XIII.

Después del incidente del partido de tenis las parejas no volvieron a salir juntas. Rukia ni siquiera quería ver a Ichigo, mucho menos a Riruka, aunque el maquillaje cubría los restos del hematoma, no se sentía cómoda con ellos. Ver como había perdido a su amigo le dolía, pero le dolía más cada comentario mordaz que la chica hacia "bromeando".


Ya era mayo y Rukia había logrado evadir a Ichigo, pero eso no podía durar para siempre. En la segunda semana del mes la generación de Rukia era la encargada de limpiar la escuela por esa semana.

Se quedaban después de clases y lo hacían. El día que la bailarina y el pelinaranja se quedaron solos limpiando un salón no pareció extraño para los demás, pero para ellos fue un poco incómodo.

Silencio, solo se escuchaban pasos y suspiros que anunciaban lo exhaustos que estaban los estudiantes. Rukia estaba limpiando los escritorios e Ichigo limpiaba las ventanas.

- Hace mucho que no estábamos a solas. Es raro. – Rompió Ichigo el silencio mientras exprimía la franela que usaba para limpiar. Rukia suspiró y rió levemente con incredulidad.

- Antes no era raro, ahora sí. Ahora siempre estamos ocupados y rodeados de mil personas. – Mutuamente se sonrieron con aire condescendiente.

- Te quiero pedir una disculpa por lo de tu ojo… lo de hace dos semanas en casa de… - Rukia levantó una mano en señal de que se callara.

- No importa Ichigo, no hay de que disculparse, no fuiste tú, yo estaba distraída… ya olvídalo. – Se terminó la conversación. Después hubo un largo silencio en lo que continuaban con sus tareas.

- Salgamos. – Ichigo sugirió de repente. Rukia lo miró con algo de escepticismo y una ceja arqueada. – Ahora mismo, a donde sea. – Rukia rió de nuevo, pero esta vez fue con algo de tristeza.

- No, mejor no. Otro día. Tenemos que terminar esto y después tengo que ir al ballet y tú a la clínica.

- Vamos, no pasa nada. Nadie se va a morir si faltamos hoy.

- No… no es buena idea.

- ¿Por qué no? Antes íbamos a todos lados juntos.

- Pero antes no estaban ni Riruka ni Renji. – Era eso, ahora Ichigo lo entendía.

- No importa, tú y yo seguimos siendo amigos, independientemente de ellos. – Rukia e Ichigo ahora estaban frente a frente… tan cerca pero tan lejos. Rukia bajó la cabeza y el pelinaranja le acomodó un corto mechón que se había escapado de detrás de su oreja. Nadie dijo nada. Ichigo también bajó el rostro y dio dos pasos hacia atrás haciendo que Rukia levantará de nuevo la mirada.

- No es como salir, pero acompáñame a la academia, ¿sí?


El trayecto a la academia fue en silencio, caminando uno al lado de otro y rozando de vez en cuando la mano del otro.

Ya ahí, se separaron. Rukia fue a cambiarse e Ichigo entró al salón de danza 1 para sentarse donde antes siempre lo hacía mientras ella bailaba.

Iba a ser un ensayo largo, Rukia tenía que terminar de aprender y perfeccionar infinidad de coreografías al ser la protagonista junto a Kaien.

Después de 2 horas, Ichigo ya se sabía unas cuantas coreografías. Lo repetían y lo repetían hasta que era perfecto… jettes, arabesques, pliés y passés. Rukia practicando con Kaien se veía radiante. Ichigo prefería atribuirle esa alegría al hecho de que era protagonista y que hacía lo que amaba: bailar. Aunque no podía negar que había buena química, se veían bien juntos, tan bien que a Ichigo le daban ganas de ser Kaien.

- Creo que ahora sí quedó perfecto Le Voyage. – dijo Rukia muy feliz mientras ambos bailarines se acercaban a la banca donde estaba Ichigo y las botellas de agua.

- Totalmente. – Ambos dieron un sorbo a sus botellas. – Bueno Rukia, nos vemos mañana. Ahora tengo que ir a practicar con el Hada de Azúcar.

- Sí, nos vemos mañana. – Rukia se despidió con una sonrisa y Kaien tomó su rostro y le dio un beso en la mejilla.

