa, sacando los pies de mi nueva silla y mirando al frente sin decirme nada. Un poco atontado por mi reacción me senté, y apenas lo hice advertí un par de ojos clavados en mí- sin contar a los otros- que me miraban con ira.

No pude contener la sonrisa que se extendió por mi rostro al darme cuenta de que ella me detestaba.

Tuvimos un examen sorpresa y la desconocida de la cual ni el nombre sabía, planeó hacerlo sola pero no la dejé… y pues, terminamos ambos fuera de la sala de clases. Por lo menos supe su apellido, Swan.

Y una vez que estuvimos afuera, oí su voz. Era bajita y suave, casi podría decir que la chica era muy tímida, claro… eso hubiera pensando si no se me hubiera tirado encima después de que la molestara. Pero ¿a quién voy a mentirle? Yo disfruté de que lo hiciera, probablemente no se dio cuenta de que su cadera se chocó con la mía o que su pecho hizo contacto con el mío… pero yo si lo hice.

Después de que me quitó su celular, se marchó rápidamente y miré su trasero; pequeño y formado. Una sola palabra sobrevolaba mi cerebro. Perfecta claro, perfecta para follar y dejarla.

Eso pensaba, hasta que reparé en un papel tirado en el piso. Al levantarlo noté que era un muy bonito dibujo y deduje era de Swan. Yo era un tipo con muy buena suerte.

Seguí sus pasos al baño y esperé pacientemente a que saliera. Pasaron solo unos minutos antes de que lo hiciera y le puse el papel por delante.

Desde ahí nos embaucamos en una discusión en la cual le exigía una disculpa por habérseme tirado encima. Ella me demostró su verdadero carácter y quedé gratamente sorprendido; aunque no pude evitar el fijarme en la forma sensual en la cual su boca se movía al hablarme, o bueno, al retarme. Por lo que dejándome llevar por mis impulsos de probar sus labios la pegué a la pared sin detenerme a pensar si era muy brusco porque jamás había sentido semejante necesidad de una boca, era simplemente ilógico.

Por fin la tenía donde quería y fue un calor febril el que se apoderó de mi ser al sentirla tan cerca, no tenía idea de que me sucedía. Había tenido una buena sesión sexual pero me sentía en perfectas condiciones para tenerla con ella… y entonces en el preciso momento en que iba a besarla, me golpeó ¡la pequeña gatita me golpeó! Oh, joder, mis bolas. La solté para agarrar mi fiel amigo. Maldita sea. ¡Joder!

-y cuando yo no quiero algo, no lo permito y ya- dijo antes de irse, dejándome ahí apoyado contra la pared.

Podría decir que desde ese preciso momento Swan, se volvió mi desafío personal. No me dejé de enrollar con las chicas que podía fácilmente, pero la molestaba cada que podía. Hasta que me golpeó el rostro, si, me lo merecía por cabrón sin embargo eso no evitó que me molestara, aunque, me di cuenta de que no es para nada una mala persona, tiene un carácter bien huraño pero no le gusta hacer daño.

No sabía bien por qué eso me molestaba.

Mi madre armó un show por el moretón pero después se tranquilizó, claro que no le dije que fue culpa de una chica. Antes muerto, yo también tenía dignidad.

Desde que me golpeó ya no la molesté más y además ella me evitaba, debía demostrarle que no era imprescindible para mí y que cualquiera me serviría. Por eso invité a su amiga, con la chica que hablaba siempre en el almuerzo, claro, cuando hablaba. Jessica, sí, ese era su nombre. No era fea, y servía para lo que la necesitaba. Un buen polvo y todos felices.

-o-

Pasé por ella a su casa y cuando salió, le sonreí tendiéndole el casco

-uh…hola-saludó mirando con desconfianza lo que le había dado

-hola nena- me acomodé el mío y la apuré- vamos, arriba- alenté y Jessica le dio vueltas al casco

-si…- se rió tontamente- yo…

-¿no te atreves?- crucé los brazos sobre el pecho sonriendo aunque estaba más que fastidiado

-pff… claro que… em…uhm…- le quité el casco con delicadeza, guardándolo

-no te preocupes. Será para la próxima- ella asintió y yo arranqué descontento. Justo cuando más necesito despejarme la chiquilla se echa hacia atrás. Maldita sea Swan, joder.

No tuve que pensar demasiado mi destino, terminé en uno de los pocos bares decentes de este pueblucho y bebí un par de copas. Debía manejar y no quería tener un accidente, así que después de pagar la cuenta me monté en la moto y emprendí regreso a mi casa.

Pero… la suerte no estaba de mi lado. Una patrulla de policías estaba fiscalizando coches justo por donde tenía que pasar e iba a exceso de velocidad

-detente- llamó un policía sosteniendo una linterna enfocando mi cara

-¿qué pasa? Joder- contesté malgeniado

-pasa chiquillo, que ibas a exceso de velocidad- respondió observando unos papeles

-¿y?- el hombre se molestó

-dame tus papeles que voy a multarte- excelente, pensé sarcásticamente. No podía ser peor.

-o-

Después de ese precioso suceso, decidí irme a mi casa, ya nada más tenía que hacer.

Sin embargo, me sorprendí, cogiendo la carretera que llevaba a la casa de aquella chiquilla insignificante que me había golpeado. ¿Y si la molestaba ahora? ¿Qué diría su padre? Me reí internamente ante la futura maldad que le haría… pero me acobardé en el último momento al ver su luz encendida. Sentí que invadiría una privacidad a la cual no tenía derecho por lo que casi sin darme cuenta pasé de largo. No podría decir el por qué de ese actuar, yo solo obedecía a mis impulsos, joder.

Cuando llegué a mi casa, las luces como es obvio, estaban apagadas y sigilosamente me estacioné y me fui a mi habitación. Sueño no tenía así es que después de ponerme un simple pantalón de buzo, despejé la muralla frente al ventanal y me puse a pintar y dibujar. Hacía algún tiempo aprendí a usar los spray's y la técnica para colorear con ellos, consiguiendo de esta manera mi escape porque ya no quería…

Negué con la cabeza desterrando ese pensamiento y me dediqué a lo que tenía frente a mí.

Cuando acabé cansando, me di una ducha y me acosté a dormir.

-o -

-Edward, debes tolerarlo, no puedes huir por siempre de ella- repitió mi madre por tercera vez

-lo sé y no intento evitarla, la quiero pero…- me despeiné el cabello

-entiendo Edward, pero Alice desea verte. Es tu hermana y ha pasado mucho tiempo- suspiré

-está bien. No iré a ningún lado cuando venga, sin embargo eso no asegura que quiera hablar a solas con ella- aclaré rendido, a mi madre no podía negarle nada. Sonrió triunfal y pasó por mi espalda dándome un suave apretón.

