Pequeña nota antes de empezar el capitulo. Ahora que recuerdo, nunca mencione como se veía físicamente Alessio (Cavallone Primo), para los curiosos, pueden buscarlo en Google. Hay varios fanarts de un Primo Cavallone y todos comparten los mismos rasgos. Tanto así que por momentos llegue a pensar que el personaje era oficial. Es como un Dino del futuro con cabello negro.

Eso es todo. Disfruten del capitulo.


Capitulo XI

"Tercer año, parte I: ¡Hahi! ¡Destruye el corazón de las chicas!"

- Estoy bien, enserio - repitió por lo que le pareció la millonésima vez ese día. ¿Por qué no le creían? Si, vale, admitía que había estado muy grave, que estuvo en coma una semana, que había perdido mucha sangre y que por poco "no la cuenta"; pero ahora estaba bien, lo suficiente para que lo dejaran libre y sin esas exageradas restricciones medicas.

- Sin pucheros, Giotto. Los médicos no te han dado permiso para salir.

- ¡Pero Alessio! - se quejó con mohín infantil - ¡Tengo que ir! ¡No será mucho tiempo y además-

- Nada Giotto - sentenció el Cavallone con fuerte voz que hizo que Giotto diera un pequeño brinco y bajara la cabeza como niño regañado. Ante tal vista, Alessio suspiró con pesadez para luego preguntar - ¿Por qué tan empeñado en ir? La última vez que te invitaron escuche que G tuvo que arrastrarte por la mansión para que fueras.

Y hablando de G, Giotto apostaba que el pelirrojo se encontraba en camino hacia aquella residencia. Conociendo a la tormenta, de seguro se habría escapado desde hace rato ya.

- Esta vez es diferente.

- ¿Y por qué es diferente?

- Porque… - se detuvo a media frase, no del todo seguro de decir la razón o no. Alessio arqueó una ceja esperando una respuesta, y entre ese gesto tan común a los ojos de otros, Giotto pudo notar una tenue punzada de dolor en la mirada contraria. En esos momentos, el rubio se sintió increíblemente culpable de su actitud infantil hacia la persona que consideraba un hermano mayor. Alessio le había ayudado, arriesgando su propia vida en el proceso y él se lo agradecía de esa forma.

- ¿Giotto?

- Lo siento - se disculpó el joven Vongola con la mirada baja - Lo siento, después de todo lo que pasó te sigo causando problemas. Perdón, Alessio, pe-

Su habla cesó cuando sintió una firme pero cariñosa mano despeinando sus cabellos. Al alzar la vista, Giotto se encontró con la reconfortante sonrisa del mayor.

- Ya, ya. No es necesaria tanta disculpa - dijo - Además, teniendo en cuenta que fecha es mañana, lo normal es que te encuentres frustrado por tú situación actual.

Giotto se alivió al ver que Alessio lo entendía y le dio una pequeña pero cálida sonrisa de agradecimiento.

Después de todo, mañana se cumplían tres años de la llegada de los niños a la familia.


"Sal, sal, sal" rogó mentalmente "Por favor, sal"

Tsuna entreabrió lentamente un ojo para luego suspirar de forma pesada, sus ánimos cayeron todavía más de lo que por sí ya estaban. Lo había intentando durante dos semanas, todos los días sin ningún éxito.

No lograba sacar ninguna llama de última voluntad. Ni siquiera un minúsculo brillo que le indicara que estaba al menos más cerca de lograrlo.

Nada. Simplemente nada.

Con cansancio, se dejó caer en el verde pasto del patio Vongola y volvió a repetir en su mente las palabras que le había dicho Ricardo cuando se encontró con él tratando de sacar una flama como loco desesperado.

"Imagina tú voluntad en forma de llama"

¿Acaso su voluntad era tan débil que no lograba expresarla en algo poderoso como un fuego de aquellos? ¿Era eso? ¿Qué pese a todo lo ocurrido seguía y seguiría siendo el mismo "Perdedor Tsuna" de siempre?

Negó con la cabeza frenéticamente. Si Ricardo se enterase de lo que pensaba, seguro y le daría un buen golpe por atreverse a formular tales ideas de debilidad. Aunque bueno, Tsuna no era como él o Xanxus, no podía evitar dudar de su propia fortaleza. Si es que realmente tenía alguna, claro está.

Al menos le quedaba la alegría interior de ver que Giotto y los guardianes mejoraban con rapidez. Porque, después de aquella tortuosa semana donde se había encontrado llorando todas las noches debido a que el joven cielo no despertaba del coma al que entró poco después de llegar a la mansión Vongola, luego de esa semana de infierno, los momentos actuales eran un paraíso.

