"Un Negocio Arriesgado"
Disclaimer: La Saga Twilight y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora Stephenie Meyer.
Pareja: Edward Cullen/Bella Swan
Summary: Desesperada por sacar de la cárcel a su padre inocente, Bella acude al único con el suficiente poder para hacerlo: su multimillonario y arrogante jefe Edward Cullen, a quien jamás ha tratado. Para cobrar una herencia bastante importante, Edward necesita una esposa y la necesita ya. En un arrebato de desesperación, lo que surge como un negocio puede convertirse en el arreglo más peligroso de sus vidas.
Notas de la autora: Hola lectores! Bueno, hoy no tengo mucho que decir salvo que el título del capítulo lo dice todo. Para Edward también llega una de las pruebas de fuego en este capítulo y probablemente nos seguirá desesperando, pero espero lo entiendan y sean pacientes pues los siguientes capítulos se irán complicando un poco para todos los personajes. Antes que nada quiero agradecer como siempre a todos por sus reviews que me ayudan a seguir escribiendo. Debo decir que este capítulo me resultó bastante entretenido de escribir y espero que se refleje para ustedes y lo disfruten también.
Hoy no tengo mucho más que decir salvo que disfruten y dejen review al final!
Capítulo 13°: Celos
~Bella's POV~
Días después
-¿Cenaron en la torre Eiffel?- la voz chillona de mi mejor amiga resonó en mi oficina- ¿Es en serio?-
Por enésima vez, entorné los ojos y me incliné para hablar más bajo.
-Dilo más fuerte Ness, creo que no te oyeron en Mercadotecnia-
-Ay no me importa! Edward es tu esposo y era tu cumpleaños- se encogió de hombros- Además no dudo que ya todos por aquí sepan a donde te llevo el jefe a pasar tu cumpleaños-
Me hundí más en mi silla mientras fulminaba a Renesmee con la mirada. A pesar de que todos ahí sabían que era la esposa de Edward, intentaba no hacerlo notar mucho pues lo último que necesitaba era más gente hurgando en nuestras vidas. Con su familia, mi padre, Victoria, James, la prensa y hasta la entrometida de Tanya Denalí teníamos suficiente.
Aunque tenía que admitir que después de mi cumpleaños y desde nuestro regreso de París, no me importaba mucho que la gente lo supiera pues la convivencia entre Edward y yo cada vez era más y más natural. Más sencilla.
Más perfecta.
Estar con él era simplemente increíble, y haber conocido esa faceta de él en donde podía ser tan tierno y gentil como apasionado y arrogante había sido simplemente mi perdición.
Sin embargo si recordaba ese simple pensamiento que había tenido nuestra primera noche en París todo se complicaba en mi cabeza, y por mucho.
Desde que me había dado cuenta que sin remedio alguno me había enamorado de Edward y que sin poder evitarlo se había convertido en el hombre que amaba a pesar de nuestras circunstancias, el miedo me atacaba de manera inmediata y me impedía dormir por las noches.
Esas noches en las que desnudos y totalmente saciados después de una buena sesión de sexo, sentía que se quedaba con otro pequeño pedazo de mí. De mi mente, de mi corazón, y de mi alma.
Porque mientras él tenía sexo conmigo, mientras tal vez él solo me hacía suya para saciar su necesidad, yo le hacía el amor.
Me sentía vulnerable. Totalmente expuesta a él. Me sentía total y perdidamente enamorada.
Pero sobre todo sentía miedo al darme cuenta que mientras yo lo amaba silenciosamente y cada día un poco más, el día para que nuestro trato terminara estaba cada vez más cerca. El día en el que él tendría su herencia, mi padre saldría de la cárcel, nuestro falso matrimonio podría terminar y cada quién podría seguir su camino como si nada hubiera pasado.
Y yo no tenía la más mínima idea si Edward sentía siquiera algo al respecto, porque después de todo para él todo eso podría ser sexo y nada más, algo que me dolía de solo pensarlo.
Y lo peor de todo es que ni siquiera era capaz de decirle a Nessie lo que sentía, y decidida a no decirle nada para no complicar más la situación, me había resignado a sentir todo aquello completamente sola.
-¿Bella?- su voz me sacó de mis cavilaciones- Bella!-
-Lo siento, Ness. Me perdí un poco-
-¿Tú crees?- preguntó sarcástica- Estabas en otro planeta! ¿Qué te traes, Swan? Desde que volvieron de ese viaje a París has estado muy extraña-
-No es nada, Nessie- mentí mientras acomodaba unos papeles- Es solo que con los nuevos cambios de puesto y contrataciones he estado muy ocupada-
Al parecer eso la dejó satisfecha. Después de todo era en parte cierto. Mañana entraría un nuevo empleado a mi área, y aunque yo no lo había entrevistado desde mañana tendría que apoyarlo a instalarse. Con tanta carga de trabajo en los últimos meses el área de finanzas necesitaba un buen contador que apoyara a Heidi, mi mano derecha y que ahora se encontraba en licencia por maternidad.
-Es cierto! ¿Cuando dices que entra el nuevo?-
-El lunes. Alec está terminando los papeles de contratación para Recursos Humanos-
-¿Entonces no sabes quién es?-
Sonreí sin poder evitarlo. Lo único que conocía del hombre era su nombre, y no había podido evitar soltar una risa en cuanto me lo habían mencionado. Estaba segura que a Renesmee le pasaría lo mismo en cuanto se lo dijera.
-Lo único que sé- tomé aire- Es que se llama Mike-
Tal como lo había pensado Renesmee abrió sus ojos de par en par y soltó una sonora carcajada que me sacó una sonrisa más amplia.
-¿Mike?- meneó la cabeza- ¿Cómo tu ex novio Mike?-
Asentí. Mike Newton había sido mi novio por dos años, y habíamos terminado dos años atrás cuando nos habíamos graduado de la universidad. Él había conseguido un puesto importante en una empresa de Italia y aunque me había propuesto que nos casáramos y me fuera con él, no lo quería lo suficiente como para dejar mi vida en Seattle y había decidido terminar con la relación.
Lo querías, pero no lo suficiente. Me había dicho Renesmee alguna vez cuando meses después me preguntaba si había tomado la decisión correcta, y ahora, aún cuando mi vida era un completo caos y algo incierta a lado de Edward, no podía decir que me arrepintiera en lo más mínimo.
-Lo sé, también me reí cuando lo supe-
-Me imagino- rió de nuevo- Eso sí que sería retorcido amiga-
Como única respuesta me reí con ella y tomé un sorbo de mi taza de café.
~o~
El lunes comenzó muy agitado. Con la entrada del nuevo empleado- a quién aún no conocía- Alec había estado con él toda la mañana y tanto Recursos Humanos como el departamento de Finanzas habían estado en su capacitación inicial.
Y no sabía si era por el hecho de que no me ocupaban o el hecho de ser la esposa del director de la compañía, pero últimamente a mí no me molestaban mucho con tareas tediosas.
Tampoco me quejaba, pero me parecía algo estúpido que ahora todos a mí alrededor me trataran como a Edward cuando caminaba por los pasillos, y para entonces comenzaba a hartarme.
Me preguntaba si Edward sentiría lo mismo alguna vez.
-¿Dónde se habrá metido mi esposito?-
Me pregunté por enésima vez en esos quince minutos y miré de nuevo el reloj del pasillo del departamento. Era la una y quince y Edward aún no llegaba por mí para ir a comer como ya se nos había hecho costumbre hacer todos los días, y para entonces estaba tan hambrienta que estaba considerando la idea de adelantarme.
Antes de dedicarle una palabra no muy agradable, sentí unos toquecitos en mi hombro y me giré para quedar frente a Alec. Y detrás de él estaba la persona que jamás esperé ver en un futuro cercano.
Abrí mis ojos sorprendida y el hombre frente a mí hizo exactamente lo mismo.
