Todos los personajes de la serie de Kaitou Saint Tail pertenecen a la genial Megumi Tachikawa ninguno de los personajes me pertenece a mí, aunque lo que diera por poder tener, aunque sean los ojitos de Daiki v_v…aclarado esto aquí vamos.
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Moonless Months
Por Mimi chan
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Junio
La lluvia había llegado finalmente a la cuidad, ahora mismo todos vivían en medio de dos climas, el constante e irritante calor de la temporada antes del verano y la lluvia incesante de final de primavera, que caía casi todos los días y hacía las cosas incluso peor, llenándolo todo de una pegajosa humedad que parecía siempre adherirse en tu piel.
El clima volvía a la cuidad lenta, porque ¿Quién quería estar afuera con ese clima? Todos querían ir a casa lo antes posible y encender los aires acondicionados y beber una soda muy fría.
Por ese motivo para Asuka Jr. escapar de casa esta vez no había sido complicado, su padre había llegado temprano de la comisaria y se había repantigado en la sala con una cerveza fría y se había quedado dormido con el rumor de un ventilador cerca de él. No era un hombre al que se le diera bien beber alcohol, una sola cerveza y estaría durmiendo profundamente hasta el día siguiente.
Así, cuando el detective llegó de nuevo a la mansión y a la habitación de siempre y la vio colgando de la ventana un teru teru bōzu hecho con un pañuelo desechable, supuso que para la chica tampoco había sido un problema salir ese día de casa.
— ¿No eres amante de la lluvia? – pregunto Daiki a modo de saludo. La vio voltear un poco sorprendida.
— Al contrario – respondió la chica haciendo girar el muñeco que era sostenido por el delgado hilo desde el marco de la ventana – pero Rubí odia los truenos, siempre se hace ovillo a mi lado y termino rasguñada por sus púas, se quedara sola en mi habitación esta noche y no creo que lo pase muy bien.
El detective tardó todo un momento en comprender, "¿púas, ovillo, Rubí?" pero después recordó al pequeño puercoespín mascota que ella tenía. Era su mascota era obvio que tenía un nombre, tuvo la vaga sensación de que eso ya lo sabía, pero la desechó después de un minuto.
— En todo caso espero que el encantamiento sirva, Mei.
La vio sonreír ampliamente, sabía que Daiki mismo estaba sonriendo en ese momento. Desde que la ladrona le había dicho el mes pasado que podía llamarla así, había estado deseando tener la oportunidad de poder usarlo. De hecho todo el mes él no había podido pensar en ella de otra forma que como Mei.
Se sentaron en el piso con la ventana detrás de ellos, viendo como la luz de la farola proyectaba la sombra del teru teru bōzu contra la otra pared meciéndose de un lado a otro con una suave brisa.
Daiki le habló de cómo había sido su entrevista con la escuela de Estados Unidos, del plan de estudio y de las fotos del plantel que le habían enviado por correo, sobre las clases de inglés que ya había empezado a tomar.
Mei por su parte compartió con el detective cómo había reprobado el primer examen de admisión que había hecho, pero como había aprobado el segundo, que era de hecho su primera opción, como su padre casi lloraba ahora cada vez que se mencionaba su mudanza.
— Yo misma estoy tan nerviosa – dijo la chica con voz apagada – dejar a mis padres es lo que más me está costando trabajo ahora. Sé que vendré a visitarlos cada fin de semana o ellos irán a verme a mí… supongo que puedes imaginar cómo me siento, tú también vas a dejar de ver a tu padre, mucho más tiempo que yo incluso…
— La idea de dejar todo lo conocido es un poco… escalofriante.
— No pude decirlo yo misma mejor… - Mei sonrió con tristeza, el tiempo corría a prisa, la fecha en que dejara todo atrás estaba más cerca cada vez - creo que… pensar que no volveré a verte a ti es un poco más fácil ahora, he tenido meses para entender que te iras de Japón y no te veré en varios años.
— Tú al menos lo tienes más fácil, cuando regrese sabrás donde buscarme, en cambio yo sigo sin saber quién eres y donde puedo encontrarte.
— ¿Realmente quisieras volver a verme?
— Tú sabes la respuesta de eso Mei.
