Los recuerdos se atosigan en el fondo del corazón y puede que haya llegado la hora de comenzar a resolver y cerrar círculos, aunque para Erich y Juliana eso resulte difícil y doloroso. Resolver sus asuntos pendientes va a tomar más que una conversación. Por otro lado, puede que Mu tenga que ponerse territorial.
¡HOLA A TODOS! Sigo sin saber qué con las reviews, pero estas solo me están llegando al correo. Existen, aunque la página no quiera mostrarlas. De todos modos me las ingenié para responder las logeadas por medio de mensajes internos, aunque hubo un par que llegaron truncadas y no pude leer completas. Las demás fueron respondidas al final del capítulo n.n. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 12: Reconciliaciones Pendientes
Escaleras Zodiacales entre Libra y Escorpión
3 de marzo, 18:10 horas.
"Estamos viejos." Comentó Mireille.
"No tanto, aún no nos cansan los escalones. Pasa que los niños crecieron y ya tienen sus propios niños." Afirmó Antoine en un inusual despliegue de palabras.
Ambas amazonas le quedaron mirando con simpatía. El ex santo de acuario era en muchos aspectos el mismo tipo de siempre, frío y lacónico con las palabras. Nunca había llegado al extremo de Telémaco de Géminis, que nunca hablaba a menos que fuera estrictamente necesario o estuviera demasiado nervioso, pero sí sabía mantener los silencios de su lado y pocas personas sabían cómo leerle. Al mismo tiempo, los años también lo habían cambiado, y contrario a lo que le pasaba a mucha gente que alcanzaba su edad, había aprendido a aceptar cosas nuevas.
Ahora, que no supiera como enmendar errores era harina de otro costal. Generalmente hacía falta una tragedia para que juntara el valor necesario para reconocer un error, fuese propio o de otros, y tratar de repararlo. Mireille le tomó del brazo y se recostó en su hombro.
"Algo debe preocuparte como para que hayas hablado tanto."
"Quizás canaliza a Telémaco. ¿Recuerdan cómo se ponía cuando estaba nervioso?" Preguntó Juliana con una sonrisa nostálgica.
"No se rían de Telémaco: no podía canalizar su angustia de otro modo." Lo defendió Antoine, quién había sido uno de sus amigos más cercanos.
"Pobrecito, uno adivinaba enseguida su estado de ánimo." Suspiró Mireille. "Fue una lástima cuando falleció." Todos los presentes asintieron con un suspiro.
"Bea estaría tan contenta que ya habría lanzado la casa por la ventana con esto de la boda de Kanon, y por el bebé de Saga, ¡Estaría en llamas arreglándolo todo! La veo corriendo por todos lados." Comentó Juliana con una sonrisa. "Telémaco sí estaría sí algo desconcertado: el gemelo difícil sienta cabeza y el que era correcto anda de apuro con su novia. Jejejeje." Se rió entre dientes, siendo imitada por Mireille. Antoine, en un gesto idéntico al que a veces ponía su hijo, rodó los ojos al cielo y resopló.
"Sin duda, pero dejen al muerto en paz."
Los tres venían subiendo hacía rato las escaleras zodiacales. Habían pasado el día desparramados por el Santuario, ya fuese con sus respectivos amigos, aprendices y familias. Lümi se había dejado caer por el Coliseo junto con Kiki (en lo que Mu y Axl trabajaban en la llave) generando un foco de atención con su presencia. Había sido una buena tarde, los dorados les habían acogido con camaradería e incluso les invitaron a entrenar un poco. Juliana y Lümi conversaron como si la vida se les fuera en eso, pero sintiendo la familiaridad de aquellos que nunca se han separado.
"Me agradó ver a los niños tan cohesionados." Comentó Mireille. "Siempre dije que nuestra generación nunca fue tan unida."
