Qué viaje han sido estos 4 meses, saben cómo escribí este capítulo? A escondidas en mi trabajo, en casa, buscando aunque fuera sólo 5 minutos para poder escribir una línea o un párrafo completo. Y fue así como pude lograrlo! Graciosa la fecha en que lo termino y publico? Ya lo creo! Tenía el 70% del capítulo desde Octubre y luego las cosas se complicaron, una disculpa a tod s! Y que si dejaré el fic? Para nada! Le debo a Anthony mi perseverencia hasta terminar todo proyecto que lo involucre a este personaje que tanto quiero. Y vienen 3 historias más después de esta, o 4? Quizás ;)
Gracias por su paciencia, yo mismo soy asidua lectora de fics y comprendo a la perfección que no se publique un capítulo mes con mes pero por más que traté no me fue posible hacerlo antes debido a las ocupaciones como profesionista, esposa y mamá.
Aprovecho estas líneas, hoy 24/Diciembre para desearles unas hermosas Fiestas decembrinas y que venga 2015 con lo mejor para todos! (Y más tiempo libre para mí ;) ) GRACIAS!
ETERNO AZUL: REGRESO DE UN VIAJE DISTANTE
CAPITULO XI. SECRETOS DEL CORAZÓN
- Adelante – La mucama se inclinó para dar la bienvenida al joven Andley y al resto.
- Gracias… - Entró Candy un tanto titubeante.
- Qué ocurre Candy? – Sonrió Archie – Esta también es tu casa y más lo será cuando Anthony y tu…
- Archie! – Reclamó.
- Jajaja
- Candy – Le habló Annie en voz baja – Ya le has respondido a Terry? Qué piensas hacer?
- Bueno yo…
- Estoy segura de que Anthony dentro de poco se declarará – Le animó su amiga.
Candy parpadeó un par de veces y comenzó a sonrojarse.
- Qué alegría es estar de vuelta en Norteamérica! – Comentó alguien exaltado a sus espaldas.
- OLIVER! – Gritaron todos.
- Hermosas señoritas, qué afortunado soy de verlas esta noche!
- Qué haces aquí Oliver? – Se adelantó Candy.
- Cómo que qué hago aquí? He venido a cenar con todos ustedes desde luego – Fingió sentirse ofendido.
- Pero Anthony dijo que…
- Y desde cuándo he hecho caso a lo que me dice? – Se alzó de hombros y después meditó en las palabras de la rubia sonrió – Ah! Con que es eso!
- De qué hablas? – Continuó la ojiverde sin entenderle.
- Estás celosa porque ahora que estoy aquí Anthony pasará más tiempo conmigo que contigo eh? – Guiñó su ojo.
- Qué dices?! – Se espantó la rubia.
- No importa, no soy tan celoso, nos dividiremos a Anthony, seguro que tendrá tiempo para ti jajajaja.
- Oliver! – Lo retó Candy con mano en la cintura, cada vez comprendía más lo que el pobre de Anthony tenía que padecer con semejante amigo.
Oliver dejó de reír y vio con un cariño muy especial a la rubia, sonriéndole tiernamente se acercó a ella y le dijo en voz baja:
- Además debo agradecerte por mi amigo, nunca lo había visto tan feliz como ahora.
- Pero si yo no he hecho nada! – Se ruborizó en el acto.
- Quizás no ves la diferencia pero yo sí, debiste conocerlo en su tiempo en Escocia – Guiñó su ojo.
Candy meditó en sus palabras, es verdad, el Anthony que había conocido hace más de 6 años y el actual ciertamente no eran el mismo, pero también es cierto que la verdadera esencia de Anthony seguía intacta, desde que lo había encontrado le había dado pequeños vistazos de ella en momentos muy especiales, con los ojos cerrados sabría que él era el verdadero Anthony, en verdad sería tal como le decía Oliver que ahora era feliz?
- No creo haber hecho tal cosa – Llevó la mano a su mejilla avergonzada – Además Anthony tiene a Grace…
- Cómo?! – Brincó el pelirrojo.
- Lo que digo Oliver es que Anthony y yo somos buenos amigos, nada más…
El chico pestañeó perplejo un par de veces, cómo? Aún no eran novios? Por qué?
- Bueno no importa – Sonrió sin explicarle nada a la rubia – Sólo es cuestión de tiempo.
- Eh? – Ladeó su cabeza sin comprender del todo al pelirrojo.
- Vayamos con Anthony muchachos – Alegre los fue empujando hacia el interior de la mansión – Estará ansioso de vernos.
- Me parece Oliver que no creo que piense lo mismo acerca de ti… - Comentó Candy suspirando resignadamente.
En ese momento una figura apareció caminando rápidamente desde un oscuro pasillo de la mansión.
- Anthony!
El muchacho se detuvo frente a todos, volteó a ver a Candy, cruzando sus miradas por unos instantes, se disculpó con todos brevemente y se marchó.
- Qué ha ocurrido? – Se preocuparon todos.
- Anthony… - Susurró Candy.
- Ni siquiera se percató de mi presencia – Comentó extrañado Oliver.
- Dijo que tenía algo muy importante que hacer – Salió la pequeña Beth envuelta en un lindo vestido blanco.
Candy bajó su mirada un tanto confundida y quizás…decepcionada? Después de todo no podía negar la ilusión y la emoción de verlo nuevamente, en realidad no había sido tanto el tiempo que habían pasado juntos desde su regreso a América y eso lo atribuía a que obviamente él tenía novia y ella era solamente una buena amiga.
Oliver se percató de su tristeza y trató de animarla.
- Descuida Candy, estoy seguro que debe ser algo urgente lo que tiene que hacer, después de todo, hasta donde sé, sigue a la cabeza de la familia no?
- No… no hay problema Oliver, lo entiendo – Sonrió superficialmente la rubia.
- Seguro que fue por algo especialmente para ti – Guiñó.
El pelirrojo le sonrió pero después volteó de reojo hacia la puerta y frunció ligeramente su ceño. Algo serio ocurrió.
Era poco más de medianoche cuando el ruido de un automóvil irrumpió la silenciosa calma de esa noche, el vigilante abrió la gran reja, la figura decidió bajarse del automóvil y caminar hasta la puerta principal.
Una vez que la abrió de par en par ingresó a la distinguida mansión, cerró sus ojos y sintió la fresca brisa de la noche mover sus dorados cabellos, nunca como hoy sentía que el peso de semejante apellido lo aplastaba.
- Cuándo regresará? – Comentó cansado mientras cerraba sus ojos.
- Si te refieres a mí descuida, no me iré de aquí si tanto me extrañas– Habló una voz que salió de las penumbras.
Anthony suspiró.
- Que haces aquí?
- Me ausento un tiempo y ya estás metido en problemas.
El rubio guardó silencio y salió caminando a paso lento del recibidor para tomar un poco de aire fresco, se sentó en las escalinatas blancas al pie de la mansión y observó la brillante luna, se sentía cansado, demasiado cansado de luchar, era tan intangible lo que buscaba que los resultados a la vista no le animaban demasiado.
- No dirás nada?- Llegó Oliver y se recargó en una de las columnas percatándose de la palidez de su amigo – Candy había venido a verte sabes?
El joven rubio siguió callado, sabía que el otro no dejaría de hablar.
- Y por lo que veo no le has dicho que Grace y tú ya no son novios, por qué? No lo entiendo.
- No es de caballeros andar contando las relaciones que uno tenga o deje de tener.
- Eso lo sé pero no entiendo por qué no estás con ella y no me digas que no sientes nada por Candy porque…
- Decir que siento algo por ella es poco – Volteó a la noche estrellada y quedó en silencio sintiendo en su pecho que el amor por esa joven de hermosos ojos verdes podía compararse con la inmensidad del manto azul.
- Pero?
- Conoces de sobra lo que ocurre, pensar en que voy a poder protegerla siempre de todo y contra todos no es suficiente, es muy egoísta y vanidoso de mi parte asumir que haré siempre eso.
- Pero, por qué lo dices?
- Ella es libre ahora, es enfermera y vive a su manera, es feliz, seré tan egoísta de pedirle que me acompañe en mi camino, un camino lleno de traiciones y falsedades? Su mirada se ilumina cuando me ha hablado del camino que eligió… - Su rostro se tornó frustrado – No puedo ser tan vanidoso como para decir que ella aceptaría una vida así por mí… Que acaso yo valgo tanto como para que renuncie al camino que ella decidió para estar conmigo? No soy tan ingenuo.
- Anthony…
El amable joven rubio quedó callado.
- Siempre fuiste así, piensas en los demás antes que en ti mismo, por eso aceptaste a Grace. Vamos, Candy es una mujer muy fuerte y por favor no te subestimes tanto.
- Claro que lo es, desde luego que ella es fuerte, fui un ingenuo pensar a mis catorce años que…
- Qué ocurre?
El rubio dejó de hablar ante la confidencia que iba a hacer, sacó un papel de su bolsillo y lo mostró al pelirrojo.
- Y esto? Qué es?
Por respuesta obtuvo el rostro frustrado de su amigo rubio así que procedió a leer esa pequeña misiva.
- Quién rayos escribió esto?! Ella? Un sacrificio? De quién hablan? No me digas que de Can…
- No lo sé…. – Comentó sereno.
- Esto de alguien proveniente de Escocia eso es obvio pero si se refiere a Candy, qué tiene que ver ella con Escocia? … Que harás? Debemos ir con la policía! – Le urgió.
- No puedo decir esto a la policía.
- Estás loco?! Debes avisarles para que investiguen! Debes decirle de esto a ellos!
- No lo ves?! – Alzó su voz – Es un tema que va más allá de una simple amenaza, involucra a Inglaterra, involucra a Escocia, no es así de simple! Esta carta puede llegar a la corona británica y sabes lo que pensarán de los Andley? En traición!
- En eso tienes razón pero… Lo sabe alguien más?
- Sí, Albert, mi tío.
- Eh?
- Es la única persona en la que podría confiar para cuidar a Candy.
- Que estás pensando hacer? No me digas que harás lo que te pide esta carta!
- Desde luego que no! Pero aún no tengo ninguna pista sobre el posible culpable.
- Por eso saliste como alma que lleva el diablo cuando todos llegamos – Dijo comprendiendo la actitud del rubio.
- He avisado a la guardia privada de los Andley, necesito que cuiden a Candy, Albert y yo hemos coincidido en lo mismo.
- Y William…quiero decir Albert, en dónde está ahora?
- Viajó a Escocia, de este viaje solamente sabemos George, su mano derecha, y yo.
- A investigar…
- Así es, sólo espero que no sea demasiado tarde – Frunció su ceño.
En ese momento la nube que pasaba a través de la luna se movió con el viento y Oliver pudo percatarse de la notoria palidez del muchacho, cosa que le pareció extraña pero lo atribuyó a todas las preocupaciones.
- Te estás culpando de haber regresado a América cierto? Es por esto que no le has dicho nada a ella sobre tus sentimientos? Anthony no crees que es ahora más que nunca cuando la necesitas tanto a ella?
- Por qué lo dices? – Le preguntó sin mirarlo, mantenía su vista fija en el oscuro jardín a sus pies donde lo único que resaltaba era una que otra rosa blanca iluminadas sutilmente por la luna.
- Vamos, es hora de que vivas una vida normal, la que se te negó a tener en todos estos años, ella y tus primos asistieron a un colegio no es así? Seguro que sus anécdotas serán muy divertidas, por qué no recuperar ahora lo que no pudiste hacer en tus años convaleciente? Creciste con el peso de muchas responsabilidades.
- Es suficiente… - Se levantó y bajó los peldaños.
- Qué necio eres.
- No la voy a involucrar en peligros como este! – Se levantó con furia acercándose a su amigo - Sería un completo ingenuo si pensara que cosas así no sucederán en el futuro!
- El futuro, el futuro, desde cuándo piensas tanto en él? Estás actuando como un idiota! Acaso piensas pasar tus próximos 50 años a lado de alguien que no amas?!
Anthony se volteó hacia el jardín y caminó dos pasos alejándose del pelirrojo, respiraba agitadamente y con una mirada que Oliver no recordarla haberle visto se acercó nuevamente.
- 50 años?! – Sonrió irónico – Yo te diré en cuál futuro estoy pensando, y ese es en el de ella y no el mío, te lo aseguro.
Puso sus manos en su cadera, caminó y lanzó un profundo suspiro en medio de su agitación.
- Hablas como si tú no lo tuvieras – Lo observó Oliver con extrañeza.
Anthony dirigió su vista al jardín y luego a la casa, sus ojos azules brillaban en la luz, volvió a sonreír un tanto irónico.
- Tal vez… - Fue todo lo que dijo mientras intentaba serenarse.
- De qué rayos hablas? No vas a morir hoy ni mañana tampoco!
Anthony lo vio con mirada impasible, se acercaba el día de revelarle a él y a su familia lo que ocurría con él pero ese era el día, después caminó hacia el enorme jardín, Oliver se percató de su paso un tanto errático.