De ese modo comencé a ponerme nervioso, Alice iba a venir y era la única que sabía todo acerca de mí. Dios, la echaba de menos pero me estresaba que me mirara de aquella forma que ella suele hacerlo… me hace sentir como una escoria, joder. Ni siquiera era capaz de decir ordinarieces en su presencia. Me cohibía y eso no me pasaba con las de su género. Me ponía todo un suavecito y no estaba bien. Gemí mentalmente. Alice era mi infierno personal. Probablemente la causa de que fuera así con las chicas… okey, no, estoy exagerando. La culpa no es de ella.

El día lunes traté de comportarme natural, y lo habría logrado si es que no la hubiese mirado. No pude contenerme, simplemente era una ley de mis ojos, necesitaba saber que estaba aquí, que podría contemplarla y molestar cuando se me viniese en gana. Y la verdad, no tenía ni una puta idea de por qué y eso me irritaba.

-hey, Edward- me llamó una chica de cabello negro y le sonreí. Estaba sentada en mi mesa

-hola dulzura- saludé tratando de sonar como siempre

-me preguntaba si querías salir un momento, quiero decir… ya sabes, divertirnos un rato- me guiñó un ojo y lo que menos quería era sexo en este momento, me sentía desalentado.

-estoy bastante ocupado ahora, lo siento. Quizá luego- le sonreí de lado e hizo una mueca de desencanto

-¿haciendo qué?- preguntó demasiado curiosa

-nada- respondí agriamente. En mi defensa ella se lo había buscado sola.

-oh, ya veo. Aburrido- dijo mientras se iba, me encogí de hombros. No era la única que quería un revolcón conmigo, y las otras estarían dispuestas cuando yo lo quisiese.

Me fui al toque de la campana como disparado a la clase. Me senté distraído y esperé a que los minutos avanzaran.

Yo pensaba que había salido airoso hasta que ella, justamente ella se dio cuenta y me preguntó si estaba bien. ¿Por qué ella tenía que darse cuenta? Joder, que suerte la mía. Tan extrañado como estaba solo atiné a contestarle con una negativa.

Después de aquello, pude sentir su mirada en mí y traté de ignorarlo. ¿Acaso me sentía intimidado? ¿Me estoy volviendo un suavecito? Jodida Isabella. Sí, porque ya había averiguado su nombre y cuando lo supe sonreí como idiota, joder. Es mi capricho nada más, eso tenía que aclarárselo a mi cabeza.

Si creí que eso fue raro, verla caminando hacia mí al término de las clases me impactó. ¿Le preocupaba? Por alguna estúpida razón esa idea me hizo sonreír y pude sentir como mi corazón intentaba hacer algo extraño, que obviamente le impedí.

La llamé sin saber realmente el por qué y ella me contestó después de un suspiro. Permitió que le llamara Bella, bien, por lo menos ese era un inicio… pero como soy experto en joderlo todo, le grité. ¡Le grité! Que bien, me felicité internamente.

Bella -que bien le sentaba- era la persona más terca que he conocido, no me quiso creer la disculpa y joder, yo nunca me había disculpado y le dije que jamás lo haría. Pero algo me hizo hacerlo sin que me pudiese negar, supongo que después de todo un poco de conciencia me quedaba y me arrepentí al alzarle la voz, además la llamé retardada y me lo sacó en cara.

Nuevamente, nos sumimos en una discusión donde agotaba mi paciencia, una que ni tenía y… finalmente, sin saber cómo terminé en su vieja camioneta charlando acerca de Alice. Swan, como me corrigió- me inspiraba cierta confianza innata.

Ni siquiera me había dado cuenta de lo fácil que me estaba resultando hablarle acerca de mis cosas, no me detuve a pensar en la posibilidad de que luego lo divulgara, yo simplemente me desahogué y debía reconocer que era algo realmente agradable, al igual que el aroma que flotaba en la cabina del coche, no podría decir de que perfume se trataba pero me gustaba mucho.

Noté que se tensó cuando hablamos de hermanos, y… como el cobarde que era, me fui. La dejé sola, chicas con problemas y cosas así es mejor alejarlas de mí. No me conviene involucrarme más de lo debido, era una pérdida de tiempo.

No podía dejar que se metiera en mi cabeza, yo podía meterme, pero no ahí. Así es que para eliminar cualquier impresión diferente que pudiera demostrarme vulnerable, arruiné todo llamándole gatita, palabra que descubrí la irritaba hasta lo indecible aunque a mí me pareciera bastante inocente y perfecta para ella. Eso me hacía sonreír, además de una retorcida manera me gustaba que me dijera imbécil. De modo que sin poder evitar la carcajada me fui hasta mi casa.

-o-

Al día siguiente de clases, me enrollé en el baño en el primer receso con una tal Elisa y al segundo con otra muchacha de la cual no recuerdo el nombre.

En este instituto las chicas parecían desesperadas por un buen polvo; aunque las entendía, los de por aquí eran un montón de ridículos flacuchos, además, yo era la novedad. Una guapa novedad. Cada una de ellas querían estar conmigo y yo les dejaba bien en claro que no era nada serio, sexo era lo que yo buscaba y no compromisos. También les indicaba que nunca íbamos a dormir juntos ni tampoco las llevaría a mi casa. Jamás una chica se había metido en mi cama y no pensaba permitirlo ahora.

Llegué a la clase de biología con una sonrisa en los labios que se borró al momento de recibir la práctica que repetimos. Bufé y alejé la mirada de esa hoja, es cierto que cuando la hicimos presté atención pero ahora que veía los resultados sentí mis entrañas comprimirse y arder. Por culpa de excelentes calificaciones me sucedieron muchas cosas desagradables.

Por ello cuando Swan me increpó le respondí de mala manera, porque me hallaba muy irritado y justo en el momento que de su boca iban a salir de seguro improperios -los cuales quería oír a pesar de estar "ignorándola"-el profesor llamó al orden y no tuvo más remedio que bajar su pequeño dedo.

Sin embargo, incluso cuando se supone que debía evitarla y no prestarle atención, la miré en el momento en que pidió la palabra después de que el profesor anunciara un trabajo, el cual era totalmente irrelevante para mí, no así para ella, al parecer.

Me hizo sonreír y tener ánimos de fastidiarla cuando preguntó si era en parejas y el profesor le contestó que si. Verla molesta era una cosa realmente agradable a la vista, por ello es que cuando me consultó cómo lo haríamos, no retuve mis ganas de picar su poca paciencia y le dije que no iba a hacer nada pero que me incluyera al momento en que lo acabara. Tuve mi gratificación al verla rechinar sus dientes. Lo cual –tuve que reconocer- se tradujo en una mueca bastante provocativa y sensual de sus labios, aquellos labios que comenzaban a ser mi tormento.