"Fuimos unidos, solo que a nuestro modo. Además estos muchachos pasaron por pruebas tremendas: o terminaban como están ahora o se disolvían." Antoine se cruzó de brazos. Frunció el ceño pensativo. "Debimos prever el ataque de Ares. Siempre creeré que fue nuestra culpa no haberlo visto venir."
"Estábamos demasiado absortos en nuestra invencibilidad." Dijo Juliana. "Tanto, que no vimos nuestras propias manchas y el destino nos obligó a bajar cabeza. Eso siempre será nuestro error."
Los tres que subían cayeron en un súbito silencio. De alguna manera las palabras de Juliana tenían razón. Inevitablemente sus pensamientos se dirigieron al irritante y viejo escorpión, quien también había estado presente en el Coliseo esa tarde y sorprendentemente (para ellos) no había sido foco de conflicto.
"Erich apenas está en pie. Parece que está sano, quizás tiene un poco de panza, pero… sufre mucho dolor. Se le nota cuando camina, incluso como respira. ¡Sí está muy enfermo!" Murmuró Mireille en francés. Solo Antoine le entendió, quien suspiró a manera de respuesta.
"… Erich es como la hierba mala. Este cáncer suyo no lo va a matar." Gruñó Juliana cruzándose de brazos, sintiendo una nueva puntada en el corazón.
Había llamado la atención la presencia de Erich, quien contrario a su carácter usual, había sido parte del grupo. Si bien él y Milo habían repartido su atención entre los entrenamientos, la conversación y Kyrus, no había mantenido las distancias con los demás y cuantos quisieron conversar con él, probando ser incluso bastante más agradable de lo que recordaban. Mireille no recordaba al ex dorado comportarse así nunca y supuso que el cambio se debía a los años que no lo veían y al hecho que estaba enfermo; Antoine parecía pensar algo parecido, pero además su mirada se había tornado algo melancólica. Claro, seguía sin hablarle, pero no era el mismo silencio tipo ley del hielo que solía dirigirle. Juliana sintió una puntada en el alma al verlo compartiendo así con los dorados, por lo que le dedicó una mirada y un suspiro especial que Lümi notó enseguida, para proceder a darle un codazo cómplice que le hizo dar un respingo.
Entonces tuvieron a la vista el final de las escaleras que llevaban a la octava casa. Allí, Axl y Erich estaban sentados y platicaban bastante entretenidos. Un muy abrigado Kyrus dormitaba en brazos de su abuelo–maestro, sorprendiendo al trío.
"Y hablando del muy maldito…"
"¡Antoine!" Lo reprendió Mireille.
"¿Qué hace con el niño en brazos?"
"¡Juliana!" La reprendió Mireille.
La verdad no era una escena que ninguno de ellos estuviera acostumbrados a ver. La última vez que habían visto a Erich con un niño en los brazos había sido cuando Juliana, en su prisa por querer desprender violenta y traumáticamente las extremidades de Antoine, había puesto a un muy prematuro Camus en sus brazos. Y como entonces, la escena les dio un escalofrío. La ex amazona de Cáncer se angustió bastante: además de que aquello le incomodaba, una pena negra le invadió el alma, la misma que sintió por años cada vez que veía a Erich entrenando a Milo cuando era pequeño…
"Fuimos injusto con el escorpión." Dijo de pronto Antoine, sorprendiendo a las dos mujeres que le acompañaban. "Nunca le dimos una oportunidad y eso que todavía lo detesto. ¿Se dan cuenta que Axl fue en verdad su único amigo?"
"No tenemos nada que temer por el pequeño… Axl está ahí." Mireille carraspeó de pronto. "¡Es tan mágico ver a Axl! Quizás Erich pueda tener a su mejor amigo en su funeral…"
"Miri: ¡No digas tonterías! Erich no se va a morir. ¡Es yerba mala!" Ladró Juliana con demasiada pasión. En seguida levantó la mano. "¡AXL, ERICH!"