Y una razón para pulir su determinación, ya que, para bien o para mal, sabía que esos momentos no durarían para siempre.


- ¡¿Cómo que no está?! - gritó encolerizado y con unas irremediables ganas de darle una patada en la espinilla al guardián Varia frente a él.

Al ver que el cabrón ni siquiera borraba esa molesta sonrisa de su rostro, decidió que en definitiva lo golpearía luego de que le dijera porque demonios G no se encontraba en su cuarto descansando como debería de estar.

- Ishishi*, como te lo dije, no está. Se ha de ver escapado o algo por el estilo.

"Reverendo hijo de…" Gokudera estaba que se lo llevaba el demonio (Y no, no se refería a su tío Daemon o a la representación del diablo que era Ricardo). A la tormenta de Varia no parecía importarle en lo más mínimo que la persona que tenía que ayudar a cuidar se hubiera marchado, y eso, cabía decir, lo enfurecía en el fondo de su alma.

- Creí que los Varia completaban siempre eficazmente sus misiones - comentó entre dientes y con claro tono de desdén - Ahora veo que "siempre", no resulta ser la palabra más indicada. Deberían cambiarla por "frecuentemente".

La sonrisa del mayor se borró al instante y, si no fuera por el largo pelo rubio que le cubría los ojos, Gokudera hubiera podido jurar ver una mirada asesina en la expresión de Angelo*.

- Yo que tú cuidaba mis palabras. G no está aquí para salvarte.

La burlona sonrisa volvió a aparecer y esta vez, Gokudera percibió peligro mezclado en las palabras dichas.

- ¡¿Me estas amenazando?!

- Ishishi, ¿qué no eras tú el niño genio? - dijo divertido - Entonces usa tu cerebro.

- ¡Tú! - exclamó mientras sacaba explosivos que tenia escondidos en la ropa, decidido a aventarle unos a la persona frente a él. Ciertamente no era ni la sombra de G, pero al menos podía lanzarle dinamitas al Varia y esperar que alguna le diera.

Y eso estaba a punto de hacer hasta una voz conocida lo detuvo.

- ¡G-gokudera-kun, alto!

Suerte que Tsuna aparecía siempre en el momento indicado para evitar que hiciera algo demasiado loco o peligroso.


- ¡¿El tío G se escapó?! - gritó incrédulo Tsuna mientras trataba de igualar el rápido andar de Gokudera por los pasillos y escaleras de la mansión. En respuesta a su pregunta, el de cabellos plateados asintió con la cabeza después de detenerse a tomar un poco de aire y esperar a que el castaño lo alcanzara - Pero, ¿por qué?

Gokudera bufó antes de contestar.

- ¡A saber! - se quejó, enfadado de solo recordarlo - ¡El maldito no está del todo sano aún como para andar paseando libremente, joder! ¡¿En qué demonios piensa?!

Tsuna no respondió, en cambio se limitó a sonreír de forma nerviosa y hacer movimientos con las manos para tratar de calmar a su compañero.

- B-bueno. Mejor seguimos con nuestra intención de preguntarles a los demás. Alguno tiene que tener una idea de donde pudo haber ido ¿no?

Antes de que Gokudera pudiera siquiera asentir, el sonido de unos pasos resonando por el pasillo llamó la atención de ambos. Como en un mutuo acuerdo, los dos se metieron al primer cuarto que vieron y entrecerraron la puerta dejando lo suficiente para poder ver sin que se notara mucho que ésta estaba levemente abierta. Estaban en una misión de "espionaje" para averiguar dónde podría haberse ido G después de todo, no podían dejar que los demás habitantes de la mansión los vieran y, todavía con el shock mental de hace unas semanas, los mandaran a sus habitaciones sin dejarles opción.

- Sigo sin entender porque estoy ayudándote en esto - la voz de Alessio se alcanzó a oír. Tsuna parpadeó confundido; el jefe Cavallone era quien se había ofrecido a ayudar en la recuperación de Giotto, aunque eso significara estar fuera de su propia casa y quedarse temporalmente con los Vongola. No es que a alguien le molestara (aunque Alaude lo llegara a negar, no le disgustaba la presencia de Alessio ahí), de hecho el tenerlo cerca era agradable. Por eso mismo, al menor se le hizo extraño escucharlo andar cerca del pasillo que daba a las escaleras de la entrada principal.

- Amm, porque me quieres, ¿tal vez? - contestó la clara tonalidad de habla de Giotto.