- Necesitas enfriar tu mente, lo mejor será descansar, mañana pensaremos en algo y reportaré de esto a mi padre, encontraremos al remitente de estas amenazas, después de todo los Rainsworth te servimos a ti. Hallaremos al culpable y podrás liberarte de este peso.
Anthony agradeció el gesto con la mano hasta que se perdió en el jardín.
- Son tal para cual, pero amigo estás equivocado, no es a Candy a la que le corresponde decidir si quiere vivir a tu lado? – Después sonrió – Supongo que los ayudaré un poco.
El joven de ojos azules volteó hacia la mansión y al ver que su amigo ya no estaba llevó una mano a su frente y se arrodilló en el verde pasto preso de un fuerte dolor de cabeza.
- Si sigo en estas condiciones no seré capaz de protegerla hasta el final… - Cerró sus ojos fuertemente intentando en vano que sus ojos no derramaran dos gruesas lágrimas y su voz se dobló – No sé qué hacer… madre, cómo puedo pensar en un futuro a su lado si ni siquiera sé si viviré un mes más, si soy llamado ante la corte inglesa por traición, cómo involucrarla? No tengo el derecho, no lo tengo!
Dejó de hablar y centró su atención en su respiración agitada, en la brisa nocturna que mezclada con el suave aroma de las rosas parecieran renovar en su cuerpo el aliento de vida que sentía se le iba de sus manos en ese momento, que llegaba a él como un tibio bálsamo. Así permaneció en silencio por un largo rato, luchando internamente por no dejarse llevar por la desesperanza, aunque incontables motivos tenía para abandonarse a ella.
El jardín de rosas fue también testigo de aquel episodio de desaliento y de comunión con su propia tristeza que estaba viviendo el muchacho.
- Candy…Candy… - Pronunció su nombre con tal vehemencia que pequeños fragmentos de momentos que había vivido con ella se hicieron presentes – Candy… seamos uno con el viento, como en aquella tarde de verano…
El hombre es artífice de su propia felicidad!
Como un rayo que golpea con fiereza el tronco de un árbol y lo parte en dos, tal fue el impacto de recordar sus propias palabras dichas a la rubia, era un caballero, un hombre no es así? Entonces debía ser fiel a sus ideales hasta el final.
- El hombre es artífice de su propia felicidad…. – Susurró en voz baja con sus ojos bien abiertos.
- Ahora entiendo… - Sus labios esbozaron una pequeña sonrisa – Ahora entiendo por qué mi yo del pasado me recriminó tanto en mis sueños…
Las nubes negras que habían amenazado con desaparecer todo lo que él era vinieron a su mente: la traición y el engaño de Liam, el destierro en Escocia, las amenazas de Elliot, su enfermedad terminal, los anónimos amenazadores, perder a su gran amor….
Anthony dio un fuerte golpe con su puño al suelo y su mirada azul se incendió, pero la llama de sus ojos no era de enojo, no era de rabia, no era de miedo, sus ojos azules se incendiaron de un ímpetu, de coraje y valor renovados.
- Que así sea entonces – Se levantó con nuevos bríos, una enfermedad y una amenaza no iban a definir su sonrisa en el momento final, eso era algo que solamente él iba a decidir – Soy Anthony Brower Andley, no soy un muñeco del destino!
HOSPITAL DE CHICAGO
- Candy!
- Sí?
- Te busca un muchacho!
- A mí? Quién será?
- Es pelirrojo como el fuego.
- Oliver! Habrá ocurrido algo? – Se preocupó – Enseguida regreso, gracias Judy!
El joven caminaba despreocupado por los jardines del hospital sintiendo cuán distintas eran las cosas en ese país, ya le comunicaría a su padre su decisión si las cosas salían bien ahí, aún tenía un asunto pendiente con una linda chica de ojos castaños.
- Candy!
- Oliver! Ha ocurrido algo? Acaso estás enfermo?
- Eh? Para nada – Sonrió alegre y después la observó – Anthony tiene mucha razón, luces muy linda con tu uniforme de enfermera.
- A-Anthony dijo eso?! – Se sonrojó.
- Jajajaja, no le digas que te dije – Guiñó el ojo.
- Oliver! – Lo retó, aunque en el fondo se sintió halagada por saber que Anthony gustara de ella así.
- He venido por ti Candy.
- Por mí?
- Es demasiado aburrido estar todo el día en una oficina, así que saqué a Archie de la suya e iremos todos a comer, qué opinas?
- Pero…
- Si te preocupas por Anthony descuida, iremos por él a su oficina en este mismo instante, ya es tu salida cierto? – Candy asintió con una sonrisa y comenzaron a caminar juntos – Tiene nuestra edad pero es demasiado responsable para mi gusto, estoy seguro de que no ha probado un helado en años, jamás lo vi disfrutar verdaderamente de la comida.
- Anthony tiene muchos deberes, muchos más que cualquiera de nosotros – Reflexionaba la rubia en las palabras de su amigo – Nunca me di cuenta de eso, en Lakewood siempre estuvo junto a mí, qué ingenua era, yo siempre lo buscaba, siempre estábamos juntos y aún así desconocía totalmente todo lo que él había tenido que prepararse desde entonces, lo habría apoyado más… si tan sólo nunca se hubiera marchado de Lakewood…
- Igualmente hubiera sido enviado a estudiar a una prestigiosa escuela para ocupar su papel cierto? Da lo mismo. Jamás toma una siesta y duerme hasta muy tarde, sería bueno que se relajara un poco no crees? – Le guiñó el ojo.
- Tienes razón – Se animó Candy.
OFICINA ANDLEY
Leía y firmaba documento tras documento, mayoritariamente del Banco que poseía la familia, principal actividad del clan.
Había detenido el traslado de los fondos a Escocia por el momento, aún debía enfrentar a Liam aunque probablemente ya no tendría tiempo de hacerlo hasta después de su operación, ya arreglaría cuentas con él y le exigiría la verdad, seguramente para este momento su tío ya sabía que no se encontraba en ningún resort en Italia, aunque en realidad eso era lo que menos le preocupaba, por el momento lo que apremiaba era encontrar al culpable de esos anónimos.
Suspiró mientras llevaba una mano a su rostro meditando en todo esto mientras que un ligero mareo lo obligó a cerrar sus ojos.
- Esto se hace más frecuente cada vez, sólo espero tener remedio – Sonrió resignado.
Alguien tocó a la puerta y sin esperar por su respuesta la abrió intempestivamente.
- Anthony!
- Podrías llamar a la puerta primero quieres? Creí que habías salido a comer… – Suspiró, tomó su pluma y continuó escribiendo.
- Vaya recibimiento más frío – Comentó a modo de puchero – Así es la bienvenida que le das a tus amigos?
- Eh? – Levantó su mirada arqueando una ceja sin entender al hablar el pelirrojo en plural.
- Hemos venido por ti – Sonrió Archie y detrás de él entró Candy y ahí fue cuando el muchacho quedó embobado por la dulce presencia de la rubia.
- Por mí? – Fue lo único que dijo mientras sus dulces ojos azules se posaban sobre la figura de la ojiverde.
- Pues claro! No lo pasamos lindo el día del hipódromo? Saldremos a comer todos.
- Anthony… - Susurró Candy observando detenidamente al muchacho quien estaba finamente vestido con aquel traje gris claro y camisa con corbata azul intenso, su rebelde cabello rubio estaba peinado pulcramente, pero sobre todo, sus ojos verdes se desviaban irremediablemente atraídos hacia su gentil mirada azul, pensó que Oliver tenía mucha razón, tenía la edad de todos ellos pero los acontecimientos en su vida lo habían hecho madurar muy rápido y aunque ella había enfrentado duras adversidades también el cambio en él era aún mucho más palpable, sentía que el trabajo que ahora desempeñaba pese a su edad le quedaba perfecto para su inteligencia y agilidad, tenía el autocontrol que se requería para desempeñar lo que desde niño se le había enseñado que haría aunque ella sabía mucho más que nadie la fuerza del corazón de Anthony, podría convertirse en el jefe de la familia, podría lograr cientos de negocios pero también podría crear hermosas rosas acompañado de su carácter dulce y gentil.
- Candy… - Anthony se paró de su silla de madera con asiento verde.
- Vendrás con nosotros cierto? - El chico de cabellos de fuego tomó un expediente y comenzó a hojearlo al azar – Candy, acaso no querías pedirle a Anthony que viniera con nosotros?
- Eh? Yo? – Se sonrojó la chica.
- Y tú Anthony cierra la boca y no veas tanto a Candy, tan bonita te parece?
- Eh – Abrió sus ojos celestes sonrojándose levemente por la indiscreción de su amigo – Podrías guardar silencio!
- Candy, no te parece que Anthony trabaja demasiado? Eres enfermera, aconséjale por favor.
Candy observó a Anthony y a su imagen vino el Anthony alegre y vibrante rodeado del jardín de rosas que con tanto trabajo y entusiasmo había creado, después volteó a verlo nuevamente y ahora lo veía rodeado de libros, informes y carpetas, sintió una punzada en su corazón.
- Sería lindo que vinieras con nosotros Anthony… - Comentó tímida y nerviosa de que él pudiera leer sus pensamientos.
- Qué dices entonces? – Oliver vio a su amigo con cara de triunfo, sabía que si ella se lo pedía él jamás podría negarse.
- De acuerdo, iré con ustedes – Sonrió a Candy.
- Muy bien hecho Candy! – Oliver volteó a verla – Sabía que a ti sí te haría caso!
Ambos rubios ahogaron una exclamación ante lo dicho por el pelirrojo y Archie y Annie soltaron unas discretas risas.
Decidieron ir al centro de Chicago a pie, poco a poco el joven comenzó a relajarse conforme caminaba, los últimos días había estado buscando frenéticamente al autor de aquella amenaza, había intercambiado telegramas con Albert y se había reunido con varios investigadores, pero el resultado de ambos rubios era el mismo: nada.
La algarabía de las personas, las coloridas tiendas y sobre todo la plática de sus amigos lograron que poco a poco su rostro se relajara y sonriera despreocupadamente, una vez que Oliver notó la mejoría de su amigo supo que ahora era el momento de hacer algo muy importante para él mismo.
- Enseguida regreso! – Se alejó el chico de ojos rojizos.
- A dónde irás? – Preguntó Candy.
- Iré por Patty!
Las dos parejas voltearon a verse y sonrieron.
- Es ahí Anthony, el lugar en el que solemos reunirnos todos – Candy colocó su mano sobre el brazo del muchacho sin ser consciente y éste lo sintió tan natural que despreocupadamente tomó su mano y le sonrió.
- Vayamos entonces!
- Muero de hambre – Le sonrió Candy casi infantilmente.
- Yo también!
Ambos llegaron corriendo al pequeño restaurante luego de haber cruzado la calle y sonrieron ante el sinfín de sabores que ese lugar ofrecía.
Nunca supo si fue el lugar, o los aromas que de ahí se desprendían o si caminar a lado de la chica que amaba como cualquier joven común, pero convivir con sus amigos olvidándose por completo de los protocolos y formalidades en los que había vivido desde siempre, que un gran apetito se apoderó entonces de él.
Caballerosamente ofreció el asiento a Candy, le sonrió y después se sentó a su lado.
Candy se sentía por su parte en las nubes, estaba caminando a lado de Anthony, disfrutaba nuevamente de la natural caballerosidad que siempre brotaba de él para con ella y todos, verlo en el mundo en el que se desenvolvía la había llenado de un curioso deseo de saber más, de conocer todo el mundo de Anthony, tenía tantas facetas que había conocido de él que lo hacían admirarlo cada vez más, pero… por qué se sentía tan cercana y a la vez tan lejana de él?
…no puedo decir las palabras que quiero decir Candy, no aún…
En ese momento recordó las palabras que le había dicho el joven de ojos de cielo. Qué palabras Anthony? Cuándo me dirás esas palabras que aún no puedes decir?
- …. Candy?... Candy?... Candy!
- Sí?! – Se levantó de su silla y todos comenzaron a reír.
- Qué ocurre? – Rió divertido el amable joven.
- No, no es nada Anthony – Se sentó de nueva cuenta abochornada.
Anthony asintió sonriente recordando esa característica de la joven de ensimismarse en sus pensamientos mientras se olvidaba del resto del mundo y regresó su mirada al pequeño menú. Un gruñido en el estómago femenino la trajo a tierra y supo que debía ordenar algo y pronto, iba a sugerirle al rubio la especialidad del lugar pero cuando volteó a verlo, éste estaba ya sumamente concentrado en lo que iba a pedir, cosa que le alegró mucho a ella de ver.
- Una hamburguesa y papas fritas por favor!
Vaya que tenía hambre. Archie y Annie hicieron su pedido de igual forma y momentos después compartían la merienda.
- Anthony recordaba que tenías buen apetito pero… - Archie lo miraba divertido y asombrado a la vez, no lo creía, era la segunda hamburguesa que pedía el ojiazul.