La amazona subió a zancadas los escalones a medida que los aludidos se ponían de pie para saludarla. Antoine y Mireille llegaron poco después.
"Y yo pensando que seguías encerrado en Aries trabajando con esa llave. ¿Cómo están?"
"Tenía que tomar un poco de aire fresco antes de subir al Templo Principal." Axl dijo muy amable al tiempo que se cruzaba los brazos detrás de la cabeza. "Además no puedo ser egoísta y acaparar a Mu: está con Lümi ahora."
"Me alegro que pienses así. También necesitas un tiempo para ti solo y reconectar con tus amistades." Afirmó Antoine muy serio.
"Ya le decía a Axl que es un poco inútil conversar tanto conmigo: tendremos tiempo de sobra cuando nos reencontremos en el inframundo como almas en pena."
"Eso va a depender mucho de donde los metan a los dos." Gruñó Juliana cruzándose de brazos.
"¡Laaa…!" Balbuceó Kyrus por encima del chupete, mientras hacía una seña con la manita a manera de saludo.
"¡Ah, qué pequeñito tan lindo!" Saludó Mireille a Kyrus, quien le lanzó un beso antes de esconderse en el cuello de Erich. "Coqueto igualito que Milo."
"Supongo que la sangre tira. Erich me contaba su experiencia como maestro." Axl suspiró a medias. La verdad no era de lo único que había estado hablando, sino de otras cosas también. Miró la hora distraídamente. "Bueno, ya es tarde: supongo que toca seguir subiendo."
"Te acompañamos Axl, así aprovechamos para conversar." Sugirió Antoine.
"Excelente idea. También tengo ganas de saber de ustedes." Axl le dio una buena palmada a Erich en la espalda e indicó la escalera. "Trata de sobrevivir esta noche: aún tenemos mucho de qué ponernos al día. Nosotros nos vamos."
"Claro que nos vamos…" Afirmó Juliana con un desprecio, mientras comenzaba a dar unos pasos.
"… Juli podría asegurarse que Erich entrega al pequeñito." Atajó Axl. "Desde que se lo pasaron que no lo suelta." Antoine y Mireille le miraron perplejos, pero hasta con la máscara puesta se dieron cuenta que Juliana le taladraba la cabeza.
"¡¿Acaso insinúas que no puedo cuidar a mi nieto–aprendiz?!" Ladró Erich en alemán, aprovechando que solo Axl entendía ese idioma.
"Necesitas hablar con tu amazona." Respondió Axl en un alemán muy fragmentado y fuera de práctica, pero perfectamente entendible. El lemuriano se volvió hacia la otra pareja, instándoles a caminar. "¿Y qué ha sido de sus vidas? Supe que tienen otra hija…"
"Erich." Si bien se estaba dejando llevar por el lemuriano, Antoine se detuvo y fijó sus ojos en el viejo escorpión. "… Si necesitas ayuda, aprovecha que estamos al lado." Dijo haciendo referencia a que estaban en habitaciones contiguas en el Templo Principal.
"Sí claro, así aprovechas de darme el golpe de gracia."
"Hmpf."
Axl sintió una gota resbalarle por la cabeza al tiempo que le daba empujoncitos a Antoine y Mireille, tratando de alejarlos de allí lo más rápido que podía. Pronto dejaron a Juliana y a Erich a solas. Ambos santos se quedaron mirando de reojo por varios segundos, quizás incluso con dureza, como sintiendo los años de tensión entre los dos. Apenas quedaba luz natural y Kyrus, ajeno a la enorme historia que estos dos arrastraban consigo, se acurrucó en el pecho de su abuelo–maestro.