Gokudera se quedó petrificado por unos momentos y Tsuna estuvo a punto de desmayarse si no fuera porque la preocupación que le recorrió de pies a cabeza lo mantuvo en sus cinco sentidos. ¿Qué hacia su padre fuera de su habitación? ¡Aún no estaba totalmente recuperado! ¿Y si le pasaba algo? ¿Y si por el esfuerzo volvía a caer en ese estado de "sueño profundo"?

La oleada de recuerdos de ese día invadió su mente en segundos y lo alejó de la realidad.

.

- ¡Tsunayoshi! - alguien decía su nombre, apenas lo lograba entender, apenas lo lograba captar - ¡Tsunayoshi! ¡Maldita sea, mírame!

Unas fuertes manos sostuvieron su tembloroso cuerpo y lo obligaron a mirar hacia arriba. Todo el mundo se veía borroso, las figuras de la gente eran machas difusas y sus voces se perdían entre su propio llanto que resonaba en sus oídos.

- ¡Tsunayoshi!

Conocía la voz, ¿de quién era? Tal vez si dejaba de gritar la escucharía mejor y así la reconocería. Pero no podía, así como tampoco podía evitar que su cuerpo titiritara una y otra vez tan fuerte que incluso parecía convulsionarse. No cuando su familia estaba en ese estado, no cuando la persona que le dio un nuevo significado a la palabra "padre" yacía envuelta en rojo de su propia sangre.

- ¡Ricardo! ¡Esta en shock, gritarle de esa forma no solucionara nada!

- ¡Cierra la boca Cavallone!

- ¡Pero Ricardo!

Las vagas sombras se movían en su blanquecino ambiente y los sonidos seguían sin llegar en su totalidad a sus oídos. Para su desgracia, aún y con todo, logró entender palabras pronunciadas al aire que empeoraron su estado mental.

"Mucha sangre"

"Riesgo mortal"

"Mare"

"Trinisette"

"Emboscada"

"Arcobaleno"

"Desmayo"

"Estado de coma"

"Pocas probabilidades"

El mundo daba vueltas, el mundo se derrumbaba, el mundo se rompía, su hogar desaparecía. Como hace dos años. Como hace dos años.

Gritó. Una y otra vez. Gritó.

De desesperación. De miedo.

Hasta que un nuevo sonido retumbó en su cabeza por sobre su chillido, acompañado de un dolor ardiente en su mejilla.

De forma casi robótica, se llevo la mano hacia su cara confundido. Cuando logró enfocar a la persona frente a él, unos ojos rojos lo miraron impasibles.

- Deja de sollozar, basura. Llorar nunca sirvió de algo en estas situaciones.

- ¿X-xanxus?

¿Cuándo fue que él se le acercó tanto? ¿En qué momento? ¿Acaso estuvo junto a los Varia todo el tiempo y apenas notaba su presencia?

Sea como fuese, el verlo ahí, con esa misma aura amenazante y vigorosa que la del jefe de Varia, le dio una extraña sensación de tranquilidad. Como si el tener a alguien con esa fortaleza de tu mismo lado te contagiara parte de su vitalidad y resistencia. Se preguntó si Giotto sentía lo mismo cuando luchaba lado a lado con Ricardo.

Giotto. Ricardo. Lucha. Sangre. Muerte.

Todo volvió a caer de peso sobre él, pero esta vez no cedió ante la locura agonizante. Logró serenarse lo suficiente como para, detrás de Xanxus, distinguir a Ricardo con una media sonrisa mirando a su dirección.

-Agradece que fue él y no yo quien te golpeó. Uno mío y hubieras terminado estampado en la pared.

- T-tío Ricardo - tartamudeó, todavía al borde del llanto - Papá, papá ésta…

- Estará bien.

- ¡P-pero…!

- El infeliz comparte la misma sangre que yo - dijo, ampliando más su sonrisa que ahora tenía tintes socarrones y de un casi imperceptible orgullo - Es fuerte. Estará bien.

Lo creyó. Era imposible no creerlo, y menos cuando se lo decían con tono seguro que no dejaba entrada a dudas.

Lo creyó. Tenía que ser verdad. Era verdad.

.

- ¡Si los médicos se enteran me mataran! - el tono cómico en el que Alessio expresó su queja regresó a Tsuna a la realidad. Gokudera también pareció volver de una especie de ensueño, ya que parpadeo un par de veces antes de sacudir la cabeza.

- Estoy seguro de lo entenderán - contestó divertido Giotto.

- A diferencia de ti, yo no creo en eso. Sin mencionar que G se escapó solo para ir ahí.

Gokudera estuvo a punto de caerse. ¿Qué G qué?

- No me esperaba menos de G.

- Cuando lo vea, me tendrá que escuchar.

