Death Note y sus personajes no me pertenecen sino a Tsugumi Oba y Takeshi Obata

Perdon por no haber subido capitulo pero necesitaba tiempo para estudiar. Ahora que me han dado las notas puedo estar un poco más tranquila. Bueno... sin más demora he aquí el capitulo.

Capitulo 12: Sentimientos extraños

-Gracias Kate.-agradeció Mello tras escuchar la explicación de la chica. Ya más de una hora había pasado.

Mello se ofreció a llevar a la señorita Jeferson a casa, cogió las llaves del coche y partió. Ahsley y yo nos quedamos solos de nuevo. El ambiente como anoche, era incómodo.¿Cómo era posible que en cuatro días hubiesen sucedido tantas cosas? Yo sentía que Ahsley tenía algo especial, pero no sabía decir el que. No podía dejar de mirarla y preguntarme tantas cosas. No era solo la apariencia, ni esas noches tan vergonzosas. Algo tenía que me hacía tener otro tipo de impresión sobre ella. No era lo que pretendía ser. Parecía una mujer de aspecto elegante y maduro, pero en sus ojos reflejaba miles de cosas y las quería averiguar. Quería borrar el recuerdo de la primera vez que la vi y lo que pensé. Esa chica se merecía un adjetivo mejor que loca, que era lo que había pensado cuando ella me tiró al suelo y me preguntó por Mello.

Cuando pienso en Ahsley, me acuerdo de la suavidad de sus frías manos. Y de sus ojos pardos. Me encantan. Cada vez que recorría su espalda con la mirada, me paraba en sus blancas manos y deseaba cogerlas. En el momento en que la miraba a la cara me perdía en sus ojos, en el brillo que pocas veces adquirían, porque cuando no tenían luz eran solo dos abismos de color en los que me hundía.

Que estúpido parecía.

Se que muchas veces me estoy insultando, pero en realidad, me da mucha vergüenza expresar lo que siento. Por que en esos cuatro días mi vida había cambiado de rumbo. Había pasado tan rápido que ni si quiera tuve tiempo de asimilar lo que hacía. Estaba nervioso y preocupado. No se como no me había dado un ataque de pánico. Pero también hubo un lado bueno. Pude volver a ver a mis amigos y al hombre al que admiraba en secreto. No penséis mal de esto último, a mi no me gustaba Ryuzaki pero a Mello si. Lo que quería decir es que nunca he dicho en alto que lo apreciaba, solo quien lea esto sabrá este dato sobre mi. Fui tan indiferente en cuanto a L en el orfanato, que todo el mundo creía que me daba igual. La diferencia entre Near, Mello y yo es que yo no quería ser L. Eso era demasiado problemático para alguien como yo y conllevaba una gran responsabilidad.

Volviendo al tema que nos incumbe. Ahsley. Gracias a ella estaba todo el día sonrojándome y tirándome de los pelos para que no lo notara. Mierda, mierda, mierda...Es jodidamente atractiva. ¡Cómo era alguien capaz de no mirarla! Llamaba mucho la atención. Tenía mucha curiosidad. Aun no le había preguntado de que conocía a Mello. Pero, quizás no debía. Podría incomodarla.

Fueron tantas las cuestiones, que no me di cuenta de que me miraba intensamente. La miré de soslayo, luego conecté mi mirada con la suya. Me inquietaba demasiado, pero no aparté la mirada y ella tampoco. Nos quedamos así unos segundos, hasta que ella habló.-Matt.-me llamó suavemente, pero no dijo nada más. El silencio volvió a adueñarse de la sala mientras Ahsley pensaba. Quería saber lo que había querido decirme. Siguió con su mirada clavada en mis ojos verdes, escondidos tras los gogles. Me rasqué la cabeza, cansado y suspiré. ¿Que pretendía con eso? Ahsley me pareció extraña. Me levanté del sofá, tenía que ir al baño y despejarme.

Antes de que pudiera abrir la boca para decir algo, Ahsley se adelantó con una sonrisa y dijo.-Deberías quitarte los gogles.

Me sorprendí por lo dicho, pero mi expresión no denotaba más emoción que cansancio. No quería que supiera lo que esas palabras habían provocado en realidad en mi. Carraspee un poco, intentando parecer indiferente y hablé ignorando su comentario.-¿Donde esta el baño?-pregunté rascándome el cuello. Ella no mudo su sonrisa e hizo un movimiento con la cabeza hacia un pasillo. Miré hacia este y vi varias puertas. Al azar dije una-¿La del fondo?