La última vez que se habían visto tan de cerca fue cuando Juliana se había marchado del Santuario, tras entregarle la armadura a Máscara de la Muerte. Todo el mundo lo sabía, no había quedado alma en el Santuario que no escuchara los gritos que la amazona le profiriese al escorpión, quien la ignoró olímpicamente y optó por llevarse a su aprendiz de allí, antes que Milo se asustara más. Parece que ese día se habían buscado con la intención de hacer las paces de manera definitiva y quizás curar varias heridas, pero de nuevo Erich se había auto boicoteado y tanto su timidez, su temor a que lo quisieran, la "duda" que tenía en su corazón, y el resentimiento que había juntado ese día, causaron que en vez de hacer las paces con Juliana, el problema aumentase al doble.
Era un imbécil. Así de simple.
"Es… curioso como da vueltas la vida." Suspiró Erich rompiendo el silencio. "No creí que volvería a verte tan de cerca."
"¿Qué haces con el niño en brazos?" Preguntó Juliana cruzándose de brazos.
"Lo duermo." Explicó brevemente, mientras le acariciaba la espalda. "Es la mejor sensación del mundo: no creí que fuera capaz, pero ya me ves."
"Agúuu." Balbuceó Kyrus por entre el chupete, bostezando a full, acomodándose para dormir.
"… Hubo un tiempo en que no querías acercarte a niño alguno." Comentó la amazona, quizás bajando un poco las defensas.
"Era joven y estúpido. Ahora solo soy estúpido." Erich se acomodó al niño, y al notar que se había dormido, suspiró. "Llevaré a este escorpioncito de regreso con sus padres. Lo deben estar extrañando." Fijó sus ojos en la amazona…
… Se le atragantaron las palabras y un suspiro quedó atrapado en su alma. Erich se mordió la lengua para no decir nada que lo pudiera meter en problemas o provocar la ira de la amazona. Supuso que ya había tenido demasiada suerte viéndola así de cerca, incluso conversando con ella, y no quería tentar al destino. ¡Estaba tan bella! Su letal elegancia no había cambiado con los años y aunque la veía con la máscara, volvió a sentirse tan atrapado por su mirada como se había sentido hacía tantísimos años atrás cuando, estando a un segundo de darle el golpe de gracia, se había enamorado de ella. ¡Menos mal que tenía al pequeño en brazos! Porque de lo contrario habría intentado aferrarla en un abrazo, como tantas veces imaginase en esos años.
Esa muerte habría sido maravillosa.
Irguió la cabeza, murmurando algo en alemán. Una sombra de dolor le atenazó la garganta: la historia de ambos se remontaba incluso años antes que Axl apareciera en el Santuario, y cuando el lemuriano llegó a la vida de Lümi, él y Juliana ya habían terminado. Aquello había sido su culpa y nada más que su culpa. La mezcla de alcohol en cantidades insanas, varias infidelidades de su parte (incluso un desliz con Astrea) y el terror a que le rompieran de nuevo su corazón, pero muy en especial de herirla a ella, había terminado por separarlos.
Axl fue testigo de sus esfuerzos por recuperarla cuando se dio cuenta de su error, pero la amazona se había blindado y no cedió ni le dio ninguna oportunidad de redimirse, o eso creía él. Además insistía en meter las patas sin proponérselo.
Erich había herido de muerte a Juliana. A un nivel que él no sospechaba. Le hizo a la amazona lo que habían hecho con él… con una salvedad. La amazona de Cáncer dejó sembrado en su pecho una sospecha, la famosa duda, de la que no tenía prueba alguna y temía despejar. Sabía que eso lo iba a matar.
Meneó la cabeza. No quería pensar en ello. Si Juliana no le quería decir, ni siquiera la culpaba. Se lo merecía. Y a estas alturas de su vida, estando ad portas de la muerte, ya no tenía caso pedir explicaciones. Tampoco tenía las fuerzas para pedirlas.
"… Si me disculpas. Guten Nacht." Dijo con un ademán de despedida.