-Bella, quiero presentarte a Mike Newton, el nuevo administrador financiero del que te conté y que estará en el puesto de Heidi mientras ella… -
La voz fuerte de Mike lo interrumpió y haciéndolo a un lado, dio un paso al frente para mirarme.
-¿Bella?-
-¿Mike?-
-No es posible!-
Soltando una sonora carcajada que me contagió, me dio un fuerte abrazo que me sacó el aire y sin poder resistirlo lo abracé de vuelta. Tenía tanto tiempo sin verlo que el abrazo resultó reconfortante y la espontaneidad de Mike me sacó una enorme sonrisa.
Una vez que nos separamos me tomó por los brazos y me miró de arriba abajo como si fuera un espejismo.
-No puedo creerlo, Bella Swan!- sonrió encantador- Estás guapísima-
-Gracias Mike, pero esto es una enorme sorpresa!- sonreí aún más- Tú en Seattle! ¿No estabas en Italia?-
-Así es, pero descubrí que allá todos son demasiado patriotas para mi gusto- reí aún más- Así que decidí regresarme a donde pertenezco-
Después de unas risas más Alec se aclaró la garganta para hacerse notar y una vez que recordé que estaba entre nosotros lo miré para descubrirlo mirando de reojo al fondo del pasillo. Confusa, miré en la misma dirección que él para darme cuenta que al final del pasillo estaba Edward.
Mirándonos a Mike y a mí con cara de pocos amigos y completamente rígido desde su lugar.
Maldición. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí?
Antes de poder responderme esa pregunta, la fuerte presencia de Edward se hizo notar en el lugar y sin dejar de mirarme caminó lentamente hasta que estuvo junto a nosotros. De manera casi inconsciente me zafé lentamente del amarre de Mike para no parecer grosera y frunció el ceño ante mi cambio de humor tan repentino.
Y es que inconscientemente sabía que hacía eso por miedo a que Edward se enfadara. Lo conocía lo suficiente para saber que no le había gustado nada la familiaridad entre Mike y yo.
Fue una cuestión de segundos para que Mike notara la presencia de Edward.
-Buenas tardes-
-Edward, hola- lo saludé sonriente- Mira, él es…-
-Mike Newton, supongo- me interrumpió serio- Mucho gusto-
Le ofreció la mano a Mike, quien saliendo de su confusión tomó su mano con seguridad y la aferró con fuerza. Entonces fue imposible ignorar las dos fuertes presencias que tenía frente a mí.
-Mucho gusto, eh…-
-Edward Cullen, su esposo-
Tanto Mike como yo abrimos nuestros ojos sorprendidos. Estaba segura que Mike sabía quién era el hombre que tenía frente a él, y estaba claramente sorprendido por saber que se trataba no solo del CEO de la empresa sino de mi esposo.
Yo por mi parte estaba más sorprendida por la manera en la que se había presentado. Como mi esposo. No como el director de la empresa, ni como el jefe de su jefe, ni como el multimillonario de Seattle, sino como mi esposo.
Y como si eso no fuera suficiente se colocó a mí lado y me aferró de la cintura con fuerza, algo que jamás hacía frente a los demás empleados en la empresa.
Excelente. El territorial y posesivo Edward había hecho su aparición. Reprimí las ganas de entornar los ojos.
-Espero que te esté gustando la empresa, Mike- me miró- Te diría que espero que todos te estén tratando bien, pero veo que eso no ha sido un problema-
Roja de vergüenza, reprimí las ganas de darle un codazo a Edward pues para entonces todos alrededor nos miraban pendientes de la extraña escena. Sin embargo y a pesar del ataque de Edward, Mike no flaqueó en ningún momento.
-Así es, Edward- respondió confiado- Estaba saludando a Be…tu esposa- corrigió enseguida- Llevaba años sin verla. Muchas felicidades por cierto, tienes a una excelente mujer como esposa-
Como única respuesta, Edward alzó las cejas claramente sorprendido y en ese momento deseé que me tragara la tierra por completo. Aunque Mike no lo había dicho explícitamente era obvio que la relación entre nosotros había sido diferente en algún momento, y entonces recé internamente porque ninguno de los dos dijera algo más relacionado a mí.
Pero sobre todo, recé por fuerzas para soportar lo que vendría. Estaba segura que tener a Mike trabajando conmigo y con Edward sabiéndolo, me daría unos cuantos dolores de cabeza.
~o~
Esa misma noche, tumbados en la cama completamente desnudos y ajetreados después de una alucinante jornada de sexo, Edward tomó los condones que se encontraban en su mesita de noche y los guardó en el cajón para acomodarse a mí lado.
Mientras tanto yo seguía intentando normalizar mi respiración.
Esa noche Edward había llegado algo tenso a casa, y sin darme tiempo siquiera a cenar, me había llevado a la recámara para hacerme el amor dos o tres veces seguidas. Había perdido la cuenta. Parecía ansioso, molesto y desesperado, y para entonces me había dejado tan exhausta que apenas comenzaba a comprender que había pasado.
-Espero ese sea uno de los últimos que use- dijo fastidiado, cruzando sus brazos detrás de su nuca -¿Cuándo podremos dejar de hacerlo?-
Sonreí de medio lado y me acurruqué contra él. Unos días atrás y por mutuo acuerdo había visitado a mi ginecóloga para someterme a un tratamiento anticonceptivo, y una vez recetado había sido muy clara conmigo: tenía que cuidar mucho los días y contar muy bien para no estropearlo.
-No seas ansioso- recargué mi barbilla en su pecho -En dos días podremos deshacernos de todos los que tienes y no volver a verlos en…- lo pensé ¿Cuánto tiempo nos quedaba?- Un tiempo-
-Así que…miércoles- miró de nuevo el techo -Puedo esperar-
Entorné los ojos.
Unos minutos más tarde y con el silencio inundando la habitación, comenzaba a quedarme dormida cuando la suave voz de Edward me trajo de vuelta a la realidad.
-¿Bella?-
-¿Hmm?-
-¿Cómo conoces a Mike Newton?-
Oh no. Todo menos eso, Edward.
Sabía que no lo había alucinado. A Edward no le había agradado para nada mi efusivo encuentro con Mike esa mañana y era obvio que no se quedaría de brazos cruzados hasta saber bien cual era o había sido mi relación con él.
Lo conocía lo suficiente para saber que mi respuesta no le agradaría nada pero tampoco podía mentirle, pues estaba segura que solo bastaba con una llamada para que mi inquisitivo y sobre todo controlador esposo supiera todo sobre el pasado de Mike.
Resignada a aceptar lo que fuera, tomé aire y llevé mi dedo índice a acariciar su pecho.
-Fue mi novio hace algunos años- tragué saliva -No lo había visto desde que terminamos-
No hubo respuesta. Lo escuché respirar más profundamente y tensarse ligeramente debajo de mí, e incapaz de subir la mirada esperé a que dijera algo.
-Ya veo-
Esa fue la única respuesta que obtuve, algo seca e inexpresiva. Decidiendo que lo mejor sería no decir nada, me limité a quedarme callada mientras seguía acariciando su pecho con mi dedo y dejaba que su suave respiración me arrullara.
Me quedé dormida de inmediato.
~Edward's POV~
Miércoles
-Bien señor, su café-
Renesmee dejó la taza de mi café favorito en mi escritorio. Con una carpeta en color marrón en la mano, me miró serena y yo alcé la mirada de mi computadora para mirar el sobre y luego a ella.
Parecía dubitativa.
-¿Tienes lo que te pedí?-
-Sí señor- dio dos pasos al frente y me extendió el sobre- Aquí está el currículum de Mike Newton y su historial académico, tal como me lo pidió-
-Gracias Renesmee-
Estuve seguro que mi asistente me miró reprobatoriamente, sin embargo, su mirada duró tan poco que no pude darme cuenta con certeza. De cualquier forma no me importaba, y mucho menos si se lo decía a Bella.