-Si.-afirmó la morena. Asentí y desaparecí en el pasillo, lejos de esos depredadores ojos pardos.

En el baño hice una meadilla rápida y luego me lave las manos. Observé mi reflejo por unos instantes y me quité los gogles para lavarme la cara. Joder...cosas así no pasaban en las discotecas de Nueva York. ¿Por que las chicas inglesas o de donde quiera que es Ahsley, son tan extrañas? ¿No será que es italiana como Linda y por eso tiene ese carácter? En Nueva York era tan simple, las chicas eran muy fáciles, al menos las que conocí. Esos tiempos...Joder como me lo pasaba. Las neyorquinas se balanceaban de un lado a otro con sus amigas, muy borrachas, y les sonreías y las tenías en la cama. Incluso te daban su número de teléfono, por si querías repetir algún día. Eso no volvía a pasar. Era solo un rollete de una noche. Eso era ir con Mello de fiesta. Siempre controlando las copas que nos tomábamos y conscientes de lo que hacíamos. Siempre siguiendo un plan de seducción que siempre salía bien. Como el ajedrez. Pero las piezas no son para un jaque mate, sino para un aquí te pillo aquí te cojo.

Salí del baño, aun más confundido que antes. ¿Porque pensaba tanto en los viejos tiempos? Yo me había pasado seis meses sin salir de fiesta y sin estar con ninguna mujer.

En el momento en el que llegué al salón, me encontré con Mello que ya había llegado.-Has tardado mucho pelirrojo. ¿Has tenido algún problema?-preguntó mi rubio amigo con sorna. Arrugué la frente por el comentario, pero este solo se rió. ¿Cuanto habría tardado en realidad? Hasta lo que sabía, Kate no vivía a cinco minutos de aquí. Aunque, ahora que lo pienso...no sabía donde vivía.-Vamos, tenemos que ir con Ryuzaki.

-De acuerdo.

Cogimos nuestras chaquetas y salimos del edificio. Esta vez condució Mello, Ahsley se sentó atrás y yo en asiento del copiloto. Contemplé el paisaje de la ciudad por la ventana, ausente por unos minutos. Mello y Ahsley se mantenían en su mundo, los dos con la mirada perdida. Decidí considerar la idea de encerrarme en mi habitación en cuanto llegáramos a la mansión, pero a sabiendas que tendría que acompañar a Ryuzaki y a Near en la investigación junto a Mello, parecía que ese plan iba a ser frustrado. Además, no era bueno encerrarme en mi mismo a estas alturas y menos por pensamientos tan extraños. Seguramente estaba exagerando las cosas, como siempre que no entiendo algo. Esperaría para divagar en la noche.

-¡Hey, Matt...!-clamó Mello por lo bajo. Tenía el ceño fruncido y sus ojos azules estaban fijados en el rojo semáforo. Gruñí con fastidio, interrumpió mis pensamientos. Al escuchar mi respuesta suspiró, aun con el ceño fruncido y la expresión torcida.-No hace falta que gruñas como un perro, ya se que lo eres.-dijo con burla en la voz. Esta vez fui yo quien encaró una ceja. El rubio, al ver mi expresión, se destensó y sonrió con sorna.-¿Que te pasa, cachorro?

-¿A mi?-me señalé, pero mi tono no era de guasa, sino de enfado- No me pasa absolutamente nada. Estoy bien.-aseguré.

-¿Entonces porque tan borde conmigo, tu amo?

-¿Mi amo? ¿De que vas?-dije irritado, no estaba para eso juegos estúpidos. Por mucho que pareciese lo contrario, yo no era su perro.

-Tranquilo, eh. Relájate.-respondió Mello, pero yo no estaba contento con eso.-Por una vez que me preocupo por ti.

-No te lo he pedido.-dije, volviendo la mirada a la ventana e ignorando a mi amigo. Después me arrepentí. No debía haber hablado así a Mello. Después de la mirada que me lanzó cuando estábamos en la escena y esto, me pegaría una paliza o al menos me golpearía.

El resto del viaje, estuvimos en silencio. Yo seguí en mi mar de fantasía o mundo ideal, pero esta vez con mi consola entre las manos.

