Capítulo XIII
Estaba recostada sobre mi cama, con uno de los libros abiertos, intentando estudiar para el examen que tendrías al día siguiente, pero no lograba concentrarme.
Miré la fotografía de Bill que tenía delante de mí y volví a suspirar, no había podido dejar de hacerlo, desde que él se había marchado, y cada vez que intentaba centrarme en mi libro, sus ojos me distraían nuevamente.
Suspiré, no había forma de que Bill pasara desapercibido, había lago prohibido y de alguna manera atrayente en él, con sólo verlo.
En cuanto se había ido, mi madre había utilizado mi habitación, como una especie de cuarto de interrogación.
- ¿De qué conoces a ese chico? – me preguntó sentándose sinuosamente sobre mi cama.
Con esa actitud tan común en las madres, cuando parece que solo quieren hablar, y lo que en realidad buscan es destripar tus más ocultos secretos, pero yo conocía muy bien a la mía, y aunque su actitud se asemejara, no podía pensar que sólo quería una confesión.
- Del trabajo – dije comenzando a ojear mi libro – ya has visto las fotos – le aclaré.
Y sí, ya las había visto. Cuando las tenía colgadas en el cuarto oscuro en espera de que se secaran, mi madre había entrado, como hacía siempre con mi trabajo, y se había quedado prendada de ellas.
- Has captado muy bien la luz.
Me había dicho, y en cualquier otro momento, aquello habría sido un aliciente, pero había lago en esas fotos, que las hacía muy diferentes para mí.
- Oh sí, las fotos… - respondió dentro de esta pequeña conversación que ahora manteníamos. Sonando, incluso, demasiado descuidada.
Sabía que escondía algo, así que por más que intentara concentrarme en el libro, me resultaba imposible.
- Sí, las fotos – expliqué nuevamente.
Mi madre se quedó en silencio un segundo, lo que era demasiado considerando a mi madre, claro, siempre que no estuviese pintando, en ese caso podía estar en silencio por días.
- ¿Y piensas seguir viéndole? – sus preguntas estaban resultando tan empalagosas, sabía que quería algo, pero se estaba yendo por las ramas.
Lo que me llevó una vez más a comprobar, que algo de ella tenía. La idea no era precisamente de esas cosas para sentirse orgullosa. Cerré el libro de un golpe y la miré.
- A ver mamá, dime lo que tienes que decir.
Cualquier hija, en edad fértil, cuyos padres la encuentran sola con un chico en su habitación, se preocuparía por lo que ellos tuvieran que decir, y aunque mi madre estaba haciendo el tipo de preguntas que hace una madre, yo sabía que no quería lo que cualquiera de ellas.
Me miró con la ilusión centelleando en los ojos. A veces la sentía mas como mi hija, que como mi madre.
- ¿Crees que me deje retratarlo? – preguntó alegremente.
Ya sabía que mi madre, no era como todas las madres. Y también sabía que hacía muy pocos retratos, ya que no era nada conservadora para ello.
- Le preguntaré – la animé con una sonrisa.
- Te lo agradecería, ya sabes que no suelo hacer retratos, pero hay personas que tienen esa luz hermosa, a la que no te puedes resistir.
Creo que casi no tomo aire, pero había captado aquella belleza de Bill, que a mi manera buscaba retener en las fotografías.
Luego de eso, pude comenzar a estudiar, o a intentarlo al menos. Bill seguía con sus ojos fijos en mí, desde su fotografía.
- Deja de mirarme… - le supliqué.
Tomé la foto, la besé, y le di la vuelta, para que no me mirara más, de lo contrario, hoy no estudiaría.
- Sólo déjame estudiar – le pedí.
Sabía que no dejaba de ser absurdo estar hablando con una fotografía, pero quizás, a pesar que Bill se había marchado de esa forma tan abrupta, sentía que algo de él se había quedado conmigo.
Me sumergí una vez más en el libro, al menos esperaba que esta vez mis pensamientos no me llevaran a Bill tan pronto, o de lo contrario no habría manera de estudiar. Llevaba tantas interrupciones, que mi tiempo de estudio últimamente, pasaba de muy poco a nada.