Y tenía que saberlo, ella tenía que saber que querría verla de nuevo, que él no era una persona de emociones falsas o fugaces. Daiki buscó su mano en la oscuridad y la envolvió con la suya, estaba fría de nuevo. Mei no hizo nada por alejarse esta vez.
— Mei… sabes que eres importante para mí – Mei había sido tan sincera con él la última vez, Daiki quería corresponderle con lo mismo. El joven detective había estado todo el pasado mes pensando en cómo hacerlo, había preparado las palabras perfectas, pero ahora mismo no podía recordar nada de eso, esperaba al menos que si era sincero, si hablaba con el corazón sería suficiente – y no es solo por el caso, aunque tengo que decir que han sido los mejores años de mi vida, seguir tus pasos ha sido la aventura más grande…
— Daiki…
— No, espera por favor – Asuka Jr. la interrumpió – ahora mismo soy yo el que explotara si no te digo esto. Eso, el caso, ha sido increíble, pero lo que ha pasado este último año, cada ocasión que nos hemos reunido en esta habitación, la chica que conocí aquí… se ha convertido en la persona más importante de mi vida… yo… yo realmente creo que me he ena…
Pero la chica no lo dejó continuar. Con sus manos cubrió su rostro y besó sus labios, de forma temblorosa y un poco torpe, sintió las lágrimas que cubrían sus mejillas. Esta vez Daiki sintió la completa libertad de rodear su espalda y atraer su cuerpo pequeño y frio sobre su regazo.
— No lo digas – dijo la chica sorbiendo por su nariz, recargando su frente contra la suya.
— Mei, yo…
— Solo no lo digas por favor, si lo dices, solo no sabré como decirte adiós después. Solo… demuéstramelo.
Hubo algo diferente a cualquier cosa que hubieran sentido cualquiera de los dos nunca en el siguiente beso, algo que peleaba duramente entre la entrega y posesión, era un beso desinhibido, que sabía a saliva y miel.
Pronto las manos cálidas de Mei estaban empujando el saco fuera de sus hombros junto a su respiración acelerada, el pequeño gesto hizo hervir la sangre de Daiki en un solo segundo cuando se dio cuenta que significaba demostrárselo. Asuka Jr. tuvo que hacer un esfuerzo monumental para apartar sus manos de la pequeña espalda y sostener sus codos por encima del satín de sus largos guantes, para empujarla solo un poco hacia atrás y poder verla a la cara, o al menos intentarlo.
— Mei…
— Has dicho tantas veces, a tantas personas que no soy nada tuyo, que yo no te importo, que no podíamos ni siquiera ser amigos. Me has dicho demasiadas veces que no — Mei respiraba profundamente, sentía el ligero temblor de sus manos sobre sus hombros, no sabía si temblaba de miedo, de duda, de espera — solo esta vez, mírame.
— Mei… — Daiki acunó su rostro entre sus manos, sintió lagrimas tibias en las mejillas de Mei que limpió con sus pulgares — ahora mismo, mi vida entera eres tú.
— Entonces déjame tenerte al menos esta vez, sé que te iras después, pero si puedo tener esto de ti, te tendré conmigo para siempre.
Todo debería haber sido como lo que se esperaría de ese momento. Solo dos chicos enamorados que están dispuestos a entregarse el uno al otro por primera vez, debía ser romántico, tierno, lleno de torpeza y nervios, de maniobras torpes para intentar abrir botones o deslizar una falda, pero no era de esa manera.
Estas eran dos personas que sabían que se querían… quizá incluso que se amaban y estaban diciéndose adiós.
No se permitieron la ceremonia de quitarse la ropa el uno al otro porque no querían perder un segundo de esa noche, de esa única noche, fueron quitándose pieza por pieza jamás dejando de tocarse uno al otro, manteniendo siempre la conexión por pequeña que fuera, mientras Daiki abría los botones de su camisa Mei acariciaba su pelo, cuando la chica empezó a deslizar el tutu del traje el joven detective fue arrastrando uno de sus guantes, tocando la piel delgada de la muñeca de Mei donde su pulso latía acelerado, cuando nada los cubrió usaron todas las prendas como cama y se recostaron uno sobre el otro.