-¿Algo más?-
-No, puedes retirarte-
-Con permiso-
Algo insegura, dio media vuelta y salió de mi oficina cerrando la puerta detrás de ella. Soltando el aire contenido me relajé en mi silla y sin perder el tiempo abrí el folder lleno de papeles para leer todo sobre el ex noviecito de Bella.
Nacido en Port Angeles, de una familia acomodada de padres abogados, con un hermano menor y una hermana mayor ya casada y con tres hijos, Mike Newton parecía ser el hombre más común del planeta y perfecto para ser el esposo de alguien. Excelente alumno, sin ningún antecedente criminal ni problemas de salud, deportista perteneciente al equipo de futbol americano de su secundaria, preparatoria y universidad y con un currículum impresionante, se había graduado de contaduría en Yale con honores hacia casi tres años.
Así que ahí había conocido a Bella.
Lo más importante de todo es que seguía soltero.
Fruncí el ceño. Por todo lo que leía, Mike era el hombre perfecto para que Bella hiciera una familia, sin embargo era obvio que habían terminado y no se habían visto en años. Al seguir leyendo y observar el último lugar de residencia de Newton así como la oferta de trabajo que le habían hecho al terminar la carrera, hice una mueca de fastidio.
Al parecer lo único que los había separado era la distancia, y por cómo había notado a Mike estaba seguro que no había sido él quien lo había decidido. Sin poder evitarlo arrugué un poco el papel en mi puño y solté una exhalación al darme cuenta que la única razón por la que ahora no estaban juntos no tenía mucho que ver con otra cosa que no fuera la simple distancia.
¿Por qué me molestaba tanto?
Después de todo, Bella ya no tenía nada que ver con él y además era mi esposa.
Falsa esposa. Me advirtió la incesante voz de mi conciencia y frustrado, cerré el folder y lo guardé en el cajón a mi lado para recargarme en mi silla.
Y pensar de nuevo en Bella y las últimas semanas que habíamos pasado juntos.
A pesar de mí mismo y en contra de todo lo que Jake me había aconsejado, había hecho todo lo contrario a lo que pretendía con Bella cuando nos habíamos casado. Desde esa noche que me había esperado para hacerle el amor estaba perdido, y aquella promesa que me había hecho de mantenerme alejado de ella ahora era tan lejana que parecía que jamás la había hecho.
Lo peor de todo es que no solo se trataba de sexo. Aunque quería que así lo fuera era obvio que no lo era. Jamás había hecho por nadie lo que había hecho por ella, y sobre todo, jamás había disfrutado lo momentos más insignificantes con nadie como lo hacía con ella. Ni siquiera con Victoria.
Y tal vez por eso trataba de no pensar mucho en eso. Y sin vergüenza alguna le hacía el amor cada noche mientras enterraba esos pensamientos y sentimientos en lo más profundo de mi mente, incapaz de lidiar con ellos por el momento.
Aunque sabía que en algún momento me arrepentiría por completo de eso, no estaba listo para afrontarlo.
Decidido a no pensar más en ello, abrí el correo instantáneo interno de la empresa y busqué el nombre en mi lista de contactos más frecuentes. Estaba conectada.
Edward Cullen: "¿Estás ahí?"
Su contestación fue casi inmediata.
Bella Swan: "Eso depende…¿Tienes algo interesante que decirme?"
Sonreí de medio lado. Me gustaba cuando se ponía traviesa y atrevida, algo que solía hacer muy seguido por correo.
Edward Cullen: "En realidad, tengo cosas más interesantes que quiero hacerte, pero no creo que sea posible en estos momentos"
Pensé lo siguiente.
Edward Cullen: "Además para eso te necesito desnuda y en mi regazo"
Casi pude imaginarla sonrojarse frente a su pantalla.
Bella Swan: "Edward! Vigilan el correo!"
Edward Cullen: "Que vigilen todo lo que quieran, yo soy el que pago por eso"
La imaginé riendo.
Bella Swan: "Sabía que casarme contigo tendría recompensas :)"
Edward Cullen: "Me alegra que pienses eso. Ya que tienes que lidiar con la parte desagradable también"
Bella Swan: "No pasa nada, Edward. Hace tiempo que no tenías un evento social" tardó algo en escribir "Entonces ¿Vestido largo y elegante verdad? ¿Alguno en especial que quieras que lleve?"
Suspiré ligeramente cansado. Esa noche sería el baile de caridad anual de los inversionistas y empresarios de Seattle que se celebraba siempre en esas fechas y por supuesto no podía faltar. Como los últimos años, se había planeado un baile de máscaras que se llevaría a cabo en uno de los hoteles más importantes de Seattle y Bella y yo teníamos que asistir.
Volviendo a la pregunta de Bella recordé el sexy y elegante antifaz plateado con encaje negro que había ordenado para ella días atrás y sonreí.
Edward Cullen: "El plateado, te verás perfecta en el"
Tardó en escribir.
Bella Swan: "Perfecto. El plateado entonces" sonreí "Hasta esta noche, Edward"
Edward Cullen: "Hasta esta noche, cariño"
Con una sonrisa y mejor humor, cerré la sesión y volví a mis asuntos por lo que restó de la tarde.
~o~
Cuando llegué a casa esa noche Maggie me recibió en el vestíbulo como siempre y me saludó serena.
-Buenas noches, señor-
-Buenas noches Maggie- le pasé mi saco y mi maletín- ¿Mi esposa?-
Sonriente me enteré que llevaba ya casi una hora arreglándose, y diciéndole a Maggie que no cenaríamos esa noche subí las escaleras para dirigirme a mi habitación.
Ahora nuestra habitación. Desde que dormíamos juntos resultaba bastante complicado que Bella se moviera de una recámara a otra para cambiarse, así que de la noche a la mañana había ordenado traer todas sus cosas a mi vestidor en donde habíamos comprobado que afortunadamente todo cabía a la perfección.
Una vez dentro descubrí con sorpresa que el traje negro, camisa blanca y corbata gris plata que usaría esa noche ya se encontraban acomodados en la cama junto con mis zapatos, en clara señal de que mi vestidor no estaría disponible para mí en un futuro cercano. Sonriente, miré las puertas cerradas del vestidor y sabiendo que no podría entrar ahí hasta que Bella saliera, me limité a tocar la puerta para anunciarme y hacerle saber que había llegado.
-Tomaré un baño, te espero en la sala cuando estés lista-
-De acuerdo!-
Conteniendo una risa meneé mi cabeza de un lado a otro y abrí la regadera para darme una ducha rápida, cambiarme y bajar para esperar a Bella. Conociéndola, estaba seguro que ella todavía no estaría lista para cuando yo terminara.
Media hora más tarde y con un vaso de whisky en la mano, miraba por el enorme ventanal la ciudad iluminada de Seattle cuando el sonido de unos tacones me hicieron levantarme y girarme para mirar las escaleras.
La miré boquiabierto.
Con una sonrisa satisfecha, Bella terminó de bajar los escalones mientras yo la miraba como si fuera un espejismo. Enfundada en un vestido plateado sin tirantes que remarcaba sus pechos y su cintura a la perfección en un suave corsé, con una suave y suelta caída en las piernas y un largo tajo en pierna izquierda, Bella estaba tal o mejor a como la había imaginado.
Confeccionado en seda y con piedras preciosas haciendo patrones en el área del pecho, parecía plata líquida corriendo por su cuerpo, y eso rematado con unas sandalias de tacón de aguja y tiras en los tobillos y su largo cabello acomodado en suaves ondas despreocupadas cayendo más hacia un lado, estaba increíble.
Parecía un espejismo.
Cuando reaccioné, la tuve frente a mí acomodando mi corbata mientras me sonreía satisfecha.
-¿Te gusta?-
La aferré por la cintura para pegarla a mí.