- Es que esto está delicioso – Comentó despreocupado y sonriente, hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba de los alimentos.
Candy sonrió feliz de verlo así y después recordó a alguien que estaba ausente.
- Me pregunto por qué Oliver se está tardando tanto…
- Por él no te preocupes – Rió divertido Anthony mientras colocaba un poco más de salsa de tomate, una novedad en la época – Seguramente estará pasando serias dificultades en este momento.
- Dificultades? – Candy ladeó su cabeza graciosamente y Anthony sonrió enigmático.
RESIDENCIA O'BRIAN
- De verdad lamento mucho haberme marchado de la forma en que lo hice… - Suplicaba Oliver por su perdón.
- Oh no descuida! No tienes que darme ninguna explicación! – Respondió nerviosa.
- Pero preciosa Patty – Tomó su mano y se acercó a ella – Te debo una explicación, después de todo fuiste a buscarme a la cárcel y yo…
- No te preocupes! De verdad! Sólo somos conocidos y…
- Sólo somos conocidos?!… - Gritó Oliver abriendo mucho sus ojos ante lo dicho por la castaña – Patty, acaso te estoy importunando?
- Eh?
El pelirrojo caminó cabizbajo unos pasos.
- Era de suponer, eres una chica muy linda… - Dijo totalmente deprimido.
- No para nada! No lo soy!
- Seguramente tendrás novio… - Se sentó en una de las escalinatas y se cruzó de brazos con la mirada triste.
Patty no sabía qué hacer, este chico podía ser la persona más bulliciosa que hubiera conocido jamás pero por qué ahora se veía tan triste? No lo comprendía, se acercó tímida hasta donde estaba sentado.
- No…no tengo novio – Sonrió un tanto resignada.
- Pero has dicho que.sólo somos unos conocidos… - Escondió su rostro entre sus brazos.
- Ah… - Rió nerviosa ante el gesto de puchero que hacía el muchacho y se acomodó los lentes – No es así?
- Por supuesto que no preciosa Patty!
- No lo somos?
- Claro que no! Tú eres… tú eres….
El chico quedó trabado en esa última frase sin poder continuar, algo en su mente le impidió continuar con lo que quería decirle y la imagen de una mujer de ojos ámbar y largo cabello platinado aparecieron de repente.
- ….Eres una gran amiga Patty.
La chica acomodó sus anteojos mientras suspiraba.
- Gracias…
Oliver resopló exasperado, por qué siempre la imagen de Grace venía a sus recuerdos? Qué es lo que le iba a decir a Patty si la imagen de la ninfa de los bosques no hubiera aparecido?
- Aaarghhh – Revolvió sus cabellos rojizos con sus manos sintiéndose totalmente confundido con sus sentimientos.
- Qué…qué ocurre?
- Lamento haber venido sin avisarte – Se levantó y le sonrió – Descuida, es un fantasma que no me deja vivir en paz.
- Fantasma?!
- Sí, estabas ocupada preciosa? Venía por ti, los chicos nos están esperando.
- No…solamente leía un poco – Se sintió de pronto diminuta y aburrida.
- Te gusta leer mucho? – Le sonrió y se le acercó aún más.
- Bueno sí…no es nada especial…
- Mi padre siempre me obligaba a leer libros demasiado aburridos, supongo que por eso ahora los detesto jajaja – Rió avergonzado, él por su parte pensó que Patty era una chica demasiado inteligente y culta en cambio él ni siquiera había podido romper la tóxica relación unilateral con Grace.
Patty volteó su rostro un tanto triste y observó el cielo recordando la frase de Oliver.
- Supongo que todos tenemos fantasmas que superar…
- Patty…
Oliver observó su gracioso perfil, la mezcla de tristeza y dolor en los ojos castaños de Patty le indicaron que no debía interrumpirla, él hizo lo mismo y volteó también hacia el cielo estrellado que desplegaba sus últimos matices naranja sobre el horizonte.
- Es verdad… - Susurró y los dos observaron el cielo durante un largo tiempo en silencio.
Mientras tanto en el centro de Chicago…
- Deseas algo más Candy?
- Oh no! Muchas gracias!
Anthony sonrió divertido.
- Si mi memoria es buena o al menos parte de la que he recuperado entonces… - Hizo la señal a un mesero – Podría traernos dos rebanadas de pastel de chocolate por favor?
- Anthony cómo recuerdas que…!
- Jajajajaja – Rieron todos ante el bochorno de la muchacha.
- He de admitirlo entonces – Dijo sonrojada y con una sonrisa tímida mientras agachaba un poco su rostro – Pensarás que no he cambiado nada…
La sonrisa de Anthony y el dulce brillo en sus ojos azules la hechizaron, él se dio cuenta de su rubor y alzó su mano para acomodar sus dorados rizos que habían ocultado ligeramente su rostro al inclinarse avergonazada.
- Y es eso lo que me tiene fascinado Candy, que sigas siendo tú misma.
- Anthony…
Por su parte Archie y Annie sonreían muy complacidos mientras observaban las más que evidentes muestras de afecto y atracción entre ambos.
- Anthony, Candy, nos disculparán pero nosotros debemos marcharnos.
Los rubios que estaban a punto de degustar sus postres se detuvieron enseguida.
- Ocurre algo Annie?
- Archie y yo tenemos un compromiso esta noche, cierto Archie? – Le guiñó el ojo.
- Cla-claro Annie, tendrán que disculparnos chicos, pero ustedes dos por favor continúen por nosotros.
Anthony se levantó de su asiento para despedirlos.
- De acuerdo, me encargaré de llevar a Candy a su casa.
La aludida, al oír sus palabras, sintió que por unos instantes su corazón se detenía, si bien no tenía experiencia alguna, había reconocido el sentimiento que Anthony había despertado en ella aunque le avergonzaba darle un nombre al mismo, era algo sumamente nuevo y esto era lo que últimamente la ponía muy nerviosa cuando sentía su cercanía pues a lo único que podía relacionar ese sentimiento era a un fuego vivo, muy vivo por él.
- N-no es necesario Anthony… - Dijo nerviosa.
- Sé que sabes cuidarte sola muy bien – Sonrió angelical – Pero no por eso permitiré que tengas que hacerlo, te acompañaré.
Candy regresó a su pedazo de pastel y ambos quedaron en silencio, no porque éste fuera incómodo, sino porque ambos tenían muy presente sus emociones que habían surgido la última vez que Anthony había pasado la noche ahí.
Camino a casa Candy se percató del cansancio en la mirada del rubio, cosa que atribuyó a que dormía poco recordando lo que le había contado el pelirrojo, quizás si regresaba ahora a su casa volvería a trabajar y se cansaría más.
- Anthony te… - Bajó su rostro un tanto ruborizada y Anthony volteó a verla – Te…
Por qué no me salen las palabras? Se recriminó mientras sentía que el color subía a su rostro.
- Qué ocurre Candy? – Dijo con dulzura.
La rubia sintió la suavidad con la que él colocaba su mano sobre la de ella, volteó a verlo y él le sonrió tranquilizador.
- Qué pasa? – Volvió a preguntar con voz suave y ronca.
Ese gesto siempre la calmaba a ella, le daba valor y podía finalmente expresarse, Anthony se daba cuenta y la ayudaba a confiar en él.
Ella le sonrió de regreso.
- Te gustaría pasar a casa?
Anthony abrió sus ojos azules, ciertamente no esperaba ese ofrecimiento pero escucharlo lo llenó de alegría.
- Claro– Asintió con una sonrisa en su hermoso rostro.
Anthony ingresó al lugar igualmente con una sonrisa, amaba pasar tiempo en ese departamento, era lo más cercano a un hogar.
- Gracias…
- Beth te estará esperando – Dijo mientras se sentaba en la silla de madera.
- Me parece que hoy no será así – Sonrió un poco recordando su previa conversación con la pequeña. Si estarás con Candy entonces tienes mi permiso de llegar tan tarde como quieras!
El rubio aclaró su garganta, claro, el nuevo estandarte de la pequeña era lograr que ellos dos se hicieran novios y no había momento en el que no preguntara por Candy.
- Prepararé café – Se levantó Candy de la mesita de madera y Anthony la siguió con la vista.
- Te ayudaré – La siguió hasta la cocina.
- Oh no, descuida! Eres mi invitado!
- Quiero ayudarte – Fue su resolución final acercándose a ella.
Algo nerviosa Candy volvió su vista a la pequeña estufa para calentar agua mientras el rubio sacaba las tazas y buscaba el azúcar.
- Los Andley se enfadarán mucho conmigo si se enteran que el presidente está preparando café – Rió divertida.
- Los Andley no saben muchas cosas sobre mí, esto era habitual para mí en Escocia.
- Lo dices en serio? – Se sorprendió.
Anthony sonrió.
- No me gustaba que todos en el castillo hicieran las cosas por mí, con el tiempo aprendí las usanzas en ese lugar, cuando aún no podía caminar, el señor Carter me ayudaba y me dirigía a la cocina, al jardín, quería sentirme útil, que podía hacer las cosas por mí mismo.
- Anthony…
- Al menos creo que puedo defenderme sólo – Guiñó su ojo.
Candy rió.
- No has cambiado nada…
- Por qué lo dices? – Se sorprendió.
- Ya olvidaste lo rebelde que eras cuando vivíamos en Lakewood? Desafiabas constantemente a la matriarca de los Andley! Eso para un joven de 14 años significaba mucho, incluso amenazaste con irte de la casa! Pero más que desafiarla a ella, luchabas por ser tu mismo, por ser libre del apellido Andley.
- Tenía que serlo – Rió divertido – Representabas… - Corrigió – Representas el ideal con el que yo soñaba en que se convirtieran los Andley.
- Yo? – Se ruborizó furiosamente.
- Siempre pensé eso de ti – Comentó tranquilo y abiertamente notándose el cariño en su voz – Quería llegar muy lejos, explotar todas mis capacidades hasta lograr que tú, el nuevo símbolo de los Andley, lo que representabas, se extendiera a toda la familia.
Los ojos verdes de Candy brillaron emocionados dejándose llevar por las palabras del joven rubio, nunca nadie le había hablado de esa forma, tan apasionada, con tal fuerza en su voz comprendiendo por primera vez que ella misma podía significar tanto, que ella representara ese todo absoluto para alguien.
Sus ojos se humedecieron, se volteó y le dio la espalda para que no la viera.
- Si no nos hubieran separado el día de la cacería… si hubiera hecho caso a mi intuición de que algo malo iba a ocurrirte… te habría pedido que no montaras ese caballo y quizás tú y yo…
Anthony se acercó a ella y colocó sus manos en los delgados hombros femeninos.
- Si no hubiera ocurrido de esa forma Candy, quizás no habrías descubierto tu verdadero camino.
- Anthony… - Colocó su pequeña mano sobre la de él, cuánta sabiduría tenían sus palabras.
Era una noche de verano así que las ventanas del departamento estaban totalmente abiertas para permitir que la brisa ingresara en el lugar.
Luego de beber de aquel café preparado por ambos, se sentaron un rato en la sala a conversar.
- Anthony…
- Sí?
- Estar al frente de los Andley, lo consideras un deber o fue el camino que elegiste libremente?
Anthony separó su rostro un tanto sorprendido de la mano en la que se apoyaba en ese sofá verde ante la improvista pregunta de la muchacha.
- Existe una línea muy delgada entre ambos y puede llegar a confundirse lo uno con lo otro, no, no lo considero un deber, no haría esto por ser simplemente un deber más, mucho menos me prestaría a ser marioneta de ellos y cumplir un rol automáticamente. Durante mi estancia en Escocia, en la que ahora me queda claro que Liam se aprovechó de mi condición para colocar nuevas memorias y sucesos, supe que Albert rehuía guiar a los Andley a algo mejor y fue que decidí entonces intervenir y hacer algo por mi familia.
- Pero tu familia…
- Lo sé, mi propia familia me hubiera alejado de todo contacto bajo mi condición de amnesia e invalidez, pero era precisamente por eso que quería hacer ese cambio en la familia para que nadie tuviera que pasar por algo así.
- Y Liam sabía eso? No creo que compartiera tus ideas Anthony.
- No lo sabía, jamás se lo dije, Liam fue una figura paternal para mí durante mucho tiempo pero también sabía que esa actitud era sólo hacia mí porque me convertiría en el jefe de la familia, los demás no le importaban en absoluto y sabía de su codicia.
- Entonces?
- Sabía que habría un punto en el que yo tendría la absoluta libertad y enfrentaría a Liam y lograría cambios en la familia.
- Hiciste todo eso…has pensado en tanto por los Andley, debió ser muy difícil para ti… - Candy volteó a ver la chimenea apagada – No lo hiciste por el poder, no lo hiciste por un deber…
Candy lo observaba llena de admiración, quién había crecido más en todo este tiempo separados? Anthony era….el era…simplemente maravilloso!