"…junto con los intentos hechos en los albores del Renacimiento italiano para dar nueva vida a los jeroglíficos egipcios, entendidos como recipientes de una recóndita sabiduría…"
Suspiré y apoyé la frente sobre el libro. Había leído sí, pero no se me quedaba nada de lo que había en él. En mi mente sólo estaban las imágenes y las sensaciones que había experimentado esta tarde junto a Bill, y la enorme vergüenza tardía que comenzaba a sentir, por mi total falta de resistencia.
¿Qué iba a pensar de mí?
- Ah… la chica fácil que se acuesta con todo el mundo… - me respondí, aún con el rostro hundido en el libro.
No había tenido un momento, para comprobar lo duro que se me hacía pensar en ello. Cuando estábamos Bill y yo en el la habitación de revelado, confieso que también lo pensé, pero todo en ese momento estaba tan encendido, que no me importó. Pero ahora, sobre frío, la situación tomaba una perspectiva muy diferente.
Sólo esperaba que Tom no le contara las cosas que hicimos.
Creo que en ese momento el color de mis mejillas no podía ser más escarlata.
Un par de golpes en la puerta, me obligaron a olvidar mi creciente vergüenza, para atender al mundo que giraba fuera del núcleo Bill.
- ¡Pasa!... – grité más que hablé.
Definitivamente estar tarde no podría estudiar.
- Helen está aquí – escuché la voz de mi madre a mi espalda.
¿Desde cuándo Helen se anunciaba?
Miré a mi madre, y me encogí de hombros.
- Dile que entre – el tono de obviedad se marcó profundamente.
- Viene con Bob – respondió mi madre.
Y yo sentí como un cubito de hielo me recorría lentamente la espalda. Me senté en la cama con tanta rapidez, que ella me miró asustada.
- ¡¿Bob? – había escuchado bien, pero quise asegurarme.
- ¡Sí! – respondió mi madre, imitando mi tono de alarma.
Yo sabía muy bien a qué venía Bob.
- Voy… - dije, mientras me ponía de pie, intentando pensar en un modo de desviar la atención de mi jefe a medio tiempo.
Mi madre salió de la habitación y yo tomé la foto de Bill de encima de la cama, y la guardé en mi escritorio.
Respiré profundamente y salí en dirección a la sala.
- Hola – saludé cuando llegué junto a ambos.
Helen me respondió, muy animada, del mismo modo. Bob sin embargo habló de mi lesión, remarcando con ello el hecho de que podía moverme perfectamente.
- Veo que te han quitado el yeso.
- Sí… hace poco… pero pasen – sonreí y los invité, evitando de inmediato la dirección que tomaba la conversación. Bob tenía la facultad de apoderarse de las situaciones y no quería que lo hiciera.
- Quería venir a verte… - dijo Helen pasando a la mitad libre de la sala – y mi hermanito, que estaba en casa, se colgó de la visita.
Bobo me miró, y aunque no dijo nada, supe que me estaba diciendo 'vengo por esas fotografías'.
- Ambos son bienvenidos – sonreí, intentando ocultar el sarcasmo.
- Gracias… - respondió Helen por ambos, sentándose - ¿has hecho algo interesante? – preguntó.
Y añoraba esa soledad que necesitaba para hablar con ella. Simplemente no sabría por dónde empezar. Si estuviésemos a solas, ya habría comenzado a contarle el modo en que Bill y yo, habíamos estado a punto de tocar el cielo.
Sentí las mejillas acaloradas, y suspiré, un poco por resignación, un poco por vergüenza y otro tanto por frustración.
- Sí, cuéntanos Isabelle, ¿qué has hecho? – habló Bob con una ironía demasiado clara para mí.
Tuve ganas de alzar mi dedo y plantarlo delante de su cara, pero las buenas costumbres, y mi futuro empleo, me lo impidieron.
- Bueno… algunas pequeñas cosas… - respondí.
- ¡Oh, genial! – exclamó Bob.
Y antes de que lograra decir nada más, ya estaba de camino al cuarto de revelado.
No era la primera vez que estaba en mi casa, o que le mostraba algunos de mis trabajos, así que él sabía perfectamente a dónde dirigirse. Sin embargo, esta era l primera vez que parecía tan ansioso y desconsiderado.