-Me encanta-
No necesitó ponerse de puntillas para plantarme un suave beso en la comisura de los labios, los tacones la ponían casi a mi altura.
-Me alegro-
Devolviéndole la sonrisa, la tomé de la mano y comencé a caminar a las puertas del elevador para ir a ese estúpido baile. El cual no sé cómo iba a sobrevivir con Bella vistiendo eso y sin poder tocarla.
Diez minutos más tarde la limusina en la que íbamos se detuvo frente al Lanesborough Hotel, uno de los hoteles más caros y exclusivos de Seattle, y me giré para mirar a Bella.
-Bien, todo está listo para salir- tomé las cajas blancas que llevaba a mí lado en el asiento- Excepto por el toque final-
Dicho eso abrí una de las cajas donde se encontraba el antifaz de Bella, quien completamente boquiabierta, lo admiró para después sonreír.
-Edward, es…- lo saqué de la caja- Es precioso-
Sonreí. Del mismo color de su vestido y con encaje negro en el contorno de los ojos y en los extremos del antifaz; lo dejé admirarlo antes de colocarlo en su rostro y anudarlo detrás de su cabeza y escondido en su cabello.
Suave, delicado, elegante y sexy; igual a Bella. Sabía que era perfecto para ella desde que lo había visto.
Y en cuanto lo tuvo en su rostro y solo pude ver sus preciosos ojos chocolate a través de él, sonreí satisfecho y reprimí mis ganas de tocarla.
Estaba exquisita.
-Bien- abrí la caja para sacar mi antifaz negro con plata y me lo coloqué en el rostro- Vamos-
Dicho esto, tomé la mano de Bella y el chofer nos abrió para salir del coche. En cuanto lo hicimos los flashes de las cámaras no se hicieron esperar y con una confianza increíble Bella me siguió por la alfombra color vino hasta que estuvimos en la entrada del enorme salón.
No fue necesario decir mi nombre y una vez adentro estuvimos entre todas las familias más ricas y acaudaladas de Seattle cubiertos en vestidos y trajes y antifaces de todos los colores.
Aquello sería divertido.
Tranquilo, escaneé el lugar y descubrí con tranquilidad que ni Victoria ni James se encontraban ahí, pero fue cuando me topé con la despampanante mujer de cabello rubio y rizado, enfundada en un vestido rosa pálido y un antifaz del mismo color que supe que no todo podía ser perfecto.
Era Tanya.
Quien en cuanto me vio parado en la entrada del salón me dirigió una sonrisa coqueta. Perfecto.
Pero aquello fue nada a comparación de la otra persona que vi conversando en el salón. Aunque llevaba un antifaz azul marino y solo lo había visto una vez, fue imposible no reconocerlo.
Era Mike Newton, junto a sus hermanos y unos cuantos amigos más.
Reprimí una maldición. Al parecer aquello no sería tan divertido después de todo.
Una hora más tarde, todo se volvió algo caótico.
Entre tantos invitados, gente conocida, amigos de la infancia y socios de negocios, Bella y yo apenas tuvimos tiempo para tomar aire mientras conversábamos con todos los presentes. Para entonces la había presentado a tanta gente y había saludado a otros tantos que ya conocía que no recordaba con cuantos habíamos hablado, pero estaba seguro que Bella se encontraba igual.
Por supuesto que al ser un baile nadie había perdido el tiempo para preguntarme si podían bailar con mi radiante esposa, y conteniendo mis ganas de maldecir a unos cuantos y partirle la cara a otros, había tenido que soportar ver bailar a Bella con unos cuantos.
Hasta ahora, solo habíamos podido bailar una vez desde que estábamos ahí.
Para entonces comenzaba a fastidiarme en serio.
Y mucho más al saber que a unos cuantos metros el imbécil de su ex novio no le quitaba la vista de encima.
Completamente sorprendida de verlo ahí, Bella había saludado a Newton con la misma efusividad que en la oficina días atrás, evitando por supuesto los abrazos eufóricos. Algo confundido al verlo ahí había esperado a que contara la historia de cómo su hermana estaba casada con un nuevo empresario de Seattle que comenzaba a escalar en la sociedad y claro, entre los más ricos.
Por supuesto tuve que soportar que los hermanos de Mike también abrazaran a Bella y se emocionaran de verla, y después de unos minutos agónicos Mike finalmente había desaparecido de nuestra vista para dejarnos a solas.
Algo que no había servido de nada cuando claramente ella estaba bailando con un tipo y yo tenía que charlar con todos.
Y aunque estaba preparado para eso, para lo que no estaba preparado era para Tanya Denalí. En lo absoluto.
Desde que habíamos entrado no me había quitado la vista de encima en ningún momento, algo que estaba seguro Bella también había notado y para entonces me resultaba fastidioso. Desde esa noche en donde en un arranque de estupidez la había buscado para saciar mi necesidad de estar con Bella y ella de la manera más descarada se lo había hecho saber, había evitado todo contacto con ella.
Era obvio que no le importaba, y sabía que solo era cuestión de tiempo para que se me acercara y comenzara su incesante coqueteo que conocía tan bien.
-¿Edward?- la suave voz de Tia me sacó de mis cavilaciones- Pareces distraído, cielo-
Sonreí y meneé la bebida de mi vaso.
-Lo siento Tia-
Miré a Bella de reojo quien había dejado de bailar con Corin Volturi y se dirigían a nosotros. Gracias al cielo.
Mirando en mi misma dirección, Tia me miró de nuevo y sonrió ligeramente.
-Te cuesta apartarla de ti ¿Cierto?- me sorprendí por la pregunta- Me alegra verte así querido, lo mereces-
Sin saber qué rayos responder, solo atiné a sonreír y terminé mi vaso de whisky de un trago.
Media hora más tarde la situación no mejoró demasiado.
La mayor parte del tiempo Bella y yo estuvimos apartados mientras atendíamos las pláticas de los grupitos que se formaban, y las únicas ocasiones en las que podíamos estar solo era cuando bailábamos alguna pieza. Y aunque no me molestaba precisamente el hecho de que estuviéramos separados, lo que si me molestaba demasiado era que salón se encontraba nada más y nada menos que su ex novio. Y Tanya seguía sin quitarme la vista de encima.
Para entonces sabía que en cualquier momento me abordaría y sin importarle quien estuviera a nuestro alrededor haría todo lo posible por llamar mi atención.
Pero fue cuando Bella bailaba la segunda pieza con Corin Volturi y me vi repentinamente solo en la barra de bebidas que supe que no tenía salida.
-Otro vaso de whisky, por favor-
-¿Me invitas?-
La suave y seductora voz de Tanya detrás de mí me puso alerta y soltando un ligero suspiro cansado, di media vuelta en mi silla y la miré.
-No creo que lo necesites- miré su copa de vino blanco- Además no creo que sea buena combinación-
Sonrió de medio lado y cruzándose de brazos apoyó la copa casi vacía en su mejilla para caminar a la silla a mi lado.
-Vaya. ¿Ahora me piensas tratar mal?- se sentó y dejó su copa en la barra- No entiendo que hice para merecer eso-
Hizo una especie de puchero que si bien antes me parecía bastante sexy ahora solo me hizo fruncir el ceño. Nunca me había percatado que se veía bastante idiota haciendo eso.
Antes de poder decirle algo y con un descaro que era demasiado hasta para ella, se inclinó ligeramente en su silla hasta que sus labios quedaron a escasos centímetros de mi oído.
-Porque no es necesario que te recuerde lo diferente que me trataste hace unas semanas ¿Verdad?-
-¿Qué rayos te pasa, Tanya?- recriminé entre dientes, mirando los ojos curiosos a nuestro alrededor- La gente nos mira-
-¿Y eso qué? Nunca te ha importado- me sonrió coqueta- No te importó nunca cuando éramos amantes-
Entorné los ojos. ¿Acaso siempre había sido así de estúpida e insoportable? Si era así, no podía creer que apenas me estuviera dando cuenta.