Erich cruzó la explanada hasta el templo, en dirección del piso residencial. Subió las escalinatas hasta la planta oculta y, tras tocar la puerta, entró a la residencia. Juliana se quedó atrás, perpleja, y con el corazón extraño, como si estuviera bombeando agua con sal o limonada. Retrocedió algunos escalones, pero pronto los volvió a subir y se alejó decididamente de allí. Incluso cruzó la octava casa como huyendo de una mentira. Si bien atravesó el templo y llegó hasta las escaleras que llevaban a Sagitario, no quiso subir sola y no porque estuviera oscuro. Algo la detuvo a media subida. Se sentó en los escalones.
Y esperó.
Y esperó.
¿Quizás unos veinte minutos?
Cuando la silueta cansada del viejo escorpión apareció en su campo visual, Juliana se puso de pie. ¡Se veía tan viejo! Aparentaba casi 60 años cuando no tenía más de 52 años y estaba tan acabado. ¿Dónde había quedado ese apuesto Erich de cabello negro y ojos grises, centelleantes y sensuales? ¿Qué hacía este hombre en su sitio, que caminaba lento y adolorido? Juliana esperó a que llegara hasta ella para hablarle, pero cuando abrió la boca, el ex dorado le hizo una cortés seña con la cabeza que la dejó en silencio y siguió su camino. La amazona tuvo que detenerle, sujetándolo por el brazo.
"¿Qué haces?"
"Argh, cuidado, ¡tengo pinchazos justo ahí!"
"¡Como si un pinchazo te fuera a matar! Responde que haces…"
"¡Camino! Voy al Templo Principal. Estoy agotado, quiero dormir."
"Me estás ignorando. Pasaste al lado mío como si no existiera. ¡Llevo veinte minutos esperándote y tú como si nada sigues tan campante!"
"Yo te esperé toda mi vida y nunca me perdonaste."
Juliana suspiró de sorpresa y se quedó muda por instantes. Bajó un par de escalones de la impresión, pero pasado el pasmo inicial, dio dos zancadas y llegó junto a Erich, quien había reiniciado la subida. ¡Pobre! En verdad lucía agotado.
"No Me Vengas Con Eso De Que Nunca Te Perdoné. Lo Hice. ¡Perdí La Cuenta De Todas Las Veces Que Lo Hice! Y Cada Vez Que Te Perdonaba Hacías Exactamente Lo Mismo: Emborracharte Hasta Que Ya No Hubiera Cantina Que No Hubieras Visitado. ¡O Te Metías Con Medio Santuario! ¿Y dónde quedaba yo? ¡No me digas que nunca te perdoné! Ni siquiera fuiste capaz de… ¡¿Qué se supone que haces?!" Reclamó cuando sintió la caricia del viejo escorpión. No tardó en apartar esa mano de su rostro.
"Tienes razón en todo. No puedo cambiar eso… no merecía tu perdón. Tampoco supe como pedírtelo. Merecías algo mucho mejor que yo." Le dijo con terrible sinceridad. "Aun así te esperé toda mi vida."
"Erich…"
"… Me alegró volver a verte. He tenido muchas bendiciones en estos días."
"Inmerecidas, seguro." Juliana puso las manos en las caderas.
"Pero de todas maneras me las dieron." El viejo escorpión apretó la mandíbula y frunció el rostro en señal de dolor. "Lamento la caricia… si me disculpas, en serio necesito ir a mi habitación. Discúlpame por todo el daño que te causé. Fui un cobarde."
Perpleja, Juliana enarcó las cejas y frunció el ceño segundos más tarde. Quizás esperaba que Erich siguiera con la disculpa, pero el escorpión se mantuvo en silencio y quiso seguir su camino escaleras arriba.
"¿Por qué te estás despidiendo?"
"Porque me voy."
Erich volvió a darle la espalda y reinició la marcha, aunque con la usual desgastada energía. Eran los suyos pasos de viejo, pero no de derrota, de un corazón intranquilo, pero resignado. Cada escalón era una pequeña batalla, que nadie más veía y que pasaba desapercibida al mundo. Juliana subió a zancadas hasta llegar junto a él.