-o-

Esa tarde llegué de buen humor a mi casa y me dediqué por entero a mi dibujo, poniéndole más detalles y logrando de esa forma la perfecta recreación de mi vida antes de lo que era hoy.

Al acostarme, me sucedió algo que jamás me había pasado. Primero, el rostro de aquella chiquilla que me tentaba llegó a mi cabeza y ni siquiera al cerrar los ojos desaparecía. Fue la cosa más rara que me hubiese ocurrido y cuando junto a sus ojos tan extraños sentí un pinchazo en donde se supone tenía el corazón me incorporé inquieto y asustado, ¿Acaso me iba a dar un infarto? Joder, de haberlo sabido hubiera follado con aquella chica.

Me relajé parcialmente al descubrir que no era eso, si no que se parecía a un sentimiento y me aventuré a descubrir de cual se trataba. Finalmente, después de darle muchas vueltas determiné que era remordimiento. Sí, le contesté mal y ella solo quería saber algo, además, sus ojos me miraban ingenuos y noté que aparte de que se enojó, se sintió avergonzada. Dios, su mirada era un libro de sentimientos.

Me revolví el pelo confuso, ¿A mí qué me importaba lo que ella pudiera sentir? Yo simplemente la deseaba y era todo lo que me podía ofrecer. Si se sentía mal o triste, como había notado en algunas ocasiones no era de mi incumbencia, joder.

No logré dormir en la noche, y a la mañana siguiente decidí que debía remediarlo, incluso si eso significaba hacer un jodido trabajo de mierda, no me gustaba la pesadez en el pecho, y me gustó menos cuando tontamente intenté quitarlo con un revolcón lo único que conseguí fue ponerme aún más inquieto después de acabar.

Maldita sea la hora en que conocí a Swan, se supone que lo único que debe importarme es acostarme con ella, labor que había dejado de lado por este tiempo. Y en realidad, si me ponía analizarlo bien, sinceramente el cuerpo de Isabella no era despampanante como los que me gustan, si estaban llenos de silicona me importaba una mierda, se veían bien y era mi punto de interés.

Swan por su lado, no tenía el cabello rubio, si no que era castaño y con ondas, ¡yo prefería el cabello liso! Desvié mi mirada de ella, rechazándola mentalmente. Tardé la nada misma en volver mis ojos hacia su lugar. Me sentía como un enfermo acosador, la observaba cada vez que podía y se me estaba haciendo un muy mal hábito. Por Dios, lo único rescatable de todo su delgado cuerpo eran esos labios tentadores como una fresa que incluso estaban en armonía con esos senos pequeños que a pesar de que trate de negarlo, me muero por tocar y admirar bien. Joder, ella se me había negado. Joder, joder, ¿por qué mierda la deseaba tanto entonces? A mí nadie me rechazaba. Nadie.

Le di una fiera mirada desde mi posición, era totalmente ajena a lo que acababa de planear. Sí me ganaba su confianza, ella me lo daría todo, incluso ese cuerpo que sería gloria pura para mí. Joder, como me moría de ganas de besarla. ¡Debería tomarlo sin más! sí, eso haría Edward Cullen, se apoderaría de lo que quisiese porque era su impulso. Exhalé el aire en un resoplido y me agarré la cabeza. No, con ella debía actuar estratégicamente, meterme en la lógica femenina. En el caso de Swan, probablemente busca la confianza y la seguridad. Sí, eso tenía que conseguir. Sonreí para mis adentros. Muy pronto sería mía, sí, haría lo que se me viniese en gana cuando la tuviera para mí y solo para mí. Luego, la dejaría con el muy buen recuerdo de mis artes amatorias. Le daría tanto placer que no querría buscar a nadie más, entonces, viviría eternamente a mi disposición.

Satisfecho con mi resolución, no me molestó ir hasta su casa después de clases y rogarle para hacer el estúpido trabajo.

Cuando me abrió la puerta, su desagrado fue palpable y me aguanté la molestia ante el hecho, yo bien sabía cuánto me detestaba.

No pude evitar el observar su cuerpo cubierto por esa enorme camiseta, el cabello torpemente atado y el rostro ligeramente enrojecido. La ropa ocultaba casi por completo su pecho pero no así su pequeña cintura, me sorprendí reconociéndola como hermosa, a su manera, claramente. Ella no era de aquellas que se preocupaban por la moda y eso de cierta forma me agradó, su personalidad y en sí ella misma eran diferentes.

Entonces recordé que debía hablarle. Me costó bastante convencerla e incluso más después de decirle esa broma. Era obvio que no estaba con alguien porque yo mismo lo hubiera matado, joder, era mi desafío, mío. Simplemente no pude evitarlo y ya, enojarla era mi pasión y seh, también mi entretención. Adoraba ver sus reacciones. Como por ejemplo que arqueara una ceja, no para coquetearme eso queda más que claro, si no que para demostrarme cuán grande era mi atrevimiento al venir a su casa y hablarle de un trabajo que le aclaré no quería hacer. Lo que hace uno por sexo ¿no?

Finalmente lo conseguí al decirle que llovía. Entonces su mirada se detuvo en mi pecho y eso me complació, aunque, no me vio como yo hubiese deseado disimulé mi desencanto.

La casa de Swan era acogedora, realmente. No era grande ni estaba repleta de lujo pero tenía algo que agradaba, a mí por lo menos. También supe que ella era quien cocinaba para su padre, no pude reprimir mi curiosidad y le consulté ganándome una respuesta muy cortante conjunto a su respingo. Sí, lo sabía, era un patudo y me lo merecía. Pero por lo menos, ya estaba dentro de su casa.

Me fue imposible no seguirla como idiota, en realidad no me gustaba estar solo. No cuando Swan estuviera tan cerca. Obviamente se debe a que es mi capricho y deseo que no se aleje, nada más que eso.

Subió la escalera sin darme tiempo a observar su trasero contonearse y me dejó de pie en el centro de su pequeña cocina. Me llamó la atención que los armarios estuvieran pintados de un color azul cielo, y también aproveché de mirar unas fotografías que colgaban de la pared. Sonreí sin darme cuenta cuando aprecié el rostro molesto de Swan, su gesto se parecía mucho al que hacía ahora. Estirando los labios y frunciendo el ceño, además de cruzar los brazos en el pecho. Era la cosa más tierna con esas coletitas a ambos lados de su cabeza.