Las voces se fueron disipando conforme las dos personas se alejaban y bajaban por las escaleras. En pocos instantes después, se escuchó el sonido de la puerta abriéndose y cerrándose, dejando un profundo silencio en el aire.

Tsuna y Gokudera se miraron el uno al otro antes de salir de la habitación a trompicones y bajar a todo galope. Cuando abrieron la puerta, solo lograron divisar un transporte que se alejaba de la mansión.


- ¡Por favor, Mukuro!

- No lo haré.

- ¡Te lo ruego!

- No es no.

- ¡Deja de hacerte del rogar, cabeza de piña!

- Kufufu, ahora menos - sentenció Mukuro con una forzada sonrisa en la cara. A su lado, Chrome solo pasaba su mirada entre Tsuna, Gokudera y el ilusionista.

- ¿Por qué quieren algo así? - se atrevió a preguntar la niña. Desde que estaba con los Vongola, se atrevía a hablar un poco más que antes. Aún era tímida claro, pero había dejado los extremos.

- Porque…

- Bueno…

Mukuro tuvo ganas de rodar los ojos. El dúo frente a él podía ser desesperante cuando lo quería.

- No pueden esperar que le pida a uno de los subordinados de Padre que los lleve en transporte a quien sabe donde sin saber el porqué.

Tsuna admitía que Mukuro tenía un punto. Después de que él y Gokudera aceptaran que era imposible seguirle el paso al vehículo donde se encontraban ambos Capos*, se les había ocurrido seguirles el paso en una carrocería igual; suerte para ellos que el Tío Daemon era un aristócrata de los más altos que había, y que Mukuro tenía todo el derecho de pedirles a los subordinados del Guardian de la Niebla lo que quisiera. Así, corrieron por toda la mansión hasta encontrarse con el pequeño ilusionista que se encontraba leyendo algo en la biblioteca con Chrome a su lado.

- ¿Entonces? - inquirió Mukuro esperando alguna explicación por parte de ambos. Tsuna se rascó la cabeza, indeciso.

- Bueno, es que… - comenzó dubitativo el castaño, pero antes de que pudiera seguir hablando, el sonido de unos pasos seguido de una conocida risa hizo que todos voltearan a la puerta de la biblioteca.

- Nufufu. Ellos quieren un vehículo para tratar de seguir al que acaba de salir hace unos minutos con Primo y Alessio en él. Vehículo que por cierto va a donde G está.

Tsuna no sabía si estar sorprendido de lo rápido que Daemon había leído sus intenciones o de lo impresionantemente recuperado que se veía la Niebla. Sin duda, las palabras de Ricardo para describirlo como "él tiene la resistencia de un verdadero demonio", eran acertadas en su totalidad.

- ¿A dónde se fueron? - preguntó Mukuro contrariado. Si mal no recordaba, los médicos en su afán de preocupación por los Guardianes, les habían prohibido dejar la mansión durante unos días más.

- A recoger algo en cierto lugar que es tortura auditiva - respondió el ilusionista mayor.

- ¿Tortura auditiva? - esta vez fue el turno de preguntar de Chrome. Daemon asintió con un ligero estremecimiento que recorrió su espalda.

- A otro "recital" de las Franschesco.


"Dios, ten piedad de mis oídos" pensó G a punto de empezar a darse de golpes contra la pared. "Mozart ha de estar maldiciendo en su tumba".

Le faltaba poco para mandar al infierno todo (y no, no se refería al "infierno" que era la mansión Varia, lugar donde vivía el Diablo Ricardo), interrumpir la cacofonía de notas que era un insulto para uno de los mejores compositores de la historia y decirle a las Franchesco que dejaran de joder y le dieran lo que vino a buscar.

Por suerte, Giotto llegó a tiempo para detenerlo de realizar aquello.

- ¡G! - gritó el rubio alegre de la vida. G alzó la mano para saludarlo, mano que se quedó congelada al notar que detrás de su amigo se encontraba un Alessio de brazos cruzados y cara de pocos amigos.

Auch. Lo que venía iba a doler.


"Llévalos y cuídalos como si tu vida dependiera de ello. No quiero que los pierdas de vista hasta que estén con sus respectivos guardianes."

No tenía que pensar muy detenidamente para poder entender bien que esas palabras se podían resumir en un claro: "Les pasa algo y te mueres". Aunque bueno, siendo alguien que había estado años bajo el mando de Daemon Spade, ya se había acostumbrado a situaciones como esa y mucho peores. Si acaso lo único extraño del asunto era que Sr. Spade hubiera accedido a la petición de los menores de que los llevara al lugar donde estaban sus padres. Hasta el demonio tenía su toque de gentileza y amabilidad de vez en cuando.

