CAPÍTULO 013
Richard se fue despertando poco a poco. Notó como su brazo se aferraba a un segundo cuerpo. Cálido. Tan suyo. Se acercó más a él, hasta que su rostro, se escondió en el hueco de aquel cuello. Se apretó. Aspiró. El aroma a vainilla lo atontó. Casi al final, un pequeño toque a cereza, lo hizo enloquecer. Besó un centímetro de su piel. - Rick... - Kate se giró hacia él, hasta quedar frente a frente.
- Creo que me acabo de meter en un problema, ¿verdad agente? - intentó quitar importancia a su pequeña caricia.
- ¿Qué hago contigo, eh? - se sonrojó.
- Podrías quererme un poquito... - se encogió de hombros.
- Es complicado...
- Ya, lo sé. Esto es tu trabajo, pero... - se pusó bocarriba y bufó - Me gustas Kate. Me gustas mucho.
- Se te pasará. Seguro. - dijo restando importancia a sus palabras.
- No, Kate. Esto que siento no se pasará así como así. Puede que tú puedas controlar lo que comienzas a sentir por mí, pero yo no soy capaz. Y esto no es algo de un día. Me conozco.
- Puede que sea una más de tu lista infinita...
- No sé qué tipo de perfil te han pasado de mí, pero no existe esa lista infinita.
- No quiero que esto perjudique a mi trabajo.
- No tiene por qué hacerlo.
- Sentir algo por ti no ayuda, Rick.
- ¿Reconoces que sientes algo por mí? - la miró emocionado con aquella pequeña declaración.
- Rick...
- ¡Oh, vamos! Yo siento por ti, Kate. Siento algo. Aún no se puede llamar amor pero sé que quiero estar contigo. Lo sé. - acarició su mejilla.
- Vale, reconozco que yo también quiero estar contigo. Me gusta estar a tu lado. - sus mejillas se llenaron de un tono rojizo.
- No ha sido tan complicado. - sonrió.
- Pero...
- ¡Oh! No lo estropees...
- Rick... Soy tu guardaespaldas. Sentir esto... Lo único que va a hacer es perjudicarte. Bajaré la guardia. No podré cuidarte.
- Me cuidarás mejor.
- ¡No tienes remedio! - le dio un pequeño golpe en el brazo.
- Dame un motivo real, fuera de tu trabajo, para no dejarnos llevar. - pidió suplicante.
- No quiero ser una más, Rick. No soy de esas chicas. - lo miró con completa sinceridad, con el corazón en la mano.
- Nunca te compares con nadie. Porque eres mi milagro, Kate. - apoyó su frente en la de ella. Rozó su nariz con la suya. - Me muero por besarte. - susurró.
- Yo... - se tensó.
- ¡Lo siento! - se incorporó de la cama y se rascó la cabeza, agobiado - No he pretendido sonar a desesperado. O presionarte. ¡Jamás haría algo así! ¡Joder! - desesperado - Voy a por Alexis y si quires nos vamos ya. - salió de la habitación corriendo. Kate sintió que un trocito de su corazón se rompía al sentirse la responsable de aquella actitud de él.
La vuelta a casa se vivió en el más estricto silencio. Varias sonrisas forzadas y un rato de atenciones hacia la pequeña hicieron el trayecto algo más ameno. Mientras, en otra parte de la ciudad, un hombre, junto a su secuaz, mantenían una conversación tensa e intensa.
- ¿Me puedes decir qué es lo que ha pasado esta vez?
- No lo entiendo. Coloqué los documentos en el despacho que me indicaste. Llamé a la policía. Luego estuve escuchando con un amplificador de frecuencia lo que comentaban los policías al salir de la casa. No habían encontrado nada.
- ¡No puede ser! - golpeó en la mesa.
- ¿Y si lo descubrieron?
- Por tu bien espero que no. No podemos levantar sospechas de ningún tipo. Ya han empezado a darse cuenta del blanqueo económico.
- No creo que se den cuenta. - resopló dubitativo.
- Cualquiera con un mínimo de inteligencia podría sospechar.
- Siempre has dicho que son realmente torpes. Ninguno con la astucia de su abuelo.
- Hasta el más de los estúpidos dudaría de la conexión.
- ¿Seguimos con el plan?
- Sí, continuamos con lo mismo. Esta vez intenta que las cosas salgan mejor. O voy a empezar a sospechar de ti.