"Hablas como si te fueras a morir. ¡Solo tienes un cáncer y ya!"
"…"
"Erich, si tienes esa actitud, el cáncer te va a carcomer por dentro. No es la manera de superar esa batalla. ¡Y no lo digo por lástima! Con todos los adelantos médicos…"
"Juliana, estoy cansado."
"¡Patrañas!"
"… Mientras más cambian las cosas… más siguen igual." Murmuró en alemán. Se detuvo y la miró. "¿Qué quieres de mí?"
"¡Que Hagas Lo Que Siempre Haces! Planta Pelea, Lucha. ¡Sé Irritante!"
"¿Para qué?"
"¡Para ganarle a esta enfermedad tuya!" Juliana se puso las manos en las caderas. "¡Me niego a creer que Erich de Escorpión se va a dejar ganar por un tumor!"
El ex dorado solo se quedó en silencio, como dando a entender que no era solo un tumor sino un cáncer fuera de control. Tras unos instantes volvió a subir los escalones, sin prisa alguna. No iba a discutir con Juliana, no quería ese recuerdo de nuevo, tenía suficientes con los que ya tenía. Suspiró casi a jadeos y se obligó a seguir con la escalada, sintiendo de pronto la suave compañía de la amazona a su lado, que le sujetaba el brazo con dedos como de pluma, como temiendo sujetarlo.
"… tienes que luchar… no te puedes morir…"
"… mi lucha consiste en que la muerte no me pille resignado ni en cama. Este cáncer me mató hace rato." Erich bajó la mirada, ocultando su dolor tanto físico como emocional. "Yo mismo acabé con mi vida… no tuve motivos para…"
"¿Ves? Por eso te pones dramático e irritante. ¿Es que ni siquiera piensas en quién te ama? Seguro que tienes por ahí a alguien… No sé, a lo mejor algún hijo, alguna mujer… ¡Tu aprendiz a lo mejor! ¿O no tienes familia por la que…?"
"Por Favor Juliana. Si la tuviera estaría aquí conmigo. Además, ¿En Serio Crees Que Podría Haber Formado Familia Con Otra Mujer Que No Fueras Tú?" Le gruñó de mal humor. Juliana se detuvo a media respiración.
"¿De qué hablas? Nunca quisiste…"
"Sí, sí quería. No, nunca me preguntaste. ¡No! No tengo a nadie." Respondió Erich cortante, antes de suspirar con dificultad. Ahora que lo notaba, el ex dorado parecía tener problemas para respirar. "Soy solo. Siempre solo."
Si bien ya estaba oscuro, Juliana no tuvo problemas en notar que la mirada de viejo escorpión le caía encima con todo el peso del sentimiento. Decía una mentira, pero al mismo tiempo una verdad, casi tan grande como la estatua de la diosa. No tenía a nadie que lo amara, y al mismo tiempo sí. Erich asintió con la cabeza de nuevo, y otra vez emprendió escalones arriba. Juliana esta vez no lo siguió, sino que se sentó en los escalones y esperó a que el ex santo desapareciera de su vista, lo que (dadas sus condiciones físicas) tardó un buen rato. Solo entonces se quitó la máscara y se limpió las lágrimas…
… de alguna manera se merecía este trato. Se llevó las manos al pecho y apretó los ojos.
¿Es que ahora marzo se iba a poner complicado?
Casa de Aries.
En esos momentos.
Un suave aroma llegó hasta el taller y tanto Mu como Kiki no pudieron evitar alzar la nariz. Lümi había prometido hacer galletas, así que iba y venía de la cocina al taller cada cierto rato. El santo de Aries se había pasado la tarde con Axl mientras este confeccionaba la llave y, al revisar los planos de la caja fuerte, algo había llamado su atención en el diseño de la misma.
Puso sus dedos sobre un punto específico del plano y tras analizarlo mejor, abrió los ojos muy sorprendido y tras algunos segundos, no pudo evitar soltar algunas risas divertidas. Kiki lo miró extrañado y muy curioso.