Me fijé que no sonreía en las fotografías a menudo y siempre se cubría mucho, a pesar de que en ellas hiciera un esplendoroso sol. No pude seguir indagando en mis sospechas porque sentí sus pasos en el segundo piso y me apresuré en volver a mi posición.

Al verme, algo cambió en su rostro y su voz se volvió mucho más suave. Me mostró sus apuntes y me invitó a trabajar a la sala. Estaba aturdido, si. Me gustaba demasiado ese timbre de voz y la amabilidad implícita en él. Joder, céntrate Cullen.

Iba siguiéndola cuando reparé en una fotografía en una mesita pequeña. Me llamó la atención el parecido que la mujer tenía con Swan y no pude evitar observarla mejor, mientras me daba la espalda. La diferencia más marcada era en los ojos y en las arrugas de la risa, aunque la señora de la foto tenía algo raro en la mirada. Y no reprimí mi curiosidad, nuevamente.

La reacción de Bella fue prácticamente violenta, volteó con brusquedad el cuadro y me contestó con voz contenida que era su madre, pero que no estaba aquí. No me lo dijo como explicación, si no que más bien era un mensaje que se repetía a menudo. Observé la expresión de sus ojos. Era de terror y ningún rastro de la antigua amabilidad. No le dije en lo absoluto nada, ¿qué podría decirle? Además, las situaciones serias no eran lo mío.

A pesar de que tenía bastantes dudas, lo que me quedó claro fue que Bella, ocultaba mucho, detrás de sus sonrisas y miradas, se escondía un secreto que de seguro no era muy bueno que se diga.

-o-

Swan, preparaba un chocolate caliente de muerte, ¡joder! Ni el de mi madre era tan bueno.

Después del suceso nos sumimos en el trabajo que no podría resultarme más fácil, sin embargo, para ella no lo era y no sé por qué razón, me di el trabajo de explicarle cada punto, aclarar sus dudas y complementar lo que ya sabía. Era una chica lista, y no le costaba en lo absoluto entender. Así como a mí no me costaba en lo absoluto observarla escribir o cuando me miraba para algún apunte o pregunta. No fui capaz de pensar en nada más, su compañía era tan agradable que me olvidé de todo, incluso de Alice y el pasado que me pisaba los talones. Nada que no fueran sus malditos labios sensuales al moverse. Debía repetirme a menudo que aún no era tiempo, joder, tómatelo con calma Cullen.

Finalmente, todo lo jodí al molestarla cuando me echó de su casa porque su padre estaba por llegar. Y lo cagué aún más al decirle que me iba si me daba un beso ¡Qué idiotez! Joder no sabía dónde tenía la cabeza. Fue mi merecido castigo que me agarrara a escobazos, lo sé. Terminé afuera de su casa por acción de su poderosa escoba y aunque traté de que me abriera, no lo conseguí y fastidiado me devolví a la mía. Joder.

Pero esto no se iba a quedar así, no.

Al día siguiente, después de darle muchas vueltas, llegué a la conclusión de que si tal vez pinchaba lo suficiente la paciencia de Swan, terminaría diciéndome el por qué de su reacción. Sin embargo, lo que sucedió fue todo lo contrario, la cagué re-lindo. Me senté en su mesa, ignoré al resto y simplemente me puse a contar todo lo que había sucedido en su casa haciéndoles preguntas a las chicas con las que se juntaba adrede. Noté, con sorpresa como ella a pesar de que me miró como siempre, es decir, con odio, comenzó a decaer. Sus ojos no volvieron a los míos y fue su tope cuando hablé de las madres. Su piel de un momento a otro se puso lívida, sin ningún tipo de color y a pesar de esto, fui un jodido cabrón insensible de mierda, porque continué sin saber en qué momento parar.

Cuando quise detenerme fue demasiado tarde, llevé el hecho de la fotografía muy lejos y tuve mi afirmativa silenciosa en el momento en que torpemente se puso de pie, dejando la mesa y tras ella las miradas de todo el mundo como consecuencia del estrépito que armó, contando la mía.

Por dentro sentí algo sumamente extraño, la sangre comenzó a burbujearme y correr con lentitud por mis venas. Estaba aturdido, yo, Edward Cullen me sentí sumamente culpable por la bajeza que le hice a Swan, joder era cosa de mirarla para saber que lo había echado todo por la borda. ¡Maldito sea yo!

-¿qué le pasó a Bella?- preguntó Jessica en voz alta y preocupada. Olvidé mis intentos de flirtear con ellas. Por dentro era solo desesperación mientras que trataba de controlarme por fuera. ¿Qué le pasaba a ella con su madre? ¿Por qué abrí mi estúpida boca?

-no lo sé, pero se veía muy mal. Iré a verla- anunció Tanya disponiéndose a parar

-no, yo creo que a lo mejor necesitaba ir al baño. Déjala tranquila, pienso que necesita un minuto- habló una chica de cabello castaño de la cual no recordaba su nombre. Me habían olvidado por completo ellas también. Dirigí mis ojos ansiosos por donde se había ido hacía unos minutos. ¿Qué tal si iba con ella? ¿Y le preguntaba que le había pasado? No, lo más seguro es que me agarrara a puñetazo limpio, además de insultarme hasta por si acaso. Con lo poco que la conocía, podía adivinar que sería capaz de golpearme y lo mejor era dejarla sola.

Y eso hice.

Dejó la mesa desde ese día y yo me senté con las chicas para escuchar algún tipo de cotilleo acerca de mí. Conociendo a la gente, la castaña iba a soltar todas las cosas que le conté y era solo cuestión de tiempo para que sucediera, sin embargo, eso no ocurrió.

Y no podía evitar el tenerla presente en mis pensamientos casi siempre, preguntándome el por qué de su actuar ¿acaso no era humana? ¿No era adolescente? A las adolescentes les encantan los cotilleos.

A menudo mis ojos se desviaban sin permiso hacía ella, desde la mesa en la que me encontraba podía observarla sin obstáculos de por medio y cada vez que me pillaba, esa expresión asesina asomaba a sus ojos. Excelente, así si que me va a querer en su cama.

Sin embargo, lo que pensaba no era precisamente sexo. No, pensaba en tantas preguntas que probablemente jamás iban a tener respuesta, ya que solo Swan podría responderlas y nunca lo haría.

-así que eso fue lo que dijo, en serio, y…- continuó hablando sin cansarse Jessica, desde que me sentaba con ellas, cada vez entendía menos porque una chica tan reservada y huraña se sentaba con las populares. Porque el grupito era bastante conocido entre todos, más que nada entre los chicos.

