Aang durmió pensando en la respuesta. No sabía qué elegir realmente. Cunado oía a Sokka y Katara hablar del príncipe de esa manera y al recordar todo lo que le había echo, pues era obvio que su respuesta sería rotundamente "no". Pero en cambio, cuando escuchaba las palabras de Zuko y lo veía a los ojos, sentía una extraña sensación de confianza, que no sabía exactamente de donde provenía, pero la sentía de todas formas.
"¿A quién creerle? ¿En quién confiar? Zuko había cometido demasiadas atrocidades, pero… se veía tan arrepentido. Era demasiado confuso" Debía hablarlo con su grupo en la mañana.
Al salir el sol se dirigió hacia los hermanos agua.
- Oigan, sé que es algo tonto lo que les voy a preguntar, pero quiero que sean honestos: ¿Qué es lo que realmente piensan de Zuko? –Aang comenzó a morder sus uñas ansioso y atemorizado a la vez por las respuestas.
- ¿Por qué nos preguntas eso? –quiso saber la maestra agua.
- Pues… estuve pensando y la verdad es que no sé si las cosas que hizo fueron "tan malas" como creemos…
- ¡¿A que no?! –enfureció la joven y Aang se encogió de hombros-. ¡Él y sus estúpidos bufones incendiaron la Isla Kioyi, Aang!
- Si, e intentaron capturarte en el Templo del Fuego –refunfuñó Sokka.
- Robó el collar de mi madre…
- ¡Nos atacó junto a piratas!
- También nos atacó en la Tribu Agua del Norte…
- ¡Y con Azula hasta lograron acabarte en Ba Sing Se!
"Vaya… viéndolo así pues, si que fueron muchas cosas…" pensó Aang rascándose la cabeza y arqueando una ceja.
- Pero también hizo cosas buenas: la vez que se enfermaron… él me salvó de la prisión de Zhao.
- ¿Y eso qué? Fue una sola cosa buena entre miles de barbaridades… -gritó Sokka.
- Pues… entonces creo que ya quedó claro lo que piensan de él –Aang agachó la cabeza.
- Pues… veamos… En mi opinión es un zángano del demonio que se aprovecha de los débiles de mente que creen que ha cambiado cuando en realidad es el mismo idiota de siempre –Katara le echó una mirada asesina a su hermano al decir esto-. ¡Oh! Y tú Aang, claro.
El niño miró a Katara con ojos tristes.
- Aang… tú sabes perfectamente lo que pienso de aquél hombre. No quiero nada que ver con él. Ha hecho cosas verdaderamente horrorosas, y cuando digo "horrorosas" hablo en serio Aang –Katara miró el suelo y agradeció a los espíritus que Toph continuaba durmiendo en ese instante.
- Tengo en cuenta sus opiniones… pero yo soy quien decide quienes son mis maestros y quienes no. Aunque les agradezco que intenten protegerme –Aang tomó su planeador-. Sé que ustedes están en contra de esto, pero yo debo aprender fuego-control lo antes posible. Necesito un maestro fuego… Ya no puedo perder más tiempo.
Dio un salto para alejarse volando mientras los hermanos se miraban con cara agria, de ninguna manera permitirían que aquel hombre se uniera al equipo.
Aang aterrizó a unos pasos del campamento de Zuko, y éste lo observó a lo lejos, lo había estado esperando.
- ¿Ya lo pensaste? –preguntó recostado en el suelo.
- Si. Y estás aceptado –le afirmó sonriendo.
Zuko se puso de pie, agradecido al fin.
- No te fallaré, lo prometo.
Caminaron durante un largo tiempo. Al niño le hubiera deseado volar en su planeador para llegar más rápido pero dudó en que al maestro fuego le agradara la idea de tener que colgarse sobre una vara de madera para cruzar por los cielos. Era mejor seguir andando a pie.
- ¡Llegamos! –gritó Aang entusiasmado, aunque Zuko pareció algo dudoso: no sabía cómo estarían las cosas con Toph ahora.
"Oh, no…" dijeron los hermanos agua al ver que Aang se acercaba con aquel desgraciado a su lado. Toph se mantenía sentada sin decir nada, con la cabeza gacha y su cuerpo acurrucado. Sokka la abrazó cariñosamente pero ella exhaló agotada al sentirlo cerca.
- Siéntate aquí Zuko –Aang se sentó junto a él para que no se sintiera excluido-. Puedes beber un poco de esta sopa si tienes hambre –el joven le mostró un tazón de comida pero Katara inmediatamente lo observó con desagrado.
- Yo preparé esa sopa y sólo puede repartirse entre Aang, Sokka, Toph y yo –dijo, con voz áspera.
Aang la miró con pesadez. Era tan tonto discutir...
- Enseguida vuelvo –Toph se puso de pie y caminó hasta perderse en el bosque.
- ¿A dónde creen que haya ido? –preguntó Katara.
- Tal vez a jugar con las rocas –dijo Sokka echándose hacia atrás en el suelo.
- Se ve algo triste últimamente ¿no lo creen? –preguntó el Avatar extrañado-. Está extraña, no parece la misma de antes…
- Yo tengo una teoría de por qué su actitud –dijo Katara y envió una mirada asesina a Zuko.
El príncipe la miró con desagrado, sospechó que la maestra agua sabía algo de su relación con aquella joven.