- Había una razón muy importante para mí y aún la hay… - Sonrió como sonríe un hombre muy enamorado.
- Aún la hay?
Anthony sonrió y asintió. Candy vio a sus dulces ojos azules que brillaban observándola y nunca supo si fue su imaginación o no pero juraría que el rostro de él se acercaba al suyo.
- Ire por más café! – Se levantó de súbito.
El rubio la siguió con la mirada sin darse cuenta de lo obvio que estaba siendo con sus sentimientos, por ella, lucharía hasta el final.
Candy se detuvo frente a la estufa, respiraba agitadamente y había llevado la mano a su corazón sintiendo como este latía furiosamente.
Que es este sentimiento que me rebasa, que me desborda? Ya no puedo controlarlo más!
No fue capaz de volver a la sala en un buen rato, sabía que él la esperaba, que los minutos corrían, que el tiempo apremiaba y que debía controlar su embelesamiento cuanto antes.
Tomó con fuerzas la tetera entre sus manos y se dio los ánimos para perderse nuevamente en su dulce y varonil hablar, en sus espejos azules.
- Lo siento mucho Antho… - Se detuvo a media frase.
El joven se había quedado dormido recargando su rostro en el apoyabrazos del sofá. Respiraba tranquila y pausadamente.
Los latidos del corazón de Candy volvieron a la normalidad, colocó con cuidado la tetera en la mesa y caminó en puntillas para no hacer ruido.
Sus pestañas son tan largas y rizadas… Candy sonrió con infinito amor.
Es un hombre fuerte pero ahora lo veo como un dulce niño al que quiero cuidar…
Observó la mano sobre la que apoyaba su rostro masculino y recordando su cálido tacto comenzó a acariciar suavemente la mano de él.
Mi Anthony, debe estar tan cansado…Oliver dijo que apenas y dormía.
Su pequeña mano recorrió la del dormido rubio cuando de pronto este volteó su mano y comenzó a tocar y recorrer los delgados dedos de ella hasta tomar su mano por completo.
- Eh? – Se puso sumamente nerviosa la rubia pero se dio cuenta que el joven seguía dormido, sonrió y lo vio con inmenso amor.
No supo qué hacer, no quería interrumpir su sueño así que no tuvo más remedio que sentarse a un lado suyo, si bien al inicio estaba nerviosa, verlo dormir tan profundamente le hizo sonreír con ternura y terminó recargando su cabeza en el hombro y brazo de Anthony, finalmente, también se rindió al sueño de ese maravilloso día a su lado.
El ruido de los pájaros que daban los buenos días desde la ventana hicieron que abriera un poco sus ojos, iba a bostezar y a estirarse cuando de pronto cayó en cuenta que esa definitivamente no era su habitación y abrió mucho sus ojos, después escuchó una respiración acompasada a un lado suyo y sintió un peso sobre su brazo, bajó su mirada y descubrió a la dulce muchacha que dormía recostada en su pecho mientras él la sujetaba por el brazo.
- Cómo fue que….
El movimiento de Anthony al despertarse hizo que la rubia despertara también llevando su mano a la boca para cubrir un gran bostezo, sonreía, sentía que había dormido muy bien esa noche.
Pero no tardó en darse cuenta que un brazo rodeaba su talle y fue entonces que palideció y volteó a en cámara lenta a verlo.
- Buenos días Candy… - Le sonrió resignado, sabía bien que vendría el bochorno de la pecosa.
Eso sí, ninguno de los dos soltaba su agarre del otro.
- A-A-Anthony?... Ahora recuerdo!… - Los colores se le subieron al rostro, recordaba bien que era ella quien se había acomodado a su lado.
Ambos se observaron en silencio unos segundos, luego Anthony sonrió, ella lo hizo un poco tímida y luego de verse a los ojos ambos estallaron en grandes carcajadas, como solían hacerlo. Anthony pensó que era hora de corresponder la hospitalidad de Candy.
Sabía perfectamente que los demás habrían implicado que no había llegado a la mansión por quedarse con Candy así que la invitó a almorzar con todos ellos, quería asegurar su bienestar y nombre, quería dar la cara escoltando a su preciosa dama a la mansión para evitar cualquier mala impresión.
Con sus manos sobre la cadera el pelirrojo aguardaba impaciente junto con Archie en la entrada de la mansión mientras que el joven estacionaba tranquilamente su automóvil blanco.
- Qué bien te ha sentado Norteamerica eh?– Le dijo a modo de reproche cuando lo vio acercarse.
- Archie, Oliver buenos días, qué hacen aquí? – Preguntó el rubio con una sonrisa, ya lo suponía.
- Que qué hacemos aquí?! – Suspiró Oliver – Explícaselo por favor Archie…
- La tía abuela ha venido hoy, ha querido hablar contigo y nos ha preguntado en dónde estuviste toda la noche que aún no llegabas – Dijo algo abochornado pues era obvio para él y para el pelirrojo que había pasado la noche en el departamento de la joven – Te estábamos esperando.
La joven se puso nerviosa y un tanto sonrojada.
Anthony notó la turbación de Candy, bien, lo admitía, había sido una imprudencia de su parte pero no lo lamentaba en lo más mínimo, volteó a la enorme mansión blanca meditando en algo que había querido hacer desde hace tiempo y encontró la ocasión perfecta para aclarar muchas cosas con la matriarca.
- He invitado a Candy a pasar el día con nosotros – Dijo con franca sonrisa sin preocuparse por nada más – Candy, debo ir con Beth primero y después quisiera que fuéramos tú y yo con la tía abuela.
- Con la tía abuela?! Yo? ..Pero Anthony ella no querrá…
- Candy – Le sonrió – Hay algo que quieres decirle desde hace mucho tiempo no es así?
Candy dudó por un instante, acaso era del conocimiento de Anthony cómo ella había dejado a los Andley? Sabía él que ella había pedido el repudio?
Candy lo observó intrigada pero la única respuesta que obtuvo fue la sonrisa de él.
En ese momento se dio cuenta de algo, al verlo a él y a su mano que la invitaban a volver a casa sintió que las razones por las que se había alejado de ellos se desvanecían, que su conflicto con los Andley ya no pesaba como antes de que él volviera y que en realidad ya no le importaba, y ese peso respecto a los Andley ya no lo sentía porque estaba precisamente con él.
Anthony extendió sus manos para darle valor y ayudarla a enfrentar a la dama Elroy de una vez por todas.
- Vamos, Anthony… - Sonrió Candy y Anthony asintió.
Archie y Oliver se hicieron a un lado observando con una sonrisa a los rubios tomados de la mano mientras avanzaban hacia la mansión.
- Por mucho que yo estaba en contra de que Candy nos dejara sabía que mis palabras no la harían cambiar de opinión nunca…
- Y ahora… - Dijo Oliver adivinando lo que iba a decir el castaño.
- Un solo gesto de Anthony, una palabra suya e hizo recapacitar a Candy lo que en años nosotros no pudimos, nunca pude comprender ese lenguaje oculto formado entre ellos dos.
- Si no lo estuviera viendo en estos momentos jamás hubiera creído que esto, jamás pensé que él guardaba en su corazón a alguien tan especial.
Los chicos entraron a la mansión y ahí en medio de las escaleras la pequeña pelirroja corrió a los brazos de Anthony y este la alzó por los aires.
- Que malo eres! No te di permiso para que faltaras toda la noche! – Hizo un tierno puchero.
- Lo siento pequeña Beth.
La niña volteó su rostro molesto, aunque más que molesto era ciertamente gracioso.
- De acuerdo Beth, te llevare por un helado para compensarte, qué te parece?
- Doble helado! – Brincó la niñita.
Anthony suspiró resignado, ya sabía la respuesta, y esa era que no podía decirle que no a Beth.
Candy ahogó una risita.
- Con que es gracioso eh? – Le sonrió.
- Creo que eres un padre muy complaciente.
El aludido ahogó un exclamo, con tantas cosas no le había aún aclarado que…
- Yo pienso que si Candy fuera mi mamá sería una mamá bastante regañona – Dijo Beth con aires de suficiencia.
- Que has dicho Beth?!
- Jajajaja lo ves?
- Jajajaja Candy será una excelente madre, eso lo sé – La vio con amor.
- Cómo lo sabes? – Preguntó la niñita llevando su dedo índice a sus labios – Acaso tendré hermanitos pronto?
- BETH! – Gritó la pareja dorada sonrojándose al unísono.
Anthony aclaró su garganta.
- Candy, estás lista?
- Abuelita! – Gritó Beth interrumpiéndolos.
Anthony y Candy voltearon a lo alto de las escaleras encontrando a la distinguida anciana quien los observaba minuciosamente sin un solo asomo de sonrisa.
- Por qué estás aquí Candy?
- Tía abuela… - Parpadeó sus bonitos ojos verdes sin saber qué más decir.
- La he traído a casa – Dijo firme Anthony – Ella sigue siendo una Andley y puede venir cuando desee, hay muchas cosas que aclarar tía, muchos malentendidos que terminar, acaso no lo cree?
La anciana observó los ojos incendiados de Anthony, recordó que esta escena había ocurrido muchos años atrás donde él la defendía, por qué? Por qué otra vez? Aún no había perdonado a esa chiquilla por…
- De acuerdo, escucharé lo que tengan que decir – Dijo secamente, viniendo de él no podía negarse.
La matriarca se marchó hacia una de las salas principales, Anthony pidió a Beth que jugara con Archie, tomó la mano de Candy y se dirigieron a la habitación.
- Aquí estamos tía abuela…
La anciana tenía sentimientos encontrados, nada deseaba más que recuperar el amor de su nieto favorito y por otro lado le molestaba en demasía ver a Candy con él, juntos, como antes, en la mansión.
- Lamento mucho haber retrasado este plática – Comenzó el amable joven acercándose a ella – La última vez, aún estaba muy confundido con lo que me había dicho sobre mi madre.
- Comprendo – Cerró sus ojos la mujer sin saber cómo comenzar.
La mirada del gentil joven se fue suavizando al ver la tristeza en la anciana, caminó hacia ella, se arrodilló con una pierna y tomó la mano ahora llena de arrugas de la mujer, gesto que hizo que la anciana se sobresaltara, si algo siempre ocultaba en sociedad eran sus manos, siempre portando sus elegantes guantes pero ahora sus manos quedaban al descubierto con él.
- Quiero que sepa que no la juzgo ni la culpo por lo que sucedió con mi madre.
- Anthony…
- Quizás yo no podré borrar la culpa que usted siente en su corazón, hay errores con los que simplemente tenemos que aprender a vivir y es usted quien debe perdonarse a sí misma, pero sepa que lo único que importa para mí es el amor y los días felices que viví a lado de mi madre.
La mujer cerró sus ojos y un par de lágrimas descendieron por su rostro.
- Pero…te he dicho que yo la presioné demasiado y alejé a tu padre de ti.
- Lo sé – Respondió con suavidad.
- Anthony me has perdonado entonces? – Era la peor cachetada con guante blanco que alguien podía darle, pese a presionar constantemente a Rosemarie, ésta siempre le habló con cariño y nunca le guardó rencor, ahora lo mismo sucedía con el hijo de la mujer a la que había presionado tanto al grado de acelerar su enfermedad..
- La he perdonado tía abuela.
- …gracias… - Agachó su vista, aún en momentos así su orgullo no le permitía decir ese gracias con el entusiasmo que hubiera querido pero lo había dicho de corazón.
- Pero quiero aclararle algo, de nada servirá que la perdone si no aprendió de su error y por eso… - Se volteó hacia Candy quien escuchaba conmovida la conversación entre ambos – Queremos aclarar lo que sucedió hace años, lo que hizo que Candy dejara a los Andley.
- Pero Anthony! Ella nos rechazó cuando le ofrecimos un hogar! La mejor educación, le ofrecimos todo! – Fue entonces que la actitud de la anciana cambió rotundamente.
- No, no es así tía abuela, no los rechacé! – Intervino por primera Candy.
- Y qué otra cosa puede ser? – El tono de voz de la matriarca se endureció – Has sido malagradecida con lo que te dimos y el futuro que te ofrecimos.
- Tía abuela… - Candy bajó su rostro dolida por las palabras de la anciana.
Anthony se puso de pie y sin dejar de observar a la anciana le habló a la joven:
- Candy – Habló con voz conciliadora para eliminar la tensión entre ambas – Podrías explicarle a la tía abuela tus motivos para abandonar a los Andley por favor? Yo mismo quisiera saber de tus circunstancias.
- Anthony…
- No hace falta que los conozca – Se levantó la anciana con solemnidad – Te atreviste a hacer cosas que bien sabías yo estaría en contra, me desobedeciste.
- A dónde cree que va? – La detuvo el joven.
- No creo que haya más que decir con ella.
- Tía abuela por favor escu… - Anthony intentó detenerla.
- Fue por Anthony! – Los interrumpió súbitamente la rubia sintiendo un gran nudo en la garganta, sincerarse con la tía abuela le dolía, no por orgullo, sino porque era abrir una herida y un pasado que le había dolido mucho.