El joven hombre miró hacia atrás para ver lo que los "niños" (sí, a su vista ya no eran tan infantes, pero tampoco tan mayores) hacían. Ambos volteaban a todos lados a través de las ventanas y observaban con grandes sonrisas los alrededores. La zona que cruzaban era de personas de alta cuna y las casas eran impresionantes, era normal que se sintieran fascinados.

Cuando a lo lejos pudo empezar a divisar las luces de la mansión de las Franchesco, suspiró y palpó con una mano su bolsillo para asegurarse que el papel para taparse los oídos seguía ahí. Después de todo, no quería que su visión de las composiciones de Mozart cambiara mucho.


Sabía que alguien de su estatus no tenía derecho a opinar sobre la representación, pero aún así no podía evitar desear que por favor ésta terminara pronto. Aunque ya estaba acostumbrada a las cacofonías de las hermanas, una cosa era escucharlas de vez en cuando "practicar" en el jardín de la casona, y otra muy diferente era estar encerrada en la sala durante horas con los sonidos chirriantes que emanaban de sus instrumentos.

Aki Miura suspiró una vez más mientras se dirigía hacia la zona de comida con bandeja en mano, llena de nuevos pastelitos delicadamente decorados. Las ganas que tenia de comerse uno, lástima que al ser de la servidumbre de la casa no pudiera probar alguno.

Dejó la bandeja en la mesa de postres y sus ojos se detuvieron un momento en las fuentes de chocolate, vainilla y fresa que estaban colocadas a mitad de ésta. Las fuentecillas habían sido puestas para que los comensales pudieran bañar de jarabe las diversas frutas y panecillos que estaban alrededor, y sobraba decir que se veían deliciosas.

- Sólo pido una fresa con chocolate, ¡sólo eso! - dijo para sí misma de una forma cómicamente angustiante.

- ¿Gustas? - la voz que vino detrás de si la hizo dar un brinco y soltar un pequeño "¡Hahi!". Suerte que ya no llevaba la bandeja llena de comida o le pudo a haber ido mal. Volteó para atrás al tiempo que una suave risa llegaba a sus oídos - Perdona. No era mi intención asustarte.

Y en ese momento fue en el que miró a un joven con una cálida sonrisa, cabellos rubios disparatados y una brocheta de fresas cubiertas de chocolate en la mano.

- Puedes tenerla si quieres. Yo siempre puedo agarrar otra y no creo que los anfitriones se enojen si soy yo quien te la ofrece.

Otra sonrisa más, y esta vez Aki juró que sintió un pequeño nudo en el estomago, aunque inmediatamente lo asoció con el hambre que tenia y el antojo de las fresas.

- ¿S-seguro?

- Por supuesto, tómala.

En el breve instante en que tocó la mano del contrario para tomar la brocheta, Aki se sintió como en uno de esos hermosos cuentos de hadas que adoraba leer. Era como si la perfecta encarnación de un príncipe hubiera salido de las hojas de papel y se posara ante ella. Y tal vez esa persona realmente era uno, por las finas pero no tan ostentosas ropas que parecía vestir.

- ¡Gracias Joven Príncipe! - y sí, no dudo en llamarlo de esa forma. En respuesta, su acompañante parpadeó un par de veces antes de reír nerviosamente.

- No me llamaría exactamente "príncipe". Pero de nada.

- Si no es un príncipe, ¿qué es? - preguntó inocentemente. Para su desgracia, la respuesta no llegó, ya que en ese momento se escuchó un sonoro "¡Primo!" que provenía de otro joven de cabellos rojos y tatuaje de llamas.

Lo último que vio del caballero de las fresas, fue un rastro de su pelo rubio y un "¡Lo siento, tengo que irme!" antes de que corriera entre la multitud y se perdiera de vista.


- ¡No los puedo dejar pasar-ssu!

- ¡¿Eres estúpida o qué?! - exclamó de mala gana - ¡Ya te dijimos que vinimos con los Vongola!

- ¡Ustedes pueden ser criminales que solo quieren engañar a Haru!

- ¡Realmente eres solo una niña estúpida!

- ¡Hahi! ¡Haru no es una niña estúpida!

Tsuna ya se estaba empezando a cansar de ese intercambio de palabras. Le dirigió una mirada de auxilio al subordinado de Daemon que estaba en el comienzo de las escaleras observándolos divertido. El hombre negó con la cabeza ante su petición como si dijera: "Mi deber es sólo acompañarlos, ustedes tienen que arreglárselas para entrar"; cosa que sería mucho más fácil si la menor de las Franchesco, quien se había aburrido del recital de sus hermanas y salió a la entrada principal para ver los elegantes vehículos en los que habían llegado los invitados, no estuviera ahí.

