Holas! Disculpen la demora.. pero dejemos esa historia para el final y pasemos al cap... tienen una sorpresita más adelante!
Disclaimer: Nada de esto es mío. Los personajes son de Stephenie Meyer y la historia original es de PaigeMishel. A mí solo me pertenece la traducción.
"La sorpresa es el mejor regalo que la vida puede darnos."
-Boris Pasternack
Capítulo 12. Sorpresa
Mientras Jasper y yo bajábamos la escalera alfombrada de color beige (y después que él se diera una ducha) no solo nos encontramos con nuestras mitades, sino también con Rosalie y Emmett esperándonos – Emmett con una bolsa plástica blanca en su mano derecha.
Sabía que esto se acercaba. Hoy es la última noche del lunes del mes.
Es nuestra noche mensual de películas.
Por el brillo en los ojos avellanos oscuros de Emmett, era casi obvio que esta noche era su turno de escoger la película. Gemí internamente. He visto Jackass 1 demasiadas veces llegados hasta este punto. Pero creo que eso es mejor que el porno que eligió una vez hace años. Si alguien va a culparme por mi condición – culpen a Emmett. Tal vez si él no nos hubiera hecho ver nuestra primera orgía en DVD cuando teníamos doce, entonces aún podría haber sido monja.
Hah! Ignoren mis tonterías. Exagerar nunca le ha hecho daño a nadie, ¿O sí?
"Así que…" Emmett preguntó, mirándonos fijamente a Jasper y a mí; sonaba como un niño pequeño que rebotaba de arriba abajo casi como lo hace Alice, "¿Ya se besaron y se maquillaron?" Detrás de su espalda pude ver sus dedos cruzados y una risita se escapó de mis labios. Agarré las mejillas de Jasper fuertemente, y tiré de su cara hacia la mía. Lamí mis labios – como solíamos hacer cuando éramos pequeños – y le di un besito a Jasper directo en sus labios. Él gimió y se retorció, limpiando sus ahora húmedos labios con su antebrazo.
"Dios, Bells, ya no tenemos cinco." Jasper continuó gimoteando, mientras el resto de nosotros empezó a reír.
Minutos después nos encontramos posicionados cómodamente en la voluminosa sala familiar, Jasper se hallaba sentado al borde de un lujoso sofá azul marino, con Alice descansando placenteramente en su regazo. Edward y yo estábamos acurrucados en nuestro mueble de dos plazas – mi cabeza usaba su pecho cual almohada, y sus brazos me abrazaban seguramente alrededor de mi cintura. Llámenme paranoica pero, puedo jurar que cada cierto tiempo su mano acariciaba suavemente mi plano estómago, causándome temblores. Suspiré satisfecha, y me acurruqué aun más a él. De vez en cuando él se inclinaba para jugar con mi cabello, rostro, y cuello con ligeros besos de mariposa, y mi corazón continuaba derritiéndose cada vez que sus labios se unían me tocaban.
Rosalie estaba al otro lado del sofá en el que se hallaban Jasper y Alice, esperando que Emmett regrese. Este se encontraba frente a la enorme TV plasma, girando la bolsa de Blockbuster alrededor de su dedo meñique, con una sonrisa de oreja a oreja.
"Vamos Em, solo dinos cuál es la bendita película para que podamos verla de una vez," Rosalie demandó, su impaciencia definitivamente estaba saliendo a la luz al mismo tiempo que pasaba sus dedos frenéticamente por su largo cabello rubio.
"Ugh, está bien." Emmett refunfuñó, arrugando su nariz. Segundos después su sonrisa volvió y asintió en dirección de Edward y mía. "He decidido que este mes podemos dedicar la noche de películas a nuestro pequeño Eddie y a la futura mamá aquí presentes," Continuó con esa astuta sonrisa suya, y sacó el DVD de la bolsa plástica. "Así que pensé que podíamos ver Ligeramente Embarazada esta noche," Anunció al mismo tiempo que alzaba la caja del DVD al aire, riendo silenciosamente.