Anthony y la matriarca voltearon a verla inmediatamente.
- Cuando sufrimos por su supuesta muerte yo sentí que lo había perdido todo, el peso de los recuerdos que tenía a su lado me impedían vivir, me impedían respirar en esa mansión, yo quería ser una mejor persona por él así como él me dio siempre lo mejor pero – Cerró sus ojos con dolor – Cuando fuimos cruelmente separados ya no encontraba motivos para seguir ahí, el dolor me sobrepasaba, era un martirio para mí seguir pisando los lugares en los que él había estado…
- Candy… - Los espejos azules del rubio se nublaron.
La tía abuela detuvo su andar y su rostro también se entristeció recordando aquel doloroso momento, sabía que esa chiquilla lo había amado mucho así que pudo comprender, ella misma tampoco se acercó a Candy para preguntarle cómo se sentía, se aseguró sólo de su bienestar físico, sí, pero, tampoco nunca habló con ella para apoyarla, ambas se habían distanciado en su propio dolor.
- Candy querida…. – Anthony caminó rápidamente hasta llegar con ella y abrazarla.
Candy cerró los ojos y suspiró el aroma de su loción, dejándose envolver por ella y sintió el consuelo y paz que sus brazos siempre le habían dado, luego de que ambos se dieran fuerzas en ese conmovedor abrazo Anthony levantó su rostro que había tenido oculto en los rizos dorados y sin ocultar las lágrimas que había derramado continuó.
- Tía abuela, podría decirle a Candy lo que usted sintió cuando ella se fue?
La anciana quedó muda ante una pregunta que no esperaba y ambos jóvenes tuvieron que esperar un considerable lapso de tiempo para volver a escuchar la voz de la mujer.
- Que me abandonara en tan difícil momento cuando más debíamos estar unidas fue… doloroso… había perdido a mi nieto y ahora la perdía a ella…
- Tía abuela… Por eso en Londres nunca quiso verme cierto? – Dijo Candy con voz entrecortada comprendiendo muchas cosas.
- Debo admitir que así es, tu abandono me hizo saber que no nos apreciabas lo suficiente, que no te interesábamos como familia realmente…
- No eso no! Le he explicado mi motivo, yo siempre quise mucho a Stear, a Archie! Ahora me doy cuenta… - Dijo con lágrimas en sus ojos – Que mi decisión fue egoísta, que mi propio dolor me ahogó tanto que no pude siquiera apoyarme en todos ustedes para salir adelante, que la había dejado sola cuando más nos necesitaba, porque usted también sufrió mucho tía abuela…
Candy se separó suavemente de Anthony, caminó despacio hasta quedar justo detrás de la espalda de la anciana quien aún no había volteado a verla.
- Tía abuela… Lo siento mucho! – Tomando sus dos manos hizo una reverencia a la anciana.
La anciana sintió la presencia de la muchacha detrás suyo, pero su sermón aún no había terminado.
- Sin embargo, volviste a marcharte y en esta segunda ocasión fue para siempre.
- Lo sé – Dijo Candy – Siempre valoré la oportunidad que me dieron y gracias a eso pude superar en ese entonces mi separación de Anthony pero…
- Continúa…
- Pero… a lado de Anthony yo ya había encontrado mi camino y ahora debía comenzar de nuevo, puedo asegurarle que lo busqué desde que puse un pie por primera vez en Londres, ahí aprendí muchas cosas pero también me di cuenta de lo que sería de mí si sólo estudiaba para ser una dama, jamás me habría valido por mi propia cuenta, sabía que no podía vivir del dinero de los Andley por siempre así que… me marché para buscar mi propio camino, uno del cual Anthony estuviera orgulloso.
- Eso me parece una sabia decisión – Sonrió Anthony con su pecho lleno de admiración por ella.
Candy le sonrió y después volvió su rostro hacia la figura de la matriarca.
- Sé que eso quizás sea algo difícil de comprender para usted, pero yo ya no quería ocasionarle más problemas, comencé a estudiar para convertirme en enfermera y vivía sola, sabía que esto no iba acorde al estilo de vida de los Andley y fue por eso no quise causar una mancha más en el apellido de la familia que me había adoptado, por eso solicité el repudio.
- Pensabas quedarte sin nuestro respaldo económico?
- Sí.. – Contestó con decisión.
- Es todo esto cierto Candy? – La anciana se debatía internamente entre creerlo y no.
- Hablo con la verdad tía abuela, yo la quiero y por eso no quería causarle más jaquecas, ahora me doy cuenta que mi error fue no haberle explicado mis motivos, quizás de haberlo hecho nos habríamos separado en mejores términos.
La anciana suspiró dándose cuenta también de sus propios errores, era el fin del ciclo de una herida abierta respecto a su nieto, respecto a Candy, dos cosas que jamás había podido superar y que la habían llenado de tristeza y amargura. No sabía si era por la presencia conciliadora de Anthony que pudo esta vez escuchar a esa chiquilla pero, se sentía agradecida de haber podido escucharla finalmente.
- Quizás en ese momento no habría comprendido tus motivos debo reconocerlo.
- Tía abuela! Eso quiere decir que… - Candy se alegró por unos momentos.
La mujer se volteó y enfrentó sus rostros. Volteó a ver a Anthony quien sonreía sabiendo que ella lo había comprendido y luego volteó a ver a Candy quien la miraba preocupada y expectante.
- Eso quiere decir que – Sonrió ligeramente – He recuperado a mis dos nietos.
- Tía abuela! – Candy se conmovió profundamente y sin pensarlo corrió a abrazarla fuertemente.
La anciana, al inicio muy sorprendida escuchando el llanto de alivio de la joven, se conmovió sintiendo renacer aquel cariño especial por esa chiquilla problemática y envolvió a la rubia para permitirle desahogar todo aquel dolor que había cargado, ella misma se sentía profundamente aliviada al conocer sus motivos que siempre había malinterpretado como rechazo e ingratitud de ella hacia los Andley, qué equivocada había estado!
Anthony muy sonriente se acercó a las dos damas y las abrazó también.
- No vuelvan a causarme más dolores de jaqueca por favor – Dijo más relajada la anciana – Bastantes me causaron estos años con su ausencia.
- No lo haremos nunca más – Sonrió el rubio – Cierto Candy?
Ella sonrió alegre y asintió a sus palabras mientras limpiaba sus lágrimas.
Después terminaron el abrazo se voltearon a ver los tres con una sonrisa, la tía abuela iba a decir algo respecto a ellos dos pero dado que no le constataba aún nada prefirió callar y que ellos se lo dijeran.
Candy y Anthony se perdieron en sus miradas y la anciana tuvo que aclarar su garganta.
- Ahora que las cosas se han aclarado – Carraspeó la anciana testigo del afecto de los muchachos – Anthony, necesito hablar contigo sobre Beth.
- Sobre Beth?
- Así es, sé que has estado buscando un colegio para que asista a clases.
- Sí, por qué lo dice?
- Crees que tienes los documentos necesarios para pueda ingresar a un buen colegio?
- Admito que no, no cuento con sus papeles.
Candy volteó a verlo, qué extraño, algo así no era propio de Anthony siendo su padre.
- Desde luego que no ibas a contar con ellos, no los tienes cierto? Y creo que no podrás tenerlos.
Anthony leyó la mirada de la anciana sobre él y éste abrió sus ojos azules.
- Es que usted ya lo sabe?!
La anciana afirmó con la cabeza.
- Beth me lo dijo desde un principio.
El rubio quedó en silencio totalmente asombrado y pasmado de la complicidad de ambas, no le había dicho nada porque él mismo no estaba seguro de cuál sería la reacción de la tía abuela con esa verdad, había pensado que rechazaría a la niña.
- No pretendíamos engañarlos pero…Por qué no me dijo que ya lo sabía?
- Porque…. – La anciana bajó su rostro tristemente – Era la única forma en la que pude saber de tu vida en todos estos años.
- Tía abuela…
- Decidí no hablar sabiendo a las cosas que expondría a esta niña con los Andley, además tú la defendiste como si realmente fuera tu hija – Fingió ecuanimidad.
Después de su enorme sorpresa Anthony sonrió tiernamente, tomó la mano de la anciana.
- Usted también la defendió de Eliza lo recuerda? Aún no le he dado las gracias por eso…
- Es tan sólo una niña – Trató de defenderse la anciana de sus verdaderos sentimientos hacia la pequeña pelirroja.
El amable ojiazul sonrió divertido por el comentario y luego reparó en algo, Candy lo estaba observando con los ojos más abiertos y sorprendidos que jamás hubiera visto en su vida.
- Eso quiere decir… - Comentó Candy mientras pestañeaba un par de veces – Eso quiere decir que…que no eres el padre de Beth!
El joven suspiró, interiormente sabía que la explicación más difícil era la que tenía que darle a Candy que a la propia matriarca de tan poderoso clan.
- Lo lamento mucho Candy, no iba a ocultárselos a ustedes pero no encontré el momento, fue mi error lo admito.
- Candy! – Archie ingresó en ese momento y quedó hecho piedra cuando vio a la tía abuela, a Anthony y a Candy charlar como si nada hubiera pasado, él habría esperado que se desatara otra guerra mundial en el interior la mansión Andley.
- Qué ocurre? – Entró relajado Oliver con las manos en los bolsillos de su pantalón café.
- Me retiro – Habló con autosuficiencia la anciana para permitir a su nieto dar las explicaciones correspondientes.
- Pero tía abuela… - Anthony quiso aclarar sobre Beth.
- No hace falta que lo digas, sé todo lo que la familia Carter hizo por ti en Escocia, así que ahora ella está a tu cuidado – Sonrió un poco y salió del salón.
- Qué ocurre? – Volteó Archie hacia la puerta por donde había salido la mujer – De qué están hablando?
- Creo que de mí – Habló con su dulce vocecita la niña pelirroja quien llevaba dos pequeñas trenzas a los lados.
- De ti? – Guiñó el ojo Oliver – Una polizón que llegó sin invitación ni previo aviso a Norteamérica? Seguro que sí! La reprimenda que tu abuelo te dará cuando regreses.
Por respuesta la niña sacó su lengua.
- No entiendo nada… - Se rascó la cabeza Archie.
- Beth en realidad no es mi hija – Dijo con calma Anthony sin dejar de observar a Candy.
- Qué?! – Gritó Archie.
- Jajajajajaja – Rió Oliver de buena gana y volteó a ver la cara de sorpresa que continuaba en el rostro de la rubia – En verdad creyeron eso? Jajajajaja
Pero la rubia seguía muda.
- Lo hice porque debía proteger a Beth de los Andley, creo que saben muy bien cuál habría sido su trato si se enteraban que era la nieta de un jardinero cierto? – Sonrió divertido ante la bonita cara de Candy cuya mente parecía que se había desconectado de la tierra.
- Beth no es hija de Anthony… - Fueron las primeras palabras que logró decir la joven de ojos esmeralda.
Pero quien estaba que ya no podía aguantar más la risa era su problemático y ruidoso amigo escocés quien se había tapado la boca para no soltar sonora carcajada.
- Jajajajajajaja – Llevó las manos a su estómago cuando no pudo contenerse más – Preciosa Candy, en realidad creíste eso? Eres enfermera no es cierto?
- Eh? – Palideció – Por qué lo dices? – Y luego se enojó con el pelirrojo por burlarse de ella – Desde luego que soy una enfermera Oliver!
- Jajajajajaja – Rió aún con más ganas el pelirrojo – Acaso no te das cuenta que Anthony…
- Es suficiente de aclaraciones! – Interrumpió Anthony sabiendo a la perfección a lo que iba a hacer alusión su amigo y por ende él también se convertiría en su objeto de burla.
Archie estaba boquiabierto escuchando a los dos hablar hasta que finalmente una idea aterrizó en su mente comprendiendo el por qué de las carcajadas de aquel escocés y en ese momento intentó ahogar su risa también pero sus intentos fueron en vano.
- Ahora tu también Archie! – Candy estaba más que indignada – Esto me lo pagarán! Se están burlando de mí!
- Suficiente, basta ustedes dos! – Los retó Anthony.
- Beth, cuántos años tienes? – Le preguntó divertídisimo Oliver.
- Tengo 6 años – Se llevó su pequeño dedo a su boca sin entender nada de lo que ocurría.
- Candy – Volteó a verla sin ocultar la burla en su rostro – Cuál era la situación física de Anthony hace seis años?
Anthony suspiró mientras llevaba una mano a su cara en señal de desesperación con lo que el otro iba a explicar.
- La situación física? – Candy llevó una mano a su boca recordando – Anthony no podía caminar, estaba inválido.
- Y aún así no te das cuenta que por ningún motivo él podía ser su padre?
- Eh? – Candy estaba más que ofendida con las burlas de Oliver – Por supuesto que no! Cómo iba a saberlo! No supe de Anthony en todo este tiempo!