-Pues ahora sí me importa. Lo que pasó entre nosotros hace unas semanas no volverá a repetirse-
-¿Eso crees?- se acercó más a mí- Porque yo estoy más que dispuesta a dejar que se repita, cariño-
La miré casi furioso.
-Mi esposa está aquí-
-¿Ahora te preocupa que la frígida de tu esposita nos vea?-
Aquello fue suficiente. Sin previo aviso, me levanté de mi silla y me acerqué a ella para que nadie nos oyera.
-Que sea la última vez que te refieres a mi esposa de esa manera, Tanya. Y puedes irte olvidando de lo que pasó entre nosotros- me enderecé para mirarla fríamente y dejé mi vaso con fuerza en la mesa- Si me disculpas-
Sin darle tiempo a decir nada más di media vuelta para buscar a Bella solo para darme cuenta que ya no se encontraba bailando con Corin. De hecho, no se encontraba en ningún lado cerca de la pista, y algo desesperado miré en todas direcciones hasta que finalmente me topé con un hombre de antifaz azul marino que resultaba ser Mike platicando con nada más y nada menos que Bella, bastante alejados del resto.
Entonces sus hermosos ojos café visibles a través de su antifaz me miraron durante unos instantes para volver a mirar a Mike.
Aquello fue suficiente para que comenzara a atravesar el salón a toda velocidad.
~Bella's POV~
No sabía cómo era que la velada que había empezado tan interesante y divertida ahora se había vuelto casi insoportable.
La primera hora, y a pesar de toda la gente con la que había tenido que hablar, el ambiente era simplemente excelente y después de unas copas, bailes, estar con Edward, su familia y sus amigos, todo estaba yendo increíble.
Estaba segura que el hecho de que ni Victoria ni James estuvieran en la fiesta hacía todo mucho mejor, y aunque sabía que Tanya se encontraba entre todos no me importaba demasiado. Después de todo sabía que para Edward eso era pasado, y él me había dado tanta seguridad en mi misma que su presencia no me afectaba en lo más mínimo.
Pero por supuesto no todo esa noche iba a salir a pedir de boca, y en una visita al tocador después de unas cuantas copas y de bailar con Corin por segunda vez, tuve que soportar el primer trago amargo de la noche.
Antes de abrir la puerta, la fuerte e insoportable voz de Jane Volturi me hizo detenerme y quedarme afuera con mi oído atento mientras miraba por la puerta entreabierta. Y no porque fuera insoportable, sino porque escuché mi nombre.
-La verdad, no entiendo que fue lo que le vio Edward a esa tal Bella- se miró en un largo espejo- Ni siquiera es tan bonita-
-A mi me parece guapa- escuché decir a Jessica- Además es muy agradable-
La voz de otra mujer que no identifiqué pero igual de insoportable se escuchó a su lado.
-¿Guapa? Pues no estará fea, pero no tiene nada de clase…ni estilo- se rio- Ese vestido tan increíble que lleva estoy segura que se lo escogieron. No creo que tenga tan buen gusto-
Cerré mi mano en un puño.
-Claro, si por eso se casó con Edward seguramente- la voz de Jane sonó bastante ácida, casi envidiosa- De todas formas no creo que dure, Edward necesita a alguien con más…clase a su lado-
Después de un montón de risas que no quise escuchar, entorné los ojos y di media vuelta para volver al salón mientras intentaba calmarme y respiraba profundamente. De no ser porque a diferencia de ella yo no era una estúpida, me habría rebajado a su nivel y le habría dado una buena bofetada que la habría dejado callada de una buena vez.
Pero no valía la pena y decidida a no dejar que me afectara seguí caminando entre los invitados en busca de Edward para quedarme a su lado lo que restaba de la noche.
Y como si lo que había escuchado en el baño no hubiera sido suficiente lo localicé en la barra conversando con una despampanante mujer de cabello rubio y vestido rosa.
Era Tanya, bastante cerca de Edward.
Contuve las ganas de decir una maldición, y tomando una larga bocanada de aire di media vuelta y me dirigí a los ventanales de la terraza abierta de par en par. Aquella noche estaba tomando un giro nada agradable, y en ese momento me dieron unas ganas tremendas de volver a casa.
Con mi padre.
-Hola, Bells-
La fuerte voz de Mike me sacó de mis pensamientos y compuse una sonrisa falsa para mirarlo.
-Hola Mike- me ofreció una copa de vino blanco- ¿Disfrutando la noche?-
-Bastante- sonrió algo travieso- Jamás imaginé que ser cuñado de uno de los más ricos de Seattle fuera a tener tantas ventajas-
Reí. Había olvidado lo mucho que Mike me hacía reír cuando estábamos en la universidad y en ese momento su presencia me estaba haciendo bastante bien.
-Las tiene, créeme-
En cuanto dije eso dejó de sonreír ligeramente y se recargó a mi lado en la pared para mirarme de nuevo.
-Me imagino, ahora que tú estás casada con probablemente uno de los más ricos de Seattle- sonreí algo irónica- ¿Cómo pasó eso, si puedo preguntar?-
Sonreí de nuevo y miré al frente donde mi esposito seguía en la barra con la zorra de Tanya Denalí. Estaba tan molesta que por un momento pensé en decirle toda la verdad a Mike sin importarme nada, pero recordé que la libertad de mi padre dependía de eso y me limité a encogerme de hombros para contarle la misma historia que le contaba a todos.
-Coincidencias de la vida- lo miré y tomé de mi copa- Nos conocimos en una fiesta de la empresa y ahí empezó todo-
De reojo, pude ver a Edward dejando su vaso en la mesa y mirando a Tanya algo severo para después dar media vuelta. Tragué grueso.
No voltees hacia acá, no voltees hacia acá.
Y lo hizo. Conteniendo una maldición, miré sus hermosos ojos verdes a través de la máscara y después su mandíbula endurecida mientras nos miraba, claramente molesto de vernos platicando solos a Mike y a mí.
Ah no, Cullen! Ni me mires así!
Pensé completamente furiosa. ¿Cómo se atrevía a recriminarme que estuviera platicando con Mike cuando él no había hecho nada por quitarse de encima a la zorra de su ex amante?
Estaba claramente molesto, y en menos de dos segundos comenzó a caminar hacia nosotros.
Maldición.
Queriendo evitar a toda costa un enfrentamiento entre ambos y decidiendo que lo mejor sería alejarme, le regresé mi copa a Mike y sin muchas ceremonias me despedí de él casi sin mirarlo.
-Si me disculpas Mike- no dejé de mirar a Edward- Tengo que ir al tocador-
Dejando a un confundido Mike con dos copas en sus manos, caminé con rapidez por entre los invitados sin dejar de mirar a Edward, quien me siguió por todo el salón sin quitarme los ojos de encima.
Casi corriendo al final entré al baño de mujeres que por fortuna estaba vacío y me apoyé en los elegantes lavabos de mármol mientras normalizaba mi respiración. Estaba bastante alterada por la reacción que Edward podría tener al verme con Mike, pero sobre todo estaba enojada.
Muy enojada.
Por lo menos tengo tiempo para calmarme. Pensé mientras me miraba en el espejo.
Estaba segura que Edward me esperaba afuera, listo para empezar con la oleada de reclamos y seguramente una pelea.
Entonces la puerta detrás de mí se abrió abruptamente para dejar pasar a Edward, abrí mis ojos de par en par y me giré para mirarlo.
O tal vez no.
-Edward! ¿Pero qué crees que haces? Es el baño de mujeres!-
Sin decirme nada, siguió caminando hasta que quedamos prácticamente pegados y pude oler el aroma de su colonia. Maldición, olía tan condenadamente bien.