Rodé mis ojos, y pude sentir a Edward riendo calladamente debajo de mí.
Oh Emmett. Nunca vas a cambiar, ¿Cierto?
Él puso la película, y corrió al lado de Rosalie – prácticamente se abalanzó sobre ella. A veces me pregunto como Rose puede aguantar al pequeño travieso. Pero, cuando el fuerte sonido de una golpiza llenó la habitación, lo recordé; Rose puede vérselas ella sola. Emmett puede parecer un gigantesco y monstruoso oso, pero en realidad es un ingenuo oso de peluche. En cambio Rose es como un zorro. Fácilmente letal cuando quiere serlo.
La película comenzó, y fue en verdad agradable. Generalmente cuando Emmett elige una película en la que en la carátula aparecen los anuncios de "Sin censura" y "Extendida" (lo cual siempre sucede con cada película que él escoge) yo termino odiándola. Pero, estaba disfrutando esta película… Hasta que llegamos a la escena en la que Alison estaba entrevistando a James Franco, y terminó vomitando en el tacho de basura. Eso fue lo único que necesitaba. Tapando con una mano mi boca que estaba a punto de vomitar y usando la otra para liberarme de los brazos de Edward y destaparme de los cobertores, corrí hacia el baño.
No necesitaba mirar atrás para saber que Edward me seguía.
Justo como lo predije mi boca prácticamente explotó tan pronto como removí mi mano del retrete. Igual que la primera vez, Edward estaba sentado a mi lado, recogiendo mi cabello, sobando mi espalda, y murmurando cosas calmantes en mi oído hasta que terminé. No pude evitar oír una estruendosa risa en la otra habitación y rodé mis ojos.
Emmett siempre será Emmett. Tal vez la próxima vez, vomite en él. Veamos si piensa que eso es divertido – Sé que el resto lo encontraría así.
Rápidamente cepillé mis dientes, y Edward y yo caminamos de la mano de vuelta a la sala familiar donde la película continuaba. Nadie dijo nada, y Edward se dejó caer en la silla, sosteniéndome con sus brazos. Me arrastré hacia él, y puse mi rostro sobre su pecho, absorbiendo su único y dulce aroma que era cien por ciento Edward. Incluso después de todos estos años, aun no puedo reconocerlo. ¿Alguna especie de té, tal vez? Creo que Edward tampoco le estaba prestando mucha atención a la película, porque cada vez que le daba una mirada, lo veía mirándome fijamente, con un brillo desconocido en sus ojos.
Después de oír las líneas de la película por lo que asumo media hora, me encontré otra vez intrigada en el argumento de la comedia. Giré mi cuerpo de tal forma que ahora podía ver de frente el enorme televisor nuevamente, y justo como al principio de la película, Edward puso su mano en mi abdomen, acariciándolo suavemente de vez en cuando.
Estaba a punto de agregar Ligeramente Embarazada en mi lista de películas favoritas, pero algo paso; algo altamente desagradable.
La escena del parto.
¡MIERDA!
No esperaba ver al bebé saliendo. ¡Diablos! Sí, probablemente es una escena con efectos especiales, pero incluso eso me puso tensa; al igual que a todos en la habitación. Jasper y Emmett maldecían al mismo tiempo que se cubrían los ojos de la repulsiva imagen, Rosalie y Alice se encontraban sin palabras, Edward se congeló a mi lado, ¿Y yo? Solo podía pensar en el momento en el que yo deba hacer eso. No solo es el pensamiento completamente desagradable por no decir altamente perturbador, pero, bueno… ¡OUCH!
¿Cómo se supone que voy a expulsar algo del tamaño de una sandía de algo del tamaño de una manzana?
No pude evitarlo – varias lágrimas se escaparon de mis ojos y empecé a llorar. Para este punto todos me miraban fijamente, pero no encontraba algo en mí a lo que le importase.
"Bella, ¿qué está mal?" Me peguntó Emmett, su voz mostrando su obvia preocupación al mismo tiempo que removía su brazo que cubría sus ojos.