- Y crees que una lesión en la columna no tendría otra clase de consecuencias? Si fuera tú aún me estaría preguntando cómo pudo convertirse en padre si ni siquiera hubiera podido…– Dijo sin pena Oliver.
- Basta he dicho! – Le ordenó Anthony detenerse.
- Eh? Bueno pues…. – Se detuvo en seco hasta que la idea finalmente le aterrizaba en la cabeza y un furioso sonrojo aparecía en su rostro en esos momentos.
Sonrojo que se hizo evidente también en el rostro del joven de ojos de cielo y cosa que tuvo por efecto desatar las sonoras carcajadas en los otros dos.
Para no avergonzar más a la muchacha Oliver se acercó a ella y le dio dos palmaditas en la espalda.
- Y he aquí, el fin del misterio de la aparición de Beth – Sonrió – Decepcionada o… aliviada? - La última palabra la dijo en voz baja en su oído.
- Vamos Candy – Llegó el rubio con ella y la tomó de la mano – Vayamos a otra parte para terminar de aclarar la situación de Beth, no sin antes agradecer la valiosa ayuda gráfica que innecesariamente Oliver dio…
Oliver desvió su mirada gris hacia el techo.
- No me lo agradezcas – Replicó algo nervioso.
Anthony le dirigió una mirada significativa que prometía una severa venganza y después salió de la habitación con Candy. Una vez que quedaron solos los dos muchachos Oliver suspiró aliviado porque la consecuencia de su broma no había tenido mayor efecto y tratando de olvidar la venganza a la que sabía que sería sometido por su amigo decidió algo en ese momento.
- Y bien Archie… - Le sonrió feliz a su nuevo amigo, según decía él.
- Y bien qué?
- A qué hora pasamos por las chicas?
- Eh? Cómo, no iremos con ellos?
- Deja tranquilo a ese par, además que juntos no nos harían el más mínimo caso, son demasiado obvios, por qué no salimos nosotros cuatro entonces? Aún me falta por conocer muchos lugares de Chicago.
- Si tú lo dices… - Archie de pronto sintió que se le iba la energía, ese tipo era la algarabía andando, demasiado para su pacífica vida, cómo le hacía Anthony?
CHICAGO
Lo observó ponerse de pronto un tanto nervioso, qué le ocurría? Si se había mostrado el más feliz al verla pero ahora todas las atenciones que le había dado se estaban dirigiendo hacia otra persona.
- Y a ti qué te ocurre? – Preguntó Archie.
- Nada en especial, es sólo que la última vez que la vi nos despedimos en circunstancias un tanto extrañas.
- No me dirás que estás nervioso? Jajajaja
- Por supuesto que no! – Reclamó el otro.
- Ah sí? Mira ahí está Patty! – Sonrió el castaño con malicia.
- Eh? – Volteó de inmediato a la puerta de la sala.
- Jajajajaja
Oliver llevó una mano a su cuello y se rió de sí mismo, tan evidente era que el despistadísimo de Archie se había dado cuenta? Por otra parte, sentada en un sofá café de la sala, Annie observaba al pelirrojo tratando de entender a qué se debían todas las atenciones hacia ella y ahora parecía olvidarse de ella.
- Buenas tardes… - Entró una tímida Patty, ocasionando una brillante mirada en el pelirrojo cuando la vio.
- Patty! Hermosa cómo estás? – Fue corriendo hacia ella y la tomó de sus dos manos.
- Eh….. bien… bien gracias – Sintió que el aire se le escapaba al contestar ante el bochorno provocado por el chico y trató de recuperar sus manos del agarre masculino.
- Qué bueno que irás con nosotros! Me habría sentido muy solo si no ibas.
- Vamos vamos déjala tranquila a Patty, ella no es como tú – Intervino Archie conociendo a su amiga.
- Eh? Pero por qué? Si estoy demasiado contento de verla – Hizo un puchero el otro – Nos vamos hermosa señorita?
Patty observó que le ofrecía con galanura su brazo y pese a su gran timidez aceptó el gesto. Caminaron a un lado de Annie que los observaba en silencio mientras sentía que en su pecho una extraña e incómoda sensación crecía cada vez más.
- Lista Annie?
- Eh? – La sacó de sus pensamientos el joven castaño.
Archie se adelantó y Annie corrió detrás de sus amigos luego de reaccionar.
Salieron a comer y después a bailar un poco, en esa época ritmo del jazz comenzaba a escucharse cada vez más.
- Sin duda alguna es un ritmo muy peculiar – Sonrió Oliver observando a algunas parejas bailar – Yo jamás podría! Patty, no me pidas que baile contigo esa pieza por favor.
- Qué has dicho?! – Comentó con espanto para risa de todos sus amigos.
Oliver rió a carcajadas y después fijó su mirada rojiza en la chica castaña, le gustaba mucho bromear a Patty, desde luego que sus bromas no iban tan lejos como con su mejor amigo, pero también la admiraba y no sabía por qué, sería la sencillez y sensatez que tenía ella y que era de todo lo que él carecía lo que lo hacía sentirse muy bien a su lado? Será que con ella sentía que podía a volar todo aquel fastidioso protocolo? Pero, y Grace? Además Patty era inglesa y de acuerdo a la tradición Rainsworth debía casarse con alguien de sangre escocesa pura.
Sacudió su rostro, en qué diablos estaba pensando?
- Archie, por qué no bailamos tú y yo? Hace mucho que no lo hacemos.
- Qué dices Annie?! Aún no estoy del todo acostumbrado a este tipo de música – Se levantó el chico ojos de miel y se disculpó para ordenar alguna bebida.
- Estás incómoda Patty? – Preguntó el pelirrojo.
- No, bueno, es decir, no estoy acostumbrada a venir a estos lugares, supongo que tú sí no es cierto?
- No lo creas tanto, tenía tanto deberes en Aberdeen que aunque hubiera querido no tenía el tiempo, aunque sí acostumbraba un par de clubes.
- Ya veo… - No supo qué más decir la castaña y observó obsesiva sus manos posadas sobre su larga falda, se sentía ridícula, sin tema de conversación, él tenía mundo y ella no, pero aún así intentó hablar sobre cualquier cosa – Oliv…
- Y a dónde se fue Archie? No me digas que te ha dejado sola hermosa Annie! – El chico no escuchó que Patty había dicho su nombre y éste se volteó con Annie.
- Eh? Bueno él…
- Jajajaja huyó y no quiso bailar contigo?
- Es un poco reacio al cambio a veces – Sonrió apenada.
Oliver se puso de pie y extendió su mano hacia Annie.
- Bailamos entonces? – Sonrió brillantemente.
- Eh? – Se ruborizó, tomó la mano del joven y se levantó.
- Enseguida regresamos Patty – Oliver guiñó su ojo a la castaña dejando a una Patty enormemente contrariada en la mesa.
El ritmo era agradable, las luces en el gran salón la hacían sentir que estaba viviendo algo completamente distinto a lo que estaba acostumbrada, se turbó al sentir que el chico de cabello de fuego deslizaba su mano por su cintura e interiormente se sintió culpable por haber aceptado la invitación.
Desde que lo había conocido ella sentía que ese chico le había enviado todas las señales de gustarle y, siendo egoísta como reconocía que a veces era, un sentimiento de envidia la invadía cuando observaba las atenciones del joven hacia su amiga castaña y por ello se sentía terriblemente mal.
- Archie se llevará una gran sorpresa cuando vea que no estás – Sonrió.
Annie pestañeó un par de veces y bajando su mirada le preguntó.
- Fue solo por eso que me invitaste a bailar?
- Eh? Por qué lo dices? Claro! Archie es muy lento para algunas cosas – Guiñó el ojo.
- No por nada! – Se apresuró a corregir ruborizada e intentó cambiar el tema – Supe que tienes negocios en la India.
El chico asintió.
- Es el negocio principal de la familia desde hace dos generaciones y gracias a eso ahora el apellido Rainsworth tiene mucho peso en Escocia, desde luego nada -comparado con los Andley.
- Los padres de Archie radican en Asia, a Archie no le gusta ir a esa clase de países, dice que son demasiado exóticos para él…
- Y a ti te gustaría ir?
- Tengo algunas amigas que han ido y me han hablado emocionadas de lo maravilloso que les fue en esos países.
- Así que quieres ir – Afirmó el otro.
- Bueno… admito que he tenido curiosidad.
Oliver la observó, hablaba con timidez y casi no lo veía a los ojos, después volteó a ver a Patty.
Por su parte la castaña, sin saber cómo ni en qué momento tuvo un sentimiento parecido al de su amiga, que brotaba en su corazón pero se recriminó a sí misma negando frenéticamente con la cabeza, era un sentimiento nada agradable.
No te puedes permitir esa clase de pensamientos Patty! Recuerda a Stear!
El despistado heredero Cornwell recibió con sonrisas a Annie y a Oliver para depresión de Annie y un suspiro resignado del otro, al parecer su plan de despertar los celos de su nuevo amigo habían fracasado.
Dos horas después, los chicos llevaron en el automóvil a las chicas a sus hogares, Oliver venía relatando divertidas anécdotas a Patty y Annie, quien iba a lado de Archie los escuchaba reír desde su asiento como copiloto.
Cuando se bajaron del auto en casa de Patty, Annie se acercó a ella y le dijo:
- Es bueno escucharte reír así otra vez Patty, Stear estará feliz de ver que has encontrado nuevas alegrías.
- Qué? – Patty palideció terriblemente en ese momento – No…no Annie, te equivocas, no es lo que estás pensando, Stear aún…el aún…
- Ocurre algo chicas? – Se acercó Oliver detrás de ellas.
- No, nada! Gracias, me tengo que ir… - Patty subió las escalinatas corriendo y no volteó a verlos después.
Oliver arqueó una ceja y volteó a ver a Annie, había alcanzado a escuchar algo de la plática. Stear, quién era Stear?
No le fue ajena la palidez de la chica de cabello castaño.
Mientras que Annie bajó su rostro arrepentida de las palabras que había dicho y habló poco el resto del camino.
- Gracias… - Respondió suavemente Annie.
- Nos veremos mañana – Sonrió Archie y comenzó a caminar hacia la puerta para regresar con su amigo a la mansión.
- Espera Archie!
- Qué ocurre? – Se detuvo.
- Eso… eso es todo?
- Cómo?
- Me refiero a que… - Se sonrojó, cómo decirle que quería un ferviente beso de despedida?
- Pasa algo?
- No, nada Archie… nos vemos mañana…
NUEVA YORK
- Pero qué has dicho Terrence?!
- Lo que te he dicho padre, estoy cansado de estar escondiéndome de esta ridícula amenaza.
- Sabes que tiene motivos para cumplirla – Agachó su rostro, aún le avergonzaba haber tenido que sincerarse con su hijo, había actuado como todo menos como un caballero inglés.
- Sí los tiene y eso no me extraña nada, pero ese problema fue contigo y no conmigo, no voy a separarme de la persona que amo para vivir bajo tu resguardo, tengo que explicarle a Candy! – Se levantó con mirada decidida.
- No hay tiempo Terrence, tenemos que regresar a Londres ahora mismo.
- Es mi última palabra papá – Le dirigió una gélida mirada – Iré a ver a Candy y después te ayudaré con tu problema.
Terry tomó su saco, lo puso rápidamente sobre su espalda y salió de la habitación, al Duque de Grandchester no le quedó más remedio que seguirlo.
ESCOCIA
No pudo contener la rabia y la descargó en él arremetiendo un fuerte golpe con aquel elegante bastón.
El estridor de las copas reventando en el piso calló su grito. Sus ojos café inyectados de odio observaron crueles y despiadados a los ojos azules.
El hombre de cabellos negros se incorporó en el piso y volteó a verlo sin decir nada.
- NORTEAMERICA! NUNCA ESTUVO EN ITALIA! – La vena de su frente se notaba tanto que pareciera que iba a explotar en cualquier momento, su rostro ahora totalmente rojo comprobaba la cólera, el odio y la rabia por aquel que le había mentido, un odio desmedido por Anthony.
- Nunca estuvo en Italia – Fue la única respuesta de Elliot.
Parecía un furioso animal que respiraba bruscamente, casi podía verse el vapor de su respiración, como un toro enardecido. Elliot jamás lo había visto así aún y cuando Liam lo había criado. Caminaba de un lado a otro y en el camino arrojó los jarrones al piso, aquella sala era un completo caos, estaba oscura, helada, los filos de los objetos rojos hubieran servido de arma para cualquiera que hubiera intentado un asesinato en ese momento, siendo los únicos en el castillo los ecos de sus gritos se escucharon a través de los pasillos.
- No, no, no – Negó frenéticamente – NO PUEDE TRAICIONARME ASÍ! ANTHONY EL NO! NO A MI! NO A MI QUE FUI COMO SU PADRE! Acaso me traicionó? – Sus ojos estaban tan desorbitados que parecía que había perdido la cordura – Mi hijo, mi hijo al que yo crié y salvé del encierro…me ha traicionado… Elliot, he recibido su traición?