-No veo a ninguna otra más que a ti por aquí- se inclinó un poco- Y dado que tú eres mi mujer, creo que no estoy ofendiendo a nadie-
Ahí estaba como siempre, con su misma actitud impositiva y controladora de siempre, haciendo lo que le viniera en gana sin preguntarle a nadie. Aún molesta y sobre todo frustrada, me crucé de brazos.
-¿Qué quieres?-
Lo pregunté en el tono más agresivo que pude encontrar.
-¿Qué quiero?- alzó las cejas claramente sorprendido- Vaya, parece que nos pusimos de mal humor-
-No creo que te interese mucho. Has estado ocupado-
Al parecer toqué un punto sensible, pues alzo aún más las cejas y sonrió de medio lado.
-Tu tampoco has perdido mucho el tiempo, cariño-
-¿Lo dices por Mike?-
-No veo a ningún otro ex novio tuyo por aquí-
-No seas sarcástico, Edward- lo miré como si quisiera fulminarlo-¿Por qué no mejor te regresas con tu ex amante? Después de todo es más refinada, elegante y rica que yo. Más…tu estilo ¿No?-
Eso pareció alterarlo aún más de lo que esperaba y con ceño fruncido dio otro paso hacia mí sin dejar de mirarme fijamente hasta que estuvimos pegados. Contuve una maldición al darme cuenta que estaba atrapada entre él y la barra de mármol detrás de mí.
-¿Mi estilo? ¿De qué estás hablando?-
-De la verdad Edward- alcé la barbilla -No importa cómo me vista, ni cómo me comporte, al final de cuentas toda esa gente que está afuera sabe que no soy como ellos-
Me miró como si me hubiera vuelto loca.
-Ni como tú-
Abrió su boca para decir algo, pero incapaz de detenerme alcé más la voz y continué con mí repertorio de reclamos que tenía por decirle.
-Y digo, creo que tú también lo sabes pues has estado toda la noche con…-
No pude decir nada más. Me calló con un beso tan fuerte que por un momento me quedé sin aire, y soltando un gemido contra mi boca llevó sus manos a mis caderas para aferrarme a él con fuerza.
Fue un beso intenso, desesperado, casi salvaje que me dejó helada por unos instantes pero que no tardé en responder. Maldición, odiaba todo lo que sentía por él y todo lo que me hacía sentir porque una vez que me besaba estaba perdida.
Y entonces olvidé porque estaba enojada con él.
En algún momento el beso se volvió mucho más intenso de lo que debería ser para un baño público, y sentí sus manos acariciar mis piernas entre las telas de mi vestido hasta que finalmente me tomó por los muslos y me sentó en el lavabo detrás de nosotros.
Mi vestido se arremolinó en mis caderas y quedé con las piernas prácticamente desnudas mientras lo aferraba del cuello para seguirlo besando.
Sin recato o decoro alguno abrió mis piernas todo lo que pudo hasta quedar encajado entre mis muslos, y sintiendo su enorme erección a través del pantalón rozando mis pantaletas de encaje negro, gemí fuerte y me aferré a él.
¿En qué momento el ambiente se había vuelto tan cargado y caliente?
Cortó el beso y llevó sus labios a mi oído.
-¿En verdad crees eso, Bella?- mordió ligeramente mi oreja, sacándome otro gemido- ¿En verdad crees que Tanya es mi estilo?-
Me miró ligeramente unos instantes antes de bajar sus labios a mi cuello donde me besó con la boca abierta y acarició mis piernas con sus manos.
-¿Quieres saber quién es mi estilo, Bella?- me besó con fuerza y me quitó el aliento -¿Quién es la única mujer que me vuelve loco?-
Sin esperar respuesta y casi desesperado, sus manos subieron por mis muslos hasta enterrarlas debajo de mi vestido, aferrando mis piernas completamente abiertas frente a él. Entonces me di cuenta de la situación en la que estábamos.
Estábamos en el baño de mujeres. En cualquier momento esa puerta podría abrirse y alguien podría vernos en plena sesión pre-sexo, y lo más extraño de todo es no me importaba en lo más mínimo.
Con dedos apresurados pero expertos, lo sentí tocar mis pantaletas ya mojadas y como respuesta solo atiné a gemir con fuerza y mordí su labio inferior.
-Edward…-
Aquello pareció ser el incentivo que necesitaba.
Sin previo aviso enterró dos dedos con fuerza en mi sexo y soltando un audible gemido contra su oído eché mi cabeza hacia atrás mientras disfrutaba la sensación. Maldición. ¿Por qué me hacía eso?
Me arrastré hasta el borde del lavabo y levanté ligeramente mi pelvis para sentirlo aún más.
-Ah! Edward…-
Gimió junto conmigo, y haciendo lo que tan bien sabía hacer, comenzó a mover sus dedos lentamente dentro de mí resbaloso interior mientras volvía a besarlo.
-Dios, estás tan mojada- me excité aún más- Quiero hacerte el amor-
-Entonces hazme el amor-
Lo dije casi sin pensar y acaricié su cabello para volver a besarlo pero Edward se alejó ligeramente y como si hubiera recordado algo demasiado importante, me miró sorprendido.
-Es miércoles-
Aún a pesar del placer fruncí el ceño ante su razonamiento. ¿Qué rayos tenía que ver una cosa con la otra?
¿Y por qué se detenía?
Entonces lo recordé y sin poder evitarlo un escalofrío de placer y expectación me atacó por completo. Era miércoles.
Me miró con ojos desorbitados.
-Vámonos de aquí-
Jadeante, solo atiné a asentir con la cabeza y una vez que me ayudó a bajarme del lavabo y acomodó mi vestido, me tomó de la mano para guiarme a la salida del baño más rápido de lo que mis piernas podían responder en esos momentos.
Lo único que quería era llegar a casa, pronto.
~Edward's POV~
El camino de regreso al departamento fue callado. A mí lado Bella miraba por la ventana mientras la música de una estación de radio desconocida sonaba de fondo e interrumpía el silencio en el que íbamos.
La tensión entre nosotros era tan fuerte que se podría cortar con un cuchillo, mientras yo manejaba en total concentración para no cometer una estupidez.
La deseaba tanto que de mirarla estaba seguro que detendría el auto y le haría el amor ahí mismo, y para entonces el camino que faltaba para llegar a casa se me hacía larguísimo.
Para hacer las cosas peores una canción pegajosa que conocía muy bien comenzó a sonar en la radio y contuve una maldición al reconocerla. Era una de las canciones que sonaba en el club la noche que había bailado con Bella y la había tocado de verdad por primera vez.
El recuerdo de esa noche me llegó de golpe.
-Demonios-
Frustrado, apagué la radio con un toque de mi dedo y pude mirar de reojo a Bella sonriendo de medio lado. Era obvio que ella también reconocía la canción.
Finalmente llegamos al estacionamiento subterráneo del edificio y una vez que estacioné, bajé del coche y la ayudé a salir, la tomé de la mano y caminé hasta el elevador para llegar al pent-house de una vez por todas.
Una vez dentro presioné el código de mi departamento y el elevador comenzó a subir los más de veinte pisos más lentamente de lo que recordaba que fuera ese elevador.
A mí lado, Bella solté un suspiro que más bien pareció un gemido y la miré de reojo con una maldición contenida.
-No hagas eso-
Me miró con ceño fruncido.
-¿Por qué?-
-Porque en este momento te deseo tanto que te tomaría en este elevador Bella, y no me estas ayudando nada a detenerme-
La miré para toparme con sus ojos café brillando detrás de su máscara, y como si quisiera terminar de volverme loco se pegó a mí ligeramente y sonrió.
-No tenía intenciones de que lo hicieras-
Fue suficiente.
-Al demonio-
Soltando aquello entre dientes golpeé el botón de emergencia del elevador y se detuvo abruptamente, dejándonos a los dos completamente atrapados en un pequeño espacio a media luz.