Bueno, cabía destacar que el carácter de Gokudera tampoco ayudaba mucho a que la niña creyera que venían con los afamados y bondadosos Vongola. Tampoco estaba a su favor que no vestían exactamente con sus ropas de gala; pero bueno, no todos podían ser Daemon o Mukuro, que se pusieran lo que se pusieran, se veían elegantes.

Cuando ambos niños de su edad empezaron a subir su tono de voz en su discusión, Tsuna supo que solo quedaba una forma para entrar.

- G-gokudera-kun - susurró en el oído de su amigo, quien dejó de gritar para poder escucharlo mejor mientras la niña los miraba con ojos suspicaces -Tendremos que usar el plan "Lambo". A la cuenta de tres.

Y en exactamente tres segundos, ambos pasaron corriendo como almas que lleva el diablo hacia la puerta abierta de la mansión de las Franchesco, pasando a través de la niña quien estuvo a punto de caerse de la sorpresa, del voceador de los invitados en la entrada y dejando al subordinado de Daemon con los ojos y boca abierta.

El "Plan Lambo" era, literalmente "corre hasta que te alcancen".


- Aquí esta lo que pidió, Signore G- dijo la mayor de las Franchesco mientras le entregaba al peli rojo un sobre amarrillo - Y sobre el pedido, mañana mismo estará llegando con ustedes.

Giotto sonrió de forma alegremente infantil mientras que Alessio suspiró aliviado; ya recibido lo que venían a buscar, podían regresar a la mansión Vongola donde sus nervios podrían relajarse. El Cavallone nunca imaginó que una pieza de los mejores músicos pudiera sonar de esa manera, suerte que las anfitrionas se habían tomado una descanso para entregarle a G lo quería y así evitarles esperar hasta el final de su recital.

Ya todo era paz y tranquilidad.

O al menos fue hasta que escucharon una serie de gritos provenir de la muchedumbre en el salón principal.

"¡Tengan cuidado!"

"¡¿Pero que están haciendo esos niños?!"

"¡¿La que viene detrás de ellos es la pequeña Haru?!"

"¿Porqué los está persiguiendo?"

"¡Van a tirar a alguien!"

En primera instancia, los gritos no sonaban a nada que tuvieran que ver con ellos. Hasta que claro, algo delato de inmediato que los Vongola tenían mucho que ver.

"¿No se parecen mucho a y su mano derecha?"

Y Alessio que pensó que la velada estaba terminada. Que equivocada se había dado.


- ¡Vuelvan aquí, rufianes! - gritó Haru mientras corría a todo lo que le daban las piernas, tratando de alcanzar al dúo que había pasado de ella con tanta facilidad.

A diferencia de sus hermanas, a ella no le interesaba destrozar piezas musicales en eventos privados. Lo que le gustaba era diseñar y hacer vestuarios, de los más extravagantes hasta disfraces. Por supuesto, eso era mal visto tanto por sus padres como por sus hermanas, por lo que siempre que lo hacia lo tenía que realizar en secreto; suerte para ella que su nana personal, Aki, la ayudaba a mantener oculto todo lo que hacía e incluso le llegaba a ayudar en su confección de vestidos. Haru conocía más a la joven moza que lo jamás llego y llegaría a conocer a sus propios familiares, Aki era alegre y simpática, su sola presencia la tranquilizaba e iluminaba su día. Tanto así que le gustaba llamarse a sí misma "Haru Miura", utilizando el apellido que su nana poseía; el hecho de que fueran tan parecidas físicamente le ayudaba en su fantasía de pensar que era familiar de la sirvienta.

Esa noche Aki tenía que ayudar con los preparativos y servicios del recital, por lo que Haru había decidido que vigilaría la entrada para que nadie con malas intenciones perturbara todo. Y falló estrepitosamente dejando entrar a esos dos a la mansión. Tuvo cierto disgusto en especial por aquel que tenía cabello castaño, él fue el de la idea de correr y pasar de largo sobre ella.

Pero Haru lo iba a detener. Costara lo que costara.

Unos metros delante de ella, Tsuna y Gokudera seguían corriendo por el enorme salón chocando con diversas personas; entre buscando a sus padres entre tratando de librarse de la pequeña Franchesco.

- ¡La estúpida niña es persistente! - gritó Gokudera fastidiado - ¡Y sigo sin ver al maldito de G!

En esos momentos Tsuna pensó que no había sido la mejor idea entrar de esa forma, pero lo hecho, hecho estaba y arrepentirse no lo salvaría. Solo tenía que encontrar a su padre, si lo encontraba todo se arreglaría. De eso estaba seguro.