Creo que casi corrí tras él, su presencia me estaba creando un estado de ansiedad enorme, pero me tranquilicé cuando recordé que la única fotografía que tenía de Bill, estaba en un lugar seguro, y los negativos, en un cajón con llave.
Cuando llegué a la puerta, Bob me miró desde el interior, decepcionado de no encontrar nada, y Helen que nos había seguido, chocó contra mí.
- ¿Qué está pasando? – preguntó, no sin razón.
- Nada – contesté de inmediato. No quería crear un conflicto entre mi amiga y su hermano. No era la primera vez que me callaba pequeños detalles que no me agradaban de la forma de proceder de Bob. Y como conocía a mi amiga, sabría que se pondría de mi lado, y aunque yo no tenía hermanos, sabía que eso no estaba bien.
- ¿Dónde está el trabajo? – preguntó Bob, con más resentimiento del que yo podía encubrir.
- Entregado – respondí tajante.
Creo que si se hubiese podido ver la energía de ambos, esta habría echado chispas al chocar.
Me miró, con los ojos cargados de furia. Él quería esa foto, y yo se la había negado. Quizás había llegado el momento de pensar en otro trabajo, para completar la cuota de universidad. La batalla que ambos estábamos lidiando, a través de nuestras miradas, sólo se vio interrumpida por la melodía de mi teléfono, que para mi desgracia, estaba en una mesa, justo al lado de Bob.
Él miró la pantalla y rió sin ganas, añadiendo de esa forma un cierto tono burlón a sus palabras. Tomó el teléfono y me lo extendió.
- Contesta, es Bill.
Me sorprendí, ya que no esperaba una llamada suya, pero avancé resuelta y tomé mi móvil, casi arrancándolo de sus manos. Menos mal que no le había puesto una fotografía que identificara el número, o Bob era muy capaz de llevársela.
- Dame un momento – contesté la llamada, luego me dirigí a Helen – espérame… - y luego le susurré, refiriéndome a Bob – si se quiere ir, que se vaya, pero tú espérame…
Mi amiga asintió, nos conocíamos lo suficiente, como para que ella supiera que si se lo estaba pidiendo, era porque para mí importaba.
Caminé en dirección a mi habitación, y en cuanto entré y cerré la puerta, apoyé la espalda en ella.
- ¿Hola?... – pregunté algo temerosa, sin saber si aún iba a encontrar a Bill.
- ¿Pasa algo? – me preguntó él de inmediato.
Por un momento pensé en decirle lo que pasaba, pero como si se tratara de un flash, recordé su expresión el día que lo conocí, lo reacio que estaba a que le tomaran fotografías y las publicaran. De alguna manera yo formaba parte de ese grupo de personas que él detestaba, y no quería recordárselo ahora que parecía haberlo pasado por alto.
- Nada… mi amiga y su hermano que están en casa… - respondí la verdad, sin ser demasiado detallista.
-Mmm… - escuché el sonido de su respuesta - … no me has hablado de tu amiga… y menos de su hermano…
Arrugué un poco el ceño, no estaba segura de poder interpretar eso, pero me parecían ¿celos?
- No hemos tenido precisamente tiempo de hablar… - aclaré y lo escuché reír, e inmediatamente me sentí fulminada por mis propias palabras.
¿Qué era lo que me pasaba, que no podía tener la ropa interior puesta delante de él? Inevitablemente, siempre terminaba arrojándome a sus brazos, ya fuera con palabras o con hechos.
- En eso tengo que darte la razón… - dijo con esa voz melosa y destroza elásticos que tenía.
Abrí los ojos sorprendida, ante mis propios pensamientos.
- ¿Izzy?... – preguntó ante mi silencio.
- ¿Sí?... – me sentí descolocada, extraña, el corazón me latía con fuerza, y todas las sensaciones que habíamos compartido esa misma tarde, se condensaban en mi vientre.
- Pensé que se había cortado la llamada… - me aclaró.
- No… sigo aquí… todavía… viva… - resoplé.
Nuevamente se estaba riendo.
- ¿Qué pasa?... – insistió.
Tomé aire y llené mis mejillas con él, de alguna manera estaba intentando contenerme, porque sabía que estaba a punto de soltar uno de mis peculiares monólogos.