Se quisieron con ternura y al mismo tiempo con apremio, sin pensar si estaba bien o mal, si no con la simple conciencia de que era lo que en ese momento querían. Torpes pero febriles, sintiendo la pasión y el deseo al igual que el dolor que siempre lleva la primera vez, lloraron y gimieron en la soledad de esa habitación donde nadie podía escucharlos. Terminaron cansados, sudorosos y felices, cayendo en un sueño tranquilo.
Cuando el joven detective despertó vio a la chica de nuevo vestida y sosteniendo en alto su cabello como siempre.
Daiki quiso detenerla, quiso decirle que lo que habían hecho lo cambiaba todo, al menos para él. Pero cuando Mei volteó a verlo, sonriente, sonrojada solo se quedó mudo.
Mei miró a Daiki aun recostado solo medio cubierto por su ropa tirada en el piso y de nuevo sintió el corazón correr a prisa. Había soñado con ese momento demasiadas veces, podía admitirlo al menos para sí misma, lo amaba y su imaginación con el tiempo se había llenado con toda clase de fantasías sobre él. Pero ver realizadas esas fantasías, ahora… justo ahora que era casi la última vez que lo veía, eso…
— Volveré en una semana – se agachó hasta donde él estaba y puso un beso suave en sus labios — trae una manta, el suelo es duro.
Y se fue sin que Asuka Jr. pudiera decir nada más.
Y a la siguiente semana volvió y Daiki llevó la manta.
La segunda vez fue más dulce, no hubo dolor y hubo más besos, se entregaron con la confianza de los amantes que saben al menos un poco mejor que es lo que se debe de hacer para alcanzar el cielo juntos y lo alcanzaron varías veces, se mantuvieron abrazados en la oscuridad y ella de nuevo se fue antes del amanecer, y prometió volver de nuevo la siguiente semana.
La tercera vez se permitieron el lujo de tener una vela prendida en una esquina de la habitación. Se persiguieron por la habitación llenándola de risa y juego, pasaron un largo momento solo mirándose uno al otro a la luz de la vela, Daiki supo que los ojos azul grises de Mei lo empezarían a perseguir en sueños y no podía sentirse más feliz por ello. Los acorraló una pasión cruda cuando se quitaron la ropa, persiguieron la sensación de darle placer al otro una y otra vez, usaron esta vez, las manos, los labios, los dientes, dejaron que el sudor en la piel del otro se mezclara, se amaron hasta que los dos quedaron agotados.
Mei se negó a dormir mirándolo de frente, pero Daiki se obligó a que no le importara. Estando a su espalda el detective se negó a dormir a pesar de que tenía los ojos pesados, las horas que Saint Tail durmió, Daiki bebió todo lo que pudo de su imagen. Se perdió un largo momento tratando de averiguar cuál era el real color de su cabello, se divirtió jugando con un pequeño mechón que se hacía un rizo en la base de su nuca, pasó un largo rato dejando a la punta de sus dedos subir y bajar por la línea de su espalda, encontró cinco lunares negros repartidos por toda ella y dieciséis pecas repartidas por sus hombros que seguro había pintado allí el sol.
Asuka tenía ahora mismo a esta chica tan dentro de todos sus sentidos que sabía que si llegara a encontrarla fuera en la calle, solo sabría de inmediato quien era.
Las aves del coro del alba empezaron su canción diaria para recibir al sol, Daiki deseaba tan fervientemente que amaneciera y poder verla a la luz del día, que ella confiara en él para esto.
Mei despertó finalmente. El mismo canto que Daiki había escuchado se coló en su sueño, miró por la ventana, el cielo era un profundo purpura que la alertó de lo cerca que estaban del amanecer, había dormido mucho más de lo que había planeado.
— ¿Qué hora es? – La chica bostezó, tallándose los ojos.
— Las cinco, quizá cinco con treinta.
— Mi madre despertara no dentro de mucho, debo volver a casa – empezó a recoger su ropa desperdigada a su alrededor – nunca se cuándo va a ocurrírsele asomarse a mi pieza.
— Déjame acompañarte a casa – Daiki tomó su mano con delicadeza – te ayudare a inventar algo.