Era casi la una de la madrugada y para entonces estaba seguro que los de seguridad tardarían más de diez minutos en darse cuenta que estábamos "atascados". Tiempo suficiente.
Sin darle tiempo a nada la arrinconé en la pared detrás de ella y pegando mi cuerpo al suyo tanto que nuestras caderas se juntaron, volví a besarla como la había besado en el baño minutos atrás. Desesperado, frustrado y sobre todo deseoso por tenerla, hundí mi lengua en su boca y ella no tardó en aceptarme.
Y cuando soltó un gemido en mi boca y alzó la cadera para hundir mi erección contra su pelvis, supe que no necesitaba más para tomarla.
-Bella-
Con una rapidez increíble, enterré mis manos entre las telas de su vestido y tomé los bordes de sus pequeñísimas bragas de encaje para bajarlas por sus piernas hasta sus tobillos. Con la respiración entrecortada, Bella terminó de empujarlas con los pies y una vez que las guardé en el bolsillo de mi pantalón, me enderecé para besarla de nuevo mientras mis manos se aventuraban a tocarla en aquella parte que ahora se encontraba desnuda.
Y esperando por mí.
Hundiendo mi rostro en su cuello acaricié su sexo por encima y contuve una maldición al darme cuenta lo mojada que estaba, tan mojada que no aguantaría más sin estar dentro de ella.
Y cuando toqué su clítoris y froté con fuerza, tembló entre mis brazos y soltó un largo gemido.
-Edward!-
Sus piernas temblaron, y como respuesta llevé mis manos a sus muslos y la alcé hasta tener sus piernas flexionadas a cada lado de mi cadera.
-Enrolla tus piernas en mi cintura, preciosa-
Sin ninguna dificultad hizo lo que le pedí sin dejar de besarme y mis dedos se perdieron dentro de ella. Como respuesta Bella se arqueó contra mí y entre gemidos llevó sus labios a mi oído para hablarme entrecortadamente.
-Edward, por favor…- gimió cuando comencé a frotar su clítoris con mi pulgar- Hazme tuya-
No necesitó decirme más.
Completamente desesperado por hundirme en ella, bajé la bragueta de mi pantalón y una vez que mi erección estuvo libre, la penetré con fuerza y ambos soltamos un gemido de alivio.
La sensación de estar dentro de ella piel contra piel fue alucinante.
Nada entre nosotros. Solo su cálido interior rodeándome, sin el maldito y estorboso látex del condón que ahora no teníamos porque utilizar.
Era mucho mejor de lo que esperaba. Era increíble.
Éramos perfectos.
Completamente llevados por el momento y sin importarnos el lugar en el que estábamos, comencé a embestirla a un ritmo constante. Rápido, fuerte, casi con desesperación, me hundía hasta el fondo de su interior mientras sus ahora fuertes gemidos inundaban el pequeño lugar en el que estábamos y temblaba de placer entre mis brazos. Con un ritmo incesante y desesperado por sentirla aún más la tomé por la cintura para guiarla contra mi erección, algo que no tardó en entender y entonces encontramos el ritmo perfecto.
Y ahí en el elevador, aún vestidos y con nuestras máscaras puestas, la tomé sin miramientos ni delicadeza. Rápido, fuerte, desesperado.
Como solo ella podía hacerme sentir.
Bella gemía entre cada embestida cada vez más desesperada, besándome cuando parecía encontrar algo de razón y arañando mi espalda aún cubierta cuando la penetraba con fuerza.
Y entonces lo sentí. Sentí como sus músculos se tensaban cada vez más, sus dientes mordiendo sus labios, esperando sentir la cima de su placer.
Aumenté el ritmo de mis penetraciones sin dejar de mirarla, y unas cuantas embestidas más tarde Bella abrió ligeramente sus ojos y rompió nuestro beso para echar su cabeza hacia atrás.
-Eso es preciosa- enterré mi cara en su cuello y volví a mirarla- Vente para mí-
-Edward!-
Con una última embestida, Bella alcanzó el orgasmo casi al instante y con fuerza; y soltando un ligero grito de placer quedó rendida entre mis brazos mientras intentaba normalizar su respiración. Aún agitada, me miró con sus ojos algo nublados y como única respuesta solo atiné a plantarle un beso en su hombro desnudo mientras terminaba de tranquilizarse.
Unos segundos más tarde y cuando por fin sus piernas parecieron responderle, la deposité en sus pies de nuevo y una vez que cerré mi bragueta la miré con una sonrisa.
-¿De vuelta al mundo real?-
Oprimí el botón de emergencia de nuevo y el ascensor volvió a la normalidad para subir los pisos que nos faltaban.
Roja como un tomate, Bella solo atinó a asentir con la cabeza y una vez que las puertas se abrieron para dejar ver el vestíbulo de mi departamento, la tomé de la mano y sonreí.
-Bien, porque yo no he terminado contigo-
No le di mucho tiempo a pensar. Una vez dentro y sin pasar del vestíbulo, volví a besarla con fuerza y para mi sorpresa y agrado, Bella me respondió con la misma intensidad mientras rodeaba mi cuello con sus brazos.
Y entonces la idea de llevarla a la habitación para empezar de nuevo se perdió en algún lugar de mi cerebro. La necesitaba, ya. Rompí el beso abruptamente.
-Bien, creo que no me dejas opción, Bella-
Me miró confusa.
-¿Qué?-
Sin dejarla decir más, la levanté sin problemas por la cintura y la deposité en la mesa del vestíbulo en donde solo se encontraba un enorme jarrón con flores que no nos estorbaría. Aún algo confusa pero sin detenerme, Bella me miró mientras llevaba mis manos al cierre de su vestido y una vez que lo bajé todo, se lo quité por encima de su cabeza y lo tiré al piso.
Dejándola totalmente desnuda excepto por esos sexys zapatos de tacón y su máscara del baile.
-Recuéstate-
Eso hizo sin chistar y contuve un gemido al verla. Se veía perfecta. Parecía irreal.
Con una media sonrisa, tomé sus muslos para abrir sus piernas y Bella soltó un gemidito de sorpresa. Posicionándome entre sus piernas y sin darle tiempo a reaccionar, abrí el zipper de mi pantalón y la penetré con fuerza una vez más.
Como respuesta, soltó un delicioso grito y se arqueó con fuerza en la mesa.
-Por Dios, Edward!-
Eso fue mi perdición.
Y tal como en el elevador segundos atrás, seguí arremetiéndola con fuertes penetraciones mientras tendida en la mesa, Bella mordía su labio inferior intentando contener sus gemidos y me miraba con los ojos entrecerrados a través de su máscara.
Maldición, era tan hermosa.
Unos minutos más tarde, ambos llegamos juntos al clímax y el incidente de la fiesta quedó en el olvido.
~Bella's POV~
Pasadas las dos de la mañana, recostados en la cama de la habitación y con la suave respiración de Edward debajo de mí, estaba a punto de quedarme dormida cuando su voz me sacó de mi ensueño.
-¿Eso responde a tu pregunta?-
Recordé la pregunta que le había hecho en el baño hace menos de una hora.
¿Por qué no mejor te regresas con tu ex amante? Después de todo es más refinada, elegante y rica que yo. Más…tu estilo ¿No?
Sonaba tan lejano ahora.
Antes de poder contestarle, volvió a hablar en un susurro.
-No vuelvas a compararte con esas mujeres, Bella- me abrazó con fuerza contra él- Nunca. ¿Está claro?-
Sin saber que responder, sonreí ligeramente y acaricié su pecho con mis dedos. Podía ser tan tierno, amable y cálido que en momentos como ese me dejaba sin habla, incapaz de responder a sus evidentes demostraciones de afecto que solo me confundían y me hacían amarlo más.
Algo bastante peligroso.