Cuando llegamos a la mansión, ya era la una y por ende, Watari estaba preparando el almuerzo. Hizo una rica sopa de finas hierbas. Mientras tanto fui a mi habitación con mis compañeros para ponernos cómodos. Me quite el pesado abrigo y los gogles. Me acomodé la ropa y bajé las escaleras hasta el elegante comedor. Allí solo se encontraban Ryuzaki y Near, a quien no había visto en todo el día.

-Hola Matt.-me saludaron a unísono. Asentí e hice lo mismo con ellos. Me senté en una de las sillas libres, cerca de Near.

-Después de comer bajaremos al sótano, tenemos algo que enseñaros-declaró el serio detective de pelo azabache, en su postura habitual y mordiéndose el pulgar.

-Vale.-dije indiferente y me crucé de brazos mientras esperaba la tan anhelada llegada de la comida.

Justo entonces, Misa salió de la cocina con un plato en las manos y lo puso frente a Ryuzaki.- Esto es para mi Ryuzaki, echo con mucho amor.-dijo y entonces abrazó efusivamente al detective. Este se quedó inmóvil, pero después se zafó de ella con un movimiento rápido.

-Misa, por favor, respeta mi espacio personal.-expresó con fastidio. Me sorprendió esa muestra de emoción por parte del detective, pero no dije nada ni intenté manifestarlo en mi cara.-Ya hemos hablado de eso ¿recuerdas?

-También le dijiste a Misa, que tendrían una cita, pero eso no ha sucedido.-objetó esta vez la rubia, quien puso sus manos en las caderas y se inclinó hacia Ryuzaki.-Misa esta aquí para Ryuzaki, pero la ignoras. Y cuando Misa intenta algo la alejas ¡Eso no esta bien Ryuzaki! Misa solo quiere estar contigo.-se quejó. Ryuzaki solo se rascó los pies uno contra otro, sin saber que responder a la japonesa. Finalmente suspiró derrotado y asintió.

-Lo siento Misa.-se disculpó el chico, derrotado. La rubia sonrió ampliamente y saltó de felicidad.

-¿Cumplirás lo prometido?-preguntó la de las coletas. El detective volvió a asentir.-¡Bien! ¡Misa estará con su novio, si!

-¿Novio?-escuché decir en las puertas del comedor. Me giré repentinamente y encontré a Mello, muy confundido. Luego miré al detective, tenía una gran cara de cansancio y hastío.

-No soy tu novio, Misa.-declaró el detective y la cara de Misa cambio por completo a una dolida. Bajó la mirada al suelo, con un leve sonrojo en las mejillas.

-Cierto.-dijo avergonzada y volvió a la cocina. Poco después salió Watari con otros dos platos. Tenía cara de disgusto.

-¿Que le ha pasado a la señorita Amane?-preguntó, pero su mirada estaba dirigida hacia Ryuzaki.

-Ryuzaki le dijo que no era su novio y se disgustó.-dijo Near al ver que nadie respondería. Watari miro al joven de ojos negros con amargura y luego fue a por Misa para consolarla. Mello puso una mueca en su cara, pero en su mirada pude ver algo de diversión. Después apareció Ahsley, quien notó la expresión de todos y luego dirigió su mirada parda a la cocina. Me contempló con curiosidad, como si esperara de mi una respuesta. Sin saber que decir, me encogí de hombros e hice un movimiento con el cuello. Ella entendió mis gestos y entró en la cocina. No paso mucho rato hasta que salió y cuando lo hizo, no fue contenta. Caminó hacia Ryuzaki y le vio con los ojos vacíos de emoción y dijo:

-Eres un imbécil Ryuzaki.-manifestó con la voz endurecida.-Discúlpate con esa rubia del bote.-ordenó. Ryuzaki suspiró con fastidio y se levantó para ir a la cocina.-Empecemos a comer sin él.-dijo y se sentó enfrente mío. Nadie dijo nada durante el almuerzo y cuando se acabó, Mello, Near y yo bajamos al sótano. Era la primera vez que iba.

Era una habitación amplia, llena de ordenadores y escritores de trabajo, cada uno con un ordenador de muy buena calidad. Definitivamente habían pensado en mi al ponerlo. Nos fuimos acomodando y Near se sentó frente a uno y empezó a teclear con maestría.