- No ha llegado ningún comunicado de Norteamérica, no asumas cosas, crees que de haber descubierto del todo tu plan estaríamos aquí tan tranquilos?
- Es verdad…. – Tembló su voz, mientras intentaba justificar a aquel que llamaba su "hijo", pero sus manos temblaban mientras sostenía con furia su bastón, sus nudillos estaban blancos, ese era el peor estado posible, alguien que finge calma cuando su cuerpo está por estallar – Es verdad, Anthony, mi hijo, jamás me traicionaría…
- No ha renunciado a su cargo tampoco en la Cámara de los Lores, al contrario, Lord Callaham me dijo que había dejado varios proyectos.
- Sí…. – Tembló la voz de Liam – Sí….él será el futuro rey de Escocia y aún si supiera la verdad, aún si hubiera recordado algo, comprenderá que todo lo hice por reparar el honor de nuestra familia, para volver a ser la familia real que siempre fuimos….yo lo elegí a él.
Elliot lo siguió con la mirada, ese sujeto estaba a punto de perder el control y discretamente preparó su arma en caso de que se le ocurriera hacer alguna locura.
- Prepárate para cualquier cosa Liam, no podemos saberlo…aunque las cosas indican que no hecho nada en tu contra.
- CALLATEEEE! LA GLORIA SERÁ NUESTRA! LO EDUQUÉ PARA ESO! – Gritó Liam a escasos centímetros del rostro de Elliot.
Lo mejor sería que viajáramos y pronto a Norteamérica, de ser necesario… deberás eliminar al principal testigo de tu plan, a tu hijo como le llamas – No se inmutó ante la cercanía del hombre – Tanto tú como el otro debieron haber buscado al candidato primero aquí, en Escocia.
- No digas estupideces – Lo vio directo a los ojos – Un digno rey viene de una digna familia, lo negarás?!
Elliot desvió su mirada azul.
- Buscarás de inmediato a Anthony y lo harás regresar – Se acercó fuera de sí a Elliot y masculló cada palabra con la amenaza implícita de no volver con las manos vacías.
- Y si él no quiere regresar? – No se movió un ápice pese a la postura amenazadora del otro.
- LO HARÁS REGRESAR! NO ME IMPORTA CÓMO! HAS ENTENDIDO?!
- Así se hará Liam.
- No me importa a quién tengas que quitar de en medio! – Caminó hasta la ventana con paso inseguro, Elliot pudo observar el reflejo del rostro de Liam en el espejo y bien pudo compararlo con el del fantasma de un viejo salido de ultratumba a buscar venganza.
- Es muy arriesgado lo que me pides, no existe el crimen perfecto Liam…
- ELIMINARÁS A QUIEN SEA PRECISO HACERLO! …. ME ESCUCHAS! …. – Comenzó a agitarse tremendamente mientras gritaba a Elliot que más que considerarlo un miembro de la familia lo considera su peón, su mero ayudante – MALDITA LA HORA EN QUE REGRESAMOS! HUBIERA SIDO MEJOR HACER TODO DESDE AQUÍ! MALDITA NORTEAMERICA!...
- Debes estar preparado en caso de una traición – Remató Elliot.
Los labios de Liam temblaron tratando de decir algo y su rostro tembló de cólera ante la sola idea, sus manos se apoyaron en el bastón de marfil y sus ojos cafés se inyectaron de sangre.
- Él …. – Dio una gran bocanada de aire – El…. Jamás….
Con paso irregular intentó acercarse al otro.
- E…lliot… - Intentó respirar.
El otro se mantuvo en su postura erguida y volteó a verlo pero no respondió ni hizo nada ante la inminente crisis de salud de ese anciano.
- E…lliot… mi…. – Hizo otro esfuerzo por respirar y llevó una mano a su pecho – Mi medicamento…
Elliot no se movió un solo ápice y el hombre volteó a verlo con terror, no lo iba a ayudar?!
- Mi… medicamento….!
El hombre comenzó a perder la conciencia y su cuerpo cayó sobre el de Elliot pero este no hizo nada para aminorar la caída del anciano al piso, simplemente dejó que aquel cuerpo inconsciente cayera de bruces al suelo.
Sus ojos azules bajaron la vista hacia el inanimado cuerpo, su rostro y labios no mostraban sorpresa, ni felicidad, ni odio, nada. Pero era la mirada de este hombre de cabellos negros y ojos azules lo que dejaba helado a cualquiera que lo hubiera visto.
Su mirada azul parecía poseída en felicidad absoluta, el único sonido del que era consciente era el de su propia respiración, empuñó una mano y continuó viendo al inconsciente hombre. Calculó rápidamente la consecuencias de todo esto y los beneficios que le traerían, era ya el momento?
- Aún no… - Comentó en voz baja para sí mismo después de meditarlo y caminó hasta el escritorio de madera, abrió el cajón y sacó una píldora.
Regresó, sostuvo a Liam en su brazo e ingresó el medicamento en su boca.
- Aún me sirves – Continuó con su rostro serio.
CHICAGO
- Ya se me hacía extraño que no hubiera venido hoy al despacho – Dijo para sí la figura que espiaba desde la entrada de ese enorme edificio, luego volteó a sus alrededores – A qué habrá venido a un lugar como este?
La otra figura, la que era víctima de aquel espionaje, caminó hasta perderse de su vista.
- Disculpe, busco a la señorita Candice White, podría llamarla?
La enfermera ajustó sus gafas y observó al recién llegado.
- Ella se encuentra trabajando en este momento.
- Por eso no se preocupe, ella está citada al igual que yo con el doctor Flannagan.
- Me podría decir su nombre?
- Mi nombre es Anthony, Anthony Brower Andley.
No lo mostró pero la enfermera sintió un vuelco al escuchar el apellido.
Ya me habían dicho algo de ella, también es una Andley.
- Lo siento pero no tengo ninguna orden del doctor para que ella pueda ausentarse de sus actividades y…
- Anthony! – Apenas lo vio, corrió y lo saludó con la mano al aire.
- Candy! – El rubio también esbozó una gran sonrisa y salió a su encuentro.
Ella corrió tan ilusionada y feliz de verlo que no meditó y lo abrazó fuertemente, desde luego que la contraparte tampoco opuso resistencia y correspondió al cariñoso saludo.
- Cómo has estado Candy?
- Muy bien Anthony! Y tú?
- No tan enérgico como tú de eso estoy seguro jajaja
- Eh? – Después bajó su rostro y vio que seguía abrazada al rubio ruborizándose en el acto – LO SIENTO MUCHO! – Tembló su voz.
- Por qué? – Sonrió el otro.
Desde luego que no encontrando ninguna respuesta lógica que darle al apuesto muchacho.
Pacientes que iban y venían volteaban a ver a los rubios y ella se avergonzó aún más.
- Lamento haberte involucrado en esto Candy – Dijo Anthony mientras volteaba a ver a la enfermera en recepción y a otras que a leguas se veía que hablaban de su compañera.
- Descuida Anthony, estoy acostumbrada.
- Acostumbrada?!
- No siempre es así, vamos?
- Está bien… - Comentó no muy de acuerdo el muchacho.
En la última cita del heredero con el médico, ella los había interrumpido en el consultorio y les había rogado que le permitieran participar en la operación.
De alguna manera siento que estando yo involucrada, si algo sucediera yo podría salvarlo, solamente yo puedo hacerlo, solamente yo no permitiría que nada le ocurriera! Trato de no pensar en ello, trato de sonreír para él pero lo cierto es que… no hay día en que en mi camino a casa no pase primero a la capilla y pida por él, el doctor Flannagan se molestó mucho conmigo y Anthony también se opuso pero mi corazón está intranquilo, como hace siete años, siento que sólo yo podría llamarlo si sus ojos no se abrieran, sólo yo podría golpear a su corazón pidiéndolo que regrese conmigo, sólo yo podría traer de vuelta su aliento de vida.
Me tiemblan las piernas, hoy se definirá la fecha, cómo logra él mantenerse así de ecuánime? Volteó a verlo de reojo.
Candy regresó su mirada al frente y sus bellos ojos verdes que estaban al borde de las lágrimas se abrieron profundamente cuando sintió que alguien tomaba su mano, sin pronunciar palabra volteó a verlo y Anthony le sonrió tomando con más fuerza la mano femenina, ambos sentían lo mismo. Los ojos de Candy se nublaron, le sonrió de vuelta lo mejor que pudo y apretó su mano también.
Lo lograremos… Anthony!
Ambos salieron del hospital, Anthony había decidido esperarla a que terminara su turno para llevarla a casa pero esta vez, a diferencia de otras ocasiones, la chica apenas había pronunciado palabra.
- Ocurre algo Candy? – Se preocupó pero ella negó con la cabeza – Dime la verdad por favor.
Ante su negativa Anthony se detuvo y ella continuó caminando hasta que se dio cuenta que él no estaba a su lado.
- Anthony! Dónde estás Anthony?! – Volteó asustada.
- Aquí estoy Candy.
Ella escuchó su voz varonil a sus espaldas y volteó a verlo pero esta vez encontró una mirada entristecida reflejada en sus hermosos ojos azules.
- Anthony…
- Estás asustada, cierto?
Ella negó frenéticamente con su cabeza.
- Está bien que lo digas Candy, te has esforzado todo este tiempo por mí – Esto último lo dijo con nostalgia y tristeza mientras le trataba de sonreír.
- Anthony, antes de que ese día llegue – Tenía su rostro dirigido hacia el piso, incluso alcanzó a ver sus pequeñas lágrimas caer y mojar el piso – Cuáles son las palabras que aún no puedes decirme?
El apuesto joven se sorprendió por la inesperada pregunta y la observó con un inmenso amor, triste, pero con inmenso amor.
- Te lo diré, desde luego que te lo diré pero sin importar cuáles sean mis palabras no quiero que te ates jamás a ellas. Eres libre hoy y libre serás aún si yo…
- Entonces quédate!
Anthony levantó su mirada sorprendido por su petición.
- Quédate – Bajó su tono de voz a uno suave, imperante pero dulce – Quédate porque tu quieres seguir aquí, quédate porque te extrañaríamos, quédate porque perteneces aquí, con nosotros, conmigo.
La luz del sol de la tarde se posó en los ojos verdes de Candy haciéndolos brillar como dos grandes y profundos cristales, como caminos verdes e infinitos. Los ojos azules e intensos de Anthony temblaron vibrantes al observar sus hermosos ojos verdes resplandecer con el sol, tanto que había quedado mudo y estaba perdido en ellos.
Atraído irremediablemente por los espejos verdes de Candy, Anthony caminó hasta llegar frente a ella.
- Me quedaré… - Le dijo en un susurro y después la abrazó fuertemente y dejó salir su miedo a no poder verla nunca más – Quiero quedarme, no quiero irme, quiero quedarme!
Candy lo abrazó aún más fuerte, cerró sus ojos que asomaban un par de lágrimas y sonrió mientras asentía.
- Yo te llamaré, pase lo que pase yo te llamaré y regresarás!
Oliver, escondido detrás de un árbol volteó desconcertado al escuchar el intercambio de palabras de ambos, había pensado gastarles una broma pero el asombrado fue él mismo. Frunció su ceño.
- Quedarte? A dónde diablos piensas irte? – Volteó a verlos una vez más y un una idea nació en su mente, no había que ser muy inteligente para relacionar su presencia en el hospital con algo que iba a ocurrirle. Cuidando de no ser visto regresó a la mansión.
MANSIÓN DE CHICAGO
La pareja de rubios observaba con alegría las risas de la niña que corría detrás de una mariposa en el jardín.
- Aún no puedo creer que fuera tan despistada y no me diera cuenta de lo de Beth – Dijo con una sonrisa apenada.
- Descuida Candy, era natural.
- Pero entonces los padres de Beth…?
- Fallecieron hace tiempo – Alcanzó a explicarle antes de que la niña llegara para darle un gran abrazo y este alzarla en brazos.
Candy ya no dijo nada ante la presencia de la niña. Pobre pequeña, pero tiene a Anthony y no podía encontrar a alguien más cariñoso que él para hacerla sentir protegida.
…. Te sientes decepcionada o… aliviada?
Candy recordó las palabras de Oliver y sacudió su rostro desconcertando a Anthony y a Beth. Debo admitir que ese dejo de celos que sentía por alguien a quien hubiera él amado de esa manera ha desaparecido de mi corazón pero, está mal! Pobre Beth….
- Así que aquí estaban parejita! – Rió Oliver mostrando sus perfectos dientes.
- Oliver! – Lo regañó Candy envuelta en un lindo sonrojo.
- Jajajaja preciosa – Se dirigió a Patty – Así se sonrojaba Candy en el colegio cuando le hablaban del chico que le gustaba?
- No lo hacía… - Dijo con sonrisa resignada Patty.