Me pregunté por qué jamás oía hablar de Swan en ese sentido ¿no veían lo que yo? La chica era muy linda y deseable, aunque pensándolo mejor, eso estaba bien de ese modo, no quería que nadie se le acercara, por lo menos hasta que fuera mía.

Sus amigas hablaban de la castaña y me explicaron que probablemente se había ido de la mesa porque yo estaba aquí, puesto que indirectamente me dieron a entender que realmente me detestaba. Internamente sonreí, yo ya sabía eso.

Desvié nuevamente mi mirada sin permiso hasta Bella, me permití saborear su nombre, ese diminutivo que sinceramente le sentaba. Isabella era muy bonita e incluso me atrevería a decir que más. Demonios, quizá no era tan despampanantemente voluptuosa, pero eran sus sonrisas… esos gestos que hacía de repente. Arquear la ceja con desafío, hasta una fruncida de ceño se veía encantadora en ella. Joder. Cullen, debes centrarte. Era algo que si o si tenía que hacer más aún por la pronta visita de mi hermana; Alice me haría decir hasta la última palabra si me notaba extraño. Ella era una maldita bruja.

Y para acabar de joderme la vida, el puto baile de primavera se comenzó a acercar repentinamente trayendo consigo a un montón de chicas que querían ir conmigo. Trataba de ser cortés al rechazarlas, pero, cada vez mi paciencia se iba más al infierno.

-o-

Decidí que debía arreglar las cosas con Swan, para de ese modo sacarla de mi cabeza. Estaba convencido que si me acostaba con ella ya no iba a molestarme más, no la iba a tener más en mis pensamientos y todos quedaríamos felices. Así es que al término del día escolar me escabullí y la seguí hasta su camioneta.

Se veía distraída y pensativa, la coleta le quedaba. Negué con fuerza desterrando esa clase de pensamientos apresurándome en tomar su delgado brazo. Llamando de este modo toda su atención.

Volteó su cabeza en mi dirección con una mueca sorprendida en un inicio y cuando me reconoció me dio una mirada agria y con traducción de "te odio" incluida.

Evité mirar directamente esos ojos porque sabía que me costaba pensar cuando lo hacía.

Así que la saludé. Hablé solo la mayor parte del tiempo mientras ella seguí andando hacia su coche. Del mismo modo se fue sin darme tiempo para conversar.

Después de que se marchó cerrando hábilmente su puerta, pateé el piso con enfado mirando la dirección por la cual se había ido. No lo pensé demasiado, simplemente actué mediante lo que mis impulsos decían y la seguí.

Lograba ver como se movía de un lado al otro, levantando una de sus manos de vez en cuando, eso vi hasta que me adelanté y le hice señas. Como me ignoró, me puse por delante haciendo que irremediablemente frenara, aunque tuve mis leves sospechas de que se aprovechara para eliminarme de su vida no lo hizo.

Se asustó como es natural y después tuvimos otro de nuestros momentos, con la diferencia de que le ocurrió algo raro. Me preocupé incluso más de lo que pensé y capté, gracias a ese episodio que el tema de su madre era intocable. Yo lo había jodido al hablarlo. Me quedé con la duda de que era lo que había sucedido y también, con que sabía que ella era mil veces mejor que yo. Bella simplemente no contó nada porque dijo que no lo haría. Desde ese momento mis barreras cayeron un poco y tuve una especie de regresión a esos tiempos donde era sumamente tímido. Tartamudeé y de veras que deseé asesinarme por ser tan estúpido. Esa faceta de mí había quedado atrás hacía mucho tiempo.

Sin embargo, al final del día. Ya me había hecho su "amigo".

-o-

Hablábamos de vez en cuando, claro que tenía la precaución de que no me vieran mucho con ella, puesto que no deseaba esos cotilleos innecesarios. Yo no estaba con nadie, Swan era mi nuevo pasatiempo que si las cosas seguían marchando tan bien, muy pronto dejaría de serlo.

A pesar de esto, supe que su color favorito era el azul, que le gustaba pasear, leer y también dormir, entre otras cosas. No hablamos de temas muy personales porque ni ella ni yo queríamos ventilar nada de nuestras vidas íntimas o nuestros pasados. Aunque el suyo cada vez me intrigara más.

Todo iba bien hasta que una noche tuve un maldito sueño erótico con ella. La muy infeliz de mi polla saltaba de contenta en el puto sueño, donde Bella era una especie de dominatrix, ¡Joder! ¿Cómo puedo soñar esa clase de mierda? Sin embargo, como un jodido pervertido recordaba el sueño con lujo de detalles y maldición, si no me ponía bien caliente al recrear ese cuerpo abrazado por el camisón negro que le daba a sus senos y piernas una imagen de lo más tentadora. El cabello en el que enredé feliz de la vida mis dedos mientras entraba en ella como poseso… joder, sus gemidos…

Maldije por lo bajo ante mi excitación. Necesitaba despejar mi cabeza de Swan, necesitaba hacerlo ya porque de lo contrario la iba a terminar violando. Ya veía la puñetera noticia por todos lados, además su padre me mataría, si. Ó me mandaría a una prisión donde solo hubieran gays… joder, ya podía ver mi mierdoso futuro y todo por un sueño.

-hola- la saludé tratando de parecer normal

-em… hola- saludó ella en voz baja mirándome de reojo. Caminaba por el pasillo sosteniendo uno de sus libros.

-¿cómo has estado?- dirigí discretamente mis ojos hacia su cuello y un poco más abajo. Carajo, no se veía nada, jodidas sudaderas enormes- ¿Por qué usas sudaderas tan grandes?- pregunté de mal humor por no haber conseguido mi propósito.

-¿eh?- se miró con cara confusa- porque me gustan- se encogió de hombros. Ah claro, porque te gustan, joder, a mí me gustaría verte el pecho. Pensé huraño- ¿tú por qué usas esa ropa de cuero siempre?- preguntó a su vez

-porque ando todo el tiempo en motocicleta y es necesario- me tocó encogerme de hombros, aunque, realmente no fuera esa la razón. Ni yo mismo lo sabía, simplemente andar así me hacía sentir confiado.

-los jeans también sirven- acotó y la miré. Grave error, se mordía el labio inferior, recordándome su mueca en mi sueño, en el cual me pedía más y más…y…

-joder- mascullé cerrando los ojos con fuerza

-¿qué te sucede?- su voz era inocente pero mi perverso cerebro logró encontrar el timbre sensual en ella. Joder, tenía que hacer algo pronto.

-nada. Debo irme.- y sin saber qué más decirle me fui dejándola probablemente confusa.

Presté menos atención de lo habitual a las clases, y por desgracia también a las chicas. Me sentía en una especie de embrujo, si, probablemente eso era lo que me sucedía. Me parecía la única respuesta lógica.