Ichigo carraspeó incómodo. Rukia y Kaien se separaron y dijeron de nuevo "adiós". La chica tomó sus cosas y salieron del salón.

Afuera Rukia se ponía unos pantalones deportivos encima de las mallas y una sudadera. Ichigo la observaba mientras se vestía y no puedo evitar sentir algo cuando el rostro de Rukia se entristeció al escuchar Pas de deux. ¿Tanto le dolería no bailar esa canción? o más bien, ¿tanto quería bailar con Kaien esa canción?

- Ya estoy lista, vámonos. – Dijo Rukia mientras se levantaba después de anudar sus tenis, lo que sucedió la tomó por sorpresa…

Ichigo tomó su mano para bailar al ritmo de su canción preferida. Aunque él no sabe ballet, y solo la tomó de la cintura y ella del cuello, era un muy lindo gesto para Rukia. Moverse un poco de un lado al otro al ritmo de la canción y mirarse a los ojos era lo único que hacían los amigos. Después de un rato se rieron y se soltaron. Había sido muuuuuy extraño.

- Aún no terminaba la canción. - Ichigo le dice a Rukia quien desviaba su rostro pues estaba totalmente ruborizada. Tomó sus cosas y por fin miró a su amigo sin evitar el reír nerviosamente.

- Lo sé, pero el entrenamiento ya se acabó. Vámonos.


El trayecto a la casa de la pelinegra de nuevo fue en silencio, caminando uno al lado de otro pero esta vez sus manos no se encontraban. Al contrario, Rukia se sentía bastante cohibida.

- ¿Qué tienes? – Preguntó Ichigo a Rukia casi pegando su rostro al de ella.

- Nada, cansancio. – Contestó Rukia desviando su rostro y alejándolo empujándolo del pecho.

- ¿Segura que es eso?

- Sí, ya no me preguntes más o tendré que golpearte.

- Bueno ya, no pregunto más. Dios… que violenta. ¿Quién pensaría que te ves tan radiante bailando en zapatillas y que al mismo tiempo vas repartiendo golpes por la vida?

- ¿Crees que me veo bien bailando? – Preguntó Rukia a Ichigo con un tono indescifrable para él, mas cargado de emoción, esperanza y temor.

- Bueno… sí. Después de tanto entrenar sería una pena que no lo hicieras tan bien como lo haces…

Silencio.

Cuando llegaron a casa de la familia Holmes, Ichigo acompañó a Rukia hasta la puerta, ahí ella parsimoniosamente le dio un beso a en la mejilla y luego él hizo lo mismo. Se abrazaron por un largo rato y después Ichigo se fue.

Rukia corrió a su habitación y dejó la maleta de ballet a un lado. Cerró la puerta y se deslizó hasta el suelo. Odiaba sentirse así, ¿qué era toda esa sarta de palabras y acciones? Estaba confundida y molesta, pensaba en la manera en que Ichigo la tomó para bailar, en la ocasión en que fueron al museo, cuando la trajo a casa después de la fiesta de la compañía de ballet y la arropó, cuando fumaron juntos en la azotea de la escuela…

En su cabeza empezó a sonar Pas de deux de nuevo. "¿Ichigo, por qué haces estas cosas?" pensó Rukia mientras se mordía el labio. "Qué odioso. De nuevo me siento perdida. Se supone que Renji y yo somos novios y tú haces estas cosas. Ya sé que no es como darnos un beso o más, pero las pequeñas acciones también cuentan para mí."

Tenía ganas de llorar, pero se reprimió. "Es que no lo puedo evitar, es el amor que no puedo dar pero que no puedo evitar sentir…" dijo para sí, cuando alguien tocó a su puerta.

Se levantó y aclaró la garganta para abrirla. Para su sorpresa era el abuelo Holmes.


Más tarde esa noche Rukia, Byakuya y el abuelo estaban cenando en el mismo restaurante que hace casi un mes. De nuevo hablando acerca del futuro de Rukia y viendo folletos de universidades.

Rukia sonreía por un lado y apartaba los folletos de las universidades que le interesaban, pero por el otro movía con agitación su pie izquierdo y hacia nudos con los flecos del mantel de su mesa.