Traté de hablar, pero las palabras se quedaron en mi garganta. Eso me hizo ponerme aún más nerviosa. Edward me acercó más a su pecho, y me cambió de postura por lo que ahora me encontraba acunada en sus brazos. Él pasó sus manos por mi rojo rostro, limpiando mis lágrimas. En realidad no hizo mucho. Tan pronto desaparecieron, nuevas lágrimas salieron de mis ojos para reemplazarlas.
"¿Bella?" Me preguntó Edward, frotando su mejilla contra la mía.
Respiré hondamente. "Yo… yo," Tartamudeé y tomé aire. "No puedo hacerlo, Edward," Gimoteé en voz baja, enterrando mi cabeza en su cuello, y aferrándome a él como si mi vida dependiese de ello.
Dos ligeras risitas femeninas llenaron el cuarto, y sentí como se hundía la silla a mi lado. "Bella," Dijo la calmada voz de Rosalie mientras sobaba mi espalda. "Todo estará bien, lo prometo. "
"Claro, Bells," La voz de Alice venía de algún sitio cercano. ¿El suelo, tal vez? "Tu cuerpo está diseñando para traer bebés, Bella. Si no, no te encontrarías embarazada. " Continuó, y por la forma en la que lo decía, sonaba como si necesitara agregar un sarcástico duh al final de la oración.
"Pero…" Traté de reclamar, pero fui abruptamente cortada cuando los redondos labios de Edward se juntaron ligeramente con los míos.
"Bella," Susurró contra mis labios. "Vas a estar bien. Vas a tener bastante tiempo para preocuparte acerca de eso en los próximos meses, pero por ahora solo relájate. ¿Por favor? ¿Por mí? "
Ugh, odio cuando juega sucio.
Estúpido Edward.
Débilmente asentí con mi cabeza, presionando mis labios contra los suyos nuevamente. "Está bien," Susurré cuando finalmente retrocedí.
Era obvio que estaba mintiendo y todos ahí lo sabíamos.
Dos semanas después…
"¡Bella!"
Ugh, ¿Alguna vez he mencionado lo mucho que detesto que me apresuren?
Suspiré mientras ajustaba mi brassier sin tirantes. "¡En un momento bajo! ¡Tranquilízate! " Grité, claramente irritada.
Rápidamente inspeccioné todo mi cuarto, asegurándome que no me olvidaba nada. Desvié mi mirada hacia el espejo, y me di una chequeada rápida al terminar.
Llevaba puesto un vestido corto pero elegante, de satín y de color rojo que para mi disgusto se ajustaba mucho a mis curvas. Normalmente, esto no me molestaría, pero hace dos días atrás noté que lo que una vez fue mi plano vientre había sido reemplazado por un pequeño bulto. No estoy segura que alguien lo haya notado aún, y estoy totalmente segura que no voy a ser yo quien se los mencione, pero sé que esta noche eso no va a pasar desapercibido por Edward.
Gemí ante ese pensamiento.
Alice se aseguró de que mis piernas y otras zonas íntimas estén completamente depiladas. ¿Por qué? Quién sabe, así es ella. Edward y yo no hemos tenido relaciones desde que nos enteramos del bebé. No hemos hablado acerca de ello en las últimas dos semanas. Hubiera tocado el tema si no hubiera pensado en que Edward me rechazaría. No lo culpo por no querer tener sexo conmigo, si ese fuera el caso. Es solo que no soy buena con los rechazos – aunque el sexo se haya vuelto un tema tabú.
Llevaba poco maquillaje sobre mi rostro, pero aun así era más de lo que acostumbraba usar. Mis tacones Manolo Blahnik negros que Alice había insistido que compre el verano pasado complementaban perfectamente mi atuendo, y yo ricé algunas curvas extras en las puntas de mi cabello dejándolo suelto; justo como le gustaba a Edward. Y para rematar, y trabajar en mi vanidad, cogí una botellita azul con las palabras Davidoff Cool Water grabadas con una caligrafía elegante, y la destapé. Apunté la plateada boquilla en dirección a mi cuello, y la presioné dos veces, dejando que el aroma se esparza en mí. Repetí la acción en mis dos muñecas.