-Gracias por esta noche, Edward- le planté un suave beso en los labios- Por todo- recordé lo que habíamos hecho en el elevador y en el vestíbulo- Fue bastante…recreativo-
Soltando una ligera risita, Edward me plantó un suave beso en la coronilla y dándome las buenas noches, me abrazó contra él para dormir.
~o~
El día siguiente llegué a la oficina con una estúpida sonrisa que nadie podía quitarme.
Completamente radiante y bastante animada, saludaba a todos los que veía en el pasillo sin dejar de sonreír, y para entonces estaba segura que me veía hasta estúpida con tanta alegría.
Esa mañana me había levantado un poco más tarde y sola en la cama, solo para darme cuenta que Edward había cambiado la alarma de mi celular una hora más tarde y me había dejado un simple recado en la mesita.
"Disfruta tu hora extra de sueño, autorizada por el jefe de tu jefe. Besos."
Por supuesto que esa hora más de sueño me había caído a la perfección, y una vez que llegué a mi oficina y arreglé los primeros pendientes del día, mi asistente Lauren entró con unos cuantos reportes en mano y me saludó sonriente.
-Buenos días, Bells!- dejó los papeles en mi escritorio- Parece que estamos de muy buen humor hoy!-
-Podría decirse- me encogí de hombros y sonreí- ¿Son los reportes de ayer?-
-Sí Bells, solo falta que los revises y los firmes para mandarlos a Nómina-
En cuanto dijo eso, recordé que Mike también estaría en contacto con esos reportes y no había tenido capacitación conmigo aún, por lo que probablemente podríamos empezar por eso para que se fuera familiarizando.
-Bien ¿Podrías llamarle a Mike, Lauren?- la miré sonriente- Él también estará en contacto con este tipo de reportes, y creo que sería buena idea comenzar a explicarle lo más que se pueda sobre el puesto-
Frente a mí, Lauren se mordió el labio inferior y miró el suelo unos instantes. Solo hacía eso cuando se ponía nerviosa.
-Eh…pues…-
-¿Qué pasa?-
-Creo que eso no se va a poder, Bella-
Fruncí el ceño.
-¿Cómo que no se va a poder? Es su puesto después de todo-
-Bueno sí, tiene un puesto, pero ya no tiene este puesto- tomó aire al ver mi cara de confusión- Lo cambiaron al área de Compras esta mañana-
-¿Qué? ¿Cómo que lo cambiaron de área?- fruncí el ceño aún más -¿Por qué?-
-No lo sé, Bells- se encogió de hombros -Solo sé que no fueron ordenes de Alec, sino de los…altos mandos-
Me quedé helada. Solo había alguien por encima de Alec. Solo había otro "alto mando" en esa empresa.
Edward.
La sonrisa que tenía se borró por completo y me levanté de mi silla como un rayo.
-Si me disculpas, Lauren-
Sin darle tiempo a decir nada salí de mi oficina hecha una furia rumbo al elevador y una vez que estuve dentro, presioné el botón del piso veinticinco y me crucé de brazos mientras intentaba calmarme.
¿Cómo se atrevía a cambiar a Mike de área así porqué sí? ¿Quién rayos se creía?
El dueño de la empresa, Bells. Me dijo la voz de mi conciencia, y frustrada la callé mientras respiraba profundamente.
No. El niñito caprichoso y posesivo que no quiere que le toquen "lo suyo". Eso es lo que era.
Edward Cullen me iba a escuchar.
Una vez que las puertas se abrieron y estuve en el lobby de su oficina, Renesmee alzó la cabeza de su mostrador y abrió sus ojos de par en par.
-¿Bella?-
Se levantó claramente sorprendida, y alzando mi mano para impedirle hablar pasé de largo a su lado rumbo a las enormes puertas de madera detrás de ella.
-Necesito ver a Edward, Renesmee-
Dejándola completamente helada en su lugar, abrí la enorme puerta y una vez dentro la cerré con fuerza para mirar al hombre frente a mí.
Quien en cuanto escuchó el sonido del portazo alzó la vista de su computadora para mirarme y abrió sus ojos igual que Nessie. Al parecer se notaba que estaba molesta. Bien. Abrió su boca para decir algo pero yo fui más rápida, y llevando mis manos a la cintura lo miré con recriminación.
-¿Cambiaste a Mike de área en la empresa?-
Alzando sus cejas en un gesto casi de indignación, se levantó de su silla y rodeó su escritorio para apoyarse en el borde. Se cruzó de brazos y me miró sereno.
-Pues ya que parece que te interesa tanto. Sí, lo hice-
Alcé mis brazos al cielo pidiendo paciencia y tomé una larga bocanada de aire para mirarlo de nuevo.
-¿Por qué?-
Edward se encogió de hombros sin perder la compostura.
-No cumplía con el perfil del puesto-
Aquello fue suficiente. Incapaz de contenerme, solté una sonora carcajada que estuve segura hasta Ness escuchó mientras frente a mí, Edward me miraba con las cejas alzadas y los brazos aún cruzados esperando a que me calmara.
-Pero si es contador!-
-Algo que también ocupamos en el área de Compras- me respondió de inmediato-Además, no sé qué tan confiable sea como contador y el área de Finanzas es delicada-
Entorné los ojos. Conociéndolo estaba segura que ya había investigado todo sobre él y que sabía que Mike se había graduado con honores de su carrera. Las razones que daba eran tan tontas que resultaba obvio que eran una vil y bastante mala mentira, sin embargo, guardaba tan bien sus emociones que no daría su brazo a torcer ni admitiría nada si no lo confrontaba.
Una vez más tranquila y dándome cuenta que no llegaríamos a ningún lado así, bajé mis brazos y caminé hasta él sin dejar de mirarlo.
-¿Es eso? ¿O que no sabes que tan confiable sea como mi ex novio?-
No contestó. Claramente incómodo con una pregunta que lo dejaba en evidencia, solté un suspiro y una vez que estuve frente a él llevé mi mano a su mejilla para mirarlo.
-Mike fue mi novio, Edward- tensó su mandíbula molesto–Pero terminamos hace mucho tiempo. No hay ni habrá nada entre él y yo-
Al parecer aquello dio resultado. Esa simple afirmación mía pareció quitarle un peso de encima, y soltando el aire contenido tomó mi mano que estaba en su mejilla para mirarla mientras hablaba.
-De cualquier forma, no me gusta que este cerca de ti-
Me dijo aquello sin mirarme a los ojos y aquello fue mi perdición. Era obvio que Edward Cullen no estaba acostumbrado a dar explicaciones a nadie y mucho menos expresar su vulnerabilidad, y emocionada por aquel despliegue de sinceridad que jamás tenía, solté una ligera risa y me pegué a él para colocar mi mano en su rostro de nuevo y obligarlo a mirarme.
Su respuesta fue inmediata, y mirando mi sonrisa me tomó de la cintura mientras llevaba mis manos a su nuca para acariciar su cabello.
-Edward Cullen ¿Qué voy a hacer contigo?-
-¿Ahora mismo?- sonrió de medio lado -Lo que tú quieras. De hecho…tengo unas cuantas ideas-
-¿En serio?-
Me aferró con más fuerza y yo lo miré con mis cejas alzadas en un gesto de fingida incredulidad.
-En serio- acarició mi baja espalda y se aventuró un poco más abajo -Y de hecho, resultas estar en el lugar ideal. Mi oficina es el siguiente lugar que quiero que estrenemos-
Cómo única respuesta, solté otra sonora carcajada que me calló con un beso y no tardé en corresponderle. Y cualquier enojo quedó olvidado por completo. Sin embargo, el miedo de enamorarme de él cada día más crecía poco a poco en mi cabeza mientras la vocecita de mi conciencia me gritaba cuidado.
Por lo pronto prefería no hacerle caso y disfrutar el tiempo de falso matrimonio que nos quedaba juntos.
Y eso es todo por hoy! Espero les haya gustado!
Hasta el próximo capítulo!