Y a pesar de mi reticencia a caer en los hechizos de esta mujer, al terminar las clases me apresuré en llegar hasta el aparcamiento para hablar de nuevo con ella

-Hola Eddy- saludó una chica y me molestó sobre manera el diminutivo, pero de todas maneras le sonreí

-Edward- aclaré- hola

-¿Qué hay Eddy?-me relamí el labio inferior como tratando de disimular mi hastío

-Edward- volví a aclarar suavemente dejando que mi sonrisa se desvaneciera- voy apurado, si me disculpas…

-no, espera Eddy, ¿quieres salir hoy? Es viernes y mis padres no estarán en casa ¿Qué dices? ¿Te animas?- fruncí el ceño y rodé los ojos

-me llamo Edward y no, gracias, ya tengo planes para hoy- una vil mentira pero de ese modo me la quitaba de encima. Cruzó los brazos sobre el pecho y me dio una mirada despectiva

-es cierto, ahora le eres fiel a esa niñita torpe ¿no?- soltó una carcajada, confundiéndome- realmente has caído en las redes de una de las chicas más desabridas de todo Forks, pero bueno, qué se le va a hacer- sonrió maliciosamente al verme perdido. Iba a pasar por mi lado cuando la atajé del brazo

-espera, ¿de qué hablas? ¿Fiel a una niñita torpe?- se zafó de mi agarre con una mueca arrogante

-sí, ya te vieron con ella, con… ¿cómo se llama? Ah, sí, Isabella Swan y desde hace algún tiempo que no te has acostado con ninguna chica así que todas nos dimos cuenta de que estás con Swan- se encogió de hombros

Me quedé aturdido un momento, asimilando la información. Diablos, es cierto, solo Bella creía que yo seguía enredándome con cuanta fémina se cruzara en mi camino. Había descuidado ese punto, joder.

-yo no estoy con nadie. Lo sabes dulzura, no estés fastidiando con tus idioteces sin sentido- le sonreí con cinismo.

Su rostro se tornó serio

-no son idioteces. Son conclusiones que se obtienen con una simple observación. Al parecer, tu título de playboy ha llegado a su fin- sonriendo sobradamente se largó de mi presencia.

Apreté la mandíbula.

Debía remediar eso en este momento, no podía permitir que ese rumor siguiera divulgándose.

Con aquello en mente salí al estacionamiento en donde como desesperado localicé a la castaña caminando con calma hacia su destartalado coche, que en cualquier momento dejaría de funcionar, me encontraba seguro de ello.

Hablamos mientras la acompañaba en su camino. Yo si que era un idiota. Se supone que debo remediar el rumor no darle más argumentos y aquí estoy, caminando a su lado. Joder, no podía evitarlo.

La dejé en la cabina de la camioneta y me regañé el camino de regreso a mi motocicleta. Debía tener más control sobre mí mismo al momento de estar junto a Swan. Vamos, no era más que mi simple capricho, ¿por qué no me podía meter eso en la cabeza?

Eso pensaba cuando miré sobre mi hombro- sin pensarlo- y la vi tratando de encender el coche, con el ceño fruncido se bajó y abrió el capó. Debía reconocer que haciendo eso, dándoselas de mecánico se veía más que sexy. Joder, debía dejar de pensar esas mierdas

-yo te llevo- ofrecí cuando llegué a su lado y noté cómo dudaba o pensaba, mientras mordía ese jodido labio. Esto tenía que ser una especie de castigo. Yo deseaba, anhelaba morder esa boca y va ella y me tienta. Maldición.

-no lo sé…- negó con su pequeña cabeza casi inconscientemente. La idea de sentir sus brazos aferrados a mi cintura, su aliento golpeando en mi cuello hizo que mi cuerpo se tensara y deseara con más fuerza que se montara en mi motocicleta. Casi podía sentir su pecho comprimido contra mi espalda.

-¿te da miedo?- sabía que si la tentaba no iba a negarse. Además, le estaba diciendo miedosa y haría cualquier cosa por cambiarme esa idea

-claro que no-por lo menos en ese punto fue predecible, y me alegré por poder atinarle a una de sus reacciones.

-entonces vamos- sí. Iba a tenerla tan cerca, casi me moría de la anticipación. Disfrutaría cada toque y apretón que me diera. Aceleraría de golpe produciendo que sus senos se apretaran contra mí. Joder si. Sonreí y la miré de reojo mientras caminábamos hacia mi Harley. Probablemente Bella no supiera ni el nombre pero me importaba un carajo. Las chicas no saben de motos pero si saben como complacer a su conductor. Ella, ajena a todo miraba hacia el piso con la boca apretada.

Y entonces apareció una regia chica de cabello rojo. Hace algunos días había flirteado con ella y no había tenido oportunidad de invitarla a salir. Sin embargo, por muy guapa que estuviera, me encontraba con Bella ahora y no sabía qué hacer.

Deseaba ir a dejar a la castaña a su casa, pero si me veían más con ella luego el mundo completo creería que era un chico comprometido con una sola mujer. Eso no era para mí. Joder.

Tuve solo medio segundo para decidirme y aunque me sentí sumamente extraño ante lo que estaba a punto de hacer, me quedé viendo a Victoria. A pesar de que solo deseaba ver a una sola persona y su cabello no era rojo.

La colorina me pidió que la llevara y a pesar de que algo en mi interior me decía que no lo hiciera, acepté. Dejando a Bella sola. Lo había hecho. Supuestamente no tenía mente ni ojos para nadie más que para Victoria, siendo que la pura verdad era que Swan, la chica que había humillado nuevamente, era quien recibía casi toda mi atención.

Sentía los plásticos pechos de la colorina apretarse a propósito contra mí, mientras el viento frío se metía entre mi ropa. Maldición si no era una mierda total. Joder, ¿cómo fui capaz de dejarla irse sola caminando? ¿Y si algo le sucedía? ¿Qué tal si la asaltaba? ¿Y si se caía y nadie le ayudaba?

-¿a dónde quieres que vayamos?- se esforzó en hablarme Victoria trayendo mi mente de regreso

-en realidad, a tu casa- respondí volteando un poco mi cabeza, sin dejar de mirar la carretera flanqueada por árboles en ningún momento

-¿a mi casa? ¿Y qué quieres que hagamos ahí?- corrió sus manos hacia mi pecho, subiendo y bajando por él. Lejos de encenderme, me molestó y deseé que se alejara de mí. Su perfume era demasiado fuerte y no me gustaba en lo absoluto. Además su pecho era muy falso.