-Bueno chicos.-dijo Near sin emoción, señalando la pantalla.-Aquí están los documentos de las siete víctimas. Hemos encontrado cosas muy interesantes.-declaró enrrollando un mechón de su blanco pelo.-En especial sobre Abbie Lewis y Kate Jeferson. Además deberíais ver el de Michael Panye y el de Issac Sousa. Creo que os sorprenderéis.

El chico albino se levantó de su asiento y nos dejó solos frente a la carpeta de las víctimas. Decidí ser yo quien dirigiera el ratón y cliqué dos veces. Había varios documentos, con los nombres de las siete personas que habían sido secuestradas. Empezamos por Kate y no vimos nada fuera de lo normal, nada que no supieramos. Continuamos por Johannes, el psicólogo. Según el informe, había sufrido un traumatismo en la cabeza que, junto al trauma adherido, le habían dejado en el hospital cinco meses. Sin embargo, cuando fuimos Ahsley y yo al hospital no tenía nada. Si era así podían haberle dado de alta hace mucho. El siguiente fue Issac Sousa, un chico joven de veintitrés años. Trabajaba en una clínica como enfermero. Al igual que los otros vivía solo, pero esperaba casarse el próximo verano con su novia. Mello revisó el de Michael Panye, dos años mayor que Sousa. Él era profesor en una escuela de primaria y tenía una hija de cuatro años.

Estuvimos un tiempo revisando el de Issac Sousa hasta que encontré un dato demasiado interesante. Mello, quien estaba viendo el de Michael Panye tuvo una reacción parecida a la mía.

-Joder.-exclamó Mello con sorpresa.-Dime que esto esta equivocado.

-No, este dice lo mismo.-respondí alterado.-Los dos siguen desaparecidos.-dije releyendo el estado del hombre en la ficha.

-¿Pero no se suponía que todas las desaparecidos habían regresado?-me preguntó Mello rascándose la nuca con nerviosismo.

-Quizás es por eso que nos sorprendería. ¿Pero por que ahora? ¿Es que L y Erald no lo sabían? Es raro que no nos hayan informado de ese detalle hasta ahora...-pensé. Apreté el ratón con fuerza. El ciclo se había realizado de la misma manera. La única diferencia entre esos dos hombres y las otras seis víctimas era que ellos no habían aparecido.

-Pues, aunque no me guste mucho preguntar lo que ya tendría que saber por mi intelecto, preguntemos.-alegó el rubio con pesadez. Buscamos con la mirada a Near, pero este no se encontraba en la estancia. Mello gruñó enfadado por tener que levantarse a encontrar una respuesta, pero antes de que diera un paso, la puerta fue abierta. La luz del pasillo iluminó casi toda la habitación. No me había dado cuenta de que solo teníamos como luz la del ordenador.

-¿Qué tal, chicos?-saludó la morena desde el umbral y se recargó en él. Antes de que Mello contestara algo sarcástico ella siguió.- Misa se a encerrado en su cuarto y no quiere abrirle la puerta a Ryuzaki. Esta muy triste.-dijo y se acercó a nosotros. Cogió una de las sillas de escritorio y se sentó cerca mío.

Al sentir me su cercanía me sonrojé salvajemente.

Mierda.

Mis mejillas ardían como si tuviera un mechero pegado a ellas. Miré a mi mejor amigo, quien encaro una ceja y me miró con burla. De nuevo, su mirada se descongeló y algo que no supe apreciar sustituyó al hielo. Pensé que hacia demasiado calor y que Mello había sufrido ese efecto secundario.

-Sabéis.-llamó nuestra atención el de ojos azules.-Hacéis buena pareja.

-¿Eh?-exclamé, nervioso hasta las puntas de mi rojizo pelo-Deja de joder.

-Es en serio. Al final la imbécil de April tenía razón.-declaró con una sonrisa en sus labios.

-¿April?-pregunté sorprendido de que la nombrase. Mello se encongió de hombros.

-Si. Esta en los mismos apartamentos que Kate.-respondió. La chica a mi lado suspiró y se cruzó de piernas. Volvía a tener esa expresión de aburrimiento.

-Solo deja de jodernos.-dijo mirándome con una sonrisa.

Fin del capitulo 12. Espero que os haya gustado. Pero tengo una noticia que no se si os gustará: haré un capitulo cada dos semanas. Así tendré más tiempo para escribir y los capitulos seran más largos (y decentes). Creo que así sera mejor.

¡Rewins por una verdadera crisis mundial!¡La extinción de los pelirrojos!

Rewiiiins :3