- Aang, ya vuelvo –dijo y se retiró.
Caminó hacia el bosque. Escuchó unos fuertes sonidos que provenían de un cierto lugar. Se acercó a ellos y observó cómo la maestra tierra golpeaba ferozmente las rocas con sus manos y las partía en perfectas porciones. Si en un momento hubiera parecido débil, pues en ese momento era todo lo contrario.
Intentó no hacer demasiado ruido para que ella no se percatara cuenta de su presencia.
- ¿Qué haces aquí? –preguntó fríamente.
- Solo quería verte, aunque sea por unos segundos –le dijo apoyándose en el árbol.
- Sabes que a Katara y a Sokka no les caes nada bien ¿verdad? –dijo sonriendo picaronamente.
- Lo sé pero no es algo que me quite el sueño: a decir verdad ni siquiera me importa lo que crean esos dos…
- Aunque a Aang le agradas –volvió a sonreír aunque aun se notaba triste.
Zuko comenzó a observarla.
- Sabes… Hay varias cosas de tu cuerpo de las que no debes tener ni idea –dijo sonriendo-. Como de tus lunares.
- ¿Lunares? –detuvo el entrenamiento y se dio la vuelta para estar frente a él a pesar de estar bastante lejos el uno del otro.
- Si, lunares. Estás llena de ellos, pero son muy pequeños, de lejos no se ven. Creo que soy el único que los ha notado.
Toph se sonrojó y agachó la cabeza, sabía perfectamente de lo que aquel estaba hablando.
- Sabes, tienes un hermoso lunar en uno de tus párpados. También tienes uno cerca de tu ombligo y otro debajo de tu ceno izquierdo, aunque ese es más grande que los demás. Me encanta. Me encanta todo de ti.
- ¡Zuko, basta! –gritó y se acercó a él furiosa-. No te importo, lo dejaste bien claro ayer…
- ¿Qué? ¡¿Cuándo dije que no me importabas?!
- Dijiste que sólo habías venido por Aang…
- ¡Claro que no! Yo dije que sólo deseaba unirme al Avatar. Vine por ti… -le dijo rozando las mejillas de la joven con su mano.
Ella se alejó regañando aunque sonrió y volvió a dirigirse a él cruzada de brazos, con gesto provocativo.
- Aunque ahora tengo a Sokka para que me consuele –rió luego de decir esto.
- ¡No te atrevas a acercarte a ese cretino! Es una orden…
- ¿Disculpa? –arqueó una ceja mientras sonreía-. Te aclaro que ya no estamos en tu castillo y que ya no soy tu prisionera. Ahora ambos estamos parados en el mismo sitio y en las mismas condiciones. Aquí nadie es superior a nadie y no puedes darme órdenes.
- No importa el lugar ni las condiciones, tú seguirás siendo mía siempre…
- ¿A si? –Zuko asintió con la cabeza y Toph lo percató gracias a las vibraciones de sus pies.
"¡Si, ahora estaba en tierra firme! Iba a darle una buena tunda esta vez, le demostraría que no era la niña débil que él encontró en la prisión"
- ¿Con que tu dices que te pertenezco, eh? –Toph sonrió juguetona-. Hagamos una cosa: tengamos un combate… si tú me ganas podrás decir eso a cualquiera que se te cruce y yo deberé aceptarlo sin reprochar… Pero si yo gano: tú deberás obedecer todas mis órdenes sin queja alguna. Y cuando digo todas mis órdenes: ¡me refiero a todas! No importan cuan vergonzosas o tormentosas sean. Tú deberás obedecer como esclavo ¿Has comprendido?
- Acepto –dijo sonriendo y con mirada agresiva.
Ambos tomaron posición.
Toph fue rápida y en instantes hizo un muro de tierra que dejó encerrado a Zuko, aunque él expulsó poderosas bolas de fuego por sus pies que hicieron un perfecto agujero en el muro. Salió de él rápidamente y ella esta vez creó una gruesa columna de tierra que salió por debajo del suelo con increíble fuerza y lo mandó a volar.
Luego de eso Toph esperaba que el cuerpo de Zuko cayera y se estampillara contra el suelo, pero jamás sucedió, pareció como si se hubiese perdido en el cielo.
"¿Es donde estás?" se preguntaba intentando localizarlo con sus pies, pero éstos no encontraban rastros de Zuko: definitivamente él no estaba en tierra firme.
Zuko bajó de un árbol y aterrizó detrás de ella, la tomó por la cintura y le dio un beso en la mejilla. Toph lo alejó de un empujón y limpió su cachete con la mano con gesto desagradable aunque no le había parecido del todo desagradable en realidad. Él reía con fuerza. Toph se enfadó y le envió unas grandes rocas que Zuko partió a la mitad con unas fuertes patadas.
Aunque ahora la joven creó una nube de tierra que dejó a Zuko sin visión. Ahora era Toph quien reía, y aprovechó para crear un muro tan poderoso que arrojó a Zuko al suelo. Intentó levantarse pero Toph corrió rápidamente hacia él. Se sentó sobre el estómago de él aprisionando sus manos y piernas contra el suelo. Acercó sus labios a la oreja de Zuko y sonrió con picardía.
- Ahora tú eres mi prisionero.