- ¿Izzy?... – insistió él.
Y lo había logrado, ahí estaba yo soltando el aire, y con él mis pensamientos.
- Es que no quiero parecer una chica ligera contigo… - ahí iba, disparada por un cañón – aunque en realidad me siento muy ligera cuando estoy contigo… lo que quiero decir, es que quiero y me muero por estar contigo, pero no quiero que parezca que no sería así sólo contigo…
- Izzy… - habló, pero para mí era como si no lo hiciera, una vez que abría la boca en medio de lo que me inquietaba, no era capaz de callar.
- … sé que empecé a salir con tu hermano, y sé que los hermanos deben contarse todo, más si son tan hermanos como son Tom y tú…
- ¡Izzy! – intentó, pero yo ya iba cuesta abajo.
- … y me gustaría que lo que pase, si pasa, entre nosotros, no se compare con lo que haya pasado con tu hermano… - terminé.
Me quedé en silencio esperando su respuesta, pero esta no llegaba. Miré la pantalla del teléfono y me di cuenta que la llamada se había cortado, o bien la había cortado él.
Sentí un dolor tan fuerte en el pecho cuando comprendí aquello, y no pude evitar pensar que Bill no había entendido lo que quería decirle, o simplemente lo había entendido, sólo que, como me temía, me consideraba una descocada.
Sentí las lagrimas acumularse en mis ojos, y me mordí el labio intentando contenerlas.
En ese momento el teléfono volvió a sonar y pude ver su nombre nuevamente en la pantalla.
"Es cruel como me quemas, amo como me lastimas"
- ¿Si? – me apresuré a contestar, sin poder evitar que la ansiedad se filtrara en mi voz.
- ¿Ya te has calmado? – me preguntó.
- Casi… - las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas.
Y no sabía si era de alegría.
- ¿Qué tal si hablamos mañana por la noche? – me preguntó.
- ¿Mañana? – le pregunté yo.
- Sí…
Me sentí, de pronto, en medio de una especie de sueño del que no quería despertar.
- Bien… mañana por la noche entonces… - sonreí, a pesar de las lágrimas que aún caían.
Ambos nos quedamos en silencio. Y había una enorme carga emocional en ese silencio. Había tanto que decir, pero había también una necesidad inmensa de esperar.
- Tengo que volver con… mis amigos… - dije con suavidad.
- Claro… - aceptó.
Quise cortar, pero no me era posible.
- ¿Izzy?... - preguntó entonces con cierta ansiedad.
- ¿Sí?... – mi respuesta fue idéntica.
Y otra vez un pequeño silencio, sigiloso y sutil, para dar paso a su voz que se arrastro sensualmente por mi oído, recorriéndome por completo.
- Que tengas una buena noche…
- Tú también… - susurré yo
Y aunque tenía ganas de decirle, que sólo a su lado sería buena, me mordí la lengua.
Lo escuché sonreír.
- Nos vemos mañana sobre las ocho, ¿te parece?... – preguntó.
- Sobre las ocho… - asentí.
Ninguno de los dos quiso decir adiós. Él cortó la llamada unos segundos después. Y yo me quedé apoyada contra la puerta, con las sensaciones a flor de piel. Hasta que dos golpes pequeños me hicieron regresar de aquel mundo de sueños en el que ahora vagabundeaba.
Abrí y me encontré a Helen.
- Bob se ha ido… - me anunció, entrando en mi habitación.
Y de alguna manera sentí que podía respirar tranquila.
Continuará…
Ainsss que llamada más linda ¡!... me quedé toda "suspirosa"
Aunque ahora vienen parte de las conclusiones. Qué pasará con Bob?... qué habrá pasado con Tom?... cuánto habrá escuchado Bill?.. qué clase de cita tendrán mañana?... estas y otras preguntas, encontrarán respuesta en los capítulos siguientes… jajjajaja… que mala…
Me encanta Isabelle, creo que ha cubierto otra de las facetas que tenemos las fans, ese punto en el que no sabemos cómo, pero Bill se apodera de nosotras.
Espero que disfrutaran leyendo y que me dejen sus mensajitos.
Besitos
Siempre en amor.
Anyara