Bajando rápidamente las escaleras, corrí hacia los brazos de Edward que me esperaban al final de esta, causando que caiga hacia atrás. Por supuesto, él me atrapó antes de que llegara al suelo, y una vez que me encontré segura con los pies en el suelo golpeé juguetonamente su pecho. "Dios, Edward. Mejor avísame la próxima vez." Le dije, al mismo tiempo que él empezó a reír.
Ignorando mis palabras, me habló suavemente, y pasó sus dedos delicadamente por una de mis sonrosadas mejillas. "Luces hermosa, mi Bella."
Hm, tal vez sí me desee después de todo. Ah, a quién trato de engañar. Hermosa no es sinónimo de sexy, deslumbrante, excitante, etc.
"¿Lista para irnos?" Me preguntó, y simplemente asentí. Edward nos guió fuera de la casa y dentro del Volvo. Una vez adentro, Edward me dio una cinta del mismo material y color de mi vestido.
"¿Edward?" Le pregunté dudosamente, mis ojos no se fijaban en otra cosa que no sea el material que yacía en mi regazo.
"Sólo póntelo, amor. Quiero que sea una sorpresa."
"Pero Edward, tú sabes que od-" Me cortó.
Oh, típico de él.
"Lo sé, lo sé. Odias las sorpresas, ya lo entendimos. Pero tengo el presentimiento que esta te va a encantar. Alice y Rosalie piensan lo mismo." Dijo Edward, sonriendo con su típica sonrisa torcida. Gemí y dejé que ate la cinta alrededor de mis ojos. Podía ver ligeramente borroso a través del material, pero no lo suficiente para apreciar algo significativo.
Después de unos cuantos minutos, oí detenerse al Volvo. Edward salió del carro, y segundos después me sacó de allí junto a él. Él me guió unos cuantos pasos, antes de que oiga el tintinear de unas llaves y el sonido de una puerta abierta. Mientras entrábamos al local secreto, Edward lentamente desató la cinta de mis ojos.
Me encontraba atónita.
"Oh, Edward," Pude finalmente vocalizar, y dirigí mi mirada hacia él. Lucía complacido-obviamente consigo mismo. Este era uno de esos momentos que no podía evitarlo. Me abalancé sobre él.
"Eres absolutamente asombroso, Edward Cullen," Le arrullé al mismo tiempo que envolvía firmemente mis brazos alrededor de su cuello. Mi cuerpo se pegó al suyo, y sus brazos se enroscaron bajo mi cadera. Nuestros labios se juntaron, e inmediatamente rogué por entrar a su boca mientras pasaba mi lengua sobre su labio inferior. Edward gimió profundamente abriendo sus labios – dejándome entrar. Nos unimos con gracia, y comenzamos a masajear nuestras lenguas entre sí. Este beso no fue apresurado o brusco. Era lento, sensual y lleno de amor.
Retrocedí cuando necesité respirar, y Edward ligeramente apoyó su frente sobre la mía. "Te amo, Isabella Swam," Murmuró calladamente, mirando intensamente mis ojos.
"Yo también te amo," Le respondí, dándole una mirada rápida antes de alejarme de él y fijarme en nuestro alrededor nuevamente.
Estábamos en nuestro apartamento. Aún seguía vacio, aunque en a mitad de la sala, se hallaba una mesa grande con dos copas de champaña sobre ella y un vaso con rosas rojas. La única luz provenía de dos velas rojas que yacían a cada lado del vaso. Edward cargaba una bolsa térmica, la cual asumí que llevaba nuestra cena. El piso estaba cubierto de pétalos rosas, y el ambiente olía a flores.