Fue por eso que cuando escuchó un grito increíblemente familiar cerca de ellos sintió que estaba a punto de llorar de alegría.

- ¡Hayato! ¡¿Qué carajo crees que haces?! - si bueno, su Tío G nunca se caracterizó por su educada forma de hablar cuando estaba enojado.

- ¡G! - y aunque Gokudera usualmente corría cuando veía a su padre así de enfadado, esta vez aumentó la velocidad de sus pasos mientras él y Tsuna cambiaban de dirección hacia donde estaba el Guardián de la Tormenta con unos Giotto y Alessio estupefactos a su lado.

Todo era perfecto, hasta que el pequeño peli plateado chocó de bruces con una persona, lo que ocasiono que varias de sus dinamitas que guardaba en su ropa salieran volando por todo el lugar. Y como si la suerte no hubiera demostrado ya que no estaba de su lado ese día, una de las dinamitas salió disparada hacia uno de los candelabros de las paredes.

Era obvio decir que eso terminó en una explosión que retumbó por todo el salón.


Por un momento todo fue humo gris.

Aki tosía mientras movía su mano enfrente de ella para tratar de ver sus alrededores. El nombre de una sola persona hacía eco en su mente.

"Haru"

Había visto a la pequeña correr detrás de los dos niños que habían ocasionado todo el alboroto. Se reprimió a si misma por no ir tras la niña de inmediato y quedarse viendo fijamente al menor de cabello castaño que le pareció la versión en pequeño de su Joven Príncipe Caballero de las Fresas.

La gente a su lado iba de un lado para otro, asustada por la repentina explosión. Tanto así que no se dieron cuenta de ella y la iban empujando de forma brusca que dolía y la desbalanceaba horriblemente, no le ayudaba mucho el tener un bandeja llena de vasos y platos de cristal en una mano.

Cuando el humo se empezó a disipar, lo único que vio antes de sentir que caía fue la cara de un hombre que iba directo hacia ella y la empujó para luego seguir su camino sin importarle nada más.

Y oh dios, la vasija de cristal voló por los aires. Aki supo, con un tremendo nudo en el estomago que no tenía nada parecido del que tuvo cuando vio al joven rubio hace no mucho, que la vasija se rompería encima de ella y terminaría con unos cuantos trozos de cristal en su cuerpo.

Cerró los ojos esperando el impacto. Uno que nunca llegó y que fue remplazado por el sentimiento de unas fuertes manos alrededor de su cintura.

Dubitativa, abrió lentamente los ojos.

Lo que vio le quitó el aliento.

Era aquel mismo caballero de la mesa de postres, el mismo Joven Príncipe que la tenía tomada de un brazo para que evitar la caída mientras que con el otro sostenía la bandeja que contenía los vasos y platos aún meciéndose, señal de que recién habían caído en su lugar. Pero lo que más le llamo la atención en ese momento, fue la llama que manaba de la frente del contrario y sus ojos, que parecían de un naranja más intenso que el que había visto antes.

- ¿Estás bien?

¡Y esa voz! ¿Acaso era su imaginación o la notaba más profunda?

- C-creo que si…

Bueno, la persona más hermosa que jamás había visto la estaba sosteniendo entre brazos. Eso era una muy buena definición de "bien".

- Que alivio - comentó Giotto mientras apaga su llama de última voluntad y volvía a su estado normal. Había entrado en modo Hyper Dying Will para lograr llegar a tiempo con la sirvienta, que de otro modo no lo hubiera conseguido a tiempo - No me hubiera gustado que la Dama de las Fresas con Chocolate quedara herida - y sonrió, mostrando una de sus típicas expresiones tranquilizadoras.

Entonces notó que la joven que sostenía estaba completamente roja.

- ¿E-estas bien?

- Mi corazón de doncella ha sido robado… - habló casi en suspiro. Giotto parpadeo confundido sin entender.

¿Ahora en qué lío se había metido?


Haru estaba asustada.

El sonido de la explosión, las personas que gritaban en todos lados y el observar solo gris la pusieron nerviosa. Se quedo petrificada sin saber qué hacer, dejando que el ir y venir de gente la pusiera en un vaivén del que termino tirada en el suelo siendo pisada por varios zapatos y con un tobillo lastimado por una mala caída.

La noche no podía ser peor.

Cuando el humo que le impedía ver se hubo disipado, su corazón se detuvo al ver que un invitado, bastante obeso por cierto, se tropezaba e iba a quedar encima de ella en poco tiempo. El dolor del tobillo le impidió moverse con rapidez y quiso llorar de solo pensar que quedaría siendo aplastada. Ciertamente no la mataría, pero vaya que iba doler y la dejaría en cama unos buenos días.