-¿dónde queda?-pregunté conteniéndome de quitar sus manos de mi cuerpo. Después que me dio su dirección, traté de ignorar sus insinuaciones y también evité el remordimiento, puesto que comenzó a llover y calculé que probablemente Swan aún no regresaba a su casa.

Me detuve frente al hogar de Victoria

-ya, llegamos- avisé quitándome el casco

-¿quieres entrar?- le di una mirada notando que realmente estaba más que bien. Era despampanante, y hermosa. No estaba pidiendo nada más que sexo y eso buscaba yo, sin embargo no me sentía de ánimos, de hecho, tenía ganas de darme un tiro no de hacer uno.

-creo que no. Tengo cosas que hacer. Será para la próxima- me acomodé el casco

-¿Qué? ¿Me estás rechazando?- preguntó indignada

-creo que si- asentí provocando una especie de pataleta por su parte, además de una mirada asesina, bueno, parecida a una puesto que a las de Swan nadie les gana.

-¡te vas a arrepentir Edward Cullen!- gritó cuando me puse en marcha. Me encontraba inquieto e incómodo sin saber a ciencia cierta el por qué. Necesitaba despejar mi cabeza y sabía el lugar perfecto para hacerlo.

Perdí la noción del tiempo y la cuenta de cuántas botellas llevaba, siempre era lo mismo conmigo. Yo no podía afrontar los problemas y cargos de conciencia solo, era un maldito cobarde y un cabrón además por la forma en que traté a Swan.

Me revolví el cabello molesto, sin detenerme a pensar en el dolor que los jalones me provocaban. El hecho de saber que se mojó con la lluvia y que permití que la humillaran, además de hacerlo yo también me tenía enfermo, no, enfermo no, me encontraba furioso conmigo mismo. Me merecía unos buenos puñetazos. Solo debía meterme con alguno de los borrachos de aquí y los obtendría sin ningún problema. Pero joder, eso no me ayudaría en nada. Simplemente terminaría todo machucado y Esme se preocuparía.

Bebí con desgana de mi cerveza, siéndome imposible apartar mis pensamientos de una chica de cabello castaño y extraño pasado. Bella era un enigma para mí, no conocía nada de ella, solo su nombre y no sabría decir que me molestaba más; si el hecho de no saberlo o de que me importara. Se suponía que iba a ser un trabajo fácil sin complicaciones, pero no, tenía que llegar ella y hacerlo todo jodidamente complejo.

Dejé con excesiva fuerza la botella sobre la mesa, yo la odiaba. Odiaba que tuviera tanta influencia en mí y ni siquiera se diera cuenta. Detestaba tenerla en mi cabeza día y noche, aborrecía la manera en que me demostraba su desprecio y no me permitiera estar con ella. Me cargaba que dijera que mi palabra predilecta era obscena y mala. Sí, yo odiaba a Swan, joder, sí que debía hacerlo. Pero lo que sentía era algo diferente y una cosa que ni siquiera sabía que era.

Terminé el contenido de mi botella y me preparaba para pedir otra cuando oí que las sillas de alrededor se movían.

-Cullen- tuve que voltear porque la voz no la conocía de nada. Se trataba de un chico con cara de ken y cabello rubio. Me llamó la atención el tono desdeñoso que empleó. Solo por eso me di la molestia de contestar

-¿tú quién eres?- pregunté sin ocultar mi mal humor- ¡otra cerveza!- pedí al hombre tras la mesa de madera vieja.

-soy Mike, o ¿qué? ¿Solo recuerdas los nombres de las chicas del instituto?- destiló sarcasmo y ocultaba un tono de verdadero odio. Sin prestar atención a la nota amarga en su voz, empiné mi botella bebiendo un largo trago, observé a los chicos que lo acompañaban y entonces lo recordé. Era un chiquillo del instituto, bastante popular.

-ni siquiera esos.- respondí encogiéndome de hombros

-eres un maldito cabrón- asentí sin inmutarme y con un gesto de desinterés

-lo sé.- respondí del mismo modo y él me apretó el hombro, produciendo que lo mirara. Este mocoso había comenzado a molestarme de veras

-¿y ni siquiera te defiendes? No sé cómo las chicas te persiguen si no eres más que un perdedor con ínfulas de mujeriego- lo miré sin mueca de chiste. De hecho, ya estaba bastante cabreado y Mike o como sea que se llame solo había logrado incrementar ese estado.

-quizá. Pero tú eres un perdedor y no haces nada para mejorarlo. Ahora vete a jugar con tus barbies y déjame en paz.- iba a beber de mi cerveza cuando él le dio un golpe y saltó lejos derramándose su contenido

Me puse de pie con un gruñido brotando de mi garganta y él hizo lo propio

-eres un infeliz que dejó botada a una chica- afirmó con el rostro enrojecido

-no he dejado a ninguna chica tirada. Me las tiro, que es muy diferente- sonreí

-sinvergüenza- y me lanzó un puñetazo que esquivé. Dándole uno de vuelta, que también evitó agachándose rozándole a penas al cabeza. De ese modo comenzó una pelea, en donde recibí un par de golpes y por su parte él también.

-¡Llamaré a la policía! ¡Fuera de mi bar!- gritaba el dependiente, entre los otros presentes que animaban o se hacían a un lado. Aproveché su descuido para darle un golpe en la quijada que lo hizo trastabillar y chocar con una mesa, terminando de esa manera en el piso.

Se limpió la sangre y con ayuda de sus amigos se puso de pie para mirarme con una cara de desafío. Lo observé con aburrimiento a pesar que deseaba seguir peleando, las riñas me daban un subidón de adrenalina y además, de este modo, a pesar de que sonara masoquista, sentía que recibía mi castigo.

Se acercó nuevamente, pero la baliza del coche patrulla de la policía nos hizo mover a ambos para salir del bar. No estaba seguro de si ellos querían huir o entregarse, aunque supondría que entregarse. Yo sonreí medio borracho y me escapé por la puerta trasera, no estaba dispuesto a perderme una pequeña persecución y aumentar mi adrenalina. Sí, joder era exacto eso lo que necesitaba.

Corrí por el costado de la edificación y miré con cautela, observando como había dos patrullas y los chicos que habían estado conmigo hablaban con ellos.

Eché a correr nuevamente hacia mi motocicleta, en una rápida maniobra me monté en ella y salí disparado por enfrente de ellos. Esperaba que no fueran tan lentos y comprendieran que era el culpable de los destrozos del bar. Si pensaba eso, no podría volver a este lugar. Una lástima, la cerveza era bastante buena.