Sin decir palabra alguna, Edward me llevó hasta mi asiento, sosteniéndolo para mí, y colocándolo en su lugar una vez que me senté. Luego, abrió la bolsa térmica azul, dejando al descubierto una caja blanca. Una caja de pizza. No pude contener mi risa cuando puso un trozo de pizza en mi plato. En verdad éramos sencillos. Para finalizar, sacó una botella que parecía de champaña, que tenía las palabras Jugo de Uva Welch impresas en el frente.
Tan sencillo, y tan perfecto.
"Entonces," Edward comenzó a hablar, rompiendo nuestro cómodo silencio. "Nunca acabamos de hablar acerca de algunas cosas."
"¿Cuáles cosas?" Le pregunté, totalmente desconcertada. Lentamente mordí un trozo de queso que había delante de mí, y bebí un gran vaso de jugo.
Edward rió por lo bajo, pasando sus dedos por su desaliñado cabello broncíneo que yo amaba tanto.
Realmente espero que nuestro bebé tenga su cabello.
Oh, a quién quiero engañar. Quiero que nuestro bebé tenga su todo. No quiero maldecir a mi pobre hijo con mis patéticos genes.
"Acerca de todo, supongo. Nunca decidimos que vamos a hacer después de graduarnos." Continuó.
Ah, mierda. En verdad, no me había detenido a pensar en mi vida después de graduarme. ¿Qué es lo que vamos a hacer después de la graduación?
"Bueno, para ser honesta no he pensado mucho en eso. Pero tiene sentido que tú vayas a la Escuela de Medicina," Tomé otro sorbo del jugo de uva.
"¿Y qué hay acerca de ti?" Me preguntó Edward, inclinándose en mi dirección ligeramente.
Suspiré y reí suavemente. "Yo me quedaré en casa con nuestro bebé, esperando desesperadamente que regreses a casa todos los días."
Varias emociones se cruzaron en su rostro. Alivio, shock y enojo fueron las tres que fácilmente pude identificar.
"¿Qué pasa con la universidad?" Me preguntó, su tono de voz algo alzado.
Suspiré nuevamente y me incliné sobre el taburete. Mi mano involuntariamente se posó sobre mi estómago. "Iré eventualmente, pero no vamos a poder ir a la universidad y criar un bebé al mismo tiempo," confesé.
Esa era una buena respuesta, ¿verdad? Quiero decir, es la verdad.
"Bella, no quiero que hagas más sacrificios de los que ya tienes que hacer. Si quieres ir a la universidad este otoño, irás. Para ese entonces, el bebé debería tener ya unos cuantos meses, y ambos sabemos que Esme estaría encantada de cuidarlo."
Lentamente, posé mi mano libre sobre la mesa. Agarré la mando de Edward gentilmente, y la sobé con mi pulgar. "Edward, no voy a encargarle a Esme nuestro bebé todos los días mientras estemos en la escuela durante horas. No planeo trabajar por lo menos hasta que él o ella empiece el colegio, igualmente, así que no importa si voy o no a la universidad en el otoño."
Edward suspiró, y apretó mi mano ligeramente. "Bella, solo quiero que seas feliz. Si tú en verdad no quieres empezar la universidad en otoño, no te obligaré, pero si quieres ir, por favor solo avísame. Podemos pensar en algo, te lo prometo." Me rogó.
Estuvimos en silencio por unos cuantos minutos, y podía decir que Edward se encontraba decepcionado porque yo no iría a la universidad. Solía hablarle acerca de lo poco que podía esperar a tener mi título en Literatura Inglesa. Pero las cosas han cambiado, y no creo que la universidad sea la mejor opción ahora. Incluso si Esme aceptara ser niñera todos los días – y conociéndola estoy segura que aceptaría gustosamente – después de que el bebé nazca las cosas se van a volver caóticas. ¿Cómo se supone que voy a ir a la universidad y ser madre al mismo tiempo? La universidad realmente es una cosa a tiempo completo. Tan solo asistir a nuestras clases no va a ser suficiente.