- ¡Cuidado!

En ese instante, alguien se abalanzó sobre ella y la empujo para atrás. Lo suficiente para que quedara fuera del peligro del hombre cayéndose, pero a cambio esa persona fue la que quedó debajo del peso del invitado.

- ¡Hahi! - gritó asustada.

El señor se sobó la cabeza mientras se quejaba. Su cara estaba roja de ira y en vez de pararse de inmediato se puso a despotricar maldiciones.

- ¡Pedazo de carne de cerdo, muévete! - Haru volteó hacia la derecha, encontrándose con el niño de cabello plateado a quien perseguía que llegó rápidamente a donde estaba seguido de un hombre que era idéntico a él solo que con cabello y ojos rojos.

- ¡Cállate moco-

Sus palabras fueron interrumpidas cuando G, sin importarle lo mas mínimo su persona, lo jaló y lo aventó hacia otra parte del salón sin la más mínima delicadeza.

- ¡Tsuna! - ante aquella voz masculina, la hermana de las Franchesco volvió a girar su cabeza, esta vez para atrás y se encontró con su querida nana que iba corriendo hacia ella detrás de un joven que le pareció la versión adulta del rufián de pelo castaño.

Hablando del "rufián", era el mismo que se encontraba tirado en el suelo donde el hombre gordo había caído.

- D-duele… - Tsuna habló más para sí mismo que para alguien. Si, había sobrevivido a cosas peores, pero eso no quitaba el hecho de que cuando alguien de más de 80 kilos te cae encima doliera.

- ¡Hahi! ¡Pero si eres tú! - exclamó sorprendida Haru.

- Ah, estas bien - dijo Tsuna, ignorando el comentario de la niña - Que bien, creí que ese señor te aplastaría. Suerte que logre llegar a tiempo - sonrió débilmente, en parte por el momentáneo dolor que no le permitía serenarse lo suficiente.

- ¡Salvaste Haru! - mencionó con pequeñas lagrimitas en los ojos - ¡¿Por qué salvaste a Haru si Haru te perseguía y fue mala contigo?!

Tsuna parpadeó confundido.

- Nosotros fuimos los malos por entrar de esa forma - se excusó - Y aunque tú hubieras sido la "mala", esa no es razón para dejarte abandonada.

¡Pum, pum! Hizo su corazón ante aquellas palabras. Haru sintió como el calor se le iba a la cara y mariposas en el estomago. De pronto, la persona frente a ella dejó de ser un "rufián" y pasó a ser un "héroe de alma gentil".

- ¿P-pasa algo?

- ¡Haru se ha enamorado de ti! - gritó extrañamente emocionada - ¡Eres la primera persona que salva a Haru aunque Haru fue mala con él y lo juzgo mal! ¡Haru estará siempre contigo! - finalizó con voz melosa, mejillas sonrojadas y expresión que reflejaba lo cautivada que estaba. Tsuna juraba que veía el fondo rosa y las flores apareciendo a su alrededor como efecto de película de romance.

- ¡¿Eh?! - fue lo único que fue capaz de decir.


*Ishishi: ¿Les suena conocido? ¡Bingo! Es mi versión modificada de la risa "Ushishi" de Bel para la tormenta de Varia de la Primera Generación. No pude evitar hacerlo, lo siento.

*Angelo: Nombre que se me ocurrió para nuestra querida versión de Bel de los Primeros.

*Capos: Literalmente, jefes.

Ciao Ciao! ElenaMisaScarlet con nueva actualización.

Antes que nada, tengo que decir:

Sí, me declaro culpable. Me gusta el 2786 y no pude evitar poner un poco de esta pareja. Bueno, incluso hice una Haru versión Primera Generación para Giotto. Si, esa es "Aki"(Aki= Otoño en japonés. Haru=Primavera en japonés, cofcof ) En apariencia, me la imagino como la Haru del futuro.

Este capítulo es más que nada un poco de comedia y la introducción al festejo del tercer año. Igual, di unas pequeñas pistas de los temas que vendrán más adelante por aquí, ¿supieron identificarlas?

No tengo mucho que decir, solo esperar que les haya gustado y como siempre, agradecer los favoritos y follows. Me siento feliz por notar que la historia gusta.

Si tienen alguna petición de algo que quieren pase o un personaje que quieran que ponga, no duden en decirlo. Los que he puesto hasta ahora por petición de ustedes me han gustado mucho como quedaron acoplados a la historia.

Ahora sí, eso es todo. ¡Gracias y hasta la próxima!

Atte: ElenaMisaScarlet