Miré por sobre mi hombro notando como me señalaban y rápidamente se subían a sus radiopatrullas, saliendo tras de mí. Aceleré poniendo mi moto en una sola rueda y sonreí como idiota por lo bien que me sentía, definitivamente esto era lo que necesitaba para sacar de mi mente a la estúpida chiquilla esa.

Observé hacia mi espalda nuevamente y me di el lujo de alzar mi mano y elevar el dedo medio, ni siquiera veía una mierda pero de todas maneras lo hice.

Realmente eran unos idiotas, jamás podrían atraparme. Era una cuestión imposible para los policías de este insignificante pueblo.

Eso meditaba cuando de pronto, apareció frente a mí saliendo de una calle un radio patrulla.

-mierda- me mordí el labio mientras frenaba produciendo estrepito y dándome una media vuelta, terminando con el pie apoyado en el piso. Maldije por lo bajo en el momento que me di cuenta de que estaba perdido y ahora, el policía iba multarme. Joder. No sabía ni cuántas llevaba, pero seguramente muchas.

-¡Bájate de la motocicleta y pon la manos en la cabeza!- indicó una voz gruesa y sentí la linterna en mi cara. Con pesadez hice lo que me indicó.- acércate- ordenó nuevamente y con aburrimiento lo hice. Supongo que beber tanto me había puesto más estúpido de lo normal.

Se acercó a mí y con una fuerza que no creí que tuviera me hizo recostar en el capó del coche policial. Volteé la cabeza a medias y lo único que vi fue un gracioso bigote en su rostro, aunque algo se me hacía ligeramente familiar en la gravedad de su ceño fruncido.

Me esposó mientras mi respiración rebotaba contra el metal caliente

-¡Llévense la motocicleta también! En cuanto a ti muchacho, creo que tienes problemas- me avisó antes de darme dos golpes suaves en la espalda y meterme en el habitáculo del coche. Estaba más que claro que los tenía y lo fue más evidente cuando llegamos a la comisaria y me metieron a una celda

-debes darme el número de tus padres para que vengan por ti- anunció el mismo policía que se me hacía vagamente familiar.

-creo que debe tenerlo. Es Carlisle Cullen, trabaja en el hospital- le indiqué como si el hombre fuera tonto, aunque estaba lejos de creer aquello.

-no te estoy preguntado eso. Te pedí el número y agradece que te dejaré ir, porque ya llevas varias amonestaciones, además conducías ebrio. En serio, muchacho, dame el número- hizo una cara de fastidio y rodé los ojos antes de comenzar a dictárselos.

-bien, él ya viene para acá así…

-¡Jefe Swan! Ya llegaron los otros, ¿los meto con él?- volví mis ojos como platos hacia el hombre de bigote simpático. Ese era la familiaridad, este policía era nada más ni nada menos que el padre de la culpable de todos mis problemas y joder, estaba más que seguro de que le dejé de todo, menos una buena impresión sobre mí.

-claro que no, déjalos en la otra. Sus padres ya están de camino- hizo un gesto con su mano restándole importancia y me dejó en la celda. Solo y sumido en mis pensamientos, que como se me llevaba haciendo costumbre eran acerca de Bella, la hija del policía que acababa de arrestarme.

-o-

No pasé mucho tiempo en la fría prisión, puesto que Carlisle llegó rápidamente por mí como solía ser en los viejos tiempos allá en California, los arrestos eran un campo en el cual tenía experiencia.

Aparté el sueño de mi mente y me desesperecé mientras él intercambiaba palabras con el padre de Bella. Después de que firmó unos papeles, acompañado por el jefe Swan llegaron hasta la celda y me dio una mirada de resignación y también de enojo.

Me fui con él en el coche porque no me dejó andar en mi motocicleta y simplemente acepté sin decir nada. Además, me sentía muy borracho como para mantener una discusión racional.

-¿algo que decir Edward?- preguntó manejando con la vista al frente

-realmente… nop. Nada- negué con la cabeza cerrando los ojos

-prometiste pórtate mejor, ya no sé que más hacer contigo. Has cambiado tanto desde que…

-lo sé. ¿Está bien? Lo tengo claro. Y jamás prometí cambiar, saben como soy- me encogí de hombros molesto. No me gustaba recordar esa clase de cosas

-tu madre sufre, Edward. Tú no siempre has sido así y lo sabes. Hijo, no quiero atacarte, pero tienes que sentar cabeza y compórtate. Todavía no terminas tus estudios y eres brillante. ¿Por qué no te esfuerzas más? yo sé que tú puedes- me dio una mirada que realmente me hizo sentir culpable. Joder, era cierto.

Asentí simplemente ¿qué podría decirle? Tenía toda la razón en decirme esas cosas.

-esto es lo que haremos- anunció cuando estacionó- tu madre no tiene por qué enterarse, ¿de acuerdo?- Carlisle era bastante comprensivo y se preocupaba por mí. Yo debería ser mejor que esto. Joder, si que debía.

-está bien- me quité el cinturón de seguridad y me bajé, aunque me di la media vuelta- er, gracias papá en serio.- dicho eso me dirigí sigilosamente a mi habitación. Después de una ducha, me acosté y caí rendido casi al instante.


¿Qué les pareció? Por fis no sean muy duras, sinceramente me costó un montón poder hacerlo, mi cerebro dice que no quiere más guerra jaja.

Lo sé, es enorme y juro que traté de hacer solo lo puntual y aún nos falta, la verdad no me siento muy segura por el Edward POV, son mis puntos débiles porque me cuestan un motón, así que agradecería mucho si me dijeran que les pareció. Esta es la primera parte de dos y espero subir la otra lo antes posible. También quiero decirles que lamento mucho la tardanza, pero he tenido algunos problemillas personales y eso más el colegio, no me dejan mucho tiempo libre, espero entiendan.

Bueno, ahora a la parte donde les gradezco por dejarme sus valiosas opiniones, de verdad para mí lo son y me alegra que me digan lo que piensan sinceramente, porque así puedo ver dónde tengo el error y puedo corregirlo, así que les agradezco. Fue una muy grata sorpresa darme cuenta de que esta vez fueron 5 ¡Muchas gracias por eso! y también por las alertas y favoritos, obviamente a los lectores silenciosos y ¡Bienvenidos los nuevos! Si es que hay alguno, espero les guste la historia

Lo último que tengo que decirles, es que ahora ya no serán 19 caps, si no unos 22, ya que agregué los POV's Edward, ojalá no la dejen ¿si?

Bueno sin más que darles las gracias por la espera y rogando que les haya complacido el Edward POV, las dejo y les deseo una buena semana.

Bendiciones y un abrazote enorme!

Chau chau

PD: perdón si es que se me pasó algún error ortográfico y/o de gramática.