Lo admito, aún me pongo ligeramente asustada cada vez que pienso que voy a ser madre. Sé que estoy totalmente lejos de estar preparada y voy a fallar miserablemente en toda esta cosa de la maternidad, pero no puedo negar ese amor y ese lazo que está comenzando a formarse entre mí y mi bebé no nato – el hijo de Edward – nuestro hijo. No quisiera estar fuera de su vida solo por pasar mi tiempo en la escuela, haciendo tareas y atendiendo grupos de estudio.
"Mira," dije suavemente, aún sosteniendo la mano de Edward. "Si te hace sentir mejor, me apuntaré en algunos de esos cursos disponibles en línea. Luego, cuando menos te des cuenta, ya habré acabado varias de mis clases. ¿Cómo suena eso?"
Edward ligeramente sonrió y asintió. "Solo si eso te hace feliz, Bella."
"Hacerte feliz me hace feliz," Reí, y le di un golpecito a su nariz con mi dedo índice. Él también se rió, y se inclinó en mi dirección. Nuestros labios se juntaron, y la pasión entre nosotros era innegable. Rompiendo el beso, susurró sobre mis labios – abanicando su dulce y cálido aliento sobre mi rostro.
"¿Estás lista para el resto de tu sorpresa, mi amor?"
Levanté mi cabeza, y mis ojos se llenaron de confusión. "¿Hay más?" Medio gimoteé, medio pregunté. Edward me dio su torcida sonrisa y se rió. Se paró del estante y se acercó a mi lado de la mesa. Antes de que lo notara, me encontraba en los brazos de Edward, y él comenzó a caminar en dirección al pequeño pasillo.
Inclinándose, juntó sus labios a los míos una vez más. "Sí, hay más."
Cuando cruzamos el pasillo, pude ver un ligero resplandor proveniente de la habitación más grande – la que iba pronto a ser nuestra. La mirada de confusión nunca abandonó mi rostro, y cuando Edward me cargaba dentro del cuarto, lancé un grito apagado.
"¡Oh!"
Edward rió nuevamente. "¿Te gusta?"
La habitación seguía vacía, igual que el resto del apartamento. Pero en el medio del cuarto yacía una enorme cama matrimonial, sobre la cual había sábanas de un flamante rojo y unas cuantas lujosas almohadas. Igual que en la otra habitación la alfombra mostaza se encontraba cubierta de cientos de pétalos de rosa.
Ahora esto se encontraba superando la perfección.
Apreté mi agarre alrededor del cuello de Edward, y atraje su rostro al mío. No esperé a que aceptara mi invitación – forcé mi lengua por sus suaves y pálidos labios completamente dominantes. Esto no duró mucho. Pronto Edward se encontraba como yo, y lentamente nos guiaba hacia el colchón.
Bajo mi espalda algo sonó. Era incómodo e instintivamente mi brazo se posó bajo mi espalda tratando de encontrar aquel objeto. Sacándolo de debajo de mí, lo examiné de cerca. Era un trozo de papel.
"¿Edward?" Le pregunté, totalmente confundida. Continué observando el papel tratando de que cobre sentido le que estuviera tratando de comunicar, aunque no estaba teniendo suerte.
"¿Sí, amor?" Edward me contestó, apenas removiendo sus labios de mi cuello el cual chupaba ligeramente.
Instintivamente, mi cabeza se relajó, pero mis ojos seguían adheridos al trozo de papel en mis manos. "¿Qué es esto?" Empecé a gruñir impacientemente.
"Pues, ¿tú qué crees que es?"
Empecé a gritar y empujé a Edward de mi lado. "¡Deja de responder una pregunta con otra estúpida pregunta y contéstame!"
Dios, en verdad espero que esto sea culpa de las hormonas del embarazo. ¿Y si lo era? Me sentí terrible por todo aquel que sea forzado a tratar conmigo durante los próximos meses.
Para mi propio fastidio, Edward comenzó a reír. "Esa," Dijo, señalando el papel que sostenía firmemente sobre mi regazo, "es la constancia de que a partir de la medianoche de hoy, podemos mudarnos oficialmente," continuó hablando con una sonrisa escondida.