- ¿De mí?
- No me traiciones, porque aquí una traición se paga con la muerte. - sentenció con firmeza el hombre que estaba dispuesto a acabar con Richard y con toda su familia.
Cuando Kate y Richard llegaron a casa, se sorprendieron al ver a James en las escaleras de la puerta principal. Sin mucha previa conversación, dejaron a Alexis junto a su abuela y se reunieron en el despacho.
- Alguien está blanqueando dinero. Creemos que ha entrado desde la red para vaciar dos cuentas. - explicó Richard.
- Vale. - asintió James frente al ordenador.
- ¿Crees que podrías echarnos una mano? - Kate.
- Sí, por supuesto. Lo único que os pido es algo de paciencia. No suele ser muy fácil. Imagino que habrán tomado precauciones. - los miró algo nervioso.
- Ya... - Richard dio vueltas por la habitación - No pensé en ello.
- Tampoco nos retrasará mucho, pero, quizá, en un día no pueda conseguirlo. Solo es eso. - James.
- ¿Tienes prisa por algún motivo en especial? - preguntó Kate al ver cierta decepción en Richard.
- Solo quiero demostrar que yo no tengo nada que ver. - Richard intentó evitar la mirada con ella. Algo que para la agente no pasó desapercibido y le molestó. Mucho más de lo que hubiese deseado.
James permaneció toda la mañana trabajando en el ordenador sin mucho éxito. Richard terminó desesperado y los abandonó poco antes de que el amigo de Paula se fuese a casa. Kate se dejó llevar por sus impulsos y fue justo en la dirección donde su razón gritaba un 'no' en mayúsculas.
- Abuela, si eres tú, estoy intentando dormir. - Richard al escuchar un toque en su puerta. Kate entró.
- Supongo que aún no has cerrado los ojos si puedes hablar.
- Estaba en ello.
- No has probado bocado y prometiste a tu abuela que comerías algo.
- No tengo hambre.
- Rick...
- En serio, Kate. No tengo ganas. Y tampoco tengo ganas de pelear contigo o discutir o sacar mi humor mordaz. Mucho menos ser el muro en el que se estampe el tuyo. - se tapó la cara con uno de sus brazos.
- Estás raro desde que hemos salido de mi casa. Desde esta mañana.
- Muchísimo menos, tocar ese tema. - se giró hacia la ventana.
- Me dices que has cambiado pero este comportamiento es exacto al que tengo en el perfil. - le informó enfadada.
- Si tú lo dices...
- ¿Todo esto es por el beso que no te he dado? ¿Eres tan niñato como para reaccionar así? - gritó.
- ¡No! - saltó de la cama y se plantó ante ella - ¡Claro que no! - la agarró por los brazos - Esta es mi actitud para mantener la distancia que me pides, para no hacerme ilusiones, para controlar lo que siento por ti, no perder los papeles y no besarte como lo estoy deseando. - la soltó y se dio media vuelta, acercándose hacia la ventana - Solo es eso... - susurró.
Kate sonrió. Se alegró de saber que no solo ella estaba pasando por un calvario. Cerró el pestillo de la puerta y se echó en la cama. Richard se volvió al escuchar el ruido de la cama. - ¿Qué haces?
- Descansar. No quieres comer. Y es hora de la siesta. Podemos dormir un rato.
- ¿Juntos?
- Anoche ya lo hicimos. Podemos compartir cama. Además, así me facilita mi trabajo.
- Ya... Pues yo pienso que no es buena idea.
- ¿Por qué?
- ¿Estás bromeando?
- No...
- Kate... Da igual. - se echó en el otro lado de la cama, dando la espalda a Kate. Manteniendo las distancias - Descansemos, como tú dices.
- ¿No piensas abrazarme? - se giró para verlo.
- No.
- Anoche lo hicimos.
- Si, pero anoche, era anoche. Hoy es hoy. Y no puedo seguir tentando a la suerte.
- A mí me gustó.
- A mí también. Eso no lo pongas en duda.
- Te puedo abrazar yo a ti. - se acercó y lo abrazó.
- Kate... - susurró.
- Shhh...
- En serio...
- Quizá, tú también seas mi milagro, aunque tenga miedo. - se abrazó más a él hasta que Richard se dio la vuelta. Sonrieron. Kate se giró y Richard la abrazó, entrelazando sus piernas.