"¿Qué es lo gracioso, maestro?"
Mu lo miró sonriendo de costado, y le señaló el plano.
"Revisa esto y luego me dirás de lo que te vas a reír."
"¿Huh?"
Un platón de galletas apareció en el campo visual de Mu. Lümi se las ofrecía algo sonrojada, pero muy contenta.
"¡Esto huele muy bien!"
"Son para ustedes dos."
Con timidez, Mu sacó una galleta y se la llevó a la nariz para olerla, al tiempo que su mamá dejaba el platón sobre el mesón y le daba una galleta a un entusiasmado Kiki. La amazona se fijó en los planos mientras tanto su hijo como el aprendiz de este se tomaban el tiempo para disfrutar la golosina: los gemelos y Aioros habían hablado tanto de esas galletas, que las habían elevado a la categoría de legendarias y querían disfrutar de ese momento. Por fin Mu se la llevó a la boca y la probó. Casi se puso a llorar de la emoción: siempre decían que Lümi era inútil en la cocina y que hubo un tiempo en que hasta el agua le quedaba cruda cuando la hervía, pero que sus galletas eran de otro mundo.
Tenían razón.
"¿Y bien?"
"Están de sueño."
"¿Puedo sacar más?"
"Claro. Eres un aprendiz en entrenamiento." Lümi ladeó la cabeza al ver que Mu se apresuraba en sacar tres antes que el tragón de su aprendiz se las acabara todas. "Hice más, te las dejé en tu cuarto." Le dijo su mamá al oído. Mu la miró sonrojado.
"¿De verdad? Gracias."
La amazona hinchó el pecho con orgullo. Mejor se aseguraba de dejar toneladas de galletas antes de volver a morir. También le enseñaría a Matilda a prepararlas. Volvió a mirar el plano y sonrió cómplice. Acarició a Mu detrás de la oreja.
"¿Descubriste la pillería?"
Mu sonrió travieso y asintió, al tiempo que mordía otra galleta.
"¿Puedo comer yo también? El olor llega hasta géminis, me vuelve loco." Suplicó Kanon de improviso.
Detrás de él Saga y Aioros esperaban expectantes. Al verlos, Kiki se echó otra galleta a la boca y Mu los miró algo molesto y territorial. Lümi enarcó uno de sus puntos, gesto que quedó oculto por la máscara. La amazona puso una mano sobre su cadera.
"Por favor, tía Lümi." Pidió Saga con cara de niño bueno. "Es nuestra infancia."
"Prometemos no pedir más. Somos adultos." Afirmó Aioros, con una expresión similar. Lümi ladeó la cabeza e hizo un gesto con una mano. Tres saquitos aparecieron flotando delante de los dorados. Un cuarto saquito apareció frente a Kiki, quien rápidamente lo guardó en su morral para futuros bocadillos.
"Ustedes no cambian. ¡Ahí tienen a ver si con eso se calman sus ansias!"
Kanon abrazo su saquito y tras balbucear algo parecido a un gracias, desapareció a toda carrera del taller. Saga le hizo una seña a la amazona, a Mu y a Kiki, antes de despedirse y Aioros le dio un fugaz abrazo, imitando a sus compañeros. Mu observaba con cara de leche agriada y Kiki se comió otra galleta. Lümi le dio un codazo cómplice, al tiempo que lo miraba divertida.
"No pongas esa cara: a ti te hice más y con más amor." Mu se puso rojo como tomate al verse descubierto en sus celos de hijo.
"Errr… Este… ¡Gracias mamá!"
"Mi maestro se puso celoso, mi maestro se puso celoso…"
Mu simplemente lo miró con cara de pocos amigos. Al menos en esta ocasión Kiki entendió la indirecta.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Tendiendo una Mano.