Mi mandíbula se cayó. ¡No esperaba que esto pasara hasta la próxima semana! Tiré el papel al aire, sin estar segura de donde caería, y me trepé sobre Edward quien yacía sobre su espalda en medio del colchón. Coloqué mis rodillas en cada lado suyo, y me agaché para besarlo una vez más.
"¿Qué hora es?" Pregunté, cuando ambos necesitábamos tomar aire.
Edward rebuscó su bolsillo y sacó su brillante celular plateado. Rápidamente lo abrió y lo miró antes de volver su mirada hacia mí. "Son las 12: 47," Murmuró al mismo tiempo que nuestros labios se juntaban una vez más-
Antes que me diera cuenta, me encontraba recostada sobre mi espalda. Los ojos de Edward no mostraban otra cosa que no sea amor y lujuria al mismo tiempo que taladraban los míos, y sus brazos se enrollaron alrededor de mi cintura. Él dejó que sus dedos siguieran el curso de mi cierre desde la curva entre mi trasero todo el camino hasta mi cuello; y una vez que llegó allí, tomó la misma ruta, tirando del rojo cierra con él. Lenta y suavemente, retiró el rojo vestido de seda de mi ligeramente cambiado cuerpo. Sentí el calor llegar a mis mejillas cuando recordé el nuevo descubrimiento de hace unos días. De pronto, no sentí como si Edward y yo hiciéramos el amor. Sentí como si fuera un estúpido y tonto objeto en un museo. El cambio en mi cuerpo aún no era tan drástico, pero no podía alejar mis inseguridades.
¿Acaso Edward me seguirá queriendo cuando me ponga gorda y redonda?
Probablemente no.
Suspiré e hice un gesto al pensar en ello. Esto no escape de la atención de Edward.
"¿Bella?" Su voz estaba llena de preocupación, y sentí una lágrima escaparse de mi ojo. Su dedo instantáneamente se movió hacia mi cara para retirarla, y sostuvo mi sonrosada mejilla en la palma de su mano. "¿Cuál es el problema?"
Sacudí mi cabeza rápidamente.
Por supuesto, Edward no aceptó eso como respuesta y continuó rogando. Eventualmente, me cansé de sus ruegos y me di por vencida.
"Estoy preocupada porque me voy a volver del tamaño de una casa y tú no me vas a desear más. ¿Feliz?"
Ambos permanecimos callados y Edward apoyó su cabeza en mi cuello. "Bella," sentí su respiración sobre mi piel. Lentamente levantó su cabeza hasta mi altura, y nuestras frentes se encontraron. "Tú eres hermosa. Siempre lo haz sido y siempre lo serás."
"Tú dices eso ahora," le solté antes de que pudiera pensar en lo que estaba diciendo. Mi voz era pequeña, débil y patética – justo como yo. Me sonrojé aún más, y desvié mi mirada hacia abajo. Edward tomó mi mentón con su dedo índice y me forzó a mirarlo.
"Ni se te ocurra pensar o decir eso. Tú no solo eres la persona más dedicada, asombrosa y hermosa que he conocido, sino también eres la mujer que amo más que a nada en este mundo." Su rostro ligeramente descendió, y lucía como pidiendo disculpas.
"Al menos así es hasta el momento," corrigió al mismo tiempo que sus manos lentamente se paseaban sobre mi desnudo estómago, haciéndome ligeras cosquillas.
Edward bajó su rostro hasta mi expuesto y ligeramente abultado torso. Lo besó delicadamente y habló con un calmado y suave tono. "Buenas noches, mi precioso bebé. Te amo."
Para este punto, las lágrimas se escapaban de mis ojos. Era como si la realidad viniera de golpe y reventara frente a mi cara. Ver a Edward comunicarse con nuestro bebé fue demasiado. Mi corazón se hinchó, y en ese instante un pequeño se unió a Edward como la razón de mí existir.
Amo a Edward, él me ama, y juntos nos embarcaremos en una de las más grandes aventuras. Paternidad. En este momento, eso es lo único importante en mi vida.
Solamente Edward, yo, y nuestra pequeña sorpresa.