- No lo hacía eh? – Sonrió malévolo – O sea que no se abochornaba cuando le hablaban del chico que le gustaba? Sólo con Anthony lo hace?
- OLIVER! – Gritaron al unísono Candy y Anthony.
- Jajajajaja.
- Uff…. – Candy suspiró ante la situación comprometedora en la que estaba desviando ese atolondrado la conversación.
- Está bien Candy, no diré más o despertaré los celos por tu pasado amor – Guiñó su ojo ocasionando que Candy se ahogara en exclamo que no logró decir.
- Deja de decir tonterías quieres? – Anthony lo alejó de la rubia con una expresión que hizo reír a ella misma y al resto.
- Ouch! Oye eso dolió.
- Aún me debes muchas – Dijo Anthony con aire de autosuficiencia.
- Eso lo admito – Volteó a verlo con una media sonrisa Oliver y después se avocó a su plan – Admítanlo chicos, Anthony y yo les hicimos falta en su estancia en Londres.
- Por qué lo dices? – Preguntó Archie.
- No es así preciosa Candy?
- Anthony siempre nos hizo mucha, mucha falta – Sonrió perdida en sus recuerdos en el colegio de Londres.
- No existía reunión en el dormitorio nuestro en la que no viniera a nuestros pensamientos – Se sinceró Archie – Siempre hizo falta nuestro líder, aquel que nos llevaba con su rebeldía a ver nuevas cosas.
- Archie… - Anthony colocó su mano en el hombro de su primo.
- En cambio nosotros no hacíamos más que estudiar y prepararnos – Habló con voz resignada y cómica – Él se preparaba para ser el futuro patriarca y yo su humilde lacayo… Imagina Anthony, nosotros, en el colegio San Pablo, rodeado de preciosas chicas, habríamos sido los más populares!
- Sí claro, y así Patty jamás te hubiera dirigido la palabra entonces.
- En eso tienes razón – Llevó su mano al mentón – Tampoco creo que Candy hubiera resistido los celos eh?
- Oliver eres un tonto!
- Jajajajaja imaginen, habríamos salido todos juntos, Anthony y Candy, Archie y Annie, Patty y yo..
- Eh? – Todos quedaron mudos ante las palabras del muchacho y quedaron en silencio.
- El colegio, habría sido el lugar ideal para gastar bromas.
- Sí claro, y las víctimas habríamos sido nosotros – Le respondió el rubio.
- Quién más si no ustedes? Aún recuerdo cuando me pediste que le dijera a la mucama…
- Basta!
- Qué tiene de malo? Estamos entre amigos…
- Ocurre algo Anthony? – Agradeció Candy internamente el giro de la conversación.
El apuesto joven rubio suspiró. – Qué más da?
- Les diré lo que pasó, Anthony estaba por tomar una ducha, yo bajé las escaleras y olvidé comentarle a la mucama que no entrara por el momento y seguí mi camino, acabábamos de cabalgar a caballo y regresamos al castillo llenos de lodo.
- Pero qué tiene eso de malo? – Ladeó Candy su cabeza rubia.
- Lo único malo es que jamás confíes en él para dar recados importantes, eso es todo – Comentó Anthony con un ligero rubor recordando aquel embarazoso suceso.
- Pero si la mucama vive enamorada de ti desde ese día jajajajajajajaja
- Eso quiere decir…. – La sombra de los celos se apoderaron de la rubia y palideció – Eso quiere decir que la mucama entró cuando …!
Todos los amigos ahogaron sus risas para sonrojo de las chicas desde luego.
- Anthony tiene la paciencia de un santo – Dijo terriblemente asustado Archie, que nunca se le ocurriera a ese escocés escandaloso ser objeto de su burla!
Candy bajó su vista totalmente abochornada, Anthony suspiraba un tanto sonrojado y por primera vez en su vida consideraba la posibilidad de enviar a Oliver a algún batallón de guerra, justo al frente.
ENTRADA A CHICAGO
- Finalmente estoy aquí – Observó la enorme ciudad mientras con su elegante sombrero se protegía del sol.
- Se encuentra bien señorita? – Preguntó la mujer que la cuidaba – Debe descansar primero.
- Lo haré después – Pero su mente no veía a nada más que a la figura masculina dueña de su corazón – Por favor, ya sabes a dónde iremos.
- Enseguida daré la orden al chofer – Hizo una leve inclinación.
Su corazón comenzó a palpitar furiosamente. Pronto lo veré! No me iré de aquí hasta que me escuche, hasta que me escuche y me perdone…
MANSIÓN DE CHICAGO
- Había alguien más con ustedes Archie o acaso entendí mal? – Preguntó genuinamente interesado Oliver.
- En el colegio? Sí, mi hermano – Dijo melancólico.
- Desconocía que tenías un hermano - Respondió asombrado.
- Tenía...sí, su nombre es Stear...
Oliver recordó ese nombre y la reacción de Patty.
- Y él dónde está ahora? – Continuó el pelirrojo.
Todos quedaron en un triste silencio sin atreverse a hablar. Oliver se percató de ello, incluso Anthony había bajado su mirada.
- Qué ocurre? He dicho algo malo?
Patty tomaba sus manos entre su vestido, nunca supo por qué, pero por alguna razón sintió que era su responsabilidad explicar la situación del piloto.
- Stear…él está muerto, él murió, en la guerra…
- Patty… - Candy volteó a verla muy impresionada de que fuera ella quien diera las explicaciones.
Los ojos rojizos de Oliver temblaron al verla, entonces, la vez que lloró en el barco cuando la invitó de paseo, la palidez de Patty cuando Annie había mencionado a Stear, era por eso. Eso quería decir entonces que Patty y Stear…?
- Archie – Habló Anthony en voz baja – Acaso Stear y Patty…?
El castaño asintió y Anthony quedó en silencio, qué era más importante? Un absurdo patriotismo donde en realidad los que manejaban al mundo lo único que hacían con esa guerra era hacerse más ricos o hacer feliz a la chica que amas? Elevó su mirada al cielo, quizás de no haber sabido él mismo lo que sucedía detrás de los frentes de guerra y cómo se repartían los territorios, cómo cierto Rockefeller engañaba a muchos fingiendo una posible crisis orillando al resto a perder sus acciones al venderlas lo más barato posible, quizás él mismo se había enlistado en la guerra así que no podía juzgar a su primo que había querido como a un hermano.
- Ah ya entiendo jajaja – Rompió el silencio Oliver llevando una mano a su cabeza reflejando su arrepentimiento por preguntar más de lo que debía – Lo siento mucho pregunté de más.
Oliver le dirigió una mirada significativa a Patty y ésta preocupada desvió su rostro a otra parte del jardín. Con que eso era, Stear es el fantasma del que hablaba Patty.
- A dónde vas Anthony? – Preguntó Candy.
- A redactar una larga carta al señor Rainsworth – Volteó a ver a Oliver – Una temporada en la India te hará bien.
- QUÉ?! No hagas esas cosas sin mi consentimiento!
- Jajajajajajaja – Rieron todos.
- Ya que estamos todos entre amigos – Reinició el pelirrojo, ya había descubierto una parte de la información que quería conseguir, quién era Stear, ahora debía enfrentar a Anthony – Debo decirles algo.
- Disculpe joven Andley – Llegó un mayordomo interrumpiendo.
- Qué sucede? – Dijo Anthony adelantándose a todos.
- Ha llegado un telegrama para la señorita Candice White Andley.
- Un telegrama para mí? Aquí a la mansión?
- Menciona que es urgente.
Candy tomó el sobre y procedió a abrir el mensaje y palideció de inmediato.
- Ocurre algo Candy? – Se preocupó Anthony al verla así.
- No… - Dudó – No, todo está bien.
- Preciosa señorita Candy, pero si estás más pálida que un pétalo blanco!
Candy volteó a ver a sus amigos y vio sus rostros preocupados, en realidad no lo percibía como un problema sino más bien como algo pendiente de aclarar.
Qué hago? Al fin y al cabo él vendrá a buscarme aquí también y se encontrará con Anthony muy probablemente.
- Candy… - Llegó Annie con ella.
- Todo está bien, es sólo que…
- Candy, es algo personal por lo que puedo ver – Se adelantó Anthony – No es necesario que nos digas lo que ha ocurrido, sólo, si necesitas ayuda cuentas conmigo, con nosotros.
- Anthony…
- Espero que todo esté bien – Le sonrió y comenzó a caminar, intuyó de quién provenía.
- Debe ser un telegrama de algún amor eh? – Dijo en tono de broma Oliver.
Candy abrió sus ojos y quedó en silencio y Oliver hizo lo mismo. Anthony se detuvo por unos instantes confirmando su sospecha y después continuó su marcha.
- Se quedarán a cenar todos cierto? – Volteó con una sonrisa y dirigió su mirada amable hacia Candy.
- Anthony… - El ya lo sabe! Sabe de quién se trata!
- Espera! – Le pidió Oliver.
- Qué ocurre?
- No hay algo que tengas que decirnos?
- Decirles?
- Algo como tus visitas continuas al hospital.
Anthony y Candy observaron muy sorprendidos al pelirrojo. Los había descubierto? Acaso sabía de su padecimiento?!
- D-de qué hablas Oliver? – Trató de investigar Candy qué tanto sabía.
- Pues de que por casualidad los vi en el hospital, acaso nuestro jerarca y candidato a la corona ha enfermado?
- Hospital? – Caminó Archie – De qué están hablando?
Anthony y Oliver se vieron directamente a los ojos, no, Anthony no iba a mentir eso lo tenía muy claro pero que no dijera nada lo ponía de peor ánimo.
- No…no es eso Oliver no ocurre nada, lo que pasa es…lo que pasa es que Anthony ha trabajado en exceso y se ha sentido un poco débil eso es todo, por eso le pedí que fuera, no es así Anthony?
- Sí, claro…
Oliver cerró los ojos y sonrió irónico.
Anthony suspiró, se serenó, volteó al cielo como era su costumbre y les devolvió una dulce sonrisa.
- Por lo visto tendré que adelantar mi anuncio…
- Espera Anthony! – Lo interrumpió Candy, llegó con él, lo tomó de la mano y se disculpó con el resto – Enseguida regresamos!
Ambos ingresaron a la mansión y cuando Candy vio que no había nadie del personal se dirigió al rubio.
- Anthony, no tienes que hacer esto aún – Tomó una de sus manos
- Debo hacerlo Candy – Colocó su otra mano sobre la blanca mano de la ojiverde – Creo que mi condición se hace más evidente cada vez, no lo crees?
- Anthony…
- Además, te he dicho que quiero quedarme aquí contigo, con todos ustedes – Pasó su mano suavemente sobre la dulce mejilla sonrosada de ella.
- Anthony…sobre ese telegrama yo no…es de Terry, el dice que vendrá, me lo ha dicho, quiere verme y… – Fue silenciada por él al colocar un dedo en sus labios.
- Sshh – Hablaban en voz baja, como si fueran dos enamorados – No necesitas decirme nada, yo respetaré lo que tú decidas.
- Pero Anthony yo no quiero que tú pienses que…. – Acercó su rostro al del muchacho.
Anthony para ese momento ya no escuchaba a la rubia, solamente acariciaba con su pulgar la suavidad de los labios de Candy y clavaba su vista en ellos. La piel de Candy se erizó ante su contacto e igualmente lo único que observó en ese momento fueron los voluminosos labios de él.
- No quiero… - Entrecerró sus ojos y atraída irremediablemente por él se acercó a sus labios – Que tú pienses que….
Ambos cerraron sus ojos, él la atrajo hacia ella y el contacto se hizo inminente.
- Anthony! – Gritó alguien su nombre al pie de la puerta.
Ambos rubios, aún abrazados y asombrados, se separaron un poco y reconociendo aquella voz voltearon hacia la entrada.
- Anthony! – Una joven de largos cabellos platinados comenzó a correr hacia ellos con una enorme sonrisa.
Sus espejos esmeralda temblaron al distinguir a aquella figura.
- Grace?…. – Anthony abrió profundamente sus ojos azules cuando la luz del sol finalmente le permitió ver a quien corría hacia él – Grace!
Para Candy, todo transcurrió en cámara lenta: Aquellos cabellos platinados más rubios que el sol ondearon suavemente en el aire, aquel vestido rojo granate, finamente bordado que se movía graciosamente, ese delicado aire perfumado que su presencia trajo en su camino. Aquella figura que parecía sacada de un cuento de hadas.
- Grace…. – Susurró para sí misma mientras la observaba extender sus brazos hacia el cuello del joven y ella misma se hacía a un lado completamente atónita.
Apretó el telegrama entre sus manos. Terry! Grace… Por qué?
Al pie de la puerta, Oliver, con su mano sobre el marco observaba con ojos dilatados y dolidos a la figura femenina proveniente de Escocia. Qué rayos haces aquí, Grace?
Ninguno de ellos imaginaba que dentro de poco, alguien totalmente desconocido, terminaría por resolver sus destinos, sus corazones.