"… Saori no supo sin reír o apenarse. Por un lado eso quería decir que Anfitrite pronto obtendría su medicina, pero por otro que el tiempo de Axl y Lümi se les acortaba. ¡Pero si habían llegado recién! ¿Por qué se le tenían que morir de nuevo? Y Erich… ¡ese era otro que se le moriría pronto! Mentalmente dio un par de patadas frustradas en el piso. Odiaba cuando se le moría tanta gente sin que pudiera evitarlo.
Decidió que no le gustaba marzo…"
Nota Mental: Reconozco que la conversación entre Erich y Juliana del principio me atenazó la garganta y me sacó varias lagrimitas. Esos dos tienen muchas cosas que resolver, por lo que crucemos los dedos para que sean lo bastante maduros para sentarse a conversar más a fondo de sus fantasmas del pasado. Chocolates para todos, y pañuelitos también. Sigo sorteando el cadejo de cabello de Minos. ¿Alguien lo quiere para hacer un muñeco vudú? Por cierto, no sé italiano ni alemán (pecado capital en mi caso, pero bueno). Tuve que depender de Google Traductor. Si alguien sabe y me ayuda, yo feliz. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡MUCHAS GRACIAS A TODOS POR LEER!
¡NICE! Un abrazo de feliz cumpleaños, diferente del abrazo de navidad y año nuevo. ¡Me alegra que hayas celebrado a lo grande y que estos capítulos te hayan gustado. Ahora… te mando a Shura que anda un poco depre y necesita la distracción. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
Ó.O Tenle paciencia al animalito, DiosaGéminis, solo sigue su instinto. u^^ Al menos eso de castrarlo será mucho mejor para él y para ti, lo que sí… ù.u que sea padre perruno responsable y responda por sus hijitos. Me pasa lo mismo con mi sobrino: ese enano es mi ojo derecho y al único que le soporto todo, y hasta disfruto tenerlo cerca. Me tiene sujeta por el meñique, pero los demás, nope. Aiacos sin duda es un valiente al intentar esto de criar un nene que sabe que no va a pasar de los tres años, más aún porque sus camaradas no se lo ponen fácil. Además lo que le pasó, le pasó por porfiado y por no dejar a su niño con su ala derecha, que seguro hubiera estado fascinada de cuidarlo. Sigo sorteando el cabello de Minos en todo caso n.n. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
Cada vez que los jueces van al Santuario, Yamid, salen trasquilados. Minos algo se anduvo recuperando y ahora lamenta la pérdida de su patilla. Ahora, estoy sorteando el cadejo de cabello, por si quieres concursar. Y sí, respecto de Erich tienes toda la razón: si se hubieran preocupado un poco más de él, de verdad habrían podido quitarle el alcoholismo a patadas. Axl hizo un buen esfuerzo, sin duda. Y no… no quemaron la cocina. XD ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
Una lástima sin duda, Ozzy: esa peluquería habría sido un hitazo de los buenos. Pero me consta que los jueces la habrían evitado como a la plaga. Tienes razón, cada vez que salen del Inframundo, salen trasquilados. Mejor se quedan allá abajo y sin molestar, que bastantes problemas tienen. Por dignidad incluso. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
Calma, la idea es que disfrutes, Aritavan. Radamanthys nunca más verá con los mismos ojos las pinzas de depilación y por lo mismo, tampoco emitirá comentario sobre las depilaciones. El pobre extraña su uniceja, se siente extraño sin ella, aunque sé que pronto la tendrá de regreso. Tampoco Minos, aunque bueno: digamos que se lo buscó. La familia Lüntz es un encanto para escribir y siento que no acabo con ella. Todavía quedan algunos lemuriamomentos por escribir. La relación de Aiacos con Violate estará en un fic aparte, así que de momento la pobre va a sufrir con su constipación emocional… aunque ella tampoco lo hace mal. Lo bueno es que Benito ni se da cuenta. Sobre Erich… pues… ¿quieres chocolate? ÓmO ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