— Daiki… — Mei soltó su mano y empezó a colocarse el sostén – tú ya sabes…
— ¡Mei es ridículo! – Asuka Jr. tomó a Mei por el brazo deteniéndola en sus acciones – después de lo que hemos pasado este año… después de lo que hemos pasado estos días, ¿Aun quieres mantenerte oculta de mí?
— No quiero – La chica susurró casi sin voz, la luz de la vela que habían tenido encendida toda la noche y estaba a punto de derretirse por completo, brilló en sus mejillas que empezaban a mojarse con pequeñas lágrimas – pero tengo miedo.
— Miedo ¿De qué?
— De que tus sentimientos cambien cuando sepas quien soy en realidad – Daiki nunca había notado a Meimi, nunca la había tratado más que con la misma cordialidad que usaba con todos sus demás compañeros y a veces ni siquiera eso, además… - de que cuando te des cuenta de quién soy, de lo cerca que has estado todo el tiempo de ti manteniéndome oculta puedas llegar a… odiarme.
— ¿Cómo podría? Por favor Mei, solo espera el amanecer conmigo.
Daiki pudo ver la pelea en los ojos grises de Mei. Sabía que quería quedarse, la vio casi tomar la decisión de hacerlo por un segundo, pero entonces ella entornó sus ojos y se levantó para empezar a vestirse.
— ¡Maldita sea! ¿Por qué tienes tan poca fe en mi Mei? – Asuka Jr. golpeó el piso con sus manos hechas puños, con ira — ¿Qué debería hacer para ganarme tu confianza? ¡No voy a odiarte, jamás podría!
Pero ella no respondió, solo siguió vistiéndose, el cielo estaba tomando un color violeta un poco más claro, el sol estaba saliendo ya por el horizonte.
— Mei…
— Sabías que esto solo era un momento robado al tiempo – Mei recogió su par de guantes largos, no se molestó en ponerlos sino que empezó a estrujarlos nerviosa entre sus manos – pronto vas a irte y yo también, esto no era el principio de algo Daiki, era el final, no me hagas pensar que estuvo mal hacerlo.
— ¿Mal? – el detective empezó a sentirse enojado ¿eso es lo que realmente ella pensaba? – en ese caso lo hicimos y lo hicimos juntos, no puedes negar que deseabas que pasara.
— No, no lo niego, seguro llevare en mi esto el resto de mi vida – Mei se limpió las mejillas con fuerza secándose el rostro, tratando de verse serena aunque se sentía tan desesperada como Daiki - eso es lo que quería, pero lo tomé solo porque sabía que era finito, que solo significaría un recuerdo, el más valioso que jamás tenga de ti.
— Solo porque tú lo eliges así.
— Y luego ¿Qué? – La chica espetó enojada – está bien, me quedo contigo hasta que el día llegue, me veras, sabrás quien soy y después ¿Solo ignoraras el hecho de que debes entregarme a la policía?
— Lo hare – dijo Daiki sin ningún asomo de duda.
— ¿Abandonaras tu honor por mí?
— ¡Sí! ¡Lo hare! Mi dignidad, mi deber, mi trabajo, no significan la mitad de lo que tú significas ahora para mí.
Asuka Jr. no había podido decírselo, pero esa era una decisión que había tomado desde la primera vez que habían hecho el amor. Más allá de que debía viajar a Estados Unidos había decidido dejar la investigación del caso de Saint Tail porque sabía que ya no podía ser parcial, no lo había hecho hasta ese momento solo por el miedo de que le otorgaran la investigación a alguien más y él no pudiera estar allí para protegerla.
— No voy a tomar tu honor.
— Tú no estás tomando nada, es algo que yo no habría podido hacer desde hace mucho.
Pero de nuevo se quedó en silencio. El cielo era cada vez más naranja y verde los primeros destellos de luz de sol empezaban a entrar por la ventana. En un movimiento rápido Saint Tail recogió su cabello y lo puso de nuevo en su coleta dándole la espalda.
— Lo siento.
Y de nuevo salió por la ventana dejándolo solo en la habitación.
Fin junio
1 de febrero de 2017
5:51 a